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BRICS: desafíos y oportunidades geopolíticas para Cuba y el mundo

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Brics
Foto: Maxim Bogodvid-Sputnik

Desde su creación oficial en el 2009, en una cumbre convocada por Rusia en Ekaterimburgo, los BRICS se han convertido en un factor de creciente significación en la arena global. Han ido ganando en protagonismo e importancia hasta tal punto que uno de los más calificados especialistas en la geopolítica del Sur Global, el argentino Andrés Serbin, ha calificado su XV Cumbre, celebrada en Johannesburgo, Sudáfrica, del 22 al 24 de agosto del presente año, como «un giro copernicano» en el escenario global.

Entre los países desarrollados del autodenominado Occidente, no son pocos los enemigos y adversarios del BRICS, ni los que han venido pronosticando su disolución o desaparición. Según editorializó la cadena CGTN en junio del 2022, en vísperas de la XIV Cumbre celebrada virtualmente por esas mismas fechas desde Beiying, «a pesar de la gran vitalidad y creatividad que el mecanismo de cooperación de los BRICS ha demostrado hasta ahora, Occidente sigue impulsando una serie de malentendidos y prevenciones acerca del bloque, prediciendo festinadamente y esperando su eventual colapso».

En su apoyo citó un enjundioso informe del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China titulado BRICS New Future for Global Development en el cual se enumeran 10 argumentos contrarios o antípodas a los BRICS, y se sopesan debilidades y fortalezas de esta agrupación o club de Estados.[1]

Para comprobar la certeza de los distintos análisis, vale la pena apuntar algunos de los logros que han marcado la historia de los BRICS a partir de que su objetivo central ha sido el de enfrentar y transformar un escenario de hegemonía unipolar en el sistema de relaciones económicas internacionales, lo cual tiene una importancia geopolítica medular.

Paradójicamente, el vaticinio de su surgimiento e importancia lo alegó en noviembre del 2001, ocho años antes de que los BRIC[2] se fundaran formalmente, Jim O’Neill, Jefe del Grupo de Investigaciones Económicas de Goldman Sachs.[3] En su informe titulado «Building Better Economic BRICs»,[4] el economista británico analizó las dificultades que estaba teniendo el G7 para manejar las finanzas mundiales y recomendó su reforma para incluir al menos dos de los cuatro países que identificó como decisivos para la salud de la economía mundial: China, Rusia, India y Brasil.[5]

G7
G7 / Foto: Latindadd

O’Neill era del criterio de que dentro del G7 la participación europea[6] se redujera a uno o dos de los actuales tres miembros; su propuesta no era la formar una nueva agrupación, sino neutralizar el posible desafío que representaría para el G7 el surgimiento de otro polo de poder y de toma decisiones para la gobernanza financiera global. Pero sucedió exactamente lo que pretendía evitar: queq los BRICS formaran un club aparte del G7.

Una de las más asiduas adversarias de los BRICS y defensora porfiada del orden mundial unipolar basado en la hegemonía o dominación norteamericana ha sido la española Ana Palacio, canciller del gobierno de José María Aznar en 2002-2004 y vicepresidenta ejecutiva del Banco Mundial entre 2004 y 2008.

Ya desde el 2015 la doctora Palacio argumentó, en un artículo muy debatido en las redes sociales y en medios académicos globales, titulado «The BRICS fallacy», que el auge de los BRICS era falso. Reiterando el viejo argumento de Madeleine Albright, secretaria de Estado durante la administración de Bill Clinton, de que Estados Unidos era «la nación indispensable», Palacio afirmó: «El orden internacional está en una encrucijada. Necesita a los EE.UU. para guiarlo —con clarividencia, iniciativa y resiliencia— hacia la paz y la prosperidad. Obsesionarse con quién podrá reemplazar a América[7] nos perderá a todos».

Los BRICS y un nuevo orden multipolar

La aspiración de los BRICS no es sustituir la dominación de Estados Unidos por otra hegemonía, la de ellos. Lo que se pretende, como han repetido los jefes de Estado de los cinco países en renovadas ocasiones, es reemplazar el orden unipolar que ha pretendido apuntalar Washington desde el fin de la llamada Guerra Fría, por un orden realmente multipolar. Como ha señalado el citado informe del Instituto Chongyang de China, los BRICS defienden un «nuevo paradigma de gobernanza global» en que se tomen en cuenta los intereses del conjunto de Estados que integran la comunidad internacional y se atiendan ante todo los requerimientos de un crecimiento económico y desarrollo social balanceado en el que ningún pueblo quede abandonado a su suerte. Precisamente por eso los BRICS han estado abogando por su expansión.

Los BRICS también proponen un nuevo modelo de mundialización focalizado en el desarrollo. En vez de un modelo neoliberal de globalización, que en la práctica favorece a las grandes empresas transnacionales y a las economías más desarrolladas. Como señaló el profesor Antonio Romero, de la Universidad de La Habana el pasado 3 de septiembre en el programa Cuadrando la Caja dedicado a la XV Cumbre de los BRICS, hay una crisis del sistema de intercambios multilaterales basado en la Organización Mundial de Comercio (OMC) —uno de los mayores logros de la llamada «globalización neoliberal» de la década de los 90 del siglo pasado.

Los defensores de los BRICS argumentan que éstos están intentando rediseñar el sistema global de comercio, fomentando una alternativa que, argumentan, estaría más en consonancia con los intereses de todos los países y no sólo de los integrantes del G7. Aunque algunos ponen en duda esa visión utópica, sobre todo  debido a alegaciones de abusos por parte de China y Rusia, lo cierto es que el sistema actual no es una solución y el Sur Global está necesitado de una opción distinta que bien podría ser la que proponen los BRICS.

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Participación de los países del G7 y BRICS el PIB mundial en Paridad de Poder Adquisitivo / Foto: Statista

Así lo prueba la Declaración Final de la Cumbre de Johannesburgo en la cual se manifiesta: «Reafirmamos nuestro apoyo por un sistema multilateral de comercio que sea abierto, transparente, justo, predecible, inclusivo, equitativo, no discriminatorio y basado en reglas con la Organización Mundial de Comercio (OMC) en su centro pero con un trato especial y diferenciado de los países en desarrollo, incluyendo los menos desarrollados»

En este sentido, y en un tema de especial interés para Cuba, las sanciones norteamericanas, la Declaración de Johannesburgo afirma de manera categórica: «Expresamos nuestra preocupación por el uso de medidas coercitivas unilaterales, que son incompatibles con los principios de la Carta de la ONU y producen efectos negativos principalmente en el mundo en desarrollo».

Una de las iniciativas más importantes de los BRICS ha sido el establecimiento desde el 2015 de un banco —que hoy se llama Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS— destinado a financiar infraestructuras, no sólo en las naciones integrantes del grupo, sino en otros países del Sur Global, al frente del cual se ha elegido a la expresidenta de Brasil, Dilma Roussef.

Dos elementos clave surgieron y fueron respaldados por la XV Cumbre. Uno, es de largo plazo, pero consiste en la búsqueda de acuerdos que lleven a la desdolarización de la economía mundial. La Cumbre ratificó que hay voluntad política detrás de este proyecto que afronta indudables dificultades técnicas y económicas y que será de largo aliento, aunque ya se dan los primeros pasos.

XV Cumbre de los Brics
Foto: El Confidencial

El otro fue la apertura del BRICS a otros miembros con similares aspiraciones. Ha sido largo el camino para llegar a ello pero ya en esta cumbre fueron invitados a incorporarse, a partir del 1ro de enero del 2024, Argentina,[8] Irán, Arabia Saudita, Etiopía, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos. Es este un conjunto abigarrado de Estados que son importantes porque le añaden al grupo un gran poderío en materia energética con la incorporación de Irán, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, pero también porque aumentan su representatividad con el ingreso de dos naciones africanas con un largo historial de liderazgo en el continente: Egipto y Etiopía.[9]

Como ha señalado Andrés Serbin, la cumbre mantuvo su posición balanceada ante el tema más candente de la actualidad internacional, un asunto ante el cual Estados Unidos y sus aliados europeos persisten en una posición intransigente: la guerra ruso-ucraniana. No hubo condena a Rusia, como hubiera deseado Washington, y el presidente Vladimir Putin participó de manera virtual, y envió a su canciller, Serguei Labrov, a representar al país de manera presencial. Pero la cumbre fue más lejos al aceptar la invitación del gobierno ruso para celebrar la próxima, en el 2024, en Kazán.

Estos posicionamientos confirman una admonición que hiciera en abril la politóloga  Fiona Hill, quien fuera el miembro del equipo de Seguridad Nacional de la administración de Donald Trump que se ocupaba de las relaciones con Rusia y Ucrania hasta el 2021: «La Guerra en Ucrania es quizás el evento que clarifica para todo el mundo que la pax Americana se está acabando».

La doctora Hill, de origen inglés pero ciudadana norteamericana, es considerada una de las especialistas más informadas acerca de Vlaldimir Putin —sobre quien ha escrito un pormenorizado estudio político—[10] y no puede ser calificada, bajo ningún punto de vista, como pro rusa. Sus análisis aparecen en las más prestigiosas publicaciones académicas occidentales y estas palabras las pronunció nada más y nada menos que en una conferencia magistral dictada en un simposio en honor de Lennart Meri (expresidente de Estonia) en el Instituto Internacional para la Seguridad y la Defensa de Talin.

Oportunidades y potencialidades para Cuba

Para el gobierno cubano el fortalecimiento de los BRICS y su claro posicionamiento contra las medidas coercitivas unilaterales es una importante oportunidad. Cuba mantiene excelentes relaciones económicas, comerciales y políticas con todos sus miembros, incluidos los nuevos. Pero en el actual contexto internacional ni siquiera entre los BRICS hay condiciones para que surjan potenciales benefactores como los que se solidarizaron con la Isla en el pasado. Rusia no es la Unión Soviética ni practica el internacionalismo socialista. China es particularmente exigente en materia de créditos y préstamos. De ahí que no pueda haber acomodamiento alguno ni se deben crear falsas expectativas.

Como señaló el profesor Romero en el citado programa televisivo, Cuba tiene tres fortalezas: el alto nivel de las capacidades de sus recursos humanos, el intenso desarrollo de algunos sectores de punta como el biotecnológico y la indudable solvencia de su política exterior y su diplomacia. Prueba de esto último es la próxima celebración en La Habana, del 15 al 16 de septiembre, de la Cumbre del Grupo de los 77+China, sin lugar a dudas la agrupación de Estados más representativa del Sur Global en el seno de la organización multilateral por excelencia, las Naciones Unidas.

Pero Cuba tiene una tarea pendiente que es imprescindible para aprovechar las oportunidades que se presentan: la transformación estructural de su economía. Sin ello es muy difícil, si no imposible, insertarse en el entorno económico internacional actual, incluso si triunfaran y se impusieran las tesis del BRICS.

En este sentido resulta provechoso aprender la lección de Etiopía y su admisión al BRICS. Se trata un país que muchos cubanos conocen por las relaciones de colaboración civil y militar establecidas entre el gobierno cubano y el Consejo Administrativo Militar Provisional que abolió la monarquía,. No hace mucho era un país sumamente pobre afectado por guerras civiles y de agresión, y por grandes hambrunas. Incluso, a causa de esos conflictos muy dañinos, Etiopía quedó sin una parte de su territorio cuando Eritrea hizo valer sus aspiraciones de independencia, con lo cual, perdió el acceso al mar. Sin embargo, sobreponiéndose a estos enormes obstáculos, su economía viene creciendo a más del 4 % anual y se proyectaba que lo hiciera en un 7,9 % este año, además, de haber pasado de un ingreso per cápita de menos de US$ 200 en el 2000 a 925,08 en el 2021. Con estos logros económicos, unidos a que es el segundo mayor país de África por su población (125 millones de habitantes), no es de extrañar que haya sido admitido a los BRICS.

El gobierno cubano haría bien en seguir el consejo que le diera el presidente de Angola, João Lourenço, en su discurso de bienvenida al presidente Miguel Díaz Canel el pasado 21 de agosto: «En el contexto de la nueva visión del modelo que a partir de ahora debe estar presente en la relación entre nuestros dos países, es fundamental que coincidamos en el papel dinamizador que el sector privado y los ciudadanos de nuestros respectivos países pueden jugar dentro del marco de libre iniciativa, para fortalecer la capacidad de nuestras economías y la cooperación bilateral».

A pesar de la excelencia de su diplomacia, de su solidaridad generosa reconocida por las naciones del Sur Global, que la ven como paladín de causas justas; de haber sido capaz de crear normas de cooperación Sur-Sur —como lo hizo en las campañas contra el ébola en África o contra la COVID, o en la asistencia tras terremotos a países tan disímiles y alejados uno del otro como Haití y Paquistán—, Cuba no resolverá sus problemas si no se producen las transformaciones estructurales que su economía pide a gritos.

Referencias

[1] Chongyang Institute for Financial Studies, BRICS: A New Future for Global Development, Renmin University of China, June 21, 2022. El informe completo en inglés se puede bajar en formato PDF en este sitio web: https://news.cgtn.com/news/files/BRICS-A-new-future-for-global-development.pdf

[2] Inicialmente, cuando se creó en el 2009, sólo incluía a Brasil, Rusia, India y China. De ahí que se le llamara entonces BRIC. Se transformó en BRICS cuando al grupo se le unió Sudáfrica en diciembre del 2010.

[3] Como se sabe, este es uno de los bancos de inversiones y de las firmas de asesoramiento transnacional más importantes del sistema financiero del mundo capitalista, con sede en Nueva York y sucursales en Londres y otras plazas relevantes, entre ellas Hong Kong.

[4] Un juego de palabras con la palabra bricks que quiere decir ladrillo en inglés.

[5] O’Neill, Jim, Building Better Economic BRICs, Global Economic Paper No. 66, New York: Goldman Sachs (GS) Global Economic Website, 30 de noviembre dedel 2001. Desde nuestro país se puede bajar con VPN (el sitio de Goldman Sachs está bloqueado por las medidas coercitivas unilaterales de los Estados Unidos contra Cuba) en: https://www.goldmansachs.com/intelligence/archive/building-better.html.

[6] El G7 lo integran en la actualidad Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, el Reino Unido, y los Estados Unidos, a los que se suma desde hace unos años un representante de la Unión Europea.

[7] Palabra usada en el original en inglés para referirse a Estados Unidos.

[8] El ingreso de Argentina dependerá del resultado de las elecciones del 22 de octubre, pues hay candidatos que se oponen a este paso.

[9] Egipto fue uno de los Estados que más contribuyó a la creación del Movimiento de Países No Alineados, y Etiopía, incluso bajo Haile Selassie, fue el gobierno que promovió la unidad de las naciones de ese continente que alcanzaron su independencia a partir de 1960, y su capital, Addis Abeba, es la sede de la Unión Africana.

[10] Mr. Putin: Operative in the Kremlin, Washington, The Brookings Institution Press, 2015, 543 páginas.

Zuleica Romay: El racismo es un recurso para el ejercicio del poder

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Zuleica Romay / Racismo
Foto: Casa de las Américas

En medio de un panorama tan complejo como el que vive Cuba, encarar los temas que laceran a la sociedad nunca podrá ser visto como un mero lujo. El análisis y el debate entre todos los que formamos parte de la nación, dentro o fuera de ella, nos permitirá enfrentar con mayor lógica y precisión el/los problemas y encontrar soluciones que permitan construir un país realmente mejor.

El racismo y la lucha contra la discriminación racial en Cuba constituye un asunto que exige mirada crítica. Por eso, La Joven Cuba iniciará una serie de entrevistas a intelectuales y activistas cubanos que han puesto la mirada sobre esta temática.

Iniciamos con la escritora y profesora Zuleica Romay Guerra por su labor mantenida durante muchos años de reflexión y estudio, lo cual es perfectamente perceptible en la agudeza de sus respuestas. 

«La progresión sin autocrítica conduce al estancamiento»

Algunos intelectuales, investigadores y políticos coinciden que después de 1959, el problema racial en Cuba quedó silenciado y consideran que fue algo premeditado. Otros, en cambio, afirman que estuvo condicionado por los mismos acontecimientos sociopolíticos, ¿qué opina usted?

A mediados de los sesenta se apagó el debate social sobre el racismo y la discriminación racial porque hicieron silencio los dirigentes políticos, las instituciones sociales y los medios de difusión. No suscribo la opinión, un tanto esquemática, que alude al año 1962 y la Segunda Declaración de La Habana porque no creo que un discurso, ni siquiera de un líder tan respetado e influyente como Fidel Castro, tenga el poder, por sí mismo, de instaurar un silencio social.

Las opiniones de una colectividad —sobre todo cuando expresan críticas, inconformidad o frustración— son como el agua que corre tras una pared: tarde o temprano, encuentran un modo de salir a la superficie. Por ejemplo, en la primera mitad de los sesenta todavía se proyectaba en las salas de cine el documental didáctico «El Negro» (1960), de Eduardo Manet y se hicieron varias reimpresiones masivas de una nueva edición, corregida y aumentada de Los fundamentos del socialismo en Cuba (1959), un diagnóstico situacional del Partido Socialista Popular (PSP) que, con la autoría de Blas Roca, vio la luz en 1943. La nueva edición fue utilizada como texto de iniciación al marxismo en las Escuelas Básicas de Instrucción Revolucionaria (EBIR), entre 1961 y 1966. Ese libro tenía un capítulo titulado: «La discriminación de los negros» que, si bien refería situaciones del pasado, en un periodo en que todo se discutía y la gente asumía el debate como una forma de hacer revolución, debe haber provocado muchas reflexiones y comparaciones con la realidad que se pretendía transformar.

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Los fundamentos del socialismo en Cuba / AbeBooks

Creo que en nuestro caso se combinaron varios factores. En cierto modo, la inhibición del debate se vio favorecida por la transformación radical del sistema de relaciones sociales en Cuba, sobre todo entre 1959 y 1961, periodo en que la institucionalidad burguesa fue desmantelada y una nueva sociabilidad, mucho más democrática y horizontal, parecía prometer que el «problema del color» se iría solucionando con el tiempo.

Por tanto, hubo una práctica social que persuadió a muchas personas, entre ellas las negras y mestizas, de que la extinción del racismo ya estaba en marcha. Junto a ese optimismo que hoy juzgamos ingenuo, subsistían las predisposiciones clasistas y raciales en personas de todos los estratos y sectores, distanciadas del nuevo poder revolucionario o implicadas en sus transformaciones, pero no auto percibidas como afrodescendientes.

Eran los convencidos de que los reformistas del siglo XIX son padres fundadores de la nación, que la fuerza de Maceo radicaba en sus brazos de guerrero y que los negros fueron «llevados» a las guerras de independencia por sus antiguos amos y debían mostrarse agradecidos por la libertad obtenida, que no conquistada.

Antonio Maceo
Antonio Maceo / Foto: Historia de Cuba

Esa narrativa burguesa y racista de la historia de Cuba ha perdido casi toda su capacidad difusora y credibilidad, pero no ha sido sustituida aún por un relato nacional en el que figuren ?sin silenciamientos ni exclusiones? todos los grupos sociales y entidades políticas que contribuyeron al nacimiento de la república; cuyos créditos, en tanto fruto de un proceso histórico, no pueden ser cancelados con una diatriba contra la Enmienda Platt y sus implicaciones, por muy merecida que sea la diatriba.

Para alguna gente ––incluida cierta zona del amplio y diverso espectro que apoyó a Fidel Castro y su proyecto liberador–– después de la reforma agraria, la reforma urbana, la nacionalización de la enseñanza, la alfabetización, la democratización del espacio público, los avances sociales de la mujer…, los negros ya teníamos bastante y no había que estar hablando tanto sobre racismo. Debíamos darnos nuestro lugar —o sea, aceptar de buena gana una posición subalterna–– y mostrar gratitud eterna, como si los cimarrones, los mambises, los miles de hombres y mujeres negras que han dado la vida por este país durante más de cuatro siglos no hubiesen existido.

Ya en los setenta, el razonar evolutivo y reformista de las interpretaciones marxistas que predominaban entonces situó al racismo y la discriminación racial en el ámbito de la «superestructura», una especie de nube para almacenar problemas subjetivos que se resolverían a tenor de los cambios en la «base económica» de la sociedad. Así, la ceguera ante el racismo realmente existente fue reforzada con argumentos presuntamente científicos.

Y mucha gente, no solo lo creyó, sino que le restó importancia a prejuicios y acciones inferiorizantes que estaban muy naturalizadas e incorporadas a la cotidianidad y la tradición oral. Sobre ese periodo de racismo innombrado e innombrable escribí en Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad (2012),[1] utilizando como insumo informativo las experiencias vividas durante mi infancia y adolescencia. Porque los niños, ya lo sabemos, no tienen color, sino que los adultos les entrenamos para percibir colores, inferir cualidades asociadas a ellos y comportarse en consecuencia…

Elogio de la altea / Zuleica Romay
Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad / AbeBooks

No se pueden negar los extraordinarios avances que después del triunfo revolucionario experimentó la gente humilde de este país, incluidos los descendientes de africanos; la manera en que cambiaron las vidas y expectativas de miles de familias negras. Pero la progresión sin autocrítica conduce al estancamiento y el estancamiento sin análisis, al enjuiciamiento ahistórico y la simulación social. Así y todo, la ausencia de debate no impidió que artistas, escritores e investigadores —cuya obra hemos reivindicado y honrado durante las últimas décadas y no menciono ahora para evitar olvidos––, siguieran planteando el problema y arriesgándose a sufrir invisibilización profesional, campañas de descrédito y coerción institucional.

¿En Cuba no existe un racismo institucional? ¿La lucha contra la discriminación racial es un tema tan relevante y urgente como se espera y quiere?

La naturaleza institucional del racismo se manifiesta en dos niveles: uno explícito y directo, legitimado por el funcionamiento de la sociedad (leyes, disposiciones, relaciones sociales, dinámicas institucionales, etcétera). Ejemplos concretos fueron la legislación Jim Crow en los Estados Unidos, el Apartheid en Sudáfrica y sistemas similares implantados por los sudafricanos en Namibia, tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, y por consorcios mineros que aplicaron rígidos modelos de segregación racial para maximizar la explotación de la fuerza de trabajo nativa en los antiguos territorios de Rhodesia (hoy Zambia y Zimbabwe). Un ejemplo actual es el del sionismo israelí que promueve en Gaza y Cisjordania cárceles a cielo abierto, masacra sistemáticamente a la población palestina y asesina a periodistas como si fuera lo más natural del mundo. No sé si con relación a este asunto la humanidad acusa cansancio acumulado; pero lo cierto es que Palestina y sus problemas parecen importar menos.

Apartheid en Sudáfrica /
Apartheid en Sudáfrica / Foto: Telesur

No deben desconocerse, sin embargo, las acciones ejercidas al amparo del poder institucional en sociedades donde hay contenciones legales, políticas y éticas al ejercicio del racismo desembozado, como es nuestro caso. Cada cierto tiempo, interpelaciones policiales de carácter selectivo y actitudes reticentes ante el libre acceso a instituciones estatales de personas con determinadas fisonomías, son enjuiciadas en las redes sociales como manifestaciones de racismo institucional.

De modo mucho más puntual, en entidades estatales cubanas se han constatado ciertas prácticas de personas y grupos que no ven con buenos ojos el ascenso jerárquico de las personas negras, o que estas conquisten lauros y méritos que ellos no han podido ganar; no importa el esfuerzo, la pasión y el compromiso que esa o ese afrodescendiente haya desplegado.

Ese poder —que no es etéreo porque decide sobre condiciones de trabajo y salario, ascensos y reconocimientos profesionales, programas de formación, viajes al exterior, becas, notoriedad social y muchas cosas más— también se puede emplear por quienes perciben la progresión social de una persona negra y talentosa como algo «fuera de lugar». Entonces, ese directivo o funcionario —que a veces no actúa solo, sino como parte de un pequeño grupo— puede usar el poder institucional que le ha sido delegado, y en solitario, o por acuerdo tácito o explícito con otros, adoptar medidas aparentemente inocuas para ponerle freno a los avances del «intruso», con mayor razón si es una mujer negra, que se percibe buena para «descargar», o para realizar labores ingratas y agobiantes; pero no para ocupar altos cargos, ni protagonizar hechos notables.

racismo institucional

Mis investigaciones me han persuadido de que mientras más «luminoso» es un espacio institucional determinado ––aquí empleo la metáfora del intelectual brasileño Milton Santos–– y más minoritaria la presencia de personas negras con talentos o capacidades demostradas, más probable resulta la ocurrencia de acciones racistas cuya denuncia y demostración se hace difícil, ya que los actos abusivos o vejatorios se encubren con un amplio repertorio de pretextos y «razones institucionales». Cuando esas cosas suceden, y en nuestro país, lamentablemente, tales comportamientos no han sido erradicados, estamos en presencia de racismo institucional. Es así, por mucho que nos duela admitirlo.

En mis trabajos de campo he recogido varios testimonios de conflictos ––en apariencia, laborales o interpersonales–– en los que el prejuicio y la animadversión racial han sido un factor determinante. El dolor y la impotencia con que la gente narra esas experiencias puede llegar a afectarte, aunque una se esfuerce por preservar la distancia emocional que demanda el proceso de investigación.

«La lucha contra los racismos y las desigualdades se fosiliza si se la convierte en “tarea revolucionaria”»

¿Hay fórmulas o leyes que permitan lograr una equidad racial en Cuba?

Creo que se ha dado un paso importante con el reforzamiento de los preceptos de igualdad en la nueva Constitución. Además, la creación del Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial, que dirige el presidente de la república, se propone ofrecer respuestas concretas. Espero que, con el tiempo, el programa y sus acciones se socialicen hasta que el núcleo irradiante de las transformaciones sean las personas y no los expertos, ni los directivos.

De igual forma, aspiro a que ese compromiso estatal adquiera mayor rango jurídico-legal, porque el acuerdo del Consejo de Ministros que hizo nacer el Programa no tiene la fuerza de un Decreto-Ley, o de una ley aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular. Yo diría que en el orden legal pisamos aún el primer escalón.

De todas formas, las leyes y disposiciones contribuyen a crear un contexto favorecedor del cambio. Pero el cambio lo generan las personas y las instituciones. La ciudadanía auto organizada en espacios diversos: el barrio, la escuela, el centro de trabajo, el proyecto o agrupación artística. Se pueden hacer muchas cosas buenas en los espacios de convivencia, donde compartimos tiempo de estudio, trabajo, descanso o recreación. Es allí donde la actuación de la gente rinde provecho, donde necesitamos generar iniciativas que contrarresten la «cultura de la espera» tan entronizada entre nosotros.

Lo llevamos rizo
Proyecto Lo llevamos rizo / Foto: Periodismo de Barrio

La lucha contra los racismos y las desigualdades se fosiliza si se la convierte en «tarea revolucionaria» que incluimos en un plan de trabajo sin que la esencia del problema nos desvele. La lucha por la igualdad, por la plena dignidad de cada ser humano, solo es real si implica vocación y compromiso personal.

Avanzaríamos más rápido si los dirigentes de base de las organizaciones sociales recibieran alguna capacitación sobre este tema; si se establecieran diálogos sistemáticos y fluidos de intelectuales, artistas e investigadores con directivos de la radio y, sobre todo, la televisión. Evitaríamos parte de las acciones de «auto colonización» que sufrimos reiteradamente ––con materiales que no hay que prohibir, sino exhibirlos con el acompañamiento crítico adecuado––; así como mensajes racistas y discriminatorios que, incorporados a un «producto cultural», caricaturizan e inferiorizan a las personas negras.

Sería maravilloso que en la escuela nuestros niños no perdieran sus nombres para ser identificados como «negritos», «mulaticos» y «blanquitos». Excelente, si la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y sus sindicatos reclamaran la eliminación de las fotografías de los currículos, para que las comisiones constituidas por las entidades empleadoras aprueben la entrada de nuevos trabajadores sin tener información sobre los colores o la identidad de género de cada quien. Son estos unos pocos ejemplos de todo lo que se puede hacer para desracializar las relaciones sociales en Cuba.

Creo que deberíamos poner mayor empeño en construir una institucionalidad más sensibilizada, mejor capacitada y más comprometida con esta lucha, que es muy larga, difícil y que es ––ya lo he dicho otras veces–– como escalar una gran altura: mientras más te alejas del pie de la montaña, menos aire te llega a los pulmones y más lento y trabajoso se te hace el andar.

Pero sobre todo hay que construir equidad social porque el racismo no es un «estado del espíritu», un «vestigio del pasado» o una «construcción cultural», sino un recurso para el ejercicio del poder, un sistema opresivo cuyas ideologías y prácticas naturalizan y, por tanto, legitiman relaciones sociales asimétricas.

Aunque lo detectable son los adjetivos que designan a las personas y las interpretaciones que les clasifican en «superiores» e «inferiores», en última instancia lo que se racializa no son los cuerpos, sino la relación; y el color resulta ser el código, la señal que identifica cuál es la función asignada en esa relación de poder. 

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Stone / Foto: René Peña – Hypermedia Magazine

Entre 1959 y 1989 las condiciones de existencia y las expectativas de realización de las personas negras en Cuba mejoraron notablemente. En mi generación, decenas de miles nos convertimos en «clase media ilustrada», poseedores de un invaluable patrimonio que es la educación y la cultura. En nuestras familias, –– también lo he dicho antes–– muchos fuimos los primeros en graduarnos en la universidad, operar una cuenta bancaria y tener pasaporte para viajar. Pero atesoramos un capital de improbable «reproducción ampliada» en las condiciones de una crisis económica que ha durado más de tres décadas.

En esa clase media que sufre un empobrecimiento progresivo y ha visto disminuir de forma drástica las opciones de realización personal de sus hijos y nietos, hay muchas personas negras y mestizas que no resultan ser, siquiera, los más afectados. Entre quienes no han logrado salir del solar, dejar de mojarse cuando llueve, sustituir la madera por bloques, cocinar con gas, tener agua en la llave, o instalación hidrosanitaria dentro de la casa, los negros y mestizos suelen ser mayoría. En esas condiciones, siempre habrá quien piense: «esos negros viven así porque no se han esforzado, no han aprovechado las oportunidades ofrecidas en todos estos años». Opinión que pudiera ser cierta y, no obstante, resultar injusta en términos históricos.

La equidad racial necesita de unas condiciones de posibilidad y una estructura de oportunidades en las cuales tienen mucho peso los factores de carácter material. Pero ella necesita, sobre todo, voluntad política para que los números no tapen a la gente y el discurso generalizador, al problema específico. Como escribí cierta vez: «la Revolución siempre tiene nombres y apellidos …» Y si no los tiene, es otra cosa.

¿Se puede hablar de un neo-racismo en Cuba? ¿Ha influido en ello la pandemia por Covid-19 y la crisis generada a partir de la enfermedad?

Esa noción se está construyendo desde principios de los años ochenta. Hubo una obra muy comentada, The New Racism: Conservatives and the Ideology of the Tribe, en que su autor, el antropólogo británico Martin Barker, examina los racismos desvinculados de los tonos y colores de piel y cuestiona los discursos que enarbolan razones sociales, políticas y culturales para estigmatizar, excluir y reprimir a los considerados «inferiores». Durante más de cuarenta años, esos discursos han desplegado su abanico de descalificaciones y persecuciones, invocando la seguridad ciudadana, el control migratorio, la preservación de la moral, la expansión del islam, el crecimiento de los cinturones de pobreza alrededor de las ciudades, etcétera.

The New Racism: Conservatives and the Ideology of the Tribe
The New Racism: Conservatives and the Ideology of the Tribe / Foto: Amazon

Sobre todo, los discursos en torno a la seguridad como valor social y la necesidad de conjurar la peligrosidad que entrañan los otros ––debido a sus lenguas, religiones, prácticas culturales, o comportamientos sexuales–– instauran una «razón punitiva» que varios expertos identifican como una respuesta cultural de nuestra época, perceptible en personas, grupos e instituciones, incluidos los gobiernos. Es parte de la ola de conservadurismo que avanza por el mundo y de la cual Cuba no está exenta. Pero la Covid y la crisis subsecuente no son causas de la deshumanización galopante que sufre el mundo. Ellas son apenas la contingencia y la coyuntura que nos obligaron a mirar a nuestro alrededor con mayor detenimiento.

Para nosotros, los cubanos, ha sido muy duro por todos los que murieron, casi siempre de modo inesperado y en circunstancias terribles, nunca antes vividas. Que de alguna manera soy otra persona ahora, está siendo para mí un descubrimiento paulatino, no siempre placentero. Muchos de los sobrevivientes no hemos vuelto a ser los mismos…

Vivo en el Consejo Popular Latinoamericano, un barrio del municipio Cerro, de marcada tradición obrera, numerosa población afrodescendiente y donde la gente, en general, no está muy atenta a los colores. Allí no todos pudieron «quedarse en casa» cuando era menester, por mucho que quisieran; otros, se vieron obligados, hasta hoy, a reducir su alimentación en proporciones y frecuencias; o debutaron ––con todo y sus títulos universitarios–– en el sector informal de la economía para compensar ingresos cada vez más precarios.

Si bien la vocación socialista es un rasgo del sistema sociopolítico cubano y el socialismo una aspiración enraizada en nuestra cultura política, la sociedad en que vivimos es cada vez más clasista, desigual y diversa, de modo que conserva plena capacidad de reproducción adaptativa de los prejuicios y las prácticas discriminatorias asociadas a los colores de la piel, el estatus social, las identidades de género y el origen territorial.

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Racialización de las colas en Cuba / Foto: AFP

Admito que, colectivamente, tenemos más conciencia, más honestidad en el reconocimiento de un viejo problema, aunque no estoy segura de que los diagnósticos reflejen con suficiente nitidez la realidad. La primera limitación de nuestros diagnósticos es su ínfima visibilidad y aprehensión social. Algo difícil de comprender porque una sociedad se estudia para auto transformarse, y cambiar todo lo que debe ser cambiado, exige una movilización de voluntades y recursos en la que el factor humano determina todo lo demás.

Los efectos de tres contingencias agravantes: la pandemia, el recrudecimiento del bloqueo de los gobiernos de los Estados Unidos contra Cuba y los errores de la Tarea Ordenamiento, han hecho crecer de forma notable el número de personas ––de todas las edades y colores–– necesitadas de acciones concretas de respaldo y solidaridad.

Esa lacerante expansión de la pobreza se da en medio de incipientes manifestaciones de aporofobia (rechazo al pobre) y un discurso «anti asistencialista», como si asistir y apoyar hubiese dejado de ser una importante función del Estado moderno. Después de seis décadas de acomodaticio paternalismo estatal, ahora, como el péndulo o el limpia-parabrisas, hay quienes se van al otro extremo… Lo que hay que criticar es el asistencialismo incapacitante, el que en un barrio hace listas de los jóvenes que no estudian ni trabajan y moviliza empresas para reparar viviendas, parques, consultorios y bodegas; pero no pregunta cuántos de los operarios jubilados a los que no le alcanza la pensión pueden tomar como aprendices a esos mismos jóvenes para crear empleos y darle utilidad a un área que lleva años inactiva, sin beneficio alguno para la comunidad.

Creo que no se trata de escoger entre «repartir pescado o enseñar a la gente a pescar», sino de que el Estado se responsabilice con la protección de los más necesitados y, a la vez, forme parte de un tejido institucional capaz de estimular formas de participación social que empoderen a las personas y las comunidades, que amplíen sus oportunidades para crecer desde sí mismas.

«Nuestra sociedad está siendo escenario de complejos procesos»

¿Cree que las sanciones impuestas a la mayoría de los manifestantes negros del 11 de julio llevan consigo un trasfondo racista?

Para responder esa pregunta de forma concluyente tendría que disponer de análisis cualitativos de los atributos personales de los sentenciados ––entre ellos el color de la piel––; resúmenes de los delitos imputados y juzgados y reportes de estados de opinión que den cuenta, con suficiente detalle, de las argumentaciones ofrecidas por fiscales y abogados sobre las historias de vida de las personas implicadas.

Sé, por estimación empírica, que entre los condenados a las más largas penas las personas negras y jóvenes están sobrerrepresentadas, si se las compara con el conjunto de la población. Lamentablemente, el secretismo que tanto perjudica el funcionamiento institucional cubano también está presente en esta área. Sin estadísticas sobre ciudadanos implicados en la comisión de delitos, sentencias derivadas de la aplicación de la justicia penal, indicadores demográficos de la población privada de libertad, y resultados de las políticas de resocialización de las personas egresadas de los establecimientos penitenciarios, no sería responsable emitir criterios conclusivos sobre esta cuestión. 

car gen cuba eeuu protestas
11J en Cuba / Foto: AméricaTV

Lo que sí percibo son excesos que gravitan sobre los presuntos efectos educativos de las penas impuestas, así como señales de subestimación de las torceduras vitales inducidas por desventajas históricas que las políticas públicas cubanas no han logrado revertir ni compensar en la medida suficiente. Hay que evitar por todos los medios que el ejercicio continuado de esa subestimación genere sesgos de naturaleza racial.

Un primer grupo de problemas corresponde al contexto en que se juzgan las responsabilidades individuales asociadas a los hechos. En primer lugar, la reforma del Código Penal cubano no estuvo precedida ––como en la ocasión anterior, a finales de los años ochenta–– de un amplio proceso de debate con diferentes sectores de la población. Esta vez se empleó un procedimiento de consulta indirecta y despersonalizada, con acceso virtual a ciertas plataformas. Ese método, a mi modo de ver, no tuvo en cuenta el crecimiento de la cultura jurídica de la población cubana, el ambiente de debate existente en el país, el momento político vivido ni la dispar posesión de tecnología digital, asimetría que, por cierto, se expresa también en términos raciales.

La norma legal aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular reforzó el carácter punitivo de la justicia penal —por ejemplo, el número de delitos castigables con la muerte y la prisión perpetua se ampliaron en 20% o más, respecto al Código de 1987—; un énfasis que no parece estar en sintonía con la manifestación histórica, reflejada en series estadísticas, de los delitos en Cuba, sobre todo, de los delitos graves.

Esa percepción compromete, por exceso, el principio de racionalidad que debe regir la justicia penal; mientras que otras, como el no reconocimiento explícito del feminicidio, lo hacen por defecto. La propuesta de incluir esa figura no se aprobó, a pesar de que en 2020 las mujeres asesinadas duplicaron la cifra del año anterior.

Las estadísticas de los ocho primeros meses de este año tornan más evidente la subestimación de la peligrosidad social de este delito: cincuenta y cinco mujeres han sido ultimadas hasta ahora, diecinueve más que el total de 2022.[2]

El nuevo Código Penal satisfizo viejos reclamos, como la eliminación del índice de peligrosidad, una percepción de amenaza social pre delictiva que naturalizó los tratamientos racializados hacia la juventud masculina y afrodescendiente. Pero existen numerosas evidencias de perfilamiento racial en la actuación de los agentes de orden público, muchos de los cuales son negros o mestizos. Esa «razón punitiva» que prejuzga a partir de la apariencia, el lenguaje verbal y corporal, el lugar de origen o el barrio en que se vive, construye significaciones degradantes sobre las personas negras de las capas populares y, querámoslo o no, otorga consistencia a opiniones socialmente compartidas. Cada cierto tiempo, chistes, caricaturas y producciones audiovisuales difundidas a través de medios oficiales ofrecen evidencias de esos procesos.

Codigo Penal cubano
Foto: Parlamento cubano

En esa perspectiva que convierte en sujetos peligrosos a personas que no denotan cualidades distintivas de «éxito social», hay un sustrato de naturaleza histórica en el que predisposiciones clasistas, raciales y culturales se combinan con prácticas institucionales autoritarias y terminan reforzándose mutuamente.  Por eso es tan importante cuestionar el punitivismo,[3] no solo en el ejercicio de gobierno, sino, además, como actitud social en progreso.

Nuestra sociedad está siendo escenario de complejos procesos, entre ellos una re-estratificación que incrementa distancias sociales y reconstruye jerarquías, dotándolas de nuevos atributos simbólicos; una mezcla de disociación y crispación políticas sin precedentes cercanos en el tiempo; y la recodificación de viejos prejuicios sociales, todo lo cual tiene como telón de fondo un profundo cambio cultural. Son procesos caracterizados por la diversidad de presupuestos, actores, dinámicas y modos de expresión. Estudiarlos seriamente, dilucidar las interconexiones entre ellos, ayudaría a comprender por qué fue tan significativa la presencia de personas negras en los disruptivos escenarios del 11 de julio.

Trascender la dimensión fenomenológica de los procesos en marcha, favorecería el desplazamiento del enfoque criminológico, aún vigente, hacia una lectura más social —no solo sociológica— de acontecimientos de ese tipo.

Mi lectura en clave clasista y racial de las protestas[4] y de los efectos que causan tales disrupciones en la reproductibilidad del proyecto sociopolítico cubano ––más allá de las tres generaciones que lo han protagonizado y sostenido[5]––, intenta desentrañar una realidad que, dos años después, sigue acumulando tensiones y conflictos y relacionando a las personas negras, sobre todo sin son jóvenes de los estratos populares, con las percepciones más negativas.

Notas

[1] Zuleica Romay Guerra: Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad, La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2012, Biblioteca Virtual CLACSO. Disponible en: http://biblioteca.clacso.edu.ar/Cuba/casa/20200419093503/Elogio-de-la-altea.pdf

[2] Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT): «Con un nuevo crimen machista en Pinar del Río suman 55 feminicidios en lo que va de 2023», Alas Tensas, 10 de agosto de 2023. Disponible en: https://alastensas.com/observatorio/suman-55-feminicidios-en-cuba-en-lo-que-va-de-2023/

[3] Para las ciencias sociales de hoy, el punitivismo alude a «[…] los modos contemporáneos de gobierno que impone y administra su orden a través de la producción de políticas públicas, marcos burocrático-administrativos y estructuras legales centradas tanto en prácticas institucionales de enjuiciamiento, sanción y castigo como en deseos de vigilancia preventiva y control». Véase: Nicolás Cuello y Diego del Valle Ríos: «Caminos para desarmar la crueldad», Jacobin, 24 de marzo de 2023.  Disponible en: https://jacobinlat.com/2023/03/24/desarmar-la-crueldad-conversar-a-traves-de-la-diferencia/

[4] Zuleica Romay Guerra: Cuba: «Sincronizando narrativas sobre el 11-J», Sin Permiso, 5 de septiembre de 2021. Disponible en: https://www.sinpermiso.info/textos/cuba-sincronizando-narrativas-sobre-el-11-j

[5] Zuleica Romay Guerra: «Grietas en la pared: una mirada al contexto social del 11J», en: William M. LeoGrande, John M. Kirk and Philip Brenner: The road ahead: Cuba after the July 11 protests, American University, octubre de 2021. Disponible en: https://www.american.edu/centers/latin-american-latino-studies/upload/romay_grietas-en-la-pared.pdf

 

Mercenarismo, tráfico humano y transparencia informativa

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mercenarismo

El Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) publicó este martes una Declaración sobre la trata de personas con fines de reclutamiento militar. El texto refiere que el Ministerio del Interior (MININT) «detectó y trabaja en la neutralización y desarticulación de una red de tráfico de personas que opera desde Rusia para incorporar a ciudadanos cubanos allí radicados, e incluso algunos procedentes de Cuba, a las fuerzas militares que participan en operaciones bélicas en Ucrania».

El pronunciamiento se da luego de que salieran a la luz testimonios de cubanos que fueros captados en la Isla desde Rusia, presuntamente engañados, para participar en la guerra a cambio de remuneración económica. Por tanto, las acciones de autoridades cubanas para desarticular la red de trata, cobra mayor importancia debido al grave daño que implica para la seguridad nacional y las nefastas consecuencias para las familias cubanas.

Destaca en la declaración el uso de la palabra «mercenarismo», un término hasta ahora reservado exclusivamente a las actividades de sectores opuestos al gobierno cubano, y que, en el caso de esta forma de combate en las filas del ejército ruso, era referido bajo el eufemismo de «empresa militar privada» por los medios estatales en la Isla.

Muchas veces resulta difícil desentrañar qué se esconde detrás de escuetos comunicados diplomáticos, sobre todo teniendo en cuenta la tradición de las instituciones cubanas de ser sumamente parcas a la hora de transparentar información sensible a la ciudadanía, lo cual es cada vez más contraproducente en un país ya interconectado, donde la desinformación y las conjeturas llenan los vacíos de información.

La Joven Cuba comparte la voluntad expresada por el Estado cubano de oponerse a cualquier forma de mercenarismo y manifestarlo así en foros multilaterales. Por otro lado, reconocemos la reiteración del MINREX de que «Cuba no forma parte del conflicto bélico en Ucrania». Esto, no solo es congruente con la posición justa de oponerse y desaprobar cualquier guerra de agresión que viole la integridad nacional de un Estado o afecte a sus ciudadanos, sino que es una forma concreta de contribuir a la paz y el derecho internacional.

Sobre la afirmación del MINREX de que «se han neutralizado intentos de esta naturaleza y se han iniciado procesos penales sobre personas involucradas en estas actividades», La Joven Cuba considera imprescindible que el tema sea abordado con transparencia por los canales y medios de comunicación nacionales, en aras de explicar el modus operandi de la red de tráfico, quiénes eran sus contratistas en Rusia, sus facilitadores en el territorio nacional, qué posiciones y/o cargos ocupaban en ambos casos, así como el destino final de los cubanos que se encuentran actualmente en zona de guerra.

Una comunicación que aporte claridad sobre lo sucedido, no solo sería una forma de garantizar el derecho de la ciudadanía a tener información sobre hechos tan graves que comprometieron la seguridad del país y la vida de varios cubanos, sino también de generar conciencia sobre los peligros que pudieran implicar acciones similares en el futuro.

Por otro lado, si bien la Declaración del MINREX no se refiere al asunto, observamos con suma preocupación reportes de la visita a Kiev de un opositor cubanoamericano de extrema derecha, partidario de una invasión militar a la Isla, con el aparente propósito de incrementar la participación de los migrantes cubanos en el conflicto europeo, así como intentar tensar la relación de Cuba con Ucrania y sus aliados. Esta acción está lejos de contribuir a una solución pacífica del conflicto y podría traer graves consecuencias políticas, pues, a pesar de las obvias alianzas geopolíticas del gobierno cubano con Vladimir Putin, La Habana nunca ha roto las relaciones diplomáticas con su contrincante ucraniano.

Apoyamos toda gestión encaminada a esclarecer lo sucedido y detener la red de tráfico, a la vez que insistimos en la pertinencia de mantener la no intervención cubana en el conflicto. Asimismo, resulta imprescindible que las naciones involucradas, particularmente Rusia, tomen medidas con quienes cometan delitos de tráfico humano relacionados con la contratación de ciudadanos cubanos en la guerra.

Cuba en Mundial de Atletismo: Triple salvador y lecturas objetivas entre tiempos y marcas

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Cuba en el Mundial de Atletismo
Foto: TVYumurí

El triple salto fue el santo y seña de Cuba en el Mundial de Atletismo de Budapest: Lazáro Martínez (17.41 metros-plata), Leyanis Pérez (14.96-bronce), Cristian Nápoles, (17.40-bronce) y Liadagmis Povea (14.87-sexta).

No podía ser de otra manera. Nuestra escuela de saltos una vez más hizo gala de la cadencia heredada, la soltura para correr, atacar la tabla, despegar, hilvanar cada secuencia y devorar metros, antes de aterrizar en el tanque de arena que históricamente la ha respaldado.

Tercera ocasión que Cuba coloca a dos triplistas en el podio de mundiales absolutos. Lázaro Martínez (17.41-plata) y Cristian Nápoles (17.40 marca personal-bronce). Foto: olympics.com
Tercera ocasión que Cuba coloca a dos triplistas en el podio de mundiales absolutos. Lázaro Martínez (17.41-plata) y Cristian Nápoles (17.40 marca personal-bronce). / Foto: olympics.com

Esa modalidad sacó a Cuba del recuerdo gris de la edición de 2022 en Oregón, Estados Unidos (EE.UU.) donde, por primera vez en la historia de estos certámenes, los atletas de la Isla se marcharon sin medallas.

En la capital húngara, además de los «saltamontes» del triple, rindieron actuaciones loables el saltador de altura Luis Enrique Zayas con marca personal de 2.33-cuarto; el novel saltador de longitud Alejandro Parada 8.13 en preliminares y luego 7.86-décimo, en la final; y la discóbola Silinda Morales, con 62.76 para colarse en la discusión de las preseas y luego 62.31-undécima en dicha instancia.

El performance de estos atletas y los restantes 20 efectivos, le valió a Cuba la posición 25 del medallero, avalada por una plata y dos bronces, y la 17 de la tabla de puntuación con 27 unidades. Además, Zayas ocupó el cuarto escaño y Liadagmis el sexto.

En el Centro Nacional de Entrenamiento de la capital húngara, enclavado en las márgenes del Danubio, EE.UU. ejerció su poderío tanto en preseas (12-8-9) como en puntuación (277 rayas). Hablamos de la nación que ha reinado en 15 de las 19 ediciones mundialistas, secundada en esta ocasión por Canadá (4-2-0); España (4-1-0), aupada por sus marchistas Álvaro Martín y María Pérez (4-1-0); Jamaica (3-5-4), diversificada y sin depender exclusivamente de sus velocistas; y Kenya (3-3-4), hegemónica en el fondo y el medio fondo.

Una cita del Deporte Rey que, a juicio de este analista, hizo honor a su condición de tercer megaevento deportivo después de los Juegos Olímpicos y el Mundial de Fútbol. De acuerdo con la World Athletics, las competencias de Budapest fueron atestiguadas por más de 400 000 espectadores de 120 países, además de que la web de dicho ente registró más de 28.5 billones de vistas, registrados sin precedentes para esa competición.

En el plano netamente deportivo, se patentó un récord universal absoluto, salido de las piernas del relevo mixto estadounidense con 3:08.80 minutos, carrera que será recordada por la caída de la fenomenal holandesa Femke Bol a escasos metros de la meta, cuando parecía que llegaría dorada a la tierra prometida.

Sha’Carri Richardson (10.65 segundos en el hectómetro) igualó el quinto mejor crono de todos los tiempos. Foto: runnersworld.com
Sha’Carri Richardson (10.65 segundos en el hectómetro) igualó el quinto mejor crono de todos los tiempos. / Foto: runnersworld.com

Además, se implantaron seis cotas de campeonato a la cuenta del balista norteño Ryan Crouser (23.51m), el discóbolo sueco Daniel Ståhl (71.46), la también estadunidense Sha’Carri Richardson (10.65 segundos) en el hectómetro, la jamaicana Shericka Jackson (21.41) en los 200, la marchista ibérica María Pérez (2:38:40 horas) en el trazado de 20 kilómetros, y la posta de 4×100 de EE.UU. con sus fulminantes 41.03 segundos de la definición.

A lo que cabe adicionar 11 registros de área, 73 récords nacionales y las primacías sub-20 del hijo de la tierra del reggae, Roshawn Clarke (47.34 segundos), en las semis de los 400 con vallas; así como los 4.65 metros de la pertiguista estadunidense Hana Moll en preliminares.

Budapest marcó el hito de ser la primera edición mundialista con títulos compartidos, acuerdo pactado por las pertiguistas Katie Moon (EE. UU.) y Nina Kennedy (Australia) luego de sobrevolar la varilla sobre los 4.90 metros.

Pero, si de primeras veces se habla, el jabalinista indio Neeraj Chopra (88.17 metros) acarició la gloria suprema, lo mismo que el triplista burkinés Hugues Fabrice Zango (17.68) y la serbia Ivana Vuleta, con imponentes 7.14 en la longitud para damas.

Cuba en el colimador

Me gustaría afirmar que, en la actualidad, el campo y pista cubano es más que triple, saltos o algunos vestigios de lanzamientos. Pero al calibrar rendimientos y la proyección inmediata de los atletas, no puedo pecar de atrevido. Albergo nostalgia por aquellos tiempos de fuego en la pista, tirados de los pinchos de Ana Fidelia, Roberto Hernández, Norberto Téllez, Liliana Allen, Iván García, nuestros relevos del 4×100 y el 4×400 masculino que salían, como se dice en la jerga popular, a «changanear» hasta «con el más pinto de la paloma».

Tatuados en la memoria están los saltos desenfadados y esa bicicleta felina de Iván Pedroso; o los pulsos endemoniados que desafiaban la gravedad de Javier Sotomayor con Patrik Sjöberg, Charles Austin, Hollis Conway, Troy Kemp y compañía.

La mejor actuación de Cuba en una versión de cita del orbe atlética data de Atenas 1997. Allí, además del Soto (2.37 metros), Pedroso (8.42) y Ana Fidelia (1:57.14 minutos en 800), se vistió de oro el triplista Yoelbi Quesada (17.85 metros), quien estuvo acompañado en el pedestal por Aliécer Urrutia (17.64-bronce). Una especie de dejavú de lo acontecido en Budapest, donde nuevamente triplistas cubanos materializaron doble podio y, por si fuera poco, con Lázaro Martínez entrenado por el propio Yoelbi Quesada.

En la capital helénica, Norberto Téllez (1:44.00 minutos) también se agenció plata en los 800 masculinos, para redondear el tercer peldaño del medallero, e Iván García en los 200 metros y el 4×100 varonil (cuartos). También los jabalinistas Emeterio González y Olisdeylis Menéndez, dueños de sendos séptimos lugares, aportaron a la causa de los 62 puntos alcanzados.

Si profundizamos aún más en la actuación histórica de Cuba en la prueba del triple, hallamos que las tres preseas logradas en la capital húngara, completan la cifra de 15 obtenidas en dichos certámenes.

No menos interesante resulta que, desde aquellos míticos 17.40 metros de Pedro Pérez Dueñas en los Panamericanos de Cali 1971, otros 20 triplistas de la Mayor de las Antillas han superado los 17.15 que se pedían en Budapest para acceder a la final; en tanto, 15 féminas esculpidas en la escuela cubana han clavado sus pinchos más allá de los 14.30 exigidos en suelo húngaro para ser finalistas. Registros que, para muchos exponentes de la prueba, pueden tornarse incluso inalcanzables.

Con el propósito de entender mejor la realidad de Budapest, parto del criterio de que resulta difícil mantener un pico de rendimiento que le permita realizar registros de relieve en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador, el Mundial y los venideros Juegos Panamericanos de Santiago de Chile. Hablamos de preservar la forma deportiva durante casi cinco meses, sin contar que algunas de las primeras figuras, además, encaran etapas de la Liga del Diamante o del circuito de Challenges de la World Athletics.

Leyanis Pérez se reafirmó como uno de los mayores talentos del atletismo Mundial: 14.96 metros, a dos centímetros de su marca personal y cinco saltos sobre 14.70. Foto: Xinhuanet.com
Leyanis Pérez se reafirmó como uno de los mayores talentos del atletismo Mundial: 14.96 metros, a dos centímetros de su marca personal y cinco saltos sobre 14.70. / Foto: Trabajadores

Entonces, era de esperarse que muchos de los atletas que compitieron en San Salvador y repitieron en Budapest, no fueran capaces de acercarse a sus mejores rendimientos.

Asimismo, la infraestructura de preparación, en el caso de quienes cubrieron todo el periodo de puesta a punto en el Estadio Panamericano, y otras cuestiones asociadas a saberes y ciencia aplicada al deporte, se encuentran por debajo de otras naciones que son consideradas potencias o están en el primer nivel de desarrollo atlético, al tiempo que muchos entrenadores cubanos moldean estrellas de otros países.

Los casos más connotados en esta oportunidad fueron la fenomenal triplista venezolana Yulimar Rojas (15.08 dorados), para su cuarto cetro en línea en Mundiales al aire libre; la dominicana Marileydi Paulino, dueña de la vuelta al óvalo con plusmarca de la cita incluida (48.76 segundos); y la jabalinista colombiana Flor Denis (65.47 metros y récord sudamericano), quienes compiten bajo la égida respectiva de Iván Pedroso, Yaseen Pérez y Ramón Breto, respectivamente.

No debe desestimarse el golpe contundente del fenómeno migratorio en las áreas de mayor prestancia dentro del atletismo cubano. Baste mencionar, entre los casos más connotados, a las discóbolas Yaimé Pérez y Denia Caballero; los triplistas Pedro Pablo Pichardo, Yordan y Andy Díaz, y Alexis Copello; o los vallistas Orlando Ortega, Yasmany Copello, Roger Iribarne u Omar Cisneros, entre otros exponentes de la disciplina.

Con el paso de los años y la agudización de cada una de las variables mencionadas, Cuba ha cedido terreno, incluso en aquellas especialidades más prestigiosas hasta hace un tiempo. De tener medallistas en diferentes pruebas de lanzamientos, la Isla ha transitado a no contar con alguno capaz de culminar entre los ocho primeros. Situación similar viven las vallas, el medio fondo y la velocidad, quedando a flote solamente el área de saltos, como ha sido demostrado.

A ello se añade el estigma que arrastran los atletas antillanos de no poder realizar sus mejores registros en la competencia fundamental. Cuestión que ahora, salvo los performances destacables antes mencionados, volvió a pesar sobre el resto de los exponentes que concursaron en Budapest. Considero justo abrir un paréntesis para soslayar un marcado relevo generacional que se produce en el atletismo, y del cual hay que reconocer su talento en varios casos.

Alejandro Parada (longitud) y Silinda Morales (disco) son los de talento más descollante. Ambos con el peso de asumir el rol de figuras principales en sus respectivas modalidades, sustituyendo a candidatos de envergadura incluso con cartel de finalistas y medallistas como lo hubiesen sido Yaimé Pérez, Denia Caballero y Maykel Massó.

CubaMundialAtletismo
El joven de 19 abriles, Alejandro Parada, es uno de los talentos actuales del campo y pista cubano. En Budapest quedó a dos centímetros de su marca personal de 8.15.  / Foto: Radio Habana Cuba

Añadiría en ese club a la velocista Yunisleydis de la Caridad García, al martillista Ronald Menciá, al discóbolo Mario Díaz, a la vallista corta Greisy Robles y la heptattlonista Marys A. Patterson, quienes son, a mi juicio, los de mayor calibre. Eso sí, toca trabajar mucho con ellos para hablar de verdadera curva de progresión en un futuro cercano.

Ese es el panorama de Cuba en el contexto actual de un Deporte Rey en extremo exigente, con tiempos y marcas insospechados y que merecen, antes de cruzar la línea de sentencia, ser reverenciados.

Hitos

  • Femke Bol de mis amores. Lección de cómo reivindicarse en menos tiempo. Las estilizadas y fibrosas piernas de la holandesa parecen haber sido tocadas por la mismísima Fanny Blankers-Koen o por alguna Náyade sobrenatural. Tras su caída en el relevo mixto hizo suya la pista, con cetros en los 400 con vallas (51.70 segundos de ensueño) y un cierre de un universo paralelo en el 4×400 femenino.
  • EEUU. le ganó el pulso de la velocidad a Jamaica, y en ello fueron determinantes Noah Lyles y Sha´carri Richadson. El primero, pese a su triplete (9.83 segundos en el hectómetro, 19.52 en 200 y 37.38 en el 4×100), habla casi más rápido de lo que corre y sigue a la sombra del Bolt-ido Usain (respectivos 9.58-19.19 y 36.84); mientras Sha´carri se impuso a sus rivales y a las turbulencias que sobre su persona pesaban e intentaban lastrar sus 10.65 de leyenda en el hectómetro, que le valieron igualar en el quinto peldaño de todos los tiempos con su coterránea Marion Jones y con la temible rival de nombre Shericka Jackson.

Además, junto a Tamari Davis, Gabrielle Thomas, y Twanisha Terry estamparon un 41.03 segundos de leyenda en la posta corta. A solo 21 centécimas del tope universal absoluto.

  • Ryan Crouser definitivamente cayó en la poción de Panoramix cuando niño. Desde entonces lleva una bala por yoyo. El cowboy estadounidense emuló a Hulk una vez más, y ahora extendió el récord de los Campeonatos del Mundo hasta 23.51 metros. Como si la bala no pesara 7.26 kilogramos. Crouser posee ocho de los diez mejores registros de 2023 y siete de la decena de todos los tiempos.
  • Yulimar Rojas y Armand Duplantis: nada que hacer. Esa es la saga que han estado filmando los oponentes de estos dos marcianos devoradores de metros. La venezolana puede jugar con sus nervios y con las esperanzas ajenas, y así lo hizo. Le puso todo el flubber a sus pinchos en el sexto intento y, con la naturalidad con la que se camina, dibujó un 15.08 dorado.

A Duplantis, el ingrávido, cualquier altura le parece poca. Tiene un pacto con las nubes y garrocha en mano baja y sube a placer. Como si del ascensor del Burj Khalifa se tratase. En su enésimo vuelo dibujó filigranas con su garrocha sobre los 6.10 que marcaba el listón. Eso sí, nadie parece acercarse a sus estratosféricos 6.21 que dictan el vuelo más connotado de un pertiguista.

  • Shelly-Ann Fraser-Pryce y Lijao Gong: Constancia y leyenda van de la mano. Sus historias tienen una mística singular. De la pista al campo, de la gloria suprema a sacudirse de la sombra de una contraria imposible.

Fraser, con 37 años, todavía conserva aquello de salir disparada cuando suena el disparo del starter, como casi ninguna sabe hacer: 16 medallas en mundiales y 82 carreras por debajo de los 11 segundos, son argumentos sobrados para sus pasos. Fraser, émula de Aquiles, el de los pies ligeros. Tanto así, que sus 10.77 bronceados constituyeron crono personal de temporada.

La jamaicana Fraser-Pryce atesora 16 medallas en Campeonatos Mundiales, únicamente superada por la estadounidense Allyson Felix. Foto: Momento Deportivo.
La jamaicana Fraser-Pryce atesora 16 medallas en Campeonatos Mundiales, únicamente superada por la estadounidense Allyson Felix. / Foto: Momento Deportivo.

¡Gong! Justo cuando suena el campanazo final de estas líneas, se reinventó por octava ocasión consecutiva la del gigante asiático. A sus 34 abriles sabe lo que es beber del cáliz del triunfo, pero también navegar en las sombras, ahí, siempre acechante ante el menor desliz de sus rivales. En Budapest materializó su octava presea mundial, cuarto bronce (bronce-19.69), a los que suma par de coronas y otras tantas platas. Definitivamente, lo de lanzar el peso se le da como a pocas. 

Yo no hablo de política, a no ser…

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Imagen: Brady Izquierdo

«No, mi hermano, yo no hablo de política».

Si me dieran un peso cubano por cada vez que he escuchado esas palabras de algún conciudadano, probablemente podría comprarme una lata de refresco nacional, que en los tiempos que corren tiene un valor para nada despreciable.

Sin embargo, no es una novedad que los cubanos «de a pie», como los llaman en algunos sitios, han tenido una relación cuando menos complicada con la política a lo largo de las décadas, e incluso, con el término «política» en sí mismo. Esto no es de extrañar cuando, durante tanto tiempo, hablar de política ha sido motivo de «problemas» —decirles problemas es un claro eufemismo— en el trabajo, en el centro educativo y en la sociedad; o en el mejor de los casos, fuente de tedio en alguna reunión «obligatoriamente voluntaria» y no siempre deseada.

No sería difícil descubrir que esa distancia tomada por algunos hacia la praxis y el discurso político es muestra también de una apatía generalizada, existente en gran parte de la población, hacia la vida política de un país donde toda participación es percibida como vana e infructuosa, pues un ciudadano que siente su voz como irrelevante, a sabiendas de que los poderes fácticos harán lo suyo con total independencia de sus opiniones, se sentirá tentado a centrarse en sus asuntos privados y dejar que «los de arriba» hagan lo suyo. El papel del ciudadano en una sociedad así es adaptativo, no participativo.

Carteles Revolucionarios cubanos en Cienfuegos.jpg
Propaganda política en Cuba / Foto: vero4travel

No obstante, sería interesante preguntarse hasta qué punto es posible desentenderse de «la maldita política». ¿Acaso es posible ser políticamente indiferente, o no emitir criterios que posean un matiz político, incluso si no es explícito?

El origen de la palabra «política» nos remite —no puede ser de otra manera—, a la antigua Grecia. El término proviene del griego politikós (?????????), en referencia a la práctica relativa a los asuntos de las polis, es decir, las ciudades-estado que constituían la civilización helénica en su período más próspero. A primera vista, podríamos traducir lo político como aquello relativo a la gestión de los asuntos de las ciudades, idea un tanto vaga, teniendo en cuenta la connotación de la polis para los griegos del período clásico.

La polis clásica, con Atenas como modelo canónico, no se presentaba únicamente como la ciudad, tal y como la entendemos en la actualidad. La polis era además un espacio de convivencia donde cada ciudadano debía participar. Lo político era de todos, y no podía ser de otra manera, ya que la polis solo podía funcionar cuando todos los ciudadanos estaban involucrados de algún modo en su administración y gobierno. La política de la ciudad-estado griega, y los asuntos cotidianos de la vida y la convivencia, eran indistinguibles los unos de los otros. Quienes no atendían los asuntos públicos eran, de hecho, rechazados socialmente y para denominarlos se utilizaba una palabra que, alegremente, ha quedado en nuestro vocabulario: idiota, proveniente de idiotes (???????), con la raíz idios, cuyo significado es: «centrado en uno mismo». Es decir, para los griegos, quien no se interesaba en la política era, literalmente, un idiota.

Con el tiempo, el término política evolucionó, y cambió, además, el contenido de los fines y sujetos políticos. En Cuba, la ciudadanía suele percibir la política como un asunto de gobierno, más que público. Las bases marxistas-leninistas fundacionales del proceso revolucionario cubano, que planteó a la clase trabajadora como sujeto político, y luego a la «vanguardia organizada» —en el Partido Comunista de Cuba— como el canalizador de la voluntad de dicho sujeto, provocó a largo plazo que la concepción de política esté ligada a su carácter partidista. Cuando la «masa» habla por su cuenta —en la voz de sus intérpretes designados—, con independencia de los individuos que la componen, se produce una monopolización y exclusión agresiva en el discurso político, que crea una tendencia a la enajenación del ciudadano.

Partido Inmortal / Propaganda Política
Propaganda política en Cuba / Foto: Radio Progreso

Lo anterior, unido a la nula formación política de la ciudadanía, tras muchos años de priorizar lo ideológico por sobre lo cívico, o lo cívico como sinónimo de lo ideológicamente conveniente, ha generado la sensación de que lo político queda en el plano ideológico de lo burocrático y lo discursivo. La política en Cuba es, según la percepción extendida, hablar y pasar papeles de un lado a otro con un cuadro de Fidel al fondo.

Entonces, no es difícil entender por qué los ciudadanos no «hablan de política», o al menos, no de la política tal y como se percibe en el contexto cubano. Pero, aunque los ciudadanos eviten utilizar el término para describir el contenido de sus conversaciones, ¿realmente no hablan de política?

Muchos de esos cubanos «apolíticos» hablan en su vida cotidiana de sus problemas en el trabajo debido a cierta medida novedosa, hablan de las necesidades de la comunidad, hablan de la escasez, de los precios, de las subidas del dólar o de lo que vieron en el noticiero.

En una cola de la bodega, cual asamblea de rendición de cuentas, pueden ventilarse toda clase de cuestiones geopolíticas sobre la cercanía de determinados proveedores internacionales de arroz y nuestras relaciones con ellos, la solución al problema de la agricultura o, en una tarde de verano, durante una charla en la azotea, algún cubano puede hablar con su primo del Norte sobre las medidas iniciales de la Revolución, pero como es en familia, no se percibe como «política». Sin embargo, lo es, así como también lo es todo lo anterior. Si entendemos, como los griegos, que la política es aquello relativo a los asuntos y problemas públicos, cada apagón genera una conversación política, sea consciente o no el ciudadano.

La política, como aquello que rige la vida pública y comunitaria de la ciudadanía y del Estado, se infiltra de manera inevitable en nuestras charlas cotidianas. Intentar cambiarle el nombre es como tratar de ocultar al elefante en la habitación, pues, incluso rehuyendo del término, se pueden emitir criterios con una definida connotación política. Como decían los Borg en Star Trek: «la resistencia es inútil». Es imposible separar el pensamiento de la opinión en torno a las cosas públicas, o imaginar los futuros más deseables en el plano personal, que siempre están mediados por lo social, lo comunitario y, en fin, lo político.

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Foto: Jorge Luis Baños – IPS Cuba

En el intento de evitar nominalmente lo político y, por tanto, la adquisición de una cultura política seria, el ciudadano se expone a mensajes malintencionados procedentes de todas las posturas ideológicas, y así, movido más por sus emociones iniciales que por un razonamiento consciente, podría verse tentado a abrazar posturas extremas, cuya velocidad de propagación entre la población, especialmente los jóvenes, ha sido abrumadora en los últimos tiempos.

Desde la llegada masiva de internet y las redes sociales, la juventud cubana ha accedido a nuevas formas de pensar y entender la política. La ausencia de contrastes de esas ideas con la «política oficial», o evitar hablar de política, se transforma a menudo en esquemas discursivos poco analíticos, acompañados casi siempre de mucha influencia grupal, de vivencias personales, y del comprensible resentimiento social hacia el estado general de las cosas.

Por otro lado, cuando los ciudadanos deciden «no hablar de política» abren la puerta para que otros, bajo la máxima falaz de «el que calla, otorga», interpreten su silencio como consentimiento para hablar en su nombre, o promover determinadas medidas que, en última instancia, pueden ir en detrimento del bienestar de los mismos apolíticos nominales, sin voz ni voto tras perder la partida desde el principio por no presentación, como ha pasado numerosas veces en el escenario político cubano. En ciertos contextos, incluso, no votar puede verse también como una forma de voto indirecto.

Quizá sería hora de comprender que la política no dejará de influir en nuestras vidas, solo por mirar hacia otro lado. Ignorarla es un esfuerzo vano, y al final terminará desbordando la barrera de contención e impregnando la vida colectiva de todos, que sin la preparación adecuada seremos arrastrados al pozo de la alienación, la radicalización, o la instrumentalización, por otros que convenientemente sí se ocupan —y viven— de ella.

 Al final, como rezaba una canción del popular grupo contestatario Porno para Ricardo, «a mí no me gusta la política, pero yo le gusto a ella, compañeros». Es redundante decir que hay que hablar de política porque, de hecho, ya todos lo hacemos. Es cuestión, más bien, de llamar a las cosas por su nombre, para que luego, al final del cuento, los griegos no puedan llamarnos idiotas a nosotros.

Rouge

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Monte Rouge
Imagen: Brady Izquierdo

Cuando regresé de Europa me puse a montar el corto con el cual debutaba como realizador. Una amiga, Roxana, me presentó a su hijo, Ismael de Diego, que resultó ser un buen socio, competente y talentoso, que no solo editaba, sino que también realizaba sus propios materiales, y además era músico y actor (de hecho, interpreta a Gorky Águila en Habana blues, de Benito Zambrano).

 Yo le había entregado a Frank unas cuantas frases para que las utilizara en la canción tema que le pedí componer. Con ese material, y otro tanto de su cosecha, en un par de días tuvo lista la Balada de Nicanor, una pieza que luego incorporaría esporádicamente a su repertorio de concierto. Para los créditos finales decidimos utilizar una canción suya preexistente, Vigilante nocturno, que encajaba muy bien con el tema y el tempo de la película. Frank grabó y mezcló en su estudio casero, sin cobrarme nada, y en menos de una semana me entregó los másters. (En los años que siguieron, y siempre a solicitud mía, realizó versiones de la Balada en diferentes géneros, para ser cantados bien por él, bien por artistas como Santiago Feliú, Carlos Varela, Gerardo Alfonso, William Vivanco, Raúl Torres, Israel Rojas, el Diony de Zeus, Fernando Bécquer, Diana Fuentes, Bárbaro El urbano… Solo en Pravda, la novena película de la serie, hay una pieza diferente sobre los créditos iniciales, compuesta por Los Aldeanos especialmente para nosotros).

 Otro asunto fue inventar Sex Machine Producciones y diseñar el logo. No es una compañía real en términos legales, no está inscrita ni tiene oficina, no es mucho más que un acuerdo entre caballeros. La llamamos así no solo por el viejo tema de James Brown, sino atendiendo a la filosofía de que una máquina que ya no funciona tan bien como antes sigue siendo una máquina, ¿no? Mi amigo Leandro Pérez, que por entonces trabajaba en los Estudios de Animación del ICAIC, me tiró un cabo con ese breve plano introductorio que desde entonces identifica mis trabajos, con el texto Sex Machine y un explosivo sesenta y nueve…

 En medio de una oleada de apagones que en el mejor de los casos nos dejaban un par de horas inactivos y en el peor, días enteros, Ismael y yo editamos y mezclamos el material (yo aprendía sobre la marcha; debo agradecerle su paciencia) que estuvo listo en septiembre. Cuando tuve el DVD en la mano no podía creerlo: ¡había hecho una película! Sí, tenía libros publicados, conocía la emoción de sostener en las manos una obra propia, pero aquello era otra cosa. Vale, duraba algo menos de 15 minutos y, más que cine pobre, era cine miserable, pero ahí estaba, al fin existía… Le hice unas copias a los actores y algunos amigos, y creí que ahí terminaba todo.

 Jejejejeje.

 En febrero del año siguiente, 2005, durante la Feria del Libro, me enteré de la candela que se gestaba. Al parecer, la Oficina de Intereses americana, sin contar con Luis Alberto, Néstor, Frank o un servidor, repartió copias de la película como parte de sus regalos navideños. ¿Cómo obtuvieron una en primer lugar? Bueno, ya se sabe, yo la había regalado en DVD a los miembros del elenco, que a su vez la reprodujeron para familiares y socios, que a su vez hicieron más copias para novias y más socios… Eso nos enfrentaba a un problema tan obvio que solo nuestra candidez e ignorancia explican que no lo previéramos: ¿cómo enfrentar la piratería de nuestra propia obra? La gente de Miami piratea películas cubanas, y el ICRT y el ICAIC piratean películas americanas para pasarlas en la tele y los cines, pero yo soy una persona jurídica independiente, y de pronto descubrí que la cosa crecía y Marakka 2000 y Kimbara Video, entidades miamenses, vendían mi corto físicamente y online con portada y todo, a unos dieciocho dólares, sin pagarnos un centavo. Y que alguien lo había subido a Youtube. Y luego, que algunas muestras y canales de TV lo exhibían sin untarnos vaselina siquiera. Desde Cuba era poco menos que imposible demandarles, así que por esa vez tuvimos que resignarnos, y procurar, en el futuro, ejercer riguroso control sobre la copia máster.

 En esos días las agencias europeas y americanas nos hicieron miles de entrevistas, todas iguales, todas centradas en lo político, sin una puñetera pregunta de interés artístico, hasta que me harté y dije que ni una más. Las agencias cubanas, por su parte, ignoraban todo el asunto. Finalmente, La Jiribilla Digital me entrevistó, y eso fue todo: dos conceptos enfrentados de cómo debe ser la prensa. Para mí, tan defectuoso y sesgado uno como el otro.

 Lo más divertido fueron las leyendas. El propio Luis Alberto me remitió algo que encontró en Internet, donde se decía con toda seriedad que mi flamante película de 15 minutos había sido encargada y financiada por Raúl Castro, aún jefe del Ejército, para atacar al MININT, su presunto rival después de Fidel. Lo primero que pensamos fue: coño, si así hubiera sido, al menos habríamos tenido más dinero para el rodaje. Otros comentarios nos daban por presos (alguien aseguró que me habían echado 15 años), por desaparecidos o fusilados, o nos lo auguraban con talante ora sombrío, ora compasivo. Todavía en algunos sitios de la red en que está colgado el corto lo presentan como «íntegramente realizado en Cuba», como si eso fuera tan raro o tan difícil.

Decidimos que lo mejor era ponernos enseguida a preparar un segundo corto, y que los extremistas de un lado y del otro hablaran entretanto cuanta mierda quisieran. Ese año 2005 hicimos High Tech, el segundo de la serie, que no nos satisfizo del todo. Pero no importa, hicimos un tercero, Photoshop, que fue mejor, y un cuarto, mejor todavía, y así hasta completar la quincena… exactamente 15 años más tarde. Para nosotros, al menos, ha valido la pena. Monte Rouge, el cuento, fue publicado en Cuba este año, en mi libro Sex Machine (Letras Cubanas, 2009). Y Nicanor está vivo, está en la calle.

Raydel Armando: el alcoholismo y Cuba

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Foto: Néster Núñez

El bar está lleno. Hay cervezas a 150 pesos, lo más barato que se pueden comprar. Desde un rincón, Raydel observa todo. Una pareja paga y se va. Él recoge las latas vacías y las pone dentro del saco. Cuando regresa a su mesa, apartada del resto, ya estoy sentado allí. Nos damos la mano.

-Te afeitaste- le digo.

Raydel se rasca por debajo de la gorra, casi sonriendo, y se pasa la mano por los cañones que le han vuelto a crecer. Ahora solo le queda el bigote, manchado por la nicotina del cigarro y por no lavarlo casi nunca.

-Me regalaron una maquinita. Empecé ahí mismo en el parque, en seco. Yo solo. Pero había un carro parqueado en la calle Río y me miré en el espejo. La verdad es que estaba en candela. Pasó un socio, Damián, y me llevó para su casa. Yo cargaba un saco de latas. Nosotros tenemos ya tres sacos de latas, sin escachar. Cuando las vendamos, el dinero es a la mitad. Entonces me dio un espejo y hasta un jabón y terminé de afeitarme. Después me dio un poco de arroz amarillo con pollo y me dije: «Bueno, ya me cayó algo en el estómago».

«De todas maneras, de regreso para acá vine pidiendo comida a la gente que conozco. Me dieron un tanto así, casi un cuarto de jabita, de congrí. Con lo que me había dado Damián y con esa comida, pasé la noche feliz. Figúrate la artera que cogí, que ya hoy he ensuciado dos veces. Primero fue en el parquecito aquel… no me dio tiempo a nada, era mucha la artera. La segunda vez sí me fui para abajo de una mata de guano que hay entre los dos puentes, a donde siempre voy. No sé si es una mata de guano normal, o si es guano de cana».

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Foto: Néster Núñez

Una señora le trae seis latas de cervezas. Raydel, con su lengua siempre enredada, le agradece. Luego guarda las dos primeras en el saco. La tercera se la lleva a la boca y baja, de un buche, el contenido caliente que le quedaba.

-A estas también le quedan, pero tengo que darle suave a la cerveza, que la presión me sube.

Lo que habitualmente bebe Raydel son las tinturas medicinales con base de alcohol que venden en las farmacias. Lo mismo de tilo, de caña santa que de pino macho. Cada pomo cuesta solo seis pesos. Emborracharse le sale barato.

Antes de las laticas, vendía cloro por las calles.

-Iba a la bomba inyectora del acueducto a buscarlo. El cloro venía puro de Villa Clara. A un tanque normal le podías echar hasta dos de agua. Pero aquello explotó, porque la gente de allí fue muy ambiciosa. Si tú te puedes ganar cien pesos, ¿por qué razón querrás ganarte mil de pronto?. Ese fue su fallo.

«Yo siempre tomé. Desde que llegué de Angola, tomé. Y más desde que se me murieron mis abuelos. La única que me hizo renacer fue mi hija. Me llevaron para Luanda con 17 añitos, en el último llamado. Y de Luanda para Cabinda, a una base de tanques bajo tierra. Yo era francotirador. Había que dormir con las botas puestas y un dedo en el gatillo, porque los Unitas siempre atacaban».

Se rasca el cuello y el brazo; dice que la escabiosis lo tiene loco. Casi nunca se baña. Duerme en el portal del Teatro Sauto, Monumento Nacional, o frente a la galería de arte. Sí, pide comida, pero nunca ha robado. Antes fue albañil. Técnico integral en Construcción Civil. Ganó mucho dinero. Es oriundo de Sibanicú, en Camagüey. Una pareja de médicos, amigos de su abuelo, lo trajeron para Matanzas.

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Foto: Nester Núñez

Le he preguntado cómo llegó a la situación actual, y sus respuestas saltan de un tema a otro: la casa que levantó desde los cimientos en Pastorita, donde le robaron todas las herramientas. La vez que conoció personalmente a Pablo Milanés en otra casa que estaba terminando en el reparto Camilo Cienfuegos. La esposa que tuvo durante diez años. El alquiler en La Marina. La muerte de su abuelo y de su abuela, quienes lo criaron.

-Mi padre renegó de mí cuando yo tenía tres meses- dice.

Como una especie de terapia de choque, para que deje de victimizarse, le digo que muchas personas han pasado por situaciones similares y no terminaron alcoholizadas.

-Yo entiendo lo que tú dices, entiendo. Pero yo siempre tomé. Siempre. Por suerte, fui a Angola. Angola me enseñó a sobrevivir.

Me habla entonces de su hija de 20 años, entre lágrimas. Lo desvío de esa cadena de pensamientos negativos preguntándole, como si fuese un niño, qué tres deseos pediría si se le apareciera un ser mágico.

-El primer deseo que tengo para pedir, esto es sin pensarlo mucho, es que mi hija sea feliz. Que me dé un nieto o una nieta que estudie y que también sea feliz. El segundo deseo, que me renazcan. Renacer es volver a vivir. ¿Por qué? Porque yo cometí muchos errores. Me arrepiento mucho de no cumplir la palabra que le di a mi abuelo: seguir en la construcción. El otro deseo, que me quiten el alcoholismo este que yo tengo. Y el último, que Jesucristo me mande la muerte cuando él desee.

Se pasa la mano por los cañones de la cara. Se ajusta la gorra. Se rasca la escabiosis con sus uñas sucias y largas.

-Probablemente me caiga un trabajo de custodio. Por eso me afeité ayer, porque no me aceptaban con la barba.

Veo bastante difícil que eso suceda, pero callo. En cambio, le señalo varias mesas con latas vacías. Raydel Armando Mesa Vicente arrastra su saco para recogerlas todas.

Salto mis dudas éticas y pongo su nombre y sus fotos para que no sea más el borrachín anónimo del parque, el apestoso del que la gente desvía la mirada. Para que recordemos que, detrás de todos los que son como él, hay una persona, un ser humano, un cubano en desgracia, como cualquiera.

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Foto: Néster Núñez

Además, Raydel me dio su consentimiento, antes de emborracharse, teniendo por testigos al Teatro Sauto (monumento nacional); a la galería de arte; al museo provincial; a la oficina del conservador de la ciudad; al cuartel de bomberos; a los adoquines nuevos y los centenarios; al monumento al mambí independentista cuyo cartel reza: «Los derechos no se mendigan, se conquistan con el filo de la espada…»

Y la dignidad, ¿cómo se recupera?

La pregunta ahora no es ¿cómo caíste ahí?, sino ¿cómo se sale del agujero del alcoholismo, de haber perdido a la familia, de no tener casa?

Los ministerios de Salud Pública, de Trabajo y Seguridad Social, los trabajadores sociales, los CDR, el gobierno, el PCC y el resto de las instituciones que existen para algo, ¿van a esperar a que se le cumpla a todos los Raydeles su cuarto deseo: la muerte? ¿O van a ayudarlos antes?

Rasgos esenciales de la república martiana

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José Martí / Capitolio / República
Foto: Conversación sobre historia

El ideal de república independiente y democrática fue la motivación principal del apoyo mayoritario a los argumentos de José Martí, sobre la posibilidad de crear en Cuba una sociedad a la que «no ha llegado aún, en la faz toda del mundo, el género humano» [1]. Las transformaciones implicaban no solo una forma de gobierno opuesto al que imponía la metrópoli ibérica en su colonia antillana, sino un orden social totalmente diferente, un cambio radical en los métodos y objetivos [2].

En lo económico, proponía un sistema donde «el dueño holgado toque a un poco menos, y el apurado obrero a un poco más» (OC, t. 5, p. 105), en el que la tierra fuera entregada a quien la hiciera productiva, en un país donde se excluyera cualquier tipo de monopolio, se ampliaran las pequeñas y medianas propiedades agrarias en detrimento del latifundio, lo que propiciaría la diversificación de los renglones productivos y la potenciación del mercado interno; el desarrollo de la industrialización basada preferentemente en los recursos propios, así como la recepción de inversiones extranjeras que no afectaran la soberanía nacional. Estos cambios beneficiarían el comercio con otros países.

Tales transformaciones serían insuficientes para lograr el objetivo propuesto. La defensa de los derechos a una vida digna en lo económico es inconcebible sin la plena participación de los ciudadanos en la política, la posibilidad de expresar sus opiniones sobre las decisiones que afectan o atañen a todos y de fiscalizar su aplicación, y el acceso a los espacios de discusión de proyectos y leyes, a fin de contribuir con el aporte de experiencias e ideas [3]. De este modo, los ciudadanos serían entes activos en el proceso de cambios, no simples ejecutores de concepciones ajenas.

Las leyes emanarían de un gobierno elegido democráticamente, en el que todas las fuerzas sociales tuvieran una equitativa representación, inclusive la minoría, portadora de criterios diferentes, aunque no necesariamente como oposición beligerante sino de consejera amiga. (Ver OC, t. 22, p. 108-109)

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Foto: Wikimedia

Una dirección política así elegida actuaría al servicio de los intereses mayoritarios, frente a quienes solo aspiraban a sustituir a los mandatarios hispanos, asumir sus funciones bajo el manto de defensores de la libertad, continuadores del desprecio hacia el pueblo y sus necesidades desde posiciones autocráticas y dogmáticas: métodos que generalizaban la desconfianza y el rechazo. (Ver OC, t. 9, p. 488)

El riguroso respeto a los principios enunciados garantizaría la prosperidad general.  Martí afirmó que «un sistema equitativo de distribución de los productos del trabajo» permitiría alcanzar la igualdad social «sin llegar a nivelaciones ilusorias e injustas», y que «pudiese el trabajador vivir con decoro y sosiego» [4].

Paralelamente, el control popular sobre el aparato ejecutivo sería el recurso para obstaculizar la formación de cúpulas elitistas, la centralización excesiva y los formalismos conducentes a la ausencia de comunicación entre gobernantes y gobernados, con el consiguiente retraimiento de las masas, e impediría la generación de una burocracia improductiva, con intereses particulares, que invirtiera las funciones de servidora en servida y se transformara en una especie de propietaria egoísta y malsana, que obstruyera el desarrollo de la pertenencia colectiva [5].

El Apóstol se enfrentó a esta tendencia, pues «la vida burocrática tenémosla por peligro y azote» (OC, t. 1, p. 479); ha de lograrse que «no entre en la sangre de la república la peste de los burócratas» (OC, t. 5, p. 405), quienes se convierten en una casta defensora de sus espurios privilegios: «Con la casta, vienen los intereses, las cábalas, las altas posiciones, los miedos de perderlas, las intrigas para sostenerlas. Las castas se entrebuscan, y se hombrean unas a otras» [6].

La inexistencia de mecanismos adecuados para combatirlas contribuye al incremento de su fuerza arbitraria, basada en procederes innobles, ante los cuales debe alzarse la ética martiana: «a nuestras almas, desinteresadas y sinceras […] no llegará jamás la corrupción!» (OC, t. 4, p. 231) El Maestro advertía, con atinada previsión y ante los posibles riesgos futuros, que sus compromisos de gratitud no los olvidaría nunca, «pero consideraría un robo pagar estas deudas privadas con los caudales públicos, y envilecer el carácter de los empleos de la nación hasta convertirlos en agencias del poder personal, y en paga de servicios propios con dinero ajeno». (OC, t. 21, p. 408)

Para evitar estos males, era necesaria la participación efectiva del pueblo, así como el diálogo y el debate permanentes. Afirmó que «no debe gobernar el que no tiene la capacidad de convencer» (OC, t. 10. p. 449), pues a la unidad de pensamiento solo puede llegarse mediante el libre flujo de opiniones y la confrontación de argumentos, sin pretender alcanzar la unanimidad de criterios —«unanimidad imposible en un pueblo compuesto de distintos factores, y en la misma naturaleza humana» (OC, t. 1, p. 424)—, ya que la coincidencia de ideas en modo alguno significa «la servidumbre de la opinión», sino la concordancia en los propósitos esenciales y en la actuación personal y colectiva para lograrlos.

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Raúl Martínez, 15 repeticiones de Martí / Foto: Museo Nacional de Bellas Artes

Al respecto, dijo: «Lo que se ha de preguntar no es si piensan como nosotros; ¡sino si sirven a la patria […] con aquel estudio de los componentes del país y el modo de allegarlos en vez de dividirlos […!]». (OC, t. 4, p. 219)

No se trata de imponer una forma de pensamiento, pues con las capacidades y limitaciones que la caractericen, cada persona puede formarse un juicio, y debe encomiarse la honradez de expresarlo con franqueza, sin temor al error, pues este puede rectificarse. Deshonesto, advertía el Maestro, es quien «desee para su pueblo una generación de hipócritas y de egoístas» (OC, t. 4, p. 188-189), incapaces o temerosos de decir lo que sientan y piensan.

A la diversidad de opiniones no hay que temer, sino a la falta de ellas, que indicaría pobreza de espíritu y sumisión del pensamiento, con los que no se forjan naciones fuertes, sino colectividades aborregadas.

Guiados por el ideario de José Martí, mediante la asimilación de cuanto propicie el engrandecimiento humano, podría construirse la república justa que concibió.

REFERENCIAS

[1] José Martí: “Los pobres de la tierra”, en Obras Completas, La Habana, 1963-1973, t. 3, p. 304-305. (En adelante, las referencias se harán dentro del texto, entre paréntesis, con las siglas OC.)

[2] Sobre este tema pueden consultarse: Emilio Roig de Leuchsenring: La República de Martí, 1943; Jorge Mañach: El pensamiento político y social de Martí, 1941; Ramón de Armas: La Revolución pospuesta. Contenido y alcance de la revolución martiana por la independencia, 1975; Paul Estrade: José Martí. Los fundamentos de la democracia en Latinoamérica, 2000; Jorge Ibarra: José Martí, dirigente político e ideólogo revolucionario, 1980; Pedro Pablo Rodríguez: “La idea de la liberación nacional en José Martí”, en Anuario Martiano, no. 4, 1972; y Eduardo Torres Cuevas: “El proyecto inconcluso de José Martí”, en El alma visible de Cuba. José Martí y el Partido Revolucionario Cubano, 1984.

[3] Sobre el concepto de participación, ver Rafael Hernández y Haroldo Dilla: “Cultura política y participación popular en Cuba”, Cuadernos Americanos, La Habana, no. 15, julio-diciembre de 1990, p. 111-115.

[4] José Martí: Otras crónicas de Nueva York, investigación, introducción e índice de cartas de Ernesto Mejía Sánchez, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1983, p. 67-68 y 69.

[5] Ver José Ramón Favelo Corzo: “Mercado y valores humanos”, en Temas, no. 15, La Habana, julio-septiembre de 1998, p. 36-37.  

[6] José Martí: Obras Completas. Edición Crítica, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2010, t. 17, p. 31. Ver: Omar Guzmán Miranda: La sociología de José Martí. Una concepción del cambio, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2017, p. 172-174.