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jueves, octubre 22, 2020

Pluridependencia y soberanía hoy

Por: Mario Valdés Navia

La pandemia de la Covid-19 ha revivido la vieja polémica sobre la relación de cada país con el resto del mundo. Aislamiento o colaboración son opciones que los gobiernos adoptan ante el mal común que algunos se empeñan inútilmente en resolver solos. Esto que el coronavirus saca a la luz afecta en primer lugar a los más pobres, pero el problema es consustancial a la globalización actual.

En 1989, la caída del Muro de Berlín acabó con la bipolaridad para dar paso a una disyuntiva no resuelta aún: unipolaridad vs multipolaridad. Si bien al inicio parecía que EEUU impondría su gobierno mundial, pronto mostró incapacidad para lograrlo ante la resistencia de muchos. El ascenso de otras potencias mundiales y regionales demostró que la disputa sería para rato. Todavía perdura.

Otros factores gravitan sobre la política mundial tiñéndola de nuevos significados: cambio climático, crisis ecológica, escasez de materias primas, auge de las TICs y conversión del ciberespacio en un escenario fundamental de la actividad humana. En medio de esta geopolítica tan compleja, los países periféricos tienen que batirse con sumo cuidado para, sin perder su identidad, lograr crecer y desarrollarse sin ser destruidos y/o engullidos en esa “pelea de los cometas en el Cielo”.[1]

Ante la realidad del ocaso del predominio de los EEUU −aún prevaleciente en casi todas las esferas−, la faz de un mundo multipolar se va configurando cada vez más. Al reto que significa el progreso indetenible de China, el renacer del poderío militar ruso y el poder económico de la Unión Europea, se añade el ascenso de países emergentes –India, Brasil, Irán, Turquía− a la condición de potencias regionales y  la resistencia indomable de un puñado de rebeldes que no acatan los dictados de Washington a pesar de presiones de toda índole (Cuba, Siria, Venezuela, Corea del Norte).

Para los países periféricos no es tarea fácil defender su independencia en un mundo globalizado donde la interdependencia no es entre iguales y sus débiles economías han de insertarse en circuitos internacionales del capital altamente monopolizados por grandes trasnacionales. Para Cuba, sometida por siglos a la influencia hegemónica de grandes potencias mundiales (España, Estados Unidos, Unión Soviética) y bajo la presión constante de un cruel bloqueo, las amenazas y oportunidades han de balancearse constantemente.

La historia de Cuba permite constatar que los lazos de lealtad, fidelidad, reciprocidad, solidaridad y unión imperecedera con potencias mundiales duran tanto como seamos útiles a sus intereses geopolíticos. Cuando ya no somos necesarios para apoyarlos en sus conflictos con otros poderosos, el interés por Cuba decae y nos dejan abandonados a nuestra propia suerte.

Por eso es importante recordar lo que advertía Martí al analizar el contexto de su época, cuando ya EEUU se aprestaba a arrebatar a los europeos la hegemonía mundial y para eso quería sumar a su hueste al resto de las naciones americanas:

Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro, se hace servir de él. Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él. Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro, es separarlo de los demás pueblos. El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre países igualmente fuertes. Si ha de preferir a alguno, prefiera al que lo necesite menos, al que lo desdeñe menos. Ni uniones de América contra Europa, ni con Europa contra un pueblo de América. El caso geográfico de vivir juntos en América no obliga, sino en la mente de algún candidato o algún bachiller, a unión política. El comercio va por las vertientes de tierra y agua y detrás de quien tiene algo que cambiar por él, sea monarquía o república. La unión con el mundo, y no con una parte de él; no con una parte de él, contra otra.[2]

Cierto es que, más que aprovechar en nuestro beneficio las contradicciones interimperialistas, el Apóstol exhortaba a la unidad de Nuestra América y a su desarrollo urgente como valladar contra el avance imperial. Hoy, tras el fracaso en concretar aquel proyecto, en un escenario aún más complicado tras casi siglo y medio de desarrollo desigual, se hace aún más necesario depender de varios países fuertes y nunca más de uno solo.

Solo la relación con la mayor cantidad de poderes mundiales nos permitirá mantener un balance geopolítico que permita preservar la soberanía en las condiciones actuales y futuras. La preponderancia de un solo país en nuestra economía –llámese Estados Unidos, China, Rusia, Venezuela, o Haití− solo nos conducirá a un callejón sin salida para los intereses cubanos cuando dejemos de serles útiles.

Solo el comercio, la colaboración en pie de igualdad, el intercambio cultural y científico-técnico con los vecinos que nos rodean en esta aldea global en que se ha convertido hoy el planeta Tierra nos traerá mayores cuotas de independencia económica y soberanía política. La dependencia respecto a uno de estos poderes nos mantendrá atados a su suerte. La pluridependencia nos hará cada vez más libres.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1] José Martí: “Nuestra América”. OC, T6, p-17.

[2] “La Conferencia Monetaria de las repúblicas de América”. OC, T6, p-160.

5 Comentarios

  1. ¿Crees que esa ‘pluridependencia’ será permitida? En fin… el adagio de siempre tomar partido es tan antiguo que lo moderniza cada vez más. Lo contrario es un insulto a la inteligencia. En estos momentos solo cabe unirse a quienes intentan la multipolaridad en contra, sí, en contra del planeta americano que insiste en dominarnos a todos y que ni idea tiene que su ‘América sea primero antes que todo’ pueda ser vencida!

  2. La pluridependencia para Cuba excluye a los EEUU y sus gobiernos servidores por.el bloqueo. Eso.es.obvio. Pero no al.resto del mundo. Eso sería autobloquearnos.

    • @Mario,
      De ahí la importancia de dar prioridad a la mesa y al techo por sobre doctrinas puristas mal implementadas. Es impresionante como una sola persona, a través de su merecido respeto e innegable liderazgo, pudo ser capaz de definir el futuro de millones solo por rencillas personales justificadas hasta cierto punto, pero completamente inmaduras mirando en términos de pueblos y no de hombres.
      Aún se nos vende con bastante éxito esa imagen de «redención a toda costa» y de «dignidad de los pueblos de américa» como antítesis de lo que se define por los mismos como capitalismo y neoliberalismo. Pretenden que los sacrificios de pueblos y generaciones de humanos, le den cuerpo a sus teorías y discursos. Somos como conejillos de indias un laboratorio social dónde el método científico se ha descartado totalmente y a fuerza de tergiversar realidades, ignorar etadísticas, descartar tendencias y de un comportamiento autoritario enmascarado en populismo de migajas, se nos mantiene a los curieles pensando que el laboratorio es mucho mejor que el mundo que pulula afuera.

  3. Sí señor, muy patriótico el artículo.

    Pero con estrategias geopolíticas no se pone un vaso de leche en el desayuno. Los conceptos gloriosos vuelan por encima de la nubes y nos olvidamos de resolver problemas terrenales. Cuanto más viejo me hago más me cuesta razonar con abstracciones.

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