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El mito de la transedad y Sound of Freedom

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Imágen: Brady Izquierdo


En una reciente publicación de Facebook se hacía alusión al filme de este año Sound of Freedom (SOF), el cual ha generado polémica en el público y los medios, no solo por el tema abordado, sino por las declaraciones de su actor principal, Jim Caviezel, el productor Eduardo Verastegui y Timothy Ballard, CEO de las organizaciones Operation Underground Railroad y The Nazarene Fund.

Entre los análisis de ese post, y otros que abordan el acontecimiento mediático de Sound of Freedom, se hace alusión al tema de los adultos que manifiestan percibirse como menores de edad para abusar sexualmente de infantes.

La conducta aludida, que se conoce también bajo el término «transedad» (transage), no tiene un basamento científico sólido. Asimismo, contempla tanto comportamientos que están catalogados como patologías, como justificaciones que, deliberadamente, han esgrimido comisores de delitos asociados a la pedofilia para liberarse de su condena.

Síndrome de Peter Pan
Tomada de Neopraxis

El concepto en sí, no referido en los manuales de diagnóstico de enfermedad mental y que no se relaciona con el llamado «Síndrome de Peter Pan» —miedo a hacerse adulto e inmadurez emocional—, pretende catalogar a las personas que, presuntamente, no se sienten identificadas con su edad biológica sino con una mucho menor. Además de no estar sustentado por investigaciones psicológicas o médicas fiables, ha sido homologado por el discurso transfóbico a la identidad que asumen las personas trans, colocando en la misma línea de texto «transedad», «transgénero» y «pedofilia». La falsa analogía comúnmente utilizada es: «si permitimos que una persona que se siente identificada con otro género cambie sus documentos legales, también deberíamos permitir que pedófilo que se siente transedad pueda ser una niña y jugar y tocar a otras niñas».

No ayuda al desmontaje de este bulo que haya casos donde personas que han cometido delitos de pedofilia aleguen ser transedad. Uno de los más sonados en este sentido fue el de Joseph Roman, un estadounidense de 38 años, acusado en 2018 de violar a tres niñas, cuya defensa construyó el caso ante el juzgado bajo la alegación de que Roman era una persona «transedad» y se autopercibía como de 9 años.

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Tomada de Chicago Tribune

A pesar del nulo éxito del alegato, varios medios de derecha aprovecharon el suceso para sembrar pánico en las familias, insinuando que, si las reformas progresistas vinculadas al reconocimiento de las identidades trans continuaban, un argumento similar podría funcionar en el futuro. Sobre esto, la periodista Gwendolyn Ann Smith, afirmó: «Los delincuentes inventan excusas para sus delitos. Hemos escuchado tantas malas excusas para el crimen, que muchas de esas historias se han convertido en leyendas». La también columnista de la revista Pride Source relata otros casos con defensas absurdas a delitos sexuales, que van desde la posesión demoniaca hasta culpabilizar al gato, por lo cual, el intento de Roman de librarse de la cárcel no sería muy diferente a estas.

En adición, un análisis muy elemental de este caso nos lleva a la caracterización psicológica de la edad infantil. según la cual, un menor de 9 años no estaría en condiciones de experimentar deseo sexual hasta el punto de llegar a la violación de otros menores.

Otro acontecimiento llamativo fue el de Stefonknee Wolscht, un hombre de 52 años que a los 46 decidió dejar a su familia para vivir la que consideraba su verdadera vida: la de una niña de seis años. Alrededor de esta persona se difundieron publicaciones donde se afirmaba que asistía a la escuela con menores, y podía tocarles y besarles sin prohibición alguna porque «se percibía como una niña». Sin embargo, la plataforma de factchecking Maldita desmintió estas noticias, y la foto difundida en las redes sociales en un supuesto entorno escolar, se trataba de una conferencia con adultos en la universidad George Brown College.

Transedad
Tomada de Maldita

Se podría afirmar que, dentro del campo de la psicología clínica, existe mucha más apertura y distintas corrientes críticas del racionalismo imperante (sistémicas, posracionalistas, gestalt), pero al no trabajar mayormente desde un enfoque de género y de complejidad, y persistir la desinformación sobre cuestiones relativas a la psicología cínica, se abre la puerta al surgimiento de otras corrientes seudocientíficas. Estas retoman algunos elementos y los reconfiguran para responder a criterios sesgados o teorías de conspiración. De ahí a acuñar términos que no se adscriban a teorías coherentes y fundamentadas va un trecho rápidamente salvable, al ritmo de la desinformación global de mano de influencers y figuras públicas.

En primer lugar, edad e identidad de género no son categorías iguales, aunque modelen las cualidades de la personalidad y la interacción del sujeto con otros y consigo mismo, tienen implicaciones psicológicas y legales totalmente distintas. Establecer un paralelismo entre ellas escapa a toda lógica. Sin embargo, eso justamente se hace en una de las líneas del discurso homo/transfóbico, lo cual contribuye a la exclusión y las posturas de odio hacia la comunidad LGBTIQ, y asocia en el imaginario popular estos movimientos por los derechos de una comunidad marginada a los grupos pedófilos.

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Tomado de Fundación MxM

En segundo lugar, otras tendencias popularizadas y banalizadas por el discurso en redes (transespecie, transnacionalidad, transraza) han contribuido a la confusión y surgimiento de sesgos y criterios sin base que se viralizan entre el público.

Este tipo de discursos basados en errores de concepto o intención explícita de excluir minorías, está encontrando terreno fértil en la sociedad cubana donde, amén de la tendencia machista y la homo/transfobia que arrastramos históricamente, ha decaído la capacidad de análisis y valoración crítica debido, entre otras cosas, a un debilitamiento en la calidad de la educación institucional y social, a las campañas de desinformación emanadas de grupos fundamentalistas religiosos y a una recepción acrítica por parte de la población de los productos y mensajes generados y difundidos por los medios e internet.

La única forma posible de contrarrestar esta tendencia es difundir la información fiable, fundamentada, y promover el análisis crítico y la educación con enfoque científico. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad más libre, igualitaria, informada e inclusiva, en donde nadie quede afuera por expresión, orientación e identidad, siendo la educación integral de la sexualidad un buen camino para vernos y reconocernos en nuestra diversidad desde un enfoque de ciencia, civismo y empatía.

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Tomada de Codicemx

Ahora, concerniente al filme SOF, alabado por Mel Gibson, realizado por una productora cristiana (Angel Studios) y basado en la vida de Timothy Ballard, hay algunas cuestiones que conviene no perder de vista.

Cuando se hace una búsqueda en internet sobre filmes que aborden el tráfico de niños, la pornografía infantil y el abuso a menores, salta una gran variedad de propuestas de calidad en los últimos veinte años. Algunas, incluso, son basadas en investigaciones de hechos reales y conocidos donde se desenmascaran empresas, figuras políticas, artistas e iglesias. También aparecen series, documentales y cortos de campañas que alertan sobre el auge de la pornografía infantil, el tráfico y la violencia sexual contra las infancias y las luchas contra tales fenómenos.

Uno de esos productos, Los demonios del Edén (2005), documental basado en el libro homónimo de la periodista y activista mexicana Lydia Cacho, es una crónica muy valiosa sobre la lucha contra el tráfico de menores en Cancún. En este material, sin sensacionalismo y producto de una investigación seria y valiente, se revelan redes de tráfico, personalidades de la política y empresas involucradas y, con respeto y objetividad, se da voz a las víctimas.

Existen, otras propuestas audiovisuales igual de profundas y exhaustivas, de modo que con SOF no estamos ante un abordaje nuevo, ni siquiera el mejor, sobre el tráfico y la explotación sexual de menores de edad.

La polémica generada en torno a la propuesta fílmica tiene varios ángulos. Uno está en el espaldarazo recibido de parte de Qanon, organizaciones y personalidades que defienden posturas conservadoras allegadas a la extrema derecha y a la religión. Otro, es la supuesta «voluntad de desenmascarar una conspiración pedófila mundial» que queda en el sensacionalismo y la representación estereotipada de las víctimas del tráfico sexual y las redes delictivas que lo coordinan. La narrativa de SOF comparte puntos en común con el modelo americano del white man saviour (hombre blanco salvador) y el final feliz propio de todas las gestas de esta factura. No ahorra al espectador escenas realmente crudas y repulsivas, y muestra ingenuidad, falta de profundidad y poca elaboración en el diseño de algunos diálogos y situaciones. Es un producto olvidable que aborda un tema serio desde una perspectiva banal.

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Sound of Freedom / Tomada de As Colombia

Existe una preocupación real sobre el tema de la explotación sexual a las infancias y el tráfico de menores de edad, pero… no todo el tiempo, ni por todo el mundo, y sobre todo: no con el mismo fin. Y aquí creo pertinente establecer la distinción entre la lucha legítima por los derechos y la protección a la infancia y quienes las instrumentalizan para descalificar a la comunidad LGBTIQ, a los feminismos y a otros movimientos por los derechos humanos. Entiéndase que el tema «proteger a la infancia» mueve —lo merece y exige— muchas sensibilidades, por lo que tiene un excelente reclamo de público, seguidores, personalidades que lo promuevan y hasta patrocinadores. No obstante, puede existir quien desee montarse en esa ola y dirigirla a donde quiera, no con el interés real de promover una transformación social a todos los niveles para combatir el flagelo, sino para sus propios fines, ya sean políticos, religiosos, publicitarios o económicos.

SOF es un ejemplo de esa manipulación de la ola, y como todo producto manipulador, se unirá a los «ejemplos» que utilizarán tanto quienes no posean un conocimiento profundo del tema como aquellos que tengan ideas muy definidas contra los movimientos progresistas bajo el manto de la divisa expresada por Caviezel: «Los niños de Dios no están a la venta».

¿Qué es el pueblo cubano?

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Pueblo
El Pueblo / Ilustración: Brady Izquierdo

«La Guerra del Golfo no ha tenido lugar»: Con esta polémica frase el filósofo Jean Baudrillard se aseguraba, en un ensayo homónimo, su lugar en la historia del pensamiento post-moderno. El pensador en cuestión llegó a asegurar que vivimos en un simulacro permanente de una realidad que ya hace mucho se perdió para nosotros.

Baudrillard sabía perfectamente que los hechos —y la violencia, y las víctimas— de la Guerra del Golfo eran reales. La cuestión estaba en la interpretación de los sucesos. Para él, la llamada guerra no era más que una atrocidad disimulada, que solo existió como tal para el mundo occidental a través de la propaganda, los medios de comunicación, y las sucesivas manipulaciones convenientes que hicieron de lo sucedido la maquinaria mediática y sus intereses ocultos. La sangre se derramó, las masacres ocurrieron, pero lo que el mundo occidental conoció como la «guerra del Golfo» no sucedió jamás, y solo existió como una figura narrativa. He ahí el mensaje tras la frase.

La guerra del golfo no ha tenido lugar
Tomada de Editorial Anagrama

Han pasado ya más de tres décadas desde que Baudrillard publicó su ensayo sobre la guerra del Golfo. Sin embargo, ahora, en la era de las redes sociales y la posverdad, el fenómeno que denunciaba aparece tan o más presente. Los intereses mueven discursos y estos construyen narrativas. En este campo los cubanos tenemos experiencia y estamos de cierta forma acostumbrados a ello, al haber vivido toda la vida entre —o por debajo de— toda clase de discursos antagónicos, aislados en sus respectivas realidades.

  • El pueblo cubano quiere libertad.
  • El pueblo cubano es fidelista.
  • El pueblo cubano es firme en las convicciones revolucionarias.
  • El pueblo cubano salió a las calles para pedir el fin del comunismo.
  • El pueblo cubano condena el bloqueo.

El pueblo cubano quiere esto, lo otro, aquello…

En todas partes «el pueblo cubano» se vuelve un eje en torno al cual giran discursos, se imprimen pancartas y se firman generosos cheques y donativos. Es una combinación de palabras que se dice fácil, cuyo significado parece obvio. Es el conjunto de personas que viven en Cuba. Es evidente, ¿cierto?

No.

Si es así, ¿dónde quedan los cubanos que viven en el exterior, o los que se han visto obligados a abandonar la patria por motivos ajenos a su voluntad? ¿No son cubanos? ¿No deberían ser incluidos en el «pueblo cubano»?

Digamos que sí. Podríamos, entonces, vernos tentados a decir:

  • ¡Voilá! ¡He ahí la definición de «el pueblo cubano»!
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Tomada de elToque

Sin embargo, dicha definición no es tan obvia, pues, de ser así el caso, ¿por qué su concepto parece ser tan variable para cada actor político, medio de comunicación, facción, grupo de presión, lobby, influencer, o cualquier emisor de criterio ocasional? Lo que es peor, no solo varía su contenido, sino que incluso se le atribuyen a ese «pueblo» del que hablan una serie de atributos: una voluntad, una personalidad, y hasta deberes morales.

Casi todos tenemos frescas en nuestra memoria las palabras de ciertos discursos: declaraciones soberbias donde se despojaba de la condición de cubanos a aquellos que, por un motivo u otro, no se acomodaban al concepto de preferencia que tenía el orador de lo que «el pueblo cubano» significaba. No hay que pensar en nadie en específico, pues es un síntoma común del que padecen, ya sea explícita o implícitamente, casi todos aquellos que entran al juego de la politiquería y el oportunismo sobre el tema de Cuba.

No es menos ignominioso cuando, desde una aparente posición de superioridad moral, se le piden a ese pueblo sacrificios —y no son pocos los que se le piden—, bajo el pretexto de que son necesarios para lograr la voluntad previamente atribuida, sin preguntar mucho, o preguntando selectivamente.

De esa manera vemos, por un lado, cómo un burócrata le pide al convencido y fidelista «pueblo cubano» resistir la crisis calmadito para lograr seguir «haciendo revolución» a su manera. Por el otro, algún «activista» desde la otra orilla les pide a los cubanos aguantar alguna flamante sanción económica porque, aunque vaya a impactar directamente en la calidad de vida de los más desfavorecidos —y en menor medida a aquellos a las que supuestamente va dirigida—, todo es por el bien del pueblo, que sólo quiere «libertad».

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Lo hacen tan alegremente que, pareciera, nos conocen mejor que nosotros mismos, como si «revolución» y «libertad» no fueran también conceptos cuyo contenido es cualquier cosa menos clara, al estar sujeto a las premisas o convicciones de aquel que los usa.

Una vez más, aquellos que definen al «pueblo» según sus preferencias ya saben lo que es mejor para él, y sacrifican a los que verdaderamente componen lo que debería ser llamado «pueblo» como piezas en su particular juego político. Tan sabios y superiores son esos voceros, portadores de la «voluntad popular».

Cuando unos se hartan y gritan, resulta que grita el pueblo o un grupúsculo, según a quien se le pregunte. Y ya se sabe hasta por lo que gritan, incluso antes de preguntarles. ¿El 11 de julio de 2021 salió «el pueblo cubano» a protestar? También depende del interlocutor, como lo hacen también las causas y sentimientos de aquellos involucrados, por más infructuosa que sea la tarea de intentar abarcar en un único tipo de discurso la complejidad de los motivos, y la diversidad de todos los que salieron ese día, o los que sonaron una cazuela durante un apagón.

Por si fuera poco, hay otros que se incluyen en el pueblo y rellenan imaginariamente al resto de sujetos que lo componen a su imagen y semejanza, para de esa forma sentir que pueden hablar por los demás. Todos son el pueblo: un pueblo personalizado, hecho a la medida de sus ideas preconcebidas favoritas. Y ahí van los medios, haciéndole creer al mundo que el «pueblo cubano» es una cosa, u otra; haciéndole creer a los propios cubanos que al «pueblo» es posible hacerlo hablar por un solo micrófono.

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Tomada de France 24

Después nos sorprendemos del hecho de que muchos cubanos, especialmente jóvenes, se encierren en sí mismos y renieguen de todo lo que respecta a ese tal «pueblo cubano», tan ajeno y abrumador, del que nunca han formado parte.

No sería extraño concluir que «el pueblo cubano» es, al parecer, lo que usted prefiera que sea, o lo que los medios presenten, lo que las narrativas de turno le vendan al público, ya sea del interior o del exterior. Si esto es así, quizá deberíamos hacer como Baudrillard y, al no ser ese «pueblo cubano» más que una figura de discurso que se le vende a la opinión pública, declarar sin temor alguno que el «pueblo cubano» sencillamente no existe.

De la misma manera en que existió el enfrentamiento en el Golfo, desde luego existen los cubanos: son reales todos los sujetos que lo componen, así como sus sufrimientos diarios, sus opiniones —de un color u otro— sus costumbres, sus sentimientos, sus tragedias y sus alegrías. Existen los que quieren eso que llaman «libertad», signifique lo que signifique, así como los que quieren seguir «haciendo revolución», sea por convicción o por conveniencia; y también aquellos que no quieren saber más de Cuba y simplemente desean dejar todo atrás. Existen los que salieron el 11 de julio a expresar sus inconformidades, también los que tiraron piedras, y los que se quedaron en sus casas, y existen además los que salieron tras la «orden de combate», a defender sus «logros»; o los que salieron en uniforme —o uniformados de civil— a darle contenido a la palabra «represión». Todos ellos fueron «el pueblo», y a la vez ninguno lo fue.

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Protestas del 11J / Tomada de CNN

Existen, en fin, todas las circunstancias que rodean a Cuba y los que en ella tienen su patria, estén donde estén. Eso podría ser «el pueblo» sin problema alguno, pero no es eso a lo que se refieren nuestros pretendidos portavoces: «el pueblo cubano» del que tanto hablan es un perfecto desconocido, tras décadas de instrumentalización, invisibilización de la pluralidad y voceros pretenciosos. En el mundo se hacen toda clase de declaraciones y muestras de condena o apoyo, a unos y otros en la cuestión cubana, que defienden «la causa del pueblo» con base en lo que han creído —o preferido creer— que eso significa.

«El pueblo cubano» es, en definitiva, una figura discursiva maleable, vacía, que ha perdido su contenido para caer en la oscuridad semántica. Solo a través de un diálogo respetuoso y verdaderamente inclusivo se podrá recuperar algo de claridad sobre lo que significa, y retomar —o crear desde cero— la capacidad de que aquellos que componen ese pueblo puedan expresarse por sí mismos.

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Antonia Eiriz, Una tribuna para la paz democrática / Tomada de Museo Nacional de Bellas Artes

No hay vocero, por brillante que sea, capaz de abarcar la totalidad de la voluntad de un «pueblo», pues no existe discurso posible que pueda agotar la totalidad de lo que un grupo humano representa, y los deseos o convicciones de quienes lo forman. Si en el pueblo del que se habla no caben todos, entonces ese pueblo no existe. «El pueblo cubano» del que disertan sus bienintencionados médiums —pues eso deberán ser si pueden canalizar la voz de un fantasma—, allá desde sus alturas, en las sesiones del Parlamento Europeo, en el congreso de los Estados Unidos de América, o en las reuniones del Comité Central del Partido, es poco más que una ficción, un simulacro.

Ojalá que el famoso «pueblo cubano» se llene de voces propias y emancipadas, para que quizá, con el tiempo, las que hoy son palabras distantes y vacías lleguen a significar algo en lo que podamos reconocernos todos.

Más allá del 11J, múltiples lecturas sobre la encrucijada cubana actual

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En el segundo aniversario del 11J, sale a la luz el libro Cuba 11J. Perspectivas contrahegemónicas de las protestas sociales, coordinado por el historiador Alexander Hall (AH), quien también pertenece al grupo político de la izquierda crítica, Socialistas en Lucha. La propuesta editorial ve la luz bajo el sello de la organización barcelonesa Marx 21 y agrupa a autores de diversas nacionalidades, generaciones y posturas de izquierda. 

Hall asevera que la idea del libro surge «a raíz de las narrativas hegemónicas que en torno a los hechos de la protesta social se produjeron tanto en Cuba como en el exterior». En ese sentido señala la existencia de una narrativa gubernamental «respaldada por la difusión masiva criminalizante de los medios estatales y sus aliados de la izquierda internacional».

«En el inicio negaron el propio carácter popular de las manifestaciones, bajo rótulos como: “apátridas”, “agentes del imperialismo”, “contrarrevolucionarios”, “vándalos”, “revolucionarios confundidos”, “sujetos pagados desde el exterior”, “mercenarios al servicio de las agendas federales norteamericanas”, entre otros calificativos que insistían en la articulación de una agenda comunicacional previamente planificada, con el objetivo de derrocar el sistema político cubano —entendido por tales sectores como Revolución—. Además, rechazaban la tesis del estallido social bajo calificativos como “disturbios”, cuyo objetivo consistía en negar el propio carácter movilizativo-popular de las protestas», apunta el autor.

El entrevistado también explica que dicha narrativa fue respaldada por facciones de izquierda —mayoritariamente estalinistas— que conservan una visión utópica del proceso de transformación social que cambió el juego político cubano en 1959.

Los que padecen las narrativas del poder…

Cuba 11J aborda los acontecimientos de 2021 en sus múltiples narrativas. Como proceso, en este estallido social y en sus consecuencias a largo plazo, no se puede pasar por alto a qué estado responde, a quiénes, en qué contexto —dentro y fuera del territorio nacional— y cómo lo hace:

AH: En materia económica, el resultado del despotismo excluyente salta a la vista ante la debacle productiva en la que se encuentra sumida la nación, pues predomina una permanente inseguridad alimentaria que se acrecienta con la dolarización del país, el aumento de la inflación, los desincentivos financieros, burocráticos y estatales hacia los productores locales, el sistemático declive de la industria nacional ante la descapitalización que padecen los distintos ámbitos, salvo las irracionales inversiones destinadas al turismo que superan el 50 % de las inversiones dedicadas a infraestructura, en momentos históricos de baja ocupación hotelera, según las propias estadísticas de la ONEI.

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Tomada de OnCuba

Todo ello, sin obviar el deterioro de sectores tradicionalmente ejemplares en su funcionamiento, como son los ámbitos de salud, educación y deportes, cuya crisis se expresa en la escasez de medicamentos, utensilios para la atención en los centros hospitalarios, carencia de materiales escolares, así como emigración masiva de profesionales al exterior.

Por otra parte, resultan archiconocidas las crisis cíclicas de combustibles para la transportación pública y la generación eléctrica, los problemas recurrentes en el abastecimiento de agua, así como las falencias estructurales en la construcción y mantenimiento de viviendas con un déficit cercano al millón de habitantes.

En resumen, el país padece las consecuencias de una crisis multidimensional sobre problemáticas sociales no resueltas desde hace décadas, que, acentuadas por el efecto de las sanciones norteamericanas y los estragos de la pandemia, se convirtieron en el catalizador de las manifestaciones populares del 11 y 12 de julio de 2021.

Las narrativas de la oposición

El entrevistado reconoce que en cuanto al 11J existe otro bando de la disputa hegemónica, representado por la oposición tradicional y los sectores derechistas radicados en el exterior, que ante la protesta fantasearon con la idea de ponerle fin al Gobierno. No obstante, considera que la influencia de estos sectores en los hechos fue escasamente significativa:

AH: Los sectores agrupados en torno a dicho espectro ideopolítico, por lo general no reconocen las conquistas sociales del proceso revolucionario de 1959, la importancia que en materia de dignificación social para las clases populares significó la victoria de los rebeldes contra la dictadura de Fulgencio Batista.

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Cortesía del entrevistado

A su vez, niegan la praxis emancipatoria de las luchas descolonizadoras libradas en África al tildarlas de injerencia política contra el poderío extractivista e imperial de las potencias occidentales instaladas en dicho continente. Tales argumentos se inscriben en la narrativa de enfatizar el carácter autoritario que le impuso a Cuba el liderazgo revolucionario ascendente, desconectado de las batallas internacionalistas por la lucha contra los efectos contaminantes, explotadores y enajenantes del capitalismo, en defensa de una democracia liberal utópica e idealizada, vendida como paradigma de la libertad, la prosperidad y el progreso, solo sostenible sobre la base del abstraccionismo de las propias violencias que generan las lógicas de acumulación del capital a nivel globalizado.

Por una narrativa contrahegemónica y transdisciplinar 

AH: En tal sentido, contrario a esas narrativas, se inscriben las visiones de las/os autoras/es que forman parte del libro: Cuba 11J. Perspectivas contrahegemónicas de las protestas sociales, que parte del reconocimiento a esas complejidades, desde enfoques no homogéneos y problematizadores, pero alineados en el anhelo de materializar los ideales de socialización del poder, las riquezas y la participación popular de forma democratizada en la sociedad cubana.

A su vez, resulta novedosa la presencia de polémicas entre exponentes de diversas corrientes marxistas que, mediante sus propias categorías terminológicas acuden a conclusiones similares sobre las realidades de la Isla, sin estar alejadas de percepciones analíticas en torno a las problemáticas del ámbito internacional, debido a los efectos globales del capitalismo contemporáneo, del que Cuba no está en absoluto desconectada.

¿Tiene la sociedad civil mayor organización social tras el estallido?

AH: No es posible afirmar que se produjo un empoderamiento de la sociedad civil tras los hechos del 11J, dado que la actitud del Gobierno hizo énfasis en la criminalización del disenso, el linchamiento mediático a numerosos actores políticos por el ejercicio de la crítica o la oposición activa, el descrédito hacia representantes de la cultura no alineados al discurso oficial, la deslegitimación de intelectuales apegados a la postura anti-sistémica, entre otras prácticas de Estado que poco contribuyen a la resolución de las complejidades que caracterizan el actual escenario.

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11J / Tomada de Infobae

Desde las protestas de julio se aceleró el proceso de éxodo de activistas, artistas y actores políticos disidentes; que si bien se trata de un proceso que se inicia antes de esas fechas, luego de las masivas manifestaciones adquieren un carácter más relevante y apresurado. Además, en medio de la represión autoritaria no se han logrado articular estrategias efectivas de resistencias; a cuyos efectos resulta importante mencionar la escasa tradición organizativa autónoma luego de décadas de desmovilización sindical, estudiantil, obrera y cívica, dado el predominio de los patrones de mando verticalista/centralizados típico de los Estados totalitarios de inspiración soviética, y en cual tradición se inserta —con sus peculiaridades, es importante decirlo— la nación caribeña en donde triunfó el único proceso revolucionario del hemisferio occidental.

¿Fueron las protestas del 11J un éxito para la oposición o para los manifestantes?

AH: Recientemente en un artículo publicado en La Joven Cuba, el activista LGBTIQ+ y director de la revista Tremenda Nota, Maykel González Vivero, hizo un excelente análisis sobre los acontecimientos que conciernen a las protestas sociales de esas jornadas, de las que es posible afirmar que nadie salió como ganador.

Dicho texto demuestra la encrucijada de complejidades en las que se encuentra sometida Cuba, que por un lado contempla la auto-liquidación de las demandas sociales que inspiraron el proyecto revolucionario de 1959 cuando se implementan medidas de recorte que atentan contra la seguridad social, el bienestar y calidad de vida de la población, a costa de ceder ante los intereses del capital extranjero; en tanto recrea el ideal desarrollista de la industria hotelera que rememora los anhelos republicanos del dictador Fulgencio Batista.

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11J / Tomada de El Pais

Un proceso político que experimenta además en las últimas décadas el acelerado auge neocapitalista que simboliza la muerte de la Revolución, en tanto las imágenes de los jóvenes reprimidos/violentados a lo largo del país por las fuerzas policiales permanecen enquistadas en la memoria de los familiares de presos políticos, condenados a más de 20 años de prisión por ejercer el derecho constitucional a la libre expresión. Todo ello, mientras en la otra cara de la moneda, una desarticulada y mayoritaria oposición de militancia liberal, incentiva con gasolina las llamas de la desesperanza popular, en afán indiscutible por materializar los preceptos de privatización extendida.

¿Cómo leer el 11J en clave histórica a largo plazo?

AH: A mi juicio, el 11J constituye el símbolo más palpable de la pérdida de legitimidad popular del proceso revolucionario desde 1959, su lectura en la larga duración —para hablar en términos históricos braudelianos—, constituye la demostración más palpable de la crisis sistémica multidimensional que padece el modelo de capitalismo burocrático de Estado (totalitario, pos-soviético).

En ese contexto, solo resta apreciar si dicha disyuntiva deriva en la instauración de un nuevo pacto social que empodere a la ciudadanía/sociedad civil mediante el camino de la democratización o si sencillamente continúa, bajo cualquier bandera ideológica, el permanente proceso de oligarquización del régimen político que tributa a la centralización de poder, riquezas y autoridad en las escasos representantes políticos y representantes económicos que sostienen actualmente el statu quo nacional.

Para finalizar, ¿qué incluye el libro y por qué es importante?

AH: El libro incluye varias secciones, el primer capítulo está dedicado a pensar las causas sistémicas que provocaron el estallido social. En el capítulo segundo: «Análisis de las protestas sociales. Enfoques diversos y narrativas transdisciplinares», están presentes distintos estudiosos provenientes de las ciencias sociales arrojan luz sobre diversas perspectivas en torno a los hechos del 11J en su relación con la economía, la historia, la cultura, la emigración, la democracia, la participación social, entre otras variables de interés, para académicos e intelectuales que deseen una explicación profunda y holística de los hechos.

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Cuba 11J. Perspectivas contrahegemónicas de las protestas sociales

En el capítulo III es posible disfrutar de las polémicas entre marxistas de distintas corrientes de orientación anticapitalista, que problematizan sobre las falencias del modelo político-económico regente en Cuba, sus visiones de la realidad de la Isla en relación con su perspectiva sobre luchas similares en otras partes del mundo, al tiempo que dialogan sobre la necesidad de articular estrategias entre los diversos colectivos para enfrentar la explotación obrera, el racismo, la LGBTIQ+fobia, la contaminación ambiental y la dominación sistémica.

El capítulo IV incluye las visiones de importantes académicos y activistas que durante años se dedican a sistematizar, estudiar y combatir el fenómeno del racismo y la discriminación hacia las disidencias sexo/género en la sociedad cubana. Sus voces resultan importantes no solamente por la instrumentalización a la que resultan sometidos dichos sectores ante los proyectos de disputa, cuyas causas de liberación por lo general permanecen excluidas o subordinadas a intereses de mayor relevancia por los grupos de poder. De ahí la trascendencia de su visibilización en el libro, —de manera analítica y protagónica—, no solamente por cuestiones de veracidad histórica, ya que responde también a razones de proyecto político que, en cualquiera de las alternativas sobre las que se piense el futuro de Cuba, tales grupos no deben quedar jamás excluidos o subordinados a otras agendas.

De igual forma, resulta de vital importancia la visibilización de esos actores, pues sus demandas han quedado históricamente relegadas por los proyectos de emancipación revolucionarios desde el siglo XIX hasta la actualidad, sin que logren materializarse plenamente.

Por ello, dichas visiones resultan medulares para entender que todo proyecto republicano, socialista o democrático, debe integrar a sus propósitos tales intereses sociales en igualdad de condiciones, para que la equidad no se convierta en una quimera populista de los liderazgos políticos o estrategia retórica con fines instrumentales.

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Cortesía del entrevistado

El capítulo V está dedicado al análisis desde el Derecho de las manifestaciones populares. En este apartado es posible encontrar contribuciones valiosas que problematizan sobre las limitantes del marco jurídico cubano para el ejercicio de la protesta social, cuyo derecho cívico-político suele ser penado bajo el acápite de «sedición», «alteración del orden público», «instigación a delinquir», entre otros vericuetos legales.

En el punto contrario a ese posicionamiento punitivo, clasista y reduccionista en la interpretación del Derecho, se pueden disfrutar de las perspectivas analíticas que hacen énfasis en la necesidad de instaurar una Defensoría del Pueblo, en relación con otros debates importantes suscitados a raíz de las manifestaciones.

En la sección de entrevistas se indaga sobre las falencias del modelo político cubano en relación con los ejes: poder-sociedad civil, diferendo Cuba-Estados Unidos, contradicciones autoritarismo-democracia, en tanto los entrevistados dialogan sobre la importancia de las cooperativas y la labor comunitaria autónoma para fortalecer las bases sociales de empoderamiento ciudadano, entre otras variables de interés cívico.

El capítulo VII está compuesto de relatos. Por último, el cierre definitivo del libro lo compone una potente declaración titulada: «Por la democracia popular y el socialismo emancipatorio», que constituye un manifiesto que logró aglutinar a diversas corrientes de la izquierda internacional sobre la base de consensos políticos en torno a la situación social cubana, tanto a nivel denunciativo como de proposición ante el escenario autoritario neocapitalista ascendente.

El deterioro de las relaciones China-Estados Unidos: algunos enfoques académicos norteamericanos

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Tomada de Global Times

Hace 6 años, en el 2017, Graham Allison, profesor e investigador de la Universidad de Harvard, sorprendió al mundo académico con los resultados de su más reciente investigación, titulada Destined For War: Can America and China Escape Thucydides’s Trap?.[1] Según este estudio, Estados Unidos y China podrían estar ya atrapados en la llamada «trampa de Tucídides».  Este paradigma postula que, en un sistema global dado, la mayoría de los procesos históricos internacionales en que ha surgido y se ha desarrollado una gran potencia emergente que ha desafiado la hegemonía previamente establecida por otra, ha terminado en un enfrentamiento armado entre ambas. Para el profesor Allison ese tortuoso camino podría ser al que están abocados ambos gobiernos si no toman medidas para «escaparse». [2]

En los dos últimos capítulos de su libro, propone buscar estrategias para resolver las desavenencias sin apelar a la guerra. Lamentablemente, como otras especulaciones académicos en Estados Unidos, las propuestas parten todas de que Washington mantenga su hegemonía.

Quizás ese complejo panorama («trampa» e intento de escaparse de ella sin ceder hegemonía) podría ser lo que está intentando hacer Washington con Beijing en fecha reciente.

En el plazo de las últimas tres semanas, dos relevantes miembros del Gabinete de Joe Biden, Antony Blinken y Janet Yellen, secretarios de estado y del tesoro respectivamente, han visitado la capital china. Esta actividad diplomática inusitada ha recabado la atención de los principales medios de comunicación. Hacía más de 4 años que ningún funcionario gubernamental norteamericano de ese nivel pisaba la milenaria ciudad que aún atesora edificaciones que fueron alguna vez el centro de la otrora gran civilización del «Imperio del Medio».

Blinken se reúne en Pekín con el ministro de Exteriores chino para aliviar las tensiones entre las dos superpotencias | Internacional
Secretario de Estado norteamericano Antony Blinken y ministro de relaciones exteriores chino Qin Gang / Tomada de El Mundo

La parte china ha tenido por lo general una actitud favorable a este tipo de diálogos, aunque el 29 de mayo se conoció que no había aceptado una invitación del Secretario de Defensa norteamericano, Lloyd Austin, para una reunión bilateral con su homólogo,  General Li Shangfu, en el marco de un cónclave multilateral sobre temas de seguridad en Asia que tuvo lugar en Singapur. La razón para ello es que en el 2018 Washington impuso sanciones al general Li como respuesta a una alegada venta de material letal a Rusia.

Fue en este contexto que se supo de las visitas de Blinken y Yellen a la capital china. La propia administración Biden ha enfatizado que el objetivo primordial de ambos periplos es limar asperezas y reducir la posibilidad de una agudización de los antagonismos existentes, restableciendo y sosteniendo un diálogo al más alto nivel con el gobierno del país que se ha convertido en su más importante rival global en las actuales circunstancias. Por tanto, parecería que estas iniciativas estadounidenses estuviesen dirigidas a intentar escaparse de la «trampa de Tucídides».

Otros enfoques: «la tragedia de la política entre grandes potencias» de John Mearsheimer

En el complejo entramado geopolítico resultante de la guerra ruso-ucraniana, en la cual Estados Unidos ha invertido y se juega tanto, se ha convertido en una necesidad imperiosa de la actual administración buscar una avenencia con China, cuya posición ante el conflicto está determinada en última instancia por su alianza con Rusia. Tanto Xi Jinping como Vladimir Putin cuestionan y desafían, cada cual en sus circunstancias y a su manera, el proyecto norteamericano de imponer su dominación unipolar por medio del establecimiento de un llamado «orden global liberal».

Para el gobernante ruso, la suerte ya está echada desde la noche del 24 de febrero del 2022 cuando inició lo que designó como «una operación militar especial» contra Ucrania. Lamentablemente escogió el camino de la agresión y la guerra. No se sabe cómo terminará este conflicto, pero de lo que sí no hay dudas es que, por el momento, la vía diplomática se ha cerrado violentamente entre Moscú y Washington.

Rivaldad EE.UU.-China: una nueva “guerra fría” – Liga Internacional  Socialista
Tomada de Liga Internacional Socialista

Para el líder chino, sin embargo, no parece que el camino pase por un conflicto armado, por más que sectores de poder norteamericanos lo traten de provocar. Tampoco su apoyo a Vladimir Putin debe conducirlo irremediablemente a intervenir en la guerra del lado ruso. Lo que está en el interés de China es que prevalezca la diplomacia y así ha intentado hacerlo infructuosamente hasta ahora. Pero los líderes chinos culpan a las autoridades norteamericanas del deterioro de las relaciones, acusándolas de seguir aplicándole sanciones al gigante asiático para impedir su natural desarrollo tecnológico y económico.

Por ello, no es de extrañar que chinos y norteamericanos, pero especialmente estos últimos, busquen materializar la hoja de ruta pactada por los presidentes Xi Jinping y Joe Biden en la reunión bilateral que sostuvieron durante la Cumbre del G20 en Bali, Indonesia, en noviembre de 2022, la primera entre ambos mandatarios desde que el segundo asumió la primera magistratura estadounidense en enero del 2021.

Pero no ha sido un camino de rosas llegar a este punto. Como se recuerda, la visita de Blinken, inicialmente pautada para febrero de este año, fue pospuesta a última hora debido  al «incidente de los globos espías». Con ello se retrasó el cumplimento de lo acordado en Bali.

Aún sin aceptar la «trampa de Tucídides», como un paradigma válido para el análisis, hay que reconocer que la agudización del conflicto entre China y Estados Unidos no es para nada imprevisible, como ha sostenido el profesor John J. Mearsheimer. Cualquier estudioso de la historia de las relaciones internacionales lo hubiera podido prever a partir de lo que este pensador realista ha llamado «la tragedia de la política entre grandes potencias»..[3]

Qué es “la trampa de Tucídides” por la que se teme que estalle una guerra entre EE.UU. y China - BBC News Mundo
Tomada de BBC

Mearsheimer, quien tiene un bien ganado prestigio como analista de la política exterior norteamericana y es un destacado teórico de la corriente realista en la teoría de las relaciones internacionales ha criticado el enfoque liberal de la política de su país hacia China. Lo ha hecho en un intercambio muy interesante con el académico chino Wang Yiwei, en un material publicado por Global Times, titulado «No flashpoint in Cold War as dangerous as Taiwan is today’ – Mearsheimer, Wang Yiwei on whether China, US can avoid tragedy of great power politics». Desde el punto de vista de Mearsheimer, el conflicto sino-norteamericano emerge no sólo de la realidad de que son dos grandes potencias rivalizando por la hegemonía sino porque el punto de vista de Washington está matizado por haber adoptado una visión liberal de su política exterior, para la cual es inadmisible que su competidor sea un país con un modelo económico y político totalmente antagónico.

China-Estados Unidos: ¿Una «nueva guerra fría»?

Ni por separado ni en su conjunto, la «trampa de Tucídides» ni el modelo de «la tragedia de las grandes potencias» de Mearsheimer han sido satisfactorias para explicar el conflicto sino-norteamericano ni para buscar una solución que evite un enfrentamiento armado. Las desavenencias entre China y Estados Unidos han llevado a tal nivel de aspereza que poco a poco se le ha ido calificando como una «nueva guerra fría», comparándosele con el enfrentamiento que opuso a Estados Unidos y la Unión Soviética entre 1947 y 1991, fecha esta última en que la segunda implosionó y desapareció como principal adversario del hegemón estadounidense.

Uno de los primeros en hacer notar la similitud del conflicto actual con el que dominó las relaciones internacionales después de la Segunda Guerra Mundial fue precisamente uno de los más conocidos historiadores de la Guerra Fría, el profesor Odd Arne Westad, de origen noruego y actualmente enseñando en la Universidad de Yale, donde integra el Jackson School of Global Affairs. Westad tiene el aval no sólo de haber escrito una de las más importantes historias de la guerra fría, de la cual hay una edición en español (La Guerra Fría: Una historia mundial), sino también una historia de las relaciones de China con el mundo (Restless Empire: China and the World Since 1750) y un recuento del papel que jugaron los conflictos en el Tercer Mundo durante la guerra fría (The Global Cold War: Third World Interventions and the Making of Our Times).

China releva a Rusia en la «II Guerra Fría»
Tomada de BBC

En el 2019 Westad escribió un artículo para la revista Foreign Affairs, que tituló «The Sources of Chinese Conduct» (Las fuentes de la conducta china) en el cual adoptó una posición ambigua preguntándose si las diferencias entre lo sucedido en 1948-1991 en las relaciones soviético-norteamericanas no eran lo suficientemente significativas como para poder evitar una «nueva guerra fría». No obstante, Westad bautizó su artículo con un nombre (The Sources of Chinese Power: Are Washington and Beijing Fighting a New Cold War?) que recordó el escrito George Kennan y publicado en 1946 por la propia Foreign Affairs, que muchos especialistas consideran como el disparo de salida de la «guerra fría» (The Sources of Soviet Conduct)

Dos estudios publicados este año por académicos del Tercer Mundo vinculados a las izquierdas globales, consideran que ya se está en una «nueva guerra fría». Uno es Guerra Fría 2.0 Claves para entender la nueva política internacional, del argentino Mariano Aguirre. El otro es The New Cold War: The United States, Russia, and China from Kosovo to Ukraine del marxista libanés Gilbert Achcar, colaborador de Noam Chomsky y de Tariq Ali. Pero tanto uno como otro ven la «nueva guerra fría» como un conflicto triangular (Achcar incluye a Rusia) y hasta cuadrangular (Aguirre incluye a Rusia y a la Unión Europea).

En el 2021, Foreign Affairs pareció aceptar que se estaba ya en una «nueva guerra fría» y, lo que es más, pareció insinuar que la responsabilidad la tenía Estados Unidos. Le dedicó al tema su último número bimensual con el título de: The Divided World: America’s Cold Wars, ilustrando su portada con las efigies desafiantes de Xi Jinping y Joe Biden.

El contexto histórico

Para comprender mejor la naturaleza de este conflicto específico, aquí sería conveniente recordar cómo uno y otro, Estados Unidos y China, se convirtieron en las grandes potencias que son en la actualidad. Hay importantes diferencias que ayudan a explicar la forma y los métodos con los que Beijing y Washington enfocan diferenciadamente esta «nueva guerra fría».

La historia del surgimiento y auge de Estados Unidos como principal potencia imperialista mundial, a partir del impetuoso crecimiento de su modelo capitalista de desarrollo en el siglo XIX y de su agresiva política internacional en el siglo XX y lo que va del XXI, es bastante conocida entre nosotros los cubanos, pues hemos sido objetos de esta.

Hay claros indicios de que desde su fundación, las clases dominantes y élites de poder de la «república imperial», como la llamó en 1974 el influyente pensador liberal francés Raymond Aron, buscaron la hegemonía mundial y no cesaron hasta que lo lograron, bautizándolo con el título aparentemente inocuo de «orden liberal global».

En ese camino, parafraseando a Simón Bolívar, las élites de poder estadounidenses no tuvieron escrúpulo alguno en desencadenar guerras, aplastar resistencias, intervenir abiertamente en los asuntos internos de otros países, aplicar sanciones económicas a países más débiles, y muchos desmanes más. En el proceso establecieron un gigantesco entramado de bases militares y navales a lo largo y ancho del mundo. Este entramado es particularmente denso en regiones del Pacífico Oriental cercanas a la frontera marítima de China.

China y Estados Unidos: tensiones in crescendo | El Semanario
Tomada de El Semanario

Lo que quizás se conozca menos en Cuba es que uno de los cursos de acción imperialistas más claros que Estados Unidos siguió a lo largo de los años fueron los intentos de penetrar el gigantesco mercado chino, comenzando por la llamada «Política de Puertas Abiertas» (1899),[4] por la cual exigió a las demás potencias coloniales espacio para explotar a esa nación. Estas potencias le habían impuesto al otrora gran imperio de la Dinastía Qing (también conocida como Manchú) los llamados «tratados desiguales», que convirtieron al gran país en una especie de protectorado, humillando y aplastando al pueblo chino.

Resumiendo una larga y compleja historia de resistencia, revolución y auge de China como gran potencia mundial, puede decirse, corriendo el riesgo de hacer una generalización que deje muchos acontecimientos fuera, que la que hoy se designa como República Popular es ante todo un Estado que nació de uno de los movimientos de liberación nacional y revoluciones socialistas más importantes que triunfaron en países del Tercer Mundo después de la Segunda Guerra Mundial.

El ascenso de China a los primeros planos de las Grandes Potencias en el sistema internacional es, por tanto, muy distinto al de Estados Unidos. Alcanzada la liberación y proclamada la fundación de una república socialista, el gobierno chino intentó alcanzar la posición que su tamaño y poderío le hacían acreedor, pero no fue sino en la década de 1970 en que se iniciaron las reformas que han sustentado su desarrollo económico y tecnológico.[5]

Apoyándose en esas premisas, China condujo una diplomacia efectiva, aprovechando sus fortalezas entre países del Tercer Mundo y neutralizando a sus antiguos adversarios occidentales y a Japón. La República Popular también sufrió la agresividad estadounidense, hasta que Washington cambió su política con las visitas de Henry Kissinger (entonces secretario de Estado) y del presidente Richard Nixon en 1971 y 1972 respectivamente. Este giro en la política norteamericana estaba basado en el cálculo de que podrían beneficiarse con el giro anti-soviético de la posición china dentro del campo socialista, y hasta influir sobre una evolución del gigante asiático hacia el capitalismo.

Tenía 11 años, la visita de Nixon a China le cambió la vida - San Diego Union-Tribune en Español
Richard Nixon y Mao Zedong / Tomada de Union-Tribune en Español

Sin embargo, aunque inicialmente exitosa, esta táctica eventualmente fracasó en la medida en que las élites chinas persiguieron sus propios intereses y defendieron valores que no tenían nada que ver con ese «orden liberal» al que aspiraba Estados Unidos. No se comprendía que los padres y abuelos de los actuales líderes en Beijing fueran parte de una gesta popular contemporánea contra el imperialismo. Eso ha marcado la actuación de la diplomacia china en el escenario internacional.

A manera de conclusión

El recuento de sólo algunos de los enfoques académicos norteamericanos sobre el actual conflicto entre China y Estados Unidos nos permite ver la complejidad del problema y lo dificultoso que puede resultar evitar un enfrentamiento armado. La buena noticia es que en fecha reciente tanto Beijing como Washington parecen haber decidido que sería conveniente buscar el camino de la negociación diplomática para limar asperezas y entenderse mejor. Pero esa es otra historia.

Notas

[1] Traducción: Condenados a la guerra: ¿Pueden Estados Unidos y China escapar de la trampa de Tucídides? Se han publicado versiones en portugués y francés pero lamentablemente no en español.

[2] Allison es muy conocido desde que en 1971 publicó por primera vez The Essence of Decision: Explaining the Cuban Missile Crisis, considerado en su momento la mejor investigación sobre el proceso de toma de decisiones del presidente John F. Kennedy y sus colaboradores durante la Crisis de Octubre o Crisis de los Misiles de 1962.

[3] John J. Mearsheimer, «The Inevitable Rivalry: America, China, and the Tragedy of Great-Power Politics», en Foreign Affairs, November/December 2021, Vol 100, No. 6, New York, Pags. 48-59.

[4] Se conoce con este nombre la nota oficial que el Secretario de Estado de Estados Unidos, John Hay, dirigió a la Cancillerías de Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia, Japón, y Rusia el 6 de septiembre de 1899 con la exigencia que los puertos chinos que esos imperios controlaban fueran abiertos al comercio norteamericano.

[5] Los interesados pueden comprobar esta historia en el excelente recuento de Odd Arne Westad, al que se hizo referencia más arriba: Westad, Odd Arne, Restless Empire: China and the World Since 1750, New York, Basic Books, 2012

 

Celia Cruz, un indiscutible símbolo de cubanía

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Celia Cruz /
Tomado de: Cifra Club

Para tratar de entender los pasos de una artista de talla universal como Celia Cruz (1925-2003), es imprescindible, a 20 años de su fallecimiento, detenerse en ciertos pasajes de la historia cubana ocurridos después de 1959. Me ahorraré los datos biográficos ya conocidos y todo lo que significa en la historia musical de la isla caribeña.

Celia Cruz

El 5 de septiembre de 1961, en la clausura del Congreso Nacional de Alfabetización, realizada en el Teatro Chaplin[1], Fidel Castro da claras señales de las leyes que implementaría el naciente gobierno relacionadas con la salida y regreso a Cuba de varias personas. Con un lenguaje directo, el líder guerrillero utiliza términos como «miserables», «lame botas» y «traidores a la patria» para referirse a aquellos profesionales que decidieron abandonar el país luego del triunfo revolucionario.

Han pasado cinco meses de la invasión por Playa Girón y son evidentes los intentos de Estados Unidos de derrocar al nuevo sistema. La isla empieza a experimentar otro ritmo en todos los órdenes.

Tres meses después de aquel discurso, el Consejo de Ministros aprueba una Ley[2] mediante la cual normaliza la salida de los ciudadanos del país, así como su regreso, y determina la forma en que serán ocupados los bienes, muebles e inmuebles de quienes abandonan la isla.

ley

Suscrita por Osvaldo Dorticós Torrado, presidente de la República de Cuba, las normativas iban dirigidas a aquellas «personas pertenecientes a clases afectadas por las medidas revolucionarias», que con «imperdonable desdén por la patria» dejaban el país, y establecía un término de regreso del cual quedaban excluidos los miembros del cuerpo diplomático, de misiones diplomáticas, económicas y culturales del país.

Celia Cruz está fuera de Cuba cuando se ponen en vigor esta y otras medidas en la Isla, y la toman por sorpresa, como a otros artistas. A partir de ese momento la Guarachera comienza a vivir (y a sufrir) un limbo migratorio, que la obliga a tomar nuevas determinaciones hasta su establecimiento definitivo en tierras estadounidenses.

¿Encontraría Celia en Cuba el mismo clima artístico de siempre? ¿Por ser artista tenía que entender de política y aceptar por obligación el nuevo orden? ¿Merecía por eso, como muestra de castigo, el rechazo y las descalificaciones a las que fue sometida? ¿Dejó Celia de ser cubana? ¿Atentó Celia contra la seguridad nacional de Cuba?

Women's History Month: Celia Cruz, Queen of Salsa | University of Arkansas
Tomado de: University of Arkansas

No encontramos otro ejemplo de artista cubano que en más de cinco décadas haya despertado tantas pasiones encontradas como es el caso de Celia. Por muy increíble que parezca, mencionar su nombre en la Cuba de hoy provoca rechazo en determinados grupos afines a un gobierno que ?ajustándonos a la verdad? apostó por enterrar su leyenda entre los cubanos.

Durante más de cuarenta años, seguidores de La Guarachera de Cuba dentro y fuera del país, han reclamado a las instituciones culturales de la Isla que se reivindique su figura, y se le otorgue el puesto que por derecho propio le pertenece.

No es nada desconocido: Celia Cruz sigue siendo una artista castigada por el silencio oficial, una especie de mal necesario para avivar tensiones y un ejemplo histórico de censura.

Celia Cruz

La popularidad de Celia Cruz

Nótese: antes, durante y después de 1959 Celia está considerada entre las primerísimas figuras del arte nacional cubano. La prensa de la época, especialmente la revista de espectáculos Show, se desborda en elogios ante la intérprete reconociéndola como «la gran vedette cubana», «la fabulosa Celia Cruz», «la mejor voz afro del país» o «mujer sensacional».

Fiel a las normas editoriales de entonces, la mencionada revista recalca en notas y reportajes el dinero que gana Celia en sus presentaciones en el exterior. En el resumen anual de 1959, por ejemplo, la califican como «zafra de dinero y de viajes». Para entonces ya Celia ha cantado en Nueva York, ha recibido homenajes en ciudades como Panamá y Caracas, tiene disco de oro, varias películas filmadas, trofeos y reconocimientos al más alto nivel[3].

Celia Cruz

Por tanto, creer o insinuar que Celia Cruz «se hizo» o «la hicieron» famosa una vez rotas sus relaciones con el poder político cubano; manifestar públicamente que «aprovechó la oportunidad que le ofrecían los mercaderes del mal para despotricar de la Revolución, a cambio de su promoción a gran escala»[4] es, cuando menos, una falta total de respeto y una muestra de ignorancia por parte de quien sostenga disparatada tesis.

Sobre Celia Cruz, dos necesarias opiniones

Rosa Marquetti y Pedro de la Hoz, son dos respetados conocedores de música cubana. Ambos, desde la musicografía y el periodismo, respectivamente, han escrito sobre algunas de las figuras y sucesos más relevantes del panorama sonoro cubano.

Marquetti Torres es autora, entre otros, del libro Celia en Cuba (1925-1962), publicado en 2022, donde se acerca a la formación y consolidación musical de la intérprete. La minuciosa investigación revela datos inéditos y sucesos de la artista muy poco conocidos.

Por su parte, De la Hoz está considerado como uno de los más prestigiosos periodistas contemporáneos, especializado en la promoción y crítica musical. También es autor de varios libros, entre ellos, Como el primer día, donde entrevista a una veintena de relevantes figuras del arte insular.

Resulta importante escuchar estas voces, y aunque difieren es sus puntos de vista, ambos reconocen el legado y la trascendencia de la cantante cubana más conocida internacionalmente.

Celia 2 Revista Show Febrero 1960

«Siempre he dicho que las medidas tomadas en los primeros meses del triunfo de la Revolución y que afectaron en gran medida a los artistas y músicos consagrados hicieron imposible que éstos comprendieran el sentido de justicia social que proclamaba esa misma Revolución», sostiene Rosa Marquetti (RM) y acto seguido añade:

«En Celia Cruz actuaron otros hechos que la afectaron muchísimo. Si en algún artista cubano su postura política fue coherente y genuina, fue en Celia: su postura política contraria a la Revolución Cubana y al gobierno de Fidel Castro tuvo como motivación central la actitud hostil hacia ella reflejada en la negativa a concederle el permiso de entrada al país para asistir a los momentos finales y al funeral de su madre Catalina Alfonso “Ollita”, que enfrentaba un cáncer terminal. Este hecho, sumado a la censura decretada posteriormente contra su música y su figura, marcaron para siempre la relación de Celia con el gobierno cubano posterior a 1959», señala.

Evalúa Rosa Marquetti que el racismo, clasismo, la misoginia y la subestimación han caracterizado el tratamiento que algunos políticos, desde La Habana, han dado a la posición frontal de Celia en este sentido, presentándola como una suerte de marioneta manejable.

Celia Cruz, Queen of Salsa ¡Azúcar! | New York Latin Culture
Tomado de: New York Latin Culture

«Quienes trazaron y han alimentado esa “versión oficial” imaginan a una Celia Cruz maleable, influenciable, carente de inteligencia y criterio propios, de información y cultura personal, de personalidad y sagacidad, cuando su propia vida demostró todo lo contrario. Visto en perspectiva, Celia tenía motivos suficientes para declararse contraria al gobierno de Fidel Castro, a quien responsabilizaba de sus dos grandes pesares, de los que nunca logró recuperarse: la imposibilidad de estar junto a su madre en el momento final, y la supresión de su figura no solo de los medios de difusión, sino también de la historia de la música cubana declarada como oficial», asevera.

Para Pedro de la Hoz (PDH) la grandeza artística de Celia Cruz rebasa los tópicos de los posicionamientos políticos.

«Ella es y será por su obra, por su talento, por sí misma, y nadie debe instrumentalizar su legado. Rachmaninov no es mejor ni peor si el que escucha sus conciertos para piano y preludios admire o denigre del poder soviético. Lo mismo sucede con Celia», apunta.

A ambos entrevistados les pregunté: ¿La histórica negativa por parte del poder político de Cuba contra la figura de Celia Cruz ha sido del todo exitosa? ¿Cree en una futura (y posible) rectificación?

Aquí sus respuestas:

PDH:

—No caeré en una trampa retórica. ¿Es posible hablar de «histórica negativa» o de «poder político» en bloque, sin fisuras? Me gustaría hablar de personas concretas y operadores inertes en el caso de Celia, cuyo silencio nunca ha podido ser absoluto. La censura daña y distorsiona, a corto y largo plazo. Pero no impide que las cosas ocupen su lugar. Celia tiene el suyo, su jerarquía es irreductible. 

RM:

El caso de Celia Cruz demuestra con creces que cuando un artista es genuino y genial, cuando su conexión a nivel popular es fuerte y propicia que el pueblo se reconozca en ese arte, cualquier intento de manipular esa relación espontánea, de mutuo reconocimiento y sustento «artista-público», resulta ineficaz visto desde una perspectiva histórica, cultural y social.

«Puedes silenciarla en los medios masivos de difusión que tú, gobierno, controlas; puedes impedir que sus grabaciones recorran un camino comercial a través de los canales, que tú, gobierno, controlas, pero no puedes impedir que su música sea escuchada, compartida, pasada de mano en mano, disfrutada, bailada, admirada. Mucho menos cuando esa artista lleva su éxito a escala universal y para colmo, se autoasigna la responsabilidad de ser de Cuba, la voz, y de llevar a Cuba con ella a los más recónditos rincones del planeta.

Celia Cruz: quién heredó el patrimonio de La Reina de la Salsa | Celebs | FAMA | MAG.
Tomada de: Mag

«Personalmente, me encantaría que rectificaran, pero no albergo esperanzas, vistos y comprobados tantos episodios recientes de atrincheramiento ideológico irracional, repitiendo el mismo modus operandi una y otra vez a lo largo de varias décadas. Pienso también en la incapacidad de algunos decisores para apartarse de ciertos condicionamientos racistas y clasistas que me hacen pensar, que no le perdonan a la negrita nacida en un solar de Santos Suárez, no solo haber tenido libre albedrío para elegir y decidir, sino también haber llegado a ser quien es y ser la cubana más universalmente conocida y reconocida».

20 años sin Celia

El 14 de diciembre de 2003 falleció el guitarrista, cantante y compositor Compay Segundo. El periódico Granma, en su edición del martes 15 de julio, lo califica con toda justeza como «la voz del son trovadoresco», e informa que el Comandante en Jefe envió una ofrenda floral como homenaje al legendario músico.

El 16 de julio muere Celia Cruz. En La Habana se ha celebrado el pleno extraordinario del Comité Central del Partido donde es propuesto el compañero Miguel Díaz-Canel Bermúdez a miembro del Buró Político «por su tenacidad y sistematicidad en el trabajo, el espíritu autocrítico y su constante vinculación con el pueblo».

Para el día 17 y en sorprendente gesto, el órgano del Comité Central del Partido anuncia la muerte de La Guarachera de Cuba. Quien en los primeros años de la Revolución acaparaba grandes titulares en periódicos y revistas cubanas, la artista latina que difundió como pocos la música cubana a escala mundial, recibiría en pago el siguiente obituario:

Celia Cruz

[1]http://www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-pronunciado-en-la-clausura-del-congreso-nacional-de-alfabetizacion-en-el-teatro Consultado el 13 de julio de 2023.

[2] Periódico “Revolución”, miércoles 6 de diciembre de 1961, p.2.

[3] Para conocer más sobre la impresionante carrera de Celia Cruz en la isla, sugerimos leer “Celia en Cuba (1925-1962)” de Rosa Marquetti Torres. Desmemoriados, 2022. Disponible en Amazon.

[4] “Celia Cruz otra vez o da capo para un debate anunciado”, por Oni Acosta en La Jiribilla. Publicado el 10 de septiembre de 2020. Visto en: http://www.lajiribilla.cu/celia-cruz-otra-vez-o-da-capo-para-un-debate-anunciado/

No es temporada de quejas

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¿De qué te hablaré esta vez, que ya no sepas? Voy a decirte lo obvio.

Es julio en todas partes, donde quiera que te metas. El ventilador ya suena raro por las tantas horas funcionando sin descanso, y le rocío agua a mi plantica que cuelga en el rincón más fresco de la sala porque oigo que las hojas se le secan. Hace tanto calor que no dan deseos de nada, mucho menos de salir a la calle. Pero hay que trabajar, irremediablemente, aunque lo que pagan no alcanza.

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Foto: Néster Núñez

¿Qué son los tres mil o cinco mil pesos del salario que paga el Estado? ¿Qué son los doce o quince mil que te ganas sudando la gota gorda en una empresa privada? ¿Cuán rápido se te acaba la remesa que te mandan tus familiares? Y al final del mes… ¿qué hiciste, además de comer y darte algún que otro gusto? 

Y yo… ¿qué puedo decirte?

Que no es temporada de quejas.

Es julio, el verano insoportable de Cuba, y tu situación económica probablemente no cambiará por ahora, digan lo que digan tu gurú favorito o las constelaciones. Así que relájate. Te lo digo a ti que me lees, y de paso me lo repito para no olvidarlo y poner, por fin, manos a la obra. Nuestros hijos están de vacaciones. O los sobrinos. O uno mismo. Vacaciones, receso, recreo…

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Foto: Néster Núñez

Hace muchos años yo manejaba un bicitaxi. Es una historia normal, para nada heroica, de un padre de tres hijos que hace lo necesario para que su familia coma. Y comíamos, pero no alcanzaba para llevarlos al Todo En Uno de Varadero con sus aparatos de colores. El río quedaba cerca y nos íbamos allá a pescar mapos y a bañarnos, aunque el fondo no tuviera arena sino fango; jugábamos a la lucha en el césped, los dos varones contra mí, flaco que estaba por dar tantos pedales bajo el sol de julio o de agosto. Era una época también de apagones, calor y mosquitos. Pero en el recuerdo de los niños, ya hombres, eso no ocupa un lugar demasiado importante. Estoy seguro.

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Foto: Néster Núñez

Se acuerdan de bañarse en el patio con una manguera, de aprender a tirarse de cabeza al agua, de la piscinita minúscula donde apenas cabían los tres, del pelotazo en el ojo, de la bicicleta y los patines que montaban en el barrio, cuando la situación mejoró y pudieron comprarlos.  De las dos perras que tuvimos y que fueron parte de su adolescencia.

Es temporada de jugar parchís, o ajedrez o Súper Mario en la computadora, si aún existiera. De ver una peli, ir al teatro, leer libros… De jugar a las bolas, bailar trompos, sentarse en un parque nuevo. Es tiempo de pasarlo en familia, de hablar sobre temas pospuestos, de ser felices, de formar recuerdos.

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Foto: Néster Núñez

Ya sabrán lo que es trabajar y que el dinero no les alcance. O peor, tal vez no estén, tal vez emigren, pero eso lindo que vivieron en familia se irá con ellos a todas partes. No hay que tener dinero en el bolsillo ni un carro parqueado en el garaje para demostrarles que los quieres. Hazles cosquillas a tus hijos, abrázalos y bésalos mientras te permitan hacerlo, que después crecen. Y toma muchas fotos, aunque no las subas a Facebook. Algún día, en el futuro, se sentarán a verlas con tus nietos.

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Foto: Néster Núñez

San Salvador 2023: un tercer lugar que puso al desnudo la realidad del deporte cubano

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Corrí con Zurian Hechevarría y las chicas de los relevos del 4×100 y 4×400; nadé con Elisbet Gámez, Andrea Becali, Laurent Estrada y Lorena González; salté con Maykel Massó, Alejandro Parada, Leyanis Pérez y Lázaro Martínez; disparé con Laina Pérez, Jorge Grau, Jorge Félix y Leuris Pupo; rematé y anoté goles de la mano del voly masculino y el balonmano; pedaleé con Arlenis Sierra; dibujé filigranas con Anisley García y Diorges Escobar; saqué y rematé con Andy Pereira… Hice hasta lo indecible aferrado a las esperanzas y al legado histórico de nuestro deporte, pero la realidad nuevamente me superó.

Esta vez me asestó un golpe fulminante: de forma abrupta en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2023, Cuba se salió de la burbuja de potencia deportiva que había ostentado a nivel regional, desde Panamá 1970 hasta Veracruz 2014.

A muchos les cuesta todavía creerlo, y a los gurúes del Instituto Nacional de Deportes y Recreación (Inder) volvieron a fallarles las predicciones, al subestimar el empuje creciente de Colombia (87-92-65), que desplazó a Cuba a la tercera posición del medallero.

La cadena ininterrumpida de cetros en la cita multideportiva más antigua —la primera edición se remonta a México 1926—, se rompió en Barranquilla 2018 al ceder ante los aztecas, quienes acumularon 132 títulos contra los 102 de nuestras huestes.

Elisbet Gamez
Elisbet Gámez se convirtió en la quinta nadadora cubana en obtener cuatro o más oros en una edición de Juegos Centroamericanos y del Caribe. Foto: Calixto N. Llanes

En esta ocasión, los mexicanos fraguaron un récord dorado en cuanto a rendimiento de sus representantes, avalados por 145 oros, que aderezaron con 108 subtítulos y 100 terceros escaños.

Por primera vez desde Panamá 1970, la cifra de preseas doradas que alcanzaron los efectivos de la Isla, fue inferior al centenar (74). El botín global de 196 —de ellas 59 platas y 63 bronces— resultó inferior a las 200. El resultado fue además insospechado, pues no se registraba desde Medellín 1978.

Semejante caída puede asociarse a variables como el debut de 124 efectivos (24.6 % de la delegación), muchos en las disciplinas consideradas de vanguardia, a causa del éxodo creciente de atletas y entrenadores, y de las lógicas transiciones generacionales en no pocos casos, y la inexistencia de una infraestructura sólida de entrenamiento desde la base hasta el alto rendimiento, que potencie la práctica de las disciplinas bajo el criterio de masividad que edificó y consolidó al deporte tras el primero de enero de 1959, y se han desmoronado paulatinamente tras la crisis del Período Especial.

Asimismo, se incluye el desarrollo de México y Colombia como países de notoria fortaleza, con inversiones en cuanto a infraestructura de entrenamiento, inserción en escenarios de alta competición y contratación de entrenadores foráneos con mayor nivel de experticia y resultados demostrables.

En este acápite, y según la máxima dirección del Inder, en la capital salvadoreña atletas de 17 naciones entrenados por 103 técnicos cubanos obtuvieron 102 medallas, de ellas, 32 de oro.

Diorges Escobar
Diorges Escobar emergió como la resurrección dorada de una escuadra de gimnasia artística masculina renovada. Foto: Escambray

Objetividad y quimeras en lados opuestos de la cancha

Considero que las circunstancias en las que se desenvuelve un atleta cubano en una lid de alto nivel, en alguna medida difieren de las del resto y pueden condicionar su performance.

A componentes como la forma física y psicológica, la predisposición al escenario y la capacidad de respuesta o pivote ante las virtudes del contrario, se suma la presión de las autoridades por preservar un slogan de potencia basado en la obsesión por alcanzar preseas, y el apremio sobre los llamados criterios de efectividad, como disfraces que arropan a un movimiento deportivo visiblemente depauperado.

San Salvador no fue la excepción, y de acuerdo con la dirección de Alto Rendimiento del Inder, en esta oportunidad ese indicador de eficiencia dorada se fijó en el 55.6 %, pues de 133 finales disputadas, se alcanzó el oro en 74.

Al respecto, es oportuno introducir otro elemento, sin demeritar el esfuerzo de los atletas ganadores y ocupantes del podio de premiaciones, relacionado con que en citas centrocaribeñas suele competirse en disciplinas excluidas del programa olímpico, como el ajedrez, los bolos, el fútbol playa, el netball, el raquetbol y el patinaje de velocidad.

Por otro lado, en el levantamiento de pesas, la gimnasia rítmica, el nado sincronizado y el clavado difirió el número de modalidades en concurso con relación al que se desarrolla en Juegos Panamericanos y bajo los cinco aros.

Lázaro Martínez
Lázaro Martínez dedicó su triunfo a su coequipero y saltador de longitud lesionado Maykel Massó, y junto a Leyanis Pérez y Liadagmis Povea corroboró la fortaleza de la escuela cubana de triple salto. Foto: Abel Rojas

Con esto, los «oráculos» volvieron a pecar al subestimar las potencialidades de nuestros principales adversarios, máxime cuando estos marchan según las dinámicas de la evolución del deporte como actividad mercantil, de las que permanecemos distanciados pese a algunas intenciones y esfuerzos.

Al hurgar en lo acontecido en El Salvador, constatamos el dominio de Cuba en siete disciplinas: lucha (15-0-3), atletismo (9-11-8), judo (9-3-2), canotaje (4-4-0), ajedrez (3-3-1), tenis de mesa (3-2-2) y el balonmano, con el título en uno y otro sexo.

Con respecto a Barranquilla 2018, en San Salvador 2023 varios deportes disminuyeron su rendimiento. De seis cetros, el taekwondo descendió a dos, al igual que el boxeo, amén del destaque en su estreno de las chicas que se agenciaron una plata y dos bronces. De un global de 6-8-2, la gimnasia artística descendió a 2-4-0, y fue uno de los deportes con una renovación casi total en su plantilla.

Pese a la maestría y el fair play de Laina Pérez, y la compañía de Jorge Grau, Jorge Félix y Leuris Pupo y los restantes pistoleros, el tiro también experimentó un bajón, con una diferencia de 12-10-5 en polígonos cafeteros a 5-5-5 en esta ocasión; lo mismo ocurrió con la esgrima: 7-0-4 en Barranquilla y 2-1-4 en la recién concluida cita.

El remo de cinco títulos a tres, el ciclismo de pista de cuatro oros a ninguno y las pesas con un vellocino menos, también compilan entre los deportes que mermaron su accionar competitivo. Disciplinas además consideradas en su mayoría dentro de las de mayor empuje y en el primer y segundo grupo dadas su condición de estratégicas.

Arlenis Sierra
Arlenis Sierra demostró por qué está considerada una de las mejores del mundo, al ganar la ruta y la contrarreloj individual. Foto: Copaci

Tales alarmas pudieran exacerbarse ante la inminencia de los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile, cita para la que Cuba obtuvo 116 clasificaciones en nueve deportes, y donde a sangre y fuego se pretenderá mejorar el quinto escaño de Lima 2019, a espaldas de Estados Unidos, Brasil, México y Canadá, consideradas las principales potencias del músculo en América en estos momentos.

Yo me quedo…

Lo acontecido en San Salvador podría patentar el declive del deporte cubano, aunque siempre existen sucesos o pasajes a los que aferrarse para tratar de llenar el tanque de la anhelada resurrección.

Parafraseando a Pablo Milanés:

«¿Qué mares han de bañarte

Y qué sol te abrazará?

¿Qué clase de libertad van a darte?»

Yo me quedo con las brazadas en las piscinas y los cuatro pulmones con los que se lucieron las atletas de la natación aupadas por la sirena de Baracoa, Elisbet Gámez, emergida como la más laureada de la comitiva cubana (cuatro oros y una plata). La natación debe potenciarse, no solo porque las nadadoras hayan conquistado el mejor rendimiento de este deporte en los últimos 25 años, sino también por ser la segunda vedette en eventos multidisciplinarios, únicamente superada por el atletismo.

Me quedo con el rodillo de tackles y desbalances de la lucha, muestra evidente de que ese vocablo circula por el torrente sanguíneo de los cubanos desde hace décadas, y volvió a encontrar su expresión en los colchones salvadoreños.

Marifélix Sarría
Marifélix Sarría se erigió como ejemplo en materia de mejorar sus marcas personales en una competencia clave. Foto: Calixto N.LLanes

Me quedo con el gesto de honor deportivo de Laina Pérez y la flema de Leuris Pupo para reponerse a la adversidad de un desperfecto en su pistola; me quedo con su precisión al tenerla en mano y en compañía de Jorge Grau, Jorge Félix, Guillermo Pías, Sheila González y Claudia Hernández.

Me quedo con los pinchos humeantes de los relevos femeninos del atletismo del 4×100 y el 4×400 metros, acreedores de sendos récords centrocaribeños; con la irreverencia y competitividad extrema de la portentosa triplista Leyanis Pérez y con la hermandad infinita hacia Maykel Massó de su homólogo y rey Lázaro Martínez.

Me quedo con el temple y los destellos de estelaridad de ambas escuadras de balonmano y la combatividad del polo acuático y el softbol femeninos, a pesar de la turbulencia que viven desde hace un tiempo la mayoría de nuestras disciplinas colectivas.

Balonmano masculino
El balonmano masculino mostró destellos de ese espíritu colectivo tan desarraigado a nivel de país. Foto: bmhuesca.com

Me quedo con el pedaleo incesante y la calidad invaluable de Arlenis Sierra; la fuerza de la pesista Marifélix Sarría y sus lágrimas de satisfacción; así como con los mortales y giros de Anisley García y Diorges Escobar.

Quisiera quedarme con más: con la esperanza de que alinearemos variables y astros para recuperar el terreno cedido en materia deportiva, pero se impone mi pragmatismo a las quimeras en un horizonte incierto.

Criminalidad y percepción de inseguridad, las paradojas de Cuba

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Tomada de Yorokobu

En el último año ha sido cada vez más frecuente el debate sobre el incremento de la violencia en Cuba, y el consecuente aumento de la percepción de inseguridad en la población. Ya es usual ver en redes sociales y medios no estatales casos de delitos violentos, a menudo acompañados de detalles escabrosos que alarman a la ciudadanía. 

Cuba, a pesar de ser un país en crisis económica permanente, tiene índices de criminalidad que siempre han estado dentro de los más bajos de América Latina. La plataforma Numbeo, que se encarga de recoger, entre otros datos, los relacionados con la criminalidad percibida califica a Cuba como el país con más baja criminalidad de toda la región.

Por otro lado, el Banco Mundial, que recoge una amplia variedad de datos sobre todos los países, da a conocer que se produjeron en Cuba, en el año 2019, 4 homicidios intencionales por cada 100.000 habitantes, una de las cifras más bajas a nivel mundial.

Indice de criminalidad 2023
Índice de criminalidad 2023 / Tomada de Numbeo

Si bien las fuentes oficiales cubanas no revelan datos sensibles sobre hechos delictivos, recientemente el programa Hacemos Cuba afirmó que los hechos violentos ocurridos en 2023 solamente constituyen el 8,5% del total de delitos del año en curso, y que el 60% de los autores de estos actos ya están detenidos. No obstante, el espacio no especificó qué se entiende como «hechos violentos», ni cuál es el total de delitos.

Crisis socioeconómica y criminalidad

Se debe tener en consideración que, a causa del endurecimiento de las sanciones contra Cuba, el decrecimiento del turismo, un reordenamiento económico de dudosa efectividad y una crisis global post COVID-19, no solo ha aumentado la pobreza, sino que se han profundizado las desigualdades sociales. Mientras algunos han ido mejorando su nivel de vida —mediante la apertura de emprendimientos privados—, otros han sido empujados a la precariedad y al aumento de sus vulnerabilidades. Consabido entonces resulta el hecho de que en los sectores poblacionales empobrecidos muchos consideren como única vía de satisfacción de sus necesidades, actos, acciones y/o comportamientos que tipifican como delitos.

Pese a ello, y debido a que no hay datos o estadísticas disponibles para confirmarlo, es difícil asegurar categóricamente que hayan aumentado de modo significativo los delitos violentos, representando así un peligro para la vida de las personas, y, por tanto, para la seguridad pública.

Hasta el momento, el gobierno ha confirmado un incremento de delitos relacionados al sacrificio de ganado, algo esperable en las circunstancias de inseguridad alimentaria que enfrenta el país, y no es descabellado asumir, aunque no haya sido mencionado por ningún medio oficial, un aumento de hurtos y delitos menores.

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Tomada de Tremenda Nota

Además, observatorios ciudadanos sobre violencia de género han alertado sobre el ascenso de feminicidios. Sin embargo, su relativa novedad impide determinar estadísticamente si la cifra registrada de dichos crímenes ha aumentado por el ascenso de la violencia de género a nivel nacional, o por una mayor sociabilización, concientización y participación ciudadana en su denuncia.

Aunque un grupo de organismos estatales recientemente publicó las cifras de este tipo de delitos, solo se contemplaron aquellos casos resueltos completamente en los tribunales.

Inseguridad ciudadana, medios de comunicación y redes sociales

La académica argentina Brenda Focas le atribuye a los medios de comunicación un rol clave en cómo la ciudadanía percibe su entorno de seguridad. La estudiosa apunta que el sensacionalismo es predominante en el tratamiento que tienden a dar los medios latinoamericanos a las noticias vinculadas a los crímenes, recurriendo «a la hipérbole como una apelación a la percepción, el conocimiento y la discusión del problema en términos «más anecdóticos que argumentativos». A su vez, la noticia policial exacerba la función del azar, hecho que incide en la percepción de la inseguridad». Unido a esto, los propios algoritmos y dinámicas de las redes sociales digitales privilegian los contenidos morbosos que puedan causar respuestas emocionales y generar comentarios, reacciones y compartidos.

Aunque el impacto de las redes en la percepción ciudadana de inseguridad no es un fenómeno exclusivo de Cuba, en esta adquiere particularidades propias.

¿Cómo es posible que en un país donde los medios no reportan con regularidad hechos delictivos, haya una percepción de inseguridad tan generalizada? Sin ánimo de ser absoluto, en parte ocurre precisamente por la falta de transparencia de la prensa oficial respecto al tema, que se combina con el actuar de un sector de la prensa no estatal y otros actores políticos de la oposición.

Denuncian la falta de transparencia del estudio sobre el Covid persistente  del Estado español
Tomada de Arainfo

Desde la llegada masiva de internet a Cuba surgieron medios no oficiales que poco a poco se insertaron en el tejido informativo de la sociedad, impactando en las audiencias que antes solo se informaban con la prensa oficial. Dentro de ese ecosistema participan medios con una evidente proyección sensacionalista y amarillista, sumada a una intención política a favor de los intereses de las campañas norteamericanas para hacer lucir al Estado cubano como un Estado fallido.

Asimismo, la idea de vender una Cuba insegura siempre ha sido atractiva para un sector de la oposición. Teniendo en cuenta que el modelo económico de la Isla es altamente dependiente del turismo,  difundir una imagen de país basada en la violencia constituye una prioridad para los que lucran con el sufrimiento de los cubanos.

Casualmente muchos de los que dicen preocuparse hoy por la inseguridad pública son los mismos que de forma sistemática apoyan las medidas coercitivas contra Cuba, y cuanta sanción pueda ser implementada para afectar aún más la economía del país.

Medios muy leídos entre los cubanos como CiberCuba o DiarioDeCuba, bombardean a los internautas a través de sus perfiles en redes sociales con robos violentos y asesinatos, y alertan de una «escalada de inseguridad», mientras que «influencers» de la oposición más reaccionaria, como OtaOla, hacen exactamente lo mismo: todo esto, sin brindar datos,  abusando del «clickbait» y abordando lo expuesto desde la superficialidad.

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Decía el político español Josep Ramoneda que el debate de la seguridad es simplificador, porque genera climas de opinión reactivos a través de pocas cifras y noticias. Si bien en Cuba no existe un debate abierto sobre el tema de la seguridad debido a la falta de datos públicos, sí se genera en las redes y en las calles cubanas, y hay sectores políticos que buscan capitalizarlo para su propio beneficio al exacerbar un sentimiento de desamparo y descontento en la población, e intentar perjudicar el turismo. Por tanto, conseguir el mismo efecto de las sanciones, pero por otras vías.

De igual manera tiene responsabilidad en esto la opacidad de las instituciones de justicia cubanas, que, al impedir el escrutinio público de datos y cifras, propicia que discursos sensacionalistas llenen ese vacío de información y ganen credibilidad. Tampoco hay un debate abierto en los medios e instituciones estatales sobre qué alternativas —más allá del punitivismo y el castigo a los comisores— se están tomando o deben tomarse para reducir el índice de criminalidad existente.

Por otro lado, los medios son también agentes que participan en la política y es peligroso acercarse a ellos como si fuesen fuentes neutrales de información. Debemos, como ciudadanos responsables, acercarnos con ojo crítico y cauto a la información que se nos presenta.