Por: Felipe de J. Pérez Cruz

Hoy sin dudas, asistimos en el país a un rearme de la historia como proyecto científico y como proyecto social, avanza la excelencia de la historiografía cubana, y sobre todo está en marcha una notable recuperación del papel de las disciplinas históricas en el currículo docente de la enseñanza general y universitaria, aspecto este que se precisó con particular fuerza en los objetivos aprobados por la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, el pasado enero (2). Este crecimiento con calidad, tiene por correlato el compromiso de la inmensa mayoría de los historiadores e historiadoras con la sociedad revolucionaria.

Tan positivo escenario regocija y a la vez impone para avanzar  con paso seguro, repensar los aciertos y fijar las debilidades y sus cursos de solución. Es que los logros del momento actual se entienden con mucha más plenitud, si los vemos en su movimiento real, como aciertos en el concierto de las contradicciones existentes, en medio de los crecimientos humanos y organizacionales por adelantar, las fragilidades a resolver y los consensos a construir. En Cuba por demás, nada escapa al cruento enfrentamiento con el imperio estadounidense y sus aliados ideológicos y políticos.

Colaboración con LJC de Mario Valdés Navia

El tema de la Historia y sus verdades parece haber alborotado a los fieles de LJC. Y no es para menos, pues se sabe que no hay mejor manera de atraer la atención que exclamar: “¡Por favor, escuchen. Voy a contarles una historia!”. Tantos comentarios me hacen volver al teclado con el ánimo de echar más leña al fuego del razonamiento colectivo en un campo tan complejo y apasionante como el de la objetividad histórica y el papel de la Historia en el conocimiento y la comprensión de  nosotros mismos. Intercambiar sobre este tema nos ayudará a responder mejor a las eternas preguntas que todos nos hacemos: ¿de donde venimos?, ¿quiénes somos? y ¿adonde vamos? Especialmente a los jóvenes, pues, como bien señalara Ramiro Guerra: “Cada generación tiene que volver a escribir la historia”.
Lo primero es tener en cuenta la doblez del término historia, utilizado tanto para designar al pasado como a la ciencia que lo estudia. El pasado es real, objetivo y concreto, mientras que la ciencia histórica es una obra humana, sujeta al influjo de las circunstancias, la subjetividad, los puntos de vista y la capacidad intelectual de un autor determinado. No obstante, la famosa tesis de que “la historia la escriben los vencedores” puede ser cierta para los tiempos de Roma, cuando Julio César escribió sus “Comentarios sobre la Guerra de las Galias”, principal fuente que tenemos hasta hoy para conocer a los pueblos galos, pero en nuestra época la historia la escriben los historiadores, sean profesionales o aficionados.