El Papa Francisco y la reforma moral de la Iglesia

por Maximiliano Trujillo Lemes
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Hoy abordaremos al Papa Francisco y la reforma moral de la Iglesia. Tras la llamada revolución sexual de la década de los sesenta del siglo XX, los juicios morales y las deliberaciones éticas en torno al comportamiento humano en el ámbito de la sexualidad, las formas en que se asume, conforma y diseña la familia, y las maneras como nos relacionamos con nuestro cuerpo y el cuerpo del otro, o los otros, han cambiado notoriamente.

¡Le parecerá a los que han sido testigos de tiempos idos y de los actuales, que han habitado en planetas distintos!

Esas mutaciones tan aceleradas quizás nunca antes las conoció la historia de Occidente. Pero a la par, se han crispado las posturas neoconservadoras y fundamentalistas, no ya en posicionamientos políticos, sino también morales.

El fundamentalismo —que nació entre las iglesias protestantes estadounidenses allá por la década del diez del siglo XX, como reacción al avance de las llamadas normas de la modernidad—, es hoy tal vez mucho más militante y agresivo que en toda su historia, y cuenta con los medios y recursos para visibilizarse que no había tenido jamás.

Ante el crecimiento de la irreverencia a las normas morales tradicionales en no pocos sectores de las sociedades occidentales contemporáneas, los que se oponen han respondido con acciones que muchas veces llegan a la agresión física o de orden psicológico.

Estos argumentos demuestran que la crisis de la llamada «moral burguesa» en los 60, que eclosionó en el movimiento hippie, los defensores de las minorías sexuales y la mencionada revolución sexual; es hija de un largo proceso en la evolución moral de la humanidad, que ha enfrentado y seguirá enfrentando poderosas fuerzas resistentes.

Una de las instituciones con más responsabilidad en la constitución de los llamados «valores morales de Occidente», es sin dudas la Iglesia católica: madre de toda la institucionalidad y liturgia del cristianismo, y la religión más extendida en el mundo, entre las cada vez más diversas denominaciones, sectas y aprehensiones que el cristianismo genera por doquier. Ello significa que cuando nos referimos a la moral cristiana, genéticamente nos estamos refiriendo a la moral católica.

A partir del siglo V d. e., el cristianismo se convirtió no solo en la religión dominante en Europa y parte de Asia, sino que, con las posteriores oleadas migratorias y colonizadoras a África, América y Australia, se extendió progresivamente para establecerse, ya en los siglos XVI y XVII, como la primera «religión universal» de la historia de la humanidad.

Durante la Edad Media legisló y gobernó toda la moralidad del mundo occidental. A partir del Renacimiento, si bien no dejó de legislar, perdió el monopolio de los valores y actitudes morales, y se fortalecieron las herejías y disidencias, hasta convertirse, en el siglo XX, en práctica común.

Estos procesos, que no es posible analizar en pocas páginas, han incidido en la manera en que los distintos gobiernos papales, en sus encíclicas u otros documentos, dictaminan los valores morales a partir de la llamada Contrarreforma, comenzada en el Concilio de Trento (1536-1563). Y aunque los conservadores afirmen lo contrario, ¡han mutado esas sentencias e indicaciones!

Juan XXIII procuró, con la convocatoria al Concilio Vaticano II, entre 1962 y 1965 — el cual fue clausurado por Pablo VI, de pensamiento menos radical—, airear el conservadurismo de la Iglesia católica y situarla en diálogo con esa compleja época: ¡ciertamente en gran medida lo consiguió! Pero los papados que le sucedieron: Juan Pablo II y Benedicto XVI, volvieron muchas tuercas atrás, abriendo un período de relativo retorno a la «tradición tridentina».

El largo período que se extendió entre 1978 y el 2013, vio retroceder en el seno de la Iglesia, en cualquiera de sus estructuras, los aires liberales. No hay que suponer que esto no les generó consecuencias, las tuvieron: sanciones a sacerdotes rebeldes y migración de no pocos creyentes a otros movimientos religiosos, por razones diversas, aunque se pueden aducir dos básicas:

  • unos consideran que la catolicidad no preserva con toda rectitud la verticalidad teologal, litúrgica y moral.
  • otros consideran lo contrario, que la Iglesia católica es una institución arcaica, de raíz medieval, que no ha asimilado con la agilidad debida las múltiples mutaciones sucedidas en las sociedades contemporáneas. Ello coloca no pocas veces a la institución ante un fuego cruzado.

Con la sorpresiva elección, para algunos, de Jorge Mario Bergoglio, primer latinoamericano con tan alta distinción, como Papa de Roma; quien era Arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina —la que presidió en dos períodos consecutivos, desde noviembre de 2005 hasta noviembre de 2011, no pudiendo ser reelegido por impedirlo el artículo 61 de los estatutos—además de miembro del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM); se han producido cambios significativos en las proyecciones de ciertos sectores liberales de la Iglesia para juicios de moralidad o de procedimiento.

Tal situación, aunque no se acompaña de transformaciones de peso en el Derecho canónico, no ha generado poca alharaca. Los neoconservadores y fundamentalistas han gritado airados, mientras los liberales y la izquierda han celebrado los anuncios.

En su primer viaje internacional como Papa, en julio del 2013, para liderar la Jornada Mundial de la Juventud, en Rio de Janeiro, en respuesta a los periodistas que lo acompañaban de regreso a Roma, declaró: «¿Quién soy para juzgar a los homosexuales?». Ello no implicó un apoyo explícito al llamado matrimonio igualitario, pero alivió simbólicamente la condenación histórica que esa orientación sexual ha tenido en el devenir de la Iglesia.

En relación al propio asunto, en el documental Francisco, del ruso Evgeny Afineevsky, estrenado en octubre pasado, expresó: «Los homosexuales tienen derecho a estar en una familia. Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. Lo que tenemos que hacer es crear una ley de uniones civiles. Así están cubiertos legalmente. Yo apoyé eso».

El divorcio es otro tema al que el Papa se ha referido. Sin desconocer el carácter sagrado y presuntamente irreversible del matrimonio católico, lo que aplaca la histórica censura de la institucionalidad de esta Iglesia sobre los que rompen la unión matrimonial, resaltó en un Motu Proprio —documento de la Iglesia católica emanado directamente del Papa, por su propia iniciativa y autoridad—, la flexibilización de las condiciones para los trámites de separación.

Asegurando que «facilita los procesos en el tiempo, pero no es un divorcio», y afirmó: «Los procesos legales son para probar que eso que parecía sacramento no lo era, por falta de libertad, por ejemplo, por falta de madurez, enfermedad mental (…) Son muchos los motivos (…)».

Cuando hay, según refiere, uniones de esta naturaleza, en la que se han violado los derechos de las personas, comentó que «no existe un divorcio católico, sino que no existió el matrimonio (…)», lo cual es una perspectiva de enfocar el asunto diferente a la tradición. Ha asegurado que habrá que valorar el derecho de los divorciados a tomar la comunión, dejando un intersticio para futuras consideraciones. Otra brecha posible dentro de la tradición moral del catolicismo.

El Papa argentino ha enfrentado además, con mucho más rigor que sus predecesores de los últimos treinta años, el escandaloso problema de la pedófila en las filas del sacerdocio y el obispado. No ha mirado a otra parte, ha asegurado que no habrá impunidad y que los culpables pueden ser también sancionados por tribunales penales en sus respectivos países.

Recientemente el Papa dio otro paso en la superación limitada de la misoginia dentro de la institucionalidad católica, que ha condenado por siglos a las mujeres, no solo a la exclusión para la ordenación sacerdotal, sino incluso en el oficio de la liturgia.

Con un Motu Proprio publicado el lunes 11 de enero del corriente, modificó uno de los artículos del Código del Derecho Canónico, para que las féminas puedan acceder a los ministerios del «lectorado» y el «acolitado», dos funciones en la misa que, según la legalidad eclesial, solo estaban reservadas a los hombres, aunque en la práctica, en algunos sitios se permitía a mujeres.

Estos ministerios consisten en que el lector, ahora también lectora, es el o la encargada de leer la «palabra de Dios» en la misa, instruyendo además a los fieles para recibir los sacramentos; en tanto el acólito, ahora también acólita, ayuda al diácono y al sacerdote en el altar, de modo extraordinario distribuye la comunión y expone el Santísimo para la oración, además de instruir a todos los fieles para la Eucaristía. 

Todos estos cambios, unos declarativos, pero con impacto en los imaginarios públicos, y los que han llegado al Derecho Canónico, evidencian que en asuntos de prescripciones morales se vive una nueva época en el Vaticano que habrá que seguir con atención. Nadie debe dudar que el Papa de Roma siga siendo un actor de mucha influencia, por afirmación o negación, en la vida de millones de personas y en el posicionamiento de la institucionalidad estatal y civil de no pocos países.

8 comentarios

Jose A. Huelva G 27 enero 2021 - 12:13 PM

El papa Bergoglio, único papa latinoamericano y una verdadera verguenza para la región y el mundo: Encubre a los violadores de la iglesia, apoya el aborto, matrimonios del mismo sexo, enredado lavados de dinero de gobiernos progres y encima es medio comunista. Hay que limpiar el Vaticano. Qué diferencia con sus anteriores santidades Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Por cuanto a ninguno de ellos (que llegaron a estar mucho mas seniles que Bergoglio en el Vaticano) se les hubiera ocurrido apoyar el matrimonio gay o el aborto. Para una vez que ponen a un papa latino, ha sido un desastre.

Consejo Editorial 27 enero 2021 - 1:09 PM

Estimado Sr. Huelva: Respetamos su opinión, pero sin lugar a dudas debe leer más sobre estos temas. Un afectuoso saludo.

carmenmontrivero 27 enero 2021 - 3:06 PM

Evidentemente, José A Vuelva, no domina para nada el tema que trata éste artículo. Sería muy bueno que antes de expresar esos criterios tan desacertados, se dedicara a leer y a estudiar un poco.

Jose A. Huelva G 27 enero 2021 - 5:15 PM

Doña CarmenMontrivero, ¿por qué en vez de ir al trapo para tratar de desacreditar mis criterios (porque diz ud que son desacertados), no expone ud los propios y debatimos aquí? Lo hemos hecho muchas veces. Yo digo que lo que se demuestra no se discute y si estoy equivocado, lo voy a aceptar. Lo inaceptable es que me diga que estoy equivocado sin ni siquiera darme un argumento válido. Algo similar a lo que dice el Consejo Editorial mas arriba.

Jose A. Huelva G 27 enero 2021 - 7:07 PM

Consejo editorial, me están hablando de las curitas después de los desastres?
https://www.youtube.com/watch?v=x-xTib8h2Bg
Desde hace 2 años acá el aborto es super condenable, desde que se habló en el gobierno del argentino Macri de un proyecto de ley para legalizarlo que finalmente se hizo el año pasado, pero miren lo que hacía/decía el Vaticano hace 4 años: https://www.youtube.com/watch?v=iuLMw8U8GXE
Imagine que ud es el poder judicial y le dice a todos que si matan, ud los va a absolver, ¿que cree que pasará? Pues matar se convertirá en deporte.
¿Corrupción? Vean esto que fué lo que hizo que se «reformara la autoridad financiera»
https://www.youtube.com/watch?v=T_IKtDiUs5c
En realidad la reforma va mas allá de lo financiero. El Vaticano a día de hoy está expuesto a la inmediatez periodistica como mismo lo están los dirigentes comunistas en Cuba.
Pero hablábamos de corrupción ¿verdad? Pues: https://www.youtube.com/watch?v=dmEYM9fs3Q0 este fué el origen de la «Investigación». Fué cuando el díácono Sonnante denunció lo ocurrido en el Banco del Vaticano.

tony crespo 27 enero 2021 - 3:08 PM

……con perdón de SuSantidad y del autor….Tremenda tangana frente al ministerio de “cultura”….o INCULTURA…..El sr. ministro se fue a las manos con un joven para arrebatarle el teléfono…….que violencia y que “maneras” y que cultura de violence

Un conflicto, la fe y el Estado – La Joven Cuba 30 enero 2021 - 7:01 AM

[…] El Papa Francisco y la reforma moral de la Iglesia […]

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