Por tatu
Alguien pudiera pensar que el posible cierre de la Radio y la Televisión Martí, perjudicaría al Gobierno de Cuba, o mejor dicho a su sector turístico, y es que desde su fundación, la radio que no se oye y la televisión que no se ve, han incluido en su programación un nivel tan alto de desinformación contra Cuba que a los que vencen el miedo y la visitan todo lo que ven les resulta agradable.
Recuerdo a un amigo panameño, que para venir a estudiar derecho en la Universidad de La Habana, casi tuvo que hacer una huelga en su casa, pues la familia no estaba de acuerdo en que su hijo viniera a este infierno terrenal. Cuando llegó le sorprendió ver la Terminal tres del Aeropuerto José Martí, pues no era de madera como le habían dicho, la calle no estaba llena de militares, con los tanques en las esquinas y para sorpresa suya en el trayecto hasta la beca nadie le pidió perfume, champú o un jabón, del cual traía un inmenso maletín lleno de ellos porque se suponía que aquí no había donde comprarlos. El panameño, así le conocemos, trajo consigo un fuerte par de botas de trabajo porque le advirtieron que aquí tenía que ir a trabajar en el campo, para poder estudiar en la universidad. Muchos todavía recuerdan su cara cuando una noche asaltaron a un muchacho cerca de donde estábamos, para robarle, y cuando todos estaban conmocionados por eso, él comentó que no entendía por qué nos poníamos así, que eso era muy común allá en el barrio donde vivía.
Puede parecer que exagero pero es cierta la historia de “panamá” como la de tantos otros estudiantes que al venir a estudiar a Cuba, desconocen por completo la realidad de la isla o tienen una visión totalmente distorsionada.














En el debate la espontaneidad debe estar acompañada de la instrucción sobre los temas que se debaten. Una cualidad que nos distingue entre todas las especies es nuestra capacidad de pensar antes de actuar.