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Una red para conectarlos a todos

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En las últimas semanas, las redes sociales en Cuba han estado calientes con un tema en particular: SNET. Probablemente muchas personas, sobre todo de las generaciones más adultas, no sepan lo que es SNET, y nunca lo hayan oído mencionar, pero para que se hagan una idea, se trata de un proyecto que a lo largo de más de 15 años ha logrado reunir alrededor de veinte mil jóvenes, trabajando juntos y colaborando. Desde el 29 de julio pasado, la puesta en vigor de un grupo de Resoluciones del Ministerio de las Comunicaciones (MINCOM) puso a SNET al borde de la desaparición, y eso desencadenó una serie de acciones y respuestas, las cuales fueron politizadas desde diferentes posiciones.

Hemos sido testigos de un nuevo round en la lucha entre el Estado y la oposición por ganar la hegemonía sobre los movimientos de la sociedad civil.

¿Qué es SNET?

SNET, cuyas siglas son una abreviatura de Street Network (la red de la calle), es una intranet construida de manera artesanal, y que abarca gran parte del territorio de La Habana. Surgió de manera espontánea, ante la falta de conectividad existente, con el fin de jugar videojuegos en red y de compartir información interesante. Desde entonces ha crecido exponencialmente, convirtiéndose en una de las mayores experiencias de autogestión en el siglo XXI cubano.

La red se caracterizó en sus inicios por el carácter descentralizado. Fueron surgiendo en diferentes sitios redes independientes, que encontraron luego el modo de interconectarse. Para llevar a cabo la conexión, los mismos usuarios fueron consiguiendo los equipos necesarios: los AP, los equipos Ubiquiti, nanos y cables. Se fueron desarrollando a medida que entró tecnología más moderna. Con el tiempo, se hizo habitual ver cables a galope sobre calles y edificios:

Los cables de SNET conectando a miles de cubanos.

SNET llegó a ser más que una red. Con el tiempo, se convirtió en una parte fundamental en la vida de muchas personas. Los amantes de los videojuegos pudieron interactuar entre sí en tiempo real desde cualquier lugar de la capital. También pudieron compartir en foros y descargar series. A través de la red han surgido amistades duraderas e incluso relaciones de pareja. Un auténtico fenómeno de masas.

Por supuesto, no todo ha sido color de rosa. Una vez que se consolidaron los principales pilares (puntos centrales de conexión) y se oficializó el pago de una contribución, SNET se centralizó. Hubo pugnas de poder entre los diferentes administradores, la red se dividió en dos, y hubo altercados desagradables, con el problema del dinero en el fondo.

Sin embargo, hay que reconocer que SNET siempre fue fiel a algunos de sus principios fundacionales: uno de ellos, no compartir información relacionada ni con política, ni con pornografía.

El conflicto

El 29 de julio de 2019 entraron en vigor las resoluciones 98 y 99 del MINCOM. Estas habían sido promulgadas algunas semanas antes, como parte del proceso de informatización de la sociedad cubana. Entre otros puntos, las resoluciones implicaban una serie de normas para la creación y utilización de redes particulares, llevando un nuevo orden a un mundo que hasta ese momento había estado en la alegalidad. Los días en los cuales SNET podía crecer de manera silvestre llegaron a su fin.

Entre los puntos más impopulares de las resoluciones, estuvo la imposibilidad de utilizar un cableado que pasara por encima de las calles, ni siquiera tratándose de pequeñas entrecalles, así como las limitaciones a la potencia de los equipos, que solo podrían tener como máximo una potencia de 100 mW. Ambas medidas golpeaban al corazón de SNET: su capacidad para conectar a los usuarios.

Para que pueda entenderse: al no poder pasar cables sobre las vías públicas muchas personas no podrían conectarse aunque la red pasara por el frente de su casa. Pero lo peor era lo de la potencia máxima de los equipos, pues con una potencia tan baja como la que planteaba la resolución, resultaría imposible mantener conectados los distintos nodos de SNET. El paradigma que contenían las resoluciones era el de una multitud de pequeñas redes privadas sin fines de lucro y desconectadas entre sí.

Ante estas resoluciones, desde el primer momento la Administración de SNET comenzó a buscar alternativas. Fue entonces cuando prepararon algunos documentos con propuestas para modificar las resoluciones, así como con posibles salidas que permitieran la supervivencia de la red, las cuales fueron entregados al ministerio. Sin embargo, en un primer momento, la respuesta del MINCOM fue escueta y gélida: iban a analizar los documentos entregados.

En la mañana del 9 de agosto se llevó a cabo una reunión entre las autoridades del ministerio y algunos administradores de SNET. En esa reunión no se llegó a un entendimiento. La actitud de los funcionarios del ministerio no fue la mejor, simplemente se les informó a los administradores que las resoluciones iban a ser aplicadas y que aquellos que no las acataran recibirían actas de advertencia. No se planteó ningún tipo de colaboración. Por el contrario, se les notificó que los Joven Club sustituirían a la red en la oferta de servicios de conexión, para lo cual comenzarían a realizarse pruebas piloto.

El resultado de esa desafortunada reunión fue la convocatoria, por parte de los administradores de SNET de una reunión en las afueras del Ministerio de Comunicaciones para el sábado 10 de agosto, para protestar por las resoluciones e intentar abogar por una solución. A partir de ese momento comenzaron a calentarse las redes sociales. Al haber una manifestación pública de rebeldía, el problema de SNET comenzó a entrar en el radar de los diferentes actores interesados en fomentar o apaciguar cualquier desestabilización en Cuba.

Durante la mañana del sábado, muchos jóvenes llegaron a las afueras del Ministerio de las Comunicaciones. Fue solo una pequeña fracción de los miles de personas conectadas. Aun así, eran suficientes. Varios funcionarios del ministerio dieron la cara, intercambiaron con los jóvenes y se comprometieron con encontrar una solución.

Los medios oficiales cubanos nada contaron sobre lo que allí ocurrió. Sin embargo, parte de la oposición, que en los últimos años ha ganado en versatilidad y capacidad de respuesta, estuvo allí esa mañana. El medio opositor 14 y medio fue el primero en cubrir in situ lo ocurrido aquel día.

Estrategias cruzadas

A partir del sábado 10 de agosto, el problema de SNET se convirtió en una prioridad para varios grupos de la oposición cubana. Para nadie es un secreto que su estrategia en los últimos años consiste en acercarse a otras luchas auténticas de la sociedad cubana, para cooptarlas y así darle una base social a su activismo contra el sistema y el Estado cubanos. Esa táctica ya les salió bien el 11 de mayo con el movimiento LGTBIQ, en lo que probablemente haya sido su mayor victoria en los últimos años.

La oposición se dio cuenta inmediatamente que, si lograba hegemonizar la lucha de SNET, iba a tener acceso a una base social de miles de jóvenes cubanos de todos los estratos sociales. Era un manjar muy suculento. Por ese motivo, comenzaron a darle cobertura a la lucha, entraron a sus grupos de Facebook, crearon grupos de WhatsApp, e incluso encontraron aliados entre los más intransigentes de los usuarios de SNET. Violándose una de las reglas fundacionales de la red, se volvió habitual en ciertos grupos mezclar la lucha por la existencia de SNET con mensajes contra el sistema.

Frente a esa estrategia, vale reconocer que el Estado y el MINCOM actuaron de una manera cualitativamente superior a como se actuó en los sucesos del 11 de mayo. El mismo domingo 11 de agosto hubo otra reunión entre funcionarios y administradores de la red, en la que se llegó a un nuevo acuerdo: las resoluciones no se verían modificadas, pero se trabajaría de conjunto con SNET para pasar parte de sus servicios e infraestructura a la nueva red que crearían los Joven Club de Computación. Se les ofreció a esos administradores la posibilidad de convertirse en colaboradores de los Joven Club y recibir un salario por ello y se les hizo saber las ventajas de la nueva red, que abarcaría a todo el país y contaría con fibra óptica.

En un primer momento, la respuesta de los administradores de SNET no fue unitaria. Mientras los del Cerro aceptaron la nueva realidad y comenzaron a trabajar codo con codo en las pruebas conjuntas con los Joven Club, los de otros lugares se declararon en rebeldía y convocaron otra reunión frente al MINCOM para el sábado 17. En el fondo, seguían doliendo los aspectos más ásperos de las resoluciones, el tema del cableado y de la potencia máxima. Unido a que no todos los usuarios viven cerca de un Joven Club.

Nada podía ser más del gusto de la oposición que la convocatoria a otra manifestación pública. Es por eso que redoblaron esfuerzos en la creación de un clima de opinión favorable a la desestabilización. Los grupos de WhatsApp tuvieron un papel fundamental.

Por otro lado, la injerencia de personas de la oposición que reciben dinero de los fondos norteamericanos para el cambio de régimen, le dio un motivo al Ministerio del Interior para intervenir y hacer fuertes llamados a varios administradores para que se abstuvieran de cualquier manifestación contra el gobierno. Como en todo conflicto, siempre paga algún inocente.

Lo importante es que, al mismo tiempo que esto ocurría, el MINCOM se acercó a los diferentes pilares de SNET y logró atraer hacia su propuesta a los administradores. La solución negociada, por encima de las imposiciones. Se le dio la posibilidad a los que gestionaban SNET de participar en la construcción de la nueva red de los Joven Club. Colaboración como respuesta a la confrontación.

Al final, los grupos opositores se quedaron sin base social, y ya para el sábado la reunión pública no era recomendada por la inmensa mayoría de los administradores de la red. Algunos fueron de todas formas, por intransigencia, o porque no se enteraron de los cambios de posición de los administradores, pero fueron recibidos en el interior del Ministerio de Comunicaciones y se conversó con ellos con tranquilidad.

Lo cierto es que, durante la semana previa al 17 de agosto, la mayor parte de los administradores de SNET se pusieron a trabajar con los Joven Club, poniendo a punto los servidores y añadiendo servicios. El viernes 16 de agosto apareció un artículo en el sitio oficial del MINCOM en el que Pedro Ernesto Pérez, conocido en la red como “Doom”, explicó algunas de sus impresiones sobre el proceso, y explicó que se continúa buscando alternativas para que, dentro de los marcos de las resoluciones, no se quede nadie desconectado. Entre esas alternativas está la conexión a través de puntos wifi de Joven Club, ubicados en diversas instituciones del MINCOM. También informó que se están transfiriendo a la nueva red los principales juegos y servicios de SNET.

Esta vez el Estado ganó la partida.

Los reprimidos

Desde el sábado por la mañana, Twitter no descansó: pudieron verse imágenes y audios de la actuación de la Seguridad del Estado, que hizo un fuerte despliegue para evitar que muchas personas salieran de sus viviendas y pudieran ir a la manifestación pública frente al MINCOM. Sin embargo, el grueso de los que sufrieron la represión ese día, no fueron muchachos de SNET.

El Estado intentó retener un espectro diverso de personas, algunas que  ya han roto sus lanzas contra el sistema cubano, a las que no les importa aceptar apoyo norteamericano para realizar sus actividades y otras que son víctimas colaterales, medios independientes que, sin ser parte de la oposición pagada, por muchos motivos cayeron dentro del mismo saco.

Entre otras cosas, impidieron la cobertura que podían haber realizado El Toque, El Estornudo, 14 y Medio, ADN Cuba, etc. Medios con distintas características pero interesados en cubrir un conflicto que se politizaba más y el Estado tenía su propio interés en no-cubrir.

En otros artículos he criticado la fobia a las manifestaciones públicas que tienen las autoridades encargadas de mantener el orden en Cuba. Sin embargo, esta vez quiero plantear otros elementos.

Primero, aquellos que reciben dinero o algunos beneficio de instituciones internacionales comprometidas con la estrategia de cambio de régimen en Cuba, no deberían sorprenderse de que la contrainteligencia la considere un peligro y se ocupe de ella. Por lo tanto, no deberían hacer una noticia de eso. Los que no reciben fondos de Estados Unidos a menudo se ven atrapados en el fuego cruzado, algo que solo puede evitarse con altas dosis de responsabilidad política y  un periodismo que los distinga de la propaganda opositora.

Segundo, que el hecho de que un medio sea alternativo (LJC incluida) no lo convierte en bueno. En ese sentido, me gustaría saber cuántos de los que hoy son sufridos y comprometidos disidentes protestarían contra la pérdida de derechos sociales que implicaría una restauración capitalista en Cuba.

Por último: me consta que algunos en el mundo de los medios independientes lo único que buscan es un espacio para de manera legítima expresar sus puntos de vistas divergentes. Y que al Estado, y sobre todo los elementos más conservadores de la burocracia, lo que le conviene es poder meter a todo el mundo en el mismo saco. Pero por eso, lo primero debe ser la lucha por un espacio de legitimidad dentro de la sociedad cubana para los medios independientes, y eso empieza por tomar una posición radicalmente antimperialista (que no es lo mismo que antinorteamericana), tanto en la teoría como en la práctica.

Para terminar, la red

Quisiera decir, para concluir, que me parece muy bueno que haya primado la colaboración entre SNET y los Joven Club. Sin embargo, tal y como están escritas las resoluciones, si se aplicaran hoy a rajatabla la inmensa mayoría de los usuarios de SNET quedarían desconectados. Mi recomendación es que, si de verdad existe una voluntad de dar una alternativa a los que durante tanto tiempo construyeron SNET, no se aplique la resolución en tanto no se vayan creando las condiciones para conectar a todos. No sería nada bueno que, al final de esta historia, el resultado fueran miles de jóvenes desconectados.

* Nota de los Editores: Con el afán de ser precisos en nuestra descripción de la sociedad civil cubana y lo ocurrido respecto a SNET, este texto ha sido corregido y ampliado respecto al original.

Los viejos modos

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Evoluciona es un proyecto nacional que aboga por la visibilización del acoso como parte de una cultura de privilegios machistas. Esta y otras campañas comienzan a hacerse eco de un sentimiento social que viene surgiendo hace unos años.

Creo que muchos factores ayudaron a este paulatino y aún incipiente actuar: Organizaciones no gubernamentales; las acciones del Cenesex; una reforma constitucional que permitió discutir y traer a la esfera pública tanto convicciones como falencias; un presidente al que también respetamos y sentimos cercano; la capacidad y madurez de proponer un proyecto de país sin el temor de decepcionar a quien nos dio la posibilidad de hacer revolución; una asamblea donde con un gran porciento de sus miembros podemos cruzarnos en la cola del Coopelia o sirviéndose una bebida en un bar.

Jóvenes no tan clonados, que expresan una sociedad diversa, multicolor, étnica: cubana. Intelectuales sintiendo que quizás hay líneas divisorias que comienzan a desdibujarse.

Sobre los cimientos de un desarrollo se desparraman las búsquedas de un país que busca identificarse; sin miedo a contaminarse con preguntas que rompan la sacralización de pensamientos amurallados necesitados de solidez histórica; dando espacio a una actividad política menos rígida.

La apertura de las redes sociales son en gran parte el salvoconducto de esta expresión que desde hace un tiempo venía gestándose. Posibilitando el diálogo con una dinámica más certera, sin privaciones de espacio o tiempo la sociedad civil se reencuentra en la confluencia de sentires y pensares.

La conga pacífica de la comunidad LGTBIQ+; voces de proteccionista de animales en busca de una ley; movimiento de mujeres desmembrando los silencios patriarcales anquilosados en la vida privada y la cotidianidad. Demandas, proyecciones de una sociedad que quiere como dijera Silvio Rodríguez “suprimir la R de revolución”.

Proyectos de cantautores, fotógrafos, deportistas, escritores, cineastas, periodistas, dan cuenta de que comienza a palparse una movilidad que apuesta por defender la versión de un país al cual pertenecemos.

Un archipiélago en crescendo, que pugna por transformar esa “inflación ideológica” de los años sesenta donde era preciso responder a una amenaza de disolución y atomizar la sociedad. No estamos en la necesidad de abogar a una totalidad utópica, cuando lo que nos vuelve genuinos es la diversidad dentro del entramado social.

Los detractores de siempre encontraron en la apertura una vía para insertar un poquito de su bilis como un continuo, pero ahora con otro camino de llegar. A estos ya les conocemos, sabemos cómo tratarles y no son los más peligrosos.

El presidente Miguel Díaz-Canel abanderado de continuidad, muestra una dirección como carta abierta a construir sin perder principios ni convicciones; lo que está claro es que no todos comprenden igual a qué se refiere. Ha repetido en disímiles ocasiones la necesidad de romper con nuestro “bloqueo interno” que incita a la burocracia a repetir incesantemente conductas que deshacen la expresión del pueblo.

La pregunta sería entonces si somos capaces de traspasar el discurso, dejar ir los viejos modos y ser consecuentes en nuestro continuo devenir.

Hay quienes se resisten a salir de su zona de confort y los miedos ponen a funcionar carretas de viejos bueyes, donde el atrincheramiento era la medida más eficaz para salvar una isla.

Son esos que aunque han recitado de memoria el concepto de revolución de Fidel jamás entendieron la profundidad de lo que planteaba. Aquellos que temen que reinventarse sea romper con sus convicciones: enarbolan la prohibición, la censura y la desacreditación como arma ante su inseguridad.

Quién teme a las sombras que le provoca el sol ha dejado de ver la imagen en su totalidad. Intentar acaparar, sobreproteger y redireccionar cada paso hacia el camino que se cree correcto, es deslustrar el significado de estado socialista y democrático en manos de la sociedad civil.

Son estos los responsables de empañar un proyecto revolucionario genuino.

Esos que ven sombras fantasmales en todo lo que ilumina, respondiendo con igual nivel de raciocinio que las ofensivas externas.

Si se vuelve práctica seremos los causantes de nuestra propia desilusión.

Dulce María Loynaz recitaba “Era mi llama tan azul, que por mucho tiempo temí que me apagara la brisa que viene del lado del bosque. Después, la llama aquella quemó todo el bosque”.

Being a communist

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When I was a child, I was surprised to see how upset a man would get if they shouted ‘Communist!’ at him. Why would he be offended —I thought— if being a communist is something good? Time went by and I became a 16-year-old teenager to whom one day they proposed the idea of joining the Young Communist League (UJC). Back then I felt very proud; the ideological and political education my family had given me, along with the mimicry they used to instill sympathy towards the ideology of communism into us in school —‘pioneers for communism, we will be like Che!’— influenced my judgments. I got to university being a member of the UJC and, already in my working life, I joined the ranks of the Communist Party of Cuba (PCC). Until that moment, I was convinced that being a communist and a revolutionary meant you belonged in the PCC, but my opinion would gradually gain some nuances.

Workmates —some young, others not so much— had voiced their decision not to join the ranks of the PCC, in spite of being the best professors, committed to the profession they had chosen. Personal histories, past disagreements of family members, among other reasons which marked their lives forever, had an influence on their decisions. Many argued that they didn’t need to be members of the PCC in order to be revolutionaries and defend the conquests of their homeland; others mentioned dogmatisms of the above-mentioned political organization. Indeed, intrigues, sick slanders and sterile shady dealings by dogmatic and extremist communists made me ponder the matter for hours.

Liberty is the right that people have to freely act, think and speak without hypocrisy’, our National Hero said. Fernando Martínez Heredia encourages us by saying that it’s the right to act in accordance with our ideas, thoughts and decisions, and not to be cheered by siren calls or fainthearted pigeonholing, ill-adjusted to our Cuban and Latin-American reality. That has happened with the lack of political vision of the PCC in a number of historical moments. I refer to the dogmatic line, riddled with bureaucracy and narrow views, not to organic communists who, inside or outside the Party, have strived to oppose outrages or mistakes.

Martínez Heredia reminds us that Mariátegui was demonized by the Communist Party and considered a deviation from Marxism, and the Peruvian Communist Party was even congratulated for making the opposition to what they termed ‘the Mariátegui deviation’ the center of their ideological struggle. Something similar happened with Julio Antonio Mella, who was expelled from the PCC —which he had co-founded— for that hunger strike he went on during Machado’s government because they considered it an act of indiscipline. Antonio Guiteras, whose Marxist and anti-imperialist views indicated a deep knowledge of the Cuban reality, was a convinced communist without a Party card. I agree with Martínez Heredia’s assertion that the Program of the Joven Cuba is one of the ‘vital political documents of the 20th century in the country. It is said in it that Cuba will have to accept socialism in order to achieve completion as a nation. Guiteras behaves as a communist, even though he doesn’t identify himself as one.

As the excelling Cuban intellectual well says, at the time, that moniker was only given in Cuba to the members of the PCC, ‘the socialist revolution of national liberation (…) made it natural to understand what a communist is and how this comes from communist ideas and struggle, and not from belonging to a given organization, but the matter was again obscured by structured ideology during a prolonged stage, and its effects are still being felt.’ From the socio-economic and ideological crisis of the 1990s, the revolutionary project stopped reinventing itself. Stuck at a blind, static and immovable point for several decades, it is subject today to a group of economic, political and legal changes which may bear proper fruit. Recognizing strategic sectors of the Cuban society, such as teachers, is an intelligent and just decision. Cuba has to strengthen itself culturally to fight the ideological battle between capitalism and socialism, which even extends to social representations and the issue of symbology.

Martínez Heredia incites us not to be politically naïve; there’s no middle ground, it’s either capitalism or socialism. And we know by historical experience that capitalism is not a viable solution for Cuba. Understanding the meaning of being a communist is a necessary task in order to enhance our country’s political culture. Being a communist means a lot more than just being a member of the PCC, it means being consistent with Marxism adjusted to the Cuban an Latin-American reality, in total symbiosis with our history of national liberation, it means advocating for the construction of a superior society within the framework of socialism, and it means using the proper weapons from our field of action to perfect the ‘Socialist Revolution of national liberation’. It doesn’t matter where you write from, but the position and the goals you defend. Being consistent, organic and transparent with the commitment to the homeland is the motto.

(Translated from the original)

Educación y autoritarismo

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Foto: Granma

En Cuba persiste una educación que no pudo zafarse de los tipos decimonónicos que llegaban desde la metrópoli española. Es casi innegable el carácter repetitivo de los 12 primeros años de enseñanza hoy. Lo muestran la memorización de fórmulas, los dicótomos y reduccionistas “verdadero o falso”, y los maratones de ejercicios “tipo”. Modos estos, que quienes los logren exitosamente serán mejor premiados.

El educando, se entrena para mostrar que memorizó esquemas previamente aprendidos. Ello lleva implícito que exista la autoridad que dicta el qué del proceso. Tal educación, atenta contra la formación del espacio social democrático para producir conocimientos y la propia realidad.

La repetición es la madre de la enseñanza, según el refrán que muchos creen. Y es que a partir de una vieja epistemología –pero muy vigente en el imaginario, y por tanto en la práctica—, la repetición de una descripción del concepto es lo que da el conocimiento. Hablamos aquí, del esquema de la escuela tradicional, y que parece ser el modelo utilizado en nuestro país.

La escuela tradicional memoriza. Tal vez aprehenda, tal vez no. Aprehender nos lleva a memorizar inevitablemente, el problema es que a la inversa no significa  que se cumpla la causalidad. Por eso, la memorización-repetición de la información como práctica educativa, no garantiza de manera orgánica la conformación del conocimiento, sino que lo deja en manos de la decisión, intención y capacidad del educando. Su objetivo, es transferir un paquete con la información.

Se reproduce ahí el autoritarismo. No solo de manera activa por parte del educador, también pasiva por parte de los educandos, quienes piden o reclaman el entorno social de autoridad que viven, como lógica del orden en el acceso al conocimiento. Por tanto, la escuela tradicional es vehículo de supervivencia de la ideología autoritaria, le es funcional.

La combinación de estos dos rasgos –la finalidad de dar un paquete de conocimientos  y formar en la ideología autoritaria—, dejan ver el individuo que de manera tendencial se estimula según los cánones clásicos: capaz de identificar y aceptar el criterio de autoridad, para a su vez asumir de este el conjunto de datos organizados que les decidió transferir. Es justo ese el individuo que necesitan las sociedades autoritarias.

Y a su imagen y semejanza, diseñan el sistema de educación. No se olvide el papel de la escuela como aparato ideológico del estado, donde a través de la enseñanza se construye el sentido común y la ideología –en el orden de la sociedad civil—, donde se dan las relaciones de poder reflejadas en la estructura política.

Si tenemos un sistema de educación autoritario, como en cualquier otro escenario similar, lo que se hace es que regeneramos como sociedad el autoritarismo desde la propia enseñanza escolar. Guste o no, el sujeto que se forma y que se prepara para la vida futura, es aquel pasivo reproductor del autoritarismo, cuyo esquema atrapa su inconsciente, y que es parte imprescindible de la subsistencia de una dominación; y no me refiero solamente al escenario político.

Para Marx, la liberación del ser humano, el eliminar de esa dominación vendría junto con la de una nación de otra, de la mujer del hombre. Le agregaría la liberación del educando como dominado por el educador, relación que subyace también en las otras mencionadas.

Mientras tanto, se sigue fomentado el sentido común social orgánico a la conformación de la sociedad civil correspondiente a la lógica de la dominación. Los resultados, se hacen visibles.

Information is Power

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Have you heard of a country without newspapers and information? A country where journalists are so careful with their words and publications that they stop fulfilling part of their social function? A country where there’s only one TV news bulletin which repeats the same news over and over, and when it reproduces the news from another medium it nearly always shows only the image, covering news text and offering their view of the issue and not anybody else’s?

Their mass media are clones, more focused on international problems than on their own issues; shortcomings are masked with appeals for increased effort and commitment with the social model. In the country I speak of, a person doesn’t know whether their neighbor is a serial killer or a pedophile because that kind of information is not published. Such crimes probably happen less than in other countries, but they do happen, and unless the police knocks on a door to investigate, there’s no telling who they share a building or a block with, or how many murders happen daily, or rapes, suicides, chases, corruption cases in the upper echelons, disagreements between the government and the population… but they do hear about unfortunate events involving mass killings, clashes between politicians or school shootings… in ‘the enemy’s’ country. They not told about themselves, but they are told how they’re expected to vote in a referendum.

The State owns all these media of mass communication, or should we say: of mass repetition.

Someone could say: ‘what do you mean there are no newspapers? I read them every day’, to which one could respond using the very information provided by the nationally distributed dailies on their front pages: ‘Official Medium of the Party (we will not say which one, to respect the country’s anonymity)’, ‘Newspaper of the Youth (careful, ‘youth’ here does not mean all youths)’, and so on…

They are all owned by a political institution or organization, so they will obviously not speak ill of it… as they themselves illustrate, they’re not newspapers.

You could think that television is more liberal, but it is also subordinated to whom it logically shouldn’t be; not to the Ministry of Culture or the Ministry of Communications. It’s not even independent; it is subordinated to the Party itself. In case it’s not been made clear, we’re speaking about a one-party country.

Yes, this is also a country under a harsh blockade by a world power, and I do not subtract any importance from that. It’s more an instance of historical cruelty by a Goliath against a David who grows stronger in the face of adversity. Decades ago, you could justify this way of making ‘journalism’ for the sake of avoiding its attacks, overcoming the lies or fighting ‘against media terrorism’, but it seems now the opposite is true.

Propaganda?

Yes, a lot of it, maybe even too much, for political purposes, for not letting history be forgotten, for staying vigilant against threats –none of that is any less real–, but it fills the programming and becomes as repetitive as it is boring. The Blockade and all that involves it –which is a lot– is one of the topics you will predictably find in any news item, whether as the cause or the key factor.

And what about the world? The world is doing badly. When we see in the news that a demonstration in a first-world country was repressed… could there be a reason or a possibility in this unspecified country to demonstrate against a government measure? That’s a question you never ask, and much less see it asked. There’s distortion of international dates, such as May Day. In that country, the propaganda not only invites, it almost orders you to go to the squares and ‘march’ to defend the social system, the Homeland and whatever political afterthought is in vogue, but never to demand a raise of wages, or better working conditions, as it happens in the rest of the world.

Access to the internet was an aspiration which seemed unattainable, partly because it would unsettle their information monopoly. Highly controlled at the beginning, and only available for privileged institutions, tourists and some intellectuals here or there… it now seems widespread in the population and, without mentioning the issue of the price –which not all can afford–, it is still an undervalued resource by those whose only concern is to communicate with family and friends, not finding out how the world is doing. Maybe that apathy was created by so much listening to the same rambling in those media for years.

It would be ideal to live in this news-bulletin world where problems are solved or don’t even exist, where no one is left helpless and the greater justification or concern –almost the only one– is the Blockade.

Do you want to know the country’s reality without embellishments or pretexts? Don’t read the newspapers. Go to the show of any renowned comic. And many ask themselves why young people don’t watch the news.

There are more than enough arguments to praise this country, and all the other good ones –which are numerous and very important. These repetitive pamphlets make good work of not letting anyone forget that. So, those of us who prefer independent media are the ones who explore what’s barely ever mentioned, but does exist in the daily lives of the population.

Maybe that’s why some important personality –one of those who appear on television– continues to repeat slogans that are decades old. Maybe because all he sees is the news. We should invite him to read in a website run by young people, which even has ‘young’ in its name along with the country’s, and I think he would learn a lot.

I apologize if I have misled you with these arguments. Maybe nobody knows what country I speak of. Maybe it doesn’t even exist and it’s the product of a riddle without an answer. Either way, can you imagine a country like that?

(Translated from the original)

Un pastor en las UMAP

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Foto: CCRD-C

El primer llamado del Servicio Militar Obligatorio (SMO), en 1965, estuvo acompañado del triste episodio de la creación de las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), concebidas como escuelas para reeducar a aquellos jóvenes que se negaban a tomar las armas, o eran considerados como lacras sociales (delincuentes, pre-delincuentes, religiosos, homosexuales, drogadictos, rockeros, etc). El segundo llamado ocurriría en junio de 1966. El tercero, por suerte, nunca se haría.

En trenes herméticamente cerrados y custodiados por guardias armados eran llevados para el norte de Camagüey donde pernoctaban en campamentos improvisados, totalmente incomunicados y protegidos por el secreto militar. En total hubo unos 25,000 alistados (35 batallones, de 3-4 compañías, con 120-150 hombres). Con el tiempo, la difusión paulatina de lo que allí ocurría provocó una fuerte repulsa interna y externa que se expresó de variadas formas y llevó a su cierre gradual, tras una existencia relativamente efímera, pero terrible.

Desde finales de 1966 una parte de los reclutas fueron desmovilizados; los últimos lo harían en junio de 1968. En total, duraron dos años y siete meses. El 1-9-2010 el Granma publicó la segunda parte de la entrevista de Fidel con Carmen Lira Saade, directora de La Jornada, donde al abordar la experiencia de las UMAP le confiesa: “fueron momentos de gran injusticia, ¡una gran injusticia! (…) Si alguien es responsable, soy yo”.

Aunque se han divulgado algunos testimonios de víctimas de las UMAP, aún es poco conocido que hubo reclutas que lucharon abiertamente desde dentro por reivindicar su honor pisoteado y el derecho inalienable a participar en la edificación de la nueva sociedad, sin tener que renunciar a sus valores y creencias personales. Ese es el caso del joven pastor bautista Raimundo García Franco[1] que nos presenta en toda su intensidad el libro testimonial Llanura de sombras. Diario de un pastor en las UMAP que el Departamento de Publicaciones del cardenense Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo?Cuba (CCRD-C) sacara a la luz a inicios de este 2019.

Lo más dramático del texto es que se trata de un diario y cada palabra que leemos fue escrita por entonces, en medio de los dolores, iras, dudas y temores de aquellos días. El lector podrá apreciar cómo, cuando parecía que el infierno se abría en la Tierra para aquellos creyentes, la fuerza de su fe y la aparición de personas justas y honestas entre aquella caterva de reclutas/presos y  combatientes/carceleros, daba fuerzas nuevas para sobrevivir y resistir las presiones más odiosas.

El diario se inicia en la noche del domingo 21 de noviembre de 1965, cuando el joven pastor se presenta el Departamento de Orden Público de Sagua de Tánamo a responder la citación del SMO y es llevado hacia aquel lugar de incertidumbre, sin que la familia conociera su paradero.

A partir de su relato de vida –donde los horrores del mundo físico provocan constantes dudas y meditaciones de índole teológica, social y política— desfilan ante nosotros los diferentes actores  de aquel circo humano. Los primeros son los hermanos de la iglesia bautista y de otras congregaciones evangélicas, unidos ante el rigor de los castigos. En particular se describen los choques entre el fundamentalismo de los Testigos de Jehová y el de los carceleros menos instruidos, y quizás por ello más soberbios.

A esto se agrega la creciente desesperación de las familias ante la falta de noticias y la resistencia callada y tenaz de padres, hermanos y novias/esposas ante el calvario de sus hombres jóvenes. Al paso, brotan también las evidencias del mundo aún más dramático y sórdido de los reclutas homosexuales y drogadictos, acosados hasta el paroxismo por guardias y otros reclusos, al punto siempre del resquebrajamiento psíquico.

En particular, abren nuevas perspectivas de análisis las observaciones sobre los distintos tipos de oficiales y guardias en las UMAP. Desde los más abusivos y extremistas, hasta los honestos y humanistas que luchaban por la justicia y la disciplina militar y salvan la imagen de las FAR aun en aquellos campos de trabajo forzado. A estos últimos se unen la poca gente del pueblo que se atrevió a comunicarse y ayudar, en la medida de sus posibilidades, a aquellos seres condenados. En el extremo opuesto, llama la atención la actitud apática por parte de la jerarquía de las iglesias que poco hicieron por presionar para que liberaran a los hermanos injustamente encarcelados.

El libro termina el  jueves 23 de noviembre de 1967 cuando, en medio de la mayor crisis existencial y tras más de una semana de escaparse de su unidad, el pastor escribe sus meditaciones finales. De ellas extraigo este fragmento que sigue vibrando hoy:

Ya las UMAP son monstruosas. Han durado demasiado. Aquello es algo kafkiano, enajenado y enajenante, que aplasta debido a sus absurdos. La única esperanza que existe allí es la de salir. No se puede permitir que en este siglo una revolución viva de espaldas al ser humano. No solo de pan vive el hombre, hay que cuidarlo en toda la extensión de su personalidad, para no sumirlo en la angustia, para no anonadarlo. Una revolución debe cuidar que surjan personas íntegras y no seres en los cuales se haya castrado la sensibilidad humana.

Un inédito testimonio gráfico acompaña al texto con fotocopias del diario, documentos y objetos de la época y fotos del autor, reclutas, oficiales, guardias y otras personas. Gracias al Rev. Raimundo, a su hija Ritica, actual directora del CCRD-C, por escribir, publicar y poner al alcance de los lectores de LJC este libro cardinal. Una visión desde dentro, honesta y comprometida, escrita para hacer reflexionar sobre el sentido, el valor, el contenido de la vida y los derechos de cada individuo. Un texto imprescindible para entender esta página tan olvidada y manipulada de la historia de la Revolución Cubana.

[1] Actualmente es Reverendo jubilado de la Iglesia Presbiteriana-Reformada. En 1992 creo el CCRD-C en Cárdenas. Ha ocupado cargos en el Consejo de iglesias de Cuba y el Fondo del Primado de la Iglesia Anglicana de Canadá. En Cuba y otros países ha promovido la reconciliación y la paz.

La gran responsabilidad de no hacer nada

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responsabilidad
Foto: Radio Habana Cuba

Debe haber algún lector a quien le parezca, no ya natural o correcta, sino al menos útil todavía, para el presente y el futuro del socialismo cubano, esa unanimidad desconcertante de nuestros legisladores a todos los niveles. Debe haberlo, aunque sea por costumbre, porque durante años se legitimó el mecanismo como esencial para la supervivencia del proyecto socialista por vía de una dictadura del proletariado férrea y vertical. Más allá de los épicos aciertos y los sonados errores, construir las bases de aquel nuevo país, donde la soberanía y la justicia social se materializaban en medio de una situación excepcional de agresión y guerra fría, dependía quizás acertadamente de una unidad extrema.

Hoy, sin embargo, pocas cosas le hacen tanto daño al carácter socialista de la Tercera República (insisto cordialmente en aunar las repúblicas representativas) como esa mentalidad remanente de la unanimidad a ultranza, de la reiteración del discurso excluyente de la burocracia y, en suma, del acatamiento. Hoy, cuando las bases de la justicia social son ya profundas en el pueblo y en las instituciones, la constante injerencia imperialista ha demostrado ser todo menos una situación excepcional. De este modo, el empeño de amaestrar la voz diversa y transgresora del pueblo con el discurso de plaza sitiada no solo es inútil a largo plazo, sino que corroe las bases mismas del socialismo nuevo con más eficiencia que cualquier bloqueo.

Para muchos es bastante claro que necesitamos ya una asamblea dinámica, que se parezca a los debates que hay en nuestras casas y en nuestros entornos de confianza. Pero pensemos, ¿será eso realmente lo que la mayoría quiere? O será tal vez que nuestro lector “unanimista” no es tan escaso después de todo… Al fin y al cabo, las asambleas que votan de forma unánime a cuanto se les pide no están ahí por fatalismo, sino que han sido votadas y ratificadas por nosotros.

Nos indigna que las leyes más polémicas se aprueben sin oposición, que los temas más calientes se eviten con frialdad, que la presión parlamentaria hacia el gobierno y los ministerios se limite a asentir en las rendiciones de cuenta. Pero de algún modo, cuando estamos nosotros mismos frente a una boleta, actuamos como si, en el mejor de los casos, no estuviéramos haciendo nada trascendental. No puede ser más falsa la impresión, porque en ese preciso momento ponemos sobre nuestros hombros la responsabilidad de todas y cada una de las veces en que esos diputados levantarán sus manos.

Bajo la dictadura del proletariado en la Revolución, el proceso electoral se consolidó a todos los niveles más como una reafirmación de apoyo al liderazgo revolucionario que como un proceso de reflexión y selección de parlamentarios. Así, tanto la nominación y la elección de delegados como la ratificación de candidatos a las diferentes asambleas se pareció más bien a un proceso de selección de revolucionarios destacados o trabajadores ejemplares. Ahí se escondió quizás la más peligrosa de todas las caras de la unanimidad, y a partir de ahí la responsabilidad ha sido solo nuestra. Cuando ratificamos con liviandad a un diputado del que no estamos seguros que es capaz de oponerse a lo que considere incorrecto o a lo que crea que sus electores no apoyarían, estamos votando por otros cinco años de unanimidad.

La unidad frente al enemigo sacrificando la pluralidad, que ha estado en la base de todo el período revolucionario gracias a un permanente estado de excepción, resulta hoy en gran medida una premisa falsa. A este punto de madurez soberana hemos ya comprendido que el enemigo estará siempre, y por tanto el único camino posible de realización nacional es el de asumir nuestra diversidad de pensamiento y convertirla en fortaleza dentro de estas circunstancias en las que siempre viviremos. Si es cierto que Cuba como país está sometida en mucho a un tratamiento injusto y absurdo, más absurdo es paralizarnos esperando a que ese tratamiento cambie un día para entonces levantar el estado de sitio.

Pero por sobre todas las cosas lo más importante ahora es saber, tener la consciencia, de que la decisión de tomar o no el camino de la pluralidad es nuestra, completamente nuestra, no del imperio, pero tampoco del gobierno; somos nosotros como pueblo quienes podemos cambiarlo todo. Y de hecho podemos comenzar muy rápidamente, bastará que tomemos en serio nuestro deber ciudadano no nominando más unanimistas en nuestra circunscripción o, en última instancia, no votándoles. De hacerlo, unas asambleas municipales con delegados que crean en la pluralidad se formaría así de simple.

En cuanto a la asamblea nacional, sencillamente decidamos a la hora de votar no ratificar a diputados que consideremos unanimistas, o mejor, que no estemos seguros de que no lo son. Es todo; la asamblea no podrá formarse si los diputados no son ratificados y obligaremos así a las comisiones de candidatura una y otra vez a proponer candidatos hasta que estos verdaderamente nos representen, hasta que sean eco de nuestras discusiones y de nuestros disensos. Cada vez que enfrentemos una boleta debemos votar exclusivamente por quien nos convenza, eso es todo.

Eventualmente, esa presión hará que los candidatos tengan, por ejemplo, que hacer públicas sus posturas en relación a los temas más controversiales, so pena de no ser conocidos y por tanto tampoco ratificados. Tendrán además que convencer a los votantes, comprometiéndose a defender esas posturas contra la presión de la unanimidad. No es necesariamente un futuro lejano, todo eso puede pasar bajo las reglas de hoy, solo con la simple acción ciudadana de no votar nunca a un candidato que no nos convenza, a uno del que no estemos seguros.

Comenzando por nosotros mismos, podemos ayudar a establecer la conciencia ciudadana de que es preferible votar en blanco a votar por un diputado que no estemos seguros de que tenga nuestras ideas. Que votar en blanco no significa votar por el imperio ni por sus mercenarios; al contrario, significa presionar a las comisiones de candidatura para que hagan un mejor trabajo de representación democrática. Frente a candidatos unanimistas o que sencillamente no conocemos bien, el voto en blanco es el arma más revolucionaria y efectiva que tenemos para garantizar en la Tercera República la nominación de una representación parlamentaria genuina, comprometida con sus electores.

El unanimismo del parlamento no debe seguir desconcertándonos, porque es un resultado natural de las condiciones de la historia reciente y, en última instancia, el efecto de nuestro voto. Las manos que se levantan sincronizadamente en el coro de la Asamblea son en cierto modo nuestras manos, son la consecuencia de esa complicidad activa a la que venimos llamando “no hacer nada”. Para salvar la república nueva de la continuidad del unanimismo, disfrazado de única estrategia posible en un contexto de excepción que ya no es tal, la primera tarea que se impone hoy es hacer algo tan sencillo y básico como pensar el voto.

Una conversación de Historia con Newton Briones Montoto

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Newton Briones Montoto integra una familia de combatientes contra las tiranías en Cuba. Su padre, de igual nombre, fue un activo miembro de la organización Joven Cuba, fundada por Antonio Guiteras en los años treinta del pasado siglo; también fue uno de los organizadores del atentado que ajustició a Carmelo González, el traidor que reveló a Fulgencio Batista los detalles del plan de Guiteras para salir de Cuba. Su hermano Antonio Briones Montoto murió en 1967, al intentar desembarcar en Venezuela como parte de una guerrilla antimperialista. Él mismo combatió en la clandestinidad contra Batista.

Newton se graduó de Historia en la Universidad de la Habana en 1975 y fue miembro del Ministerio del Interior cubano hasta 1989. Ha publicado numerosos libros y artículos con una mirada desacralizadora acerca de figuras y procesos de la historia nacional. Entre sus textos podemos mencionar: Aquella decisión callada (1998), Acción directa (1999), General regreso (2004), Esperanzas y desilusiones: Una historia de los años 30 (2008) y Una hija reivindica a su padre (2011).

LJC propuso esta conversación para que los lectores se acerquen a algunos aspectos de la historia de la República que es oportuno retomar.

(LJC) Newton, gracias por acceder a la entrevista. Si en algún espacio está usted en su casa es en este blog, que honra con su nombre a Guiteras y a personas como su padre. Compartimos con usted una predilección: las investigaciones sobre el período histórico cubano que transcurre entre 1925 y 1958. Consideramos que la República burguesa, como es denominada por algunos historiadores, ha sido muy maltratada por el discurso político revolucionario y, en consecuencia, por una importante zona de la historiografía generada después del triunfo de la Revolución. ¿Qué opina al respecto?

(NBM) —Hay que diferenciar dos grandes períodos: el que va desde 1902 hasta 1925, y el de 1925 en adelante. Es necesario entenderlos los dos para saber dónde nos movemos, dónde acertamos y dónde nos equivocamos. Aunque nuestros defectos debemos buscarlos en nuestra cultura. Sinónimo para mí de aprendizaje.

El defecto que le veo al primero de esos períodos, es no haber consolidado lo que entendieron como lo justo y necesario para el país. Para no volver a repetir una metrópoli como la española con sus capitanes generales. Y para ser más preciso podría usar el metro utilizado por Jorge Mañach para evaluar lo próximo: “adelantar la colonia en una república que se bastara a sí misma”. Servir o servirse, es la síntesis de lo que debe ocupar a los hombres interesados en Cuba: “con todos y para el bien de todos”. Nuestras instituciones deben ser más fuertes que los hombres, porque los mortales sucumben a las debilidades del poder. Entre ellos la corrupción y el amiguismo, por citar algunos ejemplos, aunque la lista puede ser extensa. Si servir no está asistido por leyes que los obliguen a hacerlo, entonces volverán a servirse. Si no se parte de esa base todo lo demás puede sucumbir por las debilidades de los hombres. Por eso existieron Machado y Batista. También José Martí lo dejó dicho. Quería una Cuba: “Con todos y para el bien de todos”, no excluía a los que pensaban diferente. Y reiteró su opinión al escribir sobre la Constitución de los EEUU: “una constitución (…) no puede construirse con elementos ideológicos”. Se refería a las dos opiniones existentes en su momento, la esclavitud, unos a favor y otros en contra. Por eso dura esta Constitución: porque, inspirada en las doctrinas esenciales de la naturaleza humana, se ajustó a las condiciones especiales de existencia del país a que había de acomodarse, y surgió de ellas. Y si os preguntan por un buen texto de Derecho Constitucional, señalad la obra nueva de Bancroft. New York, Mayo 23 de 1882.

(LJC) La imagen absolutamente negativa sobre el presidente Ramón Grau ha sido muy reproducida por la historiografía revolucionaria, aunque un libro como El gobierno de la Kubanidad, de Humberto Vázquez García, del 2005 viene a matizar estos aspectos profundizando en los análisis sobre el mismo. También los estudios de Fernando Martínez Heredia, que le reconocen a Grau, amén de que no era un revolucionario, haber sido radicalmente antiplattista, defender con dignidad a su país frente al imperialismo y resistir todas las coyunturas difíciles hasta el final en el Gobierno de los Cien Días, sin renunciar. ¿Cuál es su posición en este asunto?

(NBM) —Faltó por mencionar a Raúl Roa y su opinión sobre Grau, que no es menos importante. Roa dio su opinión sobre el gobierno de Grau y con posterioridad la modificó. En una frase muy sintética explicó su parecer: “la revolución del 30 se fue a bolina”. Pero en esa frase lapidaria, tan conocida y repetida como la marca de un producto famoso, no se explica la desventura del supuesto papalote que fuera esa revolución. Por los términos utilizados no puede saberse a qué se debió su mala suerte. Si perdió el rabo mientras se elevaba a favor del viento. O el hilo que lo sujetaba mientras ascendía estaba podrido y se partió. O si otro cometa, armado con cuchillas en su cola, cortó la cuerda y ello provocó “irse a bolina” y perderse en el cielo de la República.

Sin embargo, lo peor del comentario de Roa es que encasilla el hecho y tal parece haber sido un fracaso total. El logo es para mal y no para bien, y no todo está dicho aún. El propio Roa modificó después del año 59 sus criterios sobre aquella revolución.

(…) Hay ya suficiente lejanía para juzgar, serenamente, el gobierno presidido por Grau San Martín desde el 10 de septiembre de 1933 hasta el 15 de enero del año siguiente. Los testimonios desaforados de sus enemigos suministran una imagen estigmática de esa enmarañada, fluctuante, convulsa y aleccionadora experiencia. El sectarismo que los tiñe y la violencia de la brega deforman el contorno y desnaturalizan el dintorno de los hechos. Mi artículo «Mongonato, Efebocracia, Mangoneo», imbuido de la concepción extremista entonces en boga en la izquierda revolucionaria, es prueba fehaciente de ello. No es que yo vaya ahora a arrepentirme de haberlo escrito. No es eso. Sigo creyéndolo justo a la luz de una óptica genuinamente revolucionaria. Pero lo considero injusto en cuanto falsifica el carácter del gobierno de Grau San Martín, mide por un mismo rasero a los intereses y grupos que lo sustentan y a los que se le oponen, no discierne el alcance popular de sus medidas, sólo ve la incapacidad, la petulancia, la flaqueza y la arrebatiña que lo mina, ignora la gallarda y trascendental postura de la delegación cubana en la Conferencia Panamericana de Montevideo, pasa por alto la ingente labor revolucionaria de Antonio Guiteras y del núcleo decidido que lo sigue y subestima el rol jacobino de las capas más avanzadas de la pequeña burguesía en los pueblos política y económicamente enfeudados a la dominación extranjera.

Con posterioridad Roa expresa, en su libro, “La revolución del 30 se fue a bolina”-, publicado por el Instituto del Libro en 1969:

El gobierno de Grau San Martín no fue, ni podía ser, por su estructura, composición y objetivos un gobierno revolucionario. Ni siquiera consigue expresar la relación de poder, la unidad de fines y la coherencia de métodos que dimanan de su propio carácter nacional-reformista. La verdad monda y lironda es, sin embargo, que ha sido hasta hoy el único gobierno cubano que intentó remover la estructura colonial de la República. Múltiples circunstancias, intrínsecas y extrínsecas, le impiden llevar a cabo la épica empresa. Su propia debilidad, ante todo. Y, después, lo demás. No se le dio un minuto de respiro. Vivió en acoso perpetuo. Fue combatido a sangre y fuego por la embajada norteamericana, los oficiales depuestos, el ABC, la vieja política, el alto comercio español, las corporaciones económicas, las empresas extranjeras, los monopolios de servicio público, el Partido Comunista, la Confederación Nacional Obrera de Cuba, el estudiantado de izquierda y la casi totalidad de la prensa. No tuvo más defensa militante que las aguerridas huestes del Directorio Estudiantil Universitario, ni más pregón que sus propias obras, insidiosamente desfiguradas por la reacción, el imperialismo y la izquierda marxista, en absurda coincidencia. Le faltó el apoyo activo del ejército. No supo incorporarlo políticamente a la lucha contra la restauración y la injerencia.

Falta por decir algo más. En el año 2010 se publicó en Cuba, por la editorial de Ciencias Sociales el libro “Estado y Revolución”. Su autor es un ciudadano canadiense, interesado en las cuestiones de Cuba. Vino a estudiar esa época y se entrevistó con todos los conocedores del periodo, incluyéndome a mí. Revisó archivos en el Instituto de Historia de Cuba. Sus conclusiones son muy elocuentes, aunque a él es al que menos le correspondía hacerlo. Su criterio es que no todo del periodo de 1933 se perdió, según hace creer la sentencia de Raúl Roa. Batista no pudo echar abajo las leyes del gobierno de Ramón Grau San Martín. Utilizó las opiniones de Mendieta, el ABC y otros importantes funcionarios de aquel gobierno de Batista sobre las leyes durante el gobierno de Grau. Lo que hizo aquel gobierno en 127 días resultó tan bueno que los enemigos no lo pudieron amputar.

(LJC) A usted le debemos el libro testimonial Una hija reivindica a su padre. Entrevista a Rita Vilar, en el que se esclarecen las razones que motivaron la expulsión de las filas comunistas de un hombre de la trayectoria de César Vilar; sin embargo, una interrogante me quedó tras su lectura: si las discrepancias se debieron a puntos de vista contrarios sobre el apoyo a los moncadistas, habida la intención del Partido de desmarcarse de cualquier relación con el asalto al Cuartel Moncada, lo cual puede ser perfectamente comprensible en momentos en que su estrategia era más bien reformista, ¿por qué cuando la actitud del Partido hacia la lucha armada y el papel del M-26-7 cambió, aun así se mantuvo el distanciamiento hacia César, que murió en 1973 sin haber sido rehabilitado? La duda se relaciona con un acta que existe en el Instituto de Historia de Cuba que recoge algunas de las discusiones sobre el tema de la expulsión y donde los principales argumentos no eran estratégicos o ideológicos, sino relacionados con acusaciones de corrupción y mal uso de los fondos del Partido de César hacia algunos altos dirigentes nacionales de esa organización. Nos gustaría mucho conocer su criterio.

(NBM) —Conocí a Rita Vilar, la hija de César, en casa de Papito Serguera. Ella comenzó a comentarme la historia de su familia y en específico la de su padre. “El hombre que veló solo el cadáver de Jesús Menéndez y que lo trajo hasta La Habana desde Manzanillo, hablando en cada paradero al pueblo que esperaba el paso de su líder asesinado, fue mi padre”, me dijo. Lo que decía me sorprendió por lo novedoso y tenebroso del hecho. Le dije: ¿por qué no lo escribes? Me respondió: “no me siento capaz”. “Dáselo a un periodista”, insistí. “No quieren meterse en el asunto”. Entonces propuse: “Si quieres, yo te lo grabo y después armamos un libro”. Así comenzó la redacción de Una hija Reivindica a su padre.

Evocar acontecimientos históricos es un deleite, y más sino son muy lejanos en el tiempo. Se disfruta como una tragedia griega en versión de época moderna. Y también como una enseñanza para la lucha. Los revolucionarios podrán aprender lo que se debe hacer y lo que no. Tomar en cuenta la advertencia de Martí: “en política lo real no se ve”. Es una clase de historia contemporánea y una lección para no olvidar. Aunque es necesario entender el todo para juzgar las partes y eso es lo que me propongo.

Los hechos, sucedidos de manera inesperada y casi inevitable, tuvieron consecuencias imposibles de precisar de antemano. La fecha del comienzo de esta historia puede situarse en varios tiempos. Escogeremos uno para ubicar al lector, podemos tomar el 10 de marzo de 1952 como el inicio, cuando Batista da el golpe de estado. A este hecho se le fueron uniendo factores, antes y durante el momento, en apariencia inconexos entre sí. Creando una historia que con el tiempo se convertiría en una perfecta tormenta política y sus vientos huracanados llegarían hasta nuestros días. El PSP quiso aprovechar el golpe de estado para conectar de nuevo su relación con Batista. Relación comenzada en septiembre de 1938. En aquella fecha obtuvieron beneficios políticos al unirse a Batista en las elecciones para delegados a la Asamblea Constituyente. Comicios en los que Batista y sus aliados lograron pequeños resultados y obtuvieron 35 delegados de los 76 a elegir. Ante esa inferioridad, y con vista a las elecciones presidenciales de 1940, Batista debió seguir buscando alianzas. A cambio de apoyarlo, el PSP obtuvo la legalización del Partido y el derecho a reorganizar el movimiento sindical bajo su control, un periódico y dos ministros en el gobierno. Evaluar el acontecimiento no resulta fácil. Tiene, como todo, pros y contra, y requiere otros análisis posteriores.

Ahora, en 1952, vieron una segunda oportunidad de obtener ventajas. El recado estaba en camino y esperaban la respuesta. Sin embargo, el asalto al cuartel Moncada se interpuso al propósito. Los dirigentes del PSP celebrarían el cumpleaños de Blas Roca, 24 de julio, en Santiago de Cuba. Los dos eventos, el cumpleaños y el asalto al Moncada, no estaban conectados. No obstante, la dictadura los vio, en sus inicios, como una acción mancomunada. Entonces arrestaron a algunos comunistas y el Partido debió salir a defenderlos para demostrar que no tenían nada que ver con el hecho. De lo contrario, la alianza que buscaban con el régimen se afectaría. Fueron arrestados en Santa Clara, cuando regresaban de la reunión que se había realizado en la capital oriental, los dirigentes de base José A. Cabrera, Antonio Pérez Mujica y Bernardo Hernández, quienes fueron llevados al cuartel y remitidos a Santiago. En su tránsito por Camagüey serían ametrallados por un soldado y luego presentados a juicio como heridos en el Moncada. También arrestaron a Lázaro Peña y Joaquín Ordoqui. Un nuevo dilema: obtener el apoyo de Batista o defender a los revolucionarios, uno casi invalidaba al otro, ¿por cuál decidir?

Las declaraciones durante el juicio del Moncada no dejaban dudas por quien se inclinaron. Los datos los reprodujo Theodoro Draperen uno de sus libros: «Repudiamos los métodos putchistas propios de las facciones políticas burguesas, empleados en la acción de Santiago de Cuba y de Bayamo, que fue un intento aventurero para apoderarse de ambos cuarteles generales del ejército. El heroísmo desplegado por los participantes en la acción es falso y estéril y está guiado por concepciones burguesas y erróneas». La pasión les impidió ver la tragedia, y por eso decidieron mal. Los lectores podrán sacar sus propias conclusiones.

Entre los escollos a resolver, debían solucionar qué hacer para ser aceptados por los EEUU. Después del golpe, los dirigentes del PSP habían establecido contacto con Raúl Lorenzo Ruiz[i], ministro de comercio del nuevo gobierno. Él redactó la proclama del 10 de marzo: “Proclama al pueblo de Cuba”. Según Lorenzo, se la sugirió a Batista porque “consideraba que era necesario un documento político programático que justificara el golpe”. No era un desconocido, en 1937 había militado en las huestes juveniles comunistas. Mantenía relaciones con los dirigentes del PSP y ellos le habían dado la encomienda de sondear a Batista para ser aceptados. Aunque Batista estaba subordinado a los designios del Departamento de Estado y en ese momento debía obtener la anuencia por el golpe de estado, la respuesta de Raúl Lorenzo llegó: “los americanos los tienen vetados y no puedo hacer nada”.

Para no dejar dudas sobre la posición de Batista hacia los comunistas, el 28 de marzo declaró a la revista Visión, que circulaba en todos los países de habla hispana del continente, que no tendría tregua con los comunistas, que “los vigilará estrechamente y que, si lo obligan a ello, tomará medidas drásticas contra los mismos”.

A la cuesta empinada se sumó otro problema, como para hacer más difícil el ascenso. Terminado el juicio del Moncada y absueltos los comunistas, se reunió el Comité Ejecutivo del Partido para juzgar los hechos del 26 de julio. La reunión se celebró clandestinamente en La Habana, a mediados de noviembre de 1953. Blas hizo un informe sobre los hechos y también Aníbal Escalante. Ambos fueron críticos del asalto.

Concluido el turno de Escalante, se levantó César Vilar para manifestar su desacuerdo a la decisión de la dirección del PSP en el momento del juicio del Moncada. Este había sido constituyentista en 1940 por el Partido, y después sería Representante a la Cámara y Senador de la República. Era miembro de la Mesa Ejecutiva del PCC, y de su organismo más estrecho: la Comisión de Control. Vilar calificó la posición asumida por el PSP como un error oportunista de derecha. Oportunista porque negociaron su libertad, y de derecha porque favorecía a los elementos reaccionarios del ejército.

En el propio informe hecho por César sobre lo ocurrido en esa reunión, explica que los abogados les dieron instrucciones previas a los miembros del Partido, aconsejándoles que se mantuvieran serenos, y que si no les preguntaban en cuanto a las heridas que no hicieran referencia a ellas. Algo criticado por uno de los encartados, José Llosa, inconforme con semejante orientación. César llama la atención, incluso, acerca de que es Melba Hernández quien hace la denuncia en el transcurso del juicio, refiere también elementos sobre cierto distanciamiento que se produjo en las galeras entre los comunistas y los moncadistas a consecuencia de esa actitud, finalmente denunciada y expuesta con precisión por el asaltante Ernesto Tizol, tras lo cual los agredidos fueron llamados a declarar de nuevo. Interrogados al respecto de la declaración de Tizol, la ratificaron. En su opinión, lo correcto habría sido que, cuando los comunistas expusieron la línea del PSP en el juicio —contraria en ese momento a la acción armada— no hablaran del putsch en abstracto, sino que responsabilizaran claramente al gobierno de Batista, y que los crímenes cometidos en el asalto al cuartel Moncada no eran responsabilidad de los cubanos valientes que participaron en el mismo, pero equivocados, sino del gobierno producto de un golpe militar, con una proyección pro imperialista antipopular, que creaba las condiciones para ese tipo de acto desesperado.[ii]

Ocho meses después, en julio del 54, el Comité Nacional citó a César Vilar para una reunión. Esta comenzó doce horas después de llegar al lugar de referencia. Tampoco le dieron a conocer la orden del día y su desconocimiento lo obligaba a una improvisación. Pidió aplazar la reunión para prepararse en asuntos tan delicados e importantes. Fue rechazada su propuesta y siguió adelante como si nada hubiera pasado. Lo acusaron de estar en contacto con el enemigo. Es decir, se le acusó de ser un traidor al Partido. “He sido militante del Partido Comunista durante 26 años. A lo largo de los mismos he ocupado altas posiciones en él, en el movimiento sindical y en el parlamento de la Nación, representando al Partido. Hasta estos momentos se había considerado mi vida como un ejemplo de honradez, sacrificio y dedicación a la causa del proletariado. He sido, soy, y seré comunista. Mi expulsión está determinada por un desacuerdo político-ideológico con la dirección del Partido. Desacuerdo que tiene por base la actitud que tuvo el Partido Socialista Popular en el desenvolvimiento del juicio por los acontecimientos del Cuartel Moncada”.

César Vilar no era la única voz discordante, otros pensaban igual, aunque no lo expresaron en aquel momento. Este es el testimonio que sobre el tema brindara Edith García Buchaca, también dirigente del PSP:

Aún recuerdo cuando nos encontramos al dejarle en libertad provisional. [César] Vino exaltado y me dijo: «Idy, el Partido está equivocado, estos muchachos saben lo que quieren y han demostrado una gran calidad. Lázaro Peña y yo estamos en desacuerdo con la actuación de nuestros abogados del Partido. Ellos sólo buscan que se confirme que el Partido fue ajeno al asalto y sacarnos absueltos. Pero actuar de ese modo le resta autoridad y prestigio al Partido. Ante la valentía de esos muchachos, nuestra actitud aparecerá mezquina. Batista ha cometido un crimen monstruoso y ha asesinado a decenas de jóvenes y nuestra actitud en el juicio debe dirigirse a condenar ese crimen, no a defendernos»”[iii].

Sobre la pregunta de Joven Cuba relacionada con acusaciones de corrupción y mal uso de los fondos del Partido. En octubre de 1951 se llevó a cabo una reunión para analizar el trabajo de César Vilar como secretario del PSP, durante once años, en la provincia de Oriente. La intervención de Blas en aquella asamblea fue publicada en la revista Fundamentos.[iv] No hubo la menor insinuación sobre malos manejos de fondo en el Comité Provincial de Oriente. Aquella reunión no es la que provocó después la insinuación, son otras las causas. Mostrar la separación como resultado de su opinión de lo sucedido en el Moncada, visto desde el ángulo político deja poca ganancia para la organización. Que debe pelear en ese mismo plano por conseguir votos en futuras elecciones.

(LJC) Gracias Newton por dedicarnos este tiempo.

[i] Al constituir el Gobierno de facto, el General Batista creó el Consejo Consultivo (10 de marzo 1952), integrado por 82 representativos de todos los sectores del país. Raúl Lorenzo fue designado, gracias a su estrecha vinculación con Miguel Suárez Fernández, y con posterioridad, al solicitar este licencia como Ministro sin Cartera del propio Gobierno,  en 1953, se le nombró en su sustitución, pasando meses más tarde a Ministro de Comercio. (Lorenzo se marchó de Cuba en 1959. Después regresó y tuve la oportunidad de entrevistarlo conjuntamente con José Luis Padrón, el 23 de septiembre de 1998, en La Habana).

[ii]Angelina Rojas Blaquier: Primer Partido Comunista, t. 3. Editorial Oriente. Santiago de Cuba. 2010, pp. 62-63.

[iii]Miguel Barroso: Un asunto sensible, Edit. Mondadori, Barcelona, 2009,pp.  334-346.

[iv]Fundamentos, no. 105,julio 16 de 1954, pp. 1 y 115.