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La pasividad y el silencio

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Foto: Cortesía del autor

El sábado 24 de noviembre, en la noche, en el Parque “De Céspedes”, en Manzanillo, celebraban el aniversario 87 de la primera transmisión radial en esta ciudad con –lo que llaman— una gala “político-cultural”. En un contexto matizado por ofertas gastronómicas, música y actividades para niños, se encontraba en el parque medio centenar de realizadores de radio, periodistas, escritores y músicos, junto al Primer Secretario del PCC, el Presidente del Gobierno, los directivos del ICRT en el municipio y la provincia, y unos cuantos funcionarios más. Ante todos ellos, la Bandera de la Estrella Solitaria. Una Enseña Nacional de grandes proporciones colgada de una terraza de forma horizontal, con el triángulo rojo al revés –o sea, a la derecha del observador—, en franca violación de la Ley de Símbolos Nacionales aprobada no hace un año.

Al parecer, nadie se fijó en el disparate. Nadie, excepto un par de escritores de otra ciudad que, apurados, se dirigían hacia una actividad de la AHS. Preguntaron quién o quiénes habían colgado la bandera de ese modo, pero los trabajadores de gastronomía que, justo debajo de ella, vendían comidas y bebidas, no lo sabían. Tampoco los escritores sabían que tenían a solo unos metros a los máximos responsables del acatamiento y cumplimiento de las leyes en Manzanillo. Probablemente ni siquiera los conocieran.  Los escritores tiraron una foto, me la enviaron, y este servidor la publicó con una nota en su muro de Facebook y en el grupo AMIGOS DE CUBADEBATE.

No voy a entrar a cuestionar como no se fijaron en el dislate tantas personas supuestamente comprometidas con el respeto a los símbolos nacionales. No podría, aunque quisiera, volver a escribir un Ensayo sobre la ceguera –no soy Saramago—. Lo que trataré es de analizar la lógica de aquellos que, en el grupo de Facebook AMIGOS DE CUBADEBATE, se mostraron más indignados por la publicación del hecho, que por el hecho en sí mismo. Réplicas como: “En vez de tirar la foto debieron acercarse al oído de uno de los dirigentes, y decirle”; “Es muy fácil criticar”; “Ojalá haya sido buena la intención de quien tiró la foto”; “Creo que no se debió de publicar, que no se debió polemizar”.

No es nueva la tendencia en una parte de la sociedad cubana a culpar a Hermes de la gravedad del mensaje que porta, o de no entregar ese mensaje a “quienes corresponda”. Tal lógica de autonegación social, ha sustentado el secretismo; el precepto de que “los trapos sucios se lavan en casa”; de que “el pueblo” –en abstracto—, es el culpable de las indisciplinas y no quienes organizan determinadas acciones; o de que las críticas o denuncias en plataformas comunicacionales no resuelven ningún problema, y solo les sirven a los enemigos.

Si es relativamente nueva la posibilidad de observar analíticamente la dinámica de un grupo de las redes sociales, y cómo reacciona un segmento ante una realidad distinta al modelo que nos propusimos; lo primero que salta a la vista es que, en un grupo llamado precisamente AMIGOS DE CUBA-DEBATE, con más de 5 mil miembros, no lleguen ni a medio centenar los que interactúen con el post. Tiene al menos cuatro lecturas: a la mayoría ni les va ni les viene que se viole la Ley de los Símbolos Nacionales. Les preocupa que se viole la ley, pero entienden que no es para hacerlo público ni hay necesidad de debatir sobre ello. Entienden que peor que violar una ley, es denunciar su violación. Asumen que quien denuncia le hace el juego al enemigo y, por lo tanto, no hay que hacerle caso.

De los que sí interactuaron, solo el 8 por ciento argumentó en uno o varios comentarios en contra del hecho en sí mismo, y a favor de la publicación. El 16 por ciento, o sea, el doble, se preocupó más por la publicación que por el hecho en concreto. Una revisión de los perfiles de estos últimos, indica que el 100 por ciento de los que defendieron no publicarlo, son o fueron funcionarios públicos o dirigentes.

Entiendo que la muestra es pequeña para intentar establecer siquiera conclusiones exploratorias.  Queda en el misterio lo que estarían pensando el resto de los miles que prefirieron la pasividad y el silencio. Esto es lo verdaderamente preocupante.

Demás estaría acotar que los medios locales no hicieron la más mínima alusión a la bandera colgada al revés, aun cuando casi todos los periodistas de la ciudad estuvieran en el parque manzanillero. Sin embargo, en algunos de sus perfiles, han comenzado a aparecer hermosas fotos de nuestra bandera, izada al viento, con el cielo turquí de fondo, orgullosa e irredenta. Por supuesto, a todas esas fotos, les he dado “Me encanta” aunque entienda que, en absoluto, resuelven el problema de una ceguera que, tal pareciera, ni Saramago alcanzaría a comprender.

Las luchas por las reivindicaciones

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lucha

Recientemente circuló por las redes sociales una foto de Mon Laferte en la alfombra roja de los Latin Grammy en un gesto de lucha. La artista y cantante, denunció la violencia en escalada que viene aconteciendo en su país, desde hace varias semanas. También lo hicieron Álex Anwandter, cantante chileno, quien posó con una pancarta ante las cámaras. Dos deportistas de distintas disciplinas, de igual nacionalidad, aprovecharon el podio al recibir las medallas para patentar el mismo reclamo: Cubrieron sus ojos para la foto oficial, pidiendo justicia por las personas que los han perdido a causa de las balas y los gases lacrimógenos. Similar gesto se repite en las fotos de diversos artistas, que han utilizado sus cuentas personales para difundir una verdad a voces que los medios manipulan.
“Nos matan, violan y torturan” fueron las palabras escritas por la cantante; las mismas que se observan en la bandera que levantaron los deportistas y en la pancarta de Alex. Sin embargo poco se conocen del resto de las imágenes de las que les hablo. La foto de Mon Laferte acaparó los titulares y ninguno ?hacía? énfasis en las palabras más fuertes que gritó la artista sin abrir la boca: matan, torturan, violan.
No fue casual la elección del lugar «El plan era precisamente hacer una denuncia pública en un lugar donde podía llamar muchísimo la atención», confiesa a Europa Press. No solo los medios movieron el foco de atención. Laferte recibió todo tipo de reacciones es sus redes. Su protesta cosechó expresiones de orgullo, admiración y otras tantas de rechazo. Lo cierto es que la doble moral alrededor de las denuncias de la cantante generó muchas interrogantes en las cuales pensar.
¿Qué enoja de las demandas de Mon Laferte, sus pechos o las violaciones de los derechos humanos en Chile?
Sin proponérselo la cantante puso sobre su cuerpo muchas verdades, que traspasaron las palabras usadas. El cuerpo de la mujer como merchandising no ofende, las transparencias en los vestidos con poses “sensuales” no interpelan a nadie. Pero sobre el cuerpo de una mujer, que no es usado como objeto de deseo, muchos se opina.
El largo del vestido o la decisión de ser madre aún están en disputa. Chile no tiene ley aborto legal, gratuito y mucho menos seguro. El pañuelo en su cuello es también uno de los reclamos de las mujeres chilenas que hoy se encuentran en las calles. Un pañuelo alzado por todas las que han muerto a causa de abortos clandestinos o cumplido condena por no querer ser madres. ¿No constituye esto una violación de derechos?
El cuerpo de la mujer ha sido territorio de disputa históricamente. No solo cuando señalamos los cánones que apuntan a moldearlo; sino también en su forma más burda y grotesca. Violentar el cuerpo de las mujeres de los soldados en antiguas guerras, constituía una forma de demostrar poderío, intervención, dominio.
Al decir de Rita Segato, el cuerpo de la mujer es el bastidor o soporte en que se? escribe la derrota moral del enemigo?.
Por otro lado, cosificar a un contrario es la única forma subjetiva de perder contacto con la condición humana que evita la violencia. El lenguaje en su papel de mediador deshumaniza y el violentado se vuelve objeto amenazador, de una verdad que se cree con derecho a salvaguardar.
En las disputas de la actualidad, la desnudez forzada, las laceraciones y las violaciones a las mujeres poseen una intencionalidad, que va más allá del conflicto político. Las mujeres poseen la carga doblemente significativa ante la violencia en un conflicto y su cuerpo constituye otra «verdad», que se siente amenazada ante la disputa política.
Mon Laferte, mostró su torso desnudo como analogía de varios territorios en disputa. Su cuerpo chileno, de mujer, sin más adorno que un pañuelo verde y las palabras que sangran tanto Chile como las mujeres chilenas violadas.

El hombre real del socialismo nuevo

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hombre

Cada vez parece más claro que el progreso social, político y económico de Cuba no solo paga un alto precio por el libre ejercicio de la soberanía nacional, sino que permanece además peligrosamente atrapado en una narrativa desconectada de la realidad por un lado, y de la teoría por otro.

El discurso oficial del Partido, asumido inobjetablemente por el gobierno, supone fidelidad a una teoría política que todavía describe la sociedad en términos de masa y vanguardia, contrastando a nivel de barrio con una praxis más bien pro-capitalista, en la que los mecanismos de libre mercado se unen al deterioro material y espiritual de las garantías sociales. Siendo así que la narrativa de la calle, ajena a la toma de decisiones, es casi exclusivamente de simple supervivencia.

Se levanta una república sobre la orgullosa herencia de la Revolución que colocó a los trabajadores y no al capital en el centro del sistema, formando varias generaciones de cubanos en la suprema importancia de la educación liberadora y la justicia social. Pero esa herencia nos llega junto a una vieja narrativa en muchos puntos inaceptable, resultado de la asimilación de un modelo de socialismo que de tan rígido pareciera preferir, antes que reformarse a sí mismo, la emergencia de un capitalismo falto de libertades que sostenga el statu quo.

Nuestra Revolución socialista vivió la mitad de su existencia bajo el período especial, bloqueada por un imperio, y debió comprensiblemente aferrarse a su propia narrativa para conquistar primero y preservar después la obra social. Ahora esa misma narrativa entorpece los esfuerzos por construir el nuevo país que debe, bajo el mismo bloqueo porque no hay otra opción, salvar su legado para desarrollarlo en una república a tono con las ideas de este tiempo. Es por eso que precisamos urgentemente de una narrativa también nueva, esperanzadora y creíble, que legitime la soberanía superando los excesos y las intolerancias y libere las fuerzas democráticas participativas de la sociedad socialista.

Dos materiales particularmente representativos de la narrativa revolucionaria contienen en cierto modo la esencia temprana de lo que es hoy la ortodoxia partidista. Estos son el discurso conocido como Palabras a los intelectuales, de Fidel, y la carta-ensayo El socialismo y el hombre en Cuba, del Che. El primero, un ejemplo magistral de trabajo político-ideológico, compele a los intelectuales y artistas, frente a la grandeza inédita de las tareas que proyecta la Revolución, a no posicionarse en contra del proceso a través de sus obras y reflexiones. El segundo, mucho más estructurado, discute varios aspectos clave como el rol del Partido a la vanguardia de la sociedad, el funcionamiento de la dictadura del proletariado, y los dos pilares teóricos de la construcción del socialismo cubano. Estos últimos, a saber: el desarrollo de la técnica y la formación del hombre nuevo.
Para los cubanos, la idea del hombre nuevo ha sido uno de los más fuertes sustentos conceptuales del socialismo real, asimilada y extendida a todos los niveles. Más que en la sociedad comunista ideal, la narrativa socialista revolucionaria se apoyó en los valores de esta figura paradigmática. Una persona en permanente estado de gracia cívica, esclarecida de dudas ideológicas y con una inmensa capacidad de sacrificio para hacer del heroísmo, cotidianidad. El hombre nuevo nacería poco a poco de nuestra sociedad que, según la teoría, podía dividirse en dos grupos: la vanguardia y la masa.

En esta concepción original el Partido y sus dirigentes cumplen el papel de la vanguardia, tomando las decisiones más importantes sin esperar ninguna retribución material y a la vez cargando con los mayores sacrificios. La esencia de la división la explica claramente el Che:
“El grupo de vanguardia es ideológicamente más avanzado que la masa; esta conoce los valores nuevos, pero insuficientemente. Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que les permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos solo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad; es la dictadura del proletariado ejerciéndose no solo sobre la clase derrotada, sino también individualmente, sobre la clase vencedora».
No vamos aquí sobre lo acertado de esa argumentación en su contexto, como tampoco sobre una enumeración de los aspectos que son evidentemente incompatibles con el contexto actual. Bástenos únicamente entender que no solo el sustento teórico, sino el poder movilizador de esa narrativa, incluso para el pensamiento de izquierda, no existen más. Hasta la caída del campo socialista esa línea de pensamiento se fortaleció desde el dominio absoluto del espacio ideológico cubano, dando forma a unas relaciones de poder que subsisten en la actualidad. El progreso de nuestro socialismo ahora pasa ineludiblemente por cambiar la narrativa y, consecuentemente, esas relaciones de poder.
Si durante los últimos 30 años el discurso de masa y vanguardia en marcha hacia el hombre nuevo ayudó a mantener la unión alrededor de la soberanía, la independencia y las conquistas sociales, su efecto ha comenzado a ser nocivo para la supervivencia del socialismo; y es natural que así sea. La idea de una doctrina bien definida que lo explica todo para todos los tiempos no se sostiene más allá del círculo autosuficiente de las religiones. Vivimos en un mundo para el que, fuera de un par de obvias regularidades, no existe una teoría probada, mucho menos a nivel de los detalles. Por mucho que reinterpretemos el anticapitalismo de Marx y nos sirvamos de sus sólidas herramientas de análisis, siempre será una imprudencia asumir que puede abarcar la complejidad de la Internet, el reto de la inteligencia artificial o incluso la psicología del consumismo, por decir lo más obvio.
En estas circunstancias la pregunta es, qué tipo de principio y qué narrativa deberá defender entonces nuestro socialismo.
Primero, la nueva narrativa tendrá que estar en armonía con un mundo real que no tiene más masa y vanguardia, en el que la diversidad de criterios, dentro y fuera de las corrientes de izquierda, es quizás más abundante y dinámica que nunca. De esa tormenta de ideas, y no de una doctrina detallada preestablecida, deberá nutrirse constantemente la praxis de un estado socialista de derecho como regla de oro. Esto implica, entre otras cosas, que el Partido deberá dejar de ser una fuerza dirigente por encima del gobierno electo. La Tercera República deberá enmendar la constitución a tal efecto y adoptar así lo que sería una narrativa de la participación.
En segundo lugar, ya sin la dirección del Partido cuya membresía aportaría a la toma de decisiones en la misma medida que cualquier ciudadano, se tendrá que garantizar el respeto de ciertos principios fundamentales que anclen las discusiones a la premisa de una república socialista con todos y para el bien de todos. Esas premisas serán el eje del socialismo nuevo y estarían blindadas en una constitución consensuada por todos los cubanos. La soberanía e independencia nacional, la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción, las garantías de justicia social, igualdad y respeto a los derechos humanos serán el eje sobre el que se desarrolle y se preserve el legado socio-cultural que han logrado alcanzar la Revolución y el Partido.
Establecer una nueva narrativa para la Tercera República en la teoría y en la práctica es un asunto de la mayor importancia. De no atenderlo derivaremos muy probablemente en un socialismo neorrealista de economía de mercado donde la burocracia, reforzada por un sistema ideocrático impenetrable, ocupará el lugar de los grandes dueños del capital, en eterno desafío al empoderamiento democrático y a la plena dignidad de las personas.
El hombre nuevo, como alegoría de la persona que se mejora y avanza hacia valores renovados, puede y debe seguir teniendo en muchos aspectos un valor paradigmático para el pensamiento socialista moderno. Pero es la persona real, imperfecta y diversa, dueña por derecho y justicia de toda la riqueza, que es toda producida socialmente, la que deberá estar en el centro del debate; como sujeto, como objeto y siempre como igual.

On social indiscipline

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indiscipline

Fellow journalists whom I personally esteem have spoken lately in the state-run media about events of which one only ever heard rumors, and missed the official version, checked sources and deep investigation of the causes: elements of thorough journalism which are very much needed now that ETECSA makes mobile data accessible to all, and any thoughtless person can publish whatever he or she wants.

Thanks to our good journalism, I have found the culprits.

The sad spectacle at Cuatro Caminos is the fault of the undisciplined people. Dirty streets are the fault of the loutish people. Poor public transportation is the fault of the neglectful people. Shortages are the fault of the hoarding people. High prices are the fault of the speculating people. The very low productivity of work is the fault of the lazy people. Uncivilized, clumsy, ungrateful. As Brecht would say: ‘Would it not in that case be simpler/for the government/To dissolve the people/And elect another?’

Fortunately, the media inform us. Fortunately, the administrators of the media dictate the agendas according to the needs of the people. Fortunately, all those truths come from people with the talent and the decency I don’t have. For want of them, I’ve had to resign myself to missing the journalism I studied, but obviously failed to learn.

(Translated from the original)

Parallel worlds

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parallel worlds
Photo: Granma

There are many Cubas within Cuba, same as there are many Havanas and parallel worlds. Social fragmentation and the paradoxical coexistence of the most dissimilar realities –sometimes with nothing but a wall in-between– have become part of our daily lives. One of these divisions is the one separating official institutions from the streets. Occasionally, I’ve come to feel that, in Cuba, socialism only begins when you cross the threshold of your school or workplace.

That division, as I see it, is first of all a mental construct. The same people who know the reality of the streets, who suffer it in one way or another, are transformed inside the institutions into defenders of the official stance. Before they know it, they can grow so identified with the view ‘from above’ that they come to believe it. Well, for those of us who have read Freud, this type of light sociopathic behavior is not scandalous.

I believe what’s happened with the reopening of the market in Cuatro Caminos is archetypical. In a show of laudable effort, the political authorities and the executives of CIMEX materialized a luxury, well-stocked market in an area of the capital characterized by the precariousness of housing, labor and standards of living. Then, what we all know happened.

The aspiring consumers thronged in; there was violence, broken glass panes, etc. Afterwards, and uncharacteristically, we got the official version of the incident in the TV Newscast, where Talía did everything but use the words ‘vulgar mob’ to refer to the events.

That way of referring to the people is not new. For a long time now, the bureaucratic establishment has juggled three terms when referring to the citizens. When it wants to strike a revolutionary chord, and reaffirm the revolutionary social pact, it calls them ‘the people’. When it wants to turn them into an easily manipulated object, the passive beneficiary of official policy, it calls them ‘the population’.

When it has to deal with the ugliest, most savage and non-conformist side of that citizenry, then it speaks of ‘lumpen’ and ‘antisocial elements’. The worst part, in my opinion, is that there’s less and less reference being made to the people, and more and more to the population and the antisocial elements, which makes me think about a slow conservative turn.

Let’s be clear. Creating such a market in that area without at least stocking the neighboring markets wasn’t a stroke of genius. On the contrary, what happened is an indication of authorities with a mentality that’s paternalistic and disconnected from reality. In turn, Talía’s segment in the news speaks of an ugly and bourgeois side of our socialism, whose existence we sometimes find difficult to accept.

Those who broke the glass panes of Cuatro Caminos are the real people, the one in the streets. It’s uncivilized, brazen and disrespectful, as were the French masses that stormed the Bastille. That lack of civility shouldn’t be so frowned upon in a socialist country, given that the hegemonic form of civilization in the world today is the capitalist one. Anyway, the truth is that, when socialism is left half-done, when it gets stuck in its vanguard phase and degenerates into bureaucracy, it becomes a Frankenstein monster made of stitched pieces of capitalism.

The remarks by Talía, who only sees the problem from the side opposite the one of those ‘lacking social discipline’, shows what I mentioned above about the gap between the institutions and the streets. Those who organized the market apparently did it without taking into account what happened in the streets, oblivious of the frantic jungle the black market in the streets of that part of town has turned into. It seems these are officials who, once again, live inside their own discourse.

I don’t know what kind of socialism they’re trying to build with their backs turned to the streets. Only the popular education of that citizenry –a pedagogy where there is no one teacher at the top, but where everyone teaches one another– can generate civility, of a community and non-bourgeois kind. That popular education, of course, needs its agents, those who would take the first step and fight next to the humblest. For the record, by the way, I don’t deny the pedagogical power of violence and coercion backed by the law; but this should be a last resort.

I believe one of the most ambiguous results of the Special Period was that the State and its organizations lost the streets. The hegemony of socialism, which is undeniable, retreated into the institutions. Daily life on the streets continued on its own path with relative independence. It was ambiguous because, on one hand, some obstacles which hindered the citizenry were eliminated, but, on the other hand, the idea of building socialism on the basis of society was abandoned.

That space, the one in the streets, is a space where the values of socialism are in constant ebb. We could say in freefall. The State, meanwhile, is satisfied with the knowledge that the people will respond positively at critical junctures, in defense of sovereignty or social conquests. But socialism is not just a thing for critical junctures. If the cultural struggle isn’t won in daily life, it’s all headed towards failure.

Who’s fighting in that space? Today it’s difficult, at least in Havana, to stand in a street corner and defend communism. People start looking at you sideways. Someone dismisses you as a hard-liner. The guy who does shady business tries to avoid you, just in case… Even people who show up frequently at voluntary work start to seem suspicious.

Many of us on the left now defend our views on the social networks, in academia, in meetings. But, how many of us are devoted to building up hope from the community? I say this as criticism and self-criticism. I believe that, in my time, I failed as a grassroots leader of the FEU (University Students’ Federation). What I do now I deem useful, but I don’t forget that working in the physical world, with communities and organizations, is indispensable so that there may be socialism. Someone has to do that work.

(Translated from the original)

Pensar como país

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pais
Foto: Granma

Debo confesar, mi mayor preocupación –pesadilla incluso— frente a la justa y necesaria subida de los salarios al sector presupuestado en su totalidad y no solo Salud Pública como hace unos años: el aumento de la inflación… no se cumplió. Por ahora sólo aparecen casos aislados decididos a cumplirla y espero que sean condenados al fracaso.

Como también debo reconocer que esto no sucedió solo, ni por la buena voluntad de los entes participantes, fue gracias al equipo de gobierno y esta vez, con total certeza puedo afirmar, que hacen y están haciendo un excelente trabajo que solo puedo comparar con el también ejemplar seguimiento a los daños provocados por el tornado de hace unos meses. Lo que queda es que el resto de la población se incorpore luego de convencerse de su necesidad, —algo así como lo que dice el presidente—, a “pensar como país”.

Más allá de la temida inflación…

Ante el predecible malestar en algunos sectores del cuentapropismo es normal que se resienta toda la sociedad. En estos días se ha hecho común escuchar comentarios de qué servicio dejó de prestarse, perdió calidad o continuó violando lo ahora establecido.

El tercer fin de semana de agosto de este 2019, armado con la tabla de precios topados que tomé de Cubadebate en el móvil fui como cada sábado al mercado de mi barrio, al de «los ricos», como cariñosamente le llamamos muchos por los elevados precios de los que siempre se ha caracterizado, a diferencia del topado que se encuentra en un lugar menos concurrido, con solo dos tarimas y siempre desabastecido.

El primero siempre tiene lo que se pueda estar buscando e incluso algún personaje apartado sin tarima que se acerca a los clientes con un susurro peculiar: «Tengo langosta, camarones, pescado». Un susurro al que muchos bolsillos hacen caso omiso, entre otros motivos porque estos productos no salen en las nuevas regulaciones, mientras la mente y el paladar te juegan una mala pasada.

Para mi sorpresa la mayoría de los precios de productos cárnicos –básicamente cerdo— se respetaba, por supuesto, al mismo precio que decía la tabla de Cubadebate, parece que no entendieron el concepto de «precios máximos», creyendo que ese es el precio al que deben vender y no «hasta ese precio», pudiendo siempre establecer uno inferior. Pero no vi la misma cantidad de carne sobre la tarima que en semanas anteriores. Sólo excedían lo establecido la costilla y el hígado, las viandas se comportaban bajo el mismo criterio del precio máximo, pero respetado. Me alegró sinceramente, además, como trabajador del sector presupuestado.

Pero cuán grata sorpresa fue llegar al mercado estatal (topado) y encontrar una tarima con casi 20 productos entre viandas, frutas y vegetales…. Nunca había visto algo así en ese mercado, al que normalmente voy más bien a comprobar la gran diferencia entre lo privado y lo estatal, esta vez sí valía la pena apostar por él.

Claro, la presentación de los productos no tenía nada que ver con la del mercado de oferta y demanda, en este último las viandas no tienen tierra, ni están picadas o «fofas» y todo reluce, pero bien, tampoco fue mi intención criticar cuando me encontré con tal abastecimiento en un lugar que normalmente es un desierto con rastros de tierra colorada esparcidos por el suelo de cemento crudo.

De las dos tarimas que tienen todo estaba en una, con una pesa y un solo dependiente. Supondrán la cola, pero la aproveché para quitarme los audífonos y escuchar a los mayores –fieles participantes y mayoría en toda cola que se respete—, uno de los comentarios además del asombro que compartían conmigo era que el motivo de esto radicaba en la visita de funcionarios del gobierno y el partido a algunos mercados de la capital.

Quiero creer que fue pura coincidencia y que este fin de semana podré nuevamente adquirir productos con la misma variedad, que es en realidad un esfuerzo del Estado para hacerle frente a los aun elevados precios máximos para algunos bolsillos menos favorecidos, ¡quiero confiar!

Uno de los muchos memes que circulan sobre los precios en el país y la Tarea Ordenamiento
Uno de los muchos memes que circulan sobre los precios en el país y la Tarea Ordenamiento

El mismo tarimero también agregaba que el problema no se resolvía topando los precios del otro mercado, porque en «La Habana» –como humildemente llamamos los habitantes de otros municipios a Centro Habana y Habana Vieja— seguían los precios altos, escondiéndose y revendiendo y que eso «No lo podía cambiar nadie, porque la culpa es de quien tú sabes que sólo exprime al cuentapropista, pero no le facilita el trabajo ni las piezas, pero no baja los precios de la shopi«. Abrumadora declaración en una mañana que todo parecía optimista….

Cambiando de sector –el que se ha convertido en plato fuerte de toda discusión o debate—, desde que se hizo efectivo el aumento de salario, los pocos lugares donde coincidimos muchos trabajadores continuaba el tema, criterio general –al que me sumo— «Vamos por buen camino», «esto es lo que hacía falta hace tiempo»…. Ciertamente, creo que la mayoría de los no cuentapropistas piensan igual, trabajen o no.

Pero cuando entramos en el tema del transporte se complicó la conversación, cité el caso que había leído recién sobre los transportistas, cafeterías y otros servicios en Villa Clara….

Nos indignamos los que dejábamos enfriar la comida en la mesa para discutir sanamente, pero luego propuse ponernos en su lugar, con la mentalidad de la cantidad de dinero que ya estaban ganando y el natural pensamiento de no querer ganar menos cuando se les cierra cada vez más el cerco –entre otras cosas— por la manera ilegal –en muchos casos— de adquirir el combustible, no fue fácil escapar de respuestas radicales y poco convincentes, solo dichas desde piel ajena y no por ello menos ciertas, en muchos casos se estaban convirtiendo en explotadores de la clase asalariada necesitada de sus servicios.

¿Cuál es el transporte que garantiza el movimiento de la población –poca o mucha dependiendo del día de la semana— después de la 1am? Muchas rutas de ómnibus a esa hora son fantasmas y otras simplemente no existen y no creo que sea el objetivo que la población no circule cual cenicienta por ser pasada la medianoche. Son los “boteros” los dueños de la carretera a esas horas, ya no hay ruteros, metro taxis ni nada parecido, pero sí hay jóvenes y no tan jóvenes saliendo a divertirse especialmente en las noches del fin de semana, o los propios trabajadores de cafeterías, paladares, y otros que terminan su digna jornada laboral a esas horas.

Eso sin mencionar las rutas que no existen en el transporte público y solo cubren particulares –hablo de la Habana—, porque en otras provincias –por lo que he leído— la situación puede ser incluso peor. El aumento del precio del pasaje sin otro motivo que la obligación de cumplir lo establecido en cuanto al origen del combustible es una vergüenza para los pasajeros, el gobierno y la sociedad.

Muchos particulares del transporte hace unos meses, cuando más se recrudecieron las sanciones contra este sector arremetían contra el gobierno por las diferencias entre el paternalismo con su transporte y el particular. Fueron víctima esta vez, del exceso que ha caracterizado ya otras veces el accionar de nuestras autoridades.

Se les retiró licencias y permisos por tener problemas técnicos en sus autos, incumplir la seguridad vial, incluso fueron requeridos por tener el auto sucio… y es correcto, es necesario por la seguridad de los pasajeros así como acabar con la corrupción de los empleados de los “somatones” que hacen de la visita gorda si se les da el soborno establecido permitiendo la circulación de vehículos que más bien son ataúdes rodantes.

¿Pero qué pasó con los ómnibus? He sido pasajero diario del transporte público desde el 2008 hasta la fecha, he montado ómnibus articulados en más de una ocasión por semana con graves problemas técnicos, puertas rotas, “acordeones” con agujeros en su lona por los que cabe una persona adulta, mal olor, extremadamente sucios por dentro y fuera, con rastros de vómito, desechos y restos de alimentos en el suelo, con temor a recostarme de cualquier superficie si voy vestido de un color claro o aguantarme de tubos oxidados o inexistentes en algunos tramos; choferes que fuman durante el recorrido, se detienen a tomar café o merendar creyéndose más dueños del ómnibus que el propio dueño del “almendrón”….

La lista es larga y continúa.

Pedirle a un cuentapropista que sin mejorar sus condiciones e ingresos baje los precios para poder beneficiar al resto de la sociedad y mantener un margen de rentabilidad de su negocio aceptable, no para enriquecerse es justo y necesario y lo comparto…. Pero si mañana bajaran el salario de los trabajadores estatales para beneficiar algún sector de la sociedad creo que habría otra revolución.

Lo primero es convencer, conversar, buscar soluciones entre todos y volver a convencer, tratar de formar esa conciencia que dicen hubo en los años 80 y nunca vi porque no había nacido, poder pensar como país, luego por supuesto, dejar caer todo el peso de la ley contra el que incumpla la establecido y vaya en contra de los intereses de la mayoría de la sociedad.

Los cambios de mentalidad luego de décadas de deformación social no son de un día para otro por muy necesarios que sean y hoy –muy a mi pesar—, en Cuba, toda la sociedad no piensa como país.

Antídoto para el abandono

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abandono
Foto: Cortesía de la autora

Esto es un antídoto para el abandono. Yo, que no soy poeta, espantada de todo quise refugiarme, por un día al menos, en la poesía. Confié en que, quizá, algunos de los premiados en el concurso Milanés, convocado anualmente en noviembre por la filial matancera de la UNEAC, seguirían los pasos del jovencito Juan Marinello, que a inicios de los años veinte del siglo pasado, todavía con ecos modernistas, ensimismado y ascético, proclamaba: Oh grata soledad dulce y querida/ que en el retiro amable y escondido/ das nuevos sueños a la triste vida.

Pretendía olvidar por unas horas la realidad. Sustraerme de guerras, golpes de Estado y errores políticos. Evadir los ojos vaciados de los estudiantes chilenos. Olvidar que una mascota, cuando muere, puede romperte el corazón. Insensibilizarme ante los animales maltratados. Omitir los hoteles de lujo que nunca visitaré o las tiendas atestadas que solo puedo mirar. No pensar en continuidades vacías y consignas huecas.

Dar la espalda a los que consideran progresismo o guanajera al pensar diferente, al sopesar opiniones, al no aceptarlo todo sin  ningún tipo de cuestionamiento.

Vana intención. La poesía me recibió armada para el combate. Belicosa y provocadora. “Yo no soy almohada para descansar” —me dijo—, “a esta altura del juego ya no es posible estar fuera del juego”. Y se mostró, en forma de poemario, de la mano del holguinero Moisés Mayán.

Mentalidad de enjambre es su título, publicado bajo el sello de Ediciones Matanzas. Una prosa poética que me devolvió la energía, el atrevimiento y la osadía. Aquí comparto una muestra con los lectores de LJC.

Gigantografía

Asistimos a la marcha vestidos de blanco. Vestidos de rojo. Vestidos de azul. Las mujeres, con flores en el cabello (mariposa/margarita/marpacífico). Los hombres, esparciendo consignas a la geométrica sombra de las pancartas. Los niños, con sus banderitas de papel donde no falta el blanco, el rojo, y el azul. Desde la gigantografía, la insondable mirada del Héroe Nacional. Vestido de negro. De luto, dicen, por la Patria.

La Gran Colmena

Tu país puede ser la Gran Colmena. Tu familia puede ser la Gran Colmena. La fábrica, la escuela, el edificio pueden ser la Gran Colmena. Pero es posible que la Gran Colmena esté donde debió estar tu cerebro. Por eso el abejeo en los oídos cada mañana. Ese gusto dulzón en la rugosa superficie de la lengua. Los enjambres prefieren espacios abovedados. Espacios vacíos. Tu cráneo es el sitio perfecto.

El zángano y el caimán

Soy el zángano de la colmena. Pienso que puedo vivir de la poesía. Voto por el reconocimiento del oficio de poeta. El más productivo de los oficios. En el ápice de la pirámide laboral. Mi trabajo consiste en golpear teclas como si activara puntos de presión en la espalda del país. Duele mi espalda, me ha dicho el país cuando despierta. ¿Cuándo despierta? Creo que hoy tampoco iré a trabajar, repite el país y vuelve a enfundarse en el saco de su historia.

Los estadistas hablan de un letargo en la economía nacional, del estancamiento del producto interno bruto. Parece un caimán dormido. Dormido es el adjetivo exacto. Soy el zángano de la colmena, y sé que no es saludable contradecir al país.

Los nombres y los hijos

Quería que nuestro primer hijo se llamara País, pero los registradores se negaron a inscribirlo. “No tenemos País en la relación de nombres admitidos”, explicaban en tono burocrático. Quería que nuestra primera hija se llamara Patria, pero los registradores aullaron: “¿En qué país se ha visto una niña llamada Patria?”.

Entonces bauticé a mis hijos con nombres comunes. Jorge o Luis. Ana o María. Jorge Luis y Ana María. Como otros jóvenes de su generación, terminaron marchándose del país. Jorge Luis regresa cada Navidad. Ana María no quiere saber más de su patria.

Crítica de arte

Toda obra de arte demanda su censura. Alguna nota prohibitiva. La coerción de los círculos de poder. De los cenáculos religiosos. Los comentarios tóxicos de ciertos camaradas, La obra de arte que no padece ningún tipo de censura pasa inobjetablemente al olvido. Sin penas ni glorias. Con más penas que glorias. Por esa razón algunos políticos planifican la censura. Es decir, planifican la trascendencia. La formación del canon. Restricciones que avivan la curiosidad del Gran Público. La censura, lo sabemos, es solo crítica de arte.

Termina el encuentro. Visitamos a José Jacinto Milanés. Su estatua se yergue a un lado de la catedral de Matanzas. Rosas rojas para él. Dicen que estaba loco, pero transcendió. Leemos algunos de sus poemas. Uno de ellos provoca aplausos atronadores.

Se trata de las estrofas finales de la composición con que respondió al vate mexicano Ignacio Rodríguez Galván, que le invitara en versos a marcharse de la Isla en busca de una atmósfera más libre y propicia:

Hijo de Cuba soy: a ella me liga

un destino potente, incontrastable:

con ella voy: forzoso es que la siga

por una senda horrible o agradable.

 

Con ella voy sin rémora ni traba,

ya muerda el yugo o la venganza vibre.

Con ella iré mientras la llore esclava,

con ella iré cuando la cante libre.

 

Buscando el puerto en noche procelosa,

puedo morir en la difícil vía;

mas siempre voy contigo ¡oh Cuba hermosa!

Y apoyado al timón espero el día.

(22 de julio de 1842)

La gente que pasa mira asombrada. Algunos se detienen. Escuchan. También aplauden.

Mundos paralelos

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paralelos
Foto: El Nuevo Herald

Existen muchas Cubas dentro de Cuba, así como existen muchas Habanas. La fragmentación social y la paradójica coexistencia de las más opuestas realidades, a veces con solo una pared de por medio, se han convertido en parte de nuestra cotidianidad. Una de esas divisiones es la que separa a las instituciones oficiales de la calle. En algunos momentos, he llegado a sentir que en Cuba el socialismo solo empieza cuando cruzas la entrada de tu escuela o centro de trabajo.

Esa división, como yo la veo, es ante todo una estructura mental. Las mismas personas que conocen la realidad de la calle, que la padecen de una forma u otra, se desdoblan dentro de la institución en defensores de las posiciones oficiales. Si se descuidan, pueden llegar a compenetrarse tanto con la visión “desde arriba”, que se la creen. Bueno, para los que hemos leído a Freud, esta clase de sociopatías ligeras no son un escándalo.

Lo que ha ocurrido con la reapertura del mercado de Cuatro Caminos me parece arquetípico. En un acto de loable esfuerzo, las autoridades políticas y los empresarios de CIMEX hicieron realidad la aparición de un mercado de lujo, bien abastecido, en una zona de la capital caracterizada por la precariedad habitacional, laboral y existencial. Luego, ocurrió lo que todos sabemos, los aspirantes a consumidores entraron en masa, hubo violencia, cristales rotos, etc. Más tarde, en un acto poco común, tendríamos la versión oficial de los hechos en el Noticiero de la Televisión, donde a Talía solo le faltó hablar sobre la “turba vulgar” para referirse a los acontecimientos.

Esa manera de referirse al pueblo no es nueva. Desde hace mucho tiempo, el establishment burocrático tiene tres niveles para referirse a la ciudadanía. Cuando quiere conectar con la fibra revolucionaria, y reafirmar el pacto social revolucionario, la llama “pueblo”. Cuando lo quiere convertir en un objeto manipulable, beneficiario pasivo de la política oficial, la llama “población”. Cuando tiene que lidiar con el lado más feo, calibanesco y no normalizado de esa ciudadanía, entonces habla de “lumpens” y “elementos antisociales”. Lo malo para mí es que cada vez se habla menos del pueblo, y más de la población y de los elementos antisociales, lo que me hace pensar en un lento giro conservador.

Vamos a estar claros. No fue una genialidad crear un mercado así en esa zona, sin antes abastecer al menos los otros mercados de los alrededores. Por el contrario, lo que ocurrió habla de una mentalidad paternalista y desconectada de la realidad por parte de las autoridades. La intervención de Talía en el NTV, a su vez, habla de un lado feo y burgués en nuestro socialismo, que a veces nos cuesta aceptar.

Esos que rompieron los cristales de Cuatro Caminos son el pueblo real, el de la calle. Es incivilizado, procaz e irrespetuoso, como lo fueron las masas francesas que tomaron la Bastilla. Esa falta de civilización no debería ser tan mal vista en un país socialista, toda vez que la forma hegemónica de civilización en el mundo actual es la capitalista. Pero bueno, la verdad es que el socialismo cuando se queda a medias, cuando se estanca en su fase de vanguardia y degenera en burocrático, se convierte en un Frankenstein hecho con pedazos de capitalismo.

El comentario de Talía, que solo ve el problema del lado de los “indisciplinados sociales”, muestra eso de lo que hablaba al principio, la fractura entre las instituciones y la calle. Los que organizaron el mercado, al parecer lo hicieron sin contar con lo que estaba ocurriendo en la calle, sin conocer la jungla furiosa en que se ha convertido el mercado negro en las calles de esa parte de la ciudad. Al parecer, son funcionarios que, una vez más, viven dentro de su propio discurso.

No sé qué clase de socialismo se pretende construir de espaldas a la calle. Solo la educación popular de esa ciudadanía, que es una pedagogía donde no hay un maestro en lo alto, sino donde todos se enseñan los unos a los otros, puede generar civilidad, de tipo no burguesa sino comunitaria. Esa educación popular necesita por supuesto de sus agentes, de los que den el primer paso, de los que luchen al lado de los más humildes. Que conste, de paso, que no niego el poder pedagógico de la violencia y la coerción amparadas en la ley: pero ese debe ser el último recurso.

Me parece que uno de los más ambiguos resultados del Periodo Especial fue que el Estado y sus organizaciones perdieron la calle. La hegemonía del socialismo, que es innegable, se retrotrajo a las instituciones. La vida cotidiana en la calle siguió su propio rumbo con relativa independencia. Fue ambiguo, porque por un lado se eliminaron barreras que tenían atada a la ciudadanía, pero, por otro lado, se renunció a construir el socialismo en la base de la sociedad.

Ese espacio, el de la calle, es un espacio donde los valores del socialismo están en continuo reflujo. Podríamos decir en caída libre. El Estado, mientras tanto, se conforma con saber que el pueblo en los momentos críticos responde positivamente, en defensa de la soberanía o de las conquistas sociales. Pero el socialismo no es una cosa de momentos críticos. Si no se gana la lucha cultural en la cotidianidad todo va hacia el fracaso.

¿Quién disputa ese espacio? Hoy por hoy resulta difícil, por lo menos en La Habana, pararte en la esquina de la cuadra a defender el comunismo. Empiezan las miradas atravesadas. Alguien dice que eres un comecandela. El tipo que está en el invento procura no cruzarse contigo, no vaya a ser… Hasta el que va mucho a los trabajos voluntarios comienza a resultar sospechoso.

Muchos izquierdistas defendemos nuestras ideas hoy en las redes sociales, en la academia, en las reuniones. ¿Pero cuántos nos dedicamos a construir esperanza desde la comunidad? Lo digo como crítica y autocrítica. Yo considero que en mi momento fracasé como dirigente de base en la FEU. Lo que hago ahora me parece útil, pero no olvido que el trabajo en el mundo físico, comunitario, organizacional, es indispensable para que haya socialismo. Ese trabajo, alguien tiene que hacerlo.