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Perspectivas desde el feminismo negro a propósito del «caso Pablo Milanés»

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(Imagen: Camila Rosa)

El cantautor cubano Pablo Milanés, un ícono internacional de la trova revolucionaria, falleció en Madrid el 22 de noviembre de 2022, después de una larga lucha contra el cáncer. A pocas horas del anuncio, una mujer identificada como María Fernanda Wray, de nacionalidad ecuatoriana, denunció en redes sociales haber sido víctima de acoso sexual por el trovador durante una de sus giras en la nación sudamericana.

Este tipo de denuncias, en ocasiones muy separada en tiempo de los incidentes, o acaecidas tras la muerte del presunto victimario, responde a razones explicadas desde la teoría feminista. Entre ellas, la sensación de seguridad al ausentarse el supuesto agresor, que evitaría la utilización de su influencia mediática, credibilidad pública, capital simbólico y legitimidad institucional para represalias personales o laborales.

A su vez, la indefensión, descrédito y revictimización a que son sometidas las denunciantes por individuos e instituciones durante el proceso de acceso a la justicia, situación que suele generar un resquebrajamiento en la salud mental y tributa al menoscabo de la integridad personal.

Ante la difusión de la noticia, gran número de activistas y líderes de influencia en redes sociales reaccionó en apoyo a la denunciante, considerada de inmediato una «sobreviviente de violencia machista». Asimismo, fueron empleadas categorías estigmatizantes con las que intentaron tachar el legado del cantautor, echando mano al viejo mandato autoritario de no separación de la obra personal con el artista.

Como es habitual, la cultura de la cancelación tuvo presencia inmediata; práctica que, más que repudiar los actos de violencia cometidos, está destinada a conseguir venganza, al repetir el ciclo de las lógicas de violencia. Pretende anular a una persona en sí misma, aislarla, clasificarla como mala o desechable, e incluso negarle garantías constitucionales y derechos humanos; tanto a ellos como a quienes económicamente dependan de sus ingresos. Es una estrategia de cierto activismo feminista que puede considerarse reduccionista, pues no restaura la dignidad a la persona vulnerada ni atiende las vulnerabilidades de la persona cancelada.

Resulta contradictorio que las estrategias de justicia feminista que usualmente acompañan la intencionalidad política con fines reparativos del Yo sí te creo, o de campañas como las del movimiento #Metoo, que develan el carácter estructural de la violencia de género y estimulan a que víctimas de estas agresiones denuncien y busquen redes de apoyo; al mismo tiempo movilicen linchamientos en plaza pública que no educan ni transforman las raíces de la violencia.

El #Metoo se remonta al año 2006, cuando la activista afroestadounidense Tarana Burke comenzó a usar la expresión para generar empatía entre víctimas de violencia sexual, sobre todo de comunidades marginalizadas, y que estas pudieran comunicar sus experiencias y tejer redes de solidaridad, más que de venganza. No obstante, años después su propia impulsora confesó haberse sentido apabullada al ver su eslogan viralizado en redes sociales y utilizado con otros propósitos.

Desde esa perspectiva incriminatoria, el escrache se comprende como alternativa para «significar la digna rabia», al denunciar por otras vías en vista del escepticismo con que son acogidas las denuncias de esa índole. Sin embargo, ha devenido sanción humillante para quienes son acusados, y en un cuestionable sentido de hallar justicia que suele dejar a las víctimas sobreexpuestas a mayores vulnerabilidades, reproches sociales, vejaciones e incluso acciones legales en su contra.

En tal sentido, es importante señalar una dimensión poco analizada del fenómeno que acompaña estos mecanismos, y tiene que ver con el ámbito comunitario y familiar. Pocas veces se comprende que la denuncia en redes sociales de casos de violencia de género tiene un impacto en las personas cercanas al agresor.

También se ha observado que tras la circulación de rumores en torno a presuntos agresores, se tilda de solapadores a quienes le rodean, sin siquiera entablar un diálogo indagatorio o resolutivo. Es por esto que necesitamos una perspectiva que salga del binomio buenos versus malos, para contemplar entonces las múltiples aristas y personas envueltas en el incidente, sin que ello signifique minimizar el hecho de violencia en sí, ni la credibilidad de la víctima.

Se necesita asimismo cuestionar si las formas en que acusamos, y lo que la experiencia tras estos escraches demuestra, contribuye al proceso de transformación radical que se pretende desde los feminismos y otros movimientos sociales o, por el contrario, si reproduce los mecanismos tradicionales y patriarcales de culpar y castigar. No basta con señalar al agresor, puesto que individualizar su responsabilidad, aislándole bajo la lógica de la cárcel y las sanciones duras, deja intacto el sistema de poder patriarcal y normalizada toda su cultura de la violencia.

La antropóloga feminista Rita Segato se pregunta si puede el punitivismo ser una forma de «justicia popular» frente a la impunidad, e invita a «tener cuidado con las formas que aprendimos de hacer justicia» así como a abrir un debate colectivo más profundo, pues si bien la justicia es patriarcal como denuncian los feminismos hegemónicos, también lo es racista, clasista y LGBTIQ+fóbica.

A su vez, resulta peligrosa la aspiración de justicia que se pretende a través del fortalecimiento del sistema punitivo y carcelario, sobre todo en contextos políticos represivos, donde existe la tendencia al aumento de tipificación de delitos, condenas, restricción de libertades y de derechos humanos.

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Tarana Burke (Foto: Fuente: Ignitenational.org)

El presente análisis no pretende relativizar la violencia o el acoso sexual, mucho menos restarle importancia o irrespetar a las víctimas. Se trata de motivar una reflexión que no redunde en simplificaciones, vaguedades o falsas equivalencias. Por ello es vital la realización de un proceso investigativo que no incurra en la deslegitimación o descrédito de la persona denunciada, así como de aquellas que se encuentren en posiciones de vulnerabilidad.

De igual forma, se deben problematizar las violencias de género y algunas nociones que rozan el determinismo, así como analizar cada incidente desde sus particularidades, no desde premisas axiomáticas. En tal sentido, urge el cuestionamiento a postulados del feminismo tradicional que son asumidos de manera acrítica o dogmática.

Es imprescindible además diferenciar una amplia variedad de conductas y considerarlas en su justa dimensión. Para ello se necesita una educación sexual antipatriarcal sobre violencias de género, consentimiento y autonomía. Si algo ha enseñado el feminismo es la importancia de nombrar, pues lo que no se nombra, o se clasifica de manera incorrecta, no existe. Por ende, toda expresión de acoso (aunque repudiable) no implica la existencia per se de agresión sexual, ni convierte a la persona en abusador, depredador sexual o violador.

Tales términos deben manejarse con responsabilidad para evitar el linchamiento y el escarnio, pues contribuirían a reproducir estereotipos contra la dignidad humana. Más aún cuando se trata de sujetos con perfil racializado o procedentes de entornos marginalizados. En el caso de Pablo Milanés, se evitaría expandir criterios infundados sobre su persona, significante histórico-discursiva y legado musical a niveles transfronterizos.

Resulta reveladora, en tanto visión estereotipada sobre las masculinidades caribeñas, una frase xenófoba que acompañó al mensaje de la denunciante: «Los cubanos siendo cubanos». Dicha expresión generó molestias entre los internautas, aunque también fue utilizada como elemento disociador; pues si bien resulta deleznable, no invalida el acto legítimo de la denuncia.

Esto, si se quiere, no es más que un fenómeno coherente con la tradición de feminismos hegemónicos, que denuncian violencia u opresión por sexo/género, fundamentalmente en mujeres, demostrando sesgos racistas, clasistas, higienistas, transfóbicos y esencialistas. Ello ha dado lugar dentro del movimiento a fructíferas críticas, tensiones y rupturas, sobre las que han emergido nuevas corrientes/alternativas de pensamiento desde otros lugares geo-corpo-políticos.

El discurso anti-hombres también estuvo presente en las reacciones iniciales, con su contraparte: el endiosamiento del sujeto-mujer, casi impoluto, víctima e indefensa eterna, convertida en divinidad perfecta. Este hecho, aunque expresado incluso desde posiciones socialistas y/o marxistas, asume una postura contradictoria; pues a pesar de adoptar una praxis contra-hegemónica, replica expresiones de desprecio hacia lo masculino que fortalecen los alegatos más reaccionarios del feminismo blanco, separatista y trans-excluyente; en tanto conciben el nacer o portar determinado genital como arquetipo simbólico de la opresión patriarcal.

La narrativa del discurso anti-masculino, conduce a la deslegitimación de los hombres y relega las variables de carácter socioeconómico que mantiene a las personas en contextos de vida hostiles, siendo elemento fundamental en la generación de comportamientos altamente potenciales para la proliferación de múltiples violencias (económica, doméstica, sexo-genérica, entre otras).

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María Fernanda Wray

El enfoque de esa mirada, resultado de una lucha basada en identidades esencialistas [no políticas], universaliza la experiencia de los varones sin atender a otras variables, al tiempo que borra la opresión y experiencias de mujeres con una trayectoria diferente. A dicho posicionamiento, la teórica feminista María Lugones le denominó: «Sistema Moderno Colonial de Género», en el que sitúa a las mujeres intersexuales, trans, travestis y otras personas dentro del espectro transfemenino.

Es necesario visibilizar otras problemáticas de gran trascendencia relegadas por esa vertiente del feminismo que no se interesa en desmontar los patrones opresivos resultantes de la colonialidad del poder. En dicha agenda está ausente por lo general la tradición de los feminismos emancipatorios.

Sobre ello, algunas feministas negras, decoloniales y periféricas consideran que las prioridades del feminismo mainstream se centran en las violencias de género o las exhaustivas campañas contra el piropo y/o el acoso callejero; en tanto ignoran situaciones acuciantes para la mayoría de las mujeres que —si bien son víctimas de tales formas de violencia y reconocen la importancia de denunciarlas—, ven en ellas una praxis muy lejana a sus intereses materiales inmediatos.

Tal es el caso de la marginación que padecen las personas negras por parte de un sistema de opresión racial, que en ocasiones beneficia a mujeres blancas en posiciones de poder por encima de hombres marginados. O el nulo abordaje de temas como: las infancias trans, el análisis de clase y la inclusión de la perspectiva racial desde una visión descolonizadora enfocada contra los mecanismos de dominación y represión provenientes de la maquinaria estatal.

Resulta chocante el modo en que algunas feministas desestiman las estadísticas que demuestran que los hombres mueren más que las mujeres, y se apresuran en afirmar —fieles a una tradición de responder con frases hechas—, que no lo hacen por razones de género, o sencillamente que los matan otros hombres; como si incluso las razones por las que mueren enfrentados no tuvieran base en el género potenciado por los mandatos patriarcales. Ante dicho fenómeno, resulta indiscutible la existencia de una necropolítica de género.

Como aseveran las/os teóricas/os del feminismo negro, marxista y decolonial, la reivindicación conjunta de la cultura anti-patriarcal es propósito de todas las alternativas de pensamiento y acción políticas por la equidad. De manera que las estrategias de reparación con fines de justicia no pueden estar basadas esencialmente en mecanismos de punitivismo ni separatismo de género, que han sido prácticas de dominación históricas sustentadas por el poder [blanco, clasista y excluyente].

Con echar un vistazo al pasado, es posible apreciar que en la lucha de las mujeres negras nunca se ha separado a los hombres. Desde Harriet Tubman, Rosa Parks, Ida Wells, Angela Davis, Ochy Curiel, hasta las feministas negras de la Colectiva Río Combahee, todas han comprendido que la libertad resulta una quimera si no se conquista también para ellos.

Como manifestaron estas últimas: «Tenemos bastante crítica y odio a lo que la sociedad ha hecho de los hombres (…) Pero no tenemos la noción descabellada de que esto sucede por ser hombres en sí. Luchamos juntas con los hombres negros contra el racismo, mientras también luchamos con hombres negros sobre el sexismo».

El feminismo es una postura política, una teoría fundamentalmente práctica, no biológica. Como bien dijo la filósofa afroamericana bell hooks: «El feminismo es para todo el mundo», y además convocó a una «visión feminista que incorpore la masculinidad feminista». O como expresara magistralmente hace varias décadas la intelectual africana Chimamanda Ngozi, hoy reconocida por posicionamientos transfóbicos y transexcluyentes: «todo el mundo debería ser feminista».

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Chimamanda Ngozi (Foto: Africa United)

La académica decolonial Ochy Curiel, ha alertado del peligro de basar una lucha política en identidades esenciales; sobre todo cuando ha sido desde los esencialismos y determinismos biológicos que se ha justificado la opresión sexual, la dominación masculina, el racismo y la pobreza. Al mismo tiempo, considera el separatismo como una práctica colonial, puesto que las divisiones de género y raza fueron funcionales a los intereses europeos para echar a andar su proyecto de Modernidad.

Es por esto necesario preguntarse hasta qué punto el discurso y la práctica feministas están contribuyendo a un mundo más justo e igualitario; pues de lo contrario estarían ampliando «las barreras que atentan contra la posibilidad de restaurar el vínculo fracturado por los procesos de individuación que exige la organización moderna del mundo», tras la irrupción del patriarcado junto al sistema racial de género en los territorios, y no «ayudando a producir nuevas formas de jerarquización y construcciones de verdades que totalizan la experiencia y la hacen impermeable a la experiencia del Otro y del mundo en su complejidad», como afirma la teórica decolonial Yuderkys Espinosa.

El compromiso contra la dominación patriarcal exige el derribo de la estructura opresiva que conforma la institucionalidad-Estado; a la vez que la eliminación de las causas que conllevan a la reproducción de la pobreza como resultado de la acumulación ampliada del capital, generadora de diferenciación debido a patrones asimétricos de producción económico-cultural.

La lucha por la igualdad exige el compromiso reparativo entre todos los actores involucrados en instaurar un paradigma de convivencia cívico, alejado de los discursos de odio y la cultura de la cancelación masculina, pero inspirados en preceptos de bienestar colectivo, justicia y equidad social.

La economía no cree en consignas

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(Foto: Sputnik / Danay Galletti)

Refiriéndose a lo que llamó la economía política vulgar, en el Postfacio a la segunda edición del primer tomo de El Capital, Marx escribió: «Ya no se trataba de si tal o cual teorema era o no verdadero, sino de si resultaba beneficioso o perjudicial, cómodo o molesto, de si infringía o no las ordenanzas de la policía. Los investigadores desinteresados fueron sustituidos por espadachines a sueldo y los estudios científicos imparciales dejaron el puesto a la conciencia turbia y a las perversas intenciones de la apologética».

Los marxistas vulgares de hoy, al servicio de una burocracia convertida en clase social, en una sociedad que denominan socialista pero que en realidad no lo es, apelan a la apologética para abordar los problemas de la economía y de la sociedad. Con ello traicionan la esencia misma del marxismo, además de ser incapaces de ofrecer soluciones reales a dichos problemas porque desconocen las contradicciones fundamentales que los generan.

No obstante, aunque el debate teórico puede resultar muy importante desde el punto de vista académico, la sociedad cubana requiere soluciones prácticas que reclaman no solo del conocimiento de las leyes objetivas de la economía, sino de una voluntad política para abordar las decisiones necesarias que permitan sacar al país de la profunda crisis actual. Si algo ha demostrado la experiencia histórica, es que la economía no cree en consignas, para ella solo cuentan las realidades.

Las realidades actuales y la multidimensionalidad de la crisis

Como he afirmado en otras ocasiones, la crisis económica en Cuba ha permeado a todas las esferas de la sociedad y adquirido carácter multidimensional. Existe una profunda crisis social debido a que, a pesar del discurso oficial de que «nadie quedará desamparado», hay claras evidencias de desigualdades, marginación e incremento notable en los niveles de pobreza que la apologética no permite reconocer. En parte creciente de la población se manifiesta una crisis de confianza en la capacidad del liderazgo cubano y del Partido Comunista para adoptar las políticas necesarias para sacar al país de la crisis.

Concurre asimismo una crisis institucional, determinada por el carácter no democrático de las mismas y la inexistencia real de balances y contrapesos, lo que asegura un sistema político totalitario, que funciona verticalmente desde el núcleo central de poder hacia el resto de la sociedad. Todo esto se traduce en una crisis política que ya se ha expresado en protestas —hasta ahora acalladas por la represión—, y más recientemente en la estampida migratoria que parece incontenible.

En el plano económico la magnitud de la crisis es inmensa y también multidimensional. Discrepo del ministro de Economía y Planificación cuando afirma que el principal problema es la escasez de divisas. El principal problema de la economía cubana es su incapacidad para salir del estancamiento productivo. Y esto tiene que ver con las deformaciones estructurales que han resultado de varias décadas de políticas económicas erradas, que han contribuido a profundizar el subdesarrollo del país, entendido como incapacidad para el desarrollo.

La industria azucarera ha sido destruida; la manufacturera se mantiene en una parálisis de más de treinta años; la agricultura no garantiza las necesidades de consumo de la población; la ganadería vacuna ha sido devastada desde la época en que se adoptaron —como política—, decisiones genéticas erradas; también existe una notable escasez de leche, carne porcina, pollo, e incluso de huevos; y a pesar de ser una isla tampoco tenemos pescado.

El propio presidente Díaz-Canel reconoció estos problemas ante la Asamblea Nacional a propósito del debate reciente de leyes (que aún no se han hecho públicas), para fomentar la ganadería y la pesca. Sin embargo, las leyes no son garantía de solución.

Obviamente, la destrucción de la industria azucarera, el colapso de la pesquera —que en los años setenta y ochenta era un sector exportador—, así como el estancamiento de la minería y la industria tabacalera, se traducen en una pavorosa contracción de los ingresos de divisas provenientes de las exportaciones de bienes.

El país ha experimentado un cambio en la estructura de su patrón de inserción internacional que lo ha convertido en exportador de servicios (turismo y servicios profesionales), pero en lugar de añadir esas actividades a las antiguas capacidades exportadoras de bienes, se ha desarrollado a costa de ellas; sobre todo debido a equivocadas políticas inversionistas y de desarrollo, por las que nadie ha rendido cuentas a la ciudadanía. Así las cosas, la escasez de divisas tiene causas profundas en la deformación estructural de la economía, motivadas —principalmente— por errores de política económica.

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(Gráfico: Pedro Monreal)

Tal situación se está reflejando en las bajas tasas de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), que no es un problema coyuntural sino una tendencia desde hace varias décadas.

Si asumimos que, como afirmó Alejandro Gil ante la Asamblea Nacional, la economía crezca un 2,0% en 2022, tendríamos un crecimiento promedio anual de solo 0,9% en el período 2010-2022, lo cual es indicativo de estancamiento económico en un plazo suficientemente largo. Para el período 2017-2022, la variación promedio anual del principal indicador global de la economía es de -0,7%. Dicho de otra forma, es como si cada uno de esos años la economía hubiera retrocedido en esa magnitud.

En los últimos tres años, el desempeño económico de Cuba ha estado por debajo del promedio de América Latina y el Caribe. En 2020 la economía regional se contrajo en 6,9%, se recuperó en esa misma magnitud en 2021 y en 2022 crecería en 3,5%, de acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). La economía cubana, en cambio, se contrajo en 10,9%, creció en 1,3% en 2021 y para 2022 la estimación oficial es del 2,0%, la mitad del valor planificado.

Por otra parte, se han agudizado graves desequilibrios macroeconómicos. El déficit fiscal en 2020 representó el 17,7% del PIB, y en 2021 el 11,7%. Ambas son proporciones muy altas para los estándares internacionales. En 2020 esto se explica por el impacto de la pandemia, pero en 2021 se acometió la desastrosa «Tarea Ordenamiento», que requirió un inmenso esfuerzo fiscal que tuvo el doble efecto negativo de inyectar dinero en la circulación sin contrapartida en la oferta de bienes y servicios, desatando una alta inflación, cuya medición, por demás, está subvalorada al no tener en cuenta el impacto de la devaluación real en los mercados informales en los precios de los bienes que se comercializan en estos mercados.

Alta inflación y elevado déficit fiscal son usualmente combinaciones explosivas que afectan seriamente la estabilidad macroeconómica y cuyo combate en condiciones de estancamiento productivo suele golpear a los sectores de menores ingresos.

Ciertamente la economía cubana está en un círculo vicioso, y aunque el presidente ha hecho un llamado a convertirlo en «virtuoso», no es por sus deseos o su llamado que se va a lograr. Para eso se requieren políticas económicas adecuadas y coherentes.

La salida del círculo vicioso

El presidente cubano reconoció en la Asamblea Nacional el contrasentido de adoptar «una ley de soberanía alimentaria cuando no se producen suficientes alimentos, una ley de fomento de la ganadería, cuando no hay ganado, y una ley de pesca cuando no hay pescado». Lleva razón, sin embargo, la pregunta sería: ¿en qué medida estas leyes cumplirán sus objetivos? Aún no las conocemos, por tanto, no me quiero adelantar.

Varias de las recientes medidas anunciadas para «avanzar en la disciplina presupuestaria» tienen evidente carácter extractivo, en lugar de utilizar las exenciones tributarias como estímulo al desarrollo de los negocios, que es lo que conduciría al incremento de la oferta de bienes y servicios imprescindible para una recuperación económica.

Al definir valores mínimos de ingresos para el cálculo de los tributos, se gravará en mayor proporción a quienes menos ingresos obtengan por su actividad económica, lo que podría hacerlas insostenibles y convertirá a este en un impuesto regresivo. Suspender la exoneración en el pago de impuestos a los negocios de nueva creación, desestimulará la fundación de nuevas «mipymes», lo que se contradice con las exenciones que se mantienen para las inversiones foráneas.

El reconocimiento de la «tasa de cambio de mercado» para las operaciones de importación, pero no para las de exportación es, además de absurdo, contraproducente con el objetivo de fomentar exportaciones. Y lo grave y tremendamente preocupante es que ningún diputado haya cuestionado estas medidas en la Asamblea Nacional.

Las últimas decisiones adoptadas por el gobierno que preside Miguel Díaz-Canel han sido erróneamente concebidas, mal diseñadas y peor implementadas. Y eso es responsabilidad de la dirección del Partido, del Gobierno y de la Asamblea Nacional en pleno.

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Muchos especialistas en Economía y otras áreas del conocimiento, así como ciudadanos que sufren cotidianamente el impacto de la grave situación del país, hemos expresado nuestras ideas y opiniones. Sin embargo, las autoridades políticas y gubernamentales reaccionan de forma justificativa a todas las críticas, han visto intenciones perversas en ellas y no el interés real de profundizar en las contradicciones para superarlas, y además, han sido incapaces de reconocer sus errores, al insistir sistemáticamente en el impacto negativo de las sanciones económicas del gobierno estadounidense como causa principal de la crisis económica. No comprenden que dicha insistencia deteriora su credibilidad ante una parte creciente de la sociedad.

Siempre he afirmado que las sanciones económicas de Estados Unidos afectan a la sociedad cubana y efectivamente dificultan el acceso a fuentes de financiamiento externo; pero Cuba está afrontando dificultades de pagos con bancos e instituciones financieras que no se rigen por las leyes estadounidenses, y ello limita seriamente su acceso a recursos frescos, debido a una falta de confianza del mercado internacional de capitales en la capacidad de la economía insular para remontar la crisis y, en consecuencia, pagar sus obligaciones. Valdría la pena recordar que los cuatro bancos más grandes del mundo por el total de sus activos son chinos.

No obstante, en mi opinión, la principal razón por la cual la economía cubana no sale del círculo vicioso radica en una cuestión eminentemente política. El sistema político otorga poderes incuestionables a la máxima dirección del país, no es democrático en su interior, no reconoce la existencia de una oposición y además, la persigue y reprime. Cualquier disenso o crítica es tildada de «contrarrevolucionaria» o «mercenaria», y los medios públicos de comunicación del país son puestos al servicio de esa narrativa, que difícilmente conducirá a la construcción de consensos.

La dirigencia cubana insiste en que Cuba es un país «socialista», pero el socialismo al que apelan no es otro que la versión burocrática, petrificada y dogmática que ha sido construida en las diversas experiencias históricas.

La propiedad no es social, sino estatal, en un sistema político no democrático en el que la ciudadanía carece de mecanismos reales para controlar la gestión de su supuesta propiedad. En consecuencia, esto significa que las estructuras burocráticas usufructúan a su antojo la propiedad de la sociedad, pero trasladan a esta los costes del fracaso de su gestión. Pareciera ser un problema de naturaleza teórica, pero en realidad tiene una connotación práctica primordial y es que, al no realizarse como tal la propiedad social, el sistema económico dista mucho de ser socialista.

De acuerdo con la constitución, la soberanía radica en el pueblo, pero este carece de los mecanismos para revocar decisiones gubernamentales, o incluso a los dirigentes, a quienes ni siquiera elige de forma directa.

El sistema político está diseñado de modo que a los órganos donde en teoría reside el poder, no accedan personas que cuestionen la gestión de la dirigencia. Todo debe estar «atado y bien atado», como expresó el dictador español Francisco Franco en su discurso de navidad de 1969 al referirse a la decisión de designar a Juan Carlos de Borbón como sucesor, a título de rey. Todos sabemos cómo quedó el atado al final.

Se cuenta que Mao Zedong, en el umbral de su muerte, le dijo a Hua Guofeng que con él al frente de los asuntos «se sentía tranquilo». Hua no habría sido capaz de asumir la ingente tarea de remover a China desde sus cimientos y lograr el inmenso progreso económico que hoy exhibe, aun cuando no haya avanzado en la democratización de la sociedad. Para ello fue necesario que Deng Xiaoping regresara al poder y constituyera un equipo capaz de «emancipar sus mentes».

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Hua Guofeng

La historia del socialismo «realmente existente» está repleta de dogmas que no tienen nada que ver con su esencia, pero sí con la aplicación práctica de patrones heredados del leninismo y el estalinismo. El más grave de ellos para el desarrollo del sistema ha sido el desconocimiento de un aspecto teórico que tiene inmensa validez práctica, y es que el socialismo debió ser un resultado lógico del desarrollo del capitalismo, porque solo en el capitalismo desarrollado habría sido posible alcanzar los niveles de socialización de la producción para reclamar la socialización de la propiedad.

La realidad, sin embargo, es terca, y el capitalismo, como todos sabemos, ha tenido gran capacidad de transformación. En parte por las luchas y reivindicaciones de los movimientos sociales, y en parte por el avance económico y de bienestar social que en los países avanzados ha permitido un indudable mejoramiento del nivel de vida y una profundización de la democracia.

El socialismo burocrático fue impuesto en la Rusia bolchevique, en los países de Europa Oriental, en China y otras naciones asiáticas y también en Cuba. En ninguno de ellos existían, ni existen, las condiciones económicas o sociales para la construcción del sistema. La fórmula del «período de transición» ha perdido validez cuando este se ha vuelto eterno. Mientras tanto, las resoluciones de los congresos de los partidos comunistas en los países que se autodefinieron como «socialistas desarrollados», solo mostraron el nivel de vulgarización del marxismo al que apelaron sus líderes, habida cuenta del derrumbe ocurrido a fines del siglo XX.

En el orden práctico, considero que para empezar a salir del círculo vicioso se requiere eliminar todas las restricciones que limitan el emprendimiento privado y cooperativo; crear un marco legal que proteja la propiedad y fomente la inversión privada de cubanos y extranjeros, estimulando particularmente aquellas que generen exportaciones; instituir una legislación laboral que devuelva derechos conculcados a los trabajadores y asegure prestaciones sociales; y convertir al peso cubano en la única moneda con curso legal y obligatorio y fuerza liberatoria ilimitada, así como dotarlo de convertibilidad real basada en las condiciones de un mercado legal y trasparente.

Por otra parte, la salida pacífica del círculo vicioso requiere de un liderazgo comprometido con la solución de los problemas del país, que ataque sus verdaderas y más profundas causas. Las particularidades de la sociedad cubana, el nivel de polarización política que afecta a la nación en su conjunto, y el deterioro de la credibilidad de la dirigencia actual, no dejan lugar a dudas de que los problemas de la economía requieren de una solución política y esta pasa necesariamente por la democratización de la sociedad.

Festival de Cine y la nueva polémica sobre la libertad de creación

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En el cine, un arte cuyas bases están conectadas con las realidades sociales y la cosmovisión de sus creadores, no pocas obras generan polémica, sea entre políticos, académicos, crítica especializada o espectadores. En la historia de la cinematografía nacional hay ejemplos muy conocidos de censuras y tensiones despertadas por audiovisuales que en su momento fueron mal acogidos por la institucionalidad.

Entre los más citados figuran PM, Alicia en el pueblo de Maravillas, Guantanamera o, los más recientes, Regreso a Ítaca, Santa y Andrés o Sueños al Pairo, que han provocado fuertes disputas de los cineastas frente al poder. En el caso del último filme mencionado, propició tales contradicciones que terminó generando la desintegración del espacio llamado Muestra Joven ICAIC, debido a la oposición de su junta directiva a la propuesta de censura de su organismo rector.

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, fundado en 1979 por Alfredo Guevara, según su convocatoria fundacional, con el objetivo de «promover el encuentro regular de los cineastas de América Latina que con su obra enriquecen la cultura artística de nuestros países», ha sido el certamen del séptimo arte más importante en la Isla y sigue estando entre los más reconocidos del continente. Asimismo, constituye uno de los principales espacios de intercambio del público habanero con obras de la cinematografía cubana y universal.

La presente edición estuvo marcada por varias polémicas: la retirada arbitraria de la película Vicenta B de su selección oficial, las palabras de la actriz Andrea Domeadiós en su gala inaugural y los criterios emitidos por el realizador Javier Gómez Sánchez sobre la selección del Festival y la producción cinematográfica en la Isla.

En el presente texto se expone una selección de las principales posturas alrededor de estas disputas, que trasciende el propio certamen y abordan otras temáticas como la libertad de creación, el humor político, las problemáticas del arte cinematográfico o la relación de las instituciones culturales con los artistas.

Vicenta B, ¿retirada o censurada?

Días antes del inicio del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano aconteció una  polémica en redes sociales sobre la retirada de la película Vicenta B, del realizador cubano Carlos Lechuga. El 17 de noviembre, el director en su perfil de Facebook, agradeció a los trabajadores del Festival por luchar contra la presión del Ministerio de Cultura (Mincult), que  pretendía censurar su filme.

Tres días después, Lechuga emitió un comunicado informando que su obra no se vería en los cines de La Habana, pues había sido retirada arbitrariamente de la selección oficial. En palabras del cineasta, un diseñador del Festival le pidió una foto y sinopsis de Vicenta B, pero nunca le confirmaron su aprobación.

Más adelante vio «la programación del Festival de Cine de La Habana que la habían subido a un grupo de Telegram. Allí estaba Vicenta B, en la sección Concurso Latinoamericano en el cine YARA a las 5 y 30 de la tarde del sábado 3 de diciembre. Luego el grupo, al parecer por pedido del Festival, tuvo que borrar la programación».

El realizador agradeció a sus colegas que intentaron defender la cinta ante el Mincult y dio detalles sobre la alternativa que le habían ofrecido y por qué la había rechazado: 

«La propuesta de Cuba es sacar la película de la competencia, quitarle pases, ponerle solo dos pases en el cine Acapulco. Rebajar nuestra película. A una semana de empezar el festival nos dicen que la única cosa que les han permitido hacer es eso. O sea, no es una decisión del festival, no es una decisión artística. Es una orden policial. […] Por eso nuestro equipo ha decidido no aceptar esas migajas. Esperamos que nuestra película sea tratada como el resto de obras».

Asimismo, relató otras controversias anteriores con las autoridades culturales y políticas cubanas a partir de la censura de su película Santa y Andrés y la reciente negativa a que se proyectara su filme Melaza en un circuito programado por el ICAIC, por considerar el espacio como una «muestra oficialista en la isla que tenía como función contrarrestar el movimiento de cine independiente».

Luego de esto, Ramón Samada, director del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), en una entrevista publicada en el portal del Mincult, respondió a la polémica:

Es una película que recibió el apoyo de la segunda convocatoria del Fondo de Fomento. El jurado, integrado por prestigiosos cineastas, valoró la calidad de su guion, el diseño de producción y el acercamiento a una zona compleja de los problemas de nuestra sociedad. 

[…] Por otro lado, su director ha roto públicamente con la Revolución cubana, con todas las instituciones culturales, […] utilizando un lenguaje cada vez más ofensivo y vulgar hacia compañeros de la dirección del país, de sus instituciones y hacia artistas e intelectuales que no comparten sus ideas. […] La obra ha sido invitada para su exhibición en el evento y los productores, en uso de sus derechos, han declinado la propuesta que le hicimos. Vicenta B no está censurada.

El funcionario no ha aclarado quién tomó la decisión de que la obra no concursara, ni si hubo razones artísticas para ello. Por su parte, el Festival tampoco se pronunció públicamente al respecto ni compartió en sus canales oficiales ninguna de las posturas de Samada y Lechuga.

Una inusual inauguración

La inauguración del evento tampoco estuvo exenta de polémica. La gala fue conducida por la actriz y humorista cubana Andrea Doimeadios, quien encarnó su peculiar personaje de Noelia Bermellón, surgido del programa El motor de Arranque, cuya esencia es parodiar a las presentadoras televisivas.

Sorprendentemente, la gala no fue transmitida por los medios cubanos como era costumbre en el evento. El actor Daniel Triana, presente en la cita, indicó en sus redes sociales que hubo un abucheo al ministro de Cultura Alpidio Alonso y reportó la presencia de agentes de la Seguridad del Estado.

Festival

Días más tarde, El Toque publicó un audio con un fragmento de las palabras pronunciadas por Noelia, en las cuales se refirió a la emigración de actores cubanos y los bajos salarios que pagaba el ICAIC. Pero lo más controversial fue su presentación de los directivos que se encontraban en el lugar: «(…) Rogelio Polanco, jefe del Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba. Siempre me he preguntado de qué se hablará en ese departamento [aplausos], es una pregunta que siempre he tenido, igual que la canción de Arnaldo y su Talismán “¿Viste lo que te dije?”. Nadie nunca va a saber qué fue lo que dijo Arnaldo».

A partir de ese momento, la actriz recibió críticas y ataques en redes sociales, tanto de perfiles anónimos como de activistas a favor del gobierno cubano. El perfil Tavarich Rojo calificó sus palabras como «ofensivas en primer lugar con Fidel, la Revolución, el Partido, el pueblo cubano y latinoamericano, los grandes escritores y artistas que forman parte de la historia de ese festival, y por supuesto de los compañeros dirigentes del Partido y el Gobiernos que presidieron dicha inauguración».

La cuenta nombrada Ashly Medina resaltó la idea de lo irrespetuoso de sus palabras, al tiempo que cuestionó su talento y al Festival por no haber tenido un mayor control sobre lo que decía la actriz: «Andrea al parecer no heredó mucho de su padre, ni talento, ni vergüenza, no le vendría mal sentarse a ver las actuaciones de su padre en series como LCB [Lucha Contra Bandidos]. Quizás así pueda entender las cosas que «no entiende» esa niñita engreída. […] ¿El encargado de revisar y aprobar guiones, hilos conductores o lo que sea, de eventos de esta magnitud, donde estaba? ¿O lo dejaron a la libre espontaneidad?».

La activista e influencer Tere Felipe fue más allá, la llamó directamente cobarde y oportunista, calificó sus palabras hacia Polanco de irrespetuosas y remarcó:  «no necesitamos a algunos que se han ido, esos que se venden y anulan su moral con tal de ser aceptados».

En los comentarios de las tres publicaciones se pueden ver varias opiniones sobre cancelar a la actriz y controlar más la producción y exhibición de cine en Cuba. Mas ninguno de los cuestionadores explicó por qué debería asumirse como irrespetuoso una interrogante que no ofende al político presente y cuya respuesta solo presupondría mayor transparencia en los procesos del único partido admitido legalmente en Cuba.  

En contradicción, otras figuras públicas defendieron la intervención de Doimeadiós, como el director Orlando Cruzata, quién expresó: «Nuestra sociedad dista de la perfección, que de paso no existe. Y quienes llevan riendas de la misma son seres humanos, que aciertan y equivocan, demoran y oscurecen. Siempre estarán en la mirilla de la sátira. Quien no lo entienda. Quien se incomode, solo está ayudando a desarrollar otro imparable chiste. Por su ya expuesta rigidez social». Por su parte, el periodista uruguayo radicado en Cuba, Fernando Ravsberg, calificó su presentación como «una clase de humor político inteligente».

Más allá del Festival: ¿Un cine decadente?

La polémica en torno al Festival no concluyó con Noelia. El realizador cubano y actual decano de la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte en su perfil de Facebook, además de calificar la actuación de la actriz como un «show kitsch», cuestionó la proyección del logotipo de Amazon como parte de los productores del filme que abría el evento: Argentina, 1985, sobre la dictadura militar en la nación sureña, el cual también se alzó luego con varios premios Corales. 

Gómez Sánchez cuestionó la obra por no mostrar que «los militares condenados no fueron más que el brazo armado, con asesoría estadounidense, de una oligarquía y una clase media alta derechista» y que «esa «democracia» se encargó de implementar el más feroz capitalismo neoliberal en Argentina». También criticó el documental Mi país imaginario, sobre las protestas de Chile en 2019, por considerarlo «una visión superficial, ingenua, del conflicto social actual en ese país. Insiste en la supuesta ausencia de ideología en los manifestantes», defiende el autor del post.

Sin embargo, el texto no se limitó a ejercer su derecho a emitir criterios sobre las obras presentadas en el Festival, sino que calificó al cine cubano como «un arte de la decadencia», caracterizado por «la superficialidad, la deshonestidad, la doble moral, el empobrecimiento intelectual, el llamar «exilio» a la migración, «censura» al olvido, buscando el discurso más conveniente. El aplauso fácil de un mundo con el que cada vez es más difícil identificarse».  

Igualmente, instó a estimular un cine que hable de «los que han regresado, […] los que mueren tratando de llegar, […] la realidad de muchos de los que emigran, […] la corrupción, la violencia estructural de nuestra sociedad y todas las violencias que padecemos, incluyendo la violencia policial y la violencia institucional».

En respuesta a este y otros cuestionamientos, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en su página de Facebook publicó la declaración Gracias, Festival, a nombre de «un grupo de cineastas cubanos». El texto calificaba al espacio como «fiel a sí mismo y al cine cubano en su historia y su presente; profesional, de alegría, de reencuentros y planes; revolucionario en el sentido activo y de futuro de esta palabra».

La mencionada declaración también resaltó que el cine presentado en el certamen llamaba «exilio al exilio, migración a la migración, olvido al olvido y censura a la censura» y que los cineastas «no necesitan ni admiten que nadie les diga de qué deben hablar sus películas ni con qué estética».

Unido a esto, el ministro de cultura Alipio Alonso, en un encuentro en el Mincult con los realizadores extranjeros que visitaban el país, expresó: «Vamos a seguir defendiendo el sentido, la orientación que ha tenido y mantiene este Festival, vamos a seguir defendiendo que este Festival siga siendo ese espacio de encuentro de ese cine de la emancipación, de ese cine que reivindica la verdadera libertad creadora».

***

Si bien el debate político y cultural en Cuba comúnmente se ha manejado entre «los que están a favor y los que están en contra de la Revolución (Estado/Partido/Gobierno)» o «los que están dentro y los que están fuera de las instituciones culturales», el presente Festival y la polémica alrededor demuestran una mayor diversificación de las posturas de los creadores y gestores de procesos culturales en Cuba.

Aunque los organismos superiores del Estado siguen interviniendo de forma autoritaria y a partir de criterios políticos en decisiones que deberían tener como fundamento el hecho artístico en sí, son cada vez más los artistas, productores e incluso organizaciones que, aunque mantienen un vínculo con el Estado cubano, se niegan a justificar esa censura.

Asimismo, otros que habitualmente llaman a apoyar incondicionalmente los proyectos creativos surgidos a partir de 1959, no tienen reparos en descalificarlos cuando no responden a sus intereses. La sociedad civil evidencia así su diversidad y pluralidad en medio de fuerzas que pretenden unificarla o segmentarla en bandos únicos e irreconciliables.

Derechos humanos: triste aniversario para Cuba

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Derechos humanos
(Foto: Ramón Espinosa/AP)

Crecí con el sello distintivo de la lucha por la justicia y la libertad.

Las almas de los poetas no pueden revolotear con alas de mentira.

María Cristina Garrido, escritora prisionera política,

Carta desde la cárcel, La Habana, Cuba.

***

El pasado 10 de diciembre —Día Internacional de los Derechos Humanos— se cumplieron setenta y cuatro años de la Declaración Universal aprobada por Naciones Unidas. Junto al sistema de instrumentos y tratados que conforman hoy el derecho internacional de los derechos humanos, constituye una de las principales conquistas de la humanidad. Sin embargo, en Cuba es un aniversario signado por violaciones y retrocesos. Constituye una de las razones principales de la crisis sistémica y del conflicto entre diversos sectores sociales y la diáspora, con el Estado.

La Declaración fue y sigue siendo trascendente por los valores que consagra, y porque se ha ido complementando e influyendo en el desarrollo jurídico, social y político, a nivel nacional e internacional. De ahí la defensa de la integralidad, el carácter progresivo e inalienable de ese conjunto de derechos civiles y políticos; económicos, sociales y culturales y los de tercera generación, en busca de un mundo mejor. Los Estados deben respetar dicho sistema normativo e institucional y contemplarlos asimismo en su política doméstica y exterior.

No es un sistema perfecto, como evidencian los retrocesos en ese ámbito a nivel mundial. Un libro publicado recientemente por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) examina sus limitaciones y desafíos actuales. Entre ellos la diferencia entre lo declarativo de los gobiernos y la realidad, el liderazgo de la sociedad civil y la solidaridad democrática internacional en la promoción y defensa de los derechos humanos, su relación con la soberanía, esgrimida muchas veces para evadir responsabilidades gubernamentales.    

Como hicieron ahora y para esta fecha del año pasado, el gobierno y los medios oficiales cubanos celebran. Una Mesa Redonda dedicada al tema hacía lo habitual: criticar a EE.UU. y al bloqueo, denunciar violaciones de derechos humanos en otros países, resaltar la supuesta ejemplaridad de Cuba y rechazar injustas campañas de descrédito desde el exterior.

En el texto que escribí para la ocasión, enfaticé en varios tópicos historiográficos y del contexto. Habían pasado solo cinco meses del estallido social del 11-12J. Se evidenciaba una escalada represiva contra activistas, periodistas independientes, artistas, intelectuales, estudiantes, trabajadores y ciudadanos en general. Por ello insistí en violaciones y agravantes propias del momento y presenté algunas recomendaciones para subsanar agravios y evitar el empeoramiento de la situación.

-I-

Un año después, el listado de violaciones de derechos, e incluso de retrocesos en cualquiera de los ámbitos, sería extenso para este espacio. Referiré apenas algunos ejemplos, relacionados con preocupaciones que consideré entonces.

  • Tras casi cuarenta y cuatro meses de puesta en vigor la Constitución de 2019 —y aunque ella estipulaba la obligatoriedad de aprobar las leyes habilitantes en los dieciocho meses posteriores—, se siguen desconociendo derechos de asociación, reunión, expresión, circulación, manifestación y manteniendo una relación conflictiva con el amplio espectro de la sociedad civil cubana que no se le subordina. Tema álgido y reiterado por organismos de derechos humanos al gobierno cubano.
  • Únicamente ha sido aprobada, tras larga demora, la Ley de Amparo de los Derechos Constitucionales, una plataforma jurídica para la defensa de los derechos frente a violaciones de los mismos; no obstante, ya se percibe que existen factores normativos y extra normativos que afectan su eficacia. Lo confirma, por ejemplo, el caso del profesor René Fidel González García, que presentó una demanda amparada en dicha ley contra el presidente Miguel Díaz Canel y la fiscal general Yamila Peña Ojeda y tampoco recibe respuesta.
  • Por el contrario, el gobierno se ha blindado y llega a este aniversario con un nuevo Código Penal, que a pesar de ciertos avances en materia de familia y protección a minorías sexuales, criminaliza el disenso, incrementa la pena de muerte y garantiza la impunidad para las fuerzas represivas y quienes actúan a su servicio,un verdadero retroceso en materia de derechos humanos.
  • Continúa siendo una realidad negativa el empleo de organizaciones sociales y de masas articuladas al Partido/Gobierno/Estado, como los CDR y la FMC, para reprimir a la ciudadanía. Algunas del ámbito intelectual, como la UNEAC, cumplieron el rol de negar la represión y respaldar al  gobierno procurando apoyo de sus homólogos en otros países.

Derechos humanos

  • A la tradicional violación de derechos cívicos y políticos, se ha sumado de manera notoria la de derechos económicos, sociales y culturales. Es consecuencia de las políticas de choque implementadas por el gobierno, la expansión de la desigualdad y la pobreza y las enormes brechas territoriales con sus efectos concatenantes.  
  • Incremento sustancial de la represión en diversas variantes. Es meticulosa, personalizada e incluye redes de familiares, amigos y colegas de activistas y presos políticos. Han sido notorias, por ejemplo, detenciones arbitrarias, secuestros express, golpizas a personas indefensas, convertidas luego para la víctima en delito de atentado, cárcel, acoso, compulsión del exilio, destierro de activistas y persecución al periodismo independiente.
  • Aumento de los presos políticos y de conciencia. En diciembre de 2021 eran 805, al cierre de noviembre pasado la cifra alcanzaba 1.034, de acuerdo con registros de Prissoner Defenders, entre ellos 34 menores y 122 mujeres.Ha sido un año destacado en protestas pacíficas y juicios amañados, sin transparencia ni supervisión independiente, sin garantías para los ciudadanos que intentan ejercer derechos.
  • Más de diez patrones de tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes se han documentado a partir de denuncias realizadas por presos, familiares, activistas dentro y fuera de Cuba, y actores de la sociedad civil internacional; tanto en redes sociales como por organismos internacionales, incluidos casos relativos a menores de edad. Estos se han incrementado en centros de detención, especialmente en las prisiones.

Esos y otros pormenores fueron registrados en las evaluaciones sobre Cuba que tuvieron lugar ante el Comité Contra la Tortura (CAT) y el de los Derechos del Niño. Entre otros incidentes se destacan —particularmente dentro de los centros penitenciarios— violaciones de derechos a la alimentación; no acceso, o dilación de este, a servicios médicos; no atención a enfermedades contagiosas por las deplorables condiciones sanitarias, falta de acceso al agua potable, reclusión en celdas de castigo en solitario por tiempo prolongado, maltratos físicos y psicológicos, muertes sin suficiente esclarecimiento y otras prácticas lesivas a la condición humana. 

  • El gobierno ignora tanto las denuncias como las recomendaciones que recibe de diversas instancias. Mantiene una visión restringida y manipuladora del tema en lo interno y lo internacional, así como una postura negacionista cuando se le interpela. En las instancias mencionadas, sus respuestas carecieron de argumentaciones y evidencias, y a veces acudieron a la falsedad, al afirmar por ejemplo el carácter voluntario del Servicio Militar Obligatorio. También fueron dejados sin respuesta señalamientos y recomendaciones añejas que se reiteran y otras nuevas.
  • En política internacional se suman dos actuaciones lamentables del gobierno cubano en la etapa: frente a Rusia y su guerra de agresión contra Ucrania, y en reciente sesión extraordinaria del Consejo de Derechos Humanos de la ONU por graves violaciones en Irán.

-II-

El discurso oficial ignora estas realidades y mantiene desinformada a la ciudadanía. El artículo publicado esta vez en Granma a propósito de la fecha es lamentable. Sigue la misma lógica, enfocado en la crítica a los EE.UU., la victimización del gobierno y argüir su ejemplaridad en el tema.

Ejemplaridad que no es posible constatar porque —aun cuando durante décadas se le ha solicitado y recomendado en organismos internacionales—, no permite mecanismos de verificación, u observadores independientes nacionales ni internacionales relacionados con estos temas. Solo que actualmente es su palabra contra incontables testimonios e investigaciones independientes. Menciono apenas dos ejemplos:

  1. Varias organizaciones de la sociedad civil independiente en la Isla, y ONG internacionales están dando seguimiento a las violaciones de derechos humanos en Cuba, reclamando la liberación de presos políticos y el respeto a los derechos humanos. Entre ellas, Justicia 11J, Archipiélago, MSI, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, Cubalex, Amnistía Internacional, Prissoner Defenders, PEN Internacional, e instancias multilaterales como la Unión Europea.
  2. La joven Federación Hispano Cubana de Exiliados por la Libertad (FEXCU) desarrolló, entre el 9 y el 11, las primeras Jornadas Cívicas Conjuntas«Por la libertad de los presos políticos cubanos», con exponentes radicados en varios países y en Cuba, que incluye testimonios mayoritariamente de residentes en la Isla, tanto en calidad de familiares de presos como de activistas, encargados de presentar los casos, junto a otras iniciativas diversas que están en las redes sociales.

En poco menos de un año, Cuba deberá someterse nuevamente al Examen Periódico Universal (EPU) para evaluar el estado de los derechos humanos en el país. El repertorio para esta etapa que se evaluará (2018-2022), ya se está documentando en informes independientes al gobierno.

En lo referente a los últimos doce meses, el balance es negativo e indica un retroceso, lo cual impacta todas las esferas de la sociedad y la vida de los ciudadanos. Pero no hay señales de mejoría por voluntad del gobierno, que ha mostrado más de una vez que sus prioridades no son las de la ciudadanía. Así lo confirman el triunfalismo y el tratamiento de estos temas en el V Pleno del Comité Central del PCC y la cobertura del Granma.

La defensa de los derechos humanos es y será objetivo supremo de la sociedad civil. Ellos son el horizonte, parte de la lucha por la democracia y un recurso invaluable para la transición cubana.  Las violaciones de hoy son la causa de conflictos actuales y futuros. Que este aniversario, cuando menos triste para Cuba, compulse nuevos esfuerzos que nos permitan resarcir injusticias, transformar y legar un mejor país a las futuras generaciones. 

Para contactar con la autora: ivettegarciagonzalez@gmail.com

Cosas que mejorar

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Cosas
(Imagen: Brady Izquierdo)

?He comprado una flauta de pan. Doscientos pesos. En Hamelín no se hubiera oído más alto mi toque que cuando anuncié a mis chamas que tendrían desayuno.

?Con precio semejante, el alimento básico se convierte en «pan nuestro de cada mes».

?El conflicto ucraniano hace mella, no obstante la irreductible amistad con los hermanos rusos.

?Para su consumo, la única variante es comprarlo en la calle. «El cubano sabe lo que es comprar por fuera», ha afirmado Randy en la Mesa Redonda.

?Comprarlo afuera: ahí está la clave de la visita del presidente a Argelia. La cuota en el Sahara debe andar un tin más alta. En su juventud, Canel debe haber oído el estribillo de Valladares: «África lucha codo con codo para que el pan se reparta entre todos».

?Puerilidades de una época en que se soñaba en grande.

?Todavía se sueña. Mira las recetas del programa Chefarándula.

?Michel Torres Corona le ha ido con todo a ese espacio televisivo en un artículo de Cubadebate. «Frivolidad» habla de la ingenuidad de «competir con la oferta seudoartística que nos llega desde más allá del Malecón».

?Con lo crítico y mordaz que es ese tipo con la realidad cubana, intuyo que «más allá del Malecón» se refiera a Ana Hurtado. Esa chiquilla ha escrito, también para el «medio de información alternativa», un bodrio donde, entre otras trivialidades, ha dicho de La Pasionaria: «Dolores es Fidel. Fidel es Ernesto. Ernesto es Miguel Hernández. Miguel Hernández es Vilma. Vilma es Federico». Vaya, que en ese afán de congraciarse con los cubanos hubiera podido rematar: «Federico es Miguel Barnet».

?Lo leí. No pude seguir más allá del «Hubieron personas». Ella necesita urgente un posgrado en México con Fernando Buen Abad, a ver si este le explica el «marasmo semántico de los intereses individuales por encima de los problemas comunes», «la connivencia con la estulticia mediática burguesa», «la esclavitud semántica».

?Qué va. A la Hurtado le gusta más La Habana. Ahora mismo se hubiera sentido plena en el Pleno, en aras de «normalizar el aguante».

?Esa reunión del Comité Central promete analizar medidas para «enfrentar la situación del país en los ámbitos económico-social y político-ideológico» y consolidar el «socialismo criollo, que tiene esa mezcla fabulosa que viene dada por el ADN cubano», con núcleos partidistas cuyos ácidos nucleicos han derivado hacia una desconexión cada vez mayor con la macromolécula.

?Todavía están a tiempo de demostrar que somos un «pequeño Estado en desarrollo».

?El subdesarrollo no puede ser condición inerte.

?De hecho, se profundiza.

?Con las medidas trazadas por el Pleno retomaremos el punto ascendente de la espiral.

?Que lo digan si no los delegados internacionales al foro que organizó la FAO en Panamá sobre programas de seguridad alimentaria. Pudieron constatar lo que hace la mayor de las Antillas por la «innovación y tecnología en las políticas públicas, principalmente en la nutrición animal y humana».

?Me interesa más lo que saldrá del Pleno en estos días. La «nutrición animal» en el restaurante del Palacio de las Convenciones puede incentivar grandes aportes.

?Allí se ha convocado «a estar cada vez más cerca de lo que necesita el pueblo», es decir, de la comida. Ellos sí no se pierden los viernes el programa Chefarándula.

?Morales Ojeda subrayó que «tenemos las reservas suficientes para sortear los difíciles desafíos que nos acechan y obtener nuevos logros para el desarrollo del país».

?¿De qué reservas habla? Ya los almacenes no dan ni para abastecer las tiendas en moneda libremente convertible.

?Según él, la «agravada situación de carencias materiales», la «afectación directa en la calidad de vida del pueblo» son, entre otros factores, «desviaciones en la Tarea Ordenamiento».

?Desviaciones que no fueron capaces de prever ni de frenar las 36 reuniones con 158 temas y 221 acuerdos (167 cumplidos y 54 en proceso) que tomó el Buró Político desde mayo de 2021 hasta la fecha.

?Números que no aceptan quienes «pretenden arrebatar la tranquilidad ciudadana y hacer ver una situación de caos que sirva de caldo de cultivo para un golpe blando».

?Tendrán que convertir esos dígitos en algo tangible si no quieren que la cena de fin de año de los cubanos sea solo un caldo de cultivos varios.

?Está difícil. Torres Corona ha afirmado en Con Filo que «Cuba tiene cosas que mejorar».

?Manera blanda de decir que el país está jodido.

?Matices de la frivolidad.

Disidentes, opositores o enemigos

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Enemigo disidente

Uno de los rasgos de los regímenes totalitarios es la capacidad de imponer la dicotomía amigo/enemigo como axioma de su política interna y externa. La naturalización de ese desatino es fuente nutricia de enajenación, autocensura y apatía política.

El avasallamiento de cualquier opinión diferente a la del Gobierno/Partido/Estado no se impuso en Cuba por influencia exterior, sino por la propia raíz militarista de la nueva sociedad que se empezó a establecer en enero de 1959. Antes, la vieja contradicción civilismo vs militarismo produjo tiranías, dictaduras y autoritarismos, pero en su seno nunca dejaron de existir disidentes, opositores y enemigos acérrimos del Poder.

Si de una u otra forma, todos ellos son críticos del Gobierno/Partido/Estado, ¿qué importancia tendría para la sociedad cubana actual y el propio Poder distinguir entre disidentes, opositores y enemigos?

-I-

Entendida como parte de la superestructura social, la sociedad civil está compuesta por organizaciones sociales no estatales (culturales, religiosas, económicas y políticas), a través de las cuales se articula el consenso. Sin embargo, los Estados totalitarios, con su manía de controlarlo todo, suelen trastocar las funciones de la sociedad civil que brota en ellos.

Al triunfar la Revolución, la sociedad civil era amplia y diversa e influía de manera importante e independiente en la vida nacional. A ella se debieron, por ejemplo, la liberación de los moncadistas presos y el apoyo al Llano y la Sierra durante la lucha contra la tiranía de Batista. No obstante, desde 1959, el carácter plural de la sociedad civil comenzó a entorpecer la implantación de un régimen totalitario.

La intención de unificar a todos los sectores sociales en el camino de la Revolución, provocó que cualquier postura crítica, disidente, u opositora a la línea oficial fuera automáticamente calificada de enemiga del pueblo y, en consecuencia, extinguida, aplastada, o desterrada.

El inicio de las transformaciones revolucionarias y la agudización del conflicto con los EE.UU. motivó el éxodo de aproximadamente un cuarto de millón de personas entre 1959-1961. Independientemente de que participaran o no en acciones contra la Revolución, todos fueron considerados enemigos del pueblo, sus propiedades confiscadas y sus derechos ciudadanos conculcados.

Fidel

Los revolucionarios de otras tendencias también fueron etiquetados como enemigos. Fue así que en noviembre de 1959, durante el X Congreso de la CTC, Fidel remarcó que era absurdo pensar que la clase trabajadora, constituida en ejército para defender la Revolución, estuviera dividida por facciones. Bajo este precepto se refundó la nueva CTC revolucionaria que, a pesar de mantener las siglas originales, dejaría de ser una confederación sindical pluralista para convertirse en una Central unitaria, con sindicatos ramales únicos.

Como señalé en un artículo anterior: «La otrora poderosa y combativa federación sindical quedó convertida así en una correa de trasmisión de las decisiones del Gobierno/Partido/Estado a los trabajadores. Su influencia sobre la vida política del país fue anulada, y el derecho más importante de los obreros: el de huelga, quedó prohibido como actividad contrarrevolucionaria». Desde aquel momento, la lucha de los obreros por sus derechos quedó incluida entre los delitos contra la seguridad del Estado, algo nunca visto ni en la Colonia, ni en la República.

De forma parecida tuvo lugar el aplastamiento de la corriente trotskista, condenada por oponerse a la creación de un partido único que unificara al M-26-J, el Directorio Revolucionario-13 de marzo y el Partido Socialista Popular (PSP). Durante el Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes (La Habana, julio-agosto de 1960), el PSP resucitó sus viejas acusaciones de que los trotskistas, si bien usaban una fraseología de izquierda, actuaban como provocadores al servicio del FBI y la CIA para propiciar la agresión estadounidense.

La invasión por Playa Girón sirvió de catalizador para fortalecer dicha represión. El periódico de esa tendencia, Voz Proletaria, símbolo de la lucha por la democracia proletaria dentro de la Revolución, sería confiscado y prohibido. También lo fue la edición cubana del libro de Trotsky, La revolución permanente.

Izquierda (2)
León Trotsky

Por razones similares, en 1961 fueron presionados para salir de la Isla los combativos anarquistas. En los EE.UU. fundaron el Movimiento Libertario Cubano en el Exilio, y editaron El Gastronómico, sucedido en los años ochenta por Guángara Libertaria, única revista de esa ideología editada en español en aquel país.

A pesar del evidente autoritarismo imperante, en los sesenta aún se permitía cierto margen de disidencia y debate; pero solo entre representantes de tendencias diferentes en la dirección de la Revolución y en el campo intelectual; no en espacios públicos, o a nivel de masas. La última expresión de esta tímida permisibilidad fue el Congreso Cultural de La Habana, en enero 1968, al que se invitó a más de quinientos intelectuales y políticos de izquierda de setenta países.

A pesar de sus posturas encontradas, todas las presentaciones y resoluciones propuestas por los participantes fueron recogidas sin interferencias. Significó el canto de cisne del socialismo independiente cubano respecto al marxismo-leninismo estalinista.

En aquel mismo mes ocurriría el Proceso contra la Microfracción, integrada por miembros del PSP, guiados por Aníbal Escalante, que criticaban determinados errores de la política económica y social del Gobierno Revolucionario. La acusación no tenía precedentes en los anales de la justicia totalitaria, ni siquiera en los Procesos de Moscú. Por primera vez los desacuerdos políticos se presentaban como delitos.

Los fiscales de Stalin disimulaban los verdaderos móviles de las condenas al inventar acusaciones de crímenes contra el Estado soviético, el favorito de los cuales era el de espionaje a favor de Hitler. Sin embargo, en el informe acusador de Raúl Castro, el principal cargo a la Microfracción era su oposición y crítica sistemática «a cualquier medida, de importancia o no, que realizara el poder revolucionario». A partir de entonces, se dio por sentado que cualquier crítica o disidencia respecto a la línea oficial podría ser objeto de sanciones penales.

El año 1968 fue de un extremismo desbocado. En el mes de marzo se clausuró el programa televisivo Mientras tanto, de Silvio Rodríguez, que se difundía por el canal 6, al considerar que la música que promovía no era lo suficientemente clara ideológicamente y podría confundir a la juventud y la teleaudiencia en general.

Se consideró que que la música que promovía el programa de Silvio Rodríguez no era lo suficientemente clara ideológicamente.
Se consideró que que la música que promovía el programa de Silvio Rodríguez no era lo suficientemente clara.

Diez años después, en noviembre de 1978, cuando ya el país se había institucionalizado al estilo soviético, bajo el título Diálogo 1978 ocurrieron las primeras reuniones entre el Gobierno y un grupo de «personas representativas de la comunidad cubana en el exterior». Se acordó permitir la visita de los cubanos residentes en el exterior no catalogados como terroristas, y la liberación de unos 3600 presos políticos. Los visitantes comunitarios ya no serían tratados como enemigos, sino como emigrados.

Apenas dos años más tarde (abril-septiembre 1980), ocurrió la apertura del puerto de Mariel para la migración de cubanos. Desde los Estados Unidos se organizó la llamada Flotilla de la Libertad, que facilitó el éxodo de 125 000 personas. Esos emigrantes —tildados de escoria por la propaganda oficial—, fueron sometidos a un vergonzoso espectáculo de acoso masivo y violencia física por parte de multitudes  instigadas por el gobierno.

En 1986 Fidel inició el denominado Proceso de recti?cación de errores y tendencias negativas, donde divergió de los métodos de dirección de la economía propuestos por él mismo una década atrás. Atacó al «vil dinero» y acusó a los gerentes de «aprendices de capitalistas». Al unísono, se retomaron los prejuicios contra lo no estatal y fue suprimido el Mercado Libre Campesino, que se había abierto en 1981.

Con la crisis del Período Especial, el perfil de los enemigos se llenó aún más de gente humilde. Ellos protagonizaron los desórdenes contrarrevolucionarios en Centro Habana y Habana Vieja de agosto de 1994 y la posterior crisis de los balseros.

-II-

Al avanzar el siglo XXI acaecieron en Cuba varias transformaciones significativas: cambios en la dirección del país; creciente pauperización, malestar y desconfianza de la población, y advenimiento de la cultura de Internet a través del acceso público, primero por conexión wifi y luego por datos móviles. Con ello, el perfil de los críticos, disidentes y opositores se extendió y complejizó.

En este nuevo contexto, la respuesta desde el poder fue la que podía esperarse de su anacrónica forma de gobernar: todo el que manifieste alguna disidencia u oposición al discurso oficial en el ciberespacio (sea cultural, social o política), es un enemigo del pueblo y la Revolución.   

El reacomodo de equilibrio ocurrido por entonces en el grupo de poder hegemónico, no permitió clasificar como disidentes, opositores o enemigos a los sancionados en 2006 durante la purga del equipo de dirigentes, mayormente jóvenes, provenientes del Grupo de Apoyo de Fidel (Carlos Lage, Felipe Pérez, Carlos Valenciaga y una docena más).

carlos lage felipe perez roque
Carlos Lage y Felipe Pérez Roque

Lo contradictorio del caso es que, a pesar de que fueran acusados de «actitud indigna» hacia Fidel y de tener «ambiciones de poder», ninguno fue juzgado o detenido arbitrariamente en calidad de enemigo. La separación de sus cargos parece haber sido un golpe palaciego con el objetivo de abrir espacios en puestos clave del Gobierno/Partido/Estado a cuadros de origen militar más leales a Raúl y al oligopolio en ascenso de GAESA.

Otra muy diferente sería la respuesta oficial ante la aparición de nuevos actores políticos digitales, independientes del ecosistema de medios estatales. Desde su creación en la primera década del siglo, hasta la actualidad, no parece que los voceros del poder aprecien muchas diferencias entre los blogs, revistas, plataformas informativas y de análisis político y demás productos digitales surgidos con la Internet 2.0.

En los programas oficialistas donde se valora a estos medios, los calificativos de crítico, disidente u opositor rara vez son utilizados. En cambio, predominan los de enemigos del Estado y la Revolución en sus variantes más groseras, extremistas y manipuladoras de la audiencia, como: mercenarios del imperio, marginales, subversivos, y la etiqueta más reciente de odiadores.

Con esta simplista solución pretenden justificar tanto el acoso, detención, y deportación de los disidentes que piensan diferente; como las golpizas, juicios y encarcelamientos de protestantes que expresen cualquier tipo de inconformidad en calles y plazas. Los sucesos del 27-N y el 11-J lo demuestran.

El Código Penal 2022 expresa claramente hasta qué niveles puede llegar la judicialización de la represión a cualquier inconformidad o crítica en Cuba. Al unísono, la aparición de programas en horarios estelares, al estilo de Con Filo, dedicados a exponer y denigrar a opositores y disidentes, al presentarlos como enemigos activos y violentos del pueblo, es muestra fehaciente de esta radicalización del discurso y la práctica represiva del Gobierno/Partido/Estado.

Solo la apertura de la vida política nacional a los que expresen ideas diferentes, condición sin la cual es irreal un Estado de Derecho anunciado, podrá hacer que las figuras de disidentes y opositores, tan necesarias para el funcionamiento de un país democrático, dejen de ser vistas obligatoriamente como enemigos. Por el contrario, ellos deberían aportar a la construcción de una Cuba más participativa, libre y plural, donde el respeto al pensamiento ajeno actúe como botón de muestra de la prosperidad y sostenibilidad de la república.

Presentarán Cuban Privilege pese a oposición extremista en Miami

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Imagen: Boston University / Frederick S. Pardee School of Global Studies

Este viernes 9 de diciembre tendrá lugar en Florida International University (FIU) la presentación del libro «Cuban Privilege: The Making of Immigrant Inequality in America» de la académica estadounidense Susan Eckstein. Polémico para un sector de la migración cubana, el texto es un análisis académico sobre  el trato privilegiado que reciben los  cubanos al llegar a Estados Unidos en contraste con  los migrantes de otros países.

Las presiones para evitar que la obra fuese dada a conocer provocaron que la presentación original, propuesta para el 2 de diciembre en la biblioteca Books & Books en Coral Gables, se cancelara. Esto ocurrió luego de que el comisionado republicano del distrito 6 de Miami-Dade, Kevin Cabrera, calificó el libro como “anticubano” y “cargado de odio” y expresó su negativa de que el título fuera presentado en la ciudad. Por su parte, la autora alegó que la obra era resultado de una investigación científica sobre derechos exclusivos de la comunidad cubana y que lejos de reprocharlos, consideraba que deberían ser extensibles a otros migrantes.

El volumen también fue fuertemente criticado por el influencer Alexander Otaola, quien, desde su programa, intentó desacreditar a Eckstein, haciendo referencias a su cabello, utilizando evaluaciones negativas de sus exalumnos y descalificando las positivas como comentarios “comunistas”. Desde la web Cubanos por el Mundo, plataforma que ha sido clave en la carrera del youtuber, convocó a una caravana para protestar en contra de la presentación por considerarla “una ofensa a la comunidad cubana en el exilio”, sin brindar más argumento que el adjetivo de “castrista”.

La Ley de Ajuste Cubano se dictó en 1966 y permite a los ciudadanos de esa nación regularizar su estatus legal en Estados Unidos luego de permanecer un año en su territorio. El gobierno de la Isla en reiteradas ocasiones ha culpado a esta ley federal de estimular la emigración irregular, por lo que ha alentado a su vecino del norte a eliminarla y,  en su lugar, negociar un acuerdo migratorio que no ponga en peligro la vida de las personas. Por su parte, la administración norteamericana la ha defendido como un mecanismo de ayuda a los cubanos que escapan de su país por razones políticas

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Convocatoria del influencer cubanoamericano Alexander Otaola contra libro que describe los privilegios migratorios de los cubanos. (Fuente: Alexander Otaola/Instagram)

El libro detalla  los beneficios que reciben los cubanos y lo compara con las dificultades de los migrantes de Haití, donde se reporta una compleja situación de inseguridad ciudadana. Sin embargo, los migrantes procedentes de esa otra nación del Caribe no gozan de una protección legal similar al llegar a suelo estadounidense. Por el contrario, sus ciudadanos son deportados aunque esto pueda poner en peligro su vida.

A pesar de los argumentos que brinda la investigadora y sus credenciales como autora premiada y ganadora de numerosas becas en Estados Unidos, un grupo de cubanoamericanos no tardó en inundar de críticas negativas su libro en Amazon, con acusaciones de racismo, a la par que le otorgaron una puntuación de 1.4 estrellas sobre 5. Entre las reseñas pueden leerse afirmaciones como que es un “mensaje de odio, una ideología marxista y socialista para dividir y conquistar”.

Si bien la continuidad, derogación o extensión de una ley de ajuste a otros inmigrantes que pudieran estar en peligro en sus países de origen es un tema polémico y debatible, las campañas de los actores políticos mencionados no buscan una discusión sino la censura de la obra.

Estos límites a la libertad académica en Miami provienen de sectores que hacen reclamos democráticos al gobierno cubano, pero persiguen impunemente a los que piensan distinto a ellos en Estados Unidos. Los políticos locales que desde posiciones de poder promueven esa atmósfera de anticomunismo radical, mientras castigan el ejercicio académico y las posturas que no sirven al anticastrismo, son el mejor ejemplo del privilegio cubano al sur de la Florida.