El reguetón o el reparto pueden tener la justificación perfecta para ciertas y determinadas actitudes, pero nunca se le podrá entender su instinto desaforado por encontrar su manera de ser en un discurso torcido.
La Joven Cuba reproduce íntegramente la declaración de un grupo de cineastas cubanos a raíz de lo sucedido con el documental La Habana de Fito del realizador cubano Juan Pin Vilar.
Ahmel Echevarría: «En el Redonet está mi verdadero kilómetro cero, el diamante del que parte este camino que he estado recorriendo. Cada uno está conectado con una persona cuya biografía no es estrictamente esencial para la historia narrada, pero que parte de su vida, o su interacción conmigo, sirvió para activar algo que luego derivó en un libro».
Lo que yo quería saber de María Laura Germán era algo así como: Esa tenacidad tuya, ¿de dónde sale? ¿Por qué insistir en el arte? ¿Cómo es hacer teatro hoy en Cuba? ¿Has pensado en marcharte? Entonces, al final de todo, enumera en inglés sus deseos.
Durante el período especial la escena cubana, acompañada por un público fiel y creciente, no solo fue capaz de resistir y sobrevivir, sino de legitimar nuevas modalidades y de dar la bienvenida a nuevas agrupaciones artísticas. La obra en cuestión es Frijoles colorados, un texto dramático de la versátil Cristina Rebull (Matanzas, 1960), quien se ha desempeñado como actriz, cantante, guionista, dramaturga y profesora, residente en la ciudad de Miami desde hace varios años.
La celebración del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura —ocurrido entre el 23 y el 30 de abril de 1971—, constituyó uno de los momentos más influyentes en la política cultural en los 70, e inauguró algunas de las páginas más polémicas y dolorosas de la historia artística y literaria de Cuba.