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Las batallas de la parametración: memoria de un exorcismo inacabado

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Ilustración: Félix Azcuy

Aunque ya parezca mentira, hace 18 años el movimiento artístico y literario cubano se estremeció de una manera que acaso no muchos recuerdan. País de memoria corta y olvidos intencionados, aquella suerte de tsunami que hizo reventar los buzones de correo electrónico de muchas de nuestras personalidades, parece hoy un eco apenas, disuelto tras los encendidos debates que marcaron su inicio, y las conferencias del ciclo que en distintas sedes se organizaron tras aquel reguero de pólvora memoriosa.

El 5 de enero de 2007 la televisión cubana transmitió un programa llamado Impronta, concebido como una serie que retrataba a figuras relevantes de nuestro ámbito cultural, y su arrancada no pudo ser peor, al elegir como protagonista de esa emisión a un personaje de recuerdo siniestro: Luis Pavón Tamayo. Bastó su aparición en la pequeña pantalla para que ese adormilado movimiento se agitara, y desde la misma noche en que salió al aire aquella «impronta», comenzó el encrispado ir y venir de correos que pasaría rápidamente a conocerse como «la guerrita de los emails».

De izquierda a derecha: Nicolás Guillén, Alfredo Guevara y Luis Pavón Tamayo (círculo rojo)
De izquierda a derecha: Nicolás Guillén, Alfredo Guevara y Luis Pavón Tamayo (círculo rojo) / Foto: Cubanet

Para quien no tenga nociones que expliquen esa reacción y la onda expansiva que desencadenó, hay que recordar quién era ese hombre, al que el programa de televisión presentaba con palabras elogiosas, nada más y nada menos, que de Ernesto Guevara, extraídas de una dedicatoria estampada en un ejemplar de su libro de pasajes de la guerrilla. Nacido en Holguín, en 1930, Pavón desempeñó oficios humildes, hasta graduarse como abogado en la Universidad de La Habana. Se desempeñó como jefe de redacción y luego como director de la revista Verde Olivo, órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias a partir de 1959. Y es desde ahí donde se escudó, según un secreto a voces, tras el seudónimo de Leopoldo Ávila, para fustigar a intelectuales y artistas a los que tachaba de desafectos, malcriados, sospechosos y poco comprometidos con el nuevo proceso político. Antón Arrufat, José Triana, René Ariza o Virgilio Piñera fueron algunos de los blancos predilectos de ese francotirador de antifaz tan poco disimulado. Todo ello creció a un grado más preocupante en 1971, cuando se le nombra presidente del Consejo Nacional de Cultura, cargo en el que se mantuvo hasta 1976.

Durante su mandato en esa institución ocurrió el quinquenio gris, según lo denominó el ensayista y crítico Ambrosio Fornet, que en realidad es mucho más que el periodo ahí enunciado. El malhadado quinquenio gris o decenio negro, como también se le llamó, fue la confirmación de una serie de regulaciones y mandatos extremos que limitaron, borraron y dañaron a muchos de los mejores talentos de nuestro país.

En estos años se consolidaron una serie de antecedentes que venían desde los inicios mismos del triunfo revolucionario, y que tuvieron diversas encarnaciones previas (polémica del documental PM, cierre de Lunes de Revolución, Depuración Universitaria, las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, cierre de Ediciones El Puente, acoso a los líderes de grupos tan respetados como Teatro Estudio o el Teatro Nacional de Guiñol, la incomodidad que provocaba el núcleo de la revista Pensamiento Crítico, etcétera). La premiación de obras acusadas de diversionismo (Los siete contra Tebas, de Arrufat; Condenados del Condado, de Norberto Fuentes; Dos viejos pánicos, de Virgilio Piñera, Lenguaje de mudos, de Delfín Prats o Fuera del juego, de Heberto Padilla) aceleraron una crisis, que no se resolvió con debate sino con mano dura.

Como ejemplos más visibles de esta estrategia represiva pueden citarse el encarcelamiento del propio Padilla y su esposa, y la posterior autocrítica de este poeta en la sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en la noche del 27 de abril de 1971, coincidiendo con la celebración no muy lejos de allí de las sesiones del I Congreso Nacional de Educación y Cultura, clausurado por Fidel Castro el 30 de ese mismo mes.

Los olvidos convenientes

Una madeja muy densa se había tejido entre todos esos debates inacabados o acallados, y la solución a lo que se apuntaba en ellos se procuró como gesto ante el nudo gordiano. Culminado el mencionado Congreso, Luis Pavón emergió como presidente del Consejo Nacional de Cultura (CNC), y con aliados tan siniestros como Armando Quesada, se dispusieron a cumplir con entusiasmo de obra de choque las orientaciones dictadas desde ese cónclave. Había sonado el disparo de arrancada del quinquenio gris y de la parametración. Ese mismo disparo marcó el fin, la interrupción del quehacer de quienes, según esa norma, no cumplían con los «parámetros revolucionarios». Y fue el comienzo de un trauma del que aún varias de sus víctimas no se recuperan del todo.

Armando Quesada (izquierda) junto a Norberto Fuentes (derecha) en la autocrítica de Heberto Padilla en 1971 / Fotograma del documental El Caso Padilla
Armando Quesada (izquierda) junto a Norberto Fuentes (derecha) en la autocrítica de Heberto Padilla en 1971 / Fotograma del documental El Caso Padilla

En 1976, cuando se anunció que el CNC se disolvería para dar paso a la creación del Ministerio de Cultura con Armando Hart a la cabeza de su estructura, se empezó a respirar con más alivio. Un largo proceso de rehabilitación se puso en marcha, en algunos casos fue inmediato y para otros (como Piñera) no llegó nunca. La intención era restañar las heridas, devolver a varias de las figuras afectadas una dosis de dignidad, a manera de disculpa que nunca llegó oficialmente.

El teatro cubano, tan dañado por el actor mediocre que fue Armando Quesada, tardaría en reponerse o perdería algunos de sus principales valores, aunque en 1980 el primer Festival de Teatro de La Habana operó como una maniobra de intenciones sanadoras. El Ministerio, en ese mismo año, concede por vez primera la Orden por la Cultura Nacional, señalando a un núcleo de artistas esenciales. Para algunos era ya demasiado tarde: José Lezama Lima había muerto justo en 1976, y otros, como Pepe Triana, apenas tuvieron oportunidad, salieron al exilio. Lo mismo sucedió con Heberto Padilla, mientras Virgilio Piñera moría en el ostracismo en 1979, sospecho que para gran alivio de quienes le censuraron.

El teatro cubano, tan dañado por el actor mediocre que fue Armando Quesada, tardaría en reponerse o perdería algunos de sus principales valores.

Para ese entonces, Pavón también recibía su cuota de invisibilidad. Tras su salida del CNC pasó a ser rector de la Escuela Superior del PCC, y en el mismo año de la fundación del Ministerio de Cultura integró como diputado la Asamblea Nacional. Luego trabajó en la Uneac, y ya retirado, murió en 2013. La editorial Letras Cubanas publicó en la colección Giraldilla su poemario El tiempo y sus banderas desplegadas, en 1984. Su nombre, en el catálogo de esa colección, se añadió al de autores que fueron censurados durante sus años de poderío. Y en la antología La generación de los años 50, del mismo año y editorial, puede verse su rostro junto al de algunos de esos colegas silenciados. Heberto Padilla es uno de los grandes ausentes de ese libro preparado por Luis Suardíaz y David Chericián: otra maniobra restañadora que pretendió pasar la página sobre años y maltratos que de pronto, con aquel programa de enero del 2007, volvían a la memoria de tantos que los padecieron.

Pero lo cierto es que no solo el regreso de Pavón, esa resurrección inesperada y no deseada, era la que había hecho saltar las alarmas. En otros programas de la televisión habían reaparecido, poco antes de Impronta, otros de los más temidos censores de los años 70. Al comandante Papito Serguera, que tras su paso por África fue designado como presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión entre 1966 y 1973, se le vio en La Diferencia, un espacio en el horario estelar que conducía el cantante Alfredo Rodríguez, quien le agradeció por haberle permitido cobrar su primer salario como artista y quien le preguntó, entre otras cosas inusitadas, si prefería yuca o caviar.

papito serguera
Jorge ‘Papito’ Serguera durante su período de fiscal de los ‘tribunales revolucionarios’. La Habana, 1959 Foto: Live

Igualmente, el mismísimo Armando Quesada, quien trabajaba en el ICRT como funcionario, también se dejó ver en otro programa por aquellos días. Parecía el anuncio de un retorno en toda la ley, y los escritores y artistas cubanos, por una vez y por encima de muchas diferencias de orden estético o personal, respondieron, en una contundente oposición a esas presencias. Esta unidad probablemente no sucedía, en tal escala, desde la prohibición de Alicia en el pueblo de maravillas, el filme de Daniel Díaz Torres cuyo tono de comedia y crítica social puso al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficas al borde de su desaparición, en 1991.

El despertar de la memoria

El arribazón de mensajes fue inmediata e in crescendo. La reacción inicial fue la de estupor y sorpresa, aderezada con anécdotas y muestras de incredulidad. Desde el primer momento, varios escritores e intelectuales se empeñaron en organizar una respuesta ante esas irrupciones. Arturo Arango, Reynaldo González, Antón Arrufat, Jorge Ángel Pérez, estuvieron entre ellos, y por supuesto, también Desiderio Navarro. No fueron los únicos, también se unieron otros creadores (cineastas, músicos en menor grado, y curiosamente, no muchos artistas de la plástica). Los escritores y teatristas, representantes de los gremios más atacados por Pavón, llevaron la voz cantante en este concierto que contuvo varias disonancias, pero se proyectó como un consenso hacia una necesidad imperiosa: rechazar estos retornos indeseados y explicar el por qué era imprescindible ir más allá de la simple protesta. El arma esencial fue el correo electrónico, y pronto en los pasillos del Ministerio de Cultura, de la Uneac o del ICRT, no se hablaba de otra cosa. El eco llegó rápidamente a Miami, a Madrid, a Berlín, etcétera, así como a otras de nuestras provincias. Arrufat, en su mensaje, apuntaba:

«Allí estaba, sin duda, quien durante cinco largos y estériles años, presidió la institución rectora de nuestra cultura, desde su alta torre del palacio del Segundo Cabo, frente a la Plaza de Armas. Allí estaba hablando como si nada hubiera ocurrido, lavado por arte del ocultamiento, de toda responsabilidad con su conducta de aquellos años. Ni el texto encomiástico que un locutor leía, en el que las víctimas televidentes se enteraron por primera vez de su importancia como poeta,  ni las incoherencias musitadas del entrevistado realizaron alguna referencia, ni por un segundo, al pasado ominoso de quien presidió durante esos cinco años el Consejo Nacional de Cultura.

Es decir que todos habían tomado el agua del Leteo, que da el olvido, y que esperaban que las víctimas, por el contrario, recordaran a su verdugo. Allí estaba, vestido de blanco, el gran parametrador de importantes artistas (…), allí estaba quien enseñó a los artistas cubanos un ejercicio apenas practicado en nuestra historia, el de la autocensura, inventor y propiciador de la mediocridad que llenó todo su período con obras que hoy felizmente a nadie le interesa recordar, sabiduría crítica que los dirigentes de la televisión y sus responsables ideológicos no han sabido imitar».

Desde Santa Clara, el poeta Sigfredo Ariel se unía a la cadena de mensajes, para manifestar su asombro e indignación, que debió ser el de muchos, en líneas enviadas a Jorge Ángel Pérez:

«¿De verdad que alguien ha convocado en televisión, de cuerpo presente, al fantasma de Luis Pavón, mano verduga del peor periodo que ha atravesado la cultura de este país? Si fuera hoy el día de los Santos Inocentes no me hubiera extrañado recibir esta noticia, inconcebible por más de una razón: no se puede entender esta exhumación en el medio de comunicación más influyente y masivo -lisonja ha recibido, dices-  tras tantos congresos, encuentros públicos, y todo tipo de reuniones a todas luces oficiales que han examinado aquellos oscuros días y han enjuiciado muy negativamente su dirigencia.

En los años que vinieron después no se volvió a escuchar aquel nombre sino para deplorar públicamente su gestión al frente del Consejo Nacional de Cultura y así lo evocan con frecuencia siempre que pueden muchos de los que sufrieron el silencio obligado, el no existir, la acusación de éste u otro estigma y a quienes Pavón y sus colaboradores dedicaron variadas formas de humillación. (…) Creo que a algunos de los hoy respetados escritores y artistas que han recibido Premios Nacionales en los últimos diez o veinte años les toca opinar sobre la nueva resurrección de su victimario. Podría esta inesperada aparición abrir un nuevo diálogo, ojalá que manteniendo a raya extremos y rencores. A nosotros, que no vivimos el pavonato en sí, que recibimos apenas ramalazos de su agónica resaca, nos tocaría escuchar, prestar atención y atar cabos».

Prudente como soy, conservo la mayoría de los mensajes aparecidos en esos días, junto al que yo mismo envié. En el debate también intervinieron, en mayor o menor grado, Senel Paz, Rebeca Chávez, Zenaida Castro Romeu, Abelardo Estorino, Amir Valle, Pedro Pérez Sarduy, Cira Romero, César López, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, Waldo Leyva, Magaly Muguercia, Pablo Menéndez, Abilio Estévez, Jorge Luis Sánchez, Reina María Rodríguez, Juan Pin Vilar, Laidi Fernández de Juan, Eliseo Alberto, Luisa Campuzano, Jaime Sarusky, Omar Valiño, Frank Padrón Nodarse, y entre otros, el cineasta Enrique Pineda Barnet, que confesaba:

«He vuelto a tener insomnios. Estoy entre pesadillas de amigos vapuleados, del Guignol asesinado, de los perseguidos, los huidos,  los aterrados, de los teléfonos con frases entrecortadas, documentos inocentes quemados u ocultados, poemas perdidos y sueños mutilados. Reaparecen palabras, signos, como quemaduras marcadas en la piel: parametración, Umap, censura, condena, consejo, brujas, Pavón, Quesada, y sus herencias en los mitines de repudio o sus consecuencias congresos… y etcéteras».

Como respuesta por parte de la institución que había provocado tal avalancha, solo hubo silencio. La asesora del programa trató de explicar, al saltar el tema en un encuentro de artistas y escritores convocados por otro asunto en el Centro de Prensa Internacional, que todo se debía a que los creadores de Impronta, equipo muy joven, no sabían nada acerca del quinquenio, la parametración ni aquellos años de censura, homofobia institucionalizada y veto estético y político, haciéndose de paso muy poco favor. Fue una versión que no convenció a nadie. Era obvio que no se trataba de un sarampión pasajero o de un escandalito fugaz, y que la demanda de quienes enviaron esos mensajes tendría que concretarse en una respuesta más precisa.

Mientras se añadían más nombres que protestaban (Sergio Chávez, Gustavo Arcos, Belkys Vega, Alfredo Guevara, Humberto Solás, Mariela Castro, José Manuel Fernández Pequeño, Enrique Colina y otros…), el 18 de enero se publicó en la prensa una Declaración del Secretariado de la Uneac que lejos de resolver el dilema, dejó la impresión de un lavado de manos que otra entidad, y no el ICRT, presentaba como un remedio ineficaz. No había vuelta: los artistas e intelectuales seguían demandando una maniobra de limpieza y exorcismo. Y es por ello que el 30 de enero, en la Casa de las Américas, se produjo la extensa, necesaria y extenuante reunión con la que daba inicio, bajo la convocatoria del Centro Teórico Cultural Criterios y su director; el traductor, editor y lingüista Desiderio Navarro, el ciclo «La política cultural del periodo revolucionario: memoria y reflexión».

No había vuelta: los artistas e intelectuales seguían demandando una maniobra de limpieza y exorcismo.

Ese martes, a las 3 de la tarde, llenaron la sala Guevara de la Casa de las Américas muchos de los implicados en el cruce de mensajes, así como funcionarios y representantes de varias instituciones. La conferencia inaugural la pronunció Ambrosio Fornet, por supuesto: «El quinquenio gris, revisitando el término». Conseguir una invitación se volvió algo añorado por muchos, que se quedaron fuera y que, sobre todo entre los más jóvenes, sintieron que se les excluía, con lo que se afianzaba esa excusa acerca de la corta edad y el desconocimiento que los gestores de Impronta tenían aparentemente a su favor.

¿Cómo saber la verdad si el diálogo se cerraba sobre una generación más enterada, que había sufrido en carne propia los desmanes del quinquenio, pero que no abría esos testimonios ante los de edad más reciente, desconocedores de un hecho que no estaba debidamente registrado en nuestra historia, y contra la cual se alzaba una noción de política cultural que eludía a conciencia esas discusiones? Acaso se quiso evitar lo inevitable: que ante miradas menos entrenadas, lo que iba a suceder allí pareciera un aquelarre, más que un exorcismo. Y lo cierto es que tras la lectura de la puesta al día que sobre esos asuntos fue la conferencia de Fornet, hubo muchas intervenciones que funcionaron como desahogo, como reclamos que habían aguardado este momento por muchos años, y que exigían una transparencia que también apuntaba a los culpables, aún vivos, de muchos de esos errores. Y que continuaban, continuaron y en algunos pocos casos aún continúan tranquilamente impunes.

Esa primera entrada del ciclo demostró la urgencia de esos reacomodos de la historia, sacando a flote censuras y prohibiciones vigentes, como las denunciadas por Enrique Colina al mostrar un listado de filmes cubanos que la televisión cubana nunca había transmitido, y en la que sobresalía Fresa y chocolate. Ello provocó momentos acalorados, y la sensación dominante fue la del estallido de una tormenta por largo tiempo contenida. Quedó claro: el ciclo debería continuar, con análisis particularizados en aquellas zonas de la creación y el pensamiento cubano que habían recibido los efectos de aquellas normativas del CNC.

Esa primera entrada del ciclo demostró la urgencia de esos reacomodos de la historia, sacando a flote censuras y prohibiciones vigentes.

Como una respuesta a la ausencia de los jóvenes en ese encuentro inicial, el siguiente paso se daría en el Instituto Superior de Arte, donde se efectuó el taller «La política cultural de la Revolución», coordinado por el CTC Criterios y la Asociación Hermanos Saíz, y donde Arturo Arango leyó su intervención «Pasar por joven (con notas al pie)», donde abordaba la recepción que desde su generación tuvo de los efectos del quinquenio, junto a otros integrantes de la Brigada Hermanos Saíz. El ciclo, como tal, tendría varias de sus siguientes sesiones en el mismo sitio, y el 19 de marzo, se produjo allí el segundo encuentro: Mario Coyula presentó su conferencia «El trinquenio amargo y la ciudad distópica: autopsia de una utopía», referida a la arquitectura y su reducción entre nosotros a seguimientos de patrones que, como el método de prefabricado, frenaron su impulso de manera drástica en nuestro país.

El 15 de mayo, también en el ISA, Eduardo Heras León y nuevamente Arturo Arango serían los conferencistas del ciclo. El autor de Los pasos en la hierba narró su testimonio directo como víctima de la parametración, en «El quinquenio gris: testimonio de una lealtad». Y Arango expondría «Con tantos palos que te dio la vida: poesía, censura y persistencia». A ello le seguiría la intervención de Fernando Martínez Heredia, el 3 de julio, con «Pensamiento social y política de la Revolución». Son esos los textos, junto a la introducción al ciclo del propio Desiderio Navarro leída el 30 de enero («¿Cuántos años de qué color? Para una introducción al Ciclo»), los que se incluyeron en un libro aparecido en marzo de 2008, con tirada de 3 mil ejemplares y que anunciaba desde su portada que era la «primera parte» de un proyecto mayor. Lo cierto es que aunque hubo, en efecto, una continuación de esas presentaciones, debates, y nuevas conferencias, nunca se editaron en una segunda parte, así como tampoco, durante la secuencia del ciclo, la televisión y otros medios de prensa hicieron demasiada publicidad sobre tales encuentros.

Un debate inconcluso

La persistencia de Desiderio Navarro continuaba firme, pese a ello. Imagino que tras la aparición del libro, muchos creyeron que el asunto estaba zanjado. Él sabía que no era así, y esa certeza lo llevó a convocar al menos otros tres encuentros, que se movieron a otra locación. El 2 de septiembre ya de 2008, Juan Antonio García Borrero lee su conferencia «Cine cubano post-68: los presagios del gris», en la sede del Centro Teórico Cultural Criterios, ubicada en el edificio del ICAIC. Allí también se efectuarían los encuentros finales del ciclo.

El 31 de octubre, Ernesto Juan Castellanos presentó «El diversionismo ideológico del rock, la moda y los enfermitos». Y el 20 de enero de 2009 me correspondió a mí, sin imaginarlo, dar por terminadas esas acciones, al leer «Las máscaras de la grisura: teatro, silencio y política cultural en la Cuba de los 70». Ya que nunca se imprimió la prometida «segunda parte» de aquel libro, estas conferencias no llegaron a letra impresa. Se alojaron en el sitio web del CTC Criterios, el cual hasta donde sé ya no existe o fue desactivado. En mi caso particular, incluí en la revista Tablas una edición sintetizada del texto (en su anuario de 2009), y lo incluí íntegramente en mi libro Escenarios que arden (Letras Cubanas, 2012).

Quedaron pendientes temas que algunos esperábamos se sumaran al ciclo, como lo sucedido en aquellos años con los artistas de la plástica, que luego abordó Hamlet Fernández en su libro La acera del sol (Premio Alejo Carpentier, 2019). Pero tras mi conferencia, sobrevino el final de aquel empeño, como si la oleada de embullo nacional se hubiera ya evaporado, o quienes permitieron sus ediciones consideraran que había sido suficiente y era mejor no seguir revolviendo el pasado.

Al recibir la llamada mediante la cual Desiderio Navarro me invitaba a ser parte del ciclo, no me pude negar, aunque no se me escapaba lo que representaba como desafío. Mi fecha de nacimiento es justamente la de ese año al que Jorge Fornet dedicó un libro que ayuda a entender los puntos de giro que vivió Cuba (El 71: anatomía de una crisis, Letras Cubanas, 2013); por lo que no fui testigo de cómo se gestó y alteró drásticamente el panorama en que me eduqué, ya bajo los efectos de lo que en ese momento se diseñó como un programa educativo y cultural mucho más reductivo y doctrinario.

La sugerencia de mi nombre le llegó a Desiderio a través de Arturo Arango. Yo había escrito a petición de La Gaceta de Cuba un artículo que mapeaba la historia de nuestra dramaturgia, y ahí mencionaba la parametración. Desde esa señal, vino la invitación a cubrir la zona más herida por los mandatos del CNC, asunto del cual otros testigos y estudiosos no aceptaron hablar. Lo que finalmente me impulsó fue tener, a mi lado, los papeles que me ayudaron a escribir el libro que sobre la defenestración de los fundadores del Teatro Nacional de Guiñol concebí junto a Rubén Darío Salazar: Mito, verdad y retablo, el guiñol de los Hermanos Camejo y Pepe Carril, Ediciones Unión, 2012, Premio de la Crítica Literaria). No podía desaprovechar el reto de contar esa historia, organizarla ante lectores de diversas generaciones, y hacerlo, esencialmente, como un acto de justicia. Escribí, leí, terminé con la garganta reseca tras aquellas dos horas de lectura, que interrumpí solamente para dar unos minutos de intermedio: al fin y al cabo hablábamos de teatro.

Norge Espinosa (derecha) junto a Desiderio Navarro
Norge Espinosa (derecha) junto a Desiderio Navarro

Todavía recibo, de cuando en cuando, palabras de agradecimiento por ese libro y por aquella conferencia, que espero ampliar con los testimonios recogidos para un volumen que me permita organizar una visión más abarcadora de lo que fue la parametración y el quinquenio gris. En la lectura de aquella noche, mientras leía y me grababan cámaras y personas que yo no conocía, me acompañaron las actrices de El Ciervo Encantado. Y por supuesto, Desiderio. Perderlo fue un golpe mayor del que imaginábamos. Incluso cuando temíamos al verlo levantarse en alguna reunión de la Uneac a leer citas y dar largas intervenciones. Tras su muerte, en el 2017, el ámbito letrado para el cual trabajó, tradujo, y coordinó muchas acciones, se acalló rápidamente.

En el 2020, Margarita Mateo me pidió que le hiciera llegar las tres conferencias finales, pensando en cumplir la promesa de aquel segundo tomo. Ella misma descubrió, en la sede de Criterios, una gran cantidad de ejemplares del primer libro, y organizó una venta de ese título que no merecía estar arrinconado y semioculto en un almacén, a la que acudieron muchos jóvenes. Aún tengo que enviar mi conferencia y otras a quienes me las piden, ansiosos por saber sobre aquellos desmanes y errores, que reaparecen como amenazas y secretos no del todo narrados de vez en vez. Y recuerdo el fervor y el delirio de ese exorcismo inacabado que imaginó Desiderio Navarro, como un gesto que en cierta manera nos corresponde prolongar, más que concluir.

Releyendo ahora esos mensajes, rememorando la intensidad de los debates, calibrando las ideas apuntadas y señalando a quienes, desde posiciones más esquivas, intentaron eludir el asunto y sugerían escurrir el bulto, la memoria de ese momento me hace pensar en la im/posibilidad de un espacio de ideas donde la cultura y la creación de Cuba se reconozcan en un poder de convocatoria y acción que ahora parece adormilado. La discusión sobre ese reajuste con la Historia y sus silencios, con las responsabilidades privadas y públicas de quienes obraron durante aquellos años del quinquenio y más allá para intentar borrar la fuerza de lo mejor de nuestros artistas con dogmas y doctrinas implacables, queda como un eco ante otros debates posteriores, en los que ha faltado la fuerza aglutinadora para, como sucedió con este ciclo, hacernos sentir y hablar desde una libertad que no debería transparentarse solamente como un ademán reactivo.

La memoria de ese momento me hace pensar en la im/posibilidad de un espacio de ideas donde la cultura y la creación de Cuba se reconozcan en un poder de convocatoria y acción que ahora parece adormilado.

Al escribir mi conferencia, lo que más me costó fue poner en una cronología lo que sabía o creía saber acerca de la parametración, sus gestores y sus víctimas: información recogida en diversas fuentes o aprendida a golpes de confesión. Pude ganarme, con años de paciencia, la confianza de quienes me revelaron las mayores verdades. Y también aprendí, con ellos, a manejar con respeto esas claves, a corroborarlas en documentos y otras memorias. A entender que la incomodidad que aún emana de esos referentes impone también un manejo digno y respetuoso de los cardinales de este paisaje, más complejo que la anécdota de paso que no pocos han querido aprovechar o simplemente negar.

En la cultura cubana de ahora mismo, otros debaten amplifican la necesidad que originó aquel ciclo. La historia, expuesta ahí, aún contiene claves que no se han explicitado del todo: el exorcismo por el que clamábamos sigue inconcluso. Por ello, cuando otro asunto hace saltar las alarmas y la parametración vuelve a mencionarse, no pocas veces pareciera que volvemos a un punto cero, como si lo analizado y demostrado acerca de este y otros tabúes ya se hubiera disuelto con rapidez. La reaparición de Heberto Padilla en el documental de Pavel Giroud que rescata la filmación de su autocrítica, la resurrección de Nicolás Guillén Landrián, la entrega a Delfín Prats del Premio Nacional de Literatura, las discusiones y el final abrupto de la Muestra de Cine Joven, la noche del 27N, la apertura de archivos personales, los tensos debates sobre la Ley de Cine, etcétera, extienden una línea que nos remite a todo esto, y que trata de volver a la pregunta original: ¿por qué el error, la censura, el silencio, la desconfianza, el espacio sin puentes que a veces ha sido el diálogo entre la creación artística y el control oficial sobre ella? Y a otra no menos importante: ¿cómo saber lo necesario, aprender y ahondar en esa Historia, para evitar que se repitan cosas tan graves? En ese sentido, el impulso de Desiderio Navarro sigue siendo un trazo en el aire. La urgencia de un exorcismo que solo puede culminarse cuando quede a la intemperie toda la verdad. Y aunque parezca mentira, ese ademán sigue a la espera, aún hoy. Por encima, incluso, de estos 18 años.

Falacias

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falacia
Foto: Brady Izquierdo

Si de mí dependiera, en cada plan de estudio de niños y adolescentes no faltarían asignaturas dedicadas a cultivar las habilidades en el debate y la argumentación, la apreciación del humor, el desarrollo de la creatividad y el aprovechamiento cabal de las oportunidades de permanecer callado y escuchar, antes de opinar sobre lo que no se tiene la más peregrina idea.

Debido a que en nuestra caribeña tierra pulula el homo sapiens discutidor, beligerante y pendenciero, ese ser que encabeza cualquier argumento sobre sea cual sea el apartado con un: «No comas mierda», reviste especial importancia una educación prolija en las técnicas de debate e intercambio de argumentos, para que las generaciones futuras no hagan el ridículo, si alguna vez llegaran a probar suerte, en entornos donde gobiernen la lógica y las normas adecuadas de convivencia social.  

En el ámbito del debate y la discusión, las falacias argumentativas son errores en el razonamiento que corroen la solidez de un argumento. Pueden ser intencionales, utilizadas para persuadir o manipular, o involuntarias, producto de un descuido en la construcción del discurso. Suelen desviar la atención del tema central, apelar a emociones, prejuicios o autoridad en lugar de a hechos y razonamientos sólidos.

Por supuesto que en la vida cotidiana se dan situaciones en las que identificar y comprender las falacias no es de mucha ayuda. Hace unos años yo hacía disciplinadamente una cola para pechuga de pollo rebajada y una señora, utilizando estrategias de despiste y aproximaciones sucesivas, intentó colarse delante de mí. Con mis mejores maneras, le hice saber que lo que hacía no era correcto, y como respuesta comenzó a gritarme. El que más grita no es siempre el que tiene la razón, señora, le dije con mucha compostura. Me respondió que a ella no le interesaba la razón, sino coger pechuga.

Aunque no sean el ungüento de La Magdalena, si se tiene interés en practicar un diálogo ético y honesto, no está de más tener presentes las principales falacias, al menos en apretada enumeración y someramente ejemplificadas. Ahí vamos:

Falacia de la Generalización Apresurada: Consiste en sacar una conclusión general a partir de una muestra insuficiente o no representativa, y por ende, ignorar la diversidad y complejidad de los casos individuales.

«Mi abuelo fumó y tomó ron toda la vida y duró 92 años, así que tan malos no deben ser el tabaco y el alcohol» y «Si naciste en La Habana no puedes ser policía, porque todos los que yo conozco son de Oriente»  son dos generalizaciones apresuradas como castillos. Hay quien seguro dirá: «Mira la cantidad de palabras en latín que ha puesto Bacallao en este texto, el tipo mete tremendo latín». Nada más lejos de la realidad. Es importante que recordar que la gallina piensa que el dueño es bueno hasta el día en que se la come.

Falacia Ad Hominem: Atacar a la persona que presenta el argumento en lugar de refutar el argumento en sí. Se utiliza para desviar la atención del problema centrándose en características del argumentador irrelevantes para la ocasión.

«Las críticas que hacen los periodistas de los medios independientes son inaceptables porque esos medios reciben fondos de los americanos» o «todo lo que dice ese sapingo es mentira porque nunca se ha pronunciado en contra de que haya presos políticos» son dos ejemplos calenticos, calenticos. También tenemos a los que decían que no sentían la muerte de las cinco personas que fallecieron en el minisubmarino que bajó al Titanic porque eran millonarios practicando una actividad riesgosa, como si por ser muy rico la vida valiera menos. Si alguien sabe a partir de que cantidad de dinero uno empieza a volverse hijo de puta, me interesaría muchísimo el dato.    

Falacia de la Causa Falsa (Non Causa Pro Causa): Consiste en asumir una relación causal entre dos eventos sin evidencia suficiente, confundiendo correlación con causalidad.

Una vecina en bata de casa y chancletas de metedeo y con medias le dice a la de la casa contigua: «Oye, desde que se mudó para la cuadra la familia de Las Tunas se han empezado a desaparecer los gatos, saca tus propias conclusiones».

Muy parecida pero sutilmente distinta es la falacia Post Hoc Ergo Propter Hoc que estriba en el presupuesto de porque un evento ocurrió después de otro, el segundo fue causado por el primero. También confunde correlación con causalidad: «El Toque es el que sube el dólar, porque desde que empezó a publicarlo no ha dejado de subir».

Falacia de Apelación a la Tradición (Argumentum ad Antiquitatem): Es afirmar que algo es correcto o mejor solo porque se ha hecho durante mucho tiempo, ignorando que la tradición no siempre es sinónimo de validez.

«La calidad de cualquier reguetón está probada porque de toda la vida las cosas que le gustan a tanta gente, tienen que ser las buenas» sin reconocer que a las ejecuciones públicas en la antigüedad asistían multitudes, igual que a los actos de repudio.

Todavía hay gente muy culta que le dice a los niños como le decían a ellos: «Sale de la ventana que hay tremenda corriente de aire», «no andes descalzo, que está tronando» o mi preferida: «No te eches para alante, que la cabeza pesa más que el cuerpo».

Falacia de la Pendiente Resbaladiza (¡Ah caramba! ésta no tiene nombre en latín, ¡que pérdida de glamour!) Se basa en sugerir que una acción llevará a una serie de eventos negativos sin proporcionar evidencia.  
«Si permitimos que se firme el código de familia, pronto la gente va a querer casarse con animales, y te van a quitar los niños para ponerles películas porno». Por supuesto, asume una cadena de consecuencias sin fundamento lógico.

Falacia de Apelación a la Autoridad (Argumentum ad Verecundiam, esta sí tiene latín, regreso triunfal)
Ocurre cuando se usa la opinión de una autoridad o figura respetada como prueba de un argumento, incluso cuando no es un experto en el tema, obviando que la autoridad no siempre es relevante o infalible en todos los temas.

En este caso, es bastante común en el discurso oficial cubano justificar con alguna frase de Fidel cualquier medida o acción gubernamental que esté siendo criticada. Fidel dijo que con la Revolución Energética se podía decir el día y la hora del último apagón, y que «llegará el día en que las frutas, los vegetales, hasta la leche se distribuirá gratuitamente a todo el pueblo»; aunque era un excepcional político, en ambas predicciones le faltó un tin de exactitud.

A cada rato uno se topa con una frase célebre de Morgan Freeman o de un repartero asumida como si fuera ley de vida por sus valedores. Me parece a mí que si vas a atesorar algo de Morgan Freeman debería ser una actuación, y de un repartero un tema bien popular, pero coño, frases célebres no. Es como atesorar como paradigma un video de una bronca de Mahatma Ghandi o una carta de amor de Josef Mengele

Tenemos también la Falacia Apelación a la Emoción o Argumentum ad Populum
que aprovecha emociones como miedo, compasión u orgullo en lugar de hechos o razones para persuadir. «Yo no entiendo a toda esa gente sacando pasaportes españoles a troche y moche. Si Antonio Maceo viera eso le da una cosa». Aquí evidentemente se manipulan emociones en lugar de presentar argumentos sólidos.

Todavía quedan muchísimas más falacias sin mencionar, pero no quiero dejar de referirme a la Falacia Tu Quoque, que consiste en desviar la crítica señalando que el crítico también es culpable de lo mismo, para desviar la atención sin refutar el argumento. Ayer mismo le señalé a mi esposa que en lugar de pan podría comerse algunas galletas integrales de arroz inflado, que eran más sanas y me contestó: «Mira quien habla de dieta sana, el que la semana pasada bajó un naylon de galletas de soda con mayonesa a las dos de la mañana». 

En fin, que identificar y comprender las falacias es fundamental para evaluar la validez de los argumentos propios y ajenos, así como para fomentar un diálogo constructivo y basado en la lógica. Y bueno, para manipular también un poco cuando haga falta, pero solo un poco y por causas justas. Que no se diga que no somos personas decentes.

Secuestros y noticias falsas: el gobierno desmiente rumores

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noticias falsas
Imagen: France24

La noticia es que el gobierno cubano desmintió esta semana una serie de noticias falsas que se difundieron por redes sociales y audios en WhatsApp que aseguraban el secuestro de niños con armas blancas y vehículos esperando menores en las afueras de escuelas.

Los audios fueron rápidamente circulados en grupos de padres con hijos en edad escolar.

A finales de enero hubo rumores de esta naturaleza en el municipio de Cárdenas, en Matanzas. El gobierno local los desmintió con prontitud:

«Según fuentes oficiales del Ministerio del Interior (MININT) y la Dirección de Educación en el territorio, no se ha registrado ninguna denuncia relacionada con estos hechos en las unidades policiales de Cárdenas o Varadero, ni en los 61 centros educativos de la zona.  Las versiones, que mencionaban supuestos intentos en escuelas como la Primaria de Cantel o la Secundaria José Martí, carecen de sustento legal o testimonial verificable».

En esta ocasión los reportes provenían de diferentes barrios de la capital. En varios de los audios circulados se hablaba de supuestos hombres en moto que se llevaban a los niños para México con el objetivo de traficar con sus órganos.

El vocero del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Humberto López, entrevistó a dos funcionarias que negaron de tajo estos rumores, y confirmaron que se trataban de noticias falsas.

Mary Carmen Rojas Torres, Directora de Actividades Educativas Especiales del Ministerio de Educación (MINED), dijo que los rumores sobre hombres que esperan niños en las afueras de las escuelas, y otras historias que se han difundido sobre niños siendo amenazados con cuchillo no ocurrieron.

«Lo podemos afirmar porque desde el Ministerio [de Educación] se genera un sistema de información, de reporte e incidencias, de situaciones que puedan ocurrir en las más de 11 mil instituciones educativas».

«No existe ninguna evidencia de un niño esté ausente, ni denuncia de ninguna familia».

Durante la comparecencia televisiva en la Revista Buenos Días y luego difundida como reporte más breve en las otras emisiones informativas de la televisión cubana, los participantes recordaron que la distribución de noticias falsas tiene consecuencias penales.

De acuerdo con la vicefiscal provincial de La Habana, Yahimara Angulo, la legislación cubana establece sanciones para los difusores de las noticias falsas. La jurista explicó la diferencia entre el que difunde esto a sabiendas de que es falso, y las personas que sin conocimiento, y con el fin de alertar a otros lo hacen, quienes no serían sometidas a investigaciones.

«Si para la difusión de esta información falsa, se tiene como propósito crear alarma, descontento, desinformación, proceder al pánico, menoscabar la tranquilidad ciudadana, inmediatamente se integra delito, conducta penal, que está reprimida severalmente en nuestra norma penal».

La vicefiscal advirtió que más daño hacen cuando se realiza en el entorno de las redes sociales.

Hace algunos meses se produjo una investigación por la difusión de la noticia de una falla en la presa Los Asientos, en el municipio San Antonio del Sur que había sido severamente dañado por el huracán Oscar. Entones, se difundió la noticia de que una de las paredes de la presa que estaba al 100 por ciento de su capacidad, estaba a punto de caer, lo cual pondría en peligro la vida de muchas personas.

En aquel momento, el Consejo de Defensa nacional informó en Facebook que los responsables iban a ser investigados y procesados por «crear pánico en una población».

Esta noticia significa que el escenario digital cubano es altamente susceptible a alertas que crean pánico, y que persisten intenciones maliciosas de crear inestabilidad y empeorar la percepción que hay sobre el orden de cosas.

Los audios alarmistas en WhatsApp tuvieron auge en Cuba durante la pandemia de covid-19, uno de los más célebres fue el de una supuesta bióloga que tildaba como un «crimen colectivo» la demora del gobierno cubano a cerrar fronteras. Pero este no fue el único.

Aunque la desinformación es un problema mundial, y cada vez se usa más como arma política, la tardanza con la que llega la «información oficial» en muchos casos, sumado a una cultura del secretismo por parte de la prensa estatal y los organismos de gobierno termina estimulando que no pocas personas crean cualquier contenido que se hace viral, por más inverosímil que sea.

Significa además que urge crear mecanismos para verificar informaciones de esta naturaleza y fortalecer la capacidad de reacción de los medios periodísticos que hoy están en franca crisis y con una marcada desconexión con las audiencias. En español existen iniciativas como https://chequeado.com/ y https://maldita.es/ que se dedican a rastrear informaciones falsas y bulos.

En adición, la mayoría de las noticias falsas, engañosas o alarmistas tienen un grupo de elementos que, con un ojo agudo, pueden hacernos sospechar. El Observatorio sobre Extremismo Político de La Joven Cuba elaboró un grupo de recomendaciones básicas para evitar ser víctimas de este tipo de desinformaciones entre ellas se encuentran: evitar titulares sensacionalistas o de odio, revisar la fuente y conocer su política editorial, verificar siempre la información acudiendo a fuentes primarias y contrastando con diversos medios. Es recomendable, además optimizar el tiempo dedicado al consumo noticioso priorizando calidad sobre cantidad y analizar si el contenido es realmente relevante. Además, se pueden utilizar herramientas de redes sociales para limitar la exposición a publicaciones manipuladoras y, antes de reaccionar o compartir, identificar las emociones que provoca una noticia, asegurándose de contar con información suficiente para expresar opiniones de manera fundamentada y respetuosa.

Nuestra opinión es que estos rumores, que lucen como fabricados en momentos clave, se benefician de la falta de credibilidad de las fuentes oficiales, y de la falta de información.

En los dos casos hoy reseñados ha ayudado el hecho de que con relativa rapidez el gobierno reaccionó, ofreciendo una versión oficial a un rumor que no tenía evidencias. Quizás no siempre es suficiente que sean los voceros del partido en espacios habitualmente propagandísticos quiénes sean los encargados de clarificar con lo que se supone sea la verdad la existencia de un rumor que crea tanta ansiedad en las familias, considerando además que la audiencia de la televisión va en bajada, y es en las redes donde más se está informando la gente habitualmente.

Urge incluir la educación para la comunicación en los programas curriculares de todos los niveles de enseñanza. Esto debería hacerse de una forma desprejuiciada y evitando el simplismo de «los medios estatales son certeros y los independientes dicen mentiras».

Por otro lado, en Cuba todo el tiempo suceden situaciones que fertilizan al rumor malintencionado: la casi desaparición de los productos de la canasta familiar normada, o la dependencia del mercado informal para adquirir medicamentos básicos, por solo mencionar dos problemas serios que afectan a las grandes mayorías y sobre los que no se ha explicado casi nada en espacios oficiales.

La vulnerabilidad de los internautas a las noticias falsas crece debido a la situación de incertidumbre. Al observar el empeoramiento de las condiciones de vida, así como sufrir un incremento de la inseguridad en las calles, es de esperar que las familias sean más susceptibles a creer en rumores que parecen expresiones extremas de una realidad que se está viviendo ya.

En estos casos, la respuesta rápida de las autoridades encargadas de monitorear o evitar que esto suceda, con información disponible en las vías más utilizadas por la población, y un fortalecimiento del sistema de medios que reconstituya su encargo social, serían formas de mitigar rumores de niños secuestrados, que tanta angustia traen a la ya tan impactada por la crisis familia cubana.

Preocupación por condiciones carcelarias tras la muerte de Yoleisy Oviedo

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Yoleisy Oviedo
Yoleisy Oviedo

La noticia es que medios y organizaciones de la oposición han denunciado el fallecimiento en condiciones no aclaradas de Yoleisy Oviedo Rodríguez, quien se encontraba bajo custodia del Estado en el campamento de trabajo El Guatao, en La Habana. Por la información publicada, Oviedo Rodríguez, de 44 años y madre de dos hijos, había sido sancionada en 2022 tras participar en una manifestación en Güines, Mayabeque, y cumplía una condena de cinco años de privación de libertad.

«Aunque desconocemos las causas de la muerte […] de acuerdo con información vista en redes sociales, Yoleisy presentaba problemas de salud que no fueron oportunamente atendidos. Hasta ayer en la tarde, su familia no había podido acceder a su cuerpo» señaló el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas, una organización opositora que declara como objetivo «monitorear incidentes represivos o violatorios de derechos humanos al interior de los centros de reclusión del país».

La muerte de Oviedo Rodríguez ha reavivado el debate sobre la situación en las prisiones cubanas y las condiciones de reclusión. La antes citada organización afirmó que en las últimas 48 horas se han registrado cuatro fallecimientos en prisión y que en lo que va de año la cifra asciende a 12. Cuando se trata de una persona vinculada a una causa política la atención mediática suele ser mayor.

Esto significa que el tema de las personas privadas de libertad por motivos políticos continúa siendo un punto de atención en la opinión pública sobre Cuba. La disponibilidad de información sobre la población penal en la Isla, tanto de presos comunes como de carácter político, sigue siendo sumamente limitada, lo que dificulta conocer el estado real de las condiciones en los centros penitenciarios.

Según la World Prision Brief —una ONG internacional dedicada a investigar y proporcionar acceso gratuito a información sobre los sistemas penitenciarios de todo el mundo—, en las cárceles cubanas hay una tasa de prisioneros de 794 por cada 100 mil habitantes. Esto coloca a Cuba debajo de El Salvador, como el segundo país con mayor tasa de personas encarceladas con respecto a su población.

Esta información no puede ser contrastada con datos oficiales, pues ninguna fuente oficial ha revelado el monto de la población penal.

Por lo general las valoraciones sobre este tema tienden a estar sumamente polarizadas. Los medios estatales relatan escenarios idílicos en los centros penitenciarios, mientras los de la oposición señalan condiciones inhumanas.

El acceso a información actualizada y verificable sobre las prisiones en Cuba sigue siendo un desafío, ya que no existen organizaciones no gubernamentales legalmente reconocidas que puedan operar como observadores habituales en el terreno.

Por otra parte, el tema de la liberación de presos por razones políticas también ha sido motivo de múltiples cuestionamientos. En principio La Habana aceptó excarcelar 553 presos luego de que la administración Biden eliminara a Cuba de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo. Sin embargo, a las pocas horas de tomar la presidencia Trump revirtió esas medidas y avivó las sanciones; luego de esto, varias organizaciones alertaron que no se reportaron más liberaciones de presos vinculados a causas políticas.

El gobierno cubano no reconoce la existencia de presos políticos, sin embargo, en aquel momento Maricela Sosa Ravelo, vicepresidenta del Tribunal Supremo Popular, afirmó en televisión nacional que las personas liberadas estaban condenadas por delitos que incluían hurto, robo con fuerza, lesiones, amenazas, desórdenes y sedición.

Hasta el día de hoy los medios y organizaciones que se han dedicado a monitorear el proceso reportan alrededor de 210 pesos políticos sacados de las prisiones con licencias extrapenales, la mayoría encarcelados por los disturbios del 11j. Se desconoce, por tanto, si el gobierno cubano decidió frenar las liberaciones —en cuya negociación también participó el Vaticano— o completar la lista con presos por otras causas no vinculadas a la política y la protesta social. 

Nuestra opinión es que resulta de vital importancia que las autoridades esclarezcan lo sucedido con la mayor transparencia y brevedad posible.

Las muertes en los centros penitenciarios —ya sea por causas inevitables o agravadas por malas condiciones— no son exclusivas de la Isla, pero mirar para otro lado no debería ser nunca una opción. Se trata de personas en extrema situación de vulnerabilidad, y por tanto, sus derechos deberían ser observados y defendidos con sumo cuidado.

El sistema penal no está exento de la crisis multidimensional que vive la Isla, en la cual la carencia de alimentos e insumos médicos se hace cada vez mayor. Por tanto, la difusión de información precisa y la supervisión independiente de las condiciones en los centros penitenciarios, y particularmente de las personas enjuiciadas luego de protestas sociales, contribuirían a brindar un conocimiento más certero sobre la situación carcelaria en Cuba. Un tema de gran opacidad y marcado por la polarización en los discursos. 

Una atención médica adecuada y un trato digno a todas las personas privadas de libertad es un reclamo justo y necesario. La función del Estado es brindar estas garantías y la de la sociedad civil es monitorearlas.

Claver Carone, el pollo americano y las hostias de arroz

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Foto: Redes Sociales

La noticia es que Estados Unidos exportó a Cuba 253 mil toneladas de pollo, un récord mínimo para los últimos cuatro años, pero una cantidad por la que se pagó más dinero que nunca en este rubro: 313.4 millones de dólares.

En total, desde el 2020 hasta la actualidad Estados Unidos exportó 1180 millones de dólares solo en pollo, la principal fuente de proteína en Cuba es la carne de pollo, sobrepasando al cerdo, debido a la severa crisis en ese sector.

Las cifras que publica el blog Cuba Trade, que extrae de documentos oficiales del gobierno estadounidense, no diferencian quiénes han sido los importadores, solo se registra la exportación a Cuba, lo cual incluye gobierno cubano y actores privados.

Si bien las medidas unilaterales coercitivas estadounidenses están vigentes y fortalecidas, este comercio de alimentos se realiza bajo la Ley de Reforma de las Sanciones Comerciales y Mejora de las Exportaciones (TSREEA) del 2000, que autorizó la exportación comercial directa de productos alimenticios y agrícolas. Esta legislación no ha permitido nunca la exportación de medicamentos porque esos productos siguen regulados por la Ley de la Democracia Cubana, nombre oficial de la Ley Torricelli aprobada en 1992.

De acuerdo a las cifras del 2024, Estados Unidos exportó a Cuba materia prima y comidas por un valor de 433.8 millones de dólares, vehículos de diferentes tipos por un valor de 64.7 millones de dólares, ocho veces más que el año anterior, y se recibieron donaciones por un valor de 67.1 millones, el doble del 2023.

Llama la atención que, en un país con una severa crisis en el acceso a los alimentos, en 2024 se haya importado menos carne de pollo que el año anterior. El economista Pedro Monreal comentó sobre el tema: «La tendencia decreciente de las toneladas de carne de pollo exportadas por EE.UU a Cuba en los últimos cuatro años indica una situación de inseguridad alimentaria en un contexto de crisis agropecuaria que el gobierno no es capaz de resolver».

En la lista de productos importados desde Estados Unidos hay una variopinta selección de insumos, desde sangre animal, papel higiénico, polvo para sazonar hasta arroz. Entre las mercancías exóticas que se pueden encontrar en el listado están hostias de arroz para uso en la liturgia católica, por un valor de más de 600 mil dólares.

Estas cifras se hacen públicas cuando se ha conocido que una vía legal e importante para el envío de remesas ha cerrado debido al regreso de la política de máxima presión de Donald Trump. Western Union suspendió indefinidamente sus operaciones en Cuba, debido, afirman, a «un cambio en las regulaciones de sanciones de Estados Unidos».

Mientras tanto, Mauricio Claver-Carone, el enviado especial de Donald Trump para América Latina, ofreció una entrevista a Político diciendo que la caída del gobierno cubano era «inminente».

«Probablemente, el gobierno cubano está en el punto de mayor debilidad que hayamos visto. La gente siempre dice eso, pero esta vez es cierto».

«Es un momento interesante en Cuba, en el que la transición es inevitable pero francamente inminente».

Al ser cuestionado sobre qué participación tendría la administración Trump, dijo que podían ponerse muy creativos, pero no dijo más y se giró hacia los temas preferidos de todos estos funcionarios: China, Rusia y el Canal de Panamá.

La noticia significa que la relación con Estados Unidos solo se complejiza, y al mismo tiempo se torna impredecible.

Si bien es innegable la crisis económica, energética y de credibilidad política que vive Cuba, probablemente la más grande de la historia de la Revolución, no hay síntomas reales de una ruptura del consenso entre los grupos que ostentan el poder como para asumir una caída inminente del orden de cosas. Luce más como lo que quisiera la administración Trump tener como legado, que una realidad a corto plazo.

Por otro lado, estas noticias significan que la dependencia de las importaciones sigue siendo un talón de Aquiles para Cuba, más si son de un país que mantiene una posición tan hostil hacia la Isla. Estas importaciones decrecen en tamaño mientras que el campo no responde a la demanda por un conjunto de razones que van desde la carencia de combustible y fertilizantes, hasta la falta de personal por los pocos incentivos para producir.

Sin embargo, la alta dependencia a las importaciones, junto a la disminución de los subsidios estatales contribuye al incremento de los precios, como ajuste de ellos a la realidad del mercado.

Ello ha traído como consecuencia una depreciación imparable del ingreso medio en moneda nacional de la gran mayoría de los trabajadores del sector estatal.

Lo ha reconocido incluso el vicepresidente cubano Salvador Valdés Mesa cuando dijo recientemente que «con un salario medio de cinco mil pesos no se vive, ni de seis mil pesos se vive, como están los precios». El funcionario pronunció estas palabras en una visita a los sembrados de arroz en Pinar del Río, un cereal que constituye la base de la alimentación en la Isla, y que hoy también tiene bajos niveles de producción, lo cual ha traído como consecuencia su atraso en la entrega como parte de los productos de la canasta familiar normada, y su precio puede superar los 300 pesos la libra en los mercados privados.

Por otro lado, la salida de Western Union representa un golpe para las vías ordenadas y seguras de envío de remesas, si bien muchas personas enviaban remesas usando otras pasarelas como TropyPay, o comprando directamente productos a través de los servicios de envío de comida como Supermarket23, Katapulk, o TuAmbia.

En el pasado, Western Union era la vía principal para el envío de dinero, pero tras la prohibición del uso de Fincimex, que fue incluida en la Lista de Entidades Restringidas, no pudo continuar siendo la empresa cubana con la que Western Union trabajaba.

Después de ese momento, y con la desaparición del CUC y la pandemia, el envío de remesas nunca más fue tan estructurado y organizado como en el pasado.

La noticia fue reportada por el Miami Herald, y una entrevistada que utilizaba Western Union, afirma que ella lo lamenta porque su familia en Cuba recibía dinero por esa vía, pero está de acuerdo con la política de Trump, pues alega que el gobierno cubano se beneficia de las remesas, y que es «apoyar al régimen», pero no menciona que es, también, apoyar a su familia, y esta realidad elimina una vía legal y segura de enviar dinero.

Orlando Gutiérrez Boronat, líder de la plataforma política Directorio Cuba y de la Asamblea de la Resistencia Cubana, un conocido opositor al gobierno cubano que vive en la Florida, comentó sobre el anuncio: «mientras más débil está el régimen, más fuerte estará el pueblo cubano para recuperar su libertad y así tener una vida mejor». Sin embargo, como ya es costumbre en muchos de estos líderes, no explicó cómo puede «fortalecerse» el pueblo cubano con una medida que debilita las economías familiares.

Nuestra opinión es que el gobierno estadounidense continúa un camino de máxima presión con Cuba, y podría esperarse incluso una disminución del personal diplomático de la Embajada en la Isla.

El aumento de la presión económica y el lenguaje marcadamente hostil hacia el gobierno cubano pesará aún más sobre los grupos vulnerables, y pondrá al gobierno aún más a la defensiva, teniendo en ristre el argumento de la «plaza sitiada» para silenciar o ignorar todo ejercicio de crítica o diversidad en el espectro político.

Estos cambios no contribuyen a la construcción de un diálogo que tienda a ser más democrático e inclusivo, y por tanto, se alejan de lo que dicen querer: promover el cambio hacia la democracia en Cuba.

Mientras tanto, sí empobrecen más a la gente, y disparan la presión para ocasionar olas migratorias que terminarán desestabilizando la región y poniendo en riesgo la vida de la gente.

Estados Unidos se mantiene en un discurso falaz al afirmar que los migrantes en ese país son problema de los países de origen, y deben asumir su responsabilidad tomándolos de vuelta, pero no reconocen la participación de sus políticas en la crisis migratoria, que en el caso de Cuba da un empujón definitivo por el empeoramiento intencional de las condiciones de vida de la gente, y la creación de vías para que los migrantes regulen con relativa facilidad su situación legal en el país del norte.

La retórica de Claver Carone, al afirmar que es un expansionismo no imperialista, sin especificar la lírica tras semejante contradicción, demuestra un franco retorno a la Doctrina Monroe, celebra el 65 aniversario de la redacción del lamentable Memorándum de Lester Mallory en que instruye al empobrecimiento del pueblo de Cuba, y retoma una visión de Guerra Fría practicada ya antes sin éxito.

En este contexto, ponerle trabas burocráticas al sector privado nacional e internacional para invertir, seguir posponiendo la tan necesaria reforma de la empresa estatal mediante la Ley de Empresas, apelar a un voluntarismo del siglo pasado en vez de aplicar políticas de incentivos a la agricultura y la industria alimentaria, son estrategias internas que se hacen cómplices —por activa o por pasiva— del fracaso que tiene planificada la administración Trump para el modelo cubano.

La soberanía es un valor a defender. Pero no puede ser la única aspiración de un país. Por tanto, no se puede subordinar el bienestar ciudadano al fin de las sanciones norteamericanas, algo que solo parece empeorar en los próximos cuatro años. Cuba necesita pasar de una estrategia política basada en «resistir» para «mantener» el orden actual de las cosas, a otra que haga los cambios necesarios para potenciar el desarrollo. 

Por tanto, la soberanía debe ser para ajustarse a las realidades innegables y usar las capacidades existentes para la construcción de un proyecto de felicidad y no de permanente sacrificio. Es momento de ajustes impostergables para ser más fuertes ante un gobierno que no escatima esfuerzos para reafirmar o expandir su poder, no ya con Estados pequeños como este archipiélago, sino con continentes enteros. Es la única manera de evitar que el sueño de Claver Carone se pueda convertir en una realidad.

Con las termoeléctricas colapsadas ¿la esperanza es la luz solar?

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Parque fotovoltaico cienfuegos Foto: Granma

La noticia es que la crisis energética en Cuba se agudiza con el colapso de las termoelectricas y la principal esperanza a corto plazo, la construcción de parques solares fotovoltaicos, se complejiza.

Los reportes de esta semana que ofrece la Unión Eléctrica indicaban un déficit que osciló entre los 1250 y los 1700 megawatts para los horarios pico de la tarde noche, estamos hablando de más de la mitad de la demanda habitual. En la capital, donde por lo general los cortes son mucho más espaciados, varias zonas han tenido interrupciones del servicio cada tres horas. Se reportan además provincias en las que se sufren apagones de hasta 20 horas diarias, como confirmó el presidente cubano en una reciente visita al municipio de Najasa en Camagüey.

Además, ha sido noticia que la unidad 1 de Felton ha salido del sistema por una avería que debe resolverse en 20 días.

Esta semana se reportan averías en la unidad 1 de la CTE Santa Cruz y la unidad 2 de la CTE Felton, en mantenimiento, la unidad 2 de la CTE Santa Cruz, las unidades 3 y 4 de la CTE Cienfuegos y la unidad 5 de la CTE Renté.

La crisis es de tal magnitud que el Ministerio de Trabajo y Seguridad social suspendió las actividades docentes y laborales durante los días 14 y 15 de febrero con el objetivo de reducir el consumo y afectar lo menos posible a la población.

Esta semana medios de la oposición afirmaron que Rusia envió a Cuba un cargamento de 100.000 toneladas petróleo en el tanquero Akademik Gubkin, un buque sancionado por Estados Unidos y propiedad de la estatal rusa Rosnefteflot. Hasta ahora, ni medios oficiales cubanos, ni agencias rusas han confirmado o desmentido la información.

También trascendió la entrevista ofrecida por el Embajador de Rusia en Cuba, V.V. Koronelli, a la agencia RIA Novosti, y compartida por el perfil oficial de la Embajada. Sobre la ayuda rusa a la Isla en materia energética, Koronelli aseveró que «uno de los proyectos prioritarios actualmente es la construcción de un bloque energético de 200 MW en una central termoeléctrica, así como la modernización de cuatro bloques existentes de 100 MW cada uno. Rusia ha otorgado a Cuba dos millones de dólares en ayuda humanitaria para la compra de repuestos críticos necesarios para la reparación de las plantas eléctricas locales».

Se desconoce en qué fase está la modernización y la ejecución de dichas inversiones. Mientras tanto, la esperanza inmediata para que haya menos apagones son los parques solares, que con apoyo chino deben contribuir a aliviar la dependencia de los combustibles fósiles.

Sobre el primero de ellos que debía dar servicio, Ciego Norte, en la provincia de Ciego de Ávila, escribimos hace algunos días. De acuerdo a un reporte del diario local, los trabajadores temen no poder entregar la obra en la fecha pactada porque faltaron piezas, se demoraron entregas que proveían de China, y algunos equipos se averiaron por la mala o sobreexplotación, lo cual terminó en la llegada de técnicos chinos que vinieron a apoyar al personal cubano.

Ahora las esperanzas llegan desde el municipio Abreus, en Cienfuegos, donde se concluye el parque solar fotovoltaico Alcalde Mayor, que se supone entregará 21.8 megavatios, y debería ser el primero en sincronizar al SEN el 28 de febrero, según las declaraciones dadas a Granma por Salvador Ernesto Vera Hernández, director de Inversiones de la Empresa Eléctrica de Cienfuegos.

Alcalde Mayor es uno de tres parques que proveerán 78 megavatios a la provincia. No es un aporte significativo si se tiene en cuenta el altísimo déficit nacional, pero podría cubrir toda la demanda de los cienfuegueros al menos durante el día.

Su construcción ha sido chequeada más de una vez por los más altos funcionarios. La obra, que tiene un valor estimado de 16 millones de dólares y 1150 millones de pesos, fue visitada por el presidente cubano Miguel Díaz Canel Bermúdez. En octubre, el mandatario chequeó la marcha de la construcción y afirmó que «esta inversión es para nosotros vital».

En diciembre, el presidente de la Asamblea Nacional, Esteban Lazo Hernández, visitó también el lugar y observó la marcha de la construcción; en ninguno de los dos reportes de prensa se anunciaba atrasos o incidentes que pudieran alertar sobre la demora en la entrega. Ese mismo mes del año pasado, el parque tuvo un incendio en el que según el funcionario entrevistado por el periódico local 5 de septiembre, solo sufrieron daños paneles solares. Quedará por ver si logran cumplir los plazos anunciados.

Llama la atención que esta semana ha sido noticia también que dos altos funcionarios del partido de la Perla del Sur fueron expulsados de sus cargos y de esa organización política, uno de ellos con una rara justificación: «por problemas de actitud ante tareas que le fueron asignadas».

José López Zuñet era miembro del Buró Ejecutivo del partido y también fue despedida la primera secretaria del municipio de Rodas, Mayré Fornaris Soriano. La nota, escueta como es habitual en estos casos, no da detalles de por qué esta provincia sigue cambiando funcionarios de manera exprés y en tono de reproche y recriminación; segunda vez que sucede en un año.

Se desconoce si el cambio en el funcionariado, usando una razón poco frecuente en estas notas de despedidos, tiene algo que ver con el parque fotovoltaico, o quizás con otro hecho que también ha sacudido la provincia: Cienfuegos no estará representada en el Torneo Nacional de Clubes Campeones de Béisbol, al que acuden el equipo municipal de cada provincia del país, porque la competencia para definir ese ganador no se celebró, debido a carencias de combustible y problemas de electricidad. Sin embargo, varias voces alegan que esas mismas carencias son solventadas en otras provincias y no se deja de jugar el deporte nacional por esa causa.

La noticia sobre la situación de los parques fotovoltaicos y las termoeléctricas significa que la tan acariciada solución a las veteranas y descontinuadas termoeléctricas no llegará en un camino recto y de bajada. Las deficiencias internas, la falta de recursos, y los problemas organizativos hacen de este camino una cuesta empedrada que no dará luz en el corto tiempo.

Esta semana, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, junto a su equipo, presentaron un balance general de la situación el sistema electroenergético nacional y su futuro en una reunión en el Salón de los Plenos, en el Palacio de la Revolución.

En el reporte televisivo de la reunión, el ministro señaló posibles soluciones, pero también confirmó nuevos problemas que contribuyen a que persistan los apagones en el momento del año de más baja temperatura: cinco de las ocho patanas turcas que ofrecían electricidad desde el mar, partieron de las costas cubanas. «Por falta de presupuesto», confirmó el funcionario.

No obstante, el primer ministro, dijo en esa misma reunión, que la recuperación del Sistema Eléctrico Nacional es la primera prioridad de trabajo del Ministerio de Energía y Minas, por la transversalidad de esta actividad en todos los sectores de la economía, concluyó.

Según Marreo, se están desarrollando negociaciones para «lograr recapitalizar y llevar a su punto máximo de explotación las cuatro refinerías del país», así como incrementar las producciones de crudo nacional de cara a la exportación y la generación de electricidad.

La prioridad es ejecutar un mantenimiento capital en la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, de Matanzas, aunque no especificaron cuáles serán los fondos que se dedicarán a ello, si serán de las arcas del Estado o de inversión extranjera.

En el encuentro, el ministro del sector, Vicente de la O Levy, describió la tormenta perfecta que sufre el sector energético: «marcado por el déficit de combustibles, la retirada de cinco patanas, la escasez de gas licuado de petróleo, y el deterioro de las instalaciones para la generación eléctrica».

Nuestra opinión es que la diversificación de la matriz energética, incorporando las energías renovables, es una urgencia para cualquier país del mundo, y mucho más para Cuba, que tiene una gran dependencia de la importación petrolera.

Los apagones son una fuente de inseguridad y de inestabilidad, y diseñar estrategias viables para disminuirlos, ha de ser prioridad máxima, no solo en el discurso, sino en la asignación de recursos.

Además de las afectaciones reales que provocan las medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos, lo cierto es que la estrategia inversionista del país no ha priorizado la infraestructura eléctrica. Para que se tenga una idea, según los últimos datos disponibles de la Oficina Nacional de Estadística e Información, la inversión en suministro de energía en 2024 (hasta noviembre) fue solo del 11.4%, solo un 0.6% más que en el mismo periodo el año pasado. Sin embargo, la inversión en «Servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler» fue de un 26.6% y en hoteles y restaurantes de un 10.4%, sumando entre ambas un 37%.

La inestabilidad en el fluido eléctrico dificulta la labor productiva, interrumpe la vida cotidiana e impone un sacrificio y una disminución insalvable de la calidad de vida de grandes masas poblacionales. Sin un sector energético robusto no se podrá aspirar a detener la migración, o a que el sector turístico se recupere verdaderamente, pues a ningún viajero quiere hacer estancia en una ciudad apagada.

Transparentar las finanzas del Estado y hacer un uso de emergencia de los fondos disponibles para fortalecer la infraestructura energética debería ser una prioridad en un país que lleva ya varios años sin poder garantizar en todos los territorios algo tan básico como la electricidad.

Eduardo Sosa, más allá del horizonte

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No por esperada, la noticia de la muerte de Eduardo Sosa deja de sobrecogerme. No fuimos amigos cercanos, éramos buenos conocidos. Artista talentoso y joven periodista echa´o pa´lante. Sin embargo, en cada evento cultural que coincidimos retomábamos las conversaciones muy rápido por una sencilla razón: éramos orgullosamente orientales. Él santiaguero, yo guantanamero. Y nos encantaba hablar «oriental».  

Lo he dicho en otro lugar. Además de sus muchas virtudes artísticas, es uno de los pocos orientales con gran visibilidad en los medios de comunicación que siempre ha llevado con orgullo su identidad a través del lenguaje. Puede parecer un detalle menor, pero permanecer en La Habana durante tantos años y seguir siendo oriental—mantener su forma de hablar, saludar con el «nagüe», conservar el canta’o— dice mucho de un cubano que ha convertido su lugar de origen y su cultura regional en un emblema. Siempre admiré eso en él. Ahora que ya no está, quiero dejarlo claro: lo agradezco muchísimo.

Otros versarán sobre su obra musical, a mí me gustaría recordarlo como un trovador que no cambiaba de actitud por la fama o el reconocimiento que le era dado. Compartía con el novel muchacho que le pedía consejo apenado en un festival y después miraba como aprendiz a Pancho Amat en primera fila. Eduardo era siempre de la misma forma, agradable, campechano, pero también podía ponerse muy serio. Se le notaba al momento cuando su rostro se contraía. Sus ojos se achinaban detrás de los espejuelos.

No obstante, era el músico que siempre querías en una descarga. Muy versátil, podía interpretar una balada suave para capturar a un público no muy sofisticado, o pasar a un son montuno en el próximo tema y ahí hasta donde quisiera. Llegó a dominar esa dramaturgia de forma magistral. Llevaba al público a disfrutar de una oferta musical de alto nivel y con una propuesta muy variada. Lo mismo Manuel Corona que Fito Páez, Matamoros que Pablo Milanés y, por supuesto, sus propios temas. Los suyos no eran menores. Era en esos momentos donde se podía apreciar su vocación de educador musical, de lo que se había graduado.   

Me gustaría llamar la atención sobre el timbre de Eduardo Sosa. Era extremadamente afinado, de los mejores que vi en Cuba, no digo nada nuevo, pero también tenía una virtud que es rara para los estándares de la trova contemporánea. Tenía también timbre de sonero. Hay en Youtube un video en el que interpreta a dúo el clásico de la trova espirituana «Pensamiento» con El Indio Sixto Llorente. Es una joya. Ahí se puede apreciar a dos soneros trovando de lo lindo, en su salsa.

Algunos le criticarán que siempre fue fiel al gobierno cubano. Cada cual sabe lo suyo. Yo vi a Eduardo Sosa criticar muy duro lo mal hecho en varios espacios, pero siempre se podía contar con él, hubiera dinero y recursos o no. Todo el mundo tiene su causa, sus maneras diversas de acompañar. Creyó en la Revolución Cubana. A su manera, con sus luces y sus manchas, y aunque quizás uno no lo compartiera, podía entenderlo si se le conocía un poco. Era y nunca dejó de ser un guajiro de Tumba 7, II Frente, Santiago de Cuba. Y los guajiros somos tercos…y fieles. Bien lo sé.

Eduardo Sosa no era perfecto. La vida de músico y de trovador puede parecer, a veces, una eterna fiesta, pero tiene un alto costo. Este ha sido el caso. Sosa ha muerto el mismo día que Santiago Feliú 11 años después.

Sosa se fue al otro mundo después de brindar su arte más puro a los guajiros de los montes guantanameros como parte de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa. Se fue después de cantar en short y pullover para familias que lo perdieron todo hace unos meses y que disfrutaron, me cuentan, de lo lindo con su música. Sosa no tenía que haberse ido ahora. Era demasiado pronto para toda la música que le quedaba, pero no puedo imaginar una manera más poética de morir para un trovador.

Eduardo Sosa se fue como un gran artista. Cubano entero. Admirado por tirios y troyanos. Con una voz que tardará en olvidarse, si alguna vez eso fuera posible.

Yo no podré.

Saluda al Blado, compay.