Como parte de la misión de La Joven Cuba de divulgar ideas y análisis nacidos desde la sociedad, nuestra revista ha convocado a un grupo de intelectuales para un nuevo mandato de su Consejo Asesor, el cual tiene la atribución de acompañar nuestra política editorial. El Consejo Editorial agradece a todos los miembros salientes del Consejo Asesor y a aquellos que lo conforman en su nuevo mandato.
Se incorporan los expertos Ailynn Torres Santana, Alina Herrera Fuentes, Ariel Dacal, Julio César Guanche, Luis Carlos Battista, Norge Espinosa y Tamarys Lien Bahamonde. La elección de estos miembros se basa en su sapiencia, experiencia profesional, compromiso con la soberanía y el interés nacional. Las actividades del Consejo serán coordinadas por dos de sus miembros: Carlos Alzugaray y Luis Carlos Battista.
A continuación, presentamos a los miembros del Consejo Asesor para el período 2024-2025, cuyo liderazgo contribuirá significativamente al desarrollo y alcance de nuestras iniciativas.
CarlosAlzugaray Treto
Coordinador
Embajador, ensayista y profesor cubano retirado. Doctor en Historia por Universidad de La Habana
Luis CarlosBattista
Coordinador
Jurista y politólogo. Doctorante en la Universidad de Salamanca
AilynnTorres Santana
Miembro
Académica feminista. Profesora e investigadora de Flacso Ecuador
HaroldBertot Triana
Miembro
Profesor de Derecho Internacional Público y Doctor en Ciencias Sociales y Jurídicas por la Universidad Rey Juan Carlos
MilenaRecio
Miembro
Comunicadora social, periodista y directora editorial de OnCubaNews
ArielDacal Díaz
Miembro
Escritor y educador popular. Doctor en Ciencias Históricas por la Universidad de La Habana
AlinaHerrera Fuentes
Miembro
Abogada, investigadora, activista feminista y antirracista. Licenciada en Derecho por la Universidad de La Habana
Omar EverlenyPérez Villanueva
Miembro
Doctor en Economía por la Universidad de La Habana y ex-Director del Centro para el Estudio de la Economía Cubana
NorgeEspinosa
Miembro
Poeta, dramaturgo y crítico cultural. Considerado uno de los activistas LGBTQ más importantes de Cuba
Luis AlbertoGarcía
Miembro
Actor y director, con una de las filmografías más sólidas de Cuba
RitaGarcía Morris
Miembro
Directora del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo. Máster en Administración de Empresas
Julio CésarGuanche
Miembro
Profesor, jurista e investigador. Máster en Derecho Público por la Universidad de Valencia y Doctor en Ciencias Sociales
CollinLaverty
Miembro
Presidente de Cuba Educational Travel y experto en relaciones Cuba-Estados Unidos
TamarysLien Bahamonde
Miembro
Economista. Doctorante en Políticas Públicas por la Universidad de Delaware y Licenciada en Economía por Universidad de La Habana
PedroMonreal
Miembro
Economista. Especialista de Programas en UNESCO. Doctor en Economía por la Universidad de La Habana
FernandoPérez Valdés
Miembro
Director de cine y escritor, licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de La Habana
JoaquínBenavides
Miembro
Ex Ministro de Gobierno y Viceministro de Economía del Ministerio de Transporte
Yasmín SilviaPortales Machado
Miembro
Doctorante en Northwestern University, ensayista, activista queer y LGBTQ
DanielRodríguez Suárez
Miembro
Doctor en Historia Contemporánea, Profesor Asociado de Ciencia Política en la Universitat de Girona
FabioFernández Batista
Miembro
Profesor e Historiador. Se especializa en Historia de la Revolución Cubana.
El pasado jueves, la Mesa Redonda ofreció una oportunidad para que el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, expusiera las líneas fundamentales de la política exterior del actual gobierno cubano. Durante esta intervención de alrededor de una hora y media, el canciller cubano presentó ideas llamativas que merecen algunos comentarios. En especial, en lo referente al sistema consular cubano, dada la alta demanda de estos servicios en una sociedad que cada vez es más transnacional.
En primer lugar, el Sr. Rodríguez Parrilla afirma que «dos tercios de las embajadas cubanas son muy pequeñas. Son embajadas de dos parejas de diplomáticos». Luego, amplía que «una cuarta parte de las misiones son de una sola pareja de diplomáticos cubanos». Ciertamente, la gran mayoría de las embajadas en el mundo son pequeñas representaciones de, como diría un popular humorista cubano, «el embajador y su chofer».
Sin embargo, algo que no mencionó el canciller es que hay Estados que no cuentan con una representación diplomática o consular cubana. Según información del Ministerio de Relaciones Exteriores, la República de Cuba tiene representación diplomática en más de 120 estados. Además, cuenta con 65 representaciones concurrentes.[1] Las representaciones concurrentes son de uso muy extendido entre todas las naciones, dado el coste prohibitivo de mantener una representación diplomática en todas las capitales del orbe.
Cuba posee un número cada vez mayor de ciudadanos residiendo en el exterior. Esta crisis migratoria y demográfica, como es de esperar, estalló a partir de los años 90. Como han referido varias publicaciones, casi medio millón de cubanos ha llegado a los Estados Unidos desde el 2022. No es de extrañar que desde 1990 hayan emigrado alrededor de 2 millones de cubanos a distintos lugares del mundo, en especial Estados Unidos, España y México. Tal vez más.
Con una población emigrada tan numerosa y dispersa, el Estado cubano debe ampliar sus servicios consulares a través de, al menos, una red de cónsules honorarios[2]. En la actualidad, Cuba posee un solo cónsul honorario, radicado en Jordania. Incluso países como España y México, con cinco consulados cubanos generales en sus respectivos territorios, pudieran auxiliarse de cónsules honorarios para extender y ampliar el alcance de las funciones consulares a los ciudadanos cubanos en el exterior. Caso icónico lo encontramos en los Estados Unidos: la mayor comunidad de cubanos emigrados y una sola Oficina Consular.
Con una población emigrada tan numerosa y dispersa, el Estado cubano debe ampliar sus servicios consulares a través de, al menos, una red de cónsules honorarios.
No obstante, un gran problema es que en varios de los Estados con representación concurrente —Macedonia del Norte, Bosnia y Herzegovina, Croacia, y Eslovenia— han existido rutas irregulares de conciudadanos para llegar a la Unión Europea. En caso de emergencia, ninguno de los cubanos emigrados, ni siquiera los que están en situación regular, pueden contar en estos territorios con protección y asistencia del país donde nacieron.
Por demás, otro caso significativo se encuentra en el Estado de Israel. Cuba no posee relaciones diplomáticas ni consulares con este país desde 1973[3]. Ese lugar, a pesar de no ser uno de los principales enclaves para la emigración cubana, no puede obviarse que ha acogido a gran parte de la comunidad hebrea proveniente de la Isla a través de la política de Aliyah, que acoge a todos los judíos que deciden inmigrar.
Tengo constancia de varios cubanos en distintas épocas que se han acogido a esta política. Sin embargo, para realizar cualquier trámite consular con Cuba, tienen que salir del territorio israelí con el consiguiente costo. Bien pudiera establecer Cuba, como mínimo, un cónsul honorario. No obstante, lo ideal sería establecer relaciones diplomáticas, o al menos consulares, que brinden protección y asistencia consular en territorio israelí y palestino.
A modo de contraste, el uso por parte de España de cónsules honorarios en distintas provincias cubanas es un magnífico ejemplo de cómo pueden extenderse los servicios consulares a muchos ciudadanos españoles en Cuba, sin que ello represente una gran carga presupuestaria para el servicio exterior y consular ibérico.
Nación y Emigración
En segundo lugar, durante su intervención, Bruno Rodríguez Parrilla afirmó que vio, en los participantes de la cuarta conferencia Nación y Emigración, «un extraordinario patriotismo, una gran disposición a participar en la solución de los disímiles problemas que hoy afrontamos, en la inserción de proyectos personales de quienes van y vienen, circulan, están un tiempo en el país y otro fuera, pero que se sienten profundamente cubanos».
Después agregó sobre los movimientos migratorios: «en los últimos años se ha visto un crecimiento de esos flujos… que reflejan esa circularidad, esa tendencia que es universal a residir un tiempo fuera… Claro que eso ha generado en los últimos años un crecimiento significativo de los trámites migratorios y la legalización de documentos».
Si el canciller reconoce que esto es una tendencia mundial, ¿entonces por qué el Estado cubano no aplica la misma política migratoria que la gran mayoría de países occidentales? En materia migratoria, el ordenamiento jurídico cubano subordina la categoría de ciudadanía a la de residencia, creando en el caso de los emigrados, una especie de ciudadanos de segunda categoría.
El ordenamiento jurídico cubano subordina ciudadanía a residencia, creando una especie de ciudadanos de segunda categoría.
La propia Constitución establece que aquellos cubanos con más de una ciudadanía, «mientras se encuentren en el territorio nacional, … no pueden hacer uso de una ciudadanía extranjera». Entonces, si el Estado cubano excluye el uso de otras ciudadanías para los cubanos en el territorio nacional, lo más lógico también sería eliminar los trámites de la repatriación —que fueron simplificados hace pocos años—, y eliminar las clasificaciones de residente en el exterior y emigrado de las normas jurídicas cubanas. Solo se trata de encontrar la voluntad política.
Por otro lado, el Estado cubano tiene que cesar su política de clasificar a la comunidad emigrada en favoritos y desterrables. Si bien el canciller clama elogios para aquellos que, con todo su derecho, asisten a una conferencia sobre emigrados cubanos organizada por su gobierno, al mismo tiempo el Estado priva a ciudadanos cubanos de entrar en el territorio nacional por criterios políticos.
Si los derechos de unos cubanos no son de todos los cubanos, entonces no son derechos, son privilegios. Si realmente se busca normalizar las relaciones con toda la comunidad emigrada, tratar a todos los emigrados por igual —más allá de su posición política— es un requisito sine qua non.
¿Apostilla o Legalización?
En tercer lugar, al hablar sobre la alta demanda de procesos de autenticación de documentos, el canciller Rodríguez Parrilla comentó que «hoy no existe en el mundo un nivel de automatización de estos procesos. Como regla, la legalización termina en un… sello, un cuño que tiene que tener pruebas de autenticidad, pruebas de valor…. Hay que legalizar, como regla, en consulados extranjeros aquí en La Habana…. Es un proceso complicado y las cifras han ido creciendo en un tiempo relativamente breve y han taponeado esos sistemas».
También más adelante explica que «hay un colectivo de trabajadores del ministerio que trabaja denodadamente. Ha habido una modernización de esos procesos. Y están en marcha también soluciones más de fondo». Luego el canciller explicó que «una primera solución sería que no se pusieran barreras por parte de los países desarrollados. Una segunda, que Cuba estudie y se adhiera a una convención internacional que permitiría que no haya que legalizar mediante un trámite para que surtan efecto legal fuera de Cuba hasta un 60% de los documentos, llamado el Convenio de la Apostilla y están haciéndose los estudios en ese sentido». Randy Alonso incluso reconoció que muchos de estos documentos hay que traducirlos.
Amén del reconocimiento que se le pueda extender a los miembros del MINREX que laboran en estas tareas, el canciller no cuenta toda la verdad cuando afirma que solo los países desarrollados son los que establecen «barreras» a través de los requisitos de autenticación de documentos. Cualquier cubano que haya tenido que realizar trámites ante consulados latinoamericanos en La Habana sabrá que también los países subdesarrollados aplican las mismas barreras. Incluso, para que un documento firmado en el exterior surta efectos en el territorio nacional, también es un requisito legalizarlo en el consulado cubano de cualquier capital extranjera. Máxime, porque Cuba aún no se ha adherido a la Convención de la Apostilla de La Haya.
El canciller no cuenta toda la verdad cuando afirma que solo los países desarrollados establecen «barreras» a través de los requisitos de autenticación de documentos.
La Convención de la Apostilla de La Haya de 1961 es un convenio internacional que simplifica el proceso de autenticación de documentos a surtir efecto en el exterior[4]. Según la Conferencia de La Haya sobre Derecho Privado Internacional, la Convención hoy tiene 126 Estados Parte. O sea, que son más las naciones que la utilizan, que aquellas que aún no la utilizan. Se hace evidente que no es un mecanismo novedoso que requiera largo tiempo para su estudio e implementación.
El MINREX considera la adhesión a la Convención con décadas de atraso, sobre todo cuando desde los años 90 se disparó exponencialmente la emigración cubana. A modo de comparación, los únicos dos países en Las Américas que no son Estados Parte son Cuba y Haití. Los principales países receptores de emigrados cubanos y como consecuencia, con un mayor volumen de intercambio de documentos, se han adherido a la Convención desde hace tres décadas o más.
Una de las facilidades que ofrece la Convención es que cada Estado puede designar las entidades autorizadas a emitir la Apostilla. En mi opinión, no se da un paso realmente significativo si no se expande la cantidad de autoridades competentes a emitir la Apostilla más allá de la Dirección de Asuntos Consulares y Cubanos Residentes en el Exterior (DACCRE) en el MINREX. Por ejemplo, se pueden establecer como autoridades competentes las direcciones provinciales de Justicia para emitir la Apostilla en el caso de documentos notariales y documentos de hechos vitales (certificados del registro civil). De esta manera, se lograría romper definitivamente ese cuello de botella en la autenticación de documentos cubanos y se facilitaría el procedimiento para aquellos cubanos que residen en otras provincias que no sea la capital cubana.
No se da un paso realmente significativo si no se expande la cantidad de autoridades competentes a emitir la Apostilla.
Ahora bien, la adhesión de Cuba a la Convención de la Apostilla de La Haya es un paso necesario con décadas de atraso. No obstante, si se quiere dar un paso realmente novedoso en Iberoamérica, Cuba debería adherirse al Convenio Número 16 de la Comisión Internacional del Estado Civil sobre Expedición de Certificaciones Plurilingües de las Actas del Registro Civil —justo es señalar que solo es reconocido por 23 países europeos y Cabo Verde.
El Convenio, firmado en Viena en 1976, establece que los documentos del registro civil de un Estado contratante surten efecto en otro Estado contratante, incluso «sin legalización ni formalidades equivalentes». Como condición, los documentos deben emitirse en un formato estándar con dos o más idiomas. En el caso cubano, los certificados podrían emitirse en español, francés, e inglés, con ello las personas ahorrarían tiempo y dinero en traducciones certificadas y autenticación de documentos. Por ejemplo, bajo estas condiciones, un certificado de nacimiento cubano surtiría efectos legales automáticamente en las jurisdicciones de España, Francia, Alemania, Portugal, Suiza, el BENELUX, etc.
Los certificados podrían emitirse en español, francés, e inglés, con ello, las personas ahorrarían tiempo y dinero en traducciones certificadas y autenticación de documentos.
Es un momento propicio para que el Estado cubano, en materia de autenticación de documentos, dé un paso realmente significativo y de vanguardia. No podemos olvidar que la gran avalancha de solicitudes de legalización de documentos que ha «taponeado» el sistema, tiene un precedente en la Ley de Memoria Histórica de 2007 que dio la oportunidad de optar a la nacionalidad española a los descendientes de exiliados españoles.
Tal es el efecto de esa Ley que, incluso antes de la aprobación de la Ley de Memoria Democrática de 2022 que permite igualmente a los descendientes de españoles optar a la nacionalidad española, más de 155 mil ciudadanos españoles vivían en Cuba. Por lo tanto, es un «tapón» en el sistema cociéndose desde hace varios años. La adhesión de Cuba a estos convenios simplificaría inmensamente los trámites ante los consulados extranjeros en Cuba y, por extensión, a todos los cubanos que residan, temporal o permanentemente en gran parte de la comunidad internacional.
Movimientos de solidaridad, ¿con influencia?
Por último, en un momento de la intervención, el canciller cubano expresó: «igualmente, destacan los movimientos de solidaridad, las asociaciones de cubanos, el papel de los diplomáticos en las organizaciones económicas internacionales y, en general, en los organismos multilaterales; la promoción de la participación extranjera en nuestros eventos, foros; el desarrollo de los vínculos de los cubanos residentes en el exterior con los proyectos de desarrollo, a veces locales, que son fundamentales en nuestra economía».
La relación del gobierno cubano con los movimientos de solidaridad habitualmente consiste en un ejercicio de autocomplacencia. Estos grupos de solidaridad están mayormente conformados por unas pocas decenas de individuos con una posición política de izquierda radical, prácticamente acrítica hacia el gobierno de Cuba, y desconectada de la realidad de los cubanos dentro y fuera de la Isla. Por tanto, encuentran poco eco e influencia en las sociedades occidentales y menos aún dentro de las comunidades cubanoamericanas votantes.
La relación del gobierno cubano con los movimientos de solidaridad habitualmente consiste en un ejercicio de autocomplacencia.
De ahí que los mensajes y actos de la mayoría de estos movimientos, contrario a lo que desprenden el periódico Granma, Cubadebate o la Mesa Redonda cuando publican una noticia sobre estos grupos, reciben poca o nula atención mediática y política, y se limitan a la presencia de una o dos docenas de personas; las mismas de siempre.
Los movimientos de solidaridad fueron creados a iniciativa de Fidel Castro a manera de soft power à la cubaine. Fueron nucleando personas, principalmente militantes de izquierda, a partir de la defensa de causas justas y humanitarias, como el fin de las medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos o el envío de medicinas y alimentos a Cuba en situaciones críticas. Sin embargo, en materia de soft power, más servicio le presta a la nación y a todos los cubanos donde quiera que se encuentren un Habano, un congrí y Celia Cruz o cualquier otra persona de origen cubano que haya logrado reconocimiento internacional, que un miembro de Code Pink con un cartel.
Ciertamente, estos grupos de solidaridad en ocasiones tienen acceso a algún congresista, diputado o líderes cívicos de algunas ciudades. Por ejemplo, en el caso de Estados Unidos, los grupos de solidaridad tienen alguna relación más o menos estrecha con líderes afroamericanos y apenas una docena de congresistas (de los 535 miembros del Congreso). Los casos más llamativos son Barbara Lee (D-CA), Ilhan Omar (D-MN) y otros miembros de los «Demócratas Socialistas de América». Debe mencionarse también a Karen Bass (D), excongresista y actual alcalde de Los Ángeles. La líder afroamericana participó en las Brigadas Venceremos en los años 70. En el 2020, cuando su imagen adquiría un perfil cada vez más nacional, se desligó de cualquier asociación con los grupos de solidaridad y el gobierno cubano, afirmando que el sistema en la Isla «era un régimen brutal» y que «no alberg[ó] ninguna ilusión que la gente en Cuba tenían las mismas libertades que tuv[o ella]».
En Estados Unidos, los grupos de solidaridad tienen alguna relación más o menos estrecha con líderes afroamericanos y apenas una docena de congresistas.
Debo resaltar como una rara excepción muy cualificada el caso del representante Jim McGovern (D-MA) y los exsenadorres Patrick Leahy (D-VT) y Jeff Flake (R-AZ). Estos políticos han tenido gran influencia dentro de sus partidos. Sin embargo, han apoyado una política racional de acercamiento con Cuba, basada en los intereses nacionales de Estados Unidos, pero no porque sientan simpatía por el sistema político cubano ni su clase dirigente.
En otras ocasiones, desde la propaganda cubana se publica como una gran victoria de la diplomacia revolucionaria que un alcalde en los Estados Unidos haya hecho una declaración sobre el bloqueo. La realidad es que estas declaraciones políticas realizadas por una docena de alcaldes tienen nula influencia en la política exterior de los Estados Unidos, un país que, por su extensión, tiene más de 30 mil alcaldes.
Por otro lado, en muchas ocasiones, delegaciones bipartidistas acuden a La Habana y el Granma clama otro triunfo de la diplomacia revolucionaria. No nos llamemos a engaños. Como cualquier capitalista, acuden a ver qué es lo que el adversario les puede comprar. Mientras tanto, poco se logra sin una industria nacional y con las arcas vacías. Es algo que sabe el canciller, y los radicales de una y otra orilla. Muchas noticias con poco efecto real.
[1] «Embajador concurrente es un Jefe de Misión acreditado ante un Estado y residente en la capital de ese país, que está acreditado simultáneamente ante un tercer o más países», en Jara Roncati, Eduardo. La función diplomática. PNUD-CEPAL, Proyecto de Cooperación con los Servicios Exteriores de América Latina (1989), pág. 99.
[2] El Consulado Honorario es una figura ampliamente utilizada por muchos Estados y no están dirigidos por funcionarios consulares de carrera. Pueden ser nacionales del país que representan o del país donde están localizados. Los mismos no devengan salarios por sus servicios, aunque en algunos casos el país que representan los autoriza a cobrar tasas por los servicios consulares realizados. Por lo general, están presentes en países o subdivisiones administrativas donde no existen consulados de carrera o Misión Diplomática residente.
[3]Véase López Levy, Arturo. Las relaciones Cuba-Israel: a la espera de una nueva etapa. Cuba in Transition (2010), págs. 204-319.
[4] El Convenio de 5 de octubre de 1961 por el que se Suprime la Exigencia de Legalización de los Documentos Públicos Extranjeros (Convenio HCCH sobre la Apostilla de 1961) facilita la utilización de los documentos públicos en el extranjero. El propósito del Convenio es suprimir la tradicional exigencia de legalización y sustituir dicho proceso, a menudo largo y costoso, por la emisión de un único certificado de Apostilla por parte de una Autoridad Competente en el lugar en el cual se otorgó el documento. El Programa de Apostillas Electrónicas (e-APP) fue lanzado en 2006 para apoyar la emisión y verificación electrónicas de las Apostillas en todo el mundo. El Convenio cuenta con más de 126 Partes contratantes y ha llegado a ser uno de los tratados multilaterales de mayor aplicación en el ámbito de la cooperación jurídica, pues cada año se expiden varios millones de Apostillas.
Fue noticia este 17 de marzo las protestas en varias ciudades del país a raíz de los largos cortes de electricidad y la escasez de alimentos.
Las primeras manifestaciones visibles se dieron lugar en las calles de Santiago de Cuba —Carretera del Morro y calle 9— sobre las 3 de la tarde aproximadamente. Los reclamos, en la mayoría de los casos estuvieron enfocados en «corriente y comida». En los videos compartidos en redes sociales, los manifestantes repiten: «¡tenemos hambre!».
El activista Pedro Jorge Velázquez, afín al gobierno cubano, afirmó que el incidente se debe «a las largas horas de cortes eléctricos por la indisponibilidad de combustible y otras situaciones derivadas de la crisis económica».
Según Velázquez, no hubo violencia policial. Los efectivos «sólo están custodiando la manifestación y dialogando directamente con los ciudadanos». Lo cierto es que en los videos subidos a las redes sociales en ese momento no se captó ninguna respuesta violenta de parte de las autoridades.
Beatriz Johnson Urrutia, recientemente promovida a primera secretaria del Partido Comunista (PCC) en Santiago de Cuba, intercambió con los manifestantes. La funcionaria comentó en X que las inconformidades estaban relacionadas con «el suministro de energía eléctrica por el desbalance en los bloques horarios» y con la «distribución de los alimentos», en particular con la irregularidad en el abastecimiento de «leche para los niños» y el resto de los productos de la canasta básica.
«Es importante esclarecer que la población de Santiago de Cuba fue respetuosa», dijo Johnson Urrutia.
El incidente provocó inmediatas reacciones en la comunidad cubana de la Florida, incluso entre sus representantes políticos.
La congresista María Elvira Salazar consideró en su cuenta de X que lo ocurrido «es el reclamo de un pueblo que tocó fondo». Aprovechó para relacionar «65 años de socialismo» con «apagones, enfermedades y hambre».
La activista Rosa María Payá solicitó a los militares que «no levanten sus armas contra el pueblo».
Por su parte, Miguel Díaz-Canel, mientras ocurrían las manifestaciones, posteaba en la red social X una felicitación al presidente Vladimir Putin por su reelección. No obstante, unas horas más tarde se pronunció sobre lo ocurrido.
«Varias personas han expresado su inconformidad con la situación del servicio eléctrico y la distribución de alimentos. Este contexto se intenta aprovechar por los enemigos de la Revolución, con fines desestabilizadores», apuntó.
El presidente cubano añadió que «terroristas radicados en EEUU incentivan acciones contra el orden interior del país», sin ofrecer evidencias de esa grave acusación. También enfatizó que las autoridades cubanas están dispuestas a «atender los reclamos de nuestro pueblo» y a «explicar las numerosas gestiones que se realizan para mejorar la situación».
Como respuesta a las protestas, Johnson Urrutia dijo que «en este momento está en un proceso de distribución parcial» algunas de las deudas existentes con la canasta básica en Santiago de Cuba. Medios no estatales y extranjeros afirman que «camiones con comida aparecieron de manera sorpresiva» en la ciudad.
Más tarde medios no estatales y activistas opositores siguieron reportando protestas desde la tarde hasta la madrugada en otros territorios, como Bayamo (Granma), Cárdenas (Matanzas), Santa Marta (Matanzas) y El Cobre (Santiago de Cuba), por motivos similares a los de la ciudad de Santiago.
Hasta el momento, no hay declaraciones oficiales sobre los nuevos acontecimientos en los otros territorios.
En los videos publicados en redes sociales se escuchan consignas como «libertad», «no más muela» y «el pueblo unido jamás será vencido». También se muestran detenciones policiales y enfrentamientos entre manifestantes y defensores del gobierno cubano.
Si bien algunos reportes en redes sociales indican que en algunos lugares el servicio de internet fue retirado, no ocurrió un apagón digital en todo el país, como ha sucedido en otras ocasiones con altercados similares.
Esto significa que las largas horas de apagones y la carencia de alimentos están empezando a colmar la paciencia de una ciudadanía que lleva ya varios años de vicisitudes.
Dos días antes de las protestas el periodista Lázaro Manuel Alonso, del sistema informativo de la Televisión Cubana, había afirmado que «en casi todo el país hay ciclos de interrupción de 8 y 9 horas continuas por 3 de servicio eléctrico». No obstante, luego de ocurridos los sucesos, el Noticiero Estelar dio a conocer que este lunes se incorporará a la generación la central Antonio Guiteras —la principal generadora en el país— y en los próximos días arribará un buque con poco más de 43 mil toneladas de combustible, que deberá aliviar la actual crisis.
Es difícil confirmar si la situación del sistema eléctrico mejorará de forma sostenida, cuando las mismas autoridades han reconocido que este año habrá menor estabilidad que en tiempos anteriores, por la irregularidad del combustible.
Nuestra opinión es que este tipo de protestas seguirán ocurriendo en Cuba. El discurso de la «resistencia» pierde sentido cuando visiblemente algunos «resisten» mejor que otros, como se evidencia en la desigual cantidad de horas de apagón entre los distintos territorios, principalmente fuera de La Habana.
Además de la crisis socioeconómica existente, las manifestaciones responden a las maneras que encuentra la ciudadanía de mostrar su descontento, cuando la política institucional se queda sin respuestas a sus crecientes demandas.
En el caso las primeras protestas en Santiago de Cuba, hasta donde permite saber la comunicación disponible, las autoridades actuaron de forma correcta al responder —al menos a nivel de discurso— a las exigencias de la población. En los posteriores sucesos, por la información registrada hasta el momento, no es posible afirmar lo mismo.
Más allá de las muchas afectaciones que traen las medidas unilaterales coercitivas del gobierno de Estados Unidos sobre la economía cubana y su impacto en las condiciones de vida de la población, así como los intentos de una oposición dentro y fuera del país de capitalizar la protesta, declarar solamente a estos factores como responsables de los estallidos es un discurso cada vez menos creíble.
El Estado, si quiere mantener el consenso, tendrá que aprender a convivir con estas formas legítimas de ejercer el derecho ciudadano a manifestar inconformidades, y buscar formas para legalizarlas y gestionarlas.
Es imprescindible, en estos momentos, reconocer con transparencia ante la ciudadanía los errores de las políticas internas que han catapultado la carestía, las inequidades y el desconcierto, dejándole a una zona de la población la protesta callejera como único recurso para exigir garantías básicas como «corriente y comida».
Funcionarios «liberados»
Fue noticia esta semana que 12 «directores de empresas y organismos» perdieron sus cargos en la provincia de Matanzas por su «deficiente gestión».
La información no trascendió de manera formal en un medio de prensa estatal, sino que fue revelada oficiosamente en la página personal del periodista José Miguel Solís, de Radio Rebelde.
El reportero no compartió los nombres de los funcionarios «liberados y renovados» ni ofreció más detalles. En un comentario de su propio post, repitió que se trató, en el estilo habitual del discurso oficial, de «liberaciones» realizadas con el objetivo de que los puestos sean desempeñados por cuadros más «competentes e íntegros».
Esta semana también fue «liberado» el funcionario político más alto de la provincia de Ciego de Ávila, Liván Izquierdo Alonso. Tampoco trascendieron detalles sobre las razones que motivaron su sustitución. En su lugar, fue designado Julio Heriberto Casanova como primer secretario del Partido Comunista de Cuba en la provincia. La nota sí aclara que Izquierdo Alonso se desempeñará en «otras responsabilidades».
Esto significa que Cuba vive una oleada de «depuraciones» de funcionarios, en coherencia con los rumbos de la economía cubana, que no consigue encauzarse por un camino equilibrado.
Por otro lado, la reciente acusación contra el ex ministro Alejandro Gil ha desatado un amplio cuestionamiento sobre la gestión económica gubernamental y la honestidad de los dirigentes.
Es un proceso que todavía no ha concluido y que pudiera afectar a otros funcionarios. Hasta el momento, hay reportes de que el empresario privado Fernando Javier Albán, dueño de Agroindustrial Media Luna, en Ciego de Ávila, está detenido por su presunta relación con Gil.
Opinamos que una verdadera renovación de los cuadros corruptos o incompetentes puede contribuir al proceso de estabilización de la economía, siempre que no se trate de decisiones efectistas, con el objetivo tácito de dar apariencias de eficiencia sin ir más allá.
Lo más relevante no es que determinados funcionarios sean sustituidos. Ese gesto es elemental. Lo verdaderamente decisivo sería que los designados para ocupar esos puestos tengan la autonomía suficiente para actuar en un escenario que demanda soluciones urgentes. Asimismo, que su selección no responda a fidelidades y disciplinas partidistas por encima de capacidades y aptitudes para desempeñarse en el cargo.
¿El problema principal son las personas a cargo o las estructuras que los hacen actuar de manera ineficaz o les permiten mantenerse en el poder en contra de los intereses de la ciudadanía?
La lentitud a la hora de decidir, la respuesta demorada, la falta de respuesta para las situaciones puntuales, son típicas de la gestión cubana. Este modelo podría enmendarse a mediano plazo. La corrupción, en cualquier caso, es mucho más grave.
El gobierno, además de las señales de rigor que envía con estos procesos penales y «liberaciones», está obligado, para ganar credibilidad, a ser definitivamente eficiente y transparente en su administración de los recursos.
Por otra parte, a falta de mecanismos de selección directa para los cargos públicos, el Estado cubano deberá reestructurar su «política de cuadros», la cual, por lo visto hasta el momento, no ha demostrado ser más eficaz que los dispositivos de la democracia liberal que tanto cuestiona.
La violencia «delictiva»
También fueron noticia esta semana comentarios y estadísticas del Ministerio del Interior (Minint) sobre el «enfrentamiento» a hechos delictivos, realizados en el programa de televisión Hacemos Cuba.
El coronel Irael Fumero Valdés, jefe de información y análisis del Departamento Técnico de Investigaciones del Minint, dijo que los delitos violentos no se han incrementado en Cuba con respecto al periodo anterior a la epidemia de covid-19.
Fumero Valdés comentó que la violencia «es perceptible» en la sociedad cubana, pero que la situación no ha empeorado en términos comparativos, como pudiera pensarse.
Según Fumero Valdés, el 9% de los delitos registrados son violentos, mientras que la mayor parte, el 81%, serían «patrimoniales» sin un carácter propiamente violento.
Otro dato compartido en el espacio fue que la mayor parte de los delitos violentos son realizados por personas mayores de 30 años. Por tanto, no serían los jóvenes quienes estuvieran protagonizando estos actos en contra de la creencia popular.
Esto significa que el gobierno se siente obligado a contrarrestar las críticas notorias por causa del deterioro de la seguridad en el país, con razones de inspiración netamente política.
Una rutina segura es indispensable para la recuperación del turismo y dar una sensación de tranquilidad en la ciudadanía.
Nuestra opinión es que la percepción de inseguridad se mantendrá más allá de cualquier declaración oficial.
No se trata solamente de lo que pudieran reportar los medios no estatales. Si bien en relación al continente latinoamericano Cuba sigue estando en ventaja en cuanto a la violencia callejera, cualquier cubano maneja referencias cercanas de amigos o familiares que han sufrido hurtos o asaltos, al menos en las ciudades.
Por otro lado, las estadísticas compartidas se refieren a los actos denunciados o investigados de oficio, pero es común que las personas no denuncien algunos delitos por considerarlo una pérdida de tiempo. Por tanto, una estadística completa debería incluir encuestas a muestras representativas que permitan ampliar el panorama.
No sirve de mucho rebajar la relevancia de estos casos. Vale la pena que la ciudadanía tenga más percepción del riesgo y se mantenga alerta, sobre todo porque se trata de un problema que no variará mientras dure la crisis económica.
Alimentos, lo más caro
Además, fue noticia esta semana que, según el propio gobierno, las familias cubanas gastan el 70% de sus ingresos sólo en alimentos.
La cifra fue revelada por el presidente Miguel Díaz-Canel en el balance anual del Ministerio de la Industria Alimentaria (Minal), efectuado este 12 de marzo.
En la reunión quedó en evidencia, a partir de las cifras comunicadas por los funcionarios, la dimensión de la escasez de alimentos.
Las importaciones estatales de pollo disminuyeron y eso provocó un descenso del 53%. La carne de res deshuesada tuvo una afectación del 72%. Lo mismo con las carnes en conserva, cuyo plan se incumplió en el 53% durante cinco meses.
Las autoridades reconocieron un incumplimiento notable con el café, que dejó de entregarse durante varios meses.
Mientras tanto, la Oficina Nacional de Estadística e Información (Onei) comunicó esta semana que la inflación interanual alcanzó el 32.08% en febrero. Absolutamente todas las categorías evaluadas por el informe oficial experimentaron inflación.
Esta semana dicho organismo también publicó otro informe sobre los precios mínimos y máximos de productos seleccionados en el mes de febrero que también evidenció el alto costo de los alimentos para la población. En La Habana la pierna de cerdo puede costar entre 550 y 800 pesos la libra, el arroz entre 180 y 250 pesos la libra y el huevo entre 88 y 100 pesos por cada uno, según los datos oficiales.
Esto significa que la dificultad de acceder a alimentos básicos es trágica para las pequeñas economías familiares y, eventualmente, aumenta.
Opinamos que estas cifras avisan de una emergencia en el tema alimentario. Y más allá de las cifras que comunica el gobierno, de la conciencia del problema, no ha quedado clara la respuesta para esta crisis.
La solución pasa, inevitablememte, por estimular las producciones agrícolas y reconducir la estrategia de inversiones. Hasta el momento, no hay un plan a corto o mediano plazo para lograrlo.
Pierre Richard y Gene Wilder: ambos comediantes, de cabello rubio rizado, con ojos azules y 1,78 de estatura, interpretando personajes tiernos y vulnerables. Los dos contaron, en algunos de sus trabajos más logrados, con una contrafigura de calibre; además de actuar, los dos dirigieron alguna vez. El primero francés y todavía vivo, el segundo norteamericano y fallecido. Es difícil que a alguien de mi generación (y de algunas más, arriba y abajo) no le suenen sus nombres. Es imposible haber vivido los años setenta y no recordar, por ejemplo, Young Frankenstein y Le grand blond avec une chaussure noire.
En esas décadas que ya para muchos pertenecen al Jurásico, los estrenos en los cines habaneros constituían verdaderos acontecimientos. No era raro hacer cola no para la tanda que comenzaba, sino para la siguiente, o bien entrar comenzada la función y empatar en la otra, o sonarse tres tandas seguidas. Hubo títulos que establecieron récords, como La cámara 36 de Shaolín, Jaws (Tiburón) y King Kong, pero las salas también se llenaban con lo último de Kurosawa o Fellini. Y, desde luego, con las comedias protagonizadas por Pierre Richard: Le grand blond avec une chaussure noire (Yves Robert, 1972), La moutarde me monte au nez (Claude Zidi, 1974), Le retour du grand blond (Yves Robert, 1974), Je suis timide… mais je me soigne (Pierre Richard, 1978), Le coup du parapluie (Gérard Oury, 1980), y las piezas dirigidas por el gran Francis Veber en que Richard comparte protagonismo nada menos que con Gérard Depardieu: La chèvre (1981), Les compères (1983) y Les fugitifs (1986).
Sí, los personajes encarnados por Richard tenían algo en común: eran tipos inhábiles, fáciles de engañar, que provocaban en el espectador un cóctel eficaz de identificación y distanciamiento, siempre escorando hacia la entropía o generándola a su alrededor… pero al final solían quedarse con la chica, fuera Mireille Darc, la recientemente fallecida Jane Birkin, Mimi Coutelier o Corynne Charby. Una cosa era segura: a su lado nunca iban a aburrirse.
Es irónico que la comedia más conocida y premiada de Francis Veber (Le dîner de cons, 1998) no cuente con Richard en su elenco, si se tiene en cuenta que, incluso antes de dirigirlo, Veber escribió los guiones para él (sí, comenzando por Le grand blond…) y fue en buena medida el artífice de su éxito y el promotor de su carrera. Sin embargo, un dato curioso revela que esto no es del todo cierto: la inolvidable figura interpretada por Jacques Villeret en dicha película (esto es, el idiota en sí) se llama Francois Pignon… como los personajes de Richard en Les compères y Les fugitifs. Y como queda dicho, también tuvo Veber el tino de combinar al blondo caótico con los tipos duros y metódicos interpretados por otro rubio, Depardieu, creando así una de las duplas cómicas más eficaces del cine europeo.
Con los años, las apariciones de Richard en la gran pantalla (o detrás de las cámaras) son más puntuales y menos protagónicas. Creo que es de sabios saber cuándo se ha alcanzado la cima y comienza el declive, que no la caída: es hora, entonces, de focalizar en otras actividades. Después de todo, no es poco instaurar en la memoria colectiva no solo un personaje, sino un entrañable arquetipo de ser humano. Es difícil ser un hombre orquesta, como diría Louis de Funès.
No soy un admirador incondicional, ni muchísimo menos, de Mel Brooks, pero creo que con Young Frankenstein le dio la patada a la lata. De las actuaciones de Gene Wilder hay que ver esa, y luego Silver Streak (Arthur Hiller, 1976) y See no evil, hear no evil (ídem, 1989). Si Richard tuvo a Depardieu, Wilder contó, para las dos últimas, con ese peso pesado de la comedia que fue Richard Pryor.
Vamos por pasos. Wilder es el doctor enamorado de una oveja en Everything you always wanted to know about sex* (*but were afraid to ask) (Woody Allen, 1972). Aunque está perfecto en el personaje, todavía estos no eran los Allen y Wilder que llegarían a ser. Entonces llegó el joven doctor (vaya, otro doctor) Frederick Frankenstein, descendiente del creador del monstruo, en aquel filme en blanco y negro que es simplemente una delicia. Con algunos trazos gruesos, sí, porque el director es el mismo Mel Brooks de History of the world, part I (1981), Spaceballs (1987) y Robin Hood: men in tights (1993), pero, ¿quién que la haya visto no recuerda la frase «Oh, misterio de la vida, por fin te he encontrado» en labios de Elizabeth (Madeline Kahn) al tener sexo con el monstruo (Peter Boyle)? ¿Creen que es fácil conseguir que todo el mundo recuerde una línea de diálogo y la incorpore a su vida, hasta el punto de tenerla presente medio siglo después?
Pero la película es mucho más que diálogos divertidos: la elección del blanco y negro contrastado como criterio fotográfico, en evidente homenaje a la cinta original de 1931, es acertadísima. Y bueno, escoltado por Marty Feldman, Teri Garr y la insustituible Kahn, Wilder demuestra su calibre de comediante, en la misma cuerda de Richard: el individuo torpe e inseguro que despierta la ternura femenina precisamente en virtud de su inveterada fragilidad.
(Por alguna razón, si recuerdo las películas de Richard en el cine, las de Wilder las asocio con la televisión en horario nocturno. Cosas de la exhibición).
Luego está el inefable expreso de Chicago (Silver Streak) a bordo del cual nuestro segundo rubio consolida sus credenciales. Su George es un hombre más comedido, igualmente atractivo para las mujeres… y los problemas: resulta arrojado del tren varias veces, zarandeado y perseguido; sin embargo, se las arregla para ser una especie de héroe. Y, aunque Pryor solo aparece en un segmento relativamente corto de la película, habría que ser ciego para no ver la química entre ambos actores.
Hablando de ciegos, Pryor es invidente y Wilder sordo en la desternillante See no evil, hear no evil (otra frase célebre, esta de Pryor: «¿cómo que soy negro? ¿Y papá lo sabe?»). Aunque lo intentaron antes (Stir crazy, Sidney Poitier, 1981) y después, aquí la pareja resulta insuperable hasta para sí misma. Como sucedía con Cantinflas, no siempre las películas eran buenas, pero ellos las salvaban.
Gene Wilder dejó este mundo en 2016; Pryor (como sugiere su apellido) mucho antes, en 2005. Espero que tengan un montón de proyectos entre manos allá donde estén, que trabajen juntos a las órdenes de un buen director. Después de todo, buenos realizadores muertos es lo que sobra. Solo falta un buen doctor Frankenstein para resucitarlos…
Anoche soñé que me despertaba en un pasillo larguísimo, todo blanco, sin puertas ni ventanas, y veía pasar a personas ataviadas con túnicas también blancas y la vista perdida. No hablaban, pero portaban carteles en los que se leían mensajes como: «950 y no lo bajo. Precio final», «no tengo domicilio, tienes que venir tú» y «ola veve ke ase. En el sueño me asusté mucho: desesperado, agarré por la mano a un tipo que pasaba y le pregunté dónde estaba. «Tranquilo brode, tranquilo. Estás en El Privado».
No es casualidad un sueño así. Vivimos tiempos extraños, en donde todo el mundo vende algo, donde solo los expertos pueden diferenciar una venta de garaje de una buena tanda de ropa puesta a secar, y donde ya no es mala educación taladrar con la vista la bolsa de compra de alguien que pasa cerca para extraer información.
Estamos aprendiendo de mala manera a hacer negocios, ahora que hay una rendijita y que ser asalariado del Estado sin robar, equivale a morirse de hambre. Somos un pueblo al que no se le olvidó un cuentapropismo saludable, sino que se lo hicieron olvidar, extirpándolo sin anestesia, satanizándolo en el proceso. Ahora que nos hace falta sacar la cabeza y respirar, porque ya nadie nos regala nada, nos dan un filito y quieren magia. Vamos largos años a la zaga de un mundo que avanza a zancada larga.
Tarde nos llegó también el internet y aquí estamos, tratando de vender y comprar a la bartola y loma abajo por Facebook, WhatsApp y Telegram, sin tomarnos dos segundos para aprender, por ese mismo internet, cómo redactar un buen anuncio, y entiéndase por bueno, que sirva para vender más.
No voy a coger mi pedacito aquí para capacitar a vendedores emergentes, pero sí voy a decir que la manía de ocultar el precio solo está justificada en pocas situaciones, y que mandar al privado a todo el mundo es una estrategia más mala que el pan de la bodega. Poner el precio demuestra transparencia, filtra clientes, gana tiempo, y da ventaja contra todos los sapingos que venden lo mismo y mandan al privado.
Las plataformas de venta también son tarecos. No hay manera de calificar vendedores ni de revisar reseñas de clientes anteriores. Pulula el vendedor que no coge el teléfono, que queda mal o que propone productos que no tiene. Cuando alguien te dice: «Vendo unos tenis como nuevos, solo los usé dos veces», eso significa que una de esas veces corrió un maratón y la otra subió el Pico Turquino con los tenis, y que el letrero de la suela ya no se puede leer.
He visto anuncios de alquiler, por horas, de juguetes sexuales. Y he visto a personas vendiendo armas de fuego o medicamentos prohibidos dando su celular y su fijo, pero el precio no: el precio al privado.
También he sido yo el que vende. Puse en venta un espejo grande con marco de caoba, y la primera persona que me llamó me dijo que necesitaba que estuviera nuevo de paquete. Le dije que yo me había mirado diez o doce veces, y que estaba seguro de que el fabricante se había reflejado también, pero que, si le interesaba, yo se lo tapaba para que no gastara más reflejos.
Otro señor me solicitó unos bombillos. «Quiero 3 de luz cálida, me los traes a mi casa», me escribió, «me llamo Fernando, después de las 4 de la tarde». No me pude contener y le contesté preguntando como se llamaba antes de las 4.
He visto anuncios de alguien que vende un contenedor de limas para afilar machetes y de un señor que vende un garabato de chapear que fue de su abuelo y se cortó en cuarto menguante. He visto ventas de moto Karpaty con dueño muerto, y propuestas de trabajo de secretaria ejecutiva para muchachas bien femeninas, sin hijos, de 18 a 30, atractivas y con disponibilidad de tiempo, sin que importe si escriben bien en la computadora, saben Excel o han trabajado de secretarias alguna vez.
Incluso he visto anuncios de un Picasso que tiene un señor en El Cerro, y de un kit para poner enemas que es un recuerdo de familia. He visto proponer una tonelada de patas de pollo, Iphones sin pantalla que solo tienen un detallito y «masajes con final feliz, pero hasta ahí». Y de paso, he aprendido que primero le sacas información a un espía entrenado, que la dirección real de la casa que propone un corredor de permutas. Durante un tiempo estuve posteando en Facebook mis respuestas a anuncios de este tipo. Quise ponerme educativo usando el humor como herramienta, pero la avalancha de mensajes y el trabajo por hacer fue tal, que me aburrí un poquito y llegué a la conclusión de que esto no hay quien lo arregle. La mala praxis al anunciar, quiero decir. Aunque bueno, lo otro tampoco. Si no le queda claro qué es lo otro, ya sabe, tíreme al privado.
La población cubana ha experimentado un proceso acelerado de reconcentración urbana que abarca al menos el período que comienza en la segunda mitad del siglo anterior y llega hasta la actualidad.
El grado de urbanización —medido por el porcentaje de población residiendo en áreas urbanas con relación a la población total— alcanzó a ser 77.1% en el bienio 2021-2022, según lo publicado por la estadística oficial (ONEI-CEPDE, 2023, pág. 18).
Lo más notable, además, es que en las provincias en las que tradicionalmente se reconoce los mayores niveles de rendimiento agrícola y desarrollo ganadero, la proporción de población urbana ha crecido de manera desmesurada en detrimento de la población rural. En Artemisa, de la subregión conocida como la llanura Habana-Matanzas, por ejemplo, la población urbana alcanzó a ser 68.8% también en el mismo bienio. Y es todavía más significativo que en cinco de sus municipios se registren porcentajes aún mayores de 70% (Mariel, Guanajay, Bauta, Güira de Melena, Artemisa) y que incluso en uno de ellos, Guanajay, sea superior a la media nacional, alcanzando poco más de 81%.
De la misma manera, en la provincia de Mayabeque (también de la misma subregión), el indicador alcanza un mayor nivel promedio, 72%, y donde los municipios Bejucal, Jaruco, Madruga, Nueva Paz, San Nicolás, Güines y Batabanó superan de manera significativa el 70% y la media de la provincia.
En Matanzas, el grado de urbanización, en el bienio 2021-2022 fue aún mayor. El promedio de la provincia fue 83.5%. Tres de sus municipios (Matanzas, Cárdenas y Calimete) alcanzan valores de 91-93%, mientras que Colón, Perico, Jagüey Grande y Pedro Betancourt registraron más de 80% de población urbana, así como Jovellanos, Unión de Reyes y Ciénaga de Zapata están en el entorno de 71-76%.
Población rural y urbana en Cuba, 2022 / Fuente: Datos procesados a partir de «Indicadores demográficos de Cuba y sus territorios» ONEI 2023
En la cuenca centro-oriental, en la que se encuentra el eje agro-ganadero fundamental del país, las cifras muestran la misma tendencia de reconcentración de la población.
En la provincia Ciego de Ávila, el porcentaje de población urbano fue 74%, mientras en dos de sus municipios -Morón y Ciego de Ávila- fue de 93 y 84%, respectivamente.
En Camagüey, el grado de urbanización se situó en 79%, mientras en los municipios Carlos Manuel de Céspedes, Esmeralda, Nuevitas y Guáimaro, estuvo entre 72% y 77%. En el municipio capital provincial, Camagüey, y en el municipio Florida, incluso se elevó a 94% y poco más de 81%, por ese orden. (1 pág. 22).
Entre la «desruralización» y la «descampesinización»
El fenómeno antes descrito da cuenta de un proceso de reconcentración de la población, vía migración rural urbana, en la que los municipios situados en la base del sistema de asentamientos humanos, aquella una vez denominada «Franja de Base», ha sido sin dudas la más afectada, dada la fragilidad reconocida en su poblamiento y donde, paradójicamente, se han localizado históricamente los empleos agropecuarios y en la que la población había disminuido, en el período 1970-1995, su peso relativo de 46.1% a 38.9%. Y todo ello a pesar de concentrar los residentes de los asentamientos urbanos de base, de los asentamientos rurales de 200 y más habitantes, así como los asentamientos rurales de menos habitantes y la población rural dispersa. (Morejón S., Albizu-Campos E., Montes R., León D., & al., 1997, págs. 39-41).
Es en esta franja, hacia 1995, donde se había detectado una dualidad de procesos simultáneos, de sentido contrario: un aumento de la población en los asentamientos urbanos de base, cuyo peso relativo pasó de 6.6% a 13.3%, en paralelo con una reducción de la población en los asentamientos rurales de menos de 200 habitantes y de la población dispersa, en la que se verifica una significativa disminución de su peso relativo de 30.4% a solo 12.9%, debido a un reducción de su población en términos absoluto de habitantes entre 1970 y 1995 (una tasa de -3.42% en 1970-1981 y de -1.62% en 1981-1995), que pasó de ser 2 068 200 en 1970 (30.4%) a 1 414 800 habitantes en 1995 (12.9%), una reducción relativa de 32%, y que fue conducida por el abandono de las personas hacia el estrato urbano de base, en primer lugar, y luego hacia los niveles superiores del sistema de asentamientos del país (Montes R. & al., 1988) (Morejón S., Albizu-Campos E., Montes R., León D., & al., 1997, págs. 42-43).
Lo más notorio de ese éxodo rural es que los migrantes más jóvenes del período de estudio, 1970-1995, eran aquellos que se movieron de la Franja de Base del Sistema de Asentamientos hacia Ciudad de La Habana, una corriente migratoria de rostro preferentemente femenino y de color de piel blanco. (Morejón S., Albizu-Campos E., Montes R., León D., & al., 1997, págs. 73, 76).
Por lo tanto, no es anómala la caída del peso relativo de la zona rural en el país. Proceso que, parafraseando al sociólogo y demógrafo norteamericano Josef Gugler, podría describirse como «un máximo de urbanización y un mínimo de ruralización», en sentido contrario a lo descrito por ese autor en términos de las transformaciones experimentadas por el sector agrario entre 1959 y 1970 (Gugler, 1980). Sea, un agudo proceso de descampesinización basado en un fenómeno de vaciamiento rural, que algunos autores habían empezado a documentar como el «empuje» del crecimiento urbano a costa de la migración rural-urbana (Ebanks, 1998), incluso a pesar de las políticas implementadas para atenuar o retardar esa migración e intentar reducir la primacía de La Habana (Ebanks, 1998, pág. 12).
Pero la dinámica de la distribución espacial de la población ha seguido su propio curso en vista de la adopción de estrategias de sobrevivencia orientadas a la movilidad hacia espacios de mejores condiciones de vida, tanto en términos internos como hacia el exterior. Y esta dinámica se sustenta precisamente en esas transformaciones realizadas en el sector agrario, en cuyo eje central estuvo siempre otorgarles a las formas estatales de organización económica el peso fundamental.
Breve historia del campo cubano tras 1959
Tras las dos consecutivas leyes de Reforma Agraria, de expropiación de la tierra de los propietarios existentes hacia 1959-1960, el 70% de la superficie cultivable pasó a ser propiedad del Estado, mientras desaparecían las diversas instituciones financieras y compañías que otorgaban los créditos necesarios (Nova G., 2009, pág. 45), quedando un reducido número de propietarios privados, llamados «pequeños agricultores», luego estos fueron pasando en su mayoría por un proceso de cooperativización iniciado en 1974, involucró el 56% de la tierra de esos agricultores (Ramírez C., 1988, pág. 4), y fueron luego agrupados en la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) (Nova G., 2009, pág. 45).
Hacia 1967 surgió la iniciativa de crear alrededor de la capital un cordón agropecuario, llamado «Cordón de La Habana», que abastecería a la ciudad de todas sus necesidades de alimentos en no menos de cinco años a partir de la superficie cultivable que rodeaba la ciudad en aquel entonces, ascendentes a unas 2,400 caballerías, equivalentes a 32,160 hectáreas (Fuentes, 1968, pág. 3).
Hacia 1967 surgió la iniciativa de crear alrededor de la capital un cordón agropecuario, que abastecería a la ciudad de todas sus necesidades de alimentos.
Para eso se preveía la movilización de 500,000 habaneros para la siembra de 50 millones de cafetos, 3 millones de árboles frutales, 1 millón de cítricos, 2.5 millones de árboles maderables, 1 millón de especies ornamentales y 14 millones de plantas de frijol gandul.
Construcción de 80 presas (150 millones de m³), de ellas 7 construidas ya en 1968 con capacidad de 400,000 m³ (Fuentes, 1968, págs. 10-12), sobre la base del desbroce de esa superficie partiendo de la utilización intensiva del equipamiento de la «Brigada Invasora de Maquinarias Che Guevara» y la ulterior preparación de los suelos disponibles para la siembra de la campaña de primavera, incluyendo un plan de desarrollo ganadero, y considerándose que ya hacia finales de 1969 se habría logrado sembrar el 95% de lo previsto, con la intención de crear un espacio productivo propio que permitiera ahorrar los costos de transportación del traslado hacia la capital de esa producción y, de ser exitoso el proyecto, este se replicaría en Santiago de Cuba (Redacción, 2022). Las consecuencias de todo ello y su fracaso son harto conocidas y han sido documentadas en detalle por otros autores.
En el bienio 1969-1970, las autoridades comprometieron importantes recursos materiales y humanos en la consecución de una zafra azucarera en que se lograran producir 10 millones de toneladas de azúcar (Castro R., 1969) (Castro R., 1969), que serían destinadas, en una proporción importante, a la exportación y mejoramiento de la situación financiera del país, y sobre la base de la demolición extensiva de grandes cantidades de otros cultivos y tierras para la siembra de caña, la movilización de la mayor cantidad de personas posibles, incluyendo la posposición de las fiestas por los días feriados de fin de año y la participación masiva de todas las personas movilizables y del personal de las fuerzas armadas (Castro R., 1969) (Castro R., 1969) (Castro R., 1969).
Las autoridades comprometieron importantes recursos materiales y humanos en que se lograran producir 10 millones de toneladas de azúcar.
Del fracaso de este esfuerzo se ha escrito también profusamente, partiendo incluso del reconocimiento de las propias autoridades (Castro R., 1970). A pesar de la paralización virtual del resto de las actividades económicas del país, de los 10 millones de toneladas de azúcar, sólo se alcanzaron a producir 8.5 millones, cuando la zafra se dio por concluida hacia julio de 1970. Una concentración de fuerzas en una sola actividad que distorsionó la economía cubana (Furió, 2015).
Sobre todo a partir de 1975 (Nova G., 2009, pág. 46), se decidió reforzar lo que se dio en llamar el «Movimiento Cooperativista», mediante el cual, y sobre la base de «ir a la búsqueda de formas superiores de producción» en el sector agrario, se pasó a la entrega/venta de tierras de aquellos propietarios, «pequeños agricultores», que habían sido beneficiados por las leyes de Reforma Agraria, dando paso a la formación de las Cooperativas de Producción Agropecuarias y de Créditos y Servicios.
Todo el movimiento posterior y la organización empresarial en la agricultura cubana obedecieron a una política agrícola basada en el principio de la estatización de la tierra (82 % de la tierra total estatal) hasta 1993. El resultado de esta política, a pesar de los avances productivos iniciales, termina desembocando en un estancamiento de la producción general de alimentos, como de la producción per cápita hacia el quinquenio 1986-1990 (Nova G., 2009, pág. 46).
La transformación del campo y el desmontaje del sector azucarero
Hacia octubre de 1993, las autoridades del país deciden dar inicio a un proceso de trasformación estructural en el agro cubano, a partir del sector agrícola cañero: la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), sobre la base de las antiguas empresas agrícolas estatales —de altos niveles de insumos procedentes de los países socialistas y de notable agotamiento como modelo productivo—, dado el gigantismo de su extensión y acumulación de recursos, convirtiendo a los colectivos laborales sujetos a las condiciones anteriores de uso y tenencia estatal, en «propietarios» colectivos, bajo condiciones de usufructo indefinido, sin pago de renta y a quienes les fueron vendidos el resto de los medios de producción de sus antiguas empresas.
El 21 de octubre de 2002, se anuncia de manera oficial el inicio del programa de restructuración y redimensionamiento de la industria azucarera (Castro R., 2002). A partir de la selección de 71 centrales azucareros, de los 155 existentes en ese momento, y otros 14 centrales mieleros para garantizar la producción de miel enriquecida, 85 en total, se decide la «desactivación» de 70 centrales, considerados «descartables», conformados por 50 que de facto habían estado paralizados en zafras precedentes, más otros 20, que tampoco podían garantizar continuar produciendo a un «costo por debajo, incluso, de los cuatro centavos» (Castro R., 2002) por libra de azúcar.
Se decide la «desactivación» de 70 centrales, considerados «descartables», conformados por 50 que de facto habían estado paralizados en zafras precedentes.
Todo ello se hizo, a pesar de los claros ejemplos de otros países como México, la India, Brasil, que mostraban con claridad los efectos en beneficios del llamado «shifting» entre alcohol y azúcar en dependencia del comportamiento de los precios en los mercados internacionales de esos productos.
El impacto en la fuerza de trabajo fue el desplazamiento de casi 100,000 trabajadores azucareros hacia otras actividades, notablemente su enrolamiento en programas de estudio/superación. Al decir de la socióloga cubana Luisa Íñiguez Rojas «Diversas investigaciones han comprobado un retraso relativo más intenso en estos municipios, expresado entre otros componentes más cuantificables por indicadores demográficos desfavorables, como la emigración y la constatación de disminución absoluta (no relativa) de población» (Íñiguez R., 2010, pág. 133).
Mientras, los efectos positivos de tal medida aún siguen esperándose, en contraposición al desmontaje no sólo de la industria principal del país, sino de la base del denominado Complejo Agro-industrial Azucarero, cuya desarticulación fue el efecto «primario», aún no recuperable, de la desactivación de los centrales de los que dependía su producción.
La «drástica reducción de la disponibilidad de recursos y de estímulos a los productores, tuvieron repercusiones desfavorables en la producción, los rendimientos y en la producción de azúcar» (Nova G., 2006), así como en la contracción y virtual desaparición de un sinnúmero de actividades industriales (Alimentación, Producción a partir de derivados -Tableros de bagazo, sorbitol, mieles y alcoholes, etc.-, Energía, Químico-Farmacéutica, …) (Nova G., 2022) que integraban hasta ese entonces el Complejo y cuya consecuencia demográfica, casi inmediata, fue la aceleración del proceso de vaciamiento rural, de larga data, al menos desde la década de 1970, cuando las ciudades principales y capitales de provincia alcanzaron definitivamente protagonismo como «centros económicos, sociales y políticos de sus territorios» (Franco P., 1991, pág. 9) y en la zona rural del país se acumulaba ya una franca reducción, en términos absolutos, de la población (Oliveros B., 2010).
El sector agroalimentario cubano hoy
Véase en la siguiente gráfica la reducida prioridad otorgada a las inversiones agrícolas, lo cual explica el significativo grado de descapitalización del sector. Es de esperar entonces que, con la cada vez más disminuida fuerza laboral, el país tenga que seguir importando alimentos hasta el nivel que permitan sus finanzas externas, para mantener cierto nivel de prestación de bienes asignados a la canasta básica y la satisfacción de las necesidades primarias asociadas a la alimentación.
Monreal, P., 2024 (feb./6), «La estadística oficial indica una incongruencia entre el muy alto peso relativo de la inversión asociada a un turismo que tiene una baja tasa de ocupación y que coexiste con el bajo y decreciente peso de la inversión agropecuaria en un país con inseguridad alimentaria».
Con este panorama, no es de extrañar las declaraciones emitidas por las autoridades del país en el Pleno de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el sentido de que se ha aprobado y promulgado un cuerpo legislativo constituido por «una Ley de Soberanía Alimentaria, y no hay alimentos; […] una Ley de Fomento Ganadero, y no hay ganado; y […] una Ley de Pesca, y no hay pescado«, mientras «más de 380 mil hectáreas de tierra permanecen ociosas» (Díaz-Canel, M., 12/diciembre/2022), elemento que coadyuva a acentuar dos fenómenos que marcan el panorama alimentario del país: una sostenida y galopante crisis en la producción nacional de alimentos y la casi completa dependencia de las importaciones para garantizar la alimentación de la población, que se «ha mantenido por encima de los 2200 millones de dólares estadounidenses desde 2018» (Anaya C. & García A., 2023, pág. 69).
Como muestra de ello, en ese mismo espacio se ofrecieron cifras sobre la producción de carne porcina en una provincia otrora líder en la producción de ese rubro, Sancti Spíritus, que refleja que si en 2021 la producción alcanzó las 4,000 toneladas de carne de cerdo; entre enero y septiembre de 2022 sólo se habían logrado 600 toneladas, intentándose alcanzar las 1,500 toneladas antes de finalizar ese año, equivalentes a la producción de sólo un mes en 2018. Todo ello según la Empresa Provincial Porcina de ese territorio, en un contexto en el que Cuba perdió el 90% de los productores porcinos entre 2018 y 2022 (Muñoz Lima, 2023). La disponibilidad de ciertos alimentos o grupos de alimentos se ha reducido notablemente de 2016 a 2022: arroz, -21 %; frijol, -24 %; viandas, -26 %; carne de cerdo, -44 %; huevos, -11 %; leche, -39 %; aceite, -31%; carne de res, -2%; y harina de trigo, -25 % (Anaya C. & García A., 2023, pág. 69).
Reducción de la disponiblidad de alimentos / Fuente: Anaya C., B., & García A., A. (2023). Alimentación en Cuba: prioridad y situación actual. En A. C. B, D. Echevarría L., D. Roque, & G. Pérez (Edits.), Miradas a la economía Cubana: De la Conceptualización a la práctica (X ed., págs. 65-73). La Habana
Mientras, además de la sostenida distorsión en la estructura de las inversiones que afecta particularmente al sector, en 2023, la agricultura solamente había recibido el 40% del combustible, el 4% de los fertilizantes y el 20% del alimento animal que necesita. Ello muestra indudablemente «una evidente distancia entre los propósitos plasmados en la Conceptualización y el resto de los documentos rectores y la satisfacción de las necesidades alimentarias de la población y, sobre todo, no existe una ruta crítica efectiva para corregir esta distorsión en el corto plazo» (Anaya C. & García A., 2023, pág. 72).
¿Y la población? Una lección necesaria
En ese contexto de inseguridad alimentaria, la marca distintiva es la combinación entre al menos cuatro factores: el fuerte desabastecimiento (antes comentado), la devaluación monetaria; la caída de la capacidad de importación debido a la contracción de los ingresos provenientes de sectores claves, notablemente el turismo; y el despoblamiento rural, ya visto.
La población tiene que lidiar con un aumento explosivo de los precios, dado un aumento del índice de precios al consumidor, que en enero de 2024, fue de 363.83% con relación a 2010, mientras la reducción de sectores claves como el turístico, que apenas alcanza la mitad de lo registrado en 2019 (Muñoz Lima, 2023), ha conducido a una disminución de los ingresos en moneda libremente convertible y consecuentemente, de la capacidad de importación del país —el país adquiere el 80% de los alimentos—, en tanto ha experimentado una disminución que ha tenido claros efectos sobre la situación alimentaria de la población y ha reforzado la imposibilidad de satisfacer la demanda con la producción nacional (Redacción OnCuba, 2023), llevando a un escenario de inseguridad alimentaria.
Sin embargo, en al menos a lo que se le ha dado en consultar a este autor, ningún documento de política o rectores de las medidas implementadas para abordar este tema; e incluso a nivel académico, es posible encontrar un análisis comprehensivo de la situación actual de despoblamiento rural y la crisis en el sector agrario, y mucho menos sobre el problema de la no realización de la propiedad de la tierra y el desaprovechamiento del suelo por parte de las empresas estatales agrícolas, que se encuentran en la base de ese despoblamiento y de la contracción de la producción.
Es común encontrar declaraciones o incluso análisis sobre la «escasez de la fuerza de trabajo» (PCC, 2017, p. 21) disponible para la actividad agrícola en un contexto de descapitalización y de baja penetración tecnológica en un sector en el que normalmente se esperaría, entonces, una absorción de grandes contingentes de trabajadores.
Pero mientras que la reconstrucción del tejido demográfico y social en la base del sistema de asentamientos humanos en el país no se convierta en una prioridad real de la política, el vaciamiento rural seguirá marcando de manera decisiva el rostro de la actual crisis alimentaria que padece la población.
Referencias
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La noticia es que Rusia y Cuba negocian la reestructuración de la deuda millonaria que La Habana tiene con Moscú.
De acuerdo con una información ofrecida por el viceministro de Finanzas de Rusia, Alexéi Sazanov, la deuda de la Isla con Moscú asciende a 277,2 millones de dólares, pero tras una firma del presidente Vladimir Putin, y la aprobación de la Cámara Baja del parlamento ruso, hay un nuevo cronograma y condiciones para el pago que son beneficiosos para Cuba, un país que apenas cumple con los plazos debido al déficit de divisas.
El nuevo plan de pago permitirá saldar la deuda en rublos, postergar los pagos a realizar en el período 2023-2027 para el período 2028-2040, y modificar el cálculo de las tasas por la morosidad en los pagos.
El ministro cubano Ricardo Cabrisas presidirá la sesión número 21 del mecanismo de diálogo y cooperación establecido entre ambos países, denominado Comisión Intergubernamental para la colaboración económico-comercial y científico técnica entre Rusia y Cuba. Cabrisas lidera por la parte cubana esta edición del encuentro luego de que sucedieran otras reuniones entre los 17 grupos de trabajo que impulsan la agenda de ambas naciones.
El reporte de prensa ofrece como detalle específico que sesionó la segunda reunión de las consultas interbancarias, un diálogo en el que participaron varios representantes bancarios rusos y cubanos.
También ha sido noticia esta semana que la Corporación Estatal Rostec donará a Cuba 15 mil lámparas para el alumbrado de las calles de La Habana, con una tecnología acorde a las temperaturas y humedad de la nación caribeña. Cinco mil de estas luminarias ya están en Cuba y las restantes deben arribar en los próximos 6 meses.
Por otra parte, a esta noticia también se une la concreción de un negocio entre una empresa rusa y una cubana. Cuba Ron S.A ha aceptado por primera vez la producción de ron fuera de Cuba, bajo la marca Danza del Fuego.
Según afirma un sitio de noticias económicas Interfax, la empresa rusa detrás de este acuerdo es el grupo empresarial Abráu-Diursó, que tiene como uno de sus accionistas a Boris Titov, conocido por ser el enviado especial del Kremlin para impulsar los vínculos comerciales con Cuba.
Todas estas noticias significan que las relaciones políticas, que tanto se han intentado empujar hacia el área de lo económico y financiero, comienzan, lentamente y sin un impacto palpable aún, a concretarse.
La tímida reacción del sector privado, que aquí se expresa en una empresa vinculada al emisario ruso para construir puentes comerciales, las donaciones en productos claves, y la muy importante reestructuración de una deuda que de todas maneras el gobierno cubano no tiene fondos para pagar, cimentan un vínculo prometido por el discurso político pero que se traduce poco en soluciones y oportunidades para la dura crisis económica que sufre la Isla.
Nuestra opinión es que en este escenario de crisis, Rusia puede ser una mano «solidaria», como lo ha sido en el pasado, sin olvidar que siempre participará en la realidad cubana desde sus intereses particulares, que no tienen por qué coincidir con las necesidades de Cuba, ni con el proyecto de sociedad de los cubanos.
Tampoco puede olvidarse que la Rusia actual dejó atrás cualquier atisbo de socialismo y se intenta consolidar como un polo económico y político en el sistema capitalista mundial. No obstante, un Estado como el cubano, que intenta mantenerse a flote en medio de sanciones norteamericanas y los altos costos de errores y contradicciones internas, no puede darse el lujo de rechazar inversión extranjera, aún sabiendo los peligros que puede tener aparejada.
Varios analistas a nivel internacional coinciden en afirmar que para Rusia, estar presente en Cuba públicamente es una forma de disputar una área que suele ser de influencia de Estados Unidos en un momento en que se redobla el enfrentamiento entre ambos países, con un escenario de guerra concreta, en la que las tropas enviadas por Putin avanzan sobre territorio ucraniano y Kiev depende de fondos de Washington para apenas hacerle frente.
Mantener una relación de amistad pública con La Habana es cafeína para Washington en dos sentidos contrarios: los opositores acérrimos al acercamiento a Cuba porque «La Habana abre las puertas a Moscú», y los que abogan por una mayor presencia estadounidense en Cuba —que pasa necesariamente por el aumento de relaciones diplomáticas y comerciales— porque «La Habana abre las puertas a Moscú». Veremos cuál gana.
La negociación turca
Firma del Acuerdo de Protección y Promoción Recíproca de İnversiones con el Ministro de Industria y Tecnología de Turquía / Foto: Cubadebate
La noticia es que el viceprimer ministro cubano Ricardo Cabrisas concluyó este miércoles 13 de marzo su visita de trabajo a Turquía.
Durante la estancia, Cabrisas y Ömer Bolat, ministro de Comercio turco, firmaron un acuerdo que establece una Agenda Económica bilateral para el período 2024-2026.
Bolat aseveró en redes sociales que el acuerdo incluye un «plan de acción de 41 puntos» el cual abarca áreas como comercio, inversiones, infraestructura jurídica, industria, cooperación técnica, finanzas, transporte, energía, agricultura, salud y medicina, cultura, turismo y educación. También añadió que existe un «creciente interés de nuestros empresarios por el mercado cubano, luego de que nuestro volumen comercial aumentara aproximadamente un 60 % el año pasado, alcanzando los 81 millones de dólares».
Asimismo, el político cubano también se reunió con Mehmet Simsek, ministro de Hacienda y Finanzas, y Mehmet Fatih Kacir, ministro de Industrias y Tecnología. Del encuentro resultó la firma del Convenio para la Eliminación de la Doble Imposición y el Acuerdo para la Protección y Promoción Recíproca de Inversiones.
Otro momento importante fue el intercambio con Serkan Kayalar, presidente de la Agencia de Cooperación y Coordinación Internacional de Turquía (TIKA) y con Fuat Oktay, quien preside la Comisión de Relaciones Exteriores del Parlamento turco.
Según la nota publicada por el medio estatal Cubadebate «El presidente de TIKA reiteró la decisión de trabajar en los proyectos priorizados aprobados para Cuba y la disposición de examinar la inclusión de nuevos proyectos de interés. La realización de proyectos con la isla es expresión de la voluntad del presidente Recep Tayyip Erdogan de impulsar las relaciones económicas y de cooperación con nuestro país».
Esto significa que Cuba ha logrado de forma puntual afianzar sus vínculos comerciales con diversos Estados, incluso con administraciones de derecha —como es la de Erdogan— pero con una visión pragmática de las relaciones internaciones.
En el caso puntual de Turquía, los nexos comerciales se han hecho visible desde la contratación de centrales flotantes al país euroasiático; una solución poco sostenible desde el punto de vista económico y ecológico, pero que ha permitido sobrellevar mejor la fuerte crisis energética que vive la Isla a falta de alternativas más sólidas.
Opinamos que cualquier inversión extranjera y relación es bienvenida en este momento crítico de la economía cubana.
No obstante, resulta sumamente importante observar y exigir la mayor transparencia posible para con estos convenios, en aras de garantizar que no existan cláusulas que afecten la soberanía económica de la Isla —comunes en la relación de un país pobre con otro más desarrollado—, ni favorezcan relaciones clientelares en un momento en el cual la corrupción de altos funcionarios del Estado cubano ha desatado la desconfianza en la ciudadanía, sobre su función como servidores públicos.
El chino en el pozo
El Pozo Varadero en alianza con empresa china / Foto: Canal Caribe
Fue noticia esta semana la alianza entre la Unión Cuba Petróleo (Cupet) y la empresa china Gran Muralla para la conclusión del pozo petrolero de mayor longitud horizontal construido hasta la fecha en Cuba.
Según el reporte de varios medios, la obra denominada «Varadero 1012» fue ejecutada en 546 días mediante un proyecto diseñado por ingenieros y especialistas cubanos con asesoría técnica y apoyo tecnológico de la antes mencionada empresa china.
Un reportaje de la televisión cubana afirmó que «aproximadamente en unos 30 días el proyecto entrará en producción», y que, si bien no resuelve el problema de la crisis de crudo para la generación energética, ayuda a estar más cerca de la autosuficiencia.
Según la revista especializada América Economía, Gran Muralla es una filial de la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC). La empresa llegó a Cuba en 2005 y desde 2019 ha llevado a cabo proyectos de perforación de pozos petroleros, introduciendo en la Isla novedosas técnicas que permiten aprovechar la reserva de crudo en el lecho marino.
Esto significa que las inversiones chinas en la Isla están dando resultados positivos con un impacto directo en un sector tan sensible como lo es el de la energía.
Sobre las relaciones comerciales Cuba-China, el académico cubano Mariano Bullón Méndez en un artículo publicado en la revista Política Internacionalafirmó que «entre febrero de 2022 y febrero de 2023 las exportaciones de China a Cuba han aumentado en 27.7 millones de dólares (91.5%) de 30.3 millones a 58 millones de dólares, mientras que las exportaciones desde Cuba disminuyeron en -11.5 millones de dólares (-37.3%) de 30.9 millones a 19.4 millones de dólares».
También concluyó que «en el campo de las inversiones, Cuba cuenta con una importante presencia de China, aunque las regulaciones vigentes por la parte cubana, lastran en cierta medida las posibilidades de expansión de las inversiones chinas en importantes sectores de la economía».
Opinamos que este tipo de relaciones de cooperación son sumamente beneficiosas para el desarrollo del país, pues no se limitan a la importación, sino que crean las condiciones dentro de la Isla para producir los insumos que necesita la economía nacional.
Los combustibles para la generación energética han sido uno de los talones de Aquiles de la economía cubana, un fallo o atraso en las importaciones provoca inmediatamente los molestos apagones y/o crisis en el transporte.
En un país cuya matriz energética está sustentada en su mayoría sobre la base del petróleo, la estrategia económica debería apostar por una menor dependencia de las importaciones. La cooperación internacional para lograr alternativas en la Isla tanto para la producción de crudo, como para la diversificación de las fuentes de energía, puede ser uno de los caminos.
El Parole se mantiene, por ahora
Juez federal Drew B. Tipton / Foto: Law.com
La noticia es que una corte federal de Estados Unidos mantiene vigente el Parole humanitario al desestimar una demanda para detener el programa migratorio.
A inicios de año, 20 estados administrados por el Partido Republicano y encabezados por la Florida habían promulgado un recurso legal para declarar ilegal la disposición migratoria bajo la justificación de que «los estados demandantes… enfrentan daños sustanciales e irreparables por el abuso del Departamento de su autoridad de libertad condicional, lo que permite potencialmente que cientos de miles de extranjeros adicionales ingresen a cada uno de sus territorios».
La misiva también argumentaba que «el programa los obliga a gastar millones en atención médica, educación y seguridad pública para los migrantes».
No obstante, el juez federal Drew B. Tipton dijo que los demandantes no habían demostrado haber sufrido perjuicios económicos a causa del programa de permiso condicional humanitario. Asimismo, los defensores de la medida del Gobierno federal declararon que los inmigrantes admitidos a través de esta política ayudaban a aliviar la escasez de mano de obra agrícola.
El Parole humanitario, política implementada por la administración Biden como intento de ordenar la entrada masiva de inmigrantes, admite hasta 30 000 solicitantes de asilo al mes procedentes de Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela en conjunto.
El beneficiario deberá presentar una solicitud en línea, llegar en avión y tener un patrocinador en Estados Unidos. De ser aprobado su ingreso, podrá permanecer en territorio norteamericano durante dos años y obtener un permiso de trabajo.
Hasta el pasado mes de enero, aproximadamente 74 000 cubanos habían hecho uso de esta opción, cifra que contrasta con las 425 000 personas provenientes de la Isla que llegaron a la frontera sur de EE UU.
Esto significa que, aunque el programa se mantiene vigente por el momento, está siendo cuestionado por el Partido Republicano. Por tanto, un cambio de administración en las futuras elecciones de noviembre de 2024 podría acabar de golpe con esta política.
Nuestra opinión es que, si bien el Parole no ha podido resolver del todo la crisis migratoria en la frontera, ha sido una opción de migración segura y ordenada para quienes cumplen con los requerimientos.
Al menos en el caso cubano, el programa no ha logrado suplir la demanda de migrantes que salen de la Isla, en la mayoría de los casos, para esquivar la fuerte crisis económica persistente. Por tanto, una política migratoria integral también debería contemplar el relajamiento de las sanciones económicas que contribuyen al agravamiento de dicha crisis.
A pesar de lo antes dicho, aplaudimos cualquier iniciativa que constituya una alternativa a la peligrosa travesía que han tenido que enfrentar muchísimos cubanos para emigrar, que además de poner en riesgo sus vidas, ha enriquecido a las mafias dedicadas al tráfico de personas en América Latina.
La victoria en la corte es una buena noticia, pero, con la consabida objeción de los republicanos, el Parole pende de un hilo. Lo paradójico es que el voto de los familiares de quienes han sido sus beneficiarios, podría ser decisivo para su eliminación.
«Déjate encontrar el modo/ desde el sol de tu ventana/ vístete de abrazos y de fe. /El amor y la cordura, /el sonido de la gente, /agitada y sonriente como tú…». Así me despertaba cada mañana, con la voz de Santi Feliú en la radio, que abría el programa de noticias matutinas de la emisora santaclareña CMHW. En mi infancia aprendí la importancia de estar informada y ese simple gesto me hizo periodista.
En el día de la prensa cubana, no puedo dejar de pensar en los maestros que me formaron y que me enseñaron, en muchos casos, qué tipo de periodista quería ser y en cuál no podía convertirme, bajo ningún concepto.
He sido igual de periodista en medios estatales e independientes. He sufrido censura en ambos. He visto malas praxis, malos tratos, enfoques terribles, dependencia del que paga u orienta desde arriba. Aunque las dos caras de la prensa intenten separarse en discurso constantemente, a fin de cuentas, se cuecen en el mismo caldero insular.
La «clarias»
Tras el triunfo de la revolución en 1959 existían unos 15 diarios de alcance nacional, una decena provincial o local, seis emisoras de radio nacional y 146 locales, cinco canales de televisión en la capital y uno local en la ciudad de Camagüey. Se producían también tres noticiarios de cine y se editaban más de cuatrocientas publicaciones.
En este contexto, según el comunicólogo cubano Salvador Salazar Navarro, se organiza un sistema de comunicación que articula la construcción de «un nuevo consenso revolucionario y que se legitimará en espacios hasta ese momento preteridos en el campo de la comunicación política, como es el caso de la plaza pública y la cartelística».
El autor antes mencionado destaca que en los inicios de la Revolución ese entorno mediático acoge un proceso de apertura y diálogo que se caracteriza por la pluralidad. No obstante, tras la adopción del modelo de comunicación leninista soviético, la prensa es «vista como propagandista colectivo, agitador colectivo y organizador colectivo», y por tanto, «se fue configurando un sistema comunicativo caracterizado por la verticalidad y la unidireccionalidad de los flujos informativos, por una atrofia de la cultura del debate».
Se fue configurando un sistema comunicativo caracterizado por la verticalidad y la unidireccionalidad de los flujos informativos, por una atrofia de la cultura del debate
Salvador Salazar Navarro
Por otro lado, el investigador cubano Julio García Luis, explica que la reestructuración de la prensa diaria a partir de 1965 no significa un periodismo mejor. Según él, en ese entonces los medios asumen una postura de disciplina y se amoldan a las exigencias del Partido Comunista de Cuba (PCC). «La adopción de un sistema de control centralizado sobre la prensa se adelantó un lustro al golpe de timón político que siguió al fracaso de la zafra de 1970, 15 y una década a las desafortunadas políticas miméticas adoptadas en la economía y algunos otros aspectos por el Primer Congreso del Partido en 1975», puntualiza.
Dentro de los rasgos de estas nuevas rutinas productivas de los medios, García Luis señala la mediación de los funcionarios, la disminución de la autonomía de los directores, el «síndrome del silencio», entre otros factores que configuran a la prensa cubana como apologética e instrumentalizable a inicios de los años setenta.
Por demás, en 1975, entre las Tesis y Resoluciones en el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba se asumen elementos de la teoría de prensa soviética sitúan a los medios de manera explícita como «instrumentos de la lucha ideológica y política»; que deben actuar «en interés de las transformaciones revolucionarias, como órganos del Partido, del Estado y de las organizaciones de masas y sociales en las tareas de educar, informar, orientar, organizar y movilizar al pueblo apelando a la razón y a la conciencia».
En el citado documento se explicita que el Partido debe dar «una orientación y atención sistemática —en sus distintas instancias— al trabajo que realizan los medios de difusión masiva», algo que los periodistas cubanos que hemos pasado por las redacciones estatales conocemos de cerca; la famosa reunión de los lunes, donde se distribuyen las coberturas y temas, en los cuales las indicaciones del partido tienen un lugar central.
En 1991, durante el IV Congreso del Partido Comunista de Cuba se reafirma a la prensa como instrumento que debía «cumplir con determinados deberes en las circunstancias excepcionales en las que vivía Cuba», reforzando la concepción verticalista y autoritaria en torno a la gestión de los medios.
Durante el IV Congreso del Partido Comunista de Cuba se reafirma la concepción verticalista y autoritaria en torno a la gestión de los medios.
Ya en 2007, las Orientaciones del Buró Político del Comité Central del PCC respecto a los medios señalan que: «funcionarios de organismos estatales se arrogan la facultad de decidir sobre la conveniencia de que se divulguen o no informaciones no secretas ni de carácter puramente internos y que tienen, sin embargo, verdadero interés público».
Es destacable que los medios impresos de alcance nacional en Cuba: Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores, sean como fieles herederos de la influencia soviética, órganos de prensa del Partido Comunista de Cuba (PCC), la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y la Central de Trabajadores de Cuba (CTC); organizaciones rectoras del componente ideológico, que a su vez son decisoras al estar reconocido el PCC a nivel constitucional como un organismo que está por encima del Estado. Buena parte de las organizaciones de masas y algunos ministerios cuentan actualmente con medios de prensa que les representan.
Según la académica cubana Cecilia Bobes, el discurso que se inserta después de 1959 de una prensa para el pueblo que refleje la unidad revolucionaria, viene a justificar a nivel simbólico «la cancelación de la pluralidad y la exclusión de quienes discrepan del proyecto socialista, los cuales resultan definidos como enemigos (no cubanos), y de este modo la cubanidad se delimita a partir de una elección ético-política». Coincido en que los medios oficiales han sido edificadores a lo largo de la Revolución cubana del discurso del enemigo, «los contrarrevolucionarios» y la «escoria». No obstante, esta construcción se da a tono con el momento histórico con mayor o menor intensidad.
Cancelación de la pluralidad y la exclusión de quienes discrepan del proyecto socialista, los cuales resultan definidos como enemigos (no cubanos).
Cecilia Bobes
Por poner algunos ejemplos, en el periódico Granma apareció el 23 de abril de 1980 «una antología de consignas recogidas para la celebración de la llamada “Marcha del Pueblo Combatiente”, que se desarrolló el 1 de mayo de ese año en respuesta a los sucesos de la embajada del Perú». Entre los mensajes recogidos por el diario oficial se encontraban algunos que se repiten 40 años después: «¡Qué se vayan!» «¡Gusanos, si sacan los pies se los cortamos!» «¡Qué se vayan los parásitos y la escoria!» «¡Mi ciudad más limpia y bonita sin lúmpenes ni mariquitas!» «¡Fuera las ratas!» «¡Qué tiemblen los flojos, el pueblo entró en acción!» «¡Gusanos, ratones, salgan de los rincones!» «¡Nuestra Patria limpia y pura, qué se vaya la basura!» «¡Gusano, lechuza, te vendes por pitusa!» ¡Cuba, qué linda es Cuba, sin los gusanos me gusta más!».
Varios estudiosos del sistema mediático cubano coinciden en que el trabajo de los medios oficiales en Cuba carga con deficiencias históricas, como la incapacidad de definir sus prioridades informativas, el ejercicio de la censura, el limitado acceso a las fuentes de información, la falta de creatividad en el ejercicio periodístico, la imposibilidad de responder a las demandas del público y a ello sumaría el componente ideológico de los medios, que los convierte en estructuras donde la crítica al Estado, el partido y el gobierno se limita a casos específicos de corrupción menor, y reproducción de notas oficiales después de que el funcionario fue tronado.
La crítica al Estado, el partido y el gobierno se limita a casos específicos de corrupción menor, y reproducción de notas oficiales después de que el funcionario fue tronado.
Por demás, añadiría que aproximadamente desde 2019, los medios cubanos estatales han sido cruciales en la criminalización del disenso. Programas como Con Filo, Hacemos Cuba o el Noticiero Estelar, así como, en menor medida, un grupo de comentaristas de la prensa escrita, han centrado su agenda en la denuncia de lo que ellos asumen como «contrarrevolución», categoría difusa para estigmatizar a todo el que disienta abiertamente de las políticas del PCC, sea de derechas o izquierdas.
Hasta mayo de 2023, Cuba no tenía una Ley de Comunicación que regulara el entorno mediático. Al respecto, el periodista y exrector de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Raúl Garcés, explica que este instrumento «dotaría de respaldo jurídico el desempeño profesional de los periodistas, reivindicaría a la información como derecho público y articularía de modo más orgánico las relaciones con las fuentes».
No obstante, con la aprobación de la nueva ley, no se resuelve la dicotomía de si los medios oficiales son instrumentos del Estado o tienen cierta independencia, puesto que, no solo prohíbe el periodismo independiente, sino que especifica que los medios «fundamentales» solo pueden pertenecer al Estado u asociaciones reconocidas por este, o ser comunitarios. La ley explica, además, que el objetivo de los medios nunca puede ser subvertir el orden socialista y deben registrarse en una entidad estatal.
Por demás, dicha ley prohíbe a los medios estatales alentar el odio y la violencia entre las personas, así como «acosar, coaccionar, humillar o discriminar» por motivos que incluyen la raza, el género, la etnia o la discapacidad, pero excluyen la ideología.
En su tesis doctoral, Abel Somohano señala que en Cuba existen:
medios oficiales (vinculados al Partido),
publicaciones religiosas
medios de oposición política
corresponsalías de prensa extranjera
iniciativas emergentes en el entorno digital.
A pesar de que en la mayoría de los documentos programáticos que regulan la prensa «pública» cubana, se afirma que esta se debe «al pueblo», lo cierto es que en la práctica ha estado atada a los caprichos de funcionarios partidistas, en la mayoría de los casos bien alejados de los intereses de las bases populares.
Si bien algunos periodistas y directores han logrado «colar» en estos espacios trabajos críticos, palidecen ante un mar de propaganda y justificaciones cada vez más alejadas de la realidad palpable del ciudadano de a pie. Los intentos de mantener agendas cercanas a la ciudadanía de forma continuada —como trató de hacer con sus aciertos y desaciertos la Revista Alama Mater— han sido exterminados por el autoritarismo verticalista.
Los «odiadores»
Los medios digitales independientes surgen con el auge de la blogosfera en Cuba en la segunda década de los 2000. Ya desde 2016, con la visita del presidente Obama a Cuba, se apreciaba un panorama un poco más favorable para estos, y con el acceso masivo a Internet en 2018, se amplía su público.
La Constitución de 1976, en el artículo 53 «reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista» y especifica la imposibilidad de existencia de medios privados. No obstante, el artículo 55 de la Constitución de 2019 reconoce la libertad de prensa, pero continúa especificando que los medios fundamentales solo pueden ser de propiedad socialista de todo el pueblo, o de las organizaciones políticas y de masas.
Por tanto, la existencia de los medios independientes cubanos constituye en sí una dicotomía alegal en Cuba. Esa falta de reconocimiento desde la ley, pone a los periodistas independientes cubanos en una postura de vulnerabilidad. Un freelancer en Cuba se dirime entre la ausencia de derechos laborales, la precariedad económica y el acoso de los organismos de seguridad.
Históricamente la espada de Damocles de los medios independientes en Cuba ha sido la «independencia» y esta se remonta al concepto mismo de la libertad en sí. No intento escribir un tratado de filosofía, solo citaré el concepto de libertad de un amigo, un hombre común: «somos más libres en la medida en que no dependamos de otros». Como mismo el medio estatal responde a los intereses del Estado y sus funcionarios, la mayoría de los medios independientes responden a intereses de sus financiadores y dueños.
Como mismo el medio estatal responde a los intereses del Estado y sus funcionarios, la mayoría de los medios independientes responden a intereses de sus financiadores y dueños.
Con ello no voy a tildar a nadie de mercenarismo, ni voy a emitir juicios manidos empleados por el discurso oficial cubano. No obstante, es sabido que algunos de los medios independientes tienen una agenda parcializada y sometida a los intereses norteamericanos y su ética está montada en una gran falacia: «la alianza con el imperialismo para combatir a la dictadura cubana».
Esa politización, ese uso del lenguaje: «castrismo», «ciberclaria», e incluso «dictadura» fuera de contexto; es una toma constante de partido, un servir a una agenda, una hacer activismo desde los medios y, por ende, niega al periodismo en sí y la aspiración de neutralidad, o al menos de compromiso con la verdad. Por ende y, en conclusión: en el sistema mediático cubano, hay muchos sitios independientes gemelos, en prácticas, al sistema mediático oficial.
Por otro lado, existen otros medios que han apostado por un periodismo de rigor y han tomado ese financiamiento, venga de donde venga, para hacer periodismo de alto calibre. Sus agendas se centran en la Cuba que no se ve en los entornos oficiales. Estamos viviendo una época de gran periodismo en el país, de proliferación del ensayo, la crónica, la crítica de arte. Los cubanos somos expertos buscando alternativas y sacando de donde no hay; no tenemos acceso al dato por la censura estatal y aun así hacemos, con nuestras propias reglas, periodismo de investigación.
Por demás, en esta crisis migratoria es fundamental el rol del periodismo independiente cubano. Es gracias a los medios no estatales que está viva la narrativa de la migración en toda su diversidad. Hay medio pueblo fuera de la Isla que no se encuentra en los relatos de la prensa estatal. Es un patrimonio intangible y muy nuestro el de la nostalgia, es otra Cuba, que hemos sabido contar muy bien.
En esos relatos perdidos está también la cara de la pobreza, la persecución política y el conflicto. No tengo dudas de que las agendas de muchos de los medios independientes directa o indirectamente, con mayor o menor rigor, e incluso desde el activismo que señalé anteriormente, han actuado como un agente de rendición de cuentas al Estado y han obligado a sus instituciones a hablar y trazar políticas sobre problemáticas invisibilizadas completamente, antes de la existencia de estos espacios.
En esos relatos perdidos está también la cara de la pobreza, la persecución política y el conflicto.
Por ende, en el caso de los medios independientes cubanos, con sus aciertos y desaciertos, hay mayor representación de una sociedad civil heterogénea, que se decanta cada día más hacia prácticas periodísticas autóctonas.
Hace poco planteaba en mis redes sociales los siguientes retos de los medios independientes cubanos: ¿cómo responder ante la persecución política o el hacer periodismo desde la diáspora? ¿Cómo hacemos los cubanos para hacer periodismo de investigación en una sociedad de cero transparencia de información? ¿Cómo podríamos definir nuestras formas propias de hacer periodismo, partiendo de nuestra capacidad de contar y contrastar? Urge entre los medios independientes cubanos un debate sobre praxis periodística, protocolos de seguridad y nuevas narrativas.
Pedí a periodistas de diversos medios independientes que me contaran las falencias y retos de dichos medios desde sus experiencias. La mayoría coincidió en que en primera instancia los medios independientes son un fenómeno cuya legalidad es ambigua y Cuba carece de un marco legal que incluya protecciones y responsabilidades, y que no convierta la prensa independiente en delito.
Los entrevistados señalaban también un problema de legitimidad que se traduce en la imagen que sus propias agendas y financiamientos les da ante los lectores. La vulnerabilidad económica de los periodistas es otro de los problemas mencionados, ya que estamos sujetos a intereses gubernamentales y conflictos trasnacionales. Por demás, no existe un mercado interno de información que financie desde la ciudadanía a los medios, ni dentro, ni fuera de Cuba. La ausencia de medios comunitarios es otro de los elementos a tener en cuenta. Esta preocupación económica es también compartida por los periodistas de medios estatales.
No existe un mercado interno de información que financie desde la ciudadanía a los medios, ni dentro, ni fuera de Cuba.
Otra de las preocupaciones de los periodistas gira en torno a las narrativas de los medios y el carácter oportunista que tienen en muchos casos, es decir, la manipulación de las audiencias desde el enfoque afectivo de la noticia. A ello añadiría la proliferación de noticias falsas y la falta de rigor y contrastación en muchos casos.
La censura del Estado cubano nunca debería ser justificación para mentir desde los espacios independientes. Con cada noticia falsa o engañosa que se publica, se alimenta la legitimidad de quienes la utilizan como punta de lanza para justificar un modelo de prensa autoritario y alejado de los intereses ciudadanos.
Ser cubano es hoy todo un reto. Nuestra realidad diaspórica, precaria, particular y adversa pone a los periodistas, sean independientes o no, en dilemas éticos y posturas desfavorables para una praxis coherente. Solo nos queda la resiliencia y el sacerdocio que es ser periodista. Entre «clarias y odiadores» nos entendemos. Hay buenos y malos en ambos bandos, pero todos sabemos que, bajo la balacera, nuestros lectores son la razón más poderosa.