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La cuestión racial, en las penumbras de la sociedad cubana

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Cuestión racial
(Imagen: DDC)

Hace unos meses, durante una reunión de amigos en casa, estuvimos conversando acerca del racismo y los prejuicios raciales en nuestro país. Uno de ellos —de piel blanca— en forma genuina preguntaba: «¿Existe racismo en Cuba?», y se respondía a sí mismo: «No caballero, aquí no hay eso».

Al escuchar esta expresión quedé sorprendida, fue difícil asimilar que alguien esté convencido de que en Cuba no existen barreras raciales, siendo un problema que me afecta a diario, como joven negra. Pero como mi amigo también piensan  muchos otros cubanos.

Aquellas personas que no pertenecen a la raza negra, difícilmente entiendan la experiencia de vida de los afrodescendientes. Incluso en la sociedad contemporánea, donde ya no se condonan la esclavitud y la trata de personas, ser negro aún resulta complicado. Actitudes como las que sufren los negros que huyen del conflicto armado en Ucrania, desplazados por autoridades que dan preferencia a ciudadanos de piel blanca, demuestran que el racismo todavía corre por las venas de nuestra sociedad.

Los prejuicios están latentes y afectan la vida de negras y negros en todo el mundo, quienes vivimos cada relación social a través de un lente racial cargado de prejuicios y estereotipos; sin embargo, tal fenómeno puede resultar aún más problemático en un contexto en que la cuestión racial se considera superada y se llega a invisibilizar.

La Revolución cubana desde sus inicios tuvo un carácter humanista, enfocada en resolver las desigualdades y dificultades sociales existentes, y así fue con el problema racial. No obstante, a diferencia de otros fenómenos —como el rol de la mujer en la sociedad—, el tratamiento del racismo quedó rezagado y, de forma progresiva, se convirtió en un tema tabú y en apariencia solucionado. En consecuencia, aún la discriminación racial y la situación económica y social del negro permanecen insuficientemente abordadas.  

A pesar de sentirme libre y segura en mi país, a lo largo de mis veintitrés años he tenido continuas experiencias discriminatorias que me permiten afirmar la persistencia de prejuicios raciales en nuestra sociedad. Y aunque los afrodescendientes en Cuba generalmente no somos víctimas de macroagresiones, o actos y expresiones racistas explícitas y violentas; las mismas han sido remplazadas por microagresiones, es decir, ofensas breves y cotidianas, manifestadas de forma verbal, conductual o ambiental; sean voluntarias o involuntarias, y expresadas a través de humillaciones e insultos raciales negativos.

Cuando muchos piensan la cuestión racial en Cuba, tienen como punto de referencia el racismo sistémico, la encarcelación masiva, la brutalidad policial y los crímenes de odio en otras latitudes geográficas; circunstancias que juiciosamente los medios internacionales y nacionales han condenado durante años. Es cierto que la brutalidad policial, así como los crímenes de odio, raramente se ven en nuestra sociedad, en la medida en que ocurren, por ejemplo, en Estados Unidos. Sin embargo, ¿es esto señal de que los negros y negras vivimos en un país que no distingue la raza? Rotundamente, no.

Cuestión racial
La brutalidad policial, así como los crímenes de odio, raramente se ven en nuestra sociedad, en la medida en que ocurren, por ejemplo, en Estados Unidos. (Foto: Getty Images)

Afirmar que en Cuba se ha llegado a una época posracial, invalida las experiencias de aquellos que son marginados. He escuchado en numerosas ocasiones a personas que anulan mis vivencias como joven negra cuando aseguran que los blancos no tienen privilegios, y que al menos en nuestro país no existen manifestaciones racistas.

En Cuba coexisten discriminación racial, racismo estructural, y prejuicios raciales, arrastrados durante años sin ser apropiadamente tratados y solucionados. Los blancos continúan siendo el referente y ostentan las más altas posiciones económicas y de poder en un país donde los afrodescendientes nunca dejaron de estar en segundo plano.   

Desde pequeña me percaté de que era diferente. Ser una niña de primaria y escuchar como otros jóvenes, al salir de la escuela, me gritaban «Negra», como ofensa, hizo que cuestionara mi color de piel y me marcó por el resto de la vida.

El bullying es un fenómeno horrible que lamentablemente muchos niños, niñas y jóvenes experimentan en su vida. Sin embargo, sufrirlo a costa de tu color, con tan poca edad, te revela que tu piel no pasara? desapercibida, sino que tendrá un rol protagónico en tu vida.

Alguien muy cercano me comentó hace poco, cómo a causa de las burlas en su secundaria y en la calle dejó de mirarse al espejo durante largo tiempo. Esta anécdota me alertó sobre cuán impactante resulta que utilicen tu color de piel para ofenderte; demuestra que la sociedad actual aún considera que ser negro es una «desgracia», o se iguala a ser feo o bruto, en fin, a ser inferior al blanco.

Desde la infancia, los niños y adolescentes adoptan pensamientos y conductas aprendidas en su entorno familiar. Te das cuenta cuando escuchas las burlas hacia el pelo afro de las niñas negras, o como aún lo llaman: «las pasas»; cuando las llaman «feas» porque no tienen un color de piel claro y su pelo no es lacio, o cuando muchos no las encuentran atractivas porque en ocasiones en sus casas se les dice: «Aquí no me traigas una novia negra».

Los niños no nacen racistas, ni con prejuicios instalados en sus mentes de forma automática. Dichas expresiones y conductas se escuchan y se aprenden en la familia, el barrio, la escuela, los medios de comunicación y las redes sociales.

También, como alguna vez debí soportar, muchas niñas y hasta niños negros sufren los daños del llamado desriz de potasa u otro producto químico para lacear el cabello. Y es que, de seguro ha escuchado o ha sido partícipe de la categorización del «pelo bueno» de los blancos y el «pelo malo» de los negros. Hasta a mí a veces se me va, aunque trato siempre de corregirme. Claramente, no hay pelos buenos ni malos, sino de diferentes texturas y cuidados.

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No hay pelos buenos ni malos, sino de diferentes texturas y cuidados. (Foto: Negolution)

Siempre hago esta analogía: la piel blanca es conocida por ser muy sensible a los rayos solares y requiere muchos más cuidados, mientras que la piel negra es más resistente al sol; sin embargo, nadie se refiere a la piel blanca como mala, ni a la negra como buena, simplemente son diferentes.

Que aún se intente denigrar los rasgos afrodescendientes, resulta vergonzoso. Estas denominaciones, —surgidas en época de la esclavitud, cuando los blancos colonizadores se designaron como la raza superior— continúan transmitiendo estereotipos y frases racistas de una generación a otra.

Desrizar el pelo es consecuencia de la denigración hecha al pelo afro y rizado durante años. A pesar de que actualmente vemos a más niñas, adolescentes y jóvenes aceptando su cabello natural, muchas aún buscan sentirse valoradas por una sociedad que las considera no deseadas por tener el pelo afro, la nariz ancha, los labios gruesos y la piel oscura. El laceo del pelo es resultado de prejuicios enraizados en nuestra comunidad, y fue una forma que los afrodescendientes encontraron para encajar y acercarse a los estándares de belleza del blanco.

Crecer con estos estándares crea en personas negras complejos hacia su raza, que las alejan de la belleza y fuerza que tiene nuestro color. Pasamos cada día escuchando frases, chistes y presenciando comportamientos negativos que progresivamente afectan la psiquis, autoestima y dignidad de los afrodescendientes; y en efecto, logran que nos creamos inferiores. Es importante que hagamos saber a nuestros niños y niñas, que ser negro es bello; debemos hacerlos sentir valorados y enseñarlos a aceptarse sin importar lo que sugieran los estándares sociales.

Desde pequeños, muchos afrodescendientes se convencen de que su color de piel es una desventaja, y a la vez aprehenden los prejuicios y estereotipos hacia su propia raza. Es de esta manera que vemos negros con prejuicios hacia otros negros, pues han internalizado el racismo presente en la sociedad.  

Casi de manera absoluta puedo afirmar que un niño blanco nunca recibirá ofensas relacionadas a su color de piel, al contrario, se le atribuirán de inmediato todas las cualidades que aún se asocian como inherentes a las personas blancas. Los blancos ya tienen ganadas las cualidades buenas, los negros nos las tenemos que ganar, pues somos juzgados instantáneamente en base al color de piel.

Existe otra microagresión con la que los afrodescendientes debemos lidiar. Ya es normal para muchos negros el saber que tenemos que trabajar y estudiar el doble, pues son diversos los estereotipos a romper en el ámbito escolar y profesional. A lo largo de mis estudios, siempre estuve entre los mejores alumnos, no obstante, sentía que al ser negra tenía que estudiar un poco más y ser más disciplinada.

Primeramente, numerosos profesores tienen prejuicios y asocian con frecuencia la inteligencia y el buen comportamiento a los estudiantes blancos; mientras, los estudiantes negros están sujetos a expectativas y prejuicios que deben romper. En ocasiones, sentía mucha presión, pues si no alcanzaba buenas notas sabía que algunos profesores no me verían a mi, sino a mi raza. Por estas situaciones pasan no pocos afrodescendientes, que detentando cargos y responsabilidades sienten que deben representar a la raza y saben que de no cumplir con las expectativas, el resto dirá: «¡Tenía que ser negro!»; y eso es lo que no queremos que digan.

Cuando un negro comete un error o tiene un mal comportamiento, muchos no lo toman como una acción individual, sino que se lo atribuyen a la raza. Esto es lo que cargamos a nuestras espaladas; los estereotipos que durante años se han construido.  Si no eres una persona de color, seguramente no has lidiado con esta experiencia, tu raza no habla más de ti que tu persona.  

El racismo y los prejuicios raciales en Cuba subsisten en determinadas frases que oímos a diario. Seas hombre o mujer, si tienes una pareja blanca, seguro has escuchado: «Oye, tú si ganaste», «Vaya, le hiciste un favor a tus hijos», «Tú si adelantaste la raza», «Fuiste inteligente» o «Qué suerte la tuya».

Asimismo, si te destacas en el ámbito escolar o profesional, desde luego has escuchado: «Oye, tú debes ser blanco por dentro», «Tú si eres un negro de verdad» o, como me dijo mi director en el preuniversitario: «No, pero tú por dentro eres rubia de ojos azules», haciendo alusión a mi disciplina y buenos resultados académicos.

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Si te destacas en el ámbito escolar o profesional, desde luego has escuchado: «Oye, tú debes ser blanco por dentro». (Foto: Kaloian Santos)

O si eres negro con facciones y rasgos de blanco, te han halagado diciéndote: «Es un negrito de salir» o «Eres linda para ser negra», como en diversas ocasiones me han comentado.

En conclusión, te halagan si tu pareja es blanca, si tus hijos no salieron negros como tú, e incluso, si te acercas a sus estándares de belleza. ¿Pero es esto realmente un halago? No creo que deba agradecer a nadie que me diga que adelanté la raza, ni que soy una «negrita de salir» porque tengo «facciones finas o de blancos». Al contrario, me siento indignada, irrespetada, por comentarios y frases que continúan poniendo a la raza blanca en lo alto de la pirámide social, mientras que el negro queda en segundo plano.

Los negros no tenemos que adelantar la raza. Si mi hijo es tan negro como yo, seré tan feliz como si no lo fuera, me sentiré orgullosa de su raza y haré que también se sienta así. No es una desgracia heredar la piel negra oscura, el pelo afro y la nariz ancha.

Por otro lado, si soy buena en mi trabajo y en la escuela, si soy disciplinada y respetuosa, no es porque nací blanca por dentro, pues en realidad soy tan negra por dentro como por fuera. La inteligencia y buenos logros son consecuencia del estudio y sacrificio de cualquier persona, son cualidades que no están asociadas a color de la piel alguno, ni blanco ni negro.

Aún resulta difícil para la sociedad cubana relacionar cualidades buenas con los afrodescendientes. Esto se traduce en los estereotipos asociados a una persona negra. Todavía muchos se asombran cuando comento o saben que soy licenciada en Derecho, trabajo como modelo, domino el idioma inglés, no tuve un hijo con diecisiete años, y tampoco soy revendedora. Si fuera blanca, quizás la reacción sería diferente y no causaría tanta sorpresa.

Y es que la sociedad mantiene una visión reduccionista de las personas negras; aún las ven como delincuentes, trabajadores sexuales o de escasa educación. Un ejemplo cotidiano es cuando están acompañados de un extranjero blanco, y de forma inmediata e inconsciente, las personas a su alrededor y hasta los agentes policiales relacionan al afrodescendiente con la prostitución. Cuántas veces no ha sido inquirido por las autoridades un negro acompañado de extranjeros; y solo luego de demostrar su nivel de educación y trabajo logra evitar la detención.

Esto me hace recordar la publicación en Instagram que realizara una influencer negra colombiana sobre su experiencia cuando viajó a Cuba con su esposo blanco. Ella comentaba lo mal que se sintió en cada lugar al que iba, las miradas discriminatorias y la falta de atención, pues a la hora del servicio siempre se dirigían a su esposo, al asumir que por ser negra y estar acompañada de un blanco, él era el proveedor. No les pasaba por la mente que pudiera ser su esposa, y una mujer independiente y trabajadora.

En muchos casos nuestro color de piel nos impide alcanzar metas y establecer relaciones deseadas. Aún vemos como el mundo del ballet clásico es predominantemente blanco, no imagino cuantos niños y niñas negros quedaron sin sus sueños realizados.

En la mayoría de los centros de trabajo o negocios, estatales y privados, e instalaciones turísticas, los negros continúan ocupando los trabajos peor remunerados, con pocas excepciones. No es casualidad que todas las trabajadoras de limpieza o los custodios sean afrodescendientes, mientras los gerentes y jefes son blancos. Cuando voy a algún establecimiento gastronómico, sobre todo privado, siempre noto que las dependientas, bartenders y personal que atiende al cliente, son blancos.

La representación de los afrodescendientes en el arte cubano también es clave para reflejar y luchar contra los clichés raciales. Los artistas expresan la realidad que les rodea a través de su arte, sin embargo, también deben romper barreras y construir nuevos paradigmas sociales. El arte influye en la personas y puede impactarlas de forma positiva, o negativa. Es por esto que la representación importa.

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Victor Patricio Landaluze, «Día de los Reyes en La Habana,» ca. 1860s–1880s. (Foto: Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana)

Las pieles negras deben estar representadas en el cine, la televisión, la música, la moda…, de manera tal que se rompa con los estereotipos raciales y se deconstruyan los prejuicios. El arte no ha de reafirmar los clichés que existen, sino que debe servir de facilitador en la lucha contra el racismo.    

El racismo no es un tema que se aborde con frecuencia en los medios de comunicación en Cuba. Incluso, en el cine y la televisión no se trata a fondo y, cuando se hace, se limita a las dificultades de una pareja interracial. Sin embargo, es importante tener en cuenta que ser negro, y las dificultades que esto conlleva influye en la vida cotidiana, el trabajo, la familia, los comentarios que escuchamos en la guagua, la cola, el taxi y hasta en la escuela.

Se necesita instaurar más espacios mediáticos donde se confronten con frecuencia, de forma íntegra y honesta, los conflictos de los afrodescendientes. De manera clara, se deben develar las disímiles formas en que se manifiestan los prejuicios raciales en Cuba.

La forma en la que concebimos a los afrodescendientes en los medios es realmente influyente en los espectadores, quienes de manera inconsciente asimilan la imagen que se proyecta de una persona negra. En especial la mujer negra «prieta», como muchos le llaman, carece de representación en videos musicales, películas, teleplays, series y programas de televisión. Son numerosos los videos musicales en los que la presencia de protagonistas negras de piel oscura es casi nula; vemos modelos blancas y mulatas de pelo rizo, o «pelo bueno», pero muy pocas veces negras oscuras.

Resulta decepcionante que incluso directores y artistas negros opten por reafirmar los estándares de belleza tradicionales, al anular la representación de mujeres afrodescendientes. Como modelo, he vivido contadas experiencias en las que mulatas o blancas sean preferidas sobre negras con afro. Por lo general, entre muchas modelos blancas y mestizas suelo ser la única negra, cual forma de cumplir con la cuota de negritud. Por el contrario, con clientes extranjeros los modelos negros y mestizos abundan, pues para ellos somos la representación de la cubanía.

Aunque en las series y programas televisivos nacionales se observe mayor presencia de afrodescendientes, todavía se opta por actores y conductores blancos, mestizos o negros con rasgos físicos considerados «finos». De la misma forma, los audiovisuales, perpetúan muchos estereotipos contra los que hemos luchado durante tanto tiempo. Aun cuando aparecen personajes negros en la televisión y el cine, casi nunca son protagónicos o de interés romántico, sino secundarios, en papeles de apoyo, o como delincuentes y marginados; en fin, que en pocas ocasiones desempeñan papeles importantes.

Recuerdo cuando Disney anunció una versión de la película animada La sirenita Ariel cuya protagonista sería negra. Muchas personas blancas que conozco alegaban que con ello arruinarían su infancia. No logro concebir el nivel de ignorancia y egocentrismo de tales individuos, que piensan que esto se trata solamente de ellos y su infancia.

Esto demuestra cuán internalizado tenemos, como sociedad, que la raza blanca sea el referente, al punto de que esas personas nunca pensaron que mi infancia y la de muchos niños y niñas afrodescendientes sí pudo estar arruinada, pues crecimos viendo casi la totalidad de las princesas, barbies y héroes blancos, y ninguno fue de piel negra y pelo afro.

Considero que este tema ameritaría mucha atención, pues la representación es muy importante e influyente, y en Cuba aún tenemos que lidiar con la forma arquetípica en que concebimos al negro en el arte. Y es que la sociedad es diversa, y esa variedad debe verse personificada. La industria cultural tiene que contribuir a la inclusión del afrodescendiente, con el objetivo de superar la idea del blanco como referente cultural casi exclusivo.

El racismo y los prejuicios raciales sí existen en Cuba. Se hace necesario visibilizar en todos los ámbitos, la situación de los afrodescendientes. Resulta clave instruir sobre este fenómeno a los niños y jóvenes en todos los niveles educativos, las comunidades y familias en todos los territorios del país.

Los medios de comunicación y las manifestaciones del arte han de servir en el proceso de transparencia del tema. Las instancias de poder deberán manejar la cuestión racial de manera genuina y no como estrategias y estadísticas a cumplir. La sociedad cubana debe despertar y reconocer que el racismo es un problema social aún presente, si queremos construir una nación verdaderamente justa e igualitaria.     

Visiones del Código de Familias I (+ Audio)

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Codigo de las familias
(Foto: Cangurunews)

El Nuevo Código de la Familias será llevado a referendo el próximo 25 de septiembre en Cuba a fin de actualizar el Código anterior que data de 1975. Luego de un proceso de consulta popular y de la contribución de expertos, la versión 25 de este documento fue aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular y puesta a disposición de los cubanos para su posterior votación.

“¿Está usted de acuerdo con el Código de Familias?”, será la pregunta a la que podrán responder todos los ciudadanos mayores de 16 años, mientras que los resultados definitivos dependerán de una mayoría simple del 50 % de los votos.

Uno de los puntos más polémicos ha sido la introducción del término “responsabilidad parental” en sustitución de “patria potestad”. Esta decisión rompe con concepciones de crianza arraigadas como la cultura del respeto que respalda el maltrato psicológico o físico a los hijos y desestima sus opiniones sobre decisiones que le atañen.

El código vigente plantea que los “padres están facultados para reprender y corregir adecuada y moderadamente a los hijos bajo su potestad”, mientras que en el artículo 138 el Nuevo Código exige educarlos “a partir de formas de crianza positiva, no violentas y participativas, de acuerdo con su edad, capacidad y autonomía progresiva”.

Por la importancia del proceso, La Joven Cuba presenta “Visiones del Código de Familias”, una serie de vox pópuli con opiniones recogidas sobre el tema. En este primer capítulo nos acercamos a la percepción social que existe sobre la responsabilidad parental y la propuesta de crianza que defiende el Código de las Familias, a pocos días de su votación.

Al César las condolencias y va que chifla (un desliz de nuestra «revolucionaria izquierda»)

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condolencias
(Foto: Ezra Acayan/Getty Images)

En la mañana del 8 de septiembre del 2022 falleció Su Majestad la reina Isabel II, ejemplo de una de las tradiciones más importantes de la cultura anglosajona y emblema del espíritu inglés. Su figura aúna un sinnúmero de hechos de relevancia, y en su país parece ser un símbolo de unidad en torno a los logros de aquella sociedad. En nuestra pequeña isla —cuyo occidente estuvo regido durante once meses por esa misma corona en el siglo XVIII—, su muerte ha traído implicaciones y enseñanzas para quienes solo podemos mirar los toros desde la barrera.

Minutos después de su deceso saltaron a las redes reacciones de activistas sociales que se precian de pertenecer a una «izquierda revolucionaria y  humanista». Muy pronto sus comentarios generaron controversias, incluso con la propia posición oficial. Y eso dice muchas cosas.

En primer lugar,  hay una frase que ha marcado a nuestras generaciones y que encabeza una novela de Ernest Hemingway: «La muerte de cualquier hombre me reduce». ¡¿Qué podríamos decir ante la muerte de un símbolo que para unos es típico del colonialismo mientras para otros indica cultura, tradición, innovación y progreso?!  Téngase en cuenta que todas las huelgas que estremecían al Reino Unido se detuvieron de pronto para rendir honores al símbolo nacional que era Isabel II.  

Alegrarse ante la muerte de cualquier persona es lo menos humanista que sugiere el comportamiento de un ser humano, y si esto parte de aquellos que pretenden construir una «sociedad nueva», que me disculpen los candidatos pero no cuentan con mi voto.  

Luego de las primeras publicaciones de odio y alegría por la muerte de Isabel II —que incluyeran frases como: «Una reina con las manos manchadas de sangre ha muerto»; «Ojalá desaparezca para siempre toda monarquía», o  «Parásitos: yates, castillos y autos de lujo, así vive la monarquía»—, comenzó el debate entre aquellos que se precian de ser de la mencionada «izquierda revolucionaria»: que si es lo que dicta el protocolo, que si Fidel regañó a no sé quién cuando la muerte de Pinochet,  que si el Minrex dijo que lo estipulado es duelo oficial…   

Algunos quedaron convencidos por el nombre o la posición de quienes ejercieron las críticas, aunque no tanto por las ideas que esgrimían, pero en lo particular me resulta todavía inconcebible incluso el razonamiento que dieron sus censores,  alegando que es lo que dicta el protocolo.  

Entienda esta «nueva izquierda» que quiere imponer sus errados puntos de vista, que la razón, la respuesta o la justificación no es «que lo dicta el protocolo».  La razón habría que buscarla en por qué lo dicta el protocolo, algo que ninguna de las dos partes del conflicto parece entender. El protocolo prescribe el duelo y el respeto porque es lo humano ante el dolor de una nación, de una cultura y de un país que, por demás, ha hecho enormes contribuciones al desarrollo humano, y podrán fajarse entre ellos una y mil veces, pero la inmensa mayoría se siente profundamente orgullosa de ser lo que son.

El protocolo lo establece no porque haya que escribir una frase (por cierto, hubo hasta quien se quejó de «sumisas» condolencias escritas en inglés), sino porque es la manera de solidarizarse con el dolor humano, con la esencia de lo que somos; y el protocolo lo dicta porque es la misma solidaridad que uno desearía cuando el curso natural de la vida coloca en situaciones similares. Es el comportamiento correcto entre seres humanos que, ante todo, respetan la vida, ese milagro irrepetible, y las decisiones de un país soberano.

El Reino Unido fue una gran potencia imperial, como lo fueron todas las sociedades desarrolladas de la época, y es la única que hoy se mantiene alejada del jueguito del euro y el dólar, con una moneda mucho más fuerte que ambas, y eso merece absoluto respeto. El actuar de aquellos tiempos coloniales era de supervivencia, y si no te hacías fuerte (no justifico invasiones) te podían aplastar otros colonizadores, como España, el Imperio Mongol o Constantinopla.

Entonces no es una comparación justa culpar a la reina de las decisiones de siglos anteriores, o del actual, cuando su poder efectivo es y ha sido desde hace tiempo muy limitado. Sin embargo, es muy difícil culparla de no haber servido a su nación y a los intereses de la misma.

Recientemente esa misma reina envió deseos de prosperidad a Barbados, que el 30 de noviembre de 2021 decidió bajar por última vez el estandarte real e izar en su lugar la bandera presidencial. Dicha ceremonia fue presenciada por el hoy rey Carlos III, que reconoció en ese momento el injusto y cruel pasado de esclavitud y colonización. Actualmente Antigua y Barbuda pretende llevar a votación una separación similar, pero «no como un acto de hostilidad a Inglaterra», según acaba de asegurar Gastón Brown, primer ministro del país caribeño.

La reina Isabel pasará a la historia como un símbolo de unión en su país, como una figura indispensable en nuestra historia reciente. Si los referidos activistas «de izquierda» envidian su legado y el nivel de desarrollo alcanzado por los británicos bajo su égida, pudieran empezar por ser más activos en el diseño de una economía  que no acaba de funcionar, mientras ellos aplauden cada medida sesgada y dilatoria.

Este tipo de contribución sería mucho más apreciada que sus sabiondas entelequias, puestas al servicio de sucesos que los sobrepasan. Por ejemplo, en medio de un posible juicio ante la Corte Real de Justicia de Londres por la deuda del gobierno cubano, programada para enero del 2023, sería mucho más sano y estratégico evitar cualquier comentario irresponsable contra aquel país. Es tan sencillo como asumir la actitud adoptada por el gobierno cubano con cuanta decisión implique a Rusia en el contexto actual: abstenerse.

César
Última fotografía de Isabel II, el 6 de septiembre. (Foto: EFE/Andrew Milligan)

El odio repulsivo ante la muerte de Fidel Castro fue tan denigrante y rechazable como el que se muestra hoy ante el fallecimiento de la reina Isabel II.  El futuro de una vida pacífica en el planeta ha de comenzar por ejercer el respeto al culto del ser humano, de su desarrollo y enriquecimiento cultural y espiritual.   

Todo este debate evidencia lo errado del discurso de los supuestos dueños del algoritmo, que primero hacen llamados a mítines de repudio (con la anuencia del gobierno) y a actos de reafirmación ante cualquier evidencia de disenso, para luego terminar con frases tan ofensivas y divisorias como: «La orden está dada», en momentos en  los que se precisa de unidad y aceptación de las diferencias. 

Tal como dijera el miembro del Buró Político Dr. Roberto Morales Ojeda en un post reciente: «Mantener la unidad implica (…) evitar que prevalezcan los celos y atrincheramientos que nos dividen (…) Somos una sociedad heterogénea y debemos aceptarnos y respetarnos en esa diversidad de saberes y pensamientos».   

El despoblamiento de Cuba

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Despoblamiento
(Foto: Freepik)

En mayo, cuando la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) publicó algunas cifras provisionales de 2021, dediqué un post a la preocupante relación entre el elevado crecimiento de la tasa bruta de mortalidad (necrotendencia) y el despoblamiento del archipiélago. Aunque ambos fenómenos son negativos, el primero podría ser coyuntural; preocupa mucho más el segundo, por ser de carácter estructural, mediana data (2005), afecta a la totalidad de la nación y puede crecer en medio de tantos factores adversos.

Entre 1902-1958, la población cubana creció cinco veces: de 1,5 a 7 millones. Desde 1959 a 2022 lo hizo alrededor de +0,6 veces: de 7 a 11,1 millones; aunque la tendencia no se manifestó de igual forma en estos sesenta y tres años. En  el período 1959-1970, creció a un ritmo del 2% (6, 977 200 a 8, 603 200), lo que se explica por el Baby Boom de 1959-1965, cuando se expandieron como nunca antes el empleo, los salarios y los gastos sociales. A partir de entonces, la tendencia ha sido a la disminución del crecimiento (1966-2004) y al despoblamiento (de 2005 a la actualidad).

Hasta el censo de 2012, la población solo descendió en un lapsus intercensal en 1887-1899, por el holocausto de la Guerra de Independencia (a razón de ?0,2%, es decir; 36, 278 habitantes menos).  En  la década comprendida entre 2002-2012, el descenso fue de ?0,1% (10, 418 habitantes menos). Y no podremos saber el de 2012-2022 porque el censo correspondiente a este año ha sido pospuesto.

En 2021 la población descendió a 11 113 215 habitantes; ello significa 54 110 menos que en 2012 y 68 380 respecto al año precedente (?6,1%).  Al cierre de marzo pasado, el director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo, Diego González, estimaba una población inferior: 11 105 814 habitantes. No obstante, decía sentirse optimista pues apreciaba en el primer trimestre: «cierta recuperación en las tendencias demográficas del país: hay más nacimientos, menos defunciones y las migraciones se mantienen con niveles un tanto estáticos».

Ante un torrente migratorio que fluye desenfrenadamente, inmigración casi nula, muertes que aumentan y nacimientos que disminuyen, me parecen sumamente optimistas tanto esas apreciaciones como las proyecciones de población que hace el Anuario Estadístico de Cuba 2021 (AEC) para los tres quinquenios próximos: 11 227 182 para 2025; 11 179 103 en 2030; y 11 098 477 en 2035. ¿Qué les hace pensar que en los próximos cuatro años cambiará la tendencia y aumentará la población, para luego volver a disminuir hasta caer por debajo de la actual en quince años?

Tres factores principales inciden hoy en el despoblamiento de la Perla del Caribe: el aumento de la necrotendencia, la disminución de la natalidad, y el creciente saldo migratorio negativo. Usemos las estadísticas oficiales públicas para analizarlos y repensar qué se podría hacer en pos de mitigarlos y contribuir a resolver tan aguda y compleja problemática.  

Necrotendencia creciente

Durante el siglo XX, Cuba fue mejorando la correlación entre las tasas de natalidad y mortalidad y logró que su población siguiera creciendo de manera natural aún después de la crisis de 1929, cuando el elevado desempleo puso fin a la alta inmigración del período anterior. No obstante, a partir de 1970 las distancias comenzaron a disminuir.

Tasas de natalidad y mortalidad por 1 000 habitantes*

Años 1902 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1980 1990 2000
Natalidad 29 31 24 24 19 30 32 28 14 18 13
Mortalidad 15 15 17 10 10 7 6 6.3 5.7 6.8 6.8

En el siglo XXI esta correlación se ha vuelto cada vez más negativa, al punto que  en 2021 murieron 1,7 habitantes por cada uno que nació: 167 645 por 99 096.

Años 2005 2010 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021
Tasa de Natalidad 10.7 11.4 11.1 10.4 10.2 10.4 9.8 9.4 8.9
Tasa de Mortalidad 7.5 8.1 8.9 8.8 9.5 9.4 9.7 10 15

Lo primero que salta a la vista en el despoblamiento cubano es el gran salto en la necrotendencia del año 2021 (+55 196 defunciones). En mi texto antes citado afirmé:

«Aunque en este informe parcial no aparecen las causas de muerte, salta a la vista que el incremento de fallecidos supera 6,7 veces la cifra de 8 177, declarada oficialmente como muertes totales por Covid-19 en 2021 […] ¿Será tenida en cuenta la categoría de Razones indirectas del exceso de mortalidad por la Covid-19 en las estadísticas cubanas? Si bien en Cuba no se habla de él, es importante tener en cuenta que a nivel internacional se presenta lo que la OMS ha denominado Exceso de mortalidad por la Covid-19».

Un vistazo preliminar a las cinco causas principales de muerte en 2021 del AEC, nos dice a las claras que Cuba clasifica como un caso típico de Exceso de mortalidad por la Covid-19 aunque esta categoría no se incluya en las estadísticas oficiales:

Causas 2019 2020 2021
Enfermedades del corazón 27 054 29 956 43 052
Tumores malignos 25 307 26 289 26 791
Influenza y neumonía 8 413 6 654 25 620
Enfermedades cerebrovasculares 10 152 10 980 12 759
COVID-19 143 8 091

Nótese que la pandemia fue apenas la quinta causa de muerte; pero las cuatro primeras aumentaron su letalidad, dos de ellas de manera extraordinaria: «Enfermedades del corazón» (+13 096), e «Influenza y neumonía» (+18 966).  Si murieron 3,8 veces más personas por estas causas que el año anterior, y cuatro veces más que por COVID-19, entonces puede haber ocurrido una de estas dos cosas, o ambas: se incluyeron entre ellas muertes por la pandemia, o murieron muchas más personas por estas causas debido a la concentración de los recursos en el combate anti-covid.                            

Si se revisan las Tasas de las principales causas de muerte, se apreciará mejor la mayor incidencia de las dos antes mencionadas frente a la COVID-19.

Causas 2019 2020 2021
Enfermedades del corazón 241.0 267.4 384.9 (+117.5)
Influenza y neumonía 74.9 59.4 229.0 (+169.6)
COVID-19 1.3 72.3 (+71)

Con perdón de los médicos que certificaron esas defunciones y de los estadísticos que acopiaron y clasificaron esos datos; a partir de las evidencias estadísticas y testimoniales que acumulé desde que se inició la pandemia puedo asegurar que se emitieron miles de certificados de muerte por otras causas que correspondían realmente a casos de COVID-19.

La prestigiosa publicación británica The Economist aplicó a diferentes países un modelo estadístico rastreador del exceso de mortandad por la covid-19 y concluyó que hasta 62 000 cubanos pueden haber muerto por la pandemia; esta es una tasa de 550 por cada 100 000 habitantes, que colocaría a Cuba entre los veinte peores países del mundo en la gestión de la pandemia. Las causas de esta sobremortandad las hallan en: pruebas inadecuadas, falta de medios de diagnóstico, subestimación de las muertes, falsa documentación y reportes no precisos.

Los factores que inciden en tal descalabro los encuentran en: envejecimiento poblacional (+37 919 más muertes de mayores de 70 años que en 2020); recortes presupuestarios; escasez de suministros médicos y lento ritmo de la vacunación, al no aceptar ayuda internacional. Me llama la atención no haber conocido de ningún desmentido en medios cubanos, tanto oficiales como científicos, a afirmaciones tan fuertes.

Además de la pandemia, aunque asociada a ella directa o indirectamente, otros factores incrementaron la necrotendencia en 2021. Entre ellos, el crecimiento en +4,4 veces de la tasa de mortalidad materna en comparación con la tendencia precedente:

2019 2020 2021
37.4 40.0 176.6

A esto se añade la enorme varianza entre la provincia de menor tasa (Holguín, 44) y la de mayor, su vecina Guantánamo (312,7), donde las mujeres mueren de parto con una frecuencia 7 veces mayor.  

Otro factor fue la subida de la mortalidad infantil en 2021 a 7,6 por mil nacidos vivos, la más alta de los últimos veinte años y un 55% mayor que la de 2020. El ministro de Salud reconoció que, pese al esfuerzo del personal durante la pandemia, los resultados estaban por debajo de lo esperado.

Un tercer factor es la disminución drástica del número de operaciones quirúrgicas. En un país que en 2020 reportaba un marcado envejecimiento poblacional —1228 ancianos por cada 1000 niños—, postergar una operación significa muchas veces la muerte o la postración del necesitado. En 2020 se realizaron apenas 785 293 operaciones, 417 000 menos que en 2019. En 2021, la disminución tuvo que ser mucho mayor por la pandemia, pero no disponemos de los datos del aún no publicado Anuario de Salud 2021.

Despoblamiento
La prestigiosa publicación británica The Economist aplicó a diferentes países un modelo estadístico rastreador del exceso de mortandad por la covid-19 y concluyó que hasta 62 000 cubanos pueden haber muerto por la pandemia. (Foto: OnCuba)

Natalidad decreciente

Por primera vez después de 1970, Cuba reportaría en 2021 una cifra de nacimientos inferior a los seis dígitos: 99 096, 5 942 menos que en 2020. Esto se debe a dos factores concomitantes. El primero es el envejecimiento poblacional (21,6% del total), que trae consigo el crecimiento de la edad media y mediana a niveles muy altos: 41,2 y 42,3 y, peor aún, su elevación todavía mayor en las mujeres (42,2 y 44 respectivamente), edades en que aumentan peligrosamente los factores de riesgo para un embarazo.

Por ello, la tasa de fecundidad descendió hasta 1,45 hijos por mujer —lo mínimo para el reemplazo poblacional es dos—; mientras que la tasa de natalidad es de solo 8,9 por mil habitantes, casi la mitad de la de mortalidad (15).

El segundo factor  es la decisión de muchas parejas jóvenes de no tener hijos, o no tenerlos en Cuba. Así, los que no nacen, o lo hacen en otro país, nunca llegan a engrosar la población que debimos tener en condiciones de paz y no llegamos a alcanzar por razones socioeconómicas y políticas.

Saldo migratorio crecientemente negativo

Aunque en este acápite el AEC no trae cifras absolutas, sino solamente las tasas, quedé atónito ante el saldo migratorio externo que se informa para el 2021: ¡¿positivo en 169 personas, para una tasa de migración de +0,02?! No puedo creer que hablemos del mismo país. El meollo de esta cuestión es político, pero se presenta como un asunto conceptual. ¿Los cubanos que salen y/o viven en el exterior qué son: turistas, residentes externos, o emigrantes?

Desde 1959 el saldo migratorio de Cuba había sido negativo, pero todo cambió en 2013, al entrar en vigor el Decreto-Ley 302, modificativo de la ley de migración de 1976. Según esa norma: «un ciudadano cubano ha emigrado, cuando viaja al exterior por asuntos particulares y permanece de forma ininterrumpida por un término superior a los 24 meses sin la autorización correspondiente».

En otras palabras, el que toma un avión para irse a vivir a España, o una balsa para llegar a La Florida, no es un emigrante, sino un turista que visita esos países y continúa siendo residente en Cuba durante dos años. Siguiendo con este razonamiento, resulta que los cientos de miles que desde 2019 han salido de la Isla de manera creciente y aparecen en las estadísticas de otros países como inmigrantes, solo se reconocerán como emigrados para el AEC si permanecen más de dos años sin regresar.

Si lo hacen, seguirán contándose aquí como residentes externos, aunque solo los veamos en las pantallas de los celulares. Esa sui generis estadística migratoria tributa a organismos internacionales donde se contradicen con las de los países receptores, que informan cifras cada vez más elevadas de inmigrantes criollos.

Volvamos a la realidad de los números. Aunque la emigración cubana a EE.UU. es un fenómeno perenne desde 1959, hay momentos topes: 1959-1962 (+200 000), 1980 (125 000), 1994 (+50 000), 2021 (42 142); sin embargo, ninguno supera a la sangría migratoria de 2022, que ya va por 175 000 hasta agosto, unos 600 por día. A ellos hay que sumar los que se marchan al resto del mundo y se establecen en otros países (España, México, Canadá, etc.).

La otra cara de la moneda es que, según datos del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS), entre 2000 y 2016, obtuvieron la residencia permanente en EE.UU. 604 108 cubanos; por su parte, 348 416 recibieron la nacionalidad del norteño país.

A ello se añade que Cuba es el tercer país extranjero con más ciudadanos españoles —después de UK y Francia— y primero de LATAM. De proclamarse la Ley de Nietos en España, ya aprobada por la Cámara de Diputados, unos tres millones más de criollos podrían optar por la nacionalidad hispana. Por tanto, hay en marcha un proceso, casi invisibilizado oficialmente pero en pleno desarrollo, de conversión de cubanos y cubanas en ciudadanos y/o residentes de otros países. Que sea beneficioso o perjudicial para Cuba es cuestión que urge analizar.

En el contexto cubano, la inmigración podría dividirse en dos grandes fuentes: el regreso permanente de residentes en el exterior —la mal llamada repatriación—, y el arribo de ciudadanos de otros países para instalarse en el país. Según la ONEI, 11 176 personas decidieron repatriarse en 2017, menos que los 14 000 que lo hicieron en 2016, y allí se paralizó el movimiento con la llegada de Trump.

Despoblamiento
Desde 1959 el saldo migratorio de Cuba había sido negativo, pero todo cambió en 2013, al entrar en vigor el Decreto-Ley 302, modificativo de la ley de migración de 1976. (Foto: Foto: Kako Escalona/El Estornudo)

Aunque el saldo migratorio externo del 2021 fuera positivo, según el AEC 2022 —a pesar de que no se muestran cifras absolutas, solo las tasas— es obvio que Cuba es uno de los países menos atractivos para los emigrantes, debido a sus dificultades económicas y las trabas internas. No obstante, tampoco pretende atraerlos y sus leyes están concebidas más bien para amilanarlos. Este es un factor que bien podría suplir el despoblamiento, pero habría que cambiar mucho para persuadir a individuos y familias de allende los mares a venir a la Isla y quedarse.

Ante las angustias del despoblamiento, una vez más la pregunta que agobia a la ciudadanía es: ¿Qué hacer? Lamentablemente, solo un pequeño grupo de decisores  en el Gobierno/Partido/Estado tiene poder para responderla de manera efectiva y movilizar al país para actuar en consecuencia. Aunque mis propuestas vayan a sumarse a otras muchas hechas por expertos y ciudadanos comunes, ahí les dejo cinco que pueden aplicarse desde ahora:  

  1. Incrementar la inversión en salud mediante el traspaso de parte del fondo de inversión que se despilfarra en nuevas capacidades hoteleras, absolutamente innecesarias a corto y mediano plazos.  
  2. Elevar los gastos en salud destinados a comprar insumos, medicamentos del cuadro básico imprescindible para la sanidad pública y realizar progresivamente las cirugías pendientes de los años 2020-2021.
  3. Tomar medidas efectivas para incentivar a las parejas jóvenes a procrear, ayudándolas a paliar sus necesidades materiales perentorias de manera creciente e individualizada, según el número de hijos y el nivel de vida familiar.
  4. Autorizar las inversiones en Cuba de cubanos emigrados y/o residentes externos, brindándoles condiciones preferenciales más favorables que las concedidas a los extranjeros, de manera similar a lo que hicieran China y Vietnam con gran éxito en las últimas cuatro décadas.
  5. Fomentar la  inmigración de trabajadores extranjeros y sus familias, sobre todo para trabajar en el agro y el comercio mayorista y minorista. Para ello habría que liberalizar estas actividades con normas similares para cubanos y extranjeros y favorecer el empleo y las asociaciones con los nacionales en esos emprendimientos.

A los decisores, que parecen no tener apuro en entrarle al problema del despoblamiento/extinción con la manga al codo, porque prefieren que cada vez más cubanos y cubanas emigren para que empiecen a enviar remesas y venir como turistas, les recuerdo las palabras del prócer José de San Martín: «Robar es un delito. Arruinar al país, es traición a la Patria».

***

*Todas las tablas fueron tomadas del Anuario Estadístico de Cuba 2021.

Fallos

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Fallos
(Imagen: Brady Izquierdo)

?¿Tampoco hay capacidades para ese ómnibus? ¡Desde ayer estoy en la Lista de Espera y la cola de fallos no camina!

?¿Acaso es culpa nuestra que la demanda supere la oferta?

?Es su deber atender las demandas a esa oferta.

?¿Qué pretende? ¿Inventar un fallo para que usted viaje?

?Que no haya invento. La guagua de Santiago vino con seis asientos vacíos y se fue llena.

?Tuvimos que priorizar un turno médico, dos empleados y tres más que alegaron ser técnicos que van a la Renté a echar a andar todas las unidades de esa termoeléctrica para que usted, yo y esta terminal no suframos más apagones.

?Otro fallo, y no precisamente a favor de los que estamos en la lista.

?¿Insinúa que somos un Estado fallido?

?¿Qué tiene que ver la Lista con el billete? Absténgase de cuestionamientos morales.

?A eso iba. ¿No escuchó el discurso de Morales Ojeda en el aniversario 65 de la sublevación de Cienfuegos, cuando fustigó a los que sueñan con otro alzamiento en Cuba?

?Dijo también que «tenemos dificultades, desabastecimientos y carencias innegables, dolorosas algunas, que constituyen cada día la principal preocupación y el desvelo de los que asumen responsabilidades en el Partido, el Estado, el Gobierno»… y la Lista de Espera de Ómnibus Nacionales.

?Nos encontramos, enfatizó, «ante un diseño de guerra económica concebido para generar carencias de todo tipo, que provoquen desesperación en el pueblo».

?Y en los que llevamos aquí más de un día.

?¿Ve como cae solito? El secretario de Organización y Política de Cuadros lo retrató cuando dijo que hay cínicos que «despliegan una feroz campaña mediática de descrédito hacia el socialismo» y «tildan de incapaz al Gobierno y de que no ha sabido encaminar el desarrollo del país, tratando de imponer la idea del Estado fallido».

?¿Cínico porque señalo los fallos de una lista de fallos que no da fallos?

?Pero arremete contra los que «tenemos la responsabilidad histórica de demostrar, en medio del bloqueo y las agresiones, que el socialismo, además de ser el sistema social más humano y justo, puede producir y prestar servicios con calidad y eficiencia». Lo dijo Ojeda.

?Para aceptar a continuación que «Es difícil». «Mi trabajo es usted» es una cantaleta que estamos oyendo hace décadas. Todavía quieren que entonemos «Nadie va a quererte como yo», un éxito de José Valladares de hace cuarenta años. Lo cantó Ojedita.

?Eso es lo que les duele a usted y a unos cuantos: los éxitos de un país que avanza.

?Y de una cola que no lo hace.

?Hay dificultades que, para su solución, necesitan de medidas que ya se tomaron, se toman y se tomarán, pero «requieren inevitablemente de un proceso escalonado y de tiempo para que sus resultados puedan apreciarse».

?¿Más tiempo del que llevo en este recinto?

?Más gente que se apriete el cinto… y menos odiadores. Usted demuestra ser uno de ellos.

?¿Porque reclamo mi derecho a reclamar?

?Porque se rebela y arrastra a sus congéneres a la subversión ideológica, habiendo mil lugares donde protestar, como asegura Con Filo.

?¿Y dónde están los otros novecientos noventa y nueve?

?Donde haya que estar para combatirlos a ustedes. Cualquier cosa les parece mal: ahora critican el duelo oficial por la muerte de la reina Isabel.

?Fue muy decente esa decisión, pero le confieso que me gusta el chiste de que «la calle Reina muere donde comienza Carlos III».

?Nada de extrañar en su persona. No crea que me pasó inadvertido que por la madrugada disfrutó en su celular a la Massiel: «Voy gritando libertad y no quieren oír», menudo llamamiento para otro 11 de julio; «Di que no, di tú también que no», a pocas semanas del referendo del Código de las Familias; «Toma la piedra, deja la flor», un llamado a prescindir de desfiles con rosas y asumir el acto vandálico como norma.

?Conoce bien a esa cantante española. ¿Se la copio?

?Mejor no. Capaz de que me dé una canción, luego haga un discurso sobre su derecho a hablar… y sabotee la Lista de Espera.

?El «sabiotaje» hace más daño, ese que nos imponen los sabios que se las saben todas, cometen errores una y otra vez, y no rinden cuentas de su larga lista… de fallos.

?«¡Vendrán mejores tiempos! ¡Se ha trabajado para eso! ¡A seguir!», ha exclamado el presidente.

?¿Seguir cometiendo fallos?

?Usted no tiene reservación ni reserva su odio para emprenderla contra todo. Regrese a su asiento si no quiere que lo elimine de la lista.

?¿Me impedirá viajar?

?Tómelo como desee. Me arrogo la potestad de regular la salida y entrada de pasajeros desde y hacia el territorio nacional.

?Vaya toque de democracia.

El problemático legado de la monarquía británica

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Monarquía Británica Reina Isabel II
Foto: ABC

La muerte de la reina Isabel II de Inglaterra este 8 de septiembre quedará registrado como uno de los acontecimientos más relevantes de la década. Con setenta años al frente de la corona británica, Isabel representó un símbolo de poder y continuidad del imperio más extenso que el mundo haya conocido.

Luego de hacerse pública la noticia, varios Estados han decretado duelo como muestra de respeto. Así lo hizo también el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez este viernes, lo que ha generado polémica en las redes sociales. No obstante, el anuncio del mandatario responde en esencia a la Ley del Servicio Exterior, la cual establece que el país declarará duelo oficial ante el deceso de un jefe de Estado con el que Cuba mantenga relaciones diplomáticas normales.

Pero, ¿a qué se debe las opiniones enfrentadas? Quienes estuvieron en contra del duelo esgrimen como principal argumento que tras la corona y el papel del monarca como figura de unidad nacional, se asienta la historia de un sistema colonialista que aún perdura. Del otro lado se encuentran los que afirman que se trata de una cuestión diplomática simple y el gobierno cubano actuó en correspondencia con el protocolo en estos casos.

La discusión generada en redes sociales trasciende las fronteras cubanas. Y es que como consecuencia de la muerte de Isabel II, por estos días inevitablemente remerge la discusión sobre el papel de la monarquía en la preservación del imperio británico.

Reina Isabel
La Reina Isabel, cabeza de la monarquía durante 70 años. (Foto: BBC)

Orígenes del poder imperial de Londres

Los inicios del imperio se remontan al rey Enrique VIII, primero que declaró a Inglaterra como tal en 1532. En lo adelante, sus sucesores otorgaron facilidades para la conquista de la India y una parte importante del continente africano. A principios del siglo XVII, el poder inglés se robusteció con el establecimiento de las Trece Colonias de Norteamérica, así como con la conquista de Canadá y pequeñas islas en el Caribe. A los territorios ya dominados se sumó Australia a finales del siglo XVIII y Nueva Zelanda a partir de 1840.

Imperio británico
El imperio británico estableció colonias a lo largo y ancho del mundo. (Foto: BrainPOP)

A lo largo del siglo XIX, Reino Unido libró alrededor de 250 guerras para mantener su control sobre las colonias. Como señala la académica estadounidense de la Universidad de Harvard, Caroline Elkins, en un artículo publicado en The New York Times: “La violencia no fue solo la comadrona del Imperio británico: era endémica en las estructuras y sistemas del régimen. Los nacionalistas y los luchadores por la libertad eran a menudo tachados de delincuentes o terroristas, y sus actos —incluidos el vandalismo, las huelgas laborales, los motines y las rebeliones—, de amenazas políticas”.

“Los funcionarios y fuerzas del orden colonial querían que sus súbditos infantilizados fuesen conscientes de su propio sufrimiento y lo sintieran, que supieran que era deliberado, y que tenía una finalidad. Los funcionarios británicos tenían una expresión para esto: el «efecto moral de la violencia”.

Al referirse a la transformación que sufrió la monarquía británica a lo largo del siglo XX, Elkins, quien además es autora del libro “Legacy of Violence: A History of the British Empire”, sostiene: “Los funcionarios británicos también estaban obsesionados con el imperio de la ley, e insistían en que era la base del buen gobierno. Pero en el Imperio, la ley se aplicaba de manera distinta, restringía libertades, expropiaba tierras y propiedades y aseguraba una mano de obra constante para las minas y plantaciones del Imperio, cuyas ganancias ayudaron a impulsar la economía británica”.

La corona y la pérdida de la unidad colonial

Ante las luchas nacionalistas y de liberación en sus colonias, Reino Unido estableció estados de excepción y leyes marciales que otorgaron carta blanca a la represión. Las fuerzas encargadas de mantener el orden y velar por los intereses reales aplicaron las leyes con total discrecionalidad, destruyeron pruebas incriminatorias y permanecieron impunes ante cualquier reclamo de justicia. En naciones como Malasia, el papel de Londres fue decisivo para llevar a cabo detenciones masivas, juicios sumarios y condenar al exilio a simpatizantes y activistas que querían fuera a los británicos.

La Reina Isabel
La Reina Isabel II asumió el trono en 1952. (Foto: Dorothy Wilding / Camerapress / ContactoPhoto)

Desde que Isabel ascendiera al trono en 1952, enfrentó las demandas independentistas consecuentes de la II Guerra Mundial, así como un estado económico en extremo complejo para Reino Unido, que se encontraba prácticamente en bancarrota. Es por ello que Londres se aferraba a las colonias como una tabla de salvación. No obstante, con la liberación de los territorios británicos en Asia, África y el Caribe, entre 1945 y 1965, el número de personas bajo el dominio de Isabel de Windsor fuera de Reino Unido se redujo de 700 millones —la cuarta parte de la población mundial— a cinco millones.

Si bien la monarquía británica no posee funciones ejecutivas, lo cierto es que como cabeza de Estado ha jugado un papel importante en la preservación del legado imperial. Las vejaciones del colonialismo llenaron las arcas británicas durante siglos, mientras que, por otro lado, dejaron una huella de pobreza y discriminación que aún perdura.

A la luz del siglo XXI, los antiguos territorios bajo su dominio todavía esperan por una disculpa oficial de la corona y del gobierno de Reino Unido, que pueda resarcir de manera simbólica los daños ocasionados por el saqueo y la esclavitud. No debe olvidarse que de allí proviene buena parte del poderío actual del Estado, así como el patrimonio y los privilegios de la familia real.

Préstale tus zapatos

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Zapatos
Zapato de 1945 producido en los talleres de Arsenio Avellaneda. (Foto: Néster Núñez/LJC)

Agosto 28 — Noche de apagón — 3:17 a.m. — Sala del apartamento: En el balcón corre un poco el aire. Balcón entonces. Todavía tengo carga en el móvil. Desde hace una hora, mi hija no. Ella tiene 17. Se queja por el calor, los mosquitos, las bolas de la guata de la colchoneta… ¡Los mosquitos, papá!, el posible dengue y que no hay nada aunque sea para engordar, un pedazo de pan con queso y dulceguayaba…

— Come aguacate, que sí hay. Ya pasó la temporada del mango.

Pero mi hija no se calma, y yo he seguido viendo memes en el teléfono.

— Mira, en el 93, el Período Esp…

— ¡Papá!

— Te veo molesta, hijita, irritada.

— ¿Molesta, irritada? Lo que estoy es…

— Sí, yo sé. Lo mejor para eso es comprarte un zapato —respondo, sin saber que el chiste me saldrá bien caro.

Zapatos
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Mi hija cae en la trampa:

— ¿Un zapato? —dice.

— Un zapato, sí. Un zapato con suela.

Y río a carcajadas. A las 3 y 23 de la madrugada, sin corriente, sin pan, sin yogurt en el refrigerador para que mi hija engorde, me río sin vergüenza. Eso. Me río sin honor, sin amor propio. Recuerdo a Chaplin haciendo aquel caldo con una bota de cuero y repito:

— Un zapato con suela.

El animo de mi hija cambia.

— Ah, está bien. Dame dinero.

Le digo que era un chiste y ella responde que va en serio:

— ¿Te acuerdas que hace un mes te dije que los tenis largaron las suelas? El curso casi empieza…

Esta hija mía a veces es mala, vengativa. Tenía que amargarme la noche. Aplasto un mosquito que intenta picarme. Le doy el móvil. Me paro, voy al refrigerador. Hay agua un poco fría. Y aguacate. Y azúcar. Una cabeza de ajo.

— Un zapato puede cambiarte la vida —oigo que dice mi hija.

— ¿Un zapato qué?

— Un zapato puede cambiarte la vida. Firma: Cenicienta.

Y se ríe. Y se ríe. Y se ríe.

Yo no. Yo pienso en que la solución no puede ser un príncipe, no puede ser un hada madrina, no puede ser mágica. La risa de mi hija de 17 años me retumba en la cabeza mientras revuelvo el azúcar que le eché al agua casi fría. Pienso en los noventas, en las muchachitas que estudiaron conmigo en la Vocacional, las dos que se prostituyeron. Me pregunto cuántas estarán haciendo lo mismo en estos tiempos. Pero bueno, ni turismo hay. Ni príncipes, ni hadas, ni magia. Guardo otra vez el aguacate y el ajo.

— Busca en los grupos de compraventa, en Facebook o en Telegram —le digo. ¡Unos que sean baratos!

— Bueno y barato no caben en un zapato —responde mi hija.

Me quiere mostrar algunos y le digo que no, que me diga los precios. Cinco, seis mil, dice. Los dos salarios que cobro por los dos trabajos que tengo con el Estado. Y el resto del mes…

— ¿Tú crees que en septiembre todavía haya temporada de aguacates? —pregunto.

— ¡Ni uno más, papá! El aguacatero se puso las botas contigo este mes —sigue revisando en el teléfono. Mañana vamos a las tiendas en MLC a ver…

— Exacto, ¡a ver!

— Just do it. Solo hazlo —dice y traduce mi hija. Tengo que demostrarle que no soy tan viejo.

— ¿Nike? ¡Ni inventes!

— Papá, por los zapatos y el traje se conoce al personaje.

Mi hija a veces es sabia. Pienso en todas las muchachitas del Pre, con keratina en el pelo y zapatillas caras. Aplasto otro mosquito en el cuello. Pienso en mi hija con sus tenis y su pelo rizo natural y sin maquillaje. Quizá no la he educado tan mal, pero tengo que insistirle:

— Mira, mija, en los noventa andábamos en botas…

Zapatos
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Pero ella empieza a hablar bajito, casi sola, y después aumenta el tono y yo la escucho:

— En Matanzas, en 1942, había 7 tenerías y 67 fábricas de zapatos. En realidad eran ínfimos chinchales con una producción casi artesanal de máxima calidad, pero que no satisfacía las necesidades de los habitantes de la ciudad si todos hubieran tenido la misma capacidad de compra. Por ejemplo, en el año 1952, el chinchal que se encontraba en la calle Álvarez no. 33, entre Compostela y San Carlos, a cargo de José Pérez Cuesta, producía una o dos docenas semanales de botas de trabajo, destinadas a los poblados de Cidra y Sabanilla.

Después, entre 1959 y 1967, se nacionalizaron los grandes y pequeños comercios, así como las entidades privadas de todo tipo y se concentró la pequeña industria familiar en grandes fábricas productoras, constituyéndose de esta forma, la propiedad social sobre los medios de producción. Para la década del setenta se inaugura la Tenería Mártires del Ñancahuazú, la más moderna de América Latina en esta época.

Zapatos
Restos de la Tenería Mártires del Ñancahuazú. (Foto: Néster Núñez/LJC)

— Eh, eh… ¿Y a ti qué bicho te picó? ¿Tienes fiebre?

— Tú eres el que tiene dengue. Míralo aquí, un documento que tienes en TU móvil.

— Ah, sí. Un libro que edité hace años.

— ¿En los noventa, o antes?

— En los noventa yo usaba botas, y después, sandalias, en la Universidad. Cuando aquello el dólar estaba a 120 pesos.

— ¿Mañana vamos a ver los zapatos esos que traen de México, antes de que el dólar siga subiendo? Ya está como a 150.

Zapatos
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Siento que me falta el aire, quizá por imaginar la altura del DF, al cual nunca he ido. Si el artesano compra en Cuba los dólares a 150, paga un pasaje a México, compra el material sintético o la piel, las suelas, el hilo, el pegamento, los tintes, las máquinas, trae todo y hace aquí el zapato, ¿a cuánto tiene que venderlo para obtener ganancia? Cada uno sabe dónde le aprieta el zapato. Ahorita se queda allá, aunque al inicio tenga que andar en chancletas.

— Los aguacates en México son chiquiticos y casi sin masa —digo por decir algo.

— Pero son verdes, ¿no, papá? ¿Son verdes?

Creo que mi hija me está echando en cara mi falta absoluta de dólares. Con mis dos salarios pudiera comprar 40. Ya eso lo dije, creo. Hay calor, hay dengue y los mosquitos molestan más que una piedra en el zapato. No hay ni corriente ni dinero ni tenis para mi hija. Con zapato muy justo, nadie anda a gusto. Justo no, apretados. Tres tallas menos. Se le acaba la batería al móvil. Hace rato que todo está oscuro, más allá del apagón. Entonces mi hija me da un manotazo en la pierna y yo doy un brinco porque no lo esperaba y porque estoy molestísimo, irritadísimo.

— Zapatero remendón, noble de profesión —dice ella con los ojos alumbrados. De 150 a 200 pesos cuesta el arreglo de los tenis, pegados y cosidos.

Ponen la corriente, se enciende la luz en medio de nuestro abrazo. Mi hija se separa, me dice que tengo sangre en el pecho. Ella también, pero en la frente. Estos jodidos mosquitos nos están desangrando. Habrá que buscar un buen veneno.

A quien juzgue tu camino, préstale tus zapatos. Agosto 28. 4:00 a.m.

Casi 4000 migrantes cubanos han sido devueltos a la Isla en 2022

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Migrantes cubanos
(Foto: Directorio cubano)

Tras la devolución, el pasado martes, de 225 ciudadanos cubanos que intentaban migrar hacia Estados Unidos por vía marítima, suman casi 4000 los compatriotas entregados por los guardacostas norteños en lo que va de año, según reporta el Ministerio del Interior.

Una estadística más reducida, pero también alarmante, muestra que son 1697 los cubanos regresados desde México, cuyas autoridades migratorias han realizado 33 operaciones aéreas de devolución en los últimos ocho meses. Por otro lado, en un vuelo procedente de Nassau, Bahamas, fueron repatriados 27 migrantes irregulares, para un total de 312 desde ese país de enero a la fecha, todos devueltos por vía aérea.

En el año fiscal en curso, más de 177 800 cubanos han arribado a los Estados Unidos, en la mayor ola migratoria de la que se tiene registro en Cuba, luego del éxodo del Mariel (1980) y la crisis de los balseros (1994). De acuerdo con las últimos datos proporcionados por la Oficina Nacional de Estadística e Información, el número de habitantes en Cuba durante 2021 se redujo a 11 113 215, que comparado con el año anterior, presenta un descenso de 68 380 personas. Aun cuando entre las causas de la disminución se hallan los fallecimientos por Covid 19, el envejecimiento poblacional y la baja tasa de natalidad, habrá que dar seguimiento a los efectos de la ola migratoria.

Teniendo en cuenta que los ciudadanos cubanos pueden permanecer en el exterior dos años y mantener su condición de residentes, de actualizarse los números en 2024 con las estadísticas de migrantes hasta el momento, las cifras podrían mostrar menos de 11 millones de cubanos en la Isla, el registro más bajo desde 1997.