Es cierto que cada caso relacionado con la retención del talento deportivo en Cuba tiene sus particularidades, como sucede en otras esferas de la sociedad, donde tampoco hay estrategias para no perder a quienes ostentan las mejores habilidades.
Vuelvo la mirada y mis sentidos hacia las incidencias de los Centroamericanos y del Caribe de San Salvador, la Liga de Naciones de Voleibol, el Juego de las Estrellas de la MLB y cuanta competición de equipos involucre el deporte cubano. Intento responder a mis amigos e involucrarlos con ese sentir, convidarlos a construir un país mejor desde el pensamiento colectivo. Nos jugamos el futuro de no poder conseguirlo. Como otros, no dejo que las crudas realidades mengüen mis fuerzas, aun cuando en no pocas ocasiones sienta que aro en el desierto.
La migración en el deporte cubano ha alcanzado niveles inusitados en los últimos años.Las motivaciones individuales de los deportistas pueden variar, y la migración en el deporte es un fenómeno complejo que puede tener implicaciones positivas o negativas, tanto en la vida de los atletas como en las comunidades involucradas.
San Salvador está al doblar de la esquina, y siendo objetivo y sin pecar de pesimista, creo que incluso preservar la segunda plaza de Barranquilla 2018 se antojará en extremo rocoso.
Soy un cubano con las heridas de la emigración a flor de piel. Cargo y seguiré cargando con mi mochila de nostalgias, pero aun así toco la melodía de mi vida, que en definitiva se compone de notas y acordes colocados en el pentagrama de mis decisiones, con el peso de cada una, con la fe puesta en un futuro mejor y sin remordimientos.
De haberse sostenido en el tiempo el acuerdo con la MLB, actualmente se contuviese la creciente hemorragia de jugadores antillanos que han partido al mejor béisbol del mundo.