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Visiones del Código de Familias II (+ Audio)

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Visiones del Código de familias
(Foto: GobMe)

A cinco días del referendo para el Nuevo Código de Familias, el debate sigue perfilándose hacia el matrimonio LGBTIQ+, la patria potestad y la autoridad que ganan los abuelos para ser tutores legales de los nietos que hayan quedado a su guarda.

Puede que las carencias sociales y económicas que atraviesa el país actualmente hayan acaparado la atención de la población cubana al punto de no permitirle el análisis profundo de este documento. Sin embargo, el referendo no puede aplazarse infinitamente.

Quienes sentencian que “los derechos no se plebiscitan”, los que prefieren perder cualquier garantía con tal de no ver a personas de un mismo sexo besándose en la calle, y aquellos que no han abierto una página del Código deberán votar junto a otro grupo que ha leído, releído y opinado sobre la nueva propuesta.

El apoyo y atención que recibe una ley a la hora de implementarse depende, entre otros factores, del contexto y la opinión popular sobre su realidad inmediata.

En el segundo capítulo de Visiones del Nuevo Código de Familias los entrevistados dejan saber qué preocupaciones están rigiendo el estado de opinión sobre el proyecto de ley.

Cuba: reforma económica, derechos, protestas y cambio político

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Reforma
(Foto: digerible.com)

En 2019, aprobada la Constitución que cambió el régimen económico, político y social del Estado cubano, un nuevo equipo de gobierno dispuso no ya solo de los amplísimos poderes que le otorgó, al menos formalmente, el diseño del poder ejecutivo resultante de la actualización de la antigua matriz de concentración de poder en la última etapa de la transición política generacional ocurrida en Cuba; sino además —sin los límites del antiguo cuerpo constitucional—, de un margen de maniobra para acometer la reforma económica.

Contaba también con un expandido catálogo de derechos y garantías constitucionales a desarrollar normativamente. El mismo no solo tenía numerosos puntos de contacto con los contenidos y demandas del proceso de cambio social que se venía produciendo en el país desde décadas anteriores, sino que había logrado conectar con las expectativas y esperanzas de transformación de la realidad que la socialización del debate y discusión del texto constitucional cubano generaría.

No era precisamente este un punto de partida escuálido, tampoco un capital político propio despreciable para el nuevo gobierno, siempre que avanzara con suficiente coherencia y celeridad.

En los siguientes meses, mientras el gobierno trabajaba en la etapa final de una prolongada sistematización y comparación de alternativas y distintas experiencias que le permitirían finalizar la elaboración y concreción de un plan de reforma económica, y también en el pronóstico y estimación de sus efectos sociales, el manejo de la conflictividad política de la población se estaba volviendo disfuncional y peor aún, contradictorio. Ocurría que desde inicios de la década de los 2000, se habían expandido y fortalecido un enjambre de blogs, publicaciones, el acceso a Internet y el uso de las redes sociales.

Lo que en el pasado había sido una gestión de la opinión pública sin apenas fisuras y capaz de imponer, en ausencia de competidores, una hegemonía mediática indiscutible, era para entonces un campo de batalla. Primero intelectuales, activistas y periodistas, y luego ciudadanos en general, encontraron ahí el dinamismo y la posibilidad de expresión, articulación e incidencia, que los espacios públicos, institucionales y políticos reconocidos legalmente, eran incapaces de proporcionar por su propio diseño, o a medida que perdían importancia y se devaluaban.

Para ese entonces, una estrategia basada en expulsiones de centros de trabajo y estudio, advertencias, multas, procesamientos penales selectivos, campañas contra plataformas digitales, acoso, decomisos de equipos, y otras formas de control político, había agotado sus posibilidades disuasorias hasta llegar a ser una rutina punitiva.

Ciertamente financiamientos provenientes de programas foráneos para el cambio del régimen político en Cuba habían estado en el surgimiento y sostenimiento de muchas de las plataformas que existían; sin embargo, la consolidación de un entorno digital que funcionaba como suerte de ágora tan plural como la sociedad cubana, y su capacidad contestataria, crítica y propositiva, fue visto como desafío insoportable, humillante y extremadamente peligroso tanto para el gobierno, como para un aparato ideológico que, ante el desafío, optó por apostar a la polarización política.                                                                     

Cuando a inicios del 2020 el ejecutivo cubano instrumentó la primera medida del plan de reforma económica, que dio en llamar reordenamiento monetario, la dinámica de polarización inducida creada como respuesta al incremento de conflictividad política era ya, de diversas formas, un fracaso. Este funcionaría en los siguientes meses como uno de los catalizadores para que se produjera en el país la compleja unión de los tiempos, demandas y exigencias, de lo político y lo económico.

Incluso hoy, tomando en cuenta el grado de penetración de la Internet y el aumento del tráfico y tamaño de las redes sociales, es muy difícil creer que, por ejemplo, un pequeño y micro-localizado grupo de artistas, activistas y académicos, opuestos en principio a la entrada en vigor del Decreto-Ley 349 y agrupados bajo el nombre de Movimiento San Isidro (MSI), hubiese llegado a ser conocido nacional e internacionalmente. Ello hubiera sido difícil sin las presiones y acosos que recibieron sus integrantes por parte de los órganos policiales y de Seguridad del Estado, y sobre todo por la inédita sobre-exposición que le dieron medios nacionales de prensa.

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Protesta de miembros del MSI contra el Decreto Ley 349. (Foto: ADN Cuba)

El antecedente más inmediato de la dinámica de polarización política inducida, había sorprendido a los lectores del Granma unos años antes, cuando leyeron atónitos, como si se tratara de una discusión entre terceros a la que eran profundamente ajenos, una serie de artículos dedicados a la existencia de una corriente de pensamiento: el centrismo, y a sus actores, los centristas.  

Aquel esfuerzo, aparentemente solitario, sirvió sobre todo para enrarecer y tensionar el ambiente político en universidades, centros de investigación e instituciones culturales; mientras se atajaba oficialmente la existencia de distintos espacios y proyectos en los que intelectuales y académicos de diferentes orientaciones estaban confluyendo.

Su nivel ideológico más alto conocido, aunque aparentemente circunscrito a una rama estratégica de la reproducción ideológica, había sido un artículo escrito por la —en aquel momento— vice-ministra primera de la Educación Superior; sin embargo, de ahí en adelante crecería en importancia una matriz comunicativa que vertería, a través de medios públicos y estructuras para-estatales con presencia en Internet y las redes sociales, acusaciones de mercenarios, contrarrevolucionarios y agentes de cambio, a cualquiera que criticara al Gobierno.

Dentro de tal matriz, la posterior exposición mediática y el sobredimensionamiento oficial de la importancia del MSI, parecía en realidad el torpe intento de construir el perfil de una oposición que pudiera ser denostado y desacreditado ante un sector de la opinión pública cuyo consumo político estaba mayormente conectado a los medios estatales y su flujo de propaganda e información. Para lograrlo se apeló a estereotipos negativos sobre aspectos raciales, sociales, morales, clasistas y culturales.

Muy poco tiempo después, cuando un grupo de artistas e intelectuales protagonizó una nutrida protesta frente al Ministerio de Cultura, a raíz del allanamiento policial de la casa en la que miembros del MSI se habían enclaustrado ante la persecución y el hostigamiento del que eran objeto, los estrategas de la polarización política redoblarían su apuesta.

Si por un lado se hicieron cotidianos diferentes tipos de presiones a intelectuales y activistas, sus familiares y vecinos; al mismo tiempo se dejaba abierta, y en algunos casos hasta se facilitaba, la migración como especie de exilio exprés no declarado. A la par, el diseño de algunos programas de televisión pretendió detener y re-encauzar la experiencia de socialización y la calidad de un debate político público que, a través de intelectuales, activistas y artistas, amenazaba con salir de los confines digitales.

Rara vez se puede apreciar con tanta nitidez la incapacidad de un adversario que cuando este apela a la vulgarización y simplificación, no solo en tanto medio de expresar o contrarrestar argumentos, sino como método para destruir la posibilidad misma del debate y lograr el empobrecimiento de la política.

El manejo reactivo, sesgado, ilógico, falaz, sarcástico, y no pocas veces banal de los acontecimientos de la realidad cubana que estos programas propusieron, no estaba sin embargo dirigido a aportar argumentos o a convencer a sus públicos potenciales. Su objetivo real pretendía conectar con destinatarios que compartían sus puntos de vista y sistema de valores, y que difícilmente repudiarían, o serían refractarios, a los medios que les eran propuestos para reafirmar sus ideas.

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El manejo reactivo, sesgado, ilógico, falaz, sarcástico, y no pocas veces banal de los acontecimientos de la realidad cubana que estos programas propusieron, no estaba sin embargo dirigido a aportar argumentos o a convencer a sus públicos potenciales. (Foto: Captura del NTV)

Que tales programas y sus presentadores, o articulistas y líderes de medios digitales y de grupos en las redes sociales, funcionaran como una versátil interfaz a través de la cual el Gobierno —y sus agencias—  manejaron frecuentemente temas, situaciones y aspectos de interés gubernamental y social, u ofrecieron informaciones y dirigieron ataques contra individuos y grupos en clave de negación plausible, sería considerado por algunos como una zona crepuscular, en la que resultaba cada vez más difícil advertir la existencia de una única dirección del flujo de influencia política.

Lo que pareció una adecuación del discurso político a los novedosos códigos de comunicación impuestos como válidos y efectivos, o acaso un bizarro trasplante de sus formas y fórmulas más empobrecedoras y básicas, o simplemente una contaminación de la política con los más viejos presupuestos del periodismo amarillista; acabó por ser un perturbador indicador de la forma de hacer política en Cuba, mucho más cuando el liderazgo actual, distaba sobremanera de las posibilidades y dotes comunicativas que caracterizaron su ejercicio durante las primeras décadas.

La antigua formación de intelectuales y pensadores de enorme prestigio nacional e internacional que durante años habían socializado ideas, perspectivas y contenidos éticos particularmente importantes por su diversidad y calado a la reflexión política e ideológica nacional, cederían paso —en un momento de glorificación de la opinión, la adulación y la falta de escrúpulos para mentir, tergiversar y fragmentar los hechos—, a personajes anodinos y desconocidos, que parecían ser, por su retórica y los recursos de que se valían, el reflejo de conocidas contrapartes mediáticas foráneas.

Bien pronto, el frenesí oportunista de extremismo y sospecha política que ellos ayudarían a desatar, estaría alcanzando y emplazando con los mismos métodos a personas que hasta hacía poco eran sus compañeros de viaje.

A no pocos de estos personajes le fueron asignados puestos culturales y académicos, además de salarios y distintos tipos de gratificaciones por su trabajo. No obstante, el saldo de empobrecimiento de la cultura y de los recursos de interacción política de la población, y el para nada despreciable resultado colateral del desarrollo de una tendencia de memeficación de la política oficial y popular, había sido hecho a costa de un dogma de Fidel Castro hasta ese momento inalterable: no reconocer nunca la existencia de la oposición.

A escasos siete meses de aplicado por el Gobierno el primer paquete del plan de reforma económica, en medio de la terrible tensión de la epidemia del Covid-19 y del cómodo realismo político de una nueva administración estadounidense —que esperó recoger sin mayor exposición los frutos de las medidas tomadas por su predecesora a costa del sufrimiento del pueblo cubano—, la población ocupó masivamente durante horas las calles de muchas ciudades y pueblos de la Isla.

Esto lo haría, en realidad, sin convocatoria ni liderazgo político alguno, pero la apuesta a la polarización, y las reacciones y dinámicas que generó, habían sido suficientemente intensas como para proporcionar a miles de personas soportes identitarios, simbólicos, e imaginarios, que supondrían al sistema político insular un serio problema para el futuro.

Un año más tarde, con el país conmovido por una estampida migratoria tan extraordinaria como inédita en la historia nacional, que muchos consideraron también resultado del desquiciante golpe que la represión a las protestas había asestado a las esperanzas de democratización de la sociedad cubana, una de las preguntas que interpelaba a la gobernabilidad y al propio funcionamiento del sistema político, no era ya qué hacer con los excluidos, sino qué harían los excluidos frente a la exclusión.

No era esta una pregunta cualquiera. Después de todo, parafraseando a Eliot Weinberger, una pregunta es siempre un anhelo articulado.

***

Este artículo es un ejercicio de los derechos y libertades reconocidos por la Constitución.

El «Sí» o el «No», ese es el dilema

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Sí o No
(Imagen: Mamewmy)

La propaganda gubernamental, unida a la de sus opositores, ha politizado tanto la discusión del proyecto de código familiar, que a veces es complicado determinar qué se dirime con el plebiscito. En mi criterio, para quienes encabezan las campañas por el «Sí» o por el «No» lo menos importante es el propio código y su contenido. Y buena parte de quienes defienden una posición o la otra no sabe en puridad de qué se está hablando.

Gracias a la desacertada, fastidiosa, anticuada y machacona propaganda de los medios de difusión gubernamentales, para el ciudadano común —el que gasta gran parte de su irrecuperable y único tiempo de vida en colas para obtener, si tiene suerte, algo que llevar a la mesa de sus hijos—, el plebiscito es para demostrar el apoyo o el rechazo al gobierno.

En las condiciones sociales y materiales actuales, el «No» como voto de castigo es una posibilidad; la propaganda de los partidarios del rechazo al código apunta a obtenerlo. En las últimas semanas la propaganda oficialista ha atenuado algo los mensajes del tipo «defender las conquistas», que contribuye al «No», pero el daño ya está hecho.

¿Interesa a alguien el código?

Por atañer a la familia, es lógico suponer que el contenido del código interesa a todos, pero alrededor de él se desarrolla una guerra; en las guerras, se sabe, la primera víctima es la verdad. En este caso, lo es porque se habla del código, pero los objetivos son otros. El contenido del código es lo que menos interesa a los núcleos duros de los propagandistas de la aceptación o del rechazo.

Víctimas son quienes cargarán las consecuencias de una mala elección el día del plebiscito, esos cubanos que sufren desde siempre (no solo desde hace seis décadas) discriminación, abuso o abandono familiar. La propaganda, a favor y en contra del código, ha logrado que se olvide ese aspecto y se vea apenas como un instrumento para proteger a los homosexuales, incluso para promover la homosexualización de la sociedad. A veces pareciera que el código está dirigido solo, o principalmente, a la protección de los homosexuales y el feminismo.

Para mí, el principal error en la concepción del código fue la pretensión de elaborar una norma jurídica más adelantada que la sociedad, inmersa en una crisis de larga data cuya superación no se vislumbra. Crisis económica, pero también política, social, ética. Se vive al día, sin importar qué valor pisotear para alcanzar el día siguiente. Principios como solidaridad, amor al prójimo y búsqueda del bien común ceden espacio al egoísmo y la lucha por la supervivencia. El concepto de ciudadanía, nunca asimilado del todo, es prácticamente inexistente.

En tales condiciones materiales y subjetivas se elaboró un código que responde supuestamente a la composición de las familias cubanas, pero descuida la sociedad como un todo, y entabla un combate frontal contra prejuicios y formas de ver la vida que, desde mucho antes de la crisis actual, con mayor o menor fuerza, siempre estuvieron presentes.

Sí o No

La propaganda en su contra ha sabido utilizar el divorcio entre realidad objetiva y código. Un ejemplo del referido divorcio es la insistencia en la sustitución del término «patria potestad» por «responsabilidad parenteral». No sin razón se ha convertido en una de las banderas más enarboladas por los promotores del rechazo. La dolorosa experiencia de décadas atrás con la manipulación del término (operación Peter Pan) debió advertir a los redactores del proyecto, pero la desdeñaron. Junto a ello, la insistencia en los llamados «temas de género» y «matrimonio igualitario» ha sido caldo de cultivo para gran parte de la oposición al código.

Los partidarios del «No» toman en cuenta nuestra historia y la realidad nacional, y son efectivos en sus campañas. No somos nórdicos y desarrollados; somos subdesarrollados, latinos, caribeños. Los detractores no inundan los medios con doctas conferencias y explicaciones científicas, sino trabajan sobre sentimientos, creencias y prejuicios de la población, preferencias políticas y disgusto por la desastrosa situación económica en que vive la mayoría de los cubanos. Machacan sobre ese hierro caliente y moldean conciencias según sus intereses.

Elaborar un proyecto de código a la altura de los países más adelantados del mundo, satisface tanto a sus promotores que han descuidado algo tan elemental. Uno llega a preguntarse qué les interesa más: La modernidad del código, o su efectividad.

¿Qué hay detrás de todo? Un punto de vista personal

Visto sin apasionamiento, existen en el código más razones para aceptarlo que para rechazarlo. Incluso si no hubiera artículos para la salvaguarda de maltratados, excluidos, discriminados y abandonados a su suerte, habría que apoyarlo, pues constituye un estorbo legal al resurgimiento de monstruosidades como las mal llamadas Unidades Militares de Apoyo a la Producción o las expulsiones de estudiantes de las universidades por su preferencia sexual.

Que nunca las autoridades hayan hecho una petición pública de disculpa, no se haya reivindicado la memoria de las víctimas, ni se haya señalado culpables hasta el día de hoy, es indicio de que continúan vivas las fuerzas promotoras de aquellas aberraciones. Quien lo dude, recuerde que una diputada comparó públicamente las UMAP con una escuela al campo.

La aprobación del código y su puesta en vigor, inmediata y sin tergiversaciones, seguida de un reconocimiento público gubernamental por el daño moral y material causado a tantas personas, sería un paso importante en el sentido de restañar heridas, ayudar a reconstruir el cuerpo moral de la patria y evitar la repetición de aquellos horrores.

Los más acérrimos detractores del código esgrimen términos como «unidad de la familia» y «patria potestad», a los que otorgan el significado que no tienen, y echan mano al disparatado término «diseño original», que no responde a ninguna realidad histórica pero moviliza voluntades a partir de la instrumentalización de las creencias religiosas de la población. No obstante, los fines perseguidos con tales consignas no son religiosos ni éticos, son políticos. Como políticos son los fines de muchos de los defensores del código.

Lo advirtamos o no, esta es una guerra por el poder.

Hay quienes defienden el rechazo o la aceptación desde posiciones sinceras, convencidos de lo que afirman. Pero son simples soldados, no generales. Como en todas las guerras, los generales contendientes terminarán saludándose y repartiéndose el botín; los soldados formarán el grueso de las bajas. Me explico:

a) No creo que todo el aparato gubernamental cubano esté por el «Sí». Supongo que algunos lo están, pero otros están por el «No» y callan por conveniencia. A otros más el resultado les es indiferente: Su interés nunca fue el código en sí mismo, sino su instrumentalización. Estos no perderán con un rechazo, pues con la discusión del código obtuvieron la ganancia esperada.

b) A cierta parte de los promotores del rechazo tampoco le interesa el contenido del código, ni su aplicación, sino su instrumentalización (véase la coincidencia). Estos también ya obtuvieron parte de la ganancia esperada, incluso más; no obstante, la apoteosis sería un rechazo mayoritario.

Sí o No

¿Aparato gubernamental, por el «Sí»?

Por más que los ideólogos intenten convencernos de lo contrario, ningún gobierno es monolítico. Se alcanza la unidad de acción en ciertos momentos o espacios, sin embargo, como afirmaban los latinos: «tantas cabezas, tantos pareceres». Ciertos líderes carismáticos agrupan alrededor de sí seguidores incondicionales, pero a la vez crean mecanismos de silenciamiento de la disensión que les garantizan continuar como voz única.

Fuera de esos casos, solo en temas muy particulares puede haber total consenso, y son los que permiten mostrar esa unidad de acción que se suele confundir con unanimidad.

El gobierno cubano no escapa a esa regularidad; cualquiera que observe atenta y objetivamente la realidad actual lo percibe: Que medidas económicas aprobadas por las máximas estructuras partidarias y gubernamentales se postergaran durante diez años, y se aplicaran en el peor momento, es una muestra fehaciente.

En cuanto al código (y antes, la Constitución), se evidencia que hay sectores convencidos del valor y la necesidad de aprobarlo, y otros que se sirven de él para esconder otros fines (pasar a hurtadillas el nuevo código penal, por ejemplo). Estos ya cumplieron sus metas, el resultado del plebiscito los tiene sin cuidado.

Al respecto, vale la pena recordar lo ocurrido durante el proceso constitucional con el artículo 68 (matrimonio igualitario), convertido en distractor que impidió centrar el análisis en factores medulares de la futura Constitución.

Someter a discusión popular un proyecto de Constitución (democracia del ágora) aparenta ser un ejercicio democrático perfecto. Sin embargo, ¿cómo garantizar, en una asamblea barrial, el análisis objetivo del articulado? Técnicamente es imposible. Además, la presencia del artículo 68 en el proyecto auguraba el fracaso de la supuesta participación democrática Pero se incluyó. ¿Con qué objetivo?

Los resultados hacen pensar que el objetivo era, precisamente, restar efectividad a la consulta. Valga un ejemplo: La UNEAC impidió a sus miembros reunirse para discutir el proyecto de Constitución, con el argumento de que la Asamblea Nacional no admitía reuniones sectoriales. Sugerí poner a disposición de los miembros una dirección electrónica adonde enviar propuestas. La respuesta fue una declaración pública de la presidencia de la UNEAC que llamaba elitistas a quienes insistimos en discutir la Constitución en el seno de la organización. Evidentemente, no interesaban los criterios de la intelectualidad cubana sobre la Constitución.

Vale recordar, en cambio, la libertad de expresión, movimientos y actuación de los grupos que, desde supuestos preceptos religiosos, hacían proselitismo contra el artículo 68. La Habana, donde vivo, se llenó de carteles con el lema «Estoy por el diseño original», y de imágenes de familias que supuestamente responden a dicho diseño, así como de otros mensajes contrarios al artículo 68. Por única vez en la historia nacional posterior a 1959, grupos de opositores a una propuesta del gobierno se movieron sin ser molestados por los órganos represivos. ¿Coincidencia?

Como era de esperar, el artículo 68 acaparó la atención en la mayoría de las asambleas barriales, y no dejó tiempo para discutir aspectos vitales de la Constitución. Los intelectuales «elitistas» que pretendíamos ir más allá de ese artículo no tuvimos espacio donde aportar ideas.

Sí o No

La oposición, ¿por el «No»?

Hay personas que no apoyan al gobierno, incluso que se declaran abiertamente contra él o contra el estado de cosas actual en el país, y sin embargo están dispuestas a decir «Sí» al código, por entender que su alcance va más allá de la pugna gobierno/oposición, protege derechos que siempre debieron estar reconocidos, y limita la posibilidad de ver repetidos horrores como las UMAP.

Otros, en cambio, rechazan cuanto provenga del gobierno, sea beneficioso a la población o no, y califican de traidores a aquellos. Muchos de estos suelen denunciar casos de discriminación contra homosexuales, violencia contra la mujer o desprotección de algunos ciudadanos, pero rechazan lo que constituiría un freno legal a tales fenómenos sociales. Se pudiera pensar que no lo hacen por provenir del gobierno, sino por restarles argumentos a sus campañas proselitistas. Su rechazo al código no provendría, entonces, de consideraciones éticas, sino de intereses políticos.

La oposición que en realidad piensa en el bienestar de la población y la búsqueda del reencuentro familiar, por encima de consideraciones políticas o ideológicas, mantiene una actitud constructiva: Está contra el gobierno en cuanto tiene de criticable, pero no se opone a lo que redunda en beneficio de amplios sectores de la población.

Votar por el código no significa apoyar al gobierno. Se puede hacer un llamado a su aprobación desde una oposición: «Estoy contra el gobierno, pero mi interés es el bienestar de la población». Por desgracia para nuestra patria, esa actitud no tiene muchos seguidores, lo que demuestra una vez más que el concepto de ciudadanía está lejos de ser realidad entre nosotros.

Siendo objetivos, ¿el gobierno pierde si se rechaza el código?, ¿aprobar el código significa «lavar la cara» al gobierno, como opinan algunos?

El gobierno no perdería, sino los sectores de la población cuyos derechos protegería el código. El gobierno no necesita que gane el «Sí» para lavarse la cara. Ganó de antemano, y de antemano se lavó la cara cuando dio vía libre al idealismo de un grupo de juristas para redactar un código a la altura de las naciones más modernas. El gobierno ha ganado reconocimiento internacional presentando al mundo el proyecto como muestra de modernidad jurídica, y al proceso de discusión popular como ejemplo de actuar democrático. Eso no se altera porque se apruebe o no. El efecto «lavado de cara» no tiene marcha atrás. Esa es una gran ganancia del gobierno.

Si se rechaza, el «antidemocrático» no sería el gobierno, sino las fuerzas (políticas y religiosas) que se le opusieron, y se demostraría que la población cubana no está preparada para la vida democrática.

Sospecho que ciertos sectores dentro del gobierno apuestan en secreto por el rechazo. Así, con el supuesto apoyo de las mayorías, mantendrían vigentes sus convicciones patriarcales, machistas y homofóbicas. El rechazo sería el triunfo de quienes añoran los tiempos de las UMAP y las expulsiones de las universidades.

Sí o No

Las iglesias, ¿sirviendo a Dios?

Es conocido que fe, religión e iglesia son realidades diferentes, aunque relacionadas. Grosso modo (el tema es más complejo), la fe es individual, la religión es la unión de quienes tienen similar fe, la iglesia es una institución. Las dos primeras pertenecen ante todo al ámbito espiritual, mientras la institución está anclada al mundo material, y tiene dinámicas impuestas por su condición de tal y por sus vínculos con otras instituciones, religiosas y de otro tipo, entre ellas las de poder y las económicas. Las económicas llevan a luchas por el poder, pues el poder es una forma de enriquecimiento, y sin riqueza no hay economía.

En presencia de intereses materiales, en particular económicos, la fe y la religión pasan a un segundo plano, cuando no a un tercero. O dejan de estar presentes. Pero pueden servir de instrumentos. No vale la pena poner ejemplos, pues a diario recibimos noticias de personas y grupos que se valen de la inocencia de quienes tienen fe para satisfacer bajos instintos o enriquecerse. O para aprovechar la fe de las poblaciones y obtener ganancias políticas. América (no solo la parte latina) ofrece en este mismo instante ejemplos de gobernantes que se han valido del apoyo de ciertas iglesias para obtener votos o mantenerse en el poder.

En tales casos la fe se tomó como instrumento para satisfacer intereses materiales de grupos e individuos que han perdido la noción de lo que debiera ser su misión en el mundo.

En la pugna por el rechazo o la aprobación del código familiar se ha puesto de manifiesto hasta dónde puede llegar el desvío de lo que debiera ser el objetivo principal de una iglesia. Un número considerable de ellas se ha valido de la discusión del código (como antes ocurrió con la discusión de la Constitución) para echar pulso, tanto con el gobierno como con otras denominaciones, en competencia por demostrar fuerza y obtener poder.

El código no es anticristiano. Por el contrario, si hubiera existido antes, muchas violaciones de los principios cristianos se hubieran evitado. Por tanto, no es cierto que el objetivo de la campaña en su contra sea impedir la aprobación de una norma jurídica que atenta contra ellos.

Se manipulan conceptos, se aprovecha que la mayoría de las personas no lee el texto, sino oye lo que le cuentan, y se explota el disgusto de la población contra las medidas económicas gubernamentales y las carencias de todo tipo (ciertamente agravadas por el accionar de una potencia extranjera, pero en gran medida debidas a décadas de errores de los gobernantes). Con estos presupuestos, ciertas denominaciones se erigen como portadoras de esperanza para quienes sufren esas carencias.

En el fondo, esa oposición no es sincera. Es una lucha por ganar el mayor número de adeptos, lo cual significa más riqueza y más poder. Más poder significa más posibilidad de influir en el gobierno, no necesariamente de sustituirlo.

Se equivocan quienes creen que la campaña contra el código procura que el pueblo viva mejor, que las familias estén más unidas, que haya una reconciliación nacional. El verdadero fin es obtener la mayor cantidad de fuerza posible para demostrar al gobierno y a otras denominaciones quién ostenta el verdadero poder sobre las masas. Quién tiene más ovejas, no quién es mejor pastor.

Pregunto a quienes piensen que exagero o estoy prejuiciado: para un religioso qué es más contrario a la doctrina cristiana:

a) que dos personas del mismo sexo, unidas por el amor, tengan los mismos derechos civiles que las parejas de sexos opuestos,

b) matar a otra persona.

Ninguna de las denominaciones cristianas, católicas y no católicas, levantadas enérgicamente contra el código familiar, mostró similar vigor contra el código penal, el cual, además de violar el artículo 46 de la Constitución («Toda persona tiene derecho a la vida»), viola el mandamiento cristiano de no matar (el Papa Francisco recientemente argumentó al respecto). Ninguna hizo, ni antes ni después de la aprobación del código penal, una declaración pública de condena, ni usó el púlpito para crear conciencia contra la pena de muerte, ni reclamó a los diputados cristianos votar en contra.  

Entonces, no se trata de defender la doctrina cristiana, sino intereses políticos.

Sobre la conciencia de esos falsos pastores caerá el peso de las muertes que pudieron evitar, tanto como caerán las lágrimas de los infelices que sufrirán por su culpa si el código es rechazado.

Para concluir: los derechos no se plebiscitan

Hay quienes, partiendo del principio «los derechos no se plebiscitan», se oponen al código, aunque no estén contra su contenido. El principio es inatacable; también es cierto que algunos elementos recogidos en el código pudieron ser sometidos a escrutinio por separado, no incluidos en un grueso cuerpo legal que encierra aspectos discutibles con otros incontrovertibles. Pero la realidad es que el documento reúne a unos y otros, y la única opción es aprobar la totalidad o desaprobarla.

Pensemos por un momento en Arabia Saudita. Es un estado teocrático, con monarquía absoluta, sin parlamento, partidos ni alguna otra institución democrática. Es uno de los países con más denuncias por violación de los derechos humanos del mundo; las mujeres no tienen prácticamente ningún derecho, y los delitos se castigan según la ley islámica, que incluye mutilaciones y pena de muerte. También comete crímenes de guerra en Yemen, y no hace mucho el príncipe heredero estuvo implicado en la muerte de un periodista opositor. Ciudadanos saudíes estuvieron involucrados en el atentado contra las Torres Gemelas. Que el mundo apenas oiga hablar de esto se debe a que Arabia Saudita es extraordinariamente rica.

Imaginemos que, por la razón que sea (por ejemplo, «lavarle la cara al régimen»), el monarca de ese país realiza un plebiscito para otorgar derechos a las mujeres. Como los derechos no se plebiscitan, ¿votaría usted a favor de reconocer derechos a las saudíes? ¿En contra? ¿Se abstendría de votar?

Medite sobre eso, traslade a Cuba su respuesta, y actúe en consecuencia.

Por mi parte, diré sí al código, desde luego.

Homilía

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Homilía
(Foto: Staticflickr)

?El país avanza, la filosofía también.

?De lo primero ya sabía, pero ¿podrías argumentar lo segundo?

?Que Marx, Engels y Lenin ya nos van quedando chiquitos. El socialismo cubano sigue dando que hablar.

?Por hablar no hay quién nos gane. El blablablá se ha convertido en alma y sustento de la nación.

?Olvidas que el tránsito hacia una sociedad más justa es un proceso traumático en el que es necesario despojarse de muchos lastres.

?Hay que ver una libreta de abastecimiento de los años setenta para constatar la cantidad de lastres que ya no llegan a la bodega. Vaya, que el que dio en el clavo con la Cuba que vendría después fue Lenin con aquello de «Un paso adelante, dos pasos atrás».

?El principio de distribución socialista ha sido superado.

?Más bien fuimos superados por él. A nadie se le paga según su trabajo, no hay condiciones para que pueda rendirse según la capacidad. «Más das, más te quito», parece decir la filosofía criolla. Aumentaron los salarios, a una pila de gente comenzaron a pagarle a destajo, pero aumentaron los precios y de inmediato el dinero se redujo de un tajo.

?Ni el marxismo, ni el sistema presupuestado de los sesenta, ni el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, ni la actualización económica son nada cuando se les compara con las ideas que leí recientemente. Un mesías, no puedo sino llamarle así, ha dicho que «nuestra perenne preocupación por la repartición de lo que se tiene, que ya sabemos no es óptima, y muchas veces ni siquiera es buena, deja fuera en la mayoría de las ocasiones el paso previo: el de la creación de esa riqueza».

?¿Qué riqueza?

?Se refiere etimológicamente a cosa suntuosa o de gran valor, no importa si desaparecida. Escucha lo que sigue: «Podríamos hasta parafrasear ese principio, para recrear otro tan o más necesario: a cada cual, su trabajo». Lo bautiza como «principio de producción socialista».

?Es como decir «a cada cual la vida», para después encontrarnos con que esto no es vida ni nada que se le parezca.

?Tu blasfemia la responde alegando que «en no pocas oportunidades es más fácil exigir lo que deseamos de las instituciones o del resto de las personas, que ubicarnos en lo que a cada quien le toca hacer».

?Es al revés: a las instituciones y a quienes las dirigen les es más fácil exigirnos cada vez más que abrir oportunidades para que a cada cual le toque lo que debía tocarle.

?«Pensemos en qué mejor de los mundos viviríamos, cuánto beneficio recibiríamos si cada individuo hiciera lo que le corresponde en función de los demás», continúa.

?Muy lindo. Marx se hubiera partido de la risa. Meterse años escribiendo tomos y más tomos de pura teoría revolucionaria para que venga otro a decir que si me das la mano y danzamos se acaban los conflictos de clase. Otro que quizás no fue a la clase.

?Dice también que «Ello no quita que hay responsabilidades administrativas y políticas en las personas y estructuras que deben propiciar condiciones favorables para que todas y todos podamos cumplir con nuestras tareas. Pero ya sabemos que repartir culpas y reiterar lamentos no produce prácticamente nada, salvo irritación y descontento».

?Eso es hablar de allá para acá y no a la inversa. No somos precisamente nosotros los que nos la pasamos repartiendo culpas, creando irritación y descontento. Desde arriba indican que «hay que producir azúcar, es lo que el país necesita», «buscar cada día cómo enfrentar los problemas con pasión revolucionaria, pensando y actuando con creatividad e ingenio», como si los trabajadores fueran responsables de que los centrales casi desaparecieran cuando Trump preparaba su reality show El Aprendiz hace ya dos décadas.

Pareciera que Fernando Buen Abad cita a los verdaderos culpables cuando señala en Cubadebate que «en muchas obras la ignorancia se vuelve procaz y hace de las suyas para convencer a los autores de que el público es igual, o peor, de ignorante, y que cualquier cosa puede deslizarse como obra cumbre del genio o del ingenio bajado de los cielos por obra de las musas o del iluminismo extraterrestre».

?Eso: ¿no te parece iluminista desafiar a Marx?

?Carlitos expresó que «el valor de la fuerza de trabajo se determina por el valor de los artículos de primera necesidad imprescindibles para producir, desarrollar, mantener y perpetuar la fuerza de trabajo». 

?Difamas de quienes son fieles a la filosofía de avanzar sobre cualquier dificultad, con firmeza ideológica, en la búsqueda de ideas compartidas con el pueblo, para hacer posible que el país alcance sus metas en todos los frentes.

?No creo estés hablando de Francisco, el de Roma. En una de sus homilías ha expresado que «dejándonos llevar por las emociones, nos ponemos en las manos de quien con destreza y astucia sabe manejar esa situación, aprovechando los miedos de la sociedad y prometiéndonos ser el “salvador” que resolverá los problemas, mientras en realidad lo que quiere es que su aceptación y su poder aumenten, su imagen, su capacidad de tener las cosas bajo control». Dios, agrega, «no instrumentaliza nuestras necesidades, no usa nunca nuestras debilidades para engrandecerse a sí mismo, no quiere seducirnos con el engaño, no quiere distribuir alegrías baratas ni le interesan las mareas humanas».

?Me refiero a Francisco, sí, pero el del periódico Trabajadores.

Oda para Son Gálvez

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Son Gálvez
(Ilustración: Jennifer Urrutia)

La Primera Jornada de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, celebrada entre el 15 y el 25 de julio de 2022 en La Habana, ha venido a enriquecer el panorama sociocultural de la Isla abriéndole paso a las expresiones artísticas que se han caracterizado por ocupar el detritus en los espacios de visibilidad y promoción mediática.

El diseño conceptual del evento presentó fines claramente reparativos, en interés de la articulación estratégica por los derechos de la mujer negra, allende las fronteras nacionales. De tal forma, es resultado de una lucha que antecede décadas, llevado a cabo por un colectivo que aún posee reclamos sociales por la equidad racial y de género.

Entre la variedad de presentaciones que tuvieron lugar en la cita, me detendré de manera particular en la propuesta del dúo integrado por las hermanas Alba Liria Shand Gálvez y Wendy Oram Gálvez, quienes destacaron por su singularidad, capaz de cautivar a un auditorio integrado por cientos de personas en el Teatro Charles Chaplin.

Estas jóvenes, de formación académica, han trascendido en un contexto adverso para el reconocimiento de su talento, frente al desafío que implica el éxito en un ámbito altamente competitivo y clasista, sumado a los retos que significa abrirse paso ante las variables del género y color de piel.

Su representación armónica está influida por las expresiones más auténticas de la cultura nacional, enriquecida con estándares clásicos que rigen los cánones de la instrucción artística; a pesar de su confesado encanto por la música africana, el pop estadounidense y el rock argentino. De manera que en su sonoridad se percibe una fusión rítmica de influencia caribeña, mezclada con géneros que son parte del patrimonio de los cubanos: la timba, el son, la rumba, el pilón, la salsa, el guaguancó, entre otros.

«Son Gálvez» se aleja de toda vocación purista en busca de un público plural y una acogida amplia en el plano de la crítica, ligeramente distanciada de las expresiones más coloquiales de la música urbana como pueden resultar las letras signadas por una hipersexualización de la mujer, la simpleza en la producción estética o la idealización que roza la fatuidad del erotismo romántico.

Ellas establecen una barrera que marca la separación hacia los usuales recursos de violencia implícita en las composiciones –tan naturalizadas por los medios de comunicación y redes sociodigitales–, que en gran medida condicionan el consumo de las masas en la contemporaneidad.

Mas eso no las hace denostar la influencia e importancia que tales manifestaciones tienen en su repertorio y proyección grupal. Su aceptación se explica por la evidente experticia, junto a la acertada combinación de ritmos e influencias procedentes del arraigo popular como: Celia Cruz, Benny Moré, Chano Pozo, José Luis Cortés, Chucho Valdés, Adalberto Álvarez, Alexander Abreu y Juan Formell.

Legado: un canto a la emancipación de la mujer afrodescendiente

Durante la etapa de confinamiento pandémico (2020-2022) se produjo un giro en lo que hasta entonces había sido la propuesta musical del dúo. En ese momento deciden romper con los resortes proyectados y emprenden el sendero de cantarle a la belleza afro-femenina desde una perspectiva descolonizadora. Tal cambio implica una re-significación identitaria que marca diferencias en su filosofía cotidiana y exposición visual.

Son Gálvez

Este hecho, por lo general acompañado de un proceso de lectura y búsqueda de nuevos paradigmas, vino a reafirmar desde el arte lo que en la praxis había sido el inicio de un nuevo ciclo de introspección conceptual, acompañado por un emplazamiento de orgullo ante las barreras que implica el éxito en un espacio tan marcado por el blanqueamiento de las/os afrodescendientes para su legitimación en tales circuitos.

Esta realidad las convierte en representantes de un sector que no suele escuchar tales narrativas en los recursos que el mercado promueve en sus plataformas, —en el mejor de los casos la industria absorbe a sus referentes convirtiéndolos en modas temporales con fines puramente mercantilistas—, marcados por una agenda lucrativa deshumanizadora.

En tal sentido, «Son Gálvez» es continuadora de una obra que tiene antecedentes como: «El Mola», «Obsesión», «Sekou» y «Robe l Ninho», entre otros que han presentado productos de alta calidad en sus composiciones y arreglos, cuyas letras aluden a la justicia reparativa en términos raciales. En el caso del grupo en cuestión, su trascendencia resulta aún mayor, al incluir en su estandarte los tópicos del feminismo negro por la liberación de la mujer afrodescendiente bajo una lograda fusión antillana.

En sus creaciones se perciben dosis de experiencia personal, al ser parte de un colectivo históricamente subalternizado, cuyo mejoramiento no depende solo del esfuerzo individual de sus miembros, sino de la sociedad y sus múltiples estructuras de funcionamiento, que deben promover un ámbito propicio para la materialización de esos anhelos de equidad y justicia.

Como agrupación, sus ambiciones trascienden estos elementos de abordaje social para abarcar otras complejidades existenciales y sonoras, a pesar de que permanecen en continua superación desde los planos de la poesía, la literatura y la música, en admirable representación de cubanía que ratifica el inagotable acervo cultural que confluye a lo largo de la Isla.

Ben Rhodes critica a Biden por su política hacia Cuba

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Ben Rhodes. Foto: Político

El ex consejero adjunto de Seguridad Nacional durante el gobierno de Barack Obama y quien resultara una figura clave en el proceso de normalización con Cuba, Ben Rhodes, expresó su descontento con la gestión del presidente Joe Biden en relación a la Isla.

En palabras de Rodhes: “La decepción no comienza a rascar la superficie” de lo que siente por la política de Biden hacia Cuba. Así lo afirmó en una entrevista para el podcast “Conspiracyland” de Yahoo News, espacio en el que criticó duramente la postura del mandatario estadounidense, quien se desempeñó como vicepresidente de Obama.

Rhodes calificó el accionar de Biden como un engaño y cuestionó el hecho de que durante su mandato haya mantenido e incluso ampliado las medidas dictadas por su antecesor. “Tuvimos a Trump, de la manera más grotesca e insensible, politizando esto. Pero luego, tener una administración demócrata que legitime lo que hizo Trump al continuarlo, es engañar al pueblo cubano”, afirmó.

El proceso de normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos iniciado en 2014 tuvo a Rhodes como uno de los principales impulsores, pero con la llegada al poder del republicano Donald Trump, el deshielo sufrió un retroceso casi total. De ahí que una de las promesas de campaña de Biden, integrante de la administración Obama, fuera retomar el acercamiento con su vecino del Caribe.

Remesas (5)

Sin embargo, el presidente demócrata poco o casi nada ha hecho para cumplir su palabra, sino más bien parece avivar la tensión con La Habana. Pasos recientes como la exclusión de la Isla de la Cumbre de las Américas y la prórroga de la Ley de comercio con el enemigo lo confirman.

Al ser cuestionado este martes sobre las declaraciones de Rhodes, Ned Price, vocero del Departamento de Estado, afirmó que el objetivo de la política estadounidense se basa en las aspiraciones de libertad y democracia del pueblo cubano. En ese sentido, mencionó la reapertura del Programa de Reunificación Familiar Cubano, el aumento del personal diplomático en La Habana o el restablecimiento de los vuelos comerciales hacia otras ciudades cubanas, además de la capital.

“El régimen cubano en cierto modo se ha vuelto más represivo. Vimos un claro recordatorio de eso hace más de un año en julio de 2021, cuando las protestas pacíficas que expresaban aspiraciones por un futuro mejor se encontraron con represiones, arrestos y encarcelamientos en toda la Isla. Esto es solo un ejemplo de la represión que hemos seguido viendo por parte del régimen cubano”, dijo Price este miércoles.

Las declaraciones de Rhodes representan las críticas más duras a Biden que cualquier funcionario de Obama ha realizado hasta la fecha. Por otro lado, el discurso de la Casa Blanca contrasta con los anuncios realizados en el primer semestre de 2022 y que aún no parecen materializarse, dígase el envío de remesas, así como las facilidades para la importación y exportación de mercancías desde y hacia Estados Unidos por parte del sector privado en Cuba. A ello se añade la inacción del país norteño en torno a la Isla durante la pandemia de Covid-19 o los daños económicos causados por las sanciones, cuya principal víctima ha sido el pueblo de Cuba.

Padre Pantaleón: la Fe que no podrán silenciar

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Pantaleón
(Foto: Diario de las Américas)

Durante tres años tuve la oportunidad de trabajar como comunicador de la Compañía de Jesús en Cuba. En esa etapa, el superior era el P. David Pantaleón, lo que me permitió tejer una sincera relación de respeto y admiración por su persona. El pasado 13 de septiembre, las redes sociales fueron cubiertas con mensajes de cercanía al padre Pantaleón, luego de que se diera a conocer de forma pública lo que era un secreto a voces: su expulsión del país.

Creo válido, antes de juzgar la historia, comenzar por apreciar el contexto que desembocó en este desenlace y que muestra con transparencia el frágil hilo que sostiene las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado cubano hoy.  

 En el 2022 se cumplieron cinco años del arribo del padre David Pantaleón a nuestra Isla, proveniente de su natal República Dominicana. Todos los que lo conocemos podemos dar fe de su sencillez, y es que siendo miembro de una prestigiosa banda de músicos católicos nombrada Jesuitas Acústicos, decidió dejar cualquier tipo de comodidad y fama, para unir su destino a los cubanos.

Sin proponérselo, el padre David —que por lo general siempre prefiere labores de servicio por encima de las administrativas— fue elegido por los demás compañeros de la orden para ser el superior de la Compañía de Jesús en Cuba. Esa labor sería asumida por él con enorme entereza; promovió para ello un modo de proceder basado, sobre todo, en el acompañamiento a los sectores de mayor vulnerabilidad en nuestro pueblo.

En su etapa como superior le tocó asumir grandes desafíos, pues se reveló en la Isla todo el desequilibrio social relacionado con la pandemia y el ordenamiento monetario, lo que agudizó la crisis multidimensional que veníamos sufriendo los cubanos.

En medio de ese proceso, la voz del P. Pantaleón se hizo notar con reflexiones valientes que ponían en evidencia la precaria realidad a la que eran empujados varios sectores de nuestra población. Lo trascendente de su narrativa es que surge desde una denuncia sin odio. Alguna vez me dijo que había escuchado el dolor de la gente a su alrededor y que su voz era, junto a la de otras religiosas, laicos, obispos, una especie de grito por aquellos sin plataformas mediáticas para ser escuchados.

Quizás desde ese momento pasó a ser mirado con ojos diferentes por la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido Comunista de Cuba, pues es sabido que desde ahí se comunica el poder estadual con los sectores religiosos del país. Sin buscarlo, su coherencia llamó la atención de la Junta Directiva de la Conferencia Cubana de Religiosas-os, conocida como CONCUR por sus siglas, que lo eligió su presidente.  

Como jesuita, el P. David ya había acompañado misiones en su natal dominicana, en lugares mordidos con fuerza por la pobreza, lo que despertó en él una especial sensibilidad hacia los más vulnerables dentro del tejido social. En varias de sus canciones se puede apreciar un oído cercano a los clamores populares. Su huella sigue los pasos de un grupo de compañeros jesuitas que prestó servicio en el barrio dominicano de Guachupita y logró transformaciones tangibles en la calidad de vida de sus habitantes.

Es importante destacar que varios de estos religiosos latinoamericanos trabajaron durante años en barrios ubicados en los cinturones de pobreza de las grandes metrópolis de sus países, y llegaron a Cuba entusiasmados de alguna forma por conocer la realidad del mito de la más grande revolución social en Latinoamérica, que se hizo para dar mayor dignidad a los pobres.

Lo que sucede es que al bajar del avión y empezar a conocer la realidad, se percatan de que es: «un lugar donde la gente no es feliz y muchos jóvenes están desesperados por salir del país. Es un territorio donde las cosas no andan bien y algo debe cambiar». Como dijo recientemente Joaquín Sabina en una entrevista.

El padre David, como superior de los jesuitas y presidente de la CONCUR, tuvo que viajar a lo largo de la Isla varias veces para visitar las obras de la Compañía. En cada uno de sus recorridos solía aprovechar el tiempo para conversar con los laicos, religiosas y compañeros jesuitas sobre la realidad que vivían en cada contexto. Muchas de esas conversaciones pueden evidenciarse en los pequeños textos que solía publicar a principio de cada mes para describir la cotidianidad de la familia ignaciana en Cuba.Pantaleón

Una de las claves de la espiritualidad ignaciana es desentrañar el mal y exponerlo para que pueda ser vencido por el bien. David es un sacerdote de diálogo y justo, pero le molesta la injusticia, por eso apoya la construcción de propuestas sociales que logren restablecer una cultura democrática dentro de la sociedad.

Más que ejercer un protagonismo, su rol era acompañar, muchas veces en silencio pero de forma tangible, a esos actores que sueñan con una Cuba donde no reine el pensamiento único y donde la prosperidad no sea una utopía congelada para siempre en el discurso y la vida de la clase en el poder.

 El 11 de julio de 2021 sucedió lo que ya varios como él venían anunciando: un estallido social que terminó con más de mil presos, en su mayoría jóvenes, producto de la precaria situación nacional. Desde el momento inicial, el P. David, en su posición de superior de la Compañía de Jesús y presidente de la CONCUR, facilitó el acompañamiento a los detenidos y sus familiares tras las protestas.

Sin pretenderlo, su acción lo colocó en un puesto incómodo ante la Oficina de Asuntos Religiosos, que prefería no ver a la Iglesia u otras religiones como actores en temas de denuncia política.

Relación entre la Conferencia de Religiosos y la Conferencia de Obispos

La Iglesia tiene una estructura jerárquica que está presidida por el obispo de Roma, en estos momentos el Papa Francisco, y se va estructurando a través de obispos que son responsables de las diócesis, donde cuentan con clero, religiosos y laicos para dar movilidad a la vida pastoral. En nuestra Isla, como en otros países, existe la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), que es el espacio de concertación que reúne a los prelados de cada diócesis local y resulta la estructura de mayor peso jerárquico en el mapa eclesial nacional.

Por la situación de conflicto que se vivió en las primeras décadas de la Revolución, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba se convirtió en la única voz oficial de la Iglesia, como forma de proteger a los católicos cubanos en ese contexto.

Actualmente esa realidad es interpelada por otras variables, como las nuevas tecnologías que se convierten en plataformas tangibles, donde diferentes actores eclesiales esbozan criterios diversos sobre distintos asuntos de interés eclesial y social. Pero cada una de esas voces no eclesiales, que pueden tener mayor o menor singularidad, suele estar en comunión con el obispo de su diócesis.

 En algún momento se han publicado criterios, en redes o en grupos de debate, sobre desencuentros entre la CONCUR y la COCC.  Es oportuno aclarar que cada paso dado por la Conferencia Cubana de Religiosas-os, ha contado con la aprobación y el acompañamiento de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.

Pantaleón

En la época del P. David Pantaleón como presidente de la CONCUR, este diálogo se mantuvo como en tiempos anteriores. Sé que las declaraciones y actuaciones de la CONCUR que han sido acogidas como testimonios de una Iglesia encarnada, han sido decisiones y posiciones consultadas con anterioridad a la Conferencia Episcopal de nuestro país.

Entre ambas instituciones existen buenas relaciones. Los católicos cubanos son conscientes de esa unidad en nuestra Iglesia y la promueven con fuerza. Lo anterior no impide que haya diversas formas de apreciar la realidad, y que de forma singular un católico, consagrado o no, pueda dar un juicio propio sobre un tema. Aún en esas circunstancias, la brújula de actuación con la que se evalúa ese aporte debe ser siempre la Doctrina Social de la Iglesia, donde vienen recogidas las pautas para muchas situaciones que se presentan en nuestra cotidianidad.  

En los últimos tiempos, con mayor fuerza desde el papa Francisco, se ha venido construyendo al interior del mundo eclesial católico una cultura sinodal. Con esto se hace referencia a un modo de proceder que no parta solamente de la clericalidad, sino que se busca cambiar la toma de decisiones piramidal por una de mayor horizontalidad, donde puedan ser escuchadas todas las voces y los laicos jueguen un papel decisivo también en la toma de decisiones. De hecho, los católicos de Cuba han estado viviendo un proceso asambleario en cada comunidad, donde se ha planteado con fuerza la importancia de caminar juntos.

El desenlace

Luego del 11 de julio, y dada la actuación de la Compañía de Jesús y la CONCUR en el acompañamiento a familiares y detenidos tras las protestas, la relación del P. David Pantaleón con la Oficina de Asuntos Religiosos vinculada al Partido Comunista se fue debilitando hasta romperse. Usualmente, a los religiosos que vienen de misión a Cuba se les ofrece un permiso de residencia por un año, que deben ir renovando cada vez que se vence el plazo.

Esta variable legal, en ocasiones, ha facilitado que a extranjeros que desean misionar en Cuba les sea condicionada su estancia a partir de mantener un comportamiento «políticamente correcto».

 El caso del P. David Pantaleón, quizás sea el de mayor mediatismo en los últimos tiempos, pero no es el único que ha ocurrido, recordemos en el año 1961 la expulsión de 140 religiosos en el buque Covadonga. Todos tenían en común ser considerados políticamente incómodos para el gobierno revolucionario en el poder. En décadas recientes también se han producido situaciones parecidas, que han sido silenciadas para no comprometer las relaciones entre las instituciones eclesiales y estatales, en pos de un bien mayor.

P. David Pantaleón, SJ
P. David Pantaleón, SJ (Foto: reportecatolicolaico)

 Al no renovarle la visa de residencia al sacerdote David Pantaleón, la Oficina de Asuntos Religiosos visibilizó aún más el grado de tensión que rige las relaciones Iglesia-Estado en nuestra nación. En reciente entrevista ofrecida por el cardenal Juan García, arzobispo de La Habana, el purpurado se refirió a los pedidos de la Conferencia para sostener un diálogo con el gobierno donde podrían abordarse varios de los temas de mayor urgencia en nuestra sociedad, y habló del silencio recibido como respuesta a dicha petición.

En los encuentros televisados del presidente y diversos actores de la sociedad civil, no hubo ninguno con la Iglesia católica, lo que denota que la relación entre el catolicismo y el partido posee similitudes con el conflicto vivido en los sesenta.   

La expulsión del P. David Pantaleón como residente en Cuba, quien al momento de su salida ejercía como superior de los jesuitas y presidente de la CONCUR, es un error político que muestra la incongruencia entre el discurso oficial —que se presenta como pro-diálogo con todas las voces—, y la realidad, que aparta al que muestre un pensamiento divergente.

Sin embargo, el padre David no es el único que piensa en libertad y con un modo de proceder tendiente hacia la instauración de una verdadera reconciliación y mayores cuotas de justicia social en nuestra sociedad. Como él, existen muchas otras voces con una fe en el cambio que ya no podrán ser silenciadas.

A corto y mediano plazo, ¿qué esperar en Cuba?

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Corto y mediano plazo
(Foto: ADN Cuba)

A corto plazo, ¿qué podemos esperar en Cuba? Examinemos los más importantes factores.

  1. ¿Posible adopción de una remodelación integral del sistema económico imperante, tanto de su sector interno como externo? Muy lejos todavía de ello.
  2. ¿Posible apertura a la Inversión Extranjera (IE) en gran escala? Por cuentagotas y a escala mínima, con la excepción de las promesas pendientes de Sherritt y Pernod Ricard, además de la marcada desconfianza actual hacia el mercado cubano y su situación de crisis. Los niveles de colaboración económica con China, la UE y Rusia están completamente estancados y en retroceso.
  3. Proximidad de los cuantiosos pagos y obligaciones que Cuba tiene comprometidos con el Club de París, que, en caso de ser honrados, verán sus capacidades de importación-exportación sensiblemente reducidas.
  4. Por sectores:
  • ¿Posible recuperación de la industria azucarera? Ninguna. Frase genial de un analista cubano: «Tomó cuatrocientos años para fundar la industria azucarera en Cuba y tomó menos de cuatro años para liquidarla».
  • ¿Posible recuperación de la industria turística? En una sociedad agobiada por carencias extremas e inusuales tensiones sociales, donde los centros turísticos son hoy una suerte de ghettosfuera de contexto, sus potenciales atractivos se tornan en algo muy poco atrayente.
  • Exportaciones de níquel + cobalto y las exportaciones de ron, siguen a la espera de las prometidas inversiones de parte de Sherrit y Pernod Ricard, con su correspondiente estancamiento.
  • ¿Exportaciones pesqueras? Continúan en su nivel más bajo. Paradoja: Una isla en la que nadie come pescado hace décadas.
  • Este cuadro de componentes de signo negativo, se agrava en extremo —más allá de cualquier imaginación— cuando se le contextualiza en el  marco de la situación del sistema electro-energético nacional (SEN), que bordea actualmente un colapso irreversible, a menos que se ejecuten medidas que transformen totalmente, y a corto plazo, la infraestructura y los niveles tecnológicos del SEN.

Todo esto se ve agravado luego del desastre que significó la explosión de los supertanqueros en el puerto de Matanzas. Cuba no dispone hoy, ni remotamente, de un proyecto de negociación con algún país o empresas —como sí lo fue en su momento el fracasado acuerdo con Siemens AG algunos años atrás— que supongan una acometida transformadora a corto o mediano plazo.

Corto y mediano plazo
La situación del CEN se ve agravada luego del desastre que significó la explosión de los supertanqueros en el puerto de Matanzas. (Foto: Cubadebate en Facebook)
  • A lo anterior, se suma una notable sangría de capital humano —mayormente compuesto por jóvenes—, que emigra legal e ilegalmente hacia EE.UU y otras naciones., en lo que es ya la mayor oleada migratoria de los últimos sesenta y tres años, estimada hoy en 180 000 personas por causa de las extremas carencias, ausencia de horizontes y alicientes a que viene sometida la sociedad cubana, en particular durante las últimas tres décadas.

Algunos indicadores positivos son:

—Exportaciones de servicios médicos y productos biofarmacéuticos marcan la excepción solitaria de algún ascenso en el campo de las exportaciones, con sus cifras oficialmente ocultas hasta hoy.

—Recuperación paulatina en los niveles de ingresos por concepto de remesas de la emigración en ascenso, pero sus cifras aproximadas se mantienen en idéntico mutismo oficial.

—Ascenso del sector de las MPYMES, seriamente comprometido por las restricciones estatales que todavía pesan sobre el mismo (libre interacción con el sector externo, ausencia de financiamientos efectivos, de exenciones fiscales y perjudicado por sobrecargas fiscales), a pesar de ser hoy la principal fuerza generadora de empleos.

A mediano plazo

  • Lo más relevante e inmediato del panorama político sería el fallecimiento de Raúl Castro y José Ramón Machado Ventura, pilares del empecinamiento en mantener el inoperante sistema; y con ello esperar un abordaje más reformador e integral de la remodelación del sistema por parte de dirigentes que se verán así liberados de semejante freno.
  • Estos dirigentes —liberados así de esos poderes tutelares y frenos— deberán despojarse del legado intimidatorio del argumento paralizante esgrimido por Fidel Castro durante sus últimas dos décadas de existencia: «Si aflojamos, lo perdemos todo». Lo contrario es lo que debe prevalecer, y eso lo saben perfectamente muchos de los dirigentes actuales, desde el propio Díaz-Canel hasta Alejandro Gil, ministro de Economía y Planificación. La noción de que si «aflojamos, ganamos», es la que debe abrirse paso. El ejercicio del poder en términos de «ordeno y mando» debe superarse definitivamente.
  • El ascenso de las tensiones sociales y los esquemas represivos a los que se ha recurrido desde el 11-J, propician una atmósfera de inseguridad e inestabilidad que debe convocar a los altos mandos de las FAR y del MININT —desaparecido Raúl Castro— a presionar en favor de cambios más abarcadores que conduzcan a un alivio de dichas tensiones. No puede pasarse por alto que durante décadas estas instituciones armadas no fueron educadas ni orientadas en reprimir a lo interno.
  • El hipotético contexto post Raúl Castro resultaría muchísimo más complejo debido a la ausencia de sustentos internacionales significativos —como pudieran ser China o Rusia en escalas superiores y pasadas experiencias.

En tanto el conflicto permanente con EE.UU. no debe mejorar o atenuarse, sino por el contrario, entraría en una nueva fase de tensiones y choques con las victorias electorales que, de seguro, llevarán de nuevo al Partido Republicano a ganar el Congreso (noviembre de 2022) y, eventualmente, la presidencia en 2024 (con o sin Trump como candidato, pero continuando este en su papel de hacedor de ganadores o kingmaker al seno de dicho partido).

Corto y mediano plazo
(Foto: CNN)
  • Al mismo tiempo, la coyuntura económica mundial, saturada de inflación y creciente tendencia a la recesión, tampoco favorecerá las operaciones y posibilidades del sector externo cubano, lo que continuará limitando sus capacidades importadoras.
  • Un termómetro importante de la situación a mediano plazo, lo constituirán las elecciones en Cuba, a celebrarse en 2024. No debe olvidarse que en el 2018, si se suman los votos negativos y abstenciones, más del 30% por ciento del electorado mostraba su rechazo a los candidatos oficiales. En las actuales circunstancias, ¿debe esperarse un aumento o disminución del respaldo a los candidatos oficiales únicos?

La respuesta es elemental: los niveles de votos negativos y abstención (¡una forma efectiva de votar en contra!) deberán aumentar considerablemente, con el riesgo de colocar a los candidatos oficiales en una situación de minoría, frente a lo cual habrá que preguntarse cómo reaccionará el gobierno.

¿Echará mano a alguna operación fraudulenta, de «magia» con los números? ¡Recurso riesgoso en extremo en las actuales circunstancias! ¿Reconocerá su derrota y pedirá —tras autocrítica de su gestión— un voto de confianza a la población mediante referéndum? Escenarios probables no muy distantes de la crisis actual. Razón por demás para acelerar la remodelación integral del modelo que aminore el impacto negativo sobre las elecciones del 2024.

Sin dudas, la dirigencia cubana entrará en una fase decisiva para su futuro repleto de interrogantes, desafíos y peligros; sortear un campo minado con los ojos cerrados, a menos que abran los ojos y las entendederas…