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La rotación de los cargos

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Entre los temas que más se discuten del proyecto constitucional está el relacionado con la duración del mandato de los diferentes cargos del Estado. La cuestión no es lo que se pierda al quitar a un cuadro en el momento en que mejor lo hace porque se le acabó el período. Más importante es lo que se gane al adoptar el principio de rotación de la mayor cantidad posible de ciudadanos (as) por los puestos, si se tiene en cuenta lo que ha significado la eternización de los cargos en los gobiernos de vocación socialista.

El hecho de que la estatización crearía condiciones excepcionales para el empoderamiento de la burocracia siempre ha preocupado a los pensadores progresistas y revolucionarios verdaderos. El genial Albert Einstein, tan afín a las ideas socialistas, se preguntaba angustiado en Monthly Review:

(…) una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia? (…)

Acertó el pueblo soviético cuando designó a la dirigencia burocrática con el término de Nomenklatura, ya que la inscripción de un individuo en sus listas lo convertía en un ser especial, separado de los trabajadores simples y vinculado de por vida a las tareas estatales y partidistas más diversas, con todo lo que eso significaba en cuanto a prebendas y privilegios.

La eternización de los cargos en gobiernos de vocación socialista ha sido un problema

El modo de actuación de la burocracia socialista abusa del secreteo y la compartimentación, mientras aborrece la transparencia y la rendición de cuentas al público. Ella habita en un tejido propio, como una red social cerrada que se torna un agujero negro para los extraños, cuestión propia de su espíritu de casta. Y nada más ajeno a esa costumbre que la rotación de sus miembros porque tuvieran que abandonar sus cargos periódicamente y retornar al trabajo en la producción y los servicios.

Para desempoderar a la burocracia doméstica no bastará con campañas, consignas y golpes de pecho, menos con la creación de un Buró de Lucha contra el Burocratismo. Habrá que realizar una profunda revolución cultural que movilice poderosos instrumentos sociales, entre los que figure la preparación extensiva de la ciudadanía para participar activamente en la política y la administración públicas. Esto hará posible incluir en el habitus socialista el ejercicio rotativo de los cargos públicos como deber transitorio y luego el regreso honorable al trabajo anterior.

La burocracia socialista abusa del secreteo y la compartimentación, mientras aborrece la transparencia y rendición de cuentas al público

Unido a ello será precisa la adopción de recursos jurídicos que hagan prevalecer la transparencia sobre el secretismo; la implantación de métodos de control obrero que pongan coto a la impunidad burocrática, y la aplicación de prácticas de gobernanza más democráticas, basadas en la participación real y efectiva de los trabajadores en su autogobierno y menos en la representación formal.

A esto podrá añadirse el incremento del uso del voto secreto para la toma de decisiones y la elección de los cargos en los diferentes niveles; así como la información pública de los ingresos y el patrimonio de todas las autoridades y sus familias.

Estas medidas establecerían una nueva relación de la dirigencia con el pueblo, donde aquella no podría ser vista más como un estamento lejano y por encima del resto de la ciudadanía; ni este como una audiencia complaciente, sino como una colectividad diversa, crítica y dinámica.

De esta forma nos iríamos liberando de la esclavitud que representa la división social del trabajo –como soñaban Marx y Engels-, y los burócratas transitorios no llegarían a aislarse del pueblo. Así saldríamos del retruécano constante en que vivimos, donde los burócratas, lejos de exigirle permanentemente al pueblo lealtad y disciplina, se las deban, como servidores que son de la masa trabajadora que los mantiene.

Las victorias que nos debemos

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El espíritu de victoria puede llevar a un pueblo a hacer lo increíble y resistir cien años. La sensación de derrota puede desmoralizarlo y hacerlo fracasar a corto plazo. Durante cerca de sesenta años el pueblo cubano ha logrado resistir y construir un proyecto social diferente en medio de las amenazas del país más poderoso del mundo. El deporte es uno de los mecanismos más rápidos para subir o bajar la moral nacional, como en otras ocasiones, hoy esteremos reflexionando sobre la relación entre la política y el deporte.

Desde Miami y otras latitudes, los detractores del gobierno cubano asocian cualquier derrota deportiva con el supuesto fracaso de nuestro sistema social. Los mismos medios que ignoran o apenas mencionan hazañas de nuestro movimiento deportivo, luego realzan la labor de cualquiera que haya abandonado la isla, aunque esté jugando en una liga de menos calidad.

Según datos del Censo de los Estados Unidos, en ese país viven cerca de 2 millones de cubanos. De ellos 1.1 millones son nacidos en Cuba y 851, 000 nacieron en los Estados Unidos. Si le sumáramos a la cifra de cubanos nacidos en los Estados Unidos, los que nacieron en Cuba, pero se fueron siendo niños para ese país, entonces la cifra rondaría el millón de habitantes.

Para ser justos en el análisis, vamos a dejar a la capital del país a un lado y comparemos la población de los cubanos nacidos o criados en los Estados Unidos con las provincias de Holguín y Santiago de Cuba. ¿Cuántos campeones olímpicos y mundiales se han formado en los Estados Unidos?

La provincia Holguín tiene 9 campeones olímpicos, 12 campeones mundiales de mayores y 23 campeones mundiales juveniles. Aclaro que cito solo a los deportistas pues algunos de ellos fueron varias veces campeones, como el boxeador Mario Kindelán, campeón olímpico en Sidney 2000 y Atenas 2004.

Quienes critican el estado del deporte cubano en la isla deberían preguntarse: ¿cuántos campeones olímpicos y mundiales de origen cubano se han formado en Estados Unidos?

Mejor no cito los campeones olímpicos y mundiales de Santiago de Cuba para no ser abusivo, analicemos una provincia con poco más de medio millón de habitantes. Guantánamo tiene 19 campeones olímpicos y 21 mundiales. Recordemos que menciono solo al atleta, pero en el caso de Félix Savón, fue 3 veces campeón olímpico y 7 veces campeón mundial. Hay otros múltiples campeones.

Miami se ha favorecido gracias al impulso que dio la Revolución a la educación, al arte y al deporte, la seguridad e instrucción que existe al sur de la Florida no pueden garantizarla muchas otras naciones. Critican al gobierno cubano, lo culpan de todo, pero necesitan sabotearlo para demostrar que su sistema capitalista es superior. En el experimento social que es la Revolución, necesitan trucar y alterar las condiciones naturales para poder predeterminar el resultado.

Repito ¿cuántos de ese millón de cubanos nacidos en Miami o criados allá se han convertido en figuras de talla mundial en el deporte o el arte? Muy pocos. Y en el caso del arte, a menudo logran abrirse camino cuando hacen declaraciones políticas contra el gobierno cubano. Algunos han logrado hacer carrera en la esfera pública internacional gracias el escándalo y no el talento propio.

¿Cuántos Teófilo Strevenson, Filiberto Azcuy, Driulis González, Alberto Juantorena, Mireya Luis, Regla Bell o Mijaín López se han formado en Miami o en los Estados Unidos en general? ¿Cuántas Alicia Alonso, Mirta Pla, Loipa Araújo, Aurora Bosch o Josefina Méndez se han formado en Miami? No por gusto le llaman a esta ciudad el “cementerio del arte”.   

A los detractores de la Revolución no les queda otra que esperar a que los cubanos emigren y luego tratar de apropiárselos

El gobierno cubano no presta mucha atención al tema de la vinculación con deportistas emigrados, que para mí es de una importancia capital. Nuestros equipos salen y hacen verdaderos papelazos en deportes donde por soberbia no se convocan a algunos que están considerados entre los mejores del mundo.

Si la mayoría de los entrenadores están de acuerdo, si los aficionados al deporte lo piden y si los deportistas están dispuestos entonces ¿quiénes o qué deciden que no sucedaEl presidente del país está diciendo que al pueblo hay que explicarle, entonces, ¿quién lo explica?

La mayoría de los deportistas que residen en el exterior y salieron legalmente no se han prestado para la propaganda mediática contra su país e incluso si alguno ha hecho comentarios críticos, nunca han sido tan ácidos como los de algunos músicos que hacen su arte normalmente en Cuba. No puede haber un doble estándar basado en cuán famoso eres, o si eres artista o deportista. Tampoco se trata de limitar a los artistas sino darle las mismas posibilidades a los deportistas, que la merecen.

Permiten (e incitan) a regresar a los médicos que abandonaron sus misiones en el exterior y sin embargo no pueden llamar a jugar en la Serie Nacional a jóvenes que están varados en República Dominicana y otros países sin poder cumplir su sueño de llegar a las Grandes Ligas. Cualquier deportista cubano emigrado es inmediatamente “adoptado” en Miami por los detractores de la Revolución e incluso se han inventado el término “unificado” para un equipo Cuba que integre a los peloteros cubanos sin importar donde residan.

Nunca he visto que se refieran al equipo ganador del Clásico Mundial del 2013 como “equipo unificado de República Dominicana”. Tampoco se refieren así al de Japón o Puerto Rico. La única diferencia con los cubanos es que la política hostil del gobierno de los Estados Unidos les obliga tener residencia fuera del país para poder jugar en Grandes Ligas.

Hasta nuestros más afamados periodistas cometen ese error. Pero que los marginen ellos, nunca nosotros. Las derrotas innecesarias por la testarudez de no darle un espacio a deportistas, junto a la propaganda foránea, desmoralizan a sectores de la sociedad cubana, y no hay nada más político que eso.

Decreto 349: un decreto y 349 matices

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decreto 349

Desde hace algún tiempo el Decreto 349 está haciendo mucho ruido en las redes sociales y en algunos medios internacionales, está vinculado a la política cultural cubana. El Decreto 349 se titula: “Contravenciones de las regulaciones en materia de política cultural y sobre la prestación de servicios artísticos”. Se he querido ver, en esta disposición legal, el comienzo de un nuevo quinquenio gris. Sin embargo, el Decreto 349 en sí mismo es solo la punta del iceberg: mientras los cruzados de todos los bandos se concentran en él, queda fuera del análisis la compleja realidad de la que ha nacido.

Lo primero que habría que dejar claro es que el decreto no ataca la libertad de expresión, tal y cómo han querido hacer ver algunos de nuestros bien pagados adalides de la autonomía artística. En el documento queda claro que lo que se regula es, por un lado, lo que se puede hacer en el espacio público y, por el otro, lo que puede hacer el artista como ser económico. En todas partes del mundo, la protección del espacio público es una prerrogativa del estado. Y en lo que se refiere al artista como ser económico, el estado cubano no hace más que aplicarle a este la misma lógica que le aplica a los ingenieros, los científicos, los médicos, etc.

Cuando se analiza con calma, se hace evidente que con el Decreto 349 se intenta ponerle un freno a la grave crisis cultural por la que está pasando la sociedad cubana. Para nadie es un secreto la degradación del espacio público, sobre todo por el reguetón obsceno, la música alta, las bocinas abusivas en el transporte público, entre otras manifestaciones. Sin embargo, habría que preguntarse si utilizar la ley, o lo que es lo mismo, el aparato represivo del estado, es el mejor camino para sacar adelante la política cultural cubana.

Una cosa debe quedar completamente clara: si hemos llegado a este punto, en el que se hace necesario aplicar un decreto, es porque el estado, el partido y las instituciones en general, han sido negligentes en apoyar la política cultural que ellos mismos impulsaron en un principio. ¿Cuántas veces no se ha puesto reguetón obsceno en un establecimiento estatal, e incluso en escuelas? ¿Cuándo se ha reconocido ante la sociedad el problema cultural en el que nos encontramos? ¿Qué se ha hecho en los últimos años para crear una conciencia crítica frente a estos fenómenos?

Hemos llegado a este punto porque las instituciones han sido negligentes en apoyar la política cultural que ellas mismos impulsaron

Ahora se le quiere poner un freno, pero es un poco tarde. La cuestión del reguetón hasta cierto punto está siendo subestimada, y eso se nota en el texto mismo del Decreto 349. El problema no es la vulgaridad o la violencia, a las que, si se es riguroso, se las puede encontrar en toda la historia del arte. El problema son los valores que se transmiten a través de los nuevos productos culturales asociados al reguetón.

Y en el tema de los valores es difícil legislar. Un decreto, a estas alturas, es solo un paliativo, porque si se difunden valores de marginalidad, egoísmo, objetualización de la mujer y consumismo, es porque existe una parte de la población que vive y es exitosa con esos valores.

Las expresiones culturales que hoy se quieren atacar son las formas naturales de expresarse de todas aquellas personas que hoy viven en la economía del CUC, compuesta por los ingresos mal habidos, las remesas, el robo al estado, el invento, el trabajo directo con los turistas extranjeros, e incluso parte del cuentapropismo. Ese mundo ha crecido a la sombra de la economía oficial, vive en una Segunda Cuba, consume el paquete, y se comunica todos los días con Miami. No es de extrañar que dicho mundo haya creado su propia cultura, y que esta devore cada día los restos de la cultura socialista cubana.

El Decreto 349 en sí mismo puede ser una herramienta útil. Pero ¿basta con una medida represiva para atacar un fenómeno tan complejo? ¿Con qué garantías contamos de que no se prestará a otras arbitrariedades? ¿Acaso no es peligroso querer introducir el orden a la fuerza en el mundo del arte, un mundo que debe ser ante todo reino de la espontaneidad? En Cuba tenemos un problema con los inspectores corruptos. Si los nuevos supervisores-inspectores se corrompen, ¿no harán aún más daño a la cultura nacional?

Por supuesto, para valorar mejor todo el asunto será necesario revisar los reglamentos que establecerá el Ministerio de Cultura para aplicar el decreto.

Existe una Segunda Cuba con su propia cultura que devora los restos de la cultura socialista

Un punto delicado es el que tiene que ver con la contratación de los servicios artísticos. Según parece desprenderse del texto legal, la puesta en vigor del mismo significará la penalización de cualquier clase de arte freelance. ¿Es esto coherente con el camino que está tomando nuestra sociedad, en el que se van liberando actividades económicas? ¿Realmente se debe hacer pasar a todos los artistas, para cualquier cosa que vayan a hacer en público, por el aparato burocrático de las empresas culturales?

En un final, el Decreto 349 ni es la panacea ni es el infierno. Es una respuesta tardía y de dudosa efectividad a un problema mucho mayor que él. El camino para la regeneración de nuestra cultura pasa en realidad por que sean llevadas a cabo las transformaciones económicas, sociales y políticas que destruyan el mundo de la economía del CUC.

Mientras tanto, es cierto, necesitamos una política cultural, pero es mejor que esta sea más propositiva que represiva. Se necesitan artistas que con su obra den vida a los valores de la Revolución Cubana. Pero para eso también hacen falta dos cosas: claridad conceptual y financiamiento a las instituciones culturales revolucionarias. Sobre todo, financiamiento.

Disonancia

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disonancia
© AP Photo / Andrew Harnik

Una buena orquesta debe lograr la armonía o correspondencia de todos los instrumentos musicales. De lo contrario, el resultado será la disonancia. El verbo disonar significa: “Sonar desagradablemente. Discrepar, carecer de conformidad y correspondencia algunas cosas”.

Nuestro proyecto constitucional se asemeja a una agrupación musical que en los primeros ensayos aún no encuentra su armonía. Para ayudar a la búsqueda del sonido ideal estamos convocados todos los ciudadanos de la Isla, y más, por vez primera también todos los cubanos dondequiera que residan.

Cada artículo de la constitución debe ser claro y preciso, pero ello no es suficiente. El articulado, visto en sistema, debe relacionarse de manera lógica, coherente y absoluta. De lo contrario existirán derechos reconocidos por un lado y no protegidos por otro. Me referiré a uno de los casos en que se manifiesta tal disonancia.

Veamos el artículo 1, que expresa:

“Cuba es un Estado socialista de derecho, democráti­co, independiente y soberano, or­ganizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria e indivisible, fundada en el traba­jo, la dignidad y la ética de sus ciu­dadanos, que tiene como objetivos esenciales el disfrute de la libertad política, la equidad, la justicia e igualdad social, la solidaridad, el humanismo, el bienestar y la pros­peridad individual y colectiva”.

Observemos que se declara como uno de los objetivos esenciales de la república el disfrute de la libertad política.

Por su parte, el artículo 59 expresa que “El Estado reco­noce, respeta y garantiza la liber­tad de pensamiento, conciencia y expresión”.

Aquí hay una diferencia, pues no se menciona la libertad política, aunque pudiera aceptarse que las referidas libertades de pensamiento, conciencia y expresión, son ingredientes significativos de la libertad política.

Sin embargo, el artículo 40 nos dice: “Todas las personas son iguales ante la ley, están sujetas a iguales deberes, reciben la misma protección y trato de las autorida­des y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin nin­guna discriminación por razones de sexo, género, orientación sexual, identidad de género, origen étnico, color de la piel, creencia religiosa, discapacidad, origen nacional o cualquier otra distinción lesiva a la dignidad humana”.

Apreciemos que entre los derechos, libertades y oportunidades que reciben la protección de las autoridades y que no pueden ser objeto de discriminación se omiten las creencias políticas y ni siquiera se menciona la ideología política.

Esta incongruencia no puede ser justificada por ningún argumento. Todas las ideologías deben tener igual protección ante la ley, más si el propio artículo 1 reconoce su disfrute como uno de los objetivos de la República.

Dicha exclusión ha sido una práctica en Cuba, la manida frase de que alguien tiene problemas ideológicos, equivale a que es considerada una persona poco confiable, casi un enemigo. Pero el nuevo proyecto, y el debate que este ha generado, es momento propicio para dirimir una cuestión tan importante y de tanto peso en la credibilidad de los que nos dirigen y en la imagen interna y externa de nuestro sistema político.

Para mantener esa extrema intolerancia en el campo ideológico siempre se ha esgrimido la tesis de que el Estado cubano debe protegerse de personas o grupos que reciben financiamiento foráneo para subvertir el orden interno. Que un Estado se resguarde es correcto, y es una práctica de cualquier sistema político. Lo hace EE.UU. ahora mismo cuando un fiscal especial indaga si en la campaña presidencial de Donald Trump hubo interferencia rusa para favorecerlo. Lo hizo Perú cuando invalidó al presidente Pedro Pablo Kuzinski por haber recibido apoyo financiero de una corporación brasileña. Lo hizo Cuba cuando denunció en 1968 el caso de la microfracción pro soviética, y lo ha seguido haciendo.

No obstante, ese derecho indiscutible a protegerse de agentes organizados y financiados desde el exterior se ha pervertido entre nosotros hasta convertirse en una cómoda manera de evitar críticas desde cualquier postura ideológica —de izquierda o de derecha—, hasta el punto en que hoy se escucha hablar de “mercenarios sin pago”, un dislate total que estandariza las opiniones políticas al estilo Busch de “los que no están conmigo son mis enemigos”, que tanto criticamos en su momento.

Es en ese sentido en el que resulta altamente sintomático que no se explicite en el artículo 40 la condena por discriminación ideológica. Tenemos uno de los órganos de seguridad del Estado más famosos del mundo, no le será difícil demostrar —con pruebas constatables, claro está—, un financiamiento exterior de otro país a personas o grupos para subversión política interna, si fuera el caso.

De modo que afinemos nuestros instrumentos y armonicemos la orquesta, que tras casi sesenta años ya no estamos en fase de ensayo.

El anarquismo en Cuba

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El anarquismo ha sido parte del movimiento revolucionario mundial. Tal vez eso parezca una verdad de perogrullo a algunos, pero en Cuba eso hay que decírselo a la mayoría de las personas. Hay que recordar que en la historia de la Revolución Cubana, de 1961 en adelante, el anarquismo se tiró hacia la contrarrevolución, es decir, se tildó de contrarrevolucionario. Por tanto, es muy importante rescatar y destacar la pureza revolucionaria del anarquismo. Sus principales figuras fundacionales, dieron la vida por la causa. El anarquismo y el socialismo internacional tienen un mismo sustrato que es la concientización de la clase obrera. Entonces, el anarquismo no puede despreciado, por ser una rica tradición de la clase obrera.

En Cuba, el anarquismo es un fenómeno muy interesante. En la década del 80 del siglo XIX, sobre todo luego del paso del reformismo-como resulta natural en la evolución de las posturas políticas de la época colonial- a ocupar espacio entre los obreros. Logró afianzarse de tal forma que grandes anarquistas como Enrique Roig, lograron penetrar el sector tabacalero.

Aquel anarquismo que había llegado a Cuba a partir de inmigrantes españoles e italianos, pronto encuentra un nuevo bastión que son los tabacaleros de Tampa y Cayo Hueso. De esa manera, la Alianza Obrera, organización Anarquista en Cuba, crea una especie de filial en esas zonas de Estados Unidos bajo el nombre de Asociación de Tabaqueros de la Florida. Esta organización llegó a ser tan fuerte que casi convence a los tabaqueros de la zona de que no debían luchar por la independencia de Cuba, porque para ellos la patria de los obreros era el mundo.

Ahí no puede dejar de mencionarse a Martí, quien responde a esto. Para ello escribe un texto que ha sido desgraciadamente malinterpretado, y que es “Patria es humanidad”, negando la tesis anarquista contemporánea de que la patria no es el suelo donde se nace. Había surgido un conflicto entre el ideal anarquista y el nacionalismo que defendía Martí. Cabe destacar que tal cosa no representó una rivalidad antagónica o un gran conflicto, y prueba de ello, es la existencia de un Carlos Baliño, que era un socialista que coqueteaba con el marxismo y el anarquismo.

Continuando con Martí…él supo superar tales diferencias. Fue el primer político cubano que tiene en cuenta en su discurso, y más que en su discurso, en su proyecto, a la clase obrera. Hay que distinguir que tuvimos muchos revolucionarios anticolonialistas, pero no se pueden confundir con los revolucionarios sociales. En él, se inicia una práctica política que asume y destaca la clase obrera.

Carlos Baliño era un socialista que coqueteaba con el marxismo y el anarquismo

Hay que mencionar entonces el famoso discurso “Con todos y para el bien de todos” en Tampa, donde el predominio era anarquista. Su mensaje, era para los obreros anarquistas. El resto de la historia todos la saben, muere Martí y con él, el proyecto revolucionario, quedando pospuesta la Revolución-como dijera Ramón de Armas- para muchos años después.

El anarquismo no murió. En 1892 fue el primer congreso obrero de La Habana, donde predominó eminentemente el ideal anarquista. Ahí se hace un acuerdo famoso y de gran trascendencia, que afirmaba que a pesar de los ideales del anarquismo, los obreros tienen el deber de luchar por su patria. Sin caer en especulaciones, tal parecía que se habían leído “Patria es humanidad” de Martí, lo cual no es descabellado ya que este fue publicado en un diario anarquista. De todos modos, estaba implícito ese ideal martiano, donde luchar por la humanidad más cercana, era luchar también por toda la humanidad.

Quizá lo anterior ilustre un poco la importancia del anarquismo como fuerza y su carácter positivo dentro de la tradición revolucionaria cubana.

El anarquismo en la República. La clave para pensarlo hoy

En la república el anarquismo sigue existiendo y es la corriente ideológica principal del movimiento obrero cubano. De seguro se preguntarán ¿hasta cuándo?, ¿qué ocurrió con el anarquismo? Y los hechos de ese periodo neocolonial son fundamentales para comprender la situación actual del anarquismo en Cuba. Considero que el desplazamiento de esa ideología ocurrió cuando los comunistas se adueñan del poder en la Confederación Nacional de Obreros de Cuba (CNOC), en buena medida por el espacio cedido por Alfredo López, que les abre el espacio por la confianza depositada en ellos. No era cuestión de malas intenciones, sino simplemente que no se puede dejar pasar por alto que la militancia comunista cubana-como muchas en la época- era una sección de la Internacional Comunista por definición de sus propios estatutos.

Lo importante de esto, es que hasta la década del 20, hay un marcado matiz anarquista dentro del movimiento obrero, siento el corazón del movimiento revolucionario. Enrique Roig-ya mencionado aquí-, Alfredo López-también mencionado-, Sabino Pupo, Niceto Pérez-ambos dirigentes campesinos-, eran figuras del anarquismo.

Aclaro que las discrepancias ocurridas entre comunistas y anarquistas, era con los comunistas miembros del partido, no con comunistas no miembros, como puede ser el caso de un Mella expulsado, quien fue gran amigo de Alfredo López. Sin embargo, en la Universidad Popular José Martí, se vieron figuras de ambas tendencias, unidos por una misma causa.

Es decir, no se puede negar los momentos de confraternidad y unión, sobre todo porque entre sus hombres-Mella y Villena principalmente- se opusieron a la idea de la subordinación a La Internacional. Lo cual no quita que la dirección comunista aprovechó inteligentemente la represión machadista contra la CNOC para asumir la dirección del movimiento obrero cubano, cosa que puede demostrarse incluso con eso hecho conocido como Error de Agosto, donde los comunistas negociaron con Machado.

Ver esta última etapa, donde ocurre un distancia en el que se mostraba superior la línea de los comunistas, y la inserción de estos en la máxima dirección del país, dice mucho para explicar por qué ha perdido espacio público una corriente tan revolucionaria, anticapitalista y emancipadora como es el anarquismo.

Tomado de: La Trinchera

Adopción homoparental: luz en la oscuridad

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Albert Einstein preconizó que “el verdadero valor de un ser humano puede hallarse en el grado hasta el cual ha conseguido liberarse de sí mismo”; savia imperecedera que tanto necesitamos en estos tiempos. Y lo digo porque días atrás un profesor afirmaba con total vehemencia que aceptar la adopción homoparental conduciría al exterminio de la especie humana; parece irreal que todavía se apliquen concepciones biologicistas a análisis sociales, sin tener en cuenta el carácter psico-social del ser humano.

Ello nos permite hacer algunas reflexiones, ¿debe ser la orientación sexual una condición para negar o permitir el derecho a la adopción? ¿Pueden las familias homoparentales proporcionar las condiciones para el desarrollo óptimo de los menores? ¿Cuáles son las razones que conducen a posiciones discrepantes en torno al tema?

Es probable que existan familias homoparentales no aptas para ser padres/madres pero no es por su identificación sexual, y de seguro las parejas heterosexuales tampoco están exentas de ello. Conozco varios casos en que hijos provenientes de relaciones heterosexuales han sufrido las consecuencias negativas de un «azar desventurado»; existen mujeres que deciden procrear para «amarrar» (vocablo que en buen cubano significa «asir a tu pareja» mediante su responsabilidad como padre) y otras dan rienda suelta a su aparato sexual reproductivo, engendrando más pequeños de los que pueden alimentar, educar y proteger. Y no podemos soslayar a los que son excelentes padres y madres, a pesar de tropiezos, desilusiones y desesperanzas.

Tengo la certeza de que la comunidad LGBTI puede ejercer con decoro el derecho a la maternidad/paternidad, a juzgar por sus cualidades como hijos, hermanos, compañeros de trabajo e, incluso, su «buen tino» de tender una mano a quienes les han puesto zancadillas en el pasado; no debe ser la orientación sexual o la identidad de género el epicentro de esta problemática, sino el bienestar de niños y adolescentes en ambientes familiares donde primen relaciones de afinidad, afecto y comprensión.

LGBTIQ

Desde inicios del presente siglo instituciones internacionales de reconocido prestigio, como las Asociaciones Americanas de Psiquiatría, Psicoanálisis y Psicología, dan fe que el desarrollo óptimo de los niños se basa en vínculos estables de compromiso y crianza; que tanto gays y lesbianas como heterosexuales tienen similares probabilidades de proporcionar ambientes sanos y protectores para sus infantes; y que la evaluación de las cualidades parentales debe hacerse sin prejuicios sobre la orientación sexual.

En Cuba el CENESEX, entre otros organismos y connotados profesionales, han rectorado investigaciones bien documentadas que desmitifican posiciones desvirtuadas sobre el tema. Sin embargo, los rezagos machistas de una sociedad patriarcal se han hecho eco en el imaginario social cubano, donde persiste cierta resistencia en aceptar que parejas homosexuales puedan adoptar.

A pesar de las posturas a favor, algunos demuestran posiciones homofóbicas; otros manifiestan su «temor» a lo que pueda representar para infantes, por desconocimiento, intransigencia, margen al error o «miedo al cambio»; en varios análisis se observa la influencia de la Iglesia Católica; y una última posición utiliza el manido pretexto de «la poca preparación cultural que tiene el pueblo cubano para aceptar dicha problemática».

La Iglesia Católica se ha mostrado reacia, no obviemos que la permisibilidad de esta problemática pudiera socavar el «poder persuasivo sobre sus feligreses», y ciertos adeptos con la inclusión de la problemática muestran su preocupación por la presión política que ello podría representar sobre el gobierno. Un colega me manifestaba sus impresiones; aludía a que existe un interés político en que se apruebe el Artículo 68 del Proyecto de la Constitución, pero el gobierno tendrá cuidado de no ignorar las posiciones conservadoras que se han expresado al respecto, y en especial cuidará su relación con la Iglesia Católica «que es de interés político mantener».

A su juicio, la adopción homoparental pudiera limitarse como una concesión ante esas fuerzas, y que se sientan, de alguna manera, representadas; así se convertiría en objeto de negociaciones para pasar la unión consensuada entre dos personas, algo que es distinto al matrimonio. Por supuesto, mi colega está en desacuerdo con esto pues «los derechos no pueden estar sujetos a negociaciones políticas, ni ser moneda de cambio».

Aristóteles consideraba que “el único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”; esperemos que tanto la familia, instituciones culturales y educativas, los medios de comunicación, la Iglesia, la ciencia y el gobierno en Cuba, aumenten los niveles de conciencia sobre la necesidad de luchar por una sociedad más inclusiva, que respete los derechos humanos sin prejuicios por orientación sexual e identidad de género. Mucha luz debe arrojarse todavía, pero estemos dispuestos a consensuar; sin diversidad de criterios… el debate fenece.

Centralismo burocrático

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Los cubanos somos defensores del centralismo democrático como forma socialista para superar la democracia burguesa. Sin embargo, en su devenir puede denigrarse y convertirse en algo peor: el centralismo burocrático.

Durante mucho tiempo la tradición socialista en el poder, iniciada con la revolución de 1917, abogó y promulgó que el principio de su democracia era el del centralismo democrático. Esta debía conjugar la garantía de que el poder se mantuviera en las manos de esa vanguardia inicialmente revolucionaria, con la promesa de entregar “todo el poder para los soviets”.

Tal forma parece ser, en el imaginario de los revolucionarios -aun cargados del romanticismo que heredamos de un convulso siglo XIX-, el modelo necesario e incluso salvable. Lo cierto es que tal esquema solo funciona cuando se cumple una condición: los intereses de las masas y la vanguardia son los mismos. Las vías a través de las cuales ocurra el centralismo, señalarán su contenido.

Por su propia dinámica, la centralización hace aparecer -como señaló Weber- la burocracia. Esta consiste en un grupo de personas que sirven a los intereses del Estado, en este caso al llamado estado socialista. Ya en la Crítica de la filosofía del Estado de Hegel, Marx advertía sobre la cuestión de la burocracia, y esto debía haber sido una variable tomada en cuenta en la conceptualización de proyectos socialistas.

Han sido pocos los que como Gramsci han atendido el tema, aportando poderosas herramientas de análisis; sin embargo estas ideas no han sido difundidas en la formación filosófica-política básica de las universidades o en las escuelas políticas del partido.

El autor de Los cuadernos de la Cárcel advierte cómo el centralismo democrático se degenera en centralismo burocrático. Este último -señaló- direcciona el programa revolucionario hacia el burocratismo, su casta, y destruye los nexos con la clase trabajadora.

“El estado mayor”- equivalente a un comité central- y las masas, se van relacionando a través de un grupo intermedio: “los cabos”, verdaderos burócratas por los que pasa la relación base-cúspide y cúspide-base. Ellos trasmiten la información de los de abajo a los de arriba y viceversa, monopolizando la relación entre los extremos sociales, convirtiéndose en el centro de gravedad del proyecto social al filtrar la información que estos se envían. Producto de esta misma condición, la burocracia termina por tomar cuerpo propio y debilitar el ejercicio del centralismo democrático.

La misma, necesitada de la estabilidad de los extremos para su preservación, llega a convertirse en la fuerza más conservadora y rutinaria de la sociedad, creando una desconexión entre las masas y el partido. Este último puede llegar a sentirse superior e independiente de la sociedad, y puede llegar al anacronismo.

La transformación de democrático a burocrático se acelera si la función de mando se asume autoritaria y dogmáticamente, de manera personal, unida a una visión carismática del jefe, considerado portador de la verdad. Esto es la vía directa y el punto final para que, mecánica y definitivamente, el centralismo adquiera un nuevo contenido, y se desplace a una nueva forma, cuya existencia y auto-conservación no es esencialmente mediante el ejercicio democrático.

Tales teorías gramscianas, cuyo contenido viene cargado de carácter profético, deberían tenerse en cuenta al caracterizar nuestro sistema político actual, en el que cierta burocracia ha adquirido un mayor peso y ciertas similitudes pueden advertirse a simple vista. Debemos revisar con ojo crítico, no sea que hayamos perdido, o estemos a punto de hacerlo, el centralismo democrático.

El anticomunismo del siglo XXI

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Durante decenas de años el comunismo ha sido presentado como algo que debemos temer. Los errores o desmanes de algunos comunistas del pasado nos son achacados hoy a todos como si por compartir los mismos principios -o parecidos- esto nos hiciera culpables por transitividad. Nunca he visto culpar a los gobiernos capitalistas actuales por crímenes – y son varios- cometidos por otros gobiernos de igual corte en épocas pasadas.

Hay grupos dedicados a mantener viva la histeria anticomunista. Hace poco se reunieron en La Florida -lo que no es de extrañar- para definir qué hacer con la seguridad del estado una vez que lograran derrocar al gobierno cubano. Sobre el contenido, nada nuevo, un grupo de lobos, disfrazados de ovejas, haciendo propuestas, tomando como casos de estudio a Rusia y Rumanía.

La noticia en sí poco aporta, lo que sí resulta muy interesante es la importancia que dan a “…educar a las futuras generaciones en los peligros para la sociedad del autoritarismo…” porque según expuso alarmado uno de los presentes, en Rumanía, más del 60% de los encuestados dijeron vivir mejor en 1989, o lo que es lo mismo, en el comunismo, que en la actualidad.

Según datos del Instituto Rumano de Evaluación y Estrategia (IRES) el 69% de los entrevistados consideran que se vivía mejor durante el comunismo. Según el estudio, los encuestados echan de menos sobre todo el empleo y el “vivir bien”  de su época comunista en comparación con la actualidad.

En el año 2014 el 66% de los rumanos votaría por Nicolae Ceausescu si se presentaba a las elecciones. En 2010 hubiese votado por él un 41%. En el 2014 la población rumana era de 19.908.979 habitantes. En los 10 años anteriores unos 3.000.000 de rumanos dejaron el país, por lo general gente joven, preparada, con ganas de trabajar y tener familia.

Rumania es el país con mayor pobreza infantil de Europa. Casi el 50% de los infantes en Rumanía viven sin los mínimos de nutrición, ropa y un cobijo en condiciones de ofrecer bienestar. Solo el 3% del PIB es invertido en educación.

Al socialismo usualmente le achacan sus culpas del pasado y se olvidan sus logros, con el capitalismo se hace todo lo contrario

Los participantes en el evento anticomunista en La Florida, aseguran que “el tipo de memoria que preservemos es importante para el país, pues si no se enfatiza en los valores morales que deben perdurar para que la democracia triunfe y el pasado no sea el futuro…” Es decir que hay que convencer a los rumanos de que a pesar del nivel de abandono y pobreza que sufren en la actualidad, deben ser felices porque viven en democracia.

Un paralelo a esto lo podemos ver en Libia, que era líder regional en servicios de salud y protección social sin embargo Estados Unidos y sus aliados bombardearon y destruyeron al país porque no había democracia. Hoy Libia es un caos y ninguno de los otros países se preocupa por sus ciudadanos.

Debemos tomar nota del caso rumano porque además no es el único. La solución a nuestros problemas está dentro del socialismo y no fuera de él. La única forma de contrarrestar las campañas anticomunistas es creando un país mejor. Un país que los jóvenes no quieran abandonar y muchos de los que están fuera, quieran retornar a él.

No intentemos convencer a los jóvenes sobre qué es el socialismo. En su lugar mostremos su mejor versión, tenemos que trabajar todos en construirla.