Ellos, los novios, Yoelkis e Israel, Israel y Yoelkis, encendieron cada uno sus velas, y luego las juntaron para dar vida a un fuego nuevo, una vela mayor.
El código familiar es mediático, porque contribuye a que la gente conozca sus derechos; el penal no, porque es su respaldo. Hay diferencia entre códigos.
Solo desde el diálogo más amplio, sin discriminación y con tolerancia, lograremos crear las condiciones necesarias para que las familias cubanas surjan, vivan en Cuba y lo hagan dignamente
Si la tendencia observada en los ejercicios electorales precedentes se mantiene y refuerza, el gobierno cubano se verá en una situación particularmente imprevisible y de elevadísimo costo en términos de credibilidad y legitimidad; una situación de consecuencias incalculables
¿Qué pasaría si en una consulta popular, en lugar de códigos, se busca refrendar el carácter «irreversible» del sistema político cubano o la elección directa entre alternativas del presidente de la República y de los presidentes de los gobiernos provinciales y municipales?
El nuevo Código de las Familias es un paso en la dirección correcta, dado que garantiza más derechos. Sin embargo, que como a los nobles aborígenes que poblaban estas tierras, no nos entretengan demasiado el tintinear de los cascabeles y los rostros en los espejos.