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Pablo Milanés: la luz siempre regresa

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Pablo
(Foto: Otmaro Rodríguez / OnCuba)

La noche estaba cerrada y las heridas abiertas. De pronto, al mirar el mar de gente en la ciudad deportiva, vimos que brillaba con un centellear de noctilucas. En un punto, la luz comenzaba a acurrucarse para luego explotar en el escenario. Hasta Drexler en Uruguay lo sabía, que de pronto todo podía  cambiar y ser una mañana verde, con ese público que simplemente «se pasó», quizá porque es cubano.

Hace tres meses, la compañía El Portazo, de Matanzas, se presentó en el teatro de Miramar con su última puesta en escena. De los pasillos, junto a las butacas, salían los actores corriendo a pasarse justo al frente del escenario, vestidos como Súper Mario, Blancanieves, Luigi; con unos calzoncillos y capas, como Jazmín. Hombres, mujeres y trans se juntaban en un coro pintoresco dirigido por una profesora de música. Ahí, de forma dispareja (qué diablos importa), empezaba su diálogo con el público: «Usted, preguntará por qué cantamos…».

Si el concierto para el público había comenzado desde el martes en la noche, para Pablo Milanés lo hizo desde el miércoles de la semana pasada en la tarde. Era el director de quienes nos quedamos en la cola, era el director de quienes colmarían de miles las estadísticas de la Ciudad Deportiva. ¿Y por qué cantamos desde entonces?:

Si nuestros bravos quedan sin abrazo

La patria se nos muere de tristeza

Y el corazón del hombre se hace añicos

Antes aún que explote la vergüenza

Usted preguntará por qué cantamos

 

Si estamos lejos como un horizonte

Si allá quedaron árboles y cielo

Si cada noche es siempre alguna ausencia

Y cada despertar un desencuentro.

Y Pablo, que guiaba nuestro coro de voces desafinadas y dispares, respondió rotundo desde a las 9 de la noche:

Cantamos porque el grito no es bastante

Y no es bastante el llanto ni la bronca

Cantamos porque creemos en la gente

Y porque venceremos la derrota

Cantamos porque llueve sobre el surco

Y somos militantes de la vida

Y porque no podemos ni queremos

Dejar que la canción se haga ceniza.

La voz la tiene perfecta y solo hace pocos movimientos con el brazo: saluda al público y agarra el pie de micrófono. Marca a su ritmo tocándose el muslo derecho. Tira besos y besos. Dice gracias y gracias. Habla como un señor viejísimo, casi chocho, y canta como un Dios sentado en un trono que en cualquier momento puede flotar a un golpe de voz. A su espalda a veces tiene conchas marinas, o sale un fuego remanso, o hay una lluvia de astros contenidos, o está todo violeta.

Se coloca por encima de las bombas que le lanzan, porque con sus años, de un pestañeo en su ojo izquierdo, las desactiva. Le canta a su generación hija del sudor, pero le canta a los nietos y los bisnietos del sudor; y los hijos de esos bisnietos le podrán a sus hijos, en una caja de música o en un lente de contacto inteligente (sabrá Pablo), sus interpretaciones.

La bandera del 26 de julio es parte también de lo que fue, por eso, si se ondea de pronto en el escenario no le molesta, porque luego se pierde cuando entona Éxodos, Los males del silencio (donde el público, casi en pleno, quiso hacerle saber al trovador que se tienen que acabar), Pecado original, Nostalgias, Los días de gloria

Pablo canta de todo mientras hay gente en la parte izquierda del primer piso que llora, en el centro del primer piso que llora, en la derecha del primer piso que llora; hay invitados especiales que lloran; hay gente en la derecha del segundo piso que llora, debajo del retrato del Che, en el segundo piso que llora, en la derecha del segundo piso que llora; hay gente que verá los videos el día después y llorará y se erizarán completos. Juan, Hildita, Vladimir y Tomas llorarán donde quieran que estén, porque no hay otra manera de responder cuando Pablo canta El breve espacio, Ámame como soy, Ya se va aquella edad. Cuando la gente siente eso sabe que está en un parto doloroso. Y lo bello nace, es hermoso y lindo y bonito. Es así.

La noche ahora está abierta y las heridas se cierran. Luego de una hora y treinta minutos, Pablo hace un esfuerzo enorme para que no se acabe el día de luz que entre aplausos se apaga de a poco. Toma un trago dos veces. Entre él y nosotros le hemos inventado unas alas a ese pájaro grande multicolor, y ha levantado un poquito el vuelo hasta que el extremo dolor no le permite más. Hasta que de pronto todo es oscuro de nuevo y vuelva La soledad.

Pablo, todavía no pregunté ¿regresarás?, pero no temo, no temo ninguna respuesta. Porque coño, Pablo, tú siempre regresas.

Colombia ante una nueva era política

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Colombia
Francia Márquez y Gustavo Petro. (Foto: Luis González / Reuters)

Por primera vez en su historia, el pasado 19 de junio Colombia eligió, en la persona de Gustavo Petro, a un presidente ubicado en la izquierda del espectro político. Con ello se abre, sin dudas, una nueva era. Petro y su compañera en la fórmula vicepresidencial, Francia Márquez, activista y lideresa social, obtuvieron 11.281.013 votos (50,44%) frente a los 10.580.412 (47,31%) conseguidos por la fórmula integrada por Rodolfo Hernández y Marelen Castillo.

El Pacto Histórico, coalición ganadora en estas elecciones, incorporó 2.753.245 votos más a los obtenidos en la primera vuelta, mientras que el caudal electoral de Rodolfo Hernández se incrementó en 4.615.077 votos respecto a la ronda anterior. La segunda vuelta convocó a 22.363.412 votantes (58,09% del padrón electoral), 1.217.089 más de los que sufragaron en la primera, que logró un 54.98% de participación.

La mayor particularidad de esta segunda vuelta fue que ambos contendientes decían representar un cambio y mantuvieron un discurso crítico contra el establecimiento político tradicional colombiano que, de manera general, se había alineado detrás de la candidatura de Federico Gutiérrez. Sin embargo, es de suponer que gran parte de los votos de Gutiérrez, así como los de John Milton Rodríguez, Enrique Gómez, Ingrid Betancourt y Luis Pérez fueron a parar a las toldas de Hernández.

A pesar de ello no fueron suficientes, entre otras cosas, porque lo único que les reunía era el «anti-petrismo». Hernández, más allá de mensajes breves y efectivos sobre cierta parte de la población, carecía de un discurso coherente y demostró su escaso conocimiento de las instituciones del país, que para él podía gobernarse como una empresa.

De igual forma, Petro logró reunir los votos del «anti-uribismo», aunque no necesariamente compartan su proyecto político. El Pacto Histórico no solo ha reunido a la mayor parte de las fuerzas de izquierda y algunas del centro en Colombia, sino que cobijó también a varios políticos tradicionales —como Roy Barreras y Armando Benedetti—, que han migrado desde el «uribismo» al «santismo» y ahora al «petrismo», y cuyo compromiso con el cambio es claramente cuestionable.

A ellos se une la senadora Piedad Córdoba, quien además de una trayectoria cuestionada, ha añadido actualmente el nefasto incidente de los 68.000 dólares en efectivo que pretendió sacar de Honduras sin declarar y que le fueron confiscados. El reciente episodio de los videos en que varios estrategas de la campaña del presidente electo debatían cómo destruir a los contrincantes de la primera vuelta, demostró hasta qué punto la estrategia electoral del Pacto Histórico estuvo permeada por los sucios métodos de la politiquería tradicional.

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La senadora Piedad Córdova fue detenida el pasado mes de mayo, en Palmerola. (Foto: La Prensa)

¿Hacia dónde se orienta el cambio?

Más allá del eslogan de campaña presentado por Petro, de convertir a Colombia en «Potencia mundial de la vida», y la invitación a «Vivir sabroso» de la vicepresidenta electa, el programa político del Pacto Histórico presenta una serie de medidas que conducirían a un profundo cambio en la sociedad colombiana, afectada por una inmensa deuda social con parte considerable de la población.

Entre los elementos conductores del programa de gobierno están:

  • Trasformación de la economía altamente dependiente de la actividad extractiva hacia una basada en la industria y la agricultura.
  • Fomento del turismo en una concepción amplia, que incluye: naturaleza, cultura, salud, ciencia y las comunidades, y su conversión en importante fuente de divisas para el país.
  • Desarrollo de la infraestructura y la conexión de diversos territorios, especialmente a través de una red ferroviaria nacional eléctrica y de la recuperación de la navegabilidad de los ríos.
  • Creación de las bases para transitar de una matriz energética basada en combustibles fósiles, como el carbón y el petróleo, a una asentada en energías limpias y renovables.
  • Reforma agraria y acuaria en sintonía con el medio ambiente, que elimine latifundios improductivos y garantice el derecho a la tierra para las familias rurales, así como la formalización de propiedades pero sin aclarar si esto favorecerá invasiones que han afectado a pequeñas propiedades privadas.
  • Impulso estatal a la conectividad de todo el territorio nacional a través de Internet, mediante la adquisición de satélite y agencia espacial que la administre, y ampliación de la oferta de acceso gratuito en zonas colectivas y con prioridad en áreas rurales.
  • Desarrollo de un sistema de banca pública que complementaría a la banca privada para fomentar el desarrollo de micros y pequeños emprendimientos.
  • Fomento a la industria y la agricultura nacionales para sustituir importaciones e integrar la producción nacional a las cadenas productivas globales.
  • Reforma de los sistemas de pensiones y salud.
  • Fortalecimiento de la educación pública, incluyendo la gratuidad en la educación superior pública.
  • Reforma del sistema tributario mediante la ampliación de la progresividad de los impuestos para financiar el incremento del gasto que implicarían las medidas anunciadas.

El programa incluye también el compromiso de que al menos el cincuenta por ciento de los cargos públicos sean ocupados por mujeres, así como la prioridad para el acceso a las políticas de empleo, vivienda, tierra, salud y educación y la creación de un Sistema nacional del cuidado que garantice los derechos laborales y de pensión a quienes desarrollan estas actividades. De igual forma, se declara el compromiso del gobierno de respetar y promover los derechos de las comunidades vulnerables, entre las que se mencionan los pueblos indígenas, afrodescendientes, raizales, palenqueros, comunidad LGTBIQ+, entre otros.

Se anuncia la decisión de cumplir con los Acuerdos de Paz con las FARC, así como la finalización del conflicto interno, mediante un proceso de paz con el ELN y la reincorporación de los grupos armados ilegales a la vida civil. En esta línea se produciría una reforma de las instituciones armadas y la eliminación del ESMAD, que ha sido la fuerza de choque contra las protestas sociales.

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Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad). (Foto: AFP)

La lucha contra la corrupción tiene un lugar especial en la reforma institucional, del nuevo gobierno, entre cuyas medidas se conciben: una reforma electoral del Congreso «para permitir a los ciudadanos exigir cuentas a sus representantes y participar activamente en las decisiones que los afectan»; reforma a la Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la República encauzada a evitar duplicidades en sus actividades, reforma de la Registraduría General del Estado Civil y de la Comisión Electoral Nacional, creación de un Tribunal Electoral independiente de los demás poderes del Estado y de dos nuevos ministerios: de Igualdad y de Industrias.

Puntos débiles del programa

La principal dificultad del programa de gobierno de Petro es su inmensidad. Si se cumpliera en un porcentaje significativo, representará una profunda revolución para Colombia, pero es poco probable que la distribución de fuerzas en el Congreso de la República, que desempeña el poder legislativo, favorezca la adopción de las leyes necesarias para producir dichos cambios. Ello, al margen de que el propio Pacto Histórico es una coalición que carece de unidad ideológica.

El ascenso de Petro al poder podría provocar asimismo una estampida de capitales, que busquen salir del país antes de que una posible confrontación enturbie el clima de negocios. Es posible igualmente una actitud expectante del capital extranjero, a partir de una disminución, o incluso de la retirada, de proyectos de inversión extranjera directa. En tal coyuntura se debilitaría la posición exterior de la nación y se depreciarían, tanto el peso colombiano como los activos del país.

En cambio, si Petro asegura el funcionamiento normal de la economía, garantiza la independencia del Banco de la República, sustituye su estilo autoritario por uno que busque un consenso incluyente y, sobre todo, combata la inseguridad y logre finalizar la guerra; se recuperaría la confianza y se superaría el actual escepticismo que ya reflejan los mercados respecto a su presidencia.

Debe reconocerse además que algunas de las medidas resultan poco viables económicamente, o posibles de llevar a cabo solo mediante una expansión exagerada del gasto público, lo que comprometería la sostenibilidad fiscal.

En este sentido creo necesario destacar las dificultades que tendría la política de «empleo garantizado», que ofrecería un salario básico a quienes no puedan encontrar empleo de otra manera, y la conversión del Estado en «empleador de última instancia», así como la creación de un «stock amortiguador de empleos», todo lo cual suena muy bien pero es sumamente difícil de lograr en las condiciones de una economía subdesarrollada como la de Colombia; al margen de los problemas sociales que podría generar en una economía en la que una parte considerable de su fuerza laboral opera en condiciones de informalidad.

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Por otra parte, resulta cuestionable a partir de la experiencia internacional verificable, que el Estado asuma el volumen de actividades concebidas en este programa, sobre todo teniendo en cuenta los altos niveles de corrupción y clientelismo que afectan al país y están enquistados en los distintos estamentos del poder, tanto a nivel nacional como territorial.

Con la creación de nuevos ministerios e institutos y de un sistema bancario y crediticio estatal, crecería el empleo público con el consabido impacto en las finanzas públicas, al tiempo que podría constituir una nueva fuente de corrupción y clientelismo político.

Otra gran debilidad la constituye el factor tiempo. Es prácticamente imposible que todas las transformaciones declaradas puedan desarrollarse en cuatro años. En Colombia se decidió eliminar la reelección inmediata del presidente, por lo que, a menos que se produzca una nueva reforma constitucional como la que en su momento promovió Álvaro Uribe y que restablezca la posibilidad de reelección, no sería posible que Petro pueda ser candidato de nuevo.

Él mismo ha dicho que no buscaría ese cambio —pero ya sabemos que todo puede variar— y ha declarado públicamente que es un programa para doce o quince años, por lo que cabría esperar que el Pacto Histórico sobreviva como fuerza política y sea capaz de mantenerse en tanto opción de poder dentro de una sociedad democrática, y no violentando la democracia para perpetuarse.

En cualquier caso, la realidad es que Colombia se halla ante una nueva era política, en la que coexisten la esperanza y el escepticismo, para no hablar del rechazo que la figura de Petro, por sí sola, genera en casi la mitad del electorado. Amanecerá y veremos, dice un conocido refrán popular colombiano.

¿Todo bajo control?

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Control tigre
Edificio de la Contraloría General de la República.

La Contraloría General de la República de Cuba es un organismo que a los ojos del ciudadano medio resulta poco conocido, sui géneris respecto al diseño del Estado cubano contemporáneo. Sin embargo, no se trata de una figura experimental o única de la Isla; de hecho, el término «Contraloría» es vastamente empleado en América Latina y se refiere al órgano superior que se dedica a revisar las cuentas y gastos del Estado.

Es la máxima entidad fiscal que vigila el buen empleo de los fondos públicos, que su uso esté dentro del marco legal, y que no haya desvíos en su aprovechamiento. De ahí que las Contralorías posean una misión medular en la identificación y combate de la corrupción.

Las Contralorías existen en Latinoamérica desde muy temprano el siglo XX. Colombia, por ejemplo, cuenta con una de las más antiguas del continente, fundada en 1923. Cuba, en cambio, tiene la más joven. Ni siquiera en tiempos de la República pre-revolucionaria el Estado cubano dispuso de una Contraloría (no son de extrañar los famosos casos de corrupción en varios gobiernos durante aquel período). No fue hasta la aprobación de la Constitución del 40 que se instituyó un Tribunal de Cuentas, organismo independiente que se encargaría de fiscalizar las cuentas públicas.

Luego de enero de 1959, el Estado Cubano entró en un período caótico desde el punto de vista contable. Ninguno de los organismos creados a partir de 1960 fueron independientes de la dirección del país, y mucho menos con capacidad vinculante como para proceder contra irregularidades. Las finanzas y la contabilidad eran controladas y ejecutadas de manera vertical, a conveniencia del Partido y la dirigencia. Despilfarro y corrupción eran conceptos que se supusieron totalmente ajenos al nuevo sistema.

En los primeros años del siglo XXI, tras la crisis que hizo desaparecer al campo socialista, la Isla buscó afianzar y compatibilizar sus instituciones con las lógicas regionales, al menos nominalmente. Fue así que, en 2005, Cuba suscribió la Convención contra la corrupción de 2003; la ratificó en 2007 y, en 2009, luego de la transición del poder a Raúl Castro, se aprobó la Ley 107 «De la Contraloría General de la República de Cuba».

Control
Contralora General de la República de Cuba, Gladys María Bejerano Portela.

La Contraloría General y sus funciones

De acuerdo a la referida Ley 107 de 2009, la Contraloría General de la República tiene la función de ejecutar «la más alta fiscalización sobre los órganos del Estado y del Gobierno, proponer, dirigir, ejecutar y comprobar el cumplimiento de la política integral del Estado en materia de preservación de las finanzas públicas y el control económico-administrativo, supervisar el sistema nacional de auditoría, ejecutar las acciones que considere necesarias con el fin de velar por la correcta y transparente administración del patrimonio público, y prevenir y luchar contra la corrupción».

Por su parte, el texto constitucional de 2019 establece, en su artículo 160, que «La Contraloría General de la República es el órgano del Estado que tiene como misión fundamental velar por la correcta y transparente administración  de los fondos públicos y el control superior sobre la gestión administrativa».

Hasta aquí, la función y misión de la Contraloría en Cuba emula con las de sus homónimas del continente latinoamericano. La diferencia radica en que, por concepción, las Contralorías, para hacer efectiva su función superior, no solo deben ser la máxima instancia de fiscalización sino además deben gozar de independencia y autonomía respecto al resto de los poderes y órganos del Estado.

Sin embargo, pese a que tanto la Ley 107 como la Constitución de 2019 en su artículo 161 estipulan que la misma goza en la Isla de «independencia funcional», también señalan que la Contraloría se subordina y rinde cuentas a la Asamblea Nacional del Poder Popular y al Consejo de Estado por igual, quienes tienen el poder de nombrar o remover al Contralor/a General de la República; de hecho, el artículo 4 de la Ley 107 establece textualmente que la Contraloría «recibe instrucciones del Consejo de Estado».

Desde la creación de este órgano, el cargo de Contralora General de la República fue conferido a Gladys María Bejerano Portela, quien hasta octubre de 2019 también se desempeñó como vicepresidenta del Consejo de Estado. Y, por si no bastara, Bejerano es además miembro del Comité Central del Partido Comunista, cuyas facultades omnímodas conferidas por el artículo 5 de la Constitución son notorias.

A los efectos, la Contraloría General adolece del mismo problema que las instituciones que vinieron después de 1960: total ausencia de autonomía e independencia del Estado y el Partido Comunista. Controla desde el Poder pero no al poder mismo, y eso inevitablemente tiene consecuencias.

Se esperaría que tras la promulgación del nuevo texto constitucional, los nuevos proyectos normativos de la Asamblea Nacional del Poder Popular fortalecieran la labor de la Contraloría otorgándole mayor independencia respecto a los órganos ejecutivos y gubernativos.

Por el contrario, cuando tras el V Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea, en octubre de 2020, fue sometido a debate el anteproyecto de la «Ley del Presidente y Vicepresidente de la República de Cuba»; en dicha sesión, la propia Contralora General de la República señaló «que sería viable establecer que el jefe del Estado asuma entre sus funciones evaluar y aprobar las directivas anuales que fijan las prioridades de las acciones de control, tanto en la Contraloría como en el sistema de auditoría nacional».

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En otras palabras, la misma Contralora General pidió más subordinación de la Contraloría a la Presidencia de la República, sugerencias que fueron aceptadas e incorporadas al anteproyecto.

El 24 de diciembre de 2020 se aprobó la Ley 136, que regulaba las funciones del Presidente y Vicepresidente de la República, con varias referencias sobre las relaciones del Presidente y la Contraloría. Dicha Ley establece, en su artículo 23 inciso f): que corresponde a la Presidencia la propuesta a la Asamblea Nacional o al Consejo de Estado para la elección, designación, suspensión, revocación o sustitución del Contralor General de la República.

Por otra parte, en su artículo 24 dispone que el Presidente «conoce y evalúa las propuestas para la elección de los vicecontralores»; conoce y emite consideraciones sobre las propuestas presentadas al Consejo de Estado sobre la suspensión del ejercicio de las responsabilidades del Contralor; conoce previamente los informes de rendición de cuentas o información de gestión que la Contraloría presente a la Asamblea Nacional del Poder Popular pudiendo emitir «consideraciones vinculantes».

En los artículos 25 y 57, se establece además la facultad del Presidente de conocer, evaluar y adoptar decisiones sobre los informes de rendición de cuentas de la Contraloría; en el artículo 48, se declara que el Contralor rinde cuentas ante la Presidencia de la República; y como si las disposiciones anteriores no fueran suficientes, en el artículo 108 y 109 de la mencionada Ley 136/2020 se establece que la Contraloría General se subordina al Presidente quien «aprueba las directivas y objetivos generales de las acciones de control que realiza la Contraloría General y el Sistema Nacional de Auditoría».

En su artículo «El caballo de Troya de la burocracia», Alina López, articulista de La Joven Cuba, argumenta sobre el poder conferido al Presidente a raíz de esta ley:

A tenor con esa modificación, el jefe de Estado adquiere ahora una prerrogativa que debería ser competencia exclusiva de la ANPP como instancia que representa a todo el pueblo, es decir, a la parte que, al menos en teoría, es la propietaria de los medios fundamentales de producción. De manera tal, nuestros administradores deciden, en la figura del presidente, lo que permiten que les sea controlado.

Esta situación puede ser problemática debido a la apertura a la inversión extranjera, declarada en la propia Constitución, pues podrían crearse alianzas de la burocracia con el capital trasnacional que conlleven a mecanismos de corrupción difíciles de detectar.

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(Foto: Raquel Pérez.)

Por tanto, a los efectos, la Contraloría no es un órgano independiente, pues tiene una triple subordinación: a la Asamblea Nacional del Poder Popular, al Consejo de Estado y, en virtud de la Ley 136 de 2020, a la Presidencia de la República. En función de esta última normativa, la escasa autonomía que podía tener la Contraloría fue absolutamente absorbida por el Presidente, quien tiene la capacidad de influir directamente en la nominación del Contralor y los vicecontralores, en la elaboración y presentación de los informes, y por si fuera poco, asume la facultad de determinar el alcance mismo del trabajo de fiscalización y control, definiendo qué se audita y qué no, qué se reporta y qué no.

Las lagunas jurídicas en materia fiscal resultan en extremo preocupantes. Entidades como el Grupo de Administración Empresarial, S.A., (Gaesa), conglomerado controlado directamente por Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, miembro del Buró Político del Partido y Diputado a la ANPP, y que opera con fondos públicos no es, de facto, auditable (salvo por sus propios auditores internos). Se estima que esta sociedad anónima (esquema empresarial capitalista por excelencia) controla alrededor del 60% de la economía del país, sin embargo, no existen mecanismos nítidos para hacer constar su gestión.  

No es posible afirmar que el Estado Cubano ejercite un control efectivo sobre los gastos y fondos públicos que administra a nombre del pueblo. La ausencia de transparencia hace difícil (sino imposible) la identificación de hechos de corrupción a altos niveles. El sistema político cubano, fiel al principio del centralismo, está diseñado para que el foco de poder, que reside en los miembros del Buró Político y el Comité Central del Partido Comunista, esté blindado política, jurídica y económicamente. Ante ello la Contraloría, el órgano que debería controlar y fiscalizar las cuentas del Estado, tiene las manos atadas.

Las transformaciones de la Revolución Cubana: ¿desde abajo o desde arriba?

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Transformaciones
(Foto: Envato)

Si bien la Revolución Cubana de 1959 tuvo enorme apoyo popular, especialmente en sus años iniciales, ese apoyo no se reflejó en iniciativas autónomas de poder desde abajo. Ese no fue el caso durante la frustrada revolución del 1933, cuando la clase obrera desempeñó un papel mucho más importante que en 1959.

Así lo señaló, en 1935, la Foreign Policy Association en su conocido estudio Problems of the New Cuba, donde cita el gran número de huelgas ocurridas en agosto y septiembre de 1933, cuando no menos de treinta y seis centrales fueron ocupados por los trabajadores, quienes además formaron «soviets» en varios de ellos, como los del Mabay, Jaronú, Senado, y Santa Lucia (183). Dichas acciones fueron luchas autónomas desde abajo, similares a las acaecidas en las revoluciones de México y Bolivia, entre otras en la América Latina, así como en la Revolución Rusa de 1917 y la Húngara de 1956.  

Es significativo que a principios de la Revolución de 1959 en Cuba, cuando algunos comunistas procedentes del Partido Socialista Popular (PSP) que todavía se mantenían a cierta distancia del Gobierno Revolucionario fomentaron la ocupación de tierras por campesinos, Fidel Castro condenara pública y enérgicamente esas acciones.

En entrevista televisada el 19 de febrero del referido año, el máximo líder se opuso a la distribución «anárquica» de la tierra e insistió en que las personas involucradas en cualquier reparto previo a la nueva ley, perderían el derecho a obtener los beneficios que la misma otorgara. Asimismo, denunció como criminal cualquier iniciativa independiente para distribuir tierras que pasara por alto al Gobierno Revolucionario y a la futura ley de reforma agraria.

Durante las semanas anteriores a que la ley fuera emitida, se perfilaron otros aspectos que caracterizarían el modus operandi desde arriba del gobierno presidido por Fidel Castro. Por un lado, casi todos los cubanos, sin distinción de clase, se declararon partidarios de la todavía desconocida normativa. Los diversos «apoyos» prometidos al nuevo orden agrario por una extensa gama de grupos sociales incluyeron hasta el de los grandes hacendados y colonos, que donaron tractores y otros implementos con el pretendido propósito de apoyarlo, aunque por supuesto mantuvieron que esta reforma debía preservar sus enormes propiedades agrícolas.

Por otro lado, nadie sabía en realidad qué incluiría la ley y cuán radical sería. Cuando por fin fue decretada, el 17 de mayo de 1959, ni siquiera había sido discutida por el gabinete del Gobierno Revolucionario —mucho menos por ninguno de los grupos u organizaciones revolucionarias. De hecho, fue redactada por un pequeño grupo de líderes del Partido Comunista (PSP) y del ala del Movimiento 26 de Julio cercana al PSP, durante una serie de reuniones en la casa de Ernesto Che Guevara, en la playa de Tarará.

Fue sin duda una ley radical en el sentido de que de un golpe eliminó el latifundio en Cuba. Su radicalidad es particularmente evidente cuando se le compara con la muy modesta Ley #3 de reforma agraria que Fidel Castro dictó el 10 de octubre de 1958 en la Sierra Maestra y que fue una breve declaración de principios que prometía que el futuro gobierno se enfrentaría con el tema agrario y su primer paso consistiría en garantizarle al campesino cubano su permanencia en la tierra.

Más allá de eso, los pronunciamientos respecto al asunto evitaron cualquier tipo de promesa específica y evadieron temas escabrosos, como la compensación a los viejos propietarios por las tierras confiscadas por el estado, cuestión que menos de veinte años antes había dividido a los constituyentes de 1940. Esa falta de especificidad caracterizó la política social moderada adoptada por los líderes revolucionarios aproximadamente desde 1956 hasta 1958, para evitar desacuerdos dentro de la amplia coalición opuesta a la dictadura batistiana.

Transformaciones
Fidel Castro junto al doctor Osvaldo Dorticós, ministro Encargado de la Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias, firma la Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959. (Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas)

Fue durante esa época que Fidel Castro se alejó, por las mismas razones tácticas, de los pronunciamientos sociales y económicos más radicales de La Historia Me Absolverá de 1953, con el fin de acomodar el creciente apoyo de la clase media cubana e inclusive de algunos capitalistas importantes. Al mismo tiempo intensificó su militancia contra Batista, lo que resultó en una política que combinaba la militancia armada con una postura moderada en cuestiones socioeconómicas.

Es significativo que el breve giro moderado de Fidel Castro en materia socioeconómica fuera aceptado incluso por toda la oposición armada. En tal sentido vale notar que cuando el Buró Obrero del supuestamente más izquierdista Segundo Frente, dirigido por Raúl Castro en Oriente, se declaró a favor de una reforma agraria, lo hizo también en términos muy generales.  

La Ley de Reforma Agraria de mayo del 1959 gozó de enorme apoyo por parte de una población cada vez más radicalizada debido a las medidas que el Gobierno Revolucionario había adoptado, como la reforma urbana que redujo substancialmente los alquileres, y por el creciente sentimiento antimperialista que provocara la hostilidad de Washington y la mayoría de los medios de comunicación norteamericanos a la Revolución.

La gran popularidad de la mencionada ley no detrae del hecho de que fue una reforma de arriba hacia abajo, de la misma manera que las otras reformas lo habían sido: anunciadas de repente como un fait acompli, sin ningún proceso previo de discusión sobre su contenido organizado por las organizaciones revolucionarias y por el gobierno.

El gobierno se aseguró también de mantener su control durante la etapa de implementación de la ley, otorgando ese papel al Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) y al Ejército Rebelde. Se aseguraba así de no involucrar la actividad autónoma de los campesinos deseosos de obtener sus propias tierras, aunque hubieran seguido al pie de la letra lo dispuesto en la nueva legislación.

La popularidad de la reforma agraria y otras medidas adoptadas por el Gobierno Revolucionario, se evidenció en las enormes manifestaciones de carácter plebiscitario que también caracterizarían el proceso. Todo lo cual pone de manifiesto que, si bien hubo un amplísimo apoyo y participación popular en la Revolución, esto no se reflejó en un control democrático desde abajo. El gobierno decidió cada paso y se encargó de impedir cualquier acción independiente organizada desde abajo; la población apoyó las decisiones del gobierno pero no participó en la toma de decisiones.

La reforma agraria del 1959 fue un paso muy importante en la consolidación del modus operandi desde arriba del Gobierno Revolucionario. Le confirió a Fidel Castro y a su grupo un enorme poder y la libertad para ejercerlo con un mínimo de obligaciones limitantes.

El formidable capital político acumulado en los primeros meses de la Revolución, no solo les permitió consolidar la política agraria, sino también radicalizarla y reorientarla hacia la propiedad estatal de la agricultura con la Segunda ley reforma agraria, dictada cuatro años más tarde, el 3 de octubre de 1963. La misma limitó la extensión de tierras que podían poseer los campesinos privados de 402 a 67 acres (5 caballerías), al tiempo que extendió considerablemente las Granjas del Pueblo (del estado) hasta convertirlas en la institución principal de la agricultura cubana.

Hay que advertir, sin embargo, que mientras la reforma agraria de 1959 significó la satisfacción de los grandes anhelos campesinos y populares, no se puede afirmar lo mismo respecto a la reforma agraria de 1963, que significó, más que nada, el anhelo burocrático de un régimen que ya se había declarado «socialista» y estaba abiertamente tratando de implantar una versión caribeña del modelo soviético de colectivización de la agricultura.

Eso no quiere decir que los campesinos, obreros y el pueblo en general se opusieron al monopolio estatal de la agricultura y la industria. Mientras las grandes mayorías sintieron que se habían beneficiado por las acciones del Gobierno Revolucionario —a través por ejemplo de la reforma urbana y la movilidad social—, continuaron su identificación con la política antiimperialista del gobierno y siguieron apoyándolo. Los que se opusieron al régimen tuvieron que pagar un alto precio, como su exclusión de la educación superior y discriminación en el empleo. Y si estas medidas no eran suficientes para doblegar a los descontentos, siempre quedaban la represión sistemática de la Seguridad del Estado, la cárcel y el paredón.

Transición del sistema político hacia el control desde arriba

Es cierto que en 1959 Fidel Castro y su grupo de allegados tuvieron que lidiar con otra serie de individuos y grupos relativamente independientes que no se ajustaban fácilmente a sus orientaciones políticas. Aprovechando hábilmente las oportunidades que iban surgiendo, las fue eliminando una a una. Así ocurrió en los casos del presidente Manuel Urrutia, forzado a dimitir en julio del 1959 y del Comandante Huber Matos, acusado de traicionar a la Revolución por haberse atrevido a renunciar a su cargo y condenado, en octubre de 1959, a veinte años de prisión; o como en el caso de la prensa y medios de comunicación independientes, que desaparecen a mediados de 1960 con el control por el gobierno de casi todos los periódicos y estaciones de radio y televisión en la Isla.  

Más importante aún fue el control del movimiento sindical por el nuevo régimen revolucionario. Fidel Castro intervino personalmente en las elecciones del liderazgo obrero nacional en el X Congreso de la CTC, llevado a cabo en noviembre de 1959, para asegurar la victoria de los elementos procomunistas en el movimiento sindical.

El proceso de elecciones a la convención del Congreso había iniciado en la primavera del 59 con elecciones libres a nivel local, seguidas por elecciones a nivel provincial. Desde un principio fue claro que los candidatos asociados con el Movimiento 26 de julio eran los grandes ganadores; en tanto, los comunistas obtuvieron solamente alrededor del diez por ciento de los puestos sindicales (aunque es necesario reconocer que algunos candidatos electos que pertenecían al 26 de julio simpatizaban con el PSP).  

Los resultados de las elecciones a nivel nacional para escoger delegados al Congreso fueron muy similares. Era claro que los comunistas serían derrotados y excluidos del liderazgo obrero. Fue entonces que Fidel Castro intervino para impedirlo, imponiendo su propia lista que, si bien no incluyó a los comunistas sindicales más conocidos, puso el control de la CTC en manos de los llamados elementos unitarios del Movimiento 26 de julio, favorables a los comunistas y encabezados por el líder sindical Jesús Soto.

Después de la conclusión del congreso, el Ministerio del Trabajo, en colaboración con los sindicalistas comunistas y unitarios a la cabeza del sindicalismo nacional, purgaron como al cincuenta por ciento de los líderes sindicales que se habían opuesto a los comunistas. No lo hicieron a través de nuevas elecciones, sino de comisiones de purga y asambleas sindicales cuidadosamente preparadas y manipuladas. Este sería el primer gran paso para establecer un sindicalismo totalmente controlado por el estado.

El XI Congreso de la CTC, en noviembre de 1961, no pudo haber sido más diferente del celebrado dos años antes. En ausencia de una real competencia entre candidatos que representaran diferentes corrientes autónomas del movimiento obrero, los nuevos líderes, previamente aprobados por los personeros del régimen, fueron electos por aclamación. A la cabeza de ellos estaba Lázaro Peña, antiguo líder sindical estalinista, que asumió el cargo de secretario general.

El origen ideológico del poder ejercido desde arriba

La política que Fidel Castro estaba implementando era coherente con las ideas sobre el poder y la revolución que había articulado cuando estuvo preso en Isla de Pinos (1953-1955) por motivo del fallido ataque al Cuartel Moncada. Probablemente impresionado por lo que describiera como caos, desorden y falta de disciplina que presenció como activista, tanto en la fracasada expedición de cayo Confites organizada con el propósito de derrocar al dictador Trujillo en República Dominicana en 1947, como en la gran explosión social y política (llamada Bogotazo) en Colombia en 1948; reaccionó situándose al otro extremo. Desarrollaría, en consecuencia, una visión monolítica de lo que debía ser una organización revolucionaria.

Así escribe, por ejemplo, el 14 de agosto de 1954 en el diario que mantenía en el mal llamado Presidio Modelo de Isla de Pinos:

No puede organizarse un movimiento donde todo el mundo se crea con derecho a emitir declaraciones públicas sin consultar con nadie; ni puede esperarse nada de aquel que se integre por hombres anárquicos que a la primera discrepancia toman el sendero que estiman más conveniente, desgarrando y destruyendo el vehículo. El aparato de propaganda y de organización debe ser tal y tan poderoso que destruya implacablemente al que trate de crear tendencias, camarillas, cismas o alzarse contra el movimiento.  

Años más tarde, el periodista de Radio Rebelde Carlos Franqui escribe sobre el liderazgo poco colectivo y democrático de Fidel Castro cuando colaboró con él en la Sierra Maestra, a finales de 1958:

He observado que muchas de nuestras reuniones son más bien una especie de consulta. O una conversación, casi siempre la prodigiosa conversación de Fidel, en la que se da por sentada una decisión, sin que casi nunca se tome un acuerdo ampliamente discutido por todos. Situación por lo que todos somos responsables por acción y omisión.  

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Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida y Carlos Franqui.

No cabe duda de que las tendencias revolucionarias, pero políticamente autoritarias y desde arriba de Fidel Castro, no eran originales ni se limitaban a su persona. De hecho, esas tendencias facilitaron la creación de un grupo cercano y leal al líder cubano que compartía su visión revolucionaria y políticamente autoritaria, y que habían sido adquiridas, o por lo menos reforzadas, en sus experiencias dentro o cerca del movimiento comunista.

Así, por ejemplo, Raúl Castro había sido miembro de la Juventud Socialista (ala juvenil del PSP) a principios de los cincuenta; y el Che Guevara desarrolló una orientación procomunista muy a favor de Stalin a mediados de la misma década, durante su estancia en Guatemala, aunque nunca se unió al partido comunista de dicho país. Es obvio también que la ideología estalinista del PSP (el viejo partido comunista cercano a Moscú) poseía una «afinidad electiva» con las ideas y prácticas autoritarias de Fidel Castro y sus colaboradores cercanos.

                     El contexto socio-político del poder desde arriba

La gran popularidad de Fidel Castro y su indudable habilidad política no hubieran sido suficientes para lograr imponer con tanto éxito sus perspectivas políticas y controles organizacionales de no haber existido una serie de coyunturas políticas que le fueron sumamente favorables. No olvidemos que llegó al poder contando con una hegemonía revolucionaria indiscutible, ya que ni el Directorio Revolucionario ni el PSP estaban en condiciones de cuestionar, y mucho menos de oponerse, a sus pronunciamientos y decisiones, pues no disponían de su abrumadora popularidad.

Por su parte, los partidos políticos que fueran importantes en vísperas del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, como los ortodoxos y auténticos, habían colapsado años antes de 1959. En contraste, consideremos la revolución política ocurrida en Venezuela exactamente un año antes, en enero de 1958, que derrocara al dictador Pérez Jiménez.  

A diferencia de Cuba, en vísperas de su revolución política Venezuela contaba con partidos políticos significativos y estables, como Acción Democrática y Copei, organizaciones que poco después de la victoria sobre Pérez Jiménez llegaron al Acuerdo de Punto Fijo, en octubre de 1958, precisamente para garantizar el estatus quo político y económico del país y evitar una revolución social. Esos partidos venezolanos no tenían equivalente en la Cuba de 1959, por lo tanto, Fidel Castro no tenía contrincantes políticos con la fuerza necesaria para obligarlo a ceder o negociar acuerdos.

En la Cuba de 1958 tampoco existían formaciones oligárquicas integradas por los estratos superiores de la burguesía, la Iglesia Católica y la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas que hubieran podido funcionar como bastión contra las fuerzas revolucionarias. Como se mencionó anteriormente, en vísperas de la Reforma Agraria de 1959, los hacendados y colonos, conscientes de su falta de poder político para evitar una reforma radical, trataron inútilmente de seducir al Gobierno Revolucionario.

Respecto al ejército de Batista, era dirigido por un cuerpo de oficiales de origen de clase media y baja, que se había convertido en casta privilegiada y generalmente corrupta sin ideología alguna que justificara su poder. Cuando el coronel Ramón Barquín y varios oficiales de carrera denunciaron la corrupción en el ejército durante el Consejo de Guerra a que eran sometidos por conspirar contra Batista en 1956, fueron burlonamente denominados «los puros», lo que ilustra claramente la actitud cínica prevaleciente en las fuerzas armadas en la Cuba de Batista.

Un ejército así es por naturaleza débil, y solamente pelea mientras los beneficios recibidos justifiquen los sacrificios. No por gusto las fuerzas armadas batistianas colapsaron cuando tuvieron que combatir en serio al Ejército Rebelde.

Fidel Castro tuvo además muy buena suerte respecto a situaciones sumamente difíciles y peligrosas, un factor que los estudiosos a veces rehúsan considerar. La «buena suerte» en sobrevivir en este contexto se refiere a una serie de eventos concretos que suceden fuera del control de los actores políticos y que tienen gran impacto en la vida política de ellos y de la sociedad.

En el caso de Fidel, un ejemplo fue la muerte en combate tanto de José Antonio Echevarría, líder del Directorio Revolucionario, como de Frank País, uno de los líderes principales del Movimiento 26 de Julio, en 1957. Ello eliminó del escenario político revolucionario a dos figuras que pudieran haber realmente competido con él por el supremo liderazgo.

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Cadáver de Frank País. (Foto: Archivo Cubadebate)

Aún más impresionante fue el hecho que, de los ochenta y dos combatientes que habían partido del puerto mexicano de Tuxpan en el Granma, a finales de 1956, menos de veinte sobrevivieron al desembarco en el suroeste de Oriente. Esa representa una tasa de sobrevivencia de menos del veinticinco por ciento, si se la compara con la tasa de sobrevivencia de las decenas de miles de tropas que participaron en la invasión de Normandía, la que varió entre el treinta y cuatro y el cincuenta por ciento en dependencia de la naturaleza de las unidades combatientes. 

Los dos períodos del Gobierno Revolucionario y las presiones desde abajo

Es pertinente notar, sin embargo, que en el caso de Cuba se manifiesta una diferencia significativa en la manera en que el gobierno se ha comportado entre el período que va de 1959 hasta el colapso del bloque soviético en el 1990, y desde esa fecha hasta ahora.

Si bien tuvo que admitir ciertas licencias durante la primera etapa, como la apertura de mercados campesinos en los ochenta, en general la ayuda material del bloque soviético compensó en gran parte los serios daños causados por el bloqueo económico norteamericano, y permitió al gobierno mantenerse firmemente en el poder sin dar muchas concesiones, presidiendo sobre una austeridad que generalmente satisfacía las necesidades más básicas de la población, y una significativa movilidad social, en parte generada por la emigración de amplios sectores de las clases medias y altas.

No obstante, desde que comenzaran las crónicas y profundas crisis económicas causadas por la desaparición de la URSS, y el subsiguiente descenso en el apoyo popular y legitimidad política del régimen, este último se ha visto obligado a una serie de concesiones, algunas de ellas importantes, como la significativa relajación de la posibilidad de emigrar para los cubanos (excepto los cientos de «regulados» políticos a los cuales no se les permite).

Por todo esto, no sorprende que mientras por una parte las crisis económicas y políticas han hecho al régimen más vulnerable a cierto tipo de presiones sociales y económicas; su relativa debilidad política lo torna decididamente represivo, como demuestran las largas condenas de prisión a cientos de cubanos acusados de participar en las protestas mayormente pacíficas del 11 de julio del 2021.

Es necesario aclarar que las estructuras políticas y sociales de Cuba distan del grado de pluralismo implícito en muchas de las nociones sobre el supuesto poder de las «presiones desde abajo», tanto en la etapa temprana de la revolución cubana como en la etapa actual. Por supuesto, eso no quiere decir que al gobierno no le importe lo que la gente piensa o quiere, o que no haga todo lo posible por manipular al pueblo para evitar no solamente explosiones populares como las del 11 de julio de 2021, sino cualquier manifestación independiente de descontento por pacífica que sea.

Es por eso, por ejemplo, que antes de que se aprobara la Constitución de 2019 por la Asamblea Nacional del Poder Popular, fueron organizadas discusiones para que la gente expresara opiniones e hiciera sugerencias sobre el texto constitucional.

Pero vale notar dos características claves de estas discusiones: las autoridades decidían sin consulta democrática de ningún tipo cuáles sugerencias serían adoptadas y cuáles rechazadas, característica típica de la cooptación burocrática desde arriba; y más que nada, los cubanos que asistían a esas reuniones no tenían la posibilidad ni el poder de coordinar sus propuestas con las de otros compatriotas que asistían a reuniones en otros lugares, y muchísimo menos podían utilizar los medios de comunicación para hacer propaganda y agitar a favor de sus propuestas u objetar otras.

Basta comparar este tipo de cooptación con el amplio debate público en periódicos, revistas y emisoras de radio, y las elecciones libres de delegados entre los muchos candidatos de todos los partidos políticos, incluyendo notablemente al Partido Comunista, antes de la Convención Constituyente de 1940, para apreciar la enorme diferencia entre los dos procesos constitucionales.  

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Entre los constituyentistas de 1940 había seis comunistas y tres mujeres entre los delegados. En la foto, Salvador García Agüero y Juan Marinello. (Foto: Trabajadores)

La Reforma Agraria: ¿radicalizada por presiones desde abajo?

Quizás porque la ley de Reforma Agraria de 1959 marcó un punto de inflexión en la radicalización de la revolución, algunos estudiosos han argumentado que fue la «presión desde abajo» la que explica el rumbo radical tomado por el gobierno revolucionario. Así lo hace un estudio conducido en 1972 por los científicos sociales Juan y Verena Martínez Alier, en los archivos del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) en el que concluyeron que cuando la clase obrera rural demandó tierra o trabajo, esta demanda creó una gran presión de clase sobre el gobierno cubano que causó su radicalización.

Es importante notar que los investigadores no reportaron nada que demostrara impaciencia, descontento o desconfianza de los campesinos respecto a las acciones y políticas del Gobierno Revolucionario, lo que generalmente sucede cuando un campesinado inquieto y demandante confronta a gobiernos moderados, cautelosos o vacilantes de tipo reformista, liberal o conservador.

En todo caso, los principales líderes cubanos ya hacía mucho que se habían radicalizado, aunque antes de la victoria, como se señaló, se mantuvieron muy discretos. Más que nada, Fidel Castro y sus colaboradores cercanos disfrutaban, sobre todo en aquellos años, de un enorme crédito político con el pueblo, y especialmente con los más desposeídos, así que por lo menos en aquel momento tenían poco de qué preocuparse, en particular cuando no existía ninguna fuerza política significativa que los pudiera rebasar, después de mayo de 1959, al proponer una política más anticapitalista que la de ellos.

Por supuesto, los líderes revolucionarios, así como la gran mayoría de los cubanos, estaban sumamente conscientes de las grandes expectativas populares respecto al logro de una mejora apreciable en su nivel de vida, lo que en realidad ya estaba ocurriendo a un grado importante en 1959 e inicios de 1960, antes que se destaparan las crisis económicas y en especial agrícolas en el país.

A la luz de esa realidad, es posible que las expectativas populares puedan apreciarse como un tipo de presión, excepto que no fue ejercida como una fuerza externa que alterara el rumbo de los líderes revolucionarios, que es el modo en que lo asumen Juan y Verena Martínez Alier en «”Tierra o trabajo”: Notas sobre el campesinado y la Reforma Agraria, 1959-1960”, en Cuba: Economía y Sociedad, París, Ruedo Ibérico, 1972, 109-208).

A la referida obra hay que añadir un trabajo reciente de Sarah Kozameh que propone igualmente que las presiones populares alteraron el rumbo de los líderes revolucionarios. («Agrarian Reform and the Radicalization of Revolutionary Cuba», Cuban Studies, #51, 2022, 28-46.) Kozameh asume que los avances de la Reforma Agraria, después de su aprobación en 1959, se debieron a presiones que los campesinos cubanos ejercieron sobre el gobierno cuando este actuaba de una manera que ella califica como «moderada» (sin que explique cuál hubiera sido entonces una actuación «radical»

Basándose en las cartas enviadas a las oficinas del INRA, Kozameh concluye que los campesinos presionaron al gobierno a conceder los beneficios prometidos cuando se aprobó la ley de reforma agraria, presionó al INRA a actuar contra los intereses de los terratenientes y, de esta manera, propulsó la radicalización de la revolución.

No hay duda de que la autora estudió archivos del INRA, pero dudo que haya leído con cuidado los periódicos y revistas de la época, que la hubieran informado acerca del radicalismo del gobierno antes y después de mayo de 1959, especialmente cuando ignora o le da poca importancia al rol del Ejército Rebelde en el proceso de Reforma Agraria. (Por cierto, fue el Ejército Rebelde el que en la Sierra convocó, en 1958, a los campesinos a organizarse y no al revés, según sostiene Kozameh).

Es claro, como afirma la autora, que los terratenientes y latifundistas trataron por todos los medios de mediatizar, sino eliminar, la reforma agraria. Pero fue el INRA, obviamente apoyado por el gobierno y el Ejército Rebelde, el que, por ejemplo, despidió a Manuel Artime, líder católico que había tratado de «moderar» la reforma agraria desde las mismas filas del INRA. Y, como señalé antes, fueron el Ejército Rebelde, los funcionarios del INRA y no los campesinos mismos, los que en la práctica diaria llevaron a cabo las «intervenciones» de tierras que establecieron los fundamentos de la revolución en el campo.   

Finalmente, la gran mayoría de quejas al INRA no pueden ser  consideradas presiones de índole política. Quejas sobre posible corrupción, decisiones erróneas y mal implementadas, ineficiencia, y lo que seguramente constituyeron numerosos errores administrativos dada la falta de experiencia de los nuevos funcionarios agrícolas; no significan de manera alguna «presiones políticas» en el sentido de lo que Kozameh reclama radicalizó a los líderes revolucionarios.

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En el actual edificio que ocupa el MINFAR, se encontraba el INRA.

De hecho, el primer ejemplo de protesta citado por Kozameh es acerca de un tal Juan Triana Fernández, a quien los funcionarios del INRA en Matanzas le confiscaron los bueyes indispensables para transportar sus cosechas y hasta permitieron que un rebaño de doscientas vacas pisotease sus tierras lo que incidió en que perdiera la cosecha de arroz.

Triana fue claramente víctima de una increíble incompetencia, negligencia y abuso burocrático, que hubiera requerido por lo menos el reemplazo inmediato de los funcionarios responsables. Pero eso no tiene que ver con la supuesta presión desde abajo para radicalizar la legislación agraria. Por supuesto, nada de esto quiere decir que no existieran conflictos reales entre campesinos y terratenientes.  ¿Sin embargo, cómo actuaron en esos casos los funcionarios locales del INRA y los oficiales del Ejército Rebelde? Es poco probable que hayan apoyado a los antiguos propietarios. De haber ocurrido así, cuando los campesinos escribieran al INRA para quejarse y protestar vigorosamente, eso sí sería una verdadera «presión política».  

Los motivos de estas interpretaciones

Varios estudiosos de la Revolución Cubana siguen la pauta de lo que pudiéramos denominar «la Historia desde abajo, pero al revés». Hay dos factores principales involucrados en tales procesos: primero, las usanzas académicas, que frecuentemente tienen una relación complicada y no necesariamente directa con imperativos políticos. La influencia intelectual de los enfoques relativamente nuevos «desde abajo», que en general considero muy positivos, pueden sin embargo crear presiones académicas para que los estudiosos los traten de aplicar de manera acrítica en condiciones poco propicias.

Segundo, hay también motivaciones, sobre todo políticas, cuando los estudiosos, comprensiblemente, tratamos de aplicar raseros y preferencias ideológicas a tareas académicas e intelectuales. Para los que simpatizan con el régimen cubano no es fácil demostrar, por razones obvias, que ahora, o aun en 1959, este haya estado sometido a controles populares de índole democrática desde abajo.

Entonces, como no pueden pretender que ha existido control democrático por parte de la población, tratan de mostrar que existieron presiones populares desde abajo que han tenido impacto significativo en las decisiones políticas del gobierno, tratando de crear de esa manera una visión más positiva y aparentemente más democrática, aunque irreal, del mismo.

Alánimo

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Alánimo
(Imagen: Wimar Verdecia)

—Alánimo, Alánimo, la Felton se rompió. Alánimo, Alánimo, mandarla a componer…

—Te percibo jubilosa.

—¿Cómo no iba a estarlo? «El ánimo, la disposición, el compromiso y la entrega deciden la calidad del trabajo». ¿Lo viste ayer?

—¿A quién?

—Al presidente en comparecencia televisiva, «dilucidando la situación electroenergética nacional», «construyendo la salida».

—A mi barrio le tocó «lo lamentamos profundamente y hacemos un gran esfuerzo para que no se repita».

—Qué pena, porque el hombre lució súper. Se paró delante de un gráfico que al principio mi nieto de tres años no entendió, e hizo una disertación tremenda. Creí, porque habló de picos, que la conferencia iba sobre construcción de viviendas, pero después me asustó oír que lo óptimo es que la línea de demanda sea plana.

—Ya. Y que pasemos los «métodos eléctricos de cocción» para la madrugada.

—Por poquito lo suelta. Tú sabes que en materia de innovación no hay quien le ponga el pie delante. Pero el pie se lo metió Ramiro, que con un gesto lo mandó a callar.

—Quién fuera Ramiro…

—¿Qué?

—…para, como dice el Granma, dejar siempre en cada lugar que transita «el consejo certero, la idea renovadora, la seguridad de que es posible vencer los obstáculos y crecer, aun cuando los tiempos sean adversos». También el primer secretario concibe frases estupendas, lo oí encajándole a los trabajadores de la Renté que «la primera acción comienza con victoria, y las victorias generan victorias».

—Con las derrotas pasa ídem, no salimos de una para entrar en otra. Ramiro dio un consejo certero, una idea renovadora que pone peor las cosas. Después que han vendido consolas, aires acondicionados y ventiladores en moneda libremente convertible a este «pueblo eminentemente revolucionario, con capacidad de sacrificio y voluntad de hacer», ¡mira que bajarse con que «los CDR [“organización paraguas” le llamó] juegan un papel determinante en la demanda», para que «vivamos desde el punto de vista del salario que hay en la vivienda»! «No podemos vivir con la energía eléctrica más allá de esas posibilidades», remató. Va a restablecer, a través de las organizaciones de masas, el «quítate tú pa echarte palante yo».

—Pobre gente de Jaimanitas… El que se queje es porque quiere, pues los periódicos provinciales anuncian a tiempo dónde tumbarán la luz, lo mismo si son cuatro que doce horas.

—Lo cual, según Miguel Mario, «no quiere decir que esa información satisfaga, porque mientras tengamos apagones es muy difícil que cambien los estados de opinión, pero es un campo en el que podemos seguir avanzando».

—Un Estado de derecho a la opinión es lo que hace falta. No hay forma de avanzar en medio de tal oscuridad de luz y de pensamiento.

—El doctor en Ciencias dijo ayer: «La demanda se satisface fundamentalmente por las termoeléctricas, que generan usando crudo nacional, que para nosotros no es problema».

—¿No es problema y las calderas se atoran con toda la porquería que extraemos del sustrato? ¿No sería más racional comprar una planta que refine ese crudo tan crudo y dejar los pocos recursos que no tenemos para comprar un petróleo que tampoco?

—Te percibo filosófica. Yo agregaría tres interpelaciones. Primera: si la planta turca que recibimos en noviembre genera algo más que noticias. Segunda: a qué hendidura del globo se desvió la que el pasado 3 de abril llegaría al país «en las próximas semanas». Tercera: si a las tres que ya flotaban en Mariel les gritaron «que se vayan».

—Los cubanos siempre tan interrogativos.

—Señaló Canel: «También la población se pregunta por qué no hemos hecho en los últimos años nuevas inversiones. Una inversión en termoeléctricas es sumamente costosa para el país, y por otra parte demora años, de inmediato no se logra montar una».

—Pero lo inmediato será más mediato si no comenzamos de inmediato lo que al final habrá que hacer, ¿no? Si afectan la economía para «molestar menos» a la población, a la larga los ciudadanos estarán más hastiados si no hay producción que reinvertir en paneles solares o en… alcohol de bodega.

—Yo tú encargaba un termo eléctrico a tus familiares de Miami. La inversión termoeléctrica demorará, a juzgar por la ambigüedad de nuestro dignatario. Sin más detalles mencionó un «país amigo» con el que se ha suscrito un acuerdo para establecer tres nuevos bloques para el «crecimiento del país en el futuro».

—¿Tienes idea de a qué nación se habrá referido?

—La última vez que oí hablar de un «país amigo» fue de San Vicente y las Granadinas.

El trayecto de Guatemala a México

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Guatemala
Imagen de archivo de migrantes cubanos en Guatemala. (Foto: AFP)

De aquel lodazal logramos salir luego de unas tres horas de marcha incierta, hasta que conseguimos reconectar con los organizadores gracias a las instrucciones que habían dado con anterioridad. Entre arbustos, tanto yo como los más jóvenes tuvimos que cambiarnos la ropa enfangada para poder subir al siguiente transporte.

Afortunadamente llegamos al pueblo donde extendieron nuestros salvoconductos. Comimos algo y montamos una camioneta cerrada que, tras varias horas de marcha, nos dejó en otro pueblito, en el que debíamos sacar pasaje para continuar viaje a la frontera con Guatemala. Ese día no hicimos estancia en ningún sitio y tampoco nos bañamos.  

El bus resultó grande y cómodo, ahí pudimos descansar, nos detuvimos solamente a media noche para ir al baño y comer algo en una cafetería de carretera. Un tiempo después la policía nos paró. Medio dormidos mostramos orgullosos nuestros pasaportes y salvoconductos, sin embargo, aquellos oficiales dieron a escoger entre regresarnos a varias horas de la capital o darles cada uno veinte dólares porque, según ellos, había un dato mal registrado en los documentos.  

Automáticamente, y sin ponernos de acuerdo, todos decidimos entregar el dinero. Esa no sería la única vez que fuimos detenidos. Nos asustábamos cada vez que paraba el bus y se encendían las luces, pero no exigieron más dinero, revisaban los documentos y se bajaban sin molestarnos, no obstante, el sobresalto no cedía.

Al llegar a nuestro destino pasamos a otra camioneta, pequeña y cerrada, en la que fuimos trasladados hasta el punto más cercano a la frontera con Guatemala en que se podía circular legalmente. Allí indicaron que descendiéramos por una pendiente, corta pero bastante inclinada, entre piedras y arbustos alineados a un pequeño arroyo. Tras cruzar el riachuelo, enfrentamos una loma empinada circundada por grandes piedras blancas, por donde nos explicaron que debíamos subir rápidamente.

Guatemala
Primer camión.

Cada cierto tiempo perdíamos el aliento por la falta de costumbre, sin embargo nos pedían mantener el ritmo y aconsejaban respirar por la nariz. Me detuve dos veces por breves segundos; no sé qué tiempo exactamente nos tomó llegar arriba, pudo haber sido unos treinta minutos.

Llamó nuestra atención la cantidad de mascarillas tiradas en el suelo durante todo el camino a la cima y, al llegar arriba, en un arbusto al pie del sendero, colgaban decenas de ellas como señal de que se había llegado a la meta.

Luego de un par de minutos para tomar aire, atravesamos un extenso campo. Caminamos con ritmo acelerado y sin pausas y montamos nuevamente unos carros que nos llevaron a la casa de seguridad de Guatemala. Estábamos en el país de manera ilegal, ahí no entregaban salvoconductos como en Honduras y teníamos que pasar lo más inadvertidos posible. Enseguida nos asignaron un guía que era con el único con quien debíamos comunicarnos. No podíamos siquiera pararnos en las aceras.

Cuatro mujeres fuimos ubicadas en un cuarto con un solo toma para los móviles. Inmediatamente hicimos cola para la ducha. En algún momento pedimos nos cambiaran dólares para comprar cosas que se vendían, como manzanas, uvas, chocolates y refrescos. Deseábamos igualmente lavar el cúmulo de fango en que se habían convertido nuestras prendas de vestir. Nos ofrecieron llevar a lavar la ropa en una casa cercana por una pequeña suma de dinero, aceptamos y en un par de horas ya teníamos vestuario seco y caliente.

Yo necesitaba comprar con urgencia una venda elástica, pero solo conseguí que me llevaran a la farmacia muy tarde, poco antes de reanudar viaje, y pude adquirir anti inflamatorios y analgésicos.

Guatemala
«Bodega» en Guatemala.

En esa casa fuimos bien tratados. Trajeron almuerzo y nos condujeron, con la premura de otras veces, a abordar una camioneta que nos llevó a un sitio lejano, donde montamos en transportes grandes con los que atravesaríamos Guatemala hasta llegar a la terminal de un poblado fronterizo que me recordó a los pueblos del Oeste en las películas norteamericanas.  

Allí encontramos representantes de una organización de voluntarios de ayuda al inmigrante que nos entregaron pomos con agua. Entonces los próximos guías nos montaron, de dos en dos, en bicitaxis idénticos a los de La Habana. El mío lo conducía un señor muy mayor. Si mi pierna lo hubiese permitido, Sheyla y yo nos habríamos turnado para pedalear.

El hombre nos dejó en una construcción a la que le dicen bodegas. Son en realidad casas a medio hacer, con habitaciones sin ventanas ni puertas y los suelos llenos de colchonetas de tela bastante sucias por las que han pasado miles de cubanos.

El baño quedaba afuera y no tenía  puerta. La única privacidad la proveía una cortina de saco y debíamos ir con un cubo plástico hasta una cisterna y cargar el agua para el aseo. Era un líquido de aspecto turbio, pero el calor obligaba a bañarnos incluso en esas condiciones. Allí vimos aumentar nuestro grupo. Por los alrededores no existía nada que comprar y nos aclararon que no podíamos salir. En la tarde dieron de comer y dijeron que en la noche nos sacarían.  

Al llegar el momento preciso, en total oscuridad, fuimos organizados en grupos de diez y salimos caminando por un sendero hasta el borde de un río. No permitieron encender el teléfono. Montamos en unas balsas rústicas, hechas de tablones muy gruesos amarrados sobre cámaras de camión. Eran manejadas por muchachos jóvenes que, a base de fuerza, conducían las embarcaciones hasta un sitio navegable dentro del río, para más tarde remar hasta la otra ribera. Por suerte el tramo era corto, mi rodilla estaba hinchada y necesité ayuda para subir y bajar.

Guatemala
Balsa en la que se cruza de Guatemala a México

Del otro lado nos esperaba una playa con mucha arena. Detrás de unas dunas altas aguardamos hasta que trajeron al resto de los grupos. Luego, solo con la protección de la claridad lunar, caminamos de prisa por arena, tierra y grandes peñascos. Los más lentos íbamos delante. Yo solo pensaba en cómo mi hija podría correr por ese desnivelado terreno con tan poca visibilidad.

Así llegamos a las camionetas, en total sincronización con el grupo de los que debían ir corriendo. Vi acercarse a Sheyla, me aferré a su brazo y subimos en los camiones que esperaban. Ya estábamos en México.

A ella la sentaron delante, junto a otra mujer. A mí detrás, y me correspondió cargar a una muchacha cubana que jamás había visto, por suerte era alta y muy delgada. A mi lado estaba un hombre que supuse cubano y resultó ecuatoriano. También tuvo que cargar a otro hombre, no sé de qué país. Y así íbamos, unos encima de otros, formando una masa compacta. Sudábamos y respirábamos nuestros propios olores internacionales.  

Minutos después de comenzado el trayecto, nos desviamos hacia una especie de maizal, a una buena distancia, con el objetivo de evadir alguna patrulla policial. No debíamos hablar ni salir de los carros, pero pedimos bajar las ventanillas al menos. La flaca sacó medio cuerpo y se sentó en el borde de la ventanilla, respiramos mejor todos, aunque aún estábamos muy incómodos.

Los otros hombres corrieron peor suerte: los colocaron en la parte de atrás, agachados y con las mochilas entre las piernas, muy juntos unos a otros y con una lona gruesa de nylon sobre las cabezas que le impedía respirar bien. Fueron minutos muy angustiosos. Observé a los choferes de las camionetas  reunirse a lo lejos y hablar. Supuse que si llegaba la policía nos abandonarían en medio del campo.

El tiempo se hacía infinito, no puedo precisar si pasaron treinta minutos, una hora o dos. En algún momento regresaron corriendo con la orden de continuar la marcha. De nuevo a cerrar las ventanillas y a rogar para que llegáramos rápido a donde fuese.

Luego de un recorrido bastante tranquilo pararon de pronto y dijeron que corriéramos hacia adentro de lo que parecía un campo de fútbol rodeado de matas de plátano. Enfrente teníamos una calle muy transitada. Debíamos agacharnos a cada rato cuando se veían las luces de los vehículos que circulaban por  la carretera frente al terreno.

Lo primero que hicieron en aquel sitio fue separarnos en distintos grupos, según el coyote con el que habías acordado el viaje. El grupo mío era el mayor. A la flaca la apartaron con otro grupito de menos personas. No la volví a ver nunca más, solo supe que era de Centro Habana. Tampoco encontré de nuevo al ecuatoriano.

Nos pidieron que encendiéramos los teléfonos, que habíamos apagado desde que cruzamos en la barcaza. Indicaron que formáramos una fila larga, de un ancho de dos personas, y nos dividieron en grupos de cuatro para subir a unos taxis. En ellos nos llevarían a la primera casa de seguridad de México. Para cerciorarse, nos dieron la dirección y la foto de la fachada de la casa que nos acogería.

Guatemala
Casa repleta en México.

Circulamos por una ciudad desierta pero muy iluminada. Llegamos al lugar pactado cerca de la una de la madrugada y la mujer que tenía que recibirnos se negó a hacerlo. Desde la ventana pidió que nos marcháramos, que había un operativo policial en la zona. El taxista comenzó a dar vueltas por una urbe dormida y se iba comunicando con los otros conductores sin que llegásemos a una dirección definida.

Vimos cómo dos de los taxis del grupo fueron detenidos por la policía, pero el nuestro corrió con más suerte. El chófer quiso deshacerse de nosotras en algún momento, pero le exigimos llamar a la persona que lo había contratado porque no estábamos dispuestas a quedarnos en la calle, en medio de la nada, y con patrullas dando vueltas por la zona.

Alguien se atrevió a decir el nombre mágico del coyote y el chófer recordó al instante una de sus casas y hacia allí nos condujo. Al llegar al sitio, una de nosotras se bajó y fue a averiguar, el resto permaneció en el taxi por temor a que se marchara. Penetró por un portón medio abierto y al momento salió diciendo que allí no había nadie al frente y que el lugar estaba repleto. De solo mirarnos tomamos la decisión de pernoctar en esa vivienda aunque no fuera parte de nuestra planificación.   

Las Mpymes se aprobaron ¿y ahora cuál es su desempeño?

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Mpymes
(Foto: Envato)

Después de un largo bregar en el contexto de la crisis económica cubana, al fin apareció la Gaceta Oficial No. 94 Ordinaria de 19 de agosto de 2021 del Ministerio de Justicia, donde se define el establecimiento de las Mpymes en la economía insular.

¿Porque ahora y no antes su puesta en marcha? ¿Quiénes la frenaron durante tan largo tiempo si el aval político lo tenían ya? Son de las cosas que nunca nos dirán, o no sabremos, solo queda la imaginación, como tantos otros temas de la realidad nacional.

En abril de 2016, durante el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, se había presentado la Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista. Dos párrafos mencionaban el tipo de empresas que deberían existir. El 181 se refería a: «Pequeños negocios realizados en lo fundamental por el trabajador y su familia». Y el 182 detallaba: «empresas privadas de mediana, pequeña y micro escalas, según el volumen de la actividad y cantidad de trabajadores, reconocidas como personas jurídicas».

El 8 de abril de 2021, el VIII Congreso del Partido aprobaba la Actualización de la conceptualización del modelo económico y social de desarrollo socialista. Ahí se vuelve a reconocer la propiedad privada sobre los medios de producción y se da luz verde a las personas naturales cubanas para crear micros, pequeñas y medianas empresas privadas, que fueron reconocidas como personas jurídicas.

Pero no fue hasta el 6 de agosto del 2021 que el Consejo de Estado aprobó los decretos-leyes que dieron luz verde a la creación de las Mpymes y a la ampliación de las cooperativas y del trabajo autónomo, para su posterior publicación en la Gaceta Oficial.

Una sucinta historia de la necesidad de ese tipo de empresa, especialmente la privada, fue publicada por algunos académicos desde el Centro de Estudios de la Economía Cubana, sobre todo desde los 90’s, en pleno Período Especial.

Mpymes

Sobresalen entre ellos los siguientes textos:

  1. (1998) «La pequeña y mediana empresa cooperativa o privada en Cuba: viabilidad o utopía». Donde se planteaba la necesidad de las pymes (pequeñas y medianas empresas) en la economía desde una perspectiva histórica y, en segundo lugar, exploraba las potencialidades y las alternativas institucionales (forma cooperativa, capitalista, semi pública, otras formas mixtas) de este tipo de empresas en aquel contexto de reestructuración de la economía en el Período Especial.
  2. (2012) «El desarrollo de las pequeñas y medianas empresas en Cuba: Una necesidad impostergable», donde se explicaba que, además, no era algo novedoso en la realidad nacional, si se tenía en cuenta que antes de 1959 lo que prevaleció en Cuba fueron las microempresas, las pequeñas y las medianas empresas.
  3. (2012) «Apertura al cuentapropismo y la microempresa, una pieza clave del ajuste estructural». Se exponía ahí que la categoría «trabajador por cuenta propia» era muy específica y ello frenaba la iniciativa individual. Que sería preferible una lista de categorías generales que dieran espacio a otros cuentapropistas y microempresarios. Se afirmaba que las actividades permitidas eran poco intensivas en conocimiento y no permitían aprovechar la inversión en educación que había hecho el país por décadas.
  4. (2016) «Cuba en 2030: el papel de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas en la aspiración al desarrollo». Las principales reflexiones del trabajo eran que las actividades aprobadas por el Gobierno para ejercer las actividades por cuenta propia hasta la fecha, eran insuficientes y no habían tenido en cuenta el potencial profesional con que cuenta Cuba; que sería provechoso el crear un Banco de Desarrollo u otras instituciones financieras de microcrédito, especializadas en atender el segmento de mercado de las mpymes, y que en la nueva ley de empresas a  promulgarse en el 2022, apareciera un acápite que fomentara el establecimiento de conexiones entre la empresa estatal y las mpymes.
  5. (2017)  «Small and Medium Sized Enterprises in Cuba: A Necessary Step», en el cual se insistía en la aprobación de una vez de las necesarias pymes para el incremento de ciertas producciones.
  6. (2020) «Las micro, pequeñas y medianas empresas en el desarrollo: ¿Cuba y su espera?». Se lamentaba de que en el país no se hubieran desarrollado las pequeñas y medianas empresas, a pesar del aval político que poseían y del hecho de que, aun al estar incluidas en la conceptualización del modelo económico aprobado por el Partido Comunista de Cuba (PCC) en 2016, no se les había dado prioridad en la política industrial en curso.

Una parte de la opinión pública y académica tenía el convencimiento de que en todos esos años la aprobación de las mpymes no avanzó por conflictos ideológicos en el seno del PCC y del Estado acerca del papel del sector privado en su modelo de sociedad.

El desacuerdo condujo a la inconsistencia y discontinuidad de las políticas económicas y a la obtención de magros resultados económicos. Si ese tipo de empresas hubiera logrado muy rápidos efectos en las comunidades donde están enclavadas, habrían permitido mejorar el empleo a nivel local por vía extensiva, o sea, generar nuevos empleos especialmente para los jóvenes con el consiguiente aumento de ingresos a esa población, y tal vez los jóvenes emprendedores no valorarían la opción migratoria.

Como dijera más de una vez el colega Pedro Monreal, la legalización de las pymes privadas fue, por amplio margen, el «eslabón perdido» del programa oficial de cambios económicos en Cuba.

La realidad es que al fin se aprobó la Gaceta Oficial No. 94 Ordinaria de 19 de agosto de 2021, que contiene seis Decretos Leyes del Consejo de Estado y un decreto del Consejo de Ministros, más diecisiete resoluciones de diferentes ministerios, en calidad de documentos rectores que permitirán obtener los resultados que la economía cubana espera de ellos. Valga decir que su contribución para incrementar producciones de bienes y servicios será posible si no se entorpece su funcionamiento.

Por fin las personas naturales cubanas pueden constituir una empresa del tamaño que expresa el Decreto ley, bajo la forma jurídica de sociedad de responsabilidad limitada (SRL)

En la legislación aprobada aparece el artículo 5.4, que expresa: «Las mipymes como sujeto de derecho contratan bienes y servicios como los demás sujetos reconocidos en la legislación vigente, en igualdad de condiciones y les son aplicables las disposiciones vigentes en la materia». Esto es muy positivo pues las colocaría en igualdad de condiciones con el resto del tejido empresarial.

El artículo 6  define que las mipymes tienen, como parte de su autonomía, las facultades siguientes:

  • Exportar e importar de acuerdo con lo establecido en la legislación vigente.
  • Gestionar y administrar sus bienes.
  • Definir los productos y servicios a comercializar, así como sus proveedores, clientes, destinos e inserción en mercados.
  • Operar cuentas bancarias y acceder a cualquier fuente lícita de financiamiento.
  • Definir su estructura, plantilla y cantidad de trabajadores.
  • Determinar los ingresos de sus trabajadores respetando los mínimos salariales establecidos en la legislación laboral vigente; entre otros.

El artículo 48 aclara que pueden ser socios de las mipymes de propiedad privada las personas naturales residentes permanentes en Cuba, mayores de dieciocho años, lo cual en sí ya anulaba a las personas físicas cubanas no residentes en la Isla; es decir, a los cubanos que viven fuera; en concreto, a la emigración. Niega entonces la posibilidad a las mpymes privadas de establecerse directamente como empresas mixtas o cualquier modalidad similar.

Las actividades que podían realizar las micro, pequeñas y medianas empresas privadas, las cooperativas no agropecuarias y los trabajadores por cuenta propia, son aquellas consideradas lícitas, con excepción de las incluidas en el listado de actividades no autorizadas que están dentro del Clasificador Nacional de Actividades Económicas. Es decir, hay diecinueve secciones de ese clasificador que tipifican las prohibiciones.

Es ahí donde creo que se dejaron de aprovechar reservas importantes de la sociedad. Existen actividades que por razones evidentes deben ser reguladas en esta etapa inicial; pero hay otras que se encuentran limitadas en exceso, con la agravante de que se descartan las mayores potencialidades intelectuales del país; es decir, los profesionales (sobre todo los jóvenes), que tendrán que seguir buscando en la emigración una forma de reconocimiento a su capacidad de trabajo.

Mpymes
Hay actividades, como la arquitectura, que se encuentran limitadas en exceso, con la agravante de que se descartan las mayores potencialidades intelectuales del país.

¿Cuál es la realidad actual de los negocios ya aprobados para ser Mpymes?

En unos ocho meses —después de la aprobación del primer grupo el 29 de septiembre del 2021— Cuba transitó, de no tener empresas privadas a tener más de 3.375 para finales de mayo del 2022. Puede decirse que fue la luz verde a su creación, pero aún están cargando con muchos tropiezos iniciales. En un contexto con bajo crecimiento económico, un mercado mayorista insuficiente —en moneda local y libremente convertibles—, y compras que deben hacerse en el exterior, en moneda extranjera que el estado no le facilita a los emprendedores y estos deben adquirir en el mercado informal, entre otros factores.

El 29 de septiembre del 2021 se aprobaban las primeras treinta y cinco Mpymes, de ellas treinta y dos privadas en once de las quince provincias. Del total, trece eran de producción de alimentos, seis de manufactura, tres de reciclaje y otras tres incubadas en el Parque Científico y Tecnológico de La Habana. Por su origen, veinte eran una reconversión de trabajadores por cuenta propia y otras quince de nueva creación.

Debería producirse un mayor apoyo a las localidades más vulnerables para la concreción de pequeñas y medianas empresas a lo largo del territorio nacional, porque es lógico  que en el despegue estarían en mejores condiciones las que mejores estaban, especialmente el grupo más grande por territorio a nivel de Mpymes que se encontraba en La Habana y en ciertas capitales provinciales.

Como promedio, en los negocios aprobados el cincuenta y siete por ciento corresponde a la reconversión de emprendimientos de trabajadores por cuenta propia que ya existían, mientras el cuarenta y tres por ciento son de nueva creación. Esto significa que, aunque las reconversiones implicarían un mayor nivel de actividad, se trata de algo que ya funcionaba (Cafeterías o Restaurantes), en tanto lo nuevo deberá ser visible de cara al público, ya que aún no se ven los resultados en términos de mayor volumen de producción y en reducir la inflación existente. El estado está intentando favorecer a los empresarios privados con una tasa de cambio más favorable respecto al cambio informal para las compras de sus insumos en las tiendas en MLC, que podría repercutir en bajar algunos precios de ventas. El tiempo dirá la conveniencia de esa propuesta.

Hasta el 25 de mayo del 2022 se habían aprobado treinta y tres grupos de solicitudes, que abarcan más de 3200 empresas, entre micro, pequeña y mediana, siendo el grupo más numeroso el de las pequeñas empresas de hasta diez trabajadores. N o se incluyen las cooperativas.

Mpymes
Total de MPYMES aprobadas por el Ministerio de Economía y Planificación, por grupos de aprobaciones.

Resalta que una gran parte de esas empresas ya autorizadas a funcionar,  se encuentra en el grupo de las pequeñas, es decir hasta treinta y cinco trabajadores. Aunque se mantiene la aprobación de las medianas empresas que pueden llegar hasta cien trabajadores.

En la información analizada no aparecen desglosados por tipos los grupos 1, 2, 5, 7, 8 y 10. Del resto de los grupos se puede observar que el veinticuatro por ciento corresponde aproximadamente a las microempresas con menos de  diez trabajadores, el cuarenta y nueve por ciento a las pequeñas, y un veinticinco por ciento a las medianas, que pueden llegar hasta cien trabajadores.

MpymesUna parte importante de las nuevas empresas privadas se dedica a los servicios, en primer lugar la gastronomía; le siguen servicios de construcción, reparaciones varias (equipos electrónicos, ordenadores, relojes, equipos de refrigeración, maquinaria, programación informática), y están también la transportación de pasajeros y carga.

En el caso de la producción, se destacan las empresas de materiales de la construcción, y las dedicadas a fabricar artículos de plástico, madera, metales, caucho, jabones y detergentes.

Una de las prioridades del país, la producción de alimentos, está representada en ciertos negocios de elaboración y conservación de carnes, incluido el pescado; conservación de frutas, legumbres y hortalizas; producción de lácteos y miel.

La constitución y desarrollo de nuevos actores-agentes económicos, como parte de un proceso que deberá crecer, necesitaría urgentemente de correcciones y adecuaciones.

¿Lecciones a tener en cuenta?

Las Mpymes deberán actuar bajo nuevas concepciones de dirección y gestión que abarquen el diseño del producto, la adquisición de medios para la producción, la calidad del mismo; de manera que lo haga competitivo con niveles crecientes de personalización del consumidor, entre otros aspectos.

Deben encaminarse los esfuerzos en la utilización del recurso humano altamente escolarizado que tiene Cuba y dársele la atención especializada a las empresas en las que se haga un mayor uso del conocimiento. Ello evitaría la descalificación de un capital humano que está emigrando hacia esferas donde se obtienen mejores ingresos, pero de poca calificación. Incluso, podría frenar la emigración al exterior, tanto para países con mayor nivel de desarrollo que Cuba como de menores niveles de desarrollo en América Latina.

Debería ofrecerse más apoyo para la creación de las Mpymes a los territorios vulnerables del país, especialmente en aquellas medianas empresas que son las que generan empleos, e incluso, proponer políticas de condonación de impuestos en los dos primeros años de creación de las empresas, con el propósito de que se consoliden y generen empleos, que es una de las aristas principales de estas entidades.

Es sumamente provechoso crear un Banco de desarrollo u otras instituciones financieras de microcréditos, especializadas en atender dicho segmento de mercado, y hasta pertenecer, o aceptar que actúen en Cuba, instituciones de microcrédito que operan a nivel internacional.

La legislación en ciernes sobre política industrial o sobre la ley de empresas —a aprobarse en 2022—, debe fomentar el establecimiento de conexiones entre la empresa estatal y las Mpymes, de forma tal que estas pudieran intervenir en alguna fase del proceso de producción con vista a la exportación.

Las autoridades cubanas han emprendido acciones para hacer crecer el segmento de las Mpymes en el mercado insular, pero aún quedan vacíos. Hasta que el país no avance hacia un mayor bienestar de su población, y se sustituyan las palabras «esfuerzo» por «resultados medibles», y que esa concreción se logre con un único tejido empresarial, no podremos valorar la aceptación de las Mpymes en términos de resultados.

Todavía el pasado reciente pesa en las mentes de los agentes privados. Apenas dos años atrás se criminalizaba a los emprendedores privados y se le decomisaban sus negocios, esa realidad deberá ser cosa del pasado, pero debe legislarse para que no vuelvan a ocurrir tales desaciertos.

Sin un mercado real y garantizado de insumos de materias primas (mayoristas), con pocas relaciones con la exportación o importación de materias primas o producto final, sin una tasa de cambio justificada para estos empresarios que acuden al mercado informal y sin una claridad de lo que el gobierno se refiere cuando establece que «no se permitirá la concentración de la riqueza», resulta muy difícil que este tipo de empresas contribuya al desarrollo económico que se desea a futuro.

Cuba-Estados Unidos: Trumpismo después de Trump

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Trumpismo
Donald Trump después de la restauración de las sanciones económicas contra Cuba, en Miami, el 16 de junio de 2017. (Foto: Lynne Sladky/AP)

Al cumplirse este jueves cinco años de que el expresidente estadounidense Donald Trump decidiera revertir el deshielo con Cuba iniciado por su predecesor Barack Obama, la política exterior de ese país hacia la Isla sigue apostando por el cerco económico y el aislamiento a la nación caribeña.

El 16 de junio de 2016, en un discurso en Miami, Trump afirmó que cancelaría «el acuerdo completamente desequilibrado del gobierno anterior con Cuba». Su presentación en esa ciudad de Florida fue la antesala de medidas más férreas, como la suspensión de las remesas en octubre de 2020 y el aumento de las restricciones de viajes para estadounidenses, incluidos los individuales bajo la categoría «persona a persona», permitidos por el gobierno de Obama.

También durante el mandato de Trump, fue retirado gran parte del personal diplomático de la embajada en La Habana bajo la excusa de supuestos ataques sónicos, cuestionados más tarde por estudios científicos. No obstante, ello sirvió como pretexto para congelar los servicios consulares y el programa de reunificación familiar.

De acuerdo con informes del gobierno de Cuba, presentados anualmente ante la Organización de Naciones Unidas y con el respaldo mayoritario de la comunidad internacional, solo entre abril y diciembre de 2020, las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos causaron pérdidas en el orden de los 3 mil 586,9 millones de dólares.

«A este régimen coercitivo se añaden los efectos disuasivos e intimidatorios asociados a la inclusión de Cuba en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo en enero de 2021», señala el documento titulado Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba.

Durante décadas, las sucesivas administraciones estadounidenses han afirmado que su único objetivo es apoyar al pueblo cubano. Sin embargo, el recrudecimiento de las sanciones ha afectado de forma negativa casi todos los rubros de la economía de la Isla, especialmente durante la ola más crítica de la pandemia de Covid-19 que experimentó la Mayor de las Antillas en el verano de 2021.

El retroceso en la normalización de las relaciones entre ambos países durante el trumpismo ha significado un duro golpe para familias que reciben remesas, trabajadores privados del sector del turismo y la gastronomía, además de limitar las posibilidades de desarrollo de los ciudadanos cubanos en escenarios como la salud, la educación, la investigación científica, los intercambios culturales o el acceso a servicios vía Internet.

La Joven Cuba apoya la normalización de las relaciones entre ambos países y condena las sanciones e injerencias de Washington en los problemas internos de la nación. Cuba tiene ante sí retos muy complejos, como construir una economía eficiente que garantice al menos la satisfacción de las necesidades básicas del pueblo; y generar mecanismos democráticos, de participación popular y de respeto a los derechos humanos. Si bien es un camino difícil, transitarlo solo atañe a los cubanos.