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El triunfo del MAS en Bolivia

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Luis Arce y David Choquehuanca, presidente y vicepresidente electos de Bolivia (Foto: El Boliviano)

Las encuestas y los chamanes habían pronosticado que ganaría, pero nadie avizoró cuán aplastantemente lo haría. El binomio Luis Arce-David Choquehuanca obtuvo mayoría absoluta, más del 55% de los votos, y sobrepasó en más de diez puntos a su adversario más cercano, el centrista Carlos Mesa (42%). Tras la debacle de las elecciones 2019 -golpe de Estado, exilio de Evo y consolidación del gobierno de facto de Janine Añez, con su creciente derechista y un congreso de mayoría masista aparentemente colaboracionista- pocos concebían un retorno tan rápido al poder del partido indígena y sus aliados.

Lo primero que se desprende del hecho es que el Movimiento al Socialismo (MAS)  demostró al mundo que era mucho más que el partido de Evo y que la institución seguiría luchando, aunque el líder tradicional ya no estuviera. Si la derecha creyó que con la expulsión del caudillo y su segundo había decapitado al masismo y sepultado sus poderes por mucho tiempo, gran chasco le esperaba.

Con la paciencia de su etnia, y sin pausa alguna, los masistas volvieron a trenzar los cabos rotos y a asegurar los debilitados en sus escenarios más fuertes: casa por casa, barrio por barrio y pueblo por pueblo. Ya en agosto pasado, ante el intento de Añez de prorrogarse en el Palacio Quemado con el pretexto de la Covid-19, las fuerzas populares paralizaron el país y forzaron la realización en octubre de las prometidas elecciones.

A mediano plazo, la política de reiniciar el fortalecimiento desde las bases, rehacer las alianzas ?rotas desde el 2018 por la brava del intento reeleccionista de Evo?, denunciar los errores y horrores de la administración golpista en las esferas económica y social, y el ineficaz tratamiento de la Covid-19, dio frutos. Lograron darle nuevos aires a las esperanzas de una mayoría popular combativa, fiel al  proyecto histórico del MAS, que conociera los mejores años de su historia moderna bajo sus  administraciones (2005-2019).

En ese período, la economía boliviana creció de tal forma que fue reconocida por los organismos internacionales y sirvió de ejemplo a la región. La pobreza disminuyó de un 60 a un 35%, y brotó una creciente clase media indígena que llenó de resentimiento a los sectores tradicionalmente privilegiados, envidiosos de la mejoría popular. Solo ruina económica, represión, ineficacia y corrupción trajo como alternativa el supuesto gobierno salvador de Añez en sus meses de existencia.

La campaña electoral 2020 del MAS tuvo el mérito de concebirse desde el seno del pueblo, no del aparato estatal como fue la del 2019. Sus escenarios fueron reuniones sindicales, mítines barriales, caminatas, conferencias académicas, encuentros de organizaciones. En ellos afloraron nuevos líderes que mostraron su valía en intercambio directo con la población de todo el país.

El exministro Arce, economista reconocido pero no habituado al trabajo de masas, supo destacarse y, sin dejar de reconocer los errores de Evo, mostrarse como el único candidato capaz de devolver las expectativas de progreso a los votantes indecisos. Al final, fueron estos los que conformaron el “voto oculto” que se fue tras él. David Choquehuanca, antiguo rival de Evo, se consolidó como principal líder aimara; mientras el joven orador indígena Andrónico Rodríguez supo aunar y dirigir a los campesinos cocaleros en las nuevas condiciones.

Por su parte, la derecha soberbia se debilitó internamente ante las irrenunciables aspiraciones presidenciales de varios de sus líderes. El llamado al “voto útil” para evitar el regreso del MAS, que lanzara Carlos Mesa, se vio inutilizado por la presidenta Añez, renuente a abandonar el poder, mientras el regionalismo sempiterno de Luis Fernando Camacho, lo hizo preferir ilusamente ganar su bastión de Santa Cruz y de ahí el resto del país. Esta vez, la extensión de la supervisión internacional a diferentes actores (gobiernos europeos, Fundación Carter, parlamentos latinoamericanos) impidió la repetición de cualquier maniobra anti-masista por parte de los inspectores de la OEA.

Tanto Evo como García Linera esperan en Argentina las condiciones propicias para regresar e incorporarse al trabajo en las tareas que el nuevo gobierno les encomiende. Su presencia despertará sentimientos encontrados y no deberá eclipsar el de las nuevas autoridades que han ganado el poder tras un esfuerzo inteligente para sumar adeptos en las peores condiciones posibles. Los imagino trabajando por la unidad de las organizaciones campesinas, sindicales y de izquierda urbana a las que dedicaron sus mejores esfuerzos antes de llegar al poder.

El porvenir no será fácil para el nuevo gobierno del MAS que tendrá que gobernar con mesura y pragmatismo para hacer realidad las promesas de campaña. Las nuevas circunstancias les imponen grandes retos internos agravados por la crisis mundial de la Covid-19.

Sin las míticas trayectorias de Evo y Linera al frente, necesitados de negociar sus proyectos de leyes en el parlamento al perder la mayoría absoluta, atados por el compromiso de Arce de no tomar represalias con los mandos militares y policiales que efectuaron el golpe del 2019, y enfrentados a un líder carismático y provocador como Camacho en el oriente del país, tendrán que labrar nuevos liderazgos, alianzas y consensos para no perder el timón.

A los que desde Cuba apoyamos los proyectos inclusivos del progresismo latinoamericano, la victoria del MAS nos insufla esperanzas en varios frentes. El resurgimiento de UNASUR, ahora con los aportes argentino y boliviano; la revitalización de las relaciones económicas con la Isla, signadas por el retorno de los servicios médicos cubanos, indispensables para restablecer los sistemas de salud pública deteriorados por los neoliberales y, en especial, la consolidación de modos de producción mixtos, donde el Estado juegue un papel primordial, pero los sectores privado, cooperativo y comunal ocupen los lugares que les correspondan en cada país.

Al respecto es muy interesante la autorizada opinión de Álvaro García Linera:

Para ser progresista, un gobierno tarde o temprano tiene que darle una potencia económica a las estructuras del Estado. No absoluta: nunca hemos pensado ni creemos que el socialismo sea estatizar todo. Pero me atrevo a decir que el Estado debe disponer del 30% del PIB para arriba. Menos del 50% pero más del 30%, para que pueda tener un margen de decisión política y social que no esté supeditado al temperamento de los grandes bloques comerciales.

Esos por cientos que García Linera propone pueden ser objeto de discusión en cada país, pero su idea de una economía mixta, coordinada y liderada por el Estado, debería ser atendida y debatida entre nosotros para aplicarla en el caso cubano, de una vez y por todas.

¿Agendas sociales impuestas o deudas pendientes?

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Quien se acerque a las redes sociales y medios digitales, constatará que en Cuba existen temas recurrentes que evidencian los senderos del debate de la sociedad civil: la discriminación racial, reivindicaciones feministas, la lucha de la comunidad LGBTI por sus derechos, proyectos artísticos contestatarios, la protección animal o medioambiental. Unos confluyen, otros marchan separados, y, en su totalidad, podrían ser definidos convencionalmente como una agenda pública, aunque carezcan del carácter organizado y de la planeación conjunta que el término requeriría.

El gobierno cubano percibe estas demandas, y especialmente el activismo que ellas generan, como injertos de instancias externas comprometidas en la subversión para un cambio de régimen.[1] No es ilógico pensar que las inconformidades en dichos temas puedan fomentar discrepancias políticas internas; sin embargo, absolutizar esa tesis no permite explicar la popularidad de que gozan hoy estos movimientos. Para hacerlo se deberán tener en cuenta dos aspectos fundamentales: 1) el gran desfase de Cuba respecto a estos asuntos, que tiene su raíz en los años finales de la década del sesenta y 2) que la reemergencia en cuestión data de los noventa, tras la caída del socialismo y motivada por los conflictos económicos e ideológicos resultantes. El hecho de que su visibilidad actual se explique por el mayor acceso a internet y a las redes sociales no puede confundirnos. ¿Cuándo se perdió el camino? ¿Cuándo volvieron a actualizarse estos sensibles temas? A responder tales interrogantes se encamina el presente artículo, que no pretende caracterizar los múltiples movimientos, proyectos, activistas o plataformas existentes en el ecosistema mediático digital.

El desfase

A fines de los sesenta, el mundo se hacía eco de la Revolución Cultural.[2] El mayo francés del 68 encabezó un movimiento contra todo tipo de autoritarismos y jerarquías: familiares, sociales, artísticas y educativas. Los jóvenes desafiaban los valores de sus padres y se oponían a una sociedad encorsetada y convencional. Criticaban el elitismo, la burocracia, la moral burguesa, el marxismo soviético, el Estado y el militarismo.

Estos movimientos, juveniles y contraculturales, se atomizaron en múltiples grupos, representantes de aristas sociales que a veces se entrecruzaban: pacifistas, feministas, homosexuales, ecologistas, diferentes tendencias del arte moderno; en Checoslovaquia, incluso, se abogaba por “un socialismo con rostro humano”.

Encauzadas hacia lo cultural e ideológico, el escenario de estas luchas eran las calles, aulas y campus universitarios, conciertos y acampadas. El movimiento tuvo resonancia en todos los continentes y países, aunque no por igual, y su fracaso relativo no menoscabó el impulso que dieron en los años subsiguientes a la causa del feminismo, a las luchas por los derechos de las minorías y los grupos raciales inferiorizados históricamente, y al ecologismo primitivo.

Tales hechos coincidieron en Cuba con un período de radicalización del socialismo. La Revolución logró un consenso popular con medidas de gran aceptación: acceso igualitario y libre a la educación, niveles básicos de nutrición, un sistema de salud pública impensable para un país del tercer mundo y diversas opciones culturales.

En la misma medida en que se beneficiaba a la mayoría, se requería de ella incondicionalidad. La unanimidad fue tallada como un monumento, sobre todo a partir del 65, fecha en que se proclama como Partido al PCC. El control temprano de la prensa por el gobierno permitió tutelar la opinión pública.

La aspiración de construir una sociedad comunista tomó fuerza en 1968 con la Ofensiva revolucionaria, que liquidó a la pequeña —y pequeñísima— propiedad privada; decisión que tardaría décadas en ser reconsiderada y que nunca ha sido admitida como errónea.

En terreno artístico, se suscitó la polémica por el poemario Fuera de Juego, de Heberto Padilla, y por la obra de teatro Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat; síntoma significativo de la dirección que tomaba la política cultural, controlada por el aparato ideológico, lo que llegaría a su máxima expresión tres años después con los acuerdos del Primer Congreso de Educación y Cultura.

Fue interesante la apropiación simbólica del centenario del inicio de las guerras por la independencia. La Revolución se dictaminó como proceso único, con génesis en 1868 pero que incluía intrínsecamente al socialismo, del cual 1968 era un hito. Esta es la idea que transmite la cubierta de la revista Verde Olivo correspondiente al 7 de abril del 68, aun antes del conocido discurso de Fidel del 10 octubre en que proclama dicha tesis.

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Revista Verde Olivo

A medida que se constreñían los límites de lo que se entendía como revolucionario, se fue reduciendo la sociedad civil. En ello incidió obviamente la prohibición de asociaciones que no fueran las autorizadas por el gobierno.

Al tiempo que la Revolución Cultural protagonizaba el acontecer mundial, con su oposición a la burocracia, los verticalismos, la tradición y el autoritarismo; en Cuba se fortalecía un discurso que era su antítesis, ya que satanizaba todo lo que se apartara de la norma. En aquella etapa fuimos, más que nunca, una isla.[3]

Se pensó utópicamente que el racismo se abolía por las políticas igualitarias que se aplicaron desde el inicio, y que ciertamente favorecieron a las personas negras y mestizas como parte de beneficios comunes. No era tampoco un buen momento para el feminismo o para los homosexuales. En realidad, no lo era para nadie que intentara particularizar en algún componente del cuerpo social. Coexistíamos como una gigantesca mayoría. La predilección por una sociedad monolítica, estandarizada y obediente se observa en las siguientes caricaturas:[4]

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«La musa snob»
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«Los vagos»
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«Los extravagantes»

La primera, «Musa snob», deja claro a nivel de texto que lo diferente no es bueno; idea reforzada en la imagen, pues advertimos que el defensor de la polémica, entiéndase crítica, viste informal, lleva melena y se muestra desenfadado. Su actitud contrasta con la atildada figura de cuello y corbata y pelo muy corto que se encuentra (¿casualidad?) a la izquierda, leyendo un libro de historia. Este mira asombrado, molesto, y solo lee.

La segunda, «Los vagos», presenta una imagen estandarizada del pueblo. Ocupan el cuadro personas semejantes, que visten del mismo modo, parecen un ejército y sonríen. No hay espacio para el único que se aprecia diferente.

En la tercera, «Los extravagantes», un trabajador vuelve la espalda a figuras de pelo largo, vestuario diferente y que disfrutan de la música y el idioma inglés. Ellas representan lo ajeno y son observadas con beneplácito por el imperialismo. Son antagónicas a la nación, según indica una bandera a punto de ser incinerada.

Estas caricaturas no hacían más que confirmar/reafirmar la política de intolerancia que se aplicaba ya. Desde 1965 —y hasta el 68—, funcionaron las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), campamentos ubicados en la provincia de Camagüey, donde eran confinados hombres considerados fuera de la norma revolucionaria: homosexuales, religiosos, presos comunes, jóvenes melenudos y amantes del rock. Testimonios de aquellos, o de sus familias,[5] permiten constatar que allí se utilizaron, con fines reeducativos, desde presiones psicológicas hasta torturas físicas. Jamás alguien se ha responsabilizado por ello ni se ha pedido disculpas a los afectados.

El artículo «Primavera de Praga-Verano en La Habana», permite que develemos aspectos de aquel período reflejados en la prensa.[6] Además de la Ofensiva Revolucionaria, eran noticias, internamente, el cordón cafetalero alrededor de La Habana y la preparación de condiciones para producir, dos años después, diez millones de toneladas de azúcar que permitirían obtener el capital para industrializarnos. En cuanto a las noticias externas, se enfatizaba en las luchas de los afroamericanos por sus derechos —contrastándolas con los logros en la Isla—, y en la condena a la guerra en Vietnam. Gran protagonismo noticioso tuvo el reflejo de la vida cotidiana en los países socialistas, desde la moda hasta el uso del tiempo libre, así como sus logros políticos y económicos.

La del sesenta es una década a la que deberemos volver constantemente para hablar de caminos perdidos en terreno económico, político e ideológico. En ella se intentó un proyecto socialista nacional —que recepcionó temprano una ideología dogmática, pero confrontada aún por tendencias críticas de izquierda—, el cual fracasó por enormes errores, agravados con terribles presiones externas.

Como consecuencia del fracaso de la zafra del setenta, se asumió un modelo de socialismo administrativa e ideo-políticamente similar al soviético. Serían definitivos la unanimidad, la intransigencia a las diferencias y el culto al dogmatismo.

La consigna de formar al «hombre nuevo» fue aspiración del sistema educativo, que reprodujo la intolerancia gracias a un modelo conductista y autoritario; por su parte, el Quinquenio Gris, 1971-1976, se caracterizó por el dogmatismo en la esfera cultural, la limitación a la libertad intelectual y la entronización del realismo socialista como método de creación.

Los homosexuales y religiosos fueron discriminados y no podían laborar en sectores como el magisterio, la cultura o las relaciones públicas. Tras la creación del Ministerio de Cultura, en 1976, se subsanaron algunas arbitrariedades; no obstante, en el sector educativo todavía a principio de los 80 ser amanerado podía costar el puesto o la posibilidad de estudio. Será en 1988, con la creación del Centro Nacional de Educación Sexual, que se actualice el estudio de la sexualidad y se promueva el respeto a la diferencia.

En el ámbito femenino, a pesar de los muchos beneficios que el proceso revolucionario dispensara —becas, empleos, apoyo para la crianza de los hijos, igualdad salarial, etc.—, las nuestras se fueron rezagando en conceptos y discursos, y no disponían de las herramientas teóricas de género, lo que permitió ocultar graves problemas como el maltrato psicológico, físico y hasta el femenicidio, disfrazado bajo el eufemismo de «crímenes pasionales». El éxodo del Mariel dejó muchos hogares a cargo de una mujer, situación que se fortaleció posteriormente motivada por altos índices de divorcialidad.

Respecto al tema racial, era tal la carencia de investigaciones y debates, que el politólogo Jorge Domínguez lo denominó un «no-tema» en los estudios cubanos.[7]

Fin de la utopía, pero no de la historia

En el invierno del 91, la URSS presenció cómo concluían 74 años de socialismo, y no con final feliz. El resto del bloque socialista la había precedido. Cuba, que dependía económicamente de ellos, dejó de recibir petróleo, perdió su mayor comprador de azúcar, el 85 % de sus intercambios comerciales y el suministro de tecnologías. La crisis fue brutal. Se le denominó Período especial, apelativo noble para lo que se vivió.

Hubo sectores más vulnerables porque no se relacionaban con ninguna de las nuevas fuentes de ingreso: turismo, pequeños negocios, remesas. Los niveles de pobreza y las desigualdades aumentaron. Ya no éramos el grupo homogenizado y sonriente que mostraba la caricatura. La apertura de la carrera de Sociología en esos años evidenció la preocupación del gobierno.

Entre los desfavorecidos estaban las personas negras, que tienen una desventaja histórica pues no poseen, salvo excepciones, patrimonio de larga data, grandes y lujosas mansiones u otras propiedades que pudieran poner en función de un negocio. Ellas sufrieron obstáculos racistas para acceder al sector privado, con empleos mejor remunerados.

El historiador Alejandro de la Fuente llama la atención sobre un dato significativo del pasado año: mientras el 58 % de los blancos tiene ingresos inferiores a los 3000 dólares anuales, entre los negros esa proporción alcanza el 95 %. A ello se suma que reciben una parte limitada de las remesas familiares.[8]

En los noventa, el no-tema se convertirá en tópico pertinente y permite articular un movimiento que incluyó a intelectuales, cineastas, artistas y músicos, y más recientemente a blogueros, periodistas independientes, activistas y promotores culturales negros.[9]

Otro grupo vulnerable fueron las mujeres. A inicios de los noventa, surgió Magín, organización feminista pionera obligada a desactivarse en 1996 por la intolerancia de las autoridades políticas. En Magín. Tiempo de contar esta historia, libro del 2015 coordinado por Daisy Rubiera y Sonnia Moro, se cuenta:

Se vivían entonces los peores años de la crisis económica […] muchas abandonaban el empleo y regresaban al hogar; algunas postergaban para nunca el deseo de tener un hijo; no pocas sacaban fuerza y creatividad de donde no había para, casi en acto de magia e inventiva, sostener la higiene, la salud y la vida de su núcleo familiar; unas emigraban, otras se quedaban, algunas se prostituían y la gran mayoría resistía el golpe de la crisis para sí y para los suyos. Cuba casi toda se movía en bicicleta, fabricaba sus jabones, innovaba en fórmulas culinarias, hacía malabares entre alumbrones de luz eléctrica y vivía con lo mínimo.

Las mujeres tienden a experimentar las consecuencias de las crisis con mayor rapidez y a beneficiarse más lentamente de la recuperación; como fundamenta un estudio de la investigadora y activista Ailynn Torres Santana en OnCuba.[10] Sin embargo, la FMC, organización femenina —no feminista— priorizaba la defensa de las conquistas revolucionarias a través de la unidad férrea de los cubanos, actitud que invisibilizaba las necesidades y aspiraciones específicas de las féminas. La desactivación de Magín interrumpió por unos años la experiencia feminista, que tendrá continuadoras en épocas recientes porque las problemáticas se agudizaron mucho más al ser descuidadas.

En la actualidad, se nos deben, entre muchas más, una ley de protección con enfoque de género, leyes que permitan el matrimonio igualitario, leyes de protección animal… El pasado marzo fue creada una Comisión Gubernamental para conducir el Programa Nacional Contra el Racismo y la Discriminación Racial, pero las acciones concretas no se conocen aún.

La tardía llegada de internet a Cuba coincidió con un panorama en el cual la deuda acumulada en estas materias era suficiente de sí como para que no tengamos que culpar a agentes externos. Vivimos hoy nuestra revolución cultural, que por retrasada no deja de ser enérgica, e igual que ocurrió en los sesenta, se produce fuera de las instituciones tradicionales de participación política y social, partidos o sindicatos, que por demás en Cuba son formales y perdieron su liderazgo.

Ahora las redes sociales y medios alternativos, con sus luces y sombras, se erigen en plataforma de reivindicación de derechos, son una alternativa a la sociedad civil atada por prohibiciones y permiten visibilizar las múltiples carencias. El camino perdido en esos temas hace 52 años se recorre hoy, pero la velocidad de la carrera es supersónica pues la era digital implica inmediatez.

Ante nosotros queda un reto: la comprensión de que la lucha por los derechos de los sectores y minorías sociales debe ir a la par de presiones por transformaciones políticas que conduzcan a una democratización del socialismo y una participación ciudadana; pero su análisis excede este espacio.

Alina B. López Hernández es profesora, ensayista y editora. Doctora en Ciencias Filosóficas y Miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba. Sus artículos y ensayos han aparecido en revistas cubanas y extranjeras. Es autora de los libros Segundas lecturas: intelectualidad, política y cultura en la república burguesa, Ediciones Matanzas, 2013 y 2015, (Premio Anual de Investigación Cultural 2014) y El (des)conocido Juan Marinello. Estudio de su pensamiento político, Ediciones Matanzas, 2014, (Reconocimiento especial de la crítica científica 2015). Entre los premios que ha recibido se encuentran el Temas de ensayo 2007, el Juan Marinello in Memoriam 2008, el Fundación de la Ciudad de Matanzas 2013 y el Anual de ensayo de la revista Matanzas 2016. Es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.

* Tomado de: Cuba Study Group

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[1] Véanse los artículos «¿Una contrarrevolución preferible?» http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/05/30/una-contrarrevolucion-preferible/ y «Revictimizada mil veces» Granma 18/7/2020, de Javier Gómez Sánchez.

[2] N.E. – la autora se refiere a estos movimientos: https://es.wikipedia.org/wiki/Movimientos_sociales_de_1968

[3] https://elpais.com/elpais/2018/06/04/opinion/1528129217_246327.html

[4] Aparecidas en la revista Verde Olivo, en las fechas: 27/10/68, p. 13; 07/04/68, p. 44 y 06/10/68, p. 53.

[5] Alberto I. González: Dios no entra en mi oficina, CreateSpace Independent Publishing Platform, 2012; Carolina de la Torre: Benjamín. Cuando morir era más sensato que esperar, Editorial Verbum, 2018; Raimundo García Franco: Llanura de sombras. Diario de un pastor en las UMAP, Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba, 2019.

[6] Javiher Gutiérrez y Janet Iglesias, Centro de Altos Estudios Fernando Ortiz, Universidad de La Habana, (inédito).

[7] José I. Domínguez: «Racial and Ethnic Relations in the Cuban Armed Forces. A Non-Topic» en Armed Forces and Society, no. 2, 2/1976, pp. 273-290.

[8] «Cuba hoy: la pugna entre el racismo y la inclusión», https://www.nytimes.com/es/2019/04/26/cuba-racismo-afrocubanos/

[9] Alejandro de la Fuente lo analiza en: «Tengo una raza oscura y discriminada» El movimiento afrocubano: hacia un programa consensuado.

[10] «Los “períodos especiales” de las mujeres en Cuba».

Rescatar la crítica del Noticiero ICAIC

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noticiero icaic

En el recién terminado 2019 se conmemoró un aniversario más de la creación del ICAIC, del Noticiero ICAIC Latinoamericano, dirigido por el cineasta Santiago Álvarez y también del centenario de su nacimiento. La obra de Santiago Álvarez ha sido profusamente elogiada como expresión de un periodismo revolucionario militante que, a través de reportajes marcados por la impronta artística documental de su particular autoría, ha salvaguardado para la memoria histórica nacional e internacional acontecimientos relevantes de la Revolución Cubana y una constante denuncia contra la injerencia imperialista a nivel mundial.

Sin embargo, la obra de Santiago en el noticiero no se circunscribe solamente a su trabajo como cineasta, hay que reconocerla también como director de este espacio periodístico semanal, que abrió sus puertas a jóvenes que comenzaban a entrenarse como realizadores dirigiendo, bajo su tutela, muchas de las ediciones de su producción semanal. Santiago aprobaba el plan temático de las filmaciones, supervisaba en la mesa de edición el montaje final antes de enviarlo al corte de negativo e impresión de copias en el laboratorio, y asumía la responsabilidad y defensa de los noticieros críticos.

Su aniversario se inscribe en las incontables conmemoraciones, celebraciones, efemérides y galas que se promueven públicamente a través de los medios de información siguiendo el patrón político propagandístico vigente. Fechas afirmativas de una identidad cultural y nacional, todas inscritas en el ideal épico y humanista de la Revolución, siempre subrayado por ese solemne y devoto ritual de reconocimiento a la memoria de aquellos acontecimientos y personajes, modelos fidedignos para su continuidad.

Sucede que la información y la interpretación de la memoria histórica de los procesos políticos está y ha estado siempre en función de los intereses ideológicos dominantes del presente y esto contribuye a que cierta tendencia conservadora del momento, corra una cortina de silencio sobre aquellas manifestaciones preteridas del pasado cuya interpretación actual exprese una incómoda visión crítica del devenir, siempre con el pretexto de preservar en los medios solamente los valores positivos de nuestro proceso social.

Hablar del noticiero, de las películas y documentales del ICAIC supone insertarlos en el debate que durante años de Revolución ha mantenido y mantiene en pugna ideológica a los que pretenden imponer una visión dogmática y censora contra lo que califican de “Diversionismo Ideológico” que da armas al enemigo; y aquellos que defienden la visión más abierta y contradictoria de una realidad en constante cambio, sin que por ello se banalice la agresión imperialista contra la que seguimos luchando.

Obviar la información sobre los errores y sus causas impide rectificar lo mal hecho y atenta contra el derecho ciudadano de conocer el grado de eficiencia con que afecta su calidad de vida la gestión administrativa de su gobierno.

En las primeras etapas de consolidación del proceso revolucionario, amenazado y agredido por el Imperialismo norteamericano, la ayuda económica y militar que la URSS ofreció a Cuba para la supervivencia de su Revolución contribuyó a fortalecer el peso político de una de las tres organizaciones políticas que apoyaban a la Revolución (el Partido Socialista Popular, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el 26 de Julio).

De esas Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), la procomunista del PSP aprovechó aquella dependencia de la URSS para fortalecer su influencia ideológica privilegiando y copiando del modelo soviético su tendencia censora y sectaria, la que intentó aplicar en su valoración de lo que consideraba o no revolucionario, lo que debía o no ser informado, impuesto y aceptado públicamente.

Así sucedió en los años 60 con la intención del director del periódico Hoy, Blas Roca, en el polémico debate que sostuvo con Alfredo Guevara, Presidente del ICAIC, de solo exhibir filmes que cumplieran una función educativa y pedagógica del arte, controlando y prohibiendo la exhibición en los cines de las películas producidas en los países capitalistas.

Hasta mediados de los ‘60 las tendencias estaban en pugna, polemizaban y se ganaban o perdían batallas o espacios de uno y otro lado, pero es a finales de los ‘60 en 1968 y, en particular, después del revés de la zafra del ‘70, la entrada de Cuba al CAME y la celebración del Congreso de Educación y Cultura del ’71, donde ganan predominio los dogmáticos.

Así sucedió con prohibiciones y acosos injustos, determinados por prejuicios históricos y diversos, como había acontecido ya con el internamiento de homosexuales y religiosos en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP); con la excomulgación política a renombrados escritores por considerar su obra no revolucionaria; y a la “parametración” teatral que prohibió trabajar en el escenario a connotados actores y directores del teatro nacional cuyas obras habían dado popularidad y colocado a esta manifestación artística en la cima de los logros culturales de la Revolución.

El 9 de septiembre de 1970, a través de la revista Verde Olivo, se cuestionó oficialmente, y se tildó de “diversionismo ideológico”, el debate que a nivel internacional se estaba produciendo en torno a la interpretación soviética que se hacía del marxismo-leninismo y de su carácter “científico”. Esta inquietud político-filosófica encontró eco en la revista Pensamiento Crítico, la cual fue censurada y sus colaboradores tachados de ser portadores de posiciones teóricas inadmisibles.

En 1977,  luego de la apertura informativa generada al crearse en 1976 la Asamblea Nacional del Poder Popular y de superarse esa etapa sectaria y conservadora de acoso intelectual y artístico conocida como el “Quinquenio Gris”, jóvenes directores como Daniel Díaz Torres y Rolando Díaz iniciaron con sus reportajes periodísticos una denuncia crítica, marcada por un fuerte acento irónico en su expresión, en contra de la ineficiencia burocrática manifiesta en el deterioro de las calles de la ciudad; en el mal servicio gastronómico; en la falta de mantenimiento y chapucerías en las construcciones; en el incremento de los vertederos y basureros en barrios y vías urbanas; en los servicios del transporte público; telefonía, etc.

Uno de los más connotados noticieros de esta producción fue el de Daniel Díaz Torres titulado, La Ventana. En esta edición se criticaba el deterioro de cientos de ventanas de madera expuestas a la lluvia y a la humedad por un mal almacenamiento, confrontando a los que las producían con el abandono y la desidia de los responsables de su distribución y preservación.

Estos señalamientos críticos se redujeron al principio de los ’80 cuando los acontecimientos del Mariel confirmaron un descontento latente y bastante generalizado por carencias en la mejoría del consumo y la calidad de vida. Cabe señalar que el tratamiento que se dio a la información sobre este inesperado suceso en la embajada y su posterior desenlace migratorio (gracias a la autorización oficial para el éxodo masivo) volvió a tergiversarse y se atribuyó al carácter de escoria de sus protagonistas, así sirvió para alentar los lamentables y dirigidos actos de repudio, presentados como espontáneas reacciones populares contra los que optaron por el exilio.

Sin embargo, la reacción a esta crisis fue la de mejorar una oferta de consumo a través de un mercado estatal paralelo y la autorización a particulares de administrar agro-mercados y ferias artesanales. Esta etapa de prueba se caracterizó por un “tira y encoge” en su apertura y cierre, marcado por dos operaciones policiales contra vendedores acusados de enriquecerse, conocidos como “los macetas”. Una se realizó en el agro de Mariano, la operación “Pitirre en el Alambre”, y la otra conocida como la operación “Adoquín” que se ejecutó en la Plaza de la Catedral.

En 1981, se reanudó la producción en el noticiero ICAIC de este tipo de reportajes críticos. Pero bajo las amenazas del nuevo Presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, renació el enfoque de plaza sitiada con el consiguiente cambio de la política informativa del Estado. A la par de la estrategia defensiva de “la guerra de todo el pueblo” se notó cierta atenuación en la intensidad del tono crítico y aparecieron muchos señalamientos indirectos y hasta subliminales, basados más en la actitud de denunciar algo mal hecho que en hallar las relaciones causa-efecto que facilitarían encontrar las soluciones de los problemas planteados.

En 1987 los vientos desatados por la Perestroika y la Glasnot para renovar el Socialismo en la URSS llegan a Cuba y producen un nuevo cambio de la política informativa del Estado, que crea bajo el auspicio de Fidel, un proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas. En el Noticiero ICAIC aumentan el número de críticas, se  intensifica el tono directo, llegando a ser acusatorio e irónico en muchos casos –como en los noticieros de José Padrón— y humorístico –como los de Francisco Puñal.

Referidos todos a los recurrentes temas de ineficiencias administrativas: el transporte; el descontrol con el despilfarro de agua; el mal abastecimiento de la luz brillante para las cocinas; el abandono de las fábricas de hielo en la capital, alto número de divorcios y abortos en el país, las quejas de la población sobre la falta de coronas de flores para los fallecidos, el cual fue retirado de la exhibición un día después de su estreno y sobre todo, la práctica de confundir el Socialismo con el “Sociolismo”.

La realización de estos reportajes estaba inspirada en un pensamiento de Rabindranath Tagore, enmarcado y colgado en la pared de la oficina de Santiago: “Cuando se cierra la puerta a los errores, también la verdad se queda fuera”. Estos últimos noticieros fueron realizados por Francisco Puñal, Melchor Casals, Vivien Argilagos y José Padrón.

Algunos de los más debatidos fueron los de Padrón sobre los barrios insalubres permanentemente contaminados: Un día en las cuarterías de Atares-#1488, El barrio marginal del Aguardiente Coronilla-#1456, El Viandazo #1464, Los Albergados”-#1460. Este último reportaje, en particular cuestionado por la censura, refería la insensibilidad de los responsables de la situación de familias albergadas desde hacía diez años en un régimen de separación entre los hombres y las mujeres sin que se priorizara una urgente solución.

Bajo el impacto del Periodo Especial el noticiero ICAIC desaparece en el año 1990, así como la profusión de documentales críticos hechos por el ICAIC. Fue en este periodo que aparece el corto titulado Olfato Mutilado, de Irene López Kuchilán, que abordaba de manera metafórica que en la sociedad hay otro tipo de basura aparte de la que echa la gente en la calle.

Esta última etapa (1987–1990) de abordaje crítico contra las deficiencias administrativas tuvo una culminación siniestra con la realización en junio del año 1991 de la película, Alicia en el Pueblo de Maravillas, del director Daniel Díaz Torres, que en los años 70 había confrontado con sus noticieros críticos la experiencia que le permitió inspirarse en hechos reales para construir el argumento satírico del filme.

En él se narraba la vivencia de una joven instructora de arte que debía realizar su trabajo en ese pueblecito ficticio, remedo rural de un purgatorio fantástico, donde operaba el director mefistofélico de un sanatorio al que iban castigados y a lavar sus culpas los que habían cometido infracciones burocráticas. Considerado un filme contrarrevolucionario, su aprobación para la exhibición pública provocó la injusta destitución del director del ICAIC, el cineasta Julio Gracia Espinosa, y el propósito de hacer perder al ICAIC su autonomía institucional.

El 13 de mayo del 91 el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros decidió crear una comisión para fusionar ICAIC-CINE ICRT-CINE-ECTVFAR. Al conocer la noticia publicada en el periódico Granma, que nació el grupo de los 18 directores de cine que protestamos contra esa intención, desencadenada por el filme Alicia… Sabíamos que lo que estaba detrás era acabar con esa “tendencia crítica” del ICAIC a realizar, no solo los noticieros sino también documentales y largos de ficción como Plaff, Papeles Secundarios y otros, que se preparaban en el tintero, como Adorables Mentiras. Producciones todas que contribuyeron a que los censores se refirieran peyorativamente a nuestros cineastas como, “los perestroikos” del ICAIC.

Afortunadamente, gracias a la intervención de Fidel, animada por la resistencia argumentada revolucionariamente que rodilla en tierra opusimos los directores de cine a esta censura –fue Santiago el que se encargó de hacérsela llegar a Fidel—, se dio marcha atrás, el filme fue reivindicado y gracias a este reconocimiento del error, el ICAIC pudo seguir haciendo películas en los años 90 de gran impacto social y de renombre internacional como Fresa y Chocolate, Guantanamera, Madagascar, Miel para Oshún, etc.

Sin embargo, la censura a películas y documentales producidos por el ICAIC o de manera independiente se ha mantenido, pero procurando la discreción en su aplicación. A partir de la crisis de los noventa se produjo el cierre espontáneo de la mayoría de los cines con la reducción del público potencial para ver los filmes. Por otra parte, la televisión nacional ha mantenido un estricto control selectivo del contenido de las producciones cubanas presentando solamente aquellas que no abordan temas críticos y conflictivos sobre la realidad.

Filmes como Melaza, del realizador Carlos Lechuga –sobre el efecto desestabilizador que produjo el masivo cierre de los ingenios azucareros en la vida personal y comunitaria de sus trabajadores—, y La Obra del Siglo, del director Carlos Quintela, –sobre la suspensión del proyecto para la instalación de una central electronuclear junto a la bahía de Cienfuegos—, son producciones no censuradas abiertamente, pero nunca presentadas por la TV Nacional.

Lo mismo sucede con los filmes “conflictivos” de la mayoría de jóvenes realizadores, cuya presentación y debate solo se circunscribe al recinto cerrado de la Muestra de Cine Joven. No obstante, las precauciones tácticas para evitar las prohibiciones oficiales explícitas, el siguiente filme de Lechuga, Santa y Andrés –donde se denuncia un injusto acto de repudio contra un escritor homosexual—, fue agresivamente censurado por representantes de la UNEAC y un alto asesor cultural, en contra de la opinión de varios cineastas que consideraron improcedente la decisión.

La confirmación de esa insistente actitud censora, que intenta preservar su espacio histórico en los medios de manera indirecta y solapada, lo fue, ya en el siglo XXI, el programa de la TV Nacional dedicado a celebrar la obra poética de Pavón, bajo cuya dirección se aplicaron las peores decisiones del “Quinquenio Gris”. Esto encendió la llamarada de protesta de artistas e intelectuales, a través de lo que se dio en llamar, “la Guerrita de los E-mails”, que condujo a una reunión pública en la Casa de las Américas.

Volviendo al Noticiero, toda esta información de alerta hecha bajo la tutela revolucionaria, comprometida y combativa de Santiago contra la censura, la remito al presente que hoy vivimos 30 años después de la desaparición del Noticiero ICAIC Latinoamericano, donde aquello que se denunció ha empeorado luego de la crisis del Periodo Especial que siguió a la desaparición de la URSS y de su ayuda económica.

La proyección actual de aquellos Noticieros críticos, realizados décadas atrás, confirmaría que muchos de los problemas señalados no se han resuelto, sino que han empeorado, y facilitaría establecer juicios, valoraciones y correcciones para optimizar el sano devenir de nuestro modelo socialista, el que la burocracia quebranta y vulnera con su dogmatismo hierático.

A pesar de todos los plenos, congresos y asambleas de la UPEC donde se hacen llamados a promover un periodismo crítico que active la conciencia ciudadana y promueva su sentido de pertenencia social, los medios masivos siguen omitiendo las causas de los fenómenos negativos que se manifiestan en la cotidianeidad de nuestras vidas, alterando también con su silencio la memoria histórica de un proceso que necesita asumir sus contradicciones para superarse.

Ahí están hoy los medios digitales alternativos, con sus buenos o malos propósitos, cuyo acceso masivo hace evidente esta carencia informativa, la que ya no se puede esconder impunemente sin afectar la confianza del ciudadano en el respeto a la verdad que le deben los medios de comunicación nacionales.

La mirada crítica hacia la inmediatez de su entorno en el día a día de una realidad marcada por un constante fluir de acontecimientos disímiles y a menudo conflictivos, es imprescindible para corregir y superar los errores precisando causas y responsables. Si, por ejemplo, se denuncia la indisciplina social en abstracto apelando solamente a la necesidad de desarrollar una conciencia de la pertenencia, solidaridad y el deber ciudadano sin la aplicación de medidas coercitivas, como multas o la obligación de pagar con trabajo para enmendar lo mal hecho en el área de servicio afectada por esa indisciplina, entonces todo quedará en el apelativo moral idealista y utópico desvinculado de su nexo concreto con la realidad material.

El Che hacía un llamado a la conciencia del trabajo voluntario, pero el primero en cumplir con su prédica era él. Esa indisciplina está referida a los mismos y añejos temas descuidados en la realidad de nuestro vivir cotidiano: vertederos de basura, mal servicio en el comercio; chapucerías en arreglo de calles; salideros de agua infecciosos y con mosquitos; problemas con el transporte público; cuarterías y viviendas apuntaladas; barrios marginales por el aumento de la población oriental inmigrante hacia la capital –conocidos sus miembros como “los palestinos” esa a la que los Van Van  dedicaron la letra de su canción, “La Habana que no aguanta más…”.

Inmigración que se gana la vida con la reventa de productos en el mercado negro por la ausencia de tiendas mayoristas; contaminación sonora ambiental que invade la tranquilidad de los espacios públicos sin una intervención policial, cuya mera presencia evitaría esas expresiones invasoras con su bullicio y la serie de concatenaciones sociales y culturales que arrastra.

Hasta ahora es bastante habitual que el propio aparato administrativo del gobierno a los niveles municipales inferiores no respete, viole y contradiga orientaciones hechas por las más altas instancias políticas del Estado y el Partido. El compañero Raúl Castro, Primer Secretario del Partido, y nuestro actual Presidente de la Republica, el Miguel Díaz-Canel, han insistido más de una vez en la convivencia social civilizada y educada de la población dentro del marco del respeto a la tranquilidad, consideración y decencia ciudadanas evitando esa polución sonora ambiental.

Ese ruido animado con reguetones y canciones de la peor calaña y vulgaridad, promovidas por los responsables “culturales” del Poder Popular en las ferias comerciales montadas en barrios de la capital, así como también sucede con la instalación de quioscos para el expendio de bebidas alcohólicas con sus respectivos acompañamientos “musicales”, en parques y lugares públicos rodeados de las viviendas particulares, agredidas por el ruido que no se apaga hasta altas horas de la noche.

A las denuncias hechas por ciudadanos contra esas malas prácticas se suma a menudo la insensibilidad, falta de seguimiento y falta de respuesta oficial por delegados de circunscripción, Gobierno y Partido municipales, incluidos sectores locales de la PNR que, ante lo que consideran infracciones menores (erróneamente no penadas legalmente) se conforman, si acaso, con llamar la atención a los responsables para que disminuyan un poco el motivo que dio razón a la denuncia… y cuando en el mejor de los casos esto se hace, se retiran y… ¡sanseacabó!, misión cumplida, los infractores vuelven a las mismas  y la vida sigue igual…

Esto confirma que para rectificar lo mal hecho y cambiar lo que debe ser cambiado es necesaria una crítica insistente, comprometida y acompañada de sanciones que luchen contra el inmovilismo de ese lánguido y parsimonioso burocratismo que venda los ojos y agudiza con su ineficiencia y desidia el efecto de su incumplimiento con las orientaciones y recomendaciones hechas por la alta dirección de la administración estatal.

Hoy en este proceso de transición generacional en el poder que vivimos se siente una voluntad de luchar contra esa parálisis conservadora, unas veces hipócrita y oportunista, y en otras ocasiones demasiado cautelosa y sin malas intenciones, pero sí equivocadas. Se ha sacado a los ministros de sus despachos y los han puesto a relacionarse y a seguir de cerca la actividad de sus funcionarios en el cumplimiento de sus tareas. Se trabaja también en la interconexión ministerial para disminuir las importaciones y aumentar las exportaciones para buscar soluciones a las carencias y no justificar con ellas el incumplimiento de los planes aprobados; se conmina a pensar con cabeza propia.

Ahora bien, existe el aislamiento burocrático y acomodado del dirigente segregado de la vida común y ajeno a las condiciones de vida que la población mayoritaria tiene que asumir diariamente.  Muchos de esos “cuadros” tienen asignados carros y chofer –que también utilizan para sus necesidades personales—, sin que necesiten desplazarse en una guagua del servicio público para ser puntuales en el cumplimiento de sus deberes; ni tampoco suelen habitar en zonas más comprometidas con la realidad concreta de pobreza en la que viven miles de ciudadanos ganando un salario exiguo y no en los barrios elegantes, antiguos reductos de la burguesía criolla.

No se les ve nunca participar en la limpieza de la contaminación en zonas costeras, ríos; o en las cosechas de productos agrícolas mientras alientan con sus arengas a que los campesinos y obreros se afanen en sus labores. En su lugar esta carencia no cesa  de ser sustituida por la tediosa, repetitiva y adormecedora propaganda transmitida por los medios de comunicación, basada en las celebraciones, efemérides, aniversarios, asambleas, congresos, medallas, diplomas de reconocimientos con su recital de consignas que semejan los ritos y los rezos de un culto religioso y conforman la rigidez de un sistema ideológico empeñado en las conmemoraciones robóticas y solemnes para confirmar el indiscutible carácter heroico, inquebrantable y único de nuestra Revolución.

Pienso que es necesario acabar con la sordera y la ceguera que excluyen de la información los temas que alimentan esa indisciplina social echándole la culpa a los infractores de la población sin indagar en las verdaderas causas del deficiente control administrativo que la propicia. Esto alimenta la manipulación informativa de nuestra realidad que a través de las redes digitales realiza el imperialismo para desacreditar nuestro sistema socialista, unida al incremento del bloqueo con el que pretende la asfixia económica del país.

Ahora bien, la manipulación informativa no es exclusiva de los medios de la derecha: la que reproducimos internamente nos daña vulnerando por omisión la posibilidad de rectificar los errores, condenando al sistema a sumirse en la ineficiencia, a su envejecimiento y al peligro de su extinción en un futuro no muy lejano, cuando los jóvenes que hoy mecánicamente corean consignas en las marchas y reuniones tengan que integrarse a un medio socio-económico y cultural que no satisfaga los requerimientos de sus expectativas y aspiraciones en su calidad de vida, precisamente por no haber alertado a tiempo los medios contra esos obstáculos inmovilistas.

Ahí está la alerta de Fidel en noviembre 17 de 2005, siete meses antes de su retiro por razones de salud, advirtiendo que la Revolución tenía como mayor peligro ser destruida desde el interior de ella misma. La realidad sigue su curso imparable de cambios conflictivos, los retos son inmensos y aún no hemos sacado en profundidad las lecciones de lo que pasó en la URSS y el Campo Socialista.

El cambio debe ir a lo esencial: fortalecer la conciencia individual ciudadana con medidas concretas de participación y también con regulaciones coercitivas. Dentro de estas coordenadas el NTV Nacional ha mejorado su presentación visual transmitiendo para el espectador la valoración del factor estético como motivación y demanda cultural implícita en la calidad de su imagen. También ha incorporado a locutores y periodistas negros en respuesta a la urgencia de dar una representatividad visual a nuestra cultura mestiza, aunque existen espacios complementarios como La mesa redonda donde el tema de un racismo agazapado, que todavía existe en nuestra realidad, debería ser debatido a calzón quitado.

Algunas veces se han hecho críticas socio-económicas y culturales más profundas y serias por buenos periodistas del noticiero, pero generalmente se pierde el tiempo y espacio dedicándoselo a temas reiterativos de las visitas del secretario de tal o más cual organización haciendo llamados a incrementar la producción, a no justificar los incumplimientos, etc. y ahí se queda el buen consejo.

Se pierde espacio y tiempo en la información sobre los innumerables congresos y asambleas de las múltiples instituciones y organizaciones (CDR, ANAP, FMC, UJC, ANIR, UPEC, CTC, etc.), algunas ya vaciadas de su contenido original y que hoy flotan en una deriva que no llena las necesidades ciudadanas a satisfacer y que pudieran activarse de acuerdo a los requerimientos del presente.

Para colmo de la repetición y la pérdida de tiempo en el horario establecido del noticiero muchas veces se presenta un reportaje con el resumen esencial del discurso de un dirigente, y luego, al terminar el noticiero, se repite completo el mismo discurso. Todo esto incide en el reflejo indirecto y justificativo de la impuntualidad que, además de otras carencias concretas como la del transporte, caracteriza el funcionamiento de muchas actividades en el país que no prestan sus servicios en el horario establecido. Alterar los horarios solo es aceptable cuando condiciones excepcionales lo reclaman como imprescindible por su impacto público.

En sucesivos plenos de la UPEC se plantea la necesidad de realizar un análisis de las estrategias de comunicación en los medios masivos para transformar nuestro sistema de prensa con un quehacer más crítico y menos triunfalista. Hay que someter el discurso ideológico oficial a un análisis imparcial para evaluar su validez.

La eficiencia del trabajo ideológico en las propuestas informativas de los medios depende del interés que sea capaz de despertar en el ciudadano para pensar y asumir su pertenencia y responsabilidad hacia su realidad, cuidando siempre de no aburrirlo con el empalagoso blablablá al que nos han acostumbrado los reportajes periodísticos vacunados contra el análisis complejo de la realidad y siempre controlados para su aprobación y difusión por un aparato ideológico no siempre acertado en sus orientaciones.

Y aquí me detengo en esta área política tan sensible y determinante para el ejercicio de ese periodismo indagador y militante contra la censura inquisidora que ha predominado históricamente en las decisiones sectarias de algunos de sus dirigentes, condenando a un ostracismo a creadores y artistas en el sector cultural a partir de prejuicios, entre otros también homofóbicos, provocando conflictos innecesarios que han dañado el prestigio de nuestra Revolución.

Creo que la trayectoria histórica seguida por algunos funcionarios de los más renombrados en la aplicación de una rigidez ideológica inquisitorial, los cuales han sido asignados y después depuestos como secretarios de este importante departamento por razones de su incompetencia o de sus desmedidas ambiciones políticas, habla por sí sola de que nada ni nadie es perfecto y que las decisiones profesionales y éticas están y estarán siempre marcadas por la personalidad y los intereses humanos, a menudo en contradicción con una moral revolucionaria más estricta y coherente con la necesidad representativa de asumir lo positivo y lo negativo del aval revolucionario de nuestro proceso.

Son hombres concretos los que interpretan, dan sentido y materializan el cumplimiento y la aplicación de los principios ideológicos revolucionarios, hasta ese momento nominales y abstractos, funcionarios potencialmente investidos de un poder impositivo para determinar su cumplimiento obligatorio, como el que le compete controlar a una institución guardiana de la ideología sistémica.

“Librémonos de la ridícula creencia de que todo lo sabemos; librémonos de la ridícula creencia de que somos infalibles. Nuestro primer deber es saber que somos falibles, que podemos equivocarnos una y muchas veces. Que más que poder decir que lo sabemos todo, todo, podemos decir que lo ignoramos casi todo; que debemos estudiar, que debemos meditar, que debemos pensar, razonar y ampliaremos nuestra capacidad de comprender”. (Discurso pronunciado por el Fidel el 13 de marzo de 1966)

Temprana y sabia advertencia contra el grave peligro que promueve un conservadurismo sabelotodo que se autocalifica e impone su criterio como el único correcto y en la práctica política niega cambiar lo que debe ser cambiado.

Riesgo de no activar los mecanismos que eliminen periódicamente y no acumulen con su potencial de descontento explosivo los óvulos muertos de las decisiones erróneas y estériles y los sustituyan por la fertilidad crítica que reanima la necesidad de luchar contra todo lo que contribuya a vulnerar los logros alcanzados y evitar así la instauración de una revolución menopáusica que termina por agotarse y desaparecer, como resultó con el modelo soviético de socialismo hermético y sectario que, al abrirse con la glasnost-perestroika a una súbita transparencia, estalló el sistema hasta provocar su propia desaparición.

Ahora bien, el sistema soviético había sufrido desde antes una descomposición político-social interna que hizo metástasis desde la cúpula a amplios sectores de toda la sociedad. Los que tomaron el poder en 1964 siguieron un proceso de corrupción y desidia que condujo al fracaso el objetivo que tenían aquellos animados con las buenas intenciones de sanear el sistema en 1985.

Cuba no es la URSS. En su búsqueda por encontrar un modelo de socialismo inspirado en la ideología marxista siempre tuvo la conducción de un líder popular que impregnó sus decisiones con la sinceridad y honestidad de un dirigente revolucionario consciente de que como hombres no somos infalibles.

Obligado por circunstancias históricas ineluctables, pero inclinado a favor del debate entre revolucionarios, Fidel siempre estuvo empeñado en mantener la unidad entre esas tendencias, favorables unas a la autocrítica y la otra al hermetismo inspirado en el modelo soviético, marcado este por la herencia censora del estalinismo que nunca dejó totalmente de existir y que también exportó a los países socialistas y contribuyó a su desintegración.

Han pasado ya 60 años, y aunque el espíritu ideológico censor y su oponente crítico todavía coexisten, en la actualidad sigue existiendo un solo partido presidido por Raúl, pero integrado mayoritariamente por generaciones nacidas después del triunfo revolucionario sin el crédito moral de haber vivido el riesgo del sacrificio heroico, salvo de aquellos sobrevivientes de la lucha contra la dictadura batistiana, contra la invasión mercenaria de Playa Girón, la lucha contra bandidos y en las misiones internacionalistas.

Estos comunistas actuales tienen su fundamento político-ideológico en el referente fidelista de su interpretación marxista –sin que hoy se acuda a Marx, Engels y a Lenin para avalar algo—.

Por eso quiero terminar remitiéndome a ese discurso premonitorio de Fidel en la escalinata universitaria el 13 de marzo de 1966, en el que anunciaba el peligro del envejecimiento del dirigente, trasladando hoy, medio siglo después, la interpretación de esa amenaza al peligro del envejecimiento del propio sistema:

“Esta revolución es afortunadamente una revolución de hombres jóvenes. Y hacemos votos porque sea siempre una revolución de hombres jóvenes; hacemos votos para que todos los revolucionarios, en la medida que nos vayamos poniendo biológicamente viejos, seamos capaces de comprender que nos estamos volviendo biológica y lamentablemente viejos.

¿Y para qué sirve un partido donde todo gira alrededor de un hombre? ¿Para qué sirve un partido si se endiosa a un hombre, y se le endiosa hasta tal grado que ni siquiera los nombres de Marx, Engels y Lenin se vuelvan a mencionar? ¿El dirigente revolucionario es necesario como instrumento del pueblo, es necesario como instrumento de la Revolución?

Mas, la relación entre pueblo y dirigente no puede ser un acto reflejo, no puede ser la resultante de un reflejo condicionado, sino un problema de conciencia, un problema de ideas. Volviendo a los votos que hacía porque todos nosotros los hombres de esta Revolución, cuando por una ley biológica vayamos siendo incapaces de dirigir este país, sepamos dejar nuestro sitio a otros hombres capaces de hacerlo mejor.

Preferible es organizar un Consejo de Ancianos donde a los ancianos se les escuche por sus experiencias adquiridas, se les oiga, pero de ninguna manera permitir que lleven adelante sus caprichos cuando la chochera se haya apoderado de ellos. ¿No han leído la Dialéctica de la Naturaleza de Engels?, pues Engels dice que con el transcurso de los años hasta el sol se apagará.

Qué tiene de importancia que la brillantez, la lucidez, la luz de un mortal se apague con los años”.

Escribo estas líneas animado por la intención de contribuir a una reflexión sincera y comprometida de todos los revolucionarios en el propósito de cooperar con la imperiosa necesidad que se le impone a esta nueva generación de gobierno de definir, con los cambios que promueva o no, el compromiso con el sentido y la especificidad actual del carácter socialista que se le dé a su más reciente consigna, la que a todos nos concierne y que reza: “Somos Continuidad”.

Al observar el dinámico empuje con que el Presidente de la República trata de estimular la creatividad en la administración estatal, de combatir la morosidad por falta de iniciativas y coincidir con la intención de remover de sus impurezas el ancho diapasón de temas sujetos al cambio con la preservación de una memoria histórica manifiesta en toda su complejidad, confío entonces en que la herencia, auténticamente revolucionaria del Noticiero ICAIC latinoamericano, sea definitivamente rescatada.

Tomado de: La Joven Cuba (14 enero 2020)

La sorpresa boliviana

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Evo Morales junto al recientemente electo presidente de Boivia Luis Arce (Foto: Julieta Ferrario/Zuma Press)

Confieso que el día de las elecciones en Bolivia no puse los noticieros: estaba persuadido de que el Movimiento al Socialismo (MAS) no ganaría y no quería oírlo a cuentagotas. Evidentemente, los analistas de política internacional del país estaban convencidos de lo mismo, pues a eso apuntaban sus comentarios.

Coincidía con la idea general de sus señalamientos, pero la encontraba incompleta: pasaban por alto las verdaderas causas que posibilitaron el golpe de Estado, hijo de múltiples errores propios, no solo de la agresividad de los oponentes nacionales y extranjeros. El más señalado, aunque no el único: la decisión de Evo Morales de presentarse a reelección, a sabiendas de que una parte del pueblo no la apoyaba y de la campaña de descrédito a que se enfrentaría.

Para mí la decisión indicaba pérdida de la noción de la realidad política del país, consecuencia a su vez del enajenamiento entre dirigencia y base. Acaso también simple y llana embriaguez del poder. Hubieran buscado otro pretexto para el golpe, me sugieren amigos. Cierto. Pero encontrar pretextos es tarea del contrario, uno no los regala. El intento de reelección fue regalarlo y servirlo, como dice la expresión popular, en bandeja de plata. Supongo que muchos opositores saltaron de alegría al enterarse.

En realidad, era la culminación de un desarrollo negativo interno del MAS que nuestros analistas no mencionan: endiosamiento del líder y alejamiento de las bases. Aplausos y plazas llenas de flores o banderitas pueden mostrar poder de convocatoria, pero no significan real contacto con el pueblo.

Quienes simpatizamos con el pueblo boliviano, pero no somos comentaristas de prensa ni tenemos lugar donde expresarnos, veíamos el peligro. En cambio, los que podían no lo mencionaban -tampoco nunca oí señalar cualquier error del gobierno de Evo, por cierto, o de otro gobierno aliado; supongo que hacerlo es “dar armas al enemigo”.

Como los comentaristas no mencionaban más que los logros del gobierno del MAS y la agresividad de sus enemigos, apoyados por intereses extranjeros, mucha gente en Cuba se quedó boquiabierta al seguir por la prensa los acontecimientos de entonces.

Un gobierno que había sacado de la miseria a millones de personas, que había convertido a uno de los pueblos más pobres del mundo en la economía de más desarrollo sostenido en América, que había hecho crecer una hasta entonces casi inexistente clase media en su país, fue derribado -se podría decir: sin pena ni gloria-, por una maniobra dirigida por la OEA, a la cual se sumaron sectores opositores, los uniformados y hasta ciudadanos que habían sido beneficiados por ese mismo gobierno.

Inexplicable.

Antes de seguir, una aclaración: los enemigos de las fuerzas progresistas insisten en la perpetuación en el poder como sinónimo de “gobierno de izquierda”, y el caso de Evo sería un ejemplo. Pero Evo fue presidente de Bolivia desde 2006 hasta 2019; en cambio, Ángela Merkel es canciller de Alemania desde 2005.

Evo, con trece años de gobernante, se convertiría en un dictador, si era elegido; Ángela, ya con quince, es un bastión de la democracia y a nadie se le ocurriría reclamar revisión de los votos por los cuales triunfó, ni acusarla de afán desmedido de poder, o de fraude electoral.

Ello es así porque Ángela es europea, blanca, alemana, política profesional, con títulos universitarios. Raza y clase superiores, nacidas para gobernar. En cambio, Evo es aimara, obrero…, ¡un indio! Raza y clase inferiores. Nacidas para ser gobernadas. Lo que en un blanco europeo es un don, en un obrero indígena americano es un irrespeto a la moral y las buenas costumbres, y debe ser castigado.

En su momento imaginé que la sabiduría ancestral que había aplicado hasta entonces, y que le había permitido sortear con éxito situaciones complicadas, llevaría a Evo a acudir al proceso electoral de 2019 con una jugada a la altura de las circunstancias -había varias posibilidades para ello. Pero hizo lo opuesto: aplicó la única cuyo fracaso era previsible.

¿Se dejó convencer por asesores desconocedores de la realidad boliviana?, ¿se consideró, o lo hicieron considerarse, imprescindible?, ¿lo ganó la embriaguez del poder?

Hubo de todo, y lo tercero no es de poco peso: nadie escapa a esa droga llamada poder, salvo que se llame Nelson Mandela. Por buenas intenciones que un líder tenga, a su alrededor crea muros de “entusiastas” -en su mayoría, oportunistas- que se encargan de que vea solo lo que gusta de ver. Con el paso del tiempo, él mismo se enmascara la realidad.

En  el fondo de todo radica la ruptura de la relación con las bases, el atender más al círculo de intereses tejidos alrededor del líder que a la gente que lo llevó al gobierno, y a ver la hojarasca en lugar de la tierra que está bajo ella. Tal es el fatum de quien se mantiene varios períodos en el poder, sobre todo si sus primeros tiempos se caracterizan por éxitos indiscutibles, como ocurrió con el MAS y ha ocurrido en otros procesos en América.

Si en su momento de gloria los pueblos suelen ponerse en un hombre, como  afirmó Martí, la historia americana ha demostrado demasiado que, por lo general, esos elegidos suelen convencerse de que son todo el pueblo. Dejan de oírlo para oírse a sí mismos o a sus alabarderos. Terminan por sentirse los intérpretes privilegiados del sentir de la masa, sus dioses.

Alguien puede oponer a lo anterior, “¿y por qué no sucede lo mismo en Alemania, cuya gobernante lleva más tiempo que Evo en el poder, como acabas de afirmar?”. Cierto, no ocurre lo mismo…, al menos hasta donde sabemos. Pero las condiciones son distintas.

Desconozco las interioridades del funcionamiento democrático en Alemania, pero algo es evidente: la solidez de sus instituciones. La historia de Bolivia, y de casi toda América, está llena de golpes militares, dictaduras y otros vicios que hacen débiles las suyas. Precisamente, uno de los méritos del MAS fue gobernar a pesar de esa debilidad estructural, que incluye el carácter poco profesional de los cuerpos armados, siempre prestos a meterse donde no deben.

En fin, llegado el día de las nuevas elecciones, todos esperábamos que en la segunda vuelta electoral una coalición de derecha tomaría el poder por la vía democrática y desmontaría la obra del MAS.

Era lo previsible.

Y ocurrió lo inesperado, la sorpresa boliviana: el MAS ganó en primera vuelta con holgura tal que no deja margen a interpretaciones. Hasta la OEA admitió el triunfo.

Con independencia de una autocrítica (que no ha de producirse) de nuestros comentaristas internacionales acerca de su rigor profesional y la necesidad de ir más allá de los lugares comunes en los análisis políticos, para amigos y enemigos de ese pueblo el resultado de las elecciones en Bolivia resulta un hecho trascendental.

Sin ruido, a su estilo, el quechua, el aimara, ¡el indio boliviano!, ha dado una lección de civilidad al resto del continente. No solo porque en las urnas ha deshecho el entuerto de sus dirigentes, que no es poco. También porque el porcentaje de participación en las urnas, cercano al 90%, es posiblemente el más elevado en lo que va de siglo en toda América. Eso se llama civismo. Debería imitarse.

Los tenidos por salvajes, incultos, inciviles, han mostrado al mundo que saben usar, y usan si es necesario, las armas de la democracia para recuperarla.

Traicionados, discriminados, marginados, considerados como inferiores por sus propios connacionales, ninguneados durante siglos, los pueblos originarios de Bolivia sintieron, con su primer presidente indígena, que podían ocupar el espacio que históricamente les pertenece, y que podrían poner su sabiduría milenaria al servicio de esa misma humanidad que los ha despreciado, en momentos en que la vida en el planeta se ve amenazada por el divorcio de una civilización arrogante con la Madre de todos, con la Tierra.

La oportunidad les fue arrebatada por errores de sus dirigentes, pero supieron reponerse. Con su tenacidad silenciosa y resistente lo lograron. Ahora la dirección del MAS recibe una nueva oportunidad de mostrar fidelidad a su gente. Veremos qué pasa.

Espero que la dupla triunfadora -la que, de haberse presentado antes, hubiera ahorrado al pueblo cerca de un año de sufrimiento-, que seguramente debió negociar para ganar otros apoyos necesarios, no olvide, por los compromisos adquiridos, que fue allí, en los hombres y mujeres sencillos, en los hijos de la Pacha Mama, donde radicó la fuerza que los condujo de regreso al poder.

Que no vuelvan a confundir banderas, flores y mítines con contacto con la masa. Ni alabarderos con compañeros de lucha. Y que jamás olviden a quiénes deben el retorno.

Quisiera creer que los dirigentes que ya dieron lo que podían dar cederán el paso a las nuevas fuerzas. Que serán los ancianos consejeros de la comunidad, pero no pretenderán conducir al pueblo por los nuevos derroteros.

Voto por el renacimiento del Estado plurinacional, con espacio para todos, que rescate el saber de los ancestros y con su ejemplo contribuya a la salvación de la humanidad. Acaso todavía no sea demasiado tarde.

La mujer y el movimiento femenino cubano (1952-1960)

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La configuración del poder en los inicios de la Revolución desde las movimientos femeninos

La Generación revolucionaria del cincuentenario de la República construyó, en la segunda mitad del siglo XX, nuevas relaciones familiares y sociales. La convivencia clandestina rompió en la vida cotidiana con la hegemonía y la subordinación patriarcales en las relaciones familiares, sociales y de género; así como con la discriminación de la juventud y racial. Esa transgresión promovió valores de identidad, precedentes a la incorporación de las masas femeninas en la puesta en práctica de las transformaciones y cambios que concurrieron durante el Gobierno Revolucionario.

Al asumir el poder el nuevo Gobierno e iniciarse el proyecto de igualdad y justicia social del programa de la Revolución y sus documentos programáticos, el imaginario femenino insurreccional consideró que sus expectativas laborales, educacionales, de salud, etc., estaban contenidos en dicho programa como parte de la totalidad.

En el complejo devenir del proceso se manifestaron dificultades en las conexiones -enlaces, vínculos- como resultado de las fronteras ideológicas. Se potenció la continuidad de diferentes corrientes: nacionalista patriótica martiana, ya fuera o no de izquierda; norteamericana feminista, y la dogmática, propia del socialismo soviético, que se fueron evidenciando en la dinámica y mentalidad de los sujetos.

El presente artículo se propone visibilizar las principales organizaciones femeninas que existieron en el proceso de lucha contra la dictadura batistiana y explicar su devenir a partir del triunfo de la Revolución, hasta que fue creada la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en agosto de 1960.

I

El movimiento femenino que se había estructurado en la etapa insurreccional asumió diversos derroteros a partir de 1959.  El Frente Cívico de Mujeres Martianas (FCMM), creado en 1952 contra la dictadura de Fulgencio Batista, acordó disolverse el 28 de enero de 1959. Sus líderes -Aida Pelayo y Carmen (Neneina) Castro, de pensamiento martiano y de la izquierda liderada por Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras- así como numerosas mujeres de esta organización, se incorporaron con Pastorita Núñez al Instituto de la Vivienda (INAV), de nueva creación.

Martha Fryde se había separado del FCMM en 1956 con la idea de incorporar a la lucha a mujeres insurrecionalistas y oposicionistas. Junto con Natalia Bolívar, del Directorio Revolucionario 13 de Marzo (DR 13-M); Zoila Lapique y Aurelia (Yeya) Restano -cuya familia militaba en el Partido Socialista Popular (PSP), pero quien incorporó por su cuenta al Movimiento Revolucionario 26 de julio (MR 26-7)-, habían fundado Mujeres Oposicionistas Unidas (MOU). Después del triunfo, ellas se fueron incorporando a diversas instituciones y ministerios.

Gloria Cuadras, dirigente provincial del MR 26-7, de pensamiento nacionalista martiano en pro de la libertad y la justicia social, vinculada a la doctrina chibasista y a la izquierda guiterista -que se destacó por combatir con el Directorio Estudiantil Universitario del 30 y, posteriormente, junto a Guiteras, y por sus simpatías con el sandinismo- fundó, junto con Marina Malleuve y otras combatientes, el Frente Cívico de Mujeres Cubanas (FCMC). Desde el triunfo del 59, las combatientes de su organización ocuparon diferentes cargos en las Instituciones del Gobierno Revolucionario, el Ejército y la Marina.

El Lyceum and Lawn Tennis Club se incorporó a la insurrección en 1958, con el Movimiento de Resistencia Cívica del MR 26-7. Una de sus líderes fue Elena Mederos, vinculada al movimiento feminista norteamericano y que sería nombrada por el Gobierno Revolucionario como ministra de Bienestar Social. Más adelante fue sustituida en su cargo por Raquel Pérez, de pensamiento nacionalista revolucionario y miembro del MR 26-7.

En la concurrencia de la toma del poder, fui una de los pocos dirigentes provinciales que se hallaba en La Habana. Fidel Castro había citado en diciembre del 58 a los dirigentes nacionales y los coordinadores provinciales del MR 26-7 y de Resistencia Cívica, para  una reunión en Altos de Escandel, en la Sierra Maestra. Allí se encontraban Luis Busch, jefe de las Secciones del exilio, junto con Manuel Urrutia, propuesto como presidente en la reunión del Pacto de Caracas, a la que asistieron numerosas representaciones -las organizaciones insurreccionales, instituciones religiosas y el movimiento oposicionista de los Partidos; con excepción del PSP que condicionaba su ingreso a que se incluyera en el documento no solo el tema de la insurrección, sino también la cuestión electoral, que fue su objetivo de lucha oposicionista electoral (1953 -1959)[1].

En la asamblea de Altos de Escandel, celebrada a fines de diciembre, participaron el Ejército Revolucionario del MR 26-7, conocido como Ejército Rebelde, los  dirigentes del MR 26-7 nacionales, provinciales, de Resistencia Cívica, el jefe de las Secciones del exilio y Manuel Urrutia, quien fue aclamado como presidente del Gobierno Revolucionario en armas.

II

El 1ro de enero de 1959,  después de dirigirme al  apartamento de Mario Vinat, en el céntrico edificio FOCSA -punto de contacto de los dirigentes del Movimiento ante cualquier situación-, como no existían orientaciones de Fidel ni de la dirección nacional, durante ese día y la madrugada del siguiente establecí los vínculos entre la dirección obrera del MR 26-7, que había tomado el poder en la CTC Revolucionaria,  y Vicente Báez, de la dirección provincial de propaganda, que, junto con la célula de Radio Centro, controlaba la TV y la radio.

La madrugada del día 2 permanecí todo el tiempo en tensión, a merced de los franco-tiradores y las emboscadas del MR 26-7 y el DR 13-M a lo largo del puerto de La Habana. Me encargué de manejar el automóvil, mientras en el asiento trasero iba el Guajiro, de Sagua la Grande, que llevaba una ametralladora y, muchas veces nervioso, la apuntaba a mi cabeza cuando la trinchera estaba a la izquierda, al mismo tiempo que lanzaba la consigna 13-26, en el recorrido desde la CTC hasta Radio Centro.

Por la mañana me dirigí, con el ejecutivo de las Células Revolucionarias de Base (CRB) y combatientes de uno de los grupos de las Milicias del MR 26-7, a tomar el edificio de la CENCAM, propiedad de Papo Batista, hijo del dictador, para establecer en dicho lugar la dirección política del 26. Pusimos el letrero «Casa del 26 de Julio» y nombré a las combatientes Lourdes Cejas y Emma Tejeiro para crear la estructura de la Sección Femenina en las direcciones municipales, dirigidas por ellas desde la capital.

El 8 de enero, en la Caravana de la Libertad, junto a Fidel Castro, entró a La Habana Marcelo Fernández, el organizador nacional del Movimiento. Se presentó en la Casa del 26 y le informé de todo lo ocurrido en esa primera semana del triunfo. Propuso que me hiciera cargo del Frente de la Sección Femenina, en cuyo ejecutivo integré a las compañeras que operaban conmigo en las CRB.

En los tres primeros meses del 59 se produjo una situación compleja en el seno del aparato político veintiseísta. Ante la incertidumbre del camino que tomaría la Revolución, algunos dirigentes y coordinadores provinciales y otros de La Habana solicitaron una reunión con Fidel. Varios de ellos se habían separado de los Socialistas Populares y se incorporaron a la etapa insurreccional, por lo que no estaban de acuerdo con introducir en el poder revolucionario el modelo del socialismo soviético, objetivo fundamental de dicho Partido.

En marzo del 59, Ernesto Che Guevara me orientó crear las Brigadas Femeninas Revolucionarias del 26 de Julio (BFR). El trabajo consistió en apoyar todo tipo de actividad y movilización de masas en apoyo al Gobierno Revolucionario, con la puesta en práctica de las leyes del programa de la Revolución: reforma agraria, industrialización, vivienda, campaña de alfabetización y otras.

Por mi iniciativa se trabajó en la regeneración de los presos comunes, de las prostitutas y del  barrio marginal de Las Yaguas, en el que hicimos un censo de viviendas y familias y entregamos, el 6 de enero del 59, juguetes recogidos por las CRB para los niños. Estas y otras acciones fueron coordinadas posteriormente con Elena Mederos, ministra de Bienestar Social. Al mismo tiempo, las BFR nos reunimos con Enrique Oltuski, ministro de Comunicaciones, para llevar a cabo, casa por casa, las campañas de preparación para las rebajas de las tarifas de teléfonos, luz y alquiler.

En apoyo a la reforma agraria se organizaron ferias en los jardines del Capitolio, apoyadas por los ministros y el cuerpo diplomático. Llevamos los ómnibus de las Bibliotecas Viajeras, cargadas de libros, a las cooperativas, granjas del pueblo y a la Sierra del Escambray. Orquídea Pérez, organizadora de la BFR, que era marinera, vinculó el trabajo conjunto de marinos y brigadistas para recaudar fondos en la Feria pro-reforma agraria y la Feria de La Vaca, los cuales le fueron entregados a Fidel. Con él recogimos a Clementina Serra, encargada de organizar los Círculos Infantiles, para entregarle las casas del reparto Siboney y organizar una feria con el fin de recaudar fondos que garantizaran esa tarea.

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Presidencia de la inauguración de la Feria pro-reforma agraria en el Capitolio Nacional. En primer plano, de izquierda a derecha, Aleida March, Vilma Espín, Juan Almeida, Gladys Marel y Manolo Susarte.

Ante la potencia organizativa de la red de trabajadoras domésticas, tabacaleras, peleteras, del comercio y los servicios, organizadas por la BFR, Fidel Castro me propuso reunirnos con Manfugás, quien estaba al frente de las maestras voluntarias procedentes de Minas del Frío, en la Sierra Maestra. Acudimos al lugar donde estaban concentradas en La Habana y se dispuso que me entregara doscientas de ellas para organizar la Escuela de Instructoras Revolucionarias. Varias habían sido mis compañeras del movimiento estudiantil.

La BFR se convirtió en el antecedente de las Milicias Nacionales Femeninas que, organizadas en el Capitolio Nacional, operaron en el 5to distrito militar de La Habana.

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La Brigada Femenina Revolucionaria (BFR) desfila en el aeropuerto de Rancho Boyeros.

III

Vilma Espín y Aleida March, insurreccionalistas ambas, asistían a algunos eventos de las BFR sin que pertenecieran a ninguna de las organizaciones femeninas mencionadas. A mediados de 1959, la primera de ellas me citó a Casa de las Américas. Se iba a organizar el Congreso de Mujeres Cubanas para asistir al Congreso Regional de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), conocido como Congreso Latinoamericano de Mujeres, que se celebraría en Santiago de Chile.

 Vilma fue designada para presidir el Congreso de Mujeres Cubanas y se nombró como vicepresidentas a Delia Echevarría, combatiente de la Revolución del treinta y novia de Antonio Guiteras, y a la Dra. Elsa Gutiérrez, del PSP. También formó parte Lula Horstman, por las mujeres de la organización católica revolucionaria Con la Cruz y con la Patria, creada en 1959[2].

Los gastos de cada delegada serían costeados por la institución u organización a la que representaba. Para elegir a las delegadas de las BFR celebramos una asamblea general en el Hemiciclo Camilo Cienfuegos, del Capitolio Nacional. Allí se acordó, por unanimidad, que fuera yo como presidenta, junto con Orquídea Pérez, la organizadora.

Participé junto a Aleida March en una de las comisiones del referido Congreso de Mujeres, pero en aquel momento desconocía que el evento en cuestión se había programado, desde 1958, como tarea por la FDIM a su filial cubana, subordinada al PSP.

Durante el preámbulo del Congreso Latinoamericano de Mujeres se fue delineando la influencia de la organización femenina del PSP, que no se había incorporado a la primera etapa insurreccional de la Revolución, sino a los partidos de la oposición, como señala la historiografía[3].

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Sesiones del Congreso Latinoamericano de Mujeres en Santiago de Chile, noviembre de 1959. Vilma Espín, primer plano al extremo derecho, se dirige al cónclave. Gladys Marel, cuarta de izquierda a derecha en primera fila, entre el público.

En abril de 1959 la organización femenina del PSP celebró una asamblea nacional e inició un movimiento de masas que le permitió lograr la correlación de fuerzas que conduciría en 1960 a la desaparición de las organizaciones y figuras insurgentes portadoras de las ideas nacionalistas revolucionarias y de la izquierda cubana y latinoamericana. De esta manera, en las relaciones de poder, lograron la representatividad fundamental para la creación y liderazgo de la futura FMC.

Al congreso de agosto de 1960 en que se constituyó la FMC, no fueron invitadas las dirigentes de las organizaciones insurreccionales femeninas mencionadas al inicio de este texto, que habían participado activamente en la etapa insurreccional. Tampoco las que se organizaron en 1959 como secciones en las Casas del 26 de Julio, ni las Brigadas Femeninas Revolucionarias del 26 de Julio[4].

Comenzaba en Cuba el proceso de puesta en práctica del modelo soviético. A lo largo del mismo, se cambió el proyecto patriótico nacionalista de izquierda (1959-1960) por el de la tendencia vinculada al socialismo soviético (1961). Como parte de ese cambio, se disolvieron las organizaciones femeninas insurgentes de la Revolución para que emergieran otras de contenido diferente.

IV

Al analizar estos hechos a la distancia de los años y con mayor experiencia, es posible percibir que al triunfar la Revolución las mujeres del movimiento de liberación nacional que habían integrado las organizaciones de ambos sexos y el movimiento femenino, no fueron conscientes de su rol como vanguardia de su segmento social, ni incluyeron demandas feministas en el Programa revolucionario, aun cuando debe reconocerse que la FMC desempeñó un papel importante en la promulgación de políticas públicas que se constituyeron en reivindicaciones femeninas.

La identidad de las mujeres y organizaciones insurreccionales había correspondido con el proyecto inconcluso del prócer José Martí, acerca del movimiento de libertad y justicia social para una época nueva de la Revolución moderna[5], que, para muchos de los miembros de nuestra generación, conduciría al socialismo cubano como parte de la izquierda latinoamericana; cosa que no fue lo que realmente ocurrió.

[1] Rolando Dávila Rodríguez: Lucharemos hasta el final. Cronología 1958, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2015, p. 272, referencia 44.

[2] Vilma Espín, Asela de los Santos y Yolanda Ferrer: Las mujeres en Cuba. Haciendo una revolución dentro de la Revolución, Editorial Pathfinder, 2012. (Asela de los Santos pp. 108-119; Vilma Espín  pp. 224-225).

[3] Angelina Rojas: Primer Partido Comunista de Cuba, t. II, pp. 248-250.

[4] Testimonios de Rosita Mier (del FCMM); Marinita Mallewe (FCMC en Oriente); Natalia Bolívar (MOU); Mirta Rodríguez Calderón y Norma Porras (Sección Femenina del MR 26-7).

[5] Ver nota 1, en Introducción al ensayo de Gladys Marel García: Memoria e Identidad. Un Estudio Específico (1952-1958), Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1996.

Fin de las remesas, listas rojas y más COVID

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Alrededor de 700 mil familias cubanas se benefician directamente de las remesas enviadas mediante la Western Union (Foto: EFE/Archivo)

¡Muy buenas! Esta semana ha sido noticia que, debido a las nuevas sanciones impuestas por la administración Trump a varias empresas estatales cubanas con vínculos directos con las Fuerzas Armadas del país, a partir del próximo 27 de noviembre no se podrán enviar remesas a Cuba desde los Estados Unidos.

Por otra parte, en su particular cacería de brujas, el influencer cubano-americano Alexander Otaola elaboró una “lista roja” donde incluyó figuras públicas que, según su criterio, eran afines al gobierno cubano. El objetivo del youtuber sería que a todos los integrantes de su lista se les impida la entrada a los Estados Unidos.

También ha acaparado titulares que el rebrote de casos por COVID-19 se ha intensificado en varias provincias del país. Pinar del Río, una de las más afectadas, se convierte en la nueva capital pandémica.

Somos La Joven Cuba y este es nuestro resumen semanal de las agendas pública y mediática del país.

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Cero remesas, cero recargas, cero, cero, cero… Esto decía -más bien gritaba- hace unos meses el influencer cubano Alexander Otaola. Un reportaje del Noticiero de la Televisión Cubana, emitido en varios espacios informativos, se ha encargado de recordar hasta el cansancio aquel “parón” convocado por el youtuber, una de las voces más fuertes e influyentes de la ultraderecha cubana en Miami.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro dio a conocer, el viernes 23 de octubre, una nueva medida que restringirá casi en su totalidad el envío de remesas a Cuba. La determinación final será publicada el 27 de octubre, y pasados 30 días entrará en vigor. O sea, a partir del 27 de noviembre no se podrán realizar envíos de dinero hacia Cuba desde los Estados Unidos, al menos por los canales autorizados.

Las sanciones del gobierno estadounidense van dirigidas directamente a la contraparte de Western Union en la isla, la empresa cubana FINCIMEX, presuntamente vinculada con GAESA, el emporio económico controlado por las FAR.

Hace varias semanas, el 29 de septiembre, el gobierno estadounidense había anunciado un paquete de medidas que restringían el envío de remesas hacia Cuba, pero la evolución del proceso deja en claro que el objetivo es reducir a cero los envíos de dinero al país.

Las remesas son una de las principales fuentes de ingreso de muchos cubanos, pues alrededor de 700 mil familias se benefician directamente de ellas. No es casual que estas medidas de recrudecimiento lleguen justo en la recta final de la campaña electoral en Estados Unidos. Es difícil entonces no pensar que son un intento para atraer el voto de la comunidad cubano-americana en favor de Trump, que una vez más se alía con el sector más radical de la diáspora cubana.

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La fiebre persecutoria y represora de tiempos pasados se ha fortalecido en los círculos más radicales de la emigración cubana en Miami. El nuevo viene de la mano de Alexander Otaola quien, como habíamos dicho anteriormente, es una de las voces más fuertes de la ultraderecha cubano-americana.

https://jovencuba.comtrump-miami/

Emulando las famosas listas negras de Joseph McCarthy contra el comunismo en los años cincuenta, el youtuber elaboró un listado donde incluyó a figuras públicas cubanas, que a su criterio, están vinculadas directamente con el gobierno de la Isla. A esta recopilación de nombres le llamó “lista roja”, posiblemente porque el rojo es un color con el que se identifican los comunistas, irónicamente también es el color del partido de Trump.

Nada nuevo hasta aquí: es solo el enésimo intento creado por el influencer en su programa de YouTube, Hola Ota-Ola. Lo preocupante del tema viene a raíz de una breve entrevista que le concediera hace unos días el presidente Donald Trump, durante la cual, Otaola le habló sobre su lista y el millonario neoyorkino, con total naturalidad, le pidió que se la hiciera llegar a través del congresista Mario Díaz-Balart.

Entre otros, la lista incluye a personalidades cubanas de diversos sectores como los músicos Haila María Mompié, Maykel Blanco y Alexander Abreu; el locutor del NTV Rafael Serrano, el meteorólogo José Rubiera, el opositor Antonio Rodiles, el cineasta y escritor Eduardo del Llano, entre otros. Varios de estos nombres desarrollan sus carreras al margen de cualquier tendencia política, mientras que algunos incluso han sido muy críticos con el gobierno cubano. Entonces, ¿cuáles son los criterios que maneja Otaola para incluirlos en su lista roja? Posiblemente ni él tiene una respuesta más allá de su paranoia que no busca otra cosa que seguidores para su canal, lo que se traduce en dinero para su bolsillo.

Algunos de estos “miembros” han respondido al youtuber desde sus redes sociales.

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Aproximadamente dos semanas después de decretada la Fase 3 en La Habana y la Nueva Normalidad en casi todas las provincia del país, la situación epidemiológica ha empeorado de manera preocupante. En la semana que finaliza se han registrado 364 nuevos casos, con elevada incidencia en las provincias de Ciego de Ávila, Sancti Spíritus, La Habana, Artemisa y Pinar del Río.

Esta última muestra un escenario especialmente preocupante, pues, con varios eventos de transmisión, ha registrado 185 casos esta semana, más de la mitad del total de los casos registrados en Cuba en ese período. Ante este panorama, desde el Grupo temporal de trabajo del Gobierno se informó que Pinar del Río regresará a la fase de transmisión autóctona limitada.

Igual de preocupante es el evento de transmisión ocurrido en el municipio de Caimito, en Artemisa, donde se registraron 19 casos el pasado viernes. Sobre este evento en particular no han trascendido muchos detalles desde los medios oficiales. En sus canales de Telegram y WhatsApp, LJC actualiza diariamente las cifras de COVID-19 en el país.

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Una comentario breve para finalizar:

El próximo 28 de octubre se celebrará el V Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, según informó el Secretario de la Asamblea, Homero Acosta en el espacio televisivo Mesa Redonda del pasado viernes.

La agenda para ese día prevé analizar la liquidación del presupuesto del Estado en el año 2019. Además, se someterán a debate cuatro proyectos de ley: Ley del Servicio Exterior, Ley de Organización y Funcionamiento del Consejo de Ministros, Ley de Renovación de los Elegidos a los Órganos del Poder Popular y la Ley del Presidente y Vicepresidente de la República.

Sobre este tema, LJC informará más detalladamente.

Para cualquier feedback, queja o sugerencia, recuerde que puede interactuar con nosotros en nuestro canal de Telegram: ??https://t.me/lajovencuba

Somos @LaJovenCuba

La nación conectada

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conectada
En 2019, 7.1 millones de cubanos tenían acceso a Internet por diversas vías (Foto: Justin Solomon | CNBC)

El mundo hoy no puede ser comprendido sin Internet, sin gente conectada. Citando al filósofo chileno Martin Hopenhayn: “Quien no está conectado estará excluido de manera cada vez más intensa y diversa. La brecha (digital) agudiza los contrastes entre regiones, países y grupos.

Países menos digitalizados se van recluyendo en el patio trasero de la globalización en términos de intercambio comercial, valor agregado a la producción, presencia cultural, protagonismo político, crecimiento económico y, por todo lo anterior, de bienestar social”.

De ahí que unos de los mayores aciertos del presidente Miguel Díaz-Canel y su equipo, sea haber abierto las puertas a estos servicios para millones de cubanos. Estas medidas han tenido un impacto tan decisivo porque la nación estaba lista para recibir sus beneficios. De ahí que en unos pocos años todas las universidades, instancias de gobiernos, servidores públicos, etc., tengan su espacio en las redes sociales.

La apuesta ha sido alta. En primer lugar porque choca contra viejos paradigmas; en segundo porque no es barato: hay que comprar la técnica, instalarla, mantenerla funcional. Sin embargo, en todas partes esto es rentable –de hecho una de las ganadoras con la pandemia son las multinacionales de la información, el entretenimiento y los proveedores de servicios de internet.

También hay riesgos -no podemos ser ingenuos- y, desde la perspectiva de los decisores, las guerras de cuarta generación son un tema preocupante. Pero ha podido más la correcta lectura del momento y la comprensión de que negar el acceso a estas tecnologías traería  más inconvenientes que beneficios.

Desde el punto de vista la población el resultado es espectacular: Cuba cerró el año 2019 con 7.1 millones de ciudadanos con acceso a la red por diversas vías, lo que representa un 63% de los 11.3 millones que componemos su población, según la agencia EFE de noticias.  Los clientes de datos móviles en la isla llegaron a 3.4 millones para la misma fecha y más de 650 mil disponían del servicio con velocidad 4G.

Otro informe, esta vez del periódico Granma, sitúa la cifra de usuarios de redes móviles en 4 millones para agosto del presente año, 600 mil más que el año precedente.

Por otro lado, un estudio de 2019 del instituto de investigación norteamericano Freedom House sobre la libertad en las redes situaba a Cuba en el lugar 62 entre 65 países, solo por delante de Siria, Irán y China en la categoría de “No libre”. Freedom on the Net, el estudio referido, se elabora a partir de la información proporcionada por una red de colaboradores (académicos, comunicadores, activistas) en los países estudiados.

Analiza la libertad en Internet a partir de tres indicadores: obstáculos al acceso, limitaciones a los contenidos y violaciones de los derechos de los usuarios. El estudio del presente año se publicará en noviembre y aunque se reconocen mejorías en el acceso, no se espera que la situación general cambie.

Independientemente de las limitaciones, la tendencia es continuar aumentando el acceso y la utilización de las redes. Prueba de eso es el uso que se le ha dado a estos recursos: desde o gracias al internet cada vez más se investiga, se accede y se genera información; también se compra y se vende todo lo imaginable; es una fuente de oportunidades para emprendedores, que en mi criterio serán los héroes públicos en las próximas décadas; el Estado ensaya y aplica “nuevas formas” de relación laboral como el teletrabajo, así como el comercio virtual, que da sus primeros y azarosos pasos, porque está montado sobre una estructura que nunca funcionó correctamente.

El otro impacto hay que verlo hacia lo humano. Mientras la calle se mantiene con la calma habitual, las redes bullen, parece que explotan en controversias, discusiones, insultos: “la batalla de ideas” -aunque no siempre primen las ideas- se ha trasladado al campo virtual. Muestra de ello es que los dos candidatos con posibilidades de sentarse en la Oficina Oval a partir de enero, el presidente Trump y el ex-vicepresidente y candidato demócrata Joe Biden, se reunieron este fin de semana con el influencer cubano-americano Alexander Otaola y la bloguera Yoanis Sánchez, respectivamente, en un intento de ganarse el disputado voto cubano en la Florida.

Otra historia que causó interés fue la relativa al joven dibujante y creador de dibujos animados Víctor Alfonso Cedeño, quien, por medio de las redes, logró acceder a una visa humanitaria del gobierno de los Estados Unidos para atenderse de una condición terminal en nuestro país. Para eso necesitaba una serie de datos técnicos que le fueron negados en el hospital donde se atendía y luego en el Ministerio de Salud Pública. Pero gracias a las redes, su caso llegó a oídos del ministro que rectificó la situación.

Finalmente, llamó también la atención que el MINREX dejara sin efecto el anunciado cobro de prórrogas a los cubanos residentes en el exterior que no hubieran visitado la isla por más de 24 meses. La medida suscitó de inmediato inconformidades y comentarios en las redes que al parecer fueron la causa de la enmienda. Ahora, un grupo de emigrados ha lanzado un pliego con diez demandas, exigiendo lo que llaman “la restitución de la ciudadanía plena”, lo que de aprobarse implicaría un cambio en la norma vigente en la Isla.

Vista esa apretada síntesis, parece obvio que el internet ha significado un cambio mayor en la forma en que los cubanos vemos y vivimos el país, y como nos relacionamos entre nosotros y con los representantes del Estado, sin importar donde nos encontremos. Ningunas de estas noticias, y muchas otras que quedan en el tintero, formarían parte de la agenda si miles de cubanos no usarán las redes solo para mostrar las notas de sus hijos, felicitarse en cumpleaños o intercambiar sobre los temas más diversos.

Las redes muestran una realidad otra, válida, compleja, polarizada e infinitamente más libre. Además son una vía de empoderamiento ciudadano. Contrario a lo que pueda suponerse, esto en lugar de debilitar a la institucionalidad establecida, la legitima y lo que es más importante fortalece a la nación que se encuentra y se reencuentra a sí misma, discute, se sitúa  -muchas veces se atrinchera- en su opción ideológica.

Desde la buena fe, hay quien hace llamados a la cordura y al respeto. Lo entiendo y lo suscribo, pero me parece inútil. Serán necesarios muchos años para que todas esas fracturas a la columna vertebral de la nación se consoliden, mucha buena voluntad y gestos efectivos de ambas partes. Entre tanto, por lo menos se han desterrado las unanimidades y ese es un primer paso.

Antídotos contra la manipulación del lenguaje

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lenguaje

I

El debate entre cubanos es difícil cuando de «revolucionarios» y «contrarrevolucionarios» se trata, como se vio en los comentarios a mi texto anterior. Ello resulta de la carga emotiva que implican la manipulación política del lenguaje y nuestra idiosincrasia, que en cierta medida es de pasiones extremas. Intentaba clarificar los términos porque en Cuba se usan como «talismanes» y «mordaza» respectivamente, a pesar de que su verdadero y original significado es muy claro. En consecuencia, se enrarece el debate, se obstaculizan y condicionan —por censura  o autocensura— los comportamientos de compatriotas honestos y se ahoga la contribución que podemos hacer a un nuevo proyecto de país y de socialismo.

Esto es muy grave porque la Patria y la Revolución son de todos y constituyen parte del imaginario social de los cubanos. No se trata de una noción idílica, sino de una anclada en la realidad pasada o presente. Cornelius Castoriadis, intelectual griego con una vasta experiencia en estudios antropológicos y sociopolíticos, indica que el imaginario «no es imagen de. Es creación incesante y esencialmente indeterminada de figuras/formas/imágenes», es una mezcla de significaciones sociales, donde los valores, las creencias, ideas, símbolos y subjetividades se integran para conformar lo cultural y el universo simbólico.

Quien tiene el poder político está en capacidad de ejercer gran influencia sobre los imaginarios sociales. Su control, reproducción, difusión y manejo asegura un impacto sobre las mentalidades, conductas y actividades individuales y colectivas; también permite canalizar las energías e influir en las elecciones colectivas, sobre todo en situaciones complejas. Todas las revoluciones tienen un imaginario que, más o menos vivo e influyente, se expresa en referentes, palabras para nombrar las cosas, valores, en fin, un tesoro que identifica a la sociedad con una parte de su historia.

Por supuesto, cuando el poder se apropia del control de los medios y la enseñanza, tiene más incidencia en la creación de ese imaginario, porque son instrumentos de presión, de inculcación de valores y creencias. En sistemas restrictivos de la democracia, el dominio pasa por: posesión de los medios de comunicación masiva, uso de la propaganda más que de la información y argumentación y manipulación/restricción del lenguaje.

Cuando la práctica de invadir los medios de comunicación y la escuela con mensajes de interés político e ideológico se prolonga en el tiempo y se hace sistemática, los efectos son nefastos. Es un dominio perverso, se calcula que las posibles disidencias solo llegarán a un número reducido de personas y que las reacciones durarán poco porque el que hace la crítica puede ser marginado, no cuenta con medios suficientes para hacerse oír, puede estar sometido al poder abrumador de la propaganda y también, sentirse acosado por toda suerte de presiones y chantajes.

II

Todo lo anterior ocurre por tres razones básicas.

1.- El lenguaje es también cultura, filosofía, pensamiento e ideología, y tiene un peso extraordinario en política. El «hecho del lenguaje» es una multiplicidad de hechos, más o menos coherente y coordinada, que al penetrar mayoritariamente en la sociedad se convierte en hegemónica. En el sentido de Gramsci, la hegemonía existe cuando la gente acepta la dominación no por la fuerza sino por el convencimiento político, moral e intelectual. Se puede lograr cuando el poder (sociedad política) consigue alianzas con los sectores sociales (sociedad civil).

A pesar de las contradicciones y disidencias que siempre existen, la Revolución cubana construyó magistralmente esa hegemonía entre finales de los años cincuenta y los sesenta del pasado siglo. Pero esa no es una patente vitalicia; los tiempos y las circunstancias cambian, y la gente también. Para mantenerla se requiere una retroalimentación permanente del consenso; y este puede erosionarse y perderse cuando se fractura en la sociedad civil y empieza a construirse una contra-hegemonía que tendrá inevitablemente serios efectos en lo político.

2.- El riesgo es muy alto en ese ámbito por el peso de la manipulación del lenguaje y los intereses del poder. Lo que, en principio, distorsiona la función de la política, que debiera ser trabajar por configurar la vida humana del modo más adecuado posible. Lamentablemente, a veces se ha llegado a ver como el arte de engañar y seducir, mejorar la imagen propia y desfigurar la ajena y guardar las apariencias para ganarse el apoyo de las masas. La ideología no es inocente, el uso reiterado de términos con mucha carga emotiva y que siempre aluden a posiciones extremas, como los mencionados al inicio, condiciona nuestro pensamiento, nos atrapa e incluso orienta la conducta de las personas.

3.- Los diversos usos y el peso que tienen los esquemas mentales, que se alimentan y manipulan de muchas maneras en el escenario político. Estamos acostumbrados a pensar en base a ellos, como pares de conceptos que focalizan posiciones extremas: arriba/abajo, libertad/norma, revolución/contrarrevolución, interno/externo, revolucionario/contrarrevolucionario. Estos suelen ir unidos en nuestra vida y desempeñan una función decisiva. Cuando desde las instancias de poder se abusa de ellos, el efecto es muy nocivo a escala social. Implica que las personas se mantengan pasivas y siempre en los extremos, sin matices ni opciones intermedias. Por tanto, se afecta su libertad creativa.

La fuerza y efectos de los medios de comunicación y la educación en manos del Estado son apabullantes en Cuba. Hace años, una serie de estudios demostró que el cubano que emigra se muestra saturado y rechaza lo político. Al que permanece en Cuba no le ocurre lo contrario, de hecho, son realidades conectadas. La práctica reiterativa e invasiva a través de esas vías consigue sus propósitos por un tiempo, a veces por un largo tiempo, pero termina convirtiéndose en un boomerang.

III

Lo anterior implica que es preciso sanear en el país el terreno del debate acerca de lo político. Como resulta imposible reducir el alcance y la parcialidad de los medios de comunicación, los ciudadanos debemos apertrecharnos de algunos antídotos:

1.- Conocer los ardides de la manipulación y estar alertas, perder el miedo y matizar el sentido de las palabras. Esto último es vital, porque quien manipula hace justo lo contrario: rechaza los matices, no argumenta con hechos sino con frases, consignas y esquemas mentales para controlar el pensamiento de los demás. En Cuba, ese ejercicio manipulador puede ser o no voluntario y no siempre desde el poder. Como sus efectos se han expandido tanto en la sociedad, muchas veces se repiten palabras y consignas que pueden ser desarmadas solo cuestionándole al otro su significado en el contexto en que la emplea y obligándolo a matizar.

2.- Aprender y ejercitar el pensar con rigor y estar en condiciones de exigirlo a los demás, analizando el contenido de las palabras y el contexto, procurando argumentaciones de hondo calado. Cuando las circunstancias se manifiestan de modo acelerado y el discurso que las acompaña también lo es, se logra que la gente no tenga tiempo de pensar, de reflexionar sobre cada uno de los temas. El único antídoto es tomarse un tiempo, no dejar que circunstancia y discurso dominen su mente.

3.- Saber manejar los esquemas mentales. No tomar ni la realidad ni los conceptos como dilemas, sino como ámbitos, lo que impide atarse a posiciones extremas. Si tenemos que escoger en Cuba entre uno y otro —el primero (revolucionario) que se atribuye al gobierno como expresión máxima de la «Revolución» y el segundo como su contrario (contrarrevolución/contrarrevolucionario)— caemos en la trampa. Es lo mismo del «conmigo o contra mí», sin matices. Pero si se observan como ámbitos, la relación entre esos conceptos no tiene por qué ser rígida, aparecen los matices. Depende del pensamiento y la creatividad de quienes reciben el mensaje.

Vale tanto para afirmaciones como para preguntas. Cuando estas se plantean sobre la base de la manipulación a través de los esquemas mentales, distorsionan las respuestas y no promueven reflexión ni debate, solo ayudan a polarizar los criterios o silenciar los inconvenientes. Por tanto, el éxito de aquella sentencia de Stalin[1] respecto a la utilidad de las palabras para la dominación del pueblo por el Estado, depende de nuestra capacidad para asumir los términos fuera del marco de los esquemas mentales.

4.- Ejercitar la creatividad en todos los órdenes, lo que implica activismo, compromiso, implicarse en el mundo inmediato que nos rodea, colaborar con movimientos que se consideren de ayuda al progreso y al bienestar general. La creatividad es herramienta clave para la evolución personal. Como ha expresado López Quintás:«El hombre creativo tiene recursos para evitar que lo reduzcan a un mero repetidor (…) el que se acostumbra a pensar con rigor no acepta fácilmente el uso estratégico de los términos, el planteamiento astuto de las cuestiones, la movilización de procedimientos de dominio fácil».

Necesitamos socializar antídotos contra la manipulación. Descomponer el significado de palabras «talismanes» y «mordazas» como estas, matizarlas e interrogar directamente sobre sus significados al discurso y a quienes las emplean. De lo contrario, los términos y esquemas mentales penetran con toda su carga emocional en nuestras mentes y conducen al estado de fascinación que conviene al ejercicio manipulador. Cuando eso ocurre, las personas aceptan todo lo que venga con esa carga casi sin darse cuenta, tal vez por aquello que alguien dijo una vez: «Salirse del rebaño siempre ha sido durísimo y, sobre todo, salirse sin tener otro rebaño al que ir».

[1] «De todos los monopolios de que disfruta el Estado, ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario».