revolucion vs brutalidad policialPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

Hay principios que son inviolables, con los que no se juega, a los que no se les da “ni un tantico así” porque sabemos lo que ello podía significar. Su importancia es tal que cuando los escamoteamos, aún movidos por las circunstancias, quizás con las mejores intenciones, estamos haciendo concesiones nefastas. Hoy hablaremos de violencia policial, silencio mediático y lecciones no aprendidas. Hoy tocamos un asunto sensible.

La circunstancia de acoso externo en que vivimos los cubanos nos ha llevado a tomar una mirada defensiva sobre muchos aspectos, en ocasiones innecesaria y hasta suicida. Es por eso que cuando ocurre un hecho lamentable y los medios no se hacen eco, ni siquiera los alternativos, le hacemos concesiones al capitalismo que nos ponen a su nivel.

Hecho: en un reciente juego de beisbol las fuerzas del orden agredieron y encarcelaron a un grupo de fanáticos en lo que podría ser un ajuste de cuentas. En el grupo se encontraba un periodista acreditado con su cámara, fue encarcelado también.

Resultado: las autoridades competentes reponen el daño pero los medios no reconocen el hecho y las medidas a tomar no son de dominio público.

Este asunto tiene varias aristas por donde abordarlo, solo propongo varias. Es normal en muchos países ver excesos policiales en situaciones de estrés como puede ser un juego deportivo con afluencia masiva, en Cuba no puede serlo, tiene que marcarse una diferencia porque nuestro proyecto político es más ambicioso que el capitalista.


Carta dirigida por Camilo Cienfuegos a José Antonio Pérez.

El día 28 de enero fui al Parque Central, aquello parecía un desfile policíaco, estaban por docenas, no permitían grupos ni entrar en el parque, al rato logré entrar. Cuando me acerqué a la estatua del Apóstol rindiéndole homenaje silente y pensando cómo estaba la tierra por la cual murió, se me acercaron dos policías moviendo amenazadoramente los palos, me alejé, me alejé, todos esperábamos la llegada de José Antonio Echevarría, la orden era que cuando él apareciera unirse todo el mundo, el llegó por Prado en una máquina con otros portando una corona, acto seguido empezaron los palos a todo el que intentaba acercarse. Echevarría y los demás peleaban cuerpo a cuerpo con la policía, la corona para el Apóstol destrozada en el suelo.

Yo estaba frente al Asturiano. Cuando corría hacía el lugar me cogieron tres “paisanos” y

El objeto de este artículo es el de reivindicar a una generación, la de todos aquellos que nacimos en los 60 y 90 la de los que estamos siendo actores de algo que nuestros progenitores ni podían soñar…

Somos la última generación que aprendimos a jugar en la calle y en los recesos de la escuela al trompo, al burrito 21, al escondido, la botellita, el come fango, a las chapitas de leche, el chucho escondido, ladrón y policía, el pon con una tacha de lata de leche condensada, a la suiza, al cuatro esquina y ver los muñequitos rusos…

PERO ADEMÁS somos la primera generación que jugó con video juegos, fuimos a parques de atracciones inaugurando el parque Lenin o vimos los primeros muñequitos a color. Fuimos los últimos en grabar canciones de la radio ( los selenas y VF) en casettes desde la 108 FM , amplificando la música en las fiestas con el televisor caribe y los primeros y últimos en ver películas versión Beta y VHS pero orgullosos pioneros del walkman, el chat y los discos compactos.

Fuimos los últimos en ver San Nicolás del Peladero, Casos y Cosas de Casas, Detrás dela Fachada, Para Bailar, Caritas, Escenario escolar, Amigo y sus Amiguitos, Las aventuras

Sacando al policiaco cubano del Abismo
Abismo no se exhibirá en nuestra televisión.

Por: Harold Cárdenas Lema

Me llegó como otras tantas cosas lo han hecho, vía memoria flash a través de un amigo. Después de ver el policíaco cubano en la pequeña pantalla decaer repetidamente en las dos últimas décadas, aún tengo esperanzas de verlo salir del abismo a que ha sido destinado. Por esa razón, cuando un amigo me pasó la última producción del espacio cubano Tras la Huella, me apuré a degustarla en casa con la mezcla de esperanza e incredulidad a que me han obligado en los últimos tiempos los audiovisuales policíacos cubanos. Más aún cuando venía con un comentario de mi amigo: “Se hizo, pero no la van a pasar por el televisor”.

Ya ahí la intriga fue demasiado y en un día vi los cuatro capítulos que componen la miniserie Abismo, perteneciente al espacio Tras la Huella. La trama aborda el mundo del hampa habanera, con toda su sordidez y grandes dosis de realismo. Trata sobre una chica pinareña que es engañada por un proxeneta de poca monta para ir a la capital y una vez ahí, es coaccionada para practicar la prostitución hasta que el jefe de toda la red y especie de patriarca en ese mundo, Rodolfo (Jorge Martínez), la acoge bajo su protección. A partir de ahí ella comienza a trabajar para la policía y a brindar información que darán al traste con todo un sistema de ilegalidades controlado por Rodolfo. El enlace de la muchacha con las fuerzas del orden se llama Jacinto y además parecen el resto de los personajes habituales de Tras la Huella.

En el serial las prostitutas aparecen en todos sus matices, los delincuentes se vuelven más creíbles que los de los últimos años, los diálogos y situaciones son mucho más interesantes. Con un guión de Fernando Loredo y dirigido por el genial Alberto Luberta Martínez, las actuaciones son muy positivas en su mayoría. Lamentablemente los peores personajes en su composición y desempeño son los positivos, cosa grave en un material fílmico que espere buscar de alguna forma la empatía de los televidentes con las fuerzas del orden nacionales.