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Cubanos en cuarentena: Canadá

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Frank junto a su padre. Foto: cortesía del entrevistado

En aproximadamente una semana Frank Mercadal será padre por primera vez. Llegó a Canadá en el 2013 y ahora vive en la fría ciudad de Edmonton, donde la temperatura máxima promedio en marzo es de 2.2 grados Celsius. En Alberta, donde vive Frank, hay más de 300 casos positivos al coronavirus y hasta ahora una persona fallecida.

La vida está a punto de cambiarle y él lo sabe. No solo porque pronto llegará un bebé, sino porque ahora debe cuidar de 4 personas en medio de una situación que nos pone a todos a prueba.

En mi casa vivimos mi esposa y yo. Ahora está mi suegra que llegó de Cuba para el nacimiento de nuestro hijo.

Frank y su esposa aún no deciden cómo nombrar al pequeño, quizás Liam, Owen o Ethan, aunque prefieren escoger un nombre sencillo de pronunciar para sus familiares en Cuba.

Su esposa trabaja en casa desde hace más de una semana. Como grupo de riesgo, la empresa decidió enviarla a su hogar. Muchos líderes mundiales también trabajan desde casa por estos días. El Primer Ministro (PM) de Canadá, Justin Trudeau se auto-aisló por 14 días después de que su esposa diera positivo al Covid-19. Frank ha estado aislado desde el pasado miércoles, aunque ha tenido que salir del hogar en busca de lo necesario.

Ahora tengo comida y provisiones para 15 días. La semana antepasada fue la última vez que salí a hacer las compras. Tuve que despertarme temprano pues informaron que abastecerían de papel higiénico el supermercado al que acostumbro ir.

La línea de personas debió sumar más de 50 para que uno de los empleados tuviera que repetir 3 veces la misma información: al inicio, en el medio y al final de la fila.

Las personas son muy educadas. El canadiense no se molesta porque alguien se adelante en la cola si lo hace por descuido, comenta Frank recordando su experiencia al hacer compras. Yo llego a la casa y lavo todo meticulosamente. No me importa que me digan exagerado.

Frank teme por su familia en Cuba. Su padre tiene 79 años, su madre y sus hermanas también son mayores. El menor de sus hermanos, se describe un poco como la oveja negra de la familia.

El otro día tuve una pequeña discusión con mi padre por el teléfono. Me dijo que las condiciones estaban preparadas en Cuba porque contaban con 2400 camas en los hospitales. Tuve que contestarle que, si Canadá con un sistema de salud pública mejor y más equipos no se siente listo para enfrentar este virus, Cuba tampoco lo está. Una de las cosas que más valoro de Canadá es el nivel de información que brindan a las personas.

El gobierno canadiense aprobó un presupuesto de 1,100 millones para enfrentar el coronavirus. En el plan se incluye la ayuda a los sistemas de salud de las provincias y territorios, financiamiento para investigaciones y apoyo a las comunidades indígenas. También el estado proveerá $27 billones en sustento directo a trabajadores y negocios que están afectados con la paralización y otros $55 billones en liquidez para la economía.

Frank está asustado, pero confía en que todo saldrá bien porque han tomado las precauciones posibles. Más le preocupa lo que pueda pasar en Cuba.

Mi padre ha enfermado con catarros muchas veces en los últimos años. Yo sé que si se enferma no lo rebasará. Mi mayor temor es que pase algo y no poder ir a verlos. Ahora estoy aquí y tengo que velar por mi hijo, dice con un tono de desesperación y tristeza.

Frank tenía tos cuando conversamos, supongo que es difícil pasar el invierno en medio de tanta nieve, así que le doy el beneficio de la duda. Canadá ha tomado las medidas necesarias y es un ejemplo de lo que puede lograr un país del primer mundo por sus ciudadanos.

No hay mucho que pueda hacer por mi familia en Cuba en este momento. No creo que el dinero resuelva el problema. Estoy buscando compañías en los Estados Unidos que entreguen paquetes con comida y medicamentos. No sé de qué otra forma puedo serles útil.

El pasado 16 de marzo, Canadá cerró sus fronteras a los que no ciudadanos o residentes permanentes del país. Solo 4 aeropuertos en todo el territorio reciben vuelos provenientes del extranjero. Frank cree que ha sido la mejor decisión ante la pandemia.

Es preferible pecar por exagerado que por ingenuo, dice Frank recordando una frase que leyó en Internet.

La historia de Frank es la historia de muchas familias cubanas. En tiempos de coronavirus la distancia se hace más grande y los miedos aumentan. Pero solo saldremos de esta si la exageración se convierte en prevención y todo cuidado es insuficiente. En aproximadamente una semana llegará su primer bebé, en un momento donde la humanidad enfrenta una crisis global, quizás la mayor de toda una generación.

Responsabilidad y solidaridad en tiempos de pandemia

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Foto: Ramon Espinosa/AP

La propagación mundial del Covid-19 ha significado un reto extraordinario para los estados y las sociedades alrededor del planeta. En estas circunstancias, Cuba no será la excepción: la presencia del virus en el territorio nacional es un hecho, los casos siguen aumentando, y se aplican medidas de contención que impactarán en la cotidianidad de todos los ciudadanos. Momentos como este requieren por parte de todos una conciencia de la responsabilidad compartida, así como de la solidaridad que debe caracterizarnos como seres humanos.

Analicemos por un momento las características de este nuevo coronavirus. Lo más grave, si se le compara con otras enfermedades infecciosas que han sido noticia en el siglo XXI, no es su índice de mortalidad (4,15%), que es inferior al del SARS y definitivamente menor al 50% de mortalidad del Ébola. El verdadero problema de este virus está en su capacidad de propagación: al aumentar de forma exponencial el número de casos, la cantidad de personas que necesitan cuidados médicos especiales crece de manera crítica en muy poco tiempo y sobrepasa las capacidades de los sistemas de salud.

Dadas las características de la enfermedad, muchas de las personas que se infectan con el coronavirus se mantienen asintomáticas, lo cual no impide que se conviertan en un foco de propagación. Es por eso que resulta tan difícil de contener la epidemia, y por lo que resulta tan importante el compromiso de todos por mantener una actitud responsable y cumplir con las medidas de contención que recomiendan las autoridades. Se puede y se debe comenzar por lo más simple: lavarse bien las manos y evitar el contacto físico y las aglomeraciones.

Se acercan tiempos difíciles en todos los sentidos.

Lo menos que podemos hacer es no contribuir a actitudes negativas como el pánico, el egoísmo desbordado o la negligencia. Para una economía como la cubana, bloqueada, empobrecida, sancionada, tener que hacer frente a esta epidemia significará sin dudas una gran tensión. No tendremos que preocuparnos solo por los contagios, sino también por la falta de alimentos, combustible e insumos de todo tipo. Más razón para mantener la calma y actuar con toda la cooperación y solidaridad posible.

Debemos cuidarnos de no asumir actitudes marcadas por el pánico. No aporta nada útil compartir en las redes sociales mensajes maliciosos sobre criminales intenciones del gobierno en mantener las escuelas abiertas. Tampoco aporta nada dejarse llevar por reflejos condicionados clasemedieros, de querer que se apliquen en Cuba los mismos métodos que se han aplicado en Europa solo porque se han aplicado en Europa. Ningún país es igual a otro, ni desde su capacidad económica, ni por el grado de penetración de la enfermedad.

Son muchas las personas en el viejo continente preocupadas por los daños que la cuarentena y el aislamiento social están provocando y provocarán en la economía europea, sobre todo en los pequeños negocios. Cada medida que se tome en Cuba en esa dirección, como la reciente decisión de regular las fronteras, tendrá un costo económico importante, por lo que no se la debe tomar a la ligera. No es una casualidad que muchos de los más activos promotores de estas medidas extremas sean los defensores del bloqueo a Cuba de toda la vida. En este punto se hace necesario recordar algo que a veces no se tiene en cuenta: el colapso económico también mata.

Por supuesto, si de lo que se trata es de salvar vidas se deberán ejecutar las medidas necesarias, para lo cual debemos confiar en el criterio de los especialistas del sector de la salud.

En el rango de las actitudes inaceptables se encuentran las de aquellas autoridades que incumplen con sus responsabilidades en la prevención. Me refiero, entre otros, a los que propician que se formen colas y aglomeraciones para conseguir productos, sin que aparezca al menos una persona para organizar la cola. Me refiero también a los que con sus acciones o mensajes en los medios de comunicación no están contribuyendo a una adecuada percepción de riesgo.

Pero como trataba de decir más arriba, esta situación no es algo que se le pueda dejar solo al Estado. Mucho dependerá de la conciencia de cada persona que se evite una propagación catastrófica de la enfermedad. En estos días, lavarse las manos es ser solidario, caminar a un metro y medio de las demás personas es ser solidario, mantenerse en casa todo el tiempo posible es ser solidario.

Ya tendremos tiempo de darnos besos, abrazos y bailar en la discoteca.

Nuestra economía va a sufrir mucho este año y todos sufriremos las consecuencias. Me gustaría que de esta situación se aprovecharan al menos dos aspectos: uno es reflexionar sobre qué clase de economía queremos tener en Cuba. Soy un firme crítico de la importancia desproporcionada que se le ha dado al turismo en la economía nacional de las tres últimas décadas. Depender solo del turismo es un arma de doble filo, entre otros motivos, porque en tiempos de pandemias, guerras o crisis económicas el turismo cae abruptamente. Se debe intentar desarrollar otras áreas de la economía, aunque sea más difícil.

El otro aspecto es aprovechar este momento para exigir el levantamiento del bloqueo a Cuba. No es que espere mucho del absurdo gobierno norteamericano. Pero al menos el mundo podrá ver en toda su magnitud el carácter criminal de esa política, que no amaina ni siquiera en los momentos de mayores calamidades.

Mucha prevención y solidaridad, es lo que necesitamos en estos tiempos. Somos cubanos, hemos resistido muchas batallas. Esta apenas comienza.

Cubanos en cuarentena: Italia

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Foto: Laura Lezza/Getty Images

A 3 horas en auto del principal foco de coronavirus en Italia reside Manuel*, un joven cubano que comenzó sus estudios doctorales en septiembre. Desde hace más de 2 semanas no sale de su apartamento. Antes compartía piso con un joven italiano de 26 años, pero desde que el contagio comenzó a escalar, su compañero se mudó a casa de los padres en su ciudad natal de Nápoles.

Por ahora estoy mejor solo, más aburrido, pero también más seguro. Mi compañero de piso tiene 26 años y se la pasaba de fiesta todas las noches. El cree que es inmortal con esa edad.

Manuel lleva más de 15 días sin ver a otro ser humano y aunque no lo confiese abiertamente, puedo ver en sus ojos y en su barba creciente que los efectos psicológicos comienzan a afectar.

Lo peor de todo es que los números de muertos e infectados no disminuyen, y esto puede durar 2 o 3 meses más, comenta con aparente normalidad en la voz

Ya estoy al ponerle nombre a los zapatos. Con frío y solo estoy al borde de la locura, dice a modo de broma para aligerar la conversación.

Antes los gastos se compartían, pero ahora tiene que asumir por completo la responsabilidad. En el mes de febrero la cuenta de la electricidad fue de 180 euros, ahora lleva abrigos todo el tiempo porque en tiempos de crisis es necesario ahorrar.

Yo subía la calefacción porque he escuchado que el virus no vive en ambientes cálidos, además mientras más caliente, más seguro me siento, es una cuestión psicológica.

En su pequeño apartamento pasa las horas frente al computador leyendo las noticias, recibiendo clases por videoconferencia y escribiendo a sus conocidos. WhatsApp lo mantiene al tanto de la salud de sus amigos.

Le escribo diariamente a todos los que conozco en Italia, hasta ahora no he recibido malas noticias, podría decirse que estamos en la normalidad de la catástrofe.

Quizás le quede comida para una semana más, pero en algún momento tendrá que salir en busca de provisiones.

Estoy haciendo una comida al día, pero hoy me levanté con fatiga y me preparé un plato de espaguetis para poder comenzar las clases.

Manuel no comparte la urgencia de muchos cubanos de cerrar el país. Como estudiante doctoral analiza la situación económica de Cuba desde una perspectiva más abierta y a largo plazo.

No es solo cerrar el país, también es necesario preguntarse ¿qué tiempo estará cerrado? ¿Qué consecuencias traerá cortar el sistema de divisas de la economía cubana: los ingresos del turismo, las remesas que entran a la isla de manera informal? También hay que analizar qué adquiere el país en el mercado: comida, bienes de consumo, materias primas para elaborar medicamentos, y qué sucederá cuando no haya dinero para comprar. El problema fundamental de Cuba es con la inversión.

Quizás sea momento de que el país retome, con el impulso de la crisis global, lo que fue el principal reglón de su economía: la renta de profesionales de la salud. Para Manuel apostar a largo plazo por la salud es muy riesgoso, más cuando los países desarrollados creen tener un sólido sistema.

¿Cómo esas instituciones internacionales que controlan el monopolio de la salud reconocerán las competencias de los profesionales cubanos?, será el desafío de Cuba según Manuel.

La región de la Toscana, a la cual pertenece su ciudad, es la séptima con mayor número de muertes en el país. Lombardía encabeza por gran margen las estadísticas, cercana a los 4000 fallecidos.

Después de esto voy a apreciar más la vida, voy a pasear más, yo mismo tenía ahorrado un dinero. Es muy probable que cuando pase la pandemia del coronavirus suceda un boom de la industria turística, porque todo el mundo querrá salir a disfrutar y a celebrar que estamos vivos. Después de esto yo también tomaré vacaciones.

Italia es el segundo país, después de Corea del Sur, que más tests aplica por día a sus habitantes. El gobierno estableció como fecha final del aislamiento el día 3 de abril, pero Manuel sabe que ese día se va a alargar.

  • A petición del entrevistado se utilizó un seudónimo (Manuel) para proteger su identidad.

Este texto forma parte de la serie «Cubanos en cuarentena».

¿Por qué hay baja percepción de riesgo en Cuba?

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La anticipación es la esencia de la prevención. Sin ésta cualquier campaña propagandística de bien público se convierte en mero mecanismo de contención.  De poco sirve que le digamos a un chofer que no debe conducir bajo los efectos del alcohol cuando ya está ebrio y manejando. Incluso si el chofer reaccionara y estacionara su auto, estaríamos sólo conteniendo el posible accidente a partir de una conducta de riesgo ya consumada. Porque el objetivo de la prevención es, precisamente, evitar comportamientos riesgosos.

La epidemia de Covid-19 comenzó en diciembre de 2019 a miles de kilómetros de Cuba. Mientras los chinos la combatían, la enfermedad se convertía en pandemia en el resto del mundo. Muy pocos gobiernos implementaron desde entonces una estrategia de comunicación eficaz, con el criterio de que era un asunto chino. El gobierno de Cuba no fue la excepción. Hasta allá se fue nuestra gente, a Wuhan, a ser lo que mejor somos: solidarios. Pero durante los meses de enero, febrero e inicios de marzo, en la radio y televisión cubana, hubo solo esporádicas y aisladas menciones sobre la prevención del COVID-19.

En enero, las atención se centró en la reacción contra aquellos delincuentes llamados “Clandestinos”, que sería catalizador para una estrategia: la descalificación de toda disidencia política en un contexto de agudización de las sanciones a Cuba por parte de la administración Trump. En febrero las campañas mediáticas se centraron en lo habitual con el aletargamiento propio de aquello que se hace por rutina, sólo hubo eventuales reacciones a los ataques propiciados por el gobierno de los Estados Unidos. Ninguna prevención en los medios, ya no contra el COVID-19, ni siquiera contra la gripe estacional.

No es hasta que se hace pública una reunión del Consejo de Ministros para “actualizar el plan de enfrentamiento al coronavirus en Cuba”, que comienzan a aparecer atisbos de mensajes preventivos en la radio y televisión. El hecho de que la noticia enunciara una “actualización”, induce a pensar que ya existía y se ejecutaban una serie de acciones, que las autoridades consideraron no era necesario hacer públicas. Este no es un detalle menor, es esencial. Demuestra el error de concepto en la comunicación estratégica de nuestros ideólogos.

El propio día, una vez terminada la emisión del NTV en la que se dieron detalles de la reunión del Consejo de Ministros, la Televisión Cubana no tenía preparada, ya no una campaña preventiva, ni siquiera un spot adecuado. El mismísimo ICRT, cuyos periodistas hablaban de “actualización del plan de enfrentamiento”, los desmentía al mostrar que estaban en cero.

En menos de 12 horas la audiencia cubana pasó de escuchar que el COVID-19 era un asunto de otros, a un bombardeo de información relacionada con la pandemia –ojo, periodística, no propagandística. Sin la debida anticipación, a la audiencia se le privó del proceso normal de preparación psicológica gradual ante un riesgo. Sigue existiendo una falta de sintonía entre los profesionales de los medios, con competencias profesionales para entender la magnitud del fenómeno, y la audiencia. Estos no pueden más que pensar: “ah, sí, esa es una epidemia que está afectado a los chinos y a los italianos, a lo mejor es una trastada mas de los americanos”.

Una semana después de los primeros casos del virus en Cuba, tres realizadores de la radio granmense me confiesan: “Nos tienen puesta la roja. Tenemos listas las Menciones y los Mensajes Cortos pero nos están diciendo que todavía, que hay que evitar el pánico”. Eso explica que del 7 al 14 de marzo, de seis horas de monitoreo diario que el autor hiciera a las emisoras del espectro radial granmense, el 90% de la alusiones al coronavirus se hicieran en programas informativos, y de estas el 85% repitiera informaciones de medios nacionales. En la semana del 14  al 21 de marzo, tales proporciones disminuyeron al 78% en el primer caso y 81% en el segundo. El conjunto de mensajes de bien público dedicados a la pandemia –en forma de Menciones, Spots  y Mensajes Cortos- en la emisora municipal de Manzanillo, fue un promedio de sólo cinco minutos.

No obstante, ya entonces los medios nacionales tenían mucha información sobre el virus en 4 ejes temáticos:

  1. Nuestro sistema de salud está de sobra preparado para contener la propagación. No es necesario cerrar fronteras ni hacer cosa distinta a la que siempre hacemos en estos casos.
  2. Nuestra respuesta a la pandemia está demostrando la histórica vocación solidaria de nuestro pueblo y nuestro personal de salud.
  3. El gobierno de Trump no ha sabido manejar la situación y pone de manifiesto sus antivalores al querer comprar una vacuna para uso exclusivo, en contraste con la vocación protectora de nuestro gobierno.
  4. Los que odian a la Revolución Cubana exigen el cierre de las fronteras para asfixiar a Cuba económicamente, al punto de crear histeria en una parte de los usuarios cubanos de las redes sociales.

Si bien lo anterior responde a situaciones verídicas, no se orienta a resolver la crisis, o sea, a la necesidad de prevenir la transmisión del virus entre la población cubana. No contribuye al aumento de la percepción de riesgo. Se llegan a cometer disparates como aquel de la emisión del mediodía del NTV cuando presentaron a un periodista extranjero asegurando que “Cuba tiene el antídoto contra el coronavirus”.

Una campaña de prevención propagandística directa debió ser prioridad, incluso antes de la actualización del Plan de Enfrentamiento. Algo más que informaciones periodísticas tangenciales o «llamados». Faltó una campaña  sistémica, dosificada según la cobertura territorial, el tipo de emisora y el sector social a la que va dirigida.

De tal modo, la baja percepción de riesgo ante la posible transmisión del coronavirus en Cuba, no es el resultado de una supuesta hambruna en la isla  -como unos cuantos plantean en las redes sociales-, ni es culpa de la indisciplina social –como sugieren entre bambalinas muchos periodistas de medios oficiales-, ni mucho menos es culpa del imperialismo yanqui. La baja percepción de riesgo es la resultante de que los ideólogos y directivos de los medios desconocieron los fundamentos teórico-metodológicos del trabajo preventivo mediático. Apostaron por las relaciones públicas, o sea, la comunicación interpersonal con la realización de audiencias sanitarias, y adecuaron la circunstancia peligrosa por la que atravesamos a su agenda política.

Esta situación puede cambiar. Está cambiando debido al peso determinante de los hechos: están aumentando las personas enfermas y, en la misma proporción, debe aumentar la percepción de riesgo si se le da un uso correcto a la propaganda preventiva de bien público. Mañana las preguntas serán: ¿A qué costo? ¿Pudo ser un costo menor si nos hubiéramos anticipado debidamente?

Ni ciegos, ni sordos, ni mudos en esta coyuntura

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Los que singularizan, descalifican y descartan las opiniones de la población, sus críticas y lo que en definitiva son espontáneos y válidos ejercicios de participación politica cuya finalidad propositiva no es disruptiva de las funciones o decisiones gubernamentales, subestiman, que a fuerza de la soberbia e irrespeto de la autonomía, la capacidad y autodeterminación personal, a fuerza del conservadurismo disciplinador y paralizante que promueven y del desconocimiento de los mecanismos sociales de formación de consensos, están ayudando a reconfigurar la politica en Cuba, las percepciones que tienen de ella los ciudadanos, así como las prácticas de éstos para hacer valer su opinión e influir y determinar la toma de decisiones públicas.

Ese aprendizaje, en cuyo centro se alza como esencial la experiencia democrática de la ponderación de la racionalidad y no de las emociones, de la libertad y responsabilidad individual y no de la obediencia e inacción colectiva como el contexto de validación de los argumentos e ideas en la búsqueda del bien común y de la propia participacion, parte necesariamente de la superación del pensamiento egocéntrico, las creencias y posicionamientos circunstanciales de las personas para confluir, como posibilidad, en la legitimidad de prácticas, espacios y estructuras para la confrontación, la negociación y la deliberación pública, así como del acuerdo y compromiso en su acatamiento.

Contar con una poderosa maquinaria estatal, altamente centralizada y eficaz en direccionar recursos y voluntades que, por otra parte, acumula una larga experiencia en el manejo de situaciones de crisis y una, hasta ahora, notable interconexión con las estructuras de la sociedad cubana y los individuos, es un resultado también de la capacidad de retroalimentación que tenga ella para corregir los errores y desviaciones que cuestionen o socaben la efectividad de las políticas que se desarrollen.

La creencia de que los individuos y las sociedades, sus instituciones y las expectativas y demandas que ellos les plantean se estancan y son inmunes a las experiencias y los aprendizajes, es sólo una ilusión muy frecuente en las personas y ciertamente una señal del agotamiento y parálisis de sus paradigmas y de su capacidad para entender o liderear procesos, también de la inminencia o la contemporaneidad de un cambio.

Los momentos actuales pueden ser leídos de muchas formas, pero es preciso encontrar en esas lecturas un camino que trascienda lo coyuntural. Ese es siempre el desafío que las generaciones politicas asumen cuando plantan cara al futuro.

How generations are born

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Ninety-seven years ago, on March 18, 1923, the first political generation of the republic was born. It wasn’t first from the biological point of view, or from that of literary history: the intellectual generation of the 1910s preceded it. But a political generation is something different; it must clearly disassociate itself from the manner of working of its predecessors, break with them and find its own course. It must never be continuity. Political generations are not born of continuities.

The instant when young Ruben Martinez Villena, on behalf of fifteen fellow protesters —of which only thirteen would subscribe the subsequently drawn up document—, interrupted an official act of the Women’s Club of Cuba which honored the Uruguayan educator Paulina Luissi, would become a historical event known as the Protest of the Thirteen.

Described as the ‘baptism of dignity’ of that group by Juan Marinello, it was an apparently reformist gesture of disobedience, for it was limited to denouncing the corruption of Alfredo Zayas’s government. However, it signaled the public breaking of the ‘magical ascendancy’ that the generation of generals and doctors exerted over Cuban society, and particularly over its intellectuals. The political monopoly of those who fought in the wars for independence was beginning to be questioned. Four years later it would go into a definitive crisis with Gerardo Machado’s announcement of the extension of powers.

By the mid-1920s, the revolutionaries of ‘95 had grown old, and with them an ineffective rhetoric which drove the country into a dead end. The intellectual youth had to find their own path. The Protest of the Thirteen was its first step.

The generations which have transcended in history —whether literary or political— are the ones who realize that their aspirations, interests, and needs are different from those of their elders; and act accordingly. Italian philosopher Antonio Gramsci believed that, at times when the political horizon becomes narrower, contradictions tend to manifest in the cultural and symbolic spheres. That was the case of that generation. Their concerns were cultural, in the broad sense of the word. They would soon turn their backs on academia in fields such as education, visual arts, literature, and music. Academia would answer reciprocally.

Later, they would form the Minorist Group, the Cuban Action Phalanx and other organizations, formal and informal. That intellectual core didn’t have a defined ideological affiliation; however, it would contribute to Cuban politics —in a more or less short time— representatives of all tendencies: communists, Marxists, liberal anti-imperialists, reformists, and also great writers and artists who did not identify with any of those tendencies.

Times change, and controversial issues, interests, and aspirations change with them. The ways and means by which preceding generations are challenged are also modified. But there’s always a sociological model which allows us to verify those splits.

More than a year ago I wrote these words, which I believe are perfectly valid now, perhaps more than when they were written:

‘Bertolt Brecht said that youth has bullet-proof impetuousness, but an optimist which does not tolerate disillusion; and the young voices of today are not the ones who, in the 80s, asked for orders and begged to be told what to do. After so many decades of experiments and regressions, in the midst of a process which is considered to be one of the changes and through media that can no longer be controlled, a generation has emerged which is proposing what should be done. But it must be heard, without prejudice, on equal footing, otherwise we will witness a monologue rather than a dialogue. Those of us who are not their chronological peers, but agree with their ideas, must support them.

There are no historical generations; there are generations that make history. The progress of a society doesn’t only lie in continuities; it lies also in changes, and the new generations are charged with that. We must stand with them. Or better, we must be part of them.’

The controversies which now present themselves with a cultural and symbolic appearance among certain sectors of our youth —‘What is art?’ ‘Who is an artist?’ ‘What’s the role of symbols and our relationship with them?’ ‘Is it valid to question historical memory?’ among other questions— are actually issues of a political nature. It’s possible that the way of settling them isn’t shared by all, but closing our eyes to that reality isn’t healthy.

Political office may be delegated; a political generation may not. It will earn its space one way or another. The protestors of 1923 earned a place in history. Today we remember them with admiration.

Translated from the original

Cuba: Brace for Impact

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Foto: AFP

There’s no way to explain this without a dose of drama, but it must be said. We must get ready for the possibility that every Cuban family will have a member or friend who will die in the next few months due to infection with COVID-19. We might think that, in an act of chauvinism, the national health system will underreport the number of cases, but the arrival of the pandemic is not just unavoidable, it’s a fact.

The new strain of coronavirus ended the world as we knew it a few months ago; something known in every country the disease has reached with enough time to reproduce. Cuba will soon know that too.

The global mortality rate estimated by the World Health Organization (WHO) currently sits at 3.4%. This doesn’t mean that the island may not be able to reduce that number, but such an outcome would require extraordinary measures that are yet to be implemented. The decision to put off social distancing, the closing of schools and the scaling down of the national productive cycle, has so far been criticized and defended with more political than scientific arguments.

In contrast, the countries successfully facing the disease are the ones that have mustered willpower, setting aside their internal differences.

It’s been verified that the moment and manner in which countries choose to contain the epidemic are decisive in its eventual impact. The social shutdown which has taken place in Europe and is now beginning in the US is the only effective way to contain the spreading.

The Cuban state policy of containment/mitigation and of deferring the closing of the country as a last resort is economically understandable, but it implies risks. Cuba is not conducting random testing to identify when COVID-19 will go from being an imported disease to freely circulate in the streets. Delaying isolation for too long may be dangerous, so the moment for everyone to go home should arrive soon. Success will depend on citizen participation.

The cultural traits of the population, far more used to physical proximity than that of other nations, represent a hazard when the first measure of prevention is isolation. Also, Cuba suffers economic sanctions which put the country at a disadvantage to face the crisis, while the US shows no sign of making a humanitarian gesture and scaling down its policy of maximum pressure on the island. Not even with 1100 deaths in Iran has the Trump administration reduced its sanctions. Cuba should not expect anything different.

Since it’s a new strain, it’s left to be seen whether reinfection is possible, whether a seasonal change will have some sort of influence or whether the virus can mutate. But we must get ready for the worst.

Additionally, the social practice of going to extremes, from disinformation to panic and from silence to stridency, is counterproductive in cases such as this one. The possibility of a mature debate in social media about how to face the crisis hasn’t materialized either. The public sphere is affected by the Industry of Indignation, an ecosystem of online political activists, specializing in maximizing citizen indignation in the face of any government decision.

It doesn’t matter whether the Cuban government received the MS Braemar cruise liner with British passengers or not, criticism of its decision was assured. On the other hand, triumphalism and official propaganda are amalgamated with the information provided by professionals in the Cuban medical industry, the true authority at a time of epidemiological crisis.

Cubans must prepare for true social distancing, washing their hands frequently and remaining in their homes, perhaps for months. Even with all that, many would contract the virus. The goal isn’t preventing the number of cases from rising, something for which citizens must be ready, but reducing the number of infections, and especially to not flood the national health system. According to World Bank figures, Cuba has 5.2 hospital beds for every 1000 inhabitants. Each country is different, but if the trend until now is that an elevated number of inhabitants contract the disease, then the availability of beds becomes a matter of life and death.

China and Italy applied a probabilistic selection tool which decides who can occupy a bed or a piece of medical equipment and who can’t. According to this terrible yet necessary method, the elderly –despite being a more vulnerable sector– have had to cede their place to younger patients with a better chance of surviving.

If over 20% of Cubans are older than 60, the math becomes simple and macabre. Due to the magnitude of the danger, it is prudent that the Cuban State applies a mechanism of national lockdown as soon as the first locally transmitted case is identified. This measure will have a high economic cost at a time that’s already delicate as it is, but it seems indispensable.

If the global mortality rate does not vary, thousands of Cubans may die in the next few months due to COVID-19. Since it’s a new disease, there’s no immunity, which increases the risk of infection in inhabitants. Dividing the number of deaths between the number of cases, we’re able to calculate the mortality rate. It’s still too soon to make predictions in the case of Cuba.

Anyone who needs a dose of hope in these times may find it in literature. According to the fiction novel World War Z, after a global pandemic, Cuba became the wealthiest nation in the world for its geography, political system and education. Other scientific texts describe how to face an epidemic, and history books explain how previous crises have been weathered.

If this text hasn’t been enough to take the situation seriously, let us bring some perspective. The last great pandemic was the Spanish Flu of 1918, with a mortality rate of 2.5%, and it wiped out 50 million people. It’s quite possible that one of our ancestors might have died back then. From now on, we recommend being well-informed, following the guidance of medical authorities, and perhaps finding refuge in literature in the privacy of our homes to contribute to the necessary distancing. Just be aware that some of the books we considered apocalyptic in the past may today be found in the contemporary history section.

Translated from the original

Cuba reacciona ante coronavirus

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FOTO: Sitio de la Presidencia de la República

El presidente de Cuba, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, anunció hoy el cierre de las fronteras nacionales para la entrada del turismo, en aras de disminuir la propagación de la COVID-19 en el territorio nacional.

Durante una emisión especial del programa televisivo Mesa Redonda, el mandatario caribeño informó el aumento a 21 casos confirmados de coronavirus en el país, de los cuáles diez son extranjeros. Se resaltó que 716 persona se encuentran en constante seguimiento bajo el régimen de cuarentena en instalaciones médicas de diferentes provincias del país.

Señaló, además, que solo se permitirá la entrada a residentes en Cuba que se encuentren en el exterior -lo que incluye a extranjeros que radican en el territorio nacional de forma permanente o temporal por motivos de trabajo-, y a las embarcaciones de carga y aviones ligados a las actividades de comercio.

Por otra parte, Diaz-Canel arrojó que: «no se descartan otras más severas en las próximas horas o días, en dependencia de la evolución de la epidemia en el mundo y en Cuba».

Sobre la aplicación de estas nuevas medidas, informó que se establecieron etapas según las cuales se ha actuado: pre-epidémica, o fase uno, en la que se encuentra el país, donde se notifican casos provenientes de países afectados o de locales que han tenido vínculos con estos; fase de transmisión autóctona limitada en la que se confirman casos en los que no se ha tenido vínculo con viajeros de áreas afectadas -localidad, institución o centro-; fase epidérmica donde existen casos sin nexos con viajeros y en distintas localidades del territorio nacional.

Por su parte, el primer ministro de la República de Cuba, Manuel Marrero, señaló que a partir del próximo martes, se regulará la salida de ciudadanos cubanos hacia el exterior. En el programa participaron otras autoridades, quienes informaron varias disposiciones a cumplir por los organismos e instituciones del Estado y la población.

Nota del Editor de La Joven Cuba, Harold Cardenas, a propósito de las medidas:

Escuchando al presidente cubano, creo que un problema grave es la falta de comunicación y empatía. Es no entender las decisiones difíciles del Estado sobre cuándo comenzar el cierre nacional, que provocará un sufrimiento impredecible. No entender que las críticas, exigencias y reclamos ciudadanos al Estado son legítimos y forman parte de una rendición de cuentas aún débil en Cuba. Aprovechar la pandemia para avanzar agendas políticas es irresponsable, también las miserias humanas.

Que quienes apoyan las sanciones a Cuba sean paladines del cierre de fronteras que afecta aún más la economía nacional, no es casual. Pero debe entenderse que la exigencia por cerrar tales “fronteras” viene también de personas bienintencionadas. Cientos de miles de cubanos están en países donde el virus va por etapas más avanzadas, algunos con vecinos muriendo y militares en las calles. Nadie conoce la impotencia de vivir fuera de Cuba y no saber cómo ayudar/prevenir a los suyos hasta que lo vive. Acusar ligeramente a quienes exigen más transparencia o prontitud en el plan gubernamental para lidiar con la crisis, no sólo es un error, es una estupidez.

El gobierno cubano se hubiera ahorrado muchas críticas cuando anunció que recibiría el MS Braemer si hubiera explicado el protocolo que luego implementó. Se hubiera ahorrado aún más si explicara que las medidas drásticas no se tomarían hasta que se confirme un caso de transmisión doméstica. Algo con lo que estoy de acuerdo, porque es el punto intermedio entre no matar de enfermedad o hambre un país.

Cuba está sancionada por otra nación que ni siquiera en una situación humanitaria así decide aflojar la asfixia. Pero el problema del gobierno cubano sigue siendo de relaciones públicas y la mala propaganda de sus actores digitales, no de malicia. Recibir un crucero de enfermos y enviar médicos a otro país, sí es una jugada inteligente de relaciones públicas, pero también honra la historia nacional, por mucho que otros intenten desacreditarlo. Le daré un voto de confianza al gobierno cubano, que ha demostrado ser eficiente en cuestiones de defensa nacional. Un voto de confianza no es lo mismo que tener fe, mucho menos ciega, porque requiere que el gobierno rinda cuentas constantemente y mejore su comunicación.

Seguiré advirtiendo sobre el peligro que se avecina, encerrado en mi casa en un país donde el gobierno subestimó inicialmente el virus. La Joven Cuba seguirá cubriendo también esta crisis. Los epidemiólogos saben que en este tema, es mejor quedar como tontos alarmistas que como ingenuos sorprendidos, porque cuesta vidas. Yo no seré de estos últimos, por empatía.