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lunes, noviembre 30, 2020

La nación conectada

Carlos Alberto González Carvajal
Médico Especialista en Terapia Intensiva. Escritor

El mundo hoy no puede ser comprendido sin Internet. Citando al filósofo chileno Martin Hopenhayn: “Quien no está conectado estará excluido de manera cada vez más intensa y diversa. La brecha (digital) agudiza los contrastes entre regiones, países y grupos. Países menos digitalizados se van recluyendo en el patio trasero de la globalización en términos de intercambio comercial, valor agregado a la producción, presencia cultural, protagonismo político, crecimiento económico y, por todo lo anterior, de bienestar social”.

De ahí que unos de los mayores aciertos del presidente Miguel Díaz-Canel y su equipo, sea haber abierto las puertas a estos servicios para millones de cubanos. Estas medidas han tenido un impacto tan decisivo porque la nación estaba lista para recibir sus beneficios. De ahí que en unos pocos años todas las universidades, instancias de gobiernos, servidores públicos, etc., tengan su espacio en las redes sociales.

La apuesta ha sido alta. En primer lugar porque choca contra viejos paradigmas; en segundo porque no es barato: hay que comprar la técnica, instalarla, mantenerla funcional. Sin embargo, en todas partes esto es rentable –de hecho una de las ganadoras con la pandemia son las multinacionales de la información, el entretenimiento y los proveedores de servicios de internet.

También hay riesgos -no podemos ser ingenuos- y, desde la perspectiva de los decisores, las guerras de cuarta generación son un tema preocupante. Pero ha podido más la correcta lectura del momento y la comprensión de que negar el acceso a estas tecnologías traería  más inconvenientes que beneficios.

Desde el punto de vista la población el resultado es espectacular: Cuba cerró el año 2019 con 7.1 millones de ciudadanos con acceso a la red por diversas vías, lo que representa un 63% de los 11.3 millones que componemos su población, según la agencia EFE de noticias.  Los clientes de datos móviles en la isla llegaron a 3.4 millones para la misma fecha y más de 650 mil disponían del servicio con velocidad 4G. Otro informe, esta vez del periódico Granma, sitúa la cifra de usuarios de redes móviles en 4 millones para agosto del presente año, 600 mil más que el año precedente.

Por otro lado, un estudio de 2019 del instituto de investigación norteamericano Freedom House sobre la libertad en las redes situaba a Cuba en el lugar 62 entre 65 países, solo por delante de Siria, Irán y China en la categoría de “No libre”. Freedom on the Net, el estudio referido, se elabora a partir de la información proporcionada por una red de colaboradores (académicos, comunicadores, activistas) en los países estudiados. Analiza la libertad en Internet a partir de tres indicadores: obstáculos al acceso, limitaciones a los contenidos y violaciones de los derechos de los usuarios. El estudio del presente año se publicará en noviembre y aunque se reconocen mejorías en el acceso, no se espera que la situación general cambie.

Independientemente de las limitaciones, la tendencia es continuar aumentando el acceso y la utilización de las redes. Prueba de eso es el uso que se le ha dado a estos recursos: desde o gracias al internet cada vez más se investiga, se accede y se genera información;  también se compra y se vende todo lo imaginable; es una fuente de oportunidades para emprendedores, que en mi criterio serán los héroes públicos en las próximas décadas; el Estado ensaya y aplica “nuevas formas” de relación laboral como el teletrabajo, así como el comercio virtual, que da sus primeros y azarosos pasos, porque está montado sobre una estructura que nunca funcionó correctamente.

El otro impacto hay que verlo hacia lo humano. Mientras la calle se mantiene con la calma habitual, las redes bullen, parece que explotan en controversias, discusiones, insultos: “la batalla de ideas” -aunque no siempre primen las ideas- se ha trasladado al campo virtual. Muestra de ello es que los dos candidatos con posibilidades de sentarse en la Oficina Oval a partir de enero, el presidente Trump y el ex-vicepresidente y candidato demócrata Joe Biden, se reunieron este fin de semana con el influencer cubano-americano Alexander Otaola y la bloguera Yoanis Sánchez, respectivamente, en un intento de ganarse el disputado voto cubano en la Florida.

Otra historia que causó interés fue la relativa al joven dibujante y creador de dibujos animados Víctor Alfonso Cedeño, quien, por medio de las redes, logró acceder a una visa humanitaria del gobierno de los Estados Unidos para atenderse de una condición terminal en nuestro país. Para eso necesitaba una serie de datos técnicos que le fueron negados en el hospital donde se atendía y luego en el Ministerio de Salud Pública. Pero gracias a las redes, su caso llegó a oídos del ministro que rectificó la situación.

Finalmente, llamó también la atención que el MINREX dejara sin efecto el anunciado cobro de prórrogas a los cubanos residentes en el exterior que no hubieran visitado la isla por más de 24 meses. La medida suscitó de inmediato inconformidades y comentarios en las redes que al parecer fueron la causa de la enmienda. Ahora, un grupo de emigrados ha lanzado un pliego con diez demandas, exigiendo lo que llaman “la restitución de la ciudadanía plena”, lo que de aprobarse implicaría un cambio en la norma vigente en la Isla.

Vista esa apretada síntesis, parece obvio que el internet ha significado un cambio mayor en la forma en que los cubanos vemos y vivimos el país, y como nos relacionamos entre nosotros y con los representantes del Estado, sin importar donde nos encontremos. Ningunas de estas noticias, y muchas otras que quedan en el tintero, formarían parte de la agenda si miles de cubanos no usarán las redes solo para mostrar las notas de sus hijos, felicitarse en cumpleaños o intercambiar sobre los temas más diversos.

Las redes muestran una realidad otra, válida, compleja, polarizada e infinitamente más libre. Además son una vía de empoderamiento ciudadano. Contrario a lo que pueda suponerse, esto en lugar de debilitar a la institucionalidad establecida, la legitima y lo que es más importante fortalece a la nación que se encuentra y se reencuentra a sí misma, discute, se sitúa  -muchas veces se atrinchera- en su opción ideológica.

Desde la buena fe, hay quien hace llamados a la cordura y al respeto. Lo entiendo y lo suscribo, pero me parece inútil. Serán necesarios muchos años para que todas esas fracturas a la columna vertebral de la nación se consoliden, mucha buena voluntad y gestos efectivos de ambas partes. Entre tanto, por lo menos se han desterrado las unanimidades y ese es un primer paso.

11 Comentarios

  1. Considero que es una reflexión oportuna pues constantemente, se escuchan los criterios negativos acerca del desarrollo de la conectividad en Cuba. A partir de la posibilidad que constituye para » el enemigo» de acceder a la población sin el control gubernamental. Entonces yo pregunto ¿ Quién es realmente el enemigo?

  2. Sin embargo, ahora.mismo etecsa está bloqueando todo acceso a través de las VPN, Redes Privadas Virtuales..que muchos cubanos, la mayoría con propósitos científicos o técnicos usan para acceder a servicios que nos está bloqueado desde Estados Unidos. Por ejemplo, desarrolladores de software no pueden acceder de forma libre a algunos servicios de Google. La alternativa es usar softwares VPN para sencillamente burlar ese bloqueo y hacer su trabajo. Que ha pasado? Etecsa ha invertido dinero en equipamiento que bloquea este tipo de comunicación. Y así se verifica totalmente la triste verdad del cubano de Cuba: Nos bloquean por todos lados.

  3. Escrito muy justificativo.Tenia el autor mucha tela por donde cortar y no la utilizó,solo dónde quería para «quedar bien».

  4. Me agradó mucho el articulo, ponderado y respetuoso sin renunciar a la objetividad. Para los cubanos dentro de fronteras, la internet ha representado incorporarnos de veras al mundo real, el milagro de independizarnos de esa información manipulada y controlada, oportunista y deformadora del criterio ciudadano. Nos ha permitido sacar al estado en lo posible de intermediario y cancerbero de la comunicación y el conocimiento, aunque persista en bloquear el acceso a determinados sitios, en una patetica maniobra que no impide la derrota cotidiana en esa esfera. Garantizada por demas por una prensa oficial complaciente, sumisa y de irrevocable carácter degenerativo.

    Quizas la gran dependencia del acceso de la población cubana a las redes y a la comunicación, a partir de remesas y otras ayudas del exterior pueden afectar esa libertad a una información no cautiva e incluso el nuevo escenario post-ordenamiento monetario puede complicarlo aun mas. Habrá que estar atentos para mantener este avance en nuestras vidas. Y sin perder la esperanza que las autoridades asuman una postura pragmática y acorde a las necesidades de la Nación

  5. Queda el otro gran paso: convertir a Internet en un factor de desarrollo económico.

    ¿Cuántas empresas de Internet hay en Cuba?

  6. Aceptable el comentario y favorecido por emplear dos veces adecuadamente el sustantivo «nación», casi un arcaísmo.

  7. Me llama la atención que cuando hablan de Internet solo piensan en redes sociales, medios de prensa y cosas por el estilo.
    Eso puede ser importante pero hay otras aplicaciones que son Fundamentales para el desarrollo: desde plataformas de enseñanza y acceso de libros hasta todas las relacionadas con movimientos financieros, las app de transporte (estilo Uber) y alojamiento hasta las de compra y venta y para finalizar, todas las aplicaciones médicas. Estás son las que logran economía real porque las otras se quedan «en el campo intelectual» que no da de comer.

  8. La conectividad se sostiene con los dólares que el exilio us para recargar a sus familiares en la isla, que si no estarían todavía comunicánodse por señles de humo. El acceso a inernet se abrió cmo forma de obtener el régimen ingresos por ese concepto

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