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Alfonso Larrea: los funcionarios del Departamento de Estado fueron los primeros decepcionados

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Alfonso Larrea
Foto; 23yFlager

En septiembre fue noticia la expedición inédita a Estados Unidos de 50 emprendedores/empresarios cubanos del sector privado para intercambiar con empresarios y funcionarios norteamericanos en Miami. El sábado 28 de octubre tuvo lugar un encuentro de los invitados cubanos a la cita, junto a otros colegas, en el bar privado 2.45, perteneciente al campeón olímpico Javier Sotomayor.

La Joven Cuba aprovechó el espacio para contactar con Alfonso Larrea, socio principal de la mipyme Evexcon SRL y organizador del evento por la parte cubana. Nuestra intención fue explorar sus criterios sobre el acontecimiento, además de las polémicas relativas a este y al desarrollo del sector privado en la Isla.

Más allá de las discrepancias que pueda haber con sus opiniones, creemos que son de interés público y necesarias para comprender los escenarios actuales y futuros del sector privado en Cuba.

¿Qué importancia le concede a un evento como este para el desarrollo del sector privado y en general del país?

Tenemos un sector privado que está resurgiendo ahora. En 1968 prácticamente había desparecido. Generalmente son emprendedores, todavía a muy pocos podemos llamarlos empresarios; son personas que tienen deseos de hacer, vocación, pero a muchos les falta preparación.

Por otra parte, el contexto no es el más favorable. Por eso estamos tratando de abrir estos canales para que lleguen a los mercados externos con varios objetivos, desde la búsqueda de suministros, ya sea para vender aquí o de materias primas, hasta las exportaciones y las asociaciones económicas internacionales.

La importancia es elemental: tenemos una situación económica bastante difícil, con una industria prácticamente paralizada y este es un sector que puede ayudar mucho a que se reanime esa economía. Lógicamente, hay otros factores externos que conspiran contra ello, pero cada cual debe ir trabajando donde le es posible, en su entorno, en lo más inmediato, y creo que este sector puede aportar mucho en esa dirección.

Va a llevar tiempo conformar lo que podemos llamar a un verdadero sector empresarial privado, estamos dando los primeros pasos. El evento de Estados Unidos ayudó mucho porque es un referente para el sector empresarial en el mundo, y además es el mercado natural nuestro.

No hay nada en concreto, pero lograrlo marca un punto en el proceso de las mipymes. Hay mucho que hacer allá y aquí para poder lograr que esa maquinaria engrane y las cosas comiencen a funcionar.

¿Cuáles son los principales incentivos y trabas para emprender en Cuba hoy?

Hay varios incentivos, como la obtención de beneficios, contar con un establecimiento propio, desarrollar esa actividad de comerciantes que muchos llevamos dentro, pero pienso que el estímulo principal es el deseo que tenemos todos de comenzar a prosperar en nuestro país, que las cosas cambien, que podamos tener más estabilidad, lograr bienestar para todos.

A mí me atrae mucho la idea de parar y revertir los procesos migratorios de los jóvenes cubanos, que encuentren en su país una oportunidad y se puedan desarrollar; no solamente que dejen de irse, quizás que algunos decidan regresar y contribuir a nuestro desarrollo.

Las trabas fundamentales están dadas por el proceso lógico del desarrollo del sector. Tiene que haber una asimilación de muchas personas de estos procesos. Por otro lado, en Estados Unidos todavía no es posible establecer una relación comercial normal con nuestro sector, si bien la voluntad también existe y quedó manifestada, todavía no hay una línea clara en ese sentido.

También los empresarios norteamericanos temen establecer relaciones con nosotros por posibles consecuencias que puedan tener. Lo que llamamos embargo o bloqueo es un es un entramado de leyes, no una sola ley. Puedes pensar que estás autorizado a trabajar sobre la base de una y te sorprende otra. Te pueden autorizar a establecer relaciones comerciales con una determinada empresa privada que produce leche en Cuba, y de pronto cuando estás en ese proceso, por otra de las leyes alguien te dice que esa finca fue expropiada y por lo tanto te van a demandar. Es complejo y crea muchos temores.

Por la parte de Cuba nos hemos dado cuenta de que hay que rebasar la simple importación y comercialización en el país, hay que ir a tratar de exportar. Esa exportación pasa por muchos procesos, entre ellos, asociaciones económicas. Necesitamos maquinarias, materia prima, envases, apertura al mercado. Consideramos que la mejor herramienta para eso son las asociaciones económicas. Sin embargo, hoy para el sector nuestro no está definida esa política. Han existido pronunciamientos, incluso se habla de la inversión de los cubanoamericanos, pero el Mincex (Ministerio de Comercio Exterior) no tiene un procedimiento claro.

Otro de los obstáculos está en la limitación de espacios en los cuales podemos operar sectores de mercado. Creo que se deben potenciar mucho más las relaciones entre el sector estatal y el privado, en búsqueda de echar a andar industrias y procesos paralizados. Somos lentos a la hora de tomar decisiones, existiendo las opciones para echar a andar esa industria y esa economía que hoy tenemos en un estado crítico. Aquí estoy obviando los factores externos, me estoy refiriendo a lo que está en nuestras manos.

En septiembre varios medios de prensa anunciaron un grupo de medidas que llevaría a cabo la administración Biden para apoyar al sector privado en la Isla. Sin embargo, hasta ahora no han sido tomadas. ¿Por qué cree que ocurrió esto? ¿Qué implicarían?

Hay dos misterios grandes en el mundo, uno es quién mató a Kennedy y el otro es por qué no se pronunciaron las medidas. Hoy no sabemos cuáles fueron las razones. Me consta, por la presencia en el evento de funcionarios del Departamento de Estado, que ellos estaban preparados para las medidas. Creo que los primeros decepcionados fueron ellos.

Era algo que todos esperábamos con mucha ansiedad; lo esperamos nosotros porque supuestamente nos iba a dar ciertas facilidades, como la apertura de cuentas, y había también mucha expectativa en los empresarios norteamericanos, sobre todo en los cubanoamericanos, que estaban ávidos de poder dar inicio a esta relación y se sintieron de cierta manera impotentes.

La apertura de cuentas bancaria era una de las medidas más esperadas, pues facilitaría mucho las relaciones comerciales. No obstante, hay factores que considerar; de nada nos sirve a nosotros poder abrir cuentas en los bancos norteamericanos, si esos bancos no tienen relación con los bancos cubanos, y si a su vez, los bancos cubanos no nos permiten a nosotros, como sector, usar cuentas en divisas. Tiene que ser un acuerdo entre partes que cree un canal para que esas cosas sean posibles.

A veces vemos un pedacito que pensamos como solución y es solamente una parte de la solución. También había mucha expectativa con los créditos. ¿Para qué necesitamos cuentas bancarias, si no tenemos una relación interbancaria que nos permite cerrar las operaciones; para qué necesitamos créditos, si no tenemos una exportación que nos permita devolverlos? Se trata de tener todo un engranaje que te permita cerrar los ciclos.

Entre los argumentos empleados para defender el freno de las medidas en apoyo al sector privado cubano está la relación de las mipymes con empresas del Estado cubano. El otro es que muchos empresarios son agentes de la Seguridad del Estado encubiertos. ¿Qué cree de esto?

Había personas de Estados Unidos que pensaban que éramos una isla dentro de otra Isla. «Yo hago negocios con el sector privado, pero si rozas el sector público, no voy a hacer de negocios contigo». Eso es un error, es no darse cuenta de que nosotros formamos parte de un todo, un sistema que tiene empresas públicas y privadas, y la interacción entre estas es lógica y necesaria. Es algo que deben entender los empresarios norteamericanos y el gobierno de los Estados Unidos; pretender otra cosa es condenar al sector privado cubano a la extinción.

En cuanto al otro tema, a mí me recordó mi infancia y el cuento del «hombre del saco». Temores infantiles con los cuales nos pretenden controlar.

Cincuenta cubanos habladores se prepararon durante dos meses para ir a los Estados Unidos. Dos meses en los que estuvieron intercambiando con sus familiares en Miami. Luego se bajan en el aeropuerto, van en autobuses a su hotel y durante dos días realizan un evento en el corazón de esta ciudad, y nadie se enteró.

¿Nadie se enteró? Nosotros no fuimos clandestinos con una capucha, pero toda la algarabía comienza luego del evento. ¿Por qué? ¿Qué influyó? ¿La buena voluntad de youtubers e influéncers que querían que el evento saliera adelante? Yo pienso que no. Hasta un escolar se daría cuenta de que una mano estuvo ahí presente para que no hubiera obstrucciones.

oficina larrea
Empresarios cubanos en una de las actividades del evento / Foto; OnCuba

Eso dice que las autoridades de ambos países protegen sus intereses. Dentro del grupo pudo haber una, dos, tres personas que en un momento determinado le comentaran a las autoridades cubanas lo sucedido, no lo dudo, como tampoco dudo que dentro de la parte norteamericana hicieran lo mismo con sus autoridades.

Por otro lado, la mayoría de nosotros nacimos en un país con un sistema político y social determinado, así nos criaron, así nos educaron, formamos parte de todo ese proceso. Entonces es imposible pretender que las mipymes vayan a estar conformadas por opositores o apolíticos. Las empresas privadas cubanas están conformadas por toda esa sociedad que de una manera u otra está integrada al sistema. No es raro encontrar una mipyme cuyo dueño sea militante del Partido o haya sido militar, parte de los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) o la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas). Es imposible que esto no se así, porque si no, no vas a tener mipymes. ¿Dónde las vas a hacer?

Por otra parte, si comenzamos con esa política de exclusión, no vamos a llegar nunca a un entendimiento.

Yo no me encontré ningún empresario cubanoamericano que me dijera «yo estoy a favor de la Revolución y por eso conmigo sí puedes hacer negocios». Ellos también están integrados a la sociedad norteamericana y tienen su visión y postura política. Por eso tenemos que buscar ese punto intermedio para lograr un entendimiento en aras del bien común, la prosperidad de nuestro país.

Uno de los momentos más polémicos del evento fue el encuentro con Santiago Álvarez Magriñá. ¿Qué nos puede decir de esto? ¿Qué repercusión tuvo en Cuba?

Hay una visión equivocada de lo sucedido. Había muchas personas que no sabían quién era Santiago Álvarez. Él y un grupo de otros más que tienen una posición política bastante fuerte hacia Cuba, incluso con acciones armadas, participaron durante todo el evento desde el primer día. Nosotros nos percatamos de eso.

Pero yo siempre he dicho que la intención nuestra en los Estados Unidos no era hacer política, era tratar de impulsar un proceso económico. Por lo tanto, no vi lógico llegar con una postura de exclusión. Los problemas de Santiago Álvarez con las autoridades cubanas, son problemas de Santiago Álvarez con las autoridades cubanas.

No es que nosotros impulsemos o favorezcamos ese tipo de relaciones, simplemente estaban en ese contexto y no las rechazamos. Como dije en la entrevista que me hicieron allá, yo escuché respetuosamente a todo el mundo. Después cada cual decide lo que va a hacer. Como también, escuchar a todos los sectores —desde los más hasta los menos radicales— debe ser la política que implementen ellos hacia Cuba.

Así yo interpreto lo sucedido; otras personas en Cuba lo hicieron de forma diferente. Algunos le dieron un matiz político bastante fuerte. No obstante, fueron más las agresiones políticas que recibimos desde los Estados Unidos, que las que recibimos desde Cuba. En ConFilo y el noticiero se habló del asunto, se destacó la figura de Magriñá y su historia, y una postura política del país, pero en ningún momento se agredió a las mipymes.

Lo sucedido tuvo un cierre feliz con la entrevista que le hicieron a nuestro presidente Díaz-Canel. Y digo nuestro presidente, aunque algunos pueden molestarse por eso, pues es el presidente constitucionalmente electo; tú puedes tener un criterio u opinión, pero es quien está legalmente al frente del país, eso no lo puedes cambiar. Afortunadamente, en las intervenciones abordó el tema y le dio un cierre feliz. Lo más importante fue ratificar el apoyo al sector privado cubano, lo necesitábamos.

El tema de la moneda es uno de los que hoy más sobresale cuando se habla de los problemas del sector privado, principalmente quienes necesitan importar y deben usar una tasa informal aproximada por la ausencia de un cambio real en las instituciones bancarias. A esto se suman los problemas que ha traído la bancarización. ¿Cómo se debatió ese punto en el evento? ¿Cuál es su opinión?

No se pueden ver de forma desconectada. No se puede recitar una poesía mientras te aprietan la garganta. Es imposible. Es verdad que no tenemos un mercado cambiario, que sufrimos problemas financieros, pero eso está dentro de un contexto. Mañana pueden decir «vamos a establecer un mercado cambiario», independientemente de cuál sea la tasa, ¿y dónde están los dólares? No existen. Primero tiene que haber una inyección de dólares al país, lo cual solamente es posible con la reactivación de su economía y sobre todo el turismo. Lo otro sería irreal.

Hoy el mercado que hay es totalmente informal. Sobre la tasa de cambio, en el evento estuvo Jasán (José Jasán Nieves) de elToque, que decía: «Ustedes son un sector importante, mi objetivo es interactuar con ustedes». Cuando las personas se enteraron, hubo una revolución.

Yo al principio no entendía lo que decían algunos empresarios. Ellos afirmaban que «el problema es que mientras nosotros estamos trabajando, hay un gran número de especuladores que están traficando con esta moneda, las estadísticas que tú tienes son sobre la base de lo que deciden los especuladores, y eso está falseado, porque hay muchas personas trabajando en las redes para especular, y de cierta manera, esto se “legaliza” en esa tasa». Yo creo que él entendió y se dio cuenta de que es una realidad, que nos muestra que todo ese mercado informal está viciado, pues funciona sobre la base de la especulación, y afecta a nuestro sector, aunque no sea el mecanismo que debamos utilizar.

¿Y sobre los efectos de la bancarización?

Fue como fusible que abre un circuito: invierto en divisa, compro, vendo en el país, voy al mercado informal, recupero mis dólares y ya cerré el circuito. La bancarización abrió el circuito. El mercado informal funciona únicamente con efectivo, al limitar el acceso al efectivo, limitas el acceso al mercado informal, ese es el fusible que se fue.

La bancarización como tal es buena. Es impensable que tú puedas planificar un país si tú no tienes todos los elementos en la mano y el elemento bancario es vital. Entonces, lo que se hace es formalizar todos estos procesos financieros. Pero dadas las circunstancias del país, para la situación nuestra, que tiene un segundo circuito informal, es un desastre, pues no puedes cerrar tus circuitos comerciales.

Hoy Cuba vive una crisis que ha acrecentado problemáticas sociales como la pobreza y las inequidades. ¿Qué papel desempeña el sector privado en esa crisis?

Ves constantemente el criterio en las redes de que «las mipymes no resuelven el problema»; las mipymes no pueden resolver el problema. Nosotros somos una parte de la estructura económica del país, no somos los designados para resolver los problemas del país. Nosotros podemos ayudar a la solución de los problemas. Podemos ser una especie de vanguardia, un motorcito auxiliar o hasta un motor más grande — depende las posibilidades que nos den— que impulse ese cambio económico, pero ese cambio económico es imposible si no se trabaja de conjunto entre todas las estructuras.

En este contexto de desabastecimiento y problemas, la cara visible son las mipymes, todos nos remitimos a los precios de las mipymes, o a las cosas que ahí suceden. No es mentira que hay quien evade el fisco, que trata de enriquecerse, pero eso no son «las mipymes», es un grupo determinado de empresarios. Eso sucede en cualquier parte del mundo y en el sector público también.

Lo relativo a los precios, es muy difícil, pues para hacer una operación de compra en el exterior necesitas tener el dinero en el exterior, y sacarlo de Cuba es prácticamente imposible, hay que buscar muchos mecanismos que son caros. Hoy un préstamo para una operación de estas puede llegar hasta a un 30 %.

Por otra parte, todavía nuestros canales comerciales no están bien establecidos. Cuando usted llega lo primero que se tropieza es con los intermediarios, que a veces no es el primero ni el segundo, sino el tercero. Hay comerciantes hábiles que se procuran las relaciones con las importadoras cubanas, obtienen el famoso «Código Mincex» sin el cual no puedes importar; los que desconocen el mecanismo tienen que importar a través de ellos. El Mincex y las importadoras deben ser más hábiles en eso y abrir las puertas, además de actuar para quien quiera convertirse en suministrador, y así quitar esa cadena de intermediarios.

A eso hay que sumar el costo del resto de los servicios en Cuba, sacar un contenedor del Mariel y llevarlo a Santiago de Cuba cuesta una fortuna. Además, están los impuestos que son fuertes, aunque yo no soy un opositor a los impuestos porque sé que son necesarios, los salarios de médicos y maestros salen de ahí.

Hay que tener en cuenta también que existe un mercado cambiario informal e inestable, por tanto, en el momento en que un empresario compra los dólares, estos se cotizaban a 200, pero en los tres meses que demoró en llegar el contenedor, ya están en 250. Quien hace los cálculos lo asume siempre por arriba.

Todo eso va sumando al precio final, que es alto, sobre todo para quien vive de un salario en el sector estatal que no crece, mientras los precios sí suben por todos estos factores. No hay una voluntad de «Alí Babá y los 40 mipymeros» que queremos desangrar a la gente, no es la generalidad.

En relación a la equidad, yo no soy partidario de las reglas impositivas que digan que un tanto porciento del personal tiene que ser mujeres, personas negras… Pero sí creo que hay que hacer un trabajo bien fuerte y lamentablemente en las fases iniciales hay que imponerlo.

Hoy vas a una cafetería y te puedes encontrar a una muchachita bonita y probablemente te sientes a hablar con ella y no tenga ninguna preparación para los servicios gastronómicos, mientras tanto, hay personas graduadas de escuela que están sin trabajo porque no tienen esa imagen. Hay que trabajar mucho en ese sentido, no solo con quien emplea personal, sino con quien consume el servicio.

Algo que conspira mucho es que no haya organización y gremios dentro del sector. Cada vez que proponemos hacer un gremio se piensa que es para traer problemas o ponernos de acuerdo para subir los precios o protestar por medidas. No se dan cuenta de que hay otros factores que son necesarios, como poner condiciones para el trabajo.

Hoy el sector privado no tiene órgano de relación: ni es el Ministerio de Economía y Planificación, ni es la Cámara de Comercio, ni son los gobiernos que están para las estrategias de desarrollo local. Es importante crear esa organización, pero también que haya gremios. Porque hoy en el sector de los servicios el problema está en el personal, pero en la construcción pueden ser dificultades con los medios de protección.

Lo otro es el exceso de control, que al final genera corrupción; a los famosos inspectores, la gente les tiene terror, no porque te puedan crear un problema, sino porque son más a «comer». No cumplen su objetivo, pero se te convierten en una dificultad, entran en la cadena de alza de precio. No funciona. Tenemos que ir a lo que es natural, que dentro de un sector se asocien, piensen y tomen decisiones.

Otras visiones sobre el evento aquí La hora política de los empresarios 

Empadronado

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Juan Padrón
Ilustración: Brady

Para mí, Juan Padrón era Dios. Una deidad de un panteón que incluye a algunos otros, como Silvio, Mark Twain y los Beatles.

Según palabras del artista, si en sus comienzos lucía como Elpidio, luego se asemejaba cada vez más a Resóplez. Desde mi punto de vista era absolutamente idéntico a Abraracurcix, el jefe de la aldea gala que resiste, ahora y siempre, al invasor romano. En fin, más allá de su apariencia externa, Padrón fue uno de esos creadores de obra interminable, que te obligan a preguntarte cómo encontraba tiempo, de qué yacimiento extrajo tanta buena idea.

Nacido en 1947, desde 1963 Padroncitto (así firmaba entonces) llevaba una serie de tiras cómicas (Verdugos, Vampiros, Piojos, Historias de la Prehistoria, Kashibashi) en diversas publicaciones, al tiempo que escribía guiones para otras (Kombey, de Luis Lorenzo) que ya mostraban su prodigiosa capacidad para fabular, sostener historias divertidas, detectar y aprovechar la veta humorística en la peripecia y la palabra. En las páginas del semanario Pionero crearía en 1970 a Elpidio Valdés, su personaje más célebre, un fenómeno de masas sin parangón en la cultura cubana, protagonista de historietas como Elpidio Valdés contra Gun Market Co, EV contra los Zernis (¡en Marte!), EV contra los ninjas (donde entabla una alianza estratégica con el bravo samurai Kashibashi para enfrentar a los españoles, que desarrollan allá en Japón una nueva y terrible arma anti-mambí: la bomba pestífera), EV contra los rayadillos y tantas más. Vale recordar que el universo de Elpidio se basa en investigaciones rigurosas, expuestas por el autor en El libro del mambí: para contar a su héroe, Padrón devino una autoridad en materia de armas y uniformes de panchos e insurrectos.

Desde los seis años, apenas aprendí a leer, yo coleccionaba el Pionero. Estoy hablando de 1968; por entonces, en el semanario aparecían en historietas Los conquistadores del fuego, El samurai errante y Gulliver en el país de los enanos, estupendamente dibujadas por artistas como Roberto Alfonso, Luis Lorenzo, Domingo García y el mismo Padrón. ¿Acaso se necesita más para inflamar la imaginación de un niño voraz? Ahora bien, cuando surgió Elpidio, dos años más tarde, descubrí a un héroe divertido, enfrentado a innúmeras peripecias… y cubano. La Historia sin teque, como debiera ser. La cosa fue a mejor cuando Elpidio fue a Japón y Marte. Y aquí tengo que confesar algo: espoleado por lo que leía, a los siete u ocho años empecé a escribir una novela de ciencia ficción: manuscrita, con ocasionales dibujos aquí y allá, también perpetrados por un servidor. Eran las aventuras espaciales de, ejem, dos niños soviéticos del futuro… y en un capítulo se enfrentan a los hombres-plantas, unos seres que le robé alevosamente al Maestro Padrón, que ya había puesto a Elpidio, recién llegado a suelo marciano, a topar con ellos. La novela sigue por ahí, en su carpeta azul y guardada en un closet; por suerte, nunca vio más luz que esa.

Tras las historietas —y un montón de brillantes chistes gráficos que de cuando en cuando publicaba en DDT y otros sitios— Padrón no tuvo bastante y se lanzó a crear cortos y largometrajes que conseguían el milagro de que no solo recordaras al protagonista, sino a un puñado de personajes secundarios. ¿Quién no conoce en el universo Elpidio a María Silvia, Marcial, Eutelia, el inventor Oliverio y Pepito el corneta, el general Resóplez, el coronel Andaluz y sus interminables eses, el coronel Cetáceo, Media Cara, el rayadillo borracho (tócate, María SSSSilvia) y el más entrañable y no menos expresivo caballo Palmiche? Y el desventurado que se halle en ese caso, que los busque ahora mismo. Desde luego, vale la pena.

De nuevo, el Maestro pudo detenerse ahí: ya había insuflado el soplo vital a muchísimos hijos memorables, ya había trocado la Historia patria en algo divertido. Pero él no era de los que se conforman, gracias a Dios (o sea, a él). Así llegó Vampiros en la Habana, la película que más frases ha instaurado en el habla popular cubana:  

Mijito, el de la cornetica, ¿tú no tienes que trabajar mañana?

Vaya, gallego, ¿quién te lo iba a decir?

Dame un cigarrito ahí, rey del mundo

Vendo enanitos verdes

Josephmñ…

Ay, papirriqui…

 Na ni ná, tigre, le di, lo maté, tuállaba

Vaya, tarrú

Huy, Buffalo Bill

Muchacho, no te resistas, dámela

etc. Con su inteligencia, su humor negro y su cubanía, Vampiros… es una película de culto no solo en su país de origen, recomendada por el MOMA, listada entre las mejores películas de todos los tiempos.

Padrón sufrió incomprensiones y rechazos, cómo no. Raro es el artista, cubano o no, que pueda presumir de no haberlos padecido. Sin embargo, su obra se impuso: sin dejar de disfrutar a Disney, los niños le descargaban a Elpidio, y los adultos se deslumbraban ante el ingenio de diálogos y situaciones.

Coincidí con él varias veces: la última, durante la inauguración de La Manigua, ese parque en Paseo y 35. Un amigo nervioso quería hacerse una foto con él: se lo dije y accedió. Sin embargo, no se me ocurrió hacerme una con el Maestro. Algo parecido sucedió años atrás con Formell: me lo presentaron en una recepción, le dije que mi acompañante quería fotografiarse con él, y ella lo hizo pero yo no. No me desvivo por tener retratos con celebridades, pero lamento no tenerlas con ellos. Supongo que uno da por sentado que ya habrá tiempo, que son inmortales. Luego, cuando faltan, paradójicamente descubres que, en efecto, lo son.

Pero, por si no bastara con esto, ¡Padrón escribió narrativa! ¡Y escribió bien! En unos años publicó las novelas Elpidio Valdés contra dólar y cañón, ¡Vampiros en la Habana!, Vampirenkommando y Cómo me hice Pepito el corneta, que no son meras transcripciones de las películas sino reescrituras cabales, deliciosas de leer. Vaya, que si a Padrón le hubiera dado por el ballet, con todo y su físico se las habría arreglado para convertirse en un nuevo Nijinsky, en un Carlos Acosta.

 Sí, Juan Padrón era Dios. La única diferencia es que creo en él.

Mi Habana

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Bacallao-Mi-Habana
Ilustración: Brady


En el año 2005 escribí el monólogo Mi Habana. Aunque desde hacía un par de años ya hacía humor, para el gran público era el perfecto desconocido. Lo probé en escenario varias veces, hasta que hicimos una peña en la Sala Talía, ubicada en el edifico de la Facultad de Economía, que como casi todo lo que en Cuba funcionó alguna vez, ya no funciona.

Allí estuvo Luis Silva con su Monólogo del Pan, que era premio Aquelarre, y estuvo Ciro, de Porno para Ricardo, haciendo sus maravillosas canciones originales. El video de la peña lo grabó mi gran amigo Luis David con una cámara Hi 8, y una de las mejores cosas que tiene ese original es sentir su risa y los pequeños balanceos de la cámara.

En tiempos de ausencia de internet, al menos para Cuba, el video saltó democráticamente de máquina en máquina a través de memorias flash, e inundó casas particulares y centros de trabajo, en donde se reía conmigo gente que no me conocía. 

Alguien extrajo el audio, para aligerar el contenido y poder enviarlo, y así le llegó a mi mamá, que vivía en Venezuela y no estaba al tanto de que yo hubiera escrito nada de eso. Se lo recomendaron como una cosa comiquísima de un tipo de Cuba, en un tiempo en que solamente nos escribíamos por correo o nos llamábamos por teléfono. Mi madre escuchó y a la segunda frase dijo: Coño, ese es mi hijo, y me llamó para corroborar.

La autoría se la adjudicaron a Iván Camejo, Churrisco, Carlos Ruiz de la Tejera y a mucha gente más. Algún canal del otro lado del mar, sin averiguar, como casi siempre, puso mi video. Un señor de aquí de Cuba, sin averiguar tampoco ni citarme siquiera, lo incluyó en un libro que se titula A lo Cubano.

De buena fuente supe que mi texto y mi caso se analizaron en reuniones en donde se cuestionó que yo escribiera y presentara eso siendo profesor universitario, pero nunca llegó a mí ningún reproche directo, a pesar de que el texto tenía chistes muy fuertes para la época, como el que cuestionaba la avalancha de médicos hacia otras tierras del mundo.

Le agradezco especialmente a Frank Delgado, que una vez me invitó a un concierto suyo (la primera de cientas de colaboraciones futuras) en el Anfiteatro del Almendares, a hacer Mi Habana como Jorge Bacallao, el verdadero autor. Entre otras interpretaciones especiales que recuerdo, está la de una actividad interna del Ballet Nacional, frente a Alicia y a Gerardo Alfonso, que tocó ese día, y de cuya inmortal canción me nutrí para el texto.

Mi Habana es mi Yolanda. Creo que debe su éxito a que toca temas y usa recursos humorísticos muy diversos, bien usados y a la vez, al alcance de cualquier intelecto. También, a que me aferré a presentarla leyendo, sabiéndola de memoria. Aquí la dejo:   

 Mi Habana es una ciudad única, seductora, enajenante, histórica, histérica. Con mucho sol, y poca luz, con mucha agua… albañal. Es ciudad de muchas mujeres, ciudad de contradicciones.

La Habana es una ciudad maravillosa, la ciudad de las colas, colas de pan, colas de guagua y colas de pescado fuera de los latones de basura.

La ciudad de las colas, La Habana, es inconfundible. La cola en La Habana tiene su ética y sus reglas. Se puede poner a un amigo, se puede rotar y se puede marcar dos veces. Párese quince minutos donde usted quiera, y verá cómo se forma una cola detrás de usted. En la cola de la guagua en La Habana existe una química, un compromiso, una empatía entre sus integrantes. Se puede decir: Por favor, ¿quién es la última persona de la cola de la ruta 174? Y te entienden. Y puedes decir: Siete cuatro, y también te entienden.

La Habana es la ciudad más culta del mundo, donde se han hecho descubrimientos científicos inéditos, por ejemplo: se ha logrado darle sabor a la temperatura, con la fabricación del frozzen, que sabe a frío.

La Habana, la ciudad de la cultura, la ciudad donde existe el mayor nivel de instrucción del mundo, donde cada obrero es un eminente científico. Hace unos días yo iba en una guagua, el chofer frenó y tiró a todo el mundo al suelo, y le dije ¿oye qué cosa es esto? Y él me respondió: Es la inercia.

La Habana, ciudad con un médico por cada veinte habitantes y un vendedor de aromatizante por cada diez. Un médico por cada veinte habitantes, qué cifra esa, solo superada por varias ciudades de Venezuela.

La Habana, la ciudad de la libertad, en donde se puede poner música a cualquier hora, en donde se puede salir sin camisa, y en donde se puede botar basura y escombros donde quiera. Preferiblemente donde diga: No botar basura ni escombros.

La Habana, ciudad que te seduce, que te desafía, que te dice: A que tú no encuentras un teléfono público sano. La Habana, donde se derrumban edificios y se construyen parques, parqueos y organopónicos.

La Habana, que ha sido tomada dos veces: por los ingleses, y por los orientales. La Habana, donde las palmas dan plátanos, amarrados con una cinta roja. La Habana, en donde los guapos se saludan con besitos, como si fueran mafiosos de la Cosa Nostra y donde los testigos de Jehová, que aman al prójimo como a sí mismos, te pueden vender un aguacate a 15 pesos, como si fueran mafiosos de la Cosa Nostra. Me gustan de mi Habana, sus mil cafeterías, donde te venden el jugo de guayaba con semilla, y el jugo de mango, que gracias a Dios, no te lo venden con semilla.

La Habana, la ciudad de los niños que juegan pelota en los jardines del capitolio. Con pelota de poli y bate de aluminio. Las tres primeras causas de muerte en La Habana:

-Infarto por encabronamiento con la luz

-Infarto por encabronamiento con el agua

-Fractura de cráneo por pelotazo de poli en el capitolio

La Habana, donde nadie se acuesta sin comer. Así que el día que usted no hay comido, ya lo sabe: no se acueste. Cuántos recuerdos: cada plan tareco, cada salidero, cada tupición, cada bronca, cada ripio blanco colgando en los balcones, cada balcón, colgando de un ripio, cada bache… En mi Habana existen baches legendarios, baches patrimonio cultural de la humanidad, baches héroes del trabajo de La República de Cuba, baches de más de 40 años, baches que si pudieran hablar, narrarían la historia de las luchas de nuestro pueblo por su soberanía.

La Habana que a cada rato se nos inunda con los ciclones. Qué suerte que el agua baja, porque si no, no sé qué nos haríamos. Si las guaguas están malas, imagínense ustedes los submarinos.

La Habana, que recibe al turista con los brazos abiertos, por cuyas calles se pasean alemanes de seis pies, con mulatas más grandes que los alemanes de seis pies.

Y dentro de La Habana, mi Lawton natal, premio nacional al mercado negro 2003. Yo nací en Lawton, vivo en Lawton, y daría cualquier cosa por poder morirme… en el Vedado

Quiere a tu Habana, a mi Habana, a nuestra Habana. No tienes agua, ya lloverá. No tienes luz, ya saldrá el sol. No tienes transporte… ya eso es más complicado. Levanto mi mano, me sirvo un vaso de agua de la bahía, o de cerveza de los carnavales, preferiblemente de agua de la bahía, y brindo por mi Habana. Me subo a mi azotea, y cuando el sol se va escondiendo, miro melancólico el resto de la Habana, perdón, los restos de La Habana. Porque yo, tanto como cubano, soy habanero.

Consenso mundial frente a las sanciones y más

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Ilustración: LJC

La noticia es que la comunidad internacional estuvo de acuerdo en un tema específico. En tiempos de tantas diferencias y radicalizaciones políticas, 187 países del mundo votaron unidos en la Asamblea General de la ONU. Todos confirmaron su voluntad de levantar el régimen de sanciones impuesto a Cuba por Estados Unidos.

No hubo sorpresas en los resultados. Solo Israel —que ahora mismo recibe un apoyo ciego, sordo y mudo de Washington en un ataque asimétrico contra la Franja de Gaza, en la que han muerto más de 8000 personas— acompañó a Estados Unidos con su voto en contra de la Resolución, y Ucrania, una nación también dependiente de la ayuda estadounidense para hacerle frente a la crisis con Rusia, se abstuvo, lo cual también pudiera interpretarse como una respuesta a la abstención de Cuba cuando la votación en Naciones Unidas contra la invasión rusa, en marzo del pasado año.

En esta ocasión, el gobierno de Cuba sumó un apoyo más en los votos contra las medidas de Estados Unidos, ya que en 2022 el Brasil de Jair Bolsonaro también había optado por la abstención.

Los discursos previos a la votación fueron un verdadero ejercicio de creatividad al reiterar algunos, una vez más, las razones por las que la política de sanciones es injusta, violatoria del derecho internacional, y no cumple más objetivo que el de empeorar las condiciones de vida de los cubanos.

En este sentido, el representante de Perú recordó que no estamos en un momento cualquiera: «En el contexto de las múltiples crisis que vivimos, cualquier acción que afecte directamente las condiciones de vida de las personas genera consecuencias en múltiples niveles, por ende cualquier medida que genere consecuencias humanitarias adversas a la población de cualquier Estado debe ser suspendida de manera inmediata».

El Salvador también tuvo elogios a la resistencia del pueblo cubano y en su discurso en nombre del Sistema de Integración Centroamericano, la representante del gobierno de Nayib Bukele apoyó la resolución que desde su título reafirma la necesidad de levantar las medidas coercitivas unilaterales que han ido aumentando a lo largo del tiempo:

«Pese a la complejidad que ha experimentado Cuba durante años, agradecemos su valioso y decidido apoyo a los países centroamericanos ante cada situación de desastre o vicisitudes enfrentadas. De Cuba solo conocemos solidaridad, calidez y humanismo».

La representante de Chile se refirió a uno de los obstáculos más importantes que impone el régimen sancionador, un obstáculo que no saltaría casi ningún país del mundo sin quedar cojo en el escenario económico: «La exclusión de Cuba de las instituciones financieras internacionales puede ser el obstáculo más importante del país y alcanzar las metas de la agenda 2030».

 

Esta noticia significa que el consenso internacional en contra de las sanciones no ha variado en lo más mínimo en tres décadas, y que el rechazo a una política diseñada e impuesta por uno de los países de mayor tamaño económico y político en el mundo es firme y consistente en el tiempo, más allá de si las administraciones de los países votantes se definen como de izquierdas o de derechas.

También significa que la maquinaria diplomática cubana que durante décadas se ha entrenado en el evento de política exterior más importante para la Isla, sigue aceitada y efectiva, y logra consenso en una Asamblea General en la que lo que más falta es acuerdo.

Este apoyo significa además que durante 31 años ya, Estados Unidos ha desoído la voluntad de la comunidad internacional, dándole la espalda a la mayoría que condena una política que solo tiene como resultado el empeoramiento de la calidad de vida de los cubanos, y cuya aplicación es extraterritorial, pues en reiteradas ocasiones afecta los intereses y negocios de terceros países.

Nuestra opinión es que este apoyo demuestra que la comunidad internacional percibe la crisis en Cuba no solo relacionada con las deficiencias del modelo económico cubano, sino con la inconmensurable limitación que suponen las sanciones sobre la economía de un país.

 

La juntamenta

La noticia es que la Cámara de Representantes, después de tanto ir y venir de los republicanos y de eternas votaciones, ya tiene presidente, y una de sus primeras decisiones fue nombrar como su asesor de seguridad nacional a Josh Hodges, quien trabajó en la administración de Donald Trump, la USAID y el Consejo de Seguridad Nacional.

Hodges es un hombre que estuvo muy de cerca de Trump cuando esa administración republicana imponía nuevas medidas sobre Cuba, engordando el ya denso entramado de sanciones que pesa sobre la Isla y que hoy casi el mundo entero condenó en la ONU.

Ha pasado por una larga lista de cargos que incluyen diferentes puestos en el Consejo de Seguridad Nacional, como experto en temas de política exterior vinculadas al Hemisferio Occidental. También fue director adjunto administrativo de la USAID, una agencia auspiciada por el gobierno estadounidense que ha empleado fondos para programas que son abiertamente dedicados a derrocar el gobierno cubano.

Al mismo tiempo, el asesor llega a un Congreso que tiene en puestos claves a representantes del exilio de la línea dura contra Cuba. A pesar de la reciente caída en desgracia del senador demócrata por Nueva Jersey, Bob Menéndez, los representantes de origen cubano, que fueron elegidos en distritos de mayoría cubana en la Florida, Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar, sí continúan siendo vallas efectivas a todo cambio con Cuba.

Díaz-Balart, congresista por el distrito 26 de la Florida, y de la línea dura contra Cuba ha sido nombrado presidente del Subcomité sobre Estado, Operaciones Extranjeras y Programas Relacionados del Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes. Este Comité, según se describe en su propio sitio web, es uno de los que tiene una jurisdicción más amplia, ya que se dedica a regular el uso de los fondos del gobierno.

Diaz-Balart pertenece a una familia del exilio tradicional que siempre ha tenido marcadas posiciones contra cualquier tipo de relación con Cuba, y que concibe la política de máxima presión como el único tipo de política posible hacia la Isla. Recientemente, opinó sobre las intenciones del gobierno de Joe Biden de ofrecer alguna flexibilidad para el sector privado cubano, y se opuso con vehemencia a todo tipo de vínculo, incluso con el sector privado.

En otra posición también de relativo poder en la Cámara baja, está la representante por el Distrito 27 de la Florida, María Elvira Salazar, una personalidad de la televisión en español de Miami que devino política parándose en la plataforma de la oposición en contra de Cuba, que han usado ya otros.

Salazar es presidenta del subcomité sobre el Hemisferio Occidental, Seguridad Civil, Migración y Política Económica Internacional, una división del Comité de Asuntos Exteriores.

Ambos representantes han usado la política contra Cuba como catapulta entre Miami y Washington, y desde su asiento en el Capitolio han intentado capitalizar el tema Cuba como si fuese un asunto exclusivo de sus distritos.

El nombramiento de Hodges como asesor del nuevo presidente de la Cámara de Representantes, junto a las posiciones claves de dos políticos de origen cubano, ambos de línea dura, significa que las vallas para evitar o cuestionar cualquier cambio de política hacia Cuba están sólidas y bien posicionadas.

Nuestra opinión es que la elección de Hodges impulsará aún más a la derecha al ya conservador líder de la Cámara, y que los representantes de origen cubano ubicarán en la agenda mediática y parlamentaria un discurso sobre Cuba que apuesta por una política que durante 60 años ha intentado derrocar al gobierno cubano sin lograrlo.

José Martí y el anarquismo cubano

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José Martí
Foto: Wendy Perez Breijo

José Martí expresó el respeto a las ideas diferentes, lo que no implicaba silenciar sus criterios divergentes, notables en el caso de los anarquistas —también denominados ácratas, libertarios y socialistas revolucionarios.

No era concebible su impasibilidad ante una doctrina cuyos fundamentos esenciales son la negación de la noción de patria, considerada un argumento de la burguesía para enfrentar entre sí a los trabajadores de diferentes nacionalidades, y a todo principio de autoridad, manifiesto en el rechazo al Estado, visto como institución coactiva en la que los gobernantes se imponen sobre los gobernados.

Los anarquistas rechazan la política, al considerar que los proletarios deben luchar solamente por sus reivindicaciones, pues todos los gobiernos responden a los objetivos de los poderosos y dirigen sus fuerzas a reprimir las posibles conquistas laborales. Consideran que para alcanzar una sociedad libre son tan lícitos los métodos educativos y divulgativos como la violencia, denominada «propaganda por el hecho», que se aplica en atentados y terrorismo, cuando consideran necesario.[1]

Sin embargo, debe repararse en que los anarquistas no constituían un conglomerado homogéneo, pues sus propios conceptos de respeto a la individualidad determinaban la existencia de diversos sectores, algunos de los cuales abogaban por las vías pacíficas, y dirigían sus esfuerzos a la organización de instituciones sindicales, sociales y educativas.

Para Martí, la doctrina y los métodos del anarquismo podían incidir negativamente en los objetivos revolucionarios del pueblo cubano, en tanto desde sus primeras actividades políticas sustentó el concepto de patria, la necesidad del orden, la unidad para la acción conjunta, la subordinación a una dirección centralizada, y promovió y llevó a cabo la organización de las fuerzas patrióticas.

Su contacto directo con las concepciones ácratas y sus manifestaciones violentas ocurrió en Estados Unidos. Sus crónicas transparentan un conocimiento creciente de las luchas obreras, una manifiesta simpatía hacia los trabajadores y la condena a la explotación excesiva de que eran objeto, a las inhumanas condiciones en que trabajaban y vivían.

En 1887 Martí dedicó atención particular a los sucesos que concluyeron con el juicio y condena de los conocidos como «los siete anarquistas de Chicago». Sus opiniones iniciales acerca del hecho, así como su evolución hasta comprender la injusticia del proceso legal, han sido tratadas en múltiples ocasiones, por lo que resalto solamente la capacidad del Apóstol para variar de actitud y agudizar su apreciación de los fenómenos sociales.[2]

No fue casual que en este año se comunicara por primera vez con Cayo Hueso, baluarte cubano del independentismo, donde predominaban las organizaciones obreras. El 29 de noviembre escribió a José Dolores Poyo (1836-1911), uno de los dirigentes del enclave. En la comunicación expresa que la lucha armada cuya organización intentaba en aquellos momentos no debía caer en manos de «cubanos egoístas» que no «llevan la intención de aprovechar la libertad en beneficio de los humildes, que son los que han sabido defenderla» [OC Edición crítica, t. 27, p. 199].

La magnitud de los vínculos del Apóstol con Cuba y su emigración en aquella etapa es poco conocida, pero sus apuntes y notas dan la medida de su información sobre los principales acontecimientos. Debió de percatarse de la preeminencia de los anarquistas entre los trabajadores del país, así como su influencia en las inmigraciones.[3]

Era evidente para cualquier observador que durante la segunda mitad del siglo xix una parte considerable de los trabajadores españoles que llegaban a la Isla compartían las ideas libertarias, que se generalizaron entre el creciente proletariado, sin otras propuestas favorables a las luchas obreras.

El gobierno español actuó con eficiencia tras el fracaso de las guerras independentistas, y desde 1880 introdujo algunas reformas que incluían una limitada libertad de prensa y de asociación, que facilitó a diversos grupos libertarios crear cooperativas, mutualidades y sindicatos. En 1885 se oficializó el Círculo de Trabajadores de La Habana, que alentaba la batalla por mejores condiciones de trabajo y la enseñanza laica, promovía actividades culturales, combatía el alcoholismo y el juego, y apoyaba las luchas de las mujeres trabajadoras.

El más destacado ideólogo y organizador de los ácratas cubanos fue Enrique Roig de San Martín (1843-1889), quien se manifestaba contra el dominio colonial español y en igual medida combatía el ideal independentista, pues, afirmaba, nada había cambiado favorablemente para los trabajadores en las repúblicas latinoamericanas ni en Estados Unidos. Tras la muerte prematura de San Martín, Enrique Creci devino figura principal del Círculo de Trabajadores, que influyó decididamente en la conmemoración del Primero de Mayo en La Habana, en 1890.

Pero el auge del movimiento obrero fue reprimido cruelmente desde que el capitán general Camilo Polavieja inició la persecución, encarcelamiento y deportación de los participantes en huelgas o manifestaciones. Los anarquistas, ante tales manifestaciones de intolerancia y atropellos, comenzaron a enfrentar al colonialismo como enemigo de las libertades personales y sociales. Coincidían, en lo esencial, con el independentismo.

A fines de 1891 esta posición estaba definida, y al cese de Polavieja en su cargo potenciaron la labor organizativa del proletariado. Del 15 al 19 de enero de 1892 fue realizado el Congreso Obrero de La Habana. El último día del encuentro se tomó el acuerdo, con la oposición de un pequeño grupo de delegados, de que el anarcosindicalismo cubano no habría de oponerse a la independencia, «por cuanto sería absurdo que el hombre que aspira a su libertad individual se opusiera a la libertad colectiva de un pueblo». De inmediato, las autoridades clausuraron el congreso y se inició una represión extrema.[4]

La fecha de aquel congreso es anterior a la creación del Partido Revolucionario Cubano, proclamado el 10 de abril de 1892, por lo que es erróneo atribuir a la labor de este el acuerdo tomado con respecto a la independencia. Ante la falta de documentación que confirme lo contrario, sólo podemos especular que en el sector patriótico de los anarquistas fuera conocido el pensamiento social martiano.

El enfrentamiento entre los seguidores de esta corriente y los que persistían en sus criterios antindependentistas continuó, por lo que el Apóstol desplegó una labor de esclarecimiento que tuvo su expresión en un amplio análisis publicado en Patria a solo un mes de la fundación del Partido, en el que expresó: «es política la anarquía», que «en manos del gobierno español, que echa anarquistas por todas partes, es un habilísimo instrumento». Elogia que entre los ácratas estén quienes «desean sinceramente una condición superior para el linaje humano», por lo que «no pueden ser cómplices de la política de policía que anda predicando el desdén de la política».

Asegura que es justo proponerse el bien de un grupo humano, pero «no puede ser superior al deber de procurar el bien de todos los hijos del país», y recaba el apoyo a una guerra que alcanzaría la «justicia para todos», guiada «por la política del amor a la humanidad», por lo que «falta al deber de hombre quien se niega a pelear por la política que tiene por objeto poner a un número de hombres en condición de ser felices por el trabajo y el decoro» [OC, t. 1, pp. 335-336].

En medida creciente, el sector independentista de los anarquistas cubanos fue un ente activo de la organización de las fuerzas que participaron en la guerra, y varios de ellos se unieron al mambisado. Venció, una vez más, por sobre parcialidades y errores, el amor a la patria.

 

Notas

[1] Información resumida de: Jaime Luis Brito: «Prólogo», en El pensamiento anarquista. Antología, México, 2015, https://www.uaem.mx/difusion-y-medios/publicaciones/clasicos-de-la-resistencia-civil/files/pensamiento_anarquista.pdf, pp. 14-18; Javier Paniagua: Breve historia del anarquismo, Madrid, 2012, https://fundacion-rama.com//srv/htdocs/wp-content/uploads/2022/07/591.-Breve-historia-del-anarquismo-Paniagua.pdf; Ángel J. Cappelletti: La ideología anarquista, Barcelona, 2010, https://es.scribd.com/document/653650206/Cappelletti-A-La-ideologia-anarquista-parr-selecc,  pp. 13-38, y José Cantón Navarro: Algunas ideas de José Martí en relación con la clase obrera y el socialismo, La Habana, 1970, pp. 105-107.

[2] Remito al lector interesado en este asunto al texto de J. Cantón Navarro ya citado, pp.59-76, pues presenta una síntesis muy completa.

[3] Ver Javier Colodrón Valbuena: «El Círculo de Trabajadores de La Habana y sus réplicas: la creación de espacios obreros en los aledaños de la capital», Naveg@mérica. Revista electrónica editada por la Asociación Española de Americanistas, 2017, n. 19,  http://revistas.um.es/navegamerica, pp. 10-11.

[4] Los datos han sido tomados de: Susana Sueiro Seoane: «Anarquismo e independentismo cubano: Las figuras olvidadas de Enrique Roig, Enrique Creci y Pedro Esteve», Espacio, Tiempo y Forma, Madrid, No. 30, 2018, URL: http://e-spacio.uned.es/revistasuned/index.php/ETFV, pp. 99-117; Evelio Tellería Toca: Los Congresos Obreros en Cuba, La Habana, 1973, p. 45, y J. Colodrón Valbuena: Ob. cit., pp. 3-18.

 

¿Qué está pasando con la licitación de locales comerciales en Cuba?

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Licitación en Cuba
Foto: La Joven Cuba

Cada vez es más frecuente ver locales del Estado, algunos en proceso de abandono o que llevaban tiempo con muy poca oferta, reabiertos por pymes o cooperativas. El proceso en sí no tiene por qué ser negativo, de hecho, siempre será mejor una gestión que ponga a funcionar estas instalaciones a que queden subutilizadas o destruidas. Sin embargo, muchas veces causa incertidumbre en la ciudadanía ¿cómo se lleva a cabo este proceso? ¿Se hace por licitación o son seleccionados a dedo quienes ocuparán y gestionarán el espacio? ¿Qué requisitos son necesarios? ¿Qué actores intervienen?

La Resolución 40, del 19 de abril del 2022, del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN), contiene el «Procedimiento para la licitación del arrendamiento de establecimientos del sistema del comercio interior» firmado por la Ministra del ramo, Betsy Díaz Velázquez.

El citado instrumento tiene por objeto establecer el procedimiento para la licitación del arrendamiento de los establecimientos que forman parte del patrimonio estatal de las entidades del comercio de subordinación local, que incluye venta de mercancías, gastronomía y los servicios, así como los arrendamientos de las organizaciones superiores de dirección empresarial atendidas por quien suscribe, para su gestión por formas estatales y no estatales.

Queda claro que este procedimiento se rige por principios muy bien definidos:

  1. Transparencia: es el conocimiento de las acciones y decisiones de la licitación que tengan los participantes para un efectivo control social y popular;
  2. igualdad: que los participantes tengan iguales derechos y oportunidades;
  3. publicidad: que sean públicas las distintas acciones y decisiones del procedimiento de licitación;
  4. concurrencia: tienen derecho a participar en la licitación todos los que cumplan las condiciones generales que se establezcan;
  5. competencia: se garantiza la posibilidad a todos los potenciales oferentes de participar en el proceso, sin que se puedan introducir limitaciones que no tengan base técnica, legal o económica;
  6. eficiencia y razonabilidad: debe seleccionarse la oferta más conveniente para el interés público, y la decisión debe ser ajustada a derecho, así como que se encuentre justificada en la consecución de un fin legítimo.

Para realizar una licitación, el jefe de cada entidad constituye una comisión de licitación, oído el parecer de su instancia superior, encargada de ejecutar el proceso y de proponer a la aprobación del Consejo de Dirección de la empresa, el oferente elegido para la adjudicación del arrendamiento. Pero esta Comisión se avala por el Gobernador o el intendente de los consejos de la Administración Municipal, según corresponda.  La Comisión se integra por un número impar de miembros y en ella están representadas las áreas técnicas, económico-financieras y jurídicas de la empresa, un representante de la Dirección Estatal de Comercio o Dirección de Comercio, según proceda y del Sindicato.

En este procedimiento de licitación participan:

  1. a) trabajadores del establecimiento que se licita;
  2. b) trabajadores por cuenta propia;
  3. c) cooperativas no agropecuarias;
  4. d) proyectos de desarrollo local;
  5. e) entidades estatales;
  6. f) micro, pequeñas y medianas empresas;
  7. g) formas productivas de la agricultura;

Según dicha resolución, la entidad que administra el establecimiento que se va a licitar realiza el anuncio mediante la publicación de la convocatoria conjuntamente con el pliego de licitación, a través de los medios de comunicación que esta decida.

El pliego de licitación debe contener la información siguiente: a) Objeto de la licitación; b) identificación del licitante; c) plazo de duración de la licitación; d) lugar y fecha de entrega de las ofertas; e) lugar, fecha y hora en que se realiza la apertura de los sobres sellados que contienen las ofertas; y f) condiciones específicas de la licitación.

Todo está bien regulado, los pasos a seguir, las fechas de las respuestas, entre otras. Asimismo, resulta interesante que se establezca transparencia total en el proceso, para no dar margen al soborno o la corrupción.

¿Significa ello que de forma automática algunos eliminarán estas prácticas con poca o ninguna ética? Esta pregunta surgió inicialmente con informaciones que aparecían en la prensa, especialmente cuando el emblemático Estadio Latinoamericano del Cerro pasó a ser administrado por una mipyme.

No se cuestionaba el hecho de que el llamado Coloso del Cerro sea o no administrado por una mipyme, como tampoco hay que cuestionarse las palabras del Comisionado Nacional de ese deporte, cuando dijo que el objetivo de esa medida era que instalaciones de ese tipo tengan autonomía financiera y sean autosostenibles.

Estadio Latinoamericano
Estadio Latinoamericano / Foto: Tribuna de La Habana

Más bien, las preguntas a hacer fueron: ¿bajo qué parámetros, o cómo se escogió a la mipyme que se encargará de esta administración? ¿Se hizo pública la intención de pasar el estadio a esta nueva forma de administración, de manera que se pudiera escoger al mejor, entre varios pretendientes? ¿Qué compromisos u obligaciones adquirió la mipyme para obtener la administración de un bien público? ¿Estaban aplicando la Resolución 40 del MINCIN?

No se pone en dudas la seriedad de la mipyme escogida, ni se asevera que en este caso se haya hecho un mal trabajo de selección, ni se cuestiona que el acuerdo logrado haya resultado beneficioso para el Estadio Latinoamericano, como tampoco se desea convertir en material de estudio el acuerdo alcanzado con la empresa, que pudo ser muy seria. Tampoco se puede afirmar a priori que se irrespetó lo que plantea la Resolución 40. Más bien de lo que se trata es de que hubo poca información pública para saber lo que sucedería con el estadio insigne de la capital.

La imprescindible transparencia

Está muy bien la creación de mipymes, desde cero, para realizar nuevos trabajos o crear nuevos valores, con o sin competencia con las empresas estatales existentes del mismo ramo.

Pero cuando una mipyme, un trabajador por cuenta propia (TCP) u otra forma de gestión no estatal (FGNE) asume los activos de una entidad estatal —bajo arrendamiento, administración, adquiriéndolos o cualquier otra forma—, deben existir normas claras para estos acuerdos y deberían conocerse su proceso y resultado de forma pública.

Se trata no solo de que la sociedad salga beneficiada económicamente, sino también de que exista transparencia y se descarte algún tipo de favoritismo, o cualquiera de los males que trae consigo esa decisión.

Entonces, no ha de determinarse cuál es el nivel de aprobación de determinado otorgamiento,  sino también anticipadamente dar a conocer al público lo que se pretende ceder, para que se pueda recibir la mayor cantidad de propuestas y, en una licitación, poder escoger la mejor opción. No importa si la magnífica idea de negocio se le ocurrió a alguien de una determinada mipyme o fue impulsada por la institución estatal que la tenía entre sus activos.

Se deben estipular muy bien los compromisos que asume la contraparte del Estado. Y muchas otras cuestiones que en una licitación pública estarían muy identificadas, donde la sana competencia entre la mayor cantidad posible de ofertantes puede dar como resultado los mayores ingresos para la sociedad y la mejor calidad en el servicio.

El público debe enterarse con suficiente antelación de lo que se pretende hacer con el bien del Estado, y por variados medios de difusión, entre otras cosas, para ver si puede participar con alguna propuesta de inversión. Tampoco debe olvidarse que los bienes del Estado pertenecen a la sociedad cubana, por tanto, si hubiera alguna forma de transferencia —ya sea temporal, permanente, parcial o total— debe rendírsele cuentas constantemente a la ciudadanía de cómo están siendo gestionados.

No es recomendable que lo sepamos por la prensa después de consumado el hecho, porque la primera pregunta que puede surgir es por qué solo una limitada cantidad de personas se enteraron de que se estaba licitando un bien del Estado bajo otras formas de gestión.

Experiencias positivas hay en el mundo, cuando ocurren las Ofertas Públicas de Venta de acciones, o cuando el Estado subasta licencias, por ejemplo, del espectro 5G de telefonía móvil. La solución para Cuba no es complicar el asunto ni «tirar el sofá por la ventana», sino trasparentar las decisiones y que se conozcan los términos en que se arriendan locales; la misma resolución la ampara.

El Estadio Latinoamericano no fue el único local cuya gestión de forma total o parcial pasó a manos de privados causando controversia. Hay interrogantes sobre cómo fue el proceso de asignación de espacios en el corredor turístico habanero de 1era y 70, en el municipio de Playa del consejo Miramar. Se supo que el gobierno municipal de Playa estuvo incentivando ese proceso para que se permitiera a cuentapropistas instalar cafeterías y restaurantes en la primera línea de costa, espacio que no se estaba utilizando. No obstante, no se divulgó suficientemente ese proceso en la selección para arrendar locales pertenecientes al Estado, a emprendedores autónomos interesados en establecer cafeterías, restaurantes u otros negocios.

Paseo Marítimo 1ra y 70
Paseo Marítimo 1ra y 70 / Foto: Diario de las Américas

El resultado ha sido destacable y beneficioso para la parte de la ciudad que asiste a ese lugar. Pero, sin descartar que en todos los casos se haya hecho una buena selección, no se puede decir tampoco que hubo una previa y amplia información al público que permitiera también a todos los actores económicos interesados en ocupar el espacio, competir en igualdad de condiciones. Actualmente la mayoría de las administraciones provinciales tienen portales en Internet, lo cuales pudieran ser una de las tantas formas en que se dieran a conocer los locales disponibles para cambiar la forma de gestión, en aras de que todos los interesados apliquen a la licitación.

En estos momentos estos aspectos pueden ser más importantes aún. No solo porque están cambiando las normas y permitiéndose nuevas formas de gestión, o porque el Estado pueda haber decidido que es hora de mejorar la eficiencia de algunos establecimientos existentes, como cafeterías y restaurantes en céntricas avenidas, o instalaciones deportivas en desuso, sino porque la competencia en el sector privado naturalmente será mayor con el incremento constante de los actores económicos aprobados.

Estoy a favor de las licitaciones de locales descapitalizados y que afean el ornato de la ciudad, solo que sería muy útil que se haga una publicidad en la que todos podamos participar o dar alguna opinión. Ejemplos negativos abundan en el mundo. Cuando se pretenda licitar un bien público, nunca será conveniente que las instituciones cubanas apliquen prácticas nocivas para este tipo de decisiones.

El «führer» en el Maxim Rock y el fantasma de la colonización cultural

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El lugar es el Maxim Rock, local habanero popular entre los jóvenes, que acoge con frecuencia concurridos conciertos y noches temáticas. El evento es una fiesta por Noche de Brujas o Halloween, y los organizadores están a punto de anunciar el ganador del concurso de disfraces por popularidad. Los competidores son: una pareja tenebrosa, un sujeto encapuchado sacado de un videojuego, y… ¿un oficial de las SS[1]?

Entre aplausos, el uniformado con banda roja es presentado como «el führer». Tras votaciones a voces, el animador toma el micrófono y pronuncia las siguientes palabras: «Damas y caballeros, es un placer para mí anunciar que esta noche en el Maxim Rock ha ganado… ¡Alemania!»

El joven «führer» habanero da un paso al frente y con marcialidad realiza un saludo nazi en medio del escenario. Muchos asistentes lo imitan. El público enloquece de euforia. Yo no doy crédito a lo que veo en la pantalla.

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Aquí estamos otra vez: otro Halloween, otra sorpresa. Luego de un año de espera, nuestros creativos jóvenes nos han regalado otro episodio surrealista con motivo de estas fechas tan señaladas.

Luego de la polémica nacional tras los disfraces del KKK en Holguín hace exactamente doce meses, un joven, esta vez en La Habana y en el marco de un concierto temático celebrado en el Maxim Rock el pasado 28 de octubre, decidió acudir a la cita anual con un uniforme completo de la infame organización hitleriana Schutzstaffel —en español, Escuadras de Protección—, más conocida por su abreviatura SS.

A pesar del entusiasmo que parecía reinar en el evento por esta inusual ocurrencia, cuando el hecho trascendió a través de las redes sociales la indignación de varios usuarios no se hizo esperar. El escándalo llegó rápidamente hasta el Instituto Cubano de la Música (ICM), que al día siguiente publicó una nota en la cual anunció la decisión de «cerrar, de manera inmediata, el Centro Cultural Maxim Rock, hasta tanto se esclarezcan los hechos, se hagan los análisis correspondientes y se tomen las medidas disciplinarias con cada uno de los responsables», por la «incapacidad de la institución» para prever lo ocurrido con el disfraz «nazifascista». Más adelante en la nota, el ICM afirmó que el suceso «vuelve a poner sobre la mesa el tema de los peligros de la colonización cultural».

Por otro lado, ese mismo día apareció en Cubadebate un texto titulado Halloween en Cuba: apología al nazismo, que achacó lo sucedido a la permisividad de las instituciones frente a estas manifestaciones. El problema —señala— «tiene que ver con la educación, la enseñanza de la historia y la formación de valores en las nuevas generaciones», y el hecho «viola flagrantemente la política cultural de la Revolución Cubana».

En el mencionado artículo, a pesar de comentar que no se trata de un ataque a la celebración en Halloween en Cuba, acto seguido el autor se toma el trabajo de aclarar que, y cito: «creemos que no hay forma de prohibir ni detener esta práctica». Ya cerca del final, pocas líneas más abajo, el autor hace referencia, tal y como hizo el ICM en su nota, a la importancia del debate sobre la «colonización cultural».

Entre fantasmas: la colonización cultural

La figura de la colonización cultural ha sido utilizada en el pasado para atacar la celebración de Halloween en la Isla. Sin embargo, considerar la festividad como un elemento colonial de manera total y apriorística constituye una simplificación excesiva, especialmente si tenemos en cuenta los dinamismos propios de la cultura, que incluso en las mismas coordenadas geográficas puede manifestarse de forma distinta en diferentes generaciones y grupos poblacionales.

En ese sentido, el problema no está en los disfraces. No es una novedad para nadie que «el miedo a lo foráneo» ha sido una máxima que en distintos momentos de la historia de Cuba ha signado el actuar de las instituciones culturales oficiales. Bajo este argumento se han cometido no pocos extremismos e injusticias. Por otro lado, se han descuidado festividades populares «autóctonas» con una gran carga cultural y lúdica —las parrandas en las ciudades, por citar un ejemplo—, cosa que no ha sucedido con otras «tradiciones» de una connotación más política y solemne.

Por otro lado, la globalización ha traído de forma inevitable expresiones culturales novedosas para nuestro contexto. Algunas de estas, incluso, estuvieron presentes en algún momento de nuestro pasado, pero habían sido parcialmente abandonadas o relegadas al espacio privado —tal es el caso de la Navidad—, y a pesar de esto, a su llegada fueron recibidas con entusiasmo y curiosidad.

En estas condiciones, la popularidad de Halloween, sobre todo ayudada por el cine, los dibujos animados, y más recientemente el internet, no sorprende en lo absoluto. A pesar de haberse originado en un contexto específico, la Noche de Brujas se ha convertido en un fenómeno global, que ha trascendido fronteras y que es celebrado en todas las latitudes, conviviendo en no pocos casos con las culturas locales.

Halloween en Cuba
Jóvenes celebrando Halloween en Cuba. Foto: Alma de Cuba.

Ese chovinismo ciego, que incluso tolerando la festividad no pierde la oportunidad de mirarla con recelo, es el que entorpece en primer lugar un abordaje serio del impacto cultural de Halloween en Cuba, tratando la cuestión desde el punto de vista educativo y divulgativo como un elefante invisible —aunque extrañamente incómodo— en la habitación.

Lo antes dicho lleva a la negativa institucional de abordar abiertamente el fenómeno y, en consecuencia, a la imposibilidad de educar y establecer un diálogo horizontal al respecto que quizá, de haber tenido lugar, hubiera reducido la probabilidad de que ocurrieran sucesos como los recientes.

Para poder normar, que al parecer es la prioridad estatal, lo primero es reconocer y aceptar la existencia de esa realidad cultural e integrarla, en lugar de rechazar lo foráneo por mero reflejo, relegándolo por completo a la periferia institucional. Demonizar sin matices una festividad como Halloween, muy al estilo de un extremista religioso repugnado por lo «profano» de sus premisas, es casi tan irresponsable como vestirse de un personaje controversial. De hecho, lo segundo puede ser una consecuencia previsible de lo primero.

El otro espectro: el «führer» caribeño

A pesar de la desproporcionada reacción entre los portavoces de la «correcta cultura», la cuestión del disfraz también nos aporta claves interesantes sobre los procesos de transformación que están ocurriendo entre los más jóvenes a través de internet, y en su forma de entender la comedia.

Basta dar una mirada rápida a las reacciones en redes sociales para notar que, de forma opuesta a la respuesta oficial, una parte nada despreciable de los usuarios jóvenes ha considerado que el disfraz era algo satírico, de humor negro, una burla al régimen nazi o simplemente un disfraz especialmente travieso. Por lo anterior, para muchos de ellos la censura al «führer» puede ser considerado como una afrenta contra la libre expresión.

Ejemplo de reacción generada al cierre del Maxim Rock
Ejemplo de reacción generada al cierre del Maxim Rock

Sin embargo, como ya he tratado anteriormente con motivo del Halloween pasado, el humor negro o cualquier pieza humorística en general, no se agota únicamente en las intenciones del emisor o el contenido explícito que contiene. En la era de la post-ironía la transgresión se confunde entre la sátira y lo genuino, por lo tanto, la reproducción de ciertos discursos y mensajes podría influir en la propagación del odio y el extremismo, incluso, si las intenciones eran originalmente irónicas.

La sobrecogedora imagen de todo un auditorio elevando sus brazos extendidos en un saludo fascista colectivo podría provocar que lo que tal vez inició como un juego, o una transgresión juvenil, se convierta en un vector peligroso si es instrumentalizado. La presumible inocencia de los autores no hace que las posibles consecuencias desaparezcan. Además, normalizar el uso casual de la iconografía fascista es algo delicado, teniendo en cuenta el contexto actual en el que nos encontramos con una guerra que ha avivado tanto el sionismo como el antisemitismo.

Disfraz nazi
Disfraz que generó la polémica

Por otro lado, si bien en Cuba no ha sido el único país en el que la Noche de Brujas se ha prestado para resucitar símbolos del nazismo[2], la manera de la que ocurrieron los sucesos en nuestra capital habla de un verdadero desconocimiento de la historia, no ya por el joven disfrazado, sino por el animador mismo, al presentar a Alemania como vencedora de la competición. Esto resulta especialmente cuestionable, pues hasta el dia de hoy esa nación carga con vergüenza el peso y la sombra de los horrores de su pasado, y está incluso prohibido por ley portar la iconografía del nazismo. Pero claro, si es por las risas, todo está justificado, ¿no?

No puedo evitar recordar un pasaje de la película alemana Ha vuelto (2015), en la cual Hitler reaparece en la Berlín de la actualidad y comienza su nueva carrera hacia el poder a través de los medios de comunicación, bajo la fachada de ser un humorista imitador de sí mismo. En una escena, una anciana judía lo reconoce y comienza a gritar, convencida de que se trata del verdadero. Su nieta, sin saber la identidad real del dictador, intenta explicarle que es comedia, algo satírico, a lo que la señora, con rencor en la mirada, responde: «Se ve igual que antes, dice las mismas cosas que antes, y en ese entonces la gente también se rio».

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Lo sucedido la noche del concierto de Halloween en el Maxim Rock encierra muchas más aristas de las que podríamos encontrar con una simple mirada, y es por eso que hemos de ser cautelosos ante aproximaciones vagas o facilistas.

El cierre hasta nuevo aviso del local, que es el principal bastión del rock en la capital y uno de los pocos espacios que existen en la institucionalidad estatal para sus aficionados, parece una medida exagerada teniendo en cuenta lo puntual de lo ocurrido. La medida, justificada con la «política cultural de la Revolución», priva por el momento a los rockeros habaneros de uno de sus lugares de preferencia, y, de mantenerse por mucho tiempo, los forzará en lo adelante a organizar sus actividades cada vez más al margen de las instituciones estatales.

Maxim Rock / Foto: Facebook
Maxim Rock / Foto: Facebook

En cuanto al «führer caribeño», probablemente estará riéndose de lo ocurrido. Si sus intenciones eran buenas o malas, o si fue una inocente «bromita», realmente no afecta el contenido de su mensaje; su actitud igual de irresponsable que la de de los organizadores del evento al lidiar con el asunto, parte de un profundo desconocimiento de sus posibles consecuencias. No obstante, sería apresurado afirmar que actuaron de mala fe, y más en una época en la cual el humor con esas características es constante en el escenario donde la mayoría de los jóvenes cubanos se mueven gran parte del día: internet.

No todo humor es inofensivo, y no toda ofensa es necesariamente humor. Las nuevas generaciones traen nuevas formas de entender lo satírico, y no queda más opción que investigar y comprender mejor como se estructuran los nuevos discursos y relaciones en sus diferentes comunidades, que al final van generando sus propias pautas culturales. Es a través del reconocimiento y análisis profundo de esa realidad que podremos evitar que dichas pautas lleven, ante la indiferencia, a la reproducción de mensajes discriminatorios y de odio, de los cuales el nazismo hace parte.

Al final, el problema de base sigue sin tratarse, y no es otro que la completa desconexión de ciertas instituciones estatales, habitualmente reacias al diálogo abierto, con la realidad cultural de los más jóvenes, y la consecuente falta de investigación y debate público sobre el tema.

No todo puede resolverse criticando la «permisividad», y la «educación por castigos» no ha resultado precisamente inclusiva, y menos aún, efectiva. Repetir las viejas técnicas de cerrar los locales tras un incidente singular, rehuir de lo foráneo, nominar culpables puntuales y la toma de represalias, no hará desaparecer el elefante fantasma en la habitación.

Más «educación», a secas, tampoco es la solución. Si la enseñanza de la Historia continúa desde un enfoque meramente descriptivo, memorístico e impositivo —eso sin contar los sesgos ideológicos—, no contribuirá mucho al desarrollo de un pensamiento integral sobre la complejidad de los procesos que intervienen en el devenir humano. Menos aún impedirá que, motivados por su naturaleza inquieta, los jóvenes se hagan eco de todo aquello que consideren como suficientemente transgresor para representar una muestra auténtica de autodeterminación.

Prohibir sin mayor explicación que la ideológica, en este caso, podría llevar a que el führer salga del disfraz para convertirse en un símbolo de la libre expresión y el humor, para una juventud que siente su espacio exclusivo invadido por una «autoridad cultural» que, desde la incomprensión, intenta decirle qué es colonialista y qué no.

Si algo queda claro luego de esto es que —a tono con la temática del disfraz— poner un parche y mirar hacia otro lado dista mucho de ser la «solución final».

Notas

[1]Las SS, Schutzstaffel o «Escuadras de Protección» fue organización militar y política que durante el Estado nazi se hizo cargo de la seguridad, la identificación del origen étnico, la política de establecimiento demográfico, y la recopilación y el análisis de información de inteligencia. Controlaban las fuerzas policiales alemanas y el sistema de los campos de concentración. Además, concibieron e implementaron planes diseñados para reestructurar la composición étnica de Europa oriental y la Unión Soviética.

[2] Esto no ha ocurrido solo en Cuba, y la tolerancia no ha sido mucho mayor. A modo de contraste, apenas al día siguiente de lo acontecido en el Maxim Rock se hizo viral una noticia procedente de Argentina en la que un joven fue repudiado por los asistentes y expulsado de una fiesta por ir disfrazado de Adolf Hitler.

 

El proceso

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Ser o no ser / UJC / El proceso
Imagen: La Joven Cuba

La censura de un texto en Alma Mater sobre las problemáticas de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) me hizo recordar mis contactos con la organización de la cual, primero por casualidad y luego por decisión consciente, nunca he formado parte.

La mayoría de los militantes que conozco iniciaron «el proceso» de crecimiento a los 14 años, siendo adolescentes, sin formación política y bajo la patria potestad —término afortunadamente extinto en el nuevo Código de las Familias— de sus padres, quienes muchas veces decidían por ellos si entraban o no a la organización, en dependencia de la «marca política» que le conviniera a la familia.

Yo fui muy mal estudiante de secundaria básica. En tiempos de videoclases, sentía que la escuela me aportaba muy poco y llegué a ser el alumno con más ausencias en el noveno grado, según un top ten que hacía la directora en un intento vano por avergonzarnos.

En aquella época —año 2010— todos los meses se celebraba una asamblea donde te clasificaban en tres categorías: «no cumplidor», «cumplidor» y «destacado». El estudiante debía proponer su «evaluación integral» y el resto del aula podía aprobarla o desaprobarla. Los parámetros, si la memoria no me falla, eran «actitud ante el estudio», «actitud ante el trabajo» y «ser crítico y autocrítico», y como yo solo cumplía la última, cuando hicieron «el proceso» nunca se pensó en mí. Sin embargo, recuerdo perfectamente la asamblea al final de curso para decidir quiénes serían los militantes. A quienes no tenían incumplimientos y salieron más de tres meses como «destacados», de forma pública y delante de toda la clase, les propusieron integrar la organización.

Cuando le conté lo sucedido a mi madre, una militante del Partido Comunista de Cuba (PCC) tan disciplinada y convencida como honesta y rigurosa, puso el grito en el cielo. Me dijo que habían violado «el proceso», que el crecimiento debía hacerse de forma individual y siempre respetando el principio de voluntariedad. No sé a qué respondería la violación; a lo mejor al intento de algún secretario general —en algún nivel de la cadena de mando— de apuntarse mérito por haber ingresado a la organización a un grupo de jóvenes que tal vez hubieran dicho que no, de haberse respetado «el proceso». Estábamos en la era de la masividad, cuando la cantidad importaba más que la calidad.

Me viene a la mente el caso de un amigo que dijo que sí solo por la curiosidad de pasar «el proceso». Su madre había tratado de irse varias veces del país, e incluso tenía en la sala de la casa un mural dedicado a los Estados Unidos con recortes de símbolos de la nación norteña, porque alguien le había dicho que eso ayudaba a que las energías cósmicas estuvieran a favor de su salida. Nunca hubo «proceso»: le dieron el carné de forma automática. Llegó a ser el secretario de actas durante el bachillerato y se divertía mucho inventando las relatorías de las reuniones que nunca se hacían. De vez en cuando colaba alguna «gusanería» leve, dejada pasar, obviamente, porque quien leía —si lo hacía— no prestaba mucha atención.

En la universidad la cosa cambió. Mis profesores en general eran buenos y en aquel momento —años 2013-2018, la bendita «era Obama»— la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana era un hervidero de ideas y proyectos; había financiamiento y ganas de trabajar. Sin descuidar la docencia y rehuyendo de actividades netamente políticas, tuve una vida universitaria muy activa. Fui alumno ayudante, colaborador en proyectos de investigación y desarrollo, organizador de conferencias y paneles… tampoco era el único, pues más de la mitad del aula podía y quería involucrarse en al menos una de estas actividades.

Por otra parte, yo era un privilegiado que podía trabajar gratis —un lujo que no puedo darme hoy— porque mis padres cubrían mis gastos para que me dedicara a ser el «estudiante ejemplar» que a veces pasaba 12 horas en la facultad. También era un momento de parcial bonanza, al menos en La Habana: un pan con croquetas costaba cinco pesos y un taxi colectivo, diez. Hoy, con taxis y croquetas a más de cien pesos, es posible que pocos de la actual generación puedan hacer lo mismo que yo entonces, no porque sean menos «ejemplares», sino porque deben dedicar su tiempo a trabajar en lo que aparezca —y en ocasiones bajo condiciones de explotación— para cubrir los gastos complementarios a sus estudios.

En aquella etapa, un profesor, militante del PCC, se me acercó y me preguntó por qué yo no militaba en la UJC, si reunía las condiciones para que me hicieran «el proceso». Recientemente habían nombrado secretaria general a Susely Morfa, luego de un disparatado incidente en la cumbre de Panamá. Yo le dije que no podía militar en una organización a cargo de una persona que no solo mentía diciendo que se había pagado el pasaje en avión con su salario, sino que lo hacía de una forma tan burda que dejaba en ridículo a todos los cubanos que nos considerábamos de izquierda. Me respondió que la «compañera» había estado presionada por la prensa sensacionalista y los grupos «disidentes», y que bajo presión se pueden cometer errores.

Su argumento, aunque tenía parte de verdad, no me convenció, porque en esa misma situación estuvieron otros «compañeros» también militantes, quienes, si bien defendieron la postura del gobierno, fueron mucho más coherentes y aduces. La organización, y quienes la rectorean, decidieron premiar la repuesta más «enérgica» y también la menos inteligente. Por otro lado «la compañera», luego de nombrada, en sus discursos y declaraciones a la prensa partidista —sin presión visible— no me pareció mucho más lúcida. Era un problema estructural.

Cuando empecé a trabajar, otra militante del PCC —a quien respeto muchísimo, por su talento, laboriosidad y valentía— me propuso hacerme «el proceso». Yo dije que no, y ella, con la ética que la caracteriza, no me preguntó nada más.

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Ahí terminó mi relación con la UJC. No obstante, ¿qué hubiera pasado, si siendo un adolescente sin formación me lo hubieran propuesto en un contexto que me presionaba a aceptar? Tal vez me hubiera enfrentado a la situación, o tal vez me hubieran excluido por «bocón» o, como hicieron algunos conocidos, hubiera extraviado mi expediente al cambiar de enseñanza, pues, con el nivel de desorganización imperante en la organización —valga la redundancia—, esa táctica es la más socorrida para quienes no quieren seguir militando, sin explicar por qué dejaron de creer, o reconocer públicamente que nunca creyeron.  

En mis ya casi treinta años he visto de todo. Personas que —como dijo Lisbeth Moya en un texto recientemente publicado en este mismo medio— hoy son más comunistas que cuando estaban en la UJC; otras —como una antigua secretaria de la FEU, ferviente militante, que nunca hizo nada por cambiar las cosas desde adentro— al cruzar el Atlántico, pasaron a militar en el ala más radical de la oposición.

También están los que se aferran a revivir la organización y es comprensible. Lo veo como quien tiene a un ser querido en estado vegetativo, y, contra cualquier pronóstico médico, se rehúsa a desconectarlo sin haber hecho antes todo lo posible e imposible —en el mundo terrenal y espiritual— para devolverle la vida y la salud. Para mí, si es sincero, es un acto tan descartable desde la razón como admirable desde la empatía.

Hay un cuarto grupo al que pocos tratan de comprender: los que militan pasivamente. Estos jóvenes pagan su cuota, van a las reuniones o buscan excusas «plausibles» para no asistir, aceptan una tarea de vez en cuando y tratan de cumplirla de la mejor manera posible —sin involucrarse más allá de lo que sus circunstancias les permiten—; postean alguna que otra consigna o alabanza en Facebook, con su perfil real o con uno falso que se crearon para no molestar a la «tía gusana» que manda dinero a la familia para que puedan comprar lo poco que hay en las tiendas en «emelecé» o paquetes por Katapulk.

Los que no tienen «tía gusana» —que no son pocos— o lo que manda «la tía» no alcanza para vivir en abundancia, sobreviven «nuestro proceso» de forma muy similar a muchos otros no militantes. Están en las colas y escuchan a la gente maldecir, culpar de todos los males al gobierno que defiende su organización, pero la mayoría de las veces se callan, pues, aunque su compromiso sea «defender la Revolución en todos los espacios», es mucho más fácil enfrentarse a «los odiadores» en las redes que a una cola indignada.

¿Qué hacemos los no militantes con ese militante pasivo? ¿Lo avergonzamos por su incoherencia, cuando todos en algún momento de la vida también lo hemos sido, cuando pocas veces cuestionamos a «la tía» que en «tierras de libertad» se la pasa hablando de democracia, pero condiciona el cariño y la ayuda a su «sobrino» a su manera de pensar?

En ese pueblo, militante o no, está la mayoría de Cuba. Tal vez no sea muy diferente a otros pueblos en un continente saqueado por colonialismos, neocolonialismos y administraciones corruptas. Tal vez lo utópico fue ver en ese «proceso» algo extraordinario cuando la clave siempre estuvo en lo cotidiano.

Nos hemos desgastado discutiendo el horizonte, si es rojo o verde, si es de «Patria o Muerte» o «Patria y Vida», si está en héroes de ascendencia burguesa que, no obstante sus privilegios de clase, subieron a la Sierra en 1956 a tumbar una probada dictadura con miles de muertos y torturados, o en pobres descamisados que, sin casi ningún privilegio, salieron el 11 de Julio, algunos sin tener claro qué querían, pero sí que lo querían ahora.

Mientras la oposición logra instaurar la democracia liberal donde las elecciones pluripartidistas solucionarán todos nuestros problemas, o la Revolución logra construir la sociedad comunista en la que no habrá clases sociales y los medios de producción serán de los trabajadores, ¿qué hacer para aliviarles la espera a los poco más o poco menos de 11 millones de cubanos que vivimos en la Isla? ¿Qué hacer para ayudarlos/nos más o al menos joderlos/nos menos? No tengo respuesta, pero un buen comienzo podría ser que todos, más allá de nuestras militancias, quitáramos la vista del horizonte para ponerla en el timón. Si el barco se hunde nos moriremos todos: los tiburones, como las bombas, no distinguen carnés.