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Alfredo GuevaraPor Abel Sierra Madero y Nora Gámez Torres

Alfredo Guevara (1925-2013), una de las figuras más influyentes de la política cultural de la Revolución cubana y amigo personal de Fidel y Raúl Castro, murió el año pasado en La Habana. Desde el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), que fundó y dirigió por varias décadas, se exportaron imágenes épicas que dieron la vuelta al mundo en medio de la Guerra Fría. El ICAIC contribuyó a que la Revolución fuera una representación, una gran película, de la que aún desconocemos el final.

Unos meses antes de morir, y gracias al cineasta Arturo Sotto, sostuvimos un par de entrevistas con Alfredo Guevara. El resultado de esas conversaciones, o más bien confesiones, es una visión inédita y de primera mano de alguien que estuvo en el epicentro mismo del poder. Seguro de su corto tiempo de vida, Guevara habló sin tapujos de los líderes de la Revolución, de las intrigas y luchas intestinas que marcaron las primeras décadas; de su papel como censor, de la viabilidad del socialismo en Cuba y las recientes reformas planteadas por Raúl Castro.

El primer encuentro ocurrió en su casa de El Vedado habanero, en febrero de 2012. La conversación se dio en un ambiente lujoso, adornado con cuadros de famosos pintores cubanos –podían distinguirse al menos, un Servando Cabrera y un Amelia Peláez–. Los bienes de Guevara –considerados “patrimonio cultural de la nación”– se encuentran hoy en