Por: Roberto G. Peralo

Ponerme a narrar y describir todo lo sucedido en aquella hora de viaje puede resultar muy extenso. La dinámica que impone la vida moderna obliga a tener un poder de síntesis en cualquier idea que se quiere transmitir y más en Internet.

Me concentraré en el tema que me llamó la atención de aquel dialogo. Los motivos del tema, mis consideraciones y criterios los obviaré. No es que no tenga mis propias opiniones.

El dueño del Chevrolet del 56, alias Almendrón, no rebasa los 30 años. Respondía al llamado de Migue, creo que era su nombre o el diminutivo de este. Me trasladaba al municipio de Jagüey Grande por motivos personales. Conocido este lugar por el cultivo de la naranja y la toronja.

Hoy la vía más efectiva y rápida para transportación en Cuba se encuentra en manos del sector privado. Donde prevalece la ley de oferta y demanda. Aquel Almendrón diseñado para 6 pasajeros. Se encontraba modificado y de forma muy ajustada admitía a 9 personas.

Comienzo a dialogar con aquel joven que de forma muy jovial respondió con tremendo desenfado las preguntas