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El olor de mi mamá

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olor

Cuando yo era chiquita estuve mucho tiempo ingresada porque era una niña enfermiza. Mi papá se quedaba cuidándome en el hospital para que mi mamá fuera a descansar y me ponía dentro de la cuna el pañuelo que ella se enredaba en el cuello. Solo con el olor de mi mamá podía sentirme tranquila, protegida, segura, amada.

Después ella me hizo los trabajos prácticos de la escuela, me contó sobre su infancia en la Sierra Maestra, me decoloró el pelo con peróxido, me compró zapatos, me hizo tortillas de platanitos maduros fritos, me dio un pescozón, me besó, me llevó contra la tabla, me felicitó, me reprimió, me abrazó cuando yo tenía dolores de parto, me dijo mala hija, me dijo la mejor hija, me lavó la ropa, me googleó, me puso en el Plan Amigo, se puso contra el tráfico conmigo, se puso contenta, se puso triste, se puso celosa, se puso tóxica, se puso fanática a mí.

Y sigo necesitando su olor, el mismo de aquel pañuelo que me dejaba en la cuna cuando yo era chiquita.

Hungría 1956: pueblo insumiso

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Por: René Portuondo

Corría el año 1956, mientras los revolucionarios cubanos bajo el mando de Fidel en México preparaban el inicio de la lucha insurreccional que comenzaría a finales del mismo año, a varios miles de kilómetros de Cuba el pueblo húngaro se preparaba para uno de los acontecimientos más dramáticos y polémicos de su historia reciente: La Insurrección de Octubre de 1956.

Tal vez por lejanía, o porque el inicio de nuestro periodo revolucionario estuvo marcado por la influencia del poder soviético (a quien poco le convenía la difusión de estos hechos), en Cuba muy poco se conoce de los acontecimientos allí ocurridos y su repercusión posterior para el campo socialista.

Hungría, aliada de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, fue ocupada por el ejercito soviético en el mes de febrero de 1945, constituyéndose un gobierno de “democracia popular” mediante elecciones pluripartidistas en donde los miembros de Parido Comunistas (en lo adelante “el partido”) quedaron en un segundo lugar. A pesar de esto, los líderes del partido mantuvieron un control casi completo de la vida política y económica del país por mediación de las fuerzas del ejército soviético acantonadas en Hungría desde el fin del conflicto, y que permanecerían en el territorio hasta varias décadas después.

Para el año 1953, más de ocho años después de comenzada la ocupación soviética, el país vivía una tensa situación marcada por una inestable economía, una inflación sobre-dimensionada, salarios reales precarios, colectivización forzada de la agricultura y una industrialización aceleradas en la industria pesada que se sustentaba en los sacrificios de millones de obreros y campesinos. Las purgas sistemáticas a lo interno del partido y el gobierno húngaro; llevadas a cabo fundamentalmente por la línea dura del partido de corte estalinista encabezados por Matyas Rakosi, eran comunes y minaban en gran medida la aprobación de las masas a la dirigencia partidista. A mediados de ese mismo años la situación ya insostenible, fuerza a un cambio radical en las altas esferas del gobierno Húngaro, siendo elegido Imre Nagy como presidente del Consejo de Ministro.

El nuevo gobierno recibió en un primer momento el apoyo de la Unión Sovietica, que tras la muerte de Stalin comenzaba un proceso de desestalinización, que comprendía también una crítica a los dirigentes húngaros estalinistas. Durante los primeros meses el nuevo gobierno impulsó una serie importantes de reformas (que luego se convertirían en el núcleo de las peticiones del los sublevados en 1956), que iban desde el cese a la colectivización de la economía, aumento de salarios y desarrollo de la industria ligera hasta el inicio de conversaciones para la retirada de las tropas soviéticas acantonadas en el país. Claramente medidas que no fueron de agrado para el poder soviético, que poco a poco comenzó a distanciarse de Nagy y a planear su revocación, que si hizo efectiva en abril de 1955.

A pesar de la caída del gobierno de Nagy y el cese de sus reformas, la intelectualidad Húngara y fundamentalmente el estudiantado universitario hizo suyas las reformas impulsadas por el mismo y las convirtieron en base de sus demandas posteriores. Los mismo comenzaron a organizarse en círculos de estudio y debate, así como en organizaciones que se alejaban de las institucionalizadas por el poder soviético y reforzadas por el nuevo gobierno pro-soviético. La vuelta a la colectivización y el cese de las reformas políticas iniciadas por Nagy, encontró poca aceptación en la población que apoyaba en gran medida las mismas y comenzaron a presionar para que se restituyeran.

A comienzo de octubre de 1956, el país vivía momentos de efervescencia, los acontecimientos ocurridos en Polonia, en donde miles de obreros habían tomado las calles para exigir reformas, se encontraba muy cerca en la mente del pueblo húngaro que en gran medida necesitaba y pedía cambios similares. Sin duda la guía la marcaba la intelectualidad húngara, muy seguida por el estudiantado que al frente del movimiento reformista se erigían como las clases más radicales y revolucionarias del momento.

El día 23 de octubre de 1956 en una manifestación organizada por la intelectualidad en honor a un célebre poeta Húngaro, las palabras centrales de dicho acto fueron dirigidas a la necesidad urgentes de reformas al modelo económico y político, así como el caso omiso que de las mismas hacía el gobierno. Al mismo tiempo miles de estudiantes congregados en la misma manifestación, luego de las palabras centrales del acto, relazaron proclamas en contra del orden político del gobierno “comunista”, llamando a su necesaria sustitución, lo que los convirtió en la mecha de la sublevación que inicio ese día con las consecutivas manifestaciones de los universitarios de Budapest, encabezados por la Universidad Politécnica de la ciudad. Las protestas se extendieron por toda el país y a los estudiantes se fueron sumando millares de obreros, hasta que ya en el anochecer cerca de 200.000 ciudadanos se congregaron en las afueras del parlamento húngaro para pedir las tan necesarias reformas y la salida del gobierno.

En este momento crucial, el comité central del partido, decidió restituir a Imre Nagy a frente del gobierno, en gran medida para calmar los ánimos exaltados de los manifestantes. Al mismo tiempo de estos acontecimientos, varias unidades del ejército nacional húngaro se unían a las manifestaciones, que aunque aun pacificas adquirían cada vez un carácter más violento. En los días subsiguientes, varios líderes comunistas húngaros abandonaron el país y tras un primer momento de despliegue en las calles, las unidades soviéticas volvieron a sus cuarteles, dejando en manos de los húngaros la resolución de los acontecimientos.

Las manifestaciones que se extendieron por todo el  resto del mes, encontraron fuerte resistencia en las unidades del Departamento de la Seguridad del Estado, que bajo la dirección directa de la línea más dura del partido reprimió en varias ocasiones a los manifestantes. El clima de ingobernabilidad se extendía por todo el país y aun que el nuevo gobierno prometía volver al curso de las reformas, la desconfianza y las continuas confrontaciones en la dirección del partido, conllevó a que se detuviera casi por completo la vida económica y administrativa del país.

Fue en este momento crítico en donde los obreros húngaros dieron el paso al frente para salvar la situación y volver al país a la tranquilidad. En las fábricas se crearon los Consejos Obreros, que pusieron nuevamente a funcionar la economía y en otras instituciones no productivas, se constituyeron los Comités Revolucionarios que sirvieron para la reorganización de la institucionalidad. El nuevo gobierno, casi sin salidas, dio gran poder a estas nuevas organizaciones surgidas en el marco de la insurrección y en los días finales del mes de octubre se celebró en Budapest un congreso con representantes de dichos Consejos y Comités, para definir las directrices del nuevo gobierno. Entre las principales peticiones se encontraban:

– Desarrollo de la industria ligera y cese de la colectivización de la agricultura.

– Liberación del comercio minorista.

– Disminución de impuesto y aumento de salarios.

– Autonomía obrera en las fábricas.

– Salida de las tropas soviéticas acantonadas en el país.

A pesar del creciente apoyo que comenzaba a ganar el nuevo gobierno húngaro, las reformas no eran del agrado del poder soviético, que veían en las mismas un peligro para su dominio en el país. A pesar de ello los soviéticos se mostraban cautelosos ante la situación, pero ante el anuncio del gobierno húngaro de empezar a considerar su salida del Pacto de Varsovia, los altos mandos soviéticos aprobaron la intervención de emergencia en Hungría, a la que se denominó “Operación Torbellino”, que inicio del día 4 de noviembre en la madrugada.

A pesar de las escasas defensas con que contaba el débil nuevo gobierno, los obreros organizados junto a estudiantes y campesinos dieron muestras de fuerte resistencia en varias partes del país, fundamentalmente en Budapest donde en algunas zonas se continúo luchando hasta el día 11 de noviembre, cuando los últimos reductos de la resistencia Húngara se rindió. En este contexto y como última esperanza para salvar la insurrección, millares de obreros se lanzaron a las calles en huelga general, que daría hasta enero de 1957, donde la fuerte represión acontecida después de dichos acontecimientos logró retomar el orden en el país.

Cerca de 5000 húngaros murieron, en esos días, entre ellos casi 2500 en los combates contra la invasión soviética, igual número en la represión desatada días después. Imre Nagy y sus colaboradores fueron encarcelados y llevados a Rumanía, para luego volver a ser traídos a Hungría, acusados de traición y ejecutados a mediados de 1958.

Durante muchos años en el campo socialista, se debatía de la dimensión y del sentido de dicho acontecimientos, aunque los mismos trataron (con cierto éxito) de ser invisibilidades por el gobierno soviético. Revolución o Contrarrevolución, es una disyuntiva que aún hoy crea conflicto para los que desde la izquierda nos acercamos a dichos acontecimientos.

Está comprobado la mano de los servicios de inteligencia occidentales, así como la de la Santa Sede en planificaciones en contra del gobierno “comunista”, pero el desenvolvimiento de los hechos demostró que no fueron ni las organizaciones Demócratas-Cristianas (apoyadas por el Vaticano) ni las organizaciones formadas por antiguos miembros del régimen húngaro de la segunda guerra mundial (apoyadas por occidente), las que llevaron el peso de los acontecimientos allí ocurridos. Los obreros húngaros, el estudiantado y parte de la intelectualidad revolucionaria fueron los grandes protagonistas de esta gesta y fueron también los que más caro pagaron su rebeldía.

Tomado de: La Trinchera

Los nuevos ricos y Cuba

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Se debe tener cuidado y combatir el capitalismo, pero también hay que ser objetivo. Tenemos intelectuales acomodados, pequeños propietarios de negocios, pequeños capitalistas y cierta clase media acomodada, nuevos ricos considerados en nuestra tradición más extremista como burgueses (y lo son) pero habría que revisar su papel social.

Esa pequeña burguesía es mal vista, se cree que engendra capitalismo. Debemos resaltar que el capitalismo como forma dominante no surge del capital comercial, y ese es el que tenemos en Cuba. Desde el siglo XIII en Europa se advertía capital de usura y comercial, pero no fue hasta el capital industrial siglos después que el capitalismo se hizo hegemónico. Esto tampoco fue resultado de la competencia capitalista, ocurrió en la medida en que la superestructura social se iba transformando, como en Inglaterra, donde los nobles se convirtieron en burgueses.

El capitalismo como forma dominante no surge del capital comercial

Marx aclara que el capitalismo nace de manera violenta separando la fuerza de trabajo de los medios de producción, no podía hacerse de manera independiente y aislada. Para que una nueva forma económica emergiera, debía moverse todo el aparataje jurídico, moral entre otros de la sociedad. Con eso, Marx desmentía el mito de que el capitalismo surge de los ahorros de un hombre trabajador, quedando desmontado el mito del buen emprendedor.

No fueron emprendedores quienes instauraron el capitalismo sino las fuerzas dominantes del feudalismo quienes movieron la sociedad hacia el capitalismo. No fue el libre mercado quien consolidó al capitalismo, sino la necesidad que tenía su clase dominante de pasar a una forma socioeconómica superior.

No fueron emprendedores quienes instauraron el capitalismo sino las fuerzas dominantes del feudalismo

En Cuba la izquierda sigue despreciando a los pequeño-burgueses, en cualquiera de sus formas, y sigue perdiendo un aliado importante. Al hacerlo olvida que el capitalismo no ha sido solo un hecho económico, sino cultural, político, jurídico, conducido desde las clases dominantes. Cuba no debe ir a ese capitalismo donde la pequeña burguesía se imponga de manera natural, esto sólo podría ocurrir con la complicidad del poder político y entonces el enemigo no sería sólo la burguesía.

El tránsito al capitalismo en Rusia no fue porque bares y hostales privados tomaron el poder, sino cuando se eliminó la propiedad social-estatal sobre grandes medios de producción, ocurriendo lo que Marx describe como el hecho que da origen a la acumulación originaria: separando la fuerza de trabajo de estos, pasando a manos de dueños privados. Todo con la complicidad del poder político, por supuesto.

El tránsito al capitalismo en Rusia no fue porque bares y hostales privados tomaron el poder

Estudiando a Marx identificamos cómo sería la llegada del capitalismo a Cuba, si ocurre. Tendrá de manera general esa forma de Rusia a través de la emblemática acumulación originaria que Marx describe, en la medida que el pueblo vaya siendo alejado (jurídicamente o no) de los medios de producción. Cierto optimismo y confianza hacen dudar que eso ocurra, señalamos entonces el peligro de esa gran burguesía que existe fuera de Cuba y nosotros no tenemos.

Los pequeño-burgueses, que distan de ejercer hegemonía o hacer tambalearse la sociedad, históricamente no han sido precursores del capitalismo. Esperamos entonces que en nuestra isla no tengan apoyo político para apoderarse de los medios de producción. Si se les da un papel útil en Cuba, aprenderemos que no son tan malos, ni tan enemigos.

México: cabalga la esperanza

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En medio del paisaje desolador que ofrece la izquierda latinoamericana, la reciente victoria de López Obrador en las elecciones mexicanas viene a ser como un soplo de aire fresco. AMLO, como cariñosamente se le conoce, le recuerda al mundo que bajo el subsuelo histórico del país azteca fluye lava volcánica, una fuerza explosiva que ya ha dado a luz vibrantes revoluciones como la de 1910, y que ha parido líderes como Benito Juárez, Pancho Villa, Emiliano Zapata o Lázaro Cárdenas. Es la lava de las ansias de liberación, en una sociedad donde se ha hecho endémica la injusticia social. En México impera, desde hace siglos, una desigualdad que encumbra a algunos mientras condena a las mayorías a una vida de ignorancia, pobreza y enfermedades.

La victoria de AMLO el 1ro de julio demuestra, en primer lugar, la crisis absoluta de los partidos y de la política tradicional en México. El PRI y el PAN no podrían estar más desacreditados, ante una sociedad que se desangra por la corrupción, el narcotráfico, la inseguridad, las violaciones a los derechos humanos, el asesinato de periodistas y líderes sociales, la pobreza extrema, etc. Solo MORENA, el partido creado por López Obrador, podía mostrarse como la fuerza del cambio, al no estar mezclado en la inmensa montaña de suciedad de la vieja política.

Es cierto que, para asegurarse la entrada al gobierno, AMLO hizo algunas concesiones a los viejos poderes, y eso ha hecho que muchos se cuestionen hasta qué punto su propuesta puede ser considerada de izquierda. El tabasqueño en persona ha reconocido el apoyo a su candidatura por parte de los empresarios del norte del país. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas concesiones han sido necesarias para tranquilizar a una parte de la burguesía mexicana. No se trata de oportunismo: la experiencia de los procesos de izquierda en el siglo XXI muestra que no es prudente un radicalismo apresurado. Si lo que se quiere es ayudar a los más desfavorecidos, es mejor intentar no comenzar con todos los vientos en contra.

Para conocer la verdadera política de AMLO será necesario esperar a su toma de posesión en diciembre. Después de todo, la coalición Juntos Haremos Historia ganó en 31 de los 32 estados y también tendrá mayoría en el legislativo. El nuevo gobierno tendrá la fuerza suficiente para acometer profundas reformas en las instituciones y en la sociedad. Una fuerza que hace mucho tiempo no tenía ningún gobierno mexicano.

Algunos se han creado la falsa impresión de que el nuevo presidente se propone como misión principal una guerra contra los narcotraficantes. Eso no es para nada exacto si se entiende esa guerra en la forma tradicional, como una gigantesca operación policial en la que se aniquila a los carteles. El enfoque de AMLO sobre la droga no es represivo sino preventivo. Él sabe que el uso indiscriminado de las armas puede empeorar aún más la situación, por lo que se dispone a atacar el problema por sus causas, combatiendo la pobreza y la corrupción institucional.

Bajo este nuevo gobierno, es probable que se creen políticas sociales más amplias, que permitan redistribuir algo de la riqueza en ese rico país. Existe un plan muy ambicioso para generar empleos, lo cual podría ayudar a muchas familias a poner el pan sobre la mesa. Tal vez más adelante AMLO nos sorprenda con algunas medidas más radicales. Sin embargo, tampoco vale la pena esperar milagros. Seis años es muy poco tiempo para arreglar un país tan deteriorado.

De lo que sí no caben dudas es de que la victoria de AMLO en México es una excelente noticia para la izquierda latinoamericana. Todo el panorama geopolítico se va a conmocionar con la llegada de este nuevo contingente de apoyo, en un momento tan necesario. Lo cual incluye, por supuesto, las relaciones entre América Latina y el vecino del norte. En todo momento, López Obrador va a intentar mantener buenas relaciones con EUA, evitando un conflicto que puede afectar mucho a su país. Pero, tratándose de Donald Trump, eso va a salir muy bien o muy mal, y si al multimillonario se le ocurre querer humillar de nuevo a México entonces va a saber lo que es un rival a su altura. El tabasqueño va a ser un hueso duro de roer.

Por otro lado, es casi seguro que el México de López Obrador tendrá excelentes relaciones con Cuba. Si ese país mantuvo buenas relaciones con la isla bajo otros gobiernos, cómo no va a ser en condiciones de sintonía ideológica. Esta es una oportunidad que Cuba no debería perder para fomentar relaciones económicas con uno de los países de mayor PIB en el área. Las inversiones mexicanas podrían ser un elemento decisivo en el despeque de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel.

Soñando un poco más lejos, lo que ha ocurrido en México podría ser el primer paso hacia una recomposicion del bloque de la izquierda latinoamericana. Si Lula de algún modo lograra ganar las elecciones en Brasil, entonces la izquierda podría recuperar sus posiciones estratégicas y poner a la derecha en su lugar. Un fortalecimiento del bloque también podría ayudar a resolver la crisis venezolana. La patria de Bolívar necesita hoy de verdaderos aliados, que no se dediquen solo a aplaudir sino que la ayuden a encontrar un camino para solucionar el problema de la inflación.

Es cierto que siempre existe la posibilidad de que AMLO sea derrotado o de que nos decepcione. Pero es la misma solidez de su trayectoria la que nos ayuda a despejar dudas. El tabasqueño ha sido firme como una roca durante años. Es muy improbable que ahora se convierta en un corrupto y se venda al narco. Es improbable que se baje los pantalones con los americanos. Del mismo modo, es muy difícil que México colapse financieramente bajo su gobierno: él siempre ha sido bueno con las cuentas. Se trata de un político con integridad y tiempo de carretera, dos cualidades que pocas veces van de la mano.

Con AMLO, una nueva esperanza cabalga por México. Lleva un sombrero en bandolera, dos revólveres y una cinta de balas cruzada sobre el pecho. Para los que creían que se trataba tan solo de un país servil, dominado por narcotraficantes, aquí les va una lección. México se pone en pie.

Tribuno de la plebe

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La tradición democrática greco-latina siempre ha estado presente en el imaginario del movimiento revolucionario y comunista internacional. La apelación a Espartaco, los hermanos Graco y las luchas de la plebe romana forman parte indisoluble de la acumulación cultural de la izquierda mundial. En sus luchas contra el soberbio patriciado, una de las mayores conquistas plebeyas fue la instauración de la figura de los tribunos de la plebe –primero tres, uno por cada tribu, pero llegaron hasta diez–, funcionarios investidos de amplios poderes para defender a los comunes de los excesos del Senado y los cónsules, autoridades patricias que hubieron de entregarles una gran cuota de poder ante la amenaza de la plebe de abandonar Roma e irse a fundar otra ciudad.

Más de dos milenios después esa autoridad se ha modernizado y trastocado en la figura constitucional del Defensor del Pueblo (DDP) que se ha extendido a la mayoría de los países, a veces con otros nombres pero con funciones similares: garantizar los derechos de los habitantes ante abusos por parte de los poderes políticos.

El DDP suele ser un cargo elegido por el parlamento de una lista de candidatos que presentan diferentes fuerzas políticas y de la sociedad civil, y que es sometida a un previo debate público. Tras ser elegido, es independiente del legislativo, aunque tampoco puede vetar sus resoluciones como los antiguos tribunos. En América Latina el único país que no lo tiene es Cuba.

En los debates de la propuesta constitucional no se ha planteado la instauración de esta figura, o de alguna similar. ¿Pensarán que no hace falta una figura como esta en nuestra constitución socialista porque se considera que todo el aparato judicial y político cubano es defensor del pueblo y nunca hará alguna trastada a ningún ciudadano/ciudadana? Por ese camino también se podrían eliminar los abogados, y hasta los jueces, pues el propio fiscal bastaría para interpretar y aplicar la ley. A fin de cuentas, hoy es la Fiscalía la institución encargada de suplir las funciones del DDP en nuestro sistema judicial.

Por suerte, hay instituciones estatales, como el MININT, que posee un Departamento de Atención a la Ciudadanía que actúa como un defensor de los derechos humanos violentados por la acción de algún funcionario público al menos en los predios de ese ministerio.

Yo prefiero que haya muchas instituciones poderosas que protejan los derechos del ciudadano/ciudadana, y si se solapan en algún momento pues mucho mejor. El DDP podría ser una de las que ayude a blindar nuestro estado de derecho ante los desmanes de los burócratas empoderados, ya que muchas veces los comunes llegan a sentirse impotentes en la defensa de sus derechos individuales frente a los poderes públicos desbocados. Por eso incluiría esta figura y aún les añadiría otras que la complementen, como la de un Tribunal Constitucional –o como se le quiera llamar–, y la introducción sin cortapisas de derechos mundialmente reconocidos como el habeas corpus y el habeas data que son inmanentes a la condición de terrícolas vivos del año 2018.

Proyecto Constitucional: ser y parecer

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“Lo esencial es invisible a los ojos”, dice el adorable Principito de Antoine de Saint Exupery. “Quien lleva mucho dentro necesita poco afuera”, aconsejaba Martí a la pequeña María Mantilla. “Es mejor ser que parecer”, reza un antiguo proverbio. Frases ciertas. Pero lo que es una verdad para la literatura, la moda o la vida, puede no serlo para la política. En política nada debe ser invisible a los ojos, se necesita por igual adentro y afuera; en fin, hay que ser y parecer.

Una constitución confeccionada por el pueblo debe parecer eso y no otra cosa. No basta con un equipo de 13 que elaboró el Anteproyecto de Constitución durante varios años, una comisión de 33 que la revisó y transformó durante pocos meses, un buró político que la analizó por cuatro días, y una Asamblea Nacional de 605 diputados que la debatió por apenas un día y medio.[1]El pueblo, en cada uno de sus ciudadanos, debió ser protagonista del proceso desde su génesis. Nuestros criterios debieron emerger desde el primer momento y más cuando se trata de una reforma total de la Constitución vigente. La rauda aprobación del documento por la Asamblea da la sensación de una barrera entre los dirigentes (políticos y diputados) y los ciudadanos. Incluso, la anunciada y posterior consulta popular desconoce la participación de la ciudadanía como activa y solo le confiere un papel secundario y casi ritual.

Una escueta nota de la Agencia Cubana de Noticias informaba: “Las diez Comisiones Permanentes de la Asamblea trabajarán a puerta cerrada desde hoy miércoles hasta el viernes, antes de la plenaria —prevista del 21 al 23 de julio— donde se debatirán las actualizaciones de la Carta Magna vigente”. Esta actitud, que separó los debates de la Asamblea del pleno conocimiento y la participación popular directa, al televisar solo algunos resúmenes, contrasta con otros procesos constitucionales en nuestra historia.

La Asamblea que conformó la primera constitución republicana, de 1901, trabajó durante largos meses. Las sesiones fueron intensas y la mayoría públicas. La presencia de espectadores sirvió de caja de resonancia para los debates, efectuados en el teatro Irioja, actual Martí. El público que asistía desde palcos y balcones, participaba aprobando o condenando las intervenciones de los constituyentes. Muchas veces el Presidente de la Constituyente tuvo que amenazar con expulsar a los presentes por las manifestaciones de apoyo o rechazo a alguna intervención.

La prensa también fue protagonista activa, y daba a conocer tanto las opiniones de los políticos como las de los lectores. Publicaciones como el Diario de la Marina, La Lucha, La Discusión, Patria, el estrenado El Mundo, y otros de la capital y del resto de Cuba ofrecían resúmenes diarios de lo discutido en la convención. El periódico La Discusión, por ejemplo, en su sección “Asamblea Constituyente”, publicaba un resumen de los debates de la noche anterior.

Las cartas y telegramas sobre el tema inundaron los periódicos, muchas veces con copia a la Asamblea. De esta forma, la construcción de la Constitución que normaría la vida republicana fue calando en la opinión pública como ejercicio ciudadano, abierto al debate, en el que de una forma u otra pudo participar buena parte de los cubanos interesados en los destinos de su patria.

El proceso que dio lugar a la Constitución de 1940 fue muy superior. Había existido una revolución de por medio. Las sesiones también fueron públicas y la prensa seguía cada día lo acontecido, entrevistaba a ciudadanos, políticos, intelectuales y especialistas en Derecho. Sin embargo, lo que distinguió a este período de debates fue el rol desempeñado por la radio, que vivía su época de oro.  Esta tuvo el derecho a transmitir, a micrófono abierto, todas y cada una de las sesiones de la Asamblea Constituyente. El propio Partido Comunista, recién legalizado, la apreciaba como el medio de propaganda por excelencia, pues: “la Radio, cuya baratura la pone hoy al alcance de las familias más modestas, llega diariamente a todos los rincones de un país, desde el palacio de un millonario a la choza de un pastor”.[2] Y a todos los rincones de Cuba llegaron las controversias de la Asamblea Constituyente. Por si fuera poco, en los parques de poblados, pueblos y ciudades, fueron ubicados altoparlantes para que los ciudadanos pudieran escuchar la programación radial que informaba, minuto a minuto, de los debates.

La riqueza y seriedad de las discusiones, unidas a la preparación teórica y jurídica de los delegados puede constatarse por cualquier persona que solicite el Diario de Sesiones de la Asamblea Constituyente de 1940, dos enormes tomos disponibles en muchas bibliotecas de Cuba.

Es cierto que la Constitución vigente desde 1976 no concibe una Asamblea constituyente, y determina como único órgano con capacidad legal para esto a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Aun así, no se justifica que las dos constituciones elaboradas en la República burguesa, con tener ese carácter, parecieran más cercanas al pueblo que el actual proceso de gestación de una Constitución socialista. Como afirmara un especialista en Derecho Constitucional: “lo más importante es colocar al pueblo en el lugar de la decisión, no solo final, sino en todos los momentos del proceso de creación, porque esta será la garantía de la legitimidad de la constitución y de su armonía ética con las aspiraciones sociales de la mayor cantidad de personas posibles”.[3]

En una época en que la revolución de las comunicaciones ha convertido al mundo en una aldea global no se necesitaría abrir, literalmente, las puertas del parlamento, ya bastante hacinado. Habilitar altoparlantes y radiar las sesiones sería un anacronismo. Sin embargo, televisar todas las sesiones en vivo; publicarlas en los sitios de internet; habilitar telefonos y un sitio web para que el que desee pueda votar, párrafo a párrafo, en tiempo real, (como se hace con los Premios Lucas, o en Telesur) y constatar los resultados de la votación también en tiempo real, o proponer modificaciones; esos serían mecanismos actuales que podrían lograr que nuestra nueva Constitución no solo sea, como nos juran, del pueblo y para el pueblo; sino que también lo parezca.

[1]Pues de los cinco días en que sesionó la actual legislatura se dedicaron dos al estudio individual de los diputados, además de que se trataron cuestiones internas, se informó sobre la liquidación del presupuesto del Estado del año 2017, se presentó el nuevo Consejo de Ministros y se hizo una extensa presentación del Anteproyecto a la propia Asamblea.

[2]Juan de los Ríos: “Arte y Política”, en Noticias de Hoy, 15 de mayo, 1940.

[3]Julio A. Fernández Estrada: Una constitución a la medida del futuro, https://cubaposible.com/una-constitucion-la-medida-del-futuro-nuevos-derechos-nuevas-instituciones-nuevas-utopias/

La Victoria: criptomoneda cubana

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criptomoneda

Mientras algunos esperan ansiosos que comience el proceso de unificación de la moneda en el país, otros se sienten emocionados con la noticia de una tercera moneda. Luego de años de incansable trabajo de economistas y expertos, ya está lista la plataforma digital para lanzar la Victoria, una criptomoneda creada especialmente para su uso en Cuba. 1 Victoria será equivalente a 20 CUC o 480 CUP, fijando el valor del CUC a 24 pesos cubanos.

Entre las iniciativas estatales para promover el cambio en Victorias está la rebaja del 40 % a todos aquellos productos cuyos precios excedan los 20 CUC o los 480 CUP. En este plan de rebajas se incluyen los efectos electrodomésticos, prendas de vestir, artículos del hogar y el consumo en establecimientos de servicio y hoteles. Hasta el momento sólo está disponible la tecnología para los centros estatales, sin embargo se trabaja con ahínco para lograr extender el plan de rebajas y la posibilidad del pago directo en Victorias en los negocios y empresas particulares.

Próximamente en circulación: la VICTORIA, una criptomoneda cubana.

Una de las principales preocupaciones es cómo el cubano medio asalariado podrá adquirir la Victoria. Se trata de una medida pensada para el beneficio de todos. Es por eso que, junto a la puesta en circulación de la Victoria, se implementará una nueva ley que aumente el salario básico del cubano a 480 CUP equivalentes a 20 CUC y a 1 Victoria. El trabajador de salario mínimo decidirá si se le paga en efectivo o a través de una tarjeta magnética que contenga 1 Victoria. A todos aquellos con salarios inferiores a los 600 CUP, los gobiernos municipales les ofrecerán una ayuda de 160 pesos cubanos, si deciden cambiar su salario en Victorias.

Los beneficios de la nueva criptomoneda son múltiples, pero se trata de una propuesta económica que verá sus frutos mayores a largo plazo. Se resolverá el problema del cambio en las cadenas de tiendas nacionales, ya que la Victoria no tiene vuelto. Se fomentará en el cubano de a pie una conciencia del ahorro y la visión prospectiva que implica recibir una Victoria al mes. Promover el cambio de moneda es la opción económica más efectiva, sin embargo los analistas recomiendan la circulación de las tres monedas: el CUC, el CUP y la Victoria, como muestra de la pluralidad económica y como una estrategia política que privilegia, desde la moneda, el movimiento, el cambio y la diversidad.

Con la VICTORIA usted tendrá:
Rebajas
Eficiencia
Ventajas
Excelencia y
Seguridad

(Nota de los Editores: El texto es broma pero la necesidad de unificar la moneda sí es muy real)

La otra revolución del 68

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68

Los primeros resúmenes televisados de los debates en las comisiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular sobre futura reforma constitucional en Cuba confirmaron este viernes que el anteproyecto de la nueva Carta Magna propone redefinir el matrimonio como la unión voluntaria concertada entre dos personas con aptitud legal para ello, e incorpora el principio de no discriminación por orientación sexual e identidad de género.

Según expresó un diputado al pedir un esclarecimiento sobre ese tema, la nueva formulación sobre la institución matrimonial estaría contenida en el artículo 68 de la propuesta que debe discutir y aprobar el máximo órgano legislativo en la primera sesión ordinaria de la actual legislatura durante este fin de semana.

A casi nadie escapa que esta modificación a la vieja Constitución de 1976, la cual reducía el matrimonio al vínculo entre un hombre y una mujer, sería la puerta abierta para poder avanzar con posterioridad en la legalización de las parejas homosexuales.

El principio de no discriminar por orientación sexual e identidad de género —contenido en otro artículo junto con varios motivos más de discriminación— permitiría también incorporar de forma progresiva otras normas jurídicas y políticas públicas que protegieran y equipararan en sus derechos a las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI) en nuestro país.

Por supuesto que no es esta la única modificación importante, ni la única que nos debe interesar y movilizar a las personas LGBTI. Como ciudadanos y ciudadanas tenemos que preocuparnos por la justeza y perfección íntegra de nuestra próxima ley de leyes, porque no solo nos define nuestra orientación sexual o identidad de género, ni como seres humanos ni como patriotas.

No obstante, debemos ser conscientes de que la incorporación de un concepto más amplio de matrimonio a este anteproyecto es solo el primer paso en el camino hacia la aprobación de una nueva Constitución que asegure mayores garantías jurídicas para la población LGBTI en específico.

Luego de su aprobación en el Parlamento, este anteproyecto tendrá que ir a una amplia consulta popular con toda la ciudadanía, en un proceso profundamente democrático muy similar al que ya vivimos durante los debates que promovió el Partido Comunista de Cuba alrededor de la Conceptualización del modelo económico y social de desarrollo socialista, las bases del plan de desarrollo estratégico hasta el 2030 y los Lineamientos de la política económica y social de la Revolución.

A partir de lo que resulte de esa consulta y de los consensos que seamos capaces de lograr con toda la ciudadanía, la Asamblea Nacional deberá considerar y aprobar el proyecto definitivo del nuevo texto constitucional, el cual se someterá a votación mediante un referendo popular, para buscar su promulgación final.

reforma constitucional

Quedan por delante, entonces, meses de arduo trabajo. Activistas y especialistas, personalidades políticas y religiosas, mujeres y hombres de todas las orientaciones sexuales e identidades de género que comprenden la justicia y lo revolucionario de esta causa tan humana, tendremos que acudir en pleno a esa discusión en cada barrio y centro laboral.

La pelea no será fácil. Hay posturas ideológicas y políticas opuestas a estos cambios, cuyos representantes harán todo lo posible porque estos sueños, hoy posibles y ya tan cercanos, naufraguen. Algunos son poderes que creen tener a su favor la fuerza de muchos siglos de prejuicios, estigmas y tabúes, los cuales nos quieren imponer a toda la sociedad como tradiciones y costumbres, o falsas nociones naturales o divinas.

Nadie nos regalará nada. Nuestra misión será ofrecer argumentos, explicar vivencias, trasmitir emociones que persuadan y convenzan, ilustren y generen empatía, inspiren y conmuevan.

Cada quien deberá hacerlo desde su perspectiva, de acuerdo con sus posibilidades de expresión, con total honestidad y franqueza, sin miedo ni vergüenza. En cada contexto y circunstancia, empleemos el lenguaje y el tono que la ocasión amerite. Resultará muy útil el enfoque científico, pero también la anécdota intimista, la referencia familiar y amistosa, el episodio duro del pasado, la esperanza que ya contiene nuestro mejor presente.

No descartemos ningún recurso, siempre que lo dicho sea sincero y cierto, desde la razón o la pasión, e incluso desde ambas. Pero no podemos dejar de pronunciarnos. Todas y todos, no importa que nos pueda parecer una reiteración, o que creamos que ya alguien lo dijo antes o lo dijo mejor.

Tampoco pensemos que si nadie habla en contra, no es necesario pronunciarse a favor. Si no lo decimos en nuestra reunión, tal vez en otra en que no estuvimos o no estaremos sí aparezca la posición contraria, y no haya nadie para defender esta causa. El silencio no es opción.  Cada opinión cuenta.

En especial, exhorto a las personas LGBTI a que intervengamos en todos los espacios de debate a nuestro alcance, para que nuestras familias, colectivos de trabajo, vecindarios, sepan quiénes somos y qué valemos, y por qué consideramos justo y revolucionario este paso, más allá incluso de nuestro bienestar o beneficio particular.

Este año conmemoramos el 150 aniversario de la Revolución del 68, aquella que inició nuestra lucha por la libertad, la colectiva y la individual. En otro año 68, un siglo después, al mundo occidental le agitaron grandes revueltas que tenían entre uno de sus muchos componentes, a la llamada revolución sexual de esas décadas.

Por pura casualidad, ese es el mismo número que correspondió al artículo que podría amparar el matrimonio entre dos personas, con independencia de su género, en la próxima Constitución de la República de Cuba. Así que podemos y tenemos que participar: es nuestra nueva revolución del 68.

Tomado de: Paquito de Cuba

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