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El estajanovismo: ¿verdad o mentira?

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Ayer escuché en la radio la palabra estajanovista y tomé nota mental de investigar sobre su origen. Según la RAE, que es lo primero que debemos consultar cuando de palabras hablamos, el estajanovismo es el método ideado para aumentar la productividad laboral, propio de sistemas socialistas, basado en la iniciativa de los trabajadores. Esta palabra se suele usar para referirnos a formas de trabajo sin descanso, buscando la productividad y con cierta obsesión por hacer más y más. Su origen está en la Unión Soviética, como apunta ya la propia palabra.

El movimiento obrero conocido como estajanovismo, comenzó a mediados de la década de 1930 y buscaba el aumento de la productividad por el propio convencimiento de los trabajadores, por su propia iniciativa y sin que intervinieran otro tipo de alicientes para aumentar el ritmo y el tiempo de trabajo. Dentro de ese movimiento, que en sus inicios no se llamaba estajanovismo, destacó el minero Alekséi Stajánov, que sería el que acabaría dando nombre al movimiento y origen a la palabra que ha llegado hasta nuestro idioma. Por cierto, es el tipo de la derecha en la foto que está al comienzo del texto.

Nacido en 1906, consiguió destacar por encima de todos en agosto de 1935, cuando esa idea de la búsqueda de la productividad por parte de los propios trabajadores comenzaba a fomentarse en la Unión Soviética. Stajánov trabajó de forma tan efectiva, concentrada y productiva que consiguió, tan sólo en ese día, el 31 de agosto de 1935, extraer más de 100 toneladas de carbón. Era más de 14 veces el volumen de extracción habitual.

La propaganda incitaba a los trabajadores a no decaer en esa forma de trabajo y poco después otros pozos superaron los números del de Stajánov. La idea se extendió a todas las industrias, más allá de la minería. Tanto es así que se crearon conferencias para analizar cómo aumentar la producción y se formaba a los trabajadores para que fueran cada vez más y más productivos.

La propaganda, como siempre en estos casos, fue clave, así que deberíamos tomar con cierta prudencia los números de extracción de carbón que se atribuyen a Stajánov e incluso los que se atribuyen a otros pozos mineros, que llegan a varios cientos de toneladas en un solo turno de trabajo. Por supuesto, Stajánov fue un ejemplo al que se ocupó el gobierno de poner en primera línea. A partir de aquel 1935 su carrera fue hacia arriba y tuvo diferentes cargos, tanto en las propias minas, como en el Ministerio de la Industria del Carbón, siendo también diputado.

La Unión Soviética le otorgó varias medallas, reconocimientos y órdenes. El último domingo de agosto era un día dedicado al minero de carbón, precisamente en su honor por aquel gran día de agosto de 1935. En 1970, siete años antes de su muerte, fue nombrado Héroe del Trabajo Socialista.

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No sé ustedes, pero después de leer todos los reconocimientos del párrafo anterior, yo soy cauto y no sabría decir cuánto del mito de Stajánov es cierto y cuánto es propaganda, aunque con seguridad destacó en su trabajo. Fue un hombre productivo pero quizás sólo para los intereses del gobierno.

En 1985 The New York Times publicó un artículo que aseguraba que la hazaña de Stajánov había estado organizada por el Partido Comunista y que el minero había recibido ayuda. Todo por aumentar la moral y tener un ejemplo que enarbolar. The Times también publicó un artículo en esa línea y hasta el periódico soviético Pravda, afirmó en 1988 que los logros de Stajánov habían sido inflados.

Lo que no puede negarle nadie a Stajánov es que el estajanovismo es un epónimo en su honor, y no todo el mundo puede decir que ha dado lugar a una palabra derivada de su nombre, fuera con razón o sin ella.

Tomado de: Curistoria

Ciencia y enfoque de género

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Foto: Evaristo Sa / AFP / Getty

Durante los años 70 y 80 del siglo XX confluyeron varios factores que posibilitaron el desarrollo de los estudios sobre Ciencia, Tecnología y Género (CTG). Considerados como parte del denominado «feminismo académico»- se fueron conformando en un campo de estudios con enfoque plural y diversificado, viéndose representados mediante las áreas de investigación, políticas públicas y educación.

Dentro de los aportes de los estudios CTG destacan aquellas investigaciones que han sido fundamentales para determinar los mecanismos formales o explícitos, institucionales e ideológicos, e informales o implícitos de exclusión femenina, presentes en la comunidad científica a lo largo de la historia.

En la actualidad, la existencia de barreras formales e institucionales que limiten la presencia de mujeres en academias e instituciones científicas son cada vez menos recurrentes; en cambio, los mecanismos informales o implícitos persisten ante su carácter de «sutileza» y  «aparente inexistencia», y se reflejan a través de las brechas y sesgos de género presentes en los sistemas científico-tecnológicos.

Una recolección piloto financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)- cuyos resultados han sido publicados en abril de 2018- reconoce que en América Latina se mantienen las brechas de género en ciencia, tecnología e innovación (CTI).

El estudio pone al descubierto la presencia limitada de las mujeres en disciplinasde ciencia, tecnología,  ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), en ocupaciones fuertemente masculinizadas, tales como: las tecnologías de la información y la comunicación [TIC], las dificultades para que las mujeres logren alcanzar puestos de alto liderazgo en sistemas nacionales de CTI, la fuerte presencia femenina en el trabajo no remunerado y las actividades domésticas, así como otros indicadores que denotan la pertinencia de este tipo de estudios.

En Cuba, los estudios CTG aún resultan insuficientes. A pesar de los aportes realizados por investigadoras como: Mayra García Quintana, Dayma Echevarría León, Lourdes Fernández Rius, entre otros, mucho queda por develar desde el punto de vista histórico, sociológico, pedagógico y epistemológico sobre el acceso de las mujeres a los sistemas de ciencia y tecnología y los sesgos de género en sus prácticas, procesos y productos.

Días atrás un colega me manifestaba que las mujeres no tienen capacidades similares a los hombres para dedicarse a las ciencias, pues sus preocupaciones por el cuidado de hijos, esposos y otros familiares, así como el tiempo que dedican a labores domésticas las limitan e inciden en su capacidad de concentración.

Parece irreal que a la luz de la contemporaneidad se esgriman criterios de esta índole; sin embargo, ¿será este un pensamiento aislado, o persisten en Cuba los roles de género en los espacios público y privado y mecanismos implícitos o informales de exclusión femenina que limitan la presencia de mujeres en determinadas áreas del ámbito científico-tecnológico?

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Foto: EFE/ Yander Zamora

Hace meses se publicaron los resultados de la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género, donde tuvo implicaciones el Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE) de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), con la colaboración financiera y técnica de otros organismos internacionales.

Sus resultados denotan la fuerte creencia en el imaginario social de que determinadas actividades, oficios y profesiones no son consideradas «propias» de mujeres, como: electricista, albañil, mecánica, entre otros, y se manifiestan las brechas de género en la carga total del trabajo (CTT), pues las mujeres continúan asumiendo el peso en las labores domésticas y el trabajo no remunerado. Ello denota la importancia de generalizar este tipo de estudios en el entorno de las universidades, e incentivar políticas públicas y educativas para la solución de estas problemáticas.

Evaluar las brechas de género y sus limitaciones en América Latina y el Caribe (ALC) permite encauzar posibles soluciones para el logro de niveles superiores de equidad en el acceso a la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI). Si bien se han reducido las barreras explícitas que impiden el acceso de las mujeres a instituciones, academias y actividades científicas, todavía se manifiestan mecanismos informales de «feminización» y «masculinización» en las comunidades científicas, como en algunas carreras de ingenierías, que limitan el acceso de las mujeres a sus campos de acción.

El estudio de estas problemáticas y otras, su medición, evaluación y las propuestas de solución, constituyen tareas de investigación fundamentales para los actores sociales comprometidos con la aplicación de las políticas públicas de CTI en ALC. De igual manera, los Sistemas Nacionales de Educación deben tener en cuenta las propuestas de los estudios CTG en sus programas curriculares de pregrado y posgrado, y en la superación del personal y cuadros de dirección, para el logro de una sociedad más equitativa en las políticas de ciencia, tecnología e innovación dentro de la comunidad científica a nivel internacional.

Los Cubanos: ¿estamos en las redes sociales?

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Imagen: Dave Simonds

En medio del desabastecimiento panadero de diciembre, un amigo máster en pedagogía me llamó preocupado: “Pernús, asere, ayer le escribí al presidente a su cuenta de Twitter, diciéndole que la situación con el pan está en candela y hoy me respondió con un efusivo twit; creo que estoy metido en problemas gordos.” Aunque parezca algo irrisoria, la historia de marras es completamente real, pasito a pasito nuestra Isla va poblando también el ecosistema digital.

En medio de un mundo enredado por la globalización en lo político, lo económico y lo comunicacional, era una locura vivir en un país de espaldas al fenómeno. Todo esto, teniendo presente la instrumentalización de las redes sociales como punta de lanza de nuevos agentes de cambio que buscan llevar el combate ideológico a ese mundo tan diverso. Pero era como que seguir promoviendo como único dispositivo de horario el reloj analógico, cuando todos en el planeta utilizan ya uno digital.

Además, de ser una exigencia constante de la comunidad internacional a la diplomacia cubana, el mundo entero quería vernos interactuar dentro del incontrolable Internet. Una buena interrogante es: Y cuando estemos conectados, ¿qué? También es decisión de las élites políticas del país fomentar por zonas geográficas el desarrollo de plataformas de gobierno electrónico.

Todo esto viene asociado al relevo generacional dentro de las esferas encargadas de tomar decisiones en Cuba y ha sido una política que ha recibido el apoyo irrestricto del presidente de Estado y de gobierno, Miguel Díaz Canel Bermúdez. Él mismo dio la clarinada, al complacer uno de los pedidos hechos por los periodistas en el último congreso de la Unión de Periodistas y Escritores de Cuba (UPEC) con la apertura de su cuenta en Twiter a finales del año 2018.

Aunque no lo parezca, es importante darnos cuenta que mediante las redes sociales, se interponen en la política canales de comunicación un tanto verticales. En el caso de Twiter, tiene la ventaja de que llega a muchas más personas sin mediación. Pero, con todas sus limitaciones, es imposible no reconocerle a este fenómeno el hecho de que, por primera vez, tenemos la posibilidad de comunicarnos de alguna forma con el presidente durante las veinticuatro horas del día.

Algo que a varios comunicadores nos causó duda es que nuestro actual mandatario eligiera solo Twitter para iniciar su vida pública en las redes sociales; sobre todo porque, en las estadísticas publicadas por ETECSA, se refleja que la mayoría de los cubanos que interactúan en redes sociales, donde están conviviendo es en Facebook. Aunque, y esto puede ser un elemento a subrayar, es Twiter la plataforma preferida por los políticos a nivel mundial y, en los últimos tiempos, algunos líderes de la izquierda como Maduro y Evo Morales, la han utilizado con bastante regularidad.

“Desde hace unos meses, ha existido una migración importante de los adolescentes y jóvenes cubanos a Instagram”[1]. Esto viene condicionado porque los hijos prefieren no participar de plataformas como Facebook, donde ya comienzan a existir sus padres. Es interesante el asunto, si logramos percatarnos de que, dentro de las redes sociales, se ha ido construyendo un planeta digital y cada vez hay más personas e instituciones interesadas en habitar ese ecosistema.

Uno de los grupos que dentro de la Isla están asumiendo con mayor interés el ingreso a las nuevas tecnologías de la información son los emprendedores. Aquí es necesario recordar que, cuando intentamos aprovechar al máximo las potencialidades de estas nuevas plataformas comunicativas, tenemos que conocer con seguridad a quiénes nos dirigimos.

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No debe ser responsabilidad del Estado manejar hasta el más mínimo detalle de las redes gastronómicas. Las experiencias privadas en ese sector son muy positivas (Foto: EFE/Alejandro Ernesto)

Por ejemplo, Doña Alicia, un negocio próspero de comida en La Habana, ha invertido sumas significativas de capital para lograr una infraestructura importante de conectividad interna. Eso le garantiza el poder brindar una mayor información de sus productos a su público. Sobre estos temas hay que ir educando a los emprendedores, pero la ruta ya está trazada y el dinero invertido no podemos verlo como algo que nos va a resolver la vida a corto plazo, sino, como una posibilidad de surfear hacia nuevos horizontes de prosperidad.

Aunque pueda parecer hoy algo futurista, en los próximos años entrará en escena una generación que, mientras come a la mesa, también revisará su móvil para jugar o ver que han publicado de nuevo sus amigos. No es una descortesía por parte suya: es que los Centennials[2] tienen la tecnología integrada como parte de su accionar natural y son gente multitareas. Aunque -ojo- Bill Gates, el multimillonario creador de Microsoft, ha prohibido a sus hijos jugar con sus teléfonos en momentos sociales, y no les permitió utilizar el celular hasta después de los 14; si él lo hizo, por algo será.

Alexa es una instancia de búsqueda que revisa los sitios web más visitados por países. Cuando uno le pone “Cuba”, enseguida aparecen Google y Facebook entre los diez sitios más solicitados de Cuba, que comprenden tres redes sociales. Esto es una señal de que, aunque a veces parezca que nuestro pueblo no está en las redes sociales, sí hay señales importantes de que se está insertando con mucha fuerza en ellas, sobre todo los jóvenes cubanos que andan muy atentos a los patrones de conducta del mundo occidental. Quizás solo de esa forma podamos explicarnos que existan algunos youtubers del patio con miles de seguidores.

Aunque parezca una afirmación propia de una diatriba, el hecho es que hoy crece por día el número de familias cubanas que acceden a Internet, a pesar de los malabarismos económicos hechos a diario para comer;  al menos 7 CUC de la casa se destinan a pagar unos 800 megabytes que “tienen que alcanzar para un mes”. Algunos medios de prensa como El País, en España, han considerado los datos extraídos por las grandes corporaciones del navegar digital cubano, como el petróleo del siglo XXI.

Esto de seguro debe ir cambiando las reglas de lo que asumimos como blogosfera, porque hay países como China que han creado su propio internet, para evitar el robo de información y controlar el acceso a la información de sus ciudadanos. Aunque se ven pequeños destellos, el mundo como lo conocemos hoy, no lo veremos así para el 2050. Un profesional deberá, sin lugar a dudas, ser un hombre o una mujer que domine con gran destreza las herramientas digitales.

Los medios alternativos cubanos tienen una responsabilidad mayúscula para poder sobrevivir; su labor -invisibilizada muchas veces desde la tribuna oficial- tiene que buscar siempre la perfección de su ejercicio cotidiano. Cualquier error que cometan será señalado en forma estruendosa por mínimo que sea. Algo parecido a lo que ocurre desde varias plataformas informativas de prensa extranjera, con la gestión gubernamental del gobierno de la isla.

Es casi seguro que, al circular este texto, seguiremos padeciendo la escasez de harina y huevos, pero contaremos con un mayor número de cubanos debatiéndonos sobre esos temas en una isla digital, donde cada día arribará un número creciente de náufragos.

[1]Nota tomada por el autor del panel sobre redes sociales acontecido en el Centro Cultural Félix Varela el viernes 21 de diciembre de 2019. Palabras de Darío Escobar, director de Somos Jóvenes.

[2]Centennials: características principales de la nueva generación. Una nueva generación se acerca al mercado laboral con una visión muy diferente a la de sus antecesores. Los centennials son niños y adolescentes entre 0 y 18 años aproximadamente, aunque como en todas las épocas, no existe un consenso sobre el año exacto.

La tríada burocrática

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En Cuba el burocratismo es persona non grata: nadie lo defiende, todos lo desprecian, pero no hay manera de librarse de él. Se diría que, desde las sombras, son muchos sus protectores y adeptos. Desde los años sesenta se han realizado infructuosas campañas para erradicarlo pero hoy sigue a sus anchas.

Valdría la pena preguntarse si es necesaria la burocracia para la sociedad, o es un mal que debe erradicarse de raíz. Eso implicaría extirpar a los burócratas cual mosquitos Aedes aegypti. Pero cuidado, la mayoría de las personas que toman alcohol no son alcohólicas, y muchos militares no son militaristas.

Aquí hay tres conceptos diferentes que vale la pena dilucidar: burócratas, burocracia y burocratismo. A simple vista, ellos se mezclan de manera confusa  e incesante y conforman una tríada de naturaleza indisoluble. Por demás, los tres poseen un sentido estricto y otro peyorativo que es preciso deslindar.

La burocracia es la parte de la estructura de una organización caracterizada por procedimientos explícitos y regularizados, división de responsabilidades y especialización del trabajo a partir de una jerarquía y relaciones impersonales. Está presente tanto en los sectores público y privado como Estado, empresas, organizaciones políticas y de masas, religiosas, militares, científicas,  culturales y aun en la sociedad civil.

Cuando se habla de formas de organización social complejas es preciso un aparato burocrático que viabilice el flujo de información y la toma de decisiones. De ahí que tenga su lugar garantizado en las sociedades contemporáneas, sean feudales, capitalistas, o socialistas. Por tanto, no se puede eliminar absolutamente.

La jerarquía burocrática incluye la subordinación estricta de sus niveles inferiores a los superiores (verticalismo). Los inferiores ejecutan las órdenes y orientaciones recibidas y dependen de las decisiones de arriba para resolver cualquier contradicción, duda, o situación inusual que se presente en sus funciones. Por ello, saber amoldarse ante las orientaciones es propio del oficio de burócrata que requiere, por tanto, de cierta plasticidad del carácter.

Cuando es eficiente, la burocracia es útil en cualquier sociedad pues trae consigo ahorro de tiempo y esfuerzos en el funcionamiento de las organizaciones. En el caso contrario, su existencia se torna molesta para todos. De ahí que en el lenguaje cotidiano el término se emplee en sentido despectivo, como expresión de labor administrativa ineficiente, engorrosa y perjudicial para el interés ciudadano.

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Los ocupados en la esfera burocrática son los burócratas, y por ser llamado así nadie debía molestarse. Como personas, no son mejores ni peores que las que pertenecen a otros sectores sociales. Lógicamente, puestos a escoger, prefieren ser llamados: cuadros, funcionarios, empleados, oficinistas, ejecutivos, o por el mero calificativo de sus puestos.

Los burócratas se agrupan en tres niveles: bajo, medio y alto. El bajo, o funcionariado, está conformado por los empleados de una organización que realizan sus funciones en contacto directo con los usuarios. En Cuba, y otros muchos países, criticarlos por su morosidad y falta de calor humano es casi un pasatiempo nacional.

El medio es el de los directivos/ejecutivos, cuadros de dirección en municipios y provincias, jefes de empresas, instituciones, unidades militares, etc. Generalmente son tenidos por grandes culpables de los males sociales a nivel regional y en las organizaciones. Suelen estar más protegidos que los funcionarios inferiores y el acceso directo a ellos es bastante difícil para los ciudadanos comunes. En casi todo el mundo -no así en Cuba-, los medios suelen acosarlos con frecuencia por sospechas de incompetencia y corrupción.

Por último, el nivel más alto entre los burócratas es el de los dirigentes de un Estado, partido, fuerzas armadas, iglesias, consorcios internacionales, o instituciones nacionales e internacionales. Estos se hallan prácticamente inmunes al control social, excepto cuando chocan con intereses hegemónicos de los grandes grupos de poder de los que, a su vez, forman parte activa.

No es posible identificar a los cuadros burocráticos con los líderes, pues los primeros existen solo por haber sido nombrados para cumplir una función en el aparato administrativo, mientras los segundos son conductores de masas, lo que requiere de condiciones excepcionales propias de contados individuos. El carisma del líder y la frialdad del burócrata tienen poco que ver, aunque pueden aparecer burócratas talentosos que alcancen posiciones de liderazgo a golpes de pura demagogia.

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El burocratismo es un concepto bien complicado por tener dos acepciones: por una parte, hipertrofia de normas y trámites que dificultan o complican las relaciones del ciudadano con la administración y retrasan la solución de los asuntos; por la otra, excesiva influencia de los órganos administrativos y de los empleados públicos en la gestión del Estado.

Es medular que siempre se diluciden bien estas acepciones, cosa poco usual. La segunda de ellas es la más peligrosa pues constituye toda una corriente de pensamiento con rasgos bien definidos: mecanicismo, falta de creatividad, rutina, obediencia, impunidad, inercia, corrupción, clientelismo, indolencia y secretismo.

En la práctica, esta imprecisión conduce a que se atrofien constantemente los resultados de las campañas antiburocráticas si los ataques se limitan -como es usual en Cuba- a criticar el papeleo y la morosidad. Así, el verdadero burocratismo renace cual Ave Fénix y consolida su hegemonía.

Paisajes

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Foto: Scott Fishman

Desde que era una niña disfrutaba ocupar el asiento de la ventanilla cuando viajaba en ómnibus. Mis hermanos ni discutían al respecto; privilegios de ser la mayor de tres hijos. Acabo de regresar de Pinar del Río, donde estuve por una semana, y la reminiscencia del traslado de ida y retorno, en el que observé el paisaje durante horas, me devolvió a la feliz época de infancia y juventud.

En aquel entonces el panorama que recuerdo tenía el sello distintivo del azúcar. Cañaverales tras cañaverales y el viento que los movía como en una danza verde. Era una perspectiva que se relacionaba olfativamente con aromas dulzones y predecibles. La provincia matancera fue, en buena parte del XIX, un emporio de la plantación esclavista que trasmitió a sus habitantes, como legados palpables, una fisonomía y cultura altamente mestizadas y un peso de la industria azucarera que llegó con fuerza al siglo XX.

Se podía viajar a lo largo de muchos kilómetros y divisar la tierra sembrada. Ya fuera de caña o de otros plantíos, era excepcional que la regularidad de los surcos se viera interrumpida durante largos intervalos. A pocos pasos de las carreteras, los cultivos. Cosechas, palmas y las vaquitas que tres niños lidiaban por contar, eran las dueñas absolutas del horizonte.

Pasado el tiempo mi relación con la agricultura fue menos contemplativa. Los cursos del preuniversitario los hice en una Escuela en el Campo que tributaba a la Granja Lenin del municipio de Jovellanos, en el que residía. Dedicada a la producción de viandas y granos, el trabajo estudiantil contribuyó a menguar los gastos que el Estado hacía para garantizarnos una instrucción de calidad. Sembrábamos boniatos y papas, chapeábamos plátanos y cosechábamos frijoles, yuca y papas. Aún recuerdo con afecto a la mayor parte de mis profesores y agradezco los conocimientos que me transmitieron, si bien es cierto que separarme de mi familia para estar becada no me agradó nunca.

Durante los estudios universitarios en Matanzas y después, al tener en esta ciudad el primer centro de trabajo, debí viajar casi diariamente y la ventanilla continuó siendo mi puesto de observación. Fue en los primeros años del período especial que me asenté definitivamente en ella. Mi relación cotidiana con la campiña se iría debilitando al asumir una existencia menos itinerante.

El periplo que acabo de hacer me remontó a esas fases de mi vida. Pero, mientras prestaba atención al entorno, no pude evitar las comparaciones. Ni cañaverales, ni surcos, ni vaquitas. Solamente las palmas me permitían un asidero al pasado.

Delante de mis ojos transitaban veloces kilómetros y kilómetros de tierras baldías, donde se enseñoreaban los arbustos y las hierbas, las piedras y el abandono. La decadencia de la agricultura de un país se expresa también en sus paisajes. Quizás, pensé, sea ahora un niño francés el que disfrute de un mar de cañas cimbreantes.

Medios informativos y civilidad

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informativos

Un aspecto de la modernidad es el apabullante impacto que los medios informativos ejercen sobre la mente de las personas. Tal parece que los medios santificaran todo aquello de que tratan. Cuanto se escribe en la prensa o se propaga por la radio, la televisión o la Internet conmociona a las personas con la gravedad de la palabra de Dios.

Pienso que en tal actitud intervienen dos características humanas. Una es nuestra casta confianza que nos lleva a creer que algo que sale a la luz se corresponde esmeradamente con lo cierto. La segunda es nuestra escasa percepción crítica que nos hace aceptar sin indagar ni cuestionar.

Esto facilita que los medios tengan una influencia preponderante en nuestra opinión y que, en muchas ocasiones, no nos percatemos del sesgo que, determinados intereses, le confieren a lo que informan. Sencillamente lo acogemos como parte de nuestra concepción de las cosas y lo repetimos como un hecho dado. Esto es lo que llevó a Marshall McLuhan a decir (refiriéndose a la televisión), “Somos lo que vemos”, que podría parafrasearse como “Somos lo que nos informan”.

Nuestra castidad y carencia de lectura crítica nos llevan a conceder carácter de realidad indiscutible a cuanto se divulga por un canal público. De aquí deriva el peso que en la actualidad alcanzan los medios informativos para conseguir cualquier emprendimiento, bien sea económico, político o cultural.

Si bien los grandes grupos mediáticos saben emplear los medios para generar opiniones indulgentes, incluso llegando al punto de “fabricar noticias”, pienso que otras instituciones serias no han hecho un estudio a fondo de lo que esto puede ayudarlas en sus propósitos, sobre todo en la realización de un proyecto social redentor. El apoyo en un uso radicalmente eficiente y responsable de los medios es inestimable.

equipo periodismo

Llamo medios radicalmente eficientes a aquellos que no tienen más compromiso que con la exactitud veraz de lo que informan y a favor de la colectividad a la que sirven. Su información debe caracterizarse por la objetividad y la variedad en los análisis, el apoyo en la investigación que ayuda a llegar a las causas y naturalezas más profundas de lo abordado, la inconformidad intelectual con opiniones y tratamientos formales, no del todo convincentes, la responsabilidad con los valores éticos que sostienen a la comunidad, así como la proyección socio-cultural creativa en su ejecutoria.

No se trata de informar más, sino con mayor sensatez

El propósito de unos medios eficientes no debe ser prioritariamente formar un público enterado. Si bien esto es necesario, lo vital es ayudar a desarrollar un lector concientemente analítico y participativo. Este es alguien que trata de informarse para indagar más y llegar a conclusiones más matizadas, complejas y personales que le ayuden a orientarse y decidir en el enmarañado mundo donde vive. Es imprescindible promover la inquietud, la duda, el cuestionamiento, la interrogación, para que el sujeto pueda alcanzar un nivel de conocimiento más cierto y útil.

A la vez, estos medios deben ser portadores de una proyección cultural amplia. Hay que cooperar en la educación de ciudadanos en el interés por la cultura en toda su vasta y dinámica significación y relevancia. A través de un enfoque tal se puede conseguir una mayor apertura del pensamiento así como una más amplia diversidad en la expresión del espíritu humano. No se trata de la cultura como un adorno adicional para lucirlo en determinadas ocasiones, sino como un instrumento vital para la sensatez y la sensibilidad en nuestra incorporación y participación productiva a la vida ciudadana.

Es este tipo de proyección el que nos ayuda a entender la complejidad de la existencia, su esencia perennemente cambiante y su infinitud inagotable. Nos saca de la superficial caricatura de un mundo de buenos buenos y malos malos, así como de la asunción de opiniones prefabricadas. Ella nos hace conscientes de la necesidad de imbuir nuestra individualidad de sentido para que el ser biológico llegue a humanizarse y se avenga con la totalidad del ser.

El periodismo así entendido es el que puede ayudar a la educación de un sujeto reflexivo, participativo y cívico, apertrechado de una sólida cultura y, fundamentalmente, de una ética dialogante y transformadora. Es el sujeto que necesitan las sociedades actuales si quieren rebasar el infantilismo generalizado en que todavía vive el mundo, que lo somete a la banalización de los más diversos asuntos, a la irresponsabilidad en la actuación respecto a cuestiones esenciales y la incoherencia para alcanzar las verdaderas metas que demanda el planeta para una existencia armoniosa.

La labor informativa así entendida no se conforma con la visión que alguien proyecte sino que apela a la investigación, al cuestionamiento y la verificación más compleja para llegar a la raíz de los asuntos.

Por supuesto, esta manera de comunicar no creo que se establezca por los grandes consorcios de prensa ni los organismos políticos, cada uno con sus agendas parcializadas. Más bien creo que es la que gradualmente se abrirá paso a través de los medios en manos de la sociedad civil, principalmente a partir de las oportunidades que la comunicación por las redes informatizadas viabiliza. Por su propia vastedad, accesibilidad al ciudadano común y su dinámica efectiva es la que posibilita la genuina democratización de los medios.

redes sociales

 

Por supuesto, sabemos que no todo será límpido y veraz ya que hay de todo en las viñas del hombre, pero solo mediante el enfrentamiento a la diversidad y en la inminencia de tener que elegir y decidir por sí mismo se forma el lector activo, base para el ciudadano participativo. Tales lectores irán decantando qué medios seguir y cuáles rechazar. Ya se sabe que la experiencia práctica es la gran maestra. Elementalmente, no descartamos el empleo de los medios tradicionales (prensa, radio y televisión) por esta sociedad civil. Lo que importa es la actitud hacia la eticidad y la responsabilidad redentora del periodismo que se haga.

Nadie es capaz de imaginar cuánto de dificultades y estropicios le puede ahorrar a un país un periodismo así. El ejercicio informativo entendido de este modo ayuda a una formación cultural más amplia, propicia la educación del civismo, cultiva un lector más crítico, fiscaliza a quienes tienen responsabilidades ante un colectivo humano para que cumplan debidamente sus funciones, promueve el diálogo entre los diversos actores sociales, precave la comisión de delitos y, en general, beneficia la conformación de una sociedad más sana.

Sin embargo, no solo cívicamente sino hasta en términos económicos es favorable este periodismo, pues puede ayudar a detectar fenómenos como la mala administración de recursos, el indebido manejo de los mismos, así como su empleo para beneficios particulares que hacen florecer ese mal que carcome a tantos estados, la corrupción.

No hay que temer qué o sobre quién se informa, ni mucho menos recelar de la denuncia puntual de fenómenos negativos. Ya lo decía Martí, “La crítica es la salud”. Nada ayuda tanto a los enemigos de una empresa humana como ocultar la verdad.

Primero, porque el encubrimiento no resuelve los problemas que existen, segundo, porque ayuda a conformar una actitud deshonesta y, tercero, porque, al conocerse los problemas que inevitablemente saldrán a la luz, da más razones a los adversarios. Lo esencial es que cuanto se revele esté sólidamente sustentado y atenido a la más absoluta verdad. El informador tiene que ser responsable de su criterio. Para exigir por su veracidad están las vías legales.

Solo debe censurarse la mentira y la manipulación

Creo firmemente que la información mediática investigativa, crítica, culta, comprometida con la verdad y el ser humano, que cuente con una inobjetable proyección ética es la que puede ayudar a fundar una sociedad autoconsciente, participativa y cívica. Es esta la que posibilitará alcanzar un ámbito material y espiritualmente lozano y sustentable.

Sujetxs de derecho y religión

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religion
Foto: Kaloian Santos Cabrera

Son muchas las religiones que confluyen en nuestra isla, así como en nuestra cotidianidad. Para entender el entramado de la relación con el proceso revolucionario es imprescindible tener en cuenta el recorrido de las expresiones religiosas existentes. El cuadro heterogéneo religioso cubano, que da paso a un entendimiento de los acontecimientos actuales, tiene un precedente sociohistórico que no debemos pasar por alto.

Nuestro país en su corta historia ha transitado varios modelos socioculturales, el hispano, el africano y el norteamericano, cada uno con expresiones religiosas como el protestantismo, el catolicismo, el africanismo y el espiritismo, como principales referencias. Sin embargo es innegable que existe en nuestro país una religiosidad popular mucho más arraigada que las expresiones organizadas. La creencia en lo sobrenatural y la sincretización religiosa prevalece por encima de otras organizaciones religiosas.

Dibujando una línea de tiempo, quizás un poco acotada para un artículo, se puede ver  una iglesia católica que confluye desde las gestas independentistas, con posturas coloniales principalmente.

La intervención norteamericana posteriormente da paso a una hegemonía de las iglesias protestantes bajo el control de las juntas misioneras, desalojando a los primeros misioneros de origen cubano. Desde entonces cumplieron un papel norteamericanizante. La iglesia católica nunca perdió, durante esta época, su posición privilegiada.

Fue un instrumento fundamental durante la intervención norteamericana para injerir en el accionar social. La iglesia católica siempre ha sido elitista, accionar que se ve reflejado incluso en el presente, donde la religión popular, las afroamericanas y otras expresiones son vistas con ojos cautelosos por esta estructura.

Durante la época de 60 se recrudecen las relaciones entre la iglesia y el estado naciente revolucionario, proclamado laico. El estado destierra a la iglesia católica de su posición de privilegio y hegemonía, lo cual da paso a un sin número de acciones de claro contenido político como reacción.

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El fundamentalismo cristiano rechaza la coexistencia respetuosa con otras religiones y espiritualidades, frente a las que pretende imponerse desde una hegemonía incuestionable / Capturas de pantalla de los perfiles de Facebook de Sandy Cancino, presidente del Ministerio Victoria en la Liga Evangélica de Cuba, Adrián Pose, pastor de La Casa de Gloria y Alexis Mejías, pastor metodista.

A los cubanos y las cubanas no nos gusta que nos repitan las cosas y en esa obstinación nos olvidamos de analizar nuestra historia.

La Operación Peter Pan fue una maniobra liderada por el gobierno de Estados Unidos y la Iglesia Católica, en 1962. Catorce mil niños fueron llevados a orfanatos, casas de adopciones y otros centros con el supuesto argumento de que se les iba a quitar la patria potestad a los padres, como parte del proceso revolucionario.

Desde mediados de los años ’80, luego del proceso de rectificación la revolución toma una postura más concomitante respecto a la iglesia católica principalmente. A partir de los años ’90 se hace más evidente la práctica consecuente. Lejos estoy de negar errores de antaño, pero es preciso recalcar que el mal llamado “conflicto” siempre tuvo una visión unidireccional.

No existe un Estado que pretende desacreditar las expresiones religiosas. Existen religiosos, por suerte no todos, que pretenden desacreditar un modelo político, social y económico revolucionario.

Mi interés no es arremeter contra la iglesia, ni mucho menos contra la religión. Pongamos sobre la mesa varias cartas: Somos un estado laico, donde la religión no tiene injerencia en el orden social, la educación, el poder ejecutivo, legislativo ni judicial. El estado puede garantizar derechos, sin embargo el papel de la iglesia está sirviendo de espacio para que estos no sean garantizados.

Seamos creyentes revolucionarios, hagamos que no sean antagónicos sujeto y adjetivo. El papel del Estado es servir al pueblo, un pueblo con criterio de igualdad. Nos gusta decir que no nos escuchan, sin embargo la referencia más concreta de los últimos tiempos, para desmentir esto me hace dar vergüenza como ciudadana.

Llevar a consenso popular el referéndum constitucional es una situación excepcional en el panorama internacional. Teníamos muchas cosas para discutir, sin embargo en la opinión pública lo que más resonó en las calles y asambleas, fue deslitimigitimar un derecho.

Estoy segura que muchos de los actores sociales quedaron tan indignados como yo.

Algo que ya deberíamos haber aprendido: en nuestra revolución lo que es un derecho no tiene discusión.

La iglesia se hizo eco de una campaña contra la votación positiva para mantener un dogma en el cual los sujetos de derechos, las personas, según ellos, solo deben contraer matrimonio en base a la concepción cuadrada de familia. Muchos compraron, flamearon  cartelitos con una imagen homofóbica, heteropatriarcal, sectorial, discriminatoria.

Detrás de todo esto existe una desacreditación a nuestro proceso, sacar el foco de los que realmente es importante. La iglesia volvió a ser parte de una campaña para frenar un crecimiento que proponía el Estado. No lo llamemos político si nos les gusta; llamémosle social si les parece menos trillado, a través de la campaña del #yovotono y #yonovoto.

Seamos sujetos librepensantes, profesamos la religión que nos plazca, vivamos individualmente como más nos aflore de nuestro ser y dejemos que todos cuenten con las mismas leyes para ejercer sus derechos.

El suicidio de Stefan Zweig

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stefan zweig

Siempre me ha llamado la atención el suicidio de Stefan Zweig y los motivos que le llevaron, a él y a su pareja, a quitarse la vida. Hace un par de días, el 22 de febrero, fue el aniversario de esa fecha, del día en que se quitaron la vida en una cama de Brasil en 1942. Y por ello creo que merece la pena dedicar una entrada a ese triste momento y a la nota que dejó Zweig para el mundo justo antes de apearse de él.

Zweig era austro-húngaro de nacimiento y judío. Escribió relatos, novelas, biografías y hasta algún libreto de ópera, y el éxito fue amable con él, ya que en los años 20 y 30 del siglo pasado era un autor muy popular. Cuando el nazismo llegó al poder y la asfixia a los judíos se hizo insostenible para Stefan Zweig, este emigró, primero a Londres comenzando un peregrinar por América del Sur, del Norte y por algunos lugares de Europa. En 1941 llegó a Brasil para quedarse. Allí, en Petrópolis, a comienzos de 1942, se suicidó.

Triste por el poder del nazismo en su tierra, el escritor temía que la sombra del nazismo se extendiera por todo el mundo, llegando incluso hasta donde estaba. La desilusión lo envolvió y la guerra en Europa, la Segunda Guerra Mundial, le convenció de que la Europa que él había conocido se había deshecho en pedazos.

Antes de suicidarse la noche del 22 de febrero de 1942 tomando veneno, Stefan Zweig escribió una nota. Él y su esposa fueron encontrados abrazados, en la cama, junto a los dos vasos de los que habían bebido, que estaban sobre la mesilla. También encontraron la nota de suicidio, además de otras notas dirigidas a amigos y tratando de cerrar en la medida de lo posible su paso por este lado del Aqueronte.

nota suicidio

La nota de despedida iba dirigida a Claudio de Souza, el presidente del Club de Escritores de Brasil, y lo más triste es la falta de esperanza que se puede intuir en el texto. Posiblemente sabía que en algún momento todo cambiaría y Europa saldría del hoyo, pero no se sentía con fuerzas para resistir hasta entonces viendo como se descomponía su mundo.

La nota decía (las negritas son mías, no de la nota original):

«Cada día he aprendido a amar más este país y quisiera no haber tenido que reconstruir mi vida en otro lugar después de que el mundo de mi propia lengua se hundió y se perdió para mí, y mi patria espiritual, Europa, se destruyó a sí misma.

Pero para empezar todo de nuevo un hombre de 60 años necesita poderes especiales y mi propio poder se ha desgastado después de años de vagar sin asiento. Por eso prefiero terminar mi vida en el momento adecuado, justo, como un hombre para quien su trabajo cultural fue siempre la más pura de sus alegrías y también su libertad personal —la más preciosa de las posesiones en este mundo.

Dejo saludos para todos mis amigos: quizá ellos vivan para ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, más impaciente, me voy antes que ellos.»

Tomado de: Curistoria 

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