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jueves, octubre 22, 2020

Reiteradas ovaciones

Por: Giordan Rodríguez Milanés

Ovaciones. Reiteradas ovaciones. Tantas que, frente al televisor de plasma, ya no ante el Krim de la era soviética, uno podría confundirse y regresar a la época en que Fidel hablaba por los dos únicos canales nacionales. El presidente combina el enfoque historicista con el método de conceptualizar lo general y definir lo particular. Nos dice a escritores, artistas e intelectuales lo que hace mucho hemos querido escuchar de un representante de las estructuras del poder.

No hay nada que emocione y compulse más a un artista que comprobar que una entidad superior -en este caso, el gobierno de la República-, reconozca que ese artista ha tenido la razón. Si bien Abel Prieto durante su primera temporada como ministro insistía en que las instituciones sólo tienen valor porque existen los creadores que la conforman, nunca antes un presidente del Consejo de Estado lo había dicho así, tajantemente, con todas sus letras. Ni había amplificado el secreto a voces que esa disfuncionalidad institucional burocrática traiga consigo el inmovilismo, el desamparo y la corrupción.

Tampoco ningún representante de la jerarquía gubernamental o partidista había reconocido jamás, pública y mediáticamente, el sesgo ideopolítico a que fuera sometido “Palabras a los Intelectuales” de Fidel Castro. Y menos había connotado lo que sabemos -y muchos hemos escrito o dicho: la preocupante cantidad de funcionarios y directivos que no conocen “Palabras…” o lo han reducido el discurso a una consigna que, a priori, puede interpretarse como excluyente. Todo lo contrario de su esencia inclusiva en pos de la unidad.

Pronunciado por el máximo dirigente administrativo, el discurso de clausura del IX Congreso de la UNEAC ha sido, sin dudas, un planteamiento político.

Primero porque incide sobre la esfera motivacional de los miembros de una organización necesitada de fe. Fe en el sistema que debe darle vida, y fe en sí misma. Fe en su capacidad de ser escuchada por sus órganos de relación: el Ministerio de Cultura, el ICRT y el ICAIC. Y digo fe porque el resultado de las palabras de Díaz-Canel están por ver. Si esos delegados al congreso se quedan en la ovación y la satisfacción personal que da saber que no se ha estado equivocado, y no llegan a sus territorios con la adarga dispuesta a luchar contra los molinos de viento de la unimencia y la girovagancia, se corre el riesgo de convertir en demagogia lo que hoy mueve a la esperanza.

Segundo porque, a primera vista, aquella definición de cultura general e integral de Fidel Castro no parece ser la pauta del discurso. Infiero -puedo y quisiera equivocarme- que Díaz-Canel trata de circunscribir el rol social del artista y escritor a lo que llama ‘la cultura’ y que valdría haber acotado sus referentes como ‘cultura artística’. De tal modo, uno no puede evitar sospechar que, para él, este congreso de la UNEAC se trata únicamente de los asuntos de la creación artística y literaria, y su relación con el sistema de instituciones que deben sustentar y viabilizar la promoción de la obra estética.

Esta mirada no está mal desde lo organizacional si recordamos que no es posible deslindar lo artístico de los otros componentes de la cultura en tanto huella material y espiritual del trabajo, o sea: de lo jurídico, tecnológico, religioso, ideopolítico. Y que un artista o escritor -o sus promotores-, no puede ni debe soslayar jamás esos otros componentes aunque no les sean esenciales para la creación de la obra en sí. Un creador es, ante todo, un sujeto social, un ciudadano en términos jurídicos, y un ente ideopolítico con potencialidades transformadoras y liderazgos. Y no verlo así conduciría a la contradicción antagónica entre el espíritu libertario del artista y el talante enajenante de los aparatos ideológicos del Estado althusseriano.

Hay que obrar. No sólo crear en sentido estético, sino obrar en la producción de contenidos axiológicos que sustenten esos valores del humanismo socialista que mencionó el presidente. Después de un discurso como el de clausura del IX Congreso de la UNEAC, no sería serio ni admisible que tengamos en cinco años más otro cónclave para repetir los mismos problemas y retrocesos. Espero que, el recién electo presidente de la UNEAC y el ministro de cultura, estén conscientes de ello tanto como, al menos, cada uno de los miembros de sus equipos de dirección. Una situación problémica más enrevesada y difícil de diagnosticar sería si los directivos de cultura en los ámbitos provinciales, y sus mentores de los departamentos ideológicos de los comités provinciales del Partido, también van a ser consecuentes con el enorme riesgo de convertir este discurso en un sainete de los anhelos escamoteados.

No se trata de cambiar estilos, sino esencias.

Cambiar la percepción heurística provinciana de que la cultura artística es un mero instrumento ideopolítico -carne de actos, golpes de efectos propagandísticos y coro de consignas-, por un concepto y su implementación, que pongan el arte en su centro emancipador, cuestionador de nuestra realidad, comprometido cívica y socialmente, y revolucionario en el más holístico sentido de la palabra. Sólo así la esperanza se convertirá en certeza y la ovación en la música sublime de los humildes de la Patria.

8 Comentarios

  1. Cada nueva promesa por cumplir, históricamente, casi siempre termina en desengaño. Porque más importante que la teoría es el arbol de la vida, las costumbres de ordeno y mando y los intereses personales de los «cuadros»

    Micho mas importante que los discursos esperanzadores son el establecimiento de leyes y reglas del juego claras y qie se puedan hacer repetar cuando se violan, pero de ese «Estado de Derecho» lejos se está; por eso los funcionarios y burocratas esos discursos le son indiferentes.

    El autor del post se lo huele cuando dice:

    «se corre el riesgo de convertir en demagogia lo que hoy mueve a la esperanza»

  2. Un nuevo marketing avec el mismo producto ….puede ser que por un tiempo engane a los consumidores ….solo por un tiempo…….

  3. Julio 1 2019
    Los intelectuales revolucionarios, marxistas, martianos, fidelistas, guevariano y maceistas siempre han estado al lado del pueblo de a pie, le han ofrecido sus obras y demas con el placer de hacerle la vida a ese pueblo, llena de cultura y gratitud pues es la forma de pagar la eterna deuda de esos intlectuales que tienen y siempre tendran con el pueblo cubano de a pie, pues ese pueblo el que paga y contribuye con su reconocimiento la importante labor que esos intelectuales hacen por la cultura nacional y la ratificacion de la historia de luchas, sacrificios, muertes, destruccion e ingerencia que hemos sufrido y sufrimos del sistema capitalista mundial, con su maximo rector, el imperio del norte revueltoy brutal en los ultimos 150 anos.

    Con toda humildad y respeto hacia todos los intelectuales cubanos, considero que siempre hay que empezar por decir que los intelectuales en Cuba no estan por encima del pueblo y mucho menos por encima de las leyes que constituyen el entramado juridico del pais y que garantiza que todos los cubanos estamos sujetos a ella sin distinciion de historia revolucionaria, hoja de servicios, cargos que ocupemos y responsabilidades que tengamos en el entramado administrativo, politico, ideologico y social en que nos desempenemos, este concepto es importante que los intelectuales siempre lo tengan en cuenta, pues existen algunos que una vez que sus obras han sido reconocidas nacional e internacionalmente, lo que conlleva un ingreso adicional a su economia, esos algunos se consideran y miran al pueblo cubano, su gobierno, su partido, sus organizaciones de masas y demas, como si estuviesen montados encima de un caballo blanco de siete pies de altura, viviendo en el extranjero y visitando el pais de vacaciones, pero ademas haciendo declaraciones peyorativas y degradantes del sistema economico, politico, social e ideologico y todo basado en los premios y reconocimiento internacionales que les ha otorgado el capitalismo como una forma concreta de comprarlos en los mercado de esos paises y con ello obligarlos o no, a atacarnos con furia y desprecio sin limites y arrobamientos de tipo alguno, no voy a mencionar nombres pues este no es el lugar y el momento para ello.

    Todo en la vida tiene su momentoy su lugar para manifestarse y dejar sentado la huella que la cultura y la historia deben dejar, pero siempre en el marco de la humildad, el respeto al pueblo cubano de a pie, el reconocmiento, con errores y aciertos, de lo justo del sistema economico, politico, ideologico y social en que nos desenvolvemos en Cuba pues si alguien sufre directamente los problemas actuales dentro de Cuba, como resultado de las agresiones criminales, genocidas, terroristas, cavernicolas y hegemonica del imperio del norte revuelto y brutal contra el pais Cuba es el pueblo cubano de a pie, que a pesar de lo tenso y critico del proceso actual, sigue ese pueblo cubano de a pie, defendiendo lo que es nuestro y lo sera siempre y por encima de errores que se quieran senalar, pues nadie en este mundo, ni el mas sabio de los intelectuales nacionales e internacionales, sabe como desarrollar un pais bajo la presion inhumana, catastrofica y degradante de un bloqueo que supera ya los 60 anos de imposicion, por tanto todos los intelectuales tienen la obligacion moral, etica y de princiopios, de respetar a ese pueblo y sus sufrimientos sin exigir cambios de tipo alguno en nuestro sistema economico, politico, ideologico y social, pues nunca lo lograran.

    Se pueden decir muchas cosas mas, pero lo mas importante esta ya dicho, no se si algunos intelectuales pueden o no coincidir con lo dicho en este comentario, respeto sus opiniones contrarias, pero no las acepto pues por encima de todo esta el pais, el pueblo y nuestra vida durante estos 150 anos de luchas, sacrificios, muerte, destruccion y sobre todo la perdida de hermosas y valiosas vidas por la libertad, la independencia, la soberania y la dignidad nacional de Cuba y su pueblo, vidas que nos senalan el camino sin hacer concesiones de tipo alguno a nuestros enemigos internos y externos.

  4. Bueno, llamemos a las cosas por su nombre: Se llama Demagogia (con todas las letras y el sentido). No es patrimonio de los políticos de izquierda, es patrimonio universal de una inmensa cantidad de políticos.
    Es lo que pasa cuando las palabras no van con las acciones. Hay un refrán que dice: «El que mucho habla, mucho yerra» y adivinen cual es una de los funciones principales de los políticos: hablar para tratar de traer a la gente a su redil, tal como hacen los religiosos, solo que la connotación de las palabras de estos no tiene la repercusión de las de los políticos estos días.
    Si cumplieran con Mateo 5:37: «Que cuando diga si, sea si y cuando diga no, sea no», cuantos problemas se ahorrarían, pero escoger el camino correcto es como la verdad absoluta, bien difícil de encontrar.
    En Cuba, (y hablo de los que conocí en vida), fué demagogo FC a pesar de lo mucho que solía criticar a otros demagogos del mundo; fué demagogo RC y ahora es demagogo DC, Seguro que de los antes también hay muy buenos ejemplos. Pero en el mundo hay la mar de demagogos, tanto de países muy desarrollados como de otros pobres. Una mirada a latinoamérica no me dejaría mentir. Aún recuerdo a Obama y su Plan de Inmigración que se quedó en eso.

    Hay que buscarle una solución al problema, si, pero ¿cuál?

  5. También hay que bajarle los humos a los artistas que se creen que artista e intelectual son sinónimos… y que ellos, por artistas… son una clase superior, que son los que deben decidir la política de medios de comunicación… y acaparar con su agenda todo lo que tenga ver con cultura… que como se recuerda en el articulo es mucho mas que la creación artística… Mucho de soberbia y egocentrismo hay en la relación de los llamados artistas con el resto de la sociedad… y eso no debe pasar inadvertido… Me preocupa que hay bastante de demagogia en darles toda la razón en sus reclamos sin que ellos hagan autocrítica de su actuar…

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