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La estampida migratoria en Cuba y sus implicaciones

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(Foto: El Independiente)

Aunque no existen cifras oficiales de la reciente emigración de cubanos, diversas fuentes hablan de casi 225.000 personas entre octubre de 2021 y el 30 de septiembre de 2022. Muchas de ellas han usado caminos tan complicados como atravesar toda América Central a partir del tapón del Darién, hacerlo desde Nicaragua, o hasta la incierta vía de cruzar el mar. Quienes han seguido estas rutas, arriesgando su vida y pagando altísimas tarifas a los traficantes de seres humanos, tienen denominadores comunes: la desesperación y la desesperanza.

La mayor parte de los migrantes son jóvenes o personas en edad laboral, e incluso una cifra no despreciable de profesionales. Si bien no es posible generalizar, pues en imágenes también pueden verse niños y personas de la tercera edad.

En Cuba, sin embargo, no se dispone de datos ni estudios públicos sobre el sensible tema, y las estadísticas siguen enmascaradas porque se considera como residentes en la Isla a muchas personas que viven y trabajan en otras naciones. Mientras tanto, la población total del país ha descendido sistemáticamente desde 2017 hasta 2021, de acuerdo con cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). Solo en 2021 descendió 0,61% respecto a 2020, una magnitud alta de acuerdo con estándares internacionales.

Si analizamos ciertos datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), el descenso poblacional cubano supera al de otros países, como los casos de Japón (-0,24%), Corea del Sur (-0,19%), Albania (-0,17%) o Rusia (-0,41%); y solo es superado por el de Taiwán (-0,85%), territorio que goza de un altísimo nivel de desarrollo. Las estimaciones de la ONEI prevén para 2035 una cantidad de población incluso inferior a la de 2021, y muy probablemente en tales estimaciones no se ha tenido en cuenta la estampida migratoria actual.

La Isla enfrenta una grave crisis demográfica, con una economía que no solo es subdesarrollada, sino que está profundizando esa condición debido a una crisis estructural que data de más de tres décadas. Los países desarrollados que tienen problemas demográficos —determinados por el descenso y/o el envejecimiento de su población—, han debido incrementar el gasto público para afrontar los retos sociales que imponen estas circunstancias, y en parte pueden hacerlo gracias a su nivel de desarrollo. No es el caso de Cuba.

Por otra parte, la población cubana envejece. En 2020, el 21,3% del total reportado como residente en la Isla —que no cuenta a muchos que en realidad viven y trabajan fuera del territorio nacional—, tenía más de sesenta años; pero en 2021 esta proporción ha aumentado a 21,5%.

El descenso poblacional se hace evidente también en la fuerza laboral. El Anuario Estadístico de Cuba muestra que en 2021 la cantidad de trabajadores fue de 4, 619 millones, frente a 4,643 millones en 2020. Ello representa un descenso del 0,5%. El 59,9% de los trabajadores del año más reciente reportado, tiene cuarenta años o más.

La relación de dependencia —que mide la proporción de población de cero a catorce y de sesenta años o más, respecto a la población entre quince y cincuenta y nueve años—, ha estado aumentando en los últimos tiempos. Esto ha sido: 571 por mil personas en 2018, 578 en 2019, 589 en 2020 y 596 en 2021.

Desde 2010 se observa un incremento paulatino de la proporción de población mayor de sesenta años, mientras descienden tanto la de menores de quince como la que se ubica entre quince y cincuenta y nueve. En 2021 la población considerada adulta mayor representó el 21,6% del total, en tanto la población menor de quince años constituyó el 15,7%, y la comprendida entre quince y cincuenta y nueve significó el 62,7%.

Las previsiones de la ONEI sugieren que para 2035 los mayores de sesenta años constituirán el 32,5% de la población, los menores de quince serían el 15,2% y entre quince y cincuenta y nueve estaría solo el 52,3% del total de residentes. Ello establecería una relación de dependencia de 909 por mil, lo que resulta gravísimo para las posibilidades productivas del país.

En las referidas condiciones demográficas es que se está produciendo la mayor sangría migratoria del país en solo un año desde 1980, y se ha superado incluso la cantidad de salidas que ocurridas por el Mariel. Esto, a pesar de la suspensión, por parte del gobierno de Obama, de la ley «Pies secos, pies mojados»; aunque se ha mantenido la llamada ley «De ajuste cubano».

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Razones de la estampida migratoria

Desde 1959, Cuba cambió su condición de país atractivo para potenciales migrantes extranjeros, y se convirtió en emisor hacia otros países. En los primeros años, las razones fueron esencialmente políticas: desacuerdo con la deriva hacia el comunismo; supresión de las libertades políticas; expropiación de propiedades; imposibilidad de que los padres pudieran asegurar educación privada y religiosa a sus hijos; represión contra la disidencia política; discriminación gubernamental de las prácticas religiosas; represión contra la homosexualidad; y otras.

Posteriormente, en la medida en que se ha deteriorado la situación económica del país, las razones económicas se han unido a las causas políticas que aún subsisten, como la persecución y represión de la disidencia y la restricción de libertades políticas. Tal combinación ha producido varias crisis migratorias, especialmente las 1980 y 1994, y la que actualmente nos ocupa.

La situación económica y política de Cuba hoy —sobre todo tras el llamado «Ordenamiento monetario» y la represión a las protestas sociales de julio de 2021—, caracterizan una grave crisis económica de carácter estructural, unida a una crisis política y social. Dichas circunstancias han generado en una parte considerable de la población una crisis de confianza en la capacidad de las autoridades para revertir el contexto económico, lo que incrementa la sensación de desesperanza, no solo respecto al presente, sino también al futuro.

A diferencia de los primeros años, no existe un futuro «luminoso» al que aspirar. El derrumbe del socialismo «realmente existente» demostró que aquel no era el camino, pero en lugar de aprovechar de forma creativa la experiencia histórica, la dirigencia cubana ha optado por persistir en políticas probadamente ineficaces, que profundizaron la deformación estructural de nuestra economía y, en consecuencia, el subdesarrollo.

La Constitución de 2019 se ha convertido en papel mojado, lleno de definiciones vacías de contenido real. La respuesta gubernamental y del sistema jurídico frente a las protestas sociales de 2021, demuestra la debilidad institucional del país y las contradicciones, además de la violación de la Carta Magna. Por otra parte, las autoridades se caracterizan por un autismo político reacio a críticas y con alto espíritu justificativo, lo que ha deteriorado su credibilidad ante una parte creciente de la sociedad. Esta realidad deja a la ciudadanía las alternativas de: aceptar lo que se decida desde el poder aunque puedan existir diferencias, enfrentarse a ello, o emigrar.

Varias generaciones de cubanos han aportado una notable cuota de sacrificio personal en pos de un mejor país para sus hijos y nietos. En cambio, la Isla tiene en la actualidad mayores y más graves problemas que los que tenía en los años ochenta del siglo pasado, y lo peor es que no se ve la luz al final del túnel.

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Migrantes cubanos reman hacia la isla Stock, cerca del Cayo Oeste, en Florida, el 12 agosto. (Foto: Mary Martin/AP)

Implicaciones de la estampida migratoria

Desde el punto de vista económico y político, la estampida actual, junto a toda la sangría migratoria que ha caracterizado al país desde hace más de seis décadas, tienen un impacto altamente negativo.

Ya se han aportado datos sobre la difícil estructura demográfica. Con ella, resulta difícil prever un incremento sustancial de la tasa de crecimiento del producto, si tenemos en cuenta la importancia del factor trabajo dentro de la estructura productiva de cualquier país, pero sobre todo de uno empobrecido, subdesarrollado, con escasez gravísima de capital y bajas tasas de ahorro e inversión; a lo que se suma la errónea política inversionista del gobierno, que ha preferido concentrar las inversiones en actividades inmobiliarias —aunque no precisamente en viviendas para la población—, en lugar de apostarle a sectores productivos tales como: agricultura, industria, o incluso infraestructura.

Si bien crecimiento no es igual a desarrollo, para superar la crisis estructural de Cuba y comenzar una senda de avances se requieren altas tasas de crecimiento del producto, muy especialmente de los sectores productivos. Lejos de esto, el PIB de Cuba entre 2017 y 2021 tuvo una variación promedio anual de -1,3%. Después de una violenta contracción de 10,9% en 2020, en lo que sin dudas influyó el impacto de la pandemia, la economía creció en 2021 solo un 1,3%.

Mientras tanto, el crecimiento interanual del primer semestre de 2022 fue de 10,9%, pero la contracción en el mismo período de 2021 había sido de 12,7%, lo que indica que en términos trimestrales aún no se recuperó frente a la caída del año anterior. En el segundo semestre de 2022, el crecimiento ha sido de solo 1,7% frente al mismo período del año anterior.

Las cifras de crecimiento trimestral del producto bruto sectorial indican contracciones en ambos trimestres en la agricultura, la pesca, la minería, la industria azucarera, la no azucarera, el suministro de electricidad, gas y agua, ciencia e innovación tecnológica, intermediación financiera y servicios comunales. En el segundo trimestre también se contrajeron la salud pública y el comercio. Solo muestran resultados positivos la construcción, los servicios empresariales y actividades inmobiliarias, y la educación.

La emigración impactará negativamente en el crecimiento económico, en la posibilidad de asegurar el sistema pensional, en las contribuciones al fisco y, en consecuencia, en el desarrollo del país. Quizá algunos piensen que en contraposición a este impacto negativo se podrían recibir más remesas, sin embargo, esto puede ser cierto en el mediano plazo pero no necesariamente en el corto, y las necesidades financieras del país son críticas de forma inmediata.

En otros tiempos se frenó la emigración al prohibir la salida del país. Afortunadamente esto no se plantea en estos momentos, sobre todo porque quizás algunos irresponsables piensen que con ella crean una válvula de escape que ayude a reducir presiones políticas y sociales internas.

No obstante, la realidad es que la estampida migratoria es testimonio fehaciente del fracaso de un sistema que se pretende imponer a toda costa sobre una sociedad en gran medida hastiada, así como de la falta de esperanzas de una parte considerable de la población —especialmente joven— respecto a las posibilidades de vida provechosa en el país. ¿Esto es el socialismo próspero y sostenible? Ni es socialismo, ni es próspero, ni es sostenible, no solo económicamente, sino también desde los puntos de vista social y político.

Los cubanos necesitamos ser capaces de construir un país en el que podamos vivir la única vida que hasta ahora sabemos que tenemos. Nunca ha sido más imperiosa que hoy la divisa de crear una República «con todos y para el bien de todos».

¿Mucha gira y pocas nueces?

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(Imagen: Xinhua)

Uno de los viajes más peculiares de un mandatario que la historia recuerde, fue el de Mansa Musa I, monarca de Tombuctú, a La Meca. Se cuenta que el rey era tan rico y generoso, que a su paso por El Cairo dio oro en limosnas en tal medida, que causó una masiva inflación. En las antípodas de ese relato podría ubicarse la reciente gira del presidente Miguel Díaz-Canel por Argelia, Rusia, Turquía y China.

Su periplo, en el Airbus 340-600, matrícula YV3535 de la aerolínea estatal venezolana Conviasa, ha sido catalogado por la prensa estatal como un «viaje a la luz»; otros, por el contrario, lo califican como la «gira de las limosnas» o «de la misericordia».

Un análisis de las declaraciones realizadas en cada país, permite develar las motivaciones que transversalizan el viaje: renegociar una vez más la deuda cubana —que según el último informe publicado en 2019 ascendía a 19.6 mil millones de dólares—; pedir ayuda para resolver la desesperada crisis energética y atraer inversiones a los pocos sectores clave medianamente atractivos.

Determinar lo realmente conseguido es complejo, pues la opacidad y la inexactitud se ciernen sobre muchos de los acuerdos. Según la periodista Arleen Rodríguez Derivet, quien reseñó en cinco melosos textos el periplo, ello tiene una explicación: «Desde José Martí y la Guerra Necesaria hasta estos largos años de guerra económica sin frenos, “hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas…”».

Más allá del secretismo, que ya es práctica acostumbrada por estos lares, ¿qué se sabe o puede inferirse del mediático viaje?

Primera parada: Argelia (16 – 19 de noviembre)

Tras 4482 kilómetros y nueve horas de vuelo, la comitiva arribó a las 22:00 a Argel, capital de la economía número 58 del mundo por volumen de PIB. Sobre la visita a esta nación, primera en su calidad de Jefe de Estado, el presidente Díaz-Canel aseguró el 17 de noviembre, en un tuit de felicitación a los estudiantes cubanos: «logramos excelentes acuerdos para nuestra economía con hermanos argelinos».

Algunos de esos arreglos se resumen en la reestructuración de la deuda de Cuba con Argelia —cuyo monto se desconoce—, así como la eliminación del pago de todos los intereses atrasados y el aplazamiento de su reembolso «para otro momento», con el fin de «aliviar un poco el contexto económico cubano», dijo benévolo el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune.

Asimismo se habló de la donación a La Habana de un parque de energía solar a través de una empresa mixta; de reanudar el envío de combustible para abastecer las termoeléctricas, de ampliar la colaboración médica y del trabajo conjunto en la producción azucarera, tema en el que no se profundizó más allá de la enunciación.

El presidente Tebboune congratuló que se retomara la cooperación con Cuba, «lamentablemente interrumpida en 2019», según dijo sin ofrecer otras explicaciones. No obstante, es evidente que la interrupción coincidió con el fin de las dos décadas de mandato de su predecesor, Abdelaziz Bouteflika, que a los ochenta y dos años debió abandonar las intenciones de reelegirse por quinta vez debido a manifestaciones populares de oposición.

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Miguel Díaz-Canel y Abdelmadjid Tebboune, presidente de Argelia. (Foto: Al Mayadeen Net)

Las relaciones entre ambos estados en materia energética se remontan a 2016. Una nota publicada el 9 de septiembre de ese año en el periódico argelino Echorouk, aseguraba que por primera vez en la historia, la petrolera nacional Sonatrach llevaría crudo a la Isla, con el fin de compensar la falta de abastecimiento producida por la crisis de Venezuela.

También sobre el tema energético, debe ponerse en contexto —despojado de los habituales triunfalismos— lo que representaría en términos prácticos la donación de un parque fotovoltaico que se instalará en La Habana, pero que, según el ministro de Energía y Minas, «estará interconectado al Sistema Electroenergético Nacional y beneficiará a todo el pueblo de Cuba, desde Pinar del Río hasta Guantánamo».

Las dimensiones de dicho parque no han trascendido, sin embargo, una de las principales centrales solares de Argelia es la de El Kheneg, compuesta por 240 000 módulos y con una capacidad de 60 megawatts pico. Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, La Habana consumió entre enero y diciembre de 2021, 3320.6 gigawatts hora. Por lo que, suponiendo que el parque solar donado sea similar al de El Kheneg —uno de los mayores del país donante—, lo que genere no representaría un aporte vital para satisfacer la demanda de la capital, menos la del país. 

En cuanto a las cuestiones relativas a los temas de salud, los vínculos son bastante más antiguos y datan de la década del sesenta. De hecho, actualmente se encuentran en las zonas menos desarrolladas de Argelia 882 colaboradores cubanos, por cuyos servicios se desconoce cuánto ingresa la Isla.

No obstante, el Diario Oficial de la República Democrática Popular de Argelia, homólogo de nuestra Gaceta Oficial, publicó el 21 de mayo de 2020 el decreto regulador de principios de la colaboración médica cubana. El texto detalla, entre otros aspectos, los montos del pago por servicios para un año de actividad en campos como la salud materno-infantil, urología, oncología y oftalmología. En total, el Estado cubano debía embolsarse 61 millones 707 367,53 euros por ese acuerdo.

A tenor con todo lo planteado, pese a que ciertamente puede haber algunas novedades en lo tocante a intercambio e inversión, la visita a Argelia supuso más el reinicio de relaciones económicas detenidas en 2019, y el perdón de los pagos de la deuda eterna que parece tener la Isla con numerosos países.

Segunda parada: Rusia (19 – 22 de noviembre)

A contrapelo de la mencionada opacidad del discurso político, más si este tiene como plataforma la brevedad de Twitter, el paso de la comitiva presidencial por Rusia, exceptuando gestos como la inauguración de una estatua de Fidel Castro en Moscú, tuvo cierto tufo gélido, y no solo porque el gigante euroasiático estuviera empezando su temido invierno.

Al aeropuerto internacional moscovita Vnùkovo 2, fue a recibir a Díaz-Canel el viceministro de Relaciones Exteriores, Serguèi Riabkov, el mismo que a inicios de año se refiriera a los intereses militares de su país sobre Cuba y Venezuela. De hecho, respecto a ese tema el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, informó que durante la visita los presidentes también examinarían la cooperación en la esfera militar. Hasta el momento, nada sobre el tema se ha hecho público.

El mandatario cubano tuvo interesantes encuentros en Rusia, nación sancionada por Occidente tras su invasión a Ucrania. Uno de ellos fue con el oligarca Igor Sechin, director ejecutivo de la empresa petrolera Rosneft, a quien agradeció «los gestos que ha tenido hacia Cuba y que han marcado soluciones en tiempos difíciles». Sechin, considerado una eminencia gris tras el trono ruso, y uno de los hombres más ricos del país, dirige la segunda empresa que más petróleo produce en el mundo.

Otra reunión fue la desarrollada con el Patriarca Kirill. El religioso —a quien el periódico opositor Novaya Gazeta, del Nobel de la Paz Dimitri Muratov, calculaba en 2019 una fortuna de entre 3.800 y 7.600 millones de euros, con importantes negocios en petróleo, industria automovilística o joyería—; ha estado en el foco de atención por su apoyo a la invasión a Ucrania y sus posturas homofóbicas.

Independientemente de las abstenciones de la Isla en las votaciones en la ONU que exigían el cese inmediato de hostilidades en Ucrania y la condena al «intento de anexión ilegal» de territorios ucranianos, el presidente cubano aseguró que «Rusia sabe que podrá seguir contando con Cuba».

Sobre la deuda, Díaz-Canel dijo durante una reunión con la presidenta del Senado, Valentina Matviyenko, que se respetarían las obligaciones financieras «en cuanto la situación económica se alivie un poco y eso sea posible». Es importante recordar que en 2014 el Parlamento ruso ratificó un acuerdo por el cual se condonó el 90% de los 35.000 millones de dólares que Cuba debía a la Unión Soviética, y en febrero pasado el mismo órgano realizó la última reestructuración de los adeudos.

Respecto a resultados concretos de la visita, no trascendió demasiado de las más de dos horas que estuvieron reunidos los presidentes. El ministro Malmierca, a su arribo a Turquía, señaló que, entre otros temas, se había llegado a acuerdos en la modernización de Antillana de Acero, inversiones en el yacimiento petrolero de Boca de Jaruco, rehabilitación de la Planta Mecánica de Santa Clara, y puesta en funcionamiento de un centro de diagnóstico y mantenimiento de equipos Kamaz en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel.

Lo curioso es que, del mismo modo que sucedió con algunos de los temas abordados en Argelia, muchos de esos proyectos no son nuevos. Por ejemplo, la inversión en la Antillana de Acero, inicialmente de 165 millones de dólares a ejecutar en dos partes, data de 2018; las de Boca de Jaruco y la Planta Mecánica de Santa Clara ya habían sido presentadas en la pasada Feria Internacional de La Habana, y el establecimiento de centros de la productora de camiones Kamaz en la ZEDM, es un hecho desde 2019.

Esta parte de la gira no fue calificada por Díaz-Canel, aunque afirmó sentirse feliz por lo logrado. También la despedida presidencial en Twitter fue bastante menos efusiva que la dedicada a su estancia anterior: «Hasta luego, querida #Rusia. Jamás olvidaremos tu mano extendida cada vez que la necesitamos. Ni estas breves pero intensas jornadas en #Moscú. Gracias».

Tercera parada: Turquía (22 – 24 / 26 de noviembre)

En contraste con el frío eslavo, la visita a la nación del Bósforo parece haber sido mucho más satisfactoria. Pese a que solo se hicieron públicas cuestiones generales, se conocen los acuerdos logrados con el gobierno turco, aunque no lo conversado en el encuentro con empresarios organizado por la Junta de Relaciones Económicas Exteriores (DEIK), organismo especializado en diplomacia empresarial que agrupa al sector privado.

Según Recep Tayyip Erdo?an —que desde 2003 detenta el poder, inicialmente como Primer Ministro (2003-2014) y luego como Presidente—, Cuba es de sus principales socios en la región de América Latina y el Caribe. Por ello, uno de los acuerdos fue aumentar el volumen del comercio bilateral a 200 millones de dólares anuales, en consonancia con la política exterior que ha incrementado el comercio entre Turquía y LATAM de mil millones de dólares en 2002, a 15 mil millones en 2021, señaló el periódico turco Daily Sabah.

De los intercambios con el sonriente mandatario otomano, resultaron seis documentos. Las áreas identificadas de mayor interés mutuo fueron: biotecnología, energías renovables, turismo y agricultura. Si bien del encuentro con empresarios no ha trascendido demasiado, se sabe que estaban representantes de Karadeniz Holding AS, propietaria de treinta y seis buques de generación eléctrica, siete de los cuales se encuentran en Cuba.

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El Presidente cubano con Recep Tayyip Erdogan, mandatario turco. (Foto: Twitter/ @DiazCanelB)

Curiosamente, muchos de los quince destinos donde opera la referida compañía son algunas de las naciones más pobres del mundo: Gambia, Ghana, Guinea Bissau, Mozambique, Senegal, Costa de Marfil o Sierra Leona.

No fue mencionada durante la visita la Global Ports Holding (GPH), mayor compañía del mundo operadora de puertos para cruceros, que en 2018 firmó un acuerdo que le permite gestionar durante tres lustros la terminal habanera.

Esperemos que la ejecución de lo pactado en este acto de amor turco no sea como las novelas de ese país que trae el Paquete semanal y que han invadido el consumo cultural de muchas casas cubanas: vitrinas hermosas e infinitas de contenidos vacíos.

China (24 – 25 de noviembre)

Muy destacable resulta que la parada más corta de la gira presidencial haya sido justamente en el país considerado segundo socio comercial de Cuba en los últimos quince años. Ankara y Pekín están separadas por 6 833 kilómetros, por lo que el Airbus 340-600 que trasladó la comitiva, tardaría alrededor de ocho horas en cubrir el trayecto, para una estancia que se aproximó a las veinticuatro horas.

En su encuentro con el mandatario chino, Díaz-Canel reconoció que se había incumplido con el pago de la deuda a causa de la situación económico-financiera del país, sobre todo a partir del año 2019. Igualmente, señaló que, aunque ha habido comunicaciones, «no es lo mismo cuando uno puede hablar, cuando uno puede explicar».

Frente a estas declaraciones es importante recordar que, en mayo de 2021, el ICBC Standard Bank Plc, con sede en Londres, presentó una demanda ante los tribunales contra el Banco Nacional de Cuba y el Gobierno de la República de Cuba, por aproximadamente 224.8 millones de dólares, que incluye unos intereses de mora que ascienden a 1.120 millones. El demandante es, nada más y nada menos, que la filial londinense del estatal Banco Industrial y Comercial de China, el mayor del país oriental.

Con una suma tan considerable de dinero y una demanda de por medio, es presumible que las sentimentales justificaciones del presidente cubano fueron recibidas con atención y agradecimiento por el pragmático dirigente chino.

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Xi Jinping y MIguel Díaz-Canel posan para las fotos junto a sus esposas. (Foto: Infobae)

Las conversaciones dieron como resultado la firma de doce documentos, entre los que resaltan los relacionados con intercambio comercial y ciberseguridad, tema este último identificado como prioridad para Cuba  debido al mentado contexto de guerra no convencional. Incluye también, entre otros elementos, donativos de cien millones de dólares, alimentos e insumos médicos, así como uniformes escolares y utensilios de cocina.

Asimismo, según el ministro de Economía y Planificación, se planteó la reapertura de viejas inversiones detenidas: la de 34 millones de dólares del dique flotante que llegó a Cuba en octubre de 2019; la reconversión de la prensa, iniciada a mediados de 2018 y que se previó duraría solo un año; y el parque eólico de Herradura, al norte de Las Tunas, cuyas obras comenzaron a principio de 2018; entre otras.

Respecto a estos acuerdos, el presidente cubano alertó: «tiene que cumplirse bien el compromiso nuestro, de cómo hacemos bien las cosas, de cómo aprovechamos las oportunidades, cómo somos eficientes, cómo no malgastamos los recursos…». Si esas son las condiciones, dadas nuestras prácticas, malos son los augurios.

Regreso a casa

Para reforzar el simbolismo en torno al viaje del Jefe de Estado, su retorno coincidió con la celebración de elecciones para delegados a las asambleas municipales del Poder Popular. El resultado de los comicios evidenciaría una paradoja: el gobierno cubano intenta relanzar sus vínculos con el mundo, al tiempo que desoye y descalifica las demandas de una parte cada vez más creciente de su ciudadanía. Como un David suplicante se muestra al exterior, en tanto se comporta cual Goliat con sus connacionales.

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(Gráficos: Proyecto Inventario)

Pese a la fe monacal de los medios estatales y seguidores acríticos del gobierno en la concreción de los acuerdos; el hecho de que la mayor parte de ellos se reduzca a la reactivación de viejas inversiones detenidas o a postergaciones de los pagos de la deuda eterna que aparentemente tenemos con tantos, hacen que prevalezca en muchos la incredulidad o la indiferencia.

«Por sus frutos los conoceréis», dice Jesús en el Evangelio de Mateo. Siguiendo esa lógica, entre los permanentes errores internos, los efectos del bloqueo, las medidas de Trump y las consecuencias de la pandemia de Covid-19, parece que nuestro árbol es artificial, porque en él solo florecen explicaciones y estrategias desacertadas.

Mientras los viajes, negociaciones, acuerdos y memorandos no se traduzcan en mejoras concretas de la calidad de vida de la gente, la sensación generalizada de zozobra y la necesidad de escapar a cualquier precio del barco que se hunde, permanecerán. Un pueblo no puede vivir en permanente estado de precariedad y resistencia, por muy creativa que la pinten; un país no se desarrolla con donaciones y migajas, por bienintencionadas que estas sean.

Para una obra de justa reparación histórica

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Monumento a José Miguel Gómez, en el Vedado habanero

Las obras para la realización del monumento a José Miguel Gómez fueron inauguradas el 18 de mayo de 1936 por su hijo Miguel Mariano Gómez dos días antes de su mandato presidencial, con fondos recaudados a través de una suscripción popular per cápita de 18 ctvs., de acuerdo a la magnitud de la población habanera de la época.

De igual forma, varios diarios antirracistas denunciaron la perpetuación escultórica a la memoria de una figura contradictoria en la historia nacional, pues ordenó la masacre del Partido Independiente de Color en 1912, una organización que contaba con importante presencia de antiguos combatientes independentistas. La responsabilidad del general-presidente en estos hechos, es análoga a la de otros militares que desempeñaron un papel activo en la aniquilación, como fueron José de Jesús Monteagudo, Arsenio Ortiz y José Francisco Martí Zayas-Bazán, quienes, tras la masacre, resultaron eximidos de toda responsabilidad judicial.

La derrota sobre los independientes de color fue celebrada en la capital con un banquete público en el que participaron importantes figuras de la burguesía cubana, con el consentimiento de la vanguardia negra, cuyos exponentes se desligaron de toda responsabilidad con el alzamiento. Es necesario apuntar que en ello influyó la narrativa de los medios de comunicación, que sembraron la matriz de opinión en torno a los alzados como sujetos «vulgares», «racistas», «apátridas», «anexionistas» y «salvajes», que constituían un peligro para «la democracia y la civilización» (moderna/occidental).

Esa injusta clasificación fue validada por representantes de la elite afrocubana, la cual asumió un paradigma liberal como referente en el orden social, que mantenía en condiciones de exclusión política, relegación y marginación económica a la mayoría de la población afrodescendiente.

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En consecuencia, las personas negras debieron enfrentar los desafíos de la segregación racial en establecimientos públicos, plazas, parques, playas y empleos institucionales o comerciales durante el período considerado por algunos historiadores como «primera república». Esta etapa se caracterizó por su carácter oligárquico y caudillista en el ejercicio del poder contra los sectores desposeídos, aunque las demandas de estos últimos, en gran medida, serían acogidas en el marco de ampliación democrática posterior al proceso revolucionario de los años treinta, aun sin que se materializaran plenamente.

Con el triunfo revolucionario, en enero de 1959, se avizoraba un futuro promisorio para los sectores humildes, excluidos entre 1902-1958 del proyecto político de la burguesía local en alianza con el capital extranjero. Si bien dichos estratos habían sido protagonistas en la consagración transformadora, y se convirtieron en centro de la retórica reivindicativa del liderazgo ascendente, gran parte de sus demandas, derechos políticos, autonomía grupal y reivindicación económica quedarían nuevamente relegados bajo la autoridad del aparato gubernamental.

Durante décadas, en la narrativa del discurso político y los distintos niveles de enseñanza, predominó la percepción de que el pasado republicano fue una etapa imbuida de los más denigrantes valores sociales, alimentados bajo un manto de calificativos que imposibilitaban la realización de un análisis objetivo, estructural y sistémico de dicho proceso.

En el apuntalamiento de tales imaginarios, en marcos académicos se difundió una serie de etiquetas para distinguir a esa etapa: pseudorrepública, república mediatizada, república entreguista, entre otros cuyo empleo se encuentra en desuso por los cientistas sociales, pues su intención era exaltar al proceso revolucionario y denigrar el pasado político, restando así objetividad al análisis histórico.

Ese conjunto de calificaciones motivó a nivel inconsciente un imaginario negativo sobre la totalidad del período poscolonial, sin un balance analítico en los medios de comunicación que problematizaran en torno a la referida etapa y sus principales protagonistas en su justa magnitud. Dicha práctica ha estado acompañada por el silencio respecto a hechos de trascendencia para los sectores marginados en los distintos proyectos de liberación nacional. Igual suerte han tenido numerosos políticos del pasado republicano, debido a razones asociadas con la corrupción, el tráfico de influencias, la profundización del subdesarrollo y la dependencia político-económica de la Isla hacia los Estados Unidos.

La restauración de los símbolos republicanos vs la pobreza de los sectores populares en la Cuba posrevolucionaria

El 10 de septiembre de 2022, sin embargo, fue reinaugurado en La Habana el monumento al general José Miguel Gómez, emplazado en la avenida de los presidentes, en la barriada capitalina del Vedado. Esta obra arquitectónica, deslumbrante debido a su esbeltez y belleza estética, había sido recolocada en dicho espacio urbanístico a finales de la década del noventa por la Oficina del Historiador de la Ciudad, encabezada por Eusebio Leal Spengler.

Tal decisión se produjo en un contexto en que se invertían cuantiosas sumas como parte de la preservación y rescate del patrimonio. Una de las disposiciones en ese sentido fue devolver a su lugar de origen la efigie del líder villareño, derribada por la población ante la vorágine que significara la victoria de 1959.

En aquel momento, las estatuas de otros presidentes, como Tomás Estrada Palma y Alfredo Zayas Alfonso, resultaron igualmente demolidas por la euforia de las masas, que las identificaba cual símbolos de un pasado lamentable por lo que representaban en materia de relegación social y económica. Sin embargo, las de los otros mandatarios no gozaron de igual suerte en los recientes planes de conservación estipulados por las autoridades encargadas de resguardar la memoria.

Han sido numerosos los activistas, académicos, artistas e intelectuales negros/as que han discutido sobre la procedencia de suprimir las manifestaciones simbólicas del racismo y el pasado colonial. La legitimidad de ese acto se sustenta en las acciones llevadas a cabo en otros países contra aquellos dispositivos que actúan como reflejos en las masas de la neocolonización, la dominación imperial o cultural hacia determinados grupos sociales relegados.

No obstante, en Cuba persiste la invisibilización mediática en torno al predominio del racismo estructural, el sostenimiento de una parte importante de la población negra en condiciones de pobreza, la carencia de un marco legal adecuado para el asociacionismo afrodescendiente, la supremacía económica de personas blancas en las principales actividades lucrativas, las barreras socioculturales para la extensión de valores que refuercen los rasgos de identidad ancestrales, así como la marginación, en las páginas de la historia, de líderes y lideresas negros/as de proyección antirracista. Ese conjunto de factores, entre otros que podrían enunciarse, atentan contra el despliegue de condiciones que proyecten el imaginario de una sociedad posracial.

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Momento de la inauguración del Monumento a José Miguel Gómez., 1936.

Todo ello posibilita que los patrones discriminatorios se reproduzcan a nivel social, al tiempo que esos postulados resultan de difícil identificación por quienes padecen sus efectos, que es además un sector con déficits en materia de instrucción y consiguientes dificultades para el acceso a la educación superior debido a razones socioeconómicas e históricas, según han certificado investigaciones de especialistas como Mayra Espina, María del Carmen Zabala, Yulexis Almeida Junco y Rosa Campoalegre.

La violencia epistémica que las clases dominantes han ejercido contra las comunidades negras en la represión de su identidad, apropiación cultural y/o marginación de saberes, explican por qué los aparatos simbólicos de opresión pasen inadvertidos ante sus problemáticas cotidianas. En este contexto, caracterizado por una profundización de la crisis económico-social, son escandalosas las millonarias inversiones hacia la industria hotelera, el embellecimiento de la monumentalidad patrimonial o la restauración de emblemas coloniales.

Ellas contrastan con la ausencia de políticas públicas dirigidas a dignificar espacios habitacionales empobrecidos —en los que existe presencia notable de personas negras—, así como con la falta de voluntad para el desembolso de sumas encaminadas a materializar formas de gestión empresarial que tengan por propósito la generación de riquezas de forma colectiva y sustentable, en medio de un escenario de inseguridad alimentaria y aumento de la vulnerabilidad económica.

La restauración de numerosos símbolos republicanos —el monumento a José Miguel Gómez, el Capitolio Nacional, el Palacio Presidencial—, así como la realización de megaproyectos constructivos con fines de explotación turística, como 23 y K, 1ra y 70, Packard, Paseo del Prado y Manzana de Gómez, por solo citar algunos; resultan contradictorios ante los escasos recursos destinados a potenciar espacios urbanísticos precarizados, en los que existe sobrerrepresentación de personas negras. Dicha práctica política reproduce el esquema de acumulación de las élites y oligarquías tradicionales, en detrimento de un modelo económico socializador del bienestar, el poder y la equidad como paradigmas de justicia social.

De igual forma, resulta evidente la postergación de ámbitos dedicados a reivindicar la memoria de los afrodescendientes que participaron en las gestas emancipatorias, cuya narrativa se maneja en los tópicos del nacionalismo, pero sin incluir sus pronunciamientos y/o actitudes frente al racismo de la época. En idéntico estatus se encuentra la población afrocubana que desempeñó un papel relevante en la lucha por el abolicionismo y contra el racismo sistémico, como fueron las víctimas de la esclavitud, la Conspiración de Aponte (1812), la Conspiración de la Escalera (1844) o los miembros del Partido Independiente de Color (1912).

En cambio, figuras que se distinguieron por sus prácticas excluyentes contra la población negra poseen múltiples sitios dedicados a la exaltación de su legado, como son los casos del ex presidente José Miguel Gómez, o el senador Martín Morúa Delgado, cuya enmienda sirvió de instrumento jurídico para ilegalizar al PIC y como herramienta de la clase política dominante para respaldar la masacre. De igual forma Alejandro Rodríguez, primer alcalde de La Habana, cuenta con un imponente monumento en la intersección de las avenidas Línea y Paseo. El referido político tomó partido de forma directa en los acontecimientos que provocaron la muerte del general Quintín Bandera durante el alzamiento de 1906 ante el intento de reelección fraudulenta de Tomás Estrada Palma, hechos bautizados como guerrita de agosto.

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General Quintín Bandera

La memoria de los abolicionistas, esclavizados, independientes de color y pensadores antirracistas, ha quedado relegada debido a la persistencia de un esquema colonial. El mismo ha sido trazado por los escritores de la historiografía hegemónica, así como por las autoridades políticas e institucionales que asignan grandes sumas a la inversión hotelera y la restauración de monumentos de ese tipo, mientras se agudiza la precariedad de las clases populares y se invisibiliza la memoria de las/os afrocubanas/os, que padecen, al decir de Gustavo Urrutia, las consecuencias del «plusdolor» como resultado del fenómeno racial que atraviesa su existencia.

Desde 1961 el intelectual marxista Walterio Carbonell, en su libro Crítica: cómo surgió la cultura nacional, dedicado a Fidel Castro, alertaba sobre los peligros de reproducir en la concepción del poder los esquemas de una visión libresca y aristocrática de la cultura que se extendiera hacia todos los sectores de la sociedad, como resultado de un legado de pensamiento elitista procedente de la república, cuya funcionalidad podría permanecer enquistada en el grupo de jóvenes revolucionarios al frente del país. La tesis de Carbonell apuntaba a que si bien el territorio nacional se transformaba en lo político, tales cambios debían destacarse por su integridad y entender a los subalternos como protagonistas de la praxis libertaria, en lugar de responder ante sus demandas como meros objetos instrumentales.

La preservación de la memoria cultural negra en los distintos niveles educativos, su reconocimiento en hechos históricos fundamentales desde los orígenes de la nación, y la perpetuación escultórica de sus aportes dentro de la monumentalidad nacional; constituyen deudas pendientes con dicho grupo social, a la espera por una obra de reparación histórica reivindicativa de la igualdad y la justicia.

De igual forma, persiste la opacidad sobre los avances concretos del denominado Programa nacional contra el racismo y la discriminación racial, encabezado por el propio presidente Miguel Díaz-Canel. Entre tanto, se divulgan estrategias populistas de reanimación barrial de marcado carácter epidérmico, pues no responden a las necesidades básicas de la población residente ante la agudización de la crisis socioeconómica, la inseguridad alimentaria, el deterioro del déficit habitacional, la dolarización de la economía y la caída en los rendimientos productivos. Ello se debe a la persistencia de un esquema de acumulación rentista/importador, amparado en la exportación de servicios médicos, la inversión extranjera, la recepción de divisas por vía remesas y la explotación turística.

La promoción del emprendimiento privado ha sido otra de las posibles vías de solución fomentadas por la dirigencia para paliar la crisis. Esta estrategia, sin embargo, no favorece a los afrodescendientes, que por lo general carecen de capital y, por razones culturales, pasan a ocupar los peores espacios de remuneración salarial en un sector enteramente desregulado en materia de derechos laborales.

De igual forma, es notoria la ausencia de acciones afirmativas y políticas públicas desde el Estado que se enfoquen en redimir los entornos más afectados por la crisis sistémica/estructural. Esto agudiza la problemática, mientras persiste un escenario de ineficiencia generalizada, malestar social y escaso crecimiento económico con patrones de equidad.

Intercambio cultural entre Cuba y EE.UU.: libertad vs. censura

Intercambio cultural
(Foto: CNN)

El diferendo entre EE.UU. y Cuba ha tenido implicaciones en la forma en que los artistas e intelectuales de ambas naciones se han relacionado con sus públicos. Dicho vínculo, a lo largo de más de sesenta años, ha atravesado momentos de rupturas y relajamientos, ciclos en los que median factores como la evolución de la política cultural cubana y el clima político en la Florida.

El intercambio cultural entre Cuba y Estados Unidos nunca ha dejado de existir completamente y prueba de ello son las celebridades residentes en norteamérica como Rita Coolidge, Kris Kristofferson, Gladys Knight, Billy Joel, (1979), Mohamed Alí (1996), Robert Rauschenberg (1988), Arthur Miller (2000), entre otros, que pese a las hostilidades han visitado la nación caribeña.

Sin embargo, el presente trabajo se centra en los períodos comprendidos por las administraciones de los presidentes Barack Obama, Donald Trump y Joseph Biden (2009-2022), por el abrupto contraste en el flujo bidireccional de artistas residentes en ambas orillas, que se registra en esa etapa.

Distensiones en la época Obama

Las condiciones de distensión logradas entre los gobiernos de Raúl Castro y Barack Obama fueron el caldo de cultivo perfecto para una mejora en el intercambio cultural entre Cuba y EE.UU. El propio mandatario de la Casa Blanca declaró en 2016 que el intercambio cultural y económico era una medida positiva para el desarrollo del pueblo cubano. Desde antes de que fueran  visibles las negociaciones, ambos Estados habían facilitado un incipiente intercambio en 2010, que sentaría las bases de una apertura mayor.

El intercambio cultural, asimismo, ha sido un catalizador tanto de las relaciones entre las diversas comunidades cubanas dentro y fuera del territorio nacional, como de una apertura en materia ideológica en la Isla. Ejemplo de ello fue el Concierto Paz sin Fronteras en 2009, cuando artistas nacionales residentes en el exterior regresaron a su tierra después de mucho tiempo y reconocidos cantantes del continente, como Juanes y Olga Tañón, se presentaron por primera vez en La Habana.  

La época de Obama implicó un boom de artistas norteamericanos o establecidos allí que viajaron a la nación caribeña, en calidad de visitantes o a brindar su arte, lo cual ayudó a romper la sensación de aislamiento internacional que prevalecía sobre Cuba. El concierto  no estuvo exento de padecer el extremismo del sur de la Florida, pues los participantes  sufrieron fuertes críticas que afectaron su vínculo con el lucrativo mercado de Miami.

Durante ese período, celebridades como Beyonce, Rihanna o Katy Perry visitaron La Habana, y se filmaron en la ciudad escenas de la película Fast And Furious VIII. Estas acciones, además de la consabida oposición del llamado “exilio histórico”, avivaron debates en una zona de la intelectualidad cubana que interpretó como excesiva permisividad la forma en que se acogieron en el panorama citadino expresiones de la “industria cultural de masas”.

Un momento cumbre de intercambio cultural fue el concierto de The Rolling Stones (septiembre de 2016), al que asistieron cerca de 400 mil personas, según cifras de la BBC. Se trató de un acontecimiento histórico, no solo por la fama de la banda británica, sino por haber estado parcialmente prohibida junto a muchas otras agrupaciones angloparlantes y de música rock, considerada una desviación ideológica durante los años 60 y 70 .

Por otro lado, se evidenció un cambio en la política cultural y de medios de la Isla, que en muchas ocasiones condenó al ostracismo mediático hacia  figuras públicas que decidieron emigrar. Durante la época de Obama, cuando artistas como Isaac Delgado, Descemer Bueno o Reynaldo Miravalles regresaron temporalmente o visitaron su patria, los medios de comunicación estatales se encargaron de visibilizar ampliamente su trabajo y exaltar su disposición de brindar su arte a los residentes en suelo cubano.

Pero el intercambio no solo fue de un lado. Haila, Buena Fe, Frank Delgado, la Charanga Habanera, Alexander Abreu, Ivette Cepeda, Gente de Zona, Osvaldo Doimeadiós, Robertico, entre otros, viajaban de una orilla a otra, presentándose principalmente ante el público cubano de la Florida, sin que ello implicara la necesidad de establecerse en territorio norteamericano. Si bien estas actuaciones fueron criticadas por una zona del exilio y hubo varias cancelaciones, las que lograron el éxito son suficientes como para afirmar que fue el período en el cual más cubanos que vivían en la Isla pudieron presentarse ante sus compatriotas a 90 millas.

El documental EX Change (2017), dirigido por Juan Carlos Travieso, refleja el clima de entonces y la diversidad de criterios de artistas, activistas políticos e intelectuales cubanos respecto al intercambio cultural. Se destacan tres posturas: quienes defendían el intercambio sin límites, los que  apostaban por revisar la conveniencia de cada caso y aquellos que apoyaban la permisión de que artistas partidarios del gobierno cubano visitaran Miami, solo si su Estado admitía lo mismo con sus críticos en la otra parte. El material audiovisual también avizoraba una posible ola extremista bajo la nueva administración republicana, que en efecto ocurrió.

Trump y la vuelta a la Guerra Fría

El gobierno de Donald Trump representó un regreso a las hostilidades. Durante su mandato, el intercambio cultural se ralentizó y experimentó una fuerte politización. Varios artistas fueron presionados para adoptar posturas extremistas, proceso en el cual el influencer Alexander Otaola desempeñó un papel clave, a pesar de que él mismo visitó su país durante el “deshielo”.

Un ejemplo de cómo los criterios políticos primaron por encima de los artísticos fue lo sucedido con el grupo Gente de Zona, que por varios años se presentó  en escenarios de Cuba y EE.UU., sin que representara un problema. Durante un concierto celebrado en junio de 2018 en la Ciudad Deportiva (La Habana) junto a la cantante italiana Laura Paucini, enviaron un saludo al mandatario cubano Miguel Diaz-Canel Bermúdez, tras lo cual  recibieron amenazas de parte de sectores opositores extremistas que escalaron hasta la cancelación de un concierto a finales de 2019 en Miami. Días después, el integrante del dúo musical, Randy Malcom, emitió una disculpa a todos los cubanos y a partir de entonces transformaron su discurso en una oposición abierta al gobierno. 

También durante la administración Trump, la Casa Blanca prohibió en 2019 el uso de presupuesto federal para el intercambio cultural con Cuba, y limitó los viajes de ciudadanos y residentes norteamericanos a la Isla, que solo podrían viajar por motivos familiares. Celebrado como un logro por los sectores “anti engagement”, sirvió como base legal para campañas contra los artistas residentes en la Isla que pretendían presentarse en EE.UU. y contra celebridades que viajaron o desearan visitar Cuba.

Como parte de esta campaña, el alcalde Francis X. Suarez y otros políticos de la Florida aprobaron la resolución R-19-0236, en la que se solicitaba al Congreso la prohibición total del intercambio cultural con Cuba, así como de  la contratación de artistas relacionados con el gobierno de La Habana. Un análisis sobre el documento, publicado en el portal OnCuba, lo calificó de “inconstitucional”, pues  la política de ingreso al país es prerrogativa federal y un gobierno local no puede prohibirle a un empresario privado la contratación de un artista. Sin embargo, hasta el momento no se han tenido noticias del éxito de dicha propuesta.

Gobierno de Biden y situación actual

Con la llegada a la presidencia del demócrata Joseph Biden, si bien no han prosperado nuevas restricciones gubernamentales al intercambio cultural, tampoco han cesado los intentos  de frustrar cualquier actuación en la Isla de artistas internacionales o cubanos residentes en el exterior, unido a la presión a personajes públicos cubanos que visiten EE.UU. para que manifiesten un posicionamiento abiertamente opositor al gobierno de su país.

Ejemplos claros fueron las campañas previas al Festival San Remo Music Award en Cuba (2021), tras las cuales artistas, que habían expresado su interés en participar, decidieron retirarse. La principal justificación en este caso fue la presencia de Lis Cuesta, esposa del mandatario cubano, en el comité organizador.

En el presente año han existido casos en los que los intentos de cancelación no han logrado limitar el intercambio cultural. Entre estos puede citarse la presentación en la ciudad de Pembroke Pines (Florida) de las agrupaciones Van Van y Havana D’ Primera, a pesar del publicitado repudio de líderes políticos del exilio como Alexander Otaola y Ana Olema, sobre todo, a causa de criterios emitidos por el músico Alexander Abreu a favor de Fidel Castro.

Por el otro lado, el cantautor cubano Carlos Varela, residente en la nación norteña y con canciones críticas al gobierno de la Isla, pudo presentarse en el coliseo de la Ciudad Deportiva en La Habana durante el Festival Havana Word Music, aunque los gritos de «libertad» del público presente le valieran ataques como el realizado por el joven periodista Pedro Jorge Velázquez —y reproducido en un medio estatal— en el  cual lo llamó abiertamente cobarde por no oponerse a la política norteamericana hacia Cuba durante sus conciertos en Miami.

Igualmente celebrable fue  la reciente proyección —sin visibles impedimentos— de la polémica película independiente Corazón azul, del realizador cubano Miguel Coyula, en el espacio Cine Bajo las Estrellas de la Embajada de Noruega en Cuba, una obra surgida cuando su director residía en Estados Unidos y con escenas filmadas en ambos países.

Intercambio cultural

Libertad artística, censura y polarización

La censura del gobierno cubano a los artistas con posturas críticas ha sido ampliamente tratada por la prensa no estatal en la Isla y los medios internacionales. Esa política ha limitado al pueblo cubano, en distintos momentos de la historia posterior a 1959, el disfrute de la creación de figuras como Bebo Valdés, Ernesto Lecuona, Celia Cruz, Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Severo Sarduy y muchos otros que emigraron por contradicciones con el rumbo que tomaba el país. Algunos han sido reivindicados y otros se mantienen en un olvido parcial o total.

Mas los emigrados no han sido los únicos en sufrir la mano de la censura. Solamente en los últimos meses han ocurrido  denuncias de músicos como Emilio Frías (el Niño) por cancelaciones de conciertos y obstáculos para aparecer en medios estatales. Asimismo, fue notable la hostilidad hacia los intentos de presentación de la antología La peor generación en espacios estatales o independientes, que terminó impidiendo su realización. Por su parte, el cineasta Carlos Lechuga hace unos días denunció la retirada de su película Vicenta B de la muestra en concurso del Festival de Cine de La Habana por razones que trascienden el hecho artístico.

Este historial, condenable por cualquiera que defienda el derecho a consumir una propuesta más allá de la posición política de su creador, es frecuentemente utilizado por una zona del exilio para justificar la censura en el sur de la Florida. Tales actitudes, lejos de propiciar un clima de libre creación en la Isla, aumentan la polarización que sirve de pretexto a los extremistas para seguir censurando. Cada vez que se responde a un acto de censura con otro, solo se consigue alejar a obras y creadores de su público natural: los cubanos, donde quiera que estén.

Entre códigos y ciudadanía

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Códigos
(Imagen: cvclavoz)

No por previsibles, menos descorazonadoras fueron las declaraciones de tirios y troyanos al concluir el proceso que llevó a la aprobación del código familiar sometido a referendo.

Por una parte, el acostumbrado discurso triunfalista oficial proclamó el resultado como muestra de apoyo popular a la gestión gubernamental. Se vislumbraba un aluvión de mensajes llamados a convencernos de ello, pero el ciclón Ian, con sus destrozos y las imprescindibles tareas de recuperación, impidió que esas aguas nos inundaran.

Por su parte, los más acérrimos opositores públicos al código (ciertos grupos religiosos ultrarradicales) publicaron un comunicado donde se proclamaron victoriosos contra el código; para demostrarlo establecieron una relación de igualdad entre abstenerse, votar en blanco o anular la boleta y oponerse al código. Así, lo que en otros países se considera formas de castigo a la gestión gubernamental dejó de serlo para convertirse en rechazo al código. Con tal de atribuirse un triunfo, se erigieron (¿consciente o inconscientemente?) en defensores de un gobierno que supuestamente impugnan.

Y a quienes estuvimos por la aprobación del código, sin importar signo ideológico, los ultrarradicales nos advirtieron en un comunicado que «lo mejor está por llegar». Por si no entendimos el mensaje, nos recuerdan: «¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Hebreos 10:31».

El juego del gana-pierde

Unos y otros saben que la aprobación del código no significó, ni de lejos, apoyo a la gestión gubernamental. De hecho, muchos opositores se decantaron a favor de él. Denunciaron el proceso como un intento de presentarlo a la opinión extranjera como ejemplo de vocación democrática, pero entendieron que la derrota del código afectaría los derechos de muchos ciudadanos. Pusieron a un lado las discrepancias políticas y se alinearon en favor de los discriminados. Actuaron como ciudadanos.

(También es un hecho que, entre quienes apoyan al gobierno, por convicción o conveniencia, algunos estaban en contra del código, aunque callaran en público para no aparecer como opositores).

El código, a fin de cuentas, es un acto de justicia hacia ciertos grupos de la sociedad, y ni siquiera se debió llevar a votación popular, como muchos afirmamos públicamente.

El proceso de discusión popular (pasemos por alto el derroche de recursos financieros y logísticos que significó, en el peor momento posible para la economía) era una buena oportunidad de mostrar al país como avanzado en materia legal y democrática ante el resto de las naciones, y se aprovechó. En los discursos ante organismos internacionales, y en la propaganda nacional, los funcionarios gubernamentales se encargaron de reafirmarlo, no descubro nada al mencionarlo.

Como he comentado antes, la aprobación del código era un tanto a favor de quien lo promovió. Si se rechazaba, la oposición se mostraba como antidemocrática, y el pueblo como no preparado para la democracia. El triunfo quedaba asegurado.

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Los más furibundos opositores al gobierno, los que se niegan incluso a reconocerlo como interlocutor en cualquier opción de democratización futura, se lanzaron, sin embargo, a un juego cuyo resultado, cualquiera que fuera, se revertiría en un triunfo para ese mismo gobierno que rechazan.

¿Tenían opción? Siempre la hay. Opositores más inteligentes la encontraron: Oponerse al gobierno, no a más derechos para más personas. Mostrar apoyo crítico al código. Aprovechar el espacio democrático, por estrecho que fuera, como palestra desde donde reclamar otros derechos o criticar determinadas realidades. Esto es: Actuar como ciudadanos.

Ciertamente, no todos entraron de forma irreflexiva al juego; algunos vieron en él la oportunidad de consolidarse como fuerza política influyente en el país: Son los enemigos no solo del matrimonio igualitario, sino también de la educación sexual, del aborto, del divorcio, del empoderamiento femenino, de las disidencias sexuales: los defensores a ultranza del patriarcado.

Con el proceso de discusión de la Constitución, los grupos religiosos opuestos de manera más radical al artículo 68 jugaron su propio juego, vencieron, y se alistaron para empeños mayores. Finalizado ese proceso, eliminado el artículo de la Constitución, crearon su propia estructura, anunciaron que seguirían su propio camino, y reclamaron el reconocimiento de las autoridades, aduciendo que la institución ecuménica reconocida por el Estado como interlocutora no los representaba.

La discusión del código familiar les facilitó la coyuntura esperada. Aprovechando la oportunidad proporcionada por el intento de desviar la atención de modo que el penal pasara inadvertido, se sumaron a ello y mostraron estar listos para empeños mayores. No pasará mucho tiempo antes de que comencemos a ver las campañas contra la educación sexual y el aborto…, y las que seguirán.

Quienes se sirvieron de esos grupos no deberían ignorarlo: El paso final es la disputa del poder. Ya se lo han arrebatado a los sectores religiosos más consecuentes con la verdadera doctrina, la del amor a los semejantes, y no se detendrán. En varios países lo han logrado; el nuestro puede ser uno de los siguientes.

La nación cubana, cristiana en su formación, pero nacida laica como república, puede llegar a convertirse en una teocracia, abierta o solapada, si esos grupos continúan fortaleciéndose. Las condiciones de miseria material en que vive una parte importante de la población es el mejor caldo de cultivo para ello.

Quien piense que esto es exageración, pregúntese cuándo se vio en nuestro país cultos religiosos con guardias de seguridad. Al menos un video en redes sociales los mostró en pleno funcionamiento, con vestuario identificativo incluido.

Ciudadanía en Cuba: ¿un camino vedado?

Los cubanos no tenemos idea del verdadero concepto de ciudadanía; al menos, no lo conocemos en la práctica. Es algo que se aprende haciendo, y nosotros nunca llegamos a aprenderlo del todo. Un golpe militar nos arrebató la posibilidad hace unos setenta años, cuando estaba en proceso de formación, y nunca retomamos esa vía. La sustituimos por ideologías de diferentes signos, y por ellas nos guiamos hasta hoy.

En 2004 tuve el honor de traducir el premio Casa de ese año, Ciudadanía en Brasil. El largo camino, de José Murilo de Carvalho. Confieso que me asusté al leer la introducción: ¡Aquel historiador estaba hablándome de Cuba! Casi nada de lo que para él era ciudadanía lo veía yo en mi país. «¿Qué somos?», me preguntaba mientras leía.

Desde entonces, no ha habido momento en que no me haga la pregunta. Pero ninguna de las respuestas posibles es tranquilizante.

La discusión del proyecto de Constitución primero, y del código familiar después, son la más reciente afirmación de que los estamos lejos de ser ciudadanos.

En estos momentos lo somos menos que nunca.

Las extraordinarias carencias de lo más elemental para la mayoría de la población, que obligan a millones de personas a invertir sus escasas fuerzas y gran parte de su tiempo en la lucha por la supervivencia, han llevado a que el motor que mueve a muchos en su cotidianeidad no sean ideas abstractas como «democracia», «elecciones libres», «representación ciudadana», ni siquiera «derechos» o «libertad de prensa y expresión», sino las muy concretas de cómo hacer para que los niños lleven merienda a la escuela, o cómo garantizar hoy el plato de comida a la familia.

Nuestra «ciudadanía» actual, alguna vez en construcción, se ha transformado en una ciudadanía del consumo. Quiero vivir, quiero comer, quiero vestirme. Quiero consumir alguna vez lo que otros consumen todos los días en razón del parentesco o la posición, en un país de pregonada igualdad.

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(Foto: elTOQUE)

En tales circunstancias, había poco espacio para discernir qué objetivos se perseguían cuando se nos presentaba, con abundante visibilidad y despliegue propagandístico, un código tan moderno que parece hecho para un país nórdico, y a la par se deslizaban otros, entre ellos uno que insiste en mantener al país entre los más atrasados en derecho penal.

Cuando lo importarte es saber si levantándose uno de madrugada puede adquirir un poco de comida para alimentar a los hijos, no interesa cuál es el camino hacia la ciudadanía: Interesa la cola del pollo.

El antecedente constitucional

Con el proceso de discusión del código familiar se asistió a un extraño connubio entre los sectores más recalcitrantes de los dos polos principales de la confrontación política nacional. Uno pretendía hacer una demostración de fuerza; el otro, pasar por debajo del tapete un código que acaso podría llamarse «de la muerte» (como par del otro, llamado «del amor» por sus promotores).

Algunos lo afirmamos desde el principio: El contenido del código familiar nunca fue el principal objetivo de las campañas. Discursos, propaganda, discusiones o movilizaciones a favor o en contra, sumados a las carencias y miserias presentes en la cotidianidad del cubano, sirvieron para ocultar los verdaderos objetivos de unos y otros. Se repitió el experimento social realizado durante el proceso de discusión de la Constitución.

Si el artículo 68 no hubiera aparecido en el proyecto constitucional no hubiera ocurrido nada. Si solo hubiera declarado: «El Estado reconoce y protege a las familias, cualquiera que sea su forma de organización», como expresa la versión final, no hubieran existido las interminables discusiones que la redacción original provocó.

Pero entonces no se hubiera convertido en el gran distractor que fue.

Los grupos homofóbicos, dentro y fuera de las denominaciones religiosas, se lanzaron de inmediato contra el artículo. La atención se concentró en él. Elementos fundamentales para el ejercicio de la ciudadanía (reformas a la Constitución, libertad de prensa, de expresión, de manifestación pacífica, la concepción misma del Estado…) apenas fueron analizados. En las reuniones barriales casi no quedó espacio para algo que no fuera exponer criterios a favor o en contra del artículo 68, convertido en la estrella del momento.

(Cabría preguntarse a quién se le ocurre pensar que en una reunión barrial puede discutirse, con la seriedad y el detenimiento que el tema exige, un anteproyecto de Constitución con más de doscientos artículos, más incisos, y disposiciones especiales, transitorias y finales. La respuesta es obvia: Se le ocurrió a alguien no interesado en esa seriedad y ese detenimiento).

En mi criterio, la «derrota» del artículo 68 estaba pensada desde siempre. De otro modo no tiene explicación que, en un país donde tanto gobierno como opositores consideran hecho extraordinario la aparición de un cartel «disidente» en algún muro, donde la propaganda opositora es tenida como delito, y cualquier movilización contra una medida gubernamental es parada en seco de inmediato, las calles se vieran recorridas por grupos de opositores al artículo 68, en los centros religiosos se pronunciaran discursos en su contra audibles a cuadras de distancia, y en lugares públicos apareciera la consigna «Estoy por el diseño original», con el dibujo correspondiente.

Nadie fue molestado por los agentes del orden mientras realizaba tales labores de proselitismo contra el artículo 68. Si eso no se llama connivencia, no imagino qué otro nombre tendrá.

El artículo 68 no fue un «error táctico», como alguna vez oí afirmar. Cuanto sucedió alrededor de él era esperado. De otro modo no se explica por qué no se permitió la discusión del anteproyecto en espacios más apropiados que una calle, y en horarios que no compitieran con la telenovela de turno o la preparación de los hijos para dormir.

O por qué se impidió que los intelectuales expusieran sus puntos de vista en el seno de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y se acusara de elitistas a quienes insistieron en ello.

No, eso no fue error táctico: Fue una estrategia diseñada para obtener un objetivo preciso, para desviar la atención del contenido principal.

Quienes no estaban interesados en una discusión profunda obtuvieron el resultado esperado: Si bien la Constitución de 2019 es preferible a la de 1976, deja mucho que desear, y contiene elementos contrarios al concepto de Estado de derecho que proclama. En ese resultado fue fundamental el apoyo de los sectores ultraconservadores dentro de las denominaciones religiosas: Un verdadero matrimonio de conveniencia.

Algo similar al proceso constitucional, aunque no exactamente igual, lo vimos después, con la discusión del código familiar.

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El sigiloso andar de un código

En un artículo anterior, afirmaba: «…admitamos en teoría que democracia verdadera es la aplicada con el proyecto de Código de las Familias. Entonces, ¿por qué no vale para el Código Penal?».

Se afirma que los hechos son testarudos. Y los hechos son estos: Mientras la atención de la población andaba distraída en la asfixiante avalancha de propaganda acerca de las bondades del código familiar (la parte de la atención que le dejaba libre la lucha por buscar cómo sustentarse, desde luego), se le daba forma definitiva al proyecto de código penal que aprobaría, en la misma sesión, la Asamblea Nacional.

Según la propaganda oficial, el código penal fue sometido al análisis de jueces y abogados de toda la nación, fue científicamente concebido, y coloca al país en la avanzada jurídica mundial. Pero en ningún momento, ni por asomo, su texto fue hecho circular de mano en mano, ni se promocionó su discusión según el método «más democrático del mundo» aplicado con el código familiar. Mucho menos se llevó a referendo.

La propagada aseguraba que la discusión popular del código familiar contribuía a la educación jurídica de la población. Si eso era así con el «código del amor», ¿por qué no suponer que la discusión del código penal era un modo de educar a la población sobre lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer desde el punto de vista penal? Quién sabe cuántos delitos se podrían evitar con esa educación.

Pero lo que valía para un código no valía para el otro. En una de las contadísimas referencias a él en la televisión, en los últimos segundos de una transmisión dedicada al familiar, el presentador preguntó, bajando la voz, si no era contradictorio que un código se sometiera a consulta popular y el otro no. No había contradicción, fue la respuesta inmediata, pues un código es del amor, y el otro es el que lo respalda. La sonrisa satisfecha del presentador puso fin al programa. Todo estaba ensayado.

El código familiar es mediático, porque contribuye a que la gente conozca sus derechos; el penal no, porque es su respaldo. Usted, que no conoce el contenido, debe imaginar que es tan propio de países avanzados, tipo nórdico, como el familiar.

Pero no es real la supuesta modernidad. Cierto, se ha adecuado en parte a lo que es común en el mundo civilizado, y deja sin efecto elementos como la figura delictiva de «peligrosidad», propiciadora de abusos e injusticias. Pero no va mucho más allá; al contrario, endurece algunas penas y, como muchos hemos señalado, aumenta el número de delitos condenados a pena de muerte, la mayoría de ellos relacionados con la seguridad del Estado.

Unos pocos ejemplos:

Condenar a penas entre seis meses y un año de prisión por promover el abstencionismo, en un país donde no es obligatorio votar, además de absurdo, no tiene nada de moderno, y sí de preocupante, sobre todo porque por «promover» se puede entender cualquier cosa.

Eximir de responsabilidad penal a «quien comete el hecho delictivo al obrar en cumplimiento de un deber o en el ejercicio legítimo de su derecho, profesión, cargo u oficio» (artículo 27.1) no beneficia en nada a la posible víctima, por ejemplo, del disparo de un policía.

Y difícilmente se pueda considerar moderno un texto que alude al «deliberado uso abusivo de los derechos constitucionalmente reconocidos, con fines de subvertir el orden político, económico y social de la nación», otro absurdo que deja a los juzgadores un dilatado margen para la libre interpretación.

La pena de muerte es anticuada, retrógrada, y contraria a los derechos humanos y a los más elevados valores del humanismo. Para el cristianismo, es una violación de los mandamientos de su religión. El papa Francisco se ha pronunciado en ese sentido no hace mucho.

Pero nuestros diputados cristianos la aprobaron, al igual que los ateos.

Estados Unidos, listas unilaterales y libertad religiosa

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Listas
(Foto: Roberto Schmidt/AFP)

El Departamento de Estado de los Estados Unidos publicó una lista de países que toleran o cometen «violaciones especialmente graves de la libertad religiosa». En el listado fueron incluidos quince naciones, entre ellas Cuba, por lo que la Isla puede enfrentar sanciones adicionales.

Según el comunicado, estas designaciones están en consonancia con los valores e intereses de proteger la seguridad nacional de los estadounidenses y promover los derechos humanos en todo el mundo. «Los países que salvaguardan efectivamente este y otros derechos humanos son socios más pacíficos, estables, prósperos y más confiables para Estados Unidos», refiere el documento.  

Asimismo, el texto agrega que continuarán monitoreando cuidadosamente el estado de la libertad de religión o creencia en todos los países del mundo y abogando por aquellos que enfrentan persecución religiosa o discriminación. Sin embargo, ¿cuán legítimos son este tipo de listados elaborados por el gobierno de Washington?

La práctica de crear listas de países incómodos a la Casa Blanca no es nueva. Esta publicación en particular se realiza cada año en virtud de la Ley de Libertad Religiosa Internacional de 1998, una figura legal que forma parte de la política exterior de EE.UU. para abogar por el respeto a la libertad de credos y en defensa de los derechos de personas perseguidas por su religión fuera del territorio estadounidense.

Empero, alertar sobre el terrorismo, la falta de libertades y derechos en algún país o región no debe ser prerrogativa de un único Estado, sino de organismos multilaterales, cuyo fin se traduzca en la búsqueda de consenso internacional, en lugar de ser empleadas como cerco político y económico a terceras naciones.

En ese sentido y como respuesta a la declaración firmada por el Secretario de Estado, Anthony Blinken; el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla afirmó en la red social Twitter: «La designación de nuestro país en listado arbitrario demuestra que, nuevamente, el gobierno de Estados Unidos necesita recurrir a acusaciones deshonestas para mantener insostenible política de abuso contra el pueblo cubano».

Un país como Estados Unidos, donde el 30% de la población se afilia a religiones no cristianas o se asumen a sí mismos como agnósticos y/o ateos (según un estudio del Centro de Investigaciones Pew, publicado en 2014); privilegia, en cambio, la doctrina cristiana sobre el resto de creencias religiosas. Por ejemplo, tanto el presidente como los implicados en procesos legales juran sobre la Biblia, dos hechos simbólicos que dan muestras de la institucionalización de dicha fe, aun cuando constitucionalmente el país se reafirma como un territorio laico.

No obstante, también cabría analizar las razones por las cuales la Isla pasó a integrar dicha lista, dado que no se pueden desconocer las tensiones que históricamente han caracterizado las relaciones después de 1959 entre el gobierno cubano y grupos religiosos o fraternales, especialmente la Iglesia Católica.

Entre los hechos lamentables más recientes figuran la no renovación de visa para el sacerdote dominicano David Pantaleón, otrora Superior de la Compañía de Jesús en Cuba, o las presiones ejercidas por la Seguridad del Estado contra el Centro Loyola, que prestaría su espacio para la presentación del libro «La Peor Generación», luego de intentos anteriores frustrados.

También puede mencionarse la negativa de salida del país al Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 para la República de Cuba, José Ramón Viñas Alonso, y otros altos directivos de la Logia Masónica. A ello hay que añadir el acoso a laicos y religiosos por sus posiciones políticas o su apoyo a presos y familiares del 11J.

La Joven Cuba reconoce el derecho soberano de Estados Unidos para decidir sobre sus relaciones con otros países o su preocupación sobre el estado de las libertades religiosas a nivel internacional. No obstante, enlistar países a cuyos gobiernos no considera amigos, como es el caso de Cuba, y obviar otros que le son cercanos y en los cuales se comenten actos terribles contra la libertad religiosa, como los Emiratos Árabes Unidos, es una muestra clara de las verdaderas intenciones tras este acto.

En efecto, Cuba tiene mucho que avanzar en materia de derechos, ello forma parte de las metas cívicas que afrontan los ciudadanos dentro del país, junto al respeto a la libertad de expresión y prensa, así como los derechos políticos. Sin embargo, el camino hacia la tolerancia y la dignidad plena deberá ser solo asunto de sus nacionales y no una herramienta política de presión externa.

Cien

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Cien
(Imagen: Brady Izquierdo)

?¡Qué resultado! ¡Qué victoria!

?El Mundial te tiene entusiasmada.

?Hablo de la gira del presidente.

?No clasifica, aunque esté en el grupo de Argelia, Turquía, Rusia y China.

?¿Tú crees? Heredó del director técnico una condición imprescindible: la defensa. Solo falta que mejore… la producción.

?¡Pero si hasta para los discursos se auxilia de la pantalla!

?Está bien, no pone un gol, no lo busca, pero las asistencias aumentan. Mira la que logró de su contraparte: cien millones de dólares que «utilizaremos, por supuesto, en prioridades de nuestro pueblo».

?¿Y quién te garantiza que antes de partir de Beijing no le haya dicho a Xi que sí, que se quedara con ellos y los descontara de lo que se le debe?

?Los cien millones vienen, y de que vienen, vienen. «La firma de doce convenios y la concesión de donaciones evidenciaron el interés mutuo por fortalecer la cooperación en Cuba de la iniciativa china de la Franja y la Ruta de la Seda».

?¿Y eso te seda? Lo único que falta es que alguien retome la idea planteada en el Fórum Iberoamericano de Turismo de 1993 de importar no menos de diez parejas nativas del gigante asiático con miras a salvar al Barrio Chino de La Habana.

?Xi Jinping tenía congeladas varias inversiones, incluido el dique que llegó a Cuba en 2019 y lo único que ha logrado es el barqueo del personal de aquí para allá y de allá para acá.

?Dizque flotante.

?¿Qué me dices de las Yutong? En un obsoleto informe del Mitrans se señala que solo queda en la ciudad el treinta por ciento de los ómnibus que circulaban en la urbe hace una década. Plantea que el bloqueo norteamericano es el causante de que muy pronto se retomen las calesas.

?El primer ministro señala que «ahí está un pueblo esperando por nosotros». En las paradas.

?Comoquiera es un relanzamiento de las relaciones de nuestro país con los otrora «mandarines». Gil Fernández se ha referido, entre otras inversiones, al «programa de reconversión o modernización de la prensa, que también es un crédito importante de China que no se había concluido».

?A ver si lo emplean en mejorar los memes de Con Filo.

?Yo invertiría los cien millones en una campaña de Michel por mejorar la imagen del primer secretario. Me parte el alma que llega el último mes y no se cumple su promesa de «alejarnos lo más posible del apagón» y «antes de diciembre recuperar entre 700 y 900 megawatts». Cuando lanzó esa quimera exclamé: «¡¿Watt?!».

?Ya no hay respeto. Él y Marrero visitaron Tallapiedra, que, según un tuit del presidente, entregaría cuarenta y cinco megawatts. El primer ministro indagó cuántos días hacían falta para que llegara a generar sesenta. Parece que demasiados, pues de eso hace ya medio año, y la termoeléctrica, con medio siglo de existencia, no existe, nunca resucitó, su parálisis es perpetua.

?Un monumento a la continuidad.

?¿Sabes algo del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030?

?El ministro de Economía y Planificación recordó que «constituye un instrumento valioso para el desarrollo de la economía, en tanto es, además, una herramienta de gestión con mayor rigor científico e integralidad, que potencia la transversalidad, la complementariedad de análisis y criterios y la toma de decisiones más consensuadas sobre los principales desequilibrios y problemáticas que limitan el crecimiento y desarrollo». El tipo sabe.

?Va haciendo falta una inteligencia artificial como la creada por el Instituto Alan Turing, el centro de investigación operado por las universidades más prestigiosas del Reino Unido. Ha predicho qué país tiene más probabilidades de ganar la Copa del Mundo. Y lo ha hecho «tras cien mil simulaciones».

?Simuladores los nuestros. Mira la plataforma web Ticket, «eliminará las colas presenciales para la compra de Moneda Libremente Convertible (MLC) en Cadeca».

?A finales de 2021, Miguel sentenció que entre las prioridades para el 2022 estaba la de «construir el país de abajo hacia arriba».

?Lo cumplió: hemos llegado tan abajo que ni siquiera podremos adelantar los cimientos. Ahora se aparece con que «el 2023 tiene que ser un mejor año».

?Pide tregua. Ya no habla de comienzos del mes. Alega que «se han buscado financiamientos…

?De ahí el aguinaldo de los cien millones.

?…que permitan lograr reparaciones y mantenimientos y concluir el mes de diciembre en una mejor situación». Insiste en «lograr la estabilidad del sistema».

?¿El social?

?El electroenergético. Ha dicho de sus trabajadores que no se rinden, que están «al pie del cañón».

?Disparando el breaker.

Palabras capciosas ante obligaciones de silencio

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Palabras
(Imagen: Ethic)

Han sido semanas duras y polémicas, como un golpe de boxeador aparecía mi nombre en medio de otros que por sí solos podían sostenerse. Un sábado, hace aproximadamente dos meses, Alejandro Mainegra, amigo que tuvo la brillante idea de unificar voces vinculadas por un tiempo histórico y una sociedad que implican una nueva forma de hacer literatura, me invitaba a un café. Primero, me comentaba la necesidad de hacer una entrevista sobre el sexo, el cuerpo y el lenguaje. Así mismo, enunciaba la idea de integrar una compilación bajo el título La Peor Generación.

Automáticamente el sí estaba dado para la entrevista, que salió en el canal de YouTube de La Tertulia. La duda era: ante nombres como Mel Herrera, Alexander Hall Lujardo, Adriana Fonte Preciado, Manuel de la Cruz y Lisbeth Moya González, entre otros, ¿cuál era el significado de mi presencia?

Alejandro Mainegra explicaba la necesidad de un criterio de selección plural. La Peor Generación es, por encima de todo, un proyecto democrático de jóvenes intelectuales, algunos más cercanos al mundo académico y otros que, siendo aún estudiantes, forman parte. No es un capricho selectivo, se trata de autores noveles dándole libertad a la pluma en un contexto sociopolítico cada vez más restrictivo y complejo para la creación en todas sus esferas.

La literatura no puede mezclarse con la política, decía en un post de Facebook el pedagogo Austin Llerandi Pérez, quien ha obtenido cierta relevancia en Cuba por usar una herramienta política para hacerse notar en ciertas estructuras legitimadoras del arte. ¿Acaso la vida misma no es un acto político? Vivimos además en una sociedad que crea parámetros de dominación y manifiesta un poder al más puro estilo de Vigilar y Castigar, con la utilización de medios informativos que politizan hasta los momentos más insignificantes de la cotidianidad.

La Peor Generación es, por encima de todo, una estrategia de emergencia cultural. No existe una vía única para el entendimiento de la realidad como se evidencia en la producción intelectual de cada uno de sus exponentes. Desde la poesía de Lisbeth Moya o Mel Herrera, pasando por las crónicas de Manuel de la Cruz, los ensayos a morir o matar y los cuentos como confluencia del alma. En tal sentido, La Peor Generación brinda una interacción simbólica de sectores diversos de la juventud cubana.

La necesidad de relatar a golpes de ilusiones la fuerza de una Isla, las nuevas voces —convertidas en «mercenarias» por la prensa oficial—, se reencuentran con una idea atractiva en un momento de definiciones. Cuba ha cambiado, no es la misma de hace treinta años. Aquella consolidaba a los novísimos escritores, esta se encuentra con una aletargada crisis que impone nuevas estrategias culturales.

No se pretendía una confrontación con los órganos de la Seguridad del Estado ante sus múltiples intentos de cancelación, a la postre exitosos. Se trataba, más bien, de visibilizar una propuesta de jóvenes que debían explicar la forma en la que cada uno entendía el arte en relación con sus respectivos campos. Un arte que, aunque marcado por el entorno en el que nos ha tocado ascender, aborda puntos escabrosos de la realidad cotidiana, bajo formas estéticas novedosas de contacto con nuestras vidas.

Sexo y reflexión desde el cuerpo

El cuerpo como órgano de emociones y sensaciones es el centro de la narrativa cubana desde las frases del diario del almirante. Como decía Severo Sarduy en Entrevista a Fondo: «Existe una profunda sensibilidad en las imágenes en el diario de Colón». Esa sensibilidad es centro de la narrativa de algunos de los integrantes del panel y futura compilación.

El sexo como punto de inicio y culminación de las sensaciones aparece implícito en la búsqueda de un color, en la profundidad que pinte la isla individual de cada uno. Considero necesario profundizar en dinámicas sexuales para la construcción de imágenes literarias.

Un instante de Mark Rothko, encantándose con la sangre coagulada llegando al propio corazón del escritor, son elementos que distinguen la propuesta discursiva de algunos miembros. La proyección pujante de una literatura con garra y vigor es fundamental, porque al menos para mí, La Peor Generación es superior a cada uno de los nombres que la integran. Es un constructo colectivo y de contraposiciones al interior de la misma.

Nuestro propósito no ha sido distanciarnos, hecho evidenciado en los nombres que la integran. Problemáticas diversas, desde posicionamientos múltiples, redundan en la prosa de sus exponentes. El tiempo nos define, y como mismo Alejandro Mainegra me abría las puertas de su librería para explorar hace más de cuatro años nombres alejados en mis lecturas; ahora me ofrecía otro laberinto, cuando el sendero del tiempo nos ponía de frente para ensayar nuevas tramas de problemáticas imprescindibles en la Cuba actual.

Palabras

¿Publicar o no publicar?, ese es el argumento que personas igualmente sin obra literaria esgrimen contra La Peor Generación ¿Cuál es la obra literaria de los post en Facebook? ¿La obra literaria de premios ganados hace veinte años y en los que participan tres o cuatro concursantes? ¿Acaso la obra literaria es la que dictamina la academia?

No ha existido un solo argumento de peso desde la producción estética, porque sencillamente se juzga algo que no existe aún. Sin el tiempo, sin el espacio, sin la libertad de mostrar lo que hacemos para hablar sobre nuestra forma de entender la cultura y nuestro posicionamiento político, social e intelectual; es imposible ser analizado de manera congruente o justa.

La Peor Generación existe en la dimensión en que, hasta quienes no publicamos con regularidad, tenemos como idea mezclar los dolores sociales de donde venimos, utilizar el lenguaje popular y hablar con la herencia de cierta oralidad que nos acompaña desde la más tierna infancia. Cuando el joven crítico y promotor cultural Raymar Aguado Hernández se compromete en establecer vasos comunicantes entre el activismo político y el campo escritural proyectado hacia la transformación social, enmarca a esta Peor Generación frente a dilemas culturales que transversalizan su propia existencia.

De la misma forma resume, tal vez de modo inconsciente, con su vocación conceptualmente selectiva, la profundidad de la crisis sistémica que caracteriza al panorama sociocultural de la Isla, violentada en procesos de exclusión e interacción de fenómenos, en cuyo devenir interacciona una oleada de autores que sufren la censura aun antes de esgrimir la primera palabra.

Esa Peor Generación constituye el nexo entre lo que pienso, escribo y trato de mostrar a través de la narración y la poesía con la espiritualidad del Caribe.  Es un espacio de la Cuba profunda explicada con la existencia activa de cada nombre que me acompaña. Se trata de gente valiente y comprometida con un sentido crítico de entender el país, pero igual de revolucionarios en la manera de relacionar nuestros cuerpos a través del sexo, la vida y el lenguaje.