La otra muerte de Sandino

por Julián Pérez Rodríguez
Sandino (1)

Apenas tenía 22 años y era, según cuenta Gabriel García Márquez, «una muchacha muy bella, tímida y absorta, con una inteligencia y un buen juicio que le hubieran servido para cualquier cosa grande en la vida». Lo más grande que decidió, y por lo que dejó la carrera de Medicina, fue la lucha guerrillera.

Aquel 22 de agosto de 1978 formó parte del comando de veinticinco militantes sandinistas que ejecutaron con precisión milimétrica el asalto y toma del Palacio Nacional de Managua, lograron mantener a los allí reunidos como rehenes y, más de cuarenta horas después, que el tirano Anastasio Somoza Debayle liberara a los presos políticos del país.

Para la acción su seudónimo fue Comandanta Dos, tercera en la escala de mando luego de Cero y Uno. Aquel «disparate magistral» del asalto y otras muchas osadías, la consagraron como heroína. Tras el triunfo sandinista se convertiría en Ministra de Salud. Su nombre: Dora María Téllez. El mismo que destelló en titulares de prensa el pasado 13 de junio de 2021 cuando fuera arrestada en su finca por las fuerzas represivas del régimen de su otrora compañero de armas y sueños: Daniel Ortega Saavedra.

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Dora María Téllez (Foto: Carlos Herrera/Confidencial)

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El mensaje, breve y contundente como un mazazo, le dio la vuelta al mundo, el pasado 8 de septiembre:

La dictadura de la familia Ortega me ha acusado a través de su propia fiscalía, y ante sus propios jueces, de los mismos delitos de incitación al odio y la violencia, menoscabo de la integridad nacional, y otros que no he tenido tiempo de leer, acusaciones por las que se encuentran presos en las mazmorras de la misma familia muchos nicaragüenses dignos y valientes.

No es la primera vez que ocurre en mi vida. En el año de 1977 la familia Somoza me acusó por medio de su propia fiscalía, y ante sus propios jueces, de delitos parecidos a los de ahora: terrorismo, asociación ilícita para delinquir, y atentar contra el orden y la paz, cuando yo luchaba contra esa dictadura igual que lucho ahora contra esta otra.

Escribió desde el exilio, porque ya su país, en el que edificó una literatura que le valió el Premio Cervantes, no era tierra segura. Su nombre: Sergio Ramírez. Su represor: aquel presidente, del cual fue vice en los lejanos y hermosos tiempos de la Revolución Sandinista: Daniel Ortega Saavedra.

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Sergio Ramírez (AP Foto)

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No tengo dónde vivir./ Escogí las palabras./ Allá quedan mis libros/ Mi casa./ El jardín, sus colibríes. (…) Me fui con las palabras bajo el brazo/ Ellas son mi delito, mi pecado/ Ni Dios me haría tragármelas de nuevo. (…) Me fui con mis palabras a la calle/ Las abrazo, las escojo/ Soy libre/ Aunque no tenga nada.

Si solo fuera un poema, un imaginativo ejercicio lírico, tendría motivos para conmover. Pero en el caso de esta mujer, el poema es su vida. La primera vez que se exilió, por combatir a la dictadura somocista, tenía 25 años de edad; ahora cuenta 72. Tomó el camino del exilio —casi podría decirse del destierro— ante la «reciente redada de treinta y seis opositores y de otros 140 prisioneros políticos», denunció

«A los más recientes les han impuesto una modalidad carcelaria violatoria de sus derechos humanos en extremo: llevan más de 100 días incomunicados en celdas, con luces que no se apagan por la noche, con escaso alimento e interrogatorios intempestivos a diario. No les han permitido un libro, ni un papel, ni un lápiz. La mayoría lucen famélicos».

Se llama Gioconda Belli, sus poemas de amor y desamor han recorrido Hispanoamérica. El Presidente Daniel Ortega Saavedra parece no haberlos leído.

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Gioconda Belli (Foto: Oscar González)

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Antes de que lo apresaran, previsoramente, el general filmó un video de denuncia. «La dictadura de los Somoza no logró encarcelarme. Luchamos duro, murieron muchos compañeros. Tengo 73 años, nunca pensé que en esta etapa de mi vida iba a estar luchando de forma cívica y pacífica contra una nueva dictadura», dijo.

En el mítico Asalto al Palacio (casa de los chanchos), ocupó el puesto de Comandante Uno. Ya para ese momento era —a juicio de García Márquez—, un «veterano guerrillero de treinta años, con una formación política tan eficiente como su formación militar».

Sobre sus espaldas pesaba entonces una condena en ausencia de treinta años de cárcel por haber participado en otra célebre operación guerrillera: el secuestro de una fiesta de familiares de Somoza en 1974. Aquella temeraria acción, en la que Hugo Torres Jiménez también fue el Comandante Uno, pretendía lo mismo que la toma de la Chanchera cuatro años más tarde: la liberación de los presos políticos del régimen, entre ellos, un joven que llevaba más de un lustro en cautiverio: Daniel Ortega Saavedra.

Sandino (5)

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Elecciones. Así llaman a eso que sucedió en Nicaragua el pasado domingo 7 de noviembre, en lo que cualquier observador con un mínimo de raciocinio y pudor, podría ver otra cosa. Otra cosa turbia, macabra, más cercana a un circo o un gran teatro, que a un legítimo proceso en democracia.

«Con los principales aspirantes a la Presidencia encarcelados —Cristiana Chamorro, Arturo Cruz, Félix Madariaga, Juan Sebastián Chamorro, Miguel Mora, Medardo Mairena, Noel Vidaurre y Berenice Quezada—, más que un proceso de expresión de la voluntad popular, lo ocurrido ayer fue una nueva sima en la degradación de la institucionalidad nicaragüense y un espectáculo de simulación que no engaña a propios ni a extraños», señaló el periódico La Jornada, de histórica filiación izquierdista.

«Por su absoluta falta de legitimidad y legalidad, la previsible relección de Ortega [finalmente consumada] amenaza con reavivar el descontento social hacia su gobierno y relanzar al movimiento de protesta que en 2018 aglutinó a los más diversos sectores, una verdadera irrupción ciudadana que la autocracia orteguista sólo consiguió sofocar al costo de más de 300 muertos, la creación de grupos de choque paramilitares y la instauración de un verdadero Estado policial», detalló el diario mexicano.

Mientras desde muchos países se alzaron voces de condena a semejante espectáculo electoral, desde Cuba, el NTV, Cubadebate, Con Filo y otros espacios oficiales, informaron con jolgorio del triunfo de la pareja presidencial —el Presidente y su esposa y vice presidenta Rosario— y su más del 75% de los votos. «Estos comicios han demostrado que la mayor parte del pueblo nicaragüense continúa confiando en el mandatario (…) tras cuatro períodos presidenciales y múltiples intentos desestabilizadores perpetrados en su contra», resumió Cubadebate, con información de Telesur.   

No era de extrañar, cuando el Presidente y primer secretario del Partido Comunista de Cuba tuiteó: «Felicidades al hermano pueblo de #Nicaragua, a Daniel Ortega y a Rosario Murillo, por el resultado de las elecciones de este domingo, que fueron una demostración de soberanía y civismo ante la cruel campaña mediática que sufren. Cuenten siempre con el apoyo de #Cuba. Un abrazo».

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De odio y de bala murió Sandino. También de confiar en la palabra de algunos hombres que resultaron poco más que alimañas. Su «pequeño ejército loco de voluntad de sacrificio», como lo eternizó Gabriela Mistral, combatió no solo una profusa tropa terrestre, sino la metralla constante de los aviones estadounidenses. En una época en que se calcula que había unos seiscientos aviones en todo el mundo, EEUU llegó a concentrar en los bombardeos a sandinistas hasta setenta de estos aparatos, refiere Gregorio Selser.

El «general de hombres libres», que tanto inspiró a revolucionarios cubanos como Pablo de la Torriente Brau, logró con su tropa en harapos expulsar a los gringos de tierra nica en 1933, en la que constituyó la auténtica primera derrota del Imperialismo en América. Pero antes de partir, los yanquis habían plantado la semilla de la tiranía, una Guardia «Nacional» encabezada por Anastasio (Tacho) Somoza García.

La revolución finalmente masacrada, inspiró la otra, gestada en las décadas del sesenta y setenta, cuando otro joven —Carlos Fonseca Amador— sistematizó el pensamiento de Augusto César y organizó el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), fuerza que entraría triunfante en Managua el 19 de julio de 1979.

Dora María, Sergio, Gioconda y Hugo fueron parte de aquella legendaria victoria y de los empeños subsiguientes por construir una patria justa y digna.

Daniel y Rosario también lo fueron.

Pero su madera, hoy lo sabemos, era de otra calaña.

18 comentarios

Alonso 12 noviembre 2021 - 7:07 AM

Su madera es la misma de todos los socialistas, la democracia no puede existir en un sistema socialista.

Alheli 12 noviembre 2021 - 8:44 AM

El gobierno sandinista ha llegado a nivel Khadafi: “O los gobierno, o los aplasto”.

Manuel Figueredo 12 noviembre 2021 - 9:18 AM

El gobierno de Díaz Canel también llegó a sus extremos : He dado la orden de Combate.Cualquier similitudes con el gobierno de La Dictadura de Daniel Ortega no es pura
coincidencia.

Esteban 12 noviembre 2021 - 9:34 AM

Dos ramas de un mismo árbol, amigo Manuel Figueredo.

Taran 12 noviembre 2021 - 9:31 AM

Otra extraña dictadura (multipartidista) apoyada por mayoria del pueblo, algun terrible pecado deben estar cometiendo cuando USA tampoco la deja en paz, ah! ya se: repartir la riqueza de forma menos egoista y no arrodillarse ante ellos.

Armando Perez 12 noviembre 2021 - 10:54 AM

¿Apoyada por el pueblo cuando los opositores que se postularon fueron encarcelados? Es una burla…

Armando Perez 12 noviembre 2021 - 10:55 AM

¿ Y por que la dictadura cubana no permite el multipartidismo?

O 12 noviembre 2021 - 9:53 AM

Se pasan de rosca

Me llamó la Seguridad del Estado y ya me dijeron incluso para qué cárcel voy a ir: el Combinado. Incluso me han dicho que no me van a permitir marchar este domingo de la forma en que lo he anunciado: en solitario, portando una rosa blanca por una céntrica calle habanera”, contó Aguilera.

O 12 noviembre 2021 - 9:59 AM

Me dejo estupefacto leer en Cubadebate que en Nicaragua se realizaton legitimas elecciones democraticas

narciso 12 noviembre 2021 - 10:27 AM

Dios los crea y el diablo los junta los opositores cubanos ahora contra Daniel Ortega

Sanson 12 noviembre 2021 - 11:12 AM

Las dos dictaduras tienen diferente lata pero la misma basura

Rafael Perez 12 noviembre 2021 - 11:23 AM

Esto es viejo: las revoluciones devoran a sus propios hijos y eso viene sucediendo desde la francesa del siglo XVIII. Los que pretenden diálogos con el régimen cubano, que se miren en este espejo para que se convenzan de cuál será el resulrtado de sus intentos.

Evelio 12 noviembre 2021 - 11:35 AM

Gabriel Garcia Marquez la vio asi, como alguien tan tierno. Bueno, yo no, a mi nunca me engañaron. Todos aquellos que estaban en el funeral de Fidel Castro, todos aquellos que hablaron esa noche, eran, y son, crapula, en el velorio de un semejante. Gabriel Garcia Marquez ve asi, desde su traje de buzo en el yate con Fidel (como lo habra pagado?) Crapulas todos. Han engañado, y reprimido, a un pueblo entero, a una region entera.

O 12 noviembre 2021 - 11:50 AM

Que mentirosos son! Ja, ja. No internet desde el 13 al 17 Para que no reporten las golpizas que van a dar a los manifestantes

Manuel* 12 noviembre 2021 - 2:44 PM

La verdad es que no estoy muy al día con la situación de Nicaragua. Además me interesa menos que la de Cuba. Lo que saco de todo eso es que Nicaragua necesita paz, diálogo y consenso, igual que Cuba. Y también que liberen a los presos políticos.

Ese daño que se están haciendo unos nicaragüenses a otros es como un cuerpo con una enfermedad autoinmune, donde las defensas del cuerpo atacan a sus propias células esenciales para la salud e incluso para la supervivencia. Y al final todo se parece demasiado a Cuba.

Recreando las palabras del régimen, Cuba necesita puentes de amor, y Nicaragua también.

Jagger Zayas Querol 12 noviembre 2021 - 5:36 PM

El Fidel que yo amaba:
“…Bien merecen los periodistas la oportunidad de trabajar; el periodista trabaja para el pueblo, el periodista informa al pueblo. El pueblo solo necesita que le informen los hechos, las conclusiones las saca él, porque para eso es lo suficientemente inteligente nuestro pueblo cubano. Por algo las dictaduras no quieren libertad de prensa, por algo nos tuvieron censurados y amordazados durante tantos meses (EXCLAMACIONES). Durante tantos meses seguidos, que sumados — como bien dicen ustedes — eran años.
Pero, además, cuando no había censura no podía decirse, sin embargo, que había libertad de prensa. Porque cuando un derecho se lo pueden arrebatar al pueblo de un día para otro tranquilamente, no es un derecho. Existe un derecho, cuando es realmente un derecho seguro; cuando se puede disfrutar sin el temor de que se lo arrebaten, porque nadie puede arrebatárselo (APLAUSOS). Libertad de prensa hay ahora, porque sabe todo el mundo que mientras quede un revolucionario en pie habrá libertad de prensa en Cuba (APLAUSOS). Quien dice libertad de prensa, dice libertad de reunión; quien dice libertad de reunión, dice libertad de elegir sus propios gobernantes libremente (APLAUSOS). Cuando se habla del derecho de elegir libremente, no s e refiere solo al presidente o a los demás funcionarios, sino también a los dirigentes; el derecho de los trabajadores a elegir sus propios dirigentes (APLAUSOS). Cuando se habla de un derecho después de la Revolución triunfante, se habla de todos los der echos; derechos que son derechos porque no se pueden arrebatar, porque el pueblo los tiene asegurados de antemano. Cuando un gobernante actúa honradamente, cuando un gobernante está inspirado en buenas intenciones, no tiene por qué temer a ninguna libertad (APLAUSOS). Si un gobierno no roba, si un gobierno no asesina, si un gobierno no traiciona a su pueblo, no tiene por qué temer a la libertad de prensa, por ejemplo (APLAUSOS), porque nadie podrá llamarlo ladrón, porque nadie podrá llamarlo asesino, porque nadie podrá llamarlo traidor. Cuando se roba, cuando se mata, cuando se asesina, entonces el gobernante tiene mucho interés en que no se le diga la verdad. Cuando un gobierno es bueno, no tiene por qué temer a la libertad de reunión, porque los pueblos no se reúnen para combatirlo, sino para apoyarlo…”

Del discurso de Fidel el 4 de enero de 1959 en Camagüey, en la escala allí de la Caravana de la Victoria en su viaje hacia La Habana.

Cómo cambian los tiempos y los líderes.
Ahora, los Ortega-Murillo asumen impudicamente el papel de Anastasio Somoza. Sandino y Carlos Fonseca Amador, desde su sepulcro, están condenando a esta nueva casta de dictadores que como dijo Marti, “el poder, ejercido prolongadamente, se convierte en casta”.
El desvergonzado Daniel Ortega ni habla de su hermano “Comandante” Humberto Ortega, devenido contrarrevolucionario radicado en Miami con todos los dolares que se robó del erario público de Nicaragua…

O 12 noviembre 2021 - 8:23 PM

A las 8 y media, el que carece de vivienda, desamparado, sin hogar o gao habla en television. Lo mismo. EE UU es el culpable, bla bla.

La otra muerte de Sandino — La Joven Cuba | Cuba Nuestra: Internacionales 13 noviembre 2021 - 6:15 AM

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