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Liderazgo y narrativa: el reto de las izquierdas en la comunicación digital

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A las izquierdas políticas del continente generalmente les ha costado ir a la ofensiva. Como si se tratara de una montaña rusa, sus objetivos siempre son enormes y complejos. No ha bastado con llegar al gobierno, que no al poder, ha habido que convencer, persuadir y, efectivamente, gobernar casi siempre contra viento y marea.

La deuda social obliga a ocuparse de urgencias. En muchos casos las alianzas son endebles, en otros, la vorágine del trabajo diario y los viejos hábitos, unido a los cambios de las plataformas, han determinado que se comunique mejor o peor desde un proyecto de gobierno. Hay de todo en grupo.

A la altura del 2025 es innegable el impacto que tienen las redes sociales digitales (RRSS) en el ejercicio de la política. Donald Trump ha ganado su segunda magistratura y los CEOs de las Big Techs campean a sus anchas de forma directa por primera vez en mucho tiempo en la política norteamericana. Nada de esto es casualidad.

¿Cómo han articulado los líderes de las izquierdas progresistas latinoamericanas sus planes de comunicación política con respecto a escenarios de crisis? ¿Se han adaptado bien a los cambios de formatos, algoritmos, de dueños? ¿Qué tal le ha ido al gobierno cubano?

Haré un breve bosquejo de cuatro casos sobre el particular.

Lula III

Luis Ignacio Lula
Foto: Reuters

A Luis Inácio Lula da Silva no hace falta presentarlo. Es probablemente el más grande estadista latinoamericano de lo que va de siglo XXI. O está entre ellos. Obrero metalúrgico sin estudios universitarios, se convirtió en la voz de las clases populares del país más desigual del hemisferio. Antes de ganar la presidencia por primera vez en 2002 y ser reelegido en 2008, perdió tres elecciones consecutivas. Y algunos años más tarde, en 2018, fue encarcelado arbitrariamente por la justicia manipulada y no pudo concurrir contra Jair Bolsonaro, a la postre ganador. Más tarde, después de ver restituidos sus derechos políticos, derrota al candidato de extrema derecha y regresa a la presidencia por tercera ocasión. No obstante, el mundo de Lula I y II no es el mundo de Lula III. Cuando gobernó en sus dos primeros períodos, la burbuja de las Punto Com había estallado, internet estaba en expansión y todavía las redes sociales digitales no habían campeado por su respeto. Cuando regresó en el 2022, estas plataformas habían hecho que ganara por un apretadísimo por ciento de votos frente a su oponente.

Jair Bolsonaro había utilizado, junto a Donald Trump en USA y una buena parte de la derecha más rancia a nivel mundial, la desinformación a través de las RRSS como herramienta política. El éxito en el uso de las noticias falsas en la primera campaña del empresario neoyorkino —a la postre presidente contra todos los pronósticos— mostró a las ultraderechas mundiales el camino para competir contra las formas tradicionales de hacer política, sobre todo contra las izquierdas, en general, un poco más atrasadas con respecto al uso de la tecnología.  

Esto fue posible porque Brasil tiene una de las más altas penetraciones de internet de Latinoamérica y por mucho es el país más poblado, con más de 200 millones de habitantes. El uso de las plataformas de RRSS es amplio y ha sustituido, en muchos casos, a los canales de noticias. Los cambios en los hábitos de consumo de información han hecho que la comunicación política en estos nuevos formatos se haya vuelto esencial.

Finalmente, Lula derrotó a Bolsonaro en las elecciones presidenciales del 2022, pero por un margen muy estrecho. A muchos le resultó muy llamativo que Bolsonaro después de cuatro años de gobierno desastroso a nivel económico, y la gestión de la pandemia de covid-19 que se llevó la vida de cientos de miles de brasileños, todavía votaran por él más de 50 millones de paisanos en primera vuelta y más de 58 en la segunda, cuando fue derrotado.  

Lula da Silva tuvo que emplearse a fondo. Articular todas las alianzas posibles, multiplicar sus viajes, sus apariciones en público, conversar con muchísima gente y hacer valer no solo toda su historia como luchador por los derechos de los más necesitados, sino también como administrador eficiente de la economía brasileña durante ocho años en los que Brasil creció sostenidamente sin dejar de aplicar políticas sociales poderosas. Aun así, su victoria fue muy estrecha.  

Lula da Silva tuvo que emplearse a fondo. Articular todas las alianzas posibles, multiplicar sus viajes, sus apariciones en público, conversar con muchísima gente.

Muy llamativo fue que el episodio del golpe de Estado en los primeros días de enero del 2023, orquestado por Bolsonaro desde USA y algunos militares de alta graduación en Brasil, estuviera ejecutado por varios cientos de personas que habían sido convocadas a través de las RRSS por operadores políticos de la extrema derecha y que asaltaron los edificios de los poderes nacionales en Brasilia, la capital. Estas personas fueron movilizadas por esas vías y habían sido fidelizadas y convencidas de que iba a tener éxito en su misión de oponerse al nuevo gobierno. Hoy, muchas de ellas, han sido condenadas a prisión y otras han huido de la justicia fuera del país.

En los dos años más recientes (2023 – 2024) del gobierno de Lula III, este se ha encargado de rehabilitar los programas sociales que habían implementado los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT). No obstante, aunque Lula sigue siendo el político más importante del país, el partido que lo representa ya no es la súper maquinaria electoral de antaño. Sus representaciones en las dos cámaras son menores que hace una década y esto obliga al gobierno a tener que negociar muchos de los presupuestos, programas y leyes con partidos de centro y derecha que no siempre están alineados con la visión del PT. Esto último determina un mayor desgaste de la gestión política del gobierno para alcanzar resultados tanto en materia económica como social.

Además, aunque fue derrotada, la derecha sigue siendo muy potente. Domina los principales medios de comunicación, tiene una amplia lista de nuevos líderes mediáticos en las diferentes plataformas que mantienen el mensaje neoliberal y fascista, además de mantener en jaque y estar pendiente de cualquier error, falta de explicación o sencillamente falsedades para debilitar la gestión de gobierno. Es una maquinaria extremadamente eficiente en articular bulos y que se viralicen en períodos muy cortos.

Lo cierto es que el Lula que ha gobernado estos años recientes no ha logrado una política de comunicación efectiva en las redes sociales. La comunicación de los logros gubernamentales, que son amplios e innegables, se ha convertido en uno de los puntos más débiles de la actual gestión. Tanto así que, a principios del 2025, después de varias crisis de opinión pública y noticias falsas que determinaron derrotas, se decidió sustituir al ministro de Comunicación, un cuadro tradicional del PT, y promover a un marketero político profesional.

La comunicación de los logros gubernamentales, que son amplios e innegables, se ha convertido en uno de los puntos más débiles de la actual gestión.

El asunto es tan delicado que conllevó a este cambio drástico. Lula necesita comunicar sus logros y no solo a su base más fiel, sino a toda la clase media que se beneficia de sus programas. Demasiada clase media cree que progresa solo por sus propios esfuerzos sin ayuda de políticas públicas. El gobierno necesita «vender» su programa en función de que la candidatura de Lula llegue sólida al 2026. Hasta el momento no lo ha logrado. Algunas encuestas dan pérdidas de popularidad muy preocupantes para un gobierno que ha sido efectivo en la gestión económica.

No podemos olvidar que una de las razones por las que la primera presidenta de Brasil, Dilma Roussef, fue derrotada se debió a la intensa y efectivísima campaña orquestada por la derecha. Más allá de los errores propios, que fueron muchos, ahí hay un punto de viraje en el que esos actores vieron el potencial político de las nuevas herramientas de comunicación.

Para iniciar el nuevo ciclo, el ministro recién nombrado trajo un equipo completo de profesionales de la comunicación y se ha apoyado en cuadros de la izquierda más jóvenes, no solo del PT, que manejan muy buenos sistemas de trabajo a nivel regional. Uno de ellos es el alcalde más joven de una capital estadual de Brasil. Su nombre es Joao Campos y viene haciendo un trabajo excelente. El nuevo ministro le pidió ayuda y varios de los miembros de su equipo se han mudado a Brasilia.

Otro asunto es que las derechas brasileñas ya se están movilizando, testeando posibles candidatos y calculando cuáles son las posibilidades de triunfar en las próximas elecciones. La recuperación de la presidencia de Donald Trump, aliado cercano de Bolsonaro, y su acercamiento a la élite tecnológica norteamericana cambia un poco la correlación de fuerzas con respecto a la comunicación política. Brasil tiene uno de los marcos regulatorios más potentes del mundo para gestionar las RRSS y el uso de fake news, pero igual nadie piensa que esos empresarios son neutrales con respecto a un gobierno progresista que le exige estándares de operación que muchos de ellos no comparten. Y ya ha habido encontronazos entre Elon Musk, dueño de X, y Mark Zuckerberg, dueño de Meta, por un lado y los jueces del Tribunal Supremo Federal de Brasil, por otro.

En el momento en que se redacta este texto, se notan ya algunos cambios en la comunicación gubernamental, pero todavía hay muchísimas lagunas, sobre todo en los diferentes ministerios. Es una tarea titánica en solo dos años pensar y operar una política comunicacional para un gobierno que no tiene muy bien aceitados esos mecanismos, pero no queda de otra si pretenden continuar en el gobierno después de 2026.

Brasil sigue siendo un misterio para el resto de los latinoamericanos, pero es un actor importantísimo que no debemos dejar de estudiar con la mayor atención.

Wao, Petro

Gustavo Petro y Francia Marquez
Foto: Pacto Histórico

El triunfo de Gustavo Petro en Colombia fue, probablemente, una de las mejores noticias de los últimos años en América Latina. Colombia tiene la derecha más conservadora de la región y los líderes de izquierda, ni siquiera de centro, llegaban a competir por puestos como la primera magistratura. Unas veces porque no tenían los recursos, ni los medios y otras porque los asesinaban. Esa es la verdad.

El triunfo del exguerrillero urbano, economista y senador Gustavo Petro frente al candidato reaccionario ha marcado un antes y un después en la política colombiana. No obstante a que la correlación de fuerzas no lo favorece de manera general, ha gobernado con una coalición que no es lo suficientemente poderosa. Ahora menos. El ejecutivo ha tratado de impulsar una agenda de desarrollo económico y social muy comprometido con el cuidado del medio ambiente.

También ha intentado profundizar la pacificación del país, iniciada por Juan Manuel Santos, al proponer mesas de diálogo y desarme no solo con los grupos guerrilleros que quedan en las selvas colombianas, sino también con las escisiones de esos grupos e incluso los carteles de la droga y banda paramilitares restantes.

También con Petro llega al poder la primera vicepresidenta negra de Colombia: Francia Márquez, una mujer que viene de las bases y también luchadora de la agenda feminista y medioambiental. Este es un hecho muy importante. Asimismo, este gobierno ha impulsado sendas reformas tributarias, de educación y de salud. Las negociaciones han sido intensas porque son entramados de negocios muy poderosos que están diseñados para mantener esos servicios como lucro y no como derechos humanos. Afortunadamente, algunos resultados han sido obtenidos.

En cuestiones de comunicación política el trabajo de Petro ha sido más consistente. Su equipo de trabajo desde la campaña, liderado por la joven y controvertida Laura Sarabia, ahora nombrada canciller, ha implementado un sistema de comunicación política en RRSS que pudiera catalogarse de correcto por el manejo actualizado y permanente de los nuevos lenguajes de medios sociales excepto en Twitter o X.

Petro es un político muy twittero. Demasiado. A veces parece gobernar por esa red social. En muchos casos tiene éxito, pero en varias ocasiones ha cometido errores de cierta importancia.

La más reciente crisis fue un intercambio con el presidente norteamericano Donald Trump. El gobierno gringo envió un avión militar con migrantes deportados. Iban esposados y maltratados en el vuelo y el gobierno colombiano comunicó  que en de esa forma no los iba a recibir. Informó que los migrantes debían ser devueltos y tratados con respeto a los derechos humanos y estándares internacionales. La respuesta fue muy agresiva. Casi inmediatamente el gobierno norteamericano implementó un arancel del 25% a los productos colombianos y la revocación de visas para funcionarios del gobierno colombiano. Posteriormente, Petro envió un duro mensaje de vuelta, también por RRSS, al gobierno de Trump en el que reafirmó su postura política y dio instrucciones a su administración.

La más reciente crisis fue un intercambio con el presidente norteamericano Donald Trump. El gobierno gringo envió un avión militar con migrantes deportados.

Más allá del final del encontronazo, en el que los partidarios de uno y otro reclaman para sí éxito y humillación respectivamente, lo que sucedió es una absoluta falta y falla de comunicación institucional, así como un imprudente uso de las redes sociales.

Si bien es cierto que el mensaje de firmeza era lícito para hacer valer la soberanía nacional, incluso para disputar el relato de imperio facultoso, se podrían haber manejado canales diplomáticos para gestionar una crisis que tenía serias probabilidades de ganar magnitud. Se corrió el riesgo de un varapalo económico de consecuencias incalculables. Y en la solución, vía diplomática, se demostró que los canales correctos eran los más discretos, no los públicos.

Insisto, es crucial disputar sentido también en las redes sociales, pero midiendo muy bien las consecuencias y valorando si es la mejor opción entre las disponibles para gestionar un tema. Afortunadamente, esta pequeña crisis en la que la comunicación política se utilizó de manera incorrecta, se solucionó con un saldo favorable, por el momento.

Sin embargo, en los últimos días hubo otro acontecimiento nefasto.

Desde el 4 de febrero, el gobierno de Gustavo Petro ha estado en el centro de una crisis comunicacional sin precedentes. Todo comenzó cuando el presidente decidió, de manera sorpresiva, transmitir en vivo un Consejo de Ministros sin haber informado previamente a su gabinete. Durante seis horas, los espectadores presenciaron un espectáculo de reproches, desacuerdos internos y falta de dirección política. Lo que debía ser una muestra de transparencia terminó revelando las fracturas profundas de un gobierno que está enfrentando dificultades para ejecutar sus políticas y mantener la cohesión entre sus miembros.

Lo que debía ser una muestra de transparencia terminó revelando las fracturas profundas de un gobierno que está enfrentando dificultades para ejecutar sus políticas.

La transmisión puso en evidencia que muchos ministros desconocían los criterios de evaluación utilizados por el nuevo jefe de gabinete, Armando Benedetti, quien presentó un balance de compromisos presidenciales incumplidos que sorprendió a varios funcionarios. Durante la reunión, Petro reclamó a distintos ministros por no seguir sus órdenes y expresó su frustración por el bajo cumplimiento de sus promesas de gobierno. Sin embargo, en lugar de coordinar soluciones, la sesión se convirtió en un intercambio de críticas entre los propios miembros del gabinete, con la vicepresidenta Francia Márquez y la ministra de Ambiente, Susana Muhamad, manifestando su desacuerdo con la presencia de Benedetti y la canciller Laura Sarabia en el gobierno. La tensión fue creciendo con intervenciones emotivas, acusaciones de corrupción y un evidente distanciamiento entre el ala más izquierdista del gabinete y la estrategia política del presidente.

La oposición, encabezada por los partidos Centro Democrático y Cambio Radical, reaccionó de inmediato y exigió su derecho a réplica argumentando que la transmisión fue una alocución presidencial encubierta. El Consejo Nacional Electoral (CNE) avaló la solicitud y programó una intervención de los opositores para el 6 de febrero. En su respuesta, la oposición reforzó las críticas al gobierno, señalando la falta de dirección de Petro, el debilitamiento institucional y el desorden interno de su administración. Además, el congresista Jaime Uscátegui anunció una denuncia contra el presidente, acusándolo de revelar información reservada de seguridad nacional durante la transmisión.

El impacto de esta crisis comunicacional ha sido devastador para la imagen del gobierno. En lugar de proyectar transparencia y liderazgo, la transmisión en vivo mostró a un gabinete descoordinado y enfrentado, debilitando la percepción de gobernabilidad y brindando una oportunidad a la oposición para fortalecer su discurso. La exposición pública de estas diferencias internas también ha afectado la moral dentro del Ejecutivo, con algunos funcionarios cuestionando su permanencia en el gobierno y evidenciando la falta de cohesión en el equipo de Petro.

Este episodio pudo haberse manejado de manera más estratégica. En lugar de transmitir el caos en vivo, creo que el gobierno debió haber realizado una sesión privada y controlada, grabando la reunión para luego editar y presentar un resumen estructurado con los puntos más relevantes. Además, Petro debió haber unificado previamente el mensaje con su gabinete y definido con claridad los objetivos de la transmisión. La falta de control en los tiempos de intervención y la ausencia de una narrativa clara han convertido un intento de transparencia en un boomerang político y ha terminado fortaleciendo a sus adversarios.

Por desgracia, esta crisis fue generada por un error táctico del propio presidente. La administración Petro no solo perdió una oportunidad de mostrar gestión, sino que además permitió que la narrativa de la desorganización y el fracaso se instalara con fuerza en la opinión pública.

Queda mucho por aprender.

No llega una, llegamos todas

Claudia Sheinbaum
Foto: AP

Claudia Sheinbaum fue electa presidenta de México en el 2024. Por primera vez una mujer llegó a la primera magistratura del segundo país más grande de Latinoamérica, así como en economía y población. Ha sido la mandataria más votada en la historia de las elecciones del país. Fue una campaña brillante y muy bien gestionada por un equipo que lleva mucho tiempo trabajando de conjunto.

Sheinbaum tiene excelentes números en todas sus redes sociales digitales. Se nota que no es un trabajo de poco tiempo, sino, como mínimo, de cuando fue jefa de gobierno de la capital del país: Ciudad de México.

Desde la campaña presidencial se articularon varios ejes temáticos. Muchos fueron continuación del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y otros llevan un sello más identificativo de ella. Es muy interesante el uso del lenguaje mucho más inclusivo que sus antecesores, el reforzamiento del mensaje de las capacidades de las mujeres para acceder a puestos de liderazgos en la sociedad y la importancia que su ascenso no debe ser algo aislado, sino que tiene que convertirse en una política sostenida del gobierno.

Llamo la atención sobre el hecho de que cuando ocupó el cargo asumió como emblema gráfico el de una mujer de rasgos mestizos e indígenas junto a una bandera. Y su lema es: «No llego sola, llegamos todas».

También ha mantenido las «mañaneras» de AMLO, aunque ella se apoya más en expertos y utiliza más los datos que su predecesor. Es más conciliativa que confrontativa, sin parecer débil. He revisado sus respuestas más firmes y no parece nunca en situación de inferioridad, pero siempre con perfecto dominio de lo que ha meditado decir.

La situación de México es muy compleja con respecto a su dependencia de los Estados Unidos. De manera que de la gestión que Claudia Sheinbaum haga de su relación con su homólogo norteamericano puede depender mucho el éxito de la economía mexicana en los próximos años. Hasta el momento que se escriben estas líneas me parece excelente el manejo del asunto. Ella habla en inglés fluido con Donald Trump, ha activado desde hace meses sus redes consulares y diplomáticas para prepararse para este escenario y cuando ha tenido que defender la soberanía de su país no le ha temblado la voz. Prudencia, serenidad y firmeza. Mucho tino.

Mantiene un tono presidencial, maneja su imagen con mucho cuidado y, sobre todo, acierta en qué canal utilizar para cada mensaje que quiere transmitir. Eso es lo que aprecio en lo que, en mi criterio, es hasta el momento la mejor comunicación política del continente.

¿Pensar como país?

Claudia Sheinbaum
Foto: Cubadebate

La llegada a la presidencia de Cuba de Miguel Díaz Canel (MDC) fue aplaudida por una gran parte de la población cubana. Ingeniero de formación, con fama de buen escuchador y de no dar peroratas, había pasado por un ministerio y un par de provincias como primer secretario del Partido Comunista de Cuba. Parecía un funcionario moderno, aterrizado, alguien que sabía lo que venía a hacer para cambiarle la cara a un país con una crisis multisectorial sostenida.

Desgraciadamente, ni la suerte lo ha acompañado, ni ha tenido buen desempeño como presidente del país, por lo menos hasta el momento. Todo lo contrario. Y entre sus muchas faltas están no haber sabido integrar la comunicación política como fortaleza de su gestión, a pesar de haber estado muy cerca de varios talentosos periodistas y comunicadores durante su etapa anterior al primer cargo político de la nación. 

Puede parecer obvio decir que con muy pocos resultados económicos y políticos es muy difícil hacer buena comunicación política, pero también es verdad que el trabajo hecho por el equipo de comunicación de la presidencia es francamente deficiente.

Esto lo digo desde el mayor respeto profesional. Conozco a varios de los colegas que trabajan allí y mi relación con ellos es cordial, pero la imagen del presidente de Cuba de los últimos años es fatal. No hay otra manera de decirlo. Y aunque gran parte de la responsabilidad recae en el político por no asesorarse o desenvolverse bien, el equipo también es responsable por no ejecutar adecuadamente su rol.  

Podemos mencionar varios errores graves de comunicación. Creo que el mayor y por el que va a ser juzgado muy severamente por la historia es el de la funesta frase: «La orden de combate está dada» aquel 11 de julio del 2021. Sin embargo, ha tenido varios deslices también en su proyección mediática. Las expresiones: «La limonada es la base de todo» y «Pensar como país» no fueron bien recibidas por el público y han sido choteadas por las clases populares de múltiples maneras. La primera es una frase de una reunión con funcionarios que los sectores populares hicieron burla desde el primer momento y la segunda es un eslogan que está bien planteado, pero en un escenario de profundización de la desigualdad, crea una insondable disonancia semántica y política.  

Podemos mencionar varios errores graves de comunicación. Creo que el mayor y por el que va a ser juzgado muy severamente por la historia es el de la funesta frase: «La orden de combate está dada».

El uso de las fotos de MDC no ha sido el mejor tampoco. Los videos no son atractivos, no emocionan, no movilizan. Si les parece una crítica excesiva, comparen las redes sociales del presidente de Cuba con alguno de los anteriores que hemos analizado y verán la diferencia. Incluso con Lula que es un anciano y tiene, lógicamente, limitaciones culturales con la tecnología.

La lentitud de los mensajes de texto en las plataformas es impresionante. Como si debiera pasar por demasiados filtros de aprobación. El peso corporal ganado durante todos estos años en la cúspide del poder político le ha dado un aval negativo a su imagen física. No solo a él, a todos los que están pasados de peso en las instituciones gubernamentales. Y no se trata de gordofobia. Una cosa es que un político o una política gorda tiene todo el derecho a ser elegido en un cargo público y no ser juzgada por su apariencia física y otra es que en un país donde se está pasando hambre generalizada la mayoría de los principales líderes tengan un abdomen tan pronunciado. Ni siquiera Fidel Castro mientras estuvo vivo, Raúl o Ramiro portan esa imagen. Siempre cuidaron su apariencia con mucho celo porque saben muy bien lo que se está disputando ahí.   

Otro de los temas fue el uso del Twitter personal de la esposa del presidente. Durante una época, la señora publicaba mensajes realmente vergonzosos una o varias veces al día. Incluso entre varios de los colegas más ortodoxos y progobierno, se pedía que pusieran control a sus mensajes. Después de un tiempo no continuó, pero hizo un daño extraordinario a la imagen de MDC. La esposa del presidente, primera dama o no, está vinculada al esquema de comunicación del cargo del presidente de un país. O tiene que estarlo. Sus mensajes deben ser planeados y supervisados por equipos de comunicación competentes.  

Otro de los temas fue el uso del Twitter personal de la esposa del presidente. Durante una época, la señora publicaba mensajes realmente vergonzosos una o varias veces al día.

Es cierto que han intentado hacer productos que funcionen. El podcast «Desde la presidencia» no es un mal intento. El asunto es que, si no se resuelven los problemas anteriormente mencionados, sumado a las limitaciones estructurales de la comunicación y el periodismo cubano, puedes utilizar la tecnología y los formatos más modernos y no vas a lograr resultados positivos.  

La comunicación política es un área estratégica y debe ser respetada en toda su complejidad. Los políticos cubanos están muy mal preparados para escenarios difíciles de convergencia mediática y eso, entre muchos otros aspectos de tipo más puramente político y económico, influye mucho en el estado en el que está Cuba hoy día.

Uno de los problemas más graves en la comunicación política del presidente MDC es el tono confrontativo y agresivo que emplea en sus intervenciones públicas. A menudo, su discurso transmite una sensación de constante regaño, como si hablara desde una posición de autoridad incuestionable, en lugar de generar empatía y diálogo con la ciudadanía.

Díaz-Canel ha mantenido un estilo discursivo más cercano al de líderes del siglo pasado, en el que la verticalidad y el tono de combate predominaban. En su comunicación pública, especialmente en sus alocuciones televisivas y discursos oficiales, adopta un lenguaje que no permite la duda ni la negociación, lo que limita su capacidad para construir consenso y proyectar una imagen de liderazgo moderno.

Díaz-Canel ha mantenido un estilo discursivo más cercano al de líderes del siglo pasado, en el que la verticalidad y el tono de combate predominaban.

El discurso basado en el combate permanente genera fatiga en la población, que enfrenta problemas concretos como la escasez de alimentos, energía y transporte. En este contexto, la ciudadanía busca respuestas, soluciones y esperanza, no un llamado constante a la trinchera. La insistencia en el tono beligerante puede resultar contraproducente, ya que no solo desgasta la imagen del líder, sino que también desmotiva a la ciudadanía, que percibe que no hay un horizonte claro más allá que la disputa con un enemigo invisible.

Cuba necesita no solo una reforma integral en la economía, sino también en su manera de hacer política. Hace muchos años en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, y me consta que también en el resto del país, muchos queríamos y soñábamos con formar parte de esa reforma. Por el camino muchas cosas pasaron, pero lo que no cambió fue la intransigencia del sector conservador del Partido Comunista de Cuba de no aceptar formas modernas de comunicación política y gestión de los medios en Cuba.

Es un hecho que esa intransigencia da al traste con la radicalización a la derecha de muchos cubanos que han encontrado en los mensajes «libertarios» y de influencers miameros formas atractivas de ver y entender su realidad. Y no, no es solo culpa de ellos. Es también mucha culpa de la comunicación política cubana en RRSS que se hace desde los medios y los líderes políticos en la Isla.

Ojalá veamos un cambio para bien y pronto, pero soy pesimista sobre el tema.

La derecha ha sabido utilizar las redes sociales de manera más efectiva y mediante campañas virales han influido para mal en la opinión pública. A través de la manipulación algorítmica, el uso estratégico de bots y la amplificación de mensajes polarizantes, ha logrado posicionar discursos que apelan a las emociones, la indignación y el miedo, elementos que favorecen la viralización. Esta ventaja ha sido potenciada por un ecosistema mediático favorable, en el que los grandes conglomerados de comunicación, las plataformas tecnológicas y redes de influencia han trabajado en sintonía con estos objetivos.

La derecha ha sabido utilizar las redes sociales de manera más efectiva y mediante campañas virales han influido para mal en la opinión pública.

La izquierda, en contraste, ha enfrentado dificultades para adaptarse con la misma rapidez a este nuevo escenario. Factores como la rigidez institucional, la falta de inversión en equipos de comunicación digital y una visión más tradicional y dogmática de la política han limitado su capacidad de propuesta y respuesta. La realidad demuestra que, en varias contiendas electorales recientes, la derecha ha logrado articular mensajes más contundentes en redes, mientras que la izquierda ha quedado a la defensiva, reaccionando tarde y con estrategias menos eficaces.

Es imperativo, para que la izquierda latinoamericana fortalezca su presencia y eficacia en las redes sociales, adoptar enfoques innovadores y comprender las particularidades de cada plataforma. No se trata solo de estar presente, sino de generar narrativas que interpelen a distintos sectores de la sociedad, combatiendo la desinformación con respuestas ágiles y estrategias proactivas. Además, debe consolidar su presencia en espacios digitales alternativos, descentralizados y emergentes, evitando la dependencia exclusiva de plataformas controladas por intereses corporativos que definitivamente no son neutrales.

El futuro de la comunicación política para las izquierdas en América Latina dependerá de la capacidad para desarrollar modelos de comunicación más dinámicos, participativos y tecnológicamente avanzados. También de la movilización social en el escenario real y no solo virtual. La batalla política ya no se libra únicamente en las calles o en los medios tradicionales, sino en el campo de la información digital, donde el que controla el relato, controla el poder.

Vladimir Cruz: 30 años en Madrid

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Conocí a Vladimir Cruz en un concierto, una tarde de domingo en un bar desbordado de gente pese al calor seco de agosto. En esos años Madrid era una ciudad, además de dura que siempre lo fue, más alegre, menos marcada por la velocidad y los precios. La gente de aquel bar en su mayoría eran cubanos, cubanos que en su mayoría huían de la trillada pero real melancolía dominical; cubanos que solían dividirse entre los que cantan, los que bailan y los que intercambian sonrisas cómplices y observan el entorno; lo inhalan como si inhalaran con gusto un trozo de pasado. Vladimir pertenecía al último grupo.

30 años en Madrid son muchos años. Su vínculo con España viene de Fresa y chocolate. Llegó directo del aeropuerto a los premios Goya. Bastante distinta fue su llegada a La Habana desde Cienfuegos. Flaco, con el pelo seco y luciendo un «estalaje»lamentable apareció en busca de Susy Monet, quien había sido su compañera en el Teatro Escambray. Susy no había recibido el telegrama que anunciaba su llegada y por tanto Vladimir se encontró la casa de su amiga cerrada. Sin otra opción, decidió regresar a la estación y pasar ahí la noche mientras repasaba el guion. Nunca me lo contó, pero hace unos meses me prestó un ejemplar de Cuba en la encrucijada, una compilación de relatos prologado por Leila Guerriero, en el que Vladimir cuenta:

«había querido llegar a la capital con los pies en el suelo, y allí estaba, efectivamente, pero no con los pies, sino con la espalda en el suelo de la capital. Más exactamente en el suelo de la terminal de ómnibus de la capital.

»Dormí algo y abrí los ojos cuando amanecía. Me levanté, me lavé la cara en un ínfimo chorrito de agua que goteaba en el destartalado y oloroso baño de la terminal recién abierta, y sin desayunar me dirigí al ICAIC.

(…)

»La jefa de casting no podía creer que la persona con aquella apariencia fuera la misma con la que había hablado varias veces por teléfono durante la semana, y quien interpretaría al personaje que todos tenían en la cabeza con una imagen bien distinta. Se aseguró de que yo era yo pidiéndome el carnet de identidad, y luego me dijo que esperara en la puerta. Después supe que había ido a ver al director y le había dicho que estaba completamente loco. El director, sin inmutarse, le dijo que me hiciera pasar. Entré y me vi frente a Tomás Gutiérrez Alea, que me dio afablemente la bienvenida».

30 años en Madrid son muchos años. No solo para ubicarse sino para formar parte de esa ciudad y relatarla. Por eso sobre Madrid, sobre las sucesivas olas migratorias que han llegado a esta ciudad a lo largo de décadas, hablo con Vladimir Cruz. Hace veinte años, tuvimos una conversación similar a raíz de mi primer documental Voces de un trayecto. Vladimir fue y es, una de esas brújulas necesarias para entender la Isla en la península.

Vladimir Cruz
Cortesía de la autora

Vladimir Cruz: A pesar de ser cubano tengo que decir que Madrid es realmente la ciudad donde más tiempo he vivido. Cuando llegué a Madrid yo vivía en La Habana, pero La Habana no es mi ciudad. Yo nací en una ciudad que se llama Santa Clara, donde viví mi infancia básicamente. Luego me fui a estudiar y ya no volví. Ahora mismo llevo bastante más tiempo viviendo en Madrid que el vivido en cualquier otra ciudad. Sin embargo, durante la primera etapa en una ciudad ves mucho más la ciudad que después. Tienes los sentidos mucho más abiertos.  Con el paso del tiempo te vas metiendo en tu rutina, pero en esa primera etapa descubrí con Madrid todo un mundo. Yo, como tú has dicho, venía de recorrer ya casi toda América Latina, había estado en bastantes lugares, a pesar de que salí de Cuba tarde, que era lo normal en mi generación. Salí de Cuba con 28 años y estuve casi un año viajando por el mundo y luego llegué a Madrid. Y fue la primera vez que pensé: «aquí podría vivir, fuera de Cuba». Porque yo, como casi todos los cubanos, tenía ese apego, esa herencia gallega, al terruño. Y entonces nunca me había planteado vivir fuera de Cuba, pero llegué a Madrid en enero del año 95.

Madrid era una ciudad, en esa época, que estaba viviendo la resaca de la movida, hablamos de la mitad de la década de los 90. Era entonces una ciudad, como sigue siendo, muy viva, que parecía, o por lo menos a mí me pareció, una fiesta permanente. Me encantó el modo de vida de la ciudad. Ya con los años fui percibiendo que Madrid es una ciudad, como lo es el país en general, como es España, dividido en dos, en dos España. Es decir, Madrid tiene una curiosa y, no diré trágica, pero una curiosa circunstancia de que se divide en dos partes fundamentales: una es la parte hospitalaria, acogedora, solidaria, y otra es la parte xenófoba, conservadora… provinciana.

A partir de ahí ya no puedo decirte si ha cambiado más la ciudad o he cambiado yo. Pero evidentemente lo que soy depende muchísimo de las cosas que me han pasado en Madrid y del tiempo que he vivido en Madrid. Estoy muy contento con haber aprendido tantas cosas sobre la vida y sobre mí mismo en esta ciudad.

Bien, pero independientemente de ese Madrid que es consustancial a tus cambios personales y que de tanto vivir aquí, se vuelve difícil percibir los cambios, está claro que Madrid ha cambiado. Yo viví casi nueve años en Madrid, me fui 14 a Galicia, ahora estoy de regreso temporalmente y para mí hay un cambio muy claro. Noto un Madrid que es más de Airbnb, un Madrid que se me vuelve inaccesible en algunas zonas y una comunidad cubana que ya no es la que nosotros vivimos. Tú viviste muchas, pero por ejemplo, hablándote de momentos de ruptura en la historia de la ciudad o del país, como pudo haber sido la burbuja inmobiliaria con la crisis del ladrillo, yo recuerdo que muchos de nuestros amigos en ese momento emigraron y entonces nos pasó a los que vivíamos aquí lo que también ha pasado y sigue pasando cada vez más en Cuba, que es el éxodo de los afectos. Me gustaría que, a pesar de esa mirada tan cercana, que a veces uno no percibe, que me comentes de esos cambios. Por un lado, en la Ciudad de Madrid, y quizás la pregunta que yo aún no me sé responder a mí misma, es de estas diferentes olas de cubanos, ¿qué los distingue?, si algo los distingue.

Con respecto de la parte cubana, te voy a hablar en capítulo aparte, y con respecto a la ciudad, sí, a pesar de que estoy metido en ella, para mí son evidentes los cambios. En el año 95, cuando llegué a Madrid, todo el fenómeno de la propia inmigración era diferente. Había mucho menos inmigrantes en Madrid. Madrid ha sido víctima, digamos, también de un proceso que no es exclusivo de esta ciudad, sino de muchas capitales europeas: la gentrificación de la ciudad y el turismo masivo hacen que muchos vecinos de la propia ciudad se tengan que alejar del centro. Es un proceso que se está viviendo en muchas ciudades. Madrid no era así antes, todos lo sabemos, ahora mismo el centro de Madrid no es lo que era. De alguna manera la ciudad se defiende y todavía se conservan rincones donde puedes encontrar esa vida auténtica, donde está la propia cultura, que es lo que viene a buscar la gente que viene de fuera, pero terminas encontrándote en el centro de Madrid con un montón turistas y continuamente ves gente pasando con maletas, gente que se alquila por temporadas, y eso evidentemente ha llevado a un problema con los precios y con los alquileres, que ahuyenta a la gente normal de la ciudad.

Yo he vivido en Madrid todas las crisis de los últimos casi 30 años, pasando por la que mencionabas, que es la crisis inmobiliaria del 2008, que fue terrible.  Y con respecto a los afectos, es una especie de karma en el caso de los cubanos, que tenemos prácticamente toda nuestra vida adulta. Nuestras últimas generaciones han tenido que vivir en esas circunstancias donde la gente se va continuamente. Yo, quizás para defenderme de eso, me he hecho una especie de idea mental de que yo vivo en un país que no corresponde con las fronteras geográficas. Me he inventado un país a partir de las relaciones de afecto, de los amigos sobre todo. Así entonces intentas no sentirte solo pero es difícil. Es otra manera de querer y de estar con la gente. No es la que yo vivía cuando era joven en Cuba, que estaba todo el tiempo con mis amigos. Ahora es a distancia, cada uno con sus vidas, con sus agobios, con sus angustias, con su estrés, con sus incertidumbres, pero bueno, también uno va aprendiendo con la edad a cuidar a los amigos porque sabes que los que te han durado hasta aquí son valiosos y que no es fácil hacer amigos a cierta edad, porque ya uno también se vuelve más intolerante y tiene claro qué es lo que quiere.  Poco a poco ese es el proceso con los amigos y con esta ciudad, que afortunadamente es un lugar de encuentro maravilloso y donde continuamente pasa todo el mundo porque Madrid sigue teniendo, ese sentido original que tuvo siempre de cruce de caminos, por su posición geográfica, que aún nos permite a muchos poder tener aquí un buen centro de vida y de operaciones.

Nuestras últimas generaciones han tenido que vivir en esas circunstancias donde la gente se va continuamente.

Con respecto al tema concretamente de la comunidad cubana, en el año 95 cuando yo llegué a Madrid, ya había una pequeña comunidad cubana que tenía características muy diferentes a las que fueron viniendo después. Tengo que decir también que en los años 90 salir de Cuba no era nada fácil, y mucho menos venir a Europa, es decir, la gente que migraba o intentaba migrar en esa época, normalmente se quería ir a Estados Unidos, que era un viaje, a pesar de las dificultades enormes para irse en balsa o ilegalmente, era, no más fácil pero más cercano. La gente que solía venir a Europa eran por lo general profesionales, artistas, gente con un cierto nivel intelectual, digamos. Eso fue lo que yo me encontré en esa primera etapa.

Tuve la fortuna de llegar a Madrid en un momento muy dulce para los cubanos, porque Europa en general, y España en particular, sigue teniendo ese afán de descubridor, ¿no? Tengo un amigo, director de cine, el mexicano Arturo Ripstein, que dice que a nosotros los latinoamericanos nos conviene que en España gobierne la derecha, porque cuando gobierna la izquierda, se vuelve a Europa, y cuando gobierna la derecha, quiere recuperar su espíritu imperial y se vuelve a América Latina. Y entonces, en ese momento habían pasado varias cosas, sobre todo acontecimientos culturales, que hicieron que Cuba se pusiera de moda. Estoy hablando de Buena Vista Social Club, de La vieja trova santiaguera y la película Fresa y Chocolate, a partir de la cual llegué aquí.

Vladimir Cruz en Fresa y Chocolate
Fotograma de Fresa y Chocolate

Mi primer viaje a Madrid, en enero del 95, fue directamente a la entrega de los premios Goya, donde Fresa y Chocolate ganó el premio Goya. Y entonces llegué en unas circunstancias muy favorables, donde había bares cubanos, hechos por cubanos, la música cubana estaba de moda. Y luego la migración cubana era de lujo. Ya te digo que eran todos profesionales, intelectuales, artistas.

Después ha habido varias etapas, que tienen que ver en primer lugar con el origen. Es decir, la sociedad cubana también ha ido cambiando. Durante mucho tiempo ha habido un proceso en Cuba de depauperación, surgido de la necesidad y de las circunstancias en que vive la gente, donde trabajar en muchos casos perdió el fin último. Y entonces la migración se volvió sobre todo económica. Hubo una época en que llegaban muchos cubanos a Madrid de vuelos que iban hacia Rusia y que se quedaban en Barajas. Y esa era una migración de otro tipo, mucho más parecida a la que iba a Miami. La gente quería trabajar en cualquier cosa. Es decir, quizás en esa primera etapa la gente que vino aquí tenía una avidez, digamos, más espiritual, más de arte, más de otras cosas que la gente que vino después.

Hubo una etapa en que no era ni siquiera política la migración, era muy económica, más interesada en la prosperidad material. Aprovechando incluso el mismo boom de la música cubana, de la salsa, de los lugares, vinieron muchos músicos, vino gente muy talentosa y muy creativa pero también vino gente de otro tipo. Y eso se fue disolviendo un poco a medida que pasaban los años, que entramos en los 2000. Luego la situación en Cuba ha seguido evolucionando de otra manera. Y a su vez hay otras generaciones con otras necesidades y con otras inquietudes y con otras circunstancias.

En los últimos años, la gente que ha llegado a Madrid desde Cuba suele ser gente muy joven, que ya vienen con antecedentes en Cuba de, no de una oposición, digamos, pero más o menos. Es decir, gente que se ha significado, por decirlo de alguna manera. Y entonces te encuentras una generación joven, muy politizada. De hecho, en los últimos tiempos se ha hablado de la mayamización de Madrid. Vas a los pocos lugares cubanos que quedan porque tampoco hay ya muchos espacios de encuentro. Porque la cultura realmente hay que decir que es lo que más une, la política desune. Y entonces cuando la esencia de los lugares son la cultura, viene gente de todos los pelajes y de todos los estratos.

La cultura realmente hay que decir que es lo que más une, la política desune.

Tú sabes que en Madrid hubo un lugar que se llamó «El Yemayá», que era un lugar de ambiente cubano que reunió durante muchos años a muchos cubanos, y no solo cubanos, gente que de alguna manera estaba interesada por Cuba, de todas las ideologías, porque nos unía sobre todo la cultura. Luego, esta última generación tiene esa característica que es quizás más radical en el sentido político. Han vivido otras cosas también. Es una generación que ha sufrido. Los últimos muchachos que ahora tienen veintitantos, treinta y tantos han sufrido de otra manera. No vivieron para nada la época heroica ni épica de la Revolución cubana. Lo que han vivido ha sido el desastre. Y tienen obviamente todas las razones para reaccionar.

Pero a mí me resulta curioso que habiendo el nivel de información que hay ahora mismo en el mundo, donde continuamente la gente está con las redes sociales y mirando las pantallas, a veces descubro en esa generación mucha más sorpresa por lo que encuentran aquí que la que tuve yo en mi momento. Es gente que también está acostumbrada a protestar y a quejarse, pero la queja a veces es muy ingrata para el carácter. De pronto descubren que el capitalismo es duro y que hay que pagar al alquiler todos los meses. Es así.

Vladimir Cruz
Cortesía de la autora

He visto manifestaciones de cubanos, gente que protestaba en Cuba y que el gobierno español los trajo y que luego estuvieron un año delante del Ministerio de Exteriores porque querían que les dieran trabajo, cuando hay españoles que no tienen trabajo y que no tienen casa. Ha habido cierta ingenuidad en ese sentido, a pesar de que quizás es una generación más metida en el tema político, pero que no supera el impacto con una sociedad tan diferente a la cubana —que en realidad todas las sociedades son diferentes a la cubana porque la de Cuba es un experimento único, digamos. Y entonces, sí, noto ese principio de inadaptación.

La gente que llegamos antes hemos pasado por esos mismos problemas, absolutamente. Pero a mí nunca se me pasó por la cabeza cuando llegué a Madrid la primera vez esperar que me dieran nada simplemente por el hecho de ser cubano. Tampoco yo tenía un pasado heroico ni era un perseguido. Era un perseguido por un destino que me hacía tener que venir a trabajar aquí, porque allí no podía trabajar. No tenía las condiciones mínimas para desarrollarme y trabajar en condiciones. Pero bueno, es algo que va inherente también con mi profesión. Espero que la presencia cubana en Madrid dentro de la cual yo creo que hay una cantidad de personas muy válidas y muy capaces de adaptarse a lo que sea, se vaya integrando. Porque por mucho que se haya intentado teorizar, Madrid no es Miami y aquí Cuba es una arena en el mar. Aquí hay migración ucraniana, siria, marroquí, de África negra… y entonces Cuba es un tema más.

A mí nunca se me pasó por la cabeza cuando llegué a Madrid la primera vez esperar que me dieran nada simplemente por el hecho de ser cubano.

Creo que alguna gente que llega de Cuba piensa que lo de Cuba es tan importante porque en Cuba estamos acostumbrados a sublimar nuestros problemas y sienten, entonces, que se les presta poca atención. Nosotros los cubanos pensamos que lo de Cuba es lo más importante del mundo pero en el mundo pasan más cosas, y entonces a veces es un impacto encontrarte con que llegas y no eres el protagonista porque están pasando otras cosas en otros lugares tan terribles o más que las que están pasando en tu país.  No puedes esperar, por el hecho de ser cubano, tener una alfombra roja porque vienes de un país donde la gente la pasa muy mal.  En muchos lugares en el mundo la gente la pasa mal, y en la propia Europa, y en la ciudad de Madrid hay gente que también lo pasa mal, que no tiene casa que no tiene trabajo que no llega fin de mes. Es algo que hay que ir aprendiendo también con los golpes o con la experiencia que uno va asimilando en un viaje, que es la vida.

No sé si esta pregunta que te voy a hacer es demasiado tendenciosa. Habías dicho hace un rato que cuando llegaste, al poco tiempo descubriste o chocaste con esas dos Españas. Esta nueva generación que llega con toda esa maleta que vas describiendo que es la decepción, que es el ánimo de reaccionar con la protesta, ¿dónde se ubicaría esa nueva generación de cubanos que va llegando dentro de esas dos Españas? Por la razón que sea y ¿cuál sería la causa para ubicarle en un lado u otro?

Eso es bastante complicado porque depende de la sensibilidad individual. Por ejemplo, a mí siempre me ha sorprendido que los inmigrantes muchas veces —que todos sabemos que son gente que hace muchísimo esfuerzo por adaptarse a un lugar nuevo, que se mueve por necesidad y para buscar lo mejor para ellos y su familia, tiendan a ser conservadores en el lugar a donde llegan. Querían cambiar las cosas en su país, pero aquí quieren que todo siga tal cual, hasta que descubren cómo funciona también el sistema en otro lugar, ¿no?

He visto muchos cubanos, por ejemplo, que a partir de una gran ignorancia democrática, tienden a hacerse de derechas simplemente porque no están de acuerdo con la izquierda que dejaron atrás. Sin tener en cuenta o sin profundizar en que los valores de esa derecha que quizás están abrazando, los está negando a ellos mismos. Es como los latinos y las mujeres latinas que tú ves en Estados Unidos que votan a Trump, ¿cómo es posible? Sí, la inmigración tiende a ser conservadora, porque está harta, porque viene de un mundo quebrado muchas veces.

He visto muchos cubanos, que a partir de una gran ignorancia democrática, tienden a hacerse de derechas simplemente porque no están de acuerdo con la izquierda que dejaron atrás.

He conocido muchos cubanos que tienden por eso a la derecha, a un mundo conservador, como negación de lo que dejaron. Yo creo que definirse dentro de eso ya es un proceso de madurez, que tiene que ver con quién es uno mismo. Yo, por ejemplo, me considero una persona de izquierdas como persona, porque no me gustan los valores de la derecha en el sentido de la insolidaridad, de la xenofobia, y me gusta el progreso, me gusta la igualdad entendida en el mejor sentido, la igualdad de derechos. Y no me gusta para nada el avasallamiento que sufrimos en la sociedad contemporánea por parte de la gente que acapara casi todo el dinero, la riqueza, y la mayoría que no la tiene. Me parece que eso es una injusticia. Siento esa sensibilidad por el orden social, lo cual no me hace afín con el gobierno cubano. Es decir, hay cosas en que yo difiero radicalmente de lo que puede pasar en Cuba, pero tampoco me hace afín a la derecha de Madrid ni a la ultraderecha, mucho menos.

Es un problema en que tú tienes que ir decantando de nivel personal. Yo entiendo los bandazos de juventud y entiendo que la gente niega lo que deja atrás, y también entiendo lo que significa ser un emigrante. Tienes que darle sentido todo el tiempo a tu emigración. Es decir, cuando uno sale de su país y de su entorno y de su familia para emprender un viaje como ese, todo el tiempo tienes que encontrar razones que lo justifiquen. Estás perdiendo muchas cosas. Muchas veces las razones las encuentras en la política, en la economía, en muchas cosas. No hay sociedades perfectas, hay sociedades perfectibles, y entonces hay que identificar que de allí esto está mal, de aquí esto también está mal. Tú decides si quieres ser un partícipe activo de la política de un lugar y cuál es tu tendencia. También hay una cosa que es muy fácil de asociar. A un emigrante que le va bien y que se siente un empresario o algo así, mientras mejor le va, más va tirando a la derecha. A veces es una ilusión de superación, que entonces ya se va integrando dentro de una élite, los que tienen el dinero. Pero ya te digo, eso es un problema que en Madrid, por lo menos ahora, a pesar de todo lo que te decía del pueblo madrileño, un emigrante es un emigrante y tú no eres de aquí y los que mandan en Madrid son los que mandan. Hay que tener conciencia de lo que tú significas dentro de todo eso.

Cuando llegaste era un momento benéfico para la comunidad cubana, decías que Cuba estaba de moda. Eso viene de una ilusión de representación de qué es lo cubano, qué significa dentro de España o dentro de Europa y el Mundo mismo, lo cubano. Hace, no me acuerdo cuánto tiempo hicimos Voces de un trayecto; era un tema muy en boda en ese tiempo, la representación de lo cubano. ¿Cuánto ha mutado eso? ¿Dentro de tu profesión como actor, cuánto ha variado el hecho de que seas un actor cubano? Antes decías, en inicio hice cualquier latino, no valía la pena trabajar un acento porque ni siquiera los reconocían. ¿Eso ha cambiado? ¿No ha cambiado?

Sí, así es. Sabes que España fue un país de emigrantes, más de emitir emigrantes que de recibirlos. Durante un tiempo los españoles tuvieron que viajar a América y a muchos lugares y luego se les olvidó, y cuando la gente empezó a llegar les sorprendía que hubiera negros aquí y que tuvieran los mismos derechos o que hubiera sudacas, como se llamaba a los latinos en aquel momento. En los 90 cuando llegué, yo podía hacer personajes de sudaca, pero un andaluz hacía de andaluz, un gallego hacía de gallego.

Es decir, en ese sentido todavía España no se puede comparar con lo que son otros centros culturales europeos como Londres o como París, donde hace décadas que tú vas a la Royal Shakespeare o vas a la Compañía del Globo en Londres y te encuentras a un marroquí o a un negro haciendo de Hamlet y no pasa nada. O en los montajes de Peter Brook. Aquí es muy difícil. No solo con los emigrantes, sino como te decía con las propias comunidades autónomas españolas. En ese sentido se ha avanzado poco.

Las películas de narcotraficantes son proyectos que pueden traer los colombianos o que pueden hacer los colombianos. Las películas de Cuba: gente alegre, con playas, mulatas y coches americanos de colores. Las primeras películas que hice en coproducción, los carteles de esas películas, siempre eran dibujitos. Por ejemplo, en el año 2000, hice una coproducción española que fue Lista de espera. Y yo me preguntaba ¿por qué las películas americanas tienen la cara de los actores y las películas cubanas tienen un dibujito de colores? Era una imagen simplificada al extremo, casi llevada al cómic. La cultura cubana tenía que ser de colores. Tú no podías venir aquí con un proyecto de un cubano triste o melancólico. No, no. Tenías que ser alegre de serie. También si eras un peruano o un boliviano, pues no podías hacer una película con una playa, ni con una mulata, ni de alegría. Esos roles estaban repartidos. Y en ese sentido, a pesar de que las grandes plataformas digitales han enfrentado bastante eso y lo han democratizado, la producción española sigue siendo conservadora y sigue estando muy por detrás de lo que es la sociedad española.

La cultura cubana tenía que ser de colores. Tú no podías venir aquí con un proyecto de un cubano triste o melancólico.

Es decir, a pesar de que tú te puedes encontrar en España ahora mismo en cualquier rol social a un cubano abogado o médico, en una película o en una serie de televisión vas a seguir siendo un profesor de salsa o cajero de supermercado. Es decir, es muy clasista. Se supone que el cine español tiene una tendencia grande a la izquierda, sin embargo la ficción producida en España continúa estando por detrás de los niveles que tiene la sociedad de integración y de presencia de gente de otras culturas, de otras latitudes.

Yo he estado en reuniones con actores donde hay por ejemplo actores negros, hijos de africanos, que son españoles y que han nacido aquí y no les dan un papel de madrileño. No aparecen en la ficción. Dime dónde hay un madrileño negro en una serie de televisión o en una serie producida en España. Y hay madrileños negros, hay madrileños chinos, muchos, y hay madrileños sudamericanos. Y los hay, tanto los que han nacido aquí como los que han llegado hace muchos años. Porque yo ahora mismo, con casi 30 años en Madrid, soy más madrileño que todos los madrileños que tienen menos de 30 años, para empezar. Y conozco y he vivido esta ciudad y he aportado a esta ciudad, porque pago impuestos desde el momento en que llegué. Además he aportado a nivel cultural también. Me he presentado en casi todos los teatros de Madrid y muchas veces no se considera que tú eres de aquí. A pesar de que se dice que Madrid es abierta, es abierta en un sentido pero no lo es la gente que tiene el poder. Les cuesta ser integradores, ser solidarios y sincera y efectivamente abrir la ciudad y abrir los brazos a la gente que llega.

Pedro Franco: el sublime acto de hacer teatro en Cuba

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teatro el portazo

En el teatro no cabe un alma más, por no decir un cuerpo. El teatro, que tiene una barra en la esquina y carece de lunetas, en su momento fue un bar llamado El Biscuit, una cafetería, un antro en una de las cuatro esquinas más céntricas de la ciudad, al lado de la sede del gobierno y perpendicular a la sede del Partido Comunista de Cuba en la provincia. Cuando entras, le das la espalda a todo eso, literal, y a las miserias cotidianas en sentido figurado, como sucede cuando la luz del cine se apaga (se apagaba) y te entregas (te entregabas) a la ficción, a la fantasía.

Solo que aquí el ambiente es totalmente cabaretero, con los colores estridentes, los grandes carteles, los asientos tipo Pullman, el escenario plástico y desmontable, la cortina de brillos, las luces y las personas que, irremediablemente, terminarán perreando a ritmo de reguetón cuando la función acabe. No hay miedo: Hasta que se seque el malecón; Diablo, qué linda; la totaila; me las voy a llevar a todas pa´ un viaipí; cualquiera sea el estribillo de moda, junto a los Van Van, que no faltan. Eso es lo que te encuentras en la base de operaciones de Teatro El Portazo, un grupo que pensé iba a desaparecer, pero no. 

«Antes de irme a México hace dos años y medio, yo estaba en un momento en el que me sentía bastante cómodo a nivel formal, a nivel de búsqueda y de expresión… No era ni siquiera estancamiento, era más bien la plenitud. Pero esa plenitud precisamente me asustó –dice Pedro Franco, el director de El Portazo–. Necesitaba un estímulo lo suficientemente grande que pudiera variar un poco la manera en que yo pensaba el teatro. Algo nuevo que no encontraba en mi contexto inmediato, en la ciudad donde hago teatro, ni con los actores, ni en los medios ni en los modelos de producción y de circulación en los que yo estaba haciendo teatro en ese 2022».

Era un grupo cohesionado alrededor de espectáculos como CCPC, La República Light, la comedia musical Todos los hombres son iguales y el drama Por gusto. Era un grupo que había recibido y distribuido donaciones de medicinas y alimentos durante aquel S.O.S. Matanzas, en la pandemia, y muchos contrajeron el coronavirus ejerciendo esa función. Habían actuado en varias provincias del país; compartían el alquiler y los cigarros, iban al mismo gimnasio… Unos cuantos viajaron a México y otros se quedaron. Con el tiempo, unos cruzaron la frontera hacia Estados Unidos y otros siguieron en el México lindo y querido que en los after shows de El Biscuit homenajeaban con rancheras coreadas en masa por el público, y con los esperadísimos chutes de tequilas, antecedidos por sal y limón para que bajaran más fácil. Lo difícil para todos era lo que se aproximaba tras la escisión: el posible remate del proyecto.

«Yo nunca anuncié que me iba, no pensaba que iba a ser tanto tiempo, y sin embargo México ganó mi presencia –dice Pedro–. Yo había estado en España, en Estados Unidos, en Argentina, en Venezuela… Nunca en México, no entiendo por qué. Me pasé los dos años diciendo: No sé por qué si México está tan cerca, nunca antes estuve aquí. Es una ciudad increíble, un país increíble, una cultura increíble que tiene mucho que enseñarnos. Son unos vínculos que nos trascienden a nosotros y potencian nuestras habilidades para desarrollarnos».

pedro franco
Foto: Néster Núñez

«Estando allá miré lo que había logrado en esos 11 años. El Portazo empezó con un andamio en la azotea del Patio Colonial de la Asociación Hermano Saíz con cuatro artistas aficionados, y en una década evolucionó hasta convertirse en una compañía sólida; tenía una sede teatral y un modo de producción que podía sostenerse. Creo que ese fue un alcance importante. Pero precisamente porque la década había sido tan productiva, yo me decía: ¿Cómo será la próxima?».

La cosa está que horripila y mete miedo de verdad, usted verá como de hambre un ratón se morirá…  Muy al principio, como para sintonizar con la audiencia, que es absolutamente grande y nueva, e introducirla en la propuesta discursiva, los actores bailan y cantan aquella infantil del ratoncito Miguel. Después harán lo mismo con la popularizada por La Colmenita: Aquí estamos por pasión, por amor y sentimiento, y porque tener talento es tener buen corazón. Los niños debieran juntarse, al menos de vez en cuando, y juntos hacer un bien, a su manera: jugando. De ese modo gozón ya está Martí sobre las tablas y está la alegría infantil: una muestra de intenciones y de los referentes variados y cubanísimos con los que Pedro engancha y te prepara para lo siguiente.

«Cuando eres un emigrante se hace inevitable dar esa mirada cargada de muchísima nostalgia a todo lo que has logrado, y comparas lo que tuviste con ese volver a empezar desde cero, ese arrancar de nuevo. Cuando te mueves de contexto nadie te conoce, nadie tiene por qué ni siquiera confiar en ti, y eso da una sensación de orfandad terrible».

»En México hice de todo: hóster de restaurante, organizador de fiestas, masajista, bartender, hice de profesor de actuación para niños… Pero hubo dos trabajos que me permitieron desarrollarme, afortunadamente. Uno fue como coordinador del área cultural del Círculo Cubano de México, que existe también en lugares como Tampa, Nueva York, Venezuela, Puerto Rico… Mi función básicamente era programar las actividades que programan en defensa de la identidad cubana, y que puedan aglutinar y aunar a la comunidad cubana de ese territorio. Un trabajo significativo donde se sentía muy útil, muy conectado con toda la historia patria.

»El segundo trabajo, que fue muy utilitario y que todavía hago desde Cuba, es el de coordinador de proyectos de una empresa que se llama Ajedrez, Eventos y Soluciones, que es una importante empresa de producción y de gestión cultural en México. Ahí me relacioné con la industria cultural en México, que era más o menos lo que yo salí buscando.

»Ahí entendí todo lo que es la producción en su término literal. Aquí se dice que en Cuba no se produce. Sí, en Cuba sí se produce. Aunque, sobre todo, se gestiona. Pero entendí que existe producción ejecutiva, producción operativa, producción logística, de todo… Aprendí el valor de los productores, del pensamiento del productor, sobre la relación necesariamente tensa entre el productor y el creador. Vi cuál era la verdadera responsabilidad y la utilidad del creador en un esquema de producción, en la conformación de un producto para llegar a los públicos. ¿Cómo un proyecto es redituable, sostenible, rentable? ¿O no lo es? No sé si afortunada o desafortunadamente, pero a partir de mi estancia en México yo veo el teatro en números. Es decir, veo el teatro en recursos humanos, en audiencia, en rentabilidad…»

A esas alturas, el público del Biscuit disfruta con el bufo. La mulata ha escuchado las propuestas «seductoras» del mulato y del gallego, y al final dice que ninguno de los dos, que se queda con la China. A esa Yunay nadie la calcula, ¡Ay!, a ella le gustan los yumas. A Pedro Franco la yuma le atrae, le aporta, como a todos, pero no lo compra, por los menos hasta ahora:

teatro el portazo
Foto: Néster Núñez

—Yo nunca decidí que me iba a ir definitivamente de Cuba… A mí, tendrían que botarme, explícita y tácitamente, aunque nunca pensé que yo fuera un sujeto aplicable al destierro, ¿sabes? Yo no creo merecer tal castigo, no he hecho nada como para eso —dice Pedro, socarrón—. Entonces, yo tengo una responsabilidad, lo asumí hace mucho tiempo, que tiene que ver con mi educación patriótica, y eso es algo que también sé hace mucho tiempo: no soy yo, es mi abuela. Mi utilidad, mi destino (soy religioso), están en Cuba.

»Estando en México tuve miedo de perder el vínculo con la realidad cubana, y eso fue uno de los incentivos más importantes para regresar. Analizando desde allá la crisis, que está en una de sus zonas más duras, yo dije: Bueno, voy a ver qué es, de qué se trata».

Y regresó, para sorpresa de muchos o de pocos. Regresó a trabajar aquí, a vivir aquí, a seguir soñando:

—Lo que me encontré fue… Antes que eso, te digo que no suelo romantizar el pasado, porque creo que eso es una trampa de la memoria. Me gusta ubicarme siempre en el presente con una proyección a futuro. Ahora estoy trabajando para restaurar ciertos tejidos a lo interno de la agrupación, ciertas maneras o procedimientos, estoy haciendo lo que se necesita hacer ahora, sin pensar en lo que tuvimos en el pasado.

«Pero te digo que ahora todo es más hostil. Hoy venía caminando para el trabajo y pensaba que ya no nos caracteriza la alegría. No es que hemos dejado de ser alegres, nosotros seguimos siendo alegres. El fin de semana, por ejemplo, es una gran fiesta lo ocurre aquí en El Biscuit. Pero ya no es eso lo que nos caracteriza, y sí caracterizó a los cubanos en algún punto. Eso quizá es lo más duro, porque me he encontrado con una sociedad triste, una sociedad deprimida, con muy poca capacidad de resistencia precisamente por su depresión, porque no tiene incentivos, no tiene ese areté. La alegría era un gran desbrozador de malezas; ya no.

»En estas nuevas circunstancias, seguir haciendo teatro es una bendición. El teatro es hijo de la crisis. Es algo muy difícil, es un gran sacrificio. Casi es un despropósito. Pero del modo en que yo lo estoy asumiendo es como una bendición, en realidad. Como creador que está a punto de cumplir 40 años y de entrar en mi zona de madurez creativa, si Dios lo permite, puedo nutrirme de este contexto para activar mis resortes artísticos, para canalizar mi visión del mundo, para intentar modificar, desde mi oficio, la realidad de otras personas o la actitud de otras personas.

teatro el portazo
Foto: Néster Núñez

»Convocar a ensayo, convocar a función, convocar a una audiencia y que ocurra esa relación mientras afuera todo parece distópico, yo creo que es un espacio muy singular en la historia que nos está tocando vivir y lo estoy disfrutando al máximo, intentando que sea provechoso para mí y para los que me rodean».

La distopía de la que habla es la que todos conocemos: los apagones, la de cocinar con carbón, la falta de alimentos y de transporte, los precios de todo, los dólares, la pésima gestión del gobierno, el fin del parole humanitario y de la posibilidad de escapar por esa vía legal y directa. Dentro, en el Biscuit, una actriz declama sus 15 razones para seguir construyendo su propia casa, que es la casa de todos. Después proponen hacer nuevas elecciones. Convocan a escoger entre Antonio Guiteras, Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena. Las cruces en las boletas marcan la preferencia por Guiteras, quizás porque estamos en Matanzas o, con mayor probabilidad, porque es el nombre que más se menciona en estos meses de termoeléctricas rotas. Después hay pasarela de héroes. Puro choteo cubano. No queda de otra.

»Hacia el final de la década de los 80, cuando aquello que se decía que Cuba reía, hubo una gran efervescencia de los proyectos teatrales en Cuba. En el 90 todo eso frenó de cuajo, frenó de pronto, no hay esto, no hay lo otro, y se produjo un gran éxodo, y quedaron mis maestros. Por lo tanto, cuando yo llego a la Escuela Nacional de Arte en el año 1999, ellos ya venían curtidos de una década de mucho trabajo y mucha necesidad. Tenían poéticas formadas y consolidadas en esa crisis. Carlos Díaz, Carlos Celdrán y Rubén Darío Salazar son las tres personas que ejercen una influencia real sobre mi pensamiento y sobre mi actitud teatral. Cuando tengo una situación difícil pienso qué podrían hacer ellos, cómo lo resolverían. Por eso acuñé una frase: Mis maestros se forjaron en la crisis. Su legado hacia mí fue su capacidad de resistencia, de resiliencia, su capacidad de no dejarse vencer».

La madre, la novia y el héroe de la ficción de La República Light exponen en monólogos sus puntos de vista. ¿Para qué tanto sufrimiento, por quién, por cuál ideal? ¿El sacrificio de una persona cambiaría algo?

»Yo pasé un taller con un Eugenio Barba, y él decía que el teatro tiene la responsabilidad de sobrevivir, que en el mismo momento en que cualquier forma de poder desarticule un núcleo teatral, ya ese núcleo teatral perdió porque no pudo garantizar su utilidad. Entonces, lo que me parece increíble de mis maestros es que son creadores con 30, con 40 años de trabajo ininterrumpido, y no han podido desarticularlos, no han podido matarles la esperanza ni el gesto sublime, sublimísimo, de hacer teatro».

»Para mí el teatro es utilidad. Yo, martiano siempre: la utilidad de la virtud. Si no, ¿para qué la virtud? ¿Para regodearse en la virtud? Nosotros los teatristas no somos productivos en términos de la cadena de valor. No es que podamos alimentar al pueblo. El verdadero valor productivo del teatro, uno de ellos, es que es un simulador de realidad. En los últimos años yo desarrollé una poética en la que el individuo puede sentirse libre durante un fragmento de tiempo. Pueden entrar en comunión con un grupo de personas y sentir que son, que somos libres en este instante de la obra, aunque afuera imperen las mismas circunstancias de hostilidad. Y yo creo que ese simulador de realidad, sin que tal vez tenga consecuencias reales sobre el individuo, es un valor productivo importante. En función de eso hago teatro, en función de que sea útil para la sociedad o para el público en el que impacta».

teatro el portazo
Foto: Néster Núñez

Con su fusil en ristre, la miliciana de peluca rosada, ese actor de género fluido, vestido para la ocasión con corpiño y con un pantalón corto verde olivo, pasó por la escena. Con su fusil en brazos y con el quinqué de la campaña de alfabetización, el eterno farol de nuestros guajiros. Buscaba en versos al caballero gallardo, al caballero sin tacha y sin miedo. Su temor era que el caballero hubiese olvidado al buen proletario, que anduviese engordando bajo el traidor amparo de ciertas mesas redondas.

«Retomé  CCPC, la República Light porque.. bueno… Primero, mientras haya Portazo habrá cabaré. Eso es una sentencia. Y CCPC yo creo que es un tono importante. A mí me gustaría, cada vez que tengamos que empezar a hacer algo, empezarlo desde ahí. Es como una varilla, como un medidor. Si logramos conectar a una audiencia con este CCPC, bien, que venga lo próximo. Pero es una manera de estabilizar el grupo, de decir “aquí estamos” y proyectarnos hacia el futuro. Por eso es que regresa este espectáculo, más allá que por necesidad de discurso. Aunque es curioso que el discurso de este CCPC no haya muerto, porque la sociedad cubana permanece en este constante bucle histórico».

»Lo otro es que uno romantiza los momentos. El teatro es un arte tan efímero que se desvanece inmediatamente en la memoria. Lo que ocurre hoy ya mañana no será recordado. No tiene por qué ser recordado. No es como el cine. Una toma X queda en la memoria y en un soporte físico real… En el teatro hay que volver, repetir todos los días. Entonces, además de romantizar los momentos, uno romantiza los elencos, romantiza las audiencias. Creo que en la década desde el 2012 hasta el 2022 nuestros elencos alcanzaron un nivel técnico cada vez en progresión. Yo dejé el grupo a cargo de William, que creo que hizo excelente, maravilloso trabajo de supervivencia. Era muy poco probable que El Portazo sobreviviera en mi ausencia y William era la persona que podía hacerlo, no había otra persona en el mundo que pudiera hacer eso, por su autoridad, sobre todo».

En su ausencia, William Quintana reunió un nuevo elenco y dirigió Tango Patéticus. Desde el techo del Biscuit aún cuelgan zapatos viejos que formaron parte de la escenografía. También inició el montaje de El Baracutey, un bufo cubano, la pieza en la que trabajan ahora, otra vez bajo la dirección de Pedro:

«Encontrarme con nuevos actores, mostrarme ante ellos siempre es una fiesta y un descubrimiento para mí. Es difícil también. Son personas que no conocía, que apenas ahora nos estamos conociendo, estamos teniendo nuestro primer contrato marital con las salidas de CCPC. Es su primer espectáculo bajo mi dirección».

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Foto: Néster Núñez

«Pero lo difícil no es quiénes son ellos, no son sus individualidades. Lo difícil son las generaciones. Tiene que ver con el año en que nacieron, con las influencias que tienen, con qué tuvieron contacto, cuál es su formación. Y eso es algo que me va a acompañar toda mi vida mientras mantenga este oficio. Es decir, ahora estoy trabajando con personas que nacieron a principios de los 2000. Me imagino que dentro de 25 años estaré trabajando con personas que nacieron hoy. Eso también es un incentivo, por cierto, porque nunca te agotas».

La pionerita danzarina, la mulata, la china, el gallego, la miliciana, la patria que manejó su hoz y su martillo resplandecientes, la madre y la novia bajan por fin de escena. Los fogosos aplausos deben escucharse más allá del parque, en las tres esquinas. Es el mismo sonido de siempre, sacado de las manos de jóvenes que nunca antes habían estado en El Biscuit. 

«Nuestro público histórico está en Miami, junto con aquel elenco nuestro. El único que no está allá soy yo. Cuando vemos las visualizaciones de la cuenta de El Portazo en Instagram, tenemos más alcance en Miami que en Matanzas. Tenemos más alcance en Madrid que en Santiago. Eso significa que hubo un desplazamiento de la audiencia, eso no es un secreto para nadie, los vimos irse como mismo ellos nos vieron a nosotros irnos. Estábamos en México y desfiló el teatro cubano por allá, incluso los públicos.

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Foto: Néster Núñez

»Entonces, cuando a estos muchachos que están viniendo ahora tú les hablas de Mella, cuando les hablas de Guiteras, de Martí, de Villena, creo que no captan muy bien. A ellos no les dieron esa clase de Historia de la misma manera que nos la dieron a nosotros. El espectáculo de CCPC utiliza elementos del background patriótico de cierta zona de la infancia y de la adolescencia, y al parecer ese no es su propio background. Se relacionan con la Historia de una forma desfasada, no significa para ellos. Es como si les enseñaras una diskman.

»Pero el espectáculo está funcionando incluso con ellos. No lo voy a hacer más light, no lo voy a rebajar. Hay gente que se está encontrando con su primer CCPC de la vida. A veces se les desorbitan los ojos. A veces no entienden. No saben dónde aplaudir. No saben que se aplaude al final de la obra. No saben que el actor puede hablarte, que es una persona… Pero a la hora de la verdad disfrutan, porque la supervivencia antropológica del teatro, durante los miles de años que ha estado vivo, independientemente de qué joven ha estado sentado ahí, es la posibilidad del convivio. Y el ser humano sigue siendo el ser humano, sigue reaccionando a los mismos estímulos y a los mismos resortes siempre y cuando estén bien ubicados.

»Y teniendo en cuenta el éxito de esta tercera temporada puedo anunciar, a modo de primicia, que vamos a sacar una cuarta temporada. Es decir, en el transcurso de este año este elenco tendrá su propio CCPC, donde uniremos el CCPC del 2015 con el del 2018 y con el del 2022. Veremos qué pasa».

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Foto: Néster Núñez

Pedro Franco es un líder que sabe lo que quiere y sabe cómo lograrlo. Vive para el teatro con una pasión que ya parece no ser de estos tiempos. 

«Después de ser teatrista lo más importante que me ha pasado es coronar a Obbatalá. Yo creo que es… una comunión, es un equilibrio perfecto. Yo creo que es justicia y la armonía. Creo que lo necesitaba. Claro, Él vino a mí, ¿no? Y sí, ha sido muy importante para mi carrera creativa. La fe, quiero decir. Hay un término de teatro que se llama Fe y Sentido de la verdad. Yo estoy muy agradecido de ser un ser humano que encontró la fe, que es un concepto elevado. Es un cambio que transcurre a diario. No sabría explicártelo».

Buendía, machos alfa

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Ilustración: Brady

Hay obras literarias que desde su creación fueron consideradas imposibles, o casi, de llevar al cine. Ora por el escenario en que se desarrollaban, ora por la peculiar atmósfera poética que conseguían, ora por lo enrevesado de las peripecias, lo cierto es que The Lord of the Rings de Tolkien, Rayuela de Cortázar, Finnegans wake de Joyce, Pedro Páramo de Rulfo, Dune de Herbert o Cien años de soledad de García Márquez, entre otras, se resistieron y resisten, ahora y siempre, al invasor. En algún caso hubo alguna desafortunada tentativa que no funcionó del todo, en otros no se ha intentado nunca; sin embargo, en los últimos años hemos llegado a ver adaptaciones de un puñado de ellas que no desmerecen del texto original.

Vamos a ver, podríamos resucitar el añejo debate acerca de la pertinencia de trasvasar cualquier historia de un medio a otro, cuando es bien sabido que tras una lectura nos formamos imágenes mentales de personajes y ambientes, imágenes que varían levemente para cada individuo, de manera que sería un milagro que todas concuerden con la versión fílmica. Por otra parte, una adaptación, incluso si es para serie y no largometraje único, implica la reducción del material original; la selección, a juicio de alguien que por lo general no es el autor del texto matriz, de pasajes fundamentales mientras se apartan otros que se asumen prescindibles. Un fenómeno concomitante es que la gente lee cada vez menos pero cada vez consume más productos audiovisuales, con el resultado de que, no en el mejor pero sí en el más frecuente de los casos, conocen a los clásicos literarios por adaptaciones no siempre felices.

Pese a todo lo anterior, tan inevitable como echar barriga con los años, la Dune de Denis Villeneuve (la primera parte de 2021, la segunda de 2024, y habrá una tercera) consigue lo que no consiguió del todo la versión de 1984 del recientemente desaparecido maestro David Lynch: trasladar a la gran pantalla el universo de Herbert sin provocar demasiados infartos entre los fanáticos. Pedro Páramo (2024) de Rodrigo Prieto logra más o menos lo mismo al reconstruir la atmósfera surrealista y ominosa de la novela de Rulfo. Y todo el mundo se imaginaba al Balrog como lo retrata Peter Jackson en su trilogía de 2001 a 2003. En fin, que cada vez quedan menos narraciones infilmables, aunque siga siendo preocupante que para mucha gente constituyan un sucedáneo del texto de origen.

 Entonces llega la serie Cien años de soledad (2024) de Alex García y Laura Mora.

Una novela colombiana, un elenco colombiano para una producción filmada en Colombia y dirigida por nativos. No es una receta infalible per se, pero desde luego funcionó en este caso, sobre todo si se considera que la (temible) alternativa hubiera podido ser una versión con actores gringos hablando en inglés e intercalando palabras en español mal pronunciadas. Uf.

Reducir la novela de García Márquez a ocho capítulos de más o menos una hora es una proeza notable, si se tiene en cuenta que nada importante parece faltar. Conseguir el sabor del realismo mágico era todavía más difícil, pues no se trata de acumular espectacularidades; como dice el corrido, no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar. En mi opinión, García y Mora llegan, y su Macondo es, si no el Macondo imaginado, sí un Macondo probable. En materia de actuaciones, me convence mucho más el José Arcadio joven (Marco Antonio González) que el viejo (Diego Vásquez); me gustan ambas Úrsulas Iguarán, la joven (Susana Morales) y la mayor (Marleyda Soto), Claudio Cataño como Aureliano Buendía… bueno, y muchos más, hay decenas de personajes. Mención especial merece la cubana Jacqueline Arenal como Leonor Moscote: ha desarrollado su carrera tanto en Cuba como en Colombia, y se mueve como pez en el agua aquí, allá y en todas partes.

Fueron construidos cuatro Macondos diferentes para ilustrar la evolución del pueblo. La fotografía es espectacular, y rinde tributo tanto a los paisajes naturales como a la belleza humana que se aparta de los cánones implantados por el Primer Mundo. Rebosante de símbolos y matices, Cien años… fue una producción costosa y dilatada, pero valió la pena: ya tenemos una versión decente del clásico, lo que no significa que no pueda ser corregida y aumentada en futuras aproximaciones.

También en español, aunque peninsular, y con otra Laura como directora, es la serie Machos Alfa (2021 – 2025) que ya ha estrenado su tercera temporada.

Para mí, esta es una de las mejores series que he visto en mucho tiempo. O por lo menos, una de las que más tienen que ver conmigo, con lo que creo, con lo que intento escribir. Vaya, que los productores no saben lo que se pierden al no contratarme para el equipo de guionistas.

Las premisas son sencillas: hay cuatro amigos varones y su vida privada; esto es, sus parejas, sus hijos y padres, sus conquistas y rechazos, todo a través del cristal coloreado de lo políticamente correcto en materia de género, en la sociedad española de hoy día. Aunque desde el título es evidente que los protagonistas son ellos, los personajes femeninos están tan bien desarrollados (no es un comentario sexista, hablo en términos dramáticos) y enfrentan no menos decisiones, inseguridades y derrotas que los machos.

La serie se mueve todo el tiempo sobre la cuerda floja de lo que es socialmente permitido, en un constante contrapunteo entre la visión tradicional de los roles de género y las mucho más justas, aunque no a salvo de extremismos contraproducentes, concepciones actuales. Aquí radica uno de los logros más notables del material: en no dejarse llevar por reducciones al blanco y negro, en no caer en el antes-todo-era malo y ahora-sí-sabemos-hacer-bien-las-cosas. Es muy interesante la manera en que se presenta el dilema de hasta qué punto el varón moderno está realmente convencido de la importancia de la igualdad de géneros, la libertad sexual, la necesidad del consentimiento, etcétera, o si en muchos casos se resigna o se camufla, como el animal que hiberna en espera de tiempos mejores. Y es igualmente destacable ver parecido rosario de actitudes en las mujeres, desde las que disfrutan y tantean hasta las cazadoras de herejes.

El hecho de que haya cuatro protagonistas permite a los guionistas poner en el portaobjetos las posturas más convencionales, sustanciadas en el machismo casi primitivo de Raúl (Raúl Tejón); la del esposo estoico y soft de Luis (Fele Martínez), pasando por la del tipo atractivo y triunfador, Pedro (Fernando Gil) que se esfuerza por seguir la corriente y deconstruir su masculinidad pero necesita una esposa trofeo, y la de Santi, el divorciado inseguro, incondicional del feminismo hasta el punto de declararse mujer en cierto momento… y recular luego (Gorka Otxoa). Todos son urbanitas, de diferentes estratos sociales, pero sus posiciones resultan frágiles aunque no se note a primera vista.  

Todo está bien calibrado en Machos Alfa, no para intentar convencerte, sino para hacerte mirar alrededor. La dupla creativa de Laura y Alberto Caballero ha sabido rodearse de un equipo eficaz, que incluye a los guionistas (bastante bien lo hacen, considerando que falto yo), los responsables de la fotografía y edición, hasta el elenco. Kira Miró como Luz, la abogada dada a la exploración y la aventura, María Hervás como la influencer Daniela, Raquel Guerrero como Esther, el ama de casa que aspira a ser actriz, y una miríada de actores y actrices secundarios e invitados configuran un ejército invencible. Y como la sociedad no se estanca (bueno, por lo menos la española no) podría haber más temporadas en el futuro…

Dos series en español, una de comedia, otra dramática. Eso recomiendo hoy a machos y hembras, a LGBTIQA+, a todos, no importa que seas Alfa o Beta y tengas Lambda, Épsilon o Theta…

La perreta de Marco Rubio: más de lo mismo

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Foto: revistaeyn.com

La noticia es que la primera gira del nuevo secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, por Centroamérica confirma que la hostilidad extrema ha regresado a las relaciones entre Washington y La Habana.

Así puede concluirse de sus opiniones sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua.

«No tengo ninguna intención de ir a La Habana con este régimen en el poder, salvo para hablar de cuándo se marcharán», comentó a Fox News el jefe de la diplomacia estadounidense.

Rubio, quien ha construido su carrera política sobre la larga lucha infructuosa de políticos floridanos de tumbar al gobierno de La Habana, ya demuestra coherencia con su discurso hostil hacia Cuba, constante en toda su carrera como Senador, y que continuará ahora como secretario de Estado: «Ese régimen es un desastre, ha destruido el país. Es un régimen hostil a los Estados Unidos», dice sin explicar ni ser cuestionado.

Muy fácilmente se contagia del discurso radical y absolutista de Trump al afirmar que Venezuela, Cuba y Nicaragua son enemigos de la humanidad.

«Si no fuera por esos tres regímenes no hubiera una crisis migratoria», agregó Rubio.

Sin embargo, varias fuentes indican que ninguno de esos tres países han sido los emisores principales de migrantes hacia Estados Unidos en el último quinquenio. Los principales grupos de nacionales que ingresan como emigrantes a Estados Unidos son mexicanos, colombianos y guatemaltecos. Así ha sido en los últimos 10 años. Cuba nunca supera el número siete u ocho de esa lista, lo cual indica que es falso afirmar que es responsabilidad de estos tres países la crisis migratoria que golpea a la frontera sur estadounidense.

Según las afirmaciones de Rubio en conferencia de prensa en San José, Costa Rica, las razones por las que las personas emigran de Cuba o Venezuela son las mismas: políticas, por falta de libertades. Sin embargo, él mismo se ha quejado más de una vez de que buena parte de los cubanos que emigran a Estados Unidos y aplican a los beneficios migratorios que ofrece ese país, poco tiempo después de un año en el país, visitan su país de origen para vacacionar o ver familia, lo cual supone una contradicción.

Por supuesto, en ningún momento se refiere al peso de las sanciones contra Cuba como causa de esa crisis migratoria. Pero si algo hace este grupo político que está en el poder en Washington es repetir bulos sin que les pesen los cuestionamientos de periodistas, y sin ninguna vergüenza por ofrecer información inexacta y manipulada políticamente frente a los ojos de todos.

Mientras tanto, ya llegaron a la Base Naval estadounidense en territorio ocupado en Guantánamo los primeros migrantes detenidos, una decisión política que fue criticada por el gobierno de La Habana.

El presidente cubano Miguel Díaz Canel Bermúdez reaccionó a la decisión de Washington de utilizar las prisiones de la Base Naval de Guantánamo para encarcelar migrantes apresados en Estados Unidos. El mandatario lo calificó como «un acto barbárico» y afirmó que representa una amenaza a la seguridad nacional de Cuba y de la subregión, al recordar que el enclave militar ocupa ese territorio en contra de la voluntad del pueblo cubano.

«Para Cuba representa inaceptable la discriminación violenta e indiscriminada de migrantes de Estados Unidos».

Esta noticia significa que la administración Trump continúa un camino divisionista, transaccional, y que retrotrae a Estados Unidos a un recuerdo del pasado que ya no existe, en que se expandía como imperio de forma violenta, invadiendo, colonizando o comprando porciones de tierra. En esta fase de retro-futurismo, el gobierno estadounidense ubica a Cuba en un rol similar a los tiempos de la más álgida guerra fría.

En el deber ser, las voces de los diplomáticos suelen transmitir los intereses de los países que representan, pero con filtros de un lenguaje que se pretende respetuoso y socialmente aceptado: este no es el caso de la diplomacia trumpista. Ofensas, insultos, datos no confirmados o flagrantes mentiras pululan en los discursos de quien se dice ser jefe de la diplomacia.

Nuestra opinión es que el gobierno de Donald Trump, y sin sorpresas, su secretario de Estado, regresan a una política de máxima presión que no le hará favor a nadie, más que a los que se benefician de un discurso duro que se ha practicado antes con altísimos costos para el pueblo cubano y sin los resultados prometidos.

Igualmente, y de manera muy irónica, esta administración se ha tomado muy en serio el encargo social de poner a Estados Unidos en un rol de víctima, del que otros países se benefician, como México, Canadá o China, y como reacción, entonces prefieren el camino de la hostilidad a diestra y siniestra.

Si Cuba no fuera una obsesión de Rubio, este debería comprender que no es más el senador de los cubanoamericanos, sino el jefe de la diplomacia de un país que es miembro de la OTAN y que tiene fuertes intereses en Medio Oriente, una guerra en Ucrania que es realmente entre Occidente y Rusia, y muchas otras prioridades.

Cuánto tiempo sostendrán esta hostilidad extrema y cuánto del discurso irá a la acción, todavía está por verse, pero hasta ahora la Administración Trump ha demostrado su disposición para entregar a los electores la narrativa prometida, aunque sea violatoria del derecho internacional, como la deportación masiva e indiscriminada, o la guerra de tarifas que terminarán pesando sobre el consumidor y los negocios estadounidenses.

Programa transversal de la economía: público pero secreto

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Foto: Cuba Noticias 360

La noticia es que el gobierno cubano aprobó el Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía durante el año 2025, pero no se conoce en qué consiste. La escueta nota publicada en Cubadebate no explica el contenido de un programa de gobierno que es un «tema transversal, que recoge todas las esencias y políticas de la vida económica y social del país», según palabras del primer ministro, Manuel Marrero Cruz, en la reunión del Consejo de Ministros en la que se aprobó la estrategia.

De acuerdo con la poca información que hay, en este momento ya no se trata de Proyecciones sino de un Programa. Este tendría proyecciones, acciones, indicadores y metas, así como cronograma de fechas de cumplimiento y responsables. Sin embargo, se desconoce quién rendirá cuentas sobre qué, porque no se informa sobre esos plazos, o acciones específicas.

El primer ministro cubano afirmó que el Programa tiene dos objetivos clave: «incrementar y diversificar los ingresos externos del país» y «el incremento de la producción nacional, con énfasis en los alimentos». Cómo se enfrentarán estos desafíos, no queda claro.

Según un reporte de Granma de la penúltima sesión de la Asamblea Nacional, en julio de 2024, las principales pretensiones de la política para corregir distorsiones y reimpulsar la economía era «mantener el funcionamiento en las actividades económicas y sociales indispensables para el país, procurar el autoabastecimiento, garantizar la producción de alimentos, y controlar la economía nacional desde el Gobierno».

La afirmación genera muchas preguntas que periodistas y medios no tienen la oportunidad de hacer. ¿Ya el gobierno no controla la economía? ¿O se refiere al sector privado?

Según el reporte del verano del año pasado, la iniciativa se propone la estabilización macroeconómica; el incremento de los ingresos externos; el incremento de la producción nacional; y el desarrollo empresarial y formas de gestión no estatal. En aquel momento, el primer ministro mencionó que varias de las primeras acciones se habían postergado a la espera de que «las condiciones sean propicias».

En esa ocasión se refería a ajustes de precios en varias áreas clave como eliminación de subsidios en los precios del agua, el combustible y un aumento de diferentes formas de los impuestos que pagan los empresarios privados y los trabajadores por cuenta propia.

El reporte de prensa de esta semana que confirma que el Programa ya es mapa de trabajo del gobierno, indica que lo aprobado contiene un minucioso plan de acciones para su implementación y pone énfasis en el nuevo mecanismo para la gestión, control y asignación de las divisas, sin dar más información, ni obedeciendo principios básicos de transparencia que debe tener un programa que se supone sea público.

El reconocido economista cubano Pedro Monreal opinó sobre el anuncio en la red social X: «No hay datos para poder valorar razonablemente el programa “para corregir distorsiones y reimpulsar la economía en 2025”. Por el momento es la tertulia de un círculo limitado de políticos y no es un programa público de política económica».

La falta de información contrasta con la afirmación de Marrero de que antes de aprobar este programa se realizaron múltiples intercambios, a todos los niveles, e informó que contribuyeron a su diseño algunas recomendaciones recibidas, y la aplicación de la ciencia y los resultados de investigaciones.

Incluso, este mismo mes, se llevó al Consejo de Estado y se analizó la implementación del Programa, según el sitio del parlamento cubano. El órgano permanente de la Asamblea Nacional afirmó que en el plan de trabajo aprobado para el año está el control sistemático al cumplimiento del programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía, de lo que se puede desprender que el parlamento y sus diputados tendrán acceso a los resultados de dicho programa, y que podrán escuchar algún tipo de rendición de cuentas. Sin embargo, los reportes de prensa no incluyen ninguna petición de los diputados exigiendo mayor transparencia en los medios estatales, que deben servir a las necesidades informativas del pueblo cubano.

Esta noticia significa que las tan llevadas distorsiones de la economía cubana pretenden ser resueltas con un programa del que se conoce muy poco, nublando aún más el futuro de la crisis crónica que golpea la Isla.

La multiplicidad de tasas cambiarias: una informal en la calle, que usa como referencia la realizada por la plataforma política opositora El Toque, otra formal del Banco cubano, otra para embajadas y algunas instituciones que operan con moneda dura, así como la lenta bancarización, ponen el tema monetario sobre la mesa como un problema urgente que distorsiona la economía, puesto que no permite medir realmente la productividad o la falta de ella.

La permanencia de subsidios estatales, junto al estancamiento de los salarios, el temor del Gobierno a autorizar a los actores no estatales en dólares, la incapacidad demostrada para recuperar el control del mercado cambiario, el modelo empresarial estatal que sigue privilegiando la supervivencia en número de empresas —muchas quebradas— y que pesan sobre el presupuesto estatal sin devolverle a este lo que debe, son solo algunas de las distorsiones históricas de la economía cubana, a la que se le suma el fracaso estrepitoso del «ordenamiento monetario», sobre el cual no se ha mostrado una autocrítica pública. A todo esto hay que sumar la carga inconmensurable del régimen sancionador de Estados Unidos sobre Cuba.

Corregir estas distorsiones lleva escuchar a científicos, informarse adecuadamente sobre la realidad del país, mantener una comunicación fluida, directa, real con los ciudadanos todos, y lleva también tomar decisiones quizás con un alto costo político, pero imprescindibles económicamente, así como renunciar a mentalidades de decisores en los que se describe el país que debiera ser y no el que es.

Y a todos esos esfuerzos, reuniones, y planes ponerle comunicación con contenido, no una práctica del decir por el decir sin explicar qué impacto tiene eso en la vida de la gente. Al leer la nota en Cubadebate no hay manera que un ciudadano cubano pueda apreciar, ni de cerca, algo escrito que tenga que ver con su vida de manera directa.

Nuestra opinión es que si bien es importante corregir distorsiones del modelo económico cubano, transformar su modelo de crecimiento y conducir las decisiones más orientadas a la lógica económica, mantener ese programa en secreto, sin ofrecer plazos, fechas concretas, o lista de acciones es una salida perfecta para que nadie rinda cuentas reales de su cumplimiento, y que las acciones se demoren, se dejen de ejecutar, o que no se midan adecuadamente los resultados de ese programa.

En conclusión, se hace muy fácil incumplir y que nadie lo note, violando así el encargo gubernamental, e incluso la propia Ley de Comunicación recién aprobada y que espera por ser respetada alguna vez.

Un programa para ser público debe ser ampliamente divulgado, porque el encargo del Gobierno es trabajar para el pueblo, pero sabiendo qué hace, cómo y cuándo lo hace, o sea, con el mayor nivel de información posible.

En un momento de crisis crónica, de emigración masiva, ofrecer esperanza, certeza, certidumbre, un plan en el que podrían confiar sobre la posible mejoría de la economía nacional, es fundamental. En tiempos en que hay tanta desesperanza, la oscuridad sobre qué va a pasar con la economía nacional no contribuye a que los ciudadanos tengan perspectiva, y conecten con la realidad de su país. Además de que ofrece más temores al emergente sector privado que también debe evaluar el contexto doméstico para emprender, o no.

Un programa que promete ser transversal y solución de muchos problemas de la economía, sobre el que no se dice cómo ni cuándo, es un programa vacío cuyo contenido y ejecución se mantienen lejos de los ciudadanos. Por tanto, nadie vinculará sus potenciales beneficios con decisiones acertadas, y nadie podría prepararse para los posibles costos que tenga y que impacten sobre pequeños negocios o sobre la economía doméstica.

El programa que quizás se expande en decenas de páginas, pero que el pueblo cubano no conoce, es como si a un enfermo le prometieran un tratamiento sin decirle cuál es, eliminando así la posibilidad de, al menos, un efecto placebo que alivie la vida.

Cuba y España: una relación histórica más allá de la política

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Los profundos lazos históricos y culturales entre Cuba y España han marcado una relación bilateral compleja y dinámica, caracterizada por períodos de colaboración estrecha y momentos de distanciamiento. Aunque las fluctuaciones políticas y los cambios en la Isla desde 1959 han condicionado esta relación, la conexión cultural ha servido como un puente histórico que ha permitido mantener un diálogo, incluso en los contextos más tensos.

Los acontecimientos de 1898 dejaron una profunda huella en el imaginario colectivo español, inmortalizados en la expresión popular: «Más se perdió en Cuba». Esta frase simboliza no solo cómo se considera la magnitud de la pérdida de la colonia, última gran posesión de ultramar española, sino también el impacto de la intervención estadounidense, que marcó el fin del dominio español en el Caribe y el inicio de la hegemonía de Estados Unidos en la región. La pérdida de Cuba significó un punto de inflexión que transformó el rol de España en la geopolítica mundial, orientándola hacia un modelo más enfocado en sus intereses europeos, dejando para sus excolonias en América Latina la influencia cultural e histórica.

Tras la conclusión de la guerra hispano-cubano-estadounidense, que culminó con la independencia formal de la Isla y la cesión de su control a Estados Unidos, Cuba y España establecieron relaciones diplomáticas en 1902. En este contexto histórico España se convirtió en un país emisor de cientos de miles de emigrantes hacia la Cuba republicana, un factor cultural clave que unió aún más los destinos de ambos pueblos. Los ahora bisabuelos y abuelos españoles de generaciones de cubanos, marcaron las raíces de figuras claves de la historia nacional como los propios líderes Fidel y Raúl Castro, hijos de Ángel Castro, nacido en Láncara, Galicia.

Es notable que, incluso durante la etapa franquista, las relaciones diplomáticas entre España y Cuba se mantuvieran, aunque estas eran distantes y condicionadas. Las profundas diferencias ideológicas entre el régimen franquista y la Cuba revolucionaria limitaron el alcance de estos vínculos, que no fueron estratégicos ni prioritarios para ninguno de los dos países. A partir de 1960 este distanciamiento se agudizó con el incidente televisivo entre Fidel Castro y el embajador español Juan Pablo de Lojendio e Irure, que culminó con la expulsión del diplomático y dejó el puesto vacante durante más de una década.

Incluso durante la etapa franquista, las relaciones diplomáticas entre España y Cuba se mantuvieran, aunque estas eran distantes y condicionadas.

Fue con la llegada de la Transición Democrática española cuando las relaciones comenzaron a fortalecerse. En 1978, la primera visita oficial de un jefe de gobierno español y europeo, Adolfo Suárez, marcó el inicio de un vínculo más cordial y fluido, reflejando la intención de España de reforzar sus lazos con América Latina en el marco de su renovada política exterior.

Está claro que ambos países compartían más en común que la distancia entre sus respectivas ideologías y que necesitaban aprovechar ese puente para influir en áreas geográficas estratégicas: España en América Latina y Cuba en Europa (recordemos que España se adhirió a las Comunidades Europeas en junio de 1986). Al mismo tiempo, el diferendo irreconciliable entre Estados Unidos y Cuba ofreció a España una oportunidad única para recuperar espacio en el ámbito económico de la Isla.

Aún en 1986, cuando la URSS seguía siendo el principal referente económico de una Cuba inmersa en el proceso de «rectificación de errores», el mandatario español Felipe González realizó una visita oficial a laIsla.Durante su estancia, fue condecorado con la Orden José Martí y logró un acuerdo para indemnizar a cerca de 3 mil españoles que perdieron sus propiedades a inicios de la Revolución. Lo más importante, amén de sus divergencias políticas, fue que Fidel Castro y Felipe González reafirmaron una estrategia en común para ambos países: incrementar el intercambio económico y comercial.

Según datos de 1985, Cuba absorbía más del 20% de las exportaciones de España a Latinoamérica, mientras que solo el 2.66% de las importaciones españolas desde América Latina provenían de Cuba, lo que reflejaba una balanza comercial favorable para España. Sin embargo, Cuba obtenía un beneficio más relevante: España se convertía en un socio comercial crucial y esta relación se afianzaría en los próximos años, incluso superando crisis diplomáticas como la de 1990, cuando varios ciudadanos cubanos pidieron refugio en varias embajadas en La Habana, incluyendo la española, lo que generó momentos de tensión entre ambos gobiernos.

Según datos de 1985, Cuba absorbía más del 20% de las exportaciones de España a Latinoamérica, mientras que solo el 2.66% de las importaciones españolas desde América Latina provenían de Cuba.

La necesidad de diversificar sus socios políticos y económicos se convirtió en una prioridad de supervivencia para el gobierno cubano tras la caída de la URSS, lo que condujo a un cambio en el discurso oficial hacia un tono más conciliador con ‘la madre patria’. Durante su visita a España en julio de 1992, en el marco de la II Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, en Madrid, Fidel Castro destacó los lazos históricos y culturales que unen a ambos países, subrayando la herencia compartida como base para un acercamiento estratégico en un momento clave para Cuba. En el contexto de esta Cumbre, España comenzó a ejercer presión sobre Cuba para lograr avances en materia de derechos humanos y democracia, demandas a las que el gobierno revolucionario nunca cedió y que sería el punto crítico de una ruptura posterior más grave.

Durante los años noventa, España aprovechó el contexto de ‘debilidad’ económica cubana para apostar estratégicamente por el sector turístico, consolidándose como líder de las inversiones europeas en la Isla. A pesar de las diferencias ideológicas y de ciertas crisis puntuales, el gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), liderado por Felipe González, había mantenido un enfoque pragmático en sus relaciones bilaterales con Cuba, priorizando el diálogo y la cooperación económica como pilares fundamentales del vínculo entre ambos países.

Con la llegada del Partido Popular y, concretamente, de José María Aznar al poder, se produjo un cambio sustancial y más confrontacional en las relaciones con Cuba. De 1996 a 2004, ambos países atravesaron un periodo gris, marcado por un distanciamiento significativo. Aznar, alineado abiertamente con los intereses de Estados Unidos, promovió la adopción de la Posición Común en la Unión Europea en 1996, un mecanismo de presión que condicionaba cualquier cooperación con Cuba a avances en derechos humanos y democratización. Esta política supuso una ruptura con la línea de entendimiento y cooperación promovida por los gobiernos anteriores, al adoptar una postura coercitiva que Cuba percibió como injerencia en sus asuntos internos. El gobierno revolucionario rechazó tajantemente las demandas y las tensiones diplomáticas se agudizaron, debilitando el papel tradicional de España como interlocutor privilegiado entre Cuba y Europa.

Aznar, alineado abiertamente con los intereses de Estados Unidos, promovió la adopción de la Posición Común en la Unión Europea en 1996, un mecanismo de presión que condicionaba cualquier cooperación con Cuba a avances en derechos humanos.

El uso de la coacción económica y diplomática promovida por Aznar no fue bien recibida por varios países miembros de la Unión Europea. La Posición Común, aunque impulsada con firmeza por el gobierno español, terminó adoptando un tono más moderado del inicialmente propuesto, debido a la oposición de algunos Estados europeos a implementar medidas que pudieran considerarse contrarias al derecho internacional o al espíritu de diálogo que caracterizaba la política exterior de la UE hacia Cuba.

Desde entonces, la sociedad civil cubana comenzó a ganar protagonismo en las relaciones con las representaciones diplomáticas europeas en La Habana, como parte de una estrategia orientada a ‘fomentar un cambio democrático en la Isla’. Este nuevo enfoque implicó una modificación en la agenda oficial, que pasó a incluir encuentros formales con disidentes políticos y defensores de los derechos y libertades del pueblo cubano.

Un ejemplo significativo de este contexto fue la visita ‘no oficial’ de los Reyes de España a La Habana en 1999 durante la IX Cumbre Iberoamericana. Aunque el gobierno de Aznar insistió en visibilizar a la disidencia cubana, no se concretaron encuentros oficiales ni se incluyeron opositores en las actividades protocolarias. Aznar, por su parte, sí se reunió con disidentes como Oswaldo Payá y Elizardo Sánchez. La llamada «guerra de los cócteles», en la que las embajadas europeas invitaban a opositores del gobierno cubano a recepciones y encuentros diplomáticos, se intensificó después de 2003 con la explosión política y mediática del Caso de los 75.

Sin embargo, ni la política de Aznar, ni la Posición Común, ni el bloqueo recrudecido con la aprobación de la Ley Helms-Burton tuvo efecto alguno en provocar un cambio en el gobierno cubano que, lejos de ceder, adoptó un tono aún más intransigente y confrontacional hacia Europa y Estados Unidos. Estos métodos injerencistas de política exterior han sido ineficaces en el pasado, lo son en el presente y, con toda probabilidad, seguirán siéndolo en el futuro. Cuba no renunciará a su soberanía ni a su autodeterminación, de modo que estas vías coercitivas solo generan resultados opuestos, al ser completamente irreconciliables con sus principios.

Volviendo al período de Aznar, es importante destacar que, incluso en medio de tensiones políticas, siempre existieron acuerdos que trascendieron la confrontación porque se beneficiaban ambas partes. Paradójicamente, durante su mandato, las autoridades cubanas otorgaron más licencias de inversión a empresas españolas que en todos los años del gobierno de Felipe González: de 2004 a 2014, la balanza comercial entre ambos países acumuló un saldo favorable a España superior a los 5.200 millones de euros, consolidando su posición como principal inversionista en la Isla.

De Aznar a Sánchez: del enfrentamiento al diálogo

Con la llegada de Donald Trump a su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, cabe preguntarse si podría repetirse un «periodo Aznar» en las relaciones entre España y Cuba. La realidad es que resulta bastante improbable. Desde el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE), pasando por Mariano Rajoy (PP) y el actual presidente Pedro Sánchez (PSOE), la política exterior española hacia Cuba ha mantenido un tono de diálogo constructivo y una cooperación creciente, enfocada principalmente en los ámbitos económico y cultural.

El proceso de normalización de las relaciones entre España y Cuba y la posterior derogación de la Posición Común en 2016 no fue un camino fácil ni exento de contradicciones. Cada gobierno español adoptó pasos distintos, condicionados por las circunstancias internas de Cuba y los intereses propios y europeos.

Durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011), España tomó la iniciativa para suavizar la política de presión que representaba la Posición Común de la Unión Europea hacia Cuba. Zapatero promovió la eliminación de las sanciones impuestas en 2003 (Caso de los 75) y buscó inaugurar un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales. Este cambio coincidió con un momento relevante en el contexto interno de Cuba: la llegada de Raúl Castro al poder en 2006, tras la renuncia de Fidel por razones de salud. Aunque Raúl prometió una reforma integral de la economía cubana, los avances en materia política y de derechos humanos seguían siendo muy limitados para las expectativas europeas y estadounidenses.

Zapatero promovió la eliminación de las sanciones impuestas en 2003 (Caso de los 75) y buscó inaugurar un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales.

No obstante, Barack Obama dio un giro de 180 grados a la estrategia de influencia sobre Cuba, lo que creó una coyuntura propicia para fortalecer los lazos económicos y diplomáticos con la Isla, mientras se mantenía la expectativa de que estos cambios fomentaran una apertura política a largo plazo. En este contexto, aunque de forma más cautelosa que su predecesor y alineado con los cánones políticos del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy (2011-2018) no revirtió el diálogo con Cuba ni retomó una política de confrontación. Su gobierno priorizó los intereses económicos y empresariales de España en la Isla, con un enfoque especial en sectores estratégicos como el turismo, la energía y las infraestructuras hoteleras y de transporte, donde las empresas españolas consolidaron su presencia y liderazgo.

Finalmente, con Pedro Sánchez (PSOE), España consolidó su papel en el proceso de normalización mediante su respaldo al Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación firmado entre la Unión Europea y Cuba en 2016. Este acuerdo reemplazó formalmente la Posición Común y abrió una nueva etapa de relaciones bilaterales, centrada en la diplomacia y la cooperación multilateral.

El traspaso de poder de Raúl Castro a Miguel Díaz-Canel tuvo en España un aliado, ya que Pedro Sánchez realizó en 2018 la primera visita oficial de un presidente español a Cuba en 32 años. Sánchez no solo evitó reunirse con opositores al gobierno cubano, sino que durante su visita se firmó un memorándum de consultas políticas que estableció un mecanismo de diálogo anual entre ambos países, con un compromiso explícito de incluir los derechos humanos como parte de la agenda. Ningún otro país europeo había logrado un acuerdo de esta naturaleza con Cuba, lo que reflejaba la voluntad de España de consolidar su papel como mediador privilegiado.

Además, se firmó un acuerdo de cooperación cultural, considerado un pilar esencial de la política exterior española en la Isla. La visita estuvo respaldada por una delegación de más de 20 directivos de empresas españolas, centrados en consolidar y ampliar las inversiones en sectores estratégicos como el turismo y la construcción, puntos clave del interés económico español en Cuba.

La visita de sus majestades los reyes Felipe y Letizia en 2019, en el marco del 500 aniversario de la fundación de La Habana, refrendó la tesis histórica de que España apuesta por una relación cordial con el país con el que comparte profundos lazos culturales.

Sin embargo, resulta notable que Cuba ha ido perdiendo protagonismo en las prioridades de la política exterior española en América Latina, donde países como México, Brasil, Colombia y Argentina han ganado un mayor peso estratégico gracias a sus condiciones económicas favorables y su atractivo como socios comerciales.

Cuba en la agenda española: estabilidad sin protagonismo

La gravísima crisis económica que atraviesa Cuba no resulta en absoluto favorable para atraer a turistas, inversionistas o empresarios (españoles). A esto se suma la falta de un liderazgo político, tanto interno como regional, que sitúe a Cuba en el centro de la atención política y mediática. El protagonismo que en su momento tuvo Cuba ha sido desplazado por Venezuela, que concentra lo poco que resta del interés político español en la región. Como resultado, Cuba ha dejado de ser un tema de debate relevante entre los distintos partidos políticos españoles.

El profesor emérito Manuel Alcántara Sáez comentó a La Joven Cuba que «la importancia de América Latina en la política exterior de España ha venido paulatinamente disminuyendo y en la actualidad se sitúa en el nivel más bajo de los últimos 45 años, ya que la europeización de la política exterior española ha desviado el foco hacia las prioridades continentales en un juego de suma cero, donde España, como “potencia media”, carece de recursos y capacidades para atender con igual intensidad a ambos lados del Atlántico. Además, América Latina es un espacio cada vez más fragmentado, lo que dificulta las relaciones multilaterales y exige un esfuerzo bilateral considerable, dada la diversidad y cantidad de países que la integran».

Para Alcántara Sáez en estos momentos Cuba no tiene ninguna prioridad en la geopolítica española. «La Isla que en otros momentos gozó de mayor relevancia, ha quedado desplazada del interés político español, superada desde hace dos décadas por Venezuela como foco principal de protagonismo y atención en la región».

En los medios españoles, las noticias sobre Cuba en 2024 fueron escasas y con poca resonancia: los apagones, la migración de miles de cubanos y la interminable crisis sistémica son algunos de los temas mencionados, con casi nula atención a iniciativas políticas, como sí ocurrió en décadas anteriores.

En los medios españoles, las noticias sobre Cuba en 2024 fueron escasas y con poca resonancia

En el ámbito político, la actividad de los partidos ha sido también muy limitada. Mientras que el partido ultraconservador Vox lidera el apoyo a las manifestaciones de la disidencia cubana en España y a aquellos que llegan de gira por el continente europeo, el Partido Popular (PP) ha sido el más activo durante este año con iniciativas concretas. Por una parte, presentó ante el Congreso español una resolución condenando las violaciones de derechos humanos en Cuba y denunciando las condiciones de las misiones médicas cubanas. De forma paralela, como parte del Partido Popular Europeo (PPE), impulsó una propuesta en el Parlamento Europeo que alertó sobre el aumento de presos políticos y el deterioro de las libertades civiles en la Isla.

Una acción más reciente ocurrió en noviembre pasado, cuando una diputada del PP cuestionó al gobierno sobre el volumen de la cooperación española en Cuba, recordando que la legislación española prohíbe expresamente mantener ayudas a países que violan los derechos humanos y además mantienen deudas con España. En esta rendición de cuentas se reveló que la deuda de Cuba con España asciende a 2.000 millones de euros, una cifra que refleja las tensiones económicas persistentes entre ambos países.

Por su parte, el PSOE, en el poder desde 2018 (con elecciones generales previstas para 2027), ha defendido el diálogo con el gobierno cubano y ha evitado apoyar condenas por violaciones de derechos humanos tanto en el ámbito interno como en el europeo, aunque Cuba no ha ocupado un lugar relevante en su agenda reciente.

Sin embargo, a pesar de este apagón político, la emigración cubana a España ha alcanzado cifras históricas en los últimos años. Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), al 1 de enero de 2023, 198.639 personas nacidas en Cuba residían en España, lo que representa un aumento drástico respecto a los 63.618 registrados en 2022. Este fenómeno migratorio confirma que España sigue siendo un puente vital y un refugio natural para los cubanos. Más allá de las relaciones bilaterales, donde no se esperan cambios significativos a corto plazo, la memoria histórica y cultural compartida continúa uniendo a ambos pueblos, manteniendo una conexión profunda que trasciende las coyunturas políticas y económicas.

A pesar de este apagón político, la emigración cubana a España ha alcanzado cifras históricas en los últimos años.

La relación entre Cuba y España se encuentra en un momento de estabilidad que, al mismo tiempo, podría interpretarse como estancamiento. Por un lado, Cuba ha perdido atractivo económico para los empresarios españoles y el debate entre partidos se centra en más de lo mismo: la oposición, representada por el Partido Popular (PP) y Vox, insiste en cuestiones de derechos humanos y democracia, mientras que el gobierno de Pedro Sánchez aboga por la cooperación, el diálogo respetuoso y el fortalecimiento de los vínculos culturales y afectivos.

Ya que no habrá un cambio de gobierno pronto en España, no se esperan transformaciones drásticas en el enfoque hacia Cuba. Sin embargo, será importante observar las consecuencias imprevisibles que podría tener el retorno de un gobierno como el de Trump en Estados Unidos, especialmente en sus relaciones con Europa y cómo estas podrían influir en la postura de España hacia la Isla. También habrá que considerar que Trump ha designado como nuevo embajador estadounidense en España a Benjamín León Jr., empresario de origen cubano, donante de su campaña y ferviente republicano, lo que podría mover las fichas y ejercer presión sobre España para adoptar una postura más severa en su relación con Cuba.Por ahora, todo parece apuntar a la continuidad de una política exterior española centrada en la estabilidad y el pragmatismo.

Por otra parte, no se percibe una ofensiva diplomática evidente por parte de Cuba hacia España, al menos de manera pública. Si se evalúa el alcance de ambas embajadas, el desequilibrio resulta claramente desfavorable para la Isla. Esto pone de manifiesto que, aunque España ocupa un lugar prioritario en la política exterior cubana, la discreción sigue siendo la estrategia dominante. Sin embargo, esta postura también limita la capacidad de Cuba para posicionarse frente a otros países latinoamericanos que han logrado mayor protagonismo en la agenda española.

La resiliencia del gobierno cubano en su política exterior hacia España (y Europa) podría traducirse en mejores resultados a nivel de influencia política, si se priorizara una relación más pragmática y menos ideológica, que es, en definitiva, la estrategia por la que optan los españoles.