Inicio Blog Página 101

No debieron morir

11
debieron
Foto: Pixabay

Estos valerosos rescatistas y ciudadanos atrapados bajo escombros no debieron morir. Esto no es un accidente, como no lo es un choque que se produce porque un auto esquivó un gran bache en la autopista.

Lo ocurrido es resultado de una larga lista de decisiones erróneas que ya es hora de ir reduciendo para evitar nuevos fallecimientos y derrumbes.

La Habana tiene muchos profesionales preparados para realizar dictámenes técnicos y muchos edificios se declaran inhabitables por su deplorable y peligroso estado constructivo. Pero después de los dictámenes no se hace mucho.

Los hechos demuestran que faltan acciones de reforzamiento de estructuras, o de desalojo y demolición de edificaciones sin posibilidad de recuperación. Porque aun cuando se desaloje un edificio, este puede constituir un peligro para los transeúntes si una parte se desploma sobre la calle, como ha ocurrido ya demasiadas veces.

La reforma urbana del 14 de octubre de 1960 fue muy popular al darle la propiedad de la vivienda a 200 000 familias que estaban bajo régimen de alquiler, pero por otra parte, los dueños de edificios multifamiliares que eran responsables de mantenerlos fueron despojados de sus propiedades, por lo que el Estado comenzó a hacerse cargo de todas las edificaciones de vivienda colectiva en el país.

¿Para qué se hizo una reforma urbana? ¿Para establecer un sistema equitativo y sostenible de distribución de viviendas o para favorecer a sectores de bajos ingresos por un corto período?

Una reforma o programa  que solo   beneficie a una parte de la población durante un par de décadas, y no sea capaz de sostenerse en el tiempo, que no solo mantenga el buen estado de las viviendas existentes sino que también  genere nuevos ingresos para cubrir las  necesidades crecientes en correspondencia con el aumento de la población y su calidad de vida, pudo ser justo en un inicio, pero con el paso del tiempo, y ya a sabiendas de su poca efectividad, la continuidad de este, sumado a la carencia de alternativas innovadoras y revolucionarias, lo convierten en inviable o irresponsable.

El sueño de todo capitalista es acumular propiedades y tierras para incrementar sus ganancias, pero sabe que tiene que mantenerlas productivas y el sistema tiene que funcionar para evitar la bancarrota.

Pero el Estado socialista, de un tirón, se hizo con una gran cantidad de propiedades que no fue capaz de mantener en el tiempo, perjudicando a largo plazo la calidad de vida y la salud de cientos de miles de ciudadanos, además de la imagen de esta aún bella ciudad.

Si el Estado, que se autodefine como socialista, no quiere que grandes casatenientes dominen el mercado inmobiliario y dicten los precios de las viviendas como ocurría en Cuba antes de 1959, y como ocurre en muchas ciudades del mundo, entonces tiene que generar un programa de viviendas integral y sostenible y asumir toda la responsabilidad, tanto de la enorme carencia de viviendas que sigue creciendo a pesar del éxodo masivo de cubanos hacia el exterior, como de estos hechos lamentables que producen fallecidos.

Se habla de planes de viviendas que nunca se cumplen, de un par de casitas pobremente construidas después de un ciclón en algún pueblo de Pinar del Río, pero la realidad es bien alarmante y no se avizora ningún programa convincente y realista para atajar este grave problema que comienza con una muy pobre industria de materiales, un gran atraso tecnológico en el sector de la construcción, y sobre todo, la pobreza general de toda la población que su salario no le alcanza ni para reparar una ventana.

Tanto los logros de la biotecnología como   la crítica situación de la construcción y la agricultura en Cuba son el resultado de políticas voluntaristas, centralizadas y poco pragmáticas. No tendremos un Estado fallido, pero sí un Estado con varias políticas fallidas, un Estado dueño de casi todo y responsable de casi nada.

De esto ya escribí hace más de un año, pero el tiempo pasa y se siguen cayendo y muriendo personas, mientras miles siguen en albergues o hasta en parques y bajo cartones como ocurre en Los Angeles y muchas ciudades Latinoamericanas. Esos símbolos del capitalismo desigual e injusto, que incluyen los buscadores de basura, están en muchas esquinas de esta ciudad llena de consignas, como la vi hoy en un muro despintado de Marianao al lado de escombros, pavimento roto y toda la fealdad y podredumbres posibles.

Y mientras todo eso le ocurre a la ciudad, a su gente, mientras el bloqueo externo sigue jugando su papel de empobrecernos aún más, el Estado o una de sus corporaciones destina sus limitadas divisas a jugar al capitalismo irresponsable, e invertir en lo que no es prioritario, en lo que la ciudadanía no escogió, en lo que no está generando riquezas para compensar los efectos del bloqueo.

Esas contradicciones tanto en los discursos como en las acciones ya no las tolera buena parte del pueblo y por eso, hechos como estos, muertes cómo estas de rescatistas jóvenes y valientes que no debieron ocurrir son además de tristes, irritantes y fuentes de gran descontento.

Estos hechos tienen responsables y si no se pueden reconocer o demandar por no existir un periodismo respetable y representante de los intereses del pueblo, o una ciudadanía empoderada, lo mínimo es que el Estado anuncie lo que va a hacer para que no se sigan repitiendo como parte de una identidad de La Habana que no queremos conservar.

*Tomado y editado del Facebook del autor con su consentimiento.

José Martí y el socialismo

11
José Martí
Foto: Wendy Pérez Breijo

La polémica en torno al tema «José Martí y el socialismo» —aunque podría enunciarse con otros términos similares— tiene larga data. Se han emitido múltiples opiniones al respecto, y entre ellas las menos rigurosas expresan que «los» marxistas cubanos pretenden hacer del Apóstol un pensador socialista; sería más acertado si se dijera que «algunos» lo han intentado, y lo intentan, pues hallamos criterios de reconocidos pensadores de dicha tendencia que manifiestan opiniones en sentido contrario.

Carlos Rafael Rodríguez afirmó — poseedor de una notable obra teórica— que «Hurgar en el gran hombre para extraerle una supuesta veta socialista, imaginar cuál sería su postura si tuviera que abordar los problemas que hoy nos cercan, es plausible, pero artificial»[1]. En otro texto esclarece: «No hay que confundir —como se ha hecho alguna vez— entre este Martí radical revolucionario y un Martí socialista. Entre el socialismo y Martí hay una distancia histórica que él mismo no podía vencer»[2].

El intelectual comunista antes citado también precisó que «hacia fines de 1887, según algunos analistas han podido determinar, encontramos una nueva vertiente en el pensamiento social y radical de José Martí. Pero nunca llega al socialismo», lo que no resta validez y vigencia a su ideario revolucionario: «Nos basta el Martí hasta donde llegó, para considerarlo cada vez más nuestro héroe, nuestro guiador, nuestro compañero y nuestro contemporáneo»[3].

Otro célebre militante comunista cubano, Blas Roca —quien llegó a ser secretario general del Partido Socialista Popular—  analizó la necesidad de situar al Maestro «en su tiempo, en las peculiares condiciones en que se formó su liderato revolucionario», y concluyó: «Esto es tanto más necesario cuanto que observamos a menudo la tendencia a utilizar las proposiciones del pasado como fórmulas enteramente aplicables a los problemas y necesidades del presente» [4].

José Martí
Foto: Wendy Pérez Breijo

Ese deleznable presentismo histórico le ha atribuido a Martí una concepción de de la organización política para organizar la guerra, la cual no concuerda con sus objetivos para Cuba, ni con sus circunstancias históricas, sino con las de principios del siglo XX, cuando Lenin propuso la construcción del socialismo en medio del enfrentamiento a la Rusia zarista.

Juan Marinello, poeta y ensayista, relevante intelectual comunista, al referirse a quienes suponen similitudes del Partido Revolucionario Cubano con el ideado del marxista ruso expresó: «Toda equiparación y equivalencia son, desde luego, inválidas, ya que el pensamiento orientador y la naturaleza de los propósitos fueron muy distintos» [5].

Tengamos en cuenta, además, la valoración al respecto del militante del republicano Partido Socialista Popular, Carlos Rafael Rodríguez: «Sólo cuando aparecieron en el escenario histórico los bolcheviques bajo la jefatura de Lenin y Stalin (en 1905, diez años después de morir Martí), se planteó la tesis de la hegemonía proletaria en la revolución democrático-burguesa y su transformación en revolución socialista» [6].

Además de tenerse en cuenta tales afirmaciones, debe precisarse el término socialismo a que nos referimos, pues el concepto ha tenido interpretaciones disímiles en diversas etapas de la historia de las ideas político-sociales. Generalmente se obvia este aspecto, y se da por sobrentendido que nos referimos a los momentos actuales, lo que no contribuye a la comprensión de las valoraciones de Martí en su época, lo cual será tema de análisis para un próximo texto [7].

En el presente, a más de seis lustros de la desaparición del denominado «socialismo real» en la Unión Soviética y otros países europeos, deben tenerse presentes los errores, carencias y deficiencias que condujeron a su extinción, pues el conocimiento de aquellas experiencias negativas puede contribuir a evitar su repetición si se intentaran estructurar formas de organización social mejores que las actualmente existentes, con la finalidad de satisfacer las necesidades materiales y espirituales de los seres humanos.

Un contacto con tal propósito, que superaría errores y acercaría la posibilidad de un mundo mejor, muestra como condición indispensable la práctica  de la democracia participativa, base esencial de una nueva sociedad, lo que implica la elección mediante el voto popular de todas las personas que han de desempeñar cargos de dirección, la plena participación ciudadana en la conducción del país, el control popular sobre las instituciones y los organismos del Estado, con total exclusión del autoritarismo y el burocratismo.

Ha de implementarse la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción, en coexistencia con las propiedades mixta, cooperativa y personal, así como la redistribución equitativa, principalmente mediante adecuados sistemas de salud y de un sistema de educación que propicie el conocimiento profundo de la historia y la cultura del país, y del mundo, base consciente de la defensa de la soberanía nacional y fundamento del antiimperialismo y la solidaridad.

Se enfrentará toda forma de desigualdad y discriminación, con similares oportunidades para el ascenso personal, así como la autonomía de las instituciones sociales y culturales que propicie la actuación consciente de los seres humanos con pleno dominio de su presente y la confianza en el mejoramiento constante de las condiciones de existencia, alcanzadas por el esfuerzo de los individuos como parte de la colectividad, lo que garantizaría la emancipación humana [8].

José Martí
Foto: Wendy Pérez Breijo

A una nueva sociedad así concebida tiene mucho que aportar el pensamiento martiano, que estaría en el centro de sustentación del logro de la plenitud de los seres humanos, pues «las Repúblicas se hacen de hombres», (OC, t. 6, p. 209) capaces de pensar por sí mismos, de valorar las circunstancias en que desarrollan sus actividades, y decidir por sí, con el despliegue sin ataduras de sus potencialidades como miembros de la patria de todos [9].

Breve epílogo

Lo expuesto sobre una de las formas posibles de concebir la sociedad debe ser un objetivo alcanzable e inaplazable, pues urge reencauzar la nación cubana ante los propósitos imperiales estadounidenses, una de cuyas manifestaciones más asfixiantes en la actualidad son las medidas unilaterales coercitivas, bloqueo, embargo o como prefiera denominársele, pues no se trata de calificativos, sino del enorme peligro tantas veces invocado, aunque ha de tenerse en cuenta que forma parte indivisible de la política del país norteño con respecto a Cuba y , por tanto, no desaparecerá por acuerdos de las naciones del mundo, sino debe asumirse como una constante de la ecuación político-económica en la búsqueda de soluciones en nuestro país, desde nuestro país, y para nuestro país.

Estas soluciones deben hallarse con el esfuerzo concertado de todas las mentes y las potencialidades, sin exclusión alguna, de todos los cubanos que sientan el peligro que amenaza a la patria, radiquen dentro o fuera del territorio isleño. Tengamos presente que ningún proceso político-social de carácter popular está exento de contradicciones internas que pueden conducirlo a transformaciones negativas, a su debilitamiento por falta de cohesión, o al retroceso en caso de perder el apoyo de las amplias masas del país. Es irracional pensar que existen realidades inamovibles, eternas.

No se trata de una observación tendenciosa, pues el propio Fidel Castro advirtió al respecto, en un discurso apenas mencionado: «¿Puede ser o no irreversible un proceso revolucionario?» Y afirmaba: «Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, y sería culpa nuestra».[10]

La existencia de peligros internos y externos impone fundar «un pueblo real y de métodos nuevos”, (OC, t. 1, p. 319) como expresó Martí. Sólo la plena participación de aquel, mediante la aplicación de estos, dará la garantía para conjurar la potencia centrífuga generada por la frustración y el desaliento, manejables en todas las épocas por los elementos capaces de convertirlos en parálisis o en accionar desacertado. El Maestro advirtió que «las primeras repúblicas americanas» habían caído en las disensiones y el autoritarismo «por la falta de intervención popular y de los hábitos democráticos en su organización». (OC, t. 1, p. 458)

Recordemos, siempre, que el Maestro advirtió sobre el futuro incierto tras el triunfo sobre el colonialismo: «Aquí nos encararíamos, vigilantes, contra los que […] no vieran en la campaña de independencia el modo de devolver a todos los cubanos sus derechos, sino de ejercitar derechos especiales, y señorío vejatorio, sobre algún número de cubanos». (OC, t. 2, p. 480)


[1] Carlos Rafael Rodríguez: José Martí, guía y compañero, La Habana, 1979, p. 11. 

[2] Ibídem, p. 44.

[3] Ibídem, la primera cita de p. 82, y la siguiente de p. 85-86.

[4] Blas Roca: Siete enfoques marxistas sobre José Martí, La Habana, p. 45 y 40, respectivamente.

[5] Juan Marinello: “El Partido Revolucionario Cubano, creación ejemplar de José MartÍ”, en su Dieciocho ensayos martianos, La Habana, 1980, p. 358.

[6] C. R. Rodríguez: ob. cit., p. 20.

[7] Se titulará “José Martí y los socialismos: ¿confusión u opción?”

[8] Se han sintetizado aspectos esenciales enunciados por Fernando Martínez Heredia: En el horno de los 90, La Habana, 2005, p. 111-115, 129, 131 y 134; Alfredo Guevara: Dialogar, dialogar (Escuchar, enseñar, afirmar, aprender), La Habana, 2013, p. 34-35, 75-78 y 234-235; Rafael Hernández: Mirar a Cuba. Ensayo sobre cultura y sociedad civil, La Habana, 1999, p. 97-110; Georg Lukács: El hombre y la democracia, Buenos Aires, Biblioteca Virtual OMEGALFA, Users/corre/OneDrive/Destop/LUKACS,%20G/Lukacs,%20G.%20el-hombre-y-la-democracia.pdf, p. 72-81; y E. P. Thompson: Democracia y socialismo, México : UAM, 2017.Users/corre/OneDrive/Desktop/Thompson,%20E.P.-democracia-y-socialismo.pdf, p. 127-161, 233-241.

[9] Martí expresó: “El primer deber de un hombre es pensar por sí mismo”. (OC, t. 19, p. 381) Y: “la primera libertad, base de todas, es la de la mente”. (OC, t. 12, p. 348)

[10] Fidel Castro: Discurso pronunciado el 17 de noviembre de 2005, La Habana, 2005, p. 50-51, 58 y 60.

La hora política de los empresarios

12
empresarios-cubanos
Imagen: LJC

La pasada semana tuvo lugar en Miami un encuentro de emprendedores cubanos de la Isla y cubanoamericanos. El centro de la conversación fue favorecer el avance de las llamadas mypymes (micro, pequeñas y medianas empresas) como parte importante del proceso de reformas económicas en Cuba. Es probable, aunque el impacto específico está por ver, que de esta conferencia salgan beneficios concretos, de posibles propuestas de negocios. Es también probable que hoy haya más claridad sobre cómo urge reformar los marcos regulatorios cubano y estadounidense para que todo lo que conviene a los dos países desde su comunidad de negocios pueda hacerse. Se trata, entonces, de des-Trumpizar la relación de Estados Unidos con el sector privado cubano. 

Algunos de sus participantes más prominentes han echado a volar las campanas sobre el triunfo histórico del evento puesto que lo promueven como la primera vez que sectores de negocios de ambos países conversan. Eso, simplemente, no es cierto. Por supuesto que es apropiado reconocerlo como un momento de importancia, dado que el sector privado recibió una acogida favorable por parte de una porción de las élites cubanas en Miami, pero no es el primero. Hay varios ejemplos anteriores de empresarios cubanoamericanos que intentaron comerciar con Cuba —tanto con el Estado como con los privados—, en los 90 y los 2000, cuando algunos de los actuales organizadores eran defensores de la ley Helms. 

Claro que es loable rectificar, y nadie debe ser machacado por encontrar la luz, pero justo es recordar a los que primero abrieron los senderos de la distensión, algunos empresarios de la izquierda comunitaria y de Estados Unidos. La verdad debe siempre contar. 

Todo encuentro es potencialmente positivo contra la política de aislamiento

En principio, todo encuentro entre cubanos de diferentes experiencias vitales, visiones ideológicas, y geografías variadas es potencialmente positivo contra la estrategia de aislamiento. Las evidencias aportadas indican que la pasada semana en Miami ocurrió una actualización importante de información entre los participantes. 

Difícilmente alguno de los emprendedores cubanos se lleve peor imagen de Miami que con la que llegó a Estados Unidos, y difícilmente también es que los empresarios de Miami que fueron al evento, incluso los declarados anticastristas, puedan repetir la insensatez de que los dueños de mipymes en la Isla son agentes orientados por la seguridad cubana y el partido comunista, para presentar el supuesto «cambio fraude».  

El encuentro, que es signo de deshielo entre cubanos, ocurrió donde más impacto puede tener: en Miami, una urbe norteamericana, con características peculiares, como la describe en su libro memorable, Joan Didion. Miami no es solo eso, pero ha sido madriguera del anticastrismo antidemócratico más rancio, donde a contrapelo de las leyes estadounidenses, han brillado los bombazos, las amenazas contra eventos como este, la complacencia de las autoridades con el acoso a los partidarios del diálogo y según varias organizaciones de derechos humanos, un ambiente no favorable a la libertad de expresión en la conversación sobre Cuba. 

Encuentro entre empresarios cubanos y cubanoamericanos /
Encuentro entre empresarios cubanos y cubanoamericanos / Foto: OnCuba

Allí en ese Miami, los organizadores montaron un conclave para explorar oportunidades, desafiando a los propagadores del odio, y la imposición a través de la intervención norteamericana por sanciones o hasta militar. Los empresarios cubanoamericanos postularon una política implícita que procura cambios en Cuba, pero con la paciencia de que sean los propios habitantes de la Isla los que se convenzan de las oportunidades que traerían las alianzas entre los sectores privados de ambas orillas. Esto no lo es todo para quien quiere el levantamiento completo del bloqueo, pero ¿es un buen comienzo? Si lo es. ¿Mejor que el estado actual? Seguro.

Vivimos en tiempos de hostilidad, las redes sociales arden con divulgadores agit-prop (propaganda de agitación) de polarizaciones, que han hecho de la defensa de las sanciones contra Cuba un negocio. Por tanto, un encuentro de empresarios fuera de esa ignominia, es un reconocimiento del fracaso de la política de total asfixia. Es un inicio del camino a aceptar lógicas propias de la sociedad civil cubana y las élites que emergen desde 1959 a acá. Ese es el tiempo al que el senador Marco Rubio llama «un accidente» a borrar.  

Los partidarios del cambio de régimen a través de la distensión, tanto como Rubio, saben que en política no hay fin separado de los medios. Han hecho el buen cálculo de romper con las lógicas de los que apoyan al senador. La consolidación del sector privado presenta gigantescos retos para el gobierno cubano que nunca ha lidiado con una sociedad económica independiente. Como la teoría de la modernización alerta, nada hay más correlacionado con aperturas democráticas que un periodo sostenido de crecimiento orientado al mercado, con crecimiento de las capas medias. Todas las democracias —como explicó el gurú teoría democrática en la Universidad de Yale Robert Dahl— son economías mixtas. No es suficiente, pero si una condición necesaria.

Un emprendedor amigo de Posada Carriles

Al final del encuentro hubo una recepción con el connotado terrorista Santiago Álvarez Fernández Magriñá. El programa 23 y Flagler, muy cercano a las posiciones de Cuba Study Group y Joe Garcia, ha confirmado la presencia de varios empresarios de Cuba y Miami en un discurso en el que Álvarez instruyó a estos como trabajar para el fin anhelado de la «dictadura». La actividad y el discurso de Álvarez ha sido bienvenido por el anfitrión del programa, Guenady Rodriguez, pues serviría para convencer a los opositores radicales, como Alex Otaola, que si Álvarez —quien es representante sacrificado del «exilio duro»— lo dice, los demás —maestros de la insurrección verbal— se deben alinear. Todavía está por demostrar cuánto ha funcionado tal razonamiento. 

Santiago Alvarez Fernández-Magriñá
Santiago Alvarez Fernández-Magriñá / Foto: FRJ

Si algo prueba ese «regalito» de los organizadores del evento a la derecha pro-bloqueo y capaz de hacer todo contra su país y la ley internacional —incluso terrorismo contra un barco civil español— es que el cuento de despolitizar las relaciones entre los empresarios es eso: puro cuento. El intercambio entre sectores de negocios de Estados Unidos y Cuba es político, como lo son también los encuentros culturales, académicos, educacionales, y hasta deportivos. Lo sorprendente no es la jugada, sino que la hicieron de forma tan burda. El amigo fiel de Posada Carriles no se coló en el lugar. Fue parte de la agenda de aquellos para los que es más importante quedar bien con el Miami anticastrista, que mover la agenda de reformas y cambios en Cuba.

Lo raro es que estas son las santas horas en las que los emprendedores de allá y acá no se han pronunciado sobre las «recomendaciones» que dio Álvarez y su presencia prominente en algunas de las actividades asociadas al foro. La realidad es que los organizadores que trajeron y defendieron la participación de Santiago Álvarez se la han puesto fácil. Se trata de un condenado por las propias leyes norteamericanas por tenencia ilegal de armas incluyendo un lanzacohetes, y cuya voz se escuchó clara ordenando poner bombas en el cabaret Tropicana. ¿les suena a «nuestros empresarios» el poblado Boca de Samá, el nombre de Luis Posada Carriles, o las «laticas» de C4 para volar Tropicana? Si no pueden tomar distancia de eso….

No obstante, el gobierno de Diaz-Canel no se debe mover un milímetro de la posición estructurada que presentó el viceministro de relaciones exteriores Carlos Fernández de Cossío, en diciembre de 2022. Si el gobierno norteamericano quiere apoyar solo al sector privado, sin levantar las sanciones contra la nación cubana en general, el gobierno cubano no debe oponerse a las ventajas que pueda ganar el sector privado. Son los empresarios participantes en el evento los que deberían pronunciarse de cara al pueblo de Cuba, a partir de su decencia, valores e intereses. 

***

En la superioridad moral del pensamiento martiano a la hora de pensar Cuba se cree o no se cree. Quien crea en ella, como es la premisa de este autor, tiene que criticar cualquier corrupción de las autoridades gubernamentales, pero a la vez defender que los ricos paguen impuestos para garantizar a todos, incluyendo los «pobres de la tierra», una meseta mínima de derechos sociales, económicos y culturales. 

Sin un estado de bienestar mínimo, las libertades políticas son cuando menos incompletas. Para que el estado pueda garantizar esos mínimos y un ambiente en que los negocios privados cubanos prosperen con acceso al mercado norteamericano y su sistema financiero, es imprescindible repensar y por lo menos reformar seriamente las medidas de Trump, la injusta presencia de Cuba en la lista de países promotores del terrorismo y el bloqueo mismo. Si los funcionarios del gobierno de Biden, que participaron en el evento a nombre de los departamentos de Estado, Comercio y Tesoro, no se percataron de ese detalle, no estaban haciendo su trabajo. Ponerlos frente a esa realidad en la que la separación en Cuba de lo estatal y lo privado es una quimera, y fue uno de los principales méritos del evento. 

Irse, no irse, quedarse: mis razones

11
Irse-emigración
Imagen: LJC

Cada vez más seguido me preguntan por qué no me voy. Personas que hace mucho no veo se muestran sorprendidas: «¿pero todavía estás en Cuba?» ,«pensaba que te habías ido ya». Eso me ha llevado a reflexionar seriamente sobre mis razones para permanecer acá.

No he podido volver a ver Habana Blues. En el año 2005 fui a la premier y empecé a llorar casi desde el minuto veinte. Una muchacha que estaba al lado mío y ni me conocía, me abrazó y estuvimos así todo el metraje, sufriendo nuestras propias despedidas. He tratado de ver el filme otras veces y nunca he podido terminarlo.

Yo nunca tuve un grupo amigable donde estar hasta que llegué al preuniversitario. Ese fue mi grupo seguro, mi espacio de afectos y crecimiento, sin violencia. Antes de eso había ido de una escuela a otra y había sufrido bullying sin sentirme acogida en ninguna parte. Así que para mí el éxodo de mi grupo fue el primer choque con las despedidas «adultas».

Me gradué en el año 1998, y en el 2005, cuando terminaron su período de servicio social, la mitad de mis compañeros desfilaron fuera del país. De casi todos me despedí personalmente. De una, en su boda con un empresario extranjero. De otros, en sus casas, en fiestas organizadas con ese fin; de ahí mi costumbre de preguntarle a la gente que me invita a fiestas, o comidas muy protocolares, «¿para dónde te vas y cuándo?». Con otros nos despedimos en el aeropuerto, y con una, incluso fui hasta la lancha. Ya con la embarcación en el lugar me agarró la mano y dijo «ven», pero no me atreví. Pensé en su madre que me esperaba con noticias y podría creer que había pasado algo si yo no volvía. He ahí una razón para no irme: responsabilidad.

 

Ya antes de eso, cuando terminé mi carrera en el año 2003, uno de los «idos» me había propuesto irme con él, y para eso teníamos que casarnos. Él se iba a Noruega. Hicimos mil papeles, hay hasta una foto mía de pasaporte en la que parezco una monja, de lo formal y estirada que estoy. Pero antes del trámite final, dudé. Esta persona no había expresado ningún interés romántico en mí hasta que los trámites estuvieron avanzados. En ningún momento me dijo, pero algo ahí en el modo de tratarme empezó a cambiar. No me hubiera desagradado especialmente, pero no sentí que fuera honesto de mi parte usar esa carta. Además, muchas cosas podían haber salido astronómicamente mal si me hubiera ido casada con alguien a quien en realidad no amaba, a un país tan distinto culturalmente, en el cual yo no tenía ninguna red de apoyo. Ahí se unieron otras razones para no irme: inseguridad.

 

Luego hubo un largo período de cero posibilidades. Mis amistades aún no estaban en condiciones de invitar a nadie. La Universidad de Ciencias Pedagógicas es muy poco generosa en viajes para quienes no tienen un alto grado académico o no forman parte de algún proyecto exitoso de alcance internacional. Así que todo el mundo de doctor para arriba viajaba, y yo no. Además, mi hijo era pequeño y viajar parecía poco aconsejable mientras él me necesitara. Fue en mi siguiente lugar de trabajo donde finalmente pude salir del país.

Mi primer viaje fue en el año 2014: una semana a México. Perdí el avión en Panamá, porque cambiaron la puerta dos segundos antes de la salida. En mi trabajo se inquietaron mucho cuando pareció que yo había desaparecido del mapa: la institución a la que pertenecía ha funcionado como una especie de aeropuerto y algunas de las personas que han salido del país en viajes de trabajo no han regresado.

Yo solo perdí el avión: era la primera vez que viajaba, sin nadie para asesorarme o acogerme y no sabía cómo hacerlo mejor. Así que seguí mi viaje después de un susto mayúsculo e hice mi trabajo esa semana. Pero dos días antes de mi regreso mi mejor amiga me dijo que ella me iba a buscar, que de la Florida a Valle de Chalco era un salto pequeño. Estuvo todo el tiempo diciéndolo. Y con ella, el coro de mis compañeros de preuniversitario. Pero dudé.

Pensé en nuestro especialista de relaciones internacionales, que había corrido con todos los trámites y debería rendir cuentas en Cuba, en las contrapartes de México, que tendrían que pasar por un momento incómodo explicando qué había sido de mí. Además, había algo más fuerte aún. Tenía mi hijo en Cuba, mi pareja; si me quedaba sería considerada desertora y corría el riesgo de no poder entrar a Cuba por ocho años. Pensé en mi hijo primero, a quien no sabía cuándo iba a volver a ver, en mi pareja, que iba a dejar de serlo si se interponía una distancia tan grande, y yo estaba enamorada. Por eso regresé: por amor.

 

Al año siguiente fui a Colombia. Esta vez fue un viaje sin sustos ni tropiezos. En Bogotá tenía otra muy buena amiga. Vinculada, además, por medio de su familia, con la comunidad cubana en Colombia y con las universidades de Bogotá, que son muchas. Me ofreció su sofá, su casa, sus contactos. Volví a pensar en mi hijo, en mi pareja, en los compañeros que habían trabajado para ponerme en Colombia, que es un lugar complicado.

En uno de los cursos de colaboración que te buscas cuando puedes, en tu tiempo libre, conocí mujeres trans emigradas. Mi realidad posiblemente iba a ser distinta a las de ellas, pero la descripción de sus angustias fue tan vívida, que me aterré. Colombia puede ser un lugar inclemente con las mujeres sin redes de apoyo. Un espacio peligroso. Por eso no me quedé: por miedo.

 

 

Hoy me preguntan constantemente por qué no me he ido, o por qué no me voy. No me voy por responsabilidad con quienes se quedan, por inseguridad con el destino que tendré en otros lugares, por amor a los que me rodean y por miedo a sufrir las penurias que sufren muchos emigrantes —la mayoría en silencio. Y también un poco porque quiero ver qué hago para ayudar. Porque si yo no me puedo ir y otros tampoco, alguien tiene que trabajar porque «esto» sea vivible.

Consecuencias de mi decisión: las de todos. Independencia doméstica limitada, dificultades económicas, crecimiento profesional a veces estancado. Y lo más doloroso, un desánimo enorme que me cae a cada rato, la sensación de haber dejado oportunidades valiosas atrás. Si me voy ahora, no sé si regrese. O a lo mejor sí.

Me he levantado cada día sabiendo que delante del aula donde he impartido clase, la mayor parte de los muchachos que han estado presentes frente a mí tienen un norte en su cabeza, y no es Cuba. Siento que he estado dándole mi tiempo y mis energías a los futuros emigrantes y eso me da mucha tristeza. Siempre les he dicho que a donde sea que vayan traten de ser honestos, justos, estudiosos, que trabajen bien, que sean leales y felices, que me enorgullezcan.

También se lo digo a mis amigos, colegas y a las otras personas a las que indirectamente he formado y formo. Pero cada vez me duele más decirlo porque siento que los estoy despidiendo anticipadamente y así ha sido en muchos casos. Porque temo que algún día sea mi hijo quien se vaya. Ya tiene dieciséis años, así que no falta mucho.

Cada vez veo menos caras conocidas. Y cada vez que alguien me invita a un café inesperado, a un almuerzo protocolar o a una fiesta sorpresa, le pregunto «y tú ¿para dónde te vas y cuándo?».

El terrorismo contra misiones diplomáticas cubanas

3
El lanzamiento de dos cócteles Molotov contra el edificio de la Cancillería de la Embajada de Cuba en Washington el 24 de septiembre, me hizo recordar las numerosas ocasiones en que el terrorismo contra nuestros diplomáticos me afectó personalmente.
Ilustración: Frank Sera

El lanzamiento de dos cócteles Molotov contra el edificio de la Cancillería de la Embajada de Cuba en Washington el 24 de septiembre, me hizo recordar las numerosas ocasiones en que el terrorismo contra nuestros diplomáticos me afectó personalmente en los 35 años que trabajé en el Servicio Exterior. Fue algo que se hizo normal para muchos de nosotros, sobre todo en las décadas de 1970 y 1980. Amenazas, lanzamientos de bombas, amigos asesinados y todo eso en condiciones en que a veces nuestros hijos también corrieron peligro.

Era común acuartelarnos durante semanas. Cada salida a la calle podía convertirse en un calvario. Pero debo decir que siempre vi a los diplomáticos cubanos comportarse con entereza, dispuestos a correr todos los riesgos necesarios para que se realizara un trabajo que considerábamos muy importante.

Quizás a algunos cubanos les sorprenda saber que una de las científicas que trabajó denodadamente para crear las vacunas que nos ayudaron a superar la COVID pudo no haber nacido o haber perdido a su madre cuando era todavía una niñita. En una campaña de bombas enviadas por correo a Embajadas cubanas en 1975-76, uno de los artefactos casi explota cuando su madre, entonces secretaria de un embajador cubano en un país de América Latina, abría un paquete que supuestamente llevaba un libro. Por suerte, sólo explotó el fulminante, pero eso bastó para que se quemara toda la cara.

Por eso me afectó tanto un hecho que ocurrió un 11 de septiembre, fecha fatídica para mí por el golpe de estado en Chile en 1973 y por los atentados a las Torres Gemelas en el 2001, pero de 1980. Ese día fue asesinado en Nueva York Félix García. Nuestro vínculo en el Minsterio de Relaciones Exteriores (MINREX) fue más que el de colegas, fuimos amigos muy hermanados. En 1970-1973 era visita asidua de la casa que compartía con mi esposa, María Teresa Rodríguez, en Calzada entre E y F, a unas cuadras del nombrado Ministerio.

Félix García asesinado el 11 de septiembre de 1980.
Félix García asesinado el 11 de septiembre de 1980. / Foto: Cubadebate

Su misión en Nueva York, que consistía fundamentalmente en ocuparse de las relaciones públicas de la Misión, coincidió con la mía al frente del Consulado General de Cuba en Montreal, ciudad de tránsito obligatorio para los funcionarios cubanos en Estados Unidos —tanto en la ONU en Nueva York como en la Sección de Intereses en Washington—. En esos tránsitos, Félix se quedaba en mi apartamento del 1212 Avenue des Pines. Muchas veces hablamos de los peligros que corría. Yo sabía de su intensa actividad pública en la Gran Manzana. Pero para Félix trabajar era una fiesta —como dijo Carlos Rafael Rodríguez en su homilía el día de su entierro— y no le importaban los riesgos. Su asesinato fue no sólo terrorismo, sino un cobarde acto de barbarie contra una persona decente e inocente.

La mano del terrorismo cubanoamericano, instigado a partir de la década de los 60 por las agencias de inteligencia norteamericanas, había andado «suelto y sin vacunar» desde mucho antes. Aunque ya se habían abandonado las prácticas presentes en las operaciones específicas de la CIA contra Cuba como el Plan de Acciones Encubiertas para Derrocar al Régimen de Castro en Cuba (Bahía de Cochinos o Playa Girón) o Mangosta, los terroristas cubanoamericanos, que se habían entrenado en el marco de esos programas, actuaban bajo la idea, prevaleciente incluso en sectores gubernamentales del norte, de que «against Cuba anything goes».

La década de 1970 fue particularmente terrible. Estos asesinos actuaron confiados en su impunidad y produjeron actos tales como el atentado terrorista contra el vuelo de Cubana en Barbados en 1976 o las bombas contra la Embajada de Cuba en Portugal (ese mismo año) o el Consulado General en Montreal (1972), por mencionar sólo los más connotados que causaron numerosas víctimas entre cubanos inocentes.

Hubo decenas de ataques, algunos fallidos, como los acaecidos contra Embajadores cubanos: Emilio Aragonés en Buenos Aires en 1975, o Raúl Roa Kourí en Nueva York en 1980, o inoperantes como dos nuevas bombas contra el Consulado de Cuba en Montreal en 1980. Sin embargo, en 1976 dos funcionarios de la Embajada en Buenos Aires fueron secuestrados, desaparecidos y asesinados en una acción terrorista realizada en contubernio entre terroristas cubanoamericanos y escuadrones de la muerte argentinos.

Raul roa kouri4 580x385 1
Raúl Roa Kouri / Foto: Ecured

Los terroristas cubanoamericanos, basándose en su inexplicable impunidad, alentada por la pasividad de las autoridades norteamericanas ante sus crímenes, los llevaron incluso a colaborar con agentes de la DINA chilena, bestial instrumento de la represión pinochetista, en el impúdico asesinato del ex ministro de defensa del presidente Allende, Orlando Letenier, y de su asistente norteamericana, Ronnie Moffitt, en el famoso Sheridan Circle, cerca de Embassy Row en plena capital norteamericana, el 21 de septiembre de 1976. Era el terrorismo cubanoamericano al servicio del Plan Cóndor.

No sólo estuve cerca de muchos asesinatos como éstos —por ejemplo, conocí a la viuda de Letelier en un acto de solidaridad con Chile en Montreal— si no que en 1977 las autoridades canadienses me avisaron de sospechas de intentos de asesinato contra mi persona y tuve que estar varios días bajo protección personal de agentes de la Real Policía Montada de Canadá (RCMP).

Pero lo que realmente me espantaba era que lanzaran una bomba contra uno de los flancos más vulnerables del Consulado, un jardín del tamaño de un terreno de voleibol que estaba detrás del edificio, situado en el 1415 de la Avenue des Pins, pero a unos 4 o 5 metros por debajo del nivel de la calle. Este patio se utilizaba como área de juegos para los 20-30 hijos de funcionarios que asistían a una escuela cubana existente dentro de los locales.

Esa aprehensión resultó justificada: un día los custodios del Consulado me avisaron que precisamente en la calle posterior se habían estacionado dos vehículos con placas de Nueva York, de los cuales se bajaron varias personas que indudablemente tenían aspecto de cubanos. Inmediatamente varios funcionarios armados con pistolas —que a propósito mostramos— salimos al patio y logramos ahuyentarlos.

Efectivamente, unos días después en horas de la noche lanzaron una bomba desde una motocicleta que pasó a toda velocidad por el frente. No hubo que lamentar muertes o heridas, no sólo porque ya el personal se había retirado, sino porque toda la parte de abajo del Consulado y la Oficina Comercial aledaña tenían puertas y ventanas blindadas y estaban 5 o 6 metros por sobre el nivel de la calle.

embajada de cuba en ee.uu
Embajada cubana en Estados Unidos / Foto: Minrex

En la década de 1970, como parte de un esfuerzo por crear condiciones que preservaran la vida de sus funcionarios en las misiones diplomáticas más vulnerables, se había hecho un esfuerzo financiero sustancial para darle más seguridad a los edificios que ocupábamos.

En Montreal, después del atentado terrorista de 1972 en que murió uno de los custodios y varios funcionarios resultaron heridos, el gobierno cubano decidió instalar todas las oficinas que tenía en esa ciudad (Consulado, Oficina Comercial, Plan Ganado, CUFLET, Ministerio del Turismo, Ministerio de Inversiones Extranjeras y Cooperación) en una sola edificación con el máximo de seguridad posible.

Para ello se compró un inmueble en las faldas del Mont Royal en el 1415 de la Avenue des Pins, a una cuadra del Hospital General de Montreal y frente por frente a una mansión estilo Art Deco que mantenía el entonces primer ministro Pierre Elliot Trudeau en su ciudad natal. Ese local eventualmente se vendió debido a la constante reducción del personal y a la desaparición del peligro de nuevos atentados. Hoy el Consulado está en una propiedad más modesta en el 4542, Décarie Boulevard.

Comprendo muy bien lo que significa para cualquier diplomático enfrentar las acciones terroristas. También comprendo que éstas no suceden en un vacío.

En su campaña contra Cuba, el gobierno de Estados Unidos ha creado la mentalidad de que «contra los diplomáticos cubanos todo vale». Y, al mismo tiempo, ha colocado a Cuba en la lista de estados promotores del terrorismo, con lo que ofrecen una excusa adicional para realizar actividades como las del 11 de septiembre de 1980 y del 24 de septiembre de 2023. Esa conducta irresponsable tiene que cesar.

Ichi

4
Zatoichi
Ilustración: Brady

En mi infancia, Zatoichi era el ídolo por excelencia.

 Vi más de una vez cuanta película pasaron en el Acapulco (mi cine de barrio) con ese antihéroe imbatible, suave con niños y mujeres y que armaba una notoria cagazón al comer arroz. Ichi decía lo suyo con dulzura y sarcasmo, se hacía el tonto, exageraba la cortesía y simulaba un empalagoso servilismo con tipos que lo menospreciaban…, a los cuales treinta segundos después abría en canal. Además, con un tajo vertiginoso cortaba en dos un tazón, una peonza, incluso una mosca: entonces gritábamos en el cine con una mezcla de incredulidad y gozo. Era la época (finales de los sesenta y comienzos de los setenta) en que regalaban paquetes de huevitos y gotitas de chocolate a los niños, al entrar a la matiné dominical.

 Desde la perspectiva actual es difícil comprender cuán profunda era la huella que el cine de samuráis (chambara) dejaba en nosotros. Las estocadas y coreografías eran debatidas, evaluadas y reproducidas durante semanas por todos los chamas de todos los barrios, y por no pocos adultos. Nuestras madres se alarmaban porque nos veían jugar con palos, muchacho, que te vas a sacar un ojo. En una época sin video, con precaria TV en blanco y negro que no podías, obviamente, pausar para volver a visionar un detalle, y sin making of que revelara el artificio, ir al cine era un ritual colectivo donde no solo veías (y a menudo comentabas en voz alta) una película, sino que la memorizabas para ulteriores análisis.

 Y si Ichi empujaba la credulidad hasta nuevos límites, luego vino Oichi, una mujer; espectacular esgrimista que también defendía a los pobres, con especial predilección por niños y mujeres ultrajadas. Ah, y también ciega. Y bien vestida. Conviene recordar también a Tange Sasen, otro ronin al que le faltaban el ojo y el brazo derechos. A mí, por lo menos, me queda claro cuáles eran los requisitos para que tu personaje triunfara en el cine de samuráis de la época…

 Por esos años, el cine japonés, que en los cincuenta tuvo nombres ilustres como Kenji Mizogushi y Yasuhiro Ozu, nos entregaba las obras maestras de Shohei Imamura, Nagisa Oshima y, sobre todo, Akira Kurosawa, el que abrió la puerta a Occidente. Los siete samuráis, Yojimbo, La leyenda del gran judo, Rashomon, Trono de sangre, fueron sumamente populares en Cuba. El estilo de actuación nos resultaba tan exótico como los decorados de época, el vestuario, los peinados, comer arroz con palitos, el lenguaje… Pero una vez que entrabas en ese mundo te adaptabas a él, y decías cosas como «si este tipo se faja con el Zorro, le gana», o «qué buena está la china esa».

 Otro fenómeno curioso (aunque, a decir verdad, no solo se verificaba en nuestra recepción de la cinematografía nipona) era la identificación que el público establecía entre personaje e intérprete. Toshiro Mifune, el célebre galán que lucía atractivo aun cubierto de churre, devorando bolas de arroz o ebrio de sake, el actor bandera de Kurosawa (lo que no fue óbice para trabajar con muchos otros realizadores, incluidos el mexicano Ismael Rodríguez y el propio Spielberg, quien lo dirigió en 1941), entraba en ese terreno difuso, al cual también pertenecía Ichi: para nosotros Toshiro era un samurai, andaba así por las calles de Kyoto y el nombre servía para cualquiera de sus personajes… no menos que Ichi, también un tipo real, invidente y formidable con la espada, a quien costaba concebir vestido según la moda occidental.

 Es cierto que, puestas al lado de las piezas  insuperables de Kurosawa (por demás, imitadas y aun plagiadas bastante a menudo), las aventuras de Zatoichi resultan ciertamente menores, sencillas, con una estructura tradicional y reiterada en cada entrega. Ahora bien, todo es relativo, las barreras se diluyen: el personaje de Yojimbo, de la película homónima de 1961, se enfrenta a Zatoichi (interpretado por Toshiro Mifune, como en el filme original) en una espectacular pieza de 1970, de las mejores de la saga.

 Reencontrarme con la saga ha sido complicado. Hace algo más de una década me topé con algunos DVDs en el Bio Bio de Santiago de Chile, un territorio inmenso donde se vende de todo; luego descubrí en Internet copias de calidad de más de la mitad de las películas, subtituladas en español o inglés, y las descargué todas.  Volviendo a verlas adviertes que sí, carecen de la espectacularidad de lo que vino con el advenimiento de la era digital, pero conservan el encanto de las fábulas en que el bien vence al mal aún con un serio hándicap. Y todavía Ichi (Shintaro Katsu, que murió en el noventa y siete después de veintiséis largometrajes encarnando al masajista) es el justiciero duro con el corazón blando que uno quisiera ser.

 Por cierto, Shintaro Katsu estuvo en Cuba en 1975 (vestido con traje), fue japonesamente amable en una conferencia de prensa, se encontró con niños (que, naturalmente, alucinaron), fue entrevistado por Colina en 24 X segundo y hasta ofreció alguna demostración de su maestría con la espada.

 Veintiséis largometrajes y una serie de televisión, filmados a lo largo de tres décadas, cimentaron la imagen de Katsu como el verdadero Ichi. Los más populares en Cuba fueron La historia de Zatoichi (1962), Zatoichi en el camino (1963), Zatoichi, retado (1967), Zatoichi samaritano (1968), Zatoichi se encuentra con Yojimbo (1970), etc. Hay que señalar que a lo largo de su carrera el actor no solo interpretó a este inolvidable personaje, sino que acumuló una nutrida filmografía donde encontramos historias de diversa índole (incluyendo, mira tú, alguna erótica).

 En 2003, el multifacético artista Takeshi Kitano decidió retomar la leyenda del masajista ciego y entregó su propia versión posmoderna, donde él mismo interpreta a un Zatoichi teñido de rubio y con coreografías no solo de esgrima, sino auténticamente danzarias. Es una estupenda versión y fue aclamada por la crítica. A mí, sin embargo, que me dejen con Shintaro y sus moscas bipolares.

Bajando por Cuba, la calle

3
Calle-Cuba
Foto: Nester Núnez

Encumbrados visitantes, eruditos, geógrafos nacionales y gente común dicen que esta ciudad parece un anfiteatro natural. Se refieren a las lomas que ascienden desde la bahía en todas direcciones, como gradas. Por mi parte, cuando la otredad me asalta, le asigno un significado más… intangible, epistemológico y determinológico. He pensado:

«En este gran anfiteatro todos somos personajes de una historia Equis. Solo actuamos, con mayor o menor talento, los papeles que alguna vez escogimos o que nos fueron asignados. La azarosa mezcla del libre albedrío con la superación personal, más la genética y las condiciones sociohistóricas, económicas y culturales como telón de fondo, es lo que determina que haya algunos finales más felices que otros. Pero de que todos actuamos en el mismo show, de eso, estoy seguro».  

Calle-Cuba-1
Foto: Nester Núnez

En todo caso, por alguna abíblica razón, esta mañana me subí al escenario más temprano que nunca. Eran como las seis de la mañana cuando me arranqué las sábanas del cuerpo y me miré las mismas canas y las mismas arrugas de los últimos tiempos, en el espejo de mi camerino particular. Lo nuevo era una convicción rara que me surcaba la frente como una cruz gamada, y que repetí como un mantra, como autohipnotizándome, a cada paso que di hasta alcanzar la cima de la calle Cuba: «Yo Soy el Espectador. Yo Soy el Espectador. ¡Yo Soy!».

De una punta a la otra, la calle Cuba tiene 13 cuadras (¡Persígnate, supersticioso! ¡Echa sal por arriba de tu hombro!). El tipo que se asomó hoy a este lado de la vida, sin querer ser sombra chinesca (es decir: Yo), necesitó caminar las más empinadas, las cuatro últimas de las trece. Ya arriba, aún de espaldas a la ciudad, un tanque de agua pintado de azul, con un letrero que dice «Acueducto y Alcantarillado», me dio la bienvenida.

Calle-Cuba
Foto: Nester Núnez

Volteándome hacia la bahía comenzó el espectáculo. Eran las 7 y 12 de la mañana. Cuando vi el primer rayo de sol, brotó de mis entrañas trasnochadas esta frase que pudiera sonar egoísta:

? Hoy, el sol sale especialmente para ser contemplado por mí.

No me hice una selfie, así que tendrán que imaginarla: en lo más alto de la calle Cuba (como si fuese el Pico Turquino), un flaco sonreía optimista.

Una señora me convidó a comprarle café acabadito de colar; una estudiante de preuniversitario preguntó si yo era mototaxista; un perrito pekinés levantó una pata cerca de mí con la intención de marcar territorio. Y yo, sin moverme. Y la gente sin admirar aquel espectáculo del sol naciente. Su problema. Entonces, hice la primera foto.

Calle-Cuba
Foto: Nester Núnez

Lo que ves en la pantalla no es el evento real, sino la interpretación del fotógrafo tamizada por la mecánica de la cámara. Por eso, lo que ella te muestra pocas veces describe lo que realmente piensas o sientes. «¿Y si hay un apagón mundial? ¿Si la termoeléctrica del sol se rompe?», me dije. Después indagué, de refilón, en los motivos que me hicieron salir tan temprano de la cama, mi zona de confort.

¿Subí a ver el sol desde lo más alto de la calle Cuba para encontrar algún tipo de felicidad auténtica y renovada? ¿Lo hice para guardar este instante por si me aqueja una prematura demencia senil, el desamor, el desarraigo de los que emigran aún sin salir de esta isla? ¿O fue solamente con la ilusión de que ese finito rayo de sol, el primero del día, encendiera la luz total al final del túnel?

Absorto en la exploración de mis inconscientes impulsos, el perrito pekinés hizo lo que tenía pensado desde el inicio. Sentí el líquido caliente correr por mi pantorrilla flaca hasta encharcarme el zapato. Lo miré un poquitín enfadado y el muy loco, casi suelta los ojos ladrándome. Y yo sin moverme. Y la gente mirando y burlándose de aquel espectáculo. «¿Y si el sol se apaga?»

Una vez perdí demasiada sangre. Todo se hizo oscuro y morir fue tan fácil como quitar el dedo de la herida, como entrar en pánico. Hubiera sido un final sin dolor, sin aspavientos, pero siempre he sabido que morir no es la solución de nada. Así que no apreté el cuello del perrito, sino que terminé acariciándolo. Alguien de por allí aplaudió, otro guardó el machete y varios se rieron, aliviados. La señora me regaló una taza de café con el mismo gesto pomposo de quien entrega un ramo de flores a un actor que dice magistralmente el parlamento final de la obra. Desde su punto de vista,

«Todo es relativo», me dije.

Calle-Cuba-1
Foto: Nester Núnez

Poniendo en práctica esa misma lógica, en lugar de apuntar que el sol había ascendido unos grados sobre el horizonte, comentaré que la Tierra era la que había bajado. El tiempo pasó, diríamos también desde una postura antropocéntrica, pero es que el tiempo en realidad no está en ninguna parte y a la vez en todas, así que no pasa. «Las manecillas de los relojes deberían ser pequeñitos hombres y mujeres, aunque terminen mareándose», pensé, mientras dejaba atrás al perrito meón y a la gente buena de la periferia alta, y caminaba Cuba abajo.

Si uno dice: «Bajé por la calle Medio», o «Bajé por la calle Milanés o por Contreras», la expresión es gramaticalmente correcta y las personas la entienden en su sentido literal. Pero en la frase «Caminé Cuba abajo», las personas sufridas y suspicaces encontrarían cierta redundancia.

Es cierto que la dirección del tráfico en esta calle es hacia arriba, pero funciona como las ilusiones ópticas: te parece que ves agua en el desierto, pero no. Aquí, te parece que Cuba sube, y tampoco. Ni aunque te traslades en un auto Tesla del último modelo. «¿Cómo cargan la batería, si la termoeléctrica…?» Recuerdo algo, todo es relativo.

Calle-Cuba
Foto: Nester Núnez

Pongamos un ejemplo: por la calle Cuba un caballo tira de un carretón con dos hombres encima. ¿En qué año sucede ese evento? Uno de los hombres le da un latigazo al caballo para que ande más aprisa. El caballo relincha, se para en dos patas, tumba a los dos hombres. Uno de ellos recibe un fuerte golpe en la rodilla. Supón que queda cojo para siempre. ¿Quién es aquí el héroe y quién el malvado?

Más fácil: una señora jubilada que no recibe remesas gasta un tercio de su pensión en viandas y vegetales. Le protesta al muchacho que vende los productos en una especie de carretilla en la calle Cuba. El muchacho le dice: «Pero mi vieja, la culpa de los precios locos no es mía». Luego, para compensar, y porque entiende a la señora, le regala un aguacate que mañana ya estará podrido, y un plátano macho en regular estado.

Entonces, Cuba es para abajo. Cuando llueve, algunos vecinos en el colmo de la extroversión, lanzan por esa misma cuesta la basura de sus casas al torrente de agua que baja impetuoso buscando el río. Al parecer, no les importa que sus inmundicias lleguen al mar, que se esparzan por el océano, que es como decir por el mundo entero, haciendo públicas las miserias que se cuecen en los fogones de la calle Cuba.

Calle-Cuba-1
Foto: Nester Núnez

Y cuando no llueve, también. Muchos se sientan en las aceras para huir del calor de las casas, para socializar, para revender algún producto que ayude a su familia a ver el sol del día que vendrá. Aprovechan el cielo despejado para expresarse sin censuras. Soltar, sacar del pecho y de la garganta lo que les apesta dentro. En principio, la basura de la que hablan no es suya, pero les afecta tanto que terminan infectados.

—La azarosa mezcla del libre albedrío con la superación personal, más la genética y las condiciones sociohistóricas, económicas y culturales como telón de fondo, han llevado a un inepto que no sabe inglés, a dirigirnos —dice Manolo con palabras que no son esas, por supuesto. Son peores—. No hay que ser un erudito ni un geógrafo para saber que todo lo que sube, termina cayendo.

Manolo, el de la calle Cuba, tiene la esperanza de que suceda más temprano que tarde, aunque no está dispuesto a asumir el rol de protestón ni de revoltoso en dicha obra. Lo suyo es pasarla bien mirando el juego desde las gradas. Por las tardes, cuida a sus nietos mientras montan bicicleta o se da sus tragos de ron conversando con los socios. Pasa por el tiempo lo más feliz que puede, intentando no marearse. Lo que dice del sol es que no se puede tapar con un dedo.

Calle-Cuba-1
Foto: Nester Núnez

—Durante 30 años me levanté a las cinco de la mañana para ir a trabajar. Ahora ya eso acabó. Gano más tapizando asientos de motores y muebles viejos, o lo mismo te engraso un ventilador que le coso la suela a un zapato roto.

Manolo está sentado en el contén del barrio. ¿Es actor o espectador en este show que se vive en la calle que baja? ¿Escogió o le asignaron el personaje que interpreta? ¿Le gustan los perros pekineses? ¿Será el suyo un final feliz?

Las respuestas siempre son… relativas. Sin embargo, por alguna abíblica razón, yo veo a Manolo como riéndose de todo desde la misma punta del Pico Turquino, y eso que vive en la séptima cuadra, de las trece.

(Oh, supersticioso, ¿existirá un remedio?)

Calle-Cuba
Foto: Nester Núnez

Agenda Global: Bob Menéndez bancarizado y más

1
Ilustración: Frank Sera

Bob Menéndez bancarizado

La noticia es que el senador demócrata de origen cubano Bob Menéndez ha sido acusado por fiscales federales de aceptar cientos de miles de dólares en efectivo, lingotes de oro y un automóvil nuevo descapotable, a cambio de beneficiar a compañías con sede en Nueva Jersey y al gobierno egipcio. Varios prominentes miembros del Partido Demócrata exigen la dimisión del senador, que está en el asiento desde 2006, y se enfrenta a unas elecciones el año próximo. No es la primera vez que es acusado de aceptar sobornos a cambio de favores políticos, ya sucedió en 2015, pero entonces el caso fue desestimado después de varios meses de investigación.

La acusación tuvo gran impacto en la opinión pública estadounidense, y varios medios y voces influyentes afirman que será muy difícil que Menéndez se recupere del gold bars case, ya que las autoridades publicaron las fotos de los lingotes de oro e informaron que el senador buscó en Google «cuánto cuesta un kilo de oro?».

Bob Menéndez ha sido el político con más poder para detener cualquier cambio de política hacia Cuba, debido a su posición como presidente del Comité de Relaciones Exteriores (posición a la que ya renunció). Es públicamente conocido que si una administración demócrata o republicana ejerce algún cambio de política con la que él no esté de acuerdo, Menéndez bloquea o dificultad cualquier nombramiento de embajadores o legislaciones, según la posición y poder que tenga para hacerlo.

Esto significa que después de largos años de investigaciones, finalmente las autoridades han logrado obtener una cantidad de evidencia que lo inculpe lo suficiente como para que no pueda presentarse a elecciones, o las pierda. No obstante, significa también que si él renuncia y gana el asiento un republicano, cambiaría el dominio demócrata en el Senado. No obstante, ya un representante demócrata por el tercer distrito de Nueva Jersey, Andy Kim, un hombre del ala izquierda del partido demócrata, mostró interés en competir por el asiento.

Nuestra opinión es que la debilidad de este político que ha ejercido tanta presión contra cualquier cambio hacia Cuba, puede ser una oportunidad para que la administración Biden abandone el trumpismo rosa que ha mantenido hasta ahora, e implemente una política coherente con sus intereses y menos subordinada a los chantajes políticos de Menéndez. De hecho, el ex asesor de seguridad nacional de Obama, Ben Rhodes, reconoció en su podcast Save the World que el acercamiento a Cuba en los años de Obama fue más fácil debido a que en aquel momento Menéndez estaba viviendo su proceso judicial anterior.

Tal vez quieras leer ¿Caerá definitivamente Bob Menéndez? ¿Qué significará para Cuba?

Expedición histórica

La noticia es que 70 representantes del sector privado cubano asistieron a un evento en Miami, en el que intercambiaron con empresarios cubano-americanos y autoridades del Departamento del Tesoro y de Estado para explorar oportunidades de colaboración entre ambos sectores, considerando los límites y oportunidades que ofrece el marco de sanciones.

Y también es noticia la inauguración de una oficina para facilitar la interacción entre compañías privadas estadounidenses y cubanas, que tendrá como nombre Oficina de apoyo y coordinación entre ambos sectores en Miami, según publicó Evexcon SRL en su página en Facebook.

El evento, que ha sido calificado como histórico, fue organizado por la empresa cubana Evexxcon SRL y la firma estadounidense de abogados Akerman LLP, un bufete de abogados que por más de 20 años ha representado casos que involucran al gobierno de Cuba.

El fundador de la consultora privada cubana, Oniel Castellanos, que asistió al evento, afirmó en Facebook que el evento mostró “un futuro que no puede ser otro que uno con relaciones económicas y comerciales normales entre los dos países. Un futuro por el que aún hay que trabajar durísimo”.

No hay una lista pública de los emprendimientos cubanos que asistieron, aunque sí se sabe que fueron varios de todo el país vinculados con Evexxcon SRL, una mipyme organizadora de eventos, y otras mipymes de diferentes sectores y provincias.

Entre los ponentes estuvo Carlos Saladrigas, presidente del Cuba Study Group, una organización de activismo político no partidista, a favor del acercamiento entre la comunidad de negocios en Estados Unidos y la de Cuba; Joe García, ex congresista de la Florida y activo promotor del vínculo entre el creciente grupo de mipymes cubanas y compañías de cubano-americanos, y Mike Fernández un prominente empresario del sector de la salud.

Esto significa que hay una marcada intención por mostrar un sector privado real y útil a la sociedad cubana, y por despojarla de los prejuicios que difunden las voces más conservadoras dentro de la comunidad cubana en el exterior de que las mipymes son realmente de un pequeño grupo de privilegiados por el gobierno, o una excusa mediática para dar la falsa imagen de apertura. También significa que a pesar del ambiente de polarización que persiste en Miami hacia Cuba, el interés de hacer negocios y participar en el entramado empresarial privado cubano, se impone sobre el acoso político que sufre cualquier organización o persona que se vincule con Cuba.

Nuestra opinión es que este encuentro puede propiciar un vínculo que trascienda el nivel de comunicación o voluntad de los gobiernos de La Habana y Washington, y visibiliza las potencialidades de una relación comercial en la que ganarían todos los involucrados.

La posibilidad de que una institución asesore a empresas cubanas para introducirse en la compleja red de regulaciones del sistema de sanciones, contribuiría a democratizar el acceso al mercado o al sistema bancario estadounidense, en el caso de que esta posibilidad realmente se cree por parte de esa Administración.

Tal vez quieras leer: Las mipymes y el camino a la recuperación económica

Mientras tanto en Nueva York…

La noticia es que el gobierno cubano considera hacer ajustes en las regulaciones de la Isla para que los cubanoamericanos inviertan y posean negocios en la Isla, según informaron a la prensa asistentes al encuentro que sostuvo el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, durante una reunión con empresarios cubanos en Nueva York, cuando asistió a las sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El presidente cubano afirmó en X (Twitter) que había sostenido un encuentro «con empresarios estadounidenses, a quienes actualizamos sobre nuevas oportunidades de negocios en Cuba y transformaciones en nuestra economía».

Si bien no se conoce la lista total de los asistentes al evento en Miami y en Nueva York, sí es sabido que entre los empresarios que estuvieron en ambos eventos, figuran Hugo Cancio, fundador de OnCubaNews y Katapulk, Carlos Saladrigas, presidente de Cuba Study Group, y Ariel Pereda, empresario estadounidense que exportaba alimentos a Cuba a través de mipymes.

Esto significa que hay una voluntad del gobierno cubano de abrir puertas a empresarios cubanoamericanos y estadounidenses, y una voluntad de pesos pesados dentro de la comunidad cubanoamericana de hacer avanzar esta oportunidad, independientemente de los intereses de Washington y su lentitud al tomar riendas propias en el tema Cuba.

Nuestra opinión es que persisten muchos obstáculos para que estos encuentros no se queden en intenciones, pero son puentes que muestran el amplio espectro de oportunidades no aprovechadas.

Lazo con Vietnam

La noticia es que el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y presidente del Consejo de Estado, Esteban Lazo, visitó Vietnam como parte de las actividades conmemorativas por el 50 aniversario de la visita de Fidel Castro a Vietnam durante la guerra.

Lazo visitó la única plaza en el mundo con el nombre Fidel, depositó flores y sembró árboles en el parque alrededor de la plaza. El dirigente cubano tuvo encuentros con líderes partidistas, ofreció condecoraciones y visitó importantes sitios históricos vinculados con la guerra que azotó a ese país entre 1955 y 1975.

Esto significa que se da un paso más en el acercamiento entre Cuba y Vietnam, dos países con estrechas relaciones políticas y ahora también de cálidas relaciones comerciales.

Vietnam es el principal inversionista y segundo socio comercial de Cuba de todo el continente asiático. En abril de este año, La Habana sirvió de anfitriona al Foro de Promoción de Comercio e Inversión Vietnam-Cuba, celebrado en el Hotel Nacional y donde se firmaron cuatro memorandos de entendimiento en áreas como aviación, construcción, electricidad y petróleo.

Entre las empresas extranjeras presentes en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM), las vietnamitas sobresalen con producciones de alta demanda y muy utilizadas por la familia cubana, como los culeros desechables y las toallitas húmedas para bebés.

Nuestra opinión es que estos intercambios son potencialmente útiles, y trascienden las coincidencias histórico-políticas que visitas como la de Lazo se proponen visibilizar. Si bien Vietnam es un país lejano y en un contexto geográfico muy distinto al cubano, el modelo económico que ese país construyó posterior a la devastadora guerra, brinda un camino de desarrollo muchas veces sugerido por expertos cubanos. A pesar de eso y del obvio éxito del modelo vietnamita, que incluso logró superar sanciones estadounidenses, las autoridades de la Isla han mostrado un escepticismo ideológico que se reúsa a adoptar reformas más profundas, como las aplicadas en ese país del sureste asiático.