Por quién doblan las campanas en Cuba y EEUU

por Ivette García González

El año 2020 quedará marcado por dos acontecimientos: la pandemia de la COVID-19 y las elecciones en los EEUU. Este último no es global por su naturaleza, pero sí por el significado que para muchísimos países, entre ellos por supuesto Cuba, tiene la reelección del republicano Donald Trump o la elección del demócrata Joe Biden.

Las elecciones en los EEUU siempre han sido de particular interés para el resto del mundo, pero estas han tenido varias situaciones extraordinarias y algunas inéditas en ese país. Casi todas están signadas por las características psicopatológicas del actual mandatario y la circunstancia de coincidir con la pandemia, sus tremendos efectos en ese país y el mal manejo que la actual administración ha hecho de la situación sanitaria.

Muchos cubanos han estado en soberana vigilia por las elecciones del poderoso vecino. Hasta cierto punto, es lógico.

La complejísima conexión sociocultural, política y económica con los EEUU ha marcado nuestra historia. Para bien, porque la interinfluencia cultural ha constituido un nutriente más de ambas culturas y porque aquel ha sido escenario donde se han situado y difundido importantes proyectos socioculturales y emancipatorios cubanos.

Para mal, porque Cuba siempre ha estado entre las apetencias y los intereses geopolíticos de aquellos gobiernos, lo cual derivó en una patología de las relaciones internacionales con graves consecuencias para este pequeño país del Caribe.

Lo cierto es que el nacionalismo de los cubanos de la Isla no puede comprenderse sin tomar en cuenta el antimperialismo que fue calando hondo en generaciones a lo largo de más de un siglo. Durante los últimos 61 años ha prevalecido una política hostil abierta en todas sus modalidades por parte de las administraciones estadounidenses hacia Cuba, con altibajos y ciertos esfuerzos de distensión, pero permanente.

El último de esos empeños negociadores llegó a una meta hasta entonces casi vista como imposible: el restablecimiento de las relaciones bilaterales, la reapertura de embajadas, y la visita del presidente norteño, el demócrata Barak Obama, en 2014.

La administración que cumple sus cuatro años en la Casa Blanca y pugna por otro período más, abrió un cisma. No sólo revirtió lo que se había logrado, sino que ha profundizado las sanciones contra Cuba sin importar ni siquiera la pandemia.  

A punto de cerrar el proceso electoral

A las 5:16 p.m. de ayer miércoles, 4 de noviembre, Joe Biden acumulaba 264 votos y Donald Trump, 214, acercándose más el primero a los 270 votos electorales necesarios para decidir por quién doblarán las campanas en la principal potencia mundial. En cualquier caso, se evidencia la fuerza que aun en las condiciones y consecuencias de este traumático gobierno republicano, tienen los sectores conservadores en ese país. Conviene tomar nota de eso.

Muchas consideraciones podrían hacerse en estas horas finales del proceso electoral. Sin embargo, como no soy especialista en la materia y este es un espacio breve, prefiero centrar la atención en los siguientes tópicos relacionados con el debate de estos meses y que tienen mayor significado para Cuba.

Sobre EEUU:

  1. Por más que haya sido errática y seamos críticos de la política exterior de la administración Trump y las agresiones a Cuba en particular, el voto de los ciudadanos estadounidenses se decide por la política interna, más pragmáticamente, por el balance de la economía, el sistema impositivo, el empleo y otros indicadores de ese ámbito.
  2. Como otros procesos electorales, el estadounidense ha recibido críticas, especialmente por la elección indirecta del presidente a través del sistema de Colegio Electoral con sus 538 compromisarios en representación de los 50 Estados más el Distrito de Columbia. Lo que implica que el voto popular no coincida siempre necesariamente con el que realmente da la victoria, que es el del Colegio (votos electorales, 270 como mínimo). Así le ocurrió a Hillary Clinton cuando ganó Donald Trump en el 2016.
  3. Para muchos resulta increíble que con los desastres en materia política y diplomática, migratoria, racial y en otros aspectos de su ejecutoria, Donald Trump haya alcanzado hasta el momento tantos votos. Sorprende que justo en La Florida, donde viven tantos inmigrantes, haya obtenido, aunque con estrecho margen, más votos que su contrincante: 5 millones 658 mil 404 (51.2%) contra 5 millones 283 mil 904 (47.8%).
  4. Algunos han achacado la responsabilidad de lo anterior a los cubanos que viven allá. Sin embargo, todo indica que justo en los condados donde viven más cubanos, Trump perdió. De todas maneras -y a reserva de estudios que convendría hacer sobre la inclinación de una parte de los cubanos emigrados durante los últimos años hacia la tendencia republicana-, otros factores deberían considerarse: no todos los inmigrantes tienen derecho al voto y muchos de los que pueden hacerlo se sustraen de participar en política por diversas razones. Ya se sabe que generalmente cuando hay abstención se beneficia la derecha. No obstante, en esta elección se han movilizado más ciudadanos a ejercer su voto. Hasta antier, 3 de noviembre, y por adelantado lo habían hecho alrededor de 97 millones, 70.8% de quienes lo hicieron en el 2016.

Sobre Cuba

  1. Cierto que el origen de los tantos intereses de Cuba en las elecciones de los EEUU obedece a las raíces mencionadas arriba. A lo cual se suma nuestra idiosincrasia y psicología que es de posiciones extremas, apasionadas, de contingencias. Pero ese seguimiento ha tenido a veces visos obsesivos durante estos meses, lo cual se ha manifestado de varias maneras.
  2. A pesar de nuestra tradición de lucha por la independencia y soberanía frente a poderes extranjeros -léase España y EE.UU.- en realidad no hemos superado la dependencia, que no solo se lleva en la economía y el comercio, sino también en las mentalidades.
  3. Por eso, en los análisis de los cubanos de la Isla se superponen ideas y posiciones diversas, algunas contradictorias. En parte generadas por el pueblo y en gran parte sembradas y estimuladas por el discurso oficial. En definitiva influyen como ideas rectoras y esquemas mentales las siguientes:
  • Las crisis recurrentes de Cuba obedecen al bloqueo económico, comercial y financiero de los EEUU. No sólo al carácter extraterritorial, sino a que no podemos comerciar directamente. Sin embargo, hoy estamos dolarizando la economía, que es uno de los principales lastres a la soberanía.
  • El principal responsable de los problemas e insuficiencias del país en materia democrática y de Estado de Derecho, es el gobierno de los EEUU por su hostilidad hacia Cuba. Por tanto, mientras eso no cambie, Cuba no podrá realizar cambios en dichos ámbitos.
  • Así se ha extendido la idea de que el futuro de Cuba depende de quién gane las elecciones en los EEUU. Si gana Biden, respiramos -nadie habla de desarrollo, se habla de respirar-; si gana, Trump vamos al abismo.
  • La confrontación entre ambos países seguirá siempre porque cualquier partido es lo mismo, gane quien gane. Sin embargo, estamos pendiente de esas elecciones como si en ello nos fuera la vida.
  1. Se supone que lo mejor que puede pasar, antes y ahora, para la continuidad de los esfuerzos de Cuba por el desarrollo en condiciones de paz, así como para la relación entre ambos países, es la opción demócrata. Aunque contraria a la Revolución y la institucionalidad cubana, permite a ambos gobiernos negociaciones difíciles, pero en paz y con probados pasos de avance, beneficiosos para el pueblo bajo el paraguas del intercambio cultural y académico, determinada flexibilización del bloqueo, etc. Sin embargo, cuando se produce un paso de avance en la ruta de una administración presidencial de ese partido con el gobierno cubano, como ocurrió con el presidente Barak Obama en el 2014, se desatan de este lado las críticas más enconadas a su proyección desde los mismos segmentos que en principio no se mostraban opuestos, al contrario. Ahora se está repitiendo ya la misma fórmula, desde ayer miércoles, día 4, cuando amanecimos con la puntuación favorable a Biden. Enseguida empezó a circular esa matriz de opinión negativa en medios como Granma digital, con varios artículos, y en Facebook, por Iroel Sánchez, con muchos post en menos de 14 horas, entre otros. Se reanuda la carga contra los demócratas, porque «son lo mismo».   
  1. Curiosamente, las peores crisis en las relaciones bilaterales, incluyendo la cuestión migratoria, han ocurrido con las administraciones demócratas. Las republicanas mantienen la confrontación de modo más sistemático y agudo, pero no llega a la crisis extrema de un éxodo, invasión o algo similar. Sin embargo, en el ámbito interno, la republicana facilita al gobierno cubano la articulación del consenso, refuerza la idea del enemigo externo, permite distraer la atención hacia los problemas domésticos, al tiempo que se activan y refuerzan los sectores conservadores dentro de la clase política nacional.

Deberíamos terminar con ese círculo vicioso que algunos llaman de «te odio, pero te quiero» con los EEUU, ahora manifiesto en sus elecciones. Deberíamos desterrar la mentalidad colonial que no demuestra realmente nuestra independencia por más que la pregonemos. Ese lastre se mantiene, corroe a las fuerzas vivas de la sociedad y sirve para apostar por el inmovilismo.

Terminemos de poner el catalejo al revés para que podamos construir un proyecto de país soberano, realmente socialista y democrático, a pesar de los EE.UU. y de quién esté de turno en la Casa Blanca.

Para contactar a la autora: ivettegarciagonzalez@gmail.com

 

18 comentarios

Tony 5 noviembre 2020 - 2:11 PM

“El principal responsable de los problemas e insuficiencias del país en materia democrática y de Estado de Derecho, es el gobierno de los EEUU por su hostilidad hacia Cuba. Por tanto, mientras eso no cambie, Cuba no podrá realizar cambios en dichos ámbitos.” … Esto es una falacia total, si todo depende de los EEUU, mejor se convierten en una colonia. 🙂 🙂 🙂 Saludos

Eva 5 noviembre 2020 - 3:16 PM

Excelente. Le han dado en Cuba más tiempo a seguir las elecciones en USA que al millón de problemas sin soluciones que perduran en la isla.
El inmóvil actuar del gobierno cubano responde claramente a su esperanza( que la tenemos todos , y eso está claro por otras miles de razones) de que triunfe Biden y creen con astucia y alevosos que podrán continuar con sus maniobras militares para seguir cosechando dólares y perder más prestigio frente al pueblo de Cuba desgastado ya espiritual y materialmente por la miseria generalizada.
Que hay que hacer para detener la apertura de más y más tiendas en usd?
Cuánto abuso queda por mostrar a quienes gobiernan este país? Por qué no consultan ni escuchan a la inmensa mayoría ?

Rafael Pérez 5 noviembre 2020 - 4:02 PM

Asunto
La autora no se explica por qué Trump ha obtenido tanto apoyo de los votantes cuando sus políticas, a juicio de ella, son desastrosas. Quizá eso se deba a que para esos votantes, que viven en Estados Unidos y son los recipientes de esas políticas, éstas no han sido tan malas que les hagan rechazar con su voto al incumbente. Quizá la autora tampoco sepa que cuando el virus H1N1 se propagó por Estados Unidos, la cifra de contagiados fue de 60 millones, no de 6 millones como ocurrió en esta ocasión en que la edad promedio de los fallecidos es de 78 años mientras la esperanza de vida en este país (baja para ser un país del primer mundo) es de 78.3. Pero cuando sucedió aquello estaba el presidente Obama, por lo que la prensa no magnificó para nada aquel evento. como sí han hecho ahora, cuando han reportado diariamente los números de infectados y fallecidos con el propósito de sembrar el miedo en la gente, estimulando el voto por correo, más fácil de manipular. Ya se han cuestionado los resultados en varios estados. el conteo se interrumpió cerca de las 2 y media de la mañana del día 4 y a aquella hora Trump llevaba ventaja, como en Arizona o Pennsylvania en los cuales, a la mañana siguiente, se habían invertido los resultados dando la ventaja a Biden y los escrutadores republicanos se encontraron con el hecho consumado, Estas y otras irregularidades están siendo rechazadas por la campaña del presidente. La autora quizá tampoco sabe que Wall Street, la tecnocracia de sillicon Valley, las grandes farmacéuticas, la industria del armamento y las telecomunicaciones han sido los principales aportadores ala campaña de Joe biden.La campaña de Trump ha sido financiada en gran medida por miemboros del ejército, la policía, bomberos, obreros, pequeños y medianos propietarios , contratistas, agricultorers, la gente que suda la camisa y trabaj de sol a sol y no solo blancos, negros e hispanos también votgaronpor Trump. La élite está con Biden porque su presidencia los acerca más al establecimiento del Nuevo Orden Mundial que quieren imponer globalmente mediante el cual esa misma élite determinaría la suerte de la Humanidad de acuerdo con sus particulares intereses. El régimen de la Habana favorece a Biden aunque no lo exprese abiertamente porque con él estarán más cerca de que suavice aún más lo poco que queda del embargo. Embargo y yo pude tomar coca Cola en la Habana antes de irme? Por favor.

Rafael Perez 5 noviembre 2020 - 4:05 PM

La autora no se explica por qué Trump ha obtenido tanto apoyo de los votantes cuando sus políticas, a juicio de ella, son desastrosas. Quizá eso se deba a que para esos votantes, que viven en Estados Unidos y son los recipientes de esas políticas, éstas no han sido tan malas que les hagan rechazar con su voto al incumbente. Quizá la autora tampoco sepa que cuando el virus H1N1 se propagó por Estados Unidos, la cifra de contagiados fue de 60 millones, no de 6 millones como ocurrió en esta ocasión en que la edad promedio de los fallecidos es de 78 años mientras la esperanza de vida en este país (baja para ser un país del primer mundo) es de 78.3. Pero cuando sucedió aquello estaba el presidente Obama, por lo que la prensa no magnificó para nada aquel evento. como sí han hecho ahora, cuando han reportado diariamente los números de infectados y fallecidos con el propósito de sembrar el miedo en la gente, estimulando el voto por correo, más fácil de manipular. Ya se han cuestionado los resultados en varios estados. el conteo se interrumpió cerca de las 2 y media de la mañana del día 4 y a aquella hora Trump llevaba ventaja, como en Arizona o Pennsylvania en los cuales, a la mañana siguiente, se habían invertido los resultados dando la ventaja a Biden y los escrutadores republicanos se encontraron con el hecho consumado, Estas y otras irregularidades están siendo rechazadas por la campaña del presidente. La autora quizá tampoco sabe que Wall Street, la tecnocracia de sillicon Valley, las grandes farmacéuticas, la industria del armamento y las telecomunicaciones han sido los principales aportadores ala campaña de Joe biden.La campaña de Trump ha sido financiada en gran medida por miemboros del ejército, la policía, bomberos, obreros, pequeños y medianos propietarios , contratistas, agricultorers, la gente que suda la camisa y trabaj de sol a sol y no solo blancos, negros e hispanos también votgaronpor Trump. La élite está con Biden porque su presidencia los acerca más al establecimiento del Nuevo Orden Mundial que quieren imponer globalmente mediante el cual esa misma élite determinaría la suerte de la Humanidad de acuerdo con sus particulares intereses. El régimen de la Habana favorece a Biden aunque no lo exprese abiertamente porque con él estarán más cerca de que suavice aún más lo poco que queda del embargo. Embargo y yo pude tomar coca Cola en la Habana antes de irme? Por favor.

Lince 5 noviembre 2020 - 5:48 PM

¿Dejavú 1900?
El pintor ruso Vasili V. Vereschaguin Nikolaev durante su visita a la isla para pintar sobre la guerra hispano norteamericana escribió :
Se puede decir que la mayoría está esperando desórdenes en la república cubana y con mucho gusto se inmiscuirían en los asuntos de la isla anexándola a la Gran Republica.”Annexation” es popular solamente en los Estados Unidos aunque no quieran reconocerlo … como si fuera la única solución que dé salida a la crisis monetario-agraria y artesanal . Los pobres en Cuba sin dudas están por la libertad e independencia cueste lo que cueste, pero sabrán ellos realizarlos y conducir el govierno de la república por la vía de la firmeza contra el soborno y el favoritismo. Eso lo dirá el futuro.

Joaquin Benavides 5 noviembre 2020 - 6:55 PM

Estimada Ivette, magnifico articulo. Coincido con todo tu planteamiento y apreciaciones. Seremos mas independientes en la medida en que temamos menos en negociar nuestro diferendo con USA. Negociar no es rendirse. Todo lo contrario. Los debiles son los que temen negociar. El pueblo cubano, que con su direccion ha sabido resistir 60 anos de agresiones de todo tipo, no entregara su independencia y no se dejara confundir ni enganar por cantos de sirena. Al igual que con los cambios en la economia, se manifiestan en las posiciones con repecto a las relaciones con nuestro poderoso vecino criterios inmovilistas, que esconden posiciones reaccionarias y oportunistas. Tambien falta de confianza en el espiritu patriotico e independiente de nuestro pueblo. Con el gobierno de Trump, seria imposible negociar nada, pues lo consideraria una rendicion, pero con otro gobierno que nos respete, como nos respeto el de Obama, seria un error grande no aceptar el reto.

Ivette García 5 noviembre 2020 - 7:34 PM

Aprecio mucho su opinión Benavides. Cuba tiene una extraordinaria capacidad negociadora, nuestra diplomacia ha dado muestras de eso en escenarios bilaterales y multilaterales. Pero con EEUU nod ocurre algo sinceramente patológico. ¿No cree usted que además de posiciones reaccionarias y oportunistas, tamibén en el fondo fondo hay un poquito de ese anexionismo que no ha desaparecido nunca en nuestro país? Creo que para nuestro presente y futuro esa tozudez del sector conservador en nuestro país constituye el principal obstáculo y termina siendo perverso frente a un pueblo que ya se ha sometido a las más largas y duras pruebas, ya no tiene nada más sacrificar. Esas son las cosas que pueden tirar a la Revolución por la borda. Gracias y saludos

Asier Sardiñas 5 noviembre 2020 - 8:28 PM

Estimada Dra. Ivette, muchas gracias por su acertado artículo. Voy referirme a una breve parte de su texto. En él usted señala y la cito: “Sin embargo, cuando se produce un paso de avance en la ruta de una administración presidencial de ese partido con el gobierno cubano, como ocurrió con el presidente Barak Obama en el 2014, se desatan de este lado las críticas más enconadas a su proyección desde los mismos segmentos que en principio no se mostraban opuestos, al contrario. Ahora se está repitiendo ya la misma fórmula, desde ayer miércoles, día 4, cuando amanecimos con la puntuación favorable a Biden. Enseguida empezó a circular esa matriz de opinión negativa en medios como Granma digital, con varios artículos, y en Facebook, por Iroel Sánchez, con muchos post en menos de 14 horas, entre otros. Se reanuda la carga contra los demócratas, porque «son lo mismo».” Fin de la cita.
Pienso, que ello ocurre, en correspondencia, con la prédica Oficial: de que “somos continuidad” y, de fidelidad al Legado del Líder histórico de la Revolución.
Lo que usted expresa, en mi opinión responde precisamente al Legado. Recordemos la reflexión de Fidel titulada “El Hermano Obama”, de fecha 27 de marzo de 2016, a las 10 y 25 pm, publicada en el diario Granma al día siguiente. Considero que el contenido de ella prevalece, en el pensamiento de los que según usted expone, desatan las críticas más enconadas. Es como si se trasladara la reflexión antes citada, al momento actual, percibiéndose quizás, por aquellos que usted señala que “están repitiendo la misma fórmula” -salvando distancias, contexto y nombres-, como si ahora ella fuese “El Hermano Biden”.

Ivette García 6 noviembre 2020 - 10:52 AM

Exactamente esa es la lógica confrontacional de continuidad a la que me refiero, por eso menciono que se instala desde el discurso político y de ahí se va extendiendo en los medios y sembrando en la mente de las personas. Sinceramente, cuando uno analiza detenidamente y a través del tiempo los sucesos vinculados con el fenómeno del conflicto, llega a preguntarse si realmente desean no tener el enemigo externo, o realmente les conviene tenerlo.
Las interpretaciones pueden ser disímiles, pero lo esencial son los hechos y es a lo que me remito. Si 60 años dan para establecer algunas regularidades, entonces yo diría que el modelo existente necesita ese enemigo externo. Qué pena porque eso es terrible para Cuba.

Nina 8 noviembre 2020 - 2:30 PM

Y usted aun ha dudado de eso, no son suficientes las evidencias y la historia los sistemas totalitarios necesitan un enemigo externo sin eso se les derrumba el discurso porque al final ya la elite acomodada en el poder en Cuba no tiene ideología ni le importa las miserias y violaciones de los derechos humanos del pueblo lo que están en estos momentos afanados es en amtenwr el poder y sus privilegios oligarquicos. Todos los días hay más mentiras que asombran en eso compiten con otros populistas sean de derecha o de izquierda pero siempre la mentira les da en la cara aunque solo un grupo sea capaz de evidenciarla ayer mismo 2 feminicidios en Santiago de Cuba nada más y nada menos que con una pistola calibre 45 en el país que no hace mucho la diputada Mariela Castro decía en Argentina que en Cuba eso no existía.

Asier Sardiñas 5 noviembre 2020 - 8:47 PM

Estimado Benavides, muy atinado y conciso su comentario. Saludos.

franklin 5 noviembre 2020 - 11:43 PM

me sigue sorprendiendo, que muchos se sigan sorprendiendo, de la popularidad del presidente trump.

el hecho de de tener en contra una pandemia y el ataque atroz y cobarde del establishment, encabezados por la media y su sarta de mentiras, no fue suficiente para enganar a 68 millones de votantes, que ni son masoquistas, ni son xenofobos, ni son racistas.

Eva 6 noviembre 2020 - 1:17 AM

Los que son cada vez más impopulares son los que gobiernan Cuba esa elite de alta gama está acostumbrada a que el pueblo quede inerte frente a sus abusos y descuida la idea que ya este pueblo está saturado de injusticias detrás de la gastadas continuidad conformidad sacrificio.

Alex Garcia 5 noviembre 2020 - 11:52 PM

Una pequeña explicacion sobre la aparente paradoja del voto en el condado de Miami-Dade. Es en este condado donde reside la mayor parte de la comunidad cubana y es tambien el condado mas poblado del estado de La Florida pero, aunque los cubanos, por origen nacional, son la comunidad mas grande del condado no cosntituyen la mayoria de la poblacion total del condado, alli tambien se concentran significativos grupos de origen haitiano, judio, boricua, colombiano, jamaiquino y una importante poblacion local.

El condado es casi siempre dominado por los democratas pero la explicacion se encuentra en el margen de esa victoria. En 2016 H. Clinton obtuvo el 63,68 porciento de los votos (624,146 votos) contra el 34,07 porciento (333,999 votos) de D. Trump. Biden, al igual que Clinton, vencio en el condado pero su margen fue mucho mas estrecho con 53,31 porciento (617,603 votos) contra 45,98 porciento (532,686 votos) de Trump. En esa mejoria del resultado de Trump, de casi 12 puntos porcentuales con relacion a 2016, influyo mucho el aumento del numero de votantes republicanos de origen cubano.
El aumento considerable en votos a favor de Trump en el condado mas poblado hizo que, cuando estos votos se sumaron a los de los condados donde tradicionalmente dominan los republicanos por margenes amplios, trajera como resultado una victoria un poco mas comoda contra Biden que la que obtuvo contra Clinton, en el mismo estado, en 2016.

dario45666 6 noviembre 2020 - 10:38 AM

donde estaban los patriotas nacionalistas cubanos cuando la URSS coloco armas atomicas en la Isla sin permiso de nadie ?Donde estaban cuando habian 80000 soldados sovieicos basados en Cuba ? donde estaban cuando los cubanos inocentes morian en tierras extranas ? Done estaban cuando cuba se convertia en un satelite economico y politico como nunca lo fue antes ? donde estan cuando la soberania es alienada,no por Trump ni los EEUU sino por el gobierno de los “mejores ” ?? Vamos,senores,seamos serios !!!

ELECCIONES EE.UU.: Por quién doblan las campanas en Cuba y EEUU - CódigoAbierto360° | CódigoAbierto360° 10 noviembre 2020 - 12:37 PM

[…] Tony 5 noviembre 2020 At 2:11 PM […]

maniguera 10 noviembre 2020 - 7:32 PM

LOS ILUSIONISTA E ILUSIONADOS CON LAS ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS Y SUS RESULTADOS, LES RECOMIENDO LEAN EL ARTICULO QUE COPIO A CONTINUACION, PUES DA EN EL CENTRO DE LA DIANA POLITICA E IDEOLOGICA Y ADEMAS DEJA BIEN CLARO QUE DE LOS IMPERIALISTAS NO PODEMPOS ESPERAR ALGO MAS QUE LO QUE HAN HECHO HASTA EL PRESENTE, TODO LO DEMAS SON SUENOS DE IUNA NOCHE DE VERANO BAJO LOS EFECTOS DE UNA DROGA PODEROSA Y ALUCINANTE, EL SUPUESTO Y SIEMPRE FALSO Y METIROSO CRITERIO DE QUE LOS ESTADOS UNIDOS FUERON ESCOGIDO POR UN DIOS PARA DIRIGIR LOS DESTINOS DE LA HUMANIDAD. LEAN EL ARTICULO Y CONTINIUEMOS CONTANDO CON NUESTROS PROPIOS ESFUERZOS Y TRABAJO PARA LLEVAR EL SOCIALISMO AL DESARROLLO EN LA SITIADA ISLA DE CUBA POR UN BLOQUEO INHUMANO, CRIMINAL, GENOCIDA, TERRORISTRA Y HEGEMONICO QUE NOS HAN APLICADO Y APLICA 12 ADMINISTRACIONES NORTEAMERICANAS.

Ganó Biden, ¿y ahora qué?
Los demócratas y los republicanos son administradores del imperio, nada más.
Por Atilio A. Boron Publicado el 10 Nov, 2020
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Los demócratas y los republicanos son administradores del imperio, nada más. Pero en su encarnación física, personal, idiosincrática, hay matices que no se deben desdeñar. Fidel siempre decía: “Dios no existe, pero está en los detalles.” Que Elliot Abrams, Marco Rubio, Ted Cruz, Bob Menéndez y la Ileana Ross pierdan su acceso directo a la Oficina Oval que les garantizara Donald Trump revela una diferencia que sería absurdo subestimar. Es sabido que ambos partidos han perpetrado toda clase de crímenes, en todo el mundo y que su simple enumeración insumiría decenas de páginas. Pero en esta reciente elección se corría un riesgo adicional: una ratificación plebiscitaria para mantener por cuatro años más a un hampón como Donald Trump en la Casa Blanca habría tenido funestas consecuencias para nuestros países. Mencionemos apenas tres. Primera, la inmediata activación de la “carta militar” contra Venezuela que Mike Pompeo preparara durante su gira de hace apenas un par de meses visitando Brasil, Colombia y Guyana (tres países fronterizos con la nación bolivariana) amén del cercano Surinam.
Segundo: un Trump “recargado” habría intensificado las sanciones y el bloqueo en contra de Cuba, Venezuela y Nicaragua y aumentado sus presiones en contra de los gobiernos de Argentina y México, que los asesores más reaccionarios de Trump, aunque parezca mentira, consideran como “aliados” o “cómplices” de la subversión chavista. Tercero, la reelección del magnate neoyorquino habría reforzado la gravitación regional de Jair Bolsonaro, Iván Duque y la derecha radical en Latinoamérica y el Caribe. Estos tres “detalles”, que no significa sean nimiedades, son más que suficientes para recibir con cierto alivio la derrota del magnate neoyorquino. En suma: había una elección entre el peor y el malo, y prevaleció el último. Decepcionante, ¡seguro!, pero estas son las “opciones” que el imperio siempre tiene para ofrecer. Desconocer esta verdad, asentada sobre un registro histórico de más de doscientos años, equivale a confundir ilusiones con la realidad.
Bien, y entonces: ¿qué decir de Joseph Biden? Es un viejo político (cumplirá 78 años el 20 de noviembre) del establishment conservador norteamericano, con 47 años transitando por los laberintos del poder en Washington. Fue senador desde 1972 hasta que, en el 2009, juró como vicepresidente a Barack Obama. A lo largo de este casi medio siglo hay muy poco en su record como para esperar un viraje significativo en la política exterior de Trump, especialmente en el siempre turbulento ámbito de las relaciones hemisféricas. Lo que sí hay es la certeza de que a lo largo de tantos años en el Senado fue cómplice, beneficiario -o por lo menos silente testigo- de la tantas veces denunciada corruptela institucionalizada en Washington, de los jugosos contratos y concesiones ofrecidas a las empresas del complejo militar-industrial y, luego del crash de las hipotecas del 2008, del fabuloso salvataje concedido por el Tesoro al corrupto sistema bancario estadounidense. Todo esto transcurrió bajo su mirada y en ningún momento insinuó disconformidad o incomodidad moral.
La renovación o el “nuevo comienzo”, retórica a la cual son tan afectos los presidentes de Estados Unidos cuando desplazan a sus oponentes no se condice con la promiscua relación que Biden -¡al igual que Trump, pero “guardando las formas”!- mantiene con la burguesía imperial. Por ejemplo, su costosa campaña electoral se vio facilitada por el generoso financiamiento que le otorgaron las grandes corporaciones. Un informe revela que Joe Biden recibió donaciones de 44 multimillonarios; pero su acompañante, Kamala Harris, lo superó al obtener aportes de 46 multimillonarios estadounidenses. En términos individuales Trump se benefició de la prodigalidad de Sheldon Adelson, el dueño de un casino en Las Vegas y, según The Guardian, un “ardiente conservador pro-israelí” que terminó donando 183 millones de dólares para la campaña del neoyorquino. Biden, a su vez, recibió un donativo del exalcalde de Nueva York y magnate de los medios de comunicación Michael Bloomberg por valor de 107 millones de dólares. Como puede verse, parecería haber un pequeña contradicción con el principio elemental de toda democracia de un hombre/una mujer un voto. Porque, ¿qué dudas cabe que tanto Adelson como Bloomberg podrán hacer oír su voz más claramente que las de John y Maggie?, que no pudieron donar siquiera veinte dólares para ningún candidato en la pujante democracia estadounidense. Por eso tiene razón Telma Luzzani cuando habla del “gatopardismo” de Biden.
Habrá, eso sí, un cambio de estilo: al olvido pasarán los gestos matonescos y groseros de Trump y compañía (Pompeo y Bolton, especialmente) y, aparentemente, habría una cierta intención de reflotar el multilateralismo y buscar compromisos manteniendo el uso de la fuerza como una alternativa pero no como la primera prioridad. En esa línea Biden prometió reincorporar a su país a los Acuerdos de París sobre el cambio climático; regresar a la Organización Mundial de la Salud para colaborar en la lucha contra la pandemia, y a la UNESCO, de la cual Washington se había retirado aduciendo un supuesto “sesgo anti-israelí” de esa organización. Pero hay que recordar que Estados Unidos había dejado de financiar a la UNESCO en el 2011, bajo la presidencia de Barack Obama y cuando Joe Biden ¡era su vicepresidente!
Desde el Senado Biden se preocupó por cimentar la fortaleza del complejo militar-industrial y la estabilidad del sistema financiero en la gran crisis del 2008. Ante la catástrofe sanitaria precipitada por el negacionismo de Trump en relación a la covid-19 podría tratar de resucitar el “Obamacare” como un esquema muy módico de salud pública. Pero acompañó con su voto en el Senado las invasiones a Irak y Afganistán y como vicepresidente avaló las operaciones militares en Libia y Siria. En lo tocante a nuestros países, también en su calidad de vice de Obama, Biden respaldó el golpe en contra de Juan Manuel Zelaya (Honduras, 2009); la intentona golpista en contra de Rafael Correa en el 2010; contra Fernando Lugo (Paraguay, 2012) y el fraudulento proceso del “impeachment” en contra de Dilma Rousseff, entre 2015 y 2016 en Brasil. No hay, por lo tanto, razones para celebrar nada, excepto la derrota de Trump.
En el número de Marzo-Abril de la revista Foreign Affairs, una especie de biblia para el establishment estadounidense, Biden publicó un artículo en donde anticipa lo que haría si llegase a la Casa Blanca. El título –“Why America Must Lead Again”- no deja lugar a dudas sobre la absoluta fidelidad de este personaje a la tradición del “excepcionalismo” estadounidense. El mundo necesita un líder y Estados Unidos debe retomar ese papel, otorgado nada menos que por Dios y abandonado por Trump que erró el camino al intentar que Estados Unidos “fuese grande otra vez” abdicando de su responsabilidad de mantener el orden internacional y desairando a sus aliados y amigos. Su programa tiene tres ejes: la renovación y fortalecimiento de la democracia dentro de Estados Unidos y en el concierto internacional; nuevos acuerdos comerciales para contener a China y evitar que sean ella y sus aliados quienes fijen las reglas del juego, algo que el imperio reclama como su absoluta prerrogativa tal como ocurriera a la salida de la Segunda Guerra Mundial; y, por último, sentar una vez más a Washington en la “cabecera” de la mesa de las negociaciones internacionales.
China y Rusia aparecen claramente como los enemigos de Estados Unidos, en línea con las tesis dominantes sobre todo desde los tiempos de Obama. El lenguaje utilizado en algunos pasajes es alarmante y nada tiene de diplomático, y recuerda algunas de las bravuconadas e insolencias de Trump. Por ejemplo, califica al gobierno de Vladimir Putin como un “sistema de cleptocracia autoritaria” mientras que dijo que Xi Jiping “era un matón”, aparte de acusar a China de robar descaradamente derechos de propiedad intelectual y los bienes de las grandes empresas y los ahorristas estadounidenses. En relación a la democracia promete convocar, en el primer año de su mandato, a una gran conferencia con los “líderes amigos” (que ya nos imaginamos quienes serán) para construir una coalición internacional que impulse la democracia y los derechos humanos y combata a la corrupción, y que trabaje coordinadamente sobre la base de una agenda común. Biden cree que una de las mayores fracturas de nuestro tiempo es la que divide a democracias de diversas formas de autoritarismo. No es lo mismo pero guarda un cierto parecido con la “Internacional de la Nueva Derecha” promovida, bajo los auspicios de Trump, por el estratega ultraderechista Steve Bannon. En poco tiempo la verdad saldrá a la luz y se podrá ver quiénes son los réprobos y quienes los elegidos; quienes los demócratas y quienes los autoritarios.
Para concluir: creo que nada bueno cabe esperar de este recambio. Se aventó el riesgo mayor y nada más. En el 2008 y comienzos del 2009 la progresía europea y latinoamericana sucumbió a la “Obamamanía” y pensó, en un alarde de ingenuidad, que un presidente afroamericano obraría el milagro de transformar la naturaleza del imperio y convertirlo en el demiurgo de la paz eterna ambicionada por Immanuel Kant. La desilusión de aquellas bellas almas henchidas de inocencia no pudo ser mayor. Hay un riesgo, si bien no igual, de que ocurra lo mismo con Biden. El motivo de estas líneas no es otro que ponernos en guardia ante tal eventualidad y caer en un desarme ideológico; y recordar que con Trump o con Biden seguimos a merced de la voracidad imperial por nuestros recursos naturales, en un clima ideológico signado por una paranoia que visualiza a este continente como estando a punto de “caer en las garras” de China o Rusia. El tono de la “Guerra Fría” que impregna el escrito de Biden es inocultable. Queda, con todo, una tenue esperanza: que haga memoria y retome, aunque sea en parte, la política de Obama con Cuba y restablezca las relaciones diplomáticas a nivel de embajador, levante las asfixiantes restricciones en materia de viajes, remesas, comercio, turismo e intercambio cultural y, en última instancia, relaje en algo los rigores de ese verdadero crimen de lesa humanidad que significa el bloqueo al cual la Isla rebelde ha sido sometida durante 60 años. Y, por añadidura, que proceda igualmente en relación a la República Bolivariana de Venezuela poniendo fin al papelón internacional de la Casa Blanca en su pretensión de hacer de un esperpento como Juan Guaidó un “presidente encargado” de ese país y se avenga a dialogar con el gobierno de Nicolás Maduro, abandonando definitivamente la ruta de la confrontación elegida por Trump y que, al igual que lo ocurrido con Cuba, fracasara estrepitosamente.
https://www.pagina12.com.ar/304770-gano-biden-y-ahora-que

Harold Flores G. 12 noviembre 2020 - 1:09 PM

Gracias por compartir tus ideas Ivette.

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