La economía cubana está en un círculo vicioso, y aunque el presidente ha hecho un llamado a convertirlo en «virtuoso», no es por sus deseos, consignas o llamado que se va a lograr.
Las APP no representan una solución mágica a los graves problemas económicos que atraviesa la Isla, pero pudieran convertirse en un paliativo a mediano y largo plazo.
La solución al problema cubano, más allá de lo relacionado con el tipo de cambio, requiere de un ambiente político que favorezca transformaciones democráticas que permitan el empoderamiento de los ciudadanos respecto a su destino para que Cuba pueda volver a ser un país vivible.
El problema de fondo no es que otro importe, el problema es que la importación no va a atenuar la escasez, sino que la acrecienta y las ganancias se escapan a un bolsillo extranjero
¿Qué pasaría si en una consulta popular, en lugar de códigos, se busca refrendar el carácter «irreversible» del sistema político cubano o la elección directa entre alternativas del presidente de la República y de los presidentes de los gobiernos provinciales y municipales?
Mientras las inversiones centradas en actividades empresariales y turismo siguen teniendo prioridad, sectores clave para el sustento y desarrollo del país reciben una atención insuficiente