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La reaparición de Raúl Castro, un hecho inusitado

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Tribuna vacía
Imagen: Félix M. Azcuy

Para los cubanos que, a pesar de todo, aún nos interesa seriamente seguir analizando la política nacional, fue sorprendente observar lo acaecido en la plazoleta del Parque Céspedes en la ciudad de Santiago de Cuba en la noche del 1ro. de enero de 2024, en una velada solemne convocada con motivo del 65 Aniversario del Triunfo de la Revolución. Como es usual en estos casos, el primer secretario del PCC y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, hizo uso de la palabra con uno de sus discursos habituales para estas ocasiones. En condiciones normales, ese sería el discurso central de la actividad.

Sin embargo, lo inusitado fue que inmediatamente a continuación habló el General de Ejército Raúl Castro, a quien la prensa oficial se refiere regularmente como «líder de la Revolución». Vestía su uniforme militar.

Raúl no pronunciaba un discurso público de esta envergadura desde el 17 de abril de 2021, cuándo inauguró el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba. Como se recordará, ese fue el último cónclave partidista que presidió, pues durante este se eligió a Miguel Díaz-Canel como Primer secretario del Partido.

Desde entonces ha correspondido a este último pronunciar este tipo de discursos, como lo hizo los días 20 y 22 de diciembre pasado al clausurar el VII Pleno del Comité Central y al concluir el último período de sesiones de la Asamblea Nacional, respectivamente.

Fue pues un hecho inusitado que Raúl pronunciara el que fue sin duda el discurso central de la conmemoración.

Es lícito suponer que circunstancias excepcionales motivaron al líder cubano a salirse de su habitual mutismo oficial: la aguda crisis económica, social y política que vive el país y la consecuente acelerada pérdida de credibilidad y capital político de la Generación Histórica, encabezada por él, y la actual, dirigida por Díaz Canel.

También es lícito asumir que el objetivo principal de Raúl fue apuntalar al equipo del dirigente escogido para encabezar el primer gobierno de la transición generacional del poder post-revolucionario. Y a estimularlo a que haga todo lo posible para acometer lo que llamó «la compleja e inaplazable batalla económica» con «productividad, orden y eficiencia». [1]

Raúl Castro pronunciando su discurso en el parque Céspedes, Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 2024
Raúl Castro pronunciando su discurso en el parque Céspedes, Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 2024 / Foto: PCC

La Revolución y el cambio generacional

Hace ya varios años se sabe que el futuro de Cuba depende de que tengan éxito los programas aprobados para producir un «socialismo próspero y sustentable». Y hasta ahora eso no ha sucedido; por el contrario, muchas personas han visto reducidas sus condiciones de vida y no hay visible una posibilidad real de que el Estado pueda garantizar un bienestar social.

Puede decirse que del éxito del desempeño en sus funciones, de esta administración encabezada por Miguel Díaz-Canel, depende no sólo su lugar en la historia cubana, sino también el de la llamada Generación Histórica. Como reconociera públicamente Raúl Castro en el 2018, cuando lo propusiera para sustituirlo como jefe de Estado, el actual presidente cubano se fue formando y resultó el seleccionado para conducir la nación en el futuro, por los que acompañaron al propio Raúl en la dirección del país a partir de julio del 2006, cuando se produjo la inesperada renuncia de Fidel Castro.

Vale la pena recordar que el grupo de dirigentes que en un momento fueron considerados los naturales herederos de la Generación Histórica por su cercanía a Fidel Castro, Carlos Lage y Felipe Pérez Roque entre otros, fueron marginados durante el mandato formal de Raúl Castro, que se extendió entre esa fecha y el 2021.

La alocución de Raúl fue un texto cuidadosamente diseñado y redactado. No hay ningún síntoma en él de que fuera una especie de pronunciamiento de despedida, como algunos han pretendido. El análisis de ese texto, aún inicial como es este, demuestra que tampoco fue un discurso cualquiera. Sus cuatro partes principales apuntan a las preocupaciones centrales de quien se ha propuesto garantizar la continuidad del sistema político que se fue forjando desde 1953, cuando se produjo el asalto al Cuartel Moncada —fecha que se entiende como inicio de la Revolución—, hasta 1976, cuando la aprobación de la Constitución da fin el período de provisionalidad y se instaura un nuevo Estado declaradamente socialista.

Aclaro, porque lo considero necesario, que en este ensayo parto del presupuesto que se puede sostener la hipótesis de que en Cuba han habido tres procesos revolucionarios distintos encabezados por tres generaciones que en su momento fueron la vanguardia patriótica del país: la Revolución de Independencia de 1868 a 1898, frustrada por la intervención militar norteamericana de 1898 a 1902; la Revolución del 33, también frustrada por una injerencia norteamericana —esta vez diplomática y no militar— apoyada por un sector doméstico pro imperialista; y la Revolución Cubana de 1953-1976 que derrocó el antiguo régimen neocolonial impuesto por Estados Unidos y estableció una República Socialista.

Hay un hilo conductor entre los tres y es el empeño que han desplegado las vanguardias patrióticas progresistas en cada uno de esos momentos históricos por crear una República tal y como la soñó Martí, con sus cuatro componentes: independencia nacional, justicia social, buen gobierno y economía auto sustentada.

En cuanto al proceso político que vive el país desde la segunda mitad del siglo XX se puede afirmar que grandes mayorías de ciudadanos pudimos aceptar sin mucha discusión que Fidel Castro y Raúl Castro gobernaran a nombre de «La Revolución» pues eran sin duda los que podían asumir ese manto de ser los «padres fundadores» de un proceso que, a partir de la toma del poder por las fuerzas revolucionarias de entonces, realmente transformaron el país en la dirección general a la que aspiraban las masas populares.

Sin embargo, para los que le sucedan en el gobierno de Cuba, por muchas apelaciones que hagan a «la continuidad», se les va a ser mucho más difícil poder invocar a «la Revolución» y a «los revolucionarios» para legitimar su mandato. Es más apropiado llamarles «la generación post revolucionaria» y calificar el período en que están ejerciendo el gobierno como «post revolucionario».

Las distintas generaciones que conviven hoy en la sociedad cubana evaluaran este primer período post revolucionario como exitoso o no dependiendo de que sus dirigentes, no sólo logren defender y mantener los principales logros alcanzados en términos de independencia nacional y justicia social entre 1953 y 1976 —y que muchos de ellos se mantuvieron durante algún tiempo en el nuevo Estado conformado—, sino que agencien el establecimiento y consolidación de una economía que pueda auto sostenerse y prosperar sin apelar a aliados benefactores. A esto también debe sumársele los retos para construir una verdadera democracia social republicana basada en la participación y deliberación real de la ciudadanía.

Al menos esas son mis aspiraciones personales a las que tengo derecho como ciudadano pero también como alguien que sí se consideró «revolucionario» cuando entre 1959 y 1961 se incorporó al proceso y lo sirvió hasta el día de hoy.

Denuncia y condena de la hostilidad permanente de Estados Unidos

La primera parte, en la que se condena y denuncia la política de Estados Unidos hacia Cuba, no se diferencia mucho de lo que ha venido diciendo el presidente Díaz Canel. «La política de hostilidad permanente y de bloqueo del Gobierno de los Estados Unidos es la principal causa de las dificultades de nuestra economía», afirmó el líder histórico.

Sin embargo, vale apuntar dos aspectos. En su discurso previo, en el 2021, a pesar de que la administración Biden no daba señales de abandonar las medidas crueles impuestas por el presidente Trump en su último período, Raúl Castro no dudó en ofrecer una rama de olivo:

«Ratifico desde este Congreso del Partido la voluntad de desarrollar un diálogo respetuoso y edificar un nuevo tipo de relaciones con los Estados Unidos, sin que se pretenda que para lograrlo Cuba renuncie a los principios de la Revolución y el Socialismo, realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia, ceda en la defensa de sus ideales y el ejercicio de su política exterior…» (Informe Central al 8vo Congreso del Partido Comunista de Cuba).

Esa referencia constructiva estuvo ausente en esta ocasión. Por el contrario, se pueden calificar de «duras» e «intransigentes» las palabras de Raúl.  Pero es lógico que eso sea así si se tiene en cuenta la actitud poco conciliadora de Biden, quien ha mantenido a Cuba en la lista de estados promotores del terrorismo y otras sanciones extremas de Trump.

Por añadidura, Raúl Castro pudiera estar personalmente defraudado porque fue él quien acometió la negociación con Barack Obama para normalizar las relaciones en el período 2013-2014, a pesar de los riesgos que ello entrañaba para un líder con su trayectoria al lado de Fidel. Bueno es reconocer que esa actitud audaz de la diplomacia cubana durante la presidencia de Raúl Castro logró algo que parecía improbable sin una negociación: la liberación de los tres agentes anti terroristas de la «Red Avispa» que aún quedaban en cárceles norteamericanas, a la altura de 2013.

Esta negociación y sus resultados no estuvieron exentas de controversias, incluso de críticas por el propio Fidel Castro.[2]

La unidad es nuestra principal arma estratégica

La segunda parte del discurso de Raúl tuvo como hilo conductor una frase que utilizó con todo propósito: «La unidad es nuestra principal arma estratégica». Aunque es un llamado bastante común en la mayor parte de los pronunciamientos políticos de dirigentes cubanos, hubo tres elementos que no son frecuentes:

  1. Definió la unidad en términos más inclusivos que lo que usualmente hace el presidente Díaz Canel: «En la Revolución Cubana ha tenido cabida cada patriota sincero, con el único requisito de estar dispuesto a enfrentar la injusticia y la opresión, a trabajar en bien del pueblo y a defender sus conquistas».
  2. La asoció a la aceptación de ideas y criterios diferentes: «En esa fragua de acción y pensamiento se forjó nuestro Partido, ajeno al autoritarismo y las imposiciones, escuchando y debatiendo los diferentes criterios y dando participación a cuantos estén dispuestos a sumarse a la obra».
  3. Realizó un llamado específico a la necesidad de la participación de las instituciones armadas de manera diferenciada: «La unidad formada por el Partido, el Gobierno, las organizaciones de masas y todo nuestro pueblo, y como parte de este los combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior…»

De la Generación Histórica a la primera generación post revolucionaria

La tercera parte estuvo dedicada a un tema político fundamental y es la relación entre la Generación Histórica y la que actualmente dirige el país, encabezada por Díaz-Canel: «Sé que expreso el sentir de la Generación Histórica al ratificar la confianza en quienes hoy ocupan responsabilidades de dirección en nuestro Partido y Gobierno, y en las demás organizaciones e instituciones de nuestra sociedad, desde los más altos cargos hasta las decenas de miles de dirigentes de base que están en la primera línea de combate».

En su apoyo citó unas palabras de Fidel Castro, pronunciadas en el acto de fundación de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, el 7 de diciembre de 1993. Con ellas prácticamente concluyó su discurso:

«…No hay contradicciones generacionales en la Revolución por una simple razón: porque no hay envidias ni ansias de poder entre sus hijos. Ninguno de los viejos luchadores nos aferramos a cargos ni nos consideramos acreedores de la patria por haberle prestado un servicio, y mientras nos queden fuerzas estaremos en el puesto que se nos asigne, por modesto que sea». 

Diaz-Canel junto José Ramón Machado, Ramiro Valdés y Raúl Castro.
Diaz-Canel junto José Ramón Machado, Ramiro Valdés y Raúl Castro.

Esta afirmación estuvo apuntalada con un testimonio gráfico: en la portada de la edición digital del Granma del 2 de enero aparece una foto del presidente Díaz Canel rodeado por Raúl Castro, Ramiro Valdés y José Ramón Machado Ventura.

Otro detalle importante resaltado en esta parte del discurso fue la sugerencia de que los cuadros que formaban el actual gobierno tenían que estar dispuestos a ceder sus posiciones en determinadas circunstancias y así dijo: «Quienes, por insuficiente capacidad, falta de preparación o simplemente por haberse cansado, no estén a la altura que exige el momento, deben ceder su puesto a otro compañero o compañera dispuesto a asumir la tarea».

Lo que no queda claro es si esta apelación a la confluencia entre ambas estirpes está dirigida a que los miembros de la Generación Histórica que todavía tienen roles gubernamentales o similares, se abstengan de interferir o de criticar al actual presidente o si, por el contrario, el llamado va dirigido a que Díaz Canel y su actual gabinete de gobierno acepten una especie de rol fiscalizador de esos integrantes de la Generación Histórica. Cada cual puede sacar sus propias conclusiones.

La compleja e inaplazable batalla económica

Al apoyar al primer ministro, Manuel Marrero, Raúl Castro puso nuevamente en el tapete la alta prioridad que debe tener resolver los problemas económicos del país. «Como explicó de forma diáfana el primer ministro, compañero Manuel Marrero, hace solo unos días en la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la compleja e inaplazable batalla económica es imperativo avanzar en productividad, orden y eficiencia».

Resulta ilustrativo que añadiera el término de «inaplazable» al de «compleja», más habitual, al referirse a la «batalla económica» y que enumere como objetivos fundamentales «avanzar en productividad, orden y eficiencia».

Finalmente, instó a los cuadros «a no ser ingenuos ni triunfalistas, a evitar respuestas burocráticas y cualquier manifestación de rutina e insensibilidad, a encontrar soluciones realistas con lo que tenemos, sin soñar que algo nos vaya a caer del cielo». En el contexto cubano es importante la última parte de esta frase. Este tipo de manifestaciones concretas y pragmáticas no abundan entre los dirigentes del país.

El papel de las instituciones armadas: «alma de la Revolución junto al PCC»

El representante de la Generación Histórica terminó con una nueva mención a las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, demostrando una vez más el rol importante que les tiene asignado:

«En este supremo empeño, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, fieles y seguros guardianes de la Revolución, participarán decididamente. Si ayer de las armas victoriosas del Ejército Rebelde emergió libre, hermosa, pujante e invencible la patria nueva, hoy puedo afirmar que ante cualquier amenaza o debilidad sus combatientes no renunciarán a continuar siendo, junto al Partido, el alma de la Revolución».

Esta referencia a que los institutos armados, junto al Partido, constituyen el «alma de la Revolución» recuerda el excelente estudio que realizó sobre el tema Mario Valdés Naiva el 21 de abril del 2021 en las páginas de esta revista, precisamente con el título de El Alma de la Revolución, en el cual analizó el origen martiano de la frase y su evolución desde que Fidel Castro la utilizara para caracterizar al Ejército Rebelde para después asociarla al Partido. Raúl ha preferido seguir otra línea, asociándola a las FAR. Ello adquiere una importancia peculiar en la actualidad si se tiene en cuenta que, a través de GAESA, las Fuerzas Armadas han adquirido una importante influencia sobre la economía —no exenta de cuestionamientos—, que es donde está el frente fundamental de batalla del presente gobierno. 

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Asistentes al acto por el 65 aniversario del triunfo de la revolucion, en el parque Carlos Manuel de Cespedes, de Santiago de Cuba. / Foto: Ismael Francisco, Cubadebate

Se van acabando los tiempos

Aquellos segmentos del VII Pleno del Comité Central y de la sesión de la Asamblea Nacional que se pudieron ver en la Televisión Nacional a fines de diciembre, subrayaron la gravedad de la situación del país. Al fin, desde las más altas instancias, se reconoció que «las cosas no estaban saliendo como se esperaba», lo cual es sin duda un eufemismo, y aunque sin especificar ni deslindar responsabilidades, se aceptó que había errores, aunque los detalles se ocultaron detrás de una minuciosa descripción de los males que le trae al país la tupida madeja de medidas coercitivas unilaterales que constituyen el bloqueo que Estados Unidos le tiene impuesto a Cuba. Estas últimas son reales. Negarlas no es admisible. Pero tampoco se puede desconocer el peso de los errores e insuficiencias del actual gobierno, que también es heredero de otras deformaciones internas que se fueron acumulando durante sus años precedentes.

Después de un enorme esfuerzo político por elaborar un programa de reformas que se inició cuando en julio del 2007, el propio Raúl Castro apeló a cambiar estructuras y conceptos según fuera necesario y concluyó en el 2011 con la aprobación de los Lineamientos para la Actualización del Modelo Económico en el VI Congreso del PCC; no obstante, paradójicamente todo ese programa se ha venido demorando y posponiendo. Ello incluso durante el mandato de Raúl Castro como presidente y primer secretario del PCC.  Este asunto lo analicé con mayor profundidad en mi ensayo «Cuba cincuenta años después: continuidad y cambio político», publicado por la revista Temas (No. 60, Octubre-Diciembre de 2009, págs. 37-47).

Es obvio, aunque no se diga públicamente con tanta crudeza, que el gobierno está en bancarrota, y que carece de los recursos financieros mínimos para enfrentar la crisis. Hay, además, un nuevo entramado político que dificulta la gobernanza, con un conjunto de actores económicos que sí parecen disponer de recursos para construir grandes hoteles o importar productos suntuosos. De ahí que las medidas propuestas por el primer ministro parezcan extremas, lo que se reafirma con su definición de que se está en una economía de guerra.

No obstante, desde la ciudadanía el gobierno aparece atrapado en el hábito de actuar con voluntarismo e improvisación ante situaciones críticas que casi nunca prevé.

Por otra parte, se demoran de manera inaceptable decisiones de más calado y relacionadas de manera fundamental con la reforma profunda que el entramado económico necesita, y que ya fueron delineadas de manera global cuando se aprobaron los Lineamientos para la Actualización del Modelo en el 2011. El más reciente ejemplo de esta tendencia a demorar lo inaplazable es el proyecto de Ley de Empresas.

En todo gobierno hay distintas tendencias y el cubano no puede ser una excepción. Solo que, dado el carácter opaco de los procesos de tomas de decisiones en Cuba y la función de una prensa más centrada en la propaganda que en el análisis y la rendición de cuentas, a los ciudadanos nos cuesta mucho trabajo saber por qué se demoran decisiones estratégicas y quiénes son los que las entorpecen. En tales circunstancias es lícito suponer que hay condiciones para que se agudicen las contradicciones internas. De ahí que el claro llamado de Raúl Castro a la unidad sea fundamental como lo es también que lo vincule a «la inaplazable batalla económica».

Pero el tiempo para «cambiar todo lo que deba ser cambiado» se está agotando, tanto en términos económicos y políticos reales, como por el simple hecho de que al gobierno de Díaz Canel le quedan solamente cuatro años de su segundo y último mandato.

De acuerdo con la Constitución, el presidente es reelegible solo una vez. Díaz Canel ya lo fue el año que recién terminó. En el 2028 concluirán sus dos mandatos. Habrá entonces que buscar un candidato que, también según estipula la Constitución, no podrá ser mayor de 60 años.

El discurso de Raúl Castro pudiera estar diseñado para darle al presidente Díaz Canel el oxígeno que necesita para insuflar, sin interferencia, un fuerte impulso a las reformas que muchos de los economistas cubanos recomiendan y la inmensa mayoría del pueblo espera y exige.

Ojalá los actuales dirigentes la sepan aprovechar con el realismo, la voluntad y la audacia que no han mostrado hasta ahora.  De hoy a abril de 2028 no queda mucho tiempo.

[1] Todas las citas del discurso de Raúl Castro están tomadas de la versión publicada en el Granma, en su edición digital del 2 de enero del 2024: «Vamos a salir de estas dificultades, como lo hemos hecho siempre, ¡combatiendo!»

[2] Recuérdese la reflexión del máximo líder de la Revolución del 28 de marzo del 2016 titulada «Mi hermano Obama».

Paquete económico, tope de pensiones y más

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Paquete económico y tope de pensiones en Cuba
Paquete económico y tope de pensiones en Cuba

El paquete económico ya está aquí

Fue noticia este 1 de enero la entrada en vigor de medidas arancelarias y nuevos impuestos, como parte del programa de estabilización macroeconómica anunciado por el gobierno en los últimos días del 2023.

Estas son las primeras disposiciones implementadas de un ambicioso plan que ha generado polémica y desconfianza entre los expertos.

En el nuevo contexto, quedó cancelado el incentivo de exención de impuestos para mipymes y cooperativas no agropecuarias en su primer año de fundadas. También fue ampliado el pago del impuesto sobre bienes y servicios a absolutamente todas las operaciones comerciales de las mipymes. Antes sólo lo pagaban en la comercialización minorista.

En cuanto a los aranceles, quienes importen productos terminados pagarán un impuesto mayor. Sin embargo, la tarifa se reduce en el 50% para las empresas que importen materias primas o bienes intermedios.

Algunas de las disposiciones que más preocupan a la ciudadanía, como el aumento en el precio del combustible, de la electricidad, del gas y del agua, todavía no han entrado en vigor.

De las medidas estrenadas en 2024, la mejor recibida fue el incremento en el salario, en razón de la antigüedad del ejercicio laboral, para el personal de los sectores de salud y educación. El beneficio alcanzará a menos de medio millón de personas.

Esto significa que el programa de estabilización no consigue, en principio, dejar atrás el círculo vicioso de la economía cubana: un modelo rentista, poco dispuesto al incentivo, que no logra llegar a buen puerto.

Opinamos, como tantos expertos, que se necesita estimular a los nuevos contribuyentes, no desalentarlos.

Invitar a la importación de materias primas con la rebaja de aranceles, es una buena idea, pero lamentablemente viene acompañada, en el caso de las mipymes, por decisiones paradójicas que podrían empeorar la crisis de abastecimientos. El plan del mediano o del largo plazo no debería afectar la situación de ahora mismo, que ya es bastante crítica.

En esa paradoja se debate la nueva política económica, sin encontrar la receta de corregir a futuro sin provocar nuevos problemas. La fórmula no aparece.

Es justo subir los salarios de profesionales que mantienen funcionando servicios de valor inestimable, pero en un país que soporta una inflación del 30% esa subida será un espejismo cuyo efecto durará muy poco. 

 

El sinsabor de la papa «ecológica»  

Y fue noticia que, a la altura de esta primera semana de 2024, después de un mes de molienda, sólo se han incorporado a la zafra 11 centrales de los 2022 que deberían estar activos.

El atraso se debe «deficiencias técnicas» que no fueron detectadas a tiempo, dijo Dionnis Pérez, un directivo del Grupo Empresarial Azcuba, al diario Granma.

A pesar de estos problemas, el funcionario insistió que la zafra garantizará el azúcar que se distribuye en la cartilla de racionamiento, además del consumo social y de otros sectores de la economía.

Esta no es la única noticia relacionada con la agricultura en los primeros días del nuevo año. Las empresas que integran el estatal Grupo Agrícola (Gag) pretenden sembrar más de 130.000 hectáreas de diferentes cultivos como parte de la denominada «campaña de siembra de frío», que empezó en septiembre y terminará en febrero.

José Manuel Martínez, un funcionario del Ministerio de la Agricultura, dijo a Granma que 2.700 hectáreas serán para la papa y añadió que cuentan con los fertilizantes y semillas necesarios.

Otras 600 hectáreas también serán sembradas de papa, pero en estilo «ecológico», con semillas cubanas y productos orgánicos. El funcionario explicó que el rendimiento de este último grupo será inferior. Encima, la siembra anda atrasada, reveló también Martínez.

Con respecto a otros productos, como viandas, hortalizas y granos, admitió que el Gag no cuenta con los insumos necesarios y eso provocará rendimientos bajos. En la presente campaña apenas lograrán alcanzar 18 libras de productos per cápita. Martínez aclaró que el Gag no es el único grupo a cargo de estos cultivos, así que la cifra no debe asumirse como un indicador global.

Esto significa que la descapitalización de la agricultura sigue pasando factura al campo cubano, y el consumidor final es el que paga las consecuencias junto a los altos precios de los productos en los agromercados. A pesar del tono moderado de los funcionarios, que obliga a leer las entrelíneas cada una de sus declaraciones, al parecer este año las siembras nacionales tampoco podrán satisfacer las necesidades alimentarias de la población.  

Nuestra opinión es sin una reforma agraria integral no hay futuro. En el paquete de medidas anunciadas por el primer ministro Manuel Marrero, la agricultura es una de las zonas más vagas. El diagnóstico está a la vista, pero la intervención adecuada no llega.

El 80% de la tierra está gestionado actualmente, según Marrero, por «formas productivas no estatales».  Sin embargo, siguen siendo ineficientes.

La política de otorgar tierras en usufructo no bastó. Debería pensarse en una nueva modalidad de tenencia, que dé más oportunidades a los productores en el terreno. Asimismo, urge relajar los controles, intervenir con subsidios para la compra de maquinarias, y aplicar otros incentivos a quien produzca. Mientras a la agricultura —además de «corazón»— no se le ponga inversión, la comida no llegará a la mesa del cubano con facilidad.

 

La baja mortalidad infantil, una buena noticia

Una de las mejores noticias del año nuevo fue la baja en la tasa de mortalidad infantil. Al cierre de 2023 estaba en los 7.1 por mil nacidos vivo. Traducido a números totales, hubo 74 fallecidos menos que en 2022.

La provincia con mejor tasa es Pinar del Río con 3.1. Veinticinco municipios no reportaron la muerte de ningún bebé menor de un año. Seis provincias cerraron con tasas por debajo de la media nacional.

Otros indicadores también mejoraron con respecto a 2022. La tasa de mortalidad preescolar bajó a 3.6 y la escolar a 2.1 por 10.000 habitantes. La mortalidad materna que se hallaba en 40.9 por 100.000 nacidos vivos en 2022, descendió a 38.7 en el año pasado.

Esto significa una satisfacción notable para el gobierno en un momento en el cual tiene pocos logros que exhibir. La mortalidad infantil es un indicador que ha tenido históricamente mucho peso en el discurso político cubano.

Opinamos que, naturalmente, es una buenísima noticia, aunque deja algunas preguntas. ¿Qué cambió en los servicios médicos cubanos de 2022 a 2023, cuando el éxodo de profesionales de la salud se mantuvo, unido a la carencia de medicamentos e insumos?

Tal vez el crecimiento de este indicador en años anteriores, sumado a escándalos como el ocurrido a inicios del actual —que implicó la muerte de 8 recién nacidos con consecuencias legales para el personal sanitario encontrado como responsable— reforzó la prioridad o el control sobre el Programa Materno Infantil. También habrá quien se cuestione las estadísticas oficiales, pero sin pruebas contundentes de que estén manipuladas, solo queda celebrar.

 

Las pensiones topadas

Por último, fue noticia este sábado que habrá un tope al salario promedio que se tendrá en cuenta de forma completa para el cálculo de las pensiones.

El Consejo de Ministros decidió modificar el Reglamento de la Ley de Seguridad Social, en vigor desde 2009, con el objetivo declarado de «atemperar a los cambios como consecuencia del proceso de transformación en la distribución de ingresos de la población».

El documento publicado en la Gaceta Oficial, se refiere a que el envejecimiento poblacional implica que haya cada vez más pensionados en el país, y también menos contribuyentes que generen los ingresos necesarios para garantizar sus chequeras. Por lo cual, es necesario modificar lo hasta ahora previsto con el fin de «atenuar los gastos del presupuesto de la seguridad social».

La nueva disposición también explica que, a raíz de las transformaciones realizadas en el sistema empresarial cubano —que eliminaron el tope «a la cantidad de salarios medios mensuales a distribuir»—, cuando se calculaba la jubilación sobre la base de los salarios promedios de quienes laboran en empresas con gran superávit, resultaba en «pensiones con elevadas cuantías».

El salario promedio para la pensión se estima sobre la base de los mayores salarios devengados por el trabajador durante cinco años, seleccionados de entre los últimos quince años naturales anteriores a la solicitud de la jubilación. También promedian otros añadidos legalmente cobrados en ese tiempo, como el pago por distribución de utilidades.

Para calcular la pensión se sigue aplicando el 60 % al mencionado salario promedio. Si el jubilado tuviera más de 30 años de trabajo, se incrementa un 2 % por cada año el porcentaje hasta llegar a un 90 % como máximo. En esto no hay modificaciones.

El cambio principal consiste en que, a partir de la entrada en vigor de la citada medida, cuando el salario promedio supere los 9 510 pesos, se irán aplicando progresivamente reducciones a la cifra final que se tomará en cuenta para el cálculo de la pensión de forma siguiente:

  • al exceso de 9 510 pesos hasta 19 020 pesos, se le aplica el 60 %;
  • al exceso de 19 020 hasta 28 530, se le aplica el 40 %;
  • al exceso de 28 530, se le aplica el 20 %.

«Los trámites de pensiones por edad e invalidez total iniciados con anterioridad a la puesta en vigor de este Decreto, continúan su tramitación por las disposiciones normativas por las que se iniciaron», agrega la normativa.

Esto significa que las desigualdades salariales, incluso entre quienes están laborando en el sistema estatal, están siendo un problema para el Estado. Actualmente un trabajador de una empresa con altos indicadores de rentabilidad puede ganar en el trimestre tres o cuatro veces lo que gana un médico o un profesor universitario, cuyos salarios son generalmente estáticos. La diferencia antes mencionada también se aplicaría proporcionalmente a las pensiones.

La nueva disposición intenta «redondear» de alguna manera esta disparidad —aunque no lo logra del todo. No obstante, lo hace reduciendo progresivamente el máximo en vez de aumentado el mínimo.

Nuestra opinión es que resulta muy difícil que la economía se exprese en todo su potencial cuando se corta las alas a las zonas más eficientes.

Trabajar, entre tantas cosas, por una pensión justa, es un objetivo legítimo; especialmente cuando numerosos jubilados —si no tienen familiares que los ayuden u otros capitales que movilizar— viven con un limitadísimo acceso a alimentos e insumos básicos imprescindibles para mantener una vejez digna.   

Quienes laborado toda su vida no son responsables de que en Cuba mueran más personas de las que nacen, o de que muchos jóvenes prefieran vender su fuerza de trabajo fuera de las fronteras nacionales. Para quienes permanecen en el territorio y se miran en los espejos de sus padres o abuelos próximos a jubilación, tampoco es algo alentador. 

Esta medida, si resultara inevitable, debería ser temporal. La fórmula adecuada para reducir la desigualdad de ingresos en un sector tan sensible como las personas de la tercera edad no radica en bajar los máximos —que tampoco resultan tan altos si se tiene en cuenta el costo de la vida—, sino en ajustar los mínimos a lo necesario para adquirir una verdadera canasta básica.

Festibar

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festival de cine
Ilustración: Brady

Hoy ofrezco algunos tragos selectos (o, más bien, aquellos que pude paladear) del reciente Festival de La Habana. Comencemos por los cócteles del patio:

La mujer salvaje, de Alán González (2023): Tengo mis reparos hacia películas con relatos previsibles que devienen una suerte de muestrario de clichés sobre el tan llevado y traído cubano de a pie. Ahora bien, este no es el caso, como no lo fue la Conducta de Daranas. Una y otra retratan a gente humilde enfrentada a las adversidades consustanciales tanto a la precariedad material como a la maleabilidad ética, pero a través de historias bien urdidas, con personajes sólidos, multifacéticos, no meras caricaturas. Muy poderosa es aquí la Yolanda de Lola Amores, tanto en la tozudez con que persigue su objetivo (encontrar al hijo) como en sus vulnerabilidades y venganzas, e incluso cuando cambia de registro para flirtear con el botero encarnado por Perugorría o se finge inocente para rebasar barreras. Ya nos mostró antes su calibre en el cine y el teatro, sobre todo en Santa y Andrés de Lechuga; tuve la suerte de contar con ella para un brevísimo papel en mi cortometraje Dominó (2017), y es su personaje de los que más se afianzan en la memoria.

El viaje de Yolanda, casi en tiempo real, enfrentada a toda suerte de obstáculos (vencidos unos, pospuestos los otros) es también un descenso a círculos cada vez más profundos del Infierno, y su salida de él no en términos geográficos sino emotivos. Los vecinos a un paso de emprender su linchamiento, los ultrarreligiosos hipócritas, la prima casada con un italiano, están todos encajados en sus nichos, sintiéndose seguros a cambio de convenientes reajustes morales. El video, presuntamente condenatorio, que pende sobre la cabeza de la mujer salvaje, apunta además a ese Leviatán que alimentamos día a día y al cual a menudo concedemos un crédito que no merece: las redes sociales.

Buen guion, personajes de carne y hueso, estupendas interpretaciones (ojo con el niño debutante, Jean Marcos Fraga), fotografía funcional e inesperada ternura: mucho más puede decirse del largometraje de Alán, pero por ahora concluiré recomendándola.

Aislados (2022), largometraje a cargo de cuatro realizadoras —Maritza Ceballos, Zenia Veigas, Sailin Carbonell y Yoe Pérez—, fue la otra pieza cubana que pude ver… aunque a poco de comenzada la cuarta historia se fue la luz en el Chaplin y nos hicieron salir precipitadamente sin explicar lo sucedido.

Lo primero que hay que aplaudir aquí es la tenacidad del equipo, que filmó en plena pandemia, lo que obviamente decuplicaba las dificultades que conlleva cualquier rodaje en Cuba (sé de lo que hablo: rodé La campaña en diciembre de 2020). En los cortos aparecen tanto actores de larga trayectoria como noveles, incluida Amelia Pérez, la niña del primer relato, Safari. Las historias y guiones provienen de Yoe Pérez, una de las directoras; junto al empleo del mismo equipo técnico para los cuatro, es un elemento que consolida la unidad estética del conjunto.

Ahora bien, como es lógico tratándose de una obra en que confluyen diferentes voces y voluntades a la hora de sustanciar las historias, hay resultados mejores que otros. Si me convencieron Safari y Lapsus, no lo logró del todo Si yo fuera tú. Me parece bien, porque se hace muy raramente, que se muestre que en la sociedad cubana coexisten diferentes estratos sociales, diferentes niveles de vida (y que disfrutar de uno bastante más elevado no implica necesariamente tener a un ministro en la familia o parientes que envían dinero: también hay profesionales que lo consiguen con su trabajo, o por lo menos lo conseguían antes de la pandemia y la presente crisis), pero en este caso concreto se retrata una existencia demasiado holgada para un diseñador con trabajo y una actriz sin él, abocados a un muy escaso (y artificial) conflicto.

Aislados asume, en general, un tempo lento, como corresponde a un periodo en que la vida de todos en el planeta dio en ralentizarse. Con sus desbalances y virtudes, es una obra que visibiliza a cuatro realizadoras que tendrán mucho que decir. Y seguramente lo dirán.

Desgraciadamente, no he visto el resto de las producciones cubanas en el Festival. Me interesaba en particular Una noche con los Rolling Stones, de Patricia Ramos: fui miembro del Jurado que premió el guion en 2019, y es natural el deseo de ver finiquitado un proyecto que se ha conocido —y disfrutado— sobre el papel. En fin, ya hablaré de esa y otras propuestas nacionales cuando se presente la oportunidad. En cambio, quiero referirme a otros tres néctares paladeables: tres películas, dos de ellas no latinoamericanas, que sí conseguí ver.

Cuando arranca Los delincuentes (2023), del argentino Rodrigo Moreno, parece tratarse de una historia más de robos de bancos. Sin dejar de serlo, se convierte en una especie de caja china donde nacen y se desarrollan historias que tributan, más que a la trama principal, a los personajes protagónicos. El gran tema pudiera ser la búsqueda del tiempo para disfrutar de la vida, y la imposibilidad de planificarlo. En una época en que, según palabras del director, «cada vez vemos más películas que se parecen a episodios de series», Los delincuentes nos devuelve el gozo del cine que se niega a ceñirse a géneros o hacerse previsible.

Visov (Desafío, 2023) de Klim Shipenko, es esa película rusa muchas de cuyas escenas fueron filmadas realmente, y por primera vez, en el cosmos, en la Estación Espacial Internacional. Tuvo una presentación única en el Festival, con la presencia de un cosmonauta que participó en el proyecto. Con una estructura muy hollywoodense, hay algo sin embargo profundamente ruso en este relato trepidante que hizo aplaudir masivamente al público, cuando (spoiler) el muchacho y la muchacha (magnífica Yulia Peresild como Zhenia) se besan al final. Esta pesadilla (o banquete, según se mire) para terraplanistas es un espectáculo imperdible, aderezado con estupendos toques de humor a menudo relacionados con el personaje de la madre de la protagonista…

Si les digo que me gustó una película coreana de algo más de dos horas, en blanco y negro y que se desarrolla en 1801 en una isla habitada por pescadores, muchos empezarán a pensar «este tipo…» Pues bueno, sí: me encantó Jasaneobo (El libro de los peces, 2021) de Lee Joon-ik (quien, por cierto, presentó la película en el Yara). La historia, basada en hechos reales, me recordó un poco a Il postino (1994), de Michael Radford, basada en una novela del chileno Skármeta, en el sentido de reflejar el aprendizaje en ambas direcciones entre un personaje culto y otro que, según los estándares académicos, no lo es. Humor, unas gotas de tragedia, buena fotografía y un rosario de interesantes caracteres secundarios aderezan este cóctel altamente estimable.

 Y ahora, a beber…

Comer en la calle

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Ilustración: Brady

Hace poco menos de 20 años, yo regresaba una madrugada a mi casa en Lawton. Todo mi capital consistía en 20 pesos, que se convirtieron en 10 al pagarle al chofer cuando me dejó en Dolores y Diez de Octubre. Estaba muerto de hambre, pero bajé la loma a paso ligero entusiasmado por la idea de una pizza (con los 10 pesos que me quedaban) en uno de los poquísimos lugares que trabajaban a esa hora.

Apuré el paso, me planté frente a un estrecho mostrador de cemento pulido y pedí: ¡Una pizza! El dependiente-custodio era un señor muy mayor que se encontraba sentado en una silla de cabillas, y parsimoniosamente a chancleta quitada, con la calma del que tiene toda la noche para él, deslizaba con fruición el dedo índice de la mano derecha entre el pulgar y su compañero del pie izquierdo.

Nos miramos en silencio como por tres segundos. Deja, deja, no me des na, dije yo. Él, con expresión culpable, como de perro cocker spaniel que ha masticado una chancleta, trató de convencerme, quien sabe si apelando a la Biblia: Yo me lavo las manos. Qué va, puro, dije yo, ni aunque te las laves con ácido. Tengo entendido que esa cafetería ha ido cambiando de nombres a lo largo de los años. Para mí, siempre será Los Violines.  

Yo no soy el tipo de persona a quien le encante comer en la calle, sobre todo en este tipo de establecimientos, pero soy incapaz de no percibir la naturaleza de las aguas donde nadamos. Tenemos un desfase temporal de varias décadas en muchísimas cosas, pero el caso de esa gastronomía chiquitica es bien notable. La ofensiva revolucionaria taló a lo grande la bien poblada selva de la gastronomía de barrio, y los árboles no crecen en un día, mucho menos si no se les riega.

Se nos murió la necesidad de hacer las cosas ricas y buenas para vender más. Vivimos en el imperio del jugo flojo, la empanada con una pizca de guayaba encerrada en una bola de aire, y los tamales que sin verlos, ya sabes que nunca serán ni la mitad de buenos que los que puede hacer cualquiera en su casa, incluso ese mismo tamalero. O incluso tú, la primera vez que hagas tamales. Vivimos en el reino de los astutos, esos que hacen los panes más chiquitos, le suben el precio y después le sacan dos al paquete. Habitamos la galaxia del quedarse callado si te dan dinero de más en un vuelto, del sálvese quien pueda, de la selección natural.

Cada vez da menos resultado ser el que espera paciente el contacto visual del dependiente que nunca llega. Da negocio ser quien hace su pedido a dos metros, a viva voz, porque casi siempre se le despacha primero. Las reglas del mercado dejaron de funcionar y feneció la cortesía. No pasa nada por tener la tablilla de menú a la bartola, ni por incumplir las reglas básicas de atención al cliente. Puedes inventarte las categorías de jamón que hagan falta (especial, embuchado, embuchado especial, supremo, etc.) y combinarlas a tu aire, y ponerle 50 pesos arriba a las que suenen más sofisticadas.

Hace poco pedí una «pizza familiar» en una cafetería. De sabor excelente, debo decir. O por lo menos a mi gusto. El dueño es uno de estos tipos que creyéndose que atiende su negocio la mar de bien, va desplazándose por el local, jodiendo sistemáticamente a los que comen, preguntándoles cómo está la pizza cuando tienen la boca llena. Ese día me preguntó a mí. Me encantó, le dije. Y agregué: usted para vivir solo, le sabe mucho a esto de la comida. ¿Cómo solo? Yo no vivo solo. Vivo con mi mamá, mi esposa y mis dos niñas. ¿Ah, sí?  Coño, entonces ¿por qué tú le dices familiar a esta pizzita que me acabo de comer? ¿Ustedes cinco comen con eso?

No todo está perdido. Hay lugares buenos y gente que respeta al mercado, lo respeta a uno y se respeta a sí mismo. Si se busca muy bien, aparece algún que otro sitio de comida a domicilio en donde lo que pides es lo que te traen, dentro de un océano lugares en los cuales la foto de la pizza que te enseñan se parece a la pizza que te llega, lo mismo que una foto de carné a una de perfil de Instagram. Sitios desde los que la hamburguesa llega tan envuelta en nylon que da la impresión de que la llevaron a retractilar al aeropuerto, la lechuga parece a medio masticar por un pony de los que se alquilan en el parque de La Maestranza y el pepino se pinta ideal para ponerlo en un jarrón de barro en onda naturaleza muerta.

Tenemos décadas de atraso. Aun así, a cada rato tengo flashazos de confianza. Quiero confiar, me aferro. Durante años me aferré a unas pizzas de cinco pesos que hacía Fermín, un vecino. Eran tan malas, que yo llegaba y le decía: Dime Fermín, ¿a qué hora salen las tartaletas? Eran malas. Pero iguales de malas siempre, y eso es mejor que la fluctuación, porque sabes a qué atenerte.

Quiero confiar, el cuerpo me lo pide. Aunque sé que mucha gente confía en el teorema social que dice que la calidad del dulce es directamente proporcional a lo empercudida que esté la caja de poliespuma del dulcero, tengo mis límites.  Días atrás, pasé por delante de un viejo simpático que desde siempre vende coquitos. Cómico, tú nunca me compras, chico, me dijo, si el problema es el dinero te regalo uno. Suspiré. El problema no es el baro, viejo, es que tú despachas los coquitos con la misma mano de cobrar. Coño, búscate una pinza. Y me fui, sin convicción ninguna de que mi consejo sería escuchado.

Antier pasé y estaba despachando con pinza. No era una pinza de alimentos, sino una larga de madera, de las que se usaban para manipular ropa hervida, que por supuesto machucaba irremediablemente los coquitos. Pero algo es algo, y ese es el tipo de cositas a las que me aguanto para confiar. Hoy sí, dame uno.

Este va por mí, cómico. Deja que lo pruebes. Salí caminando ya contento, pero mi sorpresa fue doble al morder el coquito y encontrarme una textura ideal y un punto de azúcar bordado. Me viré para felicitarlo, y se estaba rascando la espalda con la pinza de despachar los coquitos. 

A 65 años del triunfo de la Revolución Cubana: su impronta en el teatro de la Isla

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teatro cubano
Imagen: Félix M. Azcuy

Es posición común de nuestros cientistas sociales, principalmente quienes lo vivenciaron, el reconocimiento de la Revolución Cubana como un proceso que alcanza y estremece absolutamente todas las esferas de la vida social nacional, lo cual ratifica la definición de los cambios operados bajo la categoría de una auténtica revolución social.

En efecto, las transformaciones alcanzaron la esfera de la cultura artística y dentro de ella la creación y producción teatral, y también su distribución y consumo para impactar en lo esencial: su proyección social.

En un desarrollo lógico, los primeros y definitorios cambios fueron estructurales: el 12 de junio de 1959 la Ley 379 finiquitó el Instituto de Teatro, creado en 1955, que no había realizado labor alguna hasta la fecha, y trasladó esta responsabilidad al Ministerio de Educación. Dentro de esta institución situó al Teatro Nacional Gertrudis Gómez de Avellaneda, la entidad que hoy conocemos como Teatro Nacional de Cuba.

El Artículo Tercero de la Ley 379 lo precisó de este modo: «El Ministerio de Educación dedicará los salones y locales del Teatro Nacional Gertrudis Gómez de Avellaneda, de manera preferente, para llevar a cabo la labor de fomento y desarrollo que el Estado Cubano debe realizar en lo referente a teatro, música, ballet, ópera y actividades artísticas en general».

En orden cronológico esta sería la cuarta institución cultural fundada por la Revolución tras la Biblioteca Nacional, el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC) y la Casa de las Américas.

El nombramiento de su director sería potestad del ministro de Educación. La decisión recayó sobre Isabel Monal, secretaria de Cultura del Movimiento 26 de Julio y trabajadora del municipio de La Habana.

La construcción de dicha instalación había comenzado en 1952. Con ocho millones invertidos supuestamente hasta la fecha; allí solo podían verse en su exterior los muros de hormigón —estaba ausente la cristalería— mientras, en su interior se habían definido apenas unos pocos lugares, entre ellos el espacio para dos salas teatrales, aunque sin lunetario, escenario, climatización ni tecnología teatral. Tan solo muros, sin pintar, y pisos.

No obstante, con el mismo espíritu que hemos conocido algunas de las generaciones posteriores, ellos, los de entonces, desarrollaron un increíble sentido corporativo y de pertenencia por aquella institución que únicamente se hallaba completa en sueños; echaron adelante lo que hoy podríamos llamar un «ensayo» de la sala más pequeña, que bautizaron como Covarrubias. Lo hicieron con unas sillas de tijera en lugar de las filas de lunetas, sin los necesarios ajustes para garantizar su acústica, ni tramoya, ni tecnología propia alguna. En un espacio sordo, a merced de la humedad, con el hormigón «a flor de pared» se realizaron las primeras presentaciones.

Teatro Nacional de Cuba
Teatro Nacional de Cuba

Lamentablemente no fue posible imponerse a la realidad; las salas del Teatro quedarían reducidas a servir de almacenes de insumos y dispositivos teatrales por muchos años hasta que en 1979 fue factible terminar la obra y disponer de ambos espacios:  la salas Covarrubias y Avellaneda que, desde entonces, disfrutamos.

Sin embargo, lo que importa para estas páginas es su indiscutible naturaleza de institución fundadora: organizada en varios departamentos y proyectos y con la colaboración de cuatro asesores. Desde ella se atendió el desarrollo, no solo de las artes dramáticas —a través del Departamento de Artes Dramáticas y de la asesoría del dramaturgo Fermín Borges—, sino también de la música, la etnología y el folclor, con una temprana visión integradora. A la par, se creaba el Conjunto de Danza Moderna, a iniciativa de Ramiro Guerra, el Seminario de Estudios del Folklore, el Seminario de Dramaturgia, la Orquesta y el Coro del Teatro Nacional.

Con respecto a las artes de la escena se dio un paso esencial con la creación de los llamados Talleres del Teatro Nacional, que significaron la garantía de la zona material de los espectáculos, el sitio donde se gestaba su producción, y que implicó, además, la formación y la especialización de un conjunto de personas en diversos rubros bajo la guía de maestros y técnicos del diseño, como fue el caso de la prestigiosa diseñadora María Elena Molinet; algo totalmente inédito para la Isla en su alcance y magnitud, de tan poderosa repercusión que irradió su efecto hasta los años ochenta.

Para hacer efectiva la incorporación al arte de los más amplios sectores de la población se auspició la formación de grupos de aficionados en las diversas especialidades y esto sucedió antes, incluso, de quedar estructurado el Departamento de Extensión Teatral; se creó la Brigada Teatral Revolucionaria para ofrecer funciones en las zonas rurales, en los centros de trabajo, la cual dio paso, en 1962,  a las Brigadas de Teatro Francisco Covarrubias, que recorrieron la Isla, y fueron precedente de experiencias escénicas como las del Teatro Escambray y el resto de los grupos cubanos del llamado «teatro nuevo» de los años setenta, que buscaba un nuevo público para la manifestación artística con el propósito mayor de lograr una raigal inserción en las transformaciones sociales y humanas.

Obra de teatro La vitrina, de Albio Paz
Obra de teatro La vitrina, de Albio Paz / Foto: La Jiribilla

Así, apenas a finales del año 60 la crítica teatral dejaba este balance: «La Revolución Cubana ha llevado nuestro teatro hacia una legítima Revolución teatral que ha transformado íntegramente nuestro panorama, hasta convertir el teatro en un integrante más de la vida nacional y no en un área de minoría».[1]

Y destacaba el crítico la descentralización del teatro en lo que él llamaba «un doble movimiento»: representaciones escénicas hacia el interior de la República y desde su interior. Ya se estimulaba la organización de nuevos conjuntos teatrales, no solo en la capital, sino también en las otras provincias del país, asimismo surgen los primeros conjuntos dramáticos en las capitales de provincia.

En lo antes apuntado colaborará el Consejo Nacional de Cultura, creado mediante la Ley 926 del 4 de enero de 1961, encargado de «planificar, dirigir y orientar las actividades que en relación con la cultura desenvuelvan las entidades oficiales, tanto las nacionales como las provinciales y municipales, así como estimular, orientar y auxiliar las instituciones revolucionarias y populares, dedicadas a dichas actividades». [2]

El primer «Por cuanto» del citado documento deja sentado que «la cultura en todas sus manifestaciones constituye interés primordial del Estado y corresponde al Ministerio de Educación la elevada tarea de fomentarla».

El segundo establece como propósito del Gobierno Revolucionario el desarrollo de una política cultural que califica como «amplia y profunda», cuyo destinatario serán todas las capas sociales de la población y de modo priorizado los sectores populares.

Más adelante, en 1962, el Consejo Nacional de Cultura solicitará la colaboración experta de unos de los reconocidos hacedores del teatro de muñecos para niños — en este caso los hermanos Carucha y Pepe Camejo— para la creación de grupos de teatro de títeres destinados al espectador infantil en varias provincias.

Regresando a la misión otorgada por el Gobierno Revolucionario al Teatro Nacional, desde la perspectiva que nos ha brindado a los teatristas la experiencia posterior se torna imprescindible detenernos en su peculiar control económico. En tal sentido, dos temas merecerían ser destacados. El primero: cómo esta empresa magna asignada al Teatro Nacional se inicia y establece sus bases en todo este período fundacional sin que se le hubiese asignado una cifra de presupuesto. El segundo, la forma meticulosa y eficaz de ejecutar y controlar los fondos que su directora obtiene de la Presidencia de la República en carácter de presupuesto financiero pasados los primeros meses.

La mínima cantidad que se obtuvo influyó en el riguroso registro que se estableció como práctica financiera, pero lo relevante para la esfera teatral de hoy es cómo se organizó el mismo a partir del «expediente por obra», una fórmula que implicaba el control y conocimiento del costo de producción de cada obra artística.

Ello permitía el contraste (o cruce) con otras variables, tales como cantidad de funciones, número de espectadores, cifras de recaudación por taquilla, etc., una experiencia perdida tras el año 1964, momento en el cual la institución cesó estas funciones, a pesar de la insistencia tenaz durante las décadas posteriores de algunos especialistas en las áreas de economía y organización teatral.

Desde el Teatro Nacional se organizó también una planta de intérpretes teatrales, con cuatro directores, que presentaban sus obras en la sala Covarrubias y, posteriormente, en los teatros disponibles en la capital, aunque siempre con el sello del TNC. Este fue el caso de El robo del cochino, de Abelardo Estorino, bajo la dirección de Dumé, presentado en la sala Hubert de Blanck y que constituyó uno de los grandes éxitos de público en el repertorio del TNC.

El fragor creativo no olvidó ni relegó al público infantil para el cual se preparó el que fue considerado el más hermoso espectáculo producido por la institución: El lindo ruiseñor, versión de Rebeca Morales sobre el cuento Los dos ruiseñores de Hans Christian Andersen, al cual seguirán otros títulos destinados a los niños, con la colaboración de Nancy Delbert y las versiones posteriores de Abelardo Estorino. Con ello quedaba sentada, desde muy temprano, una importante pauta, y es que no existirá público para el teatro si no se forma desde la infancia.

El lindo ruiseñor
El lindo ruiseñor (Teatro Nacional de Cuba, 1960) Foto: Archivo de Teatro Cubano

Con posterioridad, la presencia de los llamados teatros estables en la mayor parte de las capitales teatrales del mundo fue imponiendo esta variante organizativa en la práctica nuestra. De hecho, ya existía Teatro Estudio con su sala inicial en Marianao, organizado bajo el principio del «grupo teatral» que suponía otro nivel de relaciones y responsabilidades al interior del colectivo pero que, de modo general, clasificaba como compañía independiente y, finalmente, será este el modelo organizativo que se adopte.

Así se consolidará el grupo Guernica, liderado por Dumé, que ha nacido y se ha cohesionado desde el interior del TNC, y más adelante, en 1962, se organizará el Conjunto Dramático Nacional y aparecerá el Grupo Rita Montaner, con Cuqui Ponce de León; el Milanés que conduce Adolfo de Luis, y otros tantos.

Sin embargo, lo trascendente de tales hechos es que desde el TNC, por vez primera, se estructuró un régimen salarial para los artistas de la escena, algo que tenía un precedente —aunque sobre otras bases— cuando la propia entidad convocó desde sus primeros días a las personas de cualquier procedencia social y racial —así lo especificaba la exhortación— con intereses en el baile, con el fin de formarlos como los bailarines necesarios para sostener un conjunto de primer nivel dedicado a la danza contemporánea, bajo la conducción visionaria de Ramiro Guerra.

Estas transformaciones básicas: la remuneración por el trabajo artístico y la existencia de un presupuesto que apoyara la producción de los espectáculos, fueron la base objetiva para la llamada «explosión teatral de los sesenta».

Por vez primera quienes hacían teatro podían dedicarse enteramente a esta labor en lugar de tenerla como una segunda opción tras ganarse la vida en otras ocupaciones, la mayoría de ellas absolutamente ajenas a la creación artística, como era el caso del destacado director teatral de profunda huella en el teatro cubano, Francisco Morín, quien trabajaba en una oficina de la Terminal de Trenes y con su salario costeaba los gastos de la mítica sala Prometeo, mientras sus padres se ocupaban de la taquilla y la atención al público asistente.

Ello permitió, entonces, que las clases, los entrenamientos y los programas internos de superación y capacitación profesional formaran parte de las agendas diarias de intérpretes, directores y técnicos, una praxis igualmente desvanecida en el tiempo.

Con justicia también habría que precisar que la escena cubana de los sesenta recogió —y potenció—  el fruto de los esfuerzos de las décadas del cuarenta y cincuenta: mostró el resultado de las academias teatrales privadas (Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana, conocida como ADADEL) o con escasa subvención estatal, como el Teatro Universitario (1941), el Seminario de Teatro Universitario y la Academia Municipal de Artes Dramáticas, surgida en 1947.  

El desarrollo del teatro post 1959 tampoco hubiera sido posible sin el fogueo de los teatristas que anteriormente formaron parte de nuestras primeras agrupaciones modernas como el legendario grupo ADAD, el ya mencionado Prometeo y el resto de quienes animarían la labor de las pequeñas salas privadas o teatros de bolsillo que poblarían la geografía cultural habanera, sobre todo a partir de 1954, como Las Máscaras, de Andrés Castro; Atelier, de Adolfo de Luis; Prado 260, de Adela Escartín y Carlos Piñero,  a los cuales se suma como entidad artística Teatro Estudio a partir de septiembre-octubre de 1958. Todas ellas forman, con su sostenida presencia sobre la escena, un incipiente público teatral.

La Revolución también encuentra una pléyade de artistas escénicos preparados en la intensa y variada programación dramática de la radiodifusión cubana desde los inicios de la radio (1922) y la televisión (1950) en el país, muchos de los cuales prestaban su fama y popularidad a las salas teatrales cada vez que podían intervenir en algunas de sus producciones. Raquel Revuelta es una figura icónica en tal sentido. 

Sobre estos dos pilares se alzó el esplendor teatral de la primera década. La esencia de la política de la Revolución triunfante hacia la cultura es lo que sostiene los imprescindibles cambios estructurales y las acciones y proyectos que se llevan a cabo y que favorecen la aparición de nuevos autores teatrales con excelentes textos sobre nuestra realidad.

Del Seminario de Dramaturgia auspiciado por el Teatro Nacional salen, en efecto, José Ramón Brene y su reconocida Santa Camila de La Habana Vieja que repleta cada noche el Teatro Mella donde una actriz blanca —Verónica Lynn— levanta sobre la escena y ante dos mil espectadores a la mestiza y santera Camila, en su delirio de amor por su hombre ya seducido por los cambios del 59. Del mismo lugar provienen Gerardo Fulleda León, Tomás González, Eugenio Hernández, José Milián, René Fernández Santana, Mayté Vera, Nicolás Dorr.

Santa Camila de La Habana Vieja
Santa Camila de La Habana Vieja / Foto: Prensa Latina

En este punto creo útil precisar que el triunfo de enero de 1959 fue el resultado de la victoria del conjunto de fuerzas insurgentes que se movilizaron contra la tiranía y que cualquier política derivada de tal conquista y, en particular aquella que aluda a la cultura, es un entramado que intenta resumir las experiencias, frustraciones, los anhelos de las fuerzas que llegan al poder y necesitan diseñar una sociedad a la  medida de sus sueños.

Y si la política se expresa en documentos, acciones, reorganizaciones animadas por medulares principios, existe a la par en el ambiente: se abre paso en el pensamiento de la época toda una filosofía que estimula —entre otros tantos—  al muy joven Héctor Quintero, hasta la fecha escritor para los medios, alumno de la Academia Municipal de Artes Dramáticas y actor en las puestas donde pudiera colocarse, a crear esa inefable pieza que es Contigo pan y cebolla, dada a conocer mediante lectura del novel dramaturgo al colectivo de Teatro Estudio en 1962 y llevada a escena por el director principiante Sergio Corrieri dos años más tarde.

Proceso similar se verifica con el estomatólogo, procedente de Unión de Reyes, Abelardo Estorino (1925-2013), quien escribe El robo del cochino y, en particular,  La casa vieja (ambas acreedoras de Menciones en el Concurso Literario Casa de las Américas en 1961 y 64, respectivamente) que, en puesta promisoria, da a conocer Berta Martínez en 1964 con Teatro Estudio, ante un público que repite la función una y otra noche y se sobrecoge siempre —no obstante— con su imagen final porque encuentra allí, en auténticas formas artísticas, inquietantes claves de su existir. Traigo a colación estos ejemplos para ilustrar el hecho de que los autores cubanos que escriben, ganan concursos, suben sus obras a los escenarios y resultan conocidos y disfrutados en esta etapa, muestran procedencias diversas.

Fuenteovejuna por Teatro Estudio
Fuenteovejuna en 1963 por Teatro Estudio

Es, en efecto, la dramaturgia de la Revolución, a la que el poderoso cambio social le abre paso. Como será parte del teatro de la Revolución la puesta de Aire frío, la obra de Virgilio Piñera (1912-1979) terminada en 1959 que sube a la escena de la mano de Humberto Arenal en 1962 en la sala Las Máscaras, de la calle Primera entre A y B, en El Vedado, y que, más tarde, exorcizado su autor tras el aquelarre de los setenta, regresará una y otra vez a los escenarios y comunicará, incluso, con las grandes audiencias de la televisión en una puesta en pantalla inolvidable a cargo de la directora Mirta González.

Al teatro de la Revolución se suman nuevos autores y tendencias escénicas. El público que inunda ahora las instalaciones encuentra a Brecht y sus concepciones sobre el teatro, y a otros exponentes de la dramaturgia rusa, checa, polaca, húngara más contemporánea, al igual que de la dramaturgia latinoamericana promovida en especial desde la Casa de las Américas, institución que, además de sus premios literarios anuales, brinda un espacio para el teatro mediante el Festival de Teatro Latinoamericano que inaugurara en 1961, con el fin inicial de promover a los autores más representativos del continente a través de puestas en escena de los grupos nacionales.

A partir de 1964 el evento tomó carácter internacional y convocó paralelamente un encuentro de dramaturgos, actores, directores y críticos de diferentes partes del mundo. En este mismo año se fundó el Departamento de Teatro —con el concurso del guatemalteco Manuel Galich— y se editó el primer número de la revista Conjunto, especializada en el teatro latinoamericano y que incluye en sus páginas una obra teatral, hoy una de las publicaciones más antiguas de la región y con una apertura a la escena mundial.

Y como esta época se caracterizó por el ejercicio de un pensamiento sistémico —algo que hoy tanto añoramos— también se atendió la formación de las nuevas generaciones de artistas. Surgió el sistema de la enseñanza artística que priorizó los centros formadores de instructores de teatro para sumar, después, los centros de formación de actores y que hallará su colofón en 1976 con la instauración del nivel superior.

Por descontado, no se halló la panacea. No hubo solución para todos los conflictos ni respuestas para todas las preguntas. Baste aludir al interesante prólogo de la selección Teatro Cubano en un acto[3], donde Rine Leal cuestiona la categoría de «profesional» aplicada a los dramaturgos cubanos, en tanto ella parte del principio económico que implica poder vivir a cuentas de la actividad que se realiza, lo cual sigue siendo una utopía —aún hoy— en el caso de nuestros autores dramáticos.

En los años 64 y 65 fueron defenestrados tres importantes directores teatrales y tras ellos desaparecieron dos de los grupos que figuraban entre los más interesantes del período. El tercero (Teatro Estudio) sobrevivió por la estrategia inteligente de sus miembros («Fuenteovejuna, señor») y el capital humano y simbólico que atesoraba.

Se anunciaba el proceso infame que pretendió asolar el pensamiento y la creación artística en la primera parte de los setenta y que se cebó en las artes —también en el teatro como parte de ellas— donde la reflexión y el raciocinio se hallan manifiestos y el hecho artístico se verifica colectivamente. Cada presentación es una conspiración, decía riendo décadas más tarde el iconoclasta e intenso Alberto Pedro Torriente, aludiendo al intercambio de complicidades con el público en el espacio muchas veces íntimo de las salas.

También dramaturgos, directores y actores sufrieron actos discriminatorios por su orientación sexual o ideas políticas, principalmente en la próxima década.  El llamado Proceso de Parametración que separó del teatro a directores, intérpretes, dramaturgos y hasta técnicos dejó huellas fatales. Algunos no pudieron regresar a su trabajo.  En el caso de varios dramaturgos (José Milián es el mejor ejemplo) el estudio de su producción a lo largo del tiempo muestra un silencio entre 1971 y 1976. No solo no estrenaban, ni se reponían sus obras anteriores, sino que dejaron de escribir.

Pero ese análisis necesita una perspectiva más profunda y amplia que estudie las correlaciones internas de poder de esas etapas y las elaboraciones de la ideología. Lo cierto es que la actividad teatral resultó medularmente favorecida en los años iniciales de la instauración del poder revolucionario, la etapa en que se alcanza la plena soberanía nacional y la eliminación de cualquier forma tradicional de explotación, se propone el desarrollo de los recursos humanos y las fuerzas productivas y se vive una colosal expansión de todas las formas de creación y del consumo de bienes culturales, además del disfrute de una política social de alcance universal que incluye junto a los servicios de educación, seguridad social, empleo, los de cultura, deporte y recreación.

Con posterioridad vendrán otras etapas, estudiadas y diferenciadas – no con absoluto consenso— por los investigadores que se dedican al estudio de la evolución del poder revolucionario. El examen de la dimensión cultural, como de cualquier otra, y en especial de la creación y consumo del arte dentro de ella, no debe prescindir de la correlación con ese contexto medular.

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[1] Matías Montes Huidobro. “El teatro y la revolución”, en Revolución, 11 de enero de 1961.

[2] Gaceta Oficial, 9 de febrero de 1961.

[3] Rine Leal. Teatro Cubano en un acto (1963). La Habana, Ediciones R.

Cronograma legislativo cubano: lo que se aprobó en 2023 y lo que se aprobará 2024

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Cronograma legislativo Cuba 2024-2025
Imagen: Félix M. Azcuy

Cuba cerró el 2023 con el Segundo Período Ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, órgano legislativo que aprobó tres leyes, referentes, respectivamente, a Salud Pública, Fiscalía Militar y Atención a Quejas y Peticiones. En el pasado año los trabajadores cubanos lograron tener por primera vez una ley que los proteja de la violencia en el ámbito laboral. Por demás, se avanzó en normativas sobre los roles de la Contraloría General de la República y una proyección presupuestaria que en 2024 dedica un amplio margen a sectores sociales e intenta reanimar una economía en crisis.

No obstante, en mi revisión de las leyes aprobadas en este año saltaron a la vista decretos de suma importancia para la ciudadanía que han sido pobremente abordados por la prensa oficial. En especial en lo relacionado con la seguridad nacional, la protección de la información clasificada del Estado y el enfrentamiento a la corrupción.

En el presente año se deberán aprobar también instrumentos jurídicos de vital significación para el país, algunos pospuestos de 2023 y otros que se mantienen en el plan de 2024. En este trabajo comentaré los más notables.

Lo relativo a la economía y el trabajo

En el cronograma 2023-2027 está prevista la aprobación de 52 leyes; de ellas, 16 que pertenecían a 2022, 35 propuestas por las instituciones, así como el Decreto-Ley «De la Administración Financiera del Estado», pendiente desde el año anterior, informan medios oficiales.

En febrero de 2023 entró en vigor la modificación de la Ley 107 «De la Contraloría General de la República de Cuba», aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular el 1ro de agosto de 2009. La nueva Ley, de número 158, había sido aprobada en 2022 y regula el control de los fondos públicos y de la gestión administrativa del Estado, a través del ejercicio de la Contraloría General. Responde a la recomendación de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción y en ese sentido busca garantizar la independencia funcional de dicho órgano fiscalizador superior, así como regular sus funciones.

En adición, el 25 de octubre de 2023 entró en vigor el Decreto-Ley «De las cooperativas agropecuarias», que establece el marco jurídico que regula la «organización, constitución, funcionamiento, integración, escisión, fusión, disolución y extinción» de esa forma de propiedad que ha adquirido protagonismo en la economía cubana como alternativa a la crisis.

El 17 de julio fue aprobado el Decreto-Ley «Del Régimen Especial de Seguridad Social de los Ciudadanos Cubanos Designados como Representantes de las Representaciones Comerciales Extranjeras en la República de Cuba». Presentado por Marta Elena Feitó Cabrera, ministra de Trabajo y Seguridad Social, es una respuesta al «establecimiento de representaciones comerciales extranjeras en Cuba», propuesto el 22 de febrero de 2021 en el Decreto 32. La novedad en julio de 2023 es que los cubanos designados como representantes comerciales extranjeros estarán protegidos por un régimen especial de seguridad social, con excepción de quienes ya estén afiliados al régimen general.

El 28 de septiembre de 2023 entró en vigor el Decreto 96 referente al «Protocolo de actuación ante situaciones de discriminación y situaciones de acoso en el ámbito laboral»: por primera vez la ley en Cuba protege a los trabajadores de la violencia laboral y aboga por un ambiente de trabajo inclusivo. Dicha normativa recoge el accionar en caso de discriminación, violencia y acoso en el trabajo, como una violación de los derechos humanos y del principio de igualdad laboral. Igualmente, vela por la salud sicológica, física y sexual de las personas.

Violencia laboral
Imagen: Todas podemos

Por otro lado, también en noviembre de este año entraron en vigor los Decretos «Del Régimen Especial de Seguridad Social del Sector Agropecuario y Forestal» y «Del Régimen Laboral Especial de las Personas Privadas de Libertad que trabajan dentro o fuera de los Establecimientos Penitenciarios».

El primero amplía la cobertura de la seguridad social a todos los trabajadores cubanos, y según señala la ministra Feitó: «Tiene el objetivo de agrupar en un solo cuerpo legal, a todos los sujetos del sector agropecuario y forestal, protegiendo a aquellos que no reciben los beneficios del régimen especial de la seguridad social, ampliando la cobertura de los riesgos y homologando el tratamiento con el sector estatal».

El segundo se encarga de quienes cumplen sanciones penales en Cuba y «regula la relación jurídica de trabajo que se establece entre la persona privada de libertad apta y en disposición de trabajar y la autoridad penitenciaria para el desarrollo de una prestación laboral subordinada por cuenta ajena y remunerada; se aplica también a los que cumplen medida cautelar de prisión provisional en el sistema penitenciario cubano, y se excluyen las actividades que forman parte del proceso educativo en el establecimiento penitenciario».

Dos leyes ocultas

En octubre de 2023, el Consejo de Estado aprobó los decretos leyes «Sobre la Seguridad y Protección de la Información Clasificada y Limitada» y «Sobre el Desarrollo, la Aplicación y Uso de los Dispositivos de Protección Criptográfica y Servicios en la Esfera de la Criptografía en la República de Cuba». En ninguno de los dos casos se encuentra la información publicada en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, y la que brindan los medios oficiales de comunicación no contempla siquiera el número de los decretos en cuestión.

Referente a la información clasificada, la nueva legislación representa una novedad respecto al Decreto-Ley por el que se regula la Seguridad y Protección de la Información Oficial, del 25 de noviembre de 1999.

En esta normativa, según explican medios oficiales, se establecen «las reglas para garantizar la seguridad y protección de información y datos en cualquier soporte que reflejen la actividad del Estado o información emitida por otra persona jurídica o natural, siempre que sea reconocida legalmente por el Estado cubano, cuando su divulgación o conocimiento no autorizado, alteración o no disponibilidad, le represente un riesgo, amenaza o daño».

leyes ocultas
Imagen: Shutterstock

Ya en agosto de 2021, como consecuencia del estallido social del 11J, vio la luz el Decreto-Ley 35 que estipula el marco legal de las telecomunicaciones, las tecnologías de la información y la comunicación, así como el uso del espacio radioeléctrico. Dicho decreto va orientado al uso por parte de la ciudadanía de esas tecnologías y sanciona su empleo para «acciones contra la seguridad colectiva, el bienestar general, la moralidad pública y el respeto al orden público», categorías tan amplias como imprecisas que permiten al Estado castigar el disenso o el uso de las redes sociales para la acción colectiva.

Por ende, la nueva normativa que protege la información oficial forma parte del blindaje en materia de telecomunicaciones y seguridad que desarrolla el Estado cubano. Estas leyes y la oscuridad en torno a ellas, lejos de favorecer una transparencia que facilite un gobierno abierto, fortalecen a un Estado cada vez más encriptado, receloso con la información para con su sociedad civil.

En tanto, el segundo Decreto Ley en cuestión se refiere al uso de los dispositivos de protección criptográfica. Según informa el Ministerio del Interior, dicha regulación explicita «el ordenamiento del desarrollo científico y técnico, la aplicación y el uso de los dispositivos de protección criptográfica, la organización y funcionamiento de los servicios en la esfera de la criptografía, y el funcionamiento del sistema de trabajo nacional para asegurar integralmente la calidad de los citados productos y servicios».

Lo relativo a la justicia penal

El 17 de julio de este año fue aprobado el Reglamento de la Ley de Ejecución Penal que responde a la Ley 152, de Ejecución Penal, aprobada el 15 de mayo de 2022. Según consigna en su artículo 1, tiene como objetivo reglamentar el proceso de ejecución de sanciones penales, «medidas de seguridad posdelictiva terapéuticas, cautelar de prisión provisional y sobreseimiento condicionado, en lo relacionado con el modo y tiempo de actuación de los sujetos implicados».

Por otro lado, en noviembre de 2023 la Gaceta Oficial cubana publicó un nuevo «Código Penal Militar» que según su texto, regula «los derechos fundamentales en el ámbito de la prestación del servicio militar» y busca «fortalecer el principio del mando único, la disciplina militar y preservar la defensa y seguridad nacionales».

Otras leyes aprobadas

Finalmente, en el Segundo Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba en su X Legislatura, el Parlamento cubano aprobó tres leyes fundamentales: la ley del Sistema de Atención a las Quejas y Peticiones de las Personas; la nueva Ley de Salud Pública y la Ley de Fiscalía Militar.

La normativa referente a las quejas y peticiones obliga a los directivos y funcionarios del Estado a atender los requerimientos de la ciudadanía conforme a lo establecido en las disposiciones normativas. Estas quejas incluirían la insatisfacción de las personas jurídicas con actuaciones o circunstancias relacionadas con los órganos, organismos, entidades, directivos, funcionarios y empleados del Estado. Las diligencias pueden ser presentadas de forma verbal o escrita, de manera presencial o mediante un canal que permita verificar su autenticidad, y el procedimiento debe contener: nombre y apellidos de quien formula, nacionalidad, número de carné de identidad, identificación de la entidad, órgano o autoridad a la que se dirige y lugar o vía elegida para la práctica de notificaciones.

La Ley de Fiscalía Militar, por su parte, define la organización, funciones y estructura de este órgano de la Fiscalía General de la República. Según informan medios oficiales, dicho instrumento jurídico incorpora la  experiencia del «proceso de perfeccionamiento de estructuras y funciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior (Minint) que tienen un impacto en la Fiscalía Militar», como resultado de la proclamación de la Constitución de 2019.

Finalmente, la ley de Salud Pública trae novedades respecto a la anteriormente vigente Ley 41, del 13 de julio de 1983, tales como el derecho de las personas a tener una muerte digna, con lo cual se legaliza la eutanasia en Cuba. En el instrumento jurídico se conciben principios como el acceso a la salud universal y gratuita. Se reconoce, asimismo, como un derecho de la ciudadanía, la no discriminación y la no violencia al recibir atención médica, lo cual aplicaría como garantía en casos, por ejemplo, de violencia obstétrica, aunque esta categoría no esté tipificada explícitamente. La ley reconoce de manera abierta el aborto, al consignar en el inciso h del artículo 16.1, que: «es un derecho acceder a métodos para la anticoncepción y a la interrupción voluntaria del embarazo, con las excepciones que se establezcan». 

ley salud publica cuba
Aprobación de la Ley de Salud Pública / Foto: Cubadebate

Qué viene en el presente año

Casi finalizando 2023, el Consejo de Estado acordó modificar de manera excepcional el resultado presupuestario mediante el Decreto Ley 82, modificativo de la Ley 157 «Del Presupuesto del Estado para el año 2023». En ese sentido se aprobó un déficit fiscal de 98 363 800 000 pesos, por lo que la deuda pública contraída en el año 2023 asciende a 151 104 900 000 pesos.

El presupuesto del Estado en 2024 se enfocará entonces en sectores estratégicos. La proyección de los gastos totales máximos es de 480 707 millones de pesos (un 37% de crecimiento), según informa el Vladimir Regueiro Ale, ministro de Finanzas y Precios. En ese sentido, el 63% de los gastos totales se destinará a sectores y programas sociales (educación, salud, deporte, cultura y seguridad social).

Aprobación del presupuesto del Estado cubano 2024
Aprobación del presupuesto del Estado cubano 2024 / Foto: Invasor

Regueiro Ale señaló la necesidad de consolidación del sistema tributario para enfrentar la crisis económica en Cuba, y para ello el Plan Integral de Control Tributario proyectado por la ONAT considera el incremento de la efectividad de las acciones de fiscalización y vigila especialmente los delitos en este orden. Por ende, aumentará el rigor en el procesamiento de las denuncias por delitos de evasión fiscal.

La proyección presupuestaria de 2024 busca favorecer la autonomía de las provincias y municipios. El ministro llama a la participación directa de la población, a través de las rendiciones de cuenta de los delegados del Poder Popular, para construir propuestas de ejecución del presupuesto en los municipios que tributen al desarrollo barrial. 

Leyes pendientes

Respecto a las leyes pendientes de 2023, Oscar Silvera Martínez, ministro de Justicia, dijo que en el cronograma legislativo para el periodo 2024 – 2027, se mantienen 17 leyes para el próximo año, y se redistribuyen las pendientes del 2023 entre los próximos dos; por lo que se incrementa a 14 leyes la planificación para 2025 y se mantienen las cifras programadas inicialmente para 2026 y 2027.

Las leyes aplazadas del 2023 para 2024 son: la Ley de Transparencia y Acceso a la Información (abril de 2024), las Leyes de Migración, de Extranjería y de Empresas (julio de 2024) y la Ley de Posesión y Uso de la Tierra (diciembre de 2024).

Para 2025 quedarán la Ley de Ordenamiento de la Migración Interna (diciembre de 2025), las de Identidad, de Seguridad Social y de la Vivienda (julio de 2025), la de los Servicios Policiales y la de Patrimonio Estatal (diciembre de 2025). Al parecer, las personas trans deberán esperar un año más para que se reconozca su identidad en documentos y procedimientos legales; lo relativo a cómo el Estado garantiza jurídicamente el derecho a una vivienda digna quedará, asimismo, pendiente.

En 2024 se espera una álgida discusión en torno a la Ley de Empresas, un instrumento que ha generado grandes expectativas entre los estudiosos e interesados en la economía cubana, porque deberá regular la relación de las empresas estatales con las privadas. Concita atención cómo el instrumento incidirá en el papel de las empresas asociadas al grupo militar GAESA, las cuales siempre han operado en condiciones de privilegios, que implican una autonomía en su gestión negada a sus homólogas y una oscuridad en cuanto a la rendición de cuentas de sus ingresos.

También se espera con ansias la Ley de Transparencia y Acceso a la Información. Con ella hay aspiraciones a que puedan ser públicos, datos esenciales para la rendición de cuentas desde la opinión pública, como las ganancias de las empresas estatales, y un mejor desglose de los presupuestos públicos a escala nacional y local.

Según el diario Granma, el instrumento «plantea entre sus objetivos garantizar el ejercicio del derecho de acceso y facilitar una mayor cantidad de información disponible, así como tributar al cumplimiento efectivo y responsable de las obligaciones de los sujetos obligados, con respecto a la transparencia y el acceso a la información pública, y a la protección de los derechos ciudadanos previstos en la Constitución de la República». Además, afirma que «toda persona, sin ningún tipo de discriminación, tiene derecho a acceder y consultar la información pública, que incluye el derecho de recibirla y divulgarla, siempre que no se encuentre entre las excepciones establecidas en la presente ley».

transparencia gubernamental
Imagen: La Política Online

Ojalá las excepciones no sean tantas que terminen arrojando en saco roto el objetivo principal del instrumento. En múltiples ocasiones, periodistas, incluso de medios estatales, han afirmado que funcionarios se han negado a darles información sobre temas polémicos; la nueva ley debe suplir esto, y digo «debe», porque no es la única forma en que se limita en la Isla el acceso a la información pública, ni sería la primera ley que encuentra tantas trabas en su aplicación que termina siendo inoperante. No obstante, de aprobarse, sería un paso de avance significativo.

El resto del cronograma legislativo

Unido a las leyes pospuestas, el cronograma del presente año traerá otras leyes de las que poco se sabe y regularán procesos de vital importancia para el país. Entre ellas se puede destacar la Ley del Procedimiento Administrativo que normará «el proceder administrativo para una mejor gestión de la Administración Pública ante la población»; la Ley de Aduanas, que deberá actualizar qué artículos podrán entrar al país, algo sumamente importante si se tiene en cuenta que esta vía es una de las formas de abastecimiento al mercado informal de productos de primera necesidad —como los medicamentos—; la Ley Tributaria que actualizará la política tributaria; y el Código de Contravenciones, que establecerá «las distintas sanciones en materia contravencional», o sea, pautará las sanciones para aquellas violaciones de otras leyes que no constituyan delitos punibles por la justicia penal. 

El Código del Trabajo será otro de los instrumentos previstos, el cual, además de complementar el mencionado Decreto 96 aprobado en el presente año, deberá regular todo lo referente a «las relaciones laborales, sus principios, derechos y deberes». Habrá que ver cómo el nuevo Código logra hacer valer los derechos de muchos trabajadores que hoy se encuentran en situación de explotación laboral y con muy pocas garantías para demandar a sus empleadores. Veremos si abordará efectivamente los sectores menos regulados en materia de derechos laborales como las empresas privadas y extranjeras, donde en varios casos operan, en la práctica relaciones, muy parecidas a las del capitalismo más brutal.

Por último, el Código de la Niñez, Infancia y Juventud deberá actualizar una legislación que data del año 1978, para atemperarla a los derechos proclamados en la Constitución de 2019. El instrumento anterior regulaba «la participación de los niños y jóvenes menores de 30 años en la constitución de la nueva sociedad y establece las obligaciones de las personas, organismos e instituciones que intervienen en su educación».

De mantener su objetivo, el nuevo Código deberá complementar y hacer efectivos otros derechos recogidos en el Código de las Familias de 2022 y dar respuesta a varios de los señalamientos que se le han hecho al país en materia de derechos humanos, como los derechos de los menores de edad privados de libertad. Asimismo, deberá encontrar incentivos para que los jóvenes decidan permanecer en su país en un momento en el que este segmento poblacional encabeza las cifras migratorias más altas que ha tenido la Isla en toda su historia.

***

Las leyes promulgadas durante 2023 reafirman las tendencias del Estado cubano en los últimos años: una apertura positiva en materia de derechos civiles, el constante devenir de emergencia de una economía en quiebra que intenta mantenerse a flote, abriéndose cada vez más a las soluciones del capital para poder insertarse en un mercado mundial, donde ya no hay un «bloque socialista» salvador.

Al unísono, se mantiene un poder que se blinda para sostenerse aplicando soluciones autoritarias y que no parece dar su brazo a torcer en materia de derechos políticos. Habrá que ver cuánto tiempo es sostenible esta fórmula, más si las reformas prometidas no logran aumentar el bienestar social de una ciudadanía que ya viene dando muestras de agotamiento.

Anexo: Cronograma legislativo actualizado según modificaciones anunciadas 2024-2025

Leyenda: *pospuesta de 2023 / **pospuesta de 2024
Ley Resumen Mes
2024
1 Ley de Transparencia y Acceso a la Información* Regula el derecho constitucional al acceso a la información Abril
2 Ley de Procedimiento Administrativo Regula el proceder administrativo para una mejor gestión de la Administración Pública ante la población Abril
3 Ley de Aduanas Regula el régimen aduanero Abril
4 Ley de Condecoraciones y Títulos Honoríficos Reconoce cuales, cómo y cuando se otorgan estas condecoraciones y títulos honoríficos Abril
5 Ley de Empresas* Determina la organización y funcionamiento de las empresas Julio
6 Ley de Migración y Pasaporte* Dispone todo lo relativo al tráfico migratorio y a las regulaciones del pasaporte Julio
7 Ley de Extranjería* Regula lo relacionado con el estatuto del extranjero Julio
8 Ley de Organización de la Administración Central del Estado Regula todo lo relativo a la configuración de los Organismos de la Administración Central del Estado Julio
9 Ley Tributaria Actualiza la política tributaria Julio
10 Ley de Ciudadanía Establece todo lo relacionado con el estatuto del ciudadano Julio
11 Código de Contravenciones Establece las distintas sanciones en materia contravencional Octubre
12 Ley de Estado Civil Regula lo relativo al estado civil de las personas Octubre
13 Ley de Notarías Regula el sistema notarial en el país Octubre
14 Ley de Posesión y Uso de la Tierra* Prevé lo relativo al uso de las tierras, las diferentes vías de adquisición y los derechos y deberes de los propietarios Diciembre
15 Código del Trabajo Regula las relaciones laborales, sus principios, derechos y deberes. Diciembre
16 Código de la Niñez, Infancia y Juventud Refuerza la protección que se le prioriza a estas personas Diciembre
17 Ley del Presupuesto del Estado 2025 Establece lo relativo a la distribución y ejecución del presupuesto del Estado Diciembre
2025
1 Ley de Identidad** Determina los vínculos identificativos de la persona Julio
2 Ley de Seguridad Social** Actualiza los derechos y deberes el régimen de seguridad social Julio
3 Ley de la Vivienda** Regula la adquisición, derechos y deberes sobre las viviendas. Julio
4 Ley de Formas Asociativas Determina las distintas formas asociativas reconocidas Julio
5 Ley de Deporte Esta norma se dirige a la organización del deporte en el país Julio
6 Ley de Franquicias e Inmunidades Diplomáticas Determina la regulación de las franquicias e inmunidades diplomáticas Julio
7 Ley Forestal Dispone la protección y el uso de los recursos forestales Julio
8 Ley de Ordenamiento de la Migración Interna* Ordena el flujo migratorio dentro del territorio nacional Diciembre
9 Ley de Servicios Policiales** Organiza al sistema policial Diciembre
10 Ley de Patrimonio Estatal** Organiza todo lo relacionado con el patrimonio del Estado, sus principios y alcance Diciembre
11 Ley de Administración Financiera del Estado Actualiza el proceder administrativo financiero del Estado Diciembre
12 Ley de Educación Norma todo lo relativo con respecto al sistema educativo Diciembre
13 Ley de Turismo Organiza y regula el fenómeno turístico en el país Diciembre
14 Ley del Presupuesto del Estado 2026 Establece lo relativo a la distribución y ejecución del presupuesto del Estado Diciembre

Fuentes: cronograma legislativo aprobado e información de medios estatales

A 63 años de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos: ¿quién salió ganando?

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Ruptura de diplomáticas Cuba-Estados Unidos
Imagen: Félix Azcuy

Hoy se cumplen 63 años de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, ocurrido el 3 de enero de 1961.

Aunque el Estado norteamericano —entonces presidido por el republicano Dwight D. Eisenhower— reconoció al gobierno revolucionario en el poder, era sabido el apoyo político y logístico brindado por su administración a la dictadura batistiana, al punto de que el líder del Movimiento 26 de Julio le había escrito a Celia Sánchez en junio de 1958: «Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que este va a ser mi destino verdadero». No obstante, en abril de 1959 Fidel Castro visitó la nación norteña, se reunió con Richard Nixon, entonces vicepresidente, y aseguró públicamente que su gobierno no quería una ruptura con el de EE.UU., sino un trato justo. Pero las contradicciones no se hicieron esperar.

Fidel Castro junto a Richard Nixon
Fidel Castro junto a Richard Nixon / Foto: El Pais

Desde 1959 se produjeron atentados terroristas llevados a cabo por sectores que se oponían al nuevo gobierno instaurado en La Habana, entre los que está, como uno de los más recordado, la explosión del buque francés La Coubre (1960). El gobierno cubano acusó a la embajada de los Estados Unidos de financiar y alentar este tipo de actos. Según el politólogo cubano Carlos Alzugaray Treto:

Livingston Merchant afirmó que desde junio de 1959 se “había llegado a la decisión de que no era posible lograr nuestros objetivos con Castro en el poder”, poniéndose en marcha un programa que “el Departamento de Estado había estado elaborando con la CIA” y cuyo propósito era el de “ajustar todas nuestras acciones de tal manera que se acelerara el desarrollo de una oposición en Cuba que produjera un cambio en el Gobierno cubano resultante en un nuevo Gobierno favorable a los intereses de EE. UU.” (FRUS: 742).[1]

Ya a mediados de 1959 empezaría a gestarse por parte de la CIA la organización, reclutamiento y entrenamiento de quienes protagonizarían en abril de 1961 la invasión por playa Girón.

A principios de marzo de 1960, Eisenhower recortó la cuota azucarera que su país compraría a Cuba, iniciando las primeras medidas unilaterales coercitivas. Meses más tarde suspendió el envío de petróleo a la Isla. Cuba buscó suplir ambas restricciones con la Unión Soviética, que se comprometió a comprar buena parte del azúcar a precios de mercado y a enviar petróleo. A mediados de agosto de 1960, fueron nacionalizadas la mayoría de las propiedades norteamericanas en la Isla; las primeras se produjeron luego de que las refinerías de propiedad estadounidense se negaran a refinar el petróleo proveniente de la URSS. Como respuesta, el 19 de octubre de 1960 el gobierno de EE. UU. prohibió toda exportación hacia Cuba.

El 3 de enero de 1961, ante el aumento de los atentados y actos terroristas, Fidel Castro pronunció un discurso en el cual afirmó:

La Revolución ha consentido que una plaga de agentes del servicio de inteligencia, disfrazados de funcionarios diplomáticos de la embajada americana, haya estado aquí conspirando y promoviendo el terrorismo.  Pero el Gobierno Revolucionario ha decidido que antes de 48 horas, antes de 48 horas, la embajada de Estados Unidos no tenga aquí ni un funcionario más de los que nosotros tenemos […]. Nosotros no íbamos a decir todos los funcionarios, sino ni un funcionario más del número de los que nosotros tenemos en Estados Unidos, que son 11. Y estos señores tienen aquí más de 300 funcionarios, de los cuales el 80 % son espías. Si ellos quieren irse todos, entonces ¡que se vayan!

Veinticuatro horas más tarde Eisenhower rompía relaciones con Cuba. «La mayor parte de los familiares del cuerpo diplomático ya habían dejado el país, y ya nos habían dicho que preparáramos las maletas, así que fue cuestión de tomarlas e irnos», contó años más tarde a la BBC Wayne Smith, uno de los últimos funcionarios de la embajada de EE.UU. en 1961.

Las relaciones se mantuvieron prácticamente inexistentes hasta que en 1977, durante la administración de James Carter, ambos países abrieron respectivas secciones de intereses, inicialmente bajo la protección de la embajada de Suiza. Con la presidencia de Barack Obama se reanudaron oficialmente las relaciones diplomáticas el 20 de julio de 2015, convirtiendo las oficinas de intereses en embajadas.

Este restablecimiento también implicó un estrechamiento de los lazos culturales entre ambos pueblos, un reencuentro entre cubanos divididos por la política en las dos orillas, así como el relajamiento de algunas medidas coercitivas que permitieron viajes de intercambio cultural y académico, colaboraciones de instituciones científicas de ambos países, así como el otorgamiento de algunas licencias generales para establecer tímidas relaciones comerciales, a pesar de las persistentes restricciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC por sus siglas en inglés).

Raúl Castro junto a Barack Obama
Raúl Castro junto a Barack Obama / Foto: BBC

Dos sucesos históricos se dieron en este período. Uno fue la eliminación de Cuba de la controversial lista de países que no colaboran con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo, que implica la limitación de múltiples transacciones entre ambas naciones. El otro consistió en que la representación norteamericana en Naciones Unidas en 2016 se abstuviera en las votaciones para poner fin a la política de sanciones que su propio gobierno imponía —y sigue imponiendo— hacia Cuba.

En septiembre de 2017, si bien no se rompen las relaciones diplomáticas, la administración Trump anuncia una drástica reducción del personal en la embajada bajo la excusa del llamado Síndrome de La Habana, malestares que presuntamente padecieron algunos de los funcionarios que ahí operaban. Esta medida implicó el cese de varios servicios consulares que limitó grandemente el intercambio que hasta el momento se había sostenido, y redujo las posibilidades de una migración ordenada, al tener los cubanos que viajar a un tercer país para solicitar cualquier visado.

En materia política también significó una vuelta a las hostilidades, al derogar muchas de las medidas tomadas por Obama y adoptar otras que reforzaron el entramado de leyes y procedimientos que interfieren en el intercambio comercial y cultural entre ambos países. Algunas de las más notorias fueron la reincorporación de Cuba en la antes mencionada lista, las restricciones a las remesas y la reactivación en su título III de la Ley Helms-Burton, que permite llevar ante las cortes de EE.UU. a ciudadanos o entidades foráneas o nacionales que ocupen las propiedades que incautó el gobierno revolucionario.

La actual administración demócrata del presidente Joseph Biden, si bien levantó varias restricciones —como la de las remesas—, aumentó paulatinamente el personal y los servicios consulares, y estuvo en diálogos con funcionarios cubanos, principalmente acerca de la emigración ordenada, ha mantenido las principales medidas de su antecesor republicano. A nivel de discurso político tampoco hay mucho que indique la intención de aminorar distensiones.

Durante ya más de 63 años la hostilidad ha primado en las relaciones diplomáticas entre los dos países. Los extremistas en ambas orillas sacan provecho de esta situación, a la que arrastran a no pocos seguidores acríticos. Para los de la Florida, «la lucha contra el comunismo» ha sido el cheque en blanco para financiar infinidad de proyectos de injerencia que han terminado despilfarrando los impuestos de los ciudadanos norteamericanos y han estado muy lejos de promover valores democráticos en la Isla. Para los extremistas de Cuba, la mentalidad de plaza sitiada ha sido el argumento perfecto para justificar cualquier violación de derechos humanos en nombre de la soberanía nacional, evadir la transparencia bajo el argumento de no darle armas al enemigo y justificar con el bloqueo las ineficiencias y torpezas internas.

Los únicos perjudicados han sido los pueblos. Principalmente el cubano, por la enorme asimetría de poder de su país en el panorama internacional. Un pueblo que hoy sobrevive a la hostilidad de un gobierno extranjero mientras también se enfrenta a las formas autoritarias con las que ejerce el poder el suyo. No obstante, 63 años después, se sigue implementando la misma o similar estrategia, esperando que dé distintos resultados.

[1] Carlos Alzugaray Treto: Diplomacia imperial y Revolución. Estados Unidos ante la Revolución Cubana 1959-1960: del reconocimiento reticente a la ruptura omini, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2021, p. 229.

Deporte cubano en 2023: ¿más sombras que luces?

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Deporte cubano
Imagen: Félix M. Azcuy

«Un equipo es como un buen reloj: si se pierde una pieza todavía es bonito, pero ya no funciona igual».

                                              Ruud Gullit, ex futbolista.

El deporte cubano ha visto caer el telón del año 2023 y, desde la perspectiva de este cronista, lo ha hecho con más sombras que luces. Al parecer, las manecillas del otrora exacto reloj del músculo tienden a distanciarse de su engranaje milimétrico y a caer en la dispersión.

Muchas variables sostienen esa afirmación. Las más significativas pasan por el descenso del alto rendimiento en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador y los Panamericanos y Parapanamericanos de Santiago de Chile, tres termómetros regionales en que Cuba solía ejercer su hegemonía, pero las demostraciones más recientes pusieron a la Isla en tercer, quinto y séptimo escaños, respectivamente.

No obstante, es oportuno acotar que en el caso de los Parapanamericanos, pese a que se mantuvo la posición de la edición precedente de Lima 2019, se alcanzó un título y cuatro preseas menos. Asimismo, puede añadirse que ocurrieron performances discretos en los Campeonatos Mundiales de las diferentes disciplinas, con excepción de la lucha, el atletismo y el canotaje de la proa del bote de Yarisleydis Cirilo, lo cual revierte notoria importancia por ser 2023 el año previo a los Juegos Olímpicos de París.

A estas cuestiones de índole competitiva, se adiciona el flujo migratorio que desde los Juegos Centrocaribeños de Ponce 1993 asesta ganchos quirúrgicos al deporte cubano, menguando de manera considerable el desarrollo de disciplinas o equipos.

Yoenlis Feliciano (75 kg), único campeón mundial del boxeo cubano en 2023, fue una de las bajas más sensibles de cara a París 2024, como consecuencia del éxodo de atletas.
Yoenlis Feliciano (75 kg), único campeón mundial del boxeo cubano en 2023, fue una de las bajas más sensibles de cara a París 2024, como consecuencia del éxodo de atletas. Foto: All in One Deportes.

En los últimos 12 meses, la cifra de deportistas cubanos de disímiles categorías que ha abandonado la Isla supera el centenar. Por lo general, esgrimen como argumentos de su partida la búsqueda de mejores escenarios de desarrollo para sus respectivas carreras, o hallar un nuevo destino que les permita progresar económicamente, tanto a ellos como a sus familias.

Un ejemplo muy connotado se encuentra en que solo permanecen en el país tres peloteros del elenco subcampeón mundial en la categoría sub-15 años del 2022.

Justo ahí aflora otro elemento en estrecha conexión con los anteriores: la profunda crisis económica del país, de la cual no escapa el deporte. La situación económica afecta visiblemente la infraestructura de entrenamiento y desarrollo; incide en la contracción del calendario competitivo nacional e internacional y repercute en otras falencias relacionadas con la captación y la retención de talentos deportivos o de saberes (entrenadores), así como en el descenso en los niveles de preferencia entre aficionados, padres e hijos de cara a la práctica de alguna disciplina deportiva.

Visto este escenario, sería oportuno profundizar en la relación de algunas de las cuestiones antes esbozadas pero en relación con los Juegos de la XXXIII Olimpiada, que tendrán por sede a la denominada Ciudad Luz, del 26 de julio al 11 de agosto de 2024.

Prisma desde el alto rendimiento

En el nuevo milenio ha sido tendencia la reducción del número de efectivos de las delegaciones antillanas en citas bajo los cinco aros. En correspondencia, han disminuido las opciones reales de llegar a las finales de algunas pruebas y acceder a medallas.

Tokio 2021 ha quedado como la competición a la cual Cuba asistió con su comitiva más reducida desde la primera edición —casualmente—, realizada en la capital japonesa en 1964. Participaron 69 atletas que se agenciaron siete títulos, tres platas y cinco bronces y fueron acreedores del lugar 14 en el medallero de la cita, muestra de una considerable efectividad en cuanto a rendimientos se refiere.

Los tenimesistas Jorge Moisés Campos y Daniela Fonseca clasificaron nuevamente a una cita bajo los cinco aros, tras su corona en el doble mixto en Santiago de Chile.
Los tenimesistas Jorge Moisés Campos y Daniela Fonseca clasificaron nuevamente a una cita bajo los cinco aros, tras su corona en el doble mixto en Santiago de Chile. / Foto: Periódico Girón.

Para la justa parisina, la Isla cuenta con una veintena de clasificados en ocho deportes: atletismo (6), luchas (4), boxeo (3), canotaje (2), tenis de mesa (2), tiro (1), pentatlón moderno (1) y ciclismo (1). La Dirección de Alto Rendimiento del INDER manifestó su intención de teledirigir los esfuerzos de la preparación hacia un grupo selecto de deportistas:

«No podemos trabajar de forma general, con deportes completos, sino con las individualidades que tienen potencialidades para poder mantenernos entre los 20 primeros países en París 2024. No hay otra manera para distribuir el presupuesto y concebir la ruta crítica», expresó hace poco menos de dos meses José Antonio Miranda, director del mencionado departamento de Alto Rendimiento.

«Contamos con unos 15 atletas que deben recibir toda la prioridad y atención; un trabajo multisectorial en el poco tiempo que nos queda para el entrenamiento y la preparación», ahondó el funcionario, dejando claro que el concepto de masividad sobre el cual se estructuró la pirámide deportiva tras el 1ro de enero de 1959, por ahora es página vuelta.

Considerando la existencia de varios sistemas en el proceso de clasificación al magno evento deportivo (campeonatos mundiales, clasificatorios continentales, por rankings y asignaciones de cuotas por el Comité Olímpico Internacional para lograr una participación lo más heterogénea posible), pudiera vaticinarse —a tenor con lo planteado por las máximas autoridades deportivas del país— que se pretende contar con una delegación similar en número a la que pugnó en la tierra del sol naciente.

Cirilo, una potencia de la élite del orbe y continental con sus cetros en el C-1 a 200 metros.
Cirilo, una potencia de la élite del orbe y continental con sus cetros en el C-1 a 200 metros. / Foto: Artemisa Diario.

Una mirada a los mundiales desarrollados en 2023 y a las disciplinas en las que tradicionalmente Cuba exhibe mayor poder, indica que la lucha, el atletismo, el boxeo y el canotaje pudieron sacar provecho de sus incursiones y presencia en el podio de premiaciones. Mientras, el tiro deportivo, el levantamiento de pesas y el judo no navegaron con la misma suerte. A pesar de que este último posee un sistema clasificatorio por ranking, ninguno de los ocho judocas cubanos que pugnaron en Doha, capital de Qatar, pudo colgarse metal alguno. Asimismo, en taekwondo no inscribimos a ningún exponente.  

Estas opciones de clasificación se extendieron a los Panamericanos de Santiago de Chile donde, entre otros, el pistolero Leuris Pupo ratificó su condición de clasificado y fuera de serie; en tanto, los tenimesistas Daniela Fonseca y Jorge Moisés Campos nuevamente destilaron talento, técnica y enfoque para agenciarse sus cupos, al igual que los boxeadores Julio César La Cruz (92 kg), Arlen López (80 kg), Saidel Horta (57 kg) y el pentatleta Marcos Rojas.

Los deportes colectivos continuaron sin encontrar el camino certero. El voleibol masculino, tanto el de sala como el de playa, devinieron en las especialidades que mayores expectativas de clasificación olímpica depararon, pero todavía están diluidas.

Sin embargo, Wilfredo León y Melissa Vargas, dos voleibolistas nacidos y forjados en la escuela cubana de voly, se convirtieron en bujías indiscutibles de Polonia y Turquía, en ese orden, guiándoles no solo al título de Europa y de la Liga de las Naciones, sino que sus rendimientos medulares les valieron la clasificación olímpica.

Asimismo, la propia Melissa Vargas y Miguel Ángel López fueron designados en el plano individual como mejores voleibolistas del 2023, según el prestigioso sitio especializado Volleybox. La distinción se basó en los resultados individuales y colectivos de ambos, a lo largo del año recién concluido.

Melissa Vaegas se ha convertido en la mejor voleibolista del planeta y referente de Turquía.
Melissa Vaegas se ha convertido en la mejor voleibolista del planeta y referente de Turquía. / Foto: Power Volleyball.

En lo interno, el béisbol y el baloncesto volvieron a hacer aguas en sus rutas competitivas al máximo nivel; mientras el balonmano continuó con su vaivén de más infortunios que loas, pese a que estas disciplinas cuentan con un volumen considerable de efectivos de las selecciones nacionales contratados en Ligas extranjeras.

Con relación a deportes colectivos, aún se carece de mecanismos efectivos para que jugadores autogestionados en clubes foráneos sean elegibles e integren las selecciones nacionales de la Isla.

Infraestructura de columnas tambaleantes

Es innegable que el componente económico tiene gran peso en la evolución de un sector determinado. No es secreto que el volumen de inversión del Estado cubano en el deporte es insuficiente. En el primer semestre de 2023, año previo a los Juegos Olímpicos y con lo que representa encarar certámenes multideportivos como los Centroamericanos,  Panamericanos y Parapanamericanos, solo se destinaron a los rubros de cultura y deporte 730,6 millones de pesos, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).

Ello no resulta en extremo alarmante si se considera que otros renglones de crucial importancia como la salud, la alimentación y la educación también recibieron presupuestos por debajo de lo que necesita el país para enfrentar la crisis.

Por eso se presume que se cancelaron algunos de los 204 eventos que proyectó el Inder para ejecutar en 2023, como los campeonatos nacionales juveniles, en tanto otros afrontaron dificultades para su ejecución en materia de alojamiento, transporte u otras situaciones logísticas. Estos mismos avatares golpean a diario la vida de un deportista cubano insertado en el alto rendimiento.

Los criterios de masividad imperantes fueron de los eslabones fundamentales que históricamente constituyeron al movimiento deportivo cubano. Los procesos de captación y estructura competitiva llegaban a lugares de difícil acceso. Se trabajaba en la solidez y heterogeneidad del talento y se conjugaban saberes para alcanzar resultados a mediano y largo plazo.

Los Juegos Escolares Nacionales han perdido alcance como eslabón esencial de la denominada Pirámide Deportiva de la Isla.
Los Juegos Escolares Nacionales han perdido alcance como eslabón esencial de la denominada Pirámide Deportiva de la Isla. /Foto: Periódico Adelante.

Semejante engranaje se ha resquebrajado considerablemente, aunque la edición 59 de los Juegos Escolares Nacionales se efectuó con la anuencia de 4 963 atletas que concursaron en 33 deportes, emergiendo La Habana como monarca, con 117 preseas doradas.

La otra cara de la moneda muestra disímiles combinados deportivos y áreas especiales cerradas, una masa crítica o cantera cada vez menor y una competición que, lejos de mostrar el poderío del deporte escolar antillano, ha derivado en una especie de certamen inter Escuelas de Iniciación Deportiva (EIDE).

Un pueblo eminentemente deportivo

Con las adversidades que circundan al movimiento deportivo de Cuba en su subsistencia cotidiana, hay momentos y rendimientos en el orden individual que dejaron su impronta en la afición y los amantes del deporte:

Los pletóricos triunfos de Gabriel Rosillo y Luis Alberto Orta en el Mundial de Luchas, este último además seleccionado el mejor gladiador del año en el estilo grecorromano por la Unión Mundial de Luchas; las paletadas felinas de Yarisleydis Cirilo en su canoa «fórmula uno»; los remates endemoniados de Daniela, Moisés y Andy Pereira en el tenis de mesa; el grito ensordecedor de Yusneylis Guzmán y Milaymis Marín en los colchones de Santiago de Chile y la clasificación de esta última a París.

El luchador clásico Luis Alberto Orta (67 kg) tuvo un 2023 rutilante con títulos Mundial, Panamericano, Centroamericano y del Caribe y en el Grand Prix Henri Deglane de Francia, entre otros lauros.
El luchador clásico Luis Alberto Orta (67 kg) tuvo un 2023 rutilante con títulos Mundial, Panamericano, Centroamericano y del Caribe y en el Grand Prix Henri Deglane de Francia, entre otros lauros. / Foto: United World Wrestling.

La contundencia y solidez en los tatamis de Idalys Ortiz; las brazadas incombustibles de Elisbet Gámez, Andrea Becali, Laurent Estrada y Lorena González en San Salvador; los pinchos de Lázaro Martínez, Leyanis Pérez, Yunisleydis de la Caridad García, Omara Durand y Robiel Yankiel Sol; el ascenso al Everest de Yandy Núñez y el año de ensueño del trebejista Leinier Domínguez en la élite de las 64 casillas; la contundencia marca registrada de José Adolis García con los Rangers de Texas, al punto de ser elegido Jugador Más Valioso de la Serie por el campeonato de la Liga Americana de la Major Baseball League (MLB), de Estados Unidos, también son dignos de citar.

José Adolis García conectó ocho jonrones y empujó 22 carreras durante la postemporada 2023.
José Adolis García conectó ocho jonrones y empujó 22 carreras durante la postemporada 2023. / Foto: Los Ángeles Times.

Ellos están en el prisma de mi orgullo supremo, como otros que encumbran el nombre de Cuba, una pequeña isla en medio del mar Caribe, que con alrededor de 11 millones de habitantes, todavía se tutea dentro de la élite deportiva universal con naciones mucho más poderosas en cuanto a demografía, infraestructura de desarrollo, saberes e inversión.

Se trata de la misma Cuba que formó casi a la totalidad de esos talentos, y que tendrá que apelar a disímiles mecanismos para frenar la hemorragia migratoria ya no solo en el deporte, sino en cualquier otra esfera de la sociedad.

Es por eso que en mi listado de mejores deportistas cubanos de 2023 caben muchos, no solo diez, y no exclusivamente aquellos que patentaron rendimientos loables defendiendo el pabellón tricolor y al amparo del INDER.

Caben y encabezan mi relación Orta, Melissa y Yarisleydis, pero también entran otros, de los cuales a continuación menciono poco más de una veintena:

José Adolis García, Luis Robert Moirán, Raidel Martínez y Yordan Álvarez (béisbol); Miguel Ángel López, Wilfredo León y Jesús Herrera (voleibol); Leinier Domínguez (ajedrez); Andy Pereira (tenis de mesa); Gabriel Rosillo y Oscar Pino (lucha); Yunisleydis de la Caridad García, Leyanis Pérez, Lázaro Martínez (atletismo); Julio César La Cruz, David Morell, Saidel Horta, Robeisy Ramírez y Yoenlis Feliciano (boxeo); Oscar Reyes (halterofilia); Omara Durand y Robiel Yankiel Sol (paraatletismo).

Así como otros de no menos calibre como Leuris Pupo (tiro deportivo); Andy Granda e Idalys Ortiz (judo); Yandy Núñez (alpinismo); Elisbet Gámez y muchos más que por sus performances merecen el respaldo y admiración de todo cubano amante del deporte en cualquier latitud, y  por supuesto, los de este cronista.