Inicio Blog Página 266

El Bueno, el Malo y el Feo

19
bueno

El Bueno combina los estilos universales de moda con los ritmos tradicionales de Cuba, en esto tiene precisión de cirujano. Descemer Bueno es una máquina de éxitos, y sobre todo, de calidad. Aclaración válida en estos días en los que el cantante del año puede ser seleccionado por su influencia en las redes, y no por su música. No es el caso. En resumen es un artista de talla internacional, interpretado por pesos pesados como Enrique Iglesias o Juan Luis Guerra.

¿Cómo es ser un artista cubano internacional? En efecto la fama es cara. La vida privada se compromete, cada palabra desata miles de opiniones, incluso salir a la calle puede ser un reto. Les sucede a todos los famosos, en todas partes del mundo. Pero en Cuba, además, existe otra dimensión, muchas veces ajena a los intereses puramente artísticos.

Los artistas cubanos tienen su propia ración de guerra fría, atrapados entre dos aguas, o entre dos tierras para ser más precisos. El diferendo Habana-Miami corta transversalmente la vida de actores, músicos y escritores de la isla, que surgen aquí y tienen en la península uno de los mayores mercados, sobre todo en el caso de los músicos.

Entonces hay presiones y chantajes, pero se puede salir airoso, incluso quedándose a un lado o al otro del estrecho de la Florida. También se puede salir muy mal parado, y es la trama fundamental del Bueno, el Malo y el Feo, un Western Spaghetti readaptado al trópico.

El cantautor cubano explotó en mil palabras de acusación hacia el gobierno de la isla.

Imputó al gobierno cubano de hacerles la vida imposible a los artistas, de racismo, de abuso de poder y de narcotráfico. Alegó que iba a abandonar su carrera musical porque la presión era demasiada, habló de que sólo quería un futuro para sus hijos, lejos de Cuba donde el salario no les alcanzaría para vivir –quién sabe, son los hijos de Descemer-. Se desentendió de la lucha política y luego llamó a rebelión –cada cual pone el significado que quiera a desentenderse, viva el idioma libre-.

A muchos, la repentina explosión del Bueno les sorprendió, por lo completa y visceral, por lo absoluta. Luego de la sorpresa, vino la indignación de una parte y el apoyo de otra. Quienes apoyan al compositor en su nueva posición creen en otro artista salvado de las fauces del monstruo gubernamental cubano; los indignados lo apostrofan de mentiroso y mercenario, lo de siempre, lo clásico.

Pero esta película tiene innovaciones de guion porque el Bueno tuvo tiempo de sobra para darse cuenta de las faltas imperdonables de las que acusa al Malo, al sistema de la isla -racismo, corrupción, abuso de poder-, sin embargo hasta hace muy poco no se había pronunciado al respecto, por lo que tuvo grandes diferencias con algunos disidentes amarillistas de Miami –no sé si disidente sea el término preciso-, Otaola, llamémosle el Feo, para no romper la analogía de un Western Spaghetti que ya lleva sesenta años.

No, para ellos no es creíble un Descemer renacido, un luchador por la libertad instantáneo, un disidente en polvo. Pero la novedad radica en que ahora el Bueno, además de estar entre dos lenguas de tierra -Habana Miami-, está entre dos fuegos porque además, como era de esperar, la autoridad cubana, el Malo, lo tilda de mentiroso y muchos de los artistas más reconocidos de la isla, de mercenario.

Hasta décimas ha ganado el Bueno, en esa forma peculiar de ira o indignación que caracteriza a los cubanos. De repente el Feo aparece por arte de Youtube fotos del Bueno con altísimas autoridades cubanas, vínculos con la cúpula gubernamental y serias acusaciones del uso frecuente de drogas.

En el otro flanco el Viceministro de cultura Fernando Rojas le agradece por demostrar lo que en Cuba ya se sabía, que existe la mafia cubanoamericana, y Alexis Triana, Director del Centro de Comunicación, coincide increíblemente, quizás sin saberlo, con el Feo al llamarle cantante desafinado y drogadicto. En esencia, la nueva guerra del Bueno es contra el Malo y contra el Feo, que por primera vez en la historia coinciden en algo.

Para el Malo, Descemer es un mercenario; para el Feo, es un agente del G2.

Parece que todos están contra el Bueno en este vodevil que además de amarillo fosforescente, pudiera llegar a ser gracioso si no tuviera implicaciones de índole política detrás porque el Bueno ahora apoya la operación retorno y ha llamado a huelga en Cuba, a derrocar a Díaz-Canel, a acabar con la dictadura.

Sea cual sea su nueva afiliación política, o su nuevo sentir, o que un día se despertó en medio de una dictadura que no había visto o querido ver, o se la inventa, o se la imagina, o la siente porque tiene un primo en custodia policial, o el burocratismo nacional le hace la vida imposible, o le asaltan la finquita, la lucha política cubana nunca debe pasar a priori por la guerra civil.

La responsabilidad, el tacto, la inteligencia de los que disienten, sobre todo si son figuras públicas, son importantes porque hay un país completo implicado y en este punto hasta el que suscribe coincide con el Feo –sin querer- en que la inteligencia con la que se ha movido el Bueno deja mucho que desear. Parece poco meditada, o sujeta a estupefacientes.

Descemer Bueno es la primera víctima de su propia actuación.

Los entramados políticos que mueven este tipo de eventos van más allá de las guerritas mediáticas –baratas- entre el Feo y el Bueno, que son los actores, pero no los guionistas del western. Buena referencia también sería el verso de un cantautor español, que reza: siempre que luchan la KGB contra la CIA/ gana al final la policía/.

Y es que todas estas batallitas mediáticas que se pueden ver en canales de Youtube y páginas de Facebook, risibles, campechanas, chismosas, protagonizadas por artistas e influenciadores –influencers- son pensadas y diseñadas a los más altos niveles de los gobiernos.

Hay que tener en cuenta que además de los tres personajes protagónicos hay un productor con millones de dólares, que no sale en cámara, que sabe perfectamente qué escena va a funcionar entre el público.

Y el público no sabe nada, mira la trama y se la cree, porque para eso es la película, una cinta creíble por lo desfachatada, una entrega de sábado por la noche que casi siempre termina en la calle, convertida en drama épico, con el choque de miles de personas, entonces todo deja de ser chismes amarillistas para convertirse en crónica roja, con los productores recuperando su inversión, y con la ausencia absoluta de los actores del western más visto en las últimas semanas: el Bueno, el Malo y el Feo, ahora en tu canal de Youtube.

Comunicación social en tiempos de COVID

7

Por: Giordan Rodríguez Milanés

Más de cien años de manipulación mediática han equiparado en la interpretación de las masas, los conceptos de información y comunicación. Incluso en alguna literatura académica, se usan indistintamente los términos medios de comunicación o medios de información.  Inexactitud no menor.

En sentido estricto, informar es emitir con éxito paquetes de datos codificados desde una fuente, y lograr encauzarlos a través de un canal hasta un receptor que posea la capacidad de decodificar esos datos y reconvertirlos, a su vez, en datos de orden diverso al original. Comunicar, en cambio, es establecer nexos de correspondencia entre la acción de un sujeto generador de información y otro sujeto con aptitud interpretante que, a su vez, se convierte en un segundo sujeto generador de información, y así progresivamente. Se puede simplificar el concepto de información y definirla como el paquete básico de datos organizados que permitirían la comunicación, con la salvedad de que, la información en sí misma, no garantiza relación de correspondencia o comunicación si no posee al menos los siguientes atributos mínimos:

  1. Ser pertinente.
  2. Ser contrastable con la realidad o la experiencia previa.
  3. Poseer relevancia semiótica, o sea, tener la potencialidad de producir significados en el otro.

Los procesos comunicativos poseen simultáneamente diversos caracteres y múltiples grados de correspondencia. Cuando se puede comprobar empíricamente que un proceso comunicativo concreto iniciado por un sujeto, con determinada intención, logra modificar a mediano o corto plazo el comportamiento de sus destinatarios en correspondencia con esa determinada intención, podemos afirmar que el proceso tiene carácter persuasivo. Hay otras formas de correspondencias no persuasivas que van desde la aceptación pasiva hasta la negación activa. Si me dicen que debo usar el nasobuco y lo entiendo, pero al final no me lo pongo, ahí hay correspondencia expresiva y aceptación pasiva porque entendí el mensaje, pero no hay persuasión porque no modifiqué mi comportamiento. Si me dicen que me tengo que poner el nasobuco y, no sólo no me lo pongo, sino que, además, intento elaborar una hipótesis en contra de la importancia de usar el nasobuco, aquí igual hay correspondencia expresiva, pero hay negación activa porque mi comportamiento va en sentido contrario a la intención del sujeto que inició el proceso. Generalmente esto último se da cuando la información carece de pertinencia en función del objetivo del sujeto emisor. Como ya el lector habrá podido seguramente apreciar, para que la información propicie comunicación y esta, a su vez, sea de carácter persuasivo, es necesario manejar una compleja gama de variables psicológicas y socioculturales que no es posible detallar en este texto.

La estructura de poder político centralizado que dirige la Comunicación Social en Cuba parece entender que existen medios o espacios informativos de tipo periodístico; y que, por otro lado, existen medios y espacios de tipo artístico que, por su función, se clasifican en divulgativos, didácticos, de orientación o de entretenimiento.  Craso error conceptual que conduce a la apreciación de que mientras más información periodística se bombardee acerca de un determinado fenómeno o proceso, mayor eficacia comunicativa se tendrá. En un contexto en que nuestros medios nos han saturado de información a través de diversos géneros periodísticos sobre la Covid-19 en Cuba y el mundo, el hecho de que, como resultado de la flexibilización de las correctas medidas de control y coerción para contener la pandemia, inmediatamente se pusiera de manifiesto la baja percepción del peligro entre un porciento no despreciable de habaneros, demuestra que el bombardeo de información periodística sobre un tema no garantiza, en si mismo, comunicación de carácter persuasivo. Porque una cosa es enterar al público, y otra, mucho más compleja e interdisciplinaria, es lograr que el público actúe en consecuencia.

Aclaro que ha existido información en espacios no periodísticos con funciones divulgativas, de entretenimientos, de orientación, etc, pero en no pocos casos ha sido incoherente con el mayor énfasis que, por mucho, se le ha dado a la de tipo periodístico, o viceversa. Y en otros, se ha presentado con poca creatividad y deficiente elaboración estética, con no pocas arengas y monólogos desde una posición de superioridad o regaño, en detrimento de resortes psicológicos y culturales de diversa índole.

El otro gran error que se está cometiendo en el manejo de la Comunicación Social en Cuba para prevenir la transmisión de la Covid-19 es la polivalencia de objetivos en los mensajes que muchas veces tienden a cancelar sus efectos. Por un lado, se dice que la Covid-19 mata y por otro, en ese mismo espacio, un titular subraya que llevamos tantos días sin lamentar pérdidas humanas. La fatal asociación de las actividades por el inicio del verano con la contención que se logró de la transmisión del virus a finales de junio. La constante yuxtaposición de nuestros logros científicos y de gestión de crisis –que no los dudo en absoluto- con la debacle que tiene armada Trump en su país. Y el peor dislate de todos, la resistencia a escalar el dramatismo y la crudeza de los mensajes preventivos por temor a un pánico social que no es propio de la idiosincrasia del cubano, más bien tendiente al choteo y con una gran resiliencia entrenada durante más de sesenta años de Revolución.

Obviamente, el retroceso de La Habana en la contención del Covid-19, tiene otras causas que trascienden el manejo de la Comunicación Social. Pero como escribí aquí mismo el pasado 23 de marzo, apenas 12 días después de la detección de los primeros casos en Cuba, y reitero ahora: la ejecución orgánica de una campaña propagandística de prevención directa sigue siendo prioridad. Una campaña dosificada, centralizada aunque tenga en cuenta las características propias de cada audiencia, con terminologías homogéneas y, sobre todo, orientada hacia un fin único: persuadir para  modificar los comportamientos riesgosos  ante la Covid-19, que va a estar entre nosotros por unos cuantos meses más y que, aun no sabemos, si el nuevo coronavirus va a mutar para peor.

La elaboración de cualquier instrumento estratégico con el objetivo de lograr determinada modificación del comportamiento social, no puede dejarse sólo en manos de las buenas intenciones de un grupo de ¨iluminados¨ por mucho conocimiento enciclopédico que tengan, o mucha preparación político-ideológica que hayan manifestado tener.

La Teoría de la Comunicación es una disciplina científica, con su propia epistemología, que interactúa y se enriquece de otras ciencias como la matemática, la psicología, la semiótica y la sociología.  Ante la crisis provocada por la Covid-19, del mismo modo que el presidente se reúne con biólogos, médicos, genetistas, matemáticos, bioestadísticos, le sugiero tenga en cuenta el acervo comunicológico cubano no sólo en el sentido del estudio de los procesos sino, sobre todo, respecto a la elaboración creativa de mensajes persuasivoss en aras de aumentar a corto plazo la percepción del peligro ante la pandemia. Ya después habrá que crear conciencia de que el mundo será otro después de este 2020, pero para eso se necesitaran otras herramientas y otro tipo de mensajes.

Nación sin inmigración

29
inmigración
Foto: Pedro Szekely via Flickr

Cuba fue un país de saldo migratorio positivo hasta 1959 que la inmigración se detuvo. Su máxima expresión es el símil del ajiaco, creado por Fernando Ortiz como expresión de la mixtura tricontinental de etnias que conformaron la cubana. Un simple vistazo al origen familiar de muchos líderes revolucionarios de nuestra historia muestra que eran hijos de inmigrantes (Varela, Martí, Mella, Guiteras, Fidel…), o extranjeros (Gómez, Che…).

Hasta 1958, nunca fue tendencia la emigración de los cubanos en pos de trabajo, o mejores condiciones de vida. Predominaba la llamada transitoria, o golondrina, de desempleados que buscaban fortuna en los EEUU. En cambio, la inmigración era constante por las necesidades de la economía cubana, fundamentalmente la agroindustria azucarera. Más de medio siglo después, la opción de abrirnos nuevamente a la inmigración ni siquiera es tenida en cuenta, aunque sigue sobrando tierra y faltando brazos.[1]

Actualmente, unos dos millones y medio de cubanos, casi el 20% del total,  viven en el extranjero por motivos personales, políticos y económicos. Los principales destinos son Estados Unidos, Puerto Rico, España, Ecuador, Italia, Venezuela, México y Canadá. Con el actual ritmo migratorio negativo y el envejecimiento poblacional, sin que ello se amortigüe por la entrada de inmigrantes de reemplazo, como hacen otros países afectados por fenómenos similares y la población irá disminuyendo cada vez más rápido.

En unos 50 años caeremos a 8 millones de habitantes en la isla.

Este balance migratorio negativo requiere ?como toda la crisis demográfica y económica que él acentúa?, de una solución política que influya sobre dos factores concomitantes: que el gobierno quiera traer inmigrantes y que estos quieran venir. Como en ambos casos hoy la respuesta es negativa, nadie viene. Analicemos brevemente la historia del problema, su manifestación actual y algunos paliativos factibles para resolverla en un plazo mediato.

En el primer censo de la república (segundo gobierno interventor, 1907), de una población de 2,048,980 habitantes, 203,637 (9,87%) eran extranjeros. 185,393 eran españoles; 11,217 chinos; 7,948 africanos y 6,713 estadounidenses. Sin embargo, en el de 1919, el % de extranjeros había crecido al 11,7 (339 082 de un total de 2,889,004) por el fomento de la inmigración de España (245,644) y El Caribe (44,659).

Aunque el movimiento obrero cubano se oponía, la política de introducir braceros isleños y antillanos se mantuvo para cubrir las crecientes necesidades de la agricultura y otras esferas económicas, en un país que en 1919 tenía apenas 17,9 habitantes x km2 y una extensión inmensa de tierras fértiles sin explotar. Esta tendencia positiva se mantuvo hasta 1958, aunque fue descendiendo a partir de la postguerra. En el último censo republicano (1953) el % de extranjeros había descendido al 3,3%  (230,431, de 6,829,029 habitantes).

Las razones del paso al saldo migratorio negativo tras 1959 han sido dos: por un lado, el exilio de desafectos a la Revolución –con grandes oleadas en 1959-1961, 1980 y 1994?, y la diáspora sostenida debido a la crisis económica y la falta de oportunidades y estímulos para jóvenes y personal calificado. Por otro, el debilitamiento de la inmigración y su reorientación geográfica. La mayoría de los que venían procedían de países del ex-campo socialista, soviéticos mayoritariamente –a los que, oficialmente, no se les podía llamar por sus gentilicios nacionales?, pero para el pueblo todos eran: los rusos, como antes todos los españoles eran los gallegos.

En los 90, con la debacle del socialismo real y el Período Especial la mayoría regresó, aunque en 2008 la comunidad rusa (incluyendo descendientes directos), sumaba unas 6000 personas, casi todas en la capital. Entre los años 60 y 80 también tuvimos una comunidad de exiliados latinoamericanos que huían de las dictaduras; pero, al restablecerse la democracia, la inmensa mayoría retornó a sus países.

Ahora, el país sufre escasez de fuerza de trabajo y envejecimiento desproporcionado de la población ?desde 1978 no se logra el nivel de reemplazo de la población: 2,1 habitantes por mujer?, en tanto que gran parte de la juventud, no trabaja oficialmente, se va del país, o no quiere tener familia por los problemas económicos, la falta de vivienda y el freno a los emprendedores. Por tanto, la solución primera es crearles las condiciones para que más cubanos se incorporen a la actividad laboral, creen una familia a partir de su trabajo y continúen la cadena de la reproducción humana.

Todo esto podría acelerarse y promoverse mediante la inmigración.

La cuestión es política en ambos casos: si seguimos con un modelo económico como el actual, que provoca la diáspora de los nacionales, mucho menos alguien querrá venir a establecerse en Cuba para vivir, trabajar e invertir tiempo y capital. Es obvio que para nada pueden concebirse ventajas para inmigrantes que no posean los trabajadores cubanos. Las mismas reformas al modelo de socialismo estatizado y burocrático que permitan liberar la iniciativa de los individuos y los colectivos y lograr mayor bienestar a través del trabajo libre y honesto, también fomentarán el interés por venir a trabajar y vivir en Cuba.

Medidas tales como: la unificación monetaria y cambiaria; el estímulo a la producción campesina y cooperativa; el establecimiento de pymes independientes; la libertad para exportar e importar; la eliminación de la subordinación de las formas no estatales a empresas y ministerios; la equiparación del salario a los del área centroamericana y caribeña; una atrayente política fiscal, crediticia y de seguros para los nuevos negocios; la disminución de las trabas burocráticas; las facilidades para la construcción de viviendas y la compra de autos y maquinaria, entre otras, no solo retendrán a los cubanos en la isla, sino que atraerán a muchos exiliados a regresar y a los extranjeros a inmigrar.

En Cuba, además de su naturaleza prodigiosa y sus bondades sociales (seguridad, educación, salud), hay muchas tierras baldías para atraer a campesinos sirios, haitianos y del este de Europa, tiendas vacías para llenar por comerciantes chinos y latinoamericanos, fábricas que construir y servicios que prestar por europeos y asiáticos. Solo falta por ver si el EPG (Estado/partido/gobierno) correrá el riesgo de introducir en Cuba una masa de inmigrantes formados en otros contextos más contestatarios y rebeldes que el de la sociedad socialista cubana.

Creo que el estímulo al crecimiento demográfico y económico que una inmigración controlada y selectiva pueden traer a Cuba no debe seguirse ignorando. Si en el siglo XIX, un militar español y una ama de casa isleña generaron al Apóstol de nuestra independencia; quien quita que una pareja de campesinos sirios pudiera traer al mundo a un Héroe del Trabajo Socialista en el siglo XXI. Así funciona la inmigración.

[1] En la lista 2017 de países y territorios dependientes por densidad de población, Cuba ocupaba el lugar 110, con 101 htes/km2 (Haití, 35; Dominicana, 65; España, 118; México, 152; USA, 178; Venezuela, 182; Canadá, 229).  Los países americanos con mayor diversidad étnica y cultural son: Estados Unidos, Canadá, Argentina, Brasil, Costa Rica, México, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela.

The sense of shame

0
shame
Foto: @moniquewray via Twenty20

“The most terrible of all feelings is the feeling of one’s hope having died.” Federico García Lorca (1898-1936)

I clearly remember the family debates, especially with my brothers, back in the ‘90s, at the beginning of the so-called ‘Special Period’, one of the most original euphemisms of the Spanish spoken in the island.

I was very young, though still the eldest sibling. Like my contemporaries, I was very close to the paradigm of Soviet socialism, which we imagined was perfect and then suddenly collapsed. I irradiated enthusiasm, lots of hope, and a sacrifice mentality ready to be put to the test, along with my inclination for debate, controversy, and leadership.

The stubbornness of my parents, revolutionary fighters in the mountains, the plains, and a number of internationalist missions I can’t even remember, was also invariable. They were military types for whom the smallest concern in our minds could be seen as hypercriticism, challenge, ideological subversion, and so on, as it happened in the block, at school, and at the workplace.

One day in 1993, the worst of those years, I snapped. In a near uproar, I told my mother that you couldn’t eat dignity; that I felt frustrated because I had done everything they’d taught me in order to be a successful woman, or at least someone with a job and a future, and yet… That, to make matters worse, they hadn’t even taught me to be a believer, so I could then find spiritual refuge in the church and get some of the help (food and hygiene products) that they distributed in various places. Just like that, I blew up!

It was an outburst, not at all my usual behavior.

But it was only good to let off steam. I ended up feeling worse, crushed, when she said to me with a vacant look and tears in her eyes: ‘but daughter, then what’s left to say for us, who sacrificed so much, including, like me, even the raising of my children? …But we have to remain strong! Remember that communists die with their boots on as your father says.’

My attitude was understandable, she knew that. About six hours earlier I had left my house, on the other side of the bay, carrying my four-year-old son and a bag with the milk bottle. I was exhausted after carrying water all morning and worried that the milk would turn, as it often happened. I had spent more than two hours in line to board the small ferry boat that crosses the bay from Casablanca. Then I had walked (there was no transportation) from the Avenida del Puerto to the 20-story building where my mother lived in Centro Habana, close to Infanta, only to find when I got there that there was a power cut. That meant going 16 floors up the stairs carrying all that, bursting into the apartment to boil the milk, and bathing and feeding the child before dark because we didn’t have anything to give us light either. And then… surprise! There was no gas for the cooker either! And that’s when I went ballistic.

But, I repeat, it happened because we’re human and I reached a breaking point. In spite of all the difficulties, I lived with lots of optimism, debating with my brothers, who had recently graduated in Medicine and Accounting. Those were formidable encounters. I felt I had the possibility and the responsibility of responding to their concerns and dissatisfactions, especially since I was the eldest, worked in the social sciences, and was a militant communist.

I defended everything passionately and with arguments: that the social pyramid in Cuba would straighten out and professionals would once again occupy our rightful place; that the situation was momentary and was caused by external factors: the collapse of socialism in the USSR and the US blockade; that we all had a personal project and a collective project, which was the Revolution, and that we should choose the latter; that the problems – thinking of the growing migration that they considered an option – would not be solved from elsewhere, but from within Cuba; that we had to be a part of it, that such was the true measure of a revolutionary, that it was our commitment. The whole shebang!

I remember that when I ran out of arguments faced with so much criticism for problems that truly were happening, I would say to them: ‘you know what? I have no more answers. It’s a matter of faith if you will. I know we’ll get ahead.’

My speeches were futile, they went with their personal projects, I stayed in Cuba by myself and they started to jokingly call me ‘la cubanísima’ (‘the top Cuban’). I made sacrifices and moved on without giving up my profession or my ideas, and without asking for or living off remittances! I’ve taken pride in that and lived with a clear conscience, although it’s been hard. I’m not an exception, that’s the story of many Cubans of my generation and of others too, though every time we look around we painfully notice a lot of absence.

30 years have gone by.

And now, 30 years on, we go back to the most radical changes, which at their root and in their effects resemble those made in the ‘90s. Profound reforms in critical moments, when we’re on the brink of collapse. And then, the memories again…

I remember Esteban Morales, who was my professor, saying more than once: ‘It’s a mistake that in the political discourse we keep saying that these are changes we’re forced to implement, that we would prefer not to apply them, etc. That doesn’t show conviction, or permanence, or stability. On the contrary, it sows uncertainty, etc…’

In these 30 years, we came out of the ‘Special Period’, such as it was: a situation of the extreme shortage of everything, basic or not, of maximum austerity and with no chance to even stick to a plan; it was survival, we depended on solidarity and on a ship to dock with rice so we could eat. In 1993 that fall was completed when the GDP dropped by -14.9%, and the next year we began to have a discreet growth of 0.7%, although that could still not be perceived in the small economy, it was growth. There was light at the end of the tunnel.

Ten years later, in 2004, the growth was 5.8%. Of course, sometimes the number was misleading because behind it was the non-payment of external debt. In short, the annual data of the Cuban GDP during that time show such high volatility that reading tendencies in them is pointless, as Dr. Tania García has adequately put. But it did grow, until 2016 when the recession began; yielding every year a percentage lower than what was planned, which even brings into question the objectivity of the plans and the planners. At the close of 2019, the bottom line of 2016 repeated: 0.5% growth! And if we add to that, according to Benavides, that 37.3% of the working-age population is unemployed, the scenario is one of chaos and the crisis is structural and permanent.[1]

Actually, since the light at the end of the tunnel came closer and the economy improved, the reforms of the ‘90s were reined in, especially the ones concerning private enterprise and decentralization. There came Venezuela, the CUC, and the tax on the US dollar, in addition to an amicable and extraordinarily generous international policy, with services and products that we often didn’t have in Cuba. Those were the times of the ‘I’ll move to Bolivia’ or ‘I’ll move to Venezuela’ jokes.

What’s happened since the last third of the ‘90s and brought us to this point, fixed in the social psychology the material shortages – which for the people never disappeared – in direct association with the Special Period, though strictly speaking, they were no longer part of that extraordinary situation. They are the consequence of the erratic domestic policies and the successive practices, of the inability of the State to manage the empire it appropriated by keeping under its control what really should have become social many years ago, and of the predominance of a conservative, dogmatic and bureaucratized thought in the making and implementation of decisions. And to all of that, we must always add the US blockade, which along with COVID-19, are now cropping up as the (always external) causes of the current crisis.

I then bring to 2020 what some professors and friends used to say when we looked at our skinny selves in the ‘90s: ‘having been here and having survived those years gives me an unquestionable right to speak, at least!’ Because 30 years is a lot of time in the life cycle of a person! Because all of us who believed in success with faith and commitment in the ‘90s saw our best years slip by! Because it’s no longer possible to continue with only faith and commitment.

Faith and commitment are not enough.

It is known that the majority of the measures announced last July 16 had been approved and listed in guiding documents years ago. Not the dollarization, of course, let’s not get confused, but the wholesale market, for example, had already turned 12 since it was announced with the Party guidelines. All of them had long been repeatedly demanded by economists, entrepreneurs, and people with common sense. Yet they are adopted now when the domestic scenario, the blockade and everything else are at their worst; when, like in the ‘90s, the pressure cooker’s about to blow and we have to let the steam out somehow.

It’s not enough that the package has arrived with respective declarations and that, in terms of strategy, it’s both correct and bold. In reality, they owed it to us and most of it remains only a headline. Only three of the measures are clear and in effect. One was the people’s dream: the elimination of the tax on the US dollar. Another, the creation of the shops in FCC (Freely Convertible Currency), which include the retail market and the widely demanded wholesale marked for private businesses – which was never conceived that way –, could be an ‘indispensable’ or ‘necessary evil’ today for the State and its institutions, but it’s still a desperate and unpopular measure, and an insult to these self-sacrificing people, whose dreams of social justice brought us here.

Then, compatriots of the government and the Communist Party, after 30 years faith and commitment are not enough because: 1) we at the bottom are not the ones responsible for the failed policies implemented and for the reforms that weren’t made at the right time; 2) we were in a nosedive long before the pandemic and 3) the blockade can’t be blamed for everything that goes wrong in Cuba; on the contrary, most of what hasn’t been done or has been done wrong have nothing to do with it, but with the political will of the government and the Party instead.

In the face of these new measures, I’d like to be able to say what Félix Sautié wrote a few days ago in an essay, and which I share in theory: ‘It’s necessary to give them a period of grace for their effectiveness to lead to success.’ But that would take that we were talking about Cyprus, that I had the faith of the ‘90s, and that the life cycle of humans was longer! How long will the period of grace be this time?

Come on, 30 years is a long time. During the last eight, practice and political discourse at the highest level contradicted each other on a number of issues: 1) the tax on the dollar, which would remain for as long as there were financial persecution against Cuba, and today, when it’s more intense, it’s eliminated; 2) the use of the shops in FCC, which we wouldn’t have for anything in the world and now we have 72 to begin with, and not only for high-end products, but for food and basic essentials; 3) the increase of prices, which wasn’t allowed for private businesses and now the State carries on, as before, with outrageous prices; 4) centralized planning, the crown jewel of the reforms for the allocation of resources according to the guidelines and now exactly the opposite and 5) the SMEs, recognized in theory, but hardly mentioned and tolerated throughout the years, to the point of being unofficially bundled with self-employment, upbraided in Granma a very short time ago, by the way, and now promoted even for the government sector.

Therefore, accepting that what’s been said is the strategy and what’s been done (the partial dollarization) is a necessary and momentary evil, in addition to not being the main thing in the mid and long term, it would be advisable to clarify and reach a consensus, carefully and with transparency, in a more participatory exercise, on key issues about which nothing has been said or which have been left as simple statements of theory:

  • How will each measure be implemented;
  • What’s the timetable for de-dollarization;
  • Which are the compensatory measures that by means of redistribution will mitigate the negative effects of the approved actions;
  • What’s the policy to be followed with the most vulnerable sectors;
  • How and in what period of time will the strategy be applied so that, by way of the indispensable decentralization, benefits may really come to the country’s municipalities, in most of which today there’s no awareness or implementation of the absurdly low 1% that companies working in their respective territories must contribute to the local budget;
  • What’s the period of time for reporting the collection of FCC and for its redistribution in socioeconomic benefits to the rest of the people who have no access to such currencies;

A matter of dignity and a sense of shame.

My parents are no longer with us and I’m still in Cuba by myself, with my children who – go figure! – have the same dissatisfactions my brothers had 30 years ago. Once again, as some of us said in the ‘90s, émigrés (until then traitors), or the Cubans in the island who have family abroad sending remittances, become more useful in practice because they can contribute to the country, while the rest of us on this side then had, and will have today (?), the mission of holding out, becoming parasites or remaining dignified and proud, yet causing in others a painful mixture of admiration and pity.

However, same as back then I didn’t become a believer so I could get donations of hygiene products or food through a church or lived off family remittances, I will not do so today. There’s no way I will live in Cuba with the dollars of my émigré family. It’s a matter of dignity and a sense of shame.

‘We’re in the Lord’s hands’, as religious people say. And since in Cuba we do get a choice in that and the spectrum is quite varied, perhaps now I will turn to religion, at least to find some spiritual peace and satisfaction.

Contact the author at ivettegarciagonzalez@gmail.com

[1] These unemployed are people who do not work in any of the formal and legally recognized activities despite being of working age. See by Joaquín Benavides Rodríguez: ‘Población, empleo, coleros, especulación y delincuencia’, in Habana Insider, issue 137, July 28, 2020, Havana, Cuba, p. 7, at https://www.facebook.com/abelardo.mena.75https://www.facebook.com/Habana-Insider-103018817721449/

Translated from the original

Cómo se fabrican los ataques a LJC

73
ataques
Foto: ECE Connection

El autor de este texto pidió publicar sin su nombre por razones que le serán obvias al lector, a continuación respetamos su voluntad y compartimos esta denuncia con nuestros lectores.

Escribo esto a propósito de la campaña contra La Joven Cuba. Fui profesor universitario de Historia de Cuba en mi querido país, ya hace un año que no vivo allá y trato de mantenerme al tanto de cuanto ocurre. Considero a LJC una publicación seria y democrática. He leído artículos que comparto y otros con los que estoy en desacuerdo. Y quiero decirles que desde hace varios años en las universidades cubanas se orientó a los profesores de los departamentos de Marxismo e Historia leer sus artículos y publicar críticas a ustedes, porque les consideran subversivos.

Quiero decirles que yo no sabía que existía una publicación que se nombrara La Joven Cuba. Fue así que los conocí y comencé a leerlo y no veía nada de subversión político-ideológica como afirmó mi Jefe de Departamento. Él también expresó que la publicación era realizada por jóvenes universitarios de Matanzas, y aún más me picó la curiosidad de ver cuál era el contenido.

Recordé los tiempos de mi juventud cuando se prohibía la música rock, a José Feliciano, Roberto Carlos, Rafael, Julio Iglesias… y todos oíamos lo que se prohibía, muchas veces desde la Glorieta del parque de nuestro pueblo. También hacíamos lecturas de literatura considerada nociva, porque lo prohibido es lo que más nos llama la atención. Resumiendo, la campaña  contra LJC en el momento que le conté no prendió, al menos en la universidad donde trabajaba, incluso algunos profesores comentaban en voz baja a partir de que conocieron su publicación, que mucha verdad era escrita por ustedes.

La campaña contra LJC fue dirigida desde la Dirección Nacional de Marxismo-Leninismo en combinación con el Ministerio del Interior.

Esto ocurre debido a que aparecieron artículos en su web sobre la posibilidad de una Tercera Vía. Pero algunos profesores conocían su publicación y a escondidas se las pasaban. Que yo sepa nadie desde mi departamento dedicó esfuerzos a debatir sobre esto, pero ya se había constituido un grupo de profesores en todos los departamentos de Marxismo en Cuba para rebatir lo que salía en publicaciones como la de ustedes. Y LJC molestaba.

Se nos encargaba discutir con profesores e intelectuales cubanos, pero no se podía decir que quien escribiera lo hacía a título del departamento o de la universidad. Era con una mentalidad de contingente de la construcción, si alguien opinaba algo, ahí mismo se daba una reunión donde se decía qué se debía decir y se enviaba copia al jefe de departamento.

Incluso se hizo críticas a libros que eran publicados en Cuba. Es triste lo que digo. También muchas veces quien hacía estas respuestas no tenía la preparación adecuada. La persecución en aquellos momentos a LJC parece que fue algo pasajero, pues solo se habló en dos ocasiones del tema.

Criptomonedas: el caballo más veloz

15
criptomonedas

La llegada de las criptomonedas a Cuba es urgente. La urgente dolarización parcial de la economía cubana se ha presentado como un imponderable ante la crisis de la covid-19, pero su sesgo anacrónico y contraproducente salta a la vista. En momentos en que la unificación monetaria y cambiaria y las reformas al aparato productivo están al orden del día –“eran para ayer”, diría mi abuelo? volver a hurgar en los bolsillos de la emigración cubana y los tenedores de dólares ($) de la Isla para nutrir las arcas exhaustas del Estado, parece un deja vú de pesadilla a los que peinamos canas.

Primero, porque es un cambio en la esfera de la circulación monetaria que, tras la cosecha de los $ soterrados en la Isla, dependerá de la voluntad de ayuda familiar de los emigrados, factor del que no puede hacerse depender la estabilidad del mercado interno. Por demás, la tarea no se les presenta fácil a los emigrados, ya que si las remesas de la Western Union no pueden entregarse en $, la opción que les queda es la de sacar tarjetas AIS de FINCIMEX ?empresa militar incluida en la lista de las castigadas por Trump? que no permiten a sus tenedores sacar dinero físico, solo comprar con ellas.

Por otra parte, no parece este un buen momento para apostar por la dolarización. Por algo ningún otro país lo está haciendo. La desconfianza que genera la situación económica global, en particular la de USA, hace que el precio del oro crezca sin parar y ronde lo nunca visto, casi 2000 $ la onza. Los ricos blindan sus fortunas comprando oro, plata, bienes raíces y principalmente bitcoins, el “caballo más veloz en el mercado financiero actual”, según The Keiser Report, el famoso programa especializado en finanzas internacionales de Russia Today.

La producción (minería) de criptomonedas constituye una actividad costosa y altamente especializada, que iniciara en 2009 con el bitcoin (BTC). El empleo de la tecnología de cadena de bloques (blockchains), basada en un encriptado indescifrable, ofrece seguridad absoluta a los mineros y tenedores ante posibles hackers. Tanto el montaje de un millonario laboratorio con equipos de alta velocidad y potencia para minar, como el alto consumo de energía requerido para crear nuevos paquetes de bitcoins cuestan muy caro.

De ahí que los mineros busquen por el mundo lugares para instalarse donde la energía sea más barata.

A pesar de ello, en los últimos tiempos el BTC ha ganado en credibilidad y adeptos a nivel global y la difusión de su uso llega a todos los continentes. El impenetrable protocolo de seguridad que caracteriza a las criptomonedas y el valor relativamente alto y estable de un BTC (tras su ascenso vertiginoso en 2013, su precio alcanza unos $11,200 en julio 2020), la coloca en ventaja ante el dinero fiat[1] de cualquier denominación.

Cada diez minutos se emite un nuevo bloque de BTC, aumenta la dificultad de su diseño y se estimula a los inversores a comprar más. Sus derivados crecen sin cesar y atraen a nuevos inversionistas. Se estima que el 40% de los bloques actuales fueron minados en China, pero crece la actividad de los miners en USA ?Montana en particular?, Australia y el norte de Europa. Empresas especializadas crean condiciones para minar en directo desde las mismas plantas productoras de energía eléctrica, donde el consumo es más barato.

El protocolo del bitcoin ha puesto patas arriba a todo el sistema financiero mundial.

Ya varios de los grandes bancos dejan a un lado sus reservas iniciales ante el posible lavado de dinero mediante el dinero digital y empiezan a comprarlo en cantidades apreciables. La compañía Visa International Service Association se adelanta a crear la primera tarjeta para comprar con bitcoins en los supermercados y acercarlos más a los consumidores.

Varios gobiernos han prohibido el empleo de las criptomonedas (Bolivia, 2014); mientras que solo un país ?Venezuela, 2019? ha optado por crear una nacional: el petro, concebida para eludir las sanciones de Trump. Inicialmente parecía que ganaba en importancia, se promovió en el comercio interno y Maduro habló de pagar a los pensionistas con porciones de petro, pero su uso no cristalizó. Otros países enfrentados a EEUU, como Irán y Corea del Norte, promueven su minería y empleo.

Es que las criptomonedas, dada su naturaleza colaborativa, y la imposibilidad de que sus transacciones sean gravadas por las autoridades, no se llevan bien con los gobiernos y menos con los más poderosos.

En julio de 2019, Díaz-Canel y el ministro Gil se refirieron a los estudios que se hacían en Cuba para emplear criptomonedas como herramienta de las reformas, medio de descentralizar la economía y promover que las empresas de la ZDEM obtengan MLC. No obstante, en Cuba, la minería de BTC se torna prácticamente imposible ante el atraso de los recursos de hardware y el alto costo de la electricidad.

Como el Estado/Partido/Gobierno no se ha pronunciado por ilegalizar su empleo ya ha aparecido una pequeña pero activa comunidad cubana: CubaCripto, asentada en Telegram. Está formada no solo por estudiosos e interesados, sino también por tenedores de dinero digital que trafican por las redes, compran y venden porciones de BTC en plataformas del mercado global y “especulan” con ellas tratando de obtener las pequeñas ganancias que puedan tocarle en la ruleta diaria de los sorteos.

Claro que el comprador cubano paga mucho más que si pudiera hacerlo en un portal internacional. Para comprar BTC en Cuba no hay otros medios que el trato directo entre personas, la transferencia de saldo telefónico, o la socorrida compra encargada a  familiares en el exterior. Su precio se basa en la demanda de interesados en ahorrar de manera segura y poder violar las disposiciones del bloqueo que no permiten a los cubanos de la Isla abrir cuentas en bancos de otros países.

Lo cierto es que los emprendedores cubanos han comenzado a trabajar por internet en el pequeño negocio del trending de criptomendas, o comprando y vendiendo cada vez más bienes y servicios en ellas. Por eso, no es de extrañar que, según CubaCripto, ya el monopolio ETECSA “ha comenzado a cerrar puertos de conexión hacia herramientas en el exterior que le sirven para operar con criptomonedas”.

Más que desgastarse en querer asir lo inasible, considero que el Banco Central de Cuba debiera usar el BTC como reserva de valor del peso. De seguro sería mucho más asequible y seguro para las entidades cubanas que el $. Su aprobación como medio de pago en el mercado interior daría paso a una circulación monetaria más fluida, moderna y segura… ¡Ah, y por tarjetas cubanas tipo visa!, que no serían de $ yacientes en las bóvedas, sino en bloques de datos en el ciberespacio.

No obstante, habría que velar celosamente que los corruptos de alto nivel no desvíen MLC del pueblo hacia la compra de BTC que vayan a parar a sus billeteras virtuales, lo cual haría más difícil aún su posterior seguimiento y recuperación por las autoridades fiscalizadoras.

[1] Papel moneda basado en la confianza de sus poseedores, no en su valor intrínseco. Surgió en 1971, cuando Nixon quebró los acuerdos de Bretton Woods al renunciar al respaldo en oro del $ y declarar su libre flotabilidad en el mercado de divisas.

[2] Fernando Quirós: “Afirman que trabajar por internet usando criptomonedas comienza a tomar fuerza en Cuba”, es.cointelegraph.com

Historia natural del socialismo

21
Foto: Matias Garabedian via Flickr

La economía cubana está en crisis. Es una vieja sentencia, vigente, con miles de culpables y docenas de causas probables, entre otras, mala gestión de la economía, corrupción interna, centrismo, intervención del gobierno de Estados Unidos en asuntos de la isla, bloqueo económico, y una que resulta interesante, recurrente ahora en las redes sociales y la prensa: la inefectividad del socialismo como forma de gestionar un país.

Esta causa ha pasado de ser una afirmación para convertirse en un contenido semiótico, una realidad inalterable, y un argumento de peso para algunos cubanos que ven que el progreso económico se aleja más cada año. En el ideario de las redes sociales se va gestando una idea, un constructo nostálgico y edulcorado del capitalismo en la Cuba pre revolucionaria. Las imágenes de las tiendas repletas de productos y los edificios en un excelente estado constructivo son los paladines de este nuevo ideario. Hay estadísticas de crecimiento económico de la época e incluso proto ideólogos de Facebook que afirman que el capitalismo es un sistema natural, cuyos procesos automáticos pueden suplir cualquier carencia. Por eso, para traer a juicio al socialismo como sistema económico social es necesario empezar en la propia naturaleza.

La sobrepoblación de una especie animal puede ser resuelta de forma rápida sin la intervención del hombre: aumento del número de depredadores, plagas, agotamiento de las fuentes de alimentos y por ende hambruna y disminución de la especie en cuestión. Las selvas siempre serán verdes y en los mares habrá vida por los siglos de los siglos. En el mundo natural hay mecanismos de autorregulación tan eficientes como crueles. Tomando en cuenta por supuesto, que el concepto de lo cruel es una creación humana, la naturaleza es el sistema más eficiente que existe. Soporta la entropía gracias a su mecanismo de autorregulación, que consiste en priorizar la existencia de su totalidad a la de sus partes y paradójicamente usando este mecanismo las preserva.

Las formaciones económico sociales funcionan de la misma manera, así, en el esclavismo clásico se sacrificaba el bienestar de una gran parte de sus miembros en pos de la otra parte y de la existencia del sistema en sí; lo mismo sucedía en el feudalismo, una versión más refinada del esclavismo clásico que agregó nuevas formas de explotación con bases ideológicas y religiosas. No obstante, la formación que con más fidelidad imita los procesos naturales es el capitalismo. Al igual que la naturaleza el capitalismo tiene la capacidad de renovarse, corregir defectos y reinventarse a sí mismo en cualquier circunstancia. Sus mecanismos son completamente análogos a los naturales, a saber, depredación y selección natural, crisis cíclicas y guerras.

La única diferencia, o la más palpable es que ninguna de las partes que componen la naturaleza están conscientes de sí mismas, o pueden llegar a asumir conceptos abstractos como la ética. En cambio en el sistema humano todas las partes, clases y estratos sociales, culturas, subculturas y grupos etarios están conscientes de su propia existencia y tienen una relación también consciente con el resto de la sociedad. El individuo tiende entonces a resistirse a los mecanismos de autorregulación que el sistema usa para preservarse. Esta tendencia fue la que hizo, en primera instancia, que el ser humano se separara de la naturaleza y comenzara a vivir en sociedad. Al principio estos sistemas, si bien salvaban al hombre de contender directamente con las leyes naturales, lo condenaban a luchar con las leyes de la sociedad, que no eran más que una analogía de las primeras.

Pero volvemos a la causa primaria y es lo común y fácil que es leer en publicaciones y las redes sociales que los ejemplos de naciones que han optado por el socialismo están plagados de fracasos, genocidios y pérdida de libertad. Estas sociedades se han llamado a sí mismas socialistas, o comunistas, es lo que tiene el lenguaje, cada cual lo usa como quiere. En realidad han sido sociedades ideologizadas y politizadas al extremo, o dinastías escondidas. Desde los jemeres rojos de Camboya hasta el presidente eterno Kim Il Sung, la esencia del socialismo ha sido maltratada por sus propios artífices en muchos casos, llegando a parecerse más a monarquías medievales que a naciones socializadas. El control absoluto por parte de los líderes –no de la sociedad- de los medios de producción, de difusión y de las fuerzas de trabajo no responde a la definición de esta Formación Económico Social, sin embargo es la única referencia que existe en el mundo, de modo que ha surgido toda una semiótica de esclavitud alrededor de las ideologías de izquierda, ubicándolas junto a las neonazis o de corte fascista en muchos casos.

Lo cierto es que la socialdemocracia que funciona en muchos países, sobre todo en esos del norte de Europa, debe su existencia al socialismo del bloque soviético. La educación y la salud socializadas, el empoderamiento de la mujer y los derechos laborales fueron inspirados por la Unión Soviética. La propia segunda “Carta de Declaración de Derechos” de los Estados Unidos, de 1944, debe su esencia a la contraparte socialista. A pesar de que estos modelos desaparecieron, no lo hicieron sus aportes y esencia que se reflejan en la llegada del socialismo a países de alto nivel de industrialización y desde una transición pacífica y espontánea, como predijeron sus ideólogos, es esto lo que ha sucedido en el norte de Europa, desde la socialdemocracia de la segunda mitad del siglo XX, hasta el gobierno de partidos completamente socialistas en la actualidad. El socialismo asiático y el euroasiático no fueron más que los primeros intentos, fallidos y ectópicos de la predisposición humana a salirse de la ley de la selva. Hay más ejemplos.

Cuba no es análoga a los antemencionados porque nunca fue un país feudal del sudeste asiático con millones de muertos por concepto de genocidio, ni es una nación industrializada de la península escandinava, siquiera una nación eslava bañada en recursos naturales. Es un país económicamente precario donde las privaciones crecen por semanas. Y las causas pueden ser, como ya se dijo, varias: la mala gestión de la economía, la corrupción interna, el centrismo, la intervención del gobierno de Estados Unidos en asuntos de la isla, el bloqueo económico, o la suma de todas. Pero la existencia del sistema socialista en Cuba  -con la consabida apología al capitalismo de la primera mitad del siglo- no figura entre ellas, es, en cambio, una atenuante porque no es sencillo imaginar una realidad mejor en la isla contando con las leyes de selección natural y depredación absoluta de monopolios, carteles y gobiernos extranjeros.

Quizás lo único seguro en este aspecto es que para mejorar la situación cubana no es necesario desmontar un sistema económico social que luego, expuestos a la ley natural –de Centro América, no de Dinamarca- buscaremos montar de nuevo a un costo altísimo en sangre y luchas sociales, o en cambio esperando inocentemente a que esta nación llegue a los niveles de industrialización de Finlandia para pacífica y espontáneamente experimentar una transición natural al estado de bienestar.

La reescritura de la historia

33
Foto: Paul Bica via Flickr

La historia ha sido objeto de reiteradas mutilaciones y tergiversaciones desde los sumerios hasta Donald Trump. Este fenómeno ha provocado desbarajustes a escala global en la memoria histórica de la humanidad. Se han perdido culturas enteras de pueblos indígenas al borrar todo vestigio de su existencia o se han intentado enmascarar procesos degradantes como el Holocausto Europeo de la Segunda Guerra Mundial.

Aquí, en la tierra de Martí, no nos quedamos atrás. Los españoles arrasaron con los aborígenes al punto de que hoy no sabemos cómo bailaban el areíto o cuáles eran sus dioses. No me imagino a Cuba sin el casino o la religión yoruba dentro de 500 años.

Después del triunfo de la revolución, el 1ero de enero de 1959, comenzó un proceso de transformación radical dentro de la sociedad que terminó por instaurar un sistema socialista donde el Estado decide desde qué cultivos debe sembrar un campesino hasta qué películas debe proyectar un cine.

En su lucha antagónica con el imperialismo norteamericano (y todo lo que el capitalismo representa) comenzó un proceso de deslegitimación del pasado prerrevolucionario cubano al punto de satanizar todo cuanto había ocurrido antes de 1959. Basta con leer los libros de historia del Ministerio de Educación y luego contrastarlos con otros menos famosos y menos “convenientes” para quedar boquiabiertos. Desde grandes personalidades de la cultura hasta las formas más ínfimas de relaciones de mercado fueron puestos en tela de juicio público y sentenciados al olvido por un país que se rehízo a sí mismo.

Sesenta años más tarde los resultados de ese proceso han sido que las generaciones de cubanos nacidos después de la revolución ven el período republicano sólo como una etapa de corrupción política, gangsterismo y desigualdad social. Pudieran ser esas características imprescindibles en un retrato de ese período, pero definitivamente no eran las únicas.

En su cruzada con el pasado capitalista de Cuba los círculos de poder revolucionarios “olvidaron” exponer en sus libros de historia los éxitos económicos de la burguesía. Dicha clase puso en el mapa de las primicias a la Mayor de las Antillas y la insertó en la globalización comercial con una Habana cosmopolita a la vanguardia entre las capitales de Latinoamérica. ¿Recuerdan haber estudiado algo de esto para las pruebas de historia?

“…cuando se está contento de su pasado, se habla de él; cuando no se habla de él, es porque su recuerdo pesa y avergüenza”. (“Isla de Mujeres”, t.19, p. 30. -Obras Completas de José Martí)

Ocultar un pasado incómodo por inconveniencias políticas puede llevarnos a olvidar o contaminar nuestra identidad y eso sería irreversiblemente catastrófico para cualquier país. La Cuba republicana era mucho más que un hato de políticos corruptos. Encontrar esos matices en una realidad marginada para exponer su valor, es por mucho una misión imperante.

“Lo pasado es la raíz de lo presente. Ha de saberse lo que fue, porque lo que fue está en lo que es”. (“Cartas de Martí, La Opinión Pública, Montevideo, 1889, t.12, p. 302 -Obras Completas de José Martí-)

No seremos menos cubanos por interactuar con la obra de Los Aldeanos o de Levi Marrero, pero quizá seamos menos dóciles y miremos la realidad cubana desde puntos de vista amenazantes para el sistema.

Abrir los ojos pasa por abrir la mente. Aflojar los tornillos de esta última lleva mucha llave y lubricante después de sesenta años de “con la revolución todo, contra la revolución nada”, pero vale la pena el esfuerzo cuando descubrimos que este país no nació en enero del 59.

Iván, el cubano protagonista de El hombre que amaba los perros, huyó durante años de su realidad y al final terminó matándolo. ¿Quieres ser un Iván?