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Ser comunista

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comunista
Foto: Infobae

Cuando era niña, llamaba mi atención la molestia provocada a un hombre si le gritaban: ¡comunista! ¿Cómo sentirse ofendido —pensaba yo— si ser comunista es algo bueno? Pasó el tiempo y me convertí en una adolescente de 16 años a la que un día propusieron que ingresara a la UJC. En aquellos momentos sentí mucho orgullo; la educación ideopolítica que había recibido en mi familia, unida al mimetismo con que nos inculcaban en la escuela; la simpatía hacia esa ideología –¡pioneros por el comunismo, seremos como el Che!– influían en mis valoraciones. Llegué a la universidad siendo miembro de la Juventud y una vez en la vida laboral, ingresé a las filas del PCC. En aquel entonces, estaba convencida de que ser comunista y revolucionaria significaba pertenecer al Partido, pero paulatinamente mi visión adquiriría otros matices.

Compañeros de trabajo –algunos jóvenes, otros no tanto— han manifestado su decisión de no ingresar a las filas del PCC, a pesar de ser de los mejores profesores, comprometidos con la profesión que habían escogido. Historias personales, desencuentros pasados de familiares, entre otras razones que marcaron sus vidas para siempre, influyeron en sus decisiones. Muchos aluden que no necesitan ser integrantes del PCC para ser revolucionarios y defender las conquistas de su patria; otros hacen alusión a dogmatismos de la mencionada organización política. En efecto, cabildeos, injurias malsanas y componendas estériles de comunistas dogmáticos y extremistas, me hicieron cavilar largas horas.

«La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía», decía nuestro Héroe Nacional. A ser consecuentes con nuestras ideas, pensamientos y decisiones, no dejarnos vitorear por cantos de sirenas o encasillamientos pusilánimes poco ajustados a nuestra realidad cubana y latinoamericana, nos anima Fernando Martínez Heredia. Eso ha pasado con la falta de visión política del PCC en diferentes coyunturas históricas. Me refiero a la línea dogmática, plagada de burocratismos y esquematismos, no a comunistas que dentro o fuera del Partido que han luchado por combatir equivocaciones.

Recuerda Martínez Heredia que Mariátegui fue considerado el diablo por el Partido Comunista, una desviación del marxismo, e incluso el Partido Comunista peruano fue felicitado al colocar en el centro de su lucha ideológica el enfrentamiento contra lo que denominaron «la desviación mariateguista». Algo similar ocurrió con Julio Antonio Mella, quien fue expulsado del PCC –del que había sido uno de sus fundadores— por aquella huelga de hambre que hiciera durante el gobierno de Machado al ser considerado un acto de indisciplina. Antonio Guiteras, cuyas posiciones marxistas y antiimperialistas denotaban un profundo conocimiento de la realidad cubana, fue un comunista convencido sin cartilla oficial. Coincido con Martínez Heredia al aseverar que el Programa de la Joven Cuba constituye uno de los «documentos políticos trascendentales del siglo XX en el país. En él se afirma que Cuba tendrá que asumir el socialismo para lograr completarse como nación. Guiteras se comporta como un comunista, aunque no se identifique como tal».

Como bien acierta el excelente intelectual cubano, por aquella época en Cuba ese apelativo sólo se aplicaba a los miembros del PCC, «la revolución socialista de liberación nacional […] convirtió en algo natural comprender qué es un comunista y cómo este proviene de una lucha y unas ideas comunistas, y no de una organización determinada, pero la cuestión volvió a oscurecerse en la ideología estructurada durante una etapa prolongada, y sus efectos se sienten todavía». A partir de la crisis socioeconómica e ideológica de los noventa, el proyecto revolucionario dejó de reinventarse a sí mismo. Varado en un punto ciego, estático e inamovible por varias décadas, hoy está sujeto a un grupo de cambios económicos, políticos y jurídicos que pudieran dar frutos certeros. Reconocer a sectores estratégicos de la sociedad cubana como los maestros, es una decisión inteligente y justa. Cuba tiene que fortalecerse culturalmente para sostener la batalla ideológica entre el capitalismo y el socialismo, que se extiende hasta en las representaciones sociales y la cuestión simbólica.

Martínez Heredia nos incita a no ser ingenuos políticamente; no hay nada intermedio, se trata de capitalismo o socialismo. Y sabemos por las experiencias históricas, que el capitalismo no es una solución viable para Cuba. Entender el significado de ser comunista, es una tarea necesaria para aumentar la cultura política en nuestro país. Ser comunista es mucho más que integrar el PCC, es ser consecuente con el marxismo ajustado a la realidad cubana y latinoamericana, en total simbiosis con la historia de liberación nacional, abogar por la construcción de una sociedad superior en los marcos del socialismo y utilizar las armas adecuadas desde nuestro campo de acción para perfeccionar la «Revolución Socialista de liberación nacional». No importa desde donde se escribe, sino la posición y los propósitos que se defienden. Ser consecuentes, orgánicos y transparentes con el compromiso de la patria, esa es la palabra de orden.

Información es poder

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informacion
Foto: Trabajadores

¿Conocen un país sin periódicos?, donde los periodistas miden tanto las palabras, las publicaciones, que dejan de cumplir parte de su función social. Un país donde existe un único telediario que repite una y otra vez las mismas noticias, y cuando toma la de otro casi siempre proyecta sólo la imagen, tapando las líneas de noticias y mostrando su opinión de un problema y no la de todas las partes.

Los medios de comunicación masiva son clones enfocados más en lo internacional que en lo propio, las carencias se maquillan con necesidad de esfuerzo y compromiso con el modelo social. En el país del que hablo la población no sabe si el vecino es un asesino en serie o un pedófilo porque esa información no se publica.

Es cierto que quizá este tipo de fenómeno sucede menos que en otros lugares, pero sucede, y a menos que la policía toque la puerta para investigar no se sabe con quién convive, ni cuántos asesinatos hay diariamente, violaciones, suicidios, persecuciones en curso, corrupción de las altas esferas, disyuntivas entre el gobierno y la población…pero sí sabe cuándo ocurre una desgracia de asesinatos múltiples, enfrentamientos entre políticos, o armas de fuego en una escuela…del “enemigo”. No sabe de sí, pero sí sabe qué se espera que vote en un referéndum.

El Estado es el dueño de todos estos medios de comunicación, o podríamos llamarlos: de repetición.

Alguien pensará: “¿cómo que no hay periódicos? Si yo los leo diariamente”, a lo que podría responderse haciendo uso de la propia información que brindan los de alcance nacional en su portada: “Órgano oficial del Partido (obviaremos cuál, para mantener el anonimato del país)”, “El diario de la juventud (cuidado, aquí “juventud” no se refiere a toda)” y así sucesivamente…

Todos como propiedad de una institución u organización política, obviamente no hablarán mal de ella… como ellos mismos ilustran, no son periódicos.

Podrían pensar que la televisión es más liberal, pero es que también se subordina a quien por lógica no debería, no es al ministerio de cultura, o al de comunicaciones, no es siquiera independiente, se subordina al propio Partido, estamos hablando de un país unipartidista.

Sí, también es un país fuertemente bloqueado por una potencia mundial, y no lo digo quitándole importancia, es más bien un ensañamiento histórico de Goliat contra un David que se crece ante las adversidades. Hace décadas podría justificarse esta forma de hacer “prensa” con evitar sus ataques, sobreponerse a las mentiras, luchar “contra el terrorismo mediático”, pero los tiempos cambian.

¿Propaganda?

Sí, bastante, quizá hasta demasiada en función de intereses políticos, de no olvidar la historia, de abrir los ojos contra una amenaza –no por ello menos real—, pero llena la programación y se vuelve tan reiterativa como aburrida. El Bloqueo y todo lo que rodea –que no es poco—, es de los temas que predeciblemente encontrará en cualquier noticia, ya sea como causa, o como factor determinante.

¿Y qué decir del mundo? El mundo está mal, cuando vemos en una noticia que reprimen una manifestación en un país desarrollado… ¿habrá motivos o posibilidad en ese lugar de adivinanza para manifestarse contra alguna medida del gobierno? …eso nunca se pregunta y mucho menos se ve. La tergiversación de fechas internacionales, como el 1ro de mayo, en ese país la propaganda no solo invita, casi que ordena ir a las plazas a “marchar” para defender el sistema social, la Patria, y cuanta coletilla esté de moda, pero nunca para exigir una subida del salario, ni mejores condiciones laborales, como en el resto del mundo.

El acceso a Internet fue un anhelo que parecía inalcanzable, en parte para poder mantener un monopolio informativo. Muy controlado al principio y solo disponible para instituciones privilegiadas, turistas y algún que otro intelectual… ahora aparece desbocado a la población y, sin entrar en el tema del precio –que no todos pueden permitirse—, aun es subvalorado por quienes tienen como única preocupación comunicarse con familiares y amigos, no conocer cómo anda el mundo, quizá esta apatía se creó de tanto escuchar lo mismo en esos medios por años.

Sería ideal vivir dentro del noticiero, donde los problemas se resuelven o no existen, donde nadie queda desamparado y la mayor justificación o preocupación –casi la única— es el Bloqueo.

¿Quiere conocer la realidad del país sin maquillaje ni pretextos? No lea el periódico, vaya al espectáculo de algún humorista reconocido. Luego se preguntan muchos, ¿por qué la juventud no ve el noticiero?

Hay argumentos de sobra para caracterizar este país, y todos los buenos –que no son pocos y sí muy importantes— ya se encargan estos panfletos de repetición de no permitir que a nadie se le olvide. Entonces, somos los que preferimos los medios independientes los que ahondamos en lo que casi no se menciona, pero sí está en el día a día de la población.

Quizá por eso algún personaje importante, de los que salen en la televisión, continúa repitiendo consignas con décadas de uso, quizá porque sólo ve el noticiero; deberíamos invitarlo a leer algún sitio hecho desde la juventud, que incluso la lleve en su nombre junto con el del país y creo que aprendería mucho.

Discúlpenme si los he despistado con estos argumentos, quizá nadie sepa de qué estoy hablando, quizá ni siquiera exista y es producto de una adivinanza sin respuesta. De todas formas, ¿se imaginan un país así?

El paraíso de los taínos

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Casi al borde de la realidad, en el extremo oriental de Cuba existe un paraje donde sobreviven en pleno siglo XXI nuestras más antiguas costumbres. La Patana es un universo mítico, donde habitan algunos de los pobladores más antiguos de la isla. Sus rostros conservan las características taínas de las comunidades originarias, su gusto por el tabaco, el café, el frijol gandul y el amor por todo aquello que les brinda la naturaleza.

La Patana se encuentra ubicada sobre una meseta emergida al Este del municipio de Maisí, a cinco kilómetros al noreste de Punta de Quemados y debe su nombre a un cactus endémico de la zona oriental.

 Fundada en 1870 por una descendiente aborigen, Carmen Mosqueda y un oficial español de nombre Narciso Mosqueda, la comunidad se mantuvo oculta durante mucho tiempo. No se conoce con exactitud por qué se escondían, pero sus motivos les llevaron a crear una comunidad cerrada en la cual no salió ni entró nadie durante muchos años. Por esta razón la mayoría de sus descendientes conservan rasgos muy definidos y casi todos llevan el apellido de la pareja fundadora.

Los Mosqueda Mosqueda son personas bajitas, de pelo lacio y negro, tez oscura, ojos oblicuos y un hablar apuradito, pero amoroso, que mezcla los arcaicos con los modismos de los guajiros de Maisí. Una línea que hereda algunos rasgos españoles, agregando a su tez taína ojos celestes; sin embargo no existe la acostumbrada mezcla criolla con la raza africana.

En La Patana se levantan temprano, preparan café en un jarro grande y parten a trabajar en las plantaciones. Su actividad fundamental es la agricultura. Entre polymitas, ocujes, cafetales, palmas, chipojos, mariposas y cartacubas transcurren sus días en un territorio donde los relojes no existen. Sus conocimientos sobre agricultura son empíricos, sin embargo sus métodos de rotación de cultivos, control natural de plagas y manejo de recursos son muy efectivos.

Su sendero principal, de aproximadamente 6 km, tiene ramificaciones de pequeños caminos que desembocan en las casas de los lugareños. Aunque muchos aprendieron a leer y escribir casi nunca lo utilizan, la oralidad es la principal transmisión de sus costumbres e historias.

Así conocí a Nicomedes que me regaló la historia de la Vosión de Ovando, un alma en pena que desanda la zona, con una misión.

“Ovando asusta a la personas que andan por donde no tienen que estar, a veces aparece como un pájaro, a través del viento que hace hablar los árboles o como una india”.

Cuenta Nico que una vez la escuchó cuando volvía de pescar “si te habla no puedes mirarlo, solo tienes que irte de ahí rápido”.

En La Patana se cree en el nagualismo, que es la capacidad de algunas personas de tomar el cuerpo y las almas de algunos animales; de esta forma todos los seres que habitan la comunidad trascienden el plano etéreo para formar parte de la espiritualidad naturalista.

Actualmente no es una comunidad cerrada, a pesar de su proximidad con todos los pueblos de la zona para muchas personas sigue siendo una especie de lugar mítico que queda muy lejos de cualquier sitio.

El Proyecto Expedición del Instituto Superior de Arte (ISA) visita La Patana cada año. El investigador Daniel Torres Etayo, que lidera el proyecto desde hace aproximadamente dos décadas, cuenta que la zona es rica arqueológicamente. Con 26 sitios importantes donde se encontraban aldeas, lugares ceremoniales y sitios de enterramiento. Incluso en los patios de muchas casas pueden encontrarse restos de cerámicas.

Para Daniel que viaja a la región desde hace casi 20 años, sus visitas se han convertido en un encuentro familiar. Cuenta que ha cambiado mucho a través del tiempo: ahora tienen una escuela, acueductos, un generador eléctrico en los hogares, paneles fotovoltaicos. Sin embargo los más jóvenes, cada vez con más frecuencia deciden subir a los pueblos cercanos, lo que pone en peligro la continuidad de la comunidad patanense.

Los más grandes no abandonan su paraíso casi nunca. Se sienten seguros en los caminos que pueden desandar aún en las noches más cerradas con la agilidad de un adolescente. Los ruidos de los pájaros, las ranas “campanita” que habitan los farallones, el sabor de la comida bajo la cocción de las brasas, el café triturado en el pilón y las noches estrelladas de La Patana.

From black holes to History and vice versa

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As the writings of Carlos Luque Zayas-Bazán limit their theoretical depth and descend into insults, they grow increasingly inappropriate for an internet site like Rebelión, which invites to reflection, and also has the healthy habit of divulging the points of view of all contenders. That’s not the left preferred in our ideological environment.

His tirades fit better in more intimate digital settings, such as his Facebook page, from where it was replicated by the blog PostCuba, also a quasi-private site once you look at the number of visits it reports, evidently by his friends. Birds of a Phraseology feather flock together at PostCuba.

Luque reacts this time to mi article ‘The Golden Republic’, published, as usual, in LJC. The novelty is that now he does so with an assistant: Ernesto Estévez Rams. From the first debate we held, it was unquestionable that he needed help, but it made sense to expect a more effective collaborator.

Professor Estévez Rams has a PhD and he specializes in the field of Physics. He must be very trustworthy in his specialty, but this obviously does not extrapolate to the field of History. The same would happen to me if I tried to plunge into the depths of the Theory of Relativity, or stand in front of an auditorium to explain the subject of black holes.

You can argue about history without being a historian. Stating the opposite would mean entering the reactionary halls of Platonism with VIP status. However, in order to participate in a serious debate, you need historical culture. Again, Luque fails at choosing his company.

I will now respond to the main objections of the physicist-cum-historian.

His first question: Is Bourgeois Republic the best name for the pre-revolutionary Republic? We owe the contribution to Fernando Martínez Heredia, in his essay ‘El problemático nacionalismo de la primera república’ (‘The problematic nationalism of the first republic’) –published in Temas, no. 24-25, January-June, 2001, pp. 34-44. I use it because I consider it quite fitting. For a long time, the three major stages in which Cuban history can be divided were called: Colony, Republic and the Revolution in power. But, as Fernando would well argue, the socialist stage also adopted a republican character, and the term revolution in power gave an element of temporary status to the State forged after ’59, and especially after the Constitution of 1976. His proposal attempted to legitimate the republican character of socialism by qualifying them as Bourgeois Republic (1902-1952) and Socialist Republic, in accordance with the type of property, the social classes and the constitutions they adopted.

The Bourgeois Republic itself has been divided into two stages: the First Republic (1902-1933) and the Second Republic (from the latter date until 1959).

Estévez denies that historiography after the Revolution ill-treated the Republic. Yes it has, dear professor, by omission and by unseasonable manipulation of facts and figures of that period.

The first of them becomes evident in the relative ignorance of our republican past. If Luque and company believe I am being dramatic, then read the assessment written by doctor Eduardo Torres-Cuevas –President of the Cuban Academy of History–, in the editorial of the journal Debates Americanos no. 12, January-December, 2002, entirely devoted to celebrating the centenary of the proclamation of the Republic: ‘A strange fear seems to surround and condition any approach to republican issues. The majority of historical sources which contain the most revealing material about the time are yet to be consulted. What’s more, when going over the most widely known studies about the period, one can confirm that the stage between 1940 and 1959 is almost completely unknown.’

It’s true a lot of water has flowed under the bridge since 2002, and it must be acknowledged that in the last fifteen years important studies about the Republic have proliferated, which I shall not mention here for want of space. However, they have not run the course which would take them from cold research into classrooms. The official history, the one being learned in schools, continues to focus on the negatives of the time.

The point about manipulation is visible –and I again quote Torres-Cuevas and his editorial– ‘…in the purely ideological approach that many use in order to try and explain phenomena they ignore in their essence. Adjectives, assertions lacking proper demonstration, abductive approaches which transfer to the past the mentality of the present, and judgments on human action determined by what would have been desired and not by an understanding of the circumstances and mentalities of the time…’.

The History enthusiast attempts to illustrate me about certain things I by no means have denied, such as the collective frustration brought about by the American occupation, the historical humiliation of the Platt Amendment and how, even after it was repealed in 1934, our economy remained dependent on that of the neighboring country.

My point was that, together with those realities, we should also unveil positive aspects of the republican past, which also existed, and that we shouldn’t standardize judgments that lack nuances and become unfair as they treat alike personalities who had great differences. As Eduardo Torres-Cuevas well said: ‘What set apart Gerardo Machado and Batista from Alfredo Zayas and Ramón Grau San Martín was that the former violated the Constitutions, they got their way by force and they both destroyed the Republics which begot them. An equal sign cannot be drawn between them.’

The trope that the revolution of the 1930s ‘flew away in the wind’ is an obstacle in trying to assimilate the undeniable contrasts between the First and the Second bourgeois Republics. According to a great scholar of the Republic, doctor Berta Álvarez Martens, as a result of that revolution, Cuban politics was re-launched and the Cuban nation was conceived and projected as a reality. The institutionalization and the guidelines generated in the 1930s allowed great sectors of the middle and working classes to exert social prominence and create organizations that would grow very strong within the reshaping of the State.

Even when control of the economy wasn’t in Cuban hands and it was very much tied to American dictates, this stage saw the passing of legislation on social, labor and economic issues like never before. The Cuban State, from 1940 onwards, had a liberal and democratic nature, with a social order aimed at public service.

It’s a reality that marked differences and contrasts prevailed in the way of life of the various social classes. And it’s also true that the democracy in the Constitution of 1940 is advocated not only in terms of individual rights, but also in terms of social and economic rights. This lead to the most advanced labor legislation in Latin America; to an organization of a Cuban school of democracy, egalitarian and progressive; and to a State which acted as advisor and regulator in the country’s economy.

In his piece, the doctor of Physical Sciences makes two glaring mistakes by stating that the Constitution of 1940 ‘was begotten against the wishes of the bourgeois by the most revolutionary forces, in a chaotic context where there was a pressing necessity to keep our own backyard quiet while fighting the Nazis in alliance with the USSR.’

The first mistake is chronological: the Constituent Assembly began its sessions on February 9 and concluded them on June 8, 1940. It would still take a year and fourteen days for Germany to attack the USSR, thus bringing it into the Second World War, an event that happened on June 22, 1941. If we become fastidious, we would even have to recognize that the alliance of Stalin’s government in 1940 was precisely with Hitler, with whom, in September 1939, it had signed a Non-Aggression Treaty with an accompanying secret clause concerning the division of part of Europe between the two powers. If you take the trouble to consult the Parliamentary Report of the Constituent Assembly of 1940, you’ll be able to verify the condemnation by the members of the Assembly of the Soviet intervention in Finland; of course, with the nay vote of the six communist representatives.

The second blunder is an ideological one: saying that the Constitution of 1940 was made ‘against the wishes of the bourgeois’. Apparently, Estévez does not accept that the Cuban bourgeoisie had sectors which, though reformist, as the Communist Party was too after its legalization, did have a progressive nature.

I refer him to my essay ‘Crónica de un fracaso anunciado: los intelectuales de la república y el socialismo soviético’ (‘Chronicle of an announced failure: the intellectuals of the Republic and Soviet socialism’), published in Temas, no. 55 of 2008, pp. 163-174, and also –if they haven’t taken it down– in the website of the National Assembly of People’s Power (ANPP), which now brings discredit to itself by hosting the uninformed PostCuba article. In it I say:

It’s no coincidence that in the two revolutionary moments of the bourgeois Republic, the intellectuals who represented various sectors of the bourgeoisie were the most active defenders of the revolutionary option and, in the long run, the proponents of armed struggle, the more radical way –Guiteras in the 1930s, Fidel in the 1950s. In the case of the struggle against Batista, this was done in open defiance of the stance of Cuban communists, who, with a dogmatic and foreign view, denied the insurrectionary possibility.

In the essay ‘Los siete pecados capitales del mal historiador’ (‘The seven deadly sins of a poor historian’), Mexican theorist Carlos Aguirre Rojas speaks about the mistaken notion of history conceived as a gigantic broom. His critique is very pertinent in light of the following proposition by Estévez: ‘There’s no unfair image to rescue here, nor any nostalgia to celebrate. The Republic was neocolonial and it remained neocolonial until the Revolution swept away the shadows and rescued the lights.’ According to Aguirre:

The fourth sin of poor history, repeated in the various traditional handbooks, is its limited idea of progress, which is directly connected (…) with the notion of time as physical time, unique, homogeneous and linear (…).

It’s an idea of human progress in history wherein it is stated that, inevitably, everything today is better than in any past time, and everything tomorrow will necessarily be better than anything today. Therefore, humanity can do nothing else than to move forward and forward non-stop since, going by this construction, the only thing it has done so far is precisely ‘progressing’, always advancing from lowly conditions to increasingly higher levels, in a sort of imaginary ‘ladder’ where it would be forbidden to look back, to leave the charted course, or to trace back, even a single step, on the path already covered. And things do not change too much if this idea is proposed by the contemporary apologists of capitalism, who want to defend at all costs the supposed ‘simple superiority’ of that system over any time in the ‘past’, or if it is put forth by vulgar Marxists –not by truly critical Marxists– who have tried to teach us that history moves forward and has to move forward, inevitably, from primitive communism to slavery, from slavery to feudalism, and from it to capitalism, so it can later end, with no possible choice, in the long-awaited socialism and, perhaps later, in the superior communism. An extremely simplistic view of progress and of history, rejected by Marx himself (…).[1]

The closing words of Estévez’s piece have completely baffled me. I thought my sight was failing me and I cleaned my glasses, but to no avail, they were still there, stubborn and imprudent: ‘O, the Republic! when I was young my father told me so much about that Republic, while he showed me his medal for the clandestine struggle that he earned for contributing to bringing it down!’

What I’ve learned from our history is that a lot of people fought, in clandestinity  and in the mountains, in order to defend the Republic and restore the constitutionality interrupted by the coup d’état of March 10, 1952. If Estévez’s father contributed to ‘bringing it down’ he must have been an ally of general Batista.

Since I assume he would not be proud of such a thing, my hypothesis is that his text is poorly written, and this calls for some criticism of the ANPP website administrator, because asking PostCuba to make corrections is asking the impossible.

With much respect I then suggest you amend the mistake, since others may think ill of that and say that a website that should be a stronghold in the defense of Cuban institutionalization is sheltering and abetting a follower of Batista.

I expect Luque and Estévez will be around for upcoming debates, and I trust that, for a change, they’ll be better prepared.

Contact the author at: alinabarbara65@gmail.com

[1]Carlos Antonio Aguirre: Antimanual del mal historiador, o cómo hacer una buena historia crítica (Anti-Handbook for the Poor Historian, or How to Write Good Critical History). Havana, J. Marinello Center for Research and Development of Cuban Culture, 2004, pp. 30-46.

(Translated from the original)

The sin of the flesh

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Picture: Eddy Martín Díaz / Trabajadores

Now that the raise in wages is about to reach less fortunate pockets, there’s a growing concern regarding an inflationary rebound. Rather than a list of capped prices –which are liable to be circumvented in a thousand different ways–, what’s essential to avoid it would be to increase the supply of goods and services which will allow matching this sudden added demand. I dream about attaining that combination: higher wages with higher supply to stop the sin of the flesh

More than ever before, there’s a pressing need to liberalize goods and services which are artificially restricted by inexplicable prohibitions and monopolistic limitations. Some possible measures in the immediate term could be: reducing state sale prices (TRD shops, automobiles, etc); extending credit sales and online commerce; promoting the use checks and credit cards by Cuban citizens; and raising interest rates for savings accounts in BPA banks.

To that I would add the much-announced transferring of part of the domestic trade to state-run companies, self-managed companies, cooperatives and private businesses. This would allow the leasing and revival of thousands of empty and underused spaces of the Ministry of Domestic Trade (MINCIN) in grocery stores, shops and warehouses.

But since the systematic ingestion of beef is something I particularly yearn for because of my Sancti Spíritus background[1] –although I believe the rest of Cubans can also relate– I pray for the free production and marketing of beef. In fact, I believe the meat –that’s how we simply call it over there– is the protein source par excellence for a country like Cuba.

We should only remember that when colonists brought the first seed stock from Andalusia and abandoned them in this fertile soil, with no dangerous predators, the natural reproduction of hogs and cattle soon filled the hills and fields with wild herds that multiplied geometrically.

With cattle raising then being the mainstay of Cuban economy ?between the 16th and the 18th centuries?, this caused that cattle heads wouldn’t even be raised in ranches. Twice a year, in the cattle lands of the landed aristocracy they would carry out the so-called monterías.

In these Antillean safaris, the selected animals were cruelly hunted[2] with the purpose of removing their hides and their main cuts, preserving them by smoking and salting them, and then exchanging them with foreign heretics in the busy fairs of contraband trade.

If we dig deeper in the history of cattle raising in Sancti Spíritus, we will learn that, in the second half of the 18th century, it was greatly benefitted by the production chain it was able to establish with the sugar cane industry in western Cuba and the Trinidad region. For that reason, the price of a head of cattle reached the astronomical figure of 32 pesos in 1780.

In that year, the jurisdiction had 336 breeding ranches, with 47,527 heads of cattle; although the owners concealed an extra 30% to evade taxes. The most damaging one was the tax of La Rueda de la Pesa, since it forced them to hand over a number of yearlings to the town hall for a communal stock. With that, the municipal government offered a year-long supply for the inhabitants, which numbered less than 10,000, with about 822,000 pounds of meat at absurdly low prices.

Proportionally, 1827 was the peak year for cattle production in Sancti Spíritus. There were 133,168 cattle heads in the region for a population of 42,204 inhabitants. This is more than three cattle heads per person (without fodder or electricity, in worse conditions than in the Special Period). So, if cattle grows so well in Cuba, why was its consumption controlled so much since the 1960s?

I confess the subject has proven difficult to grasp for me and I still have no satisfactory answer. I haven’t found a law or an explicit regulation which prohibits the free marketing of beef. Several factors had an influence, and I find that the repressive demands of the fight against outlaw guerrillas were the first to determine that farmers were banned from freely slaughtering their animals and established mandatory delivering of cattle to state-owned slaughterhouses.

Also, the extension of guaranteed mass consumption of beef opened the doors to its strict control. The 1960s were a time of equitable rationing of fresh meat, which punctually reached families every nine days (the novena) in two alternating categories (first and second), and it would generally be enough for two meals. At the same time, the consumption of canned meat grew –the so-called carne rusa (Russian meat)–, both for family consumption and on a social basis.

On the other hand, the illusory aspiration to turn Cuba into a world power in cattle production and a great exporter of dairy products, determined that sacrificing animals be restricted in order to have more milk –although bulls and yearlings were always sacrificed, not dairy cows. Thus, slaughtering cattle and selling and buying the meat became sins. We became worshippers of Vishnu.

In time, the prohibition made such a deep impression that, when the crisis of the 1990s arrived and many other bans were lifted –even the circulation of the dollar–, steaks remained in exile. However, since 2014, the cattle population rocketed in Sancti Spíritus with the establishment of new purchasing prices which allow reaching up to 7 CUP per pound if the yearling speaks several languages –let’s be reminded that anyone can sell pork to the State at 13.5 CUP– and the leasing of idle land to producers in order to raise cattle.

The fact is that the ban on selling beef, together with a quasi-European model of breeding, has slowed down production for decades. This is a good moment to break the restrictions and stop thinking so much about the walking catfish, the ostrich and the hutia for animal protein, when we can regularly enjoy a good ropa vieja.

[1]Sancti Spíritus is historically the second-greatest cattle raising region in Cuba. Today, it’s the only Cuban province with more cattle heads than people.

[2]In order to preserve the skins, the leg tendons were sliced with a type of scythe and the animals were later finished off with a spear.

(Translated from the original)

La Revolución Cubana y los sueños

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sueños

«Escribe tu sueño…gira las aspas», eslogan que llamaba la atención de transeúntes locales, nacionales y extranjeros cuando visitaban la Plaza de la Vigía en el marco de Ríos Intermitentes, Matanzas, Cuba. Me sorprendió cuántas personas —infantes, adultos y ancianos— entraban a la pintoresca casucha para dejar plasmados sueños, esperanzas e ilusiones.

Motivada por la curiosidad, entré al transitado recinto artesanal y mientras arreciaba un torrencial aguacero, revisé los escritos plasmados en un cuaderno habilitado con esos fines. No soy de las personas escépticas que ensombrecen esperanzas, pero lo que leí me preocupó demasiado. El contenido de aquellas páginas revelaba posiciones sociopolíticas de insoslayable envergadura.

¿Cuál será el rumbo de la Revolución Cubana?¿Adónde irán a parar los sueños? ¿Y la juventud? Enigmas, entresijos e interrogantes aún sin solución definitiva por la vía socialista.

Quizás esa encrucijada haya sido una de las motivaciones de Fernando Martínez Heredia para dedicar parte de su producción académica al estudio de la «Revolución socialista de liberación nacional», y a hacer propuestas que condujeran al desarrollo orgánico de su cauce. Hace alrededor de dos años presentó al Grupo de Estudios sobre la Revolución Cubana del Instituto Cubano de Investigación Cultural (ICIC) “Juan Marinello”, cinco problemas y seis necesidades básicas para investigar la Revolución Cubana. Comentaré algunas de sus reflexiones para incitar el debate en torno al tema.

Es preciso no «confundir el apoyo a la Revolución con el defensismo» porque «ocultar la verdad perjudica» y los «medios cubanos no hablan. Ahí está el problema grave». Fijémonos en la vigencia de estaspalabras del eminente intelectual cubano. Pongamos un ejemplo reciente.

Durante el mes de junio, medios oficiales cubanos afirmaron que todo estaba asegurado para que durante el verano no existieran apagones planificados por déficit de generación. ¿Qué ha pasado? Todo lo contrario. Y cuando comenzaron las críticas por las redes sociales que mostraban las molestias de la población cubana, el Ministro de Energía y Minas aseguraba: «su impacto llegó a algo más de tres horas como promedio y en algunos casos superiores».

Esa información es, además de imprecisa, incierta. ¿Cuántas personas han estado sin energía eléctrica durante toda la noche e, incluso, parte del día?

Si no somos capaces de enfrentar los problemas con transparencia, se acentúa el descrédito por el sistema político.

Martínez Heredia nos incita a que en el marco de la Revolución analicemos hechos, problemas y procesos fundamentales, teniendo en cuenta contradicciones y conflictos. No se es marxista, sin ser consecuente con la realidad a través de la verosimilitud de los hechos. Como él mismo refiere: «no es lo mismo ocultamiento que no acceso, pero el resultado es el mismo». En una época donde la información se transmite por varias vías, es imposible ocultar la verdad. No obviemos la compleja situación sociopolítica en que se encuentra inmerso el país en la actualidad, se deben generar estrategias certeras para salvar el proyecto socialista cubano.

Martínez Heredia resalta «la importancia simbólica, política e ideológica de la revolución», que obedece a contextos, coyunturas y sujetos históricos determinados. Ese simbolismo hizo al proyecto revolucionario cubano no perecer ante la crisis de los noventa porque, a pesar de los avatares, al menos tres generaciones la mantuvieron incólume.

Hubo éxodo, sí, pero muchos defendieron el proyecto socialista, algunos, por no tener más opciones o sentirse obligados por la autocensura, otros por confiar de corazón. Entre baobabs, serpientes y frutas prohibidas, quedaban quimeras, fantasías y expectativas que cumplir, al menos, como proyección futura.

El Che confió plenamente en la construcción del hombre nuevo, el hombre del siglo XXI en los marcos del socialismo. Consciente de que el camino era largo y lleno de dificultades, le daba un peso fundamental a los vínculos entre dirigentes y masas, quienes avanzarían más rápido si las alentaban con su ejemplo. Consideraba que los dirigentes de la Revolución debían tener una gran dosis de «humanidad, sentido de la justicia y verdad para no caer en extremos dogmáticos, escolasticismos fríos, aislamiento de las masas».

En Cuba, estos vínculos han fallado durante los últimos tiempos, motivación suficiente para el cambio de estrategia en cuanto a ejercicio de liderazgo y contacto más directo con las personas y con los problemasen la nueva administración presidencial, métodos que han llenado de esperanzas a los que confían en la construcción de una sociedad superior en los marcos del socialismo.

Ojalá podamos mantener esos sueños y hacerlos atractivos para la juventud cubana, esa que el Che denominó «la arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo». A concebir nuevos sueños estamos abocados todos…Una luz al final del horizonte, esperanzas de cimentar una sociedad superior.

De los agujeros negros a la Historia y viceversa

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agujeros

En la medida en que los escritos de Carlos Luque Zayas-Bazán restringen su calado teórico y crecen en insultos, les resulta poco apropiado un sitio de Internet como Rebelión, que incita a reflexionar y, además, tiene la saludable costumbre de divulgar todos los puntos de vista de los contendientes. Esa no es la izquierda que se prefiere en nuestro medio ambiente ideológico.

Para sus diatribas resultan convenientes entornos digitales más íntimos, como su muro de Facebook, de donde lo replicó el blog PostCuba, también cuasi privado vistas las estadísticas de visitas que reporta, evidentemente de sus amigos. Santa Fraseología los cría y PostCuba los junta.

Luque reacciona esta vez a mi artículo La república dorada, publicado, como siempre, en LJC. La novedad es que ahora lo hace con un asistente: Ernesto Estévez Rams. Desde el primer debate que sostuvimos fue indiscutible que requería apoyo, pero era lógico esperar un colaborador más eficaz.

El profesor Estévez Rams posee grado científico de doctor y se especializa en el campo de la Física. Debe ser muy solvente en su especialidad, pero evidentemente ello no se extrapola al campo de la Historia. Igual me pasaría si intentara calar en las honduras de la Teoría de la Relatividad, o me parara frente a un auditorio dispuesta a explicar el tema de los agujeros negros.

Se puede polemizar sobre historia sin ser historiador. Afirmar lo contrario sería entrar, con categoría VIP, en los reaccionarios salones del platonismo. Sin embargo, para participar en un debate serio se necesita cultura histórica. De nuevo falla Luque al escoger compañía.

A continuación atenderé las principales objeciones del físico devenido historiador.

Su primera duda: ¿Es República Burguesa el mejor nombre para la República pre-revolucionaria? El aporte se lo debemos a Fernando Martínez Heredia, en su ensayo “El problemático nacionalismo de la primera república” –publicado en Temas, no. 24-25, enero-junio del 2001,pp. 34-44—, lo utilizo pues me parece muy adecuado. Durante mucho tiempo, las tres grandes etapas en que se puede dividir la historia de Cuba fueron denominadas: Colonia, República y Revolución en el poder. Pero, como bien fundamentara Fernando, la etapa socialista también adoptó carácter de república y el término revolución en el poder otorgaba visos de interinidad al Estado forjado tras el 59 y sobre todo después de la Constitución de 1976. Su propuesta pretendía legitimar el carácter republicano del socialismo al clasificarlas en República burguesa (1902-1952) y República Socialista, de acuerdo al tipo de propiedad, a las clases sociales y a las constituciones que asumieron cada una con sus notablísimas diferencias.

La propia república burguesa ha sido dividida en dos etapas: la Primera república (1902-1933) y la Segunda república (desde esa última fecha hasta 1959).

Niega Estévez que la historiografía después de la Revolución maltratase a la República. Sí lo ha hecho estimado profesor, por omisión y por manipulación extemporánea de hechos y figuras de aquel período.

La primera de ellas se evidencia en el relativo desconocimiento de nuestro pasado republicano. Si Luque y compañía creen que dramatizo, lean entonces la valoración que realizara el doctor Eduardo Torres-Cuevas –Presidente de la Academia de la Historia de Cuba—, en el editorial de la revista Debates Americanos no 12, enero-diciembre de 2002, dedicada íntegramente a conmemorar el centenario de la proclamación de la república: “Un extraño temor parece rodear y condicionar el acercamiento a las problemáticas republicanas. La mayor parte de las fuentes históricas que contienen lo más revelador de la época, aún están sin consultar. Aún más, al repasar los estudios más conocidos acerca del período puede constatarse que la etapa que cubre de 1940 a 1959 es casi totalmente desconocida”.

Es cierto que ha llovido mucho del 2002 a la fecha, y debe reconocerse que en los últimos tres lustros han proliferado importantes estudios sobre la república que no citaré por falta de espacio. Sin embargo, ellos no han transitado el camino que los conduzca de la ciencia a las aulas. La historia oficial, la que se aprende en las escuelas, sigue enjuiciando solo lo negativo de la época.

Lo referente a la manipulación se observa —y cito nuevamente a Torres-Cuevas y su editorial—: “(…) en el acercamiento netamente ideológico con que muchos intentan explicarse fenómenos que desconocen en sus esencias. Adjetivos, afirmaciones sin muchas demostraciones, visiones abductivas que trasladan a un pasado la mentalidad de un presente y juicios sobre la acción humana determinados por lo que se hubiese querido y no por la comprensión de las circunstancias y mentalidades de una época (…)”.

Intenta ilustrarme el aficionado a la Historia en ciertas cosas que ni por asomo he negado yo, como la frustración colectiva que significó la ocupación norteamericana, la humillación histórica de la enmienda Platt y cómo, aún después de ser derogada en 1934, se mantuvo la dependencia de nuestra economía a la del país vecino.

Mi punto era que, junto a aquellas realidades, develemos también aspectos positivos del pasado republicano, que también los hubo, y que no se estandaricen valoraciones que carecen de matiz y son injustas al unificar bajo el mismo rasero a figuras que tienen grandes diferencias. Como bien afirmara Eduardo Torres-Cuevas: “Lo que diferenció a Gerardo Machado y a Batista de Alfredo Zayas y Ramón Grau San Martín, es que los primeros violaron las constituciones, se impusieron por las fuerzas y ambos destruyeron las repúblicas de las que habían surgido. No puede trazarse un símbolo de igualdad entre ellos”.

El habitual modo de afirmar que la revolución del treinta “se fue a bolina” impide asimilar los indudables contrastes entre la primera y la segunda república burguesas. Dice una gran estudiosa de la república, la doctora Berta Álvarez Martens, que como resultado de aquella revolución, la política en Cuba fue refundada y la nación cubana se piensa y se proyecta como realidad. La institucionalidad y la normativa generada en los años treinta permitieron que amplios sectores de las clases medias y de los trabajadores ejercieran protagonismo social y crearan organizaciones que tendrían mucha fuerza dentro de la reconformación del Estado.

Aun cuando las claves de la economía no estaban en manos de los cubanos y era muy susceptible a las directivas norteamericanas, en esa etapa se legisló sobre cuestiones sociales, laborales y económicas como nunca antes se había hecho. El Estado cubano, a partir de 1940, se caracterizó por ser liberal y democrático, con un orden social de utilidad pública.

Es una realidad que se mantuvieron las marcadas diferencias y los contrastes en las formas de vida de las diversas clases sociales. Como también lo es el hecho de que la democracia en la Constitución del 40 se propugna no solo en términos de derechos individuales, sino también de derechos sociales y económicos. Esto dio lugar a la legislación laboral más avanzada de América Latina; a una organización de la escuela cubana democrática, igualitaria y progresista y a un Estado con rol de orientador, regulador y normador en la economía del país.

En su escrito, el doctor en Ciencias Físicas comete dos deslices garrafales al afirmar que la Constitución del 40 “fue parida a contrapelo de los burgueses por las fuerzas más revolucionarias, en un contexto revuelto donde pesaba la necesidad de que el patio estuviera tranquilo cuando se luchaba contra los nazis en alianza con la URSS”.

El primero es cronológico: la Asamblea Constituyente inició sus sesiones el 9 de febrero y las concluyó el 8 de junio de 1940. La URSS demoraría aún un año y catorce días en ser atacada por Alemania e involucrarse en la Segunda Guerra Mundial, lo que ocurrirá el 22 de junio del 41. Ya en pose preciosista, habría que reconocer que la alianza del gobierno de Stalin en el año 40 era precisamente con Hitler, con el cual, en septiembre del 39, había refrendado un Tratado de No Agresión con su correspondiente cláusula secreta, mediante la que se repartieron parte de Europa. Si se toma el trabajo de consultar el Diario de Sesiones de la Asamblea Constituyente del 40, constatará la condena de los asambleístas a la intervención soviética en Finlandia; por supuesto, como era de esperar, con el voto en contra de los seis representantes comunistas.

El segundo gazapo es ideológico: afirmar que la Constitución del 40 se hizo a “contrapelo de los burgueses”. Por lo visto, Estévez no acepta que la burguesía cubana tuviera sectores que, aunque reformistas, como lo fue también el Partido Comunista después de su legalización, tuvieron un carácter progresista.

Lo remito a mi ensayo “Crónica de un fracaso anunciado: los intelectuales de la república y el socialismo soviético”, publicado en Temas, no. 55 del 2008, pp. 163-174, y también, si no lo han retirado, en el sitio de la Asamblea Nacional del Poder Popular que ahora se demerita al hospedar el desinformado artículo de PostCuba. En el cual expreso:

No es casual que en los dos momentos revolucionarios de la República burguesa, hayan sido intelectuales que representaban a diversos sectores de la burguesía los más activos defensores de la opción revolucionaria y, a la larga, los artífices de la vía armada, la más radical –Guiteras en los años treinta, Fidel en los cincuenta– en desafío abierto, en el caso de la lucha contra Batista, a la postura de los comunistas cubanos que, con criterio dogmático y foráneo, negaban la posibilidad insurreccional.

En el ensayo “Los siete pecados capitales del mal historiador”, el teórico mexicano Carlos Aguirre Rojas se refiere a la noción equivocada de la historia concebida como una gigantesca escoba. Su crítica es muy pertinente a la siguiente tesis de Estévez: “Aquí no hay imagen injusta que rescatar, ni nostalgia que celebrar. La república, neocolonial era y neocolonial fue hasta que la Revolución barrió las sombras y rescató las luces”. Según Aguirre:

El cuarto pecado de la mala historia, repetido en los diversos manuales tradicionales, es su idea limitada del progreso, lo que está directamente conectado (…) con la noción del tiempo como tiempo físico, único, homogéneo y lineal (…).

Es una idea del progreso humano en la historia donde se afirma que, inevitablemente, todo hoy es mejor que cualquier mañana, y todo mañana será obligatoriamente mejor que cualquier hoy. Entonces, la humanidad no puede hacer otra cosa que avanzar y avanzar sin detenerse pues, según esta construcción, lo único que ha hecho hasta hoy es justamente “progresar”, avanzando siempre desde lo más bajo hasta niveles cada vez más altos, en una suerte de “escalera” imaginaria donde estaría prohibido volver la vista atrás, salirse del recorrido ya trazado, o desandar, aunque sólo sea un paso, el camino ya avanzado. Y no cambia demasiado la cosa si esta idea es afirmada por los apologistas actuales del capitalismo, que quieren defender a toda costa la supuesta “simple superioridad” de este sistema sobre cualquier época del “pasado”, o si es afirmada por los marxistas vulgares  —no por los marxistas realmente críticos— quienes han pretendido enseñarnos que la historia avanza y tiene que avanzar, fatalmente, del comunismo primitivo al esclavismo, del esclavismo hasta el feudalismo, y de este último hacia el capitalismo, para luego desembocar, sin opción posible, en el anhelado socialismo y, tal vez después, en el comunismo superior. Una visión extremadamente simplista del progreso y de la historia, rechazada por el propio Marx (…).[1]

Las palabras con que Estévez concluye su escrito me han desconcertado totalmente. Creí que la vista me traicionaba y limpié los espejuelos, pero nada, ahí continuaban, obstinadas e imprudentes: “¡Ah, la república! mi padre me hablaba de joven tanto de esa república, mientras me enseñaba la medalla de la clandestinidad que se ganó por contribuir a echarla abajo!”.

Lo que he aprendido de nuestra historia es que mucha gente luchó, en la clandestinidad y en la Sierra, por defender a la república y restaurar la constitucionalidad interrumpida por el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Si el padre de Estévez contribuyó “a echarla abajo” debió ser un aliado del general Batista.

Como supongo que no se enorgullecería de algo así, mi hipótesis es que está mal redactado su texto y ahí le cabe la crítica al administrador del sitio de la ANPP, porque pedirle correcciones a PostCuba sería exigirle peras al olmo.

Con mucho respeto le sugiero entonces que arregle la desacertada afirmación, pues otros pueden pensar y afirmar que en el sitio que debe ser bastión de la defensa de la institucionalidad cubana se rinde culto a un batistiano.

A Luque y Estévez los espero en próximos debates, confiando en que, para variar, se preparen mejor.

[1]Carlos Antonio Aguirre:Antimanual del mal historiador, o cómo hacer una buena historia crítica. La Habana, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana J. Marinello, 2004, pp. 30-46.