Crisis y levantamiento popular húngaro en 1956

por Mauricio De Miranda Parrondo
Levantamiento popular (1)

El 4 de noviembre de 1956, columnas de tanques soviéticos apostados a las afueras de Budapest, ingresaron a la capital húngara para sofocar una insurrección popular contra el sistema comunista y contra la presencia de tropas soviéticas en el territorio.[1] De paso, se pretendía derrocar al gobierno del primer ministro Imre Nagy, que había abolido el sistema unipartidista al permitir el resurgimiento del Partido de los Pequeños Propietarios y del Partido Nacional Campesino; anunciando asimismo que Hungría abandonaría el Pacto de Varsovia y se declararía neutral.

Mientras tanto, en la localidad de Szolok, el primer secretario del Comité Central del Partido Obrero Socialista Húngaro (POSH), János Kádár, anunció la creación de un nuevo «Gobierno Revolucionario Húngaro Obrero y Campesino», que supuestamente había solicitado ayuda soviética para derrotar a la «contrarrevolución». Quienes apoyaban al gobierno de Nagy, que también reivindicaba el socialismo como sistema, pero en un contexto democrático, consideraban contrarrevolucionaria la invasión soviética y las maniobras de Kádár.

Desde el establecimiento del régimen comunista y hasta la muerte de Stalin en la Unión Soviética, Hungría se convirtió en un bastión del estalinismo. Con un poder casi absoluto, Matyás Rakosi inició la construcción de una economía centralmente dirigida, siguiendo el modelo soviético. En 1948 fueron expropiados los bancos y todas las empresas con más de diez empleados, se confiscaron las propiedades de campesinos ricos y comenzó una política coercitiva de colectivización.

La estrategia de desarrollo se basó en la industria pesada, desatendiendo la producción de bienes de consumo, lo cual se tradujo en su generalizada escasez. En 1952 ocurrieron protestas y huelgas campesinas contra las entregas obligatorias de productos y la escasez de alimentos se generalizó. Al tiempo, se incrementaba también el descontento en las ciudades, tanto entre los trabajadores de las industrias por las altas normas en los planes de producción, como en la intelectualidad por la censura impuesta.

Levantamiento popular (2)

Cabeza de la estuta de 25 metros de altura construida en honor a Stalin.

El «Nuevo Curso» (1953-55) y la «desestalinización»

La muerte de Stalin trajo por consecuencia una relativa flexibilización económica y política, denominada «Nuevo Curso», tanto en la Unión Soviética como en los demás países de Europa Central y Oriental. Rakosi regresó del funeral convocando al Comité Central a adoptar reformas para mejorar el nivel de vida de la población.

La política de industrialización a costa de la extracción de excedentes agrícolas —tal y como sucedió en la URSS a fines de los años veinte y durante los treinta— había generado des-incentivos en la producción agropecuaria, escasez generalizada de alimentos y aumento de precios. La propagada oficial mencionaba como causa de la crisis al sabotaje enemigo y no a los errores de la política económica y del sistema mismo de administración centralizada.

En junio de 1953, después de una reunión en Moscú en la que Rakosi fue duramente criticado por los líderes soviéticos, por errores de política económica y abusos cometidos, se vio obligado a ceder la presidencia del Consejo de Ministros a Imre Nagy, conservando no obstante la secretaría general del Partido. Sin embargo, a instancias del liderazgo soviético se decidió no hacer públicos la crítica al culto a la personalidad de Rakosi, su voluntarismo en política económica y violaciones a la legalidad.

La política económica de Nagy intentó corregir la estrategia de desarrollo. En lugar de priorizar inversiones en la industria pesada, para las que el país carecía de materias primas y tradición productiva, se fomentaron en los sectores agropecuario y de bienes de consumo. Fueron apoyadas con créditos las granjas campesinas privadas con el fin de estimular la producción y comercialización de productos agropecuarios. Al mismo tiempo, las cuotas de entregas obligatorias fueron reducidas y se permitió el desarrollo de mercados agrícolas y de bienes de consumo.

Se trasladaron fondos hacia la agricultura, la industria ligera, la alimentaria y la construcción de viviendas. Los salarios crecieron y los precios disminuyeron centralizadamente, medida populista con efectos negativos en el equilibrio financiero. Adicionalmente, se amnistió a miles de presos políticos.

Durante este breve período se agudizó el enfrentamiento entre Rakosi y Nagy, debido a interferencias del primero en la gestión del gobierno. En 1955 Nagy sería destituido, se le expulsó del partido por «desviacionismo de derecha» y fueron revertidas las medidas. Lo reemplazó como primer ministro András Hegedüs, quien se plegó al rumbo de Rakosi orientado a restablecer el estilo estalinista de gobierno.

Levantamiento popular (3)

Imre Nagy

Después del Informe secreto de Nikita Jruschov ante el  XX Congreso del PCUS, en el que se condenó el culto a la personalidad de Stalin y las violaciones a la legalidad ocurridas bajo su mandato, Rakosi fue finalmente depuesto, en junio de 1956, y forzado a vivir el resto de sus días en un exilio obligatorio en Kirguizia. Su sustituto, Ernő Gerő, provenía también del círculo estalinista, de ahí que su acceso a la máxima dirección no significara el restablecimiento de las reformas.

Mientras tanto, el inicio de la llamada «desestalinización» creó condiciones para los debates en varios países del socialismo real acerca de temas como: libertades y democracia en el socialismo, supresión de la censura, necesidad de un nuevo rumbo económico tendiente a un mayor bienestar, contradicciones entre la planificación centralizada y las necesidades de la vida cotidiana, y soberanía nacional e independencia de los estados supuestamente soberanos pero en la práctica sometidos a las decisiones de Moscú.

Ese proceso de cambios afectó a casi todos los países en mayor o menor medida, y llevó incluso a estallidos sociales, como las protestas de Poznan en Polonia, en junio de 1956.

Desde julio de ese año en Hungría, escritores, periodistas, intelectuales y estudiantes habían iniciado foros de discusión en los llamados «Círculos Petöfi». El 6 de octubre se efectuó un funeral público en el que se rindió homenaje a László Rajk y unos días después acontecieron la rehabilitación de Imre Nagy y su reingreso al Partido.

Doce días que estremecieron a Hungría y al comunismo internacional

El 23 de octubre de 1956, cerca de veinte mil personas iniciaron una protesta multitudinaria que demandaba la independencia húngara respecto a poderes extranjeros, el establecimiento de una democracia socialista, la reforma agraria y el reconocimiento a los ciudadanos de todos los derechos y libertades internacionalmente reconocidos. Gerő acusó a los manifestantes de ser «una turba reaccionaria» y rechazó las demandas de los protestantes. En respuesta, estos derribaron una estatua gigantesca de Stalin erigida en el lugar ocupado antes por una iglesia.

La muchedumbre se dirigió a Radio Budapest para difundir públicamente sus demandas y se produjeron disparos de fuerzas de la seguridad del Estado (ÁVH) que protegían el edificio. La mayor parte de los soldados húngaros enviados a apoyar la seguridad se unió a los manifestantes, quienes incendiaron carros de policías y se apoderaron de armas en depósitos militares y de policía.

Levantamiento popular (4)

Ernő Gerő

Esa noche, Ernő Gerő solicitó apoyo militar para sofocar las protestas y los tanques soviéticos entraron a la ciudad. Al día siguiente, Budapest amaneció llena de barricadas y se produjeron enfrentamientos entre militares soviéticos y manifestantes. Mientras tanto, Hagedüs renunció como primer ministro y fue reemplazado por Imre Nagy, que pidió el fin de la violencia y anunció que se completarían las reformas iniciadas en 1953.

Tropas de la ÁVH dispararon contra manifestantes desarmados hasta que estos, ya aprovisionados con armas, respondieron. El día 25 hubo intercambio de disparos a las puertas del Parlamento, custodiado por el ejército soviético. Llegado este punto, ocurrían enfrentamientos directos de manifestantes húngaros contra los tanques soviéticos y las fuerzas de seguridad del Estado.

La crisis política provocó la renuncia de Gerő como primer secretario del Partido y su reemplazo por Janos Kádár. Tras un alto al fuego concertado, se inició el retiro de las tropas soviéticas de Budapest. Nagy encabezó un gobierno nacional en el que incluyó también a personalidades no comunistas y recibió el apoyo del ejército nacional. Para Nagy, las protestas eran un «levantamiento popular de masas» que reclamaba la democratización de la sociedad.

El nuevo gobierno decidió la abolición de la ÁVH y del sistema unipartidista; se restablecieron partidos antifascistas como el de los Pequeños Propietarios y el Nacional Campesino, que entraron a formar parte de la coalición de gobierno. Nagy declaró que Hungría se convertiría en una «democracia social, multipartidista y neutral», lo que generó una reacción adversa en la dirigencia soviética enfrascada en la Guerra Fría.

Mientras tanto, la crisis se extendió a todo el país. Se formaron Consejos obreros en las fábricas y minas, y en varias ciudades surgieron Consejos populares locales para ejercer el poder. En algunas se produjeron enfrentamientos entre la policía y las fuerzas de seguridad.

El 30 de octubre, manifestantes armados incitados por rumores lincharon a varios miembros de la ÁVH que custodiaban el edificio del Partido municipal de Budapest.  Los tanques del ejército bombardearon el edificio por error y causaron la muerte al secretario del Partido en la capital. Las imágenes de lo ocurrido fueron divulgadas en la Unión Soviética como muestra de una contrarrevolución.

La decisión de neutralidad implicaría la salida de Hungría del Pacto de Varsovia, un gravísimo golpe a los intereses geopolíticos y estratégicos de la Unión Soviética. Varios autores coinciden en que esta fue la razón de mayor peso para sofocar militarmente el levantamiento popular húngaro.

Para ello pusieron en escena un recurso varias veces utilizado con el fin de justificar intervenciones militares: la creación de un «Gobierno Revolucionario Obrero y Campesino», dirigido por János Kádár, que se encargaría de solicitar la intervención militar para derrotar la «contrarrevolución».

El 3 de noviembre, el coronel Pál Maléter, ministro de Defensa húngaro, fue invitado a los cuarteles soviéticos para negociar la «retirada» de las tropas. Allí fue apresado junto a toda su delegación y al día siguiente las tropas soviéticas entraron en Budapest.

La población se enfrentó a la invasión hasta que los últimos focos de resistencia fueron neutralizados. Nagy y varios de sus colaboradores se asilaron en la embajada yugoslava, de la que salieron días después ante la promesa de respetar su vida. Fue exiliado forzosamente a Rumanía y allí nuevamente capturado para ser sometido a juicio y ejecutado en 1958, junto a Maléter y otros líderes de la insurrección.

El nuevo Partido Obrero Socialista Húngaro (POSH) restableció el sistema monopartidista. Su líder, János Kádár dirigió los destinos del país hasta su retiro en 1988, aunque entonces se le otorgó el cargo ceremonial de presidente de esa organización hasta su fallecimiento, el 6 de julio de 1989. Diez días después, el nuevo primer ministro Miklós Németh rehabilitó la Revolución Húngara de 1956 y a sus líderes. Los restos de Imre Nagy y de varios dirigentes fueron exhumados y se efectuaron funerales multitudinarios. El 7 de octubre de 1989 se disolvió el POSH, una parte de cuyos miembros formaron el Partido Socialista Húngaro y otros el Partido Comunista Obrero Húngaro.

Levantamiento popular (5)

János Kádár

El liderazgo de Kádár por más de treinta años, se sostuvo gracias al desarrollo de políticas orientadas al mejoramiento del nivel de vida de la población y a un permanente proceso de reformas económicas que no afectaban la esencia del sistema político y sobre todo la relación con la Unión Soviética.

En la medida en que mejoraban las condiciones de vida de los húngaros y el sistema se hizo menos opresivo, aumentó su popularidad como dirigente político, a pesar de que, como parte del Tratado de Varsovia, tropas húngaras participaron en la invasión a Checoslovaquia de 1968 y la política exterior del país se mantuvo plenamente alineada con la de la Unión Soviética.

El derrumbe

El 23 de octubre de 1989, el presidente interino Mátyás Szűrös proclamó la República de Hungría, en lugar de la República Popular. El Parlamento adoptó una serie de leyes orientadas a potenciar libertades individuales y comenzó un profundo cambio institucional hacia un sistema democrático multipartidista. En marzo de 1990 se efectuaron elecciones parlamentarias libres, en las que se impuso el centroderechista Foro Democrático. En el verano de ese año se retiraron las tropas soviéticas que aun permanecían en suelo húngaro.

Como es sabido, en Hungría se restableció el capitalismo y, después de un funcionamiento democrático relativamente normal, el sistema creó las condiciones para una deriva autoritaria de derecha. Esta se esfuerza en someter todos los poderes del Estado a los intereses del nuevo grupo gobernante, incluso contrariando las normas democráticas de la Unión Europea.

Las protestas ocurridas en Hungría en 1956 condujeron a la insurrección popular debido a la escasa voluntad de reformas de la dirigencia y, sobre todo, producto de su negativa a establecer un sistema de democracia real. Las transformaciones supuestamente socialistas habían sido impuestas por el liderazgo comunista dogmático a contrapelo de las necesidades de la sociedad, lo cual desprestigió al socialismo como ideal y como sistema y sembró las bases sociales y políticas de su autodestrucción. Es importante tener en cuenta las lecciones de la historia.

***

[1] Algunos libros que sirven de base a este texto son: Antonello Biagini y Francesco Guida: Medio siglo de socialismo real, Ariel Historia, 1996; Fernando Claudín: La oposición en el «socialismo real», Siglo XXI Editores, 1981; János Kornai: By Force of Thought. Irregular Memoirs an Intellectual Journey, MIT Press, 2006 y Victor Sebestyen: Twelve Days. The Story of the 1956 Hungarian Revolution, Vintage Books Edition, 2006.

27 comentarios

Manuel* 4 noviembre 2021 - 6:37 AM

Espero que no se pretenda presentar un paralelismo entre el levantamiento popular de Hungría y 1925 y lo que podría suceder en Cuba.

En Hungría se cometieron excesos inaceptables, no solo de las fuerzas represivas sino de los propios manifestantes que llegaron a asesinar a algunos colaboracionistas y mostrar sus cuerpos colgados en la calle. Ese no es el cambio pacífico que me gustaría en Cuba.

mauriciodemiranda 4 noviembre 2021 - 9:42 AM

Buenos días, Manuel: Solo pretendo recordar la fecha y relatar cómo sucedieron los acontecimientos a partir de fuentes secundarias. Yo no los viví. A partir de allí, no pretendo hacer paralelismos con Cuba, ni sugerir de forma subliminal que es lo que pretendo para Cuba. Solo es que la historia nos da lecciones. Las podemos tomar o no. Ya ese es otro problema. Sin embargo, la historia de Hungría es interesante y en algún momento analizaré su experiencia con el “Nuevo Mecanismo Económico”. Pero resulta llamativo que en 1956 las protestas buscaban reformular el “socialismo” porque el que habían tenido no les satisfacía y esas protestas fueron ahogadas a sangre y fuego. En 1989, la movilización popular fue pacífica, no hubo intervención militar, pero después de tantos años sin soluciones de fondo, el “socialismo” se había agotado y se desplomó.

Manuel* 4 noviembre 2021 - 6:58 PM

La historia nos da lecciones diversas según la historia que miremos. En Hungría los deseos del pueblo se reprimieron con sangre y cárcel, y la represión funcionó. Muchos años más tarde se repitieron manifestaciones y Hungría alcanzó la libertad. Debo de añadir que no me acaba de gustar lo que están haciendo los húngaros con su libertad y la elección de Orbán que defiende principios incompatibles con la política de la Unión Europea de Derechos Humanos.

No me gustaría que Cuba siguiese la ruta de Hungría.

Hablemos de la parte humana. En este enlace encontrarás fotos de la rebelión: https://time.com/3878232/the-hungarian-revolution-of-1956-photos-from-the-streets-of-budapest/photo/29_rougier/?xid=fbshare

En la sexta foto se ve a un niño rebelde de 15 años portando un fusil. En la octava una maternidad con la ventana protegida con barricadas para evitar daños en los recién nacidos. En la décima se ve a un agente de la seguridad ahorcado de una farola con un cartel colgado acusándole de colaboracionista. En la 17 se ve una fosa común llena de cadáveres. En la última foto se va a una mujer escupiéndole al cadáver colgado desnudo y boca abajo de un colaboracionista de los rusos.

Conviene recordar que en las revueltas bien intencionadas de personas buscando lo mejor para su país, hay un montón de cosas que pueden salir mal.

mauriciodemiranda 4 noviembre 2021 - 7:32 PM

Pero nadie ha dicho que desee que eso sea lo que pase en Cuba. Sin embargo, es conveniente tener en cuenta las lecciones de la historia. En Hungría se cometieron atrocidades desde ambos bandos.

Manuel* 4 noviembre 2021 - 6:43 AM

Es curioso cómo se cuenta la historia destacando las maniobras desde el poder y minimizando la influencia del pueblo, que al final es el que desencadena los cambios.

mauriciodemiranda 4 noviembre 2021 - 9:47 AM

Manuel: No se por qué hace esa lectura. Las protestas sociales contra los gobiernos, normalmente son una reacción a cosas mal hechas por los gobiernos. Todas las protestas sociales son la reacción a un estado de cosas que debe ser cambiado desde la lógica de quienes protestan. Eso no quiere decir que no sea el pueblo el que desencadena los cambios. Todo lo contrario, los cambios se producen porque los pueblos los fuerzan, porque la lógica desde el poder es mantener el status quo y cuando han ocurrido transformaciones “desde arriba” es precisamente cuando el poder mismo advierte que el mantenimiento del status quo puede llevar a un incremento de la conflictividad social.

Manuel* 5 noviembre 2021 - 5:22 AM

Mauricio, la historia se puede contar desde el otro polo. Es decir, la revuelta húngara tuvo sus líderes, con nombre y apellidos. Básicamente acabaron todos fusilados, exiliados o con condenas larguísimas de cárcel. Deberíamos de contar sus historias. Es decir, en lugar de hablar del Díaz-Canel húngaro, deberíamos de contar la historia del Yunior Díaz húngaro. En Hungría ninguno de los líderes de la revuelta alcanzó el poder. Todos terminaron viviendo y muriendo en condiciones miserables. Es un gran contraste con Polonia con Walesa o Checoslovaquia con el gigante moral Vaclav Havel.

Crisis y levantamiento popular húngaro en 1956 - Todo lo relacionado con Cuba 4 noviembre 2021 - 7:37 AM

[…] popular contra el sistema comunista y contra la presencia de tropas soviéticas en el territorio.[1] De paso, se pretendía derrocar al gobierno del primer ministro Imre Nagy, que había abolido el […]

Al Rojas 4 noviembre 2021 - 7:53 AM

la lección húngara hay que quitarles el poder nunca ño entregaran.

Sanson 4 noviembre 2021 - 9:37 AM

El dia mas feliz no sera cuando tengamos ropa buena o el refrigerador lleno. Sera cuando pasemos por las mansiones de las que se apropiaron los tiranos y los buenos apartamentos y casas que recibieron sus esbirros y al preguntar por ellos nos respondan: Ya no vive alli, se lo quitaron todo y esta preso .
Y asentir sabiendo que otros que se aduennaron del pais para subyugarnos a todos corrieron una peor suerte.

Manuel Figueredo 4 noviembre 2021 - 10:23 AM

Buen análisis cronológico de lo sucedido en
Hungría. No creo que lleguemos a esos extremos, pero eso de sacar los tanques a las calles, para reprimir al pueblo es obra de los dictadores.Esperamos que el grupito que gobierna a Cuba aprenda de una vez por todas
las lecciones de la historia. Espero que los hechos derivados de lo que sucedió en
Hungría no se repitan, pero les recuerdo que el mundo está muy atento a lo que pueda suceder el 15 de Noviembre.El soberano pueblo está en su legítimo derecho de exigirle
cambios a un gobierno que a faltado a sus obligaciones más perentorias.Esperamos que
prime la cordura, no creo que sea mucho pedir.
¡ La Patria es de Todos !
Patria y Vida.

narciso 4 noviembre 2021 - 10:23 AM

No se porque idealizan tanto a los hungaros de 1956 si lo que pretendian era una restauracion capitalista

Esteban 4 noviembre 2021 - 10:27 AM

Creo que usted, querido Narciso, es quien idealiza al socialismo de corte comunista, causante de la miseria del pueblo cubano y un sistema del que se deshicieron la gran mayoría de países donde se practicó.

Manuel* 4 noviembre 2021 - 7:00 PM

Narciso, los húngaros de la rebelión de 1956 no querían la restauración capitalista, sino libertad. Y, lo más importante, querían la expulsión de las tropas extranjeras de ocupación.

mauriciodemiranda 4 noviembre 2021 - 7:29 PM

Narciso: no se trata de idealizaciones. La realidad es que las protestas originales del 56 buscaban reformar el socialismo y estoy de acuerdo en que también querían democracia, libertades y la salida de las tropas extranjeras de suelo húngaro.

Observador 2021 4 noviembre 2021 - 10:56 AM

Gracias por documentarnos sobre esos sucesos, obviados y tergiversados por nuestros medios oficiales. Hungria, Checoslovaquia y Polonia pagaron el precio de la liberación del facismo pasando a ser sojuzgado por un imperio con rostro socialista de similares escarnios y ruindades.

Al margen de la similitud de pueblos hastiados de un poder opresivo y despreciable, nuestra historia esta marcada por un poder personal, (degenerado en los ultimos años por una casta familiar-mafiosa) más que por una ideología o partido, la que fue utilizada como medio y no como fin. Esa aberración histórica ha desembocado, influida por la incapacidad y miopia política de los herederos del poder de un caudillo, en el atolladero en que se encuentra Cuba, muy al borde del precipicio.

Las torpezas del régimen, aumentadas con ese guion desastroso para enfrentar la convocatoria de las marchas del 15 de Noviembre, ante el surgimiento de un lider que no saben como destruir ideologicamente, anuncian escenarios mucho peores. La patetica revelación de un cretinoide infiltrado en la oposición marca definitivamente la mediocridad e indigencia de la inteligencia del poder. Ya en 1980, 1994 y cada vez que han sentido la amenaza del despertar popular, la violencia ha sido el recurso. Ojalá que esta, en manos de un poder menos inteligente y habil, no desencadene lo que no deseamos los cubanos honestos y hastiados de tanto oprobio.

Oscar Alvarez 4 noviembre 2021 - 11:47 AM

Creo que a esta version le falta context historico: La hungria del almirante Horthy, un estado fascista aliado de la Alemania Nazi, participo en la invasion de la Union Sovietica en 1941, participando en la campana de tierra arrazada y del exterminio Judio. Los comunistas que tomaron el poder despues del derrocamiento de Horthy y la ocupacion sovietica eran cuadros que se refugiaron en la URSS y que no habian participado en movimiento de Resistencia alguno, cual sucedio en la mayoria de los paises que fueron parte el bloque Nazi. Esto, en consecuencia, derivo en que el poder lo ocupasen burocratas adocenados, distanciados de las masas populares y obedientes a la burocracia sovietica. Pero USA que desde la muerte de Roosevelt habia comenzado una feroz campana anti comunista contra la URSS, encontro el terreno fertil donde tartar de ganar tereno y quebrar el bloque del tratado de Varsovia y no fue nada ajena a los sucesos de Hungria. El alzamiento obedecio a razones Justas, pero no fue solament un alzamiento espontaneo ni fue apoyado por una clara mayoria de los Hungaros. Fue una continuidad de la 2da Guerra mundial. Hoy Hungria tiene un gobierno autoritario y de derechos, pero “democraticamente” electo. Prueba de que alli habitan ideologias derechistas a pesar de los pesares. Cosas veredes Mio Cid.

mauriciodemiranda 4 noviembre 2021 - 3:15 PM

Oscar: Gracias por su comentario. No es posible incluir todo el contexto en el espacio de un artículo . El artículo ya es largo y hacer ese contexto del que usted habla lo haría mucho más largo e impropio del espacio.

Pero ya que usted pone el tema me gustaría comentar algunas cosas que me vi obligado a omitir en el artículo y otras más. Dentro de la resistencia húngara al régimen de Horthy existían comunistas que habían mantenido la existencia del partido en la clandestinidad, entre los que estaban László Rajk y János Kádár. Lo mismo pasó en otros países. Sin embargo, Stalin sentía desconfianza de los líderes comunistas que habían vivido y luchado en sus países y prefería asegurar la obediencia a la que estaban acostumbrados aquellos que habían vivido en la URSS y habían hecho carrera en la Internacional Comunista.

Entre los que habían vivido en la URSS estaba Béla Kun (que fue ejecutado como parte de los procesos de Moscú), Mátyás Rákosi, Ernő Gerő e Imre Nagy. Los que habían desarrollado actividades clandestinas en sus países no eran de la confianza de Stalin ni de la NKVD y por eso se impusieron los del grupo de Moscú. De hecho Rajk era un estalinista furibundo, como lo eran los comunistas cubanos de aquella época, porque Stalin era para ellos un Dios viviente. Como ministro del Interior, Rajk hizo parte de la represión montada por la ÁHV (seguridad del Estado) para asegurar el predominio del partido comunista y la destrucción de los otros partidos antifascistas, y de hecho, se le mencionaba como una posible alternativa al liderazgo de Rákosi, pero no porque tuvieran ideas distintas sobre como construir el socialismo, porque en aquella época construir el socialismo era hacer lo que había hecho la URSS, es decir, lo que había ordenado Stalin. La diferencia radicaba en estilos distintos y en una mayor popularidad de Rajk, quizás por el hecho de su historia clandestina, frente a la repulsividad que algunos biógrafos y contemporáneos achacan a la personalidad de Rákosi. Cuando Stalin desata una nueva etapa de purgas preocupado por el ejemplo que puede significar Tito, Rákosi aprovecha y monta el “affaire Rajk”, con acusación falsa de “titoísmo”, espionaje, etc, que luego se generaliza a otros países.

La campaña anti-comunista de la que hablas es cierta, pero tampoco es que los comunistas fueran “peras en dulce”. Y lo que hizo la URSS con estos países fue apoderarse de ellos como si fueran colonias. Y de hecho, era evidente que no fueron liberados sino que el sometimiento a los nazis fue reemplazado por el sometimiento a la URSS. Y precisamente, esa posición soviética y la resistencia estadounidense a ceder espacio al comunismo, desató la Guerra Fría. Nadie aquí era “santo”. Las potencias, incluida la URSS peleaban por esferas de influencia.

Nunca la “inmensa mayoría” hace una revolución, ni participa en protestas. Pero la realidad es que en las primeras elecciones libres en Hungría, después de la guerra ganó el Partido de los Pequeños Propietarios (57%), mientras los comunistas quedaron en tercer lugar, detrás de los socialdemócratas. El porcentaje de los comunistas fue 17%. Hungría era un país mayoritariamente campesino y con una pequeña burguesía urbana acomodada y una clase obrera poco numerosa. La experiencia de la revolución de los consejos en 1919 tampoco es que hubiera sido muy bien acogida por el pueblo, y para colmo, muchos soldados soviéticos se comportaron como verdaderos salvajes cuando ocuparon el país, violaron a muchísimas mujeres, no fue algo aislado, sino repetido y sistemático. Llegaban a casa de familias y robaban a mansalva. Por eso no podían considerarlos “libertadores”.

Después de 1989 la democracia funcionó bien por un tiempo, pero las tendencias autoritarias de derecha se imponen con Orbán que, como todo buen autócrata, quiere acomodar la democracia a su antojo, como ha hecho Kaczynski en Polonia, Putin en Rusia y Lukashenko en Bielorrusia.

Jagger Zayas Querol 4 noviembre 2021 - 4:24 PM

Lenin afirmó que una situación se produce “cuando los de abajo no quieren y los de arriba, no pueden”.
Eso ocurrió en Hungría y en otros países del otrora campo socialista y al final, tuvieron que sucumbir por las leyes de la historia.
En Cuba, veremos!

Sergio Acosta 4 noviembre 2021 - 8:39 PM

Muy buen resumen Mauricio, por lo que leo dominas bastante bien la complicada historia de Hungría. Yo viví allí desde 1982 hasta 1996, con lo cuál viví en carne propia una parte de lo resumido, los cambios y reformas. De hecho me desempeñaba esa época como periodista, así que seguí los acontecimientos. También tuve que estudiar historia de Hungría en mi preparatoria para la Universidad y en la Universidad. Leo aquí los comentarios y las preocupaciones con Cuba. Totalmente de acuerdo que no hay que copiar pero si aprender de la historia. Lamentablemente veo mucho en la Cuba de hoy el pasado de Hungría. Felicidades por el artículo. Enhorabuena.

Manuel* 5 noviembre 2021 - 4:15 PM

Un apunte para la historia. Cuando rehabilitaron la figura del expresidente comunista Imre Nagy con un funeral multitudinario, un joven pelirrojo con barba de 22 años hizo un discurso apasionado frente al presidente comunista con estos términos:

“No entendemos por qué los mismos líderes del partido y del gobierno que nos dijeron que aprendiésemos libros donde se falsifica la historia de la Revolución, ahora se dediquen a tocar estos féretros como si fuesen amuletos de la suerte. No creemos que haya ninguna razón para darle las gracias por dejarnos enterrar a nuestros mártires muertos. Si pudiésemos confiar en nuestra fuerza, podríamos poner fin a la dictadura comunista. Si tuviésemos suficiente determinación forzaríamos al partido a someterse a unas elecciones libres”

Ese joven pelirrojo ahora es mucho mayor. Está calvo y no tiene barba. Se trata de Viktor Orbán, el presidente actual de extrema derecha de Hungría.

mauriciodemiranda 5 noviembre 2021 - 4:54 PM

Sí, Manuel. Es el primer ministro, que es el cargo de mayor poder en Hungría porque es una república parlamentaria. Y ese mismo primer ministro hoy enfrenta severas críticas en la Unión Europea por la adopción de leyes en el Parlamento que cercenan los derechos de la comunidad LGTBIQ, al punto de que incluso su partido ha sido expulsado del Grupo Popular en el Parlamento Europeo. Por cierto, no es calvo, jajajaja.

Crisis y levantamiento popular húngaro en 1956. – Mauricio de Miranda Parrondo 5 noviembre 2021 - 5:32 PM

[…] popular contra el sistema comunista y contra la presencia de tropas soviéticas en el territorio.[1] De paso, se pretendía derrocar al gobierno del primer ministro Imre Nagy, que había abolido […]

Eduardo 6 noviembre 2021 - 10:22 AM

Profesor: Gracias por su articulo que nos ayuda a aumentar los conocimientos de Historia.
Quiero aprovechar este espacio para pedirle, dentro de sus posibilidades, y si lo cree util, escriba un articulo sobre la medida del gobierno cubano de no aceptar depositos de dolares en efectivo.
Que consecuencias tiene para la Economia
Es cierto que Cuba no tiene manera de depositar esos dolares en ningun Banco en el exterior
Como ayudaria la aceptacion de los depositos en efectivo a reanimar el envio de remesas
Cual es el costo de oprtunidad de esta medida
Que componente politico tiene la misma
Son preguntas que me hago diariamente
Me gustaria que escribiera algo sobre ese tema

Fer 6 noviembre 2021 - 5:32 PM

Que manía la de acusar de agentes extranjeros a la gente k tiene criterios distintos a los gubernamentales y los manifiestan. Así paso recientemente en Ucrania, se quitaron de estar en la esfera rusa porque la mayoria prefirió la occidental y mira lo que paso.
Para eso sirven los plebicitos señores……

cubanuestraeu 8 noviembre 2021 - 1:41 AM

Buen trabajo, lo comparto.

Crisis y levantamiento popular húngaro en 1956 — La Joven Cuba | Cuba Nuestra: Historia 8 noviembre 2021 - 1:42 AM

[…] Crisis y levantamiento popular húngaro en 1956 — La Joven Cuba […]

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