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Y la gente fue a la plaza

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Y otro año más la gente fue a la Plaza a desfilar por el día internacional de los trabajadores. Y como no somos de ningún “bloque” fuimos solos y caminamos entre La Colmenita, los trabajadores del hotel Manzana, los de SEPSA, los jóvenes de secundaria de Cojímar, la conga del Cerro Pelado y los viejitos del Club de la Recta. Y la gente estaba contenta.

Aunque algún jefe haya dicho que el que no vaya al 1 de mayo está sancionáo, la gente estaba allí con alegría, esa alegría del cubano que no tranza con las vicisitudes cotidianas. Y ahí había gente de todo tipo: con camisas blancas, con dientes de oro, con banderitas cubanas, con mano de Orula, con medallas de combatiente, con paleticas de helado, con banderas de arcoíris, con los carteles de hace cuatro años, con gorras de Industriales, con palos de selfie.

Y el 1 de mayo se habla con los amigos, se le echa pila a la jevita de otra escuela, se desfila con los nietos, se arrolla con la conga, se hacen fotos de familia, se da timba desde la madrugada, se canta lo mismo reguetón, que Silvio, que Van Van, que “…adelante cubanos que Cuba premiará nuestro heroísmo…” y mientras los socios se tiran su buen plancháo y las muchachas lindas se menean con la conga, de paso se da el SÍ por Cuba, por la patria, por la Revolución y nadie sale sancionáo.

Al cubano le gusta la alegría, la gozadera, aunque no suban los salarios y la cosa siga poniéndose mala.

Al cubano le gusta Cuba con sus alegrías y sus tristezas y claro que si fueran menos las congojas pues el amor sería más bonito todavía. Aquella viejita que decía: “con una papa, con un boniato, yo estoy con Fidel” ya debe haberse muerto a estas alturas, pero yo con una papa y con un boniato estoy con mi hijo, con mis amigos, con lo que me gusta del teatro, con mis alumnos favoritos del ISA, con la lanchita de regla, con la gente y el aire que me gusta, con los paisajes hermosos de esta Isla, con el amor en los parques…

Y esa es la patria que defiendo y quiero. Por eso hay que decir también lo feo y lo triste, hay que ser críticos y fuertes, hay que oponerse a la burocracia y al doble rasero de alguna gente mala que se está haciendo pasar por buena. Hay que trabajar y ser útiles. Hay que decirlo todo y ojalá no haya que abrirse una cuenta en Twiter para ser escuchados porque a la gente no le gusta la política, la gente prefiere la concreta.

¡Viva la Internacional! 

El que me vuelva a decir puta comunista está bloqueáo!!!!  

¡Que suban los salarios! ¡Feliz 1 de mayo y que vivan los cubanos!¡Que abran más guaraperas por municipios y recuerden que el P2 está desviado!

Escudo, espada e inclusión

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escudo
Foto: Designed by rawpixel.com / Freepik

En mi opinión, necesitamos reinterpretar el apotegma “Cultura: escudo y espada de la nación”. A primera vista, parece la más precisa re-contextualización de aquella aseveración martiana: “Ser cultos en el único modo de ser libres”. Pero sólo a primera vista.

La frase martiana se sustenta en un ideal inclusivo: la unidad de todos los cubanos, más allá de credos ideo-políticos, en aras de la independencia respecto a España. Con el apotegma corremos el riesgo de reducir la cultura a un cierto carácter beligerante, a un mero instrumento de confrontación para hacer prevalecer determinada ideopolítica sobre otra, determinado modo de entender las relaciones sociales y la vida sobre otro, sin ningún margen para el debate o la crítica.

Martí tuvo razones concretas y legítimas para organizar la lucha por la independencia de Cuba. Los cubanos de hoy también tenemos razones similares para defendernos de agresiones extranjeras, o del intento de descalificación de los valores de este país con caballitos de Troya. No se trata de renunciar al derecho y el deber de preservarnos, y andar hacia nuestros destinos soberanos.

En todo caso, diría,  que en la circustancia actual la cultura es escudo y espada de la nación en el contexto de defenderla del atentado a sus valores compartidos, o sea, del atentado a sus intereses conciliados y acatados por la mayoría. Sin restar por credos, ni por la búsqueda de la adhesión acrítica a eventuales liderazgos en el poder.

La cultura generadora de esa libertad a la que hace alusión el ideario martiano, y sustentada simultáneamente en el ejercicio de la libertad de todos quienes la forjen,  debemos asumirla con carácter holístico, y no como mera herramienta para la fabricación de productos artísticos contra enemigos ideológicos verdaderos o supuestos, antagónicos o de ocasión.

La libertad esencial del ser humano culto radica -y debería verificarse-, en el derecho  de cada individuo a pensar a partir de su propio sistema de creencias y saberes individuales y compartidos, “a ser honrado”, como nos enseñó Martí, y a conciliar su actuación y participación social con el acatamiento del Estado de Derecho.

Es por ello, que el proceso de conciliación, aprobación y proclamación de nuestra Constitución, me parece el fenómeno cultural más importante de cuantos hemos efectuado este siglo en Cuba. Su sostenibilidad depende de que, haciendo uso de la libertad martiana, continuemos en la cotidianeidad con la exigencia por nuestros derechos y garantías. Y hagamos efectivo  el compromiso con nuestros deberes ciudadanos desde lo individual y lo social.

En la nación cubana de hoy -incluida la diáspora- necesitamos operar con la cultura entendida más como sistema de valores que como arma. Hay que incentivar y explotar aún más su componente axiológico para acompañarnos los unos a los otros.

Hay que superar la retórica de las analogías bélicas en un mundo donde la guerra sólo le conviene a nuestros enemigos.

Ahora se trata de ser cultos para comprendernos en la diversidad. Ser cultos para establecer puentes, sí, no sólo con el que piensa como tú, sino además con el que piensa y se expresa distinto a ti o distinto al partido. Y ser cultos para reconocer el derecho ajeno como propio, lo cual no significa ser pasivo y tonto ante quien te quiere mal, o te quiere hacer daño desde el mercenarismo o la simulación. Para estos últimos, estarían las leyes y la consagración del Estado de Derecho.

Coincido además con la interpretación que hacía el profesor bayamés Víctor Montero del ser humano culto. Decía Montero, que él había aprendido de Martí que un hombre culto era aquel que, en primerísimo lugar, hacía bien lo que le correspondía por elección y méritos propios y que, cuando hacemos bien nuestro rol somos buenos, y ya estamos siendo libres, y ya estamos respetando el derecho ajeno a ser libres.

De tal modo el director de una empresa estatal socialista eficiente y exitosa ya sería bueno, culto y libre. Bueno, culto y libre, el  barrendero que te limpia el sendero cotidiano, el periodista que revela profesionalmente la imperfección, o el cantautor que nos pone a pensar, aparte de amar.

Y si por espada entendemos el instrumento para cortar de raíz la sinrazón y el absurdo. Y si por escudo enharbolamos las garantías de lo diverso y minoritario en la sociedad cubana, tanto como las garantías de lo conciliado y masivo, entonces sí, volveríamos al principio, a la cultura como escudo y espada de una nación que, si bien continúa asediada, sabría preservar su espiritualidad e identidad aun en el asedio.

Una pretensión absurda y criminal

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Foto: Gage Skidmore/Flickr

Cuentan que el pueblo de París, allá por la primera mitad del siglo XIX, contempló sin grandes traumas y con sentido del humor, la Restauración Borbónica que siguió al largo ciclo revolucionario. Los representantes del Antiguo Régimen regresaron a Francia con la idea de retrotraer el país al estado de cosas previo a la Revolución. Sin embargo, sus intentos de regresar a los viejos hábitos, pelucas incluidas, fueron pasto para las burlas de la plebe parisina: las calles se llenaron de chistes. Desde el punto de vista legal, la Restauración no le pudo hacer más que retoques al Código Napoleónico.

El afán restauracionista, típico de los vencidos en un proceso revolucionario, es por eso uno de los deseos más absurdos y quiméricos que pueden existir. No obstante, ya decían Hegel y Marx que la historia se repite dos veces, una vez como tragedia y otra como farsa. Ahora, en tiempos posmodernos y de post-verdad, estamos asistiendo a la farsa de la farsa, la farsa al cuadrado. Me refiero, por supuesto, al espectáculo de John Bolton en Miami: su discurso frente a los mercenarios compota de la Brigada 2506. Fue el último grito de guerra de un exilio que, al parecer, es el único grupo político que queda en el mundo que pretende llevar a cabo una Restauración.

Esta farsa me parece tan farsa porque, entre otras razones, los paladines contrarrevolucionarios no se han conformado con las acciones violentas y desestabilizadoras, sino que han codificado legalmente su plan de Restauración. Eso es la Ley Helms-Burton, especialmente su título III. Se han encargado de que una ley del país más poderoso e imperialista del mundo, todos saben cuál, describa con lujo de detalles el camino por el que Cuba va a volver a las manos de sus propietarios de la época de Batista. Y ahora amenazan con sanciones y castigos a todas las empresas del mundo, para que no se atrevan a ir en contra del destino trazado.

¿Es que las mentes de estos exiliados están nubladas por la creencia en el Destino Manifiesto y en la Doctrina Monroe? Los EEUU son una nación muy poderosa, pero no puede trazar el rumbo del proceso histórico. La Revolución no la sacó Fidel de debajo de un sombrero, fue el resultado de las injusticias y las contradicciones de la República Neocolonial. Esa Revolución ocurrió, produjo cambios enormes, para bien y para mal, y nada va a conseguir que el reloj del tiempo dé vuelta atrás. Por eso, su pretensión es absurda.

Una Revolución nunca puede ser totalmente revertida porque parte de los cambios que introduce son precisamente irreversibles

Pero se trata de una pretensión criminal. Lo que dice la ley Helms-Burton, es que los cubanos de hoy, Estado y sociedad civil, no tienen derecho a lo que tienen, ni a sus propiedades ni a los recursos del país. Es como si dijeran que vivimos en un país robado. De concretarse la Restauración, según dice dicha Ley, todo volvería a sus legítimos dueños, tierras, edificios, infraestructura y hasta hospitales. Ahora algunos dicen, en un tono bajo porque ni ellos mismos se lo creen, que van a respetar las viviendas: Consuelo falaz y ridículo.

Quieren desconocer las vidas que hemos vivido durante sesenta años. Quieren que el olvido se trague todas nuestras experiencias, nuestra realidad, nuestros sentidos. Quieren llegar aquí triunfales, levantar su tienda, lanzar sus fuegos artificiales, lanzar al anonimato a los cubanos de la isla. Tres días para matar: ¿lo recuerdan?

Sin embargo, su pretensión es tan absurda, que el efecto que tendrá será el contrario al que esperan. Porque, al poner a los cubanos en la obligación de decidir entre la realidad que tienen y la total destrucción y vaciamiento de su realidad, optarán por seguir con lo que tienen. Los cubanos de la isla seguirán con el Partido Comunista, pues será la única forma de seguir existiendo.

El que escribe estas líneas, como muchos otros jóvenes cubanos, se desespera diariamente con las acciones del Estado Cubano, se deprime, se decepciona, por momentos se pregunta si la Revolución tiene aún salvación. Pero, al ver los enemigos que acechan desde la otra orilla, vuelve a la convicción de que hay que seguir defendiendo esta bandera hasta las últimas consecuencias.

No nos engañemos. Ellos no atacan al Estado Cubano por sus errores y horrores. Ellos atacan a la Revolución Cubana por lo que ha hecho bien; y porque el odio ha ennegrecido sus corazones. John Bolton, gringo imperialista, que se alimenta de un odio que no le tocaba pero que ha asumido por puro furor asesino, es el vocero que se merecen.

Por una burocracia eficaz, sin burocratismo

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Foto: PhotoXplorer

Desde sus orígenes la burocracia socialista cubana, polinizada en los años setenta  y ochenta por la soviética, ha vivido un largo proceso de fertilización que dura hasta hoy. Incluso se las ingenió para trascender en la historia a su hermana mayor y seguir haciendo de las suyas en pleno siglo XXI.

Sin dudas, el propósito actual de achicar el sector estatal de la economía constituye un golpe a sus posiciones, pues la reducción de los cargos y del homologismo tiende a diezmarla y restarle importancia frente a sectores sociales más productivos, sean estatales, cooperativos o privados.

Asimismo, la lucha declarada contra la corrupción en todos los niveles ha dado algunos pasos y se postula un cambio de mentalidad que elimine el llamado bloqueo interno, pero, ciertamente, el poder burocrático no parece haber sido muy afectado.

El socialismo cubano ha de romper la tríada burocracia-burócratas-burocratismo o será destruido por ella, como ya lo fue el Socialismo Real europeo. Lo perjudicial no es la burocracia imprescindible, ni la existencia de los burócratas, el peligro cardinal es el del burocratismo.

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«El peligro es el espíritu y la concepción burocrática dentro de la administración y la política»

Esta corriente ya se ha mostrado capaz de reemplazar a la ideología revolucionaria, no solo en las concepciones de la élite dirigente de un país específico, sino en la mente y el corazón de millones de personas, en el habitus cultural y la ideología de pueblos enteros, abriendo paso a las ideas del conservadurismo y la reacción.

Si la burocracia es necesaria y perfectible, entonces ha de asumir los aportes de las teorías de la organización que permitan llevarla al mínimo indispensable y hacerla verdaderamente eficaz y eficiente. Para ello no basta con campañas, consignas y golpes de pecho, pues la tríada no se romperá creando un Buró de Lucha contra el Burocratismo.

Para desbancarla habrá que realizar una profunda revolución cultural que movilice poderosos instrumentos del pensamiento entre los que ha de figurar la preparación de millones de ciudadanos para participar activamente en la política y la administración pública, lo cual hará posible incluir en el habitus socialista el ejercicio rotativo de los cargos públicos.

Además, en las previsibles condiciones de aplicación masiva de las TIC en la sociedad cubana, la cantidad de trámites y procesos que hoy requieren de gran cantidad de funcionarios deberá ir disminuyendo aceleradamente por lo que muchas de las operaciones del oficio  burocrático caerán en desuso.

Unido a ello será preciso la adopción de recursos jurídicos que hagan prevalecer la transparencia sobre el secretismo; la implantación de métodos de control obrero que pongan coto a la impunidad y la aplicación de formas de gobierno más democráticas, basadas en la participación real y efectiva de los trabajadores en su autogobierno y menos en la representación formal.

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Es necesaria una nueva relación entre los dirigentes y el pueblo. Foto: Escuela Superior de Cuadros del Estado

También sería importante enriquecer la participación directa mediante la sistematización del uso del voto secreto para la toma de decisiones en los diferentes niveles; así como la información pública de los ingresos y el patrimonio de todas las autoridades y sus familias.

Estas medidas establecerían una nueva relación de la dirigencia con el pueblo, donde este no podría ser visto más como una audiencia complaciente, sino como una colectividad diversa y crítica. Esto permitiría salir del retruécano constante donde los burócratas, lejos de exigirle permanentemente al pueblo lealtad y disciplina, se la deban, como servidores que son del trabajador que los mantiene.

La tríada burocrática ya demostró en Europa que cuando su poder se ve en peligro y debe escoger entre el capital y los trabajadores, su elección natural es convertirse en burguesía, traicionando y abandonando a su suerte a los sectores populares.

En Cuba, es nuestra responsabilidad que esto no ocurra nunca.

La inédita revolución antiburocrática que quedó pospuesta en los años sesenta esta hoy a la orden del día si queremos mantener el camino de las reformas del modelo socialista cubano y llevarlo a feliz término en los marcos de un socialismo, no solo próspero y sostenible, sino cada vez más autogestionario, libertario, democrático y participativo.

¿Dónde ser explotado?

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A los modos capitalistas de producir se les considera generadores de explotación, con razón. Por transitividad, al mirar la economía cubana sería casi natural enjuiciar de explotador al naciente sector privado. Sin embargo, tal indeseada cualidad no se debe identificar mecánicamente, atada a una etiqueta de propiedad, y menos se debe pensar que dicha relación es exclusiva.

La apertura del trabajo por cuenta propia (TCP) dio paso a que se colaran bajo el mismo status jurídico dichos modos capitalistas, donde se contrata fuerza de trabajo. Con ello se introdujeron sus lógicas, por lo que cabría desempolvar el aparato de categorías de la Economía Política del Capitalismo, que por razones ajenas a cualquier cubano fueron abandonadas por el socialismo. Así, puede que encuentren cabida de nuevo, conceptos como plusvalor y explotación, que en buena ley, le sirven a nuestra naciente empresa privada.

En consecuencia, nos queda que en todos esos jóvenes negocios privados capitalistas, el dueño se queda con el plusvalor -como cualquier capitalista-; y claro, si el capitalismo es explotador – según reza la tradición-, entonces ese capitalista disfrazado de cuentapropista está explotando a sus trabajadores.

La cuestión es seria. Un trabajador contratado en el sector privado -excluyo a las cooperativas no agropecuarias-, en muchos casos tiene un régimen laboral que incumple las regulaciones cubanas de la relación trabajo-descanso. Por lo que trabaja más, lo que se traduce en que produce como promedio más ganancia para el dueño. En algunos casos –los menos-, están los empleados en el sector privado que no tienen derecho ni a vacaciones pagadas, ni a que se les mantenga el puesto, donde el dueño despide sin justificaciones, y existen otras tantas irregularidades que pueden ser cometidas.

En un sentido ortodoxo, esos casos –más allá de cuánto predominen los de ese tipo-, son vivo ejemplo de explotación capitalista, no solo para muchos sino para la legislación. Por otro lado, estos asalariados en el sector privado, tienen ingresos más altos que en el sector estatal –sino no migrarían de este último-.

A pesar de esa explotación, los trabajadores prefieren el régimen laboral privado

En el otro extremo tenemos al sector estatal, donde el obrero es “dueño de los medios de producción”, tiene derecho al descanso según la ley, a vacaciones pagadas y no puede ser despedido arbitrariamente. Este escenario pudiera ser un ejemplo de ausencia de explotación, sin embargo la mayoría de los salarios son bajos y ese elemento es importante.

Entonces vemos muchas plazas del sector estatal quedando vacías, algunos van a los brazos de la explotación del exterior y otros a la de adentro. Resulta que muchos trabajadores llegan al sector privado en busca de mejoras salariales, a pesar de las irregularidades mencionadas y la explotación. Tal parece que hay mucha gente que quiere y necesita ser explotada en el sector privado, y que es ahí precisamente donde parecen sentírselo menos.

A juzgar por esos aparentemente alocados reflejos en nuestra sociedad, se debe saber dónde realmente hay explotación, dónde más y dónde menos. Lo que lleva cuestionarse qué es ser explotado, si se trata de tener esas conquistas laborales con un bajo salario, o no tenerlas, pero con un mejor salario. Explotación es esencialmente quitar al obrero parte de lo necesita, es decir, es esa expropiación que se le hace de lo que garantiza su reproducción.

Hay tanta explotación en el sector privado, donde se quita descanso y derechos, como en el sector estatal, donde se quita en ingresos

Ver las necesidades del obrero cubano hoy, nos acerca a saber en qué medida recibe los recursos y dónde está más explotado. Los flujos al sector privado de ciertos tipos de fuerza de trabajo, dan una señal. Téngase en cuenta esto, para que a la hora de recordar la solidaridad de nuestras políticas laborales que afirman luchar contra el capitalismo, no salvemos equivocadamente a quien ya está en menos peligro, ese sector privado que explota a los que no quieren ser explotados en lo estatal.

No se trata aquí de una absolutización sobre las condiciones de cada tipo de propiedad, sino de un hecho objetivo: el movimiento de trabajo humano de un lugar a otro en busca de mejoras, que en muchos casos prefiere renunciar a ciertas garantías a cambio de mayores ingresos.

Mientras tanto, muchos  siguen escogiendo dónde prefieren ser explotados.

Paul Manafort viajó a Cuba

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Foto: Carolyn Caster/AP


La investigación del Fiscal Especial estadounidense Robert Mueller sobre una posible conspiración entre el presidente Donald Trump y el gobierno ruso, así como una posible obstrucción de la justicia, llegó a su fin con la entrega de un informe en dos tomos de 448 páginas. Y por supuesto, Cuba no está ausente.

Paul John Manafort Jr. es un consultor político estadounidense, cabildero, ex abogado y actualmente delincuente convicto. Durante años fue consultor del Partido Republicano hasta unirse al equipo de Donald Trump en marzo de 2016, donde fue presidente de campaña de junio a agosto de 2016. En octubre de 2017 fue procesado por el tribunal del Distrito de Columbia por múltiples cargos derivados de su consultoría para el gobierno pro-ruso de Ucrania en 2014. La acusación fue solicitada durante la investigación de Robert Mueller.

En el informe puede leerse en la página 141: «Trump fue elegido presidente el 8 de noviembre de 2016. Manafort le dijo a la Oficina que, tras la victoria de Trump, no estaba interesado en un puesto en la Administración. En cambio, Manafort prefirió permanecer en el «exterior» y monetizar su posición en la campaña para generar negocios dada su familiaridad y relación con Trump y la Administración entrante. Manafort parecía seguir ese plan, mientras viajaba al Medio Oriente, Cuba, Sur Corea, Japón y China, y se le pagó para explicar lo que implicaría la presidencia de Trump.

El 15 de enero de 2017, tres días después de su regreso de Madrid, Manafort le envió un correo electrónico a K.T. McFarland, que en ese momento era designado Asesor Adjunto de Seguridad Nacional y asumió formalmente esa posición el 20 de enero de 2017. El correo electrónico del 15 de enero de Manafort a McFarland declara: «Tengo cierta información importante que quiero compartir que recogí en mi viaje durante el último mes «. Manafort le dijo a la Oficina que el correo electrónico se refería a un problema relacionado con Cuba, no con Rusia o Ucrania, Manafort había viajado a Cuba en el último mes. De cualquier manera, McFarland, a quien Flynn aconsejó no responder a las preguntas sobre Manafort, parece no haberle respondido a Manafort.»

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Fiscal Especial Robert Mueller y Donald J. Trump. Foto: NBC News / Getty Photo

Hasta el momento no se ha profundizado en los detalles del viaje de Manafort a la isla, pero sus actividades contrastan con el actual incremento de las hostilidades de la administración Trump hacia Cuba. La exploración de oportunidades económicas también fue una iniciativa del inquilino de la Casa Blanca, que en 1998  gastó $68,000 a través de una consultora, para explorar oportunidades de inversión en la isla. Esto ocurrió en violación de las estrictas prohibiciones comerciales que aplicaba Estados Unidos en su momento, y que el propio Trump busca reinstalar en los últimos meses.

Por el efecto que tiene la investigación sobre las actividades de asesores cercanos al presidente Trump en la política doméstica de Estados Unidos, valdría la pena indagar en el paradero tropical de Paul Manafort.

El Chernobyl cubano

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Foto: Yamil Lage / AFP

La mayoría de las fuentes confirman que el 28 de abril de 1986, Mikhail Gorbachev -entonces primer secretario del PCUS-, montó en cólera porque sólo fue informado de la envergadura del accidente en la Central Electronuclear de Chernobyl, cuando ya la radioactividad había afectado a cientos de miles de personas a la redonda que no fueron evacuadas a tiempo. La KGB y los funcionarios partidistas entendieron que era preferible la radioactividad a que los enemigos ideológicos en Occidente se enteraran de lo que ocurría.

Es un hecho que ni la radio, ni la prensa, ni la televisión soviéticas publicaron nada de lo sucedido hasta mucho después. Un fotorreportero logró una imagen del reactor en llamas, fueron amonestados él y el piloto del helicóptero que lo llevó porque «no habían sido autorizados». Solo mucho tiempo después se publicó esa imagen en Rusia.

Entre la urdimbre de fakes news, propaganda política, falsos positivos, notas de prensa, conatos faranduleros y buen periodismo, presionados por la velocidad en la que se vive en las redes y el mundo real, quizás no nos percatamos de ciertas señales que (vistas con una cuota personal de fatalismo, confieso) pudieran estarnos alertando sobre nuestro propio Chernobyl. 

El incendio en un centro tecnológico de ETECSA en Santa Clara retrasó casi un año la introducción de la tecnología 3G en Cuba. El colapso de la pizarra general de distribución eléctrica del hospital clínico quirúrgico de Manzanillo y el simultáneo fallo de sus sistema de alimentación emergente, puso en riesgo la vida de pacientes en las salas de terapia intensiva. Incendios en varios hospitales en La Habana y el derrame de cientos de miles de litros de combustible en la bahía de Matanzas y un central en Calimete. Todos estos hechos sustentan nuestra alerta.

Ninguno de ellos ha sido una catástrofe comparable, por su impacto y trascendencia, con lo ocurrido entre el 26 y el 27 de abril de 1986 en las cercanías de la ciudad ucraniana de Pripyat, pero…

Según informes posteriores publicados por los soviéticos y la Comisión de la Organización Mundial de Energía Atómica que investigó el accidente, Chernobyl fue el fatal resultado de 13 causas entre las que destacan: bajo nivel de cultura sobre seguridad nuclear en la URSS y de una legislación al respecto; atención insuficiente al factor humano, y la aspiración de los ingenieros y expertos involucrados en la prueba que provocó el accidente, de cumplir a toda costa la tarea que les habían encomendado para la noche del 26 de abril.

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Foto: HBO

¿Sabemos cuántas y en qué grado esas causas han determinado alguno de los siniestros sucedidos en Cuba en los últimos meses?

Nuestra prensa, como en su tiempo lo hizo la soviética, luego de reportarnos el hecho y las medidas de “contención”, calla. Nunca la responsabilidad tiene nombre y apellidos públicos. Nunca sabemos en detalle qué mecanismos de control administrativo y de seguridad tecnológica fallaron ni, mucho menos, el grado de responsabilidad o no de los gobiernos y las estructuras de control y supervisión estatales en los territorios donde suceden los siniestros.

Mientras tanto, los medios de comunicación y plataformas contrarias a la Revolución, hacen su festín. Aplican el viejo principio goebbelliano de la aguja hipodérmica, nos repiten los hechos una y otra vez. Lo consideran fallas sistémicas del proyecto sociopolítico cubano. Descontextualizan un fenómeno que, en la mayoría de los casos, es resultado de la desidia en determinada estructura empresarial, del incumplimiento humano de normas ya establecidas, o de la falta de gestión de unos cuantos improvisados.

Me atrevo a aventurar que nuestros ideólogos -como los que no informaron a tiempo a Gorbachev con la esperanza de que “el problema no fuera grave”-, insisten en ocultar los detalles para “no darle más argumentos al enemigo”. Mientras, el próximo accidente se va fomentando subrepticiamente porque quienes lo pueden evitar saben que, suceda lo que suceda, mientras no se les compruebe intencionalidad o “problemas de principios”, las consecuencias legales para sí mismos serán mínimas, y no serán públicas.

Y aquellos a los que les parezca más importante indagar sobre la intención de este artículo, que ponerse a reflexionar humilde y autocríticamente sobre su contenido. Les digo que mis intenciones son claras: no deberíamos permitir que jamás, jamás, bajo este gobierno ni cualquier otro, bajo este sistema si fuera eterno ni cualquier otro. No deberíamos permitir un Chernobyl en Cuba, ni el triste y heroico destino de los soldados voluntarios que limpiaron los desechos radioactivos. No deberíamos tener «liquidadores» que mueran limpiando los errores de otros.

¿De qué sirve la ciencia si no se aplica?

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Foto: Alexandre Meneghini/Reuters

Mucho se ha hablado en Cuba sobre ciencia y la necesidad de una vinculación efectiva entre las universidades y las empresas. Se entiende la importancia, se promueve desde la máxima dirección del país, pero en la práctica los resultados no son los esperados. En cada universidad cubana hay resultados de investigaciones, esperando su oportunidad para ser generalizados.

La implementación de un resultado podría ahorrarle al país millones de dólares, pero también implicaría menos viajes al exterior para algunos y quizás ahí está el problema. Para no ser mal pensados, digamos que es un problema de falta de comunicación entre las empresas y las universidades.

La Universidad de Matanzas ha avanzado en el establecimiento de esos lazos, pero aún no se logran los resultados esperados. Comparto con ustedes los resultados de la investigación de un profesor que ha recibido muchos elogios y ha escuchado muchas promesas, pero hasta ahí. Las empresas hasta hoy siguen sin ver la importancia de acercarse a la universidad. Extraña miopía que no comparten sus contrapartes en el resto del mundo.