Sacando al policiaco cubano del Abismo
Abismo no se exhibirá en nuestra televisión.

Por: Harold Cárdenas Lema

Me llegó como otras tantas cosas lo han hecho, vía memoria flash a través de un amigo. Después de ver el policíaco cubano en la pequeña pantalla decaer repetidamente en las dos últimas décadas, aún tengo esperanzas de verlo salir del abismo a que ha sido destinado. Por esa razón, cuando un amigo me pasó la última producción del espacio cubano Tras la Huella, me apuré a degustarla en casa con la mezcla de esperanza e incredulidad a que me han obligado en los últimos tiempos los audiovisuales policíacos cubanos. Más aún cuando venía con un comentario de mi amigo: “Se hizo, pero no la van a pasar por el televisor”.

Ya ahí la intriga fue demasiado y en un día vi los cuatro capítulos que componen la miniserie Abismo, perteneciente al espacio Tras la Huella. La trama aborda el mundo del hampa habanera, con toda su sordidez y grandes dosis de realismo. Trata sobre una chica pinareña que es engañada por un proxeneta de poca monta para ir a la capital y una vez ahí, es coaccionada para practicar la prostitución hasta que el jefe de toda la red y especie de patriarca en ese mundo, Rodolfo (Jorge Martínez), la acoge bajo su protección. A partir de ahí ella comienza a trabajar para la policía y a brindar información que darán al traste con todo un sistema de ilegalidades controlado por Rodolfo. El enlace de la muchacha con las fuerzas del orden se llama Jacinto y además parecen el resto de los personajes habituales de Tras la Huella.

En el serial las prostitutas aparecen en todos sus matices, los delincuentes se vuelven más creíbles que los de los últimos años, los diálogos y situaciones son mucho más interesantes. Con un guión de Fernando Loredo y dirigido por el genial Alberto Luberta Martínez, las actuaciones son muy positivas en su mayoría. Lamentablemente los peores personajes en su composición y desempeño son los positivos, cosa grave en un material fílmico que espere buscar de alguna forma la empatía de los televidentes con las fuerzas del orden nacionales.

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Por El Estudiante Revoltoso

Hace poco leí un artículo sobre los Derechos Humanos en Cuba, donde se hacía gala del desconocimiento sobre la realidad de quienes vivimos en la isla. Uno de los casos más significativos de esa distorsión fueron los ataques al derecho a la información y a la libertad de expresión de los cubanos. Hurgando en la red de redes, encontré en algunos datos que corroboran el pleno respeto de ese derecho en Cuba. Aquí los dejo:
En Cuba existen 1 370 dominios – solo en la extensión .cu –, más de 1 500 sitios en Internet, más de 940 000 cuentas de correo electrónico y 219 000 usuarios de Internet. Todo ello se multiplica en cientos de miles de usuarios más si se tiene en cuenta el carácter social de muchas de estas facilidades, que permite que un mismo medio o punto de conexión sea utilizado masivamente.