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Viajando a Cuba

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La administración Obama fue modificando las regulaciones del Cuban Assets Control (CACR) a partir de sus objetivos de política: “involucrarse con y empoderar al pueblo cubano”, “incrementar los contactos para apoyar a la sociedad civil cubana” y “promover la independencia de los ciudadanos del gobierno”. Lo hicieron varias veces desde 2009. La última, el 15 de marzo de 2016, antes de la visita del Presidente a Cuba.

La Office of Foreign Assets Control (OFAC) y el Department of Commerce Bureau of Industry and Security (BIS) anunciaron entonces “enmiendas significativas” a las CACR en varios sentidos, entre ellas permitir “viajes personales no turísticos” a Cuba. La movida estuvo destinada a despejarle el camino a los vuelos comerciales, anunciados en enero de ese año.

Ir a la Isla resultaría entonces más simple: ya no habría que hacerlo necesariamente en grupos o paquetes de agencias, sino que funcionaría la base individual, el llamado face-to-face. Solo habría que llenar una planilla declarando el propósito educacional del viaje de la persona para cruzar el Estrecho. En breve, con los vuelos regulares ya podría reservarse un pasaje a Cuba on line, como mismo se hace para viajar a Buenos Aires, París, Moscú o Burundi.

En febrero de 2016 se dio un paso más: ambos gobiernos firmaron un memorando de entendimiento para restablecer los vuelos regulares directos a partir de lo esbozado en la tercera ronda de conversaciones en Washington DC (14-16 de diciembre de 2015). Se establecieron entonces 110 incursiones diarias de líneas aéreas norteamericanas a Cuba, conectadas con los aereopuertos internacionales de La Habana, Camagüey, Cayo Coco, Cayo Largo, Cienfuegos, Holguín y Manzanillo, entre otros.

Y con vuelos procedentes de lugares como Miami, Fort Lauderdale, Tampa, Orlando, New York y Los Angeles. Se trataba de una acción del ejecutivo para cementar su política antes de concluir su segundo y último término involucrando a este sector de la economía, uno de los más dinámicos y poderosos y con suficiente capacidad de lobby en el Congreso.

La administración Trump, sin embargo, modificaría algunos de esos cursos. A los efectos de lo que aquí nos interesa, uno de los más importantes consistió en poner fin a esos viajes individuales mediante un memo presidencial firmado en Miami en junio pasado. Llevada a la práctica, la movida tendrá sin dudas un impacto específico sobre la economía cubana, aunque entre académicos y expertos de ambos lados hay consenso en el sentido de que no funcionará como un nuevo Armagedón.

Los planes de desarrollo turístico, que están ahí desde la caída del socialismo en Europa del Este y la URSS, se han diseñado sin la presencia de los vecinos del Norte, por bienvenidos que hayan sido o incluso sigan siendo. La industria sin humo de la Isla no está atada a un solo mercado, y ha llegado hasta este punto sin la presencia norteamericana.

Si nos atenemos al espíritu y la letra de las nuevas medidas anunciadas en noviembre último, que persiguen, literalmente, golpear a los militares cubanos y sus empresas, estos parecerían electrones sueltos que se nutren y financian a partir de los ingresos de las entidades bajo su ordeno y mando, como si no entregaran sus recaudaciones al Estado. Desde luego que en Cuba, como en cualquier otro país, este último decide el presupuesto que les da anualmente a sus institutos armados y a su seguridad, como mismo ocurre con sectores como la educación, el deporte o la construcción.

En ello consiste tal vez una de las mayores incongruencias de esta lista de Schindler a la inversa de la administración Trump, es decir, cortar el acceso de los norteamericanos a hoteles y entidades turísticas controladas por los uniformados, no a hoteles y entidades del Estado, en fin de cuentas la verdadera “bestia negra” de esta historia.

Una segunda paradoja radica en que esas nuevas regulaciones persiguen, de nuevo, la “prosperidad de los cubanos y la independencia del Gobierno”. Sin embargo, resulta obvio que cancelar la autocertificación implicará afectaciones a los emergentes emprendedores privados. De acuerdo con estimados, el sector no estatal recibe alrededor del 31 por ciento de los dólares que ingresan en el país por concepto de turismo, entre B&B, restaurantes privados (paladares), alquileres de “almendrones” (autos norteamericanos viejos) o de esos convertibles tan coloridos en los que los turistas de muchas partes suelen retratarse junto al Capitolio de La Habana.

Se calcula que durante los dos últimos años se transfirieron desde los Estados Unidos 40 millones de dólares a esos nuevos emprendedores, que por cierto también incluyen guías turísticos horizontales –en otros términos, no gubernamentales.

 Aparentemente, para los nuevos moradores de la Casa Blanca, como para otros que estuvieron ahí antes, existen comunistas tolerables e intolerables. No deja de ser irónico el hecho de que esas medidas se anunciaran, precisamente, durante el viaje del presidente Trump al continente asiático, y en específico a países como China y Vietnam, gobernados por partidos comunistas y con similares records a los de Cuba en derechos humanos y democracia, vistos desde la perspectiva norteamericana.

Y tampoco que se retome un problema que la administración Obama intentó corregir a su modo, digamos que socarronamente. Sigue ahí un incómodo doble estándar: los norteamericanos no necesitan pedirle permiso a su gobierno para viajar ni a China ni a Vietnam, ni menos hacerlo obligatoriamente en grupos. En el caso de Cuba, sí. Anomalías de la Guerra Fría (de nuevo) enfatizadas por esta administración.

Eliminando el face-to-face, se elimina también un rasgo/valor de la cultura norteamericana: el papel del individuo en sus propias decisiones, así como la libertad de elegir. La reservación por Airbnb vía Internet ofrecía y aun ofrece múltiples opciones para bolsillos diversos. En efecto, los clientes iban del aeropuerto a la casa particular seleccionada sin mediación alguna. Ahora, por lo antes visto, no queda más remedio que enrolarse en una experiencia grupal supervisada, dado que, según se dio a conocer, “un empleado, consultante o agente del grupo debe acompañar a cada grupo para asegurarse de que cada viajero mantenga un programa completo de actividades de intercambio educacional”.

Para finalizar, en esas prohibiciones resulta bastante grueso el gap entre la realidad y los papeles. Se caracterizan por un alto componente político-simbólico, como lo han reconocido diversos actores. Más allá de regular el hotel donde se alojarían los grupos autorizados a viajar a la Isla, de los comprobantes a guardar durante cinco años, o de los tranques a posibles negocios en los escasos resquicios que deja el embargo/bloqueo, está por ver si puede impedirse que un norteamericano con copioso sudor en la frente se abstenga de comprar un refresco Cachito, una Tropicola, una Najita o una botella de ron Varadero en un bar, cafetería o restaurante de Habaguanex, de esos que abundan en La Habana Vieja, bebidas prohibidas en una lista oficial porque las produce la corporación CIMEX, uno de los íncubos de los hombres y mujeres de verde olivo. O si puede bloquearse que algunos vayan a Santa María del Mar u otra playa del Este habanero durante un hueco o “bache” en las actividades formales grupales. Como irse de París sin ver la Torre Eiffel. O de Grecia sin la Acrópolis –en breve, eso que los expertos en turismo llaman “marcas”.

Pero a ver: ¿hay algo tan educacional como tomarse un trago fuera del programa, sin supervisión de nadie, interactuando con un cubano?

El violador sin dueño

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En Matanzas hay un violador que tiene a la población en vilo, todos hablan de él. Que si viene de La Habana, que si era un policía, que si es mulato, que si es rubio… mil versiones de un mismo tema.

Hoy por la mañana me encuentro a un oficial de las tropas especiales del Ministerio del Interior (MININT) y luego de pensarlo bastante –para no pecar de indiscreto- me acerco y le pregunto: “oficial, disculpe, pero ¿es cierto que en Matanzas hay un violador?”

Me dice que no y hasta sonríe porque no soy el primero que lo pregunta, antes lo habían hecho los maestros de su hija y hasta los vecinos. A uno de ellos le dice “señora, ¿usted cree que si fuera cierto yo estuviera sentado aquí tranquilamente viendo la televisión?

Le digo que entonces es un error de los medios de comunicación provincial no desmentir eso, porque además de crear desconcierto en la población, pone en duda la efectividad del trabajo de la policía que no puede detener a ese violador que “anda libre por ahí”…el oficial coincide conmigo y me dice que sí, que los medios deberían aclarar eso.

Satisfecho con la respuesta y más tranquilo, aunque ya imaginaba que era una bola y así se lo aseguraba a todo el mundo.

Monto en la guagua y resulta que me encuentro con un periodista de la provincia a quien le comento el suceso y le pregunto que por qué no aclaran eso, para que la gente esté tranquila y me quedo tieso con la respuesta:

“Esa nota solo el MININT la puede hacer”.

La bola está en la calle, la gente está asustada y la responsabilidad de aclarar la situación queda en manos de nadie. ¿A quién le toca aclara la situación? No sé, me queda la duda y mientras tanto el “violador” sigue aterrorizando  en Matanzas.

Reforma del Plan de Estudios: ¿optimización o neo-anacronismo?

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Foto: Alberto

Recuerdo que a inicios de mi (ya distante) segundo año de la carrera de Economía irrumpió en el aula un profesor con unos folletos. Se fueron repartiendo de adelante hacia atrás; uno por mesa. Nadie sabía de qué se trataba. Al examinar el documento, se veía en letras tamaño de fuente 24 un cartel que decía “Pagina 12”, seguido por lo que parecía ser un breve artículo de apenas dos páginas.

Mientras nos invitaban a leer aquel artículo, el profesor nos preguntaba sobre las asignaturas que nos gustaría quitar de la carrera. Pensé lo irónico de la pregunta a la par que trataba de leer sobre algo relacionado a “protestas de los estudiantes en Argentina” motivadas aparentemente por inconformidades en los modelos de enseñanza universitaria. Rápidamente pensé que se trataba de una charla rutinaria donde confirmaríamos lo afortunados que somos los estudiantes cubanos de nuestros planes de estudio.

No se trataba de eso. Debíamos debatir sobre cómo podría ser nuestra carrera con un año menos de estudio. Cuando caí de golpe en la situación intenté escuchar los argumentos sobre la necesidad de tales cambios: -Muchas carreras universitarias en otros países duran apenas tres años. Nosotros los cubanos, “debemos ir a la par del mundo”; nuestro gobierno gasta mucho en cada estudiante por año, y reducirle uno sería un gran ahorro para el país-.

El artículo de la “Página 12” resultó ser sobre estudiantes de economía que querían conocer economía marxista; se interesaban por saber la historia y las críticas a esos estáticos modelos pseudomatemáticos que les inoculaban bajo el nombre de “Economía”. Se les ofrecía una cajita de herramientas; ellos querían hacer su propia caja… una reforma.

¿Cuáles son las causas de este fenómeno en otros países? ¿Cómo es que realmente estamos organizando para acortar a 4 años las carreras? ¿Qué efecto podría tener para la enseñanza universitaria a largo plazo? ¿Qué participación real está teniendo el estudiantado en esta decisión? Ninguno de estas interrogantes fue analizada.

Con el paso de los meses y la ajetreada vida, aquello fue quedando atrás. El debate pasó al olvido de las cosas a largo plazo; mas, la reducción de los años de estudio de carreras universitarias es un futuro inmediato. La discusión sobre la reorganización de lo que será el “Plan E” de estudio de la continúa.

Es un hecho que los planes de estudio suelen responder a necesidades precisas de cada sistema político-económico. Si determinado país necesita un tipo de profesional que se dedique a una actividad específica, no se le enseña toda la dimensión de la ciencia asociada, sino los conocimientos muy específicos que necesita aplicar; prima la especialización por encima de la generalización.

La tendencia mundial es reducir los planes con miras a formar profesionales cada vez con mayor celeridad y especialización. Es una necesidad puesto que la especialización es una fuente esencial de productividad. Así, se puede estudiar una carrera por cada perfil específico que pueda tener una ciencia en general, el estudiante solo aprende lo que le interesa y le sea útil, mientras que el sistema obtiene lo que necesita. Pero no estoy seguro que este sea nuestro caso.

Nuestro plan solo parece interesarse en formar el mismo perfil de profesional integral en menos años académicos, reduciendo los costos de los estudios universitarios. El mismo programa por carrera comprimido en cuatro años para todo el país. Tendremos la misma cajita en menos tiempo; el mismo recorrido a mayor velocidad. La especialización no es la meta sino responder a las prioridades del país: ahorrar, invertir menos en la educación.

Cabe entonces la tan necesaria interrogante… ¿El plan E de estudios responde en su concepción a una seria optimización de nuestras fuerzas productivas? ¿Contempla los requerimientos materiales y metodológicos necesarios para la actualización del “Sistema Socialista” que intenta construirse? En algún punto estas preguntas deberían responderse o al menos ser tomadas en cuenta, no sea que en lugar de optimizarnos caigamos en un nuevo e inútil anacronismo.

El sabroso “ajiaco criollo” de Interferón Alfa y Gamma

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http://en.escambray.cu/2016/cuban-made-new-medication-against-skin-cancer/

De lo pendiente a solución siempre hablamos bastante, así hoy le toca el turno a hablar sobre alguna de las muchas cosas buenas a las que tienen acceso todos los cubanos que la necesiten.

El Heberferon es un medicamento único en su tipo que ya se encuentra disponible en todo el país y ha permitido que más de 400 cubanos hoy no hayan tenido que atravesar un salón de operaciones para intentar combatir enfermedades como el cáncer de piel.

Yo (de corazón) me cierto orgulloso de todos esos cubanos que hacen posible todas esas cosas sabiendo que no recibirán casi nada económico por ello.

Sin dejar de poner los pies en la tierra, sin dejar de estar conscientes de que estas tareas titánicas tienen que dejar de ser tal cosa, para simplemente pasar a ser beneficios ciudadanos sostenibles en el tiempo.

Logros revolucionarios como el Heberferon dictan el camino a seguir sobre como un país pobre, bloqueado y bajo ataque ideológico sucio de EE.UU se puede hacer cosas útiles para nuestros ciudadanos.

Diez días que estremecieron el mundo

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Pocos acontecimientos han marcado de manera tal la historia universal como la Revolución de Octubre. El 25 de octubre de 1917, cuando el Comité Militar Revolucionario del Soviet de Obreros y Soldados de Petrogrado, controlado por los bolcheviques, seguidores de Lenin y Trotski; y sus aliados, los social-revolucionarios de izquierda (eseristas), se lanzó a tomar el cielo por asalto -como dijera Marx de los comuneros de París en 1874-, se hacía realidad el viejo anhelo de los trabajadores de todas las épocas: conquistar el poder para instaurar una sociedad sin explotados ni explotadores.

Aquel día, el Gobierno Provisional burgués fue derrocado mediante la captura, casi incruenta, del Palacio de Invierno y tomó el mando el Sóviet de Comisarios del Pueblo. En un tiempo breve –que suele extenderse a diez días por el título del famoso libro de reportajes del periodista norteamericano John Reed, testigo excepcional de los hechos-, guardias rojos, soldados y marinos revolucionarios, obreros fabriles, campesinos y artesanos, borraron como una tromba a burgueses y aristócratas de sus puestos de privilegio desde el Báltico hasta los Urales.

Para los líderes bolcheviques lo que ocurría no era una simple revolución en Rusia, sino el primer capítulo de la Gran Revolución Proletaria Mundial que creían estar inaugurando y que confiaban en que estallaría, de un momento a otro, en los países occidentales, en particular en Alemania y el Imperio Austro-Húngaro. Con el tiempo, el fracaso de esta aspiración internacionalista traería nefastas consecuencias para la práctica socialista posterior al abrir las puertas al establecimiento del régimen estalinista como único Socialismo Real.

La férrea determinación de los hombres de Octubre supo vencer por la fuerza los intentos de la reacción de retomar San Petersburgo y hacerse fuertes en Moscú y otras regiones, mientras que, apoyados en los eseristas, lograron atraer a los sectores medios y bajos del campesinado mediante la expulsión de los terratenientes y la entrega masiva de las tierras nacionalizadas. A principios de 1918 ya el poder soviético imperaba a todo lo largo del antiguo Imperio de los Zares e incluía también la Siberia, Ucrania y parte del Asia Central. Más de cien millones de personas empezaban a construir un mundo nuevo.

A diferencia de lo que muchos creen, y repiten sin saber, en Cuba los acontecimientos del otoño de 1917 en Rusia fueron ampliamente conocidos y comentados con entusiasmo, y durante la década siguiente la experiencia soviética de construir una sociedad socialista en un solo país fue seguida con detenimiento y profundidad por diferentes pensadores -algunos de los cuales visitaron el país de los soviets- y se refirieron con profundidad a las ventajas y debilidades de la nueva sociedad.[1]

Aunque la repercusión más importante de la Revolución de Octubre en Cuba estuvo en el brote de organizaciones comunistas desde 1922, con la Agrupación de La Habana, hasta la fundación del PCC en 1925, quizás la acción más sentida en el plano emotivo fue la estatua que dedicara el pueblo de Regla, por iniciativa de su alcalde, a perpetuar la memoria de Lenin, el artífice de la epopeya soviética, a pocos días de su muerte, el 24 de enero de 1924.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1] Alina López Hernández (2008). “Crónica de un fracaso anunciado. Los intelectuales de la República y el socialismo soviético”, Premio Temas 2007, Temas No 55, julio-septiembre;  Javiher Gutiérrez Forte y Janet Iglesias Cruz (2014). “La Muerte de Nicolai Lenine en la prensa cubana”, Revista Estudios del Desarrollo Social: Cuba y América Latina, Vol. 2, No 1, enero-abril, www.revflacso.uh.cu; Mario Valdés Navia (2017). “El socialismo en las visiones contrapuestas de dos minoristas matanceros: Medardo Vitier y Fernando Lles”, Cubaposible, 25-9. https://cubaposible.com/author/mario-juan-valdes-navia/

El debate político

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Foto: Rey Cuba

América Latina se encuentra atravesando un proceso complejo de lo que algunos especialistas denominan su ciclo político. Parecer ser que la derecha domina los espacios de poder y a la izquierda le van quedando pocos frentes que no es necesario mencionar. En medio de este clima, el enfrentamiento entre tendencias políticas se intensifica.

Una de las formas de manifestarse este enfrentamiento es el incesante debate político, la constante discusión que a veces no sale de los marcos de los insultos. Esto hace necesario  que nos preguntemos, ¿vale la pena el debate político?, ¿lo estamos haciendo sobre las temáticas correctas?

 Estas son cuestiones que no son absolutos, pero sí se necesita reflexionar con seriedad para obtener algunas líneas claves. Evidentemente no existe el manual sobre el debate político, o al menos pienso que no existe ese manual que pueda determinar por regla ‘’lo correcto’’. Sin embargo, para juzgar nuestros debates, podemos compararlos con los de otras regiones del mundo o simplemente ver sobre qué  tratan o que utilidad pueden tener sobre la sociedad.

Empezaría mirando a Europa. Pienso que es un buen modelo porque esa es la región que sin discusión tiene los niveles de vida más altos del mundo y quizá donde más se puede ver representada algo de democracia. Los enfrentamientos entre partidos suelen ser con propuestas, con modelos de proyectos. Muchas veces discuten si este o tal cual acuerdo o tratado generará tanto o menos empleo. Deja de ser si los líderes políticos son más o menos buenas personas, para centrarse en razones administrativas, en la gestión real del poder.

No se defiende la idea de que los europeos sean superiores,  solo que  están siendo más directos. Lo que le interesa a la mayoría de la gente es quien paga más, donde comprar más barato, es decir, como vivir mejor. Las personas no eligen por una simpatía, sino a quien representa mejor sus intereses. Si yo fuera el dueño de una fábrica, me afiliaría al partido que me permitiera tener mayor control sobre salarios y beneficios de mis trabajadores y  no votaría al que me intente imponer lo contrario. Un claro ejemplo es Cataluña, que intenta desprenderse de España para soltarse  de la carga impositiva europea y no sostener el déficit español. En torno a esto gira el debate político en esa región, cómo también fue el criterio que hizo que regiones como Irlanda se mantuvieran formando parte de la Gran Bretaña.

¿Qué hacemos en América Latina, y por qué no, que hacemos en Cuba? Insisto en que no estoy siendo absoluto, pero mucho del debate político en la región adquiere dimensiones que llegan a ser infantiles. La lucha puede ser por desmoralizar a los lideres, por hacer acusaciones que repiten sin parar las palabras ‘’traición a la patria’’ y si tiene tanto o menos dinero. Se convierte en decir al contrario algo así como ‘’eres malo’’ o ‘’eres bueno’’.

El debate político es necesario, y como respuesta a la necesidad que representa, debe apuntar a los problemas reales. Incluso en este blog, muchas veces discutimos cuestionamientos puramente morales y podemos dejar  de lado las verdaderas soluciones a los verdaderos problemas. No podemos centrarnos en denunciar y desmoralizar lo que hace este o aquel, eso es dejar que los problemas esenciales, de estructura, de sistema, crezcan, los deja desapercibidos a los ojos de muchos.

Para que tenga algo de sentido ponerse etiquetas y dividirse en grupos que se enfrentan por adjudicarse ser representantes de los intereses de la mayoría, hay que cambiar un poco. Deben discutirse propuestas concretas, sin sueños ni utopías,  (con cientificidad), a la pobreza, la educación, la salud, la vivienda, la industria, la precariedad del empleo y la agricultura. Porque eso es lo que se necesita.

Cuba efervescente

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Una tarde de este octubre regresaba a mi oficina en el Instituto Juan Marinello. Había acabado de llover. En las esquinas nacían unos charcos de agua sucia con basura venida de algún lugar. Sobre las hojas podridas de los framboyanes flotaba una lata de Coca-Cola, vacía, magullada.

Doblé izquierda en el charco siguiente y me acordé del amigo que, cuando nadie había salido de viaje al extranjero, él ya visitaba Santo Domingo. Aquello es Cuba con Coca-Cola, me decía. Y en una lata de refresco cabía toda la semiótica del capital.

Por un tiempo la Coca-Cola se relegó a los hoteles exclusivos, las tiendas de los diplomáticos y a ciertas compras que hacían las tías de la comunidad. Esas viejas cubanas -que se fueron de la isla en los años sesenta y volvían más de veinte años después- tomaban aquello como agua.

El Che decía que el refresco nuestro que sustituyó al de los gringos sabía a cucarachas. Cambios mediante, terminó siendo el refresquito prieto que se repartía a partes iguales con el masarreal de las meriendas mañaneras en la escuela primaria. Existe incluso un dibujo animado de la historieta Matojo donde su creador Manuel Lamar –Lillo- se detiene en aquellas botellas de cristal que después dieron paso, en el mismo envase, a los sábado corto. Más tarde nos inventamos la Tropicola, y después el TuKola con toda la campaña mediática de una marca registrada.

Durante el Mundial de Fútbol de Estados Unidos en 1994, la Coca-Cola emitió una serie con las banderas de los equipos. La chiquillada se dedicó a coleccionarla y como no teníamos dinero para eso, merodeábamos -con una timidez digna- los flamantes Rápidos recién estrenados, donde unas trabajadoras con saya corta y patines llevaban a la mesa el pedido.

Recogíamos las latas como si encontrarlas en el piso fuese una casualidad, porque a ninguno de nosotros se nos hubiera ocurrido revisar en el basurero o pedirle a alguien que nos regalara el envase vacío. La ética nos aplastaba y la mendicidad era cosa del pasado. Aunque ese fue el año del Maleconazo, en el Período Especial más crudo no había tantos mendigos como ahora. Quizá nos querían más.

Ahora, abundan esas latas rojiblancas en las esquinas, como algo natural. Sin traumas aparentes. Yo no sé a quién ni cómo el sector privado compra esos refrescos, pero sí sé que la Coca-Cola ya aparece hasta en las cafeterías perdidas en medio de la autopista de alguna provincia. Primero fue el empuje del turismo y después el creciente consumo del novorriquismo que quiere vivir en Cuba como si fuera Miami, pero con las gratuidades socialistas. Hasta que, o el sistema les moleste para aumentar sus riquezas, o el sistema se adapte a sus necesidades.

O suceda la mejor y más linda de las variables: hasta que nos demos cuenta que el socialismo de mercado no es el socialismo que conduce a la sociedad comunista. Que esa versión a ellos no les debe gustar.

¿O será que en algún momento dejamos de aspirar a una sociedad sin clases, sin mercado y sin Estado? ¿Será que esta parte del guion estaba escrita en la letra menuda del contrato y no nos percatamos? Al menos en el último y recién celebrado congreso del Partido Comunista –de China- no se habla de la lucha de clases ni de la construcción del comunismo, sino de un socialismo con peculiaridades nacionales –chinas, claro está-.

El discurso del 13 de marzo de 1968 donde Fidel anuncia la supresión de toda propiedad privada sobre medio de producción se enfoca, casi siempre, como un error. Se tiende a olvidar esa parte bella donde el Comandante decía que por desgracia, en ciertos lugares de Cuba se empleaba el dinero.

Nuestra revolución fue tan hermosa y atrevida al querer construir el socialismo y el comunismo a la misma vez que los soviéticos –quienes solo nos veían como una posible rampa de lanzamiento de misiles- tildaron a Che de trotskista por hablar de la revolución mundial. Aquello les sonaba a revolución permanente y a Lev Davidovich Bronstein: el judío ucraniano que no siempre fue bolchevique, pero terminó siendo, según Lenin, el mejor de los bolcheviques.

Es verdad que un vendedor de frituras es un trabajador por cuenta propia, es decir, un trabajador auto empleado, y a los trabajadores –auto empleados o no- no los debemos demonizar porque a quien se le debe demonizar y combatir es a la burguesía. Ese fue el error de percepción del 13 de marzo de 1968. Pero a los que utilizan el título de trabajador por cuenta propia y son dueños de un restaurante de lujo que explota a sus empleados a través de contratos verbales, a los que son dueños de flotillas de taxis y sabotean el transporte con lock-outs para aumentar el precio del pasaje o no querer bajarlo -sin importarles las necesidades de los trabajadores-, a los que acumulan viviendas para su renta y disfrutan de la burbuja inmobiliaria que han creado, a ellos, sí debemos señalarlos, porque ellos son -los nuevos burgueses-, por un sencillo asunto de lucha de clases, los verdaderos enemigos de la Revolución.

La cuestión no es ahora retirar las licencias ni cerrar los bares, la cuestión es cómo se asume la lucha de clases y su resultado: la verdadera diferencia entre un sistema y el otro. Es ahí donde se puede decir qué tipo de Cuba es esta: con Coca-Cola o sin Coca-Cola.

Para contactar al autor: frankcuba1959@gmail.com

Octubre catalán

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Por una razón extrañísima, la noticia del nacimiento de la República Catalana me sorprendió en un centro comercial de Varadero. Arriba de un aparato tragamonedas para atrapar juguetes, habían colocado un televisor gigante con la señal muda del canal TeleSur. En la pantalla se veía una calle de Barcelona donde la gente se concentraba con esteladas azules y rojas, se saludaban alegres, se besaban, se daban abrazos: había nacido una república, un hecho que, si se tiene en cuenta que todo empezó el día 1ro. y que ya hoy día 30 se ha disuelto el Parlament,  podremos ver quizá mañana en la historia como el octubre catalán.

Ha nacido una república en una nación que guarda un nexo fuerte con el bando libertario de la Guerra Civil. En Catalunya hay nombres inolvidables: desde el anarquista Durruti, pasando por el presidente de la Generalitat Lluís Companys -de quien Puigdemont debería aprender una lección de dignidad- hasta llegar al fundador de la más irreverente de las organizaciones políticas marxistas de la época: Andreu Nin y su Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), perseguido y combatido –Nin fue asesinado por la GPU- por el estalinismo que, con su línea de socialismo en un solo país, no le interesaba para nada hacer la revolución.

Al parecer tampoco le importa hoy la revolución a Pablo Iglesias cuando dice que la declaración de independencia es ilegal e ilegítima. Disculpe, muy señor y tan poco compañero Pablo Iglesias, pero ¿a quién hay que pedirle permiso para iniciar una rebelión? El 26 de julio de 1967 Che Guevara en su diario de Bolivia escribió que el asalto al cuartel Moncada fue no solo contra las oligarquías, sino también contra “los dogmas revolucionarios” y usted, o es un dogmático –que no lo creo así- o le hace un juego perfecto al sistema del gran capital –que es otra forma de propalar el dogma, solo que debiésemos ver entonces, cuál dogma-. Flexible en política pero no en principios, decía Fidel Castro, pero esa declaración suya es una genuflexión total ante la propiedad, la patria y el Rey.

Al parecer la izquierda –muy- española no se acaba de enterar de qué cosa es el internacionalismo. No hablemos del horrendo PSOE, sino de Francisco Frutos, comunista renombrado, que ha hablado en la manifestación de derechas convocada el domingo en Barcelona y como el mejor exponente del socialchovinismo ataca, bien domado, la independencia catalana sin mencionar la consecuencia histórica que tiene esta nueva república.

El nacimiento de la República Catalana es, ante todo, un hecho mayúsculo de rebelión contra el Estado monárquico y antidemocrático que dejó impuesto el franquismo en 1978. Es por tal insumisión que la Unión Europea le teme y ataca. El presidente de Flandes dice que no se reunirá con Puigdemont. Estados Unidos y Colombia prefieren “una España unida”. Y no es solo que después puede ser Escocia, ser Irlanda del Norte, ser Euskal Herria, sino que en todas ellas existe un fuerte componente de izquierda insumisa. En el caso catalán los marxistas del CUP –Candidatura para Unidad Popular- pueden resultar ser los bolcheviques del momento.

El tímido Puigdemont

Es cierto que el PDCat es un partido burgués y que Puigdemont no se ha puesto a la altura de lo que es ya una fecha tan histórica como el pasado viernes 27 de octubre de 2017, pero como quiera que se vea, se va de frente contra la monarquía colonial que no ha visto una explosión tan grande desde el 14 de abril de 1931 cuando nacía, con la abdicación de un tal Alfonso, la II República.

Puigdemont es un caso aparte. Su falta de determinación lacera y enturbia este bello suceso: el gesto de no arriar la bandera española del Palacio de la Generalitat y pensar en ir a las elecciones del 21 de diciembre que convoca España, un Estado el cual, debía ser ajeno en ley y forma desde el viernes pasado, evidencia que este hombrecillo -y su cúpula- se ha pensado todo esto casi como una mera formalidad. Lo horroroso sería que esta postura se expandiese entre otros partidos y quedare inmovilizada tanta fuerza rebelde, algo que solo traería decepción y desmovilización, es decir, un avance de la reacción colonial.

De hecho recordemos algo: el jueves pasado Puigdemont acataba el pedido de Madrid al convocar elecciones anticipadas, solo que Madrid al ver la debilidad de su contrincante le exigió aún más: el 155 llegaría de todas formas. Pero si Rajoy hubiese dado luz verde a elecciones anticipadas se habría consumado el sueño de Puigdemont: ganar la presidencia de la Generalitat y el Parlament por una mayoría total que le escoltaría –piensa él- por haber hecho una maroma con aires de independencia, pero con mucho tacto y timidez dentro del sistema.

Pero el pueblo catalán le presionó, y le presionó tanto que se ha visto proclamando una república y vistiendo un traje de héroe que no nunca quiso.

Pero Puigdemont retrocede más y todo parece ser que está ahora en Bélgica, no queda bien claro si buscando asilo político o recabando apoyo, pero deja, como quiera que fuese, muy mal parada su imagen al abandonar al pueblo que habrá de enfrentar solo el embate de una metrópoli que envía ómnibus llenos de fascistas para aparentar en Barcelona que los catalanes se quieren quedar en España. Algunos piensan que más les puede ayudar en el exilio que preso, pero Mandela destruyó el apartheid desde dentro.

¡Solidaridad urgente!

Ese pequeño país del Mediterráneo estremeció tanto a George Orwell que provocó en este escritor el libro Homenaje a Catalunya. Entonces Orwell pedía que no dejasen sola a Catalunya. Hoy cada ser humano que se sienta libre debe sentirse más libre desde el viernes 27 de octubre cuando toda la felicidad parecía caber en la Plaza Sant Jaume. Si en Ucrania un grupo de ultraderechistas se ofrecen para defender la integridad de España, en el mundo debiéramos ofrecernos para defender la libertad y la república en Catalunya, contra la monarquía, el fascismo y el capital.

Si no podemos atravesar el Atlántico al menos pinte una bandera catalana en los muros, ponga una estelada o una bandera del FC Barcelona, deje un comentario en Facebook, comente las noticias entre los suyos ¡es horrible lo que publica la prensa española y su comparsa! Hay mil formas de actuar y ser, sino todo lo revolucionario que debiéramos ser, sí un poco más solidario ahora y nostalgiar las revoluciones que no fueron. Yo, no tengo casa propia, pero si algún catalán necesita dónde asilarse por haber defendido a su patria, cuente con el hogar de este cubano libre que todo el fin de semana hizo ondear una estelada.

Tomado de: Desnudos de Cuba