Llamamos muñequitos rusos a cuantos, provenientes de Europa del Este, exhibían la televisión y el cine cubanos en los setenta y ochenta, fueran polacos, alemanes, checos, húngaros o efectivamente soviéticos. Gustavo devenía un verdadero filósofo.
Para mí, Juan Padrón era Dios. Una deidad de un panteón que incluye a algunos otros, como Silvio, Mark Twain y los Beatles. Según palabras del artista, si en sus comienzos lucía como Elpidio, luego se asemejaba cada vez más a Resóplez.
Una idea bastante extendida es que la ciencia ficción se empeña en adivinar lo que vendrá. Julio Verne y H.G. Wells acertaron a menudo, al menos en líneas generales, en vaticinar avances tecnológicos y eventos que hoy resultan corrientes. Otros autores, como Isaac Asimov, con todo y el extraordinario volumen (y calidad) de su obra, apenas si pusieron una.
El 13 de junio de 1991 se estrenó Alicia en el pueblo de Maravillas en las salas habaneras. No imaginábamos todo lo que se nos vendría encima. Desde febrero del mismo año, en que obtuviera un par de premios en el Festival de Berlín, los rumores hablaban de una película agresiva, misteriosa, que atacaba la sociedad de arriba abajo.
Al menos para mí, hay algo fascinante en las malas películas, aquellas que de tan burdas devienen joyitas de coleccionista. Muchas son de ciencia ficción, realizadas en los años 40 y 50, cuando el género conoció un auge que trajo a la luz tanto maravillas auténticas como bodrios memorables
La commedia all´italiana de los años cincuenta, sesenta y setenta del pasado siglo provee un feliz cardumen de obras maestras, cuyo oportuno visionado en mi adolescencia determinó en buena medida mi predilección por el género.
En mi infancia, Zatoichi era el ídolo por excelencia. Vi más de una vez cuanta película pasaron en el Acapulco (mi cine de barrio) con ese antihéroe imbatible, suave con niños y mujeres y que armaba una notoria cagazón al comer arroz.
propósito de la Asamblea de Cineastas Cubanos (ACC) y su complicada, y casi inexistente, relación con las autoridades culturales, la sensación es parecida, pues todo indica que de antemano se le atribuyen las peores intenciones y se le niega toda legitimidad, cuando su proceder no puede ser más transparente.