La noticia es que unos 600 contribuyentes que han incumplido con el pago de impuestos no podrán salir del país, ni siquiera temporalmente, mientras no liquiden la deuda.
La medida fue informada por la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (Onat). Hasta el momento, la institución sólo había impuesto sanciones de carácter económico como recargos y multas, pero a finales de septiembre comunicó que tenía facultades para impedir la salida del país a quienes han incumplan con el fisco.
Esto significa que la morosidad en el pago de compromisos, la subdeclaración de ingresos y, en general, la evasión fiscal, son problemas que se han hecho muy preocupantes para el Estado.
Hace un año, la Onat reveló que la deuda por cobrar superaba en ese momento los mil millones de pesos y que unos 338.200 contribuyentes no habían pagado sus impuestos.R
Nuestra opinión es que Cuba tiene derecho a adoptar medidas contra la evasión fiscal, como hacen la mayoría de los países, incluso los que tienen economías más grandes. Sin embargo, en medio de la crisis económica que enfrentamos, además de demandar precisión en las declaraciones de ingresos y el pago puntual de las deudas, la Onat debería apostar por una estrategia de beneficios fiscales más amplia que la actual. El castigo, aunque sea justo, también desestimula la inversión.
La mayoría, 186, son mipymes privadas. El resto fueron 5 mipymes estatales y una cooperativa no agropecuaria. Se informó que estas empresas se dedicarán, como ha sido común hasta ahora, a servicios gastronómicos, al transporte de pasajeros y a la producción de materiales de construcción.
Estosignifica que el gobierno sigue aprobando empresas privadas, a pesar de los rumores, polémicas y críticas que provocan tanto en sectores de la oficialidad como en la oposición.
Con las de esta semana, ya suman 8.951 las micro, pequeñas y medianas empresas autorizadas en el país. No obstante, su peso en Producto Interno Bruto, según datos revelados en junio pasado por la viceministra de Economía y Planificación Johana Odriozola Guitart, es apenas el 13%.
Asimismo, el monto de las importaciones, según el ministro Alejandro Gil alcanzó 166.6 millones de dólares por parte de mipymes no estatales en los primeros meses de 2023, frente a las exportaciones, de sólo 4.8 millones de dólares.
Nuestra opinión es que las mipymes están lejos de tener una influencia decisiva en la macroeconomía cubana en el momento actual, pero abren un camino que podría rendir mejores resultados en el futuro. El desbalance entre las exportaciones importaciones expresa la deformación tradicional de nuestro sistema económico. No es una novedad, ni mucho menos un problema que trajeron estas empresas. Los expertos coinciden en que tampoco son responsables de la inflación.
Sin pretender que sean la tabla de salvación, todo indica que traerán más beneficios que daños. Un paisaje tan deformado y paralizado agradece este pequeño terremoto.
Llama la atención, por otra parte, que formas de organización económica de carácter más «socialista», como las cooperativas, no estén siendo promovidas ni estimuladas con beneficios particulares. Este síntoma probablemente apunta, no sólo a realidades económicas, sino también simbólicas o culturales.
La política antirracista
Fue noticia la inauguración del Laboratorio Social Color Cubano este 12 de octubre de 2023, como parte del Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial. Ese programa está a cargo de la viceprimera ministra Inés María Chapman y cuenta con un plan de acciones hasta 2030.
A la inauguración del laboratorio, que tiene su sede en el Centro Cultural Quintín Banderas Betancourt del barrio habanero de Jesús María, asistieron el ministro de Cultura y otros funcionarios.
Esto significa que el antirracismo sigue siendo una bandera política, un argumento de legitimidad para la actual generación de dirigentes. Y si bien durante mucho tiempo se intentó ocultar en el discurso oficial la prevalencia de actitudes racistas en la Cuba post-1959 bajo el mito de que «La Revolución acabó con el racismo», hoy están más dispuestos a reconocer el problema.
Nuestra opinión esque la respuesta a un problema estructural obliga a transformar las estructuras que, más allá de la voluntad política, sostienen el racismo y lo naturalizan.
En un país donde es bastante común que no tengamos acceso a estadísticas imprescindibles para comprender nuestro contexto, deberíamos establecer con exactitud cuál es la relación entre pobreza y color de la piel, y en consecuencia, implementar políticas públicas que faciliten la movilidad social. Asimismo, deben esclarecerse las garantías y caminos que tienen las personas que sufren el racismo para denunciar conductas, actitudes y mensajes lesivos a su dignidad.
Una protesta con oportunidades
La noticia es que Fábrica de Arte Cubano (Fac), un centro cultural muy particular por su dimensión, influencia y carácter multiempresarial, fue cerrado por excederse en el consumo eléctrico.
Como reacción a la decisión de las autoridades, Fac publicó un comunicado en sus redes sociales donde declara que «mantendrá abiertas sus puertas, buscando soluciones creativas que no afecten el Sistema Energético Nacional». Aclaran que usarán los generadores eléctricos que poseen además de «las linternas, lámparas y celulares» de los trabajadores, quienes si el lugar cerrara, quedarían desempleados.
Esto significa, primero, que la crisis energética de los últimos meses está alcanzando espacios que hasta el momento no habían sido afectados. Un nota de la Agencia Cubana de Noticias, publicada este 13 de octubre confirma que el Sistema Eléctrico Nacional vive al día.
No obstante, lo más relevante de este incidente es que el colectivo de Fac, con los gestores a la cabeza, decidió contradecir la decisión de las autoridades y anunciar una salida que —con cierto sarcasmo al discurso oficial promovido por el presidente Diáz-Canel sobre «resistencia creativa»— alude a «apostar por la búsqueda de soluciones creativas sin generar cargas adicionales, considerando el impacto del arte y la cultura en una sociedad que necesita belleza y esperanza para seguir avanzando y resistiendo».
Unido a esto, demuestra que una parte del sector privado enfrenta la crisis y las medidas de ahorro con una actitud que contrasta con la mayoría de las organizaciones estatales —al menos dentro del sector presupuestado—, pues, para estos primeros, dejar de trabajar, implica también dejar de cobrar.
Nuestra opinión es que Fac use precisamente este lenguaje para proponer una singular protesta por el corte eléctrico, a la que convocaron a cientos o miles de clientes habituales con teléfonos y linternas, en tono festivo, es un gesto atrevido e inteligente.
Aunque lo político esté gravitado todo el tiempo sobre el discurso utilizado para presionar a las autoridades, tiene posibilidades de resolverse a favor de los protestantes. Se trata también de un caso muy particular de emprendimiento a gran escala que goza de un reconocimiento que rebasa las fronteras de Cuba. Habría que ver qué pasaría si algo similar hubiera ocurrido en un proyecto menos conocido enclavado en una comunidad en situación de vulnerabilidad.
En la Cuba de las empresas privadas y la rentabilidad económica, este tipo de estrategias serán comunes, incluso si no se legisla sobre el derecho a la protesta. Habrá más intereses económicos en juego, y en correspondencia, surgirán nuevos modos de protestar en nombre de los negocios y de la «resistencia creativa».
Al menos para mí, hay algo fascinante en las malas películas, aquellas que de tan burdas devienen joyitas de coleccionista. Muchas son de ciencia ficción, realizadas en los años 40 y 50, cuando el género conoció un auge que trajo a la luz tanto maravillas auténticas como bodrios memorables; de este último y nutrido grupo baste citar Teenagers from outer space, Cat women of the moon, Bride of the gorilla, The beast of Hollow mountain (que enfrentaba dinosaurios y vaqueros), Robot monster (con un extraterrestre vestido de gorila y con un casco por única prenda) y la inigualable Plan 9 from outer space del mejor mal director de la historia, Ed Wood. Décadas posteriores trajeron las ouvres de Ishiro Honda: Godzilla, Gorath, Latitude zero (Godzilla fue resucitada luego, entre otros, por un pésimo director de nuestros días, Roland Emmerich); la increíble Cannibal women in the avocado jungle of death y mi favorita, la reina de todas, Attack of the killer tomatoes.
Ahora bien, esas películas son malas desde cualquier punto de vista, y si me fascinan es porque la chapucería de la que hacen gala termina resultando divertidísima. Eso no significa que solo por cargar con la culpa primigenia de haber sido producidas antes de la era digital, todas las historias con monstruos, decorados fantasiosos y efectos especiales basados en la física, sean inferiores a las de hoy y deban ser consideradas con paternalismo y sonrisitas burlonas. Sin ir más lejos, la King Kong de Schoedsack y Cooper, de 1933, conserva una magia, ilustra el espíritu de aventura de los grandes exploradores del pasado en forma infinitamente superior a la de los desabridos remakes de John Guillermin (con una debutante Jessica Lange) y Peter Jackson (con un imperdonable Jack Black).
La aceleración de la vida moderna, Internet y el Paquete Semanal han llevado a consumir, casi en exclusiva, los productos culturales aparecidos en la última semana. Es como si el acervo artístico de la Humanidad fuese equivalente a un par de zapatos gastados que no se usan sino ocasionalmente, y cuyo mejor destino es el olvido. Hay que estar en la última, hay que ver los Óscars del año, y con eso ya se sabe de cine. Un socio joven me comentó hace poco que acababa de ver una película vieja (del siglo pasado, aclaró, figúrense qué antigualla) y que le gustó, pero que los efectos especiales le parecían de palo. Indagué; la película resultó ser Alien, de Ridley Scott.
Vértigo, de Hitchcock, es una pieza inagotable, que suele estar en el top ten, y a veces encabeza esas listas de mejores películas que algunos expertos compilan a cada rato. Aun teniendo una buena copia en DVD, hace un tiempo fui a la Cinemateca a verla en comunión con otros devotos… y no faltó el comemierda que rió con los efectos de la caída y las alucinaciones del personaje de James Stewart. Como si la historia del arte —y la tecnología— no existieran, como si en cada momento no hubiera un state of the art y solo el presente, moviéndose como el haz de una linterna sobre la pared de una cueva, legitimara calidades y saberes.
Hay películas que envejecen mal, es cierto. Y géneros que necesitan reinventarse casi a diario para funcionar con el público. Las comedias y las historias románticas sobrenadan mucho mejor que el terror y la ciencia ficción: en su momento, la gente aullaba de puro espanto en la sala oscura con la antológica escena de Psicosis (Hitchcock, 1960) en que se revela la naturaleza de la señora Bates; hoy día, es poco probable que dicha secuencia arranque algo más que una risita nerviosa, en el mejor de los casos. Ahora bien, de la misma manera que el hiperrealismo no es mejor que el manierismo, eso no significa que ahora seamos mejores o más inteligentes, sino que reaccionamos frente a otros códigos, a otro set de referencias. Para hacer soñar a sus contemporáneos, los encargados de efectos especiales en décadas pasadas echaban mano a lo que había, y a menudo se aparecían con soluciones muy ingeniosas.
El maestro fue, desde luego, Georges Méliès (a quien mucha gente vino a descubrir con Hugo, de Scorsese). Gente como Ray Harryhausen en Estados Unidos (amigo de toda la vida, por cierto, de otro enorme Ray, escritor este, y con tanta imaginación el uno como el otro: Bradbury) o Karel Zeman en la antigua Checoslovaquia eran auténticos artesanos que enfrentaban retos para llevar a la pantalla criaturas de fantasía, para transportarnos a otros mundos y otras épocas sin otros recursos que su imaginación, algunas maquetas y efectos ópticos. Tengo para mí que la insuperable escena de combate con los esqueletos creada por Harryhausen para Jasón y los argonautas (1963) y las epopeyas arraigadas en la obra de Verne Una invención diabólica (1958) y El dirigible robado (1967), en que Zeman pone a interactuar a intérpretes vivos con decorados que se inspiraban en grabados decimonónicos, perderían su encanto de ser reinterpretados en VFX. Coppola concibió su extraordinaria Drácula sin efectos digitales, centrándose en el maquillaje y los efectos ópticos tradicionales. En un mundo devorado por el 3D, todo lo de Aardman y el corto cubano 20 años (2009) son apuestas por la animación en stop motion a la vieja usanza.
Como sucede con la moral, analizar el pasado desde la lógica del presente lleva a simplificaciones absurdas, a un sentimiento de superioridad que no refleja sino ignorancia. Estoy convencido de que cuando se examine el cine de hoy desde el futuro (sin ir más lejos, esos monstruos políticamente correctos, ese King Kong ecologista, ese Godzilla defensor de la Humanidad frente a lagartos feos y antisociales) suscitará críticas implacables y mucho más justas.
Y ojo: no digo que la imaginación y el talento no sean igualmente importantes a la hora de usar las herramientas digitales; mi punto es que la historia del cine no empezó con los Óscars de este año, y desestimar a los clásicos porque los efectos parezcan de palo, es más o menos como echar a Mozart a un lado porque compuso antes del invento de la guitarra eléctrica.
Has llegado a la playa de tus sueños. Sabes que necesitas lanzarte. Sabes que esas aguas y ese tiempo sumergido, te curarán. Miras al cielo despejado y azul. El sol aún está suave en la mañana. El bote reposa sobre un mar sereno y transparente. El canto lejano de un ave te transmite calma. Aguantas la respiración. Te dejas caer a lo profundo.
Foto: Néster Núñez
Años atrás tuve un amigo poeta que siempre llevaba puestos unos audífonos tipo cascos. Así iba al trabajo o a casa de la novia. Así lo veías caminando por cualquier calle de la ciudad, o subido en una guagua o sentado en el malecón del río o en un banco del parque. Cuando veía al poeta con los audífonos puestos, le hacía algún gesto para saludarlo, pero no lo molestaba. Lo dejaba tranquilo con su música, con sus audiolibros o con lo que fuera que escuchara. Hasta que una tarde, la curiosidad me venció:
—¿Qué es lo que escuchas tanto? —le pregunté. No me oyó a la primera, por supuesto— Que ¿qué estás escuchando?
Foto: Néster Núñez
Mi amigo se quitó los cascos y me los puso sin sonreír, sin decir una palabra, sin cambiar su expresión tranquila. Yo no escuchaba nada. Ninguna música, ningún audiolibro. Le dije que pusiera a reproducir aquello. Él se llevó la mano al bolsillo y sacó el extremo del cable, todo mordisqueado. Creo que me explicó qué había sucedido, pero no logré escucharlo. Los cascos apretaban bien. Aislaban los sonidos de un modo que asustaba.
Un hombre que vive a ratos en una ciudad sin sonidos. Un hombre que a ratos ve en blanco y negro. Un hombre, una mujer, que amortigua a voluntad el sentido del oído, presta más atención a los olores, a lo que ven sus ojos, al tacto. Una persona así no teme acceder a las ideas y emociones que genera su cerebro. Es un ser humano que experimenta distintos modos de ser libre. De vez en vez regreso a leer su poesía.
Foto: Néster Núñez
El agua fría eriza tu piel. Tu instinto de conservación se activa. Sientes los pulmones cargados de oxígeno. El fondo del mar te atrae. El movimiento de tus brazos y piernas te llevan abajo. Con la primera brazada dejas atrás el ruido de los motores de los autos. Con la segunda, toda la música se convierte en latido de corazón. Desciendes. Las voces humanas suenan como burbujas de aire en el mar. Tu mente está tranquila, relajada. Los apagones no existen. Los niños no tienen que ir a clases. No tienes que buscar comida para esta noche. Tu mente está tranquila, relajada. Eres solo un cuerpo húmedo acogido por una profundidad agradable. Has regresado como al vientre de tu madre. La placenta te protege.
Una vez tuve un amigo diabético que disolvía los límites. Bebía ron mientras el Ballet Nacional de Cuba bailaba Coppelia en el teatro. De noche, buscaba en el cementerio las carabelas de su madre y de su abuela para tenerlas de regreso en su casa. Apagaba los cigarros en la piel de su brazo. Pintó cuadros de bichos grotescos sobre la cúpula de la catedral católica, sin pretensiones de éxito o de dinero, solo por sacarse los demonios que llevaba dentro. «¡Abandonad toda esperanza!», decía junto a la puerta de su casa.
Foto: Néster Núñez
La gente lo adoraba o lo odiaba, sin matices intermedios. Es difícil tener un amigo que te demuestre constantemente que se puede vivir de una forma distinta; que el entorno te asfixia solo si tú lo permites; que el poder estableció a su conveniencia límites y normas, y que quebrarlos no es tan difícil como parece. Yo era un muchacho normal: pertenecía al bando de los que lo llamaban loco. Aún no me había abandonado a mí mismo durante tres minutos en el fondo del mar, ni había conocido a aquel que llevaba audífonos tipo cascos.
Ves las algas fluir con el vaivén de la corriente. Los peces de colores juguetean frente a tus ojos. Los rayos del sol llegan dispersos a ti. Es como estar en un sueño. Treinta segundos, dos minutos, todos los años de tu vida: el tiempo que has pasado en esa especie de útero materno ha sido placentero, pero ya es demasiado. Lo que fue zona de confort ahora te oprime. Te falta el oxígeno y te revienta el exceso de dióxido de carbono. Tu cuerpo y tu mente no resisten la presión. Quedarse abajo es cosa de locos. Te quitas el cinto de plomo y comienzas el ascenso, desesperado por llegar arriba.
Foto: Néster Núñez
El amigo poeta emigró de la isla. El pintor irrespetuoso de los límites, murió.
Dondequiera que estén, los imagino felices.
La vida es esa inmediata bocanada de aire después de salir del mar (del mal) que te rodea.
(A veces, a los recién nacidos hay que darles una nalgada.)
Y está el amanecer también, la familia y los amigos.
Has llegado a la playa de tus sueños: sabes que necesitas curarte.
La noticia es que un banco estadounidense retiró un crédito de unos 800 millones de dólares a la empresa estatal Petróleos Mexicanos (PEMEX) como represalia por enviar petróleo gratis a Cuba durante los meses de junio y julio de este año, informó Milenio.
Mientras tanto, PEMEX ha tenido que salir al paso de las críticas de parlamentarios por haber «donado» crudo a Cuba: «Petróleos Mexicanos no ha donado petróleo a ningún gobierno extranjero», dijo un alto funcionario de esa empresa azteca.
Sin embargo, esa fuente refiere que PEMEX habría intentado ocultar este envío, y no se conoce cómo fue el método de pago.
Estosignifica que las sanciones de Estados Unidos a Cuba continúan persiguiendo las importaciones de petróleo a Cuba y multando a quien se atreva a vender o donar combustible a la Isla, con el consecuente efecto disuasivo para otras compañías y navieras de que no lo hagan. Esta continuada persecución a las importaciones cubanas de combustible sucede en medio de una severa crisis energética que obliga al gobierno cubano a utilizar crudo para la generación distribuida. Solo esta semana se reportó que al menos cinco unidades de diferentes termoeléctricas estaban fuera de servicio.
Esta noticia confirma también que la voluntad de México de suministrar crudo a Cuba, continúa a pesar de las presiones y riesgos de no hacerlo. De acuerdo con Reuters, en lo que va de año, México ha exportado 2.8 millones de barriles de petróleo a Cuba, mucho más que los dos buques enviados el año pasado, cuando sí envió petróleo a la Isla y la calificó como «ayuda humanitaria».
Nuestra opinión es que estas multas demuestran la vitalidad del sistema de sanciones, y el efecto disuasivo que genera en empresas públicas y privadas, así como en las navieras que transportan las cargas. Para Cuba, la situación electroenergética es un problema de seguridad nacional debido a que la estabilidad social está estrechamente relacionada con la disponibilidad de electricidad. Las protestas en Cuba en los últimos 35 años han estado vinculadas con largos apagones.
¿Diplomacia o desempeño doméstico?: Cuba es elegida por 6ta vez al Consejo de Derechos Humanos
La noticiaes que Cuba ha sido elegida por sexta vez al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, órgano de la ONU que tiene como mandato proteger y promover el cumplimiento de los derechos humanos en el mundo.
Otros 14 miembros fueron elegidos para este Consejo en un proceso que el gobierno cubano ha interpretado como un reconocimiento al trabajo del gobierno en materia de derechos humanos y como apoyo internacional a Cuba.
Mientras tanto, sectores opuestos al gobierno han criticado esta elección, debido a cuestionamientos por supuestas violaciones de derechos humanos cometidas en la Isla, así como la presencia de presos políticos, especialmente tras los sucesos de las protestas multitudinarias del 11 de julio de 2021.
Estosignifica que Cuba continúa teniendo músculo en el escenario multilateral, y habla más de su acertada maquinaria diplomática que de su desempeño en materia de derechos humanos.
Desde la desaparición de la Comisión y la fundación del actual Consejo, Cuba aseguró un asiento desde el comienzo, y ha sido reelecta cada vez que ha sido posible por los estatutos. Ha tenido un récord de votación coherente con su política exterior, de respeto a la no injerencia y a no condenar violaciones de derechos humanos en países aliados.
Cuba se someterá el próximo 15 de noviembre al examen periódico universal de los derechos humanos, un ejercicio de evaluación que realizan en el Consejo basado en un informe presentado por el país que se somete a evaluación, un reporte compilado por el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, así como una recopilación de reportes de organizaciones no gubernamentales y otras aliadas de la ONU. También cada Estado miembro tiene derecho a hacer recomendaciones y preguntas al país evaluado, que suele convertirse en una sesión relámpago en la que cada país puede hacer uso de la palabra solo durante 3 minutos.
Nuestra opinión es que esta elección de Cuba ofrece al gobierno de La Habana un elemento más que desacredita el discurso de que la Isla está aislada del mundo, y es un escenario más que Cuba utilizará para enarbolar los temas prioritarios de su política exterior: la condena a las sanciones de Estados Unidos y la exigencia de retirar a la Isla de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo. Sin embargo, las verdaderas deudas en materia de derechos humanos continuarán fuera del discurso oficial cubano, que tiende a culpar al sistema de sanciones de Estados Unidos como el principal factor que viola los derechos humanos de los cubanos.
Cuba-Rusia: en mi casa mando yo
La noticia es que los ministros de Justicia de Rusia y de Cuba firmaron un memorándum de entendimiento para la colaboración en la esfera jurídica, un nuevo paso que confirma la voluntad política de estrechar los lazos entre ambas naciones.
La última visita de alto nivel conocida fue la del presidente del Consejo de Estado y de la Asamblea Nacional, Esteban Lazo Hernández, que representó a la Isla en la primera conferencia parlamentaria Rusia-América Latina, que sesionó del 29 de septiembre al 2 de octubre en Moscú.
Anteriormente, el Ministro cubano de las Fuerzas Armadas, General Álvaro López Miera, visitó Moscú y se reunió con el Ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, siendo el primer visitante internacional que recibiera tras la insurrección del grupo Wagner. Díaz antes, el Primer Ministro cubano, Manuel Marrero, visitó tres ciudades rusas en una gira de 11 días.
Estosignifica que hay una voluntad de acercarse políticamente y crear vínculos entre las instituciones de cada país; una relación renovada que Estados Unidos y Europa miran con ojeriza. El Ministro de Defensa ruso dijo a la prensa que durante la visita del General Ministro de las FAR. que Cuba era el principal aliado de Rusia en la región.
Nuestra opinión es que La Habana intenta encontrar un aliado que ofrezca oportunidades para la estancada y empobrecida economía cubana, sometida a una tormenta perfecta que ha suscitado una marcada disminución de la calidad de los servicios públicos y ha limitado el acceso a la comida.
Por otro lado, Cuba necesita continuar en un fluido diálogo con Moscú y así mantener el acuerdo de reestructuración de la deuda aprobado por la Duma rusa en febrero de 2022, según reportó AFP.
Sin embargo, en términos de inversiones en el país, en cuanto a empresas establecidas y presencia real en el entramado industrial cubano, Rusia tiene una presencia menor en comparación con las empresas de origen vietnamita y mexicanas, por ejemplo.
Kenya: una puerta que se cierra para la cooperación médica cubana
La noticiaes que la ministra de salud de Kenya, Nakumicha Wafula, anunció que su gobierno no renovará el acuerdo de cooperación médica con Cuba, que durante seis años ha permitido que decenas de médicos cubanos ofrezcan atención médica en zonas intrincadas de ese país africano, así como la posibilidad de estudio en especialidades médicas para galeno kenyanos.
El acuerdo se implementó en 2018, cuando unos 100 médicos cubanos arribaron a Nairobi tras un acuerdo alcanzado durante la visita del presidente kenyano unos meses antes.
Sin embargo, organizaciones sindicales de médicos, enfermeras y dentistas han protestado por la presencia de los especialistas cubanos, pues, afirman, hay muchos profesionales de la salud desempleados en Kenya, y que quienes tienen empleo cobran menos de la mitad de lo que se paga por el trabajo de los cubanos.
La Comisión de Remuneración y Salarios de Kenya afirma que cada profesional de la salud recibía un pago mensual de 5.300 USD, cuando los locales reciben entre 1.600 y 2.300 USD.
El gobierno cubano ha recibido críticas debido a que una parte de los ingresos percibidos por estos profesionales es recaudada por el gobierno, y de hecho, la exportación de servicios profesionales es una de las principales fuentes de ingreso de la economía en el sector estatal, diezmada tras el cierre de varias misiones médicas en diferentes momentos y por distintas causas.
Estosignifica que el Estado cubano ha perdido una fuente de ingresos en tiempos en que la crisis del turismo y la disminución de las exportaciones de servicios médicos ha supuesto un duro golpe para los fondos estatales.
Hasta el momento, el gobierno cubano no se ha pronunciado oficialmente sobre el tema.
Nuestraopiniónes en muchas ocasiones los galenos cubanos prestan atención de salud en localidades a los que los médicos del propio país no llegan, debido a las condiciones de vida en esos lugares o lo peligroso que son.
Dos de los médicos que prestaban servicios en zonas intrincadas de Kenya eran los galenos Landy Rodríguez Hernández y Assel Herrera Correa que hace 4 años fueron secuestrados en territorio kenyano sin que aún se sepa nada de su paradero. Ni en el anuncio del cese de la misión, ni posterior a él, el gobierno de ese país ofreció actualización alguna sobre esta investigación, aunque según los últimos reportes los cubanos se encontraban en territorio somalí.
Organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, dirigentes sindicales y partidos políticos se dan cita frente a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, el 4 de septiembre de 2023. Es lunes y la convocatoria está pactada para las 17 horas en la calle Perú al 160. Un cordón de la policía bonaerense —innecesariamente armado— separa a los manifestantes del recinto. Prevalece la presencia de un vallado metálico donde cuelgan pañuelos blancos y carteles que leen: «30 mil detenidxs y desaparecidxs», «Memoria, verdad y justicia», «No fue una guerra, fue un genocidio».
«No a la reivindicación de la tortura y exterminio en centros clandestinos de detención», entonan los presentes entre el repique de los bombos.
A solo unos pasos de la concentración, dentro de la Legislatura porteña, específicamente en el Salón Dorado, se desarrolla un homenaje a la última dictadura cívico-militar-eclesiástica argentina y a sus perpetuadores. Un acto convocado por Victoria Villarruel, candidata a vicepresidenta del libertario Javier Milei. Su objetivo —según dice— es reivindicar la «memoria completa». Esta etiqueta la ayuda a accionar como defensora de genocidas en tiempos de democracia.
«Nuevamente nos encontraremos en este punto de la historia», me comenta una señora que sostiene en su pecho un cartel con la imagen de un desaparecido. Y habría que preguntarse si, efectivamente, la historia de la humanidad está condenada a repetirse.
Para analizar el avance por parte de los sectores negacionistas, los ajustes que vienen implementando los partidos tradicionales, el estado de la lucha de clase obrera en América Latina y el panorama político y social en Cuba, dialogamos con Gabriel Solano, militante trotskista argentino, legislador porteño, dirigente del Partido Obrero y excandidato a presidente.
Javier Milei, líder de La Libertad Avanza, salió como ganador de las elecciones primarias —también conocidas como PASO—, con más del 30 por ciento del apoyo del padrón electoral, superando a los radicales de Juntos por el Cambio y al oficialista Unión por la Patria. ¿Cuáles cree que sean las condiciones que llevaron a esta intención de voto?
Son varios temas. Primero, lo que primó en la elección —algo que se viene manifestando en la Argentina de hace mucho tiempo para acá— es un retroceso histórico del peronismo. Recientemente, se votó en la provincia de Santa Fe, el tercer valor electoral del país, y el peronismo —que gobernaba— perdió ampliamente. Este año el peronismo perdió muchas provincias. Perdió en San Luis, San Juan, Chubut, Chaco. Perdió las PASO en Entre Ríos. Si vos ves el voto que sacó Sergio Massa como candidato de Unión por la Patria, en relación al padrón total de los votos —al 100% del padrón, no a los que fueron a votar—, sacó menos del 15%. Esto para el peronismo es una situación anómala, es un retroceso muy fuerte.
A esto se le agrega también el retroceso del macrismo y el radicalismo, mimetizados en una especie de coalición más derechista: Cambiemos o Juntos por el Cambio. Ellos gobernaron entre 2015 y 2019 en Argentina y les fue muy mal.
Entonces, como que a las dos fuerzas tradicionales del país, a los dos bloques tradicionales, en las elecciones fueron repudiados. Y gana una lista como la de Milei. Es una característica peculiar, porque en esta bronca han explotado por derecha, con un planteamiento muy reaccionario en relación a los derechos sociales, derechos civiles, a la política internacional. Y la pregunta es ¿por qué lo canalizó la derecha y no la izquierda?
Creo que ahí imperaron varios factores. Por un lado, cierta contención, pasividad del pueblo en el último tiempo. Argentina sufre un ajuste muy fuerte y no hay una reacción popular frente a esto. No es que no haya luchas —las hay—, pero no de la envergadura necesaria. Segundo, la pandemia desorganizó aún más al pueblo y afectó especialmente al sector de trabajadores no registrados de Argentina, que están entre el 40 y 50% de la fuerza de trabajo. Un sector que casi no tiene ningún tipo de asistencia. Y esos fueron los que más votaron a Milei.
El actual gobierno se describe como una especie de «estado presente» —así se hacen llamar los kirchneristas—. Sin embargo, la experiencia ha sido muy negativa y eso desilusionó mucho al pueblo. Esto facilitó el fracaso del kirchnerismo y que la canalización del llamado «voto bronca» sea por derecha. Algo así se ve en América Latina, ¿no? Cuando rige un gobierno tipo kirchneristas, en general, las reacciones van más por derecha que por izquierda. Se ve en Venezuela, con el caso del chavismo. Posiblemente, en Cuba también.
Uno de los recursos retóricos más importantes de Milei ha sido venderse como un «outsider» de la «casta política» tradicional ¿Cuánto de cierto hay en esto? ¿Quiénes serían los beneficiados de su gestión, en el caso de que ganara?
Milei se llama a sí mismo «libertario». Es un concepto complicado. Originalmente, los libertarios estaban relacionados con el anarquismo. En Argentina el anarquismo tuvo un peso importante en el movimiento obrero, especialmente, a fines del siglo XIX y a principios de XX. De hecho, el propio Milei originalmente se autodenominaba como anarquista-capitalista. Después modificó su forma de autodenominación y ahora se llama minarquistas. Son aquellos anarquistas capitalistas que dicen: «bueno, vamos a reconocer un Estado, pero lo mínimo y necesario». Ser anarquista-capitalista es una contradicción, porque el anarquismo y el socialismo comparten el objetivo de una sociedad sin Estado, porque el Estado existe cuando hay una clase que oprime a otra. Solo que los anarquistas históricamente querían constituir eso de un día para el otro y el socialismo entendía que era necesario un proceso histórico.
Un anarquista-capitalista no existe porque el capitalismo se trata justamente de eso: la explotación de la fuerza de trabajo y la existencia de una clase que oprime a la otra. Eso requiere de un estado sí o sí. Es una contradicción. Una especie de oxímoron.
Milei creció originalmente como una especie de economicista que iba a programas de televisión y luego se fue rodeando de un grupo de economistas vinculados al menemismo. El menemismo en Argentina fue una fuerza dentro del peronismo que gobernó durante la década del 90. Hablamos de economistas como Roque Fernández, ministro economía del presidente Carlos Menem; Domingo Cavallo; Carlos Rodríguez, expresidente del Banco Central. Y después hay un grupo de empresarios importantes: los que manejan los aeropuertos, la obra pública, la explotación de energía.
Foto: AP Foto/Natacha Pisarenko
Uno puede suponer que el planteamiento de liberalización beneficiaría en Argentina a un sector financiero. No obstante, las propuestas más importantes de él no son compartidas por la mayoría de la clase capitalista argentina, ni internacional. En los últimos días, periódicos internacionales —como The Economist—, la Reserva Federal de Estados Unidos y el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), le han retirado su apoyo. Prefieren a Sergio Massa, de Unión por la Patria, o a Patricia Bullrich, de Juntos por el Cambio.
Milei, por lo tanto, se ha visto obligado a modificar su programa. La dolarización, que iba a ser un acto inicial, ahora la promete para un futuro lejano, sin demasiada claridad. Supuestamente iba a terminar con el régimen de coparticipación federal y de transferencia del Estado Nacional a las provincias. Ahora dice que eso no sería así. Empieza a modificar su programa para que sea aceptado por la clase capitalista. Iba a destruir el Banco Central. «Voy y pongo una bomba en el Banco Central, lo prendo fuego», dijo. Pero los banqueros no quieren eso, porque los banqueros viven del Banco Central.
Con la llegada de Javier Milei a la carrera presidencial y la creciente cifra de seguidores, ¿es posible evidenciar un aumento de tendencias fascistas y negacionistas en Argentina?
Negacionistas, seguro. Sobre todo en relación al terrorismo de Estado de la década del 70. Y fascista también, pero con la siguiente salvedad: Milei es un «facho». La candidata a vicepresidenta de él, Victoria Villarruel, es una defensora acérrima de los genocidas de la dictadura. Pero eso no es suficiente para encauzar un movimiento fascista.
Para encabezar un movimiento fascista tiene que haber condiciones sociales para que ese movimiento se quede. Argentina no tiene esas condiciones. Cuando uno ve lo que es el fascismo —las dos experiencia más conocidas son la de Italia con Mussolini y la de Hitler en Alemania—, eran movimientos donde la clase media y la pequeña burguesía, muy golpeadas por el capitalismo, avanzaban contra la clase trabajadora. Los textos de Trotsky sobre el fascismo, precisamente en Alemania, demuestran con claridad que es un régimen de guerra civil contra la clase obrera. No solo contra su vanguardia socialista o comunista, sino contra la clase obrera como tal, contra los sindicatos. Es un régimen de exterminio de la clase obrera y de derrota física a la clase obrera.
En Argentina no está eso. Estamos muy lejos de eso todavía. Que Milei sea un «facho», insisto, no se traduce necesariamente en un movimiento fascista en el país. Esas cosas hay que verlas con detenimiento y con cuidado. Yo no soy partidario de bajar la guardia frente al peligro de un eventual gobierno de Milei, pero tampoco soy partidario de atribuirle una fuerza que no tiene, porque eso lleva al derrotismo. Bolsonaro en Brasil, Trump en Estados Unidos, no se pudieron mantener en el poder. Y eso que Trump tenía el Partido Republicano y que Bolsonaro tenía el apoyo de las Fuerzas Armadas. Hoy Milei no tiene el apoyo de nadie. De momento, es todavía algo que se tiene que constituir como fuerza. Veremos.
Si se revisan los números de las PASO puede evidenciarse que múltiples partidos de izquierda se presentaron de forma fragmentada. ¿Cuánto afecta esa fragmentación a la victoria de las izquierdas en los procesos electorales? ¿Qué caminos cree necesarios para lograr la unidad? ¿Qué diferencia la propuesta del Frente de Izquierda de otros partidos?
En Argentina existe un Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT) que se formó en el año 2011 y continúa hasta el día de hoy. Al FIT lo integran cuatro partidos de la izquierda, y como en Argentina existe una legislación donde primero están las PASO y después las Generales, permite una competencia interna y luego unificamos una lista común en las generales. También está la ley electoral, que establece un piso mínimo del 1,5% de los votos para acceder a las generales, y las fuerzas que fueron por fuera del FIT (Política Obrera y el MAS) no lo pasaron. Al final lo que tenés en octubre es una sola lista de izquierda.
No creo que el problema de la izquierda sea a nivel de división. El problema de la izquierda es si es capaz de organizar la clase trabajadora y a los explotados como una fuerza sólida, masiva, con una penetración de las ideas socialista.
Hay una diferencia sistémica entre el FIT y el macrismo y el kirchnerismo: ellos defienden el capitalismo. Nuestro programa plantea un gobierno de trabajo y socialismo. La diferencia es absolutamente de principios.
Foto: El Destape
Cuba siempre ha sido un referente para los movimientos de izquierda. No obstante, actualmente vive una de los contextos más complejos desde el 59, con un incremento en la desigualdad social y económica. A ello se le suma la opresión política y el ahogamiento de varias libertades democráticas. Dicho panorama se vio exacerbado con el estallido social del 11 de julio. ¿Cómo se posiciona el Partido Obrero frente al actual contexto cubano? ¿Ha sido materia de análisis dentro sus filas?
Por supuesto, la Revolución Cubana es un tema clave de la izquierda latinoamericana. De todas maneras, nosotros no tenemos a la dirección del Partido Comunista de Cuba (PCC) como referencia política. No ahora, hace mucho tiempo. Primero, somos troskistas. Si bien la dirección cubana, en el momento de mayor aproximación al planteamiento revolucionario, desarrolló posiciones foquistas, eso rápidamente quedó en el pasado.
En la historia del Partido Obrero hay un momento importante en relación a Cuba, que tiene que ver con cuando Fidel Castro termina apoyando la invasión de Rusia a Checoslovaquia. Va a aplastar militarmente la Primavera de Praga, un momento muy significativo de la historia del siglo XX, muy parecido al mayo francés. La unión de la clase obrera más allá de la división del muro de Berlín. Ese hecho fue para nosotros un dato muy significativo de la orientación de la dirección castrista. Estamos hablando de la década del 70. Pasó mucha agua bajo el puente, pero ese hecho mostró que la división cubana se asimilaba rápidamente al estalinismo. Entonces, a partir de ahí, la dirección cubana va a llevar adelante un planteamiento de asimilación, por un lado, de la burocracia rusa, y por otro, a las burguesías latinoamericanas.
Justo se cumplen 50 años del golpe de Augusto Pinochet, y es interesante porque en su momento la dirección cubana fue una de las que más intercedió frente al Partido Comunista chileno para defender la vía democrática del socialismo en Chile, lo cual terminó en tragedia porque llevó a Salvador Allende a colocar a Pinochet como general en jefe de la fuerzas armadas. Algo similar se va a repetir —según nuestra comprensión— en Nicaragua con el sandinismo. Una famosa frase de Fidel: «no hagan de Nicaragua una nueva Cuba». Y eso llevó al Pacto de Contadora en 1983, en el cual participaron todas las burguesías latinoamericanas y sirvió para desarmar las guerrillas de Centroamérica. Y después se formó el Foro de San Pablo, en el cual participa el PCC pero con el Partido Brasilero, el Frente Amplio, las fuerzas de Evo Morales, el Farabundo Martí de Salvador, los sandinistas de Nicaragua y ya se estructuran como una fuerza en defensa del capitalismo. Una izquierda, pero una izquierda capitalista.
Nosotros no tenemos una visión crítica de la dirección cubana por los últimos acontecimientos. Nosotros tenemos una diferencia estratégica con la división cubana desde el inicio; siempre reconociendo que hicieron una revolución.
Somos un partido de luchas. Sabemos que participar de un acontecimiento te permite palpar las cosas de un modo muy distinto. Te permite diferenciar lo que es una lucha contra la burocracia cubana por reivindicaciones justas, de lo que puede ser una manipulación del imperialismo.
Foto: El Mundo De Berisso
¿Cómo cree que podría avanzarse y lograr soberanía en un país que además de sufrir la inacción o mala gestión gubernamental, también resiste los efectos de medidas unilaterales coercitivas por parte de un país extranjero?
Hay dos problemas fundamentales acá. Cuba necesita que los sindicatos sean autónomos. La realidad material de Cuba es: una enorme decadencia de sus fuerzas productivas. Cuba necesita de inversiones internacionales, posiblemente. Nosotros, como Partido Obrero, siendo una fuerza socialista, no rechazamos de un modo explícito cualquier tipo de inversión internacional. A veces puede ser necesaria. Ahora, los trabajadores se van a defender de esa inversión internacional. ¿Tienen sindicatos para defenderse? Lo peor que puede tener un trabajador es que haya una inversión internacional y no la libertad de asociación. Entonces, el problema de luchar por sindicatos autónomos e independientes es fundamental.
Lo segundo, es formar un propio partido de trabajadores, que no lo es el Partido Comunista de Cuba. El PCC no lo es desde hace mucho tiempo ¿Por qué? Porque un partido de trabajadores o un partido comunista de verdad tiene que funcionar sobre la base de un programa, de una deliberación democrática de sus afiliados, de un reclutamiento sobre la base de los trabajadores que están luchando y su nivel de conciencia. No ser un partido de funcionarios.
Hace falta un partido de trabajadores y hace falta sindicatos libres. Los sindicatos libres significan —insisto— que sean independientes del Estado y que sean un instrumento para que los trabajadores puedan defenderse y reivindicarse. Esto es un principio muy fuerte para nosotros. Pensá que en la Revolución Rusa esto fue un debate y no dirigía el Estado ruso un burócrata, lo dirigía Lennin y Trotsky. Lenin en su momento hizo una crítica muy fuerte «somos un Estado obrero, pero con deformaciones burocráticas». Entonces, los trabajadores necesitan defenderse de su propio Estado. Hoy, en Cuba, esto vale más todavía porque el Estado cubano es un estado restauracionista del capital. No es un estado obrero, es un estado que impulsa la penetración del capital internacional dentro de Cuba. Entonces, más que nunca necesitamos sindicatos independientes.
La oposición de izquierda es minoritaria entre los cubanos, pues, además de resistir el hostigamiento de las estructuras del Estado Cubano, debe también enfrentarse al descrédito de la mayoría de los sectores del llamado exilio, marcados por un fuerte anticomunismo y apegados a la derecha radical. Bajo este contexto, las organizaciones o militantes de esta tendencia quedan en tierra de nadie y sin los necesarios apoyos para hacer activismo. ¿Qué consejos pudiera darle a los movimientos u organizaciones cubanas que no están de acuerdo con las políticas del Estado, pero que tampoco quieren alinearse a la derecha?
La cuestión táctica en política es muy importante. Si no, la estrategia queda como algo abstracto. En forma muy genérica, habría que tener un programa.
Hablo de un programa que cuente con varios factores. Por un lado, las reivindicaciones más acuciantes del pueblo cubano. ¿Cómo se va a organizar el pueblo?, ¿sobre qué base?, ¿qué plataforma? Un programa más estratégico de a dónde queremos llevar la revolución y que nos permita diferenciarnos de la otra parte opositora del régimen, que es la derecha. Una plataforma que sea materia de permanente agitación, propaganda y organización.
Y así se irá formando el punto de partida de un verdadero partido comunista, un partido de trabajadores en Cuba. Porque lo que va a organizar a los trabajadores —insisto— es un programa que muestre una comprensión de lo que pasa, a dónde queremos llevar la Revolución, pero que también contemple acciones más inmediatas a los problemas que está viviendo el pueblo; que desarme los privilegios de la burocracia; que defienda el derecho a organizarse de los trabajadores, y que organice a la juventud.
Foto: FM del Pueblo Azul
Hoy en varios lugares de América Latina se evidencia el avance de los discursos de la ultraderecha, tras el fallo por parte de los gobiernos progresistas o tradicionales a la hora de generar bienestar social. ¿Cuál pudiera ser el camino a seguir de la clase trabajadora y los movimientos de izquierda para convertirse en una alternativa real que transforme las estructuras que provocan estas inconformidades y problemáticas?
En los últimos 15 años ha habido un intercambio entre gobiernos progresistas y de derecha de una manera media permanente. Ahora gobierna Lula en Brasil. Gobierna la derecha en Uruguay. Gobierna la izquierda en Chile, lo cual es toda una novedad, pero con una posición fuertemente capitalista, muy reaccionaria y muy represiva frente a los pueblos originarios. Y en Argentina existe todo el debate en torno al kirchnerismo y que ha dividido mucho a la izquierda. Porque una parte importante de la izquierda argentina está dentro del gobierno kirchnerista. El Partido Comunista Argentino, por ejemplo, los maoísta argentinos también.
Lo que hay en toda América Latina es una disputa por un planteamiento de independencia de clase frente a los gobiernos de tipo nacionales y populares, centroizquierdistas. Y eso tiene que hacerse conformando partidos revolucionarios, que luchen por conquistar a las masas y que no se contenten con ser solamente un pequeño grupo de propaganda.
Nosotros impulsamos eso, impulsamos en América Latina una estrategia de construcción de partidos revolucionarios que luchen por los gobiernos de los trabajadores en cada país. Y que eso, como estrategia política, lleve a la unidad socialista de América Latina.
Trosky, por ejemplo, había pronosticado que las burguesías latinoamericanas iban a ser incapaces de unirse para enfrentar el imperialismo norteamericano, y en un momento parecía que ese pronóstico podría ser refutado por los hechos. Se hizo el Mercosur, se hizo la Unasur, la Patria Grande y terminó en nada. No pasó nada. Ahora Uruguay está firmando un acuerdo de libre comercio con China por su cuenta. Las burguesías latinoamericanas fracasaron en unificarse porque fundamentalmente son burguesías que, como toda burguesía, compiten unas con otras. Pasa en Argentina… si vos no aceptás una determinada situación de salario y condiciones de trabajo, el magnate desarma la fábrica y se va a Brasil.
El fracaso de la burguesía vuelve a plantear el problema de que América Latina solo se puede unir sobre la base de gobiernos de los trabajadores. En su momento, la burguesía quiso adueñarse de un discurso de unificación de América Latina que no pudo llevar adelante. Para eso hace falta tener un programa.
El hecho relativamente nuevo de América Latina es que ha pasado a ser un territorio de disputa entre Estados Unidos y China. Esto no pasaba en la década de los 80 y 90. China no tenía la relevancia mundial que tiene hoy. Muchos piensan que con los BRICS (conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) tendríamos una especie de comercio Sur-Sur. Enfrentaríamos — digamos— a las potencias imperialistas tradicionales, a través de un acuerdo con China y en forma secundaria con Rusia.
Pero ¿cuál es la naturaleza del acuerdo con China? Argentina tiene un comercio con China más fuerte que con Estados Unidos. Y la naturaleza comercial de ese acuerdo, su fundamento principal, es la exportación de materias primas. Entonces, la relación que tenemos con China es tan colonial como la que tenemos con Estados Unidos. No exactamente igual, pero reproduce eso. Es falso que América Latina va a lograr su verdadera independencia a partir de apoyarse en China. Y ese es el discurso de Evo Morales, de Nicolás Maduro en Venezuela, de los Ortega en Nicaragua. El intento de dominación de China de América Latina no tiene por propósito emancipar a los países del atraso, de la dependencia de economías de tipo cada vez más primarizadas, sin productividad.
Hace ya más de año y medio que este conflicto entró en su fase actual de guerra convencional, aunque no debemos olvidar que este inició su fase de agudización desde que, en la reunión de Bucarest de 2004, la OTAN hizo pública su decisión de sumar a Ucrania a su alianza. Con ello, esta organización militar continuaba su política de integrar a sus filas a la casi totalidad de la llamada, antes de 1989, «Europa socialista». Dichas acciones ocurren pese a las promesas hechas a Rusia en el 1991, que apuntaban en sentido contrario, y a los acuerdos de Minsk, los cuales solo sirvieron—según declaraciones recientes de la ex-canciller alemana Angela Merkel y del presidente francés Emannuel Macron— para ganar tiempo en la preparación militar de Ucrania por parte de la OTAN.
Para Rusia, la variante de que Ucrania se incorpore a la OTAN es totalmente inaceptable; es el enemigo a sus puertas y, con ello, el despliegue de armamento nuclear de la alianza militar en territorio ucraniano, que lo colocaría a escasos minutos de Moscú. No pocos autores han comparado este dilema con el que enfrentó EE.UU. en octubre de 1962 ante el despliegue coheteril soviético en Cuba —a escasos minutos de Washington— que colocó, como nunca antes, al mundo al borde de la guerra termonuclear. ¿Aceptaría hoy mansamente EE.UU. el despliegue de fuerzas chinas o rusas en las fronteras de México o Canadá? Ni pensarlo. ¿Por qué entonces los rusos deben aceptar, no menos mansamente, la incorporación de Ucrania a la OTAN?
El diferendo entró en su fase armada desde el 2014, en las zonas del Donbass. La población rusa allí se veía sometida a toda suerte de discriminaciones y represiones, desde políticas y culturales hasta religiosas. Lo que vemos hoy no es otra cosa que su ampliación desde febrero del 2022. ¿Por qué el Donbass? Porque desde siglos antes de constituirse el Estado de Ucrania en 1924 o los primeros atisbos de nacionalismo ucraniano a fines del siglo XIX, el Donbass era claramente caracterizado como parte integral de Rusia, desde el siglo XVIII por la Emperatriz Catalina la Grande y múltiples estadistas, basado en su composición étnica y sociocultural, idioma y vocación religiosa. Unido a esto ha constituido ya desde hace varios siglos un eslabón de suma importancia para la economía rusa.
La guerra hoy se desarrolla en tres frentes bien diferenciados, norte, centro y sur, en los que Rusia ha ocupado la casi totalidad del Donbass. Con ello, se creaba para abril del 2022 una situación de fuerza que esperaban los rusos exigiría a Kiev a iniciar conversaciones, en las que se verían obligados a aceptar las demandas de Vladimir Putin de recuperar los territorios del Donbass, así como la adopción de un status de neutralidad por parte de Ucrania. El Reino Unido (Boris Johnson) y EE.UU. (administración Biden) presionaron a Ucrania para que rechazaran esas conversaciones y, en su lugar, continuaran la guerra con un apoyo monumental de parte de estos dos países y los restantes miembros de la OTAN.
Avance de tropas a 5 de octubre de 2023 / Foto: RTVE
Desde entonces, se inicia una guerra de desgaste, sin cambios sustanciales a lo largo de la extensa frontera que separa al Donbass de Ucrania. El gobierno de Zelensky (Ucrania) han intentado en dos ocasiones (septiembre 2022 y junio del 2023) conducir ofensivas que infligieran severas derrotas a los rusos y así forzar una retirada de estos.
En la campaña militar de septiembre, lograron un par de limitados avances en el norte con la captura de Kupiansk y, en el sur, con la ocupación de Jerson. La ofensiva de junio ha defraudado por completo las expectativas que EE.UU. y la OTAN habían puesto en la misma. Esto último ha comenzado a ser reconocido en medios occidentales, uno de los más recientes análisis en este sentido fue publicado por el académico Mark Giuleotti en la revista The Times de Londres.
A casi tres meses de iniciada, la ofensiva apenas logra algún avance significativo. Se han quedado muy lejos de alcanzar las líneas de fortificaciones defensivas rusas; fueron derrotados en Bakmut tras meses de batallar; en el sur no han podido establecer cabezas de playa en la margen oriental del rio Dnieper y, en el norte, alrededor de Kupiansk están siendo actualmente derrotados por las fuerzas rusas. En el aire, la novedosa etapa de los ataques con drones, hace visible la supremacía de Moscú, algo similar ocurre con respecto a la aviación.
En materia de bajas, el panorama no es menos desfavorable para los ucranianos. Todas las fuentes confirman que las tropas de Kiev han sufrido entre 43 y 46 000 muertos, y se reconoce igualmente que la correlación de bajas sigue siendo de 10 u 8 ucranianos por cada ruso, sumando a ello 4 900 tanques, vehículos blindados y transportes.
La táctica de los rusos —hasta ahora— ha sido la de una defensa activa frente a la cual las fuerzas ucranianas se han ido desgastando en hombres y medios, calificada por algunos especialistas occidentales como «pérdidas horrorosas». No por casualidad el presidente Zelensky ha decretado la movilización general de la población en edades apta para el combate.
Un estimado occidental precisa que por cada 6 000 proyectiles ucranianos lanzados sobre las posiciones rusas en un día, la defensa de Putin responde con 90 000. Una y otra vez no pocos analistas puntualizan la superioridad en población y recursos de que dispone Rusia frente a Ucrania, la que sin la asistencia de la OTAN ya habría sido derrotada desde hace rato; 35 000 efectivos ucranianos entrenándose en EE.UU. y otros países de la OTAN acaban de sumarse a los combates, mientras que el presidente Biden anuncia el suministro de 24 600 millones adicionales en asistencia al gobierno de Zelensky (Ucrania), de manera que seguiremos teniendo guerra por un buen rato.
Efectos provocados por la guerra de Ucrania / Foro: Reuters-Sofiia Gatilova
Escenario de negociación y la posición de Cuba
Zelensky —alentado y apoyado por la OTAN— continúa manteniendo su postura maximalista como fórmula de negociación. Desde Crimea hasta la última pulgada de las posiciones rusas, todo debe ser recuperado y Ucrania acabará sumándose a la OTAN. Y si esto es así, ¿qué queda por negociar? Aparentemente nada; sólo una victoria militar abrumadora sobre Rusia aseguraría el maximalismo de Zelensky.
De parte de Moscú se presenta un maximalismo idéntico: la región del Donbass queda bajo la jurisdicción del Kremlin, como ha sido consagrado hace meses con la incorporación de las repúblicas de Donetsk y Lugansk y Crimea como parte inseparable de Rusia mediante referéndum en el 2014, sin tener que disparar un tiro.
De prolongarse la guerra y decidir Putin lanzar ofensivas en el norte hasta capturar Jarkov y en el sur hasta ocupar Odesa, el cuadro para Zelensky se complicaría al máximo. Para Rusia, la idea de Ucrania de sumarse a la OTAN es, simplemente, inconcebible e inaceptable. Su condición de país neutral es y seguirá siendo condición sine qua non.
En semejante contexto, los esfuerzos de China y, por otra parte, de un grupo de países del Tercer Mundo reunidos en Jeddah, capital de Arabia Saudita, no han desembocado hasta ahora en ningún tipo de diálogo o negociación. Y no parece que haya ningún avance en el futuro previsible. Tendremos guerra para rato.
El estallido de este conflicto supone para Cuba dimensiones muy diferentes. Al no condenar a Rusia por sus acciones —y quede bien claro que Cuba no ha apoyado explícitamente en ningún foro internacional condena alguna a las acciones de Moscú, habiendo votado en la ONU por la abstención, posición ésta más generalizada y mayoritaria entre los países del otrora llamado Tercer Mundo— esto ha servido de base para que desde Washington y Miami se orqueste todo un discurso orientado a presentar a Cuba como cómplice activo de Rusia en este conflicto y por ello merecedora de nuevas y mayores sanciones.
En este sentido deben recordarse tres elementos:
El buen estado de las relaciones actuales entre Rusia y Cuba viene articulándose desde hace más de una década.
En ningún momento Cuba se ha pronunciado en apoyo explícito de Rusia, ni siquiera durante la visita oficial del presidente Díaz-Canel a Moscú el pasado noviembre.
La política exterior de Rusia valora altamente como elemento positivo favorable a ella en la actualidad la abrumadora vertiente que se pronuncia por la abstención y no culpan a Moscú por el actual conflicto y propician fórmulas de arreglo.
Miguel Díaz Canel junto a Vladimir Putin / Foto: Prensa Latina
En el plano bilateral, determinados flujos comerciales enfrentan inevitables alzas de precios —como ha ocurrido en todo el mundo como reacción a las sanciones occidentales impuestas contra Rusia, incluidos los combustibles. El componente representado por el creciente turismo ruso —estimado en un 20%— se vio afectado severamente por las restricciones occidentales sobre vuelos rusos sobre Europa Occidental en dirección a Cuba, factor éste que hizo desplomarse por más de un año el turismo desde ese país a Cuba y que sólo ahora comienza a normalizarse.
El ascenso actual de las relaciones económicas y de colaboración entre Cuba y Rusia está llamado a compensar en una cuantía importante los trastornos antes mencionados. El comercio bilateral —de acuerdo a fuentes del Kremlin— se triplicó el pasado año, alcanzando los $730 millones de dólares y se ha cuadruplicado en los primeros cuatro meses del presente año.
Algunas cabezas bien sensatas en Occidente comienzan a razonar e insisten en que la ruta hacia una solución negociada, deberá estar más en consonancia con los reclamos rusos que con el maximalismo de Zelensky. La última palabra será ventilada en el campo de batalla. Hasta entonces, no habrá arreglo definitivo. Un último ángulo que pudiera introducir una variante hacia una solución pactada, pero de lo que nadie habla hasta ahora sería la destitución de Zelensky y su gobierno (por vía consitucional o golpista) y la instalación de un gobierno mejor, dispuesto a considerar las concesiones antes mencionadas.
El sábado 7 la organización yihadista Hamás lanzó un ataque con cohetes desde la ocupada Franja de Gaza a las ciudades de Tel Aviv y Jerusalén. La acción se acompañó de la ocupación de forma temporal de varias comunidades israelíes y la toma de rehenes, tanto militares como civiles.
Esta acción de Hamás, que los principales medios de prensa occidentales e Israel han calificado de «ataques terroristas horripilantes», constituye una importante escalada del conflicto israelo-palestino. Si bien es obvio su carácter terrorista, no se puede entender la naturaleza de todo el proceso sin tener en cuenta que la Franja de Gaza es una gigantesca prisión a cielo abierto —calificada por Antonio Guterres, Secretario General de Naciones Unidas como «el infierno en la tierra»— en la que están secuestrados más de dos millones de palestinos que viven en condiciones infrahumanas, y que Hamás, quien a su vez cuenta con el apoyo de Irán por motivo de afinidades religiosas, es la organización política más representativas de ese territorio.
Por su parte, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha respondido con múltiples bombardeos a la Franja de Gaza, así como el aviso de que su país iniciaba una guerra. Los contrataques han incluido varios edificios multifamiliares y una mezquita. El gobierno israelí calificó a Hamás de «animales inhumanos» y proclamó que lo aniquilará. Por si fuera poco, su ministro de defensa prometió aislar totalmente a Gaza, cortándole la electricidad, el agua y el suministro de alimentos.
Hasta sus aliados reconocen que en muchas ocasiones anteriores el Primer Ministro israelí ha reaccionado de manera desproporcionada ante los ataques de Hamás y otras organizaciones guerrilleras, incrementando hasta lo indecible el sufrimiento de las poblaciones palestinas, especialmente en Gaza. Sin embargo, nunca le han negado apoyo militar, lo que ha convertido a las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) en el ejército más poderoso del Medio Oriente, capaz de infligir enormes daños a sus enemigos.
A pesar de todas sus fortalezas, las fuerzas de seguridad israelíes no fueron capaces de prevenir este ataque, lo que ha sido calificado por algunos especialistas como un «grave fracaso» del Mossad y de la inteligencia norteamericana. Esto explicaría la colérica reacción del Netanyahu y de su ministro de defensa.
Ambas acciones han ocasionado múltiples calamidades a la población civil de ambas partes, que incluyen muertes, heridos, destrucción de viviendas, y el agravamiento de la ya existente crisis humanitaria en Gaza. Actualmente organismos y medios de prensa internacionales calculan que hay aproximadamente más de 900 muertos por el lado israelí y más de 700 por el palestino, civiles en su inmensa mayoría. De continuar las acciones militares, no cabe duda que se impondrá la asimetría en armamento entre las FDI y Hamás, lo que provocará aún mayores bajas del lado palestino.
Hamás controla la mayor parte del territorio de la Franja de Gaza, reclamada tanto por Israel como por la Autoridad Nacional Palestina. Desde 2006, incumpliendo los acuerdos y recomendaciones de las Naciones Unidas, el Estado Israelí ha arreciado el bloqueo total en la región, que ha provocado una gravísima crisis humanitaria, además de una fuerte represión a los palestinos. A esto se le suma la anexión de varios territorios otorgados por la ONU a Palestina en 1947 durante el Plan de Partición.
Expansión de Israel / Foto: La Izquierda Diario
Observadores extranjeros y organizaciones internacionales, como Amnistía Internacional y Human Right Watch, califican la política israelí de «apartheid». Esta situación ha alimentado el empoderamiento Hamás como organización extremista que propone la violencia como única salida al conflicto. No obstante, al pueblo palestino tampoco le han permitido otras vías legales y pacíficas para garantizar su soberanía y desarrollo.
Como suele suceder en contiendas de este tipo, cada Estado se posiciona ante los hechos, dejando de lado la empatía con todas las víctimas y priorizando las alianzas geopolíticas por encima de los hechos. En este caso en particular, se evidenció la polarización de las diferentes potencias militares.
Como ejemplos de ello puede citarse el declarado apoyo incondicional de la Administración Biden al Estado Israelí y el anuncio de envío de refuerzos militares a la zona de guerra; mientras el canciller ruso Serguéi Lavrov centró su discurso en las violaciones sostenidas de Israel sobre Palestina como el principal el causante del conflicto, evitando cualquier crítica a Hamás. La misión iraní ante las Naciones Unidas afirmó: «apoyamos enfáticamente y sin dudas la causa de Palestina; sin embargo, no estamos implicados»
Por su parte, China hizo un llamamiento a la calma y la moderación de todas las partes, a un alto el fuego y a priorizar la protección de los civiles, al tiempo que ofreció su disposición para buscar una solución que garantizara la existencia de un estado palestino que pudiera vivir en paz.
En América Latina hubo diversidad de posiciones, pero países como Colombia se han mantenido neutrales reconociendo la responsabilidad de ambas partes, y haciendo un llamado a evitar más muertes civiles.
El gobierno cubano, si bien esquivó condenar el ataque terrorista y la retención de rehenes por parte de Hamás, llamó a «la paz y a la búsqueda de una solución por la vía de la negociación que evite una mayor escalada de un conflicto». No es el único que ha adoptado esa posición.
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Aunque algunas de las acciones de Hamás son claramente manifestaciones de terrorismo y, por tanto, condenables, las causas más profundas del conflicto residen en la posición radical de las autoridades israelíes que han expandido los asentamientos en territorios ocupados y mantienen a Gaza en un estado de bloqueo total que ha avivado la posición radical de Hamás.
En estas condiciones, la solución no es fácil. Pero de lo que si no cabe duda es de que no habrá paz en la región hasta que no se le garantice al pueblo palestino, y particularmente a los habitantes de la Franja de Gaza, su soberanía y condiciones mínimas para vivir y desarrollarse.
Mientras Estados Unidos mantenga su gigantesco apoyo político, económico y militar al gobierno de Israel, y la mayoría de los países occidentales la pasividad ante las acciones israelitas, será muy difícil encontrar una solución pacífica al conflicto. El lobby israelí en Washington es sumamente poderoso y garantiza que ese apoyo no desaparezca. La sangre de los civiles israelíes está en las manos de Hamás, pero la sangre de los civiles palestinos está en manos de Netanyahu y sus aliados.
Las acciones de Hamás merecen el repudio de la comunidad internacional en la medida en que convierte a ciudadanos israelíes en víctimas, no obstante, ese repudio no será creíble hasta tanto no se solucione el problema de fondo: la existencia de Palestina y el derecho de su pueblo de vivir en paz y con razonables posibilidades de desarrollo.
Están entre nosotros. Se mueven aquí y allá, en virtuales cavernas y convenciones coloridas. Arruinan la sociedad, disuelven sus valores, se ofenden por cualquier cosa y no son capaces de enfrentar la realidad. Sus tentáculos se extienden por la cultura, y allá donde llegan trastocan lo correcto y lo natural en función de su fragilidad.
Nadie está a salvo. Ni tu superhéroe favorito, ni la Sirenita de Andersen, ni Cleopatra; pues ellos quieren cambiar la historia misma. No saben ni quiénes son, pero ante un pequeño uso del pronombre equivocado, los hallarás irritados, ansiosos, sedientos de venganza. Son criaturas rencorosas, que en su cruzada contra la libertad de expresión han desarrollado el poder de la cancelación, y borran a grandes figuras de la existencia con la misma facilidad con que tachan los párrafos no deseados de los libros de historia.
Esta es la leyenda de los malditos, los inadaptados, los corrompidos, la decadencia de Occidente hecha cohorte, el fin de la civilización: es la generación de cristal
Así se vería, probablemente, la página dedicada a la «generación de cristal» de alguna oscura enciclopedia de la web, si fuese escrita por algún historiador conservador o «sociólogo outsider» con ínfulas de escritor de horror. En ese hipotético grimorio de las redes sociales, el demonio de los «cristalitos» tendría un lugar especial. Sin embargo, como todo cuento de brujas, tiene su buena dosis de fantasía.
Internet es la meca contemporánea de la discordia. Sorprende al observador dedicado lo rápido que se revolucionan, una y otra vez, las formas de discutir y/o invalidar al adversario —esa poderosa amenaza existencial que constituye el otro distinto tras la pantalla—utilizando toda clase de términos, descalificaciones, y estrategias poco respetuosas que se alejan de la búsqueda de consenso.
(Imagen: Richi Herrera / LJC)
No obstante, si entendemos las redes sociales como esa especie de ágora global, relativamente abierta, donde tiene lugar el parte del debate ciudadano contemporáneo, entonces se hace necesario considerar cuidadosamente su componente político. Pues más allá de los textos y memes hay sujetos políticos detrás con algo que decir.
El auge del actual del debate sobre la libertad de expresión y la corrección política se da como un producto de las diferencias generacionales entre los más viejos y los nacidos tras el llamado «fin de la historia» —¡qué hiciste, Fukuyama[1]!—, es decir, luego de la caída del muro de Berlín y el aparente triunfo del liberalismo como única alternativa viable para el progreso de la humanidad. En este contexto se han producido cambios en el discurso ideológico que se expresan con gran intensidad en internet y abarcan toda la extensión de la experiencia humana, sea en la economía, la cultura, o en la identidad misma de los involucrados. Es entonces, en el bullicio incesante de las discusiones en redes, cuando aparece con mayor frecuencia la «generación de cristal»
Si buscamos el origen del término, llegamos hasta la pensadora española Monserrat Nebrera, a quien se le atribuye su creación a mediados de la década pasada, para hacer referencia a los adolescentes y jóvenes nacidos entre fines de los 90 y comienzo de los 2000. El uso de la palabra «cristal» buscaba expresar metafóricamente la supuesta fragilidad de una generación supuestamente criada de forma sobreprotectora por sus padres, que había vivido una infancia cómoda, disfrutando del «estado de bienestar» logrado por la política liberal en los países del «primer mundo», lo cual terminó provocando que, ante las sucesivas crisis que trajo el nuevo siglo, se encontraran en una situación traumática que les superaba y les imposibilitaba adaptarse a cualquier adversidad.
De esta forma, Nebrera buscaba explicar la aparente incapacidad de los jóvenes para asimilar el funcionamiento de las normas establecidas en la sociedad de los adultos, que curiosamente se correspondían con las del orden económico y social establecido en las democracias liberales tras la victoria del bloque occidental, en seria crisis por primera vez desde la caída de sus contrincantes del este. Aún con esto, la implicación ideológica de la denominación no aparecía de forma demasiado explícita.
Sin embargo, a pesar del reducido impacto académico que tuvo en su momento el término por su falta de fundamentación teórica, a partir de aquí la denominación «generación de cristal» se extendió rápida y progresivamente por los medios digitales de lengua hispana, mayormente en ámbitos conservadores y de derecha, y fue adquiriendo además una connotación cada vez más política.
Por tanto, «generación de cristal» comenzó a utilizarse para referirse a esos jóvenes, nacidos a finales del siglo pasado y comienzos del presente, y a quienes se les atribuye características como la falta de autoestima, la hipersensibilidad, la fragilidad emocional, la queja constante, la incapacidad para afrontar críticas o chistes, entre otras.
Foto: AJ+Español
Se les asocia generalmente con el «progresismo», la comunidad LGBTQ+, las ideologías de izquierda —el fantasma del «marxismo cultural» que recorre occidente y aparentemente Hollywood—, la depresión y la ansiedad a temprana edad, así como la neurodivergencia, el desempleo voluntario y la falta de sacrificio o resiliencia.
Se utiliza, además, para burlarse de aquellos que reaccionan negativamente a determinados contenidos «políticamente incorrectos» por contener o reproducir —en mayor o menor escala— la discriminación hacia grupos históricamente vulnerados. El equivalente en el mundo anglosajón sería el término snowflake, (copo de nieve), pero este, a pesar ser utilizado para describir individuos con características similares, no está vinculado a un determinado rango de edad.
No obstante, si se analiza en rigor la propia conceptualización original del término, se hace evidente que, más que solidez metodológica, en su uso priman las emociones y el espíritu militante de la «batalla cultural». No solo se trata de una universalización injustificada de un fenómeno propio de ciertos tipos de contextos sociales y demográficos concretos, sino que pretende generalizar toda una cohorte generacional, reduciéndola a un conjunto de características arbitrariamente presentadas, las cuales, si bien pueden tener raíces en la realidad de cierto grupo de individuos, no implican necesariamente las interpretaciones que se han hecho sobre estas.
Los jóvenes nacidos tras la Guerra Fría —los del «primer mundo», al menos—, fueron criados, ciertamente, en un relativo y casi artificial estado de bienestar, cuya ficticia estabilidad se vino abajo tras la crisis financiera del 2008, con la que llegaron además la precarización y el deterioro de las condiciones laborales, la crisis de la vivienda, la caída relativa de la calidad de vida, que también influyeron en el aumento de la polarización social y política, así como toda una nueva oleada de extremismos y radicalismos ideológicos, entre los cuales el alt-right (derecha alternativa) es un ejemplo llamativo.
Estos jóvenes, a decir del crítico británico Mark Fisher[2], experimentaron desde la impotencia lo que él denominó «realismo capitalista», es decir, el pensamiento de que no hay alternativa posible al sistema, y que no existe más remedio que la resignación y el consuelo en las pequeñas muestras de rebeldía, que nunca acabarían por cambiar la raíz del problema. La consecuencia de esto era, para Fisher, nada menos que la depresión, el encierro en la propia identidad, y la consagración en batallas políticas sectoriales cuyo resultado tendería a ser instrumentalizado por el sistema de relaciones mercantiles e ideológicas, previamente existentes.
La crisis fue de esta forma un shock de realidad, en la cual incluso, ante el terremoto del sistema, no había más alternativa que asumir el estado general de las cosas. Es por esto que resulta interesante que con el término «generación de cristal» se busque responsabilizar de las inseguridades de una porción de la población a una supuesta incapacidad intrínseca de los jóvenes para adaptarse, y no a la preeminencia de relaciones de mercado y poder que sostienen unas condiciones injustas y aparentemente imposibles de superar.
Si la inconformidad y la queja frente a una realidad adversa, plagada de condiciones de existencia opresivas y muchas veces hostiles, es interpretada como debilidad, ¿qué actitud ante esa realidad sería considerada como una fortaleza? ¿Callar y asumir que «así es la vida», o que así son las cosas naturalmente? Esta resignación frente a las condiciones imperantes, la famosa «mentalidad del aguante», hija del mito de la meritocracia, que en lo laboral podría conducir a la autoexplotación descrita por el filósofo Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio, lleva a la depresión, la ansiedad y el agotamiento, con no menos frecuencia que la supuesta fragilidad de los jóvenes.
En ese sentido, la experiencia demuestra que no es solo la Generación Z la que sufre en la sociedad actual. Sencillamente son en sentido general más propensos a denunciar la precariedad, que a callar y resistir en silencio. Esta actitud, en una vaga y defectuosa interpretación del estoicismo, es utilizada por ciertos sectores conservadores para tildar a quienes denuncian estas problemáticas de «vagos», «frágiles» o «hipersensibles».
El término no se limita a la queja laboral. En su afán de descalificar, ciertos discursos acusan a la «generación de cristal» de perderse en las políticas de identidad, y de sentirse fácilmente ofendidos cuando se les muestran las «verdades» sobre sexualidad y género.
Meme de referencia / Foto: Quora
El intento de responder a esto se ve como una afrenta a la libertad de expresión, como si esta correspondiera a la libertad para acosar o discriminar constantemente en redes sociales —algo que ocurre a menudo— a personas «fuera de norma».
Curiosamente, personas del mismo grupo etario que correspondería a nuestra hipotética generación utilizan el término para describir a sus coetáneos, como si fuera posible escapar de ella siendo políticamente incorrecto. Mientras tanto, muchos colectivos siguen siendo víctimas de discriminación, y cuando alzan la voz para exigir su derecho a existir y expresarse libremente, se les acusa de hipersensibles, de reaccionar desproporcionadamente, o ser «copitos de nieve».
Es interesante que esas reacciones se vendan como «hipersensibilidad», cuando no es menos reactivo aquel que explota de ira al ver a dos personas del mismo sexo besándose en la calle, o dándose la mano en una escuela; o aquellos que devienen paladines del contenido fidedigno de alguna obra cuando cierto personaje ficticio tiene un color de piel más oscuro del esperado. Irónicamente, los cambios en el aspecto de personajes respecto al original que no constituyen cambios con aumento de melanina no suelen generar tanto sobresalto. Si el «cristalito» sobrerreacciona por el contenido de una película es hipersensibilidad, pero si lo hace el purista, ¿es una legítima protección de la infancia o del rigor?
No es cuestión de afirmar que todo cambio, política o actitud es pertinente. Eso es harina para otro debate. Lo que se quiere exponer es que, en una era movida por algoritmos, polarización, grupos de opinión, comunidades de identidad y enfrentamientos de emociones —de las cuales los fanáticos del término también son víctimas—, la hiperreactividad es una característica común a la mayor parte de los involucrados, y no solo a los que reaccionan por determinadas cosas. Si nos guiamos por ese criterio, la mayoría de los involucrados seríamos de cristal, sin importar el grupo etario. ¿Existen reacciones desproporcionadas? Sí, pero no son propias de un único grupo, sino que están distribuidas a lo largo del escenario social de discusión.
La «cultura de la cancelación», que ciertamente debe ser abordada desde una mirada crítica y no puramente activista, no es un fenómeno exclusivo de los peyorativamente denominados «progres». En su momento, las quemas de libros de la inesperada inquisición española —y que fueron repetidas durante el franquismo—, o el Código Hays, que prohibió en las pantallas norteamericanas todo aquello que no coincidiera con la moral conservadora imperante, fueron formas primitivas y para nada progresistas de cancel culture.
Foto: Nueva Revista
Cada época, y por tanto cada generación, tiene sus propias características, miedos y preocupaciones. Después de todo, los que las componen son hijos de las condiciones económicas, sociales y culturales en las que nacieron y crecieron, y desde ahí conciben sus cosmovisiones y se plantean sus luchas.
No es posible, sin caer en parcialidades y sesgos, intentar atribuir un carácter de bueno o malo a un proceso que ocurre sin excepción en cada ronda generacional, en las cuales siempre los viejos ven en los nuevos el fin de la sociedad, precisamente porque la situación es distinta a la que ellos vivieron. No es, sencillamente, tan simple.
Bajo un halo de dudosa superioridad moral que esconde un ejercicio de profundo egocentrismo, se intenta abstraer a un grupo humano en una pretensión de universalidad, alienando a sus integrantes de sus diferentes realidades con el fin de minimizar sus demandas o atribuirles un signo moral negativo. Esta actitud busca mostrarse condescendiente con aquellos de diferentes ideas, al entenderlos como mentalmente débiles, o incluso que han sido manipuladas por «ideologías peligrosas». Sin embargo, hay mucho de ideológico en los preceptos desde los que se descalifica.
Si lo que se busca es ser riguroso, sería ya hora de dejar ir un concepto que, más que serio y descriptivo, solo contribuye a invalidar personas con pensamientos legítimos, reproducir estereotipos discriminatorios, y alimentar el discurso de ciertos grupos políticos, cuyo menor interés es el de «proteger» el color de piel de la Sirenita que había escrito Hans Christian Andersen.
Empecemos por vernos entre nosotros no como enemigos existenciales, sino como integrantes iguales de la sociedad en la que debemos llegar a ciertos consensos mínimos a pesar de nuestras diferencias, sean ideológicas, generacionales o culturales. No todo aquel que está en desacuerdo con nosotros constituye una amenaza existencial, y descalificar siempre solo le es funcional al extremismo, que se alimenta de las falacias y la segregación de opiniones incómodas para unos y otros.
Todos tienen temas sensibles, a veces —es cierto—, algunos pueden exagerar con la reacción a estos o errar en sus interpretaciones de fenómenos sociales, pero no debido a ello hay que dejar de abordar y discutir problemáticas que siguen existiendo en la realidad de esas sociedades. La cuestión está en hacerlo desde el respeto, y sin reducir al otro que piensa distinto a un muñeco de paja sin voluntad o agencia propia, más parecido a los prejuicios propios que a la persona delante.
Lo otro llevaría a optar por la aniquilación mutua entre los «incompatibles», la consolidación de la polarización, la discriminación, la indiferencia, y el advenimiento gradual de un mundo donde nos escuchamos cada vez menos, por estar ocupados imaginando avatares como la maldita generación de cristal.
[1] El fin de la historia y el último hombre es un libro del politólogo estadounidense de origen japonés Francis Fukuyama que expone una polémica tesis: la historia, como lucha de ideologías, ha terminado, con un mundo final basado en el modelo de democracia liberal que se ha impuesto tras el fin de la Guerra Fría.
[2] Mark Fisher fue un escritor, pensador, profesor y crítico cultural británico. En una de sus obras más relevantes, Realismo capitalista: ¿No hay alternativa? asume el término «realismo capitalista» como la ideología que permea todas las áreas de la experiencia contemporánea, cubriendo el horizonte de lo pensable y limitando la capacidad de imaginar un nuevo escenario cultural y sociopolítico.