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jueves, octubre 22, 2020

La imposibilidad de abolir el trabajo asalariado hoy

Por: Mario Valdés Navia

(Respuesta al artículo: Marx y la abolición del trabajo asalariado)

La lectura del artículo “Marx y la abolición del trabajo asalariado”, de Fernando Hugo Azcurra, me satisfizo por su defensa de los postulados marxistas más auténticos. Pero, si bien es cierto que Marx jamás pensó la distribución socialista en forma de salario pues el principio “De cada cual según su capacidad. A cada cual según su trabajo” lo concibió para economías naturales, en bonos de trabajo, retomar la consigna de abolir el trabajo asalariado en los actuales programas de transformación revolucionaria de la sociedad capitalista no me parece históricamente viable.

La cuestión no está en que la esclavitud asalariada haya dejado de existir y superarla no sea ya un imperativo de los que soñamos con una sociedad sin explotados ni explotadores. Al contrario, en las sociedades de vocación socialista pueden y deben irse aplicando experimentalmente mecanismos de distribución complementaria más allá del salario. Pero abolirlo solo puede constituir un ideal lejano de futuro, porque hacerlo sin un sucesor que cumpla mejor las tareas de estimulación al trabajo es una experiencia que ha costado muy caro donde quiera que se haya impuesto. La cura ha sido peor que la enfermedad.

Donde primero se trató de pasar a una distribución directa de lo producido fue en la Rusia soviética durante la Guerra Civil (1918-1920), aunque no por preceptos ideológicos, sino por la cruda realidad del comunismo de guerra y la hiperinflación existente. Mas, desde la aplicación de la NEP y luego la economía planificada del modelo estalinista (1921-1991) el salario se revalorizó y se mantuvo como forma principal de estimulación.

Fue en la China maoísta de El Gran Salto Adelante (1958-1961) donde se cuestionó el lugar de la producción asalariada en el socialismo y se privilegió la creación de comunas campesinas para la producción directa, tanto de bienes agrícolas como de acero. Los resultados de aquel macabro intento de aceleración del proceso histórico fueron una terrible hambruna que segó millones de vidas y la recesión económica.

Años después, el voluntarismo politiquero de Mao y sus seguidores provocó la Revolución Cultural China (1966-1976) donde se cuestionó demagógicamente el empleo de las relaciones monetario-mercantiles (RMM) en el socialismo, como parte de sus ataques al llamado sector derechista de la dirección y a los cambios en la URSS de la era Jrushchov. Mas, fue en su versión extrema: la Kampuchea Democrática (1975-1979) de los Khmers Rojos, donde el intento de ruralizar el país sobre la base de la implantación violenta de una economía natural e igualitaria, sin RMM, llegó a provocar la muerte de la cuarta parte de la población.

En Cuba, tras la implantación del socialismo (1960-1963), la forma capitalista tradicional de distribución del nuevo valor creado (renta, ganancia, salario) desapareció como tal. En aquellas condiciones de laboratorio social y plaza sitiada, se inició un experimento social donde se abandonaron las lógicas del mercado en pos de la centralización del nuevo valor creado en manos del Gobierno Revolucionario con el fin de satisfacer las necesidades de la defensa, dar solución a los graves problemas sociales (pobreza extrema, insalubridad, analfabetismo…) y lograr la nivelación de las grandes diferencias sociales en un país que contaba con una de las economías más productivas de la región.

En política económica esto se expresó en el abandono de los dos sistemas iniciales de gestión (Cálculo Económico y Financiamiento Presupuestario) y la implantación del Sistema de Registro Económico (1965-1971) donde prevalecía el igualitarismo en la distribución y el consumo y el reparto directo de bienes y servicios. De manera paternalista, el Estado benefactor devolvía a los ciudadanos una porción significativa del nuevo valor creado mediante cuantiosos fondos sociales de consumo (educación, salud, seguridad social, recreación, etc.): las famosas gratuidades de hoy. Al unísono, los bajos precios de los artículos de primera necesidad vendidos en el mercado normado de alimentos y productos industriales hacían posible la satisfacción de las necesidades básicas de las familias a través de los ingresos salariales, con altos índices de salario real y una homogeneidad social del consumo que servía de base a la unanimidad política.

A seguidas, en la etapa del Socialismo Real cubano (1971-1991), el nuevo pacto social que se impondría ─copia cubanizada del modelo soviético─ aceptó la estimulación material de los trabajadores a partir de la aplicación de la distribución según la cantidad y calidad del trabajo, tanto por la vía salarial como por premios y otros fondos colectivos a nivel de empresa. Asimismo, el fomento de un amplio mercado complementario (paralelo) permitía la realización sistemática de los ingresos adicionales de los trabajadores de forma más o menos amplia.

Con el advenimiento de la crisis de los noventa (Período Especial), la súbita debacle económica dio al traste con el viejo consenso social y creó la llamada crisis de valores, reflejo en la conciencia social de la descomposición del sistema estatizado de economía socialista bajo los golpes combinados de la caída del sistema socialista mundial, el recrudecimiento del bloqueo norteamericano y la persistencia del retrógrado modelo centralizado de gestión burocrática con sus innumerables factores de freno a las fuerzas productivas.

En un país subdesarrollado y bloqueado, donde la producción de bienes y servicios no abastece las necesidades, ya no de la sociedad, sino tan siquiera de un mercado deprimido, no es honesto referirse a la fuerza de trabajo de los trabajadores si no es para considerarla como una mercancía que se compra y se venda en el mercado de trabajo a partir de la Ley del Valor, y donde se tengan en cuenta, como raseros para determinar su precio (el salario): el costo de la canasta básica, como nivel mínimo; la cantidad y calidad del trabajo que aporte cada uno al producto final y la demanda efectiva de ella en las diferentes ramas de la economía. Lejos de abolirlo, lo que se requiere es continuar perfeccionándolo como factor fundamental de estimulación de los trabajadores.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

15 Comentarios

  1. Tengo la fuerte impresión de que el autor tiene inclinaciones marxistas, por otros artículos. Por eso esta respuesta tiene doble mérito. Ha utilizado una muestra concreta de la NECESIDAD del uso de una mercancía de cambio, que en este caso es el dinero, a través de los fracasos en los intentos por removerla o minimzar su importancia y protagonismo. Y a la vez sabe utilizar el contexto y es realista respecto dal tino de validar un ideal en vez de esgrimirlo como varita mágica.
    Muy bueno y aterrizado, sin dudas

  2. No confundamos Capitalismo con Mercado, porque el mercado precede miles de años al capitalismo. En las sociedades primitivas con trueque de mercancías ya existe mercado.

    Es importante tenerlo en cuenta porque no se puede construir una economía próspera ignorando las leyes de mercado.

  3. Lo malo de esa teoría, como quiera y donde quiera que se ha intentado o intente implementar, es que no funciona.
    El marxismo solo ha vendido y vende humo. ¡Mucho humo!
    Por lo demás es bellísimo. No hubo un solo texto de los que me empujaron en mis tiempos de estudiante que no prometiera maravillas para un futuro que nunca llegó ni llegará. 😛

  4. La ley del valor del trabajo según lo propuesta por Marx explicaría lo que sucede en un régimen de producción capitalista, que fue lo que analizó Marx, no en un régimen de producción como el cubano, en el cual ni el dinero funciona como capital ni las máquinas tampoco. Por mucho que algunos se empeñen en llamarlo capitalismo de estado no puede serlo porque en Cuba, en el sector estatal, no existe el capital. Pero hay más, para que se ponga en efecto la ley del valor es necesaria la competencia capitalista. Es decir, que en una sociedad dominada por los monopolios, y aún mås por el sistema financiero el análisis marxista va perdiendo su valor. Hoy en día más del 90% del dinero en Estados Unidos es crédito, lo cual significa que un porcentage muy bajo de la economía depende de los salarios. En la economía capitalista se vive del futuro y de la explotación tal vez de las generaciones venideras. El problema de Cuba es que se vive del hoy y ahora: no hay un sistema de crédito capaz de hacer que la economía as mueva. Por lo demás Marx consideraría la experiencia cubana una utopía, en confrontación directa con las leyes económicas.

    • La teoría del valor de Marx estaba equivocada. Tiene lógica pero no es así cómo funcionan ni los costes ni los precios. Marx olvidó completamente la incidencia social de la oferta y la demanda y de la competencia entre productores, lo que tiene algo de lógica pues en su tiempo los productores eran contados y el capitalismo que él «vivió» (entrecomillado porque el muy cabrón no trabajó en industria alguna), había mucha menos abundancia e incidencia de la oferta y la demanda.

      • Al contrario, según la teoría marxista, porque los precios dependen de la oferta y la demanda, los capitalistas pueden contratar y empleado una cantidad de trabajo determinada, y por lo tanto, el valor (que no es lo mismo que el precio) se erije como regulador del mercado, lo cual permite prescindir de los precios (y de la oferta y la demanda) en el análisis. Dr Ahí que El Capital parta desde la exposición de la ley del valor del trabajo y se vaya desarrollando a partir de ella capítulo tras capítulo, del fondo hacia la superficie.

      • @Pedro Sánchez Buján
        La teoría del valor de Marx, ciertamente no contradice la oferta y la demanda como regulación del precios. Pero en su contexto, con un incipiente capitalismo de estructura productiva más o menos vertical, le era imposible contemplar que la oferta y la demanda también aplicada a la integración horizontal y que en definitiva fuera modeladora TAMBIÉN DEL COSTO. Incluso, el papel relevante y determiante de la mecanización (hoy automatización). Tal vez Marx estaba demasiado enfocado en demostrar su ponto de vista sobre la explotación capitalista, que pasó por alto que la competencia y la oferta y la demanda crean un escenario que le contradice.
        No es que se pueda decir que es concluyente, pero tiene muy buenos puntos que al menos le harán pensar en la TEORÍA en vez del la LEY del valor-trabajo: https://1library.co/document/dy4mm0ky-una-contradiccion-no-resuelta-en-el-sistema-economico-marxista.html?tab=pdf

  5. Como que en Cuba el dinero no funciona como capital, todas esas inversiones en hoteles o el Puerto del Mariel, todas esas inversiones son para generar ganancias,en Cuba funciona el capital como mismo lo hace en el resto del mundo.

  6. No puede haber capital sin capitalistas. La propiedad privada es un imperativo para el capital. Y también el intercambio libre de mercancías.

    El capital en el capitalismo es ese «espíritu» que hace que las cosas se muevan en esta o aquella dirección con la intervención necesaria del capitalista. Ponga un ministro en el medio y el capital ha muerto.

    El «espíritu» que mueve las cosas en el socialismo cubano es otro. A veces es la solidaridad, a veces un antojo. Pero ¿el capital?

    ¿Poe qué creen que Marx habló tan poco de la futura sociedad que el profetizaba? Tal vez no quería meterse en camisa de once varas.

  7. El problema de la teoría valor-trabajo de Marx es que pretende medir algo usando una variable oculta, en lugar del precio de mercado que es una magnitud objetiva y transparente. Si se produce una transacción en la que alguien paga un euro por un lápiz, sabemos que el precio del lápiz es exactamente un euro porque vendedor y comprador pactaron ese precio.

    Si pretendemos calcular el tiempo que fue necesario para fabricar ese lápiz la tarea es imposible. Tenemos el propio tiempo de fabricación al que sumamos el tiempo de quien llevó el lápiz a la tienda, más el tiempo de fabricación de la madera, la pintura y el gráfico para hacer el lápiz. Pero hay que sumar más: el tiempo de fabricación del instrumento para cortar la madera, el de transportar la madera a la fábrica del lápiz, el de construir el vehículo para llevar la madera a la fábrica, el de hacer el estudio geológico antes de abrir la mina de explotación del grafito del lápiz. Y nos olvidamos del tiempo para enseñarles a leer y escribir a los trabajadores que hacen todas esas funciones. Y solo estoy en el principio porque tendríamos que computar muchas cosas más.

    En fin, el valor-trabajo de Marx es una variable oculta de cálculo imposible en la práctica, por eso es un concepto que solo usan los propagandistas como Marx pero no los economistas verdaderos.

    • El asunto es que así, y la mayoría de la gente lo hace así, usted vira la tortilla a la hora de hablar de la teoría del valor de Marx. Usted dice: tanto llevó tanto tiempo en esto, tanto tiempo en aquello, y luego en esto otro, y así sacamos el valor, sumando todos los tiempos. En realidad es así:

      En una situación COMPETITIVA un productor tal puede vender su mercancía -su lápiz- a un precio tal, y otro la suya -otro lápiz- a un precio tal. Dado esos precios uno puede contratar a una cantidad de trabajadores tal, y el otro, otra cantidad tal, para producir una cantidad de mercancía tal, que dadas las circunstancias de desarrollo productivo del momento, requieren un tiempo de trabajo tal, concreto para cada uno de ellos, y abstracto si nos referimos al promedio de todos ellos. O sea que, para un estudio del capitalismo, que era el fin de Marx, podemos prescindir de los precios de cada productor, y las circunstancias de cada productor, y utilizar el valor de partida, como lo hace en El Capital. En otras palabras, lo que se cobra por un producto en el mercado no depende de las horas de trabajo, sino al revés, dependiendo de lo que se pueda cobrar por por un producto en el mercado se emplean un número de trabajadores, y por consiguiente, de horas tales. Es la única forma de explicar que cuando un capitalista incurre en pérdidas despide trabajadores antes de vender las máquinas (el tipo de cuestiones en las que estaba interesado Marx, no el precio de tal o tal cosa).

      Ahora si usted quiere propaganda y metafísica, la «teoría» de la utilidad marginal en la cual se basan todas las escuelas económicas que defienden el capitalismo actualmente.

      • Veamos, efectivamente si sabes el precio de mercado de un lápiz, lo siguiente que debe hacer el productor es calcular cuanto le cuesta producir el lápiz y comprobar si le resulta rentable producirlo. Con lo cual no tiene que recurrir a ninguna variable oculta. Tiene que recurrir al precio de los factores de producción. De modo que el cálculo de la utilidad marginal se realiza sin utilizar variables ocultas.

        Esto lo digo porque la ciencia —incluyendo la ciencia económica— se tiene que basar en medidas objetivas de la realidad que además sean fáciles de ejecutar. Hablo de conceptos como temperatura, presión y precio de un lápiz.

        Por eso sostengo que el Marxismo no es una ciencia sino una ideología. O, lo que es peor, una superstición y casi una religión. No responde a los postulados de falsabilidad de Poper. Intenta analizar un mundo analógico usando lógica binaria. O eres un proletario o un capitalista, cuando casi todos somos ambas cosas. Somos trabajadores por cuenta ajena cuando cobramos a fin de mes pero somos capitalistas explotadores cuando compramos acciones en bolsa, o simplemente cuando contratamos un plan de pensiones.

      • «cuando un capitalista incurre en pérdidas despide trabajadores antes de vender las máquinas»

        No es exactamente así. Para empezar tendremos que definir «pérdidas», algo que no es trivial. En las empresas serias todos los años se llaman a unos auditores que calculan el patrimonio de la empresa el 31 de diciembre del año anterior, por ejemplo 2019. Ese valor se compara con el cálculo del patrimonio el 31 de diciembre del 2018. Si el patrimonio aumentó, hay beneficios y en la próxima reunión de socios hay que decidir que parte de los beneficios se reinvierte y que parte se reparte como dividendos, naturalmente después de pagar el impuesto de sociedades que es un porcentaje de los beneficios. Una forma de reinversión habitual consiste en darle a los empleados una paga extra por reparto de beneficios. Es una reinversión ya que eso facilita la retención del talento y beneficia a la empresa.

        Supongamos que hay pérdidas. Una alternativa consiste en cerrar la empresa y convertir su patrimonio en dinero que se reparte entre los socios. Eso casi nunca se hace por muchos motivos. El primero consiste en que cerrar una empresa cuesta mucho dinero en forma de indemnizaciones a los trabajadores y pagos de deudas, de manera que al final pocas veces queda algo para los socios. Además, las pérdidas se pueden corregir identificando sus causas y modificando la gestión empresarial. Existen miles de maneras de mitigar pérdidas, siendo una de ellas rebajar los gastos laborales, pero ni mucho menos es la única, entre otras cosas porque al rebajar los gastos laborales puedes incurrir en una disminución de facturación que no te compensa la rebaja. Cada empresa es un mundo y es difícil generalizar. En la práctica, es muy común que una empresa funcione con pérdidas. De hecho se puede demostrar contablemente que en ocasiones es preferible mantener una empresa funcionando con pérdidas ya que cerrarla conduciría a unas pérdidas todavía mayores por el coste de clausura. La prueba de que estas cosas son habituales consiste en que aproximadamente un tercio de las empresas en un sistema capitalista dejan pasar un año in repartir dividendos.

        Respecto a lo de vender máquinas, una máquina no es más que parte del patrimonio de una empresa y en ocasiones es preferible venderla antes que despedir trabajadores. Sucede cuando finaliza el periodo de amortización con lo que su valor contable es nulo, pero se puede vender permitiendo un ingreso extraordinario que hace aumentar los beneficios.

        Todo esto te lo cuento porque cuando se leen los postulados marxistas uno se da cuenta de que los marxistas, empezando por el propio Marx, no tienen ni idea de gestión empresarial. Todo lo que saben es de oídas, después de pasar los hechos por unos filtros ideológicos que todo lo distorsionan.

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