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En la mañana del 25 de febrero, una lancha rápida con matrícula del estado de Florida intentó entrar sin autorización en aguas territoriales cubanas. Las autoridades de Cuba informaron que, al ser interceptada por una patrulla de las Tropas Guardafronteras, la embarcación infractora no acató las órdenes de alto y abrió fuego contra los efectivos cubanos, hiriendo a un comandante de la patrulla.
En el enfrentamiento que siguió, cuatro de los tripulantes murieron y seis resultaron heridos y fueron posteriormente detenidos. Además, fue arrestado en la Isla un ciudadano cubanoamericano acusado de facilitar la entrada ilegal del grupo armado.
El gobierno cubano afirmó que, según declaraciones preliminares de los detenidos, el grupo planeaba una infiltración con fines «terroristas» y portaba armas automáticas, armas cortas, explosivos caseros, chalecos antibalas, mirillas telescópicas y uniformes de camuflaje que fueron confiscados por las autoridades.
Según el periodista Javier Díaz, «Una persona cuya identidad no puedo aún revelar, dice que su pareja se estaba preparando para ir a luchar junto a un grupo de cubanos que se organizaban por TikTok». También afirmó que «habrían estado entrenando en una finca en Miami cuya dirección aún no puedo revelar».
Hasta ahora no se ha tenido acceso independiente a testimonios de los tripulantes. Tampoco el gobierno cubano ha relacionado la acción con algún plan de los servicios de inteligencia estadounidenses, ni ninguna organización opositora ha señalado su participación en los hechos. Por lo que no es posible afirmar si se trata de una acción organizada por privados, o si forma parte de una red más organizada.
Funcionarios estadounidenses —incluido el secretario de Estado Marco Rubio— han señalado que múltiples agencias del gobierno, entre ellas la Guardia Costera y el Departamento de Seguridad Nacional, investigan lo ocurrido y que aún se esperan más datos antes de emitir conclusiones oficiales.
El incidente ocurre en medio de una creciente tensión entre Cuba y Estados Unidos a partir del bloqueo naval de petróleo que ha impuesto la administración Trump a la Isla, lo cual ha generado una crisis de abastecimiento que impacta sectores básicos de la economía y servicios públicos.
Sin embargo, en los últimos días se dio a conocer por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) una política de licencias favorable para solicitudes que busquen autorización para la reventa de petróleo de origen venezolano destinado al sector privado cubano. El gobierno cubano había anunciado anteriormente una apertura histórica en la que permitiría a las formas de gestión no estatal importar combustible para mitigar la profunda crisis energética que afecta al país.
Al mismo tiempo, la administración estadounidense, que había amenazado con imponer aranceles a cualquier país que suministre petróleo a Cuba, tras un fallo judicial, derogó la amenaza de esos aranceles, aunque otras herramientas de presión económica permanecen vigentes.
En este contexto, es importante tener en cuenta que cualquier incidente puede ser invocado como justificación para endurecer aún más la política de presión desde Estados Unidos, y afectar la implementación práctica de disposiciones que se interpreten como flexibilizaciones.
Desde el derecho internacional, el ingreso no autorizado de cualquier embarcación en aguas territoriales de un Estado constituye una violación de su soberanía. El derecho de paso inocente previsto en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar se limita a navegaciones continuas y no hostiles, por tanto, el uso de armas o la amenaza del uso de la fuerza elimina esa condición y faculta al Estado ribereño a tomar medidas proporcionales para restablecer el orden y defender su seguridad nacional.
Más allá del plano jurídico, el suceso pone en evidencia las consecuencias del extremismo y las narrativas polarizadas en entornos sumamente sensibles a ellas, como el clima político de Florida. Estos discursos que promueven soluciones simplificadas, y épicas violentas frente a problemas complejos, pueden alimentar percepciones distorsionadas de la realidad que motivan acciones cuyo resultado es trágico para las personas involucradas y sus familias.
En este caso, la idea de que un pequeño grupo armado, a bordo de una lancha rápida, pudiera provocar un cambio estratégico en la política o el orden de un Estado soberano refleja una desconexión profunda con la correlación real de fuerzas y con la complejidad de los procesos políticos.
Las narrativas extremistas construyen héroes y enemigos mientras desplazan el análisis racional sobre las posibilidades de llevar a cabo lo que se propone, y a menudo dejando en segundo plano el costo humano de las acciones violentas.
Los individuos que emprenden estas iniciativas suelen ser presentados posteriormente como mártires por promotores externos, mientras quienes impulsan tales discursos permanecen en espacios seguros desde los cuales continúan amplificando emociones y agravios.
Este fenómeno incrementa el riesgo de nuevos episodios de violencia y refuerza también las respuestas policiales por parte del Estado agredido que tensan más el clima político. Incidentes como este no son nuevos en la historia cubana. En distintos momentos, acciones armadas concebidas como detonantes de cambios políticos terminaron produciendo el efecto contrario: más cierre, más controles, más desconfianza y menos espacio para salidas fundamentadas en el diálogo.
Y, como ha ocurrido otras veces, quienes pagan el costo inmediato no suelen ser quienes extraen rédito político del suceso. Las consecuencias recaen sobre los que mueren, los que quedan heridos, y los que enfrentan procesos penales. Mientras tanto, el hecho pasa a engrosar el ciclo de confrontación que históricamente ha servido para justificar nuevas restricciones y endurecer posiciones, sin traducirse en avances democráticos ni en soluciones duraderas a los conflictos de fondo.


Sin duda alguna,siempre en clave de especulacion,que el gobierno cubano,de alguna forma ,ha provocado este incidente ,como siempre lo ha hecho para evitar tener que dialogar con el gobirno de los eeuu.Siempre lo ha hecho,le conviene el papel de «victima»….Pero ahora no sera igual,los eeuu han declarado al gobierno cubano como «amenaza a la seguridad de los eeuu» y los «amigos» ya no pueden sostener la narrativa de » Faro de America»….De esta no escapan.Es lo que pienso….
Todo el mundo tiene sus razones, hace casi 70 años un yate con personal armado,82 para ser exactos hizo lo mismo que esta lancha con sus propios motivos.
No le veo ningun sentido a decir que el gobierno cubano ha provocado el incidente. Creo que el horno no esta pa’ galleticas y ya tienen bastante con lo que esta sucediendo. Se les puede acusar de muchas cosas, pero brutos no son. No le veo ninguna relacion a las discusiones / negociaciones entre ambos gobiernos y la decision personal de un grupo de cubanos residentes en Estados Unidos.
El incidente no fue con una embarcacion de la Guardia Costero ni de la US Navy sino con una embarcacion privada, presumiblemente robada. El incidente no fue con ninguna autoridad de Estados Unidos sino con un grupo de ciudadanos que decidio 1) Entrar a Cuba sin solicitar autorizacion ni notificarlo a las autoridades cubanas (la palabra ilegal le suena?) 2) Segun los reportes, venian con armas largas, cortas, explosivos, etc, etc…no parece que sea para nada una viaje para ir a «pescar» (tal y como intento justificarlo a uno que entrevistaron en USA) 3) Que crees que sucede en cualquier parte del mundo si la policia / guardia costera / patrulla fronteriza te ordenan detenerte y le respondes a tiros???
Seguramente sera investigado exhaustivamente por las autoridades de ambos paises y en su momento, se sabran mas detalles.
En cuanto al yate de marras,,,bueno, esos tambien se la estaban jugando. Podria haber una larguisima discusion sobre si sus motivos fueron o no los adecuados.
Completamente de acuerdo con Javier el otro.
Hay una ironía histórica incómoda. Desde el derecho internacional, una incursión armada sin autorización viola la soberanía. Eso vale hoy. Y también valía en 1956 con el desembarco del Granma. La diferencia no es jurídica, es política: quién gana escribe la legitimidad.
La experiencia muestra que imponer un cambio de régimen desde fuera casi siempre fracasa. Bahía de Cochinos fue un intento de derrocar al régimen cubano desde el exterior. Fracasó y consolidó al poder que buscaba tumbar. Produjo cierre interno y legitimación del discurso de agresión.
La guerrilla del Che en Bolivia fue el movimiento inverso: Cuba intentando cambiar otro régimen mediante una fuerza armada extranjera. También fracasó. Sin apoyo social suficiente y sin correlación real de fuerzas, la aventura terminó en derrota y muerte.
En ambos casos, la lógica fue la misma: pequeños focos armados pretendiendo detonar un cambio estructural. En ambos casos, la realidad estratégica se impuso.
La épica simplifica. La realidad estratégica no. Y el coste lo pagan los que mueren o acaban presos, no quienes alimentan el relato desde lejos.