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Bárbara Farrat: el derrumbe

Foto: María Lucía Expósito

Bárbara dio a luz el 11 de julio de 2004 a un niño. Lo crio entre esas cuatro paredes que apuntaló como pudo una y otra vez. También puso la cuna de su nieto entre esas cuatro paredes, y tostó el maní que salía a vender para dar de comer a los suyos.

Bárbara vio a su hijo partir hacia un interrogatorio policial del que nunca volvió. Colgó una foto del niño en la pared. Le gritó al Estado, a Dios y al universo su deseo. Su hijo regresó y como si de un maleficio se tratase, como si ella fuera el horcón mayor de su casa, bastó con que se sentara a descansar con todos los suyos dentro, para que el techo se viniera abajo.

La vivienda

Desde 1959 el acceso a la vivienda fue parte del programa político que se proponía la Revolución. La Ley de Reforma Urbana de 1960 convirtió en propietarios de sus viviendas a los que en esos momentos las ocupaban como arrendatarios. La Ley General de la Vivienda de 1984 (No. 48), autorizó la transferencia de viviendas y convirtió en propietarios a más de 750 mil familias. La Ley de la Vivienda de 1989 (No. 65), por su parte, promueve, planifica y organiza la construcción y reparación de viviendas, a través de las microbrigadas, las empresas y otras entidades estatales; las cooperativas de producción agropecuarias o por esfuerzo propio. Finalmente, el Decreto Ley 288 de 2011 regula la libre compra y venta de viviendas por nacionales y residentes permanentes en Cuba y la selección del lugar de residencia sin restricciones.

De acuerdo a la Observación General N°4, del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, una «vivienda adecuada» debe contemplar: «seguridad jurídica de la tenencia,  disponibilidad de servicios materiales, facilidades e infraestructura; gastos soportables; habitabilidad, asequibilidad; debe encontrarse en un lugar que permita el acceso a las opciones de empleo, los servicios de atención de la salud, centros de atención para niños, escuelas y otros servicios sociales, además de contar con adecuación cultural».     

Por su parte, la Constitución cubana de 2019 en su Capítulo II, artículo 71, especifica que «se reconoce a todas las personas el derecho a una vivienda adecuada y a un hábitat seguro y saludable». Argumenta, además, que el Estado hace efectivo este derecho a través de «programas de construcción, rehabilitación y conservación de viviendas, con la participación de entidades y de la población, en correspondencia con las políticas públicas, las normas del ordenamiento territorial y urbano y las leyes».

Según la «Versión ejecutiva del perfil de la vivienda en Cuba», elaborada por Naciones Unidas en 2014, el país poseía 9 millones de unidades habitacionales, donde residían 11 millones 167 mil 325 personas. Se trata de 7014 aéreas de concentración de asentamientos humanos, de los cuales 597 son urbanos y 56 alcanzan la condición de ciudades. La Habana, en ese entonces concentraba el 18,9% de la población total.

En el período 1959-2012, «la población del país creció en un 58%, pasando de 7,7 millones a 11,16 millones de habitantes, mientras el fondo habitacional creció en un 149%, pasando de 1 millón 560 mil a 3 millones 885 mil 900 viviendas». Según el censo de población y viviendas del 2012, 664 922 viviendas se encontraban en mal estado, es decir el 17,8% del total, de las cuales solo el 58,1% puede ser recuperado.

En el caso del año 2017, por ejemplo, el Plan de construcción de vivienda comenzó con afectaciones. En el primer semestre no se terminaron muchas de las viviendas previstas y la mayor parte se concentró en la segunda mitad del año, justo con la llegada del ciclón Irma. Al cierre del 2016, el déficit habitacional ascendía a 883 050 viviendas, 30,000 unidades más con respecto al año anterior.

Esta lógica acumulativa y de contingencia, sumada a la precariedad propiciada por la pandemia y la crisis económica palpable de los últimos años ha llevado a un notable deterioro del fondo habitacional cubano. En octubre de 2012, el huracán Sandy dañó más de 300 mil viviendas de la región oriental de la Isla, y cinco años más tarde, el ya mencionado ciclón Irma afectó unas 160 mil viviendas, con casi 14 700 derrumbes totales.

En marzo de 2024 la directora nacional de la vivienda informó que «se han concluido en el país un total de 2 106 inmuebles, 137 células básicas habitacionales y se han solucionado 5 582 afectaciones de eventos climatológicos, que, aunque no es ni el resultado deseado, ni el que necesita el pueblo, sí evidencia la prioridad en la sensible tarea en las provincias». Tan solo 16 065 viviendas, el 65 % del plan anual, fueron terminadas en 2023, «mientras que el déficit habitacional sobrepasa las 856 500 casas», según el balance anual del Ministerio de la Construcción.

Asimismo, un informe del cumplimiento del Programa Nacional de la Vivienda en 2023, elaborado por las propias autoridades cubanas, reflejó una gestión deficiente de este. «Como promedio, los municipios del país no superan el 40% de los renglones que requiere la construcción de un hogar, no tienen autonomía, y no avanza el cumplimiento de la política… Con destino a madres con tres o más hijos, se culminaron 1 192 acciones constructivas, de las 2 257 planificadas, para un 53 %. Por adaptación de locales o cambios de uso, para incrementar la cantidad de casas estatales, se terminaron 906, el 73 % de lo previsto».

No existen datos precisos de la situación del fondo habitacional de La Habana en la actualidad. En 2022 estaba planificado el censo poblacional que no se ejecutó por la pandemia de covid-19. Dos años después, sigue pendiente. Lo cierto es que basta caminar las calles de la capital para entender que en cualquier momento se viene abajo.

Un reporte publicado en el sitio web de la Presidencia de Cuba indicaba que a finales de 2020 solo el 63% de los 3.9 millones de viviendas en Cuba, se encontraban en buen estado, y que el restante 37% estaban en malas o muy malas condiciones. Ese mismo año, murieron tres niñas aplastadas por un balcón habanero, hecho que se repitió en 2023 con el derrumbe de un edificio en el centro histórico capitalino, que trajo consigo la muerte de una persona y un saldo de 13 familias afectadas.

Este tipo de acontecimientos con mayor o menor saldo material o de vidas afectadas se repite constantemente en una ciudad que se vende al turismo congelada en el tiempo, pero no por la voluntad de sus habitantes.

Aunque las autoridades cubanas repiten que la construcción de viviendas tiene «prioridad», los datos muestran otra cosa. Según cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, en 2011 la construcción de obras públicas —entre las que se incluyen las viviendas— alcanzaba el 17.83% de la inversión estatal y en 2023 fue solo un 1.7%. Por el contrario, los servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler —que incluye la construcción de hoteles— el pasado año alcanzó un 27%.

El derrumbe

El 11 de abril de 2023 amaneció nublado. Era un día húmedo en el que a Bárbara le hubiera gustado despertar con su cafecito y mirar a su nieto dormir a pierna suelta, pero no. Desde el 13 de agosto de 2021, día en que Jonathan Torres Farrat fue detenido por manifestarse en el 11J, ella se despierta a las cinco de la mañana.

Hace un tiempo amanecía pensando en cómo sacar a su hijo de la cárcel. El 25 de mayo de 2022, luego de incontables directas en redes sociales donde exigía que fuese liberado, tras muchos interrogatorios y presiones de los órganos de la seguridad del Estado para que no siguiera denunciando, Bárbara vio entrar a su hijito, que había sido apresado con 17 años.

«Yo lo saqué de la cárcel y ahora tengo que sacarlo del derrumbe. Aquí estaba mi cocinita. Esto nunca estuvo en buenas condiciones, pero era mío. Yo sabía que en cualquier momento se me iba a caer la casa encima. Ese día sentimos traquear las paredes y salimos corriendo. Aquí yo pasé las verdes y las maduras, crie a ese niño desde que era un porroncito. Aquí solo me queda la foto de mi hijo en la pared. Yo la miro y sé que voy a echar pa alante, por él y por mi nieto».

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Foto: María Lucía Expósito

Desde los catorce años, Bárbara habitó las paredes inexistentes que hoy nos muestra. Caminamos junto a ella entre escombros y nos interrumpe su madre para brindar café. En la parte de abajo del cuartico derrumbado duerme ella con su esposo, su hijo, su madre, su nuera y su nieto. Cuando amanece, debe recostar el colchón a la pared. En ese espacio escasamente ventilado nadie puede dormir la mañana, porque el ritmo de todos debe sincronizarse para poder existir. El colchón se interpone entre el baño y la cocina. Si uno se despierta, el resto debe hacerlo también.

Bárbara Farrat
Foto: María Lucía Expósito

«Si de cosas peores he salido, cómo no voy a salir de esto. Yo no pido tener una casa de placa. No pido que me ayuden a tener algo que no he tenido, solo a levantar estas paredes y un techo sobre mi cabeza. El otro día vinieron unos amigos de mi hijo y le trajeron algunos bloques. Yo estoy eternamente agradecida, porque cada ladrillo de esta casa me va a costar mucho sudor. Mi familia me ha hecho que salga de aquí para recoger los escombros escondidos de mí. Yo no quiero que boten nada, porque mi cuartico era mi mundo. Si he ido tres veces allá arriba es mucho, no quiero mirar cómo está eso».

A veces teme a subir a lo que fue su espacio. A veces logra olvidarse de que su casa existe, pero entre su intento de evadir, y ella, se interpone la vida. «Este es el verdadero periodo especial, cuando yo era niña la cosa estaba dura, pero debajo de una piedra se sacaba dinero. Ahora, ¿dónde está la piedra? Un litro de aceite está a más de mil pesos y ¿qué voy a comer? ¿aceite? Imagínate entonces, tener que llevar una jaba a prisión. Así hemos estado todas las madres de los presos en Cuba hoy».

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Foto: María Lucía Expósito

Cuando se le cayó el techo, Bárbara hizo una directa en Facebook que explicita no estar dirigida para sus seguidores habituales, sino para aquellos que dicen que a ella le paga la CIA. Es constante en la retórica de los medios de comunicación estatales de que a quienes disienten en Cuba les paga el gobierno estadounidense. Sin embargo, Bárbara apenas sobrevive y las denuncias en redes sociales se han convertido en una forma de desahogo y justicia para ella.

A Bárbara, un Estado que se dice socialista lo más que le ha dado es una persecución política digna de romper a cualquiera. El barrio de Bárbara es uno de los focos donde mayor violencia de ambas partes se desató el 11J, y no es casual, basta mirar la calzada de 10 de octubre: sus casas a punto de desmayarse, su faz descolorida, el abandono de un Estado que encerró al hijo de Bárbara y a muchos otros a los que en el 11J se les cayó la paciencia.

«Ellos se llevaron a mi hijo y al miedo. Nunca me importó la represión ni las represalias, ni hoy por hoy, cuando les da por sitiarme», comenta. 

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Foto: María Lucía Expósito

Bárbara siente que se empezó a quedar sola desde que se llevaron preso a su hijo. «Gente de la cuadra que lo vio nacer no vino ni a preguntar. Todos se volvieron muy revolucionarios, parece, pero después de eso, gracias a los que llaman “gusanos”, a mí no me ha faltado un medicamento para mi nieto. Sí tuve mucha ayuda mientras Jonathan estaba preso». 

Cuando su hijo salió de la cárcel vino mucha gente a su casa para saber todos los detalles de su liberación. Bárbara jaló a Jonathan hacia dentro, como si temiese que se lo volvieran a quitar, cerró la puerta y desde la ventana les dijo a los vecinos: «De todos ustedes ¿cuántos vinieron a preguntarme si necesitaba algo?, ¿cuántos creyeron que yo realmente lo iba a sacar de prisión? ¿cuántos de ustedes no vinieron a decirme: “Bárbara cállate la boca que protestando solo lo vas a perjudicar a él allí dentro”?». Luego volvió a abrir la puerta e invitó a pasar a los que en verdad le habían apoyado en el proceso. Todos retrocedieron. 

«Adentro de la prisión mi hijo se dio cuenta de lo que yo estaba haciendo por él. Un buen día hasta el director dejó de llamarlo Torres y todos le decían Farrat. Yo no le contaba que hacía activismo afuera y en una visita me abrazó y me dijo: “Yo no confío en abogados, ni en nadie, pero sí sé que tú me vas a sacar de aquí”. Y lo saqué».

Jonathan Torres Farrat fue sentenciado a cuatro años de limitación de libertad. Antes del 11J se dedicaba a estudiar. Estaba en onceno grado y se había graduado de soldador. Estuvo 10 meses preso en Jóvenes de Occidente y continúa con una libertad limitada.

Para Bárbara, el 11 de julio siempre va a ser histórico y no solo por la manifestación, sino porque ese día, en 2004, nació su hijo. «Como pobres y como cubanos que somos siempre intentamos que el 11 de julio no pase por alto. Tratamos de comprarle una mudita de ropa y celebrarlo, pero después del 11J su cumpleaños nunca será igual».

Ser pobre y disidente

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Foto: María Lucía Expósito

Los partidos u organizaciones políticas cuentan con una economía que les sostiene. Quienes les representan asumen como un trabajo esa labor y reciben un sueldo por ello; así sucede con las colectivas u ONGs, pero, en el caso de Cuba, el financiamiento a quienes disienten es considerado un delito y es perseguido. La CIA no le paga a Bárbara, pero para el Estado, el dinero de la diáspora es equivalente al de dicha agencia de inteligencia. 

Disentir no es un trabajo. Cuando en Cuba te declaras disidente del sistema político quedas a la intemperie. No será posible laborar con el Estado, e incluso en algunos circuitos económicos privados no tendrás muchas oportunidades, porque, tu sola presencia se convertirá en una forma de chantaje para tu empleador. Las redes de solidaridad de la sociedad civil podrán sostenerte por un tiempo, al menos mientras la euforia te envuelve, pero una vez que pasa el huracán, una vez que tu reclamo está en calma, la prioridad serán otros a los que el poder les aplaste con más fuerza en ese momento o su historia sea más atractiva para los medios de comunicación.

«Cuando mi hijo estaba preso venía mucha gente a visitarme, no paraban de pedirme entrevistas. Ahora que se me cayó el techo encima y Jonathan está libre, han sido muy pocos los que me han llamado. No todo en la vida es el dinero, a veces una necesita decirle a alguien lo sola que está, lo duro que está esto. Agradezco a los que se han interesado. Cada palabra de aliento la siento como si pusieran un ladrillo en estas paredes».

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Foto: María Lucía Expósito

Bárbara cuenta que, en 2021, cuando empezó a hacer directas en redes sociales sobre la situación de su hijo, fue a verla una trabajadora social que se interesó por la situación de su vivienda. «Ella estaba preocupada porque mi nieto naciera en estas condiciones. El agente Denis, cuando empezó a citarme me dijo que ellos me iban a dar los materiales para arreglar la casa, pero yo no quise ayuda, porque sabía que eso era una forma de comprometerme para callarme. Además, me enteré de que habían hablado con la doctora de la familia para que firmara un papel que dijera que no tenía condiciones para tener a un recién nacido en la casa. Antes de eso a nadie le había importado la situación de mi casa y ahora tampoco».

En el caso hipotético de que el Estado le diera una casa a Bárbara, sería casi como un intento de diálogo, una muestra de que es posible una Cuba donde quepamos todos, más allá de la identidad política; pero ese país no existe.

Bárbara es una de las tantísimas cubanas a las que el Estado no le ha garantizado una vivienda adecuada. Su condición de disidente la pone en desventaja mayor, pues la ayuda estatal —en el difícil caso que ocurriera— muy probablemente estaría acompañada de condiciones para que cese su activismo político. Tampoco tiene medios propios para enfrentar su situación por sí sola.

La Habana se cae a pedazos. Hay muchas Bárbaras allí. Mujeres que no tienen la atención, ni del Estado ni de los medios de prensa. Familias por las que nadie moverá un dedo: ni el gobierno, ni la oposición. Sería un acto de justicia que Bárbara pueda descansar con un techo sobre su cabeza.

Michel Mirabal: «Mi obra no es de una sola orilla»

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Ilustración: Félix M. Azcuy

Michel Mirabal es uno de los cubanos más conocidos internacionalmente en el campo de las artes visuales y lo persigue la polémica, o viceversa. Museos y galerías de Alemania, Francia, España, Israel o China se interesan por su obra.

Por su «Finca Calunga» han pasado reyes, embajadores y artistas de enorme prestigio. Ese lugar es su orgullo y desde allí apoya distintos proyectos comunitarios, asimismo todos los años dona un contenedor de medicinas e insumos médicos valorados en cientos de miles de euros, con el apoyo de instituciones hospitalarias de muchas partes del mundo y algunos clientes. Tal vez por eso lo tildan de «comunista». ¿Realmente lo es?

Vive en Cuba y asegura que a pesar de su fama no recibe «beneficios» del Estado. Se le acusa de ser «agente de la dictadura castrista» por salir en televisión nacional, pero si comparte con el autor de «Nuestro día (Ya viene llegando)», el grupo contrario lo silencia. Ese tipo de «equilibrio político» no le cae bien a todos.

Michel Mirabal junto a Willy Chirino
Foto: OnCuba

Los artistas pasan por épocas distintas en sus modos y estados de creación. Ahora mismo, ¿cómo te sientes?, ¿qué te motiva?

Es cierto que la motivación es relativa en varias épocas. En mi caso, casi desde el principio de mi carrera me motivó la sociedad en general, sus inconformidades y aún es mi esencia a la hora de trabajar. Desde mi primera serie, que fue la de las manos y por la que me di a conocer en el mundo de la plástica, los problemas de las sociedades en general han sido los puntos a tratar en mis obras. Últimamente las migraciones me han movido el piso, aunque ya las había tratado en otros momentos.

Para unos eres «el agente de la dictadura castrista», para otros un «eterno inconforme». Se te ve compartiendo con Willy Chirino ―músico prohibido en la Isla―, apoyando las recientes manifestaciones en Cuba. ¿Acaso existe una intención en demostrar que no perteneces a una sola orilla exclusivamente?

Me resulta muy gracioso cada vez que sale alguien diciendo este tipo de cosas: «que soy agente de la Seguridad del Estado cubano». A mí realmente me gustaría mucho que además de decirlo con la vehemencia que lo dicen, expusieran las pruebas que sustenten sus palabras y la lógica indicaría que, si esos influencers tienen respeto por su audiencia, si afirman que lo soy, deberían exponer las pruebas. Igualmente, si la audiencia que los sigue fuera medianamente consciente de cómo debe ser esta relación periodismo-pruebas, las exigiesen, pero no es así.

Yo entiendo las limitaciones que existen en todos los flancos de este asunto. Es un negocio lucrativo, que ejercitan muchas personas con escasa preparación y nulo rigor periodístico. Son personas que han comprendido que en un país donde no existe transparencia y donde la investigación de modo independiente es prohibida, y en otros donde el público ni siquiera se toma la molestia de usar información que es pública, suele ser muy fácil decir lo que uno cree y que esto genere un lucro, si tienes miles que te siguen. Si es una persona influyente, que sabe que tiene su público, pues le van a creer la inmensa mayoría de las cosas que dicen.

En un país donde no existe transparencia suele ser muy fácil decir lo que uno cree y que esto genere un lucro.

Y no sucede así ahora con los influencers. Algunos solo reproducen un método aprendido durante años. ¿O no son así las mayorías de los políticos en el mundo? Prometen y no cumplen, pero el pueblo les cree. Así funcionan los medios en los países donde la información está controlada por intereses. Hay varias generaciones de cubanos que han nacido, se han criado y se han muerto creyendo que lo que dice otro más «encumbrado» es la verdad más absoluta, y ese lastre de la ignorancia nos ha llegado hasta la actualidad. A todos.

¿Cuántas veces tú no has compartido en las redes sociales algo que viste sin tomarte la molestia de investigar si es verdad porque digamos, lo dijo CNN? Mucha de esa desinformación que a veces surge de fuentes primarias, es luego mal elaborada, mal procesada y mal dicha. Por ende, a veces puede ser demandable y ni la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos lo salvaría. Yo soy un artista y no estoy afiliado al credo político que llaman «comunista». Tampoco represento al gobierno con mi arte y sí a su gente dondequiera que ellos estén, aunque me han manipulado. Para todo lo demás que digan, la falta de pruebas es absoluta.

Cuántas veces tú no has compartido en las redes sociales algo que viste sin tomarte la molestia de investiga.

En el caso de Willy, siempre lo he admirado tanto a él en lo personal como a su música. Tuve la oportunidad de decirle que para mí no existía un cubano tan cubano como él, a pesar de estar fuera de su patria desde hace tanto tiempo. En esa ocasión, por estar juntos, por la foto que nos tomamos juntos, algunos medios hicieron una mala crítica. No pocos internautas lo atacaron y hasta pusieron en duda su activismo y su pensar. Así que, si fueron capaces de fustigar a Willy Chirino, ¿qué puedo esperar para mí?

Pero en un país democrático, el derecho a la expresión es libre, siempre y cuando no se traspasen los límites de la libertad de expresión y se incurra en difamación, acoso…

En el caso de las protestas en Cuba en el 2021, siempre tuve la convicción de que eran legítimas. Tuve la ingenuidad de ir a un programa de televisión y pensar que se pondría todo lo que diría y no fue así. Solo se puso la parte en que yo decía que las protestas eran culpa del embargo y que por eso era que la gente estaba en la calle. Que conste: yo estoy en contra del embargo totalmente. Sí, pero además de este fenómeno hay muchas causas que se acercan más a malas decisiones gubernamentales y a la falta de libertades dentro de la Isla. Cosas como esas las dije allí, pero no salieron jamás.

Mi obra no es de una sola orilla, por supuesto que no. Mi obra y mi persona pertenecen a la verdad y no a la manipulación. 

Michel Mirabal
Foto: Cortesía del artista

A propósito, ¿cómo respondes a aquellos que califican tu obra de panfleto político a favor del gobierno cubano y te han tildado, incluso, de machista?

¿De qué manera mi obra podría ser un panfleto político, si a mí, en mi país, donde resido, no se me tiene en cuenta para exponer mi trabajo y jamás se me llama para siquiera participar en una expo colectiva, a no ser que sea privada?

Hay que entender que yo vivo en Cuba y aquí trato de desarrollar mi trabajo. Intento poner mi obra de tipo mural donde se pueda, aunque me cueste mucho trabajo y permisos. Es la manera que tengo de estar visible.

Con mis recursos yo tuve que hacerme una galería para poder exponer mi trabajo en mi propia casa. Y gracias a eso por aquí han pasado desde reyes, hasta embajadores, artistas internacionales o grandes empresarios… sin ningún vínculo o influencia con el estado cubano. A mí el Estado no me manda guaguas de turismo y elque se crea esto está muy equivocado. Este lugar, que es mío, se llama «Finca Calunga» y es mi orgullo. Lleva el nombre de mi abuelo, un hombre que fue muy admirado, querido y respetado. Desde aquí apoyamos proyectos comunitarios, a niños sin amparo familiar, adultos mayores y familias disfuncionales.

Con mis recursos yo tuve que hacerme una galería para poder exponer mi trabajo en mi propia casa.

Lo de machista viene por un performance que hicimos hace ya unos años, donde convoqué a varias modelos para esta obra. Hicimos una especie de teaser para promocionar la obra que iba a ser disruptiva, pero cometimos un error, repudiable en todos los sentidos. Nos equivocamos, no lo vimos venir. Teníamos en mente crear polémica y a partir de ahí exponer el resultado final, pero hay que entender que si queríamos llamar la atención sobre el abuso que sufren las mujeres en la sociedad y el arte en general, no podíamos transmitir el mismo mensaje.

Fue un error para mí y para muchos que conocían y entendían el mensaje, que eran los menos. Los más, me tildaron de machista, misógino y demás. El performance no resultó ser lo que aspirábamos que fuese: un mensaje en contra del sexismo, el machismo, el abuso y la violencia de género y terminamos siendo hasta exponentes de eso mismo, cuando nuestra intención era todo lo contrario. El arte, los performances, pueden ser polisémicos, pero con este suceso aprendí que el cuerpo femenino, los cuerpos en general, no son instrumentos para glorificar la violencia.

Éxodo es el título de uno de tus trabajos, visto como un «manifiesto visceral, un relato crudo y auténtico». Aunque tiene un enfoque universal, hay una clara referencia a la emigración cubana, una herida por donde sangra la nación. ¿Qué ha pasado con la obra desde su estreno?

Nunca pensé que Éxodo tuviera tanto éxito internacional. Desde que se presentó en la Bienal de Arquitectura de Venecia estamos recibiendo críticas desde revistas especializadas de arte y periódicos que exceden mis expectativas, ciertamente. Es la producción más costosa que jamás hayamos tenido. Se involucraron gente a las que admiro mucho: el maestro Frank Fernández en la parte musical, el realizador audiovisual Alejandro Pérez y el curador y crítico de arte Nelson Herrera Ysla. También participó el amigo Enrique (Kike) Martínez, todo un especialista en la llamada Ingeniería del arte. Ojalá y pudiera para la próxima Bienal de La Habana presentarla aquí, sería algo sumamente importante para mi carrera, ya que es mi mejor expo hasta eldía de hoy. Lo propondré en la Bienal, ya veremos si fructifica.

Miichel Mirabal
Michel Mirabal frente a Éxodo / Foto: Cortesía del artista

¿Cómo ves el fenómeno social de la migración?

No es algo nuevo. Desde que el mundo es mundo, las migraciones existen, solo que me ha tocado vivir un momento muy triste en mi país y en el mundo, donde los desplazamientos como consecuencia de las guerras y la pandemia de covid-19, han traído escaseces, junto a la falta de libertades. Todo eso ha provocado nuevas olas migratorias y por supuesto Cuba no está fuera de eso. Me siento muy conmovido con lo que estamos viviendo, como nunca. Veo gente en mi patria que no tiene para vivir y hasta los he visto comiendo, literalmente, de la basura.

Veo gente en mi patria que no tiene para vivir y hasta los he visto comiendo, literalmente, de la basura.

Siempre trato de ser positivo e intento mirar al futuro con buenos ojos, pero me preocupa mucho el presente y lo qué está por venir. En mi caso, como ser humano, más allá del artista que también soy, intento ayudar en todo lo que se pueda. Todos los años donamos un contenedor de medicinas e insumos médicos valorados en cientos de miles de euros, gracias al apoyo de instituciones hospitalarias en España, de otras partes del mundo y clientes de mi obra que también nos apoyan. Pero esto solo es un granito de arena, se requiere mucho más y, sobre todo, hacer las cosas diferentes.

¿Tú crees en eso de ser un «artista políticamente comprometido»?

Yo soy un artista comprometido, sí, pero con mi arte, no con ningún partido o política de ningún lugar. En lo personal creo que un artista que se dedica a tratar temas sociales no debe comprometer su arte a ningún partido, ni supeditar el mismo a los intereses de ningún partido. El artista debe estar listo para tocar los puntos que no cree sean justos y el compromiso político no va de la mano con un partido gobernante o no.

A mí me da mucha gracia cuando, por ejemplo, me tildan de comunista. Realmente siempre he dicho, a todos los niveles, que el comunismo (una fase superior de la colectividad) es imposible llevarlo a la práctica, a nivel macrosocial. Más allá de pequeñas colectividades y beneficios públicos para todos, logrados en materia educacional y de salud fundamentalmente en no pocos países, es imposible de alcanzar «el comunismo». Tan es así que hoy en día no existe ningún país que haya llegado a ser comunista, al menos como lo han definido los clásicos. Existen partidos comunistas, sí, pero de ahí no pasa. Me parece que es una utopía.

No existe ningún país que haya llegado a ser comunista, al menos como lo han definido los clásicos.

Yo creo más en una sociedad de oportunidades, donde se pueda tener acceso a beneficios logrados desde una colectividad y grupos que, con el sudor de su frente, se garantizan lo necesario para poder vivir y un poco más. Si todos logran eso no se necesita esperar a que otro venga y te proporcione. Los Estados tienen ciertas responsabilidades públicas que nosotros cubrimos con los excedentes de nuestro trabajo y nuestros impuestos. En eso sí creo: en el trabajo duro de todos, en el emprendimiento y la propiedad privada con garantías jurídicas e incentivos del Estado para crear una clase emprendedora que genere trabajo y riquezas.

Un Estado no puede aspirar a ser próspero dependiendo de otros. En el caso cubano, en algún momento tuvimos el apoyo de la URSS, del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), de Venezuela… Ahora mismo nos ha tocado caminar solos y ciertamente no nos va nada bien. Si en algún momento fuimos solventes, no fue por esfuerzo propio y pudimos haber logrado mucho más, a pesar del embargo.

¿Asumes que eres un activista?

Yo no asumo que soy un activista. Esas son palabras mayores. Solo me considero un artista, a veces amado, otras calumniado, pero sobre todo feliz y contento con lo que hago y he logrado con mi trabajo. Gracias al éxito, como ser social que soy, actúo en colectivo para hacer el bien con los menos afortunados. Estoy consciente de lo que me limita y cómo debo superar los obstáculos, que no son pocos. El que vive dentro de Cuba lo sabe bien y el que ya está fuera, también.

Por último, sobre el mercado del arte contemporáneo actualmente, ¿existen trabas para los artistas cubanos o es todo lo contrario? ¿Cómo está el panorama después de la pandemia?

Siempre es difícil hacer arte desde Cuba e intentar mostrarlo al mundo por lo que todos sabemos. Aquí no tenemos galerías internacionales, solo las del Estado y ellas se supeditan a una línea que tienen que seguir. Aunque algunas hacen muy buen trabajo y no cuentan con los recursos para promocionar y llevar su catálogo a ferias e instituciones de primer nivel, o lo hacen, pero de manera muy limitada. Siempre he dicho que es muy difícil vivir del arte en cualquier lugar del mundo, pero en Cuba mucho más.

La pandemia fue algo que paralizó elmundo y a muchos artistas el impasse les sirvió para crear cosas nuevas y retomar bríos. El resultado está ahí, a la vista: finalizada la pandemia, salieron grandes obras a la luz. ¿Querrá esto decir que necesitamos en nuestras vidas internarnos socialmente para resurgir después, cual ave fénix, y replantearnos qué se hizo y cómo se hará en un mañana? Ahí lo dejo.

Michel Mirabal
Foto: Cortesía del artista

Éxodo silencioso: la migración cubana a España (parte I)

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Migración de cubanos a España
Ilustración: Félix M. Azcuy

La migración cubana ha sido un fenómeno de constante atención durante más de medio siglo. Las diferentes crisis migratorias (en los 60, los 80 y los 90 del siglo XX) y el éxodo hacia Estados Unidos a través de rutas terrestres desde varios puntos de Latinoamérica en años recientes, marcan la agenda tanto de entes gubernamentales como actores de la sociedad civil.

En este panorama, la mayor parte del foco se pone sobre el vecino del norte, teniendo en cuenta también las condiciones de estímulo, ilegalidad y peligrosidad en los procesos migratorios hacia ese país. Pero muchos cubanos emprenden rumbos diferentes en la búsqueda de mejorar sus condiciones de vida, y toman otros destinos de los que poco se habla. 

España es el segundo país con mayor presencia de diáspora cubana, según un estudio del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana (CEDEM) publicado en 2023. Sin dudas, este es uno de los destinos migratorios más importantes, contando al cierre del año pasado con casi 200 000 nacidos en la Isla viviendo allí de forma legal.

El turismo en Cuba, una locomotora sin vagones

Turismo en Cuba
Ilustración: Félix M. Azcuy

Muchas veces desde el discurso oficial cubano se habla del turismo como «la locomotora de la economía cubana». No es menos cierto que el turismo en Cuba ha sido una fuente importante de divisas. En el 2018 se logró la llegada de 4 711 910 de visitantes y los ingresos brutos ascendieron a 2 728 millones de CUC, lo que significó un elevado crecimiento, pero luego de la pandemia todo el escenario cambió. El primer año de la pandemia, que fue el 2020, se recibieron 1 084 728 visitantes. Pero en el 2021 se recibieron solo 356 470 visitantes, que representó el 32,8%, es decir 728 258 visitantes menos que en el año 2020.

Poco a poco se ha ido recuperando el sector, pero aún está muy distante de sus posibilidades reales, aunque no se debe desconocer que el turismo se relaciona con la economía en general y esta se encuentra muy debilitada, y las recientes medidas coercitivas de Estados Unidos afectan extraordinariamente a este sector; un solo ejemplo, los turistas de la Unión Europea que visiten Cuba «verán canceladas sus autorizaciones de viaje ESTA bajo el programa de exención de visado» y deberán «solicitar un visado de no inmigrante» para entrar al territorio estadounidense.

¿Cómo se ha comportado el turismo en Cuba?

En el 2023 llegaron Cuba 2 436 980 visitantes, dejando ingresos por debajo de los 1 400 millones, pero aún distantes de periodos precrisis. Es decir, hay una recuperación en marcha, pero a cifras todavía bajas y por debajo de las planificadas.

visitantes cuba
Fuente: ONEI. Anuarios Estadísticos e Indicadores seleccionados. Enero- diciembre 2023

El principal emisor de turista a Cuba ha sido Canadá, llegando en el  2023 a 936 436 visitantes. Le sigue en orden la comunidad cubana en el exterior, con 358 481 visitantes. Un nuevo mercado, sin mucha presencia en el pasado, han sido los turistas rusos, que alcanzaron la cifra de 184 819 visitantes en el 2023.

Los viajeros estadounidenses en el 2023 cierran con 159 032, una cifra baja con respecto a los últimos 10 años. Pero sumados a los Cubanos del Exterior totalizan 517 513 visitantes, es decir el 21% de los arribos.

Por su parte, el ingreso medio por turista muestra una tendencia declinante que se ha acentuado inicialmente a partir del 2008, con crecimientos hasta el 2017, como promedio, cada turista que llega a Cuba está gastando menos.

Resulta preocupante que el desarrollo del turismo ha descansado en un modelo de crecimiento extensivo, y eso está relacionado con que la oferta turística es aún baja y los servicios han perdido calidad en comparación con otros destinos caribeños.

Por tanto, urge desarrollar nuevas fuentes de oferta turística, tanto en lo que se ofrece como «todo incluido», como inversión en nuevos restaurantes, discotecas, bares, parques temáticos… y otros espacios de ocio que puedan integrarse a la industria extrahotelera, sumado a la producción de artesanía, alimentos y bebidas, ropa, tabaco… y demás productos cubanos que puedan ser de interés para el viajero.

Un modelo turístico exitoso —y más en las condiciones de desventaja que opera Cuba— debe propiciar que los visitantes dejen la mayor cantidad de dinero posible. No se trata de eliminar el «todo incluido», pues puede haber turismo caro con el formato de «todo incluido», con tal de que lo que se incluya sea de lujo, o que sea por lo menos de mejor calidad que el turismo barato —por servicios deficientes— que caracteriza a los flujos actuales.

Algo importante son las políticas para el desarrollo del turismo en el sector no estatal y el vínculo con las empresas estatales como rectoras. Las agencias de viaje del turismo oficial ya contrataban con restaurantes y arrendadores de viviendas, servicios para llevar grupos de turistas, pero la pandemia arruinó todo ese movimiento, y hoy no se observa que las entidades turísticas estén interesadas en volver a ese momento.

Lo que resulta contradictorio es que con la creación de las Mipymes privadas, la figura de las agencias de viaje privadas no fue autorizada y aún sigue estando prohibida.

No se debe soslayar el crecimiento sostenido del turismo nacional, que paga en MLC o su equivalente en CUP ahora —antes era CUC— y que se hospeda principalmente en hoteles de sol y playa, en épocas vacacionales, especialmente en los principales polos de desarrollo turístico, como es Varadero y la Cayería Norte de Villa Clara y Ciego de Ávila. Pagar hoy en CUP aún resulta más atractivo porque los precios son fijados a unas de las tasas de cambio oficial, claro, no la de 25, sino la de 120 pesos por dólar.

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Ofertas para el turismo nacional en CUP / Captura del sitio web de Havanatur 25/4/2024

Es vital el desarrollo de la industria extrahotelera, ya que Cuba no cuenta con parques acuáticos en los polos de sol y playa ni parques temáticos en las ciudades, por solo poner un ejemplo. Por ende, es necesario cambiar la política respecto a la inversión extranjera directa en el turismo, diversificándola y canalizándola hacia nuevos productos innovadores, aunque no sean grandes hoteles ni enormes instalaciones.

No se puede olvidar que en la zona que está enclavada Cuba, hay fuertes competidores ya establecidos como República Dominicana, Cancún y la Rivera Maya, con mejores estándares de calidad y mayor variedad en la oferta de productos y servicios.

Por tanto, es contraproducente que con una ocupación en 2019 de 48.2 %, que bajó al 12 % en el 2020 y en 2023 solo llega al 25%, en un país sin divisas, se siga concentrado el plan inversionista en la construcción de nuevos hoteles de gran alcance.

Estos recursos se podrían emplear en evitar que siga descapitalizándose el país o en mejorar la infraestructura extrahotelera. Hay productos que por su naturaleza deberán seguir importándose, como los whiskys, cigarros conocidos por visitantes, como Marlboro, etc, determinados quesos, jamones, entre otros. Pero lo que no sería posible es importar productos que se pueden producir nacionalmente, como carne de cerdo, frutas, jugos, hortalizas, rones, aguas embotelladas, cervezas, entre otros productos.

Por ende, si el Estado sigue pensando en que el turismo funcione como locomotora del resto de las actividades económicas, debería ser coherente en buscar los encadenamientos productivos del sector turístico con otros sectores, como fue en el pasado reciente.

¿Qué medidas se pudieran implementar?

  1. Volver a crear entidades financieras dentro del turismo que les permita prefinanciar a entidades industriales nacionales. Ya hubo experiencias en ese sentido para la producción de refrescos, aguas, en la adquisición de embalajes para determinadas producciones.
  2. Prefinanciar producciones de frutas a los campesinos privados, para evitar importaciones de jugos y otros productos similares.
  3. Subcontratar determinados productos frescos a los campesinos o cooperativas, pagándole en moneda convertible para estimularlos.
  4. Permitir que los actores privados establezcan contratos con los hoteles en las ramas de la gastronomía, como restaurantes, bares, etc,
  5. Vincular actividades culturales de calidad con los grupos hoteleros, como espectáculos de ballet, música, humor, galerías de arte, entre otros.
  6. Explotar los espectáculos y actividades deportivas nacionales como los juegos de baseball dentro de las rutas de viaje.
  7.  Incentivar el capital extranjero para la construcción de parques temáticos en el país, en los principales polos turísticos.
  8. Crear programas específicos para el segundo grupo emisor de turistas a Cuba, que es la comunidad cubana residente en el exterior con determinados incentivos.
  9. Permitir operar a los agentes de viajes privados, por ende, agencias independientes de las ya establecidas.

En general hay muchas más ideas que se podrían exponer, pero sí es seguro que, si el turismo sigue funcionando como hasta hoy —privilegiando solo la construcción de nuevos hoteles—, no se logrará el papel que se le asignó a este sector, de arrastre a los demás sectores.

Condenas excesivas, autocríticas sin acciones, y más noticias

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condenas manifestantes Nuevitas
Ilustración: Félix M. Azcuy

La directa más cara de la historia de Cuba

Fueron noticia esta semana las condenas del Tribunal Provincial de Camagüey dictadas contra los manifestantes de Nuevitas de agosto de 2022. Según varios reportes de prensa, 13 manifestantes fueron sentenciados a condenas que van desde los cuatro hasta los 15 años de privación de libertad por delitos como sedición, desacato, difusión de propaganda enemiga y sabotaje. Una sola de las acusadas quedó absuelta en el juicio, por falta de pruebas. Las sentencias podrían ser apeladas.

Uno de los casos más notorios fue el de Mayelín Rodríguez Prado, condenada a 15 años de cárcel por los delitos de «sedición» y «propaganda enemiga», la sanción más alta entre las personas juzgadas.

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Mayelín Rodríguez Prado / Foto: Justicia 11j

La noticia ha tenido gran repercusión en medios cubanos no estatales e incluso en grandes medios internacionales. Algunos han afirmado que Rodríguez Prado apenas «publicó videos de las protestas en Facebook».

Hasta el momento el gobierno cubano no se ha pronunciado sobre el asunto.

Esto significa que los tribunales cubanos se anotan otra condena desproporcionada y mantienen el estilo de justicia «ejemplarizante» que tantas críticas le atrae al gobierno.

Nuestra opinión es que el incremento de presos políticos con condenas excesivas pone al gobierno en una posición muy cuestionada, tanto dentro como fuera del país.

Lo inteligente, con vistas a ahorrarse críticas por procesos indebidos, que no dejan de ser señalados por organismos y organizaciones internacionales, sería resolver paulatinamente la situación de los presos ya existentes, la mayoría desde las protestas el 11 de julio de 2021.

El tratamiento dado a las protestas que estallaron el 17 de marzo del presente año en varios lugares del país —con un menor uso de la fuerza policial, un reconocimiento al derecho de manifestación pacífica por parte de las autoridades y una baja criminalización— daba ciertas esperanzas de que el gobierno cubano estuviera aprendiendo a lidiar de forma política con el disenso ciudadano, no obstante, esta noticia da señales contraria.

Lo sucedido implica un claro retroceso con un altísimo costo político. Cada vez es más difícil justificar estas condenas excesivas ante la opinión pública y, por demás, lanzan a buena parte de los familiares y allegados de quienes las sufren a manos de la oposición y quiebran aún más el consenso ciudadano.

Las prioridades del Consejo de Ministros

Reunión del Consejo de Ministros
Reunión del Consejo de Ministros / Foto: Estudios Revolución – Periódico Granma

Fue noticia esta semana las prioridades del Consejo de Ministros, expresadas minuciosamente en su reunión mensual sobre temas económicos y sociales.

En la reunión, celebrada este 28 de abril, el gobierno reflexionó una vez más sobre la actual crisis y trató de presentar una perspectiva optimista, dejando clara la dimensión de los problemas que enfrenta el país.

El primer ministro Manuel Marrero admitió, una vez más, que «no se podrán lograr los mejores niveles productivos, pero sí es posible seguir avanzando».

Marrero informó que, a partir de los recorridos por provincias y municipios, que se han hecho tan habituales, han decidido «revisar» el plan de acciones previsto para sortear la crisis.

Las prioridades, insistió el primer ministro, son los «temas bancarios y de precios», el «mercado cambiario y la generación de ingresos en divisa». Dijo que estos pendientes se deben «acelerar», «porque son los que tienen un impacto más favorable de cara a la población».

El nuevo ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso Vázquez, informó ampliamente sobre el comportamiento de los indicadores económicos al cierre de marzo.

La situación es decididamente peor: bajaron los ingresos por exportaciones, disminuyeron también las importaciones y se incumplió en actividades esenciales.

Más de 300 empresas estatales tienen pérdidas y empeora la inflación, como consecuencia de la depreciación del peso cubano, detalló el ministro.

Tres sectores tuvieron un comportamiento favorable: la exportación de servicios médicos, el turismo y las telecomunicaciones. En el caso del turismo, reveló que hasta marzo reportaba un crecimiento del 6.5% con respecto a 2023.

Sobre la respuesta gubernamental ante la emergencia social, Alonso dijo que el gobierno «protege» a más de 330.000 personas vulnerables y «mantiene la atención» a alrededor de 62.800 madres con tres o más hijos. No trascendió a los medios oficiales ningún detalle sobre el carácter de esta protección.

Vladimir Regueiro Ale, ministro de Finanzas y Precios, celebró medidas como la eliminación de exenciones de impuestos al sector privado, la ampliación del impuesto sobre las ventas a todas las operaciones realizas por las mipymes y el perfeccionamiento de la fiscalización por parte de la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (Onat).

Regueiro comentó que hubo un ligero mejoramiento del déficit presupuestario y que se debió a que varias asignaciones sociales del presupuesto no fueron ejecutadas. Marrero replicó que ese tampoco es el camino para resolver el déficit y subrayó la importancia del gasto con fines sociales.

La agricultura fue otro de los temas priorizados por la reunión de los ministros, en particular la contratación y comercialización de productos agropecuarios.

Ydael Pérez Brito, el ministro de la Agricultura, dijo que al cierre de marzo apenas hubo contratos con la mitad de los productores registrados en el país. Criticó a los municipios por «la falta de seguimiento y control». También mencionó uno de los problemas más denunciados por los campesinos: «el impago».

El ministro declaró que existe un plan para resolver estos señalamientos. Los medios oficiales no ofrecieron detalles sobre el contenido.

Pérez Brito recordó que «la tierra es del Estado» y que apenas ha sido entregada en usufructo y añadió, contundente, que, si bien el 80% de las tierras están gestionadas por privados, la responsabilidad de dar alimentos al pueblo es del gobierno.

Sobre la corrupción, cada vez más reportada en Cuba, incluso en altos cargos, la contralora general, Gladys Bejerano Portela, informó que se realizaron más de 4.000 controles y la cuarta parte fue calificada de «deficiente o mal».

Esto significa que las numerosas medidas del gobierno para remontar la crisis económica, social y política no han logrado ningún avance notable, a pesar de la supervisión y de las reuniones periódicas al más alto nivel.

Opinamos que el Consejo de Ministros, al menos en lo que dejan ver los medios oficiales, ha encarado ante la opinión pública una transparencia inusitada. Sin embargo, la claridad a la hora de exponer los problemas es mucho mayor que la precisión, más decisiva, al presentar las soluciones.

Lo que trasciende de las reuniones gubernamentales se reduce a una lista de problemas, acompañada del reconocimiento de los fracasos instituciones al resolverlos. Las soluciones quedan sugeridas o expresadas en términos generales, sin que lleguen a concretarse trazados estratégicos que den alguna esperanza de mejoría a la población.

Con respecto al mercado cambiario, una de las prioridades expuestas por Marrero, no queda claro cuáles son los obstáculos para adoptar una política realista, o al menos diferente a la actual, que deja un elemento tan sensible de la economía en manos de la especulación y el sector informal.

Por su parte, el ministro de la Agricultura admite la responsabilidad del gobierno con garantizar el acceso a los alimentos, pero no se atreve a esclarecer cuáles son esas trabas que hoy no permiten estimular a los campesinos y llevar a cabo una mejor distribución del fruto de la tierra.

En resumen, el diagnóstico está hecho, enhorabuena, mas falta el actuar, y el tiempo va en contra.

China, el sueño turista de Cuba

China en FitCuba
China en FitCuba / Foto: Valia Marquínez Sam – Cubavisión Internacional

Y fue noticia esta semana la celebración de un evento muy significativo para las proyecciones económicas del país: la Feria Internacional de Turismo Fitcuba 2024. La sede en esta edición, que reunió a numerosos turoperadores entre el 1 y el 5 de mayo, fue el polo hotelero de Jardines del Rey.

La cita contó con más de 1.500 participantes extranjeros de 68 países.

Una de las repercusiones más señaladas en medios internacionales fue el protagonismo que va ganando el mercado chino en las proyecciones turísticas cubanas. A partir de este 17 mayo se reanudarán los vuelos regulares de Air China con dos viajes semanales.

Y más que eso, el gobierno decidió eximir de visado a los chinos con pasasportes ordinarios. La próxima feria, además, tendrá a China como invitado de honor.

La reacción en China fue inmediata. Esta misma semana informaron varias agencias que aumentó un 40% la búsqueda de boletos y hospedajes en Cuba desde plataformas chinas.

Hasta el momento China no había figurado como uno de los principales emisores de turistas a Cuba. Antes de la pandemia de covid-19, los chinos sólo representaban el 1.04% del turismo que llegaba a la isla.

En la feria también se informó que, entre el 6 de mayo y el 30 de junio, Cuba ejecutará un sistema de visado electrónico para turistas que simplificará muchísimo el acceso al país permitiendo «a turoperadores y a usuarios finales gestionar su solicitud de manera sencilla, desde cualquier dispositivo conectado a internet».

Esto significa que Cuba reinventa su sector turístico con las opciones que tiene a mano, luego de varios años de mala racha.

Ante los impedimentos para que viajeros de la Unión Europea o países Argentina tengan una estancia regular en la Isla, los convenios ventajosos con países aliados parece ser la estrategia del gobierno cubano para sortear los obstáculos que le imponen las medidas unilaterales coercitivas de los Estados Unidos encaminadas a frenar a tanto a turistas como a empresas del sector.

Opinamos que la estrategia del gobierno cubano en este sentido es acertada, es extraño que quienes trazan las estrategias turísticas no lo hubieran pensado antes.

La decisión de simplificar trámites de viaje es otra medida bienvenida que también deja algunas preguntas ¿Por qué no la implementaron hace varios años? ¿Por qué en Cuba las buenas ideas tardan tanto en hacerse realidad?

Por otro lado, si los problemas internos que hoy están desestimulando los viajeros —servicios deficientes con personal poco estimulado, sistemas de pagos complicados que generan incertidumbre, bajo desarrollo de la industria extrahotelera…— siguen sin solución, estas medidas no podrán tener todo el alcance deseado.

Se trata sin dudas de un paso en la dirección correcta, no obstante, aún queda mucho camino por recorrer.

Menos santiagueros y más depresión

Migración cubanos
Foto: Sierra Maestra

También fue noticia esta semana el desafío que plantea la migración a la provincia de Santiago de Cuba, según explicaron varios expertos al periódico Sierra Maestra.

Julio Macías Montoya, jefe del Departamento de Demografía, Censo y Encuesta de la Población en la sección provincial de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei) dijo al periódico que la población santiaguera no para de decrecer. Nada más en 2023 los santiagueros se redujeron en alrededor de 3.000 personas.

La Facultad de Sociología de la Universidad de Oriente lleva a cabo actualmente una investigación sobre migraciones que va arrojando conclusiones desalentadoras.

La académica al frente del proyecto, Raida Dusu, comentó que incluso los niños encuestados, al preguntarles por cinco deseos, coincidieron mayoritariamente en «salir del país».

La doctora Dusu definió el nuevo contexto familiar como «transnacional». El fenómeno provoca nuevas dificultades en la formación de los menores de edad.

«Tradicionalmente, de mamá y papá podían estar uno de los dos miembros ausente, pero de ellos alguien asumía todo. Ahora se van ambos y dejan a los hijos al cuidado de otro familiar o vecino. A veces bajo la tutela de un abuelo, que por demás necesita ser cuidado y se queda al frente. Un tío, primo…no es un referente de autoridad», explica Sierra Maestra.

Afirma Dusu que esta situación provoca depresión clínica en los menores y las familias.

 «Las funciones dentro del hogar se entorpecen», comentó la experta. «Hay quienes dejan de trabajar gracias a las remesas que reciben, con una implicación en los hábitos de las personas, la ocupación laboral y la economía social. Muchos ancianos también han quedado desamparados».

Esto significa que la sangría migratoria tiene una dimensión que las estadísticas no logran expresar.

Nuestra opinión es que este tipo de estudios debería realizarse en otros territorios, y que en caso de haberse realizado, vale la pena compartir los resultados.

La migración es uno de los grandes dramas cubanos de ahora mismo. Está cambiando al país en un sentido integral que todavía no logramos captar. Ya hay que aceptarlo y estudiar el fenómeno y sus consecuencias.

Gracias a los investigadores santiagueros por emprender una indagación que no se limita a la descripción y la enumeración, sino que prefirió revelar el impacto de la migración masiva en la estructura básica de la sociedad, las familias, y sus correlatos en áreas básicas para el desarrollo, como el empleo.

Ojalá los resultados expuestos no se queden en el papel y sirvan para retroalimentar políticas públicas encaminadas a estimular a los jóvenes y no tan jóvenes a encontrar un proyecto de vida en su propio país.

Lo que cuesta la medicina «verde»

Medicina Natural Cuba
 Foto: Dilbert Reyes Rodríguez / Granma

Fue noticia este 3 de mayo que la subida de los precios de los medicamentos «naturales y tradicionales», formalizada por resoluciones ministeriales publicadas en la Gaceta Oficial.

La prensa estatal aseguró que la medida «forma parte de las Proyecciones de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía».

El ministro de Finanzas y Precios, Vladimir Regueiro, dijo en una conferencia de prensa que los precios actuales son «prácticamente simbólicos» y además están desactualizados con respecto al gasto de producción.

Regueiro declaró que se pretende disminuir el subsidio del Estado y hacer que esta industria sea sostenible. El pasado año se presupuestó con alrededor de mil millones de pesos estas producciones. Tras la entrada en vigor de las resoluciones, la carga sobre el presupuesto bajará a 300 millones de pesos, lo cuál sería unos 12 500 000 dólares a la conversión de 1×24 por la que se rige el sector presupuestado de la economía.

«Que estos productos se comercialicen por debajo de los costos afecta el resultado de las empresas y, con ello, las remuneraciones del personal que está vinculado, además de limitar las capacidades productivas, porque no tienen toda la liquidez necesaria para realizar la adquisición de todas las materias primas y el soporte tecnológico de la producción», comentó el ministro.

Regueiro aclaró que se han diseñado opciones para quienes no puedan pagar estos medicamentos. Los trabajadores sociales deben realizar el trámite con las personas que requieren el subsidio.

El listado de precios revela que los nuevos montos oscilan entre los 7 y 65 pesos cubanos e incluye tabletas, cremas, ungüentos, gotas homeopáticas, infusiones, tinturas, jabones, champús, entre otros productos.

Esto significa que el plan de medidas económicas está apostando por eliminar gratuidades y aumentar la rentabilidad de las empresas, incluso en sectores históricamente protegidos como los medicamentos.

Varios medios de oposición han señalado las dificultades que traería esta subida para los pensionados y clases empobrecidas, teniendo en cuenta, además, la ya consabida escasez de insumos médicos y su alto coste en el mercado informal.

Opinamos que se trata de una medida polémica en un país con carencia crónica de medicamentos. No obstante, su impacto en la crisis del sistema de salud es menor de lo que pudiera parecer a primera vista. Incluso bien aplicada podría ayudar a una gestión más racional del presupuesto estatal.

La gran mayoría de los productos listados son complementarios a los tratamientos con medicamentos convencionales, se expenden sin necesidad de receta médica, y su no utilización difícilmente pondría en riesgo la vida de un enfermo.

Asimismo, habría que cuestionarse si tiene sentido mantener el subsidio estatal a elaboraciones como las gotas homeopáticas, con múltiples cuestionamientos por su dudosa efectividad y carencia de un sustento científico sólido, en vez de inyectar ese capital a otras áreas de la salud y la industria farmacéutica con probada eficacia.

En cuanto a aquellos insumos que sí son imprescindibles para combatir dolencias, quedará por ver como el sistema de seguridad social garantizar una distribución a quienes no pueden permitírselo.

Respuestas pendientes sobre la explosión del Hotel Saratoga

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Ilustración: Félix M. Azcuy

Han pasado dos años de la explosión que dejó en vilo al país entero, pendiente de cada #últimominuto con una herida abierta por quienes estaban atrapados bajo los escombros. Como mismo se apilaron los restos del edificio, se han apilado con el tiempo las preguntas que nunca fueron respondidas sobre lo que pasó aquel día.

En Cuba pareciera haber una constante que aplica a cualquier suceso que tenga que ser explicado por autoridades: se convoca a la transparencia mientras no se es transparente en la comunicación. Ello explica que a día de hoy no se hayan divulgado las conclusiones de la investigación; no se sabe siquiera si la investigación cerró o por alguna razón desconocida permanece abierta, y si efectivamente finalizó, qué se hizo con los resultados, ¿quiénes fueron los responsables? ¿Qué falló? ¿Dónde estuvo la fuga de gas? ¿Cómo llegó a acumularse tanto antes de que cerraran la válvula?… No sabemos.

Las noticias posteriores a la terminación de las labores de rescate y salvamento, como la entrega de condecoraciones a quienes trabajaron en el lugar, o el otorgamiento de viviendas a damnificados, no compensa la falta de información que existe aún en torno a la tragedia, información a la que tiene derecho la ciudadanía —de más está decir que primero se debe a los familiares de los fallecidos.

Varias son las razones que no pocas veces envuelve, como en nebulosa, la transparencia de información en el país, sea institucional o de prensa: no darle armas al enemigo, no crear sensación de inseguridad, no generar desesperanza y un largo etcétera. Pero lo cierto es que los desastres naturales y de origen tecnológico, los accidentes y las catástrofes son acontecimientos que pueden impactar repentinamente las vidas de cualquier población o cualquier país, Cuba no está exento de ellos.

Varias son las razones que no pocas veces envuelve, como en nebulosa, la transparencia de información en el país.

Por eso existen normas, leyes, resoluciones y, muy importante, protocolos que van desde seguridad hasta sobre riesgos de desastres, sea el tipo que sea. Las vías para preparase incluyen identificar, por un lado, vulnerabilidades, y por otro, posibles incidentes que conduzcan a los llamados en la literatura científica sobre el tema «accidentes mayores». De cara a la necesidad de informar a la ciudadanía, en medio de tales situaciones se implementan métodos y recomendaciones de la comunicación de crisis, como parte intrínseca de su gestión.

Por supuesto que la explosión del Saratoga se manejó en todos los sentidos como la crisis que era, mientras estuvo en primer plano de la agenda pública, mientas era reciente, mientras prevalecía la consternación y no se hablaba de otra cosa. Pero la gestión efectiva de la comunicación de crisis no es solo eso.

La explosión en el Hotel Saratoga, un «accidente mayor»

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Explosión en el Saratoga / Foto: Karina Rodríguez Cubadebate

Sobre riesgos de desastres, en la literatura científica se reconocen los de origen natural (tormentas, huracanes, terremotos, maremotos, etc.,) y de origen tecnológico, provocados por actividades creadas por el hombre (accidentes catastróficos de transporte terrestre, marítimo o aéreo, colapso de estructuras, fugas o escapes de cantidades importantes de sustancias peligrosas por su reactividad, inflamabilidad y/o toxicidad).

En general, los eventos naturales peligrosos no son algo que podamos impedir, pero no ocurre igual con los accidentes de origen tecnológico, que sí son evitables y por tanto se norman pautas dirigidas a que no se produzcan (prevención) y otras para disminuir sus consecuencias en caso de que sucedan (mitigación).

Ahora bien, dentro de esa tipología hay una en específico que comprende los relacionados con sustancias peligrosas: «cualquier suceso como el derrame de líquidos o escape de gases inflamables o tóxicos, incendio o explosión, resultado del desarrollo incontrolado de un proceso en el que están implicadas una o más sustancias peligrosas —como es el caso de gas licuado de petróleo— debido a su alta inflamabilidad o toxicidad, y que representa un alto riesgo inmediato o diferido para las personas, comunidad, instalación o medioambiente». A estos casos se les denomina «accidente mayor»[i].

La explosión en el Hotel Saratoga —igual que en la Base de Supertanqueros de Matanzas, por cierto—, clasifican como accidentes mayores. En aras de dilucidar lo sucedido el 6 de mayo de 2022, la revista Bohemia, para el reportaje «Mientras la Noble Habana llora», publicado en ese mismo mes, contactó a varios especialistas con información sobre el edificio, sus procesos de reparación y sus condiciones para el almacenamiento del GLP.

Entrevistado por ese medio, Juan Carlos Ruz Zubirí, jefe de Servicios del hotel Parque Central, dijo que «conociendo el protocolo de Cubana del Gas y cómo trabajaban los compañeros que fallecieron, dudo que no hayan cumplido con esa metodología».

Lamentablemente, en ese momento, el medio intentó conocer sobre la actualidad de varios datos que manejaron las fuentes, pero «no obtuvo respuestas a sus interrogantes de parte de la Empresa Cubana de Gas y del Grupo de Turismo Gaviota S.A., propietario del hotel Saratoga».

A dos años del suceso, ninguna de esas instituciones ha dado explicación alguna.

Por su parte, el profesor Dr. Juan José Camejo Giniebra, integrante del Grupo de Estudios de Riesgos de Desastres (Gredes) de la Cujae,  dijo a ese medio que «un accidente siempre se produce porque algún componente del sistema de seguridad no jugó el papel que le correspondía» y que «los accidentes tecnológicos, en particular los que se dan con sustancias peligrosas, son evitables, siempre y cuando se garantice el cumplimiento de las normas y reglamentos establecidos».

La base legal existente en Cuba asociada a estos temas es amplia. Varias son las normativas a citar que comprenden riesgos de desastres, manejo de sustancias, prevención y extinción de incendios, evaluación de impacto ambiental, y además, por el caso que nos compete, la del diseño y construcción de inversiones turísticas (NC775/9:2010), que establece en su acápite de mecánica que «el gas licuado a presión (GLP) solo se utiliza para las cocinas y los calentadores de agua», e instituye pautas para el almacenamiento de este combustible[ii].

Varias son las normativas a citar que comprenden riesgos de desastres, manejo de sustancias, prevención y extinción de incendios, evaluación de impacto ambiental…

El Dr. Camejo Giniebra, en su texto «Seguridad industrial: aspectos básicos», afirma que la práctica ha demostrado que, en general, la magnitud de las consecuencias o afectaciones producidas por eventos peligrosos o accidentes mayores, es inversamente proporcional al grado de planificación y preparación, previamente logrado —subrayo la palabra— para su enfrentamiento, lo que se traduce en tener un plan de respuesta a emergencias, que se dirige a limitar daños, evitar que aumenten las consecuencias del accidente o prevenir que situaciones externas lo agraven. Por supuesto, ellos incluyen siempre quién debe hacer qué.

Por ende, hasta aquí es posible concluir dos aspectos importantes: por un lado, que en Cuba hay suficientes disposiciones reglamentadas para definir, una vez que se sabe cuáles fueron los fallos, con qué norma legal se vincula y por tanto demarcar responsabilidades. Por otra parte, que no hay lugar para improvisaciones ni en el manejo de sustancias peligrosas, ni en cuanto a la respuesta de emergencia, porque todo agente involucrado debe conocer lo que está normado y los protocolos de actuación.

Cuando suceden accidentes de este tipo, desde el punto de vista comunicacional, no solo se trata de informar con prontitud y transparencia, también hay una oportunidad para la dimensión pedagógica de la comunicación, y por tanto de la prensa, para educar a las audiencias en estos temas.

Justo es decir que durante el tiempo de las labores de rescate en el Saratoga, los medios cubanos cumplieron con su acometido social de informar en tiempo, y no solo eso, sino que desde la Unión de Periodistas de Cuba (Upec) se ha impulsado la importancia de desarrollar protocolos ante eventos semejantes y se ha fomentado la educación y el trabajo en torno a la comunicación de crisis.

No obstante, el problema está en que, a dos años de ocurrido ese accidente, no haber socializado los resultados de la investigación y las medidas tomadas, es, por lo menos, cuestionable.

Fases de una comunicación de crisis: lo pendiente sobre el caso Saratoga

En la gestión de crisis a través de la comunicación, hay reglas que no son ignorables y que tienen consenso en la academia, porque han demostrado su efectividad para generar confianza y credibilidad en las audiencias: «se recomienda informar lo incierto en lugar de esconderlo, explicar las dificultades de evaluar y estimar el riesgo, propiciar explicaciones claras y simples sobre la obtención de datos, compartir generosamente la información clarificando qué se sabe, qué no se sabe y qué no se sabrá nunca» y en cuanto a errores, lo mejor es «corregirlos y clarificarlos lo antes posible».

Cuando los agentes responsables de la comunicación ignoran su responsabilidad de comunicar sobre un hecho, o deciden silenciarlo, generan un vacío informativo que será llenado por otros actores del escenario comunicacional, ya sea con especulaciones, información basura, fake news, sensacionalismo o instrumentalización política. En consecuencia, un vacío de información, en realidad, nunca es tal. El modo de funcionamiento del entorno informativo-digital es que ese supuesto vacío tiende a ser ocupado por información de otra índole que no necesita ser oficial, validada o confirmada para influir en los juicios de los públicos sobre un evento determinado.

Cuando los agentes responsables de la comunicación ignoran su responsabilidad de comunicar sobre un hecho, o deciden silenciarlo, generan un vacío informativo.

¿Por qué entonces no se brindaría información? En ocasiones, detrás de la decisión de no explicar públicamente un evento, operan temores relacionados con la reacción de las personas. En primer lugar, porque la rendición pública obliga a tomar acciones, y en segundo, porque conduce a un análisis de lecciones aprendidas que pudiera poner en el centro del debate el actuar de varios organismos. Ninguna de las dos es justificación para no informar. Siempre lo mejor será tomar las medidas que correspondan y asumir la transparencia que ese proceso merece.

Por tanto, la comunicación pública sobre un desastre implica señalar responsabilidades, sean quienes sean los involucrados: instituciones, autoridades, personas, y de ahí consecuencias a enfrentar que también deben ser de conocimiento público. En el caso de que dichas responsabilidades apunten a estructuras que no han funcionado, incluso a protocolos o políticas no existentes —lo que creo improbable en este caso—, significaría que en la distribución de responsabilidad, corresponde una parte a instancias del gobierno.

En sentido contrario, al no comunicar, se permite eludir la crítica pública, que, dicho sea de paso, no es otra cosa que el control popular ejercido por la ciudadanía. Y es mejor educar en el ejercicio de la crítica como elemento de la cultura cívica de una nación, que acostumbrarla al secretismo y al silencio sobre temas que le conciernen a todos, más aún cuando hubo consecuencias fatales.

Es mejor educar en el ejercicio de la crítica como elemento de la cultura cívica de una nación, que acostumbrarla al secretismo.

Nada de lo dicho hasta ahora debería ser sorpresa para nadie. Según el artículo 9 de la Ley de Comunicación cubana —aprobada en mayo de 2023 por el Parlamento—, «los procesos de comunicación social facilitan a las personas conocer la información que se genere en los órganos, organismos y entidades del Estado, conforme a las regulaciones establecidas», lo cual se relaciona con el artículo 12: «Cuando la solicitud de una información a los sujetos obligados a brindarla, referidos en el Artículo 9 de la presente Ley, resulte omitida o denegada, el hecho se puede reclamar…».

Aunque en esta Ley el apartado para la comunicación de crisis (Capítulo VII) es escueto y generalista —en el sentido de que no aterriza sobre los medios de prensa, no establece la necesidad de protocolos para cada medio acorde a su perfil editorial, no profundiza en comunicación de acuerdo a fases de una crisis, o no comprende un acápite más amplio para el caso de desastres más que la alusión en el artículo 67—, sí define claramente que su gestión tiene como objetivo la prevención, solución o mitigación de situaciones de diversa naturaleza (artículo 64) y el plan incluye una valoración integral posterior a la crisis (artículo 66.1).

Sería un enfoque reduccionista interpretar esa valoración integral posterior, solo como lo bien y mal hecho en términos de comunicación, sin comprender también las valoraciones posteriores pertinentes en torno a la crisis misma, una vez que terminó.

Diversas son las tipologías de las crisis reconocidas desde el campo de la Comunicación, pero en su mayoría, sean del tipo que sean, se reconocen que hay tres fases por las que evolucionan: pre-crisis, de crisis y post-crisis. En el caso de los desastres, la etapa pre muchas veces no se trata de signos de alarma sino de comunicación orientada a prevención. La segunda tiene que ver con lo que sucede durante el evento en sí, y la tercera se refiere al tiempo después de la fase aguda: aprendizajes, actualizaciones de protocolos de ser necesario, responsabilidades, qué se hizo bien y qué no, medidas para evitar que vuelva a ocurrir.

Si bien, como dije antes, en los momentos críticos de la explosión del Saratoga el trabajo de comunicación fue elogiable —lo mismo puede decirse del periodo de pandemia—, la comunicación que se (nos) debe a la ciudadanía de la etapa post-crisis va más allá de dilucidar qué proceso falló. Me atrevo a decir que comprende, incluso, alguna información sobre qué se hará con el edificio. Y si no se decide aún, pues eso es lo que hay que comunicar. Pero ¿qué falló?, ¿dónde estuvo la fuga de gas?, ¿cómo llegó a acumularse tanto antes de que cerraran la válvula?… las preguntas del principio de este texto, corresponden a la etapa posterior de la crisis que significó la tragedia.

La comunicación que se (nos) debe a la ciudadanía de la etapa post-crisis va más allá de dilucidar qué proceso falló.

Aquí, la transparencia es una palabra clave. Y sin ánimo de ser demasiado academicista, se trata de entender que rendir cuentas vía comunicación pública es imprescindible cuando se comprende cómo funciona el entorno comunicacional, que hoy se desarrolla con prominencia en el escenario digital.

Si bien hasta ahora me he referido indistintamente a la ciudadanía o a las audiencias, es importante entender que incluso para llenar un vacío informativo, intervienen los usuarios que no son entes pasivos, sino creadores de contenido; también inciden, refuerzan y/o moldean líneas de opinión sobre cualquier tema. El debate sobre todo lo que impacta el terreno de lo social, existe y se da ahí, asuman o no su papel quienes deben hacer comunicación pública.

Tal como afirma el politólogo Juan Manuel Cozzi, «la comunicación pública deja de ser patrimonio exclusivo de las instituciones políticas y agentes periodísticos para pasar a organizarse a través de colaboradores-facilitadores y espacios de comunicación compartida»[iii].

En consecuencia, el rol de los medios como facilitadores de información veraz ante un desastre, es insoslayable, pero no puede circunscribirse a la etapa más crítica. Los medios necesitan establecer a lo interno no solo planes, como estipula la Ley de Comunicación, sino también protocolos de actuación —entiéndase: encargados de supervisar, turnos de equipos de trabajo, implementación inmediata de servicios de información online, facilidades de equipamiento, transporte, comida y protección para reporteros en el terreno, respaldo en redacciones, etc.

El rol de los medios como facilitadores de información veraz ante un desastre, es insoslayable, pero no puede circunscribirse a la etapa más crítica.

Debe acordarse, además, cómo proceder en cada etapa comunicativa de accidentes mayores, y en sentido general, de cualquier tipo de desastre, como mismo debe esclarecerse que, a no ser que de alguna manera entorpezca una investigación, los organismos involucrados están obligados a dar información sobre el tema. Más aún cuando la fase aguda del evento fue superada.

Mientras no haya respuestas detalladas, con seguridad cada 6 de mayo se inundarán las redes de los cubanos con mensajes, recuerdos, reflexiones, inconformidades y quejas en torno a la explosión del Hotel Saratoga, y muy probablemente se cuestionará una y otra vez, por qué no se conocen los resultados de la investigación de un desastre que puso fin a la vida de 47 personas, y cambió para siempre la de sus familias.


[i] La definición de accidente mayor se adoptó internacionalmente en 1976, después del escape de dioxina en una planta en Seveso, Italia: ver Directiva de Seveso

[ii] Ya sea para analizar este caso o el de la explosión de la Base de Supertanqueros de Matanzas, puede revisarse:

  1. Ley 1268/1974 Sistema de Prevención y Extinción de Incendios de la República de Cuba.
  2. Decreto-Ley 170/1997 De la Defensa Civil.
  3. Ley No 81/1997 Del Medio Ambiente
  4. Decreto-Ley 225/2001. De los explosivos industriales, medios de iniciación, sus precursores y productos químicos tóxicos
  5. Resolución No.132/2009 del CITMA Reglamento del Proceso de Evaluación de Impacto Ambiental
  6. Directiva No. 1 Del Presidente del Consejo de Defensa Nacional para la Reducción de Desastres. 2010
  7. Decreto-Ley 309/2013. De la Seguridad Química
  8. Resolución 148/2013. CITMA. Reglamento sobre la gestión de los riesgos a la seguridad de procesos en instalaciones industriales con peligro mayor”
  9. Sistema de NC Prevención y Extinción de Incendios
  10. Sistema de NC Protección e Higiene en el Trabajo

[iii] En su libro La ubicuidad del riesgo: Gestión de la comunicación en contexto de catástrofes, hace un análisis detallado de la importancia de la comunicación en para gestionar estas crisis, y aborda la relación entre susbsitemas político, mediático y social.

Cameos

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Es muy probable que incluso quienes no recuerden de Hitchcock más allá de un par de títulos sepan que el Mago del Suspense acostumbraba aparecer en sus películas. De hecho, detectar su fugaz comparecencia era un atractivo adicional, un juego que sumar al disfrute del exquisito sufrimiento que por lo regular emanaba de la trama, una firma mucho más personal que su nombre en los créditos.

Que actores y directores famosos, e incluso celebridades provenientes de otras áreas asomen la nariz, o lo que sea, en películas ajenas es algo que sucede con frecuencia, a veces a modo de broma, de guiño cómplice, casi siempre implicando la admiración que el invitado siente por el realizador y su obra, o este por aquel, o uno por el otro. La filosofía subyacente es «yo quiero trabajar con esta persona, que me relacionen de alguna manera con su mundo, aunque sea sin decir una palabra o peor, haciéndolo sin cobrar, porque es una película que quisiera ver, y en la que quisiera verme». Así, no es raro que esos magros segundos estén tan soterrados que el espectador no se percate de la identidad del opaco figurante que acaba de cruzar la pantalla.

Es imposible hacer una lista completa, así que mencionaré los que me dé la gana.

1- George Harrison, gracias a quien Monty Python pudo filmar Life of Brian (1979) tiene una breve aparición de 1:08:17 a 1.08:58. No está acreditado, pero es él. La historia es que tras comprar el proyecto, la EMI cambió la bola y, un par de días antes de comenzar el rodaje, se negó a poner un centavo. Eric Idle, desesperado, acudió al millonario más cercano: el ex-Beatle, quien rehipotecó su casa para conseguir de la noche a la mañana los tres millones de libras que se necesitaban; agradecido, el propio Idle le solicitó luego que, barbudo y cubierto con un paño escarlata, se mostrase durante unos segundos en una multitud, al lado de John Cleese, como un ricachón que les presta un monte para sus sermones. Su único texto es un sobrio «Hello!» en off.  

2- Para no alejarnos mucho, Tom Hanks participó junto a Monty Python en el Concert for George celebrado en el Royal Albert Hall londinense en noviembre de 2002, un año después de la muerte de Harrison. Hanks, gran admirador de Python y amigo del ex-Beatle, insistió en ser uno de los guardias uniformados del coro que responde a Michael Palin durante The Lumberjack song, clásico entre los clásicos de la troupe de comediantes. El concierto fue publicado luego en DVD y Blu-ray, así que técnicamente es una película.

3-Todavía a poca distancia del grupo humorístico de marras, Robert de Niro interpreta al fontanero Tuttle en Brazil(1985), de Terry Gilliam. Amigo del director y fan de Python, De Niro quería estar en la película a como diera lugar: no pudo hacerse con el papel del torturador Jack Lint, ya cedido a Michael Palin, así que aceptó el de un plomero terrorista imbuido de cierto espíritu robinhoodesco. Luego, por cierto, el leal De Niro respaldó a Gilliam en su batalla contra Universal Studios porque la película fuese estrenada según la visión y el corte del director.

4- En Hook (1991), de Steven Spielberg, protagonizada por Robin Williams y Dustin Hoffman, Glenn Close tiene un pequeño papel (de 41:48 a 42:36). Nada raro hasta ahí, pero resulta que la actriz interpreta… a un hombre, un pirata barbudo. Absolutamente irreconocible, es difícil identificarla incluso al saberlo, pues tanto su porte como su voz encajan en el contexto de la tripulación filibustera. Es sabido que además del placer de trabajar en una historia y con un director brillante, a los actores los seduce encarnar personajes que los saquen de su zona de confort, del encasillamiento, y la Close lo demuestra en esta breve pero contundente clase magistral.

5- Vamos a Cuba: en el primer largometraje de ficción de Gerardo Chijona, Adorables mentiras (1992), el legendario documentalista Santiago Álvarez aparece brevemente como el cura con quien se confiesa Nancy (Mirta Ibarra). «Padre, mi problema es que yo soy muy buena, pero muy puta”, admite ella ante el estoico sacerdote. Santiago no es un actor, y se nota, pero su presencia en la película es un detalle hermoso que evidencia la admiración de Chijona por uno de los más grandes cineastas cubanos, universalmente respetado y estudiado, a quien Godard no solo dedicó la segunda entrega de sus Histoires du cinema (1997) sino que también analizó ahí su obra, al comparar el tratamiento de la guerra por Kubrick y el cubano.

6- Aunque no se trata de su única aparición en el cine (sin ir más lejos, estuvo en Home alone II [1992] de Chris Columbus, me llama mucho la atención que en Celebrity (1998) de Woody Allen tiene un cameo nada menos que… Donald Trump. Haciendo de Donald Trump, naturalmente, de 1:30:50 a 1:31:00, en una escena en que la actriz Judy Davis entrevista a varios ricos y famosos. Con su, eh, simpatía y jovialidad habituales y esa sonrisa franca que lo caracteriza, a la pregunta de «¿En qué trabajas ahora?», contesta «Trabajo en comprar la Catedral de San Patricio, para hacerle algunas reformas y levantar un alto y bello edificio». En dos palabras, lo que viene a ser su labor creativa de toda la vida. Imagino que Allen ni siquiera tuvo que escribirle el texto.

7- Lo mejor para el final: todo parece indicar que, entre sus dieciocho y veinte años, fue extra en dos o tres películas de Hollywood nada menos que… Fidel Castro. He encontrado referencias razonablemente serias: según la investigación de un crítico uruguayo, entre 1944 y 1946, recién llegado a México, Fidel habría trabajado en Bathing beauty (1944) protagonizada nada menos que por Esther Williams, en Holiday in Mexico (1946) como bailarín en la orquesta del catalán Xavier Cugat, y tal vez en alguna más. Con toda sinceridad, a mí no se me parece al tipo que muestran los breves fragmentos y fotos esgrimidos como prueba, pero según el crítico de marras, Álvaro Sanjurjo, fue algo que le confirmó de mala gana Alfredo Guevara. En fin, tampoco sería extraño, los emigrados empiezan haciendo cualquier cosa para sobrevivir.

El arte, insisto, tiene mucho de juego, estaría incompleto sin su vertiente lúdica. Es un rompecabezas y un acertijo. Ya estamos advertidos, así que mejor nos fijamos más para la próxima: Hitchcock puede estar dondequiera…

El puntillazo que faltaba: el Parqueo

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Parqueo puntilla
Foto: Néster Núñez

La manta, la sobrecama viejita o la estera de yoga, sostenida por las manos de la madre, se despliega en el aire unos segundos antes de caer extendida sobre el asfalto. Entonces los niños saltan adentro con la emoción de haber subido a una alfombra voladora. Desde su lugar en la nave observan a los otros que van llegando, saludan a aquel amiguito de la escuela o del barrio y se comen las palomitas de maíz que les adelanta la madre. Permanecerán en el mismo lugar durante dos horas, pero su viaje fantástico comenzó un rato antes, cuando supieron que hoy también irían a ver una peli al parqueo.

Parqueo en La Puntilla
Foto: Néster Núñez

Están en La Habana, en el lugar llamado La Puntilla, muy cercanos al mar. A sus espaldas hay un edificio destruido que es un poema para la vista, uno doloroso, de despedidas y de ocaso. El diente de perro, la arenga política en aquel muro, el salitre en el ambiente y las muchas personas, la mayoría gente joven, que llegan y ocupan los pocos espacios vacíos. Vienen en bici, en patines, en motos eléctricas o caminando solos o en grupo. Veo el abrazo efusivo y las sonrisas en todos. Uno que habla por teléfono dice a modo de saludo: «Parquéate, el mío».

Parqueo en La Puntilla
Foto: Néster Núñez

Se reúnen, supuestamente, para disfrutar del arte, de la magia del cine a cielo abierto, pero desde atrás no se escucha el audio de la peli y, por muy estoicos que sean, no deja de ser incómodo estar sentados mínimo dos horas en el suelo. Así que hay algo más. Quizás los empodere revertir el uso habitual del parqueo o apoderarse del espacio baldío circundante. Viéndolos, recuerdo a los universitarios en el parque de Las Arcadas de Santa Clara, o en El Mejunje, reunidos alrededor de una guitarra los días de trova del Festival Longina. Es algo similar a cuando las hordas de frikis y de emos invadían la avenida G, en el Vedado habanero.

Parqueo en La Puntilla
Foto: Néster Núñez

El niño mete la mano bajo la manta y quita una piedrecita que le pinchaba la espalda. Su hermana recostó la cabeza en las piernas de la madre. Con el papá conversaron hace un rato, vía WhatsApp. Le dijeron que hoy pondrían Moana y le volvieron a decir que sí, que estaban felices. Él les dijo que cuando llegaran los iba a llevar a un cine de verdad y la madre le dijo bajito, para que los niños no escucharan: «Me conformo con que estuvieras aquí ahora, aunque sea el rato que dura la peli». Después proyectaron el logo de los estudios de animación de Walt Disney en la pared del edificio y tuvieron que cortar: «Te llamo luego». «Mándame fotos, por favor. Cuídalos y cuídate. Te beso».

Parqueo en La Puntilla
Foto: Néster Núñez

Ir al Parqueo está de moda, es chic, es chulo, da likes y corazoncitos rojos a las fotos que publicas en los perfiles de Instagram y Facebook, y eso atrae, aglutina. Pero el sentimiento de hermandad, la cofradía manifiesta entre los presentes, es más profunda que eso. Además de un escape a la dura realidad cotidiana, que también, quizá sea una forma de resistencia, de oponerse a la comercialización excesiva de todo, al precio imparable del dólar, a la escasez de opciones culturales donde compartir con los amigos y familiares, a la soledad y a las diferencias entre el que tiene o no tiene dinero. Llegar al Parqueo, cualquiera sea la peli que proyecten, es alimentar el espíritu por un buen rato.

Parqueo en La Puntilla
Foto: Néster Núñez

Hay que agradecer a los creadores de este proyecto, y seguir su ejemplo. Ojalá que otras iniciativas logren expandir la experiencia, sobre todo en los barrios humildes y marginados de todo el país.  

Parqueo en La Puntilla
Foto: Néster Núñez

Cuando la peli se acaba, la niña permanece acostada, con la cabeza sobre las piernas de la madre. Ahora mira las estrellas. Tal vez esté pensando en el modo de proyectar una peli en el cielo, y que todos los niños de Cuba salgan a los patios, a las azoteas, a disfrutar como ella. Es algo que se merecen.

Parqueo en La Puntilla
Foto: Néster Núñez