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Reforma o Revolución

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Reforma
(Foto: CNN)

Los conceptos de libertad, justicia social, progreso, han sido y continúan siendo contenidos que los pueblos han reclamado persistentemente. Bien si se trata de una revolución o de demandas por reformas a sus gobiernos.

Ellos fueron enarbolados de manera espontánea en Cuba durante la manifestación popular del 11 de julio del 2021, ante la crisis provocada por el diseño y aplicación incorrectos de la «Tarea Ordenamiento», que afectó a varios sectores en el país.

Su puesta en práctica fortaleció errores de larga data cometidos en los ámbitos político, económico y social y condujo a un conjunto de injusticias: una vida miserable en muchos casos, insuficiencia y escasez de alimentos y medicinas para adultos y niños, en pleno auge de la pandemia; inflación de precios en el mercado, que cada vez van en aumento; situación crítica con la electricidad y el gas; desigualdad al situar mercados en los que solo puede comprarse con una moneda digital, el MLC, alimentos que no existen en el mercado en CUP. Estos fueron algunos de los factores que provocaron que cientos de personas se movilizaran, reclamando la solución de sus conflictos.   

Lo peor sucedió con el llamado de la jefatura del Gobierno al enfrentamiento violento de una parte del pueblo contra otra. La orden dada aquel 11 de julio al aparato militar y civil represivos, fue la de enfrentar al pueblo y reprimirlo, lo cual desembocó en el combate entre una parte de la población afín al gobierno y la otra, en defensa de la libertad y justicia social.

Cientos de hombres y mujeres, mayoritariamente jóvenes y hasta menores de edad, fueron detenidos. Los tribunales los condenaron arbitrariamente por «Sedición», acusándolos sin evidencias de contrarrevolución o de querer producir un golpe de estado, algo solo inherente al enfrentamiento militar contra el gobierno; cuando en realidad la manifestación lanzaba demandas reformistas.

Tales injusticias provocaron en las redes sociales el clamor de libertad para casi todos los cubanos condenados a numerosos años de cárcel. El problema no ha tenido solución. Continúa socavando a sujetos y familias. Ejemplos de manifestaciones populares han ocurrido en los últimos días en Cienfuegos, Camagüey y Pinar del Río, sin que se haya producido una reacción violenta del Gobierno y sus fuerzas represivas. Vimos en las redes sociales los videos de lo sucedido.

En Cienfuegos los pioneros, colocados a uno y otro lado de la calle y en silencio, observaban la manifestación fúnebre por la niña de siete años  fallecida como consecuencia del dengue hemorrágico. En ella participaban los familiares, la comunidad, maestros y alumnos del sector de la educación.

En Camagüey se produjo otra manifestación fúnebre, ante el fallecimiento, también por dengue hemorrágico, de una joven doctora del sector de la medicina, que se encontraba en estado de gestación. La comunidad se concentró tras la manifestación fúnebre que la acompañaba hasta el cementerio, y en la despedida del duelo se aludió a lo que estaba sucediendo.

Mientras, en Pinar del Río, como resultado de la falta de electricidad, familias, con niños entre once y trece años aproximadamente, según se apreciaba en las imágenes, se lanzaron a la calle. Un dirigente intentó dialogar, pero sus palabras apenas se escuchaban porque los manifestantes gritaban exigiendo al gobierno la solución del conflicto eléctrico, y otras reclamaciones.

Lo más significativo fue que ante estas manifestaciones no hubo reacción de violencia represiva física, de una parte ni de la otra, pero sí verbal por los que reclamaban. Este modo de actuar del pueblo es muestra de una táctica nueva para exigir sus demandas.  

Todo lo ocurrido me hizo rememorar la manifestación fúnebre del 27 de mayo de 1957, en el entierro de los combatientes revolucionarios Julio Pino Machado y Agustín Gómez Lubian, Chiqui, en Santa Clara. El pueblo desfiló sin ser agredido por el cuerpo policiaco que lo custodiaba. Meses después, el 30 de julio, debido al asesinato de Frank País, la manifestación fúnebre espontánea en Santiago de Cuba se transformó en huelga general revolucionaria organizada, que se extendió hasta las inmediaciones de la capital habanera.

En aquellos tiempos luchábamos por llevar a cabo una revolución contra la dictadura. En estos tiempos, las manifestaciones tienen lugar por demandas del pueblo ante los conflictos económicos, políticos y sociales que ocurren en la vida cotidiana y por la vulnerabilidad que enfrentan.  

Las medidas tomadas por el régimen en 2021, entraron en contradicción con el proyecto de Revolución cubana de mediados del siglo veinte, que nombró a José Martí como su autor intelectual. Aquel proclamó su propósito de Nación, e hizo suyas las tesis de libertad, soberanía económica y justicia social, progreso y democracia del pueblo. Objetivos a los que se añadió la tesis chibasista de «barrer» con la corrupción político-administrativa.  

Han transcurrido casi setenta años del 26 de julio de 1953. En la década del cincuenta del siglo pasado éramos jóvenes unidos por los lazos de la Patria y de la Revolución verdadera, superior a nosotros mismos. Sentía en aquellos tiempos que nos había tocado la gloria de hacer y escribir la historia futura y me decía a los veinte años: ¡Benditos sacrificios! ¡Bendita gloria la que tenemos en nuestras manos!  

Durante el transcurso de la lucha contra aquel régimen pensaba en la moral diariamente, y cuando me hicieron prisionera en dos ocasiones, cuando estuve encerrada, tuve tiempo de pensar en nosotros mismos, que enfrentábamos las bajezas de la vida. Reflexionaba en el dolor, en las torturas, en el sufrimiento de nuestros seres queridos, en el encierro en las prisiones, los golpes, las torturas, las vejaciones, los asesinatos. Vivía convencida de que todo lo podíamos soportar porque estábamos muy alto y éramos dignos de nuestra Patria, de la Humanidad.

Mi ánimo, mi entusiasmo, la fé con que luchaba y continúo luchando por la libertad y la justicia no han decaído. Sabía que en nuestras manos estaba el futuro de Gloria y no el de un fracaso. Escribía en aquellos años: «He visto gozosa cada día que pasa la grandeza de nuestra Revolución», y añadía después del llamado «fracaso» de la huelga del 9 de Abril de 1958: «(…) el pueblo vuelve a nuestras filas otra vez. Todo se está reorganizando y volvíamos a estar unidos (…) El desmembramiento existente al principio se ha ido allanando y todo se ha aclarado».

Recuerdo los mensajes al pueblo, cuyos documentos atesoro. Entre otros el mensaje «Carta a nuestros Militantes» del por qué luchábamos. (1)  Entre los once puntos de su contenido explicábamos que «al ser avanzada del movimiento de recuperación ciudadana contra  la dictadura y en el mañana los pilares sobre los que ha de apoyarse la reconstrucción del país», ellos tuvieran «una noción clara de los principios que han de guiarnos en estas jornadas, para que el impulso generoso del corazón sea guiado por la aptitud reflexiva de la mente». También insistíamos en el valor de la coherencia entre nuestros pensamientos y actitudes cívicas:

«Los que defendemos la democracia, las libertades y las buenas costumbres públicas y privadas, tenemos que creer en ellas ciegamente. No puede haber contradicción alguna entre los principios que defendemos y la forma como los defendemos. Nuestra honradez, en todos los actos de nuestra vida, tiene que ser tan acrisolada que no deje grieta alguna por donde pueda deslizarse la crítica de nuestros conciudadanos o de las anteriores generaciones aun vivas, pero en la retaguardia, con las que la Historia nos comparará para encontrar el saldo positivo de nuestra obra. Por ello has de incorporar a tu pensamiento y a tu conducta, los principios por los cuales luchamos».

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¿Por qué luchamos?

  1. Luchamos no para arrebatarle a un hombre el poder mal habido, sino para cumplir una misión histórica. Que el nombre de ese hombre se haya convertido en el blanco de nuestros ataques verbales, es debido a que el mismo resume en sí todo cuanto nos repugna y degrada a la República.  
  2. Luchamos porque sea principio inmutable de la Nación el gobierno representativo de elección popular, y para demostrar que estamos dispuestos a perecer antes que aceptar mansamente el destino de súbditos sumisos e impotentes de una tiranía militar.
  3. Luchamos porque prevalezca en el país el gobierno civil por encima de las instituciones militares, muy respetables y necesarias cuando se limitan a su rol de protectoras de la seguridad nacional; porque la educación, la cultura, el cultivo de la inteligencia al servicio de la técnica y del progreso sean las metas de la gestión principal del Estado Cubano. Frente a las obras públicas rimbombantes, que dejan márgenes fabulosos a sus patrocinadores, impuestas inconsultamente y a latigazos, nos decidimos por el modesto disfrute de libertad sin ostentaciones faraónicas. Preferimos aquella y «el respeto a la dignidad plena del hombre», a los túneles costosos y los monumentos hipócritas. ¿Además, quién ha dicho que para que el país progrese materialmente es preciso sojuzgar las voluntades y las conciencias?
  4. Luchamos por el derecho a pensar y a producirnos públicamente, sin censura; sin más limitación para nuestra libertad que la que impone a cada cual la libertad de los demás y el feliz desenvolvimiento de la vida social.
  5. Luchamos por una distribución más justa de la riqueza nacional. Por una mayor participación del obrero en los dividendos de la industria para la cual trabaje. Por abrir nuevas fuentes de trabajo. Por una política laboral de ocupación plena durante todo el año. Por que durante el «tiempo muerto» el potencial humano de la industria azucarera sea absorbido por actividades agrícolas e industriales de subsistencia. Por la inamovilidad del empleado público y la carrera que regule el ingreso y permanencia en la administración estatal, provincial y municipal.
  6. Luchamos por elecciones libres en los sindicatos, para conseguir mejores condiciones de trabajo, de salario, y de participación en las ganancias, dentro de las oportunidades que conceden las leyes, el buen sentido, y el progreso de las doctrinas y experiencias sociales. Contra la dictadura proletaria de Mujal, paralela con la de Batista, luchamos los partidarios de la libertad sindical.

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    Eusebio Mujal Barniol (al centro leyendo), secretario general de la CTC.
  7. Luchamos por la reforma agraria. No por la colectivización de la agricultura, sino por una radical y justa planificación de la misma, de suerte que desaparezca el latifundio improductivo, sustituido por un sistema en el que las tierras baldías sin cultivar pasen a manos de los que están dispuestos a hacerlas producir. Luchamos y lucharemos porque no quede un campesino hambriento mientras haya un pedazo de tierra cubana por cultivar.
  8. Luchamos por perseguir y castigar el peculado, la malversación de los caudales públicos. Contra los ladrones del tesoro nacional, de ayer, de hoy y de siempre. Entendemos que la nueva República tendrá que ser lo más severa y ejemplar posible contra las dos figuras delictivas más perjudiciales de la vida pública hispano-americana: la sublevación militar contra los poderes legítimos del Estado, y la apropiación para uso personal del dinero del pueblo.
  9. Luchamos por reintegrar la ley a su antigua majestad. Si hoy nos vemos obligados a aplicar con nuestras propias manos y con severidad la justicia revolucionaria contra los militares, que deshonrando el uniforme que sufraga la República se dedican a aterrorizar, a torturar y asesinar a la inerme población cubana, y a sus aliados los políticos corrompidos dedicados a propiciar la situación legal que ampare tanto crimen, así como los confidentes y delatores de nuestros abnegados militantes; mañana, una vez vencida la Dictadura y restablecida la normalidad institucional, serán los jueces y los tribunales ordinarios los encargados de relevarnos de tan ingrata misión.
  10. Luchamos para demostrar a las grandes potencias que la libertad no es un artículo de uso doméstico y privado, sino un bien universal. Victoriosos hemos de ofrecerla, por qué no, a todos aquellos hermanos americanos que aún padezcan el oprobio de un gobierno autocrático, unipersonal. La democracia no admite contradicción ninguna. Si la defendemos en el frente doméstico, no podemos desconocerla en el frente internacional.
  11. Luchamos, en fin, por una República con libertad y con pan; con legalidad y bienestar para todo el que sienta como ley principal de la vida, el oficio sublime de ser un hombre libre.

Han transcurrido más de sesenta años. El momento actual es de reformas, no de revolución. Los objetivos de la generación que enfrentó a los mambises corrompidos en el poder y dirigieron la Revolución del Treinta contra la dictadura de Gerardo Machado, fueron diferentes a los de nuestra generación del centenario martiano contra la dictadura de Fulgencio Batista.

En nuestros días, los objetivos de la nueva generación deben ser reformar desde abajo, con su participación cívica, todo lo que contribuya a solucionar la crisis por la que atraviesan la Nación y el pueblo de Cuba.

  La Habana, 16 de julio del 2022.

***

(1) El documento «Carta a los Militantes», no. I, Serie II, de las Células Revolucionarias de Base, —publicado en 1958 con la firma Libertad o Muerte Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Dirección Provincial de La Habana—, fue reproducido en Razones, Órgano de la Sección Nacional de Propaganda de las Células Revolucionarias de Base del Movimiento 26 de Julio. no. 1, enero, 1959. Sumario: ¿Por qué luchamos?; Las Fuerzas Armadas y el Movimiento Revolucionario 26 de Julio; Introducción al tema Económico. (precio: 10 centavos).

Fidel y el problema del huevo o la gallina

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Fidel
(Foto: Soho)

Esta mañana he leído nuevamente uno de los documentos más controvertidos de nuestra historia contemporánea. En él, un joven abogado defiende su postura y liderazgo ante los tribunales que lo juzgan por varios delitos de alta gravedad, para los cuales solicitan veintiséis años de cárcel.  

El texto es largo, acusatorio, revelador; escrito desde la inspiración y el dolor. No es una transcripción directa de lo que dijo frente al tribunal, pero recoge la mayor parte de las ideas y denuncias expresadas por él, en un pequeño local hospitalario devenido juzgado, en octubre de 1953.

Estoy hablando de La Historia me absolverá y de Fidel Castro. ¿Qué pasaría hoy si alguien decidiera hacer lo mismo? A fin de cuentas, muchas de las cuestiones que motivaron aquellas acciones están todavía presentes en nuestra sociedad. Seguramente, ese delincuente del presente y sus seguidores (¿mercenarios pagados por el imperio?) serían fusilados sin contemplaciones, al menos si tomamos como referente cercano las reacciones y excesivas condenas aplicadas contra muchos de los que se manifestaron el 11-J del pasado año.

Olvidémonos del detalle (nada trivial) de las armas, o del ataque a varias fortalezas militares para, de tener éxito, convocar a una huelga general y presumiblemente desatar una contienda civil. En Cuba, desde hace décadas, disentir es ya un grave problema. Manifestarse pública o directamente contra el gobierno, las autoridades o las leyes, está prohibido; no importa lo que diga la Constitución. Siempre será vista como una acción ilegítima, impulsada desde el exterior y, como tal, reprimida.

Pero, ¿qué pensaba Fidel entonces? Que actuar de ese modo era algo necesario y, para demostrarlo, dedica varias páginas de su alegato donde recorre diversos momentos en la historia de la humanidad. Veamos por ejemplo esta cita que hace, extraída de la Declaración de los derechos del Hombre y el Ciudadano, firmada en 1789 por los revolucionarios franceses: «(…) cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para éste, el más sagrado de los derechos y el más imperioso de los deberes».

Más adelante, luego de citar a Santo Tomás de Aquino, Lutero, Rousseau, Thomas Paine, Locke, y muchos otros (pero curiosamente nunca a Marx, Engels o Lenin), recuerda a Martí: «Un hombre que se conforma con obedecer leyes injustas y permiten que le pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado (…)».

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Fidel Castro bajo arresto después del ataque al Moncada. (Foto: Wikipedia Commons)

No me interesa volver al conocido documento con el fin de recordar anécdotas, analizar estrategias de guerra, compartir cifras o cuestionar los irregulares (ahora también los hay) procedimientos jurídicos seguidos contra los acusados, de asaltar varios cuarteles un 26 de julio. Quiero explorar, partiendo de sus propias palabras, las ideas que impulsaron todo aquello, y si fueron válidas entonces, valorar por qué luego resultaron negadas, apartadas de todo debate sobre la nación y su futuro, e incluso castigadas. La historia no es algo pétreo, hay que intentar sacarla de los libros y museos para ponerla a dialogar con el presente.

Hoy se habla mucho sobre Cuba. Dentro o fuera de la Isla hay una intensa conversación que, desgraciadamente, se ha vuelto áspera, violenta y, sobre todo, vulgar. Ya no importan las razones sino las descalificaciones. Cada bando no ofrece argumentos, sino amenazas, chusmería y humillaciones. Como la ética era verde y se la comió un chivo, todos parecen reproducir la misma estrategia de cambio: Quítate tú para ponerme yo, que voy a hacer luego lo mismo que tú.

Entonces, se hace más política en un meme que en Washington o el Comité Central. Si en un lado tienen a Otaola, en el otro aparece Michel Torres Corona. Si unos dicen Patria o Muerte, los otros Patria y Vida. Del influencer Fidel, pasamos a Yotuel.

Hay que volver a los orígenes de ciertas cosas, quizás para comprender o encontrar algunas claves que nos permitan reflexionar, aceptar y sanar en ese necesario camino hacia el respeto y el progreso de nuestra nación. Sí, hay que pasar página, que no es lo mismo que olvidar. Hay que mirar adelante y superar esa dinámica tóxica y bravucona que lleva muchos años acompañándonos. Hay un país que se desmorona y unos políticos, en ambas orillas, alimentándose como hienas de esa tragedia humana.

La historia nos puede decir muchas cosas, no solo de quienes fuimos, sino también de lo que podemos ser. Trato de entender qué pasaba por la cabeza de aquel joven abogado y de muchos que lo siguieron (tuve familiares allí) a entregar sus vidas cierto amanecer de 1953. Fue aquel, un grupo heterogéneo y sin lugar a dudas valiente, honorable; cuyo principal objetivo era derrocar a un dictador y recuperar los valores de la República usurpados por el golpe militar.

Salvo unos pocos, no tenían conocimiento de lo que eran el socialismo o el comunismo. De hecho, el Partido Socialista Popular (PSP) había coqueteado durante cierto tiempo con el Monstrum Horrendum, como denominara Fidel a Batista. Decir que lucharon y murieron por una Cuba socialista, es faltarles el respeto y tergiversar la historia.    

Cuando una cúpula militar se hizo abruptamente con el poder, el joven abogado percibió que los problemas de la nación no serían ya resueltos por vías pacíficas. Por eso, su rebeldía fue entendida como legítima y necesaria, en tanto encarnaba los anhelos de un pueblo en busca de ese concepto, hermoso y utópico, que se llama libertad.   

Leyendo aquellas famosas declaraciones al tribunal, encuentro demasiadas paradojas. Está claro que las circunstancias que motivan determinadas acciones en un momento, no son aplicables por igual en otros, pero siento que aquí: donde dije digo, digo Diego.

Una cosa es hacer una revolución y otra, muy distinta, hacer un país. Sí, después de 1959 se produjo un proceso de transformaciones (para bien o mal), en todos los órdenes de la sociedad. Un mundo nuevo para el hombre nuevo (¡y la mujer!). Loable propósito al que se sumaron millones, pero que vino acompañado de una reescritura de la historia de la cual fue convenientemente borrado todo aquello que no se ajustase a la nueva narrativa social.

«Dentro de la Revolución, todo. Contra la Revolución, nada, porque el primer derecho que tiene la Revolución, es su derecho a existir y contra ese derecho, nada, ni nadie». (Fidel, 1961). No es una simple frase, es el punto cero en el inicio de una paulatina degradación de esa propia Revolución, transfigurada en dogma. Todo comenzará a ser parametrado, clasificado, dividido, regulado. Pasado-presente, dentro-fuera, bien-mal, David-Goliat, conmigo o contra mí; el punto medio es blandenguería y no equilibrio. Hemos pasado por tantas adaptaciones y mutaciones en seis décadas que, como Frankenstein, no sabemos ya si abrazar o matar.

Fidel
«Dentro de la Revolución, todo. Contra la Revolución, nada, porque el primer derecho que tiene la Revolución, es su derecho a existir y contra ese derecho, nada, ni nadie». (Fidel, 1961).

Pero el joven abogado parecía tenerlo todo muy claro en los años cincuenta. No había mayor prioridad en aquel entonces que restablecer plenamente la Constitución del 40: «(…) Entendemos por Constitución la ley fundamental y suprema de la nación, que define su estructura política, regula el funcionamiento de los órganos del estado y pone límites a sus actividades». 

Fidel entendía que no podía existir ningún poder, ordenanza, figura o partido político que violara los preceptos de la Carta Magna. En su defensa, denunciaba las manipulaciones anticonstitucionales que se operaban desde el gobierno para legitimar la permanencia de Batista, recordando que la máxima autoridad del país debía surgir de una elección popular, próxima a realizarse, y no de un «pequeño grupo conformado por ministros o funcionarios privilegiados», que además, fueron puestos ahí por el propio presidente.

De modo que pregunta: «(…) ¿Quién elige a quién por fin? ¿No es éste el clásico problema del huevo y la gallina que nadie ha resuelto todavía?». Es decir, según Fidel, el presidente tenía que ser elegido por los ciudadanos. Adquiriría un poder y una responsabilidad ante el pueblo, pero no podía ser omnipotente y, desde luego, no podía ser juez y parte, porque eso llevaría a la corrupción y al establecimiento de una dictadura, donde unos protegerían a los otros. Fue ese un argumento sólido en su defensa: la división de poderes en el Estado. Los acusados estaban restableciendo un orden, no actuando en su contra.     

«Había una vez una República, tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades. Presidente, congreso, tribunales, todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero éste podía cambiarlo (…)». He aquí una idea extraordinaria, luego convenientemente olvidada.

Durante más de seis décadas hemos sido educados (y bombardeados mediáticamente), bajo el criterio de que antes de la Revolución no había nada, o muy poco, que rescatar, y que todo el bien, la dignidad, los valores humanos o la justicia para el país, fueron propiciados por el liderazgo de Fidel, el trabajo del Partido (único y eterno) y la articulación de una Revolución socialista.

Observamos además el pequeño detalle del respeto que Fidel decía sentir por las libertades de asociación y expresión, actos que no debían ser coartados bajo ninguna circunstancia. Los militares tras el golpe, incentivaron la corrupción de los partidos políticos, limitando o prohibiendo su ejercicio. Intervinieron los recintos universitarios, cerraron emisoras radiales y de manera voraz persiguieron las voces disidentes, encarcelando, torturando o matando a muchos de los opositores. Eso era inaceptable.

Un grupo se había adueñado del país, violando la Constitución y sembrando el terror. El orden anterior tenía que ser restaurado y las leyes respetadas. En los meses que siguieron a su golpe, Batista se las ingenió para hacerle enmiendas a la Constitución y ponerla al servicio de sus intereses, suscribiendo decretos que la volvían inoperante. Al respecto, nos dice Fidel:              

«No pueden existir privilegios la ley tiene que ser igual para todos. El porvenir de la nación y la solución a sus problemas no puede seguir dependiendo del interés egoísta de una docena de financieros, que hacen sus fríos cálculos en una oficina con aire acondicionado. No será tampoco con estadistas (…) situados en un palacete de la Quinta Avenida, que prefieren dejarlo todo tal cual está.

Un gobierno revolucionario con el respaldo del pueblo limpiará las instituciones de funcionarios venales y corruptos, procederá rápidamente a industrializar el país, movilizando el capital de los bancos y encargando la magna tarea a hombres de absoluta competencia, ajenos por completo a los intereses de la política».

Miro a mi alrededor, hago memoria; imágenes y recuerdos vienen a mi mente. Pienso en todas las experiencias personales en el campo del arte, la enseñanza, la ciencia, el deporte, los medios de comunicación. Pienso en muchos amigos, en conversaciones, lecturas. Territorios cercanos, familiares. Salgo a la calle, recorro el país, leo la prensa.

¿Privilegios? ¿Un pequeño grupo que decide en oficinas con aire acondicionado? ¿Se firman decretos y leyes antipopulares? ¿Lo político no debe dominar nuestra labor? ¿Lo que importa es el talento y no la fidelidad a una ideología o Partido? ¿Militares en el poder? Como diría Sergio en Memorias del subdesarrollo (Tomás G Alea-1968): «(…) yo he visto demasiado para ser inocente».

Fidel
«(…) yo he visto demasiado para ser inocente».

Si todas esas cosas, deseos, preocupaciones, resultaban justas para un país, y para restaurarlas se sacrificaron vidas y energías; por qué luego dejaron de serlo. ¿Cuándo, en qué punto, todo comenzó a trastocarse, suplantarse desvanecerse?

Fidel identifica los más agudos y urgentes problemas que tendría que resolver la revolución. ¿Tendría? No, aquí la incertidumbre y los problemas se viven en presente continuado.  

«El problema de la tierra, el de la industrialización, el de la vivienda, el problema del desempleo, el de la educación y el de la salud del pueblo, he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política.   

(…) ¿Cómo es posible que seamos un país agrícola, con magníficas tierras cultivables y tengamos que importar alimentos?… Cuba sigue siendo una factoría productora de materias primas. Se exporta azúcar, para importar caramelos, se exporta hierro o pieles y luego nos venden el arado y los zapatos.

(…) Miles de ciudadanos subsisten hacinados en cuarterías y zonas insalubres cerca de las ciudades, sin las adecuadas instalaciones de luz eléctrica o teléfono (…) El salario no alcanza, no hay estímulos laborales, lo que repercute en los jóvenes egresados, quienes no encuentran espacios de realización profesional y que, ante tanta incertidumbre, optan por emigrar. (…) hay piedra suficiente y brazos de sobra para hacerle a cada familia cubana una vivienda decorosa. Pero si seguimos esperando por los milagros del becerro de oro, pasaran mil años y el problema estará igual

(…) El alma de la enseñanza es el maestro y los educadores, pero en Cuba se les paga miserablemente. Basta ya de estar pagando con limosnas a los hombres y mujeres que tienen en sus manos, la misión más sagrada del mundo de hoy y del mañana que es enseñar. Si queremos que se dediquen enteramente a sus elevadas misiones, no pueden vivir asediados por toda clase de mezquinas privaciones.

Cuba podría albergar espléndidamente a una población tres veces mayor, no hay razón para que exista miseria entre sus habitantes. Los mercados deberían estar abarrotados de productos, las despensas de las casas deberían estar llenas, todos los brazos podrían estar produciendo laboriosamente (…)».

Conceptos, proyecciones de un país, angustias sobre un estado de cosas que demandaban un cambio, una actitud proactiva del gobierno y una intervención consciente de los ciudadanos en la toma de decisiones. Eso pedía Fidel en los cincuenta y el pueblo lo respetó, aceptando su liderazgo. ¿Y después? ¿Cuántas de esas cuestiones cardinales a superar se volvieron naturales bajo su propio mandato que, por cierto, no podía ni puede ser objetado?

Todos tenemos derecho a soñar, aunque sabemos que también sufriremos pesadillas. La historia me absolverá puede ser interpretada de muchas formas, pero también resulta, en buena medida, el relato de lo que pudo ser y no fue. Volver a ella es regresar a ese instante, único e irrepetible, en que cientos de jóvenes eran revolucionarios, pero no vivían a costa de la Revolución. Formaban parte del pueblo, pero no hablaban en nombre del pueblo y, mucho menos, organizaban acciones o leyes en contra del pueblo.

Estaban allí desde su pureza y autenticidad, respondiendo a su conciencia, no a una ideología política específica, ni a la propaganda. Buscaban la libertad, el bienestar y la independencia, cuestiones aún pendientes siete décadas después.

Tenían sueños, y para alcanzarlos pusieron sus cuerpos. Debemos regresar a ese punto, transparente, humano, en que lo esencial sea respetar la voluntad de los ciudadanos y no las doctrinas de un partido. La clave está en el ser y no en el parecer. La revolución ya se hizo, ahora hay que rescatar a Cuba.

Perspectivas

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Perspectivas
(Imagen: Wimar Verdecia)

?¿A Europa? ¿Tú estás loca?

?Locos los que emigraron de allá para acá.

?La Mesa Redonda fue enfática: «Muchos televidentes conocen la debilidad de las economías de la Unión Europea».

?Nunca la he visto (Europa digo), ese detalle ha estado ajeno a mi percepción global.

?«Son debilidades que tienen que ver con problemas estructurales que vienen de atrás», apuntó allí un experto.

?«Lo que hace falta es tener menos estructura de la burocracia», declaró nuestro vice Tapia, pero creo que se refería a la economía cubana, que está atrás, como todo en esta isla.

?«La paridad entre el euro y el dólar preocupa a gobiernos y consumidores de la Eurozona. Junto con el aumento de la inflación, significa que se avecinan tiempos económicos más difíciles».

?¡¿Más?!

?Para los europeos. Hay una situación particularmente crítica en Alemania con el tema energético.

?Eso pasa por no asegurar a los germanos un módulo de cocción, dos bombillos ahorradores y un refrigerador ídem.

?«Hay una crisis como nunca antes con el petróleo, el gas y la electricidad, una tormenta perfecta».

—¿La que afectó a Los Palacios?

—La realeza se la siente, no creas… La guerra en Ucrania ha sido decisiva en la caída del euro.

—Y Ucrania no se da cuenta de lo bien que le iría deponer las armas y ceder territorio.

—El Parlamento de Kiev llegó a aprobar una ley que hace obligatorio el uso oficial del idioma ucraniano.

—Qué chovinismo. Con lo fácil que se pronuncia el ruso.

?Las tentativas de Estados Unidos y la Unión Europea de impulsar sanciones unilaterales provocarán una recesión global. Lo destacó Sputnik.

—¿La están vendiendo otra vez en los estanquillos o lo dijeron en su versión televisiva: el noticiero?

—Lo más interesante que se expuso en la Mesa Redonda es que «en toda la Unión Europea se incrementa el divorcio entre la población y los dirigentes».

?Seguro que en esos diez millones de kilómetros cuadrados no han recibido una visita gubernamental. No hay petróleo en el continente para mover a tantos funcionarios viejos… perdón: en el viejo continente para mover a tantos funcionarios.

?«A Ucrania le piden, para poder ingresar en la Unión Europea, que elimine el sistema de prebendas oligárquicas».

—El ALBA es menos rígida en eso.

—La harina de trigo se ha perdido a causa de la guerra.

—Claro, el bloqueo en los puertos del Mar Negro es el causante de que una jabita de diez panes ande ya por los cien pesos.

—En la Mesa Redonda se difundió un reportaje sobre una mujer en Estonia que acudió a la doble contratación para sostener el consumo de mantequilla.

—Nosotros no tenemos que pensar en esas cosas… Nuestro queso vale más que el gouda que importamos. Un pedazo que me compré ayer me salió más caro que si me hubiera comido unos espaguetis en el Bono Bottega Nostrana de Roma.

?La inflación afecta al mundo entero, incluido Estados Unidos. Y el Sistema Electroenergético Internacional anda de cable caído. Los propios puertorriqueños quisieran estar como nosotros cuando éramos un Estado asociado… al CAME. «Resulta que es en Puerto Rico donde la gente sale pa la calle con los apagones que llevan años».

?¿Lo señaló el periodista Bernardo, el que habla de la situación espinosa y explica la generación disminuida… perdón: distribuida?

?No, lo dijo Con Filo.

?Poco falta para que ambos espacios hagan una transmisión conjunta y departan sobre la contingencia energética de los boricuas. Cuba y Puerto Rico son «de un circuito los dos transformadores».

?Solo trato de convencerte de que para dondequiera que te muevas la cosa está difícil.

?¿Y qué me sugieres?

—Múdate para el interior. Te tengo dos opciones. La primera: Santa Clara. Oye lo que describió de ella el estelar de las ocho: «Soy una tierra de triunfos constantes, de sueños que se materializan una y otra vez. Soy el suelo que pisas, el aire que respiras y la yerba fresca bajo tus pies. Vivo en los rincones etéreos donde se fragua la ciencia al servicio de la patria».

—«El suelo que pisas, el aire que respiras y la yerba fresca bajo tus pies»… cuánta lírica para referirse a las colas. Imagino que «rincones etéreos donde se fragua la ciencia al servicio de la patria» se refiera a las reuniones sobre innovación con el presidente. Dime la otra variante.

—Cienfuegos. Hay «más de 26 razones» para vivir en esa ciudad, pero te las resumiré: «positivo desempeño en los ámbitos económico, político y social, favorables indicadores económicos, impulso a los polos productivos y la diversificación de sus producciones agropecuarias, alentadores progresos en el desarrollo del transporte, el comercio y el turismo»…

—¿Me estás hablando de la costa sur o de la Riviera Francesa?

Petro, Boric, los otros y Cuba

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Petro
Gabriel Boric, presidente de Chile, y Gustavo Petro, de Colombia. (Foto: latinoamerica21)

El espacio geoestratégico de América Latina y el Caribe se estremeció en 1959 con el triunfo de la Revolución Cubana, seguida de cuanto revés guerrillero quiso imitar ese camino. En 1970 una vía diferente, con algunas afinidades con la Isla, se estrenaba en Chile para ser sofocada brutalmente. Algunos años después, para sorpresa de muchos, el triunfo guerrillero de los sandinistas sacudía a Centro América. Casos no menos singulares, serían los de Panamá (Omar Torrijos) y Perú (Juan Velasco Alvarado), caracterizados con frecuencia como «nasseristas».

En estos y futuros casos, la hostilidad y agresiones por parte de EE.UU. no se hicieron esperar. Desde Bahía de Cochinos y la Crisis de Octubre hasta las invasiones de República Dominicana o Granada; desde el recurso del golpismo militar en cadena hasta la invasión de Panamá. Por su parte, en Venezuela, y por vía electoral, ganaba el gobierno un bloque de izquierdas encabezado por Hugo Chávez, originándose así lo que conocemos como chavismo, en alguna medida vinculado al proceso cubano, aunque no a su modelo.

Hoy, bajo los efectos de una «oleada rosada» —bautizada así por los medios en Occidente—, sorprenden las victorias electorales con variados tintes de izquierda, de muy diferentes inclinaciones y proyectos. ¿Victorias comunistas o de extrema izquierda? Ciertamente ninguna de ellas lo es. Con la victoria de Gustavo Petro en junio y la próxima, en octubre, de Lula da Silva en Brasil,  la «oleada rosada» eleva el pánico en sectores dominantes del continente y en no pocos asesores del presidente norteamericano Joe Biden, pues ni siquiera con una izquierda moderada pueden quedar satisfechos y comportarse de forma tolerante.

¿Parentesco con los precedentes cubano y venezolano? Muy lejano y muy limitado. Tal vez en algunas experiencias provechosas o con algunos niveles de colaboración bilateral en esferas como salud y educación y algún proyecto económico, como el acometido por Brasil en la construcción de la ZEDM o la industria azucarera y la energía.

¿Ideologías o programas siguiendo los patrones de Cuba y Venezuela? Ni remotamente. Sus orígenes y proyectos actuales tienen y tendrán raíces muy propias y diferentes, nada dependientes de alianzas o apoyos de Cuba o Venezuela;  y nada de imitaciones estériles en el contexto actual. Sus proyectos de reformas se ajustarán a sus posibilidades reales, contextos específicos, alianzas políticas internas, a las correlaciones de fuerza en cada parlamento, a las alianzas internacionales que cada uno pueda articular. No es lo mismo Castillo en Perú, Boric en Chile o el mismo Petro. Segunda Cuba no habrá, por seguro. Chávez y Lula lo probaron pese a sus mayorías electorales en los albores del siglo XXI. Es lógico que así sea.

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La «oleada rosada» eleva el pánico en sectores dominantes del continente. (Foto: israelnoticias)

De cómo reaccionó y se condujo Fidel Castro ante aquellos movimientos puedo dar testimonio responsablemente. En todos y cada uno de los casos mencionados anteriores a la «oleada rosada», desde el comienzo de cada uno de ellos, lo primero que razonó Fidel con los dirigentes de esos movimientos fue algo categórico y válido: ¡NO HAGAN NADA DE LO QUE HICIMOS NOSOTROS! Advertía así la singularidad del caso cubano y de las alianzas internacionales que lo sustentaron e insistía que cada uno debía asumir su propio camino.

Sería un disparate de proporciones olímpicas tomar la ruta de las copias o las imitaciones; ni arremeter con críticas, dudas o cuestionamientos a lo que Boric, Castillo o Petro hagan o dejen de hacer. Lula sabe perfectamente por dónde debe ir su agenda pues se trata de un regreso victorioso, mucho más cómodo que el de Petro y tiene mucho que reparar de los extremismos de derecha y abusos del presidente Bolsonaro. Al igual que el chavismo de Maduro rectifica ahora no pocas medidas anteriores y trata de conciliar una posible normalización con Washington, alentado por las múltiples derivaciones del conflicto Ucrania-Rusia.

¿Qué puede significar todo esto para el gobierno cubano? Primero que todo, que hay mucho que aprender de los componentes de esta «oleada rosada». Que la diversidad política y los desafíos electorales pueden asegurar igualmente victorias merecidas, más allá del monopolio absolutista y autoritario del poder por más de sesenta años, aferrados a un modelo que aportó algunas soluciones claves en sus primeras décadas, pero que hoy está agotado probadamente.

Asimismo, que se crea una coyuntura hemisférica muy diferente, favorable a Cuba desde diferentes perspectivas, en un marco flexible de colaboración Sur-Sur en el que vienen insistiendo ya hombres de la estatura política de Lula, Petro y otros. La solidez y horizontes de la CELAC (Conferencia de Estados Latinoamericanos y del Caribe), se refuerza como nunca antes, con amplios horizontes para la colaboración bilateral y multilateral y mayor capacidad de contención a los desafueros y acciones de fuerza de parte de EE.UU. hacia el Sur.

Y, finalmente, que esta «oleada rosada» de hoy no naufrague en reveses y fracasos —como ha sido el caso de Venezuela en años recientes—, que la eficiencia en cada uno de sus modelos deje un legado de desempeño exitoso y capaz de asegurar procesos de continuidad electoral, de alianzas internacionales que neutralicen las abusivas prácticas de EE.UU., máxime cuando para noviembre del 2024 probablemente tendremos que lidiar con un regreso vengativo del trumpismo a la presidencia en Washington.  

Entre oligarcas anda el juego

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Oligarcas
(Imagen: Definicionabc)

Nada nuevo bajo el Sol, el Papa lo adelantó y la oligarquía miamense y la oligarquía partidista intentaron poner una cortina de humo sobre lo importante: en algún lugar del planeta, Cuba y Estados Unidos compartían un café. El temor de ambas oligarquías es que se van del juego, como se fueron durante las negociaciones entre Raúl y Obama. Por eso llevan años azuzando el combate, el alzamiento popular desde allá; y de este lado, la represión y la criminalización del disenso. Ni los oligarcas del Norte son tan católicos, ni los oligarcas de Paseo y Boyeros son tan liberales.

Las recientes medidas económicas anunciadas por Gil están en consonancia con la nueva realidad, obviamente porque el café le gustó a las dos partes de la mesa. ¿Fue Cubita o Bustelo? ¿Fue una mezcla de los dos? ¿Y si fue una mezcla, en qué proporción uno más que otro? Esas son mis primeras preocupaciones. No las únicas.

Posiblemente vengan nuevas liberaciones de presos y algún delirante que desde el norte de La Habana los califique de traidores por aceptar respirar aire puro. El spanglish comienza a reemplazar el lenguaje inclusivo.

Bienvenidas sean todas las conversaciones que detengan la violencia y traigan paz y bienestar para nuestro país. Un país, un pueblo, que ha recibido los más deshonestos insultos desde el sofá-cama de una parte del exilio que vio, en la sangre y la muerte de los humildes marginados, el triunfo de su mediocre revancha.

Ahora bien, aunque se llenen los anaqueles y el transporte mejore, y las aspirinas y condones se regalen en las farmacias, Cuba necesita DEMOCRATIZARSE. Abolir el poder absoluto del partido único sobre la Constitución refrendada por nosotros, el pueblo. Exhibir en la televisión los debates entre diputados y entre diputados y gobierno. Permitir el disenso de jóvenes criminalizados desde el 27 de noviembre del 2020 y maltratados por las fuerzas represivas. Y establecer el derecho a réplica cuando un medio oficial utiliza lo que es del pueblo para ofender, manipular y mentir sobre la realidad que golpea a ese pueblo.

La Contraloría debe transparentar los resultados de investigaciones sobre el capital mal habido y rendirle cuentas al parlamento, para que se termine de una vez la suspicacia o el ocultamiento de oportunidades solo reservadas para castas y grupos políticos. El pueblo tiene derecho a conocer cómo se ganan y utilizan los dineros que sobre su espalda crecen.

Y que el fruto del crecimiento económico personal o del Estado, sirva para acortar las diferencias entre marginados y niños bien. Que los negros pasen de la puerta al salón y reciban mucho más que educación y salud gratuitas, además de soñar y hacer posibles sus sueños. Porque no existirá paz en las diferencias, sino en el fruto del aporte solidario de todos.

Y la prensa independiente y oficial a no mentir, a no fomentar el enfrentamiento sino el entendimiento y la convivencia. A no pedirle peras al olmo. El gobierno es mediocre y la contrarrevolución también. De esa pareja de adversarios solo espero sus nombres publicados en la revista Hola, hablando mal del café.

Los cubanos de aquí, a pensar en Cuba y exigir el fin del monopolio partidista y de la llamada al combate desde un salón con aire acondicionado. Los cubanos de cualquier parte, a pensar en sus familias y exigir que Cuba sea borrada de la lista de países terroristas y apoyar la flexibilización del injusto embargo o bloqueo, como quieran llamarle.

Porque si ganan las dos oligarquías, nadie podrá impedir que ni el Papa pueda mediar cuando Dios le diga: Les mandé el bote tres veces. ¿Qué quieres, que se lo explique en persona?.

La victoria pírrica del 11-J/ 2022

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victoria pírrica
(Imagen: El salvamento de Pirro, del Nicolas Poussin)

Pirro, rey de Epiro, logró vencer a los romanos en una batalla en la que murieron miles de sus hombres, tantos que, según cuenta la historia, al contemplar el resultado dijera: «Otra victoria como esta y volveré solo a casa». Derrotó a la república romana en dos oportunidades, pero a costa de tal desgaste y de la desmoralización de sus tropas, que finalmente fue vencido en la batalla de Benevento y obligado a retirarse.  

Victoria pírrica ha sido denominado desde entonces un resultado que se consigue con tantas pérdidas para el bando aparentemente vencedor, que puede terminar siendo desfavorable para él. Algunas contiendas famosas clasifican bajo esta denominación: la batalla de Borodino en las guerras napoleónicas (1812), la de Jutlandia en la Primera Guerra Mundial (1916) y la primera batalla del Alamein, en la Segunda Guerra Mundial (1942), entre otras.

A las anteriores debería sumarse ahora la batalla comunicacional del 11-J de 2022, calificada por el gobierno cubano como un nuevo Girón. La psicóloga Karima Oliva resalta como un gran éxito que ese día se posicionaran la etiqueta #Cubavive y las matrices de mensajes favorables al gobierno.

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Resulta toda una paradoja que sean el gobierno y su aparato de comunicación, que consideran a Internet y las redes sociales como sitios en los que se manipula la realidad cubana, los que presuman ahora de ganar sus batallas precisamente allí. Porque donde había que disuadir de la posibilidad de un nuevo estallido social era operando sobre la realidad, es decir, sobre los factores que condujeron a las protestas sociales del pasado verano. ¿No afirman que la verdad sobre Cuba no está en las redes? Entonces, ¿de qué victoria estamos hablando?  

La historia no es una obra de teatro, con ensayo general y actos bien definidos. Muchos pensaron que este 11-J se produciría en Cuba un estallido similar al del pasado año, y consideran una derrota que no ocurriera; se equivocan. Otros pueden pensar que el hecho de que no se haya producido es una victoria del Estado; también se equivocan.

Lo sucedido resulta totalmente lógico. Durante estos doce meses el Estado se blindó para desestimular cualquier manifestación en su contra. Lo hizo con normativas legales que regulan la comunicación y con un nuevo y mucho más estricto Código Penal. A nivel represivo dictó altas condenas de prisión a muchos manifestantes del 11-J, pero tampoco habilitó ninguna de las leyes constitucionales para que la ciudadanía pueda interpelarlo: derecho a manifestación y Tribunal de Derechos Constitucionales.

Y —para no dejar nada al azar—, desde días antes de la referida fecha fueron desplegados operativos y agentes de Seguridad del Estado con el fin de asegurar que los disidentes no salieran al espacio público, se les encerró en sus casas, se presionó a sus familiares y amigos; se convocó a los colectivos laborales a custodiar plazas y parques y a actividades infantiles desde horas de la mañana.

A ello hay que sumar que la sociedad cubana no tiene posibilidad legal alguna de articularse en asociaciones cívicas, sindicatos u organizaciones independientes de las admitidas por el Estado, que pudieran ser interlocutoras ante este. Presentar como una victoria el haber sobrepasado el día cero sin un nuevo estallido, es pueril. Fue así sin embargo como se anunció por dirigentes políticos, funcionarios del ministerio de Cultura y periodistas en el programa Mesa Redonda dedicado a la gran victoria… comunicacional.

Tal actitud pretende ignorar que el 11-J de 2021 acaeció por un conjunto de circunstancias, no solo presentes hoy sino mucho más potenciadas. Los que confíen en que al evitarlo en fecha fija eliminaron las condiciones para la réplica de similares acciones, pecan de ingenuos o soberbios y, en ambos casos, son políticos torpes.

Aquí habría que recordar las categorías de la dialéctica necesidad y casualidad. Un cambio en Cuba ocurrirá necesariamente, pues está ligado a lo esencial del desarrollo en unas condiciones dadas, y se abrirá paso a través de la realidad de manera inevitable: un modelo económico y sociopolítico sin posibilidades de reproducirse bajo exactas condiciones, deberá dar lugar inexorablemente a una transformación (y no solo en el ámbito de la economía). Sin embargo, el modo exacto en que esto ocurra dependerá de situaciones por lo general casuales y difíciles de predecir.

Para una gran mayoría, muchas veces silenciosa, las circunstancias deseables para tal cambio serían pacíficas y mediante un diálogo nacional. Pero el aparato gobernante ha sido refractario a aceptar a la ciudadanía como interlocutora en pie de igualdad y respeto. Su concepción anti-dialéctica de la historia —que aprecia al desarrollo como una línea recta e irreversible, y ha llegado al punto de incluir esa determinación en la Constitución—, le ha hecho creer que es posible continuar gobernando del modo tradicional, aun en medio de una era tecnológica en que ya no le es dable desconocer y acallar a la opinión pública.

Desde el mismo momento en que la gente tuvo la capacidad de erigirse como interlocutora ante el poder, lo ha hecho. Ha ocurrido paulatina pero sostenidamente. Esa es una transformación radical que torna anacrónicas las usuales prácticas políticas discriminatorias características de un modelo de Partido único en cualquier contexto; amén de los enormes y sostenidos errores en política económica y social de ese Partido en Cuba.    

La consecuencia es predecible: en un escenario como el que existe en la Isla, si se cierra la puerta al diálogo, se le está abriendo a la violencia. El Estado no puede desconocer que durante el año transcurrido, en la misma medida en que se ha naturalizado la represión por parte suya, se naturalizan la protesta social y la desobediencia por parte de la ciudadanía. Es un proceso de adaptación recíproco y una actitud que se reforzará en ambos casos mientras más se practique.

Aunque con medidas de control extremo se logró evitar un estallido de grandes proporciones, no puede ignorarse que a lo largo de estos doce meses se han suscitado diversas formas de protesta y desobediencia social difundidas y documentadas: cartas públicas a dirigentes, cacerolazos, carteles contra el gobierno y su presidente, manifestaciones motivadas por los cortes de electricidad en universidades, barrios y poblados de varias provincias; exigencias de madres ante la falta de alimentos y medicamentos para sus hijos y por fallas en el sistema de salud y de atención ciudadana; acciones de apoyo de los familiares y amigos de presos por el 11-J; y constantes argumentaciones de ciudadanas y ciudadanos en las redes sociales, donde son sometidas a crítica, con argumentos profundos y meditados e interesantes propuestas, las políticas del gobierno y la actitud de sus dirigentes.

De julio a julio, la inflación se ha desatado —con la consiguiente devaluación del salario real y la moneda nacional—, y es mayor la escasez de alimentos, medicamentos y productos de primera necesidad. Igual incremento es visible en los cortes de electricidad y las restricciones al transporte. Un punto de ostensible mejoría radica en el control de la pandemia, y aunque deben reconocerse la producción de vacunas y la campaña de vacunación organizada por el gobierno, hay que valorar también que el control de la ola pandémica se ha comportado con características similares a nivel global.

Que el número de fallecimientos por Covid sea casi nulo hoy, no indica que el sistema de salud esté en mejores condiciones para un hipotético resurgir de casos, como ya se aprecia en otros países, y más si se tiene en cuenta que desde hace meses proliferan en varias provincias cubanas los enfermos de dengue, incluso de su peligrosa variante hemorrágica.    

 Tras el estallido social del 11-J, el presidente Miguel Díaz-Canel declaró durante meses que la actual crisis no era el peor momento de un gobierno cubano después de 1959, pues la intervención por Playa Girón y el Período Especial fueron coyunturas más complicadas. Desde hace un tiempo ya no se atreve a afirmarlo. No era cierto. Todos lo sabíamos. Él también.

Veamos entonces algunas pautas que permiten explicar el contexto cubano hoy y entender la magnitud de la crisis.

Cinco pautas para interpretar el escenario actual en Cuba

1) Recordemos aquellos viejos y —dados los resultados posteriores— buenos tiempos, en que la economía insular era descrita eminentemente como exportadora de productos agrícolas, materias primas y minerales de escaso valor agregado: azúcar, cítricos, café, tabaco, ron, níquel, entre otros. La relación con el campo socialista no varió en lo esencial dicho modelo exportador, como sí lo hicieran posteriores decisiones en política económica.

En las más de tres décadas desde el derrumbe del campo socialista, se ha venido diseñando en la Isla un modelo que la ha convertido en mucho más subdesarrollada y dependiente. Aunque data de tiempos de Fidel, fue sobre todo con las reformas raulistas que esta situación se reforzó. El turismo y la venta de servicios profesionales fueron presentados como locomotoras de la economía, sin tener en cuenta que ambas son actividades susceptibles a altibajos geopolíticos y globales (económicos, políticos y sanitarios).

Cuba debe importar hoy muchos de los productos que antes se producían para consumo nacional, o se exportaban; solo le resta esperar a que vuelva el turismo, lo que al parecer demorará; y con la venta de servicios profesionales puede continuar perdiendo parte de su fuerza calificada, pues para que esta regrese al país debe existir un mínimo de prosperidad que haga deseable el retorno.  

En los noventa, la agricultura, a pesar de las grandes afectaciones y la subida de precios de muchos productos, pudo garantizar en los agro-mercados estatales ofertas estables y a precios accesibles de productos como la papa y el maíz, que, además de los huevos, se convirtieron en importantes fuentes de alimentación al alcance de todos.

El pasado año fueron informadas sesenta y tres medidas para revitalizar la agricultura, pero no se vislumbra recuperación alguna en ese sector. Según un artículo publicado en La Joven Cuba, la Isla estaría abierta a la importación de numerosos productos agrícolas provenientes de Estados Unidos si se eliminara el bloqueo —lo que sería sin dudas un aliciente para el consumidor cubano en las condiciones de desabastecimiento que hoy vivimos—; sin embargo, no hay que perder de vista que Cuba tendría muy poco que ofrecer a su poderoso vecino en ese sentido para que sea un comercio bilateral y mutuamente ventajoso. Ni cuota azucarera en su mercado podríamos exigir habido el desmontaje de la industria azucarera nacional desde hace veinte años, cuyo corolario ha sido la zafra del 2021, la peor de los últimos cien.

Cierto que tenemos muchos hoteles (una buena parte cerrados hoy) para los turistas que decidan vacacionar, aunque gestionados por cadenas francesas y canadienses. En resumen, sesenta y tres años más tarde del triunfo de enero, nos encontramos en la situación que describí en el artículo «Antimperialismo en Cuba: reflexión en dos tiempos»:

Tantos años después, aquí estamos: abiertos al capital extranjero al que se presenta como tabla de salvación, con una Constitución que los invita, con su majestad el dólar rigiendo de nuevo, endeudados hasta la médula con poderosos círculos financieros internacionales. Y, lo peor, esperanzados en que el Norte retire el bloqueo y decida hacer negocios en Cuba para, posteriormente, avanzar más en las reformas y llegar a disfrutar de derechos políticos.

¿Díganme si eso no significa la victoria de un plattismo inconsciente en el imaginario social de esta nación? Es la derrota de aquella fuerte corriente de pensamiento que emergió hace un siglo. Eso sí, maquillada con un discurso político que continua siendo profundamente antimperialista. Las palabras por un lado y la realidad por otro.

2) Cuando ocurrió la debacle del campo socialista, la crisis fue profunda y abrupta; pero el país conservaba aún ciertas reservas en infraestructura y sistemas sociales que permitieron que, luego de tocar fondo, se avizoraran cambios. A ello hay que añadir que en aquel período no existían las marcadas diferencias sociales que hoy se aprecian entre personas, barrios, poblados y provincias.

El sistema de salud era muy sólido entonces, desde la atención primaria (médicos de familias situados en miles de barriadas), hasta los policlínicos y hospitales. Por eso, a pesar de múltiples problemas de salud vinculados con la crisis —como las neuritis, ocasionadas por déficits de proteínas en la alimentación—, no mostró las condiciones depauperadas que hoy se advierten.

Durante años se fue invirtiendo cada vez menos en equipamiento para la salud respecto a otras épocas. Se restringieron servicios como los de obstetricia y cirugía, presentes en casi todos municipios, que fueron concentrados en las cabeceras provinciales. Hoy faltan, desde ambulancias, hasta insumos médicos básicos en los hospitales, como guantes, jeringuillas, vendas, mercuro-cromo.

Por su parte, la industria de medicamentos resistió mejor la crisis de los noventa, en que la ausencia de medicinas no fue tan agobiante como ahora. A ello se suma la disminución durante estas décadas —a pesar de las graduaciones constantes—, de médicos, personal de enfermería, técnicos y laboratoristas; motivados por el cumplimiento de misiones en el exterior o por emigración definitiva.

El sistema de Seguridad Social en Cuba cubría a muchas más personas hasta el nombramiento/elección oficial de Raúl Castro como presidente del Consejo de Estado, en febrero de 2008. A partir de ahí se enfatizó en la necesidad de recortar gastos y «gratuidades indebidas», pero fue especialmente entre 2016 y 2020 que la inversión en Salud y Asistencia social disminuiría en dos tercios: de 232,6 a 84,5 millones de pesos. Es alarmante que el recorte en la inversión de salud ocurriera precisamente en etapas en que los ingresos por exportación de servicios médico-farmacéuticos fueron la principal fuente de divisas del país, por encima del turismo (2006-2018).

En consecuencia, aumentaron en esos años la pobreza y la desigualdad. Parámetros exitosos hasta los ochenta, como la «tasa de mortalidad», con tendencia a la disminución —aunque con un repunte durante los noventa—, comenzaron a crecer nuevamente.

3) En los últimos años el éxodo de cubanos es enorme. El modelo habitual de migración ha cambiado, especialmente tras el 11J. La actitud del gobierno convenció a muchas personas de que cualquier tipo de cambios sería obstaculizado, y la falta de confianza en el futuro se observa en el actual modelo, en que familias enteras están emigrando.

Permanecen cerradas o se venden casas porque no resta nadie del núcleo familiar que las habite. Familias a las que quedaban apenas sus ancianos —reacios a emigrar pues confiaban en el sistema de salud y en que las remesas de sus hijos y nietos garantizarían la permanencia en el sitio de sus raíces—, los están sacando de Cuba. El censo nos dirá, correspondía este año pero se ha pospuesto.

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En los últimos años el éxodo de cubanos es enorme. (Foto: France24)

No obstante, esta mutación del modelo migratorio puede incidir en otro punto de cambio, pues la flexibilización por el gobierno de Biden de las medidas dictadas por Donald Trump en cuanto a los viajes a Cuba y el envío de remesas, pueden no tener los efectos esperados por el gobierno de la Isla. Nadie manda remesas a una casa vacía. La existencia de familias a ambos lados del estrecho de la Florida, es condición esencial para que exista un flujo en tal sentido. Numerosos emigrados están escogiendo gastar de una vez una buena suma de dinero costeando coyotes y viajes ilegales por medio continente, antes de seguir manteniendo a su familia en un lugar en que les resultará más caro a largo plazo.

4) El gobierno de Cuba apuesta con mucha energía por la atracción de capital externo. Incluso para industrias como la azucarera, donde esto jamás se aceptó en los noventa y se optó por desmantelarla antes que abrirla a la inversión privada. A pesar de ello, la pésima infraestructura insular, la desconfianza de los inversionistas en las garantías del gobierno a largo plazo, y la propia crisis en los países emisores de capital, entorpecen esta expectativa.

En resumen: el país no tiene fondos de acumulación, los inversores extranjeros no acuden al llamado y los potenciales inversionistas nativos se están marchando al haber sido postergados por décadas. Solo veo posible una inversión masiva de cubanos emigrados, pero por supuesto que estos exigirán transformaciones en el modelo político, que el gobierno no desea hacer.

5) Ni siquiera el entorno geopolítico regional —en que han triunfado muchos gobiernos de izquierda o progresistas, en todo caso mayoritariamente contrarios a la política hostil de Estados hacia Cuba—, puede interpretarse como punto de inflexión favorable al gobierno cubano.

La Isla ha requerido siempre de un país-pilar para salir de los momentos críticos del proceso desde 1959: la URSS en los sesenta y Venezuela en los noventa. En estos momentos ninguno de los gobiernos de la izquierda emergente en América Latina va a desempeñar ese rol. Primero, porque se trata de una izquierda que no se ha alineado con el modelo antidemocrático insular y ha hecho fuertes críticas a la represión, durante y tras el 11-J. Segundo, porque la crisis de la pandemia ha afectado a todos y Cuba resulta un socio muy costoso.

Venezuela envió durante años a Cuba grandes cantidades de petróleo que intercambiaba por servicios de variada índole: médicos y colaboradores en diversos campos, incluyendo militares. Sin embargo, la invasión de Rusia a Ucrania y el consiguiente encarecimiento de combustibles que ella ocasionó, sacaron a relucir el lado más pragmático de las administraciones norteamericana y Bolivariana.

A pesar de los iniciales pronunciamientos del gobierno de Maduro en respaldo a Putin, y de la crítica ante la violación de derechos humanos en Venezuela por parte del gobierno de Biden (que, ¡oh Maquiavelo! tampoco ha desdeñado a Arabia Saudita); el Norte ve hoy con mejores ojos a sus vecinos del Cono Sur que, casualmente, disponen de las mayores reservas petroleras en la región. Nosotros, les recuerdo, ni azúcar (que está a quinientos dólares la tonelada, dígase de paso). Y ahora, tampoco el petróleo al que estábamos acostumbrados.  

Habría mucho más por decir, sobre todo de los factores subjetivos, pero el espacio no lo permite. Que estas mínimas pautas sirvan a nuestros decisores para que lo piensen tres veces antes de proclamar un triunfo que, parafraseando al anterior primer secretario, es muy indebido. O más bien, para ser coherentes con mi argumento inicial, puede ser considerada la más reciente victoria pírrica en los anales de la historia.

Congreso de Estados Unidos niega facilitar venta de alimentos a Cuba

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Congreso de Estados Unidos reunido en 2019. Foto: Alex Wong/Getty Images

Con 163 votos a favor, 260 en contra y 13 abstenciones, el Congreso de Estados Unidos rechazó una enmienda que permitiría a los agricultores estadounidenses exportar a crédito alimentos a Cuba. El apoyo a la medida correspondió en mayoría casi absoluta a los demócratas, quienes aportaron 162 boletas a favor, frente a un único voto positivo por parte de los republicanos.

Las sanciones económicas de Estados Unidos contra Cuba impiden que la Isla compre productos agrícolas estadounidenses a crédito, mecanismo más viable para la adquisición de alimentos importados.

La votación de este miércoles se produjo en un contexto marcado por una profunda escasez de alimentos en Cuba. A la crisis interna se han sumado otros agravantes como la pandemia de Covid-19 o el éxodo migratorio. Muchos miembros del Congreso han sido firmes defensores de una relación más humana entre Estados Unidos y Cuba a lo largo de los años. Sin embargo, la Cámara no ha realizado un solo voto encaminado a mejorar la política hacia la Isla.

Al aproximarse las elecciones intermedias, la votación fue un momento propicio para que el Congreso introdujera el tema Cuba en la agenda y demostrara la oposición mayoritaria de los demócratas a la política de Trump hacia el país.

La necesidad de aunar criterios entre demócratas y republicanos en lo que a Cuba concierne no estuvo clara esta vez, evidenciado a partir de la abrumadora negativa de los segundos. Queda mucho trabajo por parte de los funcionarios y activistas cubano-americanos que aspiran a una normalización de relaciones entre ambos países.

La no aprobación de una medida de carácter humanitario contradice la retórica de la Casa Blanca sobre su preocupación respecto al bienestar del pueblo cubano y es un ejemplo más de cómo la administración Biden se ha desmarcado poco de su antecesor.

Palabras con doble filo

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Mientras el agua helada del Atlántico Norte llenaba el interior del buque aquella noche, la Wallace Hartley Band no dejó de tocar. En medio de la catástrofe, los músicos se empeñaron en transmitir con sus acordes calma, normalidad y esperanza. Cuando entonaron las notas del himno Nearer, My God, to Thee, estaban seguros de que morirían. Esa fue su última plegaria: los ocho integrantes de la orquesta del RMS Titanic, junto a cientos de personas más, perecieron la madrugada del 15 de abril de 1912.

Acercarse a mucho de lo que se hace en materia de periodismo en y sobre Cuba —especialmente en los últimos dos años—, genera una sensación similar a la que debieron sentir los hombres y mujeres que viajaban en el mítico barco cuando escuchaban la música con la certeza de que no verían otro amanecer.

Como elemento fundamental de estrategia política, la comunicación periodística es la arena donde se libra uno de los combates más encarnizados entre actores diversos. Enfocarse en ellos priorizando una perspectiva que apunte a los extremos contrapuestos, sería errar en el análisis y perder de vista el espectro de posturas intermedias. No obstante, para desgracia del debate público, son esas fuerzas reaccionarias las más visibles. Después del estallido social del 11 de julio de 2021, sus posturas se han radicalizado considerablemente y, con ello, sus prácticas.

-I-

La espiral de radicalización comenzó en los medios cubanos bajo control del PCC mucho antes de la fecha de las protestas. Aunque el espacio no tenía tintes propiamente políticos, el uso de métodos que se han mantenido —difusión de chats de WhatsApp u otras plataformas, desprotección a la identidad de los involucrados, exposición pública de cuestiones privadas—, puede ubicarse en los denominados popularmente Tras la huella del Noticiero Estelar de televisión, en los inicios de la pandemia. Allí fueron mostradas operaciones contra personas que cometieron presuntos delitos, económicos sobre todo.

Aquellos reportajes, que llegaban de diferentes provincias y eran generalmente anunciados con entusiasmo por el periodista Yunior Smith, dieron lugar, ya con el Movimiento San Isidro actuando y en medio de un escenario político mucho más crispado, a la entrada sobre las tablas del abogado Humberto López.

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Humberto López durante una comparecencia en el NTV. (Foto: Canal Caribe)

Con ilimitada ironía, quien sería merecedor del Premio a la Dignidad de la UPEC y de un escaño en el Comité Central del PCC, llevó a plenitud prácticas más que cuestionables, ilegales algunas, con el fin de neutralizar el activismo político que por aquellos días tuvo un auge inusitado, en especial después de los sucesos del 27 de noviembre de 2020 frente al Mincult.

Cuando se combinaron la crisis estructural que ya se arrastraba, con la generada por la pandemia, las sanciones de Estados Unidos y la sempiterna mala gestión como telón de fondo; la crispación política aumentó. Dos elementos demuestran que desde el poder se percibió el fracaso de la campaña mediática: 1. al ocurrir las protestas de julio, ya el espacio había disminuido su frecuencia, y 2. tras el Congreso del PCC, en abril de 2021, fue designado Rogelio Polanco frente al Departamento Ideológico del Comité Central, y en su primera intervención en el espacio Mesa Redonda anunció un viraje —que a la postre no sucedió— al referirse a «la disposición a escuchar a los otros, la profundización en los estudios teóricos, acudir a nuestras ciencias sociales». 

Desde la otra orilla, con prácticas que parecen salidas del mismo manual, el influencer Alexander Otaola, el hombre de Trump en Miami, atizaba los ánimos de un sector de la emigración en esa ciudad. Para ello recurre igualmente a los asesinatos de reputación y la manipulación de pruebas y declaraciones. A él se suman, como en el caso de su contraparte insular, personajes, medios y espacios que contribuyen, con su permanente disposición al conflicto, a ofrecer las justificaciones adecuadas para que, de este lado, la vida siga igual.

Quien lo dude solo debe verificar los fondos destinados a este tipo de proyectos —aunque no todos son de ese cariz. «Por sus obras los conoceréis», como dijo Jesús en el Sermón de la Montaña— publicados por la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés). La radicalización del espectro político cubano es costeada allá con los dólares del contribuyente norteamericano y aquí con los magros fondos de las arcas de la República.

Como pitbulls que muerden los extremos de una soga, juegan estos radicales mientras, en medio, el pueblo de la Isla sufre los errores de políticas internas y el peso de las medidas de la primera potencia mundial. La intención de ambos extremos, para ser exitosos, es que sus adeptos vean solamente una de las caras de la moneda.

-II-

Como en otros aspectos de la vida nacional, el 11-J llevó la comunicación a terrenos inhóspitos. Para pensar cómo moverse en ellos, el Jefe del Estado y primer secretario del PCC se reunió con representantes de la prensa en fecha tan temprana como el 24 de agosto, poco más de un mes después del estallido. Algunas intervenciones diagnosticaron con precisión las afecciones y propusieron tratamientos. No obstante, casi un año después, está claro que igual que sucedió con lo dicho en los congresos de la UPEC, el diagnóstico no gustó y los planteamientos cayeron en saco roto.

Pese a que se alertó en ese encuentro acerca de los peligros de la radicalización, este año se ha visto como, desde lo formal, el discurso mediático ha permeado de palabras e ideas de origen militar o, en casos extremos, ha echado mano incluso a frases de la jerga de guapería barrial.

Desde el propio título de los programas —televisivos, radiales u otros—, se explicita una predisposición a la confrontación y la amenaza. Espacios como Con filo, Chapeando bajito, El ojo que te ve, o la peña de la Pupila Asombrada, que se nombra la Pupila Afilada, son algunos ejemplos. En la mayoría de los casos se evidencia una recurrencia casi fetichista a las imágenes del machete o el cuchillo como armas aguzadas para herir al oponente, o al ojo como símbolo de vigilancia.

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Igualmente, existe en muchos de estos programas un deseo de capitalizar «la verdad», enunciado también desde los títulos: Hacemos Cuba, Palabra Precisa, Las razones de Cuba.

Una característica compartida por ambos extremos del espectro comunicacional, es el que Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de la Alemania Nazi, situaría como el primero de sus once principios: «el de simplificación y enemigo único». Individualizar al adversario es un recurso útil para atacarlo. Mercenario o ciberclaria, contrarrevolucionario o comunista; son cómodas etiquetas para matar al mensajero sin necesidad de introducirse en el mensaje.

Más allá de los medios en sus versiones tradicionales, las redes sociales han desempeñado en este último año un rol central. No solo son el foro de debates en torno a temas acuciantes y profundos, o el espacio para denunciar y visibilizar cuestiones que interesan a la ciudadanía, sino también han hecho gala de su dimensión lúdica.

A esto último ha contribuido la irrupción de personajes como la primera dama, con sus tuits ubicados a kilómetros del sentido común; u otros más esporádicos, como el héroe que alaba, desde un pullover, el miembro viril del presidente de la República. Gracias a ellos, y junto a frecuentes errores y meteduras de pata de los dirigentes, un enorme ejército de memeros tiene el pan de cada día asegurado.

La risa es una herramienta poderosa, lo sabía el monje que envenenó los libros de la abadía a la que nos traslada Umberto Eco en El nombre de la Rosa. La burla es un instrumento que desarma, y la democratización que implica la masividad de las redes sociales hace que sea casi imposible controlar la incursión en ellas de actores políticos y ciudadanos.

-III-

El 11 de julio pasado se publicó el anteproyecto de Ley de Comunicación Social, un sueño largamente anhelado por el gremio. Su artículo 5 consigna que «el Instituto de Información y Comunicación Social es el encargado, como organismo de la Administración Central del Estado, de articular la gestión del sistema de comunicación social en el país».

Muchos han visto en este cambio de manos, del Partido al Estado, una respuesta a la observación que hiciera el periodista y académico cubano Julio García Luis en su libro Revolución, Socialismo, Periodismo: «las pretensiones de arbitrar contenidos han tenido históricamente resultados paralizantes y desastrosos».

¿Seremos testigos del nacimiento del observatorio crítico que requiere el socialismo y al que aludiera el presidente de la UPEC en la convocatoria al XI Congreso de esa organización, bautizado con optimismo de la Transformación? Sin embargo, para responder tal interrogante no puedo evitar recordar la conocida frase del Rey Sol: «L’État, c’est moi». Aclimatándola al artículo 5 de nuestra Constitución, sería: Sobre el Estado, estoy yo.

La confluencia discursiva propiciada por el monopolio de propiedad estatal/partidista, contrasta con la línea generalmente crítica de los otros medios. Estas posturas contribuyen al binarismo del debate político, que divide a los cubanos en grupos permanentemente enfrentados, sin puentes que permitan algún tipo de acercamiento.

Hace algunos días, la Cinemateca de Cuba y el proyecto Aguacero abrieron un nuevo espacio con la película alemana Good bye, Lenin. Un hijo que ama a su madre enferma debe presentarle el tránsito de dos Alemanias a una. Sin embargo, termina representando no solo para ella, sino para sí mismo la obra de cómo él hubiera deseado que fuera el proceso. A los cubanos nos deja lecciones que no deberíamos ignorar.  

En la emisión final de su inventado noticiero, el cosmonauta Sigmund Jähn, devenido secretario general del Partido, lanza una idea hermosa y cardinal: «El socialismo no significa amurallarse sino acercarse al otro, vivir con el otro». ¿Es para los cubanos ubicados en los extremos del espectro y usufructuarios de una parte considerable del poder, tan difícil pasar por sobre sus diferencias y construir una nación en la que quepamos todos? Como en el Titanic, cuando suene Nearer, My God, to Thee, ya será tarde.