De tácticas y estrategia

por Arturo Mesa

Comienzo a intuir que el debate ya deja de ser de pugnas entre intelectuales sobre quién tiene o no la razón y pasa a ser de otra índole, por lo cual, la intelectualidad no acaba de llegar a un arreglo en el aspecto ideológico. Meditando en torno a la economía y su desaceleración, me llega la primera curiosidad: hay carencias, y con ellas llega la desilusión; y de la desilusión se pasa al desaliento; y del desaliento, al disenso. Pero lo cierto es que la desilusión y las carencias han matizado diversos momentos en la historia nacional reciente y nunca antes se había visto tal debate intelectual, ni tampoco tal agresión por parte de los medios contra los supuestos «oponentes» –entrecomillo oponentes porque muy ingenuo sería no notar la maldad de algunos de ellos, aunque no por eso puede concluirse que esos son mayoría–. Por ende, considero que los debates que urgen son los que esgrimen esos otros oponentes legítimos y «sanos».

Continúo meditando. Paso entonces a considerar que las razones de tal debate pudieran andar por el hecho de existir hoy un amplio acceso a las redes sociales y, además, por el hecho de que hay más tiempo disponible ahora para el ejercicio intelectual. Sucede que como las redes se expanden, pues las personas acceden a mayor volumen de información y cuentan con más contenido a su disposición. Después de pensar esto, me vuelve a entrar la duda: la gente tiene acceso a las redes por diferentes medios desde hace tiempo y no había pasado esto y, en cuanto al tiempo, asumo que en cualquier época al intelectual cuando le pica, le pica y lo suelta, esté donde esté. Sigo sin respuestas.

Entonces se me ocurre pensar, que quizás el matiz del asunto, su efervescencia y la intensidad a la que se ha llegado, viene por el trazado de una mala estrategia estatal –otra más–, ocasionada por la incapacidad de saber lidiar con el disenso o la opinión contraria. Eso es quizás, lo que ha molestado a la comunidad intelectual, que ahora tiene redes donde expresarse, que ahora tiene tiempo disponible para hacerlo, y que ahora, además, está inmersa en fuertes presiones económicas, arreciadas por la nueva realidad de salir a gestionarse ingresos en medio de la pandemia. Como acaba de plantear el presidente: «La gente ha visto la necesidad del trabajo», frase que además se me antoja triste, pues asumo que siempre debió haber sido así.

Entonces me voy por la variante de la mala estrategia y analizo: esta tiene su base en la falta de costumbre de lidiar con esa opinión divergente y que, en calidad de tal, molesta. Pero la estrategia tiene sus tácticas, y van desde la publicación diaria en los medios estatales de artículos que devienen defensa a ultranza de posiciones oficiales, hasta la presentación en los informativos de ataques a quienes se posicionan por esos lares contrarios y cuestionadores. Son algo así como manotazos a la pluma del opositor, porque «solo mis ideas salvan» sin reconocer que tanto unos como otros –a los «sanos» me refiero– quieren lo que es mejor para la mayoría.

Mientras unos enarbolan lemas vacíos y conceptos por definir, los otros teorizan sobre conceptos como justicia y equidad, plenamente alcanzables tanto en el socialismo vietnamita como en el finlandés, siempre y cuando en el centro de ambos se ubique al hombre y a la mejora de sus estándares de vida. Agréguesele a eso que se publicita a quienes defienden desde donde sea –Argentina, Perú, Mongolia, Estados Unidos– las posiciones de corte gubernamental y se priva de los mismos espacios a quien diverge desde aquí mismo.

Se ataca sin derecho a réplica, se presentan medias verdades, se manipulan informaciones y entonces, el intelectual que sí está preparado para el debate, presenta sus tesis y queda borrado y ridiculizado en un instante. La novela va semejando un contrapunteo montuno. Pésimos artículos sobre economía son publicados, casi traídos por los pelos, conexiones inconexas de hechos y deplorables críticas a los intelectuales de valor, han cundido los medios de información como parte de una estrategia incongruente de confrontar a quienes no se apegan al discurso oficial, deslegitimizando las razones que ellos pudieran tener.

Muy lejos estoy de pretender mostrar la varita de las soluciones, pero quizás –de haber un interés de reconciliación–, se pudiera empezar por lanzar las acusaciones «con derecho a réplica», como dicta el arte de la buena justicia; o publicar también las opiniones de quienes han mostrado posiciones serias sobre el país, aunque su punto de vista difiera del discurso oficial.

Se pudiera y debiera abrir un espacio de debate público. Quizás sería bueno también dejar descansar al señor Soros por un rato, y no agredir con frases de que «el país es de quien esto y de quien aquello». Hay que comprender que el país debería ser de quien lo merece y lo ama, a través del sacrificio, el intelecto y la postulación de ingentes y productivas reformas, y no de un grupo de los elegidos.

Esa sería la estrategia más idónea, me atrevo a decir. Aquí hemos nacido y aquí permanecemos. Y si aquí estamos, pues queremos mejoras desde nuestras visiones y no desde las de un elegido grupo silente, ni desde el deseo importado. Si alguien sigue asumiendo que son poquitos los que emergen cuestionadores, yo le invito a que busque por el mundo, entre sus compañeros de escuela o universidad, y me responda: ¿cuántos ya no están? ¿Le explico por qué?

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Súmese a la iniciativa del Consejo Editorial de La Joven Cuba y firme la Carta Abierta al presidente de Estados Unidos solicitando el fin de las sanciones contra Cuba.

Carta Abierta al presidente Joseph R. Biden, Jr.

6 comentarios

tony crespo 19 febrero 2021 - 5:25 PM

Dice Arturo Mesa:”….asumiendo que son poquitos los que emergen cuestionadores, yo le invito a que busque por el mundo, entre sus compañeros de escuela o universidad, y me responda: ¿cuántos ya no están? ¿Le explico por que?”……Lo mejor de las divagaciones del texto que como un “pescado” que no se deja coger, viene al final y es CONTUNDENTE?….sobran los argumentos y es un tapaboca para los que. Dudan

Orl 19 febrero 2021 - 7:41 PM

Hacer esta declaración , es una mala estrategia estatal.

Copio:

..”ante la ignominia de bufones como los que han perpetrado esta ofensa, reiteramos una vez más nuestra insustituible consigna: “Patria o Muerte: ¡Venceremos!”

Asociación de Músicos de la UNEAC

Orl 19 febrero 2021 - 11:16 PM

No escatimaron ofensas. . Ja ja ja.

Guerrero cubano tilda a Maykel Osorbo de “delincuente”, a Gente de Zona de “gentuza” y a Descemer Bueno de “drogadicto”

Jose A. Huelva G 20 febrero 2021 - 2:34 AM

La “Intelectualidad cubana” es tan diversa como la población. Pero solo dejan expresarse a la intelectualidad afin (o sea a la de izquierdas). A pesar de eso son muy oídos, pero no muy escuchados. En Internet se notan las diferencias. Los sitios de derecha son mucho mas seguidos que los de izquierdas, ¿Por qué? Pues la izquierda necesita algo simple, se llama C R E D I B I L I D A D. Ahí está el noticiero estelar de cada noche, ya tristemente conocido como el “Menticiero”, dicen mentiras a mas mejor y creen que el cubano de a pie es tonto. Ya para que mencionar Cubadebate. Pero tenemos un ejemplo aún mas cercano en el mismísimo LJC. Solo vean cuantas firmas tiene la Carta Abierta al Presidente de EEUU que aquí proponen firmar y vean después cuantas firmas tienen las otras muchas que han salido con otras propuestas en respuesta a esa. La triplican en cantidad.
Y es que la intelectualidad de izquierda dice sus “verdades”, pero es incapaz siquiera de defenderla en un debate. En cualquiera de los medios su mejor arma es la censura, y taparle la boca al otro, nunca te hará mas legítimo. Puede que ese silencio dure algún tiempo pero eventualmente la verdad sale a la luz.

Jorge Carrigan 22 febrero 2021 - 8:33 AM

El guía turístico no deja de sorprender con su elaborado lenguaje para al final bajarse con una canción de cuna que ya no duerme a nadie. Si algo grande hizo Fidel Castro cuando tomó el poder es que declaró que sería capaz de copnvertir a Cuba en un país desarrollado de espaldas a Estados Unidos. Fracasó. Lo divido en sílabas: FRA-CA-SÓ. Si el fin de la revolución cubana es pedirle al presidente de USA que ayude a resolver la profunda crisis económica que enfrenta Cuba hoy, habrá que reconocer entonces que estos sesenta y dos años han sido tiempo perdido.

Alheli 22 febrero 2021 - 9:01 AM

El país es de todos. Hay quienes no están psicológicamente condicionados para más ‘sacrificio’ o para sacrificarse bajo ninguna circunstancia. Hay quien padece de deficiencia en su capacidad de desarrollo del ‘intelecto’. Hay quien no posee la instrucción, el nivel cultural, los conocimientos, e incluso el don de articular sus ideas para comprensión general; que le permitirian la ‘postulación de ingentes y productivas reformas’. El país y la calle no son de los revolucionarios, pero tampoco de ninguna otra élite real o imaginada, para pertenecer a la cual hay que cumplir x parámetros. El delincuente, el vago, el jodedor, el inmaduro, el que se quedó en el 6to grado, el discapacitado, o el enfermo mental, también son cubanos. Sus vulnerabilidades casi siempre son expresión de grietas en el proyecto nacional, por lo tanto es mi opinión que mientras se les de el trato que precisan mediante los sistemas institucionales, merecen ser escuchados y considerados.

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