En esta gran familia que somos, Papi es el de más malas pulgas. Aclaro que es el más joven, el impulsivo, el que no reflexiona, y por eso no teme al castigo real de que lo amarren. Yo le digo que coja calma, que no va a resolver nada si protesta él solo, pero no hace caso a mi experiencia de perra vieja.
En vez de convencer a los otros de ladrar todos juntos, Papi es el primero que sale disparado cuando estamos durmiendo y tocan a la puerta, o cuando el pollo de la comida está demasiado caliente o cuando hace rato no paseamos en la moto. Después de Papi, ladra Pluto Jr., aunque sin tanta convicción, y a veces Kiara también se embulla. La verdad, en esta familia no hay razón ninguna para ladrar en plan: «yo me opongo».
(Foto: Néster Núñez/LJC)
A mí, que soy de origen humilde y estuve años vagando por las calles, sin casa y sin familia que me acogiera, no hay quien me haga un cuento de lo que son el hambre, la sed, el miedo y otras mil necesidades. Y no estoy hablando de nosotros los perros. Estoy hablando de la tremenda cantidad de humanos que viven en condiciones que Papi ni se imagina.
Yo le digo que si esos humanos tienen un cerebro súper desarrollado y manos y un lenguaje avanzado y aun así no protestan, qué vas a estar ladrando tú tanto. Pero Papi no entiende. Además de ser muy joven, es de esta raza… chihuahuas… tal vez los extranjeros no entienden bien cómo funcionan aquí las cosas. (Testimonio de Niña. Perra mestiza. La más anciana)
(Foto: Néster Núñez/LJC)
Si eso es lo que dijo Niña, pues está muy equivocada y protesto por su comentario superficial y racista. Nosotros venimos de México, pero llevamos generaciones poblando esta tierra. Yo mismo perdí la cuenta de los hijos que tengo por ahí regados. Es verdad que ella tiene otra experiencia de vida, porque viene de la calle. Y porque en las calles sufrió mucho junto a otros como ella: mestizos, o satos, o criollos, como quieran llamarles.
Sin embargo, ¿quién tiene la culpa de que los humanos prefieran a los de raza pura? Yo sé que todos los perros tenemos el mismo amor para dar, como mismo sé que hace mucho tiempo el amor no compra techo y comida. Pero nosotros, los de pura sangre, no tenemos la culpa. Eso es lo que Niña no entiende. La moneda extranjera es la moneda extranjera, y el amor dejó de ser moneda de cambio.(Pluto. Once años. Patriarca de la familia)
(Foto: Néster Núñez/LJC)
Como beneficiario que es de todo este desorden, mi padre no entiende nada. ¿Te fijaste en su nombre? Pluto. ¿Es un nombre criollo, o al menos mexicano? Nada de eso. Es hollywoodense, extranjerizante. ¿Es que acaso no hubo en este país dos perros héroes llamados Guaso y Carburo? ¡Con cuánto orgullo llevaría yo uno de esos nombres! Pero no, se les ocurrió ponerme Pluto Jr. El hijo, el segundo, como si fuese poco. Por eso a veces no respondo, ni cuando me llaman para que tome leche.
Kiara dice que como tengo todos mis problemas resueltos, me meto en esos conflictos pequeñoburgueses. Y que lo mío es un típico caso de complejo de Edipo. Aunque no sé bien de qué habla, lo dice en ese tono despectivo y a mí me da por responderle que lo peor de todo es ser feminista extrema como ella, y ahí mismo dejamos de hablarnos. (Pluto Jr.)
(Foto: Néster Núñez/LJC)
Voy a decirlo hasta que lo acepten: Yo, Kiara, chihuahua hembra de dos años de edad, NO VOY A PARIR NUNCA. El cuerpo es mío, y la decisión es mía. Niña dice que parir sería alegrar a la Zuri, que tanto se desvive por la felicidad de nosotros. Pero parir no puede ser en agradecimiento de nada, y mucho menos porque «me toca», como dicen los dos Plutos, machistas que son. ¡Claro, como para ellos reproducirse es como ir a una fiesta y que pongan el baile del perrito!
Pues voy a decirlo otra vez: yo no vine a este mundo a sufrir los dolores del parto. No vine a sufrir el dolor de ver cómo, más temprano que tarde, mis hijos terminan marchándose de mi lado. No quiero de ningún modo contribuir a la sobrepoblación de este planeta, donde cada vez hay más diferencias entre los que tienen y los que no tienen. Y si por mi decisión me botan a la calle, pues que así sea. Prometo que seré consecuente. Todas las perras que piensen igual deberíamos unirnos(Kiara)
(Foto: Néster Núñez/LJC)
Oye bro, protesto y bien, porque a mí nadie me preguntó, por ejemplo, si quiero ponerme la camisa azul o la roja. O si quiero comer picadillo o pescado. Que me digan antisocial, delincuente, confundido, nada me importa. Protesto, ladro, maúllo si me da la gana, porque es mi derecho, vaya. (Papi)
(Foto: Néster Núñez/LJC)
Después que los tengo yo me desvivo por ellos. El otro día gastamos 6 mil pesos en dos paquetes de pollo de diez libras y cuatro picadillos. Y antes compramos un saco de arroz. De aceite también hay una buena cantidad. Y tienen sus medicinas a tiempo, los desparasitamos. Sus champús…
(Foto: Néster Núñez/LJC)
Cuando hay dinero tienes que emplearlo en las cosas que necesites, en lo básico. Porque la ropa te la pones hoy y otro día no te la pones, pero tienes que comer y asearte todos los días. Entonces tú ves a la gente puesta para la pacotilla. A mí lo que no me puede faltar son las cosas de la casa, y las cosas de ellos.
Yasmani, la amiguita mía, me buscó una ropa de muñecos, pero le quedaba grande a Pluto, el primero que traje. Entonces fui a casa del alemán y le compré una gorra. Y ahí Cachita me dijo: «muchacha, si yo soy las que las hago». Y después de eso me busqué a otra costurera y ya he tenido como cuatro.
(Foto: Néster Núñez/LJC)
Yo no los veo como perros, los veo como a mis hijos. La gente me dice «No, tienes que pensar…». No, yo no pienso nada. Por eso no me gusta hablar con la gente, porque la gente no me entiende… Ellos son mis hijos y son mis hijos. No hay más nada que decir.
¿Un deseo que tengo sin cumplir? Eso es fácil: que me hablen, tener el mismo idioma, saber siempre lo que están pensando. (Zuri, la humana).
1. Estas eleccionesestuvieron precedidas de un consenso muy extendido, entre fuentes de todos los colores y matices, respecto a que se produciría una avalancha favorable a los republicanos (GOP) como resultado de los problemas económicos y reveses en ese campo que ha experimentado el equipo Biden. La gran sorpresa fue que no se produjo tal avalancha, según unánimes criterios debido a:
Por una parte, los temas económicos no dominaron las tendencias de los electores. Un peso mayor se le reconoce a temas como aborto, inmigración y pésimas cualidades de no pocos candidatos republicanos (unos treinta) que no resultaron electos; pero la causa predominante para muchos analistas fue la presencia e injerencia recurrente de la figura y discursos de Donald Trump, explicación que hoy esgrimen no pocos republicanos con motivo de la precandidatura lanzada por el expresidente en días posteriores a los resultados electorales.
Entre tanto, el magnate sigue arguyendo que este revés se debió mayormente al papel desempeñado por aquellos que se le oponen. Al mismo tiempo, con motivo de dicho anuncio, presentó un discurso programático (digno de cuidadoso estudio), que en esencia asegura que, en caso de ganar, virará este país de cabeza respecto a su funcionamiento político actual. La conmoción que produjo dentro de la maquinaria política del GOP y en Wall Street ha sido enorme, y debe ser analizada en cuanto a lo que finalmente hagan en contra o a favor del controvertido personaje.
Trump argumentó, además, en contra de quienes lo culpan, que solo veintidós candidatos de los casi 250 que él expresamente apoyó fueron derrotados (lo cual es cierto), quedando pendiente el caso de los que se disputan una senaduría en Georgia (a definirse en diciembre, lo que podría ampliar la ventaja demócrata o acercar el empate entre estos y los republicanos en el Senado). Actualmente, algunas encuestas sugieren que Trump ha perdido una decena de puntos, en tanto el gobernador DeSantis ha aumentado algunos; Trump se mantiene muy cerca del 50% y DeSantis todavía no alcanza el 30%).
2. Contrariamente a lo esperado, el GOP alcanzó una apretada mayoría en la Cámara y no logró la mayoría en el Senado (cosa que todo el mundo esperaba). Tales resultados reducen la capacidad del GOP para organizar una parálisis total del funcionamiento de Biden en sus dos últimos años.
3. Los demócratas ganaron en varios Estados que se consideraban victoria segura para los republicanos, como Massachussets, Pensylvania, Nevada, Arizona y otros.
4. El más sonado triunfo de los republicanos fue en la Florida, donde arrasaron, y con ello DeSantis consigue un mayor realce como posible contendiente fuerte si decide oponerse a Trump, aunque la diferencia en puntaje a favor del segundo continúa siendo mayoritaria.
5. No obstante, según mi interpretación de las tendencias actuales,Trump permanece en estos momentos como la figura rectora del GOP que mejor interpreta la polarización ultraderechista en amplísimos sectores de la sociedad norteamericana. Su personalidad y promesas conquistan más a los mismos, además de ser una figura más atrayente que DeSantis y Biden.
Su plataforma MAGA (Make America Great Again) ejerce una gran influencia, que ni siquiera han podido erosionar hasta ahora los grandes medios de comunicación. ¿Se mantendrá así para el 2024? Me inclino a pensar que sí, pues ni Biden ni nadie dentro del Partido Demócrata aparecen como fuertes oponentes de Trump. Biden, con su figura mediocre, apagada, un discurso nada atractivo, apagones mentales y otros defectos a dos años de distancia hasta el 2024 ?no ofrece muchas posibilidades como candidato ganador.
6. ¿Qué puede representar todo esto para Cuba? El peor de los escenarios sin dudas, desde la Florida hasta Washington. No considero que la presencia de Chris Dodd y otros de corte similar en el actual equipo de Biden, puedan de ninguna manera propiciar o favorecer una reevaluación de la política hacia la Isla. Y si Trump gana, es bastante obvio lo que podemos esperar… ¡Amén!
Una de las demandas cardinales de las luchas emancipadoras contra los poderes absolutistas a lo largo de siglos —fundamentalmente como resultado del largo proceso de concienciación que trajo la actividad intelectual del Siglo de las Luces en el esfuerzo por hallar en la razón el sustento, no solo del conocimiento, sino de la edificación de una vida más humana—; ha sido el derecho de las personas a expresar sus juicios con total libertad como parte de su plena realización ciudadana.
De igual modo lo establecen la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, aprobada en 1948 por la asamblea fundadora de la OEA, y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, certificada por la asamblea General de la ONU en 1948, de la cual Cuba es firmante, y que ha sido paradigma básico para la concepción, tratamiento y legitimación de estas atribuciones; por citar solo algunos ejemplos.
De igual manera, la actual Constitución de la República de Cuba, en su artículo 54, establece: «El Estado reconoce, respeta, y garantiza a las personas la libertad de pensamiento, conciencia y expresión». Esto patentiza la significación social, relevancia vital e implicación para el desarrollo humano que tiene el poder manifestar los sentimientos e ideas que mueven a la persona en un ámbito de absoluta y respetuosa posibilidad. El cumplimiento de esta facultad resulta primordial para el desempeño de una sociedad cívica y democrática.
La libre expresión es consecuencia lógica del pensamiento activo. Pensar no es una actividad circunscrita ni restringida por otras circunstancias que no sean nuestras limitaciones intelectuales. La mente asume uno u otro objeto, uno u otro fenómeno según se enfrenta a ellos, y delibera ad libitum sobre los mismos. Unas veces enfocamos nuestro discernimiento a algo que nos interesa; otras, es nuestro propio cerebro el que nos coloca ante asuntos a los que no habíamos atendido.
Pero de todos modos pensar es incorporar el mundo a nuestra subjetividad, formándonos conceptos y juicios. Se piensa en esto y lo otro porque sí, sin que ningún elemento externo pueda impedirlo, y solo lo condiciona nuestra capacidad de percepción y análisis.
Además, entre pensamiento y palabra hay un vínculo inseparable: se piensa en palabras, así que, de hecho, las ideas llevan esa libertad interior. Esto quiere decir que el pensamiento siempre es absolutamente libre. Si se piensa algo se hace imprescindible exteriorizarlo en algún momento. El hombre es un ser para el intercambio.
Si se entiende la natural conexión entre pensamiento y expresión, ¿por qué imponer trabas a la exteriorización de lo que, de todas formas, se piensa, cuando el pensamiento en definitiva rige la acción? Es diferir lo que a fin de cuentas buscará una vía de materialización.
En esencia, ¿qué es la libertad de expresión? Pues ni más ni menos que la desembarazada posibilidad de exponer aquellos juicios que nos formamos sobre distintos aspectos de la realidad con total espontaneidad y derecho, sin impedimentos ni silenciamientos que se opongan a ellos. Se trata de exteriorizar sinceramente nuestras ideas acerca de un asunto cualquiera, de forma razonada, lógica y desprejuiciada, a partir de nuestra experiencia, intuición e información, sin temor ni condicionamientos.
Dicho asunto puede ser cultural, científico, social, económico, político, etc., pues la expresión de ideas, tal como el pensamiento, no está atenida a un solo orbe de la existencia. Esta difusión de lo que concebimos no está centrada únicamente en lo político, aunque ese es un supuesto bastante generalizado, quizás por las implicaciones que el intercambio de ideas tiene en la opinión pública y las amplias reacciones que juicios contrarios generan, y por la forma en que pueden llegar a decidir situaciones que determinan el acceso al poder de un grupo determinado.
Es así, por lo general, que los que mejor consiguen la difusión de sus plataformas ideológicas sean los que más fácil acceden al control del poder.
La libertad de expresión no implica el total albedrío para decir lo que nos venga en ganas, del modo en que lo entendamos o en que lo podamos hacer. La falacia, el irrespeto, la difamación no son componentes de la libertad de expresión, más bien resultan anomalías en el comportamiento comunicacional. Dichas actitudes resultan indeseables y son rechazadas por la mayoría de las personas, pues atentan no solo contra la posibilidad de cada quien de manifestarse con franqueza, sino contra la propia esencia de expresarse atenidos a la verdad, la justeza y el respeto.
Expresarse libremente no significa descalificar, limitar, intimidar o vapulear a los que tienen otras opiniones. Como todo en la vida, el respeto a la diversidad y la corrección en la forma favorecen a que lo dicho sea mejor atendido y, quizás, incorporado como estímulo a reconsiderar posturas y conceptos.
La práctica de esta posibilidad abierta de manifestarse tampoco conlleva necesariamente impugnar o desacreditar otras formas de concebir las cosas. Pensar libremente también es un modo de expandir, modificar, perfeccionar, argüir más sustancialmente, un asunto expuesto; por lo que acrecienta el bagaje de ideas, opiniones y criterios en circulación, y ofrece a disposición de la opinión pública un caudal más amplio de opciones para discernir y discurrir.
Muchas veces se confunden los conceptos de libertad de expresión y pensamiento crítico. Debe tenerse en cuenta que el primero se refiere básicamente a la no imposición de censura o limitaciones a la comunicación honesta, continua y variada de criterios; sin que comporte necesariamente una actitud crítica. La expresión libre es por esencia proposicional, expositiva, argumentativa.
Por su parte, el pensamiento crítico está dirigido no solo a exponer un asunto, sino a valorarlo de manera concienzuda y argumentada. Por tanto es analítico, reflexivo, refutatorio, encaminado a transformar una opinión o situación que se aprecia como incorrecta o ineficaz. Obviamente, un argumento expresado libremente puede conllevar una perspectiva crítica.
Cuando un pensamiento crítico es fundamentado, lógico y sensato, halla la oportunidad de expresarse sin cortapisas y se convierte en una herramienta eficaz para la formulación, organización e instrumentación de opciones que promuevan el avance de determinadas condiciones sociales, científicas, culturales, económicas, políticas y otras.
El vínculo de la libre expresión con el pensamiento crítico es enriquecedor del flujo del pensar y, sobre todo, del repertorio de posibilidades de solución a los problemas que genera la continua evolución de la sociedad. Por tanto, la libre expresión del pensamiento propende a la dinámica y evolución de las ideas, y permite consensuar vías convenientes para la conquista de determinadas metas.
Es así que la libre expresión de ideas propende al progreso del pensamiento, a su despliegue dialéctico, a su más amplia difusión, a su asunción más activa; así como también a la confrontación de diversos juicios y pareceres de forma que posibiliten hallar siempre mejores proposiciones. Es este sustancioso fluir de ideas, en su más desobstruida ventilación y en su diversa y múltiple interacción, que evoluciona el pensamiento.
Una sociedad que practica, estimula y defiende la libre expresión de ideas, es más consciente, participativa, consensual, dinámica y respetuosa de las diferencias, alentadora de la actitud cívica. De tal modo garantiza un clima ético más sano, que disuelve el ocultismo, la doble moral y el oportunismo; donde las divergencias se resuelven civilizadamente y los que opinan distinto no sean satanizados ni tenidos por adversarios, sino por conciudadanos que reflexionan desde otras perspectivas y bajo otras concepciones. Un debate serio, justo y reflexivo puede conllevar a unos y otros a desarrollar nuevos juicios y conceptos que consoliden un conocimiento más certero y fructífero.
Constreñir a una persona a no poder emitir con total libertad lo que piensa es, además de una infracción de compromisos internacionales firmados por Cuba, una violación de los derechos estipulados en nuestra propia Carta Magna.
Constituye no solo una injusticia contra la libre circulación del conocimiento que impide un mejor intercambio social de sus ciudadanos; es también un acto inhumano, pues priva al individuo del despliegue de sus potencialidades cognitivas, comunicativas y relacionales, por tanto lo elimina de su participación en el desarrollo del proceso social. De tal manera, lo convierte en un recluso de doctrinas ajenas prefijadas y lo excluye de la posibilidad de enriquecer y desarrollar las ideas del ámbito donde hace su vida.
Obstaculizar la libre expresión de ideas es vedar la dialéctica del pensamiento. Obstaculizar la dialéctica del pensamiento es negar el desarrollo del conocimiento. Obstaculizar el desarrollo conocimiento es encerrarnos en las tinieblas de la ignorancia y la parálisis. Debemos romper ese círculo perverso.
Hace algunas semanas tuvimos una escaramuza pública relacionada con la censura de un panel literario titulado La Peor Generación, en esencia, una antología de jóvenes autores cubanos aún inédita, curada por Alejandro Mainegra, coordinador de La Tertulia. Se programó inicialmente en La Madriguera, sede habanera de la Asociación Hermanos Saiz, y luego en otros dos espacios de donde fue finalmente cancelado por evidentes motivos políticos.
A la sazón, Austin Llerandi Pérez, pedagogo/narrador, ganador de concursos provinciales, publicado en una antología española, Premio Farraluque de la Galería Fayad Jamís, hizo pública una crítica titulada LA PEOR GENERACION NO EXISTE (sic). La misma, una de esas piezas de decoración made in Casa de Cultura™ que conviene leer de vez en cuando para estar molesto con algo, ha sido ya (demasiado) respondida.
Lo que me interesa entonces es provocar una reflexión sobre cómo se legitima la literatura, cómo se mueve una obra y qué le confiere relevancia; así como de las múltiples operaciones de blanqueamiento, tachadura y cesión que se solapan dentro de los circuitos de legitimación de lo que pudiera denominarse: cultura nacional.
Lo más relevante en el texto de Llerandi es su señalamiento de la invalidez de la mencionada Generación por: primero, no estar legitimada a nivel académico; segundo, no contener una obra rastreable (en tanto objeto-libro de ficción); tercero, no poseer una identidad cultural sincrónica, más allá de ciertas coincidencias políticas, que Llerandi insiste en identificar como territorio al margen de lo literario.
Razonemos. Una generación literaria es, básicamente, una operación de legitimación, en tanto un grupo de gente que se identifica, en torno a una coincidencia grupal ideo-estética, política, social. En la teoría literaria se aplica el concepto generación partiendo de lo autonominativo, o desde el promotor que está luchando por su pedazo de capital simbólico. El grupito con el cartel de: Somos este grupito, o el Rodríguez Feo de turno que susurra: Ustedes son en realidad un grupito que quema los pastos.
Tengamos esta discusión, si quieren: todas las generaciones literarias relevantes en Cuba han sido auto-nominadas, y se han esforzado por generar climas culturales y críticos que las acompañen, tanto estética como socialmente. Entonces, signar la no existencia de una categoría públicamente reclamada, al menos en lo literario, requiere un rastreo extensivo de quiénes son la gente del cartel y qué se supone que están diciendo.
El campo literario, como todo espacio microlocalizado dentro de lo cultural, se inserta dentro de una serie de circuitos de legitimación e instrucción que operan como mesa de bacarat, en la que se van apostando capitales culturales y simbólicos de cierta forma, acorde a cierto consenso hegemónico previo. O a las formas de minarlo.
Para que un objeto cultural se mueva deben existir, como mínimo, un espacio donde venderlo, la concepción de que puede funcionar como mercancía, una persona a la cual le interese venderlo o promoverlo, un comprador interesado (sea por motivos estéticos, curiosidad intelectual o por las razones por las que Bordieu decía que la alta burguesía aprendía a tocar el piano), y un crítico, con un medio donde opinar, que decida prestarle atención, o ignorarlo.
El creador del objeto, además, debe tener la habilidad para su producción (escribir, en este caso), una noción mínima de que el rol de autor es social y estéticamente válido, una plataforma desde la cual publicar y un espacio público a través del cual legitimarse como tal.
Todo lo anterior describe un sistema de circuitos. O una finca. En Cuba, por ejemplo, existe el sistema hegemónico de cultura estatal, disfuncional en grado sumo. Tenemos un sistema paralelo de promoción y anclado en la negación del referido sistema hegemónico, que va de Rialta a Guantanamera. Además, cohabitan una serie de microsistemas que engloban medios de promoción (La Jeringa, Vórtice, La Tertulia), talleres literarios (el Centro Onelio Jorge Cardoso) y un sistema de concursos, igualmente disfuncional.
No es la Institución Arte, sino las Instituciones, permeadas además por otra serie de figuras: el sistema nacional de educación, las políticas institucionales, el clima político y económico del país. Aquí, por supuesto, hay intereses, rencillas, decisiones ideológicas y morales: Iván de la Nuez o Antonio Enrique González Rojas no van a validar lo mismo que La Jiribilla.
Dichos circuitos conforman un sistema literario, que según la definición de Antonio Cornejo Polar, es un conjunto de autonomías múltiples que instaura un discurso canónico único, el cual blanquea y gentrifica las formas culturales correspondientes directamente con el tiempo hegemónico del sistema nación en el cual se inserta. Podemos advertir en él, alteridades, formas canónicas de subversión. Aquí caemos en la apuesta de La Peor Generación, que atenta contra el actual ser de dicho sistema literario en Cuba.
Lugares ficticios, decía, con consecuencias reales, tangibles, en sus luchas. Después de todo, nominar es hacer que exista. Cuando un sistema de categorización se introduce dentro de un espacio público, permea hacia abajo. Hablamos de procesos invisibilizados en su momento —como el Quinquenio Gris—, de forma mucho más clara que hace treinta años.
La escritura no funciona solo desde lo notarial. Abarca tanto los procesos de restauración de la alteridad negra dentro del canon nacional de Alberto Abreu Arcia, hasta los activismos literarios que han provocado la reintegración de las mujeres como sujetos activos y masivos dentro del corpus, de Yadira Álvarez Betancourt a Maielis González y Legna Rodríguez.
En lo que quiera que sea la cultura, su estratificación responde a un fenómeno clasista, correspondiente a lógicas estéticas ancladas en luchas por capitales culturales. El propio sistema nacional de concursos literarios, tanto por el carácter no autónomo que presenta como por la fina red de compromisos y mini-mafias que un entramado cultural genera a lo largo de sesenta y tres años, privilegia unas formas por sobre otras.
Discutir taxonomías arbitrarias sin haberse tomado el trabajo de rastrear las obras, es un gesto tan artificial como el de la historiografía renacentista en decirle Imperio Bizantino a lo que en su tiempo era «esos- griegos-en-púrpura-en-medio-de-la-nada». Desde su nacimiento, el sistema literario nacional ha sido impulsado por una serie de autores con interés explícito en legitimarse. A esto, Antonio Benítez Rojo lo llamaba «la Conspiración del Texto».
Antonio Benítez Rojo
Fue siempre a contrapelo de los circuitos críticos preexistentes. Fijarse, vaya, en la disputa entre la primera Academia Cubana de Literatura y la Real Sociedad. La desfragmentada academia cubana no va a estar nunca a tiempo con el aquí, ahora, en esa esquina y con una cazuela.
Toda curaduría es arbitraria. La valoración de un objeto cultural por un agente interesado en que se lo juzgue, puede objetarse en tanto el objeto en sí —si te has leído a Ray Viero y te parece la calamidad más grande de nuestra literatura desde Abel Prieto, por ejemplo, te va a pesar que se lo valore— pero no desde su intención de validar algo.
Ocurre lo mismo con los intentos de implementar un canon. Que Alejandro Mainegra, como curador, haga una selección de autores, puede discutirse desde muchos ángulos —criterio de selección, panoramas filtrados, agrupación de géneros diversos en la misma obra—, pero no como acto de aupar un grupo, o sea un clima. Que decida inaugurar el mito fundacional de una comunidad —palabras de Miguel Alejandro Hayes—, significa solo eso: tendremos una comunidad nueva, que ya tendrá que echarla.
Cabe explorar la posibilidad que enuncia Llerandi Pérez de la no existencia de una obra en el caso de los autores recogidos. Mas me temo que dicha posibilidad no da para mucho. No me considero un lector actualizado, pero del line-up inicial de La Peor… solo desconocía a Jairo Arostegui. Manuel de la Cruz posee textos narrativos estremecedores; Ricardo Acostarana publica ficción con cierta regularidad.
Ray Viero tenía una columna fija en Hypermedia, donde igualmente publican Llópiz-Casal y Ulises Padrón Suárez; Hamed Toledo dirigía una revista cultural; Katherine Bisquet es autora de un poemario ya publicado y Adriana Fonte Preciado tiene otro en camino. Mauricio Mendoza, Lizbeth Moya y Darcy Bo son viejos en periodismo. Mel Herrera está en una liga aparte. A Alexander Hall puede leérsele en este propio medio.
El concepto de la novela como pináculo de lo literario murió en los setenta. El surgimiento de la no ficción como corriente legitimada está lo suficientemente asentado como para que no sea discutible. Carlos Manuel Álvarez, sin tener una buena novela, se volvió la figura narrativa más notoria dentro del periodismo nacional. La ficción de Martin Caparrós es horrible, pero sigue siendo, a nivel continental, uno de los narradores más importantes de los últimos treinta años.
Legitimar una obra exclusivamente si se encuentra en los predios de una revista tradicional de narrativa es, a estas alturas, el gesto más reaccionario imaginable (para colmo, con una antología que aún no existe). Semejante miseria teórica se contrapone directamente a lo que La Peor propone: gestos hacia la posibilidad de cosas reales.
La voz de Pablo es un patrimonio entrañable de Cuba. Y se torna leyenda, cuando la música resultó insuficiente para alcanzar otros sueños propios y ajenos. Tuvo muchas vidas en casi ochenta años que multiplicaron la mirada de un hombre cuyos dones musicales le distinguieron, sin atarle a una u otra manera de brillar en este o aquel género.
Lo popular siempre estuvo en su raíz, sin la necesidad de un rescate como vemos con demasiada frecuencia y paternalismo. Un ejemplo, Los caminos, aquel guaguancó que el gran musicalizador de cine Germinal Hernández llamaba «filomamboso» y lamentaba que Pablo no grabara el disco de ese género que le exigieron sus amigos rumberos Pancho Quinto y El Ambia.
Aquel guaguancó se escuchaba cada tarde en la radio de mi infancia, pues era el tema de algún programa que no recuerdo. Rememoro mejor el afro o espendrum de Pablo Milanés que años después imité. Ese pelo irredento de Pablo y Ángela Davis fue una de las imágenes más poderosas en mi adolescencia: Un peinado que resulta liberador cada mañana de tu vida y logra desatar las ideas y sueños de tanta gente que no puede. Parecería frívolo, pero los peinados afros forman parte de una historia más emancipatoria que la que se enseña hasta hoy en las escuelas.
Conocí a Pablo gracias a Eloy Machado, el Ambia, y a Abraham Rodríguez, en el estreno de una pieza teatral que escribiera este último: La barbacoa, con música de Juan Formell. Fue en el cine teatro Fausto, en Prado y Colon, con un reparto que ya no recuerdo. Pablo llegó tarde y sudado, recibido por un exigente Eloy, quien le cobró su tardanza con una ronda de finos alcoholes al final de la noche.
Me emocioné tanto vigilando cada reacción suya, que tuve que regresar la otra semana a disfrutar de la obra, una magnífica comedia de mitad de los ochenta, donde se estrenó aquello de «La habana no aguanta más», mientras la gente se carcajeaba y bailaba hasta el final de la función.
Hubo una discusión entre Pablo y Abraham sobre la diferencia entre los solares, las cuarterías y las accesorias, que duró casi una hora. Para Abraham, la barbacoa era algo culturalmente novedoso, mientras a Pablo le parecía cultura de la pobreza o algo así como otra forma de reproducirla.
Muchos años después, evoqué aquella controversia cuando supe por la televisión que el diputado Pablo Milanés, elegido por el barrio habanero de Los sitios a la Asamblea Nacional, propuso reparar un grupo de ciudadelas con algunas propuestas de mejoramiento, como eliminar los baños colectivos y construir uno para cada familia, hacer una historia del barrio, etc.. Dicha proposición nunca fue aprobada.
Tiempo más tarde supe que aquella discusión entre Pablo y Abraham fue parte de numerosos debates que nacen de la experiencia y el compromiso racial. No eran discusiones letradas: Pablo habló desde su experiencia en el solar de la calle Consulado, donde hizo breve estancia.
En la obra de Sara Gómez, Eugenio Hernández, Maité Vera, et. Al, está su propia biografía. Esa primera generación de poetas, dramaturgos, actores y cineastas negros en la Revolución, llega al campo cultural en tanto sujetos de una transformación social que comparaban con la etapa anterior para interrogar al futuro.
Durante los años sesenta y setenta, Pablo era uno más en aquellos círculos de confianza y aprendizaje donde se discutían las ideas del Black Power, la affirmative action y Malcon X; donde se celebraba a Lumumba, Sekou Touré y el panafricanismo, hoy olvidado en las páginas de la revista Tricontinental.
Tales debates pasaban por el ICAIC e incluían a figuras como Sara Gómez, Nicolás Guillen Landrian, Manolo Granados, Inés María Martiatu, Oscar Valdés o Germinal Hernández. También en el círculo del feeling, curiosamente de mayoría negra. Entre los miembros del Seminario Nacional de Dramaturgia y el Conjunto Folklórico, ambos en el Teatro Nacional.
Junto a figuras como Walterio Carbonell, Tomás González o Tomás Gutiérrez Alea, quien nuclea a muchos de ellos en La última cena, su obra clásica menos atendida. Eran sesiones cuasi secretas en una época donde este tipo de lectura no era bien vista por el dogmatismo marxista al uso. Fue una etapa de rupturas y novedades, sin los compartimentos estancos que reordenan la cultura en la Cuba del siglo XXI.
En el legado de Pablo Milanés, su visión popular y antirracista tiene un alto valor. No se trata de convertirlo en un activista antirracista post morten; porque lo fue de esa manera selectiva y exquisita, sin llegar al elitismo, que caracterizó su personalidad. En su obra convergen las corrientes aéreas y subterráneas de toda la música que han pasado por Cuba.
Y se abrazan; como abrazó a Miguelito Cuní mientras cantaban Convergencia con el Conjunto Chapotín. Pablo lo acerca y lo abraza, fundiendo sus voces y anhelos. Así fue con muchos: los rumberos contaron con él, los soneros, jazzistas, changüiseros y raperos, a quienes apoyó más de una vez.
Cuando nace la Fundación Pablo Milanés, ya este se preocupaba por la salud de viejos músicos, ayudaba a mucha gente joven, no solo músicos, promovía eventos sobre géneros populares en las provincias orientales e iba desarrollando una visión más allá de la filantropía, con novedosos patrocinio y gestión de acciones culturales en la Isla, que fueron desde prestar su sonido gratuitamente a un grupo de estudiantes del ISA para celebrar La noche de las almas libres, comprarle una trompeta a una vieja gloria de Cuba o equipar toda una banda de música para una joven cantante.
La malograda Fundación Pablo Milanés (1993-1995), tras esos empeños, fue la posibilidad de encauzar aquella energía cultural nacida en los ochenta, ya en medio del contexto económico e ideológico de los noventa, que marcó el final de una era en la sociedad cubana.
La Fundación significó para muchos una tabla de salvación, para otros, simplemente un pequeño Ministerio de Cultura; pero en realidad allí nacieron nuevas maneras, instituciones y discursos culturales que pudieron trascender las limitaciones materiales e ideológicas del momento y abrir puertas para esa nueva institucionalidad cultural que aún no tenemos, a pesar de la renovación emprendida por algunas de las ya establecidas.
Asimismo, la Fundación removió el acartonamiento, la morosidad, el elitismo y el orden burocrático que entonces regían la política y la gestión culturales. Hizo de la creación y el pensamiento centro de sus acciones, para lo cual contó con expertos realmente creativos y prestigiosos.
En medio de la crisis económica y política que generó la explosión migratoria de 1994, la Fundación apoyó a instituciones como Casa de las Américas, las escuelas de arte, etc. Por otra parte, los discos, conciertos, revistas, coloquios y gestiones socio-culturales que generó, partieron de una mirada desprejuiciada a temas tan controversiales en el período como: el mercado, la racialidad, la emigración, etc.
En poco menos de dos años de trabajo, el saldo de su labor superó al de cualquier ministerio de cultura en Latinoamérica y el Caribe, sin tener todos los mecanismos administrativos y financieros totalmente ajustados. Eso provocó envidia, controversias e incomprensiones que motivaron su temprana desaparición.
Pablo fue un hombre plenamente consciente de su cubanía. Tuvo conciencia política, cívica e histórica. Y también racial, esa rara avis entre artistas e intelectuales cubanos (negros, mestizos o blancos), que les lleva a desencontrarse con su historia y rechazar los imaginarios y aportes que la gente negra, china, árabe o judía han hecho a la nación.
Entre los años sesenta y ochenta compartió sus ideas sobre la cultura popular, la cuestión racial y las religiones afrocubanas con amigos cercanos, artistas o no, comprometidos con estos temas cuasi prohibidos.
Muchos de ellos, por su prestigio, serían ejecutivos en la Fundación y propiciaron acciones como el primer disco de Yoruba Andabo, el coloquio dedicado a Orígenes, la puesta en escena de Delirio habanero por Alberto Pedro o la creación de una camerata de mujeres.
Rememoro mejor el afro o espendrum de Pablo Milanés, que años después imité.
De modo que los resultados de la Fundación no estuvieron marcados por una mirada sectaria o racista de la cultura, sino abierta a la novedad y al intercambio, desde la misma proyección internacional que ya gozaba la obra de Milanés, y por eso presta a enfrentar cualquier forma de discriminación por género, raza, sexualidad o religión.
El derecho de la Fundación a existir fue negado por una incomprensión cultural y política llena de prejuicios, y por la falta de hábitos respecto a la diversidad, la interracialidad y la civilidad cubanas. Entre los chistes de entonces, el más común fue llamar Palenque a la Fundación, pues buena parte de sus ejecutivos y beneficiarios eran artistas e intelectuales negros o vinculados a la música popular (rumba, salsa, son).
El chiste expresaba una opinión compartida, aunque reprimida, por buena parte de la burocracia cultural, curiosamente muy blanca y elitista. Muchas instituciones cubanas (no solo culturales) exhiben una mayoría de ejecutivos de piel blanca que, más allá de sus resultados, no son cuestionados por su color ni tienen que soportar chistes de tanta colonialidad y conservadurismo juntos. Pablo fue consciente del valor y necesidad de la Fundación, pero también previó las consecuencias de una pelea contra aquellos demonios y terminó consintiendo su cierre; un cierre quizás temporal, eso lo dirá el futuro.
Desde Andilanga, cuando nuestros antepasados eran condenados a la plantación, el esclavizado respondón o risueño recibía su pequeño castigo; pero el cimarrón recibía una sanción mayor: ejemplarizante. La soberbia del poder es intolerante con los sueños de quienes oprime, y no soporta el olor de las ideas ajenas, ni de la belleza o el amor: los demás siempre están equivocados y merecen corregirse, bajar la cabeza y darse su lugar.
Por eso el cimarronaje es el aporte cultural más poderoso de los esclavizados ante el poder colonial. El cimarrón renuncia a todo lo que significa sometimiento y se lanza a crear algo nuevo, un campo de libertades más peligroso para quienes viven del sudor ajeno que para quienes se plantean construir vidas y sueños en un nuevo contexto.
Pablo fue un paladín del cimarronaje cultural en Cuba;(1) pero no trabajó desde una filosofía de guetto, sino desde una arquitectura abierta a lo coral de nuestras raíces, asumiendo nuevas voces, nuevos temas sociales y también nuevas estructuras o instituciones para desarrollar el campo cultural del siglo XX.
La Casa de América acogió la capilla ardiente del cantautor cubano, fallecido en Madrid a los 79 años. (Foto: La Sexta)
Todo cimarrón recibe un castigo excesivo, proporcional al sueño de libertad que conquistó. Aun hoy, exhibimos una lista de personas negras que no han querido bajar la cabeza, sino usarla mejor en defender derechos y abrir caminos, quienes son juzgadas con mayor dureza e intolerancia.
Es el peso entre la colonialidad y el socialismo, que cargamos, como una cruz, mucha gente negra que hemos renunciado a la subalternidad y seguimos apostando por una nación diferente, dentro y fuera de la Isla.
Todo parece más lejano o imposible cuando desconocemos esa tradición cultural y no asumimos una visión crítica ante las visiones plurales que caracterizan la cultura cubana de cualquier época. Detrás de los celulares, dejamos de entender, re-conocernos y abrazarnos.
En un campo cultural cada vez más fragmentado, ralentizado y disciplinado es bueno saber que un hombre como Pablo Milanés estuvo ahí, que puso su fortuna al servicio del talento y el sueño de otros, que abrió espacios para las ideas y obras de gente más joven o más olvidada, como hizo con Luis Carbonell, por solo citar un ejemplo.
Con mayor frecuencia entre nosotros, las buenas ideas y discusiones huyen hacia el silencio o la oscuridad. El legado de Pablo niega esa tendencia y seguirá en la controversia que siempre le acompañó. Su leyenda crece y sus batallas culturales serán aprendizajes para llegar al país que viene. Los caminos no se hicieron solos.
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(1) Roberto Zurbano: El cimarronaje cultural: Una (e) lección personal in Art x Cuba. Contemporary Perspectives since 1989 Editors Dr. Andreas Beitin and Antonio Eligio Fernández (Tonel), Ludwig Forum für Internationale Kunst, Aachen, Germany, 2018, pp. 122-133 (aleman e inglés) y pp. 273-275 (español).
La cifra del 68.58% de votantes en las recientemente celebradas elecciones de delegados a las asambleas municipales del Poder Popular ha llamado la atención dentro y fuera de Cuba. Si se tienen en cuenta otras elecciones de no obligada asistencia en la región —como las legislativas en Estados Unidos, con un índice de participación del 62,3%, o la segunda vuelta de presidenciales en Colombia, con un 58,17 %—, los números en la Isla no deberían alarmar.
Sin embargo, al comparar la asistencia con procesos electorales similares celebrados con anterioridad en el país, se aprecia que entre los años 1981 y 2010 los no votantes nunca excedieron el 4% del padrón electoral. A partir de 2012 esos números empezaron a aumentar gradualmente y en la última elección ascendió a un 31%, casi tres veces la de dicha experiencia en 2017.
(Nota: Los porcentajes fueron redondeados de forma estándar para simplificar su graficación)
Aún no queda claro cómo se conformó el padrón electoral, y si se tuvo en cuenta a personas que, pese a estar inscritas como residentes en Cuba, se supiera que no estarían presentes en el momento de la votación. La información más precisa al respecto la ofreció la presidenta del Consejo Electoral Nacional (CEN), Alina Balseiro Gutiérrez, quien dijo al periódico Granma que «fue necesario realizar este proceso en atención a los cambios demográficos y urbanísticos, para lo cual se constituyeron comisiones de especialistas a todas las instancias».
Sin embargo, más allá de la distorsión estadística que pudiera provocar lo antes mencionado, con 2623091 personas que no fueron a votar está claro que las actuales elecciones han registrado menor participación que las demás.
Si se comparan las boletas válidas en relación a quienes ejercieron su derecho al voto en los tres procesos de elección de delegados municipales anteriores, se aprecia un leve aumento de las papeletas blancas y anuladas. Lo mismo ocurre si realiza la comparación con los datos del referendo para la aprobación de la Constitución de 2019 y del Código de las Familias.
Aunque los datos disponibles hasta el momento no permiten determinar exactamente cuál es el porciento de personas que emitieron un voto válido en relación al padrón electoral (pues no se ha publicado la cifra neta de boletas válidas); a partir del porcentaje de boletas válidas, anuladas y en blanco, y el total del padrón electoral se puede aproximar que el 61,12% de los ciudadanos inscritos emitieron un voto válido.
Por tanto, un 38,88% de personas no concurrió a las urnas para ejercer su derecho al voto, anularon la boleta, o la dejaron en blanco. Esta cantidad también es considerablemente mayor que la de experiencias preliminares.
Nota: El porcentaje se calcula a partir de la cantidad de boletas válidas en relación al padrón electoral. La cantidad de boletas válidas se determina en 2022 mediante una aproximación con base en el porcentaje publicado por el Consejo Electoral Nacional (89,11%) y la cantidad de votantes (5 728 220).
Por otro lado, en cuanto a las características demográficas de los elegidos, si bien los hombres siguen siendo mayoría, se percibe un aumento del 8,8% en la cantidad de mujeres respecto a la pasada elección. Igualmente, ocurrió una leve reducción del 2,43% de los jóvenes menores de 35 años.
Medios de prensa, redes sociales y polarización
El proceso electoral cubano se desarrolla en medio de una crisis sistémica, con afectaciones considerables en lo económico, político y social, que han aumentado el descontento en la población de la Isla. Como ha ocurrido con experiencias anteriores, los medios estatales cubanos han convocado a votar como un deber ciudadano y revolucionario —aunque también aclararon que nadie podía ser sancionado por no hacerlo.
Mientras, la oposición ha llamado a no asistir a las urnas, anular las boletas o dejarlas en blanco como muestra del rechazo al sistema electoral y político. En redes sociales ambas campañas fueron identificadas con las etiquetas #YoVotoEl27 y #NoviembreDiceNo, respectivamente.
Muestra de la campaña a favor.
Según una publicación de Cubadebate, el presidente cubano Miguel Diaz-Canel Bermúdez declaró que «el proceso electoral ratifica queCuba mantiene su estabilidad política y social, independientemente de la asfixia económica». El propio medio se hizo eco asimismo de las palabras de la presidenta del CEN, Balseiro Gutiérrez, quien expresó que «los resultados demuestran el respaldo popular a sus representantes y la confianza en la Revolución».
La Agencia Cubana de Noticias calificó el ejercicio de «democrático y popular», así como una «responsabilidad ciudadana, porque se eligen a los representantes en los órganos de gobierno del municipio, principal estructura de gobierno en el país». En adición, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba citó las palabras de una ciudadana, que valoró el proceso como una muestra de «las fortalezas de la democracia socialista a través del voto directo y secreto en cada barrio».
Por su parte, medios de oposición como CiberCuba, Diario de Cuba o ADN Cuba resaltaron la baja participación. Además, señalaron la falta de transparencia de las autoridades de la Isla, que no permiten la inclusión de observadores independientes; el acoso a activistas opositores para que no documentaran el proceso, la apatía de la población y la falta de condiciones óptimas en los colegios electorales para ejercer el derecho al voto con privacidad.
En cuanto a la prensa internacional, el periódico español El Paíssubrayó «el factor de una abstención que es inédita ha irrumpido en el escenario político con una fuerza y una proyección difícil de predecir». Igualmente, la agencia EFE destacó la falta de conocimiento entre los electores de la importancia del proceso en la renovación del poder en la Isla y las funciones de los futuros elegidos.
Además de lo antes mencionado, EuroNews indicó la inexistencia de candidatos de oposición —a excepción de uno— y de encuestas de opinión públicas que expliquen la baja participación registrada. En contraste, las cadenas Telesur y RT en Español destacaron la ausencia de incidencias en el proceso electoral, que sería el primero realizado bajo la Constitución de 2019.
Más allá de los diversos enfoques, está claro que las actuales elecciones son una evidencia más de la nueva relación del Estado y el Gobierno con la ciudadanía, que vaticina la necesidad de una gobernanza que apueste al consenso en lugar de a la unanimidad y el acriticismo.
El aumento del número de no votantes puede deberse a diversas razones. A falta de datos concluyentes de la prensa nacional y las autoridades, solo se puede especular y/o exigir aclaraciones. Del mismo modo, son imprescindibles la creación de mecanismos que favorezcan la transparencia, así como la evaluación del proceso con métodos no analógicos, la observación internacional y la investigación científica.
En tanto el gobierno se enfoque en validar a ultranza el actual sistema electoral, pese a sus evidentes limitaciones, y la oposición en negarlo rotundamente por no cumplir con los parámetros de la democracia occidental representativa; se aleja la posibilidad de buscar vías consensuadas para transformarlo en aras del desarrollo democrático.
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*Nota: las cifras de los gráficos se obtienen del sitio oficial del Consejo Electoral Nacional y varios reportes de prensa estatal cubana.
El jueves 26 de noviembre de 2020 había comenzado un evento de intelectuales convocado por el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo de Cuba, con sede en la ciudad de Cárdenas (CCRD). La pandemia obligaba por entonces a evitar los viajes interprovinciales y las reuniones personales, pero Rita García Morris, directora de esa institución —que con gran vocación ecuménica auspiciara durante años los talleres que dieron lugar a la Red de intelectuales por los derechos humanos—, tuvo la iniciativa de mantener el encuentro vía WhatsApp. Debía durar dos días. El segundo de ellos fue el 27 de noviembre, fecha inolvidable de la que ayer se cumplió el segundo aniversario.
Debatíamos nuestras ponencias cuando alguien del grupo alertó sobre lo que ocurría en la capital. La aglomeración de un pequeño grupo de artistas e intelectuales ante el Ministerio de Cultura, la negativa de sus funcionarios a recibirlos y la constante afluencia de gente del gremio, estudiantes y habaneros, que llegó a reunir cientos de personas; recabó la atención de los participantes virtuales.
De los que pudimos estar al tanto de la manifestación, pocos dormimos esa noche. El poder de convocatoria que lograron los congregados ante las puertas del MINCULT, no se explica solo por las redes sociales. Había mucha necesidad de ser auténticos, de dejar de ser meros espectadores y de participar en la vida nacional. Décadas de disciplina y obediencia, de manejos internos y discretos del disenso en el sector, murieron en esa calle del Vedado habanero.
Al concluir el foro virtual, algunos de los asistentes quedamos conversando acerca del significado de aquel hecho, de la evidencia de factores subjetivos para una transformación de la sociedad cubana. ¿Estaba nuestra ciudadanía preparada para el diálogo? Un diálogo que no podía ser responsabilidad solo de sectas ilustradas. Esa era una gran preocupación.
¿Cómo podríamos aportar desde nuestros campos y saberes? Fue así que decidimos crear un nuevo grupo de WhatsApp, ya independiente del CCRD. El nombre que se le puso sería ampliamente mencionado, para bien y para mal, durante los próximos meses: Articulación Plebeya (AP).
El inicio
Amalia Pérez Martín, jurista cubana que cursaba estudios doctorales en Estados Unidos, fue la creadora del grupo de chat. A ella se debe el nombre por el que sería conocido el proyecto. Nueve personas lo integramos en un primer momento: Ahmed Correa Álvarez, Alina B. López Hernández, Amalia Pérez Martín, Eloy Viera Cañive, Julio Antonio Fernández Estrada, Lilian Rosa Burgos Martínez, Mario Juan Valdés Navia, Michel Fernández Pérez y René Fidel González García.
Esa tarde quedó redactada una declaración colectiva que se publicó en un perfil homónimo de Facebook creado al efecto, y fue replicada asimismo por los medios independientes El Toque y La Joven Cuba. Dos días después fueron incluidos Julio César Guanche y Ariel Dacal. Entre esa fecha y el 9 de diciembre se incorporaron Yunior García Aguilera, Ailynn Torres Santana, y Juan Pin Vilar.
A las catorce personas que llegamos a formar parte no nos vinculaba una organización o medio, ni siquiera una ideología o un campo profesional (juristas, historiadores, psicólogos, sociólogos, un dramaturgo y un creador audiovisual). Todos éramos compatriotas, pero siete de nosotros residíamos en Cuba mientras el resto estaba en becas fuera de la Isla, o radicados en otros países.
Nuestro vínculo quedaba explicado de esta forma: «(…) un grupo de intelectuales interesados e interesadas en el presente y el futuro político, económico y social de Cuba. La Articulación intentará ser una plataforma de diálogo que propicie el encuentro de personas y colectivos cubanos y cubanas con el único fin de aportar temas, metodologías, espacios, principios y valores para un diálogo provechoso sobre Cuba».
Luego seríamos acusados de recibir fondos de Open Society y tildados de mercenarios, pero la realidad es que durante los meses que funcionó el grupo, lo hizo por la absoluta dedicación de sus miembros que destinaron su escaso tiempo, con altruismo y sin recibir un solo centavo, más bien gastando en conectividad, muy cara en Cuba.
El esfuerzo colectivo
La primera declaración de AP se hizo pública el propio 27 de noviembre y tuvo una recepción muy positiva. Cientos de personas se adhirieron durante las próximas semanas, lo que despertó la atención inmediata del aparato ideológico y de la Seguridad del Estado.
El 30 de noviembre creamos pequeños subgrupos con el fin de elaborar una propuesta de petición en el orden social, económico, político, jurídico y migratorio. La intención era redactar un documento breve y contundente con puntos claros que solo se acompañaran de argumentación cuando fuera indispensable. El mismo sería sometido a la opinión pública para enriquecerlo y presentado como una iniciativa ciudadana. En ese empeño estuvimos trabajando hasta la disolución de AP.
El 4 de diciembre en el Noticiero del Mediodía se acusó a AP de ser un grupo de mercenarios. En particular se ensañaron con Julio Antonio Fernández Estrada, que había aceptado la asesoría legal del grupo que entró a dialogar en el Ministerio de Cultura, conocido como 27-N. Ese mismo día se anunció la ruptura del diálogo del Ministerio de Cultura con el referido grupo.
Hubo en las redes una campaña en apoyo a Julio Antonio Fernández Estrada que se hizo viral. Decidimos entonces, ante los asesinatos de reputación que se hacían cotidianos, elaborar un escrito de queja y petición por los ataques a personas en medios públicos. Mientras tanto, el sitio Cubadebate publicaba un cartel donde se leía: Machete, machete que son poquitos. Ante el estupor y crítica colectivos lo retiró poco después, pero se entendía el mensaje.
El 9 de diciembre las personas que conformaban AP hicimos una reunión por videochat. Ese día supimos que Julito estaba siendo presionado por Seguridad del Estado.
El 10 de diciembre salió publicada la queja y petición, dirigida a Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional y del Consejo de Estado; Yamila Peña Ojeda, fiscal general de la República de Cuba; Oscar Manuel Silveira Martínez, ministro de Justicia y Alfonso Noya Martínez, presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión. La misma, luego de ser subscrita por 478 personas, se entregó once días más tarde.
Lejos de comedirse, la campaña de acusaciones contra AP escaló. Granma, Cubadebate, La Jiribilla, La Pupila Asombrada, La Tizza, se prestaron para aquel proceso de descrédito al que sumaron sus voces: Enrique Ubieta, Ernesto Estevez Rams, Karima Oliva, Iroel Sánchez, Javier Gómez Sánchez, y un por entonces poco conocido estudiante de periodismo espirituano: Pedro Jorge Velázquez, entre otros.
Eran ataques desproporcionados y absurdos, en los que se hacía todo tipo de acusaciones sin pruebas. Pero se tornó incluso internacional. Sumaron sus voces los argentinos Atilio Borón y Néstor Kohan y el mexicano Fernando Buen Abad.
Pronto, este tipo de presiones, a las que había que dedicar un precioso tiempo en desmontar, provocó que algunos de los miembros del grupo decidieran abandonarlo. En algunos casos se debió a compromisos de trabajo irreconciliables con un esfuerzo que era muy demandante. La pequeña cofradía se redujo a ocho, pero continuó con entusiasmo. Ya teníamos más de mil seguidores en Facebook.
Trabajamos en elaborar una lista de temas y personas que pudieran participar en mesas de diálogo coordinadas por AP. La propuesta era que las mismas fueran ejemplo de seriedad, profundidad, respeto, diversidad e importancia de los temas. Creamos un canal de YouTube y un sitio web y el 11 de febrero se realizó lo que creíamos la primera Mesa, y que en realidad fue la única.
Estábamos eufóricos. Este es apenas uno de los comentarios del chat: «Estamos viéndola de nuevo también y estamos contentxs porque al final hicimos la primera mesa!!! Y fluyó bien a pesar d todas las limitaciones, y tuvimos diversidad, y más allá de las intolerancias y troles del chat, se lograron exponer criterios diversos en un mismo espacio. La audiencia fue buena y estable». Uno de los trolles era la doctora Karima Oliva, cuya hostilidad hacia AP fue evidente y a quien hubo que responder con un esclarecedor mensaje.
Organizamos varias propuestas de Mesas más que pueden ser observadas con sus posibles invitados.
La próxima sería dedicada a la Tarea Ordenamiento. Estas eran algunas de las aspiraciones:
Michel: “Necesitamos al menos dos invitadxs más. No tienen que ser economistas. Idealmente necesitamos a alguien que esté en Cuba y pueda hablar desde la experiencia personal del impacto de las medidas”.
Alina: “la periodista Katia Siberia es muy buena en temas económicos, Monreal siempre comparte sus textos”.
Michel: “Dile que lo que queremos es organizar una mesa sobre la Tarea Ordenamiento, que permita hacer una valoración de la misma, y de los efectos que ha tenido en la gente. La idea es que puedan cada quien resaltar lo que quieran, en una pequeña Presentación inicial (5-8 minutos) y después hacemos una ronda de preguntas que lógicamente les pasamos por adelantado. Están confirmadas Anamary Maqueiras, Tamarys Lien, Mario Valdés y Mauricio de Miranda. Es posible que invitemos a alguien más. Más que un debate académico lo que queremos es que sirva como un espacio de reflexión que la gente pueda ver e informarse, y quisiéramos que puedan defenderse puntos de vistas diferentes, o sea algo de ‘contrapunteo’ que permita dar una visión integral del proceso de reforma económica”.
El final
El 27 de febrero Julito escribiría en el chat grupal:
«Queridos y queridas de la Articulación Plebeya.
Para mí ha sido un honor todo este tiempo con ustedes. Ha sido poco pero lo he sentido como mucho tiempo. Hoy tuve mi cuarto encuentro con oficiales de la seguridad del estado. Me ordenaron cerrar inmediatamente Articulación Plebeya después de amenazas y mucha humillación.
No quiero repetir los feos detalles del encuentro. Me dijeron que les mandara hoy mi propuesta de cierre de la articulación. Les dije que este cierre no dependía de mí pero ellos insisten que sí. Tampoco aceptan que me vaya yo de la Articulación. También me dijeron que la Fiscalía me respondería la queja que pusimos.
Me dijeron que yo era un traidor, etc. Como lo que está en juego es, también, mi familia y especialmente mi hijo e hija, no puedo dilatar esto. Les pondré aquí mi propuesta de cierre de la articulación, aunque les dije hoy que esta sería una decisión de la mayoría. No les puedo decir cómo me siento hoy
Un abrazo para siempre».
Luego supimos con detalle que habían usado crueles métodos de tortura psicológica contra Julito en varios interrogatorios, uno de los cuales se extendió por siete horas: poseían su expediente médico y amenazaron explícitamente con violencia física contra sus hijos menores. Lo más aberrante del asunto es que, aun cuando él aceptó salirse de AP, le dejaron claro que esas amenazas contra sus hijos surtirían efecto si no obligaba a que todos abandonáramos el proyecto y sin denunciar las verdaderas razones.
Aunque me comprometí a borrar las conversaciones del chat, no lo hice, pido disculpa a mis amigos de AP, pero me alegra haber incumplido esa decisión. Ellas me han servido para rememorar el dolor y la humillación que sentimos todos al tener que replegarnos, abandonar algo en que habíamos puesto tantas esperanzas para el cambio cívico, y saber que íbamos a decepcionar a todos los que nos habían apoyado y creído en la posibilidad de esos espacios de participación. El 28 de febrero, la publicación en Facebook rezaba:
«Articulación Plebeya (AP) ha querido ser una plataforma de diálogo en Cuba para propiciar el debate de ideas y propuestas al interior del país. La apuesta de AP ha sido por el respeto a los derechos humanos y al estado de derecho como vía para el diálogo en Cuba. Sin embargo, AP ha sido objeto de ataques, presiones y tergiversaciones. AP no se propuso ser un actor político pero ha sido tratada como tal, no ha promovido una particular ideología pero ha sido estigmatizada como contrarrevolucionaria, se ha sostenido con el aporte voluntario de sus colaboradores pero ha sido acusada públicamente de mercenaria. La persistencia de estos ataques hace muy difícil nuestra tarea de organizar mesas de debate. Como cubanos y cubanas dignos y dignas, y sin claudicar en la defensa de la soberanía del pueblo de Cuba, decidimos suspender los trabajos en Articulación Plebeya. Nuestros esfuerzos individuales no se frenarán y así continuaremos trabajando por un país mejor para todos y todas».
Quedaba listo el Petitorio que ha estado guardado hasta hoy. Creo justo darlo a conocer aquí por vez primera. Fue elaborado en el sueño de una Cuba mejor, un país donde no se rechace a nadie por sus ideas, donde primen la justicia social y la defensa a la integridad nacional. Era una deuda pendiente con la ciudadanía.
Trataron de silenciar lo que se veía venir. Indignada ese día dije en el chat: «Mientras cierran AP, en Caibarien y Camagüey la gente sale a manifestarse en las calles, eso es lo que prefieren, algún día podremos contar la verdad, ese día va a llegar, un abrazo enorme a todos, hermanas y hermanos, uno enorme a Julito».
Menos de cinco meses más tarde ocurrió el estallido social del 11 de julio.
Este domingo los colegios electorales de Cuba abren sus puertas para las elecciones a delegados a las asambleas municipales del Poder Popular. Con una frecuencia quinquenal, este es el ejercicio más cercano a la democracia de cuantos están contenidos en la legislación electoral cubana.
El proceso ocurre en un contexto de profunda crisis y desmotivación social y en medio de campañas desarrolladas por los extremos del espectro político. Por un lado, el Estado/Partido y las instituciones oficiales instan a acudir a las urnas como muestra de unidad y apoyo al sistema político; por otro, activistas y opositores exhortan a la no presentación y el abstencionismo, por considerar que las elecciones son un mecanismo que no responde a las necesidades democráticas de los cubanos.
Más allá de esas posturas, La Joven Cuba convoca a la ciudadanía a ejercer su derecho como decisión personal, no como consecuencia de campañas propagandísticas que buscan condicionar el resultado. La democracia empieza por la actitud cívica que conscientemente asuma cada uno.