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Iniciativa de Vida

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El mundo arde, fuegos en el Amazonas, Australia y hasta en California destruyen ecosistemas, viviendas y recursos naturales finitos. Del otro lado del globo terráqueo, inundaciones en India, Bangladesh y China dejan miles de muertos en solo este mes de agosto. Intensos huracanes o sequías infernales acechan sin piedad. Las temperaturas altas durante el verano alcanzan records históricos cada año y ya casi no cae nieve durante el invierno de New York. La biblia narra el Apocalipsis, Hollywood el fin del mundo y nosotros vivimos el horrible rostro del Cambio Climático.

En 2018, una joven sueca comenzó su activismo al faltar a clases por tres semanas consecutivas. En lugar de la escuela, se sentó frente al parlamento de su país con un cartel de “Huelga Escolar por el Clima”. Hoy Greta Thunberg es una de las 100 personalidades más influyentes del mundo, según la revista Time. Impulsado por una pequeña iniciativa, el efecto bola de nieve ha empezado.

Este 25 de septiembre, se suponía que el mundo celebraría por segundo año consecutivo el Día Global por la Acción Climática.

En 2019, más de 1000 ciudades, con una participación de alrededor de 4 millones de personas, protestaron por el cuidado del medio ambiente. Se suponía que el 2020 iba a ser “el año de la acción climática”, pero por cuestiones del destino ha sido el año de la pandemia del covid-19. Castigo de la naturaleza, o evolución cíclica, la covid-19 ha cambiado nuestras vidas, pero no puede distraernos de problemas que también son inminentes.

El impacto de la pandemia no puede subestimarse, y la recuperación llevará tiempo. Hoy el mundo prioriza la situación global del coronavirus, cuando cerca de 1 millón de personas han perdido la vida a causa de la enfermedad. Pero la existencia del planeta tierra como la conocemos, está en juego. Del coronavirus saldremos airosos, del cambio climático todavía no queda claro.

La Antártica registra récord de día más caluroso en medio del mes de Febrero. Todavía hoy, cuando sobran los ejemplos y señales de que el planeta anda mal, en muchos países abundan los negadores. Para colmo de males, el presidente de la segunda nación más contaminante del mundo, Estados Unidos, es el Commander in Chief de la negación. Este país genera alrededor del 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero, según la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de EE.UU. Para completar su plan contra el cambio climático, en noviembre de este año se hará efectiva la salida de USA del Acuerdo de París.

Para países en desarrollo el cambio climático puede parecer un asunto elitista. No lo es.

¿Por qué preocuparse por un problema causado en gran medida, por las principales potencias económicas del mundo? Como consecuencia directa del aumento del nivel del mar en Cuba, en solo 30 años, unos 14 poblados cubanos desaparecerían, lo que podría significar el desplazamiento de más de 40,000 personas a causa de la pérdida de sus viviendas, según un estudio publicado por la revista Cubana de Meteorología.

Pero los negadores no son solo cosa de los países desarrollados, en Cuba muchas personas recuerdan que el cambio climático existe con cada ciclón tropical que golpea la isla, y quizás ni siquiera así.

Algunos le llamarían cultura cívica, otros conciencia ambiental, la realidad es que hay acciones que están a la mano de cualquier ciudadano, no importa el nivel económico del país. El cubano se ha acostumbrado a vivir entre la basura, bota el papel en la calle, echa la basura fuera del contenedor, deja la lata en la playa.

El plan del Estado para el enfrentamiento al cambio climático, conocido como Tarea Vida, no puede ser solo asunto del gobierno. En un plan que tiene como objetivo el 2050 la acción directa de los ciudadanos también tienen que estar contemplada. Cada personas debe estar inmersa y necesita construir su propia iniciativa de respuesta.

Aunque según el sitio web DatosMacro, Cuba ocupa el puesto 107 entre los países emisores de CO2, el parque automovilístico del país contrasta con la posición que ocupa la isla. Con carros rondando que fueron construidos hace más de 70 años, muchos de ellos en pésimo estado de conservación, el país no puede aspirar a continuar reduciendo la huella de carbono. Por otra parte, apuntar a desarrollar las energías renovables tiene que ser objetivo principal para los próximos años.

Buenas iniciativas han surgido en Cuba en los últimos años, como los grupos de bicicleteros o los activistas animalistas ya son una realidad entre la ciudadanía cubana. Unido a los derechos de los animales, también está el derecho del planeta a seguir existiendo.

El cambio climático se ha convertido en un tema de derechos humanos.

El derecho a la vida está en riesgo si no dedicamos tiempo a preocuparnos por el futuro del planeta que habitamos. Ciudadanos del mundo, uníos antes de que el reloj llegue a la hora irreversible.

Quizás usted no sea del estilo de Greta Thunberg, pero si le preocupa el futuro de la humanidad y con ello el suyo propio, comience por educarse a sí mismo y a los suyos. Las acciones son muchas y dependen de la personalidad de cada persona. Lo primero es interiorizar que si queremos un mundo más limpio, tenemos que empezar por un país de hombres y mujeres ecologistas. Las llamas del infierno se acercan cada vez más, mantenga a mano el extintor.

El gobierno que pospuso los cambios

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Foto: Periodico 26

La COVID nos acosa hace ya más de 6 meses y mucha enseñanza nos ha dejado, pero el mayor miedo ocurre, cuando quien se contagia posee otras enfermedades. La mayor parte, o creo todos los fallecidos en Cuba por esta enfermedad, tenían otras enfermedades antes de contagiarse. Mucho ha sido el descuido de una parte de la población, por lo que el gobierno, ha tenido que dictar medidas severas, para castigar a quienes por negligencia no cumplen con el distanciamiento, la cuarentena y el resto de las orientaciones de las autoridades, para disminuir o eliminar la transmisión del virus.

El arribo de esta enfermedad al país, coincidió con uno de los peores períodos de la economía; desabastecimiento, recrudecimiento del bloqueo, persecución de cuanto negocio se intenta hacer, a lo que se le sumó la disminución de la entrada de divisas, porque fue necesario parar el acceso de los turistas y una parte importante de las empresas.

El gobierno, en medio de esta situación, ha decidido la implementación de un grupo de medidas, para reactivar la economía, poniendo el énfasis en la auto sostenibilidad, fundamentalmente en lo que a la alimentación respecta. Esto es loable, más no tienen pudor al decir, que no son medidas recién propuestas por especialistas, reconocen que estas fueron aprobadas ya en el 6to Congreso del PCC, y ratificadas en el 7mo, más aún; el pueblo las solicitó antes, motivo por el cual, se tuvieron que aprobar hace más de 11 años.

Para que esta aprobación sucediera en ambos congresos, tuvo que tener la aprobación de la mayoría de los delegados, pero si después no se les puso en práctica, sólo puede deberse a que, una parte de los dirigentes del partido, no apoyan su implementación. Desde entonces a la fecha, no han sido grandes los cambios en el Buró Político, ni en el Comité Central, por lo que no es de descartar, que estas personas, aun ocupan altos cargos en la dirección del PCC.

No los podemos identificar, no han tenido el valor de defender sus posiciones de forma pública.

11 años es un período largo de tiempo, si le damos el beneficio de la duda al efecto positivo que las medidas puedan tener sobre el desempeño de la economía en el país. Se puede definir entonces que en estos momentos sería mayor la presencia de alimentos básicos en los mercados, por ello, más bajos los precios, al alcance de todos, no se verían entonces en momentos tan difíciles las grandes colas y verdaderas aglomeraciones frente a las tiendas, se pudiera además, pensar en una mejor posición frente a los acreedores.

No voy a ser dramático y culpar al grupo de “conservadores”, de las muertes de los pacientes producto a la pandemia, pero no cabe la menor duda, de que su actuar negligente, ha incidido negativamente en la economía y puede ser responsabilizado de las aglomeraciones en las tiendas y el desabastecimiento de los mercados. No pretendo justificar el actuar irresponsable de una parte significativa de la población, pero el hecho de que la enfermedad nos haya obligado a estar distanciados por largos períodos de tiempo, algo nunca antes visto, ha motivado a muchos a actuar de esa manera.

Los “conservadores” merecen, no sólo el escarnio de sus víctimas, merecen el justo castigo y que los conozca toda la población, que se les lleve ante los tribunales, y juzgue por los daños económicos causados, por su abuso del poder. La economía cubana ya estaba enferma antes de la llegada de la COVID al país, quienes tenían la responsabilidad de mantenerla sana, fallaron y no por desconocimiento, sino por ególatras. Ninguno de ellos sufre las penurias y desabastecimientos que sufre la población.

Se presentan como grandes revolucionarios, cuando en realidad, son la peor contrarrevolución que enfrentamos. Vistiendo el uniforme de patriotas, le facilitan el camino a quienes nos atacan desde fuera. Una enseñanza debemos sacar; si no somos capaces de defendernos, nadie lo hará por nosotros, el silencio nos hunde, seamos fuertes y defendamos nuestras ideas, cerremos el paso a quienes constituyen los verdaderos enemigos internos.

El magnate en el tejado

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Podría tener su propio juicio en Nuremberg y su estrella en el paseo de la fama de Hollywood. Podría tener su propio programa televisado, quién sabe, un show amarillista con toques de humor negro. En su personalidad se combinan la irreverencia de un artista adolescente y la dureza de un militar.

Posee la capacidad de combatir a los supervillanos, también de crearlos, y en general de mantener el mundo a salvo; el mundo para él es ese espacio que abarca la vista cuando se para en lo alto de su torre, por eso además se parece a los caballeros medievales. Es único, mediático y racialmente correcto, es lo que todos esperaban, ahora y aquí, en carne y valiosos huesos, su candidato, el revolucionario Donald Trump.

Pero para que haya una revolución tienen que haber oprimidos y opresores. Según él los hay, opresores como el partido demócrata, títere secreto del comunismo. Los oprimidos son esa gran mayoría silenciosa, según sus mismas palabras. Esta “mayoría silenciosa”, según The Hoover Institution es más vieja, menos educada y menos rica que el promedio de la población estadounidense. Sólo el 19% son universitarios y más de un tercio gana menos de 50000 al año.

Son pesimistas en cuanto al futuro del país y están resentidos con el expresidente Obama. Y tiene lógica que esta “gran mayoría” apoye al candidato del partido republicano, su realidad se ajusta al discurso de justicia y cambio que ofrece. Pero si sus seguidores fueran sólo los blancos de pocos ingresos y bajo nivel escolar, el candidato no pudiera merecer esa estrella de la fama en Hollywood, lo sorprendente es que entre los latinos y afroamericanos, Trump tiene bastantes seguidores.

¿Por qué hay miembros de minorías apoyando al magnate?

Desde el Black Lives M. A. G. A (make america great again), un movimiento de afroamericanos que apoyan a Trump, hasta personalidades y activistas afroamericanos como Alveda King, sobrina de Martin Luther King y la escritora Carol M. Swain, existe la creencia de que Trump rompió con el orden de Washington, porque dice la verdad, porque no es políticamente correcto  como los demócratas blancos que intentan “decirnos quienes somos”, además, Trump soporta la embestida de los medios.

Por otra parte, según Morning Consult, el 28% de los latinos confiarían a Trump el manejo de la economía al país. Pero para que ya sea un hecho la impresión de las huellas del candidato republicano en el paseo de Hollywood está el hecho de que dentro de la comunidad latina, miles de cubanos encabezan el apoyo al presidente.

¿Será la longeva y casi extinta generación del exilio y sus herederos? Pues sí, porque tras el acercamiento de la era Obama vieron sus sueños y subvenciones en real peligro de desaparecer, y ahora sienten en Trump la mano dura que por fin podría derribar el muro de La Habana –cosa rara teniendo en cuenta que al hombre le gusta construirlos-, en cualquier caso esto sí pondría su nombre en el paseo de la fama, al lado del de Reagan, que fue el otro que tumbó muros y puso sus huellas en cemento mojado.

Pero a pesar de que la comunidad cubanoamericana hoy en día está compuesta en su gran parte por emigrantes que trascienden la política, y miran por sus familiares en la isla, y tienen una postura crítica con las medidas que afectan el envío de remesas y la emigración, hay cubanos de nueva generación que también apoyan al candidato republicano como si en eso les fuera la vida.

Algunos de estos cubanoamericanos comparten características con los votantes clásicos de Trump: bajos ingresos y bajo nivel escolar, racialmente, por supuesto, no comparten nada, pero al magnate les sirve igual, sobre todo teniendo en cuenta que Florida es un Estado decisivo para ganar las elecciones, y dentro de Florida, Miami es trascendental, por supuesto.

Lo curioso es que esta parte de la comunidad cubanoamericana también tiene sus familias en la isla, por tanto las políticas del presidente hacia la isla los afecta de igual manera, es una especie de síndrome de Estocolmo que implica tanto a ciudadanos de a pie, como a personajes populares de origen cubano.

Sin ir más lejos, la conocida actriz Susana Pérez dijo que se sentía feliz de poder contribuir a la campaña del candidato, y hace un par de semanas, en el Central Park de Doral, hubo la llamada madre de todas las caravanas, en la que miles de cubanos participaron en un mitin pro Trump, esta demostración fue organizada por el grupo Cubans4Trump que se puede encontrar junto a otros de su clase, en las redes sociales.

Existe un activismo pro Trump por parte de muchos cubanos en Miami.

Este fenómeno no es para nada ilógico, los esfuerzos que hacen los gestores e campaña del magnate por ganarse Miami no son pocos, una encuesta de Bendixen & Amandi International y Miami Herald, arrojó que Biden tiene 17 puntos por delante de Trump en Miami, pero esto no garantiza la victoria porque Trump tiene el apoyo de la mayoría de los hispanos; increíble. Por su parte NBC hizo pública otra encuesta en la que ambos candidatos están muy igualados en Florida, donde Biden cuenta con mayor apoyo entre los afroamericanos e independientes y Trump entre los hispanos, tratándose de Florida, un gran número serán cubanos.

Pero ¿por qué el magnate se ha ganado a este y otras minorías a pesar de que muchas de sus políticas los afecta directamente? En este sentido hay que hablar de narrativa. Trump es populista –rasgo muy criticado por Estados Unidos en los líderes de izquierda latinoamericanos-. En su discurso logra que sus electores comprendan el mundo según las propias experiencias de estos, y lo hace forma simple. Las estadísticas y el criterio de especialistas que puedan criticar a Trump no convence a sus electores –hay que tener en cuenta las características escolares y culturales de sus votantes-.

No propone medidas para que los afectados económicamente se adapten y sobrevivan en la realidad del país, sino que ofrece cambiar el mundo para que este se adapte a lo que los electores entienden por “el mundo”, para colmo esto lo logra a través de una narrativa explosiva, con soluciones sencillas y cortantes, donde el ciudadano puede sentir el poderío político y económico yendo a su rescate, o al rescate de “la realidad que debe ser”. Para lograr esto el magnate secuestra palabras, cualquier parecido con la obra “1984” ¿es pura coincidencia?; socialismo, socialdemocracia, socialización, todas son sinónimo de comunismo o llevan al comunismo.

Trump vincula a sus rivales políticos con este término prohibido.

El presidente tuiteó que “Biden lleva 47 años en la política y ha sido terrible con los hispanos, por eso ahora se apoya en el adorador de Castro Bernie Sanders”. Logra poner a sus propios rivales y a los rivales de todo el sistema en la misma semántica y logra un silogismo casi perfecto: Malestar igual a comunismo, comunismo igual a Castro, Castro igual a Sanders, Sanders igual a Biden, Trump distinto de Biden, ergo, Trump igual a bienestar.

Estas estrategias de campaña han tenido un resultado increíble entre los cubanos de Miami, a pesar de que gran parte de esta comunidad entiende que el candidato republicano no es la opción que quieren para los Estados Unidos, ni les hace gracia alguna consecuencias que puede tener esto en sus familiares de la isla.

Pero no sólo muchos cubanos de Miami, testigos de otra realidad y de otras relaciones económico-sociales, han creído en la narrativa del magnate, incluso en la isla hay quien defiende los criterios del candidato. En los grupos de las redes sociales que hacen campaña por el empresario neoyorquino, sobran los miembros que viven permanentemente en la isla, y no se trata de activistas pagados desde Estados Unidos, al menos no solamente.

Más preocupante todavía, son ciudadanos cuyo nivel de conocimiento político, quizás de historia, de economía seguro, son casi nulos, e incluso desde aquí, creen que en realidad “Make America Great Again” se aplica también a ellos. Quizás ignoran que como caballero medieval, para Trump América es ese espacio que abarca la vista cuando se para en lo alto de su torre, desde donde no se ve La Habana, y sólo si hay un día despejado y es período electoral, se ve Miami.

Nota aclaratoria

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Ayer miércoles en la tarde, en los distintos soportes de difusión de contenido de LJC, fue publicado el texto titulado: “¿Un trumpismo cubano de ultraizquierda?”, del politólogo y jurista cubano, Roberto Yepe, donde se hacía alusión al acceso a un grupo en la red social Facebook, que opera bajo el nombre del medio de prensa partidista cubano, Cubadebate.

A propuesta del equipo editorial de nuestro medio y después de comprobar que tal grupo no era la página oficial de Cubadebate en Facebook, le avisamos al autor del error. También le pedimos que compartiera con los lectores una nota aclaratoria sobre la mencionada publicación.

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Recientemente escribí un comentario titulado “¿Un trumpismo cubano de ultraizquierda?”, a raíz de la pregunta de admisión de un grupo de Facebook que erróneamente consideré vinculado al conocido sitio informativo Cubadebate, a partir de que el grupo en cuestión utiliza su misma denominación y logotipo.

Lamento profundamente haber sido víctima de una evidente operación de desinformación y haber contribuido involuntariamente con ella a partir de mi comentario.

Pido disculpas a Cubadebate y a todos los lectores.

De la misma manera, más allá de la indebida referencia a Cubadebate, ratifico la esencia y la pertinencia de lo expresado en mi comentario con respecto a cualquier manifestación de intolerancia y extremismo político-ideológico, venga de donde venga.

Roberto Yepe

En tiempos de abundante desinformación, exceso de propaganda y asesinatos de reputación con el objetivo de radicalizar políticamente a los cubanos, ratificamos nuestro compromiso con brindar la información y el análisis balanceado que merece nuestro público. El equipo editorial de LJC pide disculpas a nuestros lectores y a Cubadebate ante tal incidente. En las próximas semanas tomaremos medidas para evitar que esto se repita.

Somos @LaJovenCuba??

Democracia en tiempos de Twitter

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El término “dinámica de trincheras” se ha usado repetidamente para referirse a un tipo de intercambio que se ha establecido en las redes sociales de internet (RSI) con relación al tema político cubano, y que viene recibiendo particular atención de los medios en los últimos meses. Efectivamente, las usuarias de RSI que discutimos sobre Cuba habitamos un escenario muy polarizado; nos movemos en cámaras de eco que impulsan la autoafirmación hacia posturas cada vez menos reconciliables, ahondando por igual las trincheras del macartismo y las del leninismo ortodoxo.

El fenómeno, no obstante, está lejos de ser únicamente cubano. En los últimos años ha aparecido un número creciente de investigaciones en revistas científicas de alto impacto que intentan descifrar las claves profundas de la emergencia y consolidación de tribus y burbujas en las RSI, particularmente las relacionadas con temáticas polarizadoras. Es un cuerpo de estudios floreciente y complejo donde se emplean enfoques epistemológicos tan distantes como los de la psicología cognitiva y la física estadística.

Y es que, más allá del interés académico, la polarización política exacerbada con la ayuda de Twitter, Facebook o Telegram comienza a amenazar la estabilidad misma de las democracias liberales, impidiendo la generación de consensos amplios que permitan el avance de la sociedad. En la última década las RSI pasaron de ser un medio alternativo de propaganda electoral a convertirse en el centro preferencial de información y debate político.

Paralelamente, el modelo de representación política capitalista entró en una crisis que es visible en lo externo por cismas macroscópicos específicos como el del Brexit, Trump o Bolsonaro, pero que es mucho más general, y que tiene a lo interno una dimensión institucional (estructural) importante.

La representación política es un concepto en constante evolución. Que se vea afectada por los cambios sociales no es nada nuevo. De hecho, las cámaras de eco no son siempre entornos acríticos de simple repetición de mensajes; y ciertamente tampoco son un producto nacido de internet. En cierto modo, una cámara de eco es justamente lo que un partido político genera idealmente en su militancia: una suerte de think tank de base.

El problema es que las RSI, a diferencia de las redes sociales tradicionales, son en gran medida un sistema auto-organizado, donde a menudo es difícil para las élites mantener el control sobre los discursos, y donde las posiciones extremas se ven inevitablemente reforzadas por el alcance y la masividad sin precedente de las interacciones. Con las RSI estamos cada vez más cerca de personas que piensan exactamente igual a nosotras, y cada vez menos obligadas a interactuar cordialmente con quien piensa diferente: el cóctel perfecto para los extremismos.

Quizás no debía preocuparnos tanto la democracia liberal.

Si en algo se puede dar crédito al capitalismo es precisamente en su probada resiliencia. Y habría aún que recordar que el elemento democrático en el capitalismo no es ni esencial ni fundacional, sino una expresión de esa resiliencia, configurado para suavizar las asperezas de la representación. La forma original en la que Francia y EEUU se concibieron fue la de repúblicas de gobierno representativo; y se habla de sufragio y representación como sustento de la plataforma antimonárquica, pero no existe el término democracia en ninguno de sus documentos fundacionales.

Esa eterna y peligrosa puja de poder-en-las-representantes versus poder-en-las-ciudadanas, que no fue resuelta de inmediato con las revoluciones políticas del siglo XVIII, encontró finalmente distensión en la forma burguesa de democracia de partidos. Hoy para muchas académicas está bien establecido que el modelo de democracia liberal solo fue posible cuando, tras un cuidadoso consenso teórico, se diseñó un modo en el que el voto popular no sería peligroso ni para la propiedad, ni para el mantenimiento de una sociedad dividida en clases. Este punto, lejos de ser ocioso, tiene mucha importancia práctica, porque ayuda a desmontar la lógica que hoy identifica a la democracia con “la democracia liberal”, que no es sino una implementación particular del concepto.

No hay dudas de que la democracia liberal ha servido como medio de desarrollo y consolidación de un grupo específico de derechos humanos, mayormente de primera generación. Mas no por eso deja de ser un diseño de democracia subordinado a los intereses de una clase, en cuya agenda inmediata no figura la justicia social ni varios otros derechos humanos básicos. Mucho más interesante entonces, desde nuestra perspectiva y quizá también desde una perspectiva general anticapitalista, es pensar el efecto que las RSI y la revolución tecnológica de la comunicación está teniendo para la democracia popular, y en particular, su efecto en el sistema cubano de democracia participativa.

La democracia popular, que nace de las luchas de la clase proletaria en los primeros modelos de socialismo, entendió desde el inicio que un sistema de partidos políticos, dosificando la pluralidad bajo el visto bueno de la clase burguesa, solo podría ser consistente con la explotación de las mayorías. Tras la breve pero intensa experiencia de la comuna de París, esta democracia reaparece con el modelo fundacional ruso de todo el poder para los sóviets, materializando la aspiración popular de un gobierno emanado de las ciudadanas.

Así, en un mundo que entendía la democracia liberal como lo que es: un mecanismo incompleto, orgánico a las élites económicas, y aun cuando en la práctica el nuevo mecanismo de democracia popular devendría también en instrumento de una élite, esta vez político-burocrática, los países que reivindicaban las revoluciones socialistas daban un valor central a la implementación de la democracia, en el entendido consenso de que así, a secas, significaba democracia popular, la verdadera.

De ahí la recurrencia de los términos democrática y/o popular en el nombre de la mayoría de las nuevas repúblicas socialistas, cuyo foco en un grupo de derechos humanos, típicamente de segunda generación, impulsó las luchas cívicas por los derechos de las mayorías en todo el mundo.

Cuando se restablece la democracia en la Cuba revolucionaria lo hace en forma de democracia popular.

Así, reivindica el modelo socialista de participación como plataforma para la elección del legislativo y la posterior formación de gobierno. Hemos heredado entonces un sistema electoral estructuralmente antiburgués, pero al mismo tiempo implementado con los defectos de representación que acompañaron a la práctica democrática del socialismo real; a saber, un control estricto del partido comunista, particularmente en los niveles de representación medio y alto.

Adicionalmente, el contexto de guerra fría, extendido hasta el día de hoy en la agresión imperialista hacia Cuba, ha ayudado a mantener una serie de escollos sociales largamente anacrónicos para el ejercicio de la libre expresión, asociación y otros, que impiden un debate democrático eficiente. 

Es quizá muy temprano para aventurar un análisis demasiado fino sobre el impacto que las RSI tendrán en un modelo de democracia como el nuestro. A todas luces el elemento más importante parece estar conectado con la facilitación a través de internet de vías nuevas de expresión, asociación e interacción. O sea, no solo el impacto de su escala global, sino incluso la mera existencia de estas vías fuera de los canales institucionales establecidos.

Desde el punto de vista del alcance y la masividad, el debate político cubano sufre ahora los mismos problemas de polarización que en otras latitudes. Más aún, la sociedad cubana se va insertando en una agenda temática global que ya estaba muy polarizada desde antes, y que contiene áreas disímiles, muchas veces relacionadas con los derechos y las perspectivas de las minorías.

A pesar de la emergencia de discursos de odio, este ensanchamiento del debate activo influye o está llamado a influir positivamente en la calidad de la democracia cubana, resolviendo uno de los puntos débiles de la concepción democrática popular: la visibilidad de los grupos minoritarios.

La creciente visibilidad en las RSI de las minorías y en general de los sectores menos favorecidos ofrece una fortaleza sin precedente para el debate democrático en Cuba, energizando desde el espacio digital las funciones tradicionales de las asociaciones, del periodismo y de la rendición de cuentas de los cuadros del gobierno. Puede que nuestra democracia aún no asimile bien este brusco reacomodo de los códigos de tolerancia, la falibilidad de las fuentes y la relatividad de los mecanismos de autovalidación, pero es capaz de hacerlo perfectamente y es un efecto que ya puede verse, cuya influencia el mismo gobierno ha reconocido en un par de ocasiones.

En la velocidad de esta asimilación influye negativamente el rol de las actoras financiadas de forma ilegítima, o sea, con dinero para cambio de régimen. No solo porque generan una distorsión muchas veces artificial del debate, sino porque acentúan la constante necesidad de identificar y denunciar esas fuentes ilegítimas, complicando el actuar racional de los amplios mecanismos cubanos de defensa de la soberanía y seguridad del estado.

Este aporte de las RSI al debate democrático cubano es más bien de arriba hacia abajo.

La mejor percepción de las minorías, la expresión ciudadana sobre temas de interés general y el espíritu de fiscalización a las representantes influye de forma directa sobre las estructuras legislativas y de gobierno naturalmente con más fuerza en los niveles medio y alto.

En esa dirección ya hay muchos esfuerzos de creación de sistemas y aplicaciones informáticas de fiscalización, de datos abiertos, de gobierno electrónico, etc., tanto desde la sociedad civil como desde las instituciones del estado, que más allá de las RSI van conformando el grupo de herramientas imprescindibles para la interacción de las representantes con las electoras.

Pero hay un segundo aporte potencial, profundamente orgánico al desarrollo de la democracia popular, que consiste en la implementación de sistemas concebidos para fortalecer la organización ciudadana de abajo hacia arriba. Esta variante de interacción digital enfocada al territorio y la participación comunitaria ha sido poco explotada por las actoras regulares de internet y las grandes desarrolladoras de RSI más allá de servicios de citas y mapeo de trayectorias e intereses locales. Sin embargo, en el centro de esta concepción territorial se encuentra una idea relativamente nueva y peligrosamente tangencial para los mecanismos de democracia burguesa: la democracia 2.0.

La idea de la democracia 2.0 se basa justamente en explotar el poder de integración de las actoras electorales por medio de internet, y es compatible con una estructura territorial, con diseños enfocados hacia la elección. En un contexto de democracia liberal, el espíritu de la democracia 2.0 es doblemente novedoso. Por un lado, aprovecha las nuevas tecnologías de comunicación para organizar el debate y la expresión ciudadana, y por otro produce un empoderamiento activo de las bases electorales.

Este empoderamiento tiene su expresión más obvia en la natural nominación de representantes, opuesta a la existencia de representantes designados a priori con discursos precalculados por un partido. Así, es comprensible que las concepciones sobre democracia 2.0 en el mundo se estén desarrollado mucho más en una dirección puramente legislativa que hacia mecanismos que involucren elección de representantes.

Al día de hoy, no obstante, valiosos intentos de implementación práctica en ambas direcciones dentro del sistema liberal comienzan a engrosar una experiencia. Para ver dos ejemplos, las interesadas pueden visitar la plataforma electoral francesa La Primaire y la aplicación brasileña de interacción con el legislativo Poder do Voto, ambas organizadas por la sociedad civil.

Debemos notar que esta aproximación de abajo hacia arriba, que es transgresora para el sistema democrático del capitalismo real, tiene una lectura muy diferente desde un sistema de democracia popular como el cubano, donde los elementos esenciales de democracia 2.0 entran suave y naturalmente en el proceso electoral, particularmente en los actuales mecanismos de base que no tienen ninguna contradicción de principio con los fundamentos de las estrategias de elección de representantes en la red.

Contrario a la mayoría de los países, la implementación de sistemas inspirados en la democracia 2.0 no cambia la esencia de una democracia como la cubana, y sí podría impulsar de forma decisiva la calidad de nuestro proceso electoral desde la base.

La novedad que contiene la interacción social online en la discusión de opiniones y puntos de vista a nivel de comunidad, validación de acciones, retroalimentación de propuestas y, sobre todo, el amplio espectro de inclusión que se puede lograr con su componente interactivo, va mucho más allá de la idea de democracia 2.0. Si bien ésta gozaría de una función privilegiada de conexión entre la micro- y la macroescala de la democracia popular. En cualquier caso, la revolución de las comunicaciones y las RSI todavía tiene muchas cosas que decir en el ejercicio democrático de una sociedad como la nuestra, y una de ellas es que hay mucho espacio en el fondo.

La comunidad es un espacio ávido de iniciativas.

¿Arrastrarían las iniciativas territoriales los mismos males de intolerancia y odio propios de las RSI masivas hacia el debate comunitario? Puede ser. Aún para la microescala esto sigue siendo un problema que necesita estudio y sistematización. Pero hay muchos motivos para esperar que en un contexto local las personas terminen siendo mucho más tolerantes e inclusivas. Y la clave es la empatía.

El hecho no solo de interactuar para efectivamente cambiar algo, sino hacerlo desde el debate con las personas que te rodean en el espacio tridimensional, dentro de una comunidad en la que se han desarrollado de forma personal afectos y compromisos de convivencia. Hay mucha evidencia sobre el rol de la empatía en la generación de consensos a través de la valoración emocional de las experiencias ajenas y su importancia para la otra.

Sería un feliz acierto si la solución al discurso de odio y polarización del debate cubano pasara justamente por una expansión participativa hacia la microescala, apoyada en las estructuras democráticas populares. Es una esperanza razonable; se ha dicho incluso que el problema del odio y la intolerancia en Cuba, más allá de casos particulares, es mayormente una pose, porque es algo que hace tiempo la familia cubana resolvió dentro de sus casas, donde descansa el componente más original de lo que somos. ¿Cuánto podrían ayudar entonces unas RSI con estructuras de barrio?

La dinámica de trincheras es una imagen sangrienta pero metafóricamente ajustada. Se pelea ferozmente en las RSI, en los blogs y en cuanto lugar admita opiniones. Pero más peligroso es que estemos intentando mejorar ese intercambio desde la misma lógica liberal de bandos como única expresión democrática posible. Es hora de comenzar a pensar en las crecientes oportunidades del nuevo escenario comunicacional y conectar el sistema de democracia popular cubano con las RSI, en modelos de debate que empoderen al barrio y legitimen los consensos y las representantes desde un intercambio honesto basado en la empatía.

En medio de la primera guerra mundial, donde la dinámica de trincheras (en el sentido estricto) llegó a su máxima brutalidad, a menudo las líneas enemigas quedaban tan cerca que soldados de uno y otro bando se escuchaban a gritos. Algunas veces, cuando lograban un idioma común, comenzaban por preguntarse noticias del fútbol y del clima… Las treguas de navidad son un episodio impresionante y significativo de la historia humana, donde soldados que se han estado matando por centenares durante muchas semanas, deciden espontáneamente en algún punto detener la guerra; ninguno siendo menos alemán o británico. Son de esperar lamentables consecuencias, escribía un comandante francés en la misma contienda, cuando los hombres se familiarizan con sus vecinos del bando opuesto.

Día Internacional de la Democracia

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Foto: @andreyyalansky19 via Twenty20

Viendo las noticias, me entero que las Naciones Unidas decidieron dedicar el día 15 de septiembre a incentivar la instauración de la democracia. Una buena noticia, pero lo que realmente me llamó la atención, fue el comentario de un conocido periodista del noticiero. Cada vez que se habla en los medios públicos de nuestro país, no puede faltar el comentario crítico sobre la democracia en los Estados Unidos, con énfasis en la manera que utilizan para escoger el presidente. Este es un tema que se comenta y critica tantas veces, que es casi un tema de estudio en los diferentes niveles de enseñanza.

No lo niego, no comparto la idea, de que sean representantes los que tengan el derecho supremo en lugar de los ciudadanos. Sin intención de ser irrespetuoso, considero que es una burla nombrarse demócrata e impedir que sea el pueblo con su voto directo, quien elija al que va a dirigir el destino del país, por un plazo determinado de tiempo. Para no ser injusto con las restantes democracias que se supone existen en países occidentales, estas no son menos vilipendiadas cuando los “expertos cubanos en democracia” comentan sobre ellas en los medios de comunicación. No puedo describir la manera en que usualmente se discute sobre democracia aquí.

El pluripartidismo no recibe nunca elogios, de hecho, yo no lo apoyo tampoco.

Ah!, pero si estamos ante un examen y queremos obtener las mejores calificaciones, no podemos olvidar describir nuestro modelo de democracia como el único verdadero, non plus ultra e insuperable ejemplo de democracia, que cuenta además con el apoyo de todo el pueblo.

Propongo revisar la historia reciente, para verificar si es justo o no, coincidir con esa valoración respecto a la democracia en Cuba. Me viene a la mente una fecha; el 24 de febrero de 2008. Como pueden recordar, ese día sesionó la Asamblea Nacional del Poder Popular, para elegir de entre sus diputados al Presidente del Consejo de Estado y de Ministros y al Primer Vicepresidente, tal y como lo establecía la Constitución en aquellos días. En realidad debían haber elegido otros cargos, pero a solicitud de quien fue elegido como Presidente, se limitaron a elegir sólo al Primer Vicepresidente.

¿Qué tuvo de particular ese día, o más bien esa elección? Ha sido la única vez que se nos ha dado a conocer, que se presentó más de una persona como candidato a un mismo cargo, y por consiguiente, los votantes apoyaron a los candidatos de forma diferente, es cierto que, nunca se publicó cuantos candidatos hubo, ni la cantidad de votos obtenidos pero no podemos negar que el solo hecho, de que al menos de forma pública algo similar ocurriera, ya era un avance, hasta entonces y desde entonces, para los cargos más importantes, sólo se presenta un solo candidato, que siempre obtiene los votos necesarios.

Hasta ahora, ese día puede verse como uno normal o casi, pero si recordamos las palabras del Presidente, al referirse a la manera en que se eligió al otro cargo, se desvanece toda idea de que nos regimos por métodos democráticos de elección, pues fue elegida -y nuestros Diputados lo aceptaron-, la persona que menos votos recibió, por el simple hecho de que el voto de un diputado, valió más que el del resto.

Aunque en Cuba se critica fuertemente al sistema electoral de EEUU, lo hemos copiado.

Decir que el partido no postula a los candidatos, es más que una mentira, es una burla. ¿Quién elige a las comisiones de candidatura? No se hacen por oposición y voto popular. ¿Quién elige a los dirigentes de las organizaciones sociales y de masas? No es el pueblo. ¿Quién elige a los máximos dirigentes del partido en las provincias como Diputados? La lista pudiera extenderse, pero como dijo el Che, no vale la pena emborronar cuartillas.

Un hecho si considero cierto, no se necesitan cambios trascendentales, sólo perfeccionar lo que tenemos, y no olvidar lo que hace años dijo Raúl, “la técnica vale lo que el hombre que la maneja”. Ellos, quienes nos dirigen y representan son la técnica, nosotros, el pueblo, somos los hombres. Demostremos entonces que valemos mucho más, y aprendamos a manejar la técnica, en lugar de dejarnos manejar por ésta, esa es la verdadera democracia. Lo demás es vivir del cuento.

La Cuba profunda y la capital de todos los cubanos

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profunda

Si las diferencias entre el oriente y el occidente de Cuba fueran solo socioculturales y sus efectos se vieran apenas en la rivalidad histórica entre los equipos de pelota de La Habana y Santiago; en si son los habaneros o los orientales los que hablan cantando; o en si bailamos y reímos con los Van Van “La Habana no aguanta más” y con Adalberto Álvarez y su Son “Aquí cualquiera tiene un pariente en el campo”, no habría de qué preocuparse.

La problemática, sin embargo, es más compleja de lo que se cree. Su raíz está en los desequilibrios regionales, que también existen en la mayoría de los países latinoamericanos. En Cuba se constata sobre todo entre el oriente y el occidente.

El fenómeno persiste a pesar de que desde el triunfo de la Revolución se encaminaron políticas integrales para afrontarlos y procurar un territorio nacional más equilibrado. La matriz colonial determina que no se resuelva a corto plazo, en las condiciones de Cuba y junto a otras causas, ni siquiera a mediano.

Las manifestaciones han sido notorias a través del tiempo. Dificultades de acceso al mercado mundial, formación de regiones y  localidades deprimidas, marginadas, procesos socioculturales diferenciados e imposiciones centralistas de las élites dominantes habaneras. Incluso las influencias de los poderes externos vinculados en cada época. Todo eso explica, por ejemplo, las recurrentes reivindicaciones federales para la República desde las guerras por la independencia (1868) y el histórico “Oriente Federal”, que llegó hasta inicios de los años 1960.

Así que los ejemplos del principio corresponden solo a la superficie. Propongo reflexionar sobre un fenómeno negativo asociado: la discriminación por el lugar de origen de las personas. En Cuba no se habla de ella, sin embargo la que sufren los del oriente de la Isla cuando se radican en La Habana debería preocupar. Sus expresiones son dolorosas, laceran la cohesión social interna del pueblo cubano y la nación.

Tengamos claro que discriminación es: a) un trato diferente hacia otra u otras personas, b) trato que es injustificado o arbitrario y c) que se basa en un rasgo (religión, color de la piel, género, procedencia, etc.) que la Constitución del país y las normas internacionales prohíben para dar un trato diferenciado.

Durante las últimas décadas se han incrementado en Cuba dos fenómenos conectados y de efectos negativos múltiples: 1) la migración interna hacia la capital y 2) la discriminación por la región de procedencia.

Migración interna hacia la capital.

A las históricas desigualdades regionales que como en otros países impulsaron a los cubanos a emigrar a la capital, se suman durante los últimos 30 años por lo menos, las crisis recurrentes, la falta de oportunidades en las provincias, las carencias y hasta los fenómenos naturales. Es en las orientales sobre todo donde se sienten primero las crisis y donde último comienza la recuperación.

El modelo social cubano descansa en una fuerte centralización y altos índices de control social, lo cual también dificulta la propia gestión de las crisis y la atención a los problemas regionales y migratorios. La centralización vs autonomía municipal obstaculiza el desarrollo local, limita el diseño e impacto de políticas públicas a todas las escalas y ahoga la iniciativa de los ciudadanos.

Lo anterior ha provocado, desde los años 90 al calor del Período Especial, el incremento sucesivo del flujo migratorio hacia la capital, a veces para continuar rumbo al exterior y otras para establecerse. Y se trata de una ciudad que ya tiene poco más de 2 millones de habitantes, donde se reúne el 41% del total de inmigrantes del país. Pero, salvo una parte de su casco histórico que ha tenido un programa de atención especial, la ciudad padece un deterioro acumulado y notorio.

Esa realidad depauperada que ofrece hoy el triste y peligroso panorama de derrumbes frecuentes, es la de una ciudad que a muchos se les sigue antojando mágica. Que siempre fue, a pesar del tamaño del país, una de las más importantes de América. La gestión en ella no ha sido efectiva ni sistemática, porque no se trata de una provincia más. Cada vez le resulta más difícil manejar su escenario natural, mucho más si se trata de ejercer sus funciones como capital de todos los cubanos.

 Discriminación por la región de procedencia.

En Cuba, la discriminación por región de procedencia tiene un componente instrumental por cuenta de las regulaciones estatales y otro vinculado a la psicología colectiva. Esta última, ya no es solo la histórica rivalidad entre La Habana y Santiago, sino cierta animadversión entre los que llegan y los que residen en la ciudad, sean naturales o no. Y en consecuencia, muchas veces la antipatía se irradia hacia quienes permanecen en aquellas regiones.

No se trata de la migración en sí. En todos los tiempos las personas se han desplazado en busca de mejores opciones para realizar su proyecto de vida. En la actualidad la movilidad espacial es un fenómeno global, que en el ámbito nacional se da hacia las capitales, donde la gente encuentra más oportunidades. La cuestión está en cómo se gestiona ese proceso, considerando también que el migrante porta referentes culturales diversos expresos en una psicología específica, y que migrar es un acto difícil que presupone el desarraigo y adaptación a un nuevo contexto.

Para Cuba, importa que las políticas públicas no erosionen, sino que den sustento y fortalezcan la cohesión social como cubanos. Sin embargo, se ha ido más a la práctica prohibitiva y la limitación de derechos, que a la comprensión y tratamiento integral del asunto.

Dos importantes disposiciones jurídicas sirvieron para ordenar y sobre todo enfrentar la inmigración en la capital, una en 1997 y la otra en el 2011. En el plano oficial se partió de considerar esa migración como “indisciplina social”, “migración ilegal” y un fenómeno al servicio del “enemigo”. A quienes venían se les achacaba ser “delincuentes nómadas”, “marginales”, y responsables de que crecieran la “delincuencia”, “robos” y “delitos” en La Habana. Agregaba el Presidente Fidel Castro en su discurso del 4 de abril de 1997, que el traslado libre a la capital podría poner en peligro la seguridad de Cuba, por la falta de control estatal de las identidades de los residentes y huéspedes en la ciudad.

Días después, el 22 de abril, se aprobó el Decreto Ley No. 217: “Regulaciones migratorias internas para la Ciudad de La Habana y sus contravenciones”. Se fundamentó en que dicho desplazamiento incrementaba en la capital “el ya grave problema habitacional, las dificultades para asegurar el empleo estable, adecuado transporte urbano y el abastecimiento de agua, electricidad, combustible doméstico (…)”. Estableció limitaciones y requisitos para los traslados y asentamientos en la ciudad, en particular en los municipios Centro Habana, La Habana Vieja, Cerro y Diez de Octubre, que ya también quedaban limitados para los habitantes de la capital.

Asimismo, quedaron regulados los controles en base a carnet de identidad, registro de direcciones en cuadras y municipios, fijación por el Estado del espacio habitable adecuado para la persona y permiso del propietario o arrendatario. También, autorizo del organismo responsable si la vivienda es un medio básico, si está enclavada en una zona especial o en una de interés para el turismo. Todo eso, a través de una tramitación burocrática que involucra a varias instancias desde la Dirección de Viviendas hasta el Consejo de la Administración municipal.

Asimismo, el Decreto definió las contravenciones, multas y obligatoriedad del retorno al lugar de origen para quienes no cumplieran los requisitos y fueran declarados “ilegales”. Multas que también se aplican al propietario o arrendatario que tenga a alguien en su casa sin la autorización correspondiente. Igualmente dispuso que los Organismos de la Administración Central del Estado (OACEs) debían elaborar medidas para reducir al mínimo la estancia en la capital, de personas de otros territorios vinculadas a ellos, ya fuera como fuerza de trabajo o como estudiantes.

Catorce años después, el 29 de octubre de 2011 se aprueba un segundo Decreto, el 293. A pesar de que se habían liberalizado en el país la compra venta de viviendas y el trabajo por cuenta propia, se declara que se mantienen las causas y condiciones que determinaron la aprobación del 217. El cual quedó modificado para flexibilizar el proceso, si se tratara de: cónyuge, hijos, padres, abuelos, nietos y hermanos del titular de la vivienda, hijos menores de edad del cónyuge no titular, personas declaradas jurídicamente incapaces y el núcleo familiar de la persona a quien se le asigne un inmueble por interés estatal o social.

Desde entonces son miles las familias y ciudadanos individuales obligados a retornar a sus zonas de origen; sin embargo, el fenómeno se ha complejizado más. Han surgido numerosos asentamientos en la periferia de la ciudad. Al ser un movimiento irregular, no tienen condiciones para servicios básicos, razón por la cual recurren con frecuencia a soluciones por su cuenta para abastecerse. Y quien además no está legal, no puede trabajar, con todas las consecuencias que pueden presuponerse.

La discriminación no afecta a todo el que llega a La Habana, la vía de llegada y el origen los distingue. El origen más frecuente es el de la gran región oriental y sus cinco provincias. Siempre ha sido la más deprimida, por tanto de donde más emigran las personas, que igualmente son las más discriminadas. Dentro de la vía legal, están las que son traídas por algún organismo estatal o entidad gubernamental, para desempeñarse como funcionarios, especialistas, dirigentes. Muchos son profesionales, no tienen problemas y su inserción es más fácil.

El panorama más difícil está en la emigración espontánea, compuesta por familias y personas que vienen por su cuenta,  y las temporales (no siempre espontáneas) que promueve y ejecuta el propio Estado. Estas últimas se han acometido para cubrir necesidades de la capital, casi siempre en la construcción y en la policía. De ambos grupos, algunos logran legalizarse a través de residentes habituales y otros viven en la ilegalidad.

Las consecuencias y las estrategias de inserción de esos ciudadanos son muy diversas. Algunas se parecen a las de quienes emigran del país. Incluso para quienes vinieron temporalmente por interés estatal y deciden no regresar, comienza el mismo vía crucis de los otros.Muchos tienen que esconderse, procurarse una dirección postal a como dé lugar, deambular por las calles sin poder trabajar, sufrir maltrato laboral al tener que trabajar “por la izquierda” y sobrevivir muchas veces sin condiciones básicas. Hoy constituyen un sector social muy vulnerable que incluye a miles de familias.

La discriminación que imponen las regulaciones también impacta la psicología colectiva.

Muchos creen que tales restricciones son normales e inevitables, cuando en realidad la carga segregacionista y el impacto en la psicología colectiva es perjudicial y notorio. Duele más porque es el propio país. El prejuicio está instalado y la orden dada. Ante los agentes de orden público, el color de la piel, los rasgos físicos de la persona y hasta la manera de hablar o vestir pueden ser sospechosos. Los que deambulan se sienten acosados por la policía, que puede ser su compatriota cumpliendo con la función de interceptarlo pidiéndole el carnet de identidad, lo que pudiera tener el triste desenlace de un retorno obligado a su lugar de origen. ¿Cómo entender el absurdo de estar ilegal en tu propio país?

Se suma que, el tratamiento al asunto y los mecanismos burocráticos allanan el camino a ilegalidades y verdaderas cadenas de corrupción administrativa. Y también el doble discurso oficial hace su parte, sembrando desconfianza y apatía. A veces son héroes, compatriotas, cuando se trata de las luchas revolucionarias o del llamado a resolver problemáticas de la capital. Pero otras se les criminaliza, asocia o responsabiliza de la indisciplina, el delito y la afectación incluso a la seguridad nacional. Se crea un estigma, un estereotipo que afecta a nivel individual y colectivo como entes biopsicosociales en plena facultad y derecho a mejores condiciones de vida.

Así, durante estos años se ha incrementado la animadversión hacia las personas del oriente. Al mismo tiempo quienes migran se resienten al no encontrar una capital que  sea realmente de todos los cubanos. Se ha llegado al punto de denominarlos “palestinos”, un término que se usa en sentido peyorativo (ilegal, errante, sin tierra), que se ha extendido y casi se convive con él como algo normal. Contribuye a eso el hecho de que los oficios para los que vienen son de baja calificación y, en el caso de la policía, tiene la agravante de que es un órgano represivo cuyos miembros interactúan directamente con la población de la ciudad.

¿Qué hacer?

La cuestión regional no puede desconocerse en ningún escenario. Lo mismo para el proceso de cambios que vive el país, que para entender la complejidad de lo cubano y hasta el tratamiento de la pandemia del Covid, principal problema en este 2020. La Habana ha sido el epicentro con casi el 60% de los casos de contagios reportados, pero se ha confirmado la validez de un diseño de respuesta con arreglo a las particularidades locales.

Un análisis a fondo de las problemáticas descritas, supone pensar en al menos tres vías con varias acciones incluidas para encaminar soluciones.

1.- Priorizar la atención a la capital por su complejidad, condición patrimonial e importancia histórica. La Habana no admite improvisaciones y no se puede dirigir como una provincia. Es preciso generar capacidades para que se puedan gestionar con éxito las propias dinámicas internas y que al mismo tiempo pueda ser realmente “la capital de todos los cubanos”.

2.- Trabajar en la disminución de los desequilibrios regionales como parte de la estrategia del país, asumiendo como eje fundamental la descentralización, el estímulo a las inversiones y el desarrollo local. Es vital para que las personas encuentren espacios de realización en su zona originaria, lo que hasta hoy es un sueño. La centralización y el verticalismo de todos los procesos asfixian a los municipios, a pesar de la importancia que se les reconoce en el discurso oficial.

Esta problemática se identifica en la Estrategia Económico Social aprobada por el Consejo de Ministros el 16 de julio pasado. Asimismo, la Política para el Desarrollo Territorial derivada, aunque no logra desprenderse del enfoque centralista estatal que ha prevalecido hasta ahora, introduce novedades que permitirían avanzar hacia una real descentralización y destrabe de las fuerzas productivas. De momento solo están en el diseño.

3.- Atender el fenómeno de la discriminación por lugar de procedencia con políticas inclusivas, afirmativas y también coercitivas. Como proyección debe basarse en que tanto la Declaración Universal de Derechos Humanos como la Constitución del país la proscriben. La Declaración consagra en su artículo 13 el derecho a la libre circulación, lo que comprende tres elementos básicos: derecho a circular libremente y a elegir la residencia en el territorio de un Estado; a salir de cualquier país y a regresar al propio país. La Constitución, aunque no lo hace explícito en su Artículo 42 que describe los tipos de discriminación que se prohíben y sancionan, no la excluye al enunciar “(…) y cualquier otra lesiva a la dignidad humana.

La vertiente educativa es vital. Incluye en lo fundamental a la familia, primer ámbito en la transmisión de valores y la escuela, donde se pueden propiciar el conocimiento y la apreciación de los valores y problemáticas locales del país. También son muy importantes los medios de comunicación, que deben reconocer el fenómeno y darle tratamiento a través de los recursos necesarios y alcances en beneficio de la convivencia y la cohesión social. No debe excluirse la posibilidad de disponer de un marco jurídico específico que permita prevenir y eliminar la discriminación, incluyendo explícitamente esta.

No olvidemos nunca que los más grandes sacrificios que se hicieron por este país, tuvieron por escenario fundamental las montañas, las playas y los llanos orientales. Que casi ningún presidente de la República, desde la primera guerra por la independencia hasta hoy ha sido habanero, y que el reconocimiento internacional de Cuba en todas las artes y la política, tiene una larga lista de nombres de todas las regiones cubanas, aun cuando a muchos se les haya conocido en La Habana. Clara señal del “fatalismo geográfico”, pero también de que la capital ha sido siempre para todos los cubanos.

China en clave confuciana

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Arco conmemorativo en el templo de Confucio de Nanjing al anochecer, China.

“Lo que sucede es que ustedes los laowai (extranjeros) no entienden a China”.  Esta aseveración en múltiples versiones me ha acompañado por un cuarto de siglo, desde que por vez primera desembarqué en Pekín, en el Año del Cerdo de 1995. La he escuchado reinterpretada en labios de militantes partidistas, funcionarios estatales, diplomáticos, periodistas, académicos, artistas y militares chinos. También la he reconocido en las respuestas a mis dudas, al dialogar sobre su país con “chinos de a pie”. Ha sido plato reiterado en mis pláticas de sobremesa con mi familia política china, que me acoge en su seno desde hace más de una década. Se trata de la interpretación quintaesencial de una nación sobre sí misma. El non plus ultra del afianzamiento patriótico. Un “tómame o déjame” que no es posible ignorar, a riesgo de hacer ejercicio fútil de cualquier aproximación a esa realidad milenaria.

China ha vibrado al son de su cuota de excepcionalidad por más de cinco mil años, y con esos aires – en medio de caídas y renaceres –   ha llegado hasta hoy.  Lo ha indicado por siglos el talante centrípeto de su propio nombre en mandarín (??, zhongguo, en español país o imperio del centro, que en la antigüedad concebía al resto del mundo girando a su alrededor), y lo expone en la actualidad el estandarte ideológico que enarbola el gobernante Partido Comunista, cuando anuncia la edificación de un “socialismo con peculiaridades chinas” – los traductores chinos al castellano prefieren este término a ‘características’, predominante en algunos medios extranjeros. En pocas palabras, todo y todos nos indican que China sólo se parece a sí misma. Y asentada sobre su particular naturaleza discurre en buena medida su milenaria continuidad.

Es desde esa singularidad que me propongo hablar del país que ha devenido mi segunda casa. Nueve siglos después de que Marco Polo llevara a Occidente los fideos chinos y las primeras nociones de la Ruta de la Seda, buena parte del mundo sigue preguntándose sobre la esencia de China, el contenido de su sistema político, el alcance de su desarrollo, e incluso la posibilidad de un despunte imperialista en su actual empuje mundial. Y mucho más.

Aclaro en prevención de posibles pegas que no soy académico ni historiador. Mi labor ha sido la de un traductor-editor-redactor en una decena de medios informativos y editoriales chinos en idioma español por más de dos décadas. En mi puesto he contribuido a que el mundo hispanohablante tenga una visión al menos distinta del imperante canon occidental. A que los laowai “entendamos” a China desde su perspectiva. Habrá quien me tilde de pieza de un aparato propagandístico y no le faltará razón. Pero gracias a esa relación piel a piel con el país he logrado formarme mi propio juicio. Cargo con un parecer que no pasa por otro tamiz que no sea el de un testigo privilegiado – las veces deslumbrado – de los cambios más acelerados y trascendentales que país alguno haya experimentado entre siglos. Con sus luces y sombras.

Con Confucio de la mano.

Es impensable calar en el “alma” china sin acudir a Confucio (551 a.C. a 479 a.C.).  La prédica e impronta simbólica del pensador nacido en la localidad de Qufu, en la oriental provincia de Shandong, y la esencia de sus preceptos morales, constituyen hoy en día la espina dorsal del comportamiento ciudadano en el gigante asiático. Su filosofía, que vertebra todo un sistema ético, vive sumergida pero latente en los documentos y úcases del Gobierno, transpira en la declarada armonía – tanto social como de cara a las relaciones exteriores – que proclama el Partido Comunista. Si bien Marx, Lenin y Mao dominan estatutos, proclamas y consignas, el viejo Confucio anida profundo – a veces a modo subliminal – en las mentes y corazones de los diseñadores de políticas y la generalidad de los líderes chinos.

Con Confucio he topado por doquier. Lo he palpado en la estricta jerarquía con que mis superiores chinos han conducido nuestros contactos; en el ascenso meritocrático en la escala social de mis colegas locales; en la absoluta devoción de mi mujer china por su anciana madre; en la deferencia con que mi hijastro chino se empeña en servirme el mejor bocado cuando compartimos la mesa. El confucianismo es elemento cohesionador nacional que ha venido de perillas al actual sistema político chino para garantizar la estabilidad social. Desde la familia como núcleo inicial a la comunidad en su sentido más amplio. Los comunistas chinos que alguna vez han hablado de “auto-cultivo de la personalidad”, han estado reverenciando – conscientes o no – al Maestro.

El ejercicio de la caridad, la benevolencia del gobernante, el respeto a la jerarquía por parte de los gobernados, el cuidado de los padres, la devoción por los ancestros y las tradiciones, la honradez y, por encima de todo, la búsqueda de la armonía social, son algunas de las virtudes que Confucio se empeñó en inculcar a sus contemporáneos. Más de dos milenios y medio más tarde millones de chinos de distintos estratos sociales hacen de esas enseñanzas su brújula de vida. Los declarados empeños de la actual administración por eliminar la corrupción y el despilfarro – entre otros flagelos que aquejan al país – deben mucho a los afanes confucianos de cara a males domésticos. Otro tanto cabe asegurarse del reiterado discurso oficial en tribunas internacionales en favor de una “comunidad de destino compartido” para toda la humanidad.

El presidente chino, Xi Jinping, hizo notar en 2014, al inicio de su mandato, que el confucianismo y otras venerables corrientes filosóficas y culturales estaban experimentando un reverdecimiento en el país, como expresión de un pensamiento racional y de los logros que el país se propone en busca del rejuvenecimiento nacional. Un poco antes, en 2011, siendo aún vicepresidente, tomaba en cuenta que “la filosofía del Xin (compendio de corazón y mente) de Wang Yangming (1472-1529, erudito neoconfuciano) encarna la esencia de la cultura tradicional china. Constituye asimismo uno de los puntos de acceso para propiciar el incremento de la confianza del pueblo chino en su propia cultura”.

El confucionismo no siempre ha generado igual dosis de consenso en China.

El movimiento intelectual que tuvo su apogeo en mayo de 1919, con especial fuerza entre el estudiantado, renegó de sus postulados, en el entendido de que dichas normas constituían rémoras feudales para los afanes de edificar una China moderna y democrática, capaz de insertarse de igual a igual en el concierto mundial de naciones. En 1973, en un giro que tomó a muchos por sorpresa, el entonces presidente Mao Zedong dio inicio a una febril campaña de denuncia a Confucio, con similares argumentos a los esgrimidos por los estudiantes de Mayo, colocando particular énfasis en notar que la aún vigente Revolución Cultural (1966-76) y el pensador de Qufu eran mutuamente excluibles. Pero poco después de la muerte de Mao, ocurrida en septiembre de 1976, el nuevo líder de la China Popular, Deng Xiaoping, conocido como arquitecto del proceso de Reforma y Apertura, imprimió una vuelta de timón a los acontecimientos, propiciando entre las secuelas colaterales una revisión a favor del confucianismo.

Con su demostrado pragmatismo, Deng acogió todo lo que a su juicio contribuyera a mejorar el nivel de vida de sus conciudadanos tras la desastrosa Revolución Cultural, así como a reforzar la estabilidad del país (de ahí su famosa frase “no importa si el gato es blanco o negro siempre que cace ratones”). Y si Confucio calificaba en esa categoría, pues bienvenido. En esta decisión tuvo mucho que ver el ejemplo del ya pujante Singapur, cuyo primer ministro a la sazón, Lee Kuan Yew, se deshizo en atenciones al recibir a Deng Xiaoping en la ciudad-estado en 1978, ofreciéndole una cálida amistad -por encima de evidentes distancias ideológicas – y convenciéndole de la conveniencia para China de apegarse a los “valores asiáticos tradicionales” (entiéndase confucianismo incluido) en procura de allanar el camino expedito al desarrollo económico. Deng le puso especial atención. Confucio y él coincidían en que no hay Estado bien gobernado bajo el caos. Los extremos de la Revolución Cultural lo habían dejado muy en claro.