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Amor de hippies

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hippies

Cuando yo sea joven voy a declararme hippie. Y como tú también lo serás andaremos juntos escuchando músicas prohibidas. Haremos fiestas para nuestros amigos hippies y dormiremos todos bocarriba con las cabezas pagadas formando un asterisco, un copo de nieve, una estrella.

Yo escribiré cuentos infantiles y tú escribirás canciones. Yo querré tener un hijo tuyo y tú querrás cambiar el mundo.

Tú entrarás por mi ventana con un vaso de ron y dejarás sobre mi cama las canciones a medias. Yo guardaré tus manuscritos llenos de tachones y dibujos. Así pasaremos los días solos los tres: tú, la guitarra y yo.

No le abriremos la puerta a los amigos hippies, inventaremos figuras nuevas con nuestros cuerpos y ellos harán la fiesta en el portal con nuestra banda sonora.

Después me castigarán por andar sin ajustadores, por llevar “espendrú”, por aprenderme canciones en inglés y por mi risa compulsiva. Me mandarán a cocinarles a los constructores de una Brigada y tú te irás en un barco pesquero.

Cuando yo sea una viejecita y tenga mis libros de cuentos en un estante, tú aún tendrás ganas de seguir cambiando el mundo.

Nuestros amigos hippies llegarán a mi casa con sus barbas largas y sus caderas gastadas y sus cánceres y sus diabetes. Ya no podremos hacer el asterisco, pero seguiremos cantando canciones prohibidas, ahora más bajito por el miedo a los castigos.

Tú habrás tenido muchos hijos y me recordarás como a una vieja amiga. Yo no apareceré en ninguno de tus éxitos. Las canciones que escribiste para mí, habrán quedado a medio camino entre el papel y la guitarra.

Esas, que serán mis preferidas, las tendré guardadas en una cajita de música.

El alimento del futuro

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alimento
Foto: The New York Times

Los países desarrollados arrojan datos y estadísticas de obligada lectura para aquellos que venimos detrás intentando alcanzar el desarrollo sostenible, en el que el alimento juega un papel primordial.

Uno de los problemas sociales con los que no quisiera que nuestro país chocará cuando alcance el desarrollo sostenible (si es que algún día lo logramos en este centralismo generalizado que impide alcanzar tal meta) es el tema de la cultura alimenticia basada en carne. Tradición que heredamos de nuestros padres y continuamos legándole a nuestros hijos.

Por más que la ciencia demuestre que:

  • Los seres humanos solo necesitan unos pocos 60 gramos de carne en nuestra dieta semanal.
  • De continuar este tipo de prácticas alimenticias no solo continuaremos destruyendo nuestro ecosistema (más del 18% de los gases de efecto invernadero son producidos por los animales de granja, en especial las vacas) sino que además ya hay estudios científicos diciéndonos que de seguir así en los próximos 40 años acabaremos con prácticamente todos los peces del planeta.
  • Producir una sola libra de carne vacuna requiere del consumo de 2,500 litros de agua.
  • Producir 1 solo litro de leche requiere del consumo de mil litros de agua.
  • Actualmente ya solo el 2% de biomasa del planeta son animales salvajes, es decir la intervención humana ha transformado por completo el ecosistema del planeta.

Gracias a nuestros padres y abuelos hoy vivimos en un país donde por denunciar la mafia de poderosos que viven de la creación de grajas vacunas no vamos a terminar con una bala en la cabeza (como sucedió a más de mil activistas en países como Brasil), terminar demandado o perder nuestro espacio para escribir con libertad en algún medio, como le ha sucedido a muchos periodistas en países como EE.UU donde la ganadería y las armas no se pueden tocar ni con el pétalo de una rosa.

Gracias a ellos no pasará, ahora aprovechemos esa libertad y asimilando estos datos, transmitamos una cultura alimenticia balanceada a nuestros hijos.

Ataques acústicos: corredor en círculo

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Donald Trump sonríe junto al Secretartio de Estado Rex Tillerson en la Oficina Oval. Foto: Voanews


Por: Osmany Sánchez

En la jerga de los submarinos durante la Segunda Guerra Mundial se conocía como “corredores en círculos” a los torpedos defectuosos que una vez lanzados al barco enemigo, regresaban y destruían el submarino del que fue lanzado. La historia de los diplomáticos norteamericanos supuestamente víctimas de ataques acústicos ha generado dudas en la comunidad científica.

No dudamos que efectivamente los diplomáticos hayan sufrido afectaciones, pero estamos seguros de que el gobierno cubano nada tiene que ver con ello. Hasta ahora las autoridades norteamericanas se han valido de un lenguaje cantinflesco para no decir nada, pero eventualmente la verdad saldrá a flote. Hay grandes probabilidades de que esta historia se convierta en un corredor en círculo para la administración Trump.

Los próximos movimientos por la parte estadounidense quedan en manos de Rex Tillerson el Secretario de Estado y la capacidad que tenga Marco Rubio de presionar desde el Senado. Mientras, el pueblo cubano en ambas orillas ya está pagando un precio. El corredor en círculo será el karma contra quienes promueven el odio y la distancia.

Ser como Fidel

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Un amigo me comentaba sobre sus recientes lecturas de contenido político: El Contrato Social, El Príncipe, entre otros. Algo llamó su atención… Mi Lucha de Adolf Hitler. Ahí encontró un fragmento que en mi lectura de la obra pasé por alto: “Los jueces de este Estado pueden condenarnos tranquilamente… la Historia… romperá un día sonriente esta sentencia, para absolvernos a todos nosotros de culpa y pecado”.

Ciertamente es curioso. Resulta evidente para cualquier cubano la analogía que se pudiera establecer. Es la misma idea con la que se da título al histórico alegato La Historia me Absolverá, del Comandante Fidel. Ya ha sido usado en ocasiones por sus detractores para intentar cuestionarse sus capacidades. Sin embargo, tal comparación en realidad genera un efecto contrario sobre su figura.

Es la misma idea, eso no admite discusión. ¿Quiere decir entonces que estaba Fidel copiando a Hitler? No, claro que no, incluso esa idea puede encontrarse en la obra de Émile Zola. Hay que suponer que Fidel como todo grande de su época leyó Mi Lucha, el Che Guevara también lo leyó y lo cita en su cuaderno de apuntes filosóficos. No se debe desconocer esto, hacerlo le quita respaldo a las ideas de Fidel. Él era un intelectual, tenía que haber leído mucho, debemos estar orgullosos de eso. Fidel no andaba inventando locuras, se nutría de los pensadores de su época, y aun más, no discriminaba, sabía que también debía atender lo que había dicho el diablo. Sin duda, entendía el método electivo de nuestra tradición filosófica.

¿Estamos haciendo igual que Fidel? ¿Cuantos compañeros de lucha sabrán de esto? No es una curiosidad histórica, es un elemento asociado a su formación como revolucionario. Estamos decididos y dispuestos a estudiar, conocer, seguir, y sobre todo, intentar ser como él. Queremos saber todo cuanto hizo, pensó, dijo. ¿Sabemos por qué era así? ¿Cuál fue su alimento espiritual y teórico?

Un viejo proverbio chino, dice que si se quiere ser como el buey, no se debe comer al buey, sino lo que come el buey. Cualquier nutricionista refutaría al instante la invitación de ir pastando como rumiantes. Pero hay que ir ahí, a lo que sirvió de alimento, de formación. No se trata de investigar todos los libros que leyó y repetir el recorrido. La senda está en otra parte. Los tiempos cambian, la idea gira en torno a nuestra preparación.

Con apenas unos años más que nosotros, ya Fidel conocía mucho de pensamiento político y había estudiado algunas de las prácticas revolucionarias más importantes de su época. ¿Cuántos hemos hecho eso? El revolucionario no debe dejar de prepararse, de estudiar a pesar de lo agitada que pueda ser en ocasiones su realidad. Si se quiere ser como Fidel, estudiémoslo entonces, que a su edad ya nos sacaba brecha en lo que había hecho, intentemos alcanzarlo.

Desconfía de los ambiguos

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Foto: Agencia de Noticias ANDES

En política, la ambigüedad nunca traerá resultados positivos. En tiempos turbulentos como los nuestros no se puede andar por las ramas, hay que ir a la raíz. Muchas lecciones podemos sacar desde la izquierda revolucionaria de la situación actual en Ecuador.

En un inicio simpaticé con Lenin Moreno pero cuando lo escuché –antes de las elecciones- hablar de “un método diferente” o de “diálogo nacional” le dije aa un amigo que este hombre no me caía bien y que nos iba a dar una sorpresa desagradable. La vida me dio la razón.

No es que esté en contra del diálogo en sí, siempre que sea con alguien que quiere construir y que las diferencias no sean de principios. En el caso de Ecuador, el presidente Lenin Moreno llegó a la presidencia gracias al enorme legado de Rafael Correa, pero inmediatamente comenzó a desmontar diez años de Revolución Ciudadana, entregando el país a la misma derecha que no cesaba de atacar al gobierno anterior.

Dicen que la izquierda está acabada. Es satanizada y vilipendiada por la prensa corporativa pero no he visto todavía a alguien que, presentándose como candidato de izquierda, haga un discurso neoliberal o de derecha para ganar unas elecciones. Sucede lo contrario.

Los derechistas disfrazan sus verdaderas intenciones con un discurso progresista y luego sacan su verdadera cara. Discurso de izquierda y giro a la derecha, esa parece la estrategia. No olviden que hace unos años Enrique Capriles en Venezuela copió el lenguaje del chavismo durante su campaña contra Maduro.

¿Qué puede aprender Cuba de lo sucedido en Ecuador?

Primero que, por su naturaleza, la derecha y la contrarrevolución no hará jamás una oposición leal. Recurrirá siempre a la mentira para confundir y ocultar sus verdaderas intenciones.

Segundo que, debemos tener bien claro qué es lo que queremos y no queremos para nuestro proyecto social, desconfiar de aquellos que por ambiguos no se expresan claramente.

Desconfía de quien no es capaz de decir las cosas de frente, aunque le cueste

Trump y la fruta madura

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Foto: Alternet

En la política norteamericana existen los llamados corolarios que marcan de manera indeleble sus posiciones ante determinados temas y países. Uno de los más antiguos es el de la Fruta Madura, que guía su relación con Cuba. Su autor fue el Secretario de Estado John Quincy Adams, en el lejano 1823, con el objetivo de evitar que España le entregara la codiciada Isla a los ingleses en caso de un conflicto con los EEUU.

La famosa Doctrina Monroe fue inspirada por ella, así como la Joint Resolution, la Enmienda Platt y toda la política hostil hacia la Revolución Cubana, no tanto por socialista como por coronar el ciclo independentista y arrebatarles el control de la Llave del Golfo sin cortapisas.

Por eso no hay tregua con la Isla aunque haya concluido la Guerra Fría, ni recibe el tratamiento comercial concedido a Vietnam y China, enemigos pasados y presentes del Imperio y gobernados por partidos comunistas desde mucho antes que Cuba.

Que un presidente liberal e inteligente como Obama –recuerden el smart power– haya intentado aplicar ese corolario mediante un tibio acercamiento, tras medio siglo de fracasadas políticas de fuerza, no podía ser el camino a seguir por una administración tan disparatada como la actual que, en apenas medio año, ha hecho recordar a Reagan y al pequeño Bush como  estadistas inteligentes.

En estos días asistimos al novedoso Show de los Ataques Sónicos que, aunque parece salido de un filme de ciencia ficción o la saga del Agente 007, ya ha sido pretexto para la expulsión de diplomáticos cubanos y el recorte del personal de la embajada en La Habana. La cosa se complica aceleradamente porque Trump tiene deudas políticas con el nuevo as de la actitud hacia Cuba y América Latina: Marcos Rubio, enemigo jurado de Cuba y Venezuela. Parecería que el invierno se acerca.

No obstante, el pretexto me parece muy débil aún y lo alcanzado en dos años y medio de relaciones difícilmente pueda ser tirado por la borda a pesar de los deseos del presidente histriónico y su nuevo aliado floridano. Sinceramente, no hallo que las licencias concedidas por Obama para autorizar viajes a Cuba, las otorgadas a compañías aéreas y los acuerdos de colaboración entre instituciones gubernamentales, para solo mencionar algunas aristas de las incipientes relaciones, puedan ser  borradas de una trumpada.

Por otra parte, son varios los grupos de presión en los EEUU que también desean un acercamiento con Cuba por fines económicos -agricultores, comerciantes y sus representantes políticos-; sociales; científicos y hasta militares y de seguridad, que debían pesar más en la balanza del State Department que las deudas políticas del mandatario con los halcones de La Florida.

Sin embargo, como Trump ha demostrado con creces, su política interna y externa suele ser dura y agresiva hasta los extremos y hay que estar preparados para lo peor, aunque sea por un asunto baladí como el de estos días.

Al menos esta incertidumbre -que espero sea pasajera- nos debe servir para afianzarnos en el criterio de que lo que haya que hacer para el bien de Cuba tiene que salir, en primer lugar, de transformaciones al interior de la sociedad cubana que incentiven el incremento de la producción y la productividad del trabajo y que garanticen el bienestar de la gente a partir del talento y el aporte de los individuos y los colectivos, sin soñar tanto con el supuesto maná que nos caerá del cielo el día que se termine el bloqueo y los inversionistas extranjeros nos inunden de capitales, mercados y tecnologías de punta.

Si en casi dos siglos de aplicación de La Fruta Madura ningún presidente ha podido tragársela completa -aunque estuvieron a punto-, difícilmente lo haga este nuevo Duce, con sus inciertas trumpadas, en contra de los intereses y aspiraciones mayoritarias del pueblo cubano de ambas orillas, de amplios sectores económicos y políticos de los mismos EEUU y de la casi totalidad de la comunidad internacional.

Represión en Cataluña (+Fotos +Video)

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Hoy el Gobierno español recordó los tiempos de la dictadura franquista. Disparó balas de goma contra la población, golpeó a personas desarmadas y evitó que tuviera lugar la votación sobre la independencia. Quien apela a la represión electoral le teme al resultado y a la democracia. Ese es el gobierno español que por mucho tiempo ha querido darle lecciones a Cuba.   Ahora a esperar la condena de Estados Unidos y la posición común de la Unión Europea…

Compartimos las imágenes con nuestros lectores:

Foto: AFP
Foto: AFP
Foto: AFP
Foto: AFP

Huracanes y tareas pendientes

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Foto: Ismael Francisco

Algunos casi lo habían olvidado, pero la destrucción que ocasionan los pavorosos fenómenos meteorológicos que son los huracanes tropicales, deberían ocupar un lugar bien alto en la agenda de los decisores políticos de las naciones que son blancos potenciales. El hecho cierto es que si bien la probabilidad de ser afectado no es tan elevada, la imprevisibilidad y la magnitud del daño aconsejan todas las previsiones posibles. Aunque no es el tema central de este artículo, conviene echar un vistazo a los pronósticos de varios científicos en el sentido de que se puede esperar que la potencia de estos meteoros se convierta en un peligro real, habida cuenta del aumento de la temperatura superficial de los mares, su combustible natural.

Además de la estela de destrozos, el azote de uno de estos es una oportunidad única para comprobar el nivel de desarrollo de los países y la solidez de sus instituciones. Los avances alcanzados por Cuba en el manejo de este tipo de desastres han sido reconocidos internacionalmente desde hace mucho tiempo, incluso han surgido algunas iniciativas enfocadas en establecer las claves del éxito cubano y compartirlas con los países de esta región, expuestos a fenómenos similares. Los logros son indiscutibles, especialmente teniendo en cuenta los recursos económicos disponibles.

En muchos sentidos, en Cuba se aprecian los aspectos fundamentales de una estrategia acertada:

  1. Educación e integración de las comunidades
  2. Incorporación de todos los actores de la sociedad
  3. Aprendizaje activo de experiencias pasadas
  4. Desarrollo de capacidades propias para el monitoreo, incluyendo formación de profesionales.

Esto ha permitido, en primer lugar, que la Isla se compare favorablemente con países vecinos en el número de víctimas fatales. Y cuando estas ocurren, la mayoría de los casos están asociados a la irresponsabilidad individual. Después de la gran crisis económica de los noventa, se comenzó a prestar una renovada atención a las pérdidas económicas, incluyendo las posesiones de los ciudadanos. Anteriormente, el enfoque otorgaba una atención menor a este asunto. Las interpretaciones eran variadas. Para muchos, esto constituía un símbolo más de la superioridad del modelo cubano y su substrato humanista. La vida humana es lo único importante, lo demás se puede restablecer después.

Para otros, era un síntoma más de la disfuncionalidad del sistema, a través del descuido de la importancia de las propiedades y el resto de los bienes económicos. Las duras condiciones económicas que sobrevinieron contribuyeron decisivamente a adecuar la estrategia a nuevas circunstancias.

En estas condiciones se estableció una distinción importante entre la protección de los medios de producción y el patrimonio público, y el cuidado de la propiedad familiar e individual. Ambos son importantes, pero a las familias se les pidió una participación más activa en la protección de sus bienes. Asimismo, fue variando el papel del Estado en la restitución de los daños. Desde una responsabilidad casi universal y paternalista, hasta un compromiso “compartido pero diferenciado”, con un rol más decisivo de la ciudadanía. En economías de mercado con sistemas financieros profundos y bien desarrollados, una parte de esta responsabilidad es gestionada a través de las agencias de seguro. Este es un instrumento con escaso desarrollo en nuestra realidad, que podría ser una alternativa adicional para lidiar con este tipo de fenómenos.

Lo que visibiliza un huracán constituye casi una revelación pública de aquello que no funciona tan bien. Las imágenes trasmitidas por los medios masivos, tradicionales y nuevos, llaman la atención hacia realidades que a veces ignoramos. Irma fue un huracán potente y enorme, pero la mayor parte de las viviendas destruidas eran muy endebles de todas formas. Se ha calculado que el déficit habitacional ronda las 880 000 viviendas, de ellas casi un cuarto de millón en la Capital. Desde 2005, los ciclones han afectado 1,2 millones de viviendas, destruyendo totalmente casi 150 000 de ellas.

En el Censo de Población y Viviendas del 2012, se reportó que el 46% aproximadamente de las unidades de alojamiento tenían cubiertas (techos) de materiales ligeros, en general no aptos para soportar fuertes vientos. Además, la quinta parte estaba construida con madera y otros materiales endebles. En la práctica, la coincidencia entre una y otra condición es del 100%, por lo que al menos el 20% de la población estaba en situación de riesgo agravado. El ritmo anual de viviendas nuevas construidas ha caído a niveles muy alejados de las necesidades. El número de unidades terminadas ha venido disminuyendo en cada uno de los últimos diez años. En 2016 se terminaron un poco más de 22 000 viviendas, casi el 60% de ellas por “esfuerzo propio”.

La situación habitacional no es un problema nuevo. En la segunda mitad de los ochenta, cuando se construyeron más viviendas nuevas en Cuba que nunca antes y parecía que estábamos en el cénit de nuestro empuje socioeconómico, se reportaba un déficit de más de medio millón de unidades. Es decir, la crisis agravó las carencias, pero no creó esta dificultad.

La vulnerabilidad de la vivienda es de suma importancia, dado que es ahí donde también se protegen el resto de las pertenencias, por lo que una vivienda segura constituye casi una condición para preservar el patrimonio, es incluso la vida. Este asunto, que consistentemente es señalado por la ciudadanía como uno de los mayores problemas del país, no ha tenido una evolución favorable. Si acaso, lo contrario. El ritmo de construcción de nuevas unidades se ubica desde hace mucho tiempo muy por debajo de los niveles que permitirían el reemplazo de las unidades en peor estado y el crecimiento natural de la población.

La tensión entre la calidad de la vivienda y su costo, en un contexto de estrechez económica, casi siempre se resuelve en contra de la primera. En nuestro contexto, el ejemplo clásico lo constituyen las cubiertas ligeras (tejas, fibrocemento, zinc). Su producción masiva es barata y rápida, lo que permite resolver el problema a corto plazo, a cuenta de una vulnerabilidad que se difiere hacia el futuro.

Aquí es necesario dirimir dos cuestiones complementarias. Por una parte, parece sensato asumir que en nuestro contexto los recursos no son suficientes para revertir esta práctica, pero quizá se podría comenzar un plan modesto que permitiera que cierto número de unidades pasaran a usar cubiertas de placa o similares, más resistentes. Asimismo, es bien conocido que la prisa durante la reconstrucción lleva a que el mismo uso de esos materiales no sea el mejor, acrecentando los problemas. Este autor es testigo de la resistencia que pueden alcanzar algunos techos ligeros cuando se han cumplido las normas tecnológicas previstas para su montaje. Por supuesto que la solución deseable a largo plazo es que la proporción de viviendas en estas condiciones se reduzca sostenidamente.

La lección es clara, la tarea de minimizar el impacto negativo (humano y económico) de estos fenómenos meteorológicos no estará completa en tanto persista la debilidad económica de nuestro país. Y esto no depende de la voluntad política del gobierno, que no puede sustituir a la escasez de recursos y la necesidad de construir con los materiales apropiados.

En estos tiempos, que se habla a menudo de estrategias nacionales de adaptación al cambio climático, objetivos de desarrollo sostenible, y plan nacional de desarrollo hacia 2030, tenemos muy buenas excusas para analizar cómo se puede atender adecuadamente este asunto. Si se trata del bienestar de los hogares cubanos, es difícil encontrar un área donde el impacto pueda ser mayor.

El hecho de que sea un asunto nunca resuelto no debe resultar llamativo. En la vivienda, las políticas y las estrategias pueden ser incluso muy buenas, pero la disponibilidad de recursos y tecnologías es una condición necesaria para avanzar. La correlación entre desarrollo económico y calidad del fondo habitacional, es directa y casi perfecta.

La salud de nuestra economía es parte del problema, y por tanto, podría ser parte de la solución.

Tomado de: Progreso Semanal